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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Pais de las Olas]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 16:10:09 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje Fallido] Bajo el temporal]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14889</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 05:03:40 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14889</guid>
			<description><![CDATA[El trayecto desde Chashiro había transcurrido sin problemas hasta alcanzar uno de los pequeños embarcaderos utilizados para conectar el País del Té con las rutas marítimas hacia el País de las Olas. Allí terminó la buena suerte. El viento había aumentado considerablemente durante las últimas horas y el cielo se encontraba cubierto por nubes oscuras. Varias embarcaciones permanecían amarradas junto a los muelles mientras las olas golpeaban con fuerza contra los pilotes, levantando espuma sobre la madera mojada. Kuroto observó el mar durante unos segundos. Nadie parecía dispuesto a abandonar el embarcadero en aquellas condiciones y algunos de los marineros ya habían comenzado a asegurar nuevamente las cuerdas de sus barcos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Genial...</span></span><br />
<br />
Dirigió una mirada hacia Daeru.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Parece que tendremos que esperar.</span><br />
<br />
No le entusiasmaba perder tiempo cuando Naldor todavía se encontraba por delante, pero tampoco tenía intención de convertir unas horas de retraso en un riesgo innecesario. A pocos metros del muelle había una pequeña posada utilizada principalmente por comerciantes, pescadores y viajeros que esperaban alguna embarcación. Un cartel de madera se balanceaba violentamente sobre la entrada mientraslas primeras gotas comenzaban a oscurecer la tierra del camino. Kuroto señaló el establecimiento con un ligero movimiento de cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Podemos esperar ahí. En cuanto mejore el tiempo, continuamos.</span><br />
<br />
Ajustó la correa de su mochila y comenzó a caminar hacia la posada junto a Daeru mientras la lluvia empezaba a intensificarse detrás de ellos. Por ahora no podían hacer mucho más. El País de las Olas tendría que esperar un poco.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El trayecto desde Chashiro había transcurrido sin problemas hasta alcanzar uno de los pequeños embarcaderos utilizados para conectar el País del Té con las rutas marítimas hacia el País de las Olas. Allí terminó la buena suerte. El viento había aumentado considerablemente durante las últimas horas y el cielo se encontraba cubierto por nubes oscuras. Varias embarcaciones permanecían amarradas junto a los muelles mientras las olas golpeaban con fuerza contra los pilotes, levantando espuma sobre la madera mojada. Kuroto observó el mar durante unos segundos. Nadie parecía dispuesto a abandonar el embarcadero en aquellas condiciones y algunos de los marineros ya habían comenzado a asegurar nuevamente las cuerdas de sus barcos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Genial...</span></span><br />
<br />
Dirigió una mirada hacia Daeru.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Parece que tendremos que esperar.</span><br />
<br />
No le entusiasmaba perder tiempo cuando Naldor todavía se encontraba por delante, pero tampoco tenía intención de convertir unas horas de retraso en un riesgo innecesario. A pocos metros del muelle había una pequeña posada utilizada principalmente por comerciantes, pescadores y viajeros que esperaban alguna embarcación. Un cartel de madera se balanceaba violentamente sobre la entrada mientraslas primeras gotas comenzaban a oscurecer la tierra del camino. Kuroto señaló el establecimiento con un ligero movimiento de cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Podemos esperar ahí. En cuanto mejore el tiempo, continuamos.</span><br />
<br />
Ajustó la correa de su mochila y comenzó a caminar hacia la posada junto a Daeru mientras la lluvia empezaba a intensificarse detrás de ellos. Por ahora no podían hacer mucho más. El País de las Olas tendría que esperar un poco.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Autonarrada C] El fugitivo]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14740</link>
			<pubDate>Sat, 05 Sep 2026 14:39:30 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14740</guid>
			<description><![CDATA[Kuroto recibió la descripción del fugitivo poco después de confirmarse su huida. Había sido detenido por varios robos y agresiones, pero consiguió escapar durante el traslado a dependencias de seguridad, hiriendo a uno de los guardias. La última vez que lo vieron se internaba entre las calles próximas a una de las zonas comerciales del País de las Olas. No era el mejor lugar para perder de vista a alguien. A esas horas, las calles seguían llenas de comerciantes, pescadores y viajeros, mientras numerosos callejones se abrían entre puestos y construcciones de madera. Kuroto permaneció unos segundos observando el lugar desde el que debía comenzar la búsqueda.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si simplemente sigue corriendo terminará llamando la atención. Si tiene algo de cabeza, intentará mezclarse con la gente.</span></span><br />
<br />
La descripción era sencilla: unos treinta años, cabello oscuro, barba de varios días y una chaqueta marrón que probablemente ya habría abandonado. Lo realmente útil era el corte superficial que había sufrido en el brazo derecho durante la fuga. Kuroto comenzó la búsqueda desde el último punto en el que había sido visto. Durante los primeros minutos apenas encontró información útil. Varias personas recordaban haber visto pasar a alguien corriendo, pero las indicaciones se contradecían: un pescador señalaba hacia el oeste, una mujer en dirección contraria y otro comerciante ni siquiera estaba seguro de haber visto al fugitivo. Después de varias respuestas semejantes, Kuroto dejó de preguntar indiscriminadamente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Demasiada gente. Demasiadas versiones.</span></span><br />
<br />
Kuroto observó el entorno. Si el fugitivo conocía mínimamente la zona, probablemente habría evitado las calles principales. Y si seguía herido, terminaría dejando algún rastro. Se internó en uno de los callejones que comunicaban la zona comercial con varias calles secundarias. El tránsito disminuyó casi de inmediato. Entre cajas apiladas, redes puestas a secar y pequeños charcos, Kuroto avanzó despacio examinando el lugar. Una de las cajas parecía haber sido desplazada recientemente. Se agachó junto a ella. En uno de los bordes había una pequeña mancha oscura. Sangre.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Por aquí.</span></span><br />
<br />
Kuroto siguió el callejón hasta alcanzar una bifurcación. Allí, el rastro desaparecía. A la izquierda, el camino regresaba hacia una calle concurrida; a la derecha, descendía hacia una zona próxima al agua, donde varios almacenes se agrupaban entre pasos estrechos y pequeños embarcaderos. Se detuvo unos instantes. Si el fugitivo quería esconderse, difícilmente volvería hacia una calle transitada. Kuroto tomó el camino de la derecha. El olor a sal y madera húmeda se intensificó conforme avanzaba. Aún quedaban algunas personas descargando cajas o trabajando junto a las embarcaciones, aunque la actividad era mucho menor que en la zona comercial. Un anciano sentado frente a uno de los almacenes levantó la mirada al verlo acercarse. Kuroto se detuvo frente a él.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Ha pasado por aquí un hombre corriendo hace poco? Treinta años aproximadamente. Posiblemente herido en un brazo.</span><br />
<br />
El anciano entrecerró los ojos.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Han pasado muchas personas.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Estoy buscando a un hombre que ha escapado mientras era trasladado bajo custodia. Ha herido a uno de los guardias durante la fuga.</span><br />
<br />
La actitud del anciano cambió.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Es peligroso?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Ha sido detenido por varios robos y agresiones. Es mejor encontrarlo antes de que tenga ocasión de causar más problemas.</span><br />
<br />
El hombre pensó durante unos segundos antes de señalar hacia el final de la calle.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Vi a uno parecido. Caminaba rápido, pero intentaba no parecer que tenía prisa. Llevaba el brazo pegado al cuerpo.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Hacia dónde fue?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Por allí. Después no lo vi. </span><br />
<br />
Kuroto siguió la dirección indicada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces ya sabía que podían estar buscándolo.</span></span><br />
<br />
Eso explicaba que hubiese dejado de correr. Continuó avanzando hasta alcanzar varios almacenes separados entre sí por estrechos espacios. Algunos permanecían abiertos; otros habían sido cerrados al terminar la jornada. Una puerta llamó su atención. El candado seguía colocado. Pero la madera junto al marco estaba astillada. Kuroto se acercó y observó el suelo. Había restos recientes de madera.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entró sin utilizar la puerta.</span></span><br />
<br />
Rodeó el edificio. En la parte posterior encontró una pequeña ventana utilizada probablemente para ventilación. Uno de los tablones que la cubrían había sido arrancado parcialmente. Kuroto llevó una mano hacia Homurakiba. No desenvainó. Todavía. Se aproximó lentamente y escuchó. Nada. Después oyó un pequeño golpe en el interior. Kuroto se apartó de la ventana y volvió hacia la entrada principal.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sé que estás dentro. </span>-Silencio.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">No tienes salida.</span><br />
<br />
Una voz respondió desde el interior.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Lárgate!</span><br />
<br />
Kuroto dejó escapar aire por la nariz.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Al menos nos ahorramos seguir buscando.</span></span>-Pensó.-<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"> Has herido a un guardia durante la fuga. Si sales ahora, esto termina sin necesidad de empeorarlo.</span>-Dijo.-<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡No voy a volver!</span><br />
<br />
Kuroto observó la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces tendré que entrar.</span><br />
<br />
De repente se escucharon pasos rápidos. No hacia la puerta. Hacia atrás. Kuroto giró inmediatamente y comenzó a rodear el almacén. Llegó a tiempo para ver cómo el fugitivo terminaba de romper uno de los tablones de la ventana posterior y se dejaba caer al exterior. El hombre levantó la cabeza. Sus miradas se encontraron.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Mierda.</span><br />
<br />
Echó a correr. Kuroto fue detrás. La persecución atravesó dos estrechos pasos entre almacenes antes de regresar hacia una zona más transitada. El fugitivo apartó violentamente una cesta que encontró en su camino y varias piezas de pescado terminaron esparcidas por el suelo.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- ¡Eh!</span><br />
<br />
Un comerciante comenzó a protestar. Kuroto esquivó la cesta sin detenerse. El fugitivo miró hacia atrás. Aquello fue un error. Chocó contra un hombre que transportaba varias cajas y estuvo a punto de caer. Kuroto redujo la distancia.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¡Detente!</span><br />
<br />
El fugitivo recuperó el equilibrio y siguió corriendo. Delante de él aparecía una calle bastante más concurrida. Kuroto frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span></span><br />
<br />
Si alcanzaba aquella zona, cualquier intento de detenerlo podía terminar implicando a demasiadas personas. Aceleró. El fugitivo apenas había recorrido unos metros más cuando Kuroto consiguió alcanzarlo. Extendió una mano hacia su hombro. El hombre giró bruscamente. Algo metálico apareció en su mano. Kuroto se detuvo justo antes de que un cuchillo cruzase el espacio frente a su abdomen.<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='DEFENSA'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='DEFENSA'; }">DEFENSA</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Esquiva</span>
      </span>
    </span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-06-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: DEFE001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede evadir por completo un ataque si logra moverse al menos 1 metro fuera de su trayectoria. En el caso de jutsus de área, deberá desplazarse una distancia mayor, suficiente para salir por completo del alcance del ataque. <br />
<br />
Cada usuario posee un Potencial de Esquiva, calculado sumando sus modificadores de Destreza e Inteligencia. Este representa la capacidad del cuerpo para anticiparse y evadir ataques enemigos. La técnica básica de Esquiva permite evadir jutsus de Nivel 1 y consume 1 punto de Potencial de Esquiva por cada uso.<br />
<br />
Existen mejoras que aumentan el nivel máximo de jutsus que la técnica puede esquivar. Cada nivel adicional de Esquiva incrementa en 1 el costo de Potencial de Esquiva por uso, por lo que el costo de utilizar Esquiva siempre será igual al nivel actual de la técnica. Si el usuario no dispone del Potencial suficiente para pagar dicho costo, no podrá realizar la esquiva.<br />
<br />
En otras palabras, una Esquiva de Nivel 1 consume 1 punto de Potencial de Esquiva, una Esquiva de Nivel 2 consume 2 puntos, una Esquiva de Nivel 3 consume 3 puntos, y así sucesivamente. Esquivar una técnica de Nivel 0 también consume 1 punto, ya que el costo depende del nivel de la técnica de Esquiva utilizada y no del nivel del jutsu que se está evadiendo.<br />
<br />
Aclaración: Una vez realizada una Esquiva en el turno, se podrá esquivar tantas veces como el Potencial de Esquiva lo permita. El Potencial de Esquiva del usuario se reinicia en conjunto al Coldown de la técnica. Las mejoras que aumentan la Velocidad NO aumentan el nivel del jutsu que pueden esquivar, por lo que tampoco disminuyen puntos del Potencial de Esquiva al utilizar dichas mejoras.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) + Inteligencia (modificador)">7 (MDES+MINT)</span> de Potencial de Esquiva	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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    wrapper.classList.toggle('is-open', !isOpen);
    button.setAttribute('aria-expanded', !isOpen ? 'true' : 'false');
  };
}
</script></div>
		</div><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Atrás!</span><br />
<br />
El fugitivo respiraba con dificultad. El vendaje improvisado que llevaba alrededor del brazo derecho estaba manchado de sangre. Kuroto dio un paso lateral, colocándose entre él y la calle transitada.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Guarda eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Te he dicho que te apartes.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y yo te he dicho que esto podía terminar sin empeorarlo.</span><br />
<br />
El hombre apretó los dientes.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No voy a volver a una celda.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso ya no depende de mí.</span><br />
<br />
El fugitivo avanzó. El cuchillo volvió a moverse. Kuroto desenvainó media katana rápidamente y bloqueó el ataque punzante. Antes de que el hombre pudiera recuperar la posición, desenvainó la katana completamente y ejecutó un duro corte a su mano. <br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='ATAQUE'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='ATAQUE'; }">ATAQUE</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">BLOQUEO</span>
      </span>
    </span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-06-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: DEFE002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">25 de Chakra, 15 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede bloquear ataques con brazos, piernas, armas o técnicas defensivas, siempre que estas últimas especifiquen su funcionamiento en este contexto. Puede bloquear múltiples ofensivas a la vez y realizar cualquier otra acción entre bloqueos según la situación.<br />
<br />
Cuando bloquea con técnicas defensivas, la resistencia del bloqueo se mide por la resistencia propia de la técnica. Si bloquea con el cuerpo o armas, se usa la fuerza y control de chakra del usuario, como en este jutsu. El daño recibido por las ofensivas va reduciendo la resistencia del bloqueo, que solo podrá recuperarse cuando termine el cooldown de la técnica.<br />
<br />
Aunque el bloqueo detenga el golpe, efectos como parálisis o veneno seguirán afectando al usuario si el ataque toca su cuerpo. Si el daño del ataque supera la resistencia del bloqueo, el daño excedente se aplica directamente al usuario."</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza + Control de Chakra">50 (FUE+CCK)</span> de Resistencia	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
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}
</script><div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Ataque Empuñado</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
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      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-06-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Bukijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: BUKI001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">15 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">Las armas empuñadas pueden ser utilizadas siempre que el usuario tenga la fuerza suficiente para sostenerlas. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá sujetar tantas armas como su Modificador de Fuerza pueda soportar al pagar el valor correspondiente por cada una. Si desea empuñar dos armas al mismo tiempo, deberá contar con la fuerza suficiente para cubrir ambas. De lo contrario, podrá alternar entre ellas, pero solo atacar con una a la vez. El número máximo de armas empuñadas está limitado por la cantidad de manos libres que tenga el usuario, y desenfundar un arma toma 1 segundo.<br />
<br />
En caso de utilizar más de un arma durante una misma acometida, los efectos de Daño por Valor de Tamaño de cada una se aplicarán simultáneamente, al igual que el resto de sus efectos, sumándose al daño de la acometida final. Por otro lado, si se opta por atacar con un arma en cada mano de forma independiente, cada ataque se resolverá en un segundo distinto, debiendo pagar su costo correspondiente y mejorarse de manera individual. Por turno, el usuario podrá elegir entre realizar una única acometida con múltiples armas o efectuar múltiples ataques simples, sin embargo, independientemente de la opción elegida, cada arma solo podrá utilizarse para atacar una vez por turno.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza × 1">25 (FUE)</span> de Daño - <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 1">2 (MFUE)</span> de Fuerza para Valor de Tamaño	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">[MDESx3] Daño [Ataque Empuñado]</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-07-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Mejora</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: BUKI103M</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El dominio de tu destreza potencia la capacidad ofensiva del arma, aumentando el daño infligido por los ataques empuñados.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 3">12 (MDES)</span> de Daño</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">[MDESx2] Daño [Ataque Empuñado]</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-07-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Mejora</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: BUKI102M</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">15 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El dominio de tu destreza potencia la capacidad ofensiva del arma, aumentando el daño infligido por los ataques empuñados.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 2">8 (MDES)</span> de Daño</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">[MDESx1] Daño [Ataque Empuñado]</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
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    </span>
  </button>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-07-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Mejora</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: BUKI101M</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">10 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El dominio de tu destreza potencia la capacidad ofensiva del arma, aumentando el daño infligido por los ataques empuñados.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">4 (MDES)</span> de Daño	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

<script>
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  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">BLOQUEO</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
  <div class="sg-spoiler__panel">
    <div class="sg-spoiler__body">
      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-06-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: DEFE002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">25 de Chakra, 15 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede bloquear ataques con brazos, piernas, armas o técnicas defensivas, siempre que estas últimas especifiquen su funcionamiento en este contexto. Puede bloquear múltiples ofensivas a la vez y realizar cualquier otra acción entre bloqueos según la situación.<br />
<br />
Cuando bloquea con técnicas defensivas, la resistencia del bloqueo se mide por la resistencia propia de la técnica. Si bloquea con el cuerpo o armas, se usa la fuerza y control de chakra del usuario, como en este jutsu. El daño recibido por las ofensivas va reduciendo la resistencia del bloqueo, que solo podrá recuperarse cuando termine el cooldown de la técnica.<br />
<br />
Aunque el bloqueo detenga el golpe, efectos como parálisis o veneno seguirán afectando al usuario si el ataque toca su cuerpo. Si el daño del ataque supera la resistencia del bloqueo, el daño excedente se aplica directamente al usuario."</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza + Control de Chakra">50 (FUE+CCK)</span> de Resistencia	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

<script>
if (typeof window.sgToggleSpoiler !== 'function') {
  window.sgToggleSpoiler = function(button) {
    var wrapper = button.parentNode;
    if (!wrapper || !wrapper.classList.contains('sg-spoiler')) { return; }
    var isOpen = wrapper.classList.contains('is-open');
    wrapper.classList.toggle('is-open', !isOpen);
    button.setAttribute('aria-expanded', !isOpen ? 'true' : 'false');
  };
}
</script></div>
		</div><br />
El cuchillo cayó al suelo. No necesitaba el Sharingan. El hombre no era shinobi y simplemente estaba desesperado. El fugitivo cayó de espaldas contra el suelo. Intentó levantarse inmediatamente. Kuroto colocó una rodilla sobre su espalda y le inmovilizó uno de los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Suéltame!</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Deja de moverte.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡He dicho que me sueltes!</span><br />
<br />
El hombre trató de revolverse. Kuroto aumentó ligeramente la presión.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y yo he dicho que dejes de moverte.</span><br />
<br />
El fugitivo terminó deteniéndose. Durante algunos segundos únicamente se escuchó su respiración acelerada. Kuroto miró alrededor. Varias personas observaban desde cierta distancia, pero nadie había resultado herido. Eso era lo importante. Sacó los hilos metálicos que llevaba entre su equipo y comenzó a asegurar las muñecas del detenido. El hombre soltó una risa amarga.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Contento?</span><br />
<br />
Kuroto terminó el nudo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Pues sí, porque no has apuñalado a nadie.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Podría haberte dado.</span><br />
<br />
Kuroto recogió el cuchillo del suelo. Lo observó durante un instante antes de guardarlo fuera del alcance del fugitivo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
El hombre levantó la cabeza ligeramente.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿No qué?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No podrías, ni siquiera me hiciste sudar.</span><br />
<br />
No quería ser cruel o presumir, simplemente era sincero. El silencio que siguió fue suficiente respuesta. Kuroto se incorporó y obligó al fugitivo a hacer lo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Vamos.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Y si no quiero caminar?</span><br />
<br />
Kuroto lo miró. El hombre suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Era una pregunta retórica...</span><br />
<br />
Kuroto levantó ligeramente una ceja, parecía que al menos había aprendido algo. El regreso fue considerablemente más tranquilo que la búsqueda. El fugitivo caminó delante de él con las manos atadas. Cuando finalmente alcanzaron el punto donde debía entregarlo nuevamente bajo custodia, uno de los responsables de seguridad reconoció inmediatamente al detenido.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Pensábamos que conseguiría salir de la zona antes de que pudiéramos cerrar los caminos.</span><br />
<br />
Kuroto entregó el cuchillo confiscado.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Se escondió en uno de los almacenes cercanos a la costa.</span><br />
<br />
El guardia observó el arma.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Te dio problemas?</span><br />
<br />
Kuroto miró hacia el fugitivo. El hombre evitó devolverle la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Los guardias se hicieron cargo del detenido. Kuroto permaneció allí unos segundos más mientras comprobaban las ataduras y lo conducían hacia el interior. La búsqueda había durado más de lo que le habría gustado, pero nadie había resultado herido durante la captura y el fugitivo regresaba bajo custodia. Objetivo cumplido. Kuroto acomodó ligeramente a Homurakiba en su cintura antes de abandonar el lugar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- La próxima vez quizá deberían usar mejores nudos.</span></span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Kuroto Uchiha'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Kuroto Uchiha'; }">Estadísticas de Kuroto Uchiha</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Kuroto Uchiha</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>25</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>50</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>75</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>25</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>15</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>470</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>535</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>52</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	<br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:100%;background:linear-gradient(90deg,rgba(192,88,42,0.55),rgba(192,88,42,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#c0582a'><path d='M12 21.35l-1.45-1.32C5.4 15.36 2 12.28 2 8.5 2 5.42 4.42 3 7.5 3c1.74 0 3.41.81 4.5 2.09C13.09 3.81 14.76 3 16.5 3 19.58 3 22 5.42 22 8.5c0 3.78-3.4 6.86-8.55 11.54L12 21.35z'/></svg>
					Vida: 470/470
				</div>
			</div> <script>
					$('#post_28227 .personaje_vida')[0].innerText = '470/470';
					$('#post_28227 .subBarraVida').css('width', '293px');
				</script><br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:76%;background:linear-gradient(90deg,rgba(89,160,216,0.5),rgba(89,160,216,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#59a0d8'><path d='M12 2c.7 2.7 2.6 4.2 3.8 5.9C16.7 9.2 17 10.6 17 12a5 5 0 0 1-10 0c0-1.1.3-2 .8-2.9.4 1 1.2 1.6 2 1.6 1 0 1.6-.8 1.4-2.1C10.8 6.7 11.4 4 12 2z'/></svg>
					Chakra: 405/535
				</div>
			</div> <script>
					$('#post_28227 .personaje_chakra')[0].innerText = '405/535';
					$('#post_28227 .subBarraChakra').css('width', '221px');

					</script><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -20 Esquiva<br />
* -25 Bloqueo<br />
* -15 Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -20 Mejora [DESX3] Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -15 Mejora [DESX2] Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -10 Mejora [DESX1] Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -25 Bloqueo</span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='ARMAS USADAS'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='ARMAS USADAS'; }">ARMAS USADAS</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
	<div style='display:flex;gap:14px;align-items:flex-start;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #7b4ab8;background:#130f1e;padding:14px 16px;margin:10px 0;'>
		<div style='position:relative;width:84px;height:84px;flex-shrink:0;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);overflow:hidden;'>
			<img src='https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/katana.jpg' alt='Katana' style='width:100%;height:100%;object-fit:cover;' />
		</div>
		<div style='flex:1;min-width:0;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:baseline;justify-content:space-between;gap:10px;flex-wrap:wrap;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:15px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Katana</span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#c09840;white-space:nowrap;'>3.675 ryos</span>
			</div>
			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:6px;margin-top:7px;'><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(192,152,64,0.4);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#c09840;white-space:nowrap;'>Empuñada</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>Mediano</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>1</span></div>
			
				<input type='checkbox' id='obj_desc_Katana' style='position:absolute;width:1px;height:1px;opacity:0;overflow:hidden;' />
				<div class='obj_desc_Katana_box' style='max-height:58px;overflow:hidden;position:relative;margin-top:7px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.6;color:#c9bfe0;'>
					Espada de hoja curva y afilada, con una longitud aproximada de 70 a 80 cm, diseñada para ser utilizada con una o ambas manos. Equilibrada, resistente y de corte limpio, la katana es ideal para combates prolongados y ofensivas directas.<br />
<br />
Cada tajo puede generar sangrado abundante y lesiones severas, ya que su filo está pensado para cortar con fluidez a través de carne y hueso. Su poder reside en la precisión, velocidad y técnica del usuario, siendo una de las armas más letales del combate cuerpo a cuerpo.
					<div class='obj_desc_Katana_fade' style='position:absolute;left:0;right:0;bottom:0;height:26px;background:linear-gradient(180deg,transparent,#130f1e);'></div>
				</div>
				<label for='obj_desc_Katana' style='display:inline-flex;margin-top:5px;cursor:pointer;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:1px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Leer más ↓</label>
				<style>
					#obj_desc_Katana:checked ~ .obj_desc_Katana_box { max-height: none !important; }
					#obj_desc_Katana:checked ~ .obj_desc_Katana_box .obj_desc_Katana_fade { display: none !important; }
					#obj_desc_Katana:checked ~ label { display: none !important; }
				</style>
			<div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 1">2 (MFUE)</span> de Sangrado</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 2">8 (MDES)</span> de Sangrado</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 2">8 (MDES)</span> de Lesión</div>
		</div>
	</div>
	</div>
		</div><br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Kuroto recibió la descripción del fugitivo poco después de confirmarse su huida. Había sido detenido por varios robos y agresiones, pero consiguió escapar durante el traslado a dependencias de seguridad, hiriendo a uno de los guardias. La última vez que lo vieron se internaba entre las calles próximas a una de las zonas comerciales del País de las Olas. No era el mejor lugar para perder de vista a alguien. A esas horas, las calles seguían llenas de comerciantes, pescadores y viajeros, mientras numerosos callejones se abrían entre puestos y construcciones de madera. Kuroto permaneció unos segundos observando el lugar desde el que debía comenzar la búsqueda.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si simplemente sigue corriendo terminará llamando la atención. Si tiene algo de cabeza, intentará mezclarse con la gente.</span></span><br />
<br />
La descripción era sencilla: unos treinta años, cabello oscuro, barba de varios días y una chaqueta marrón que probablemente ya habría abandonado. Lo realmente útil era el corte superficial que había sufrido en el brazo derecho durante la fuga. Kuroto comenzó la búsqueda desde el último punto en el que había sido visto. Durante los primeros minutos apenas encontró información útil. Varias personas recordaban haber visto pasar a alguien corriendo, pero las indicaciones se contradecían: un pescador señalaba hacia el oeste, una mujer en dirección contraria y otro comerciante ni siquiera estaba seguro de haber visto al fugitivo. Después de varias respuestas semejantes, Kuroto dejó de preguntar indiscriminadamente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Demasiada gente. Demasiadas versiones.</span></span><br />
<br />
Kuroto observó el entorno. Si el fugitivo conocía mínimamente la zona, probablemente habría evitado las calles principales. Y si seguía herido, terminaría dejando algún rastro. Se internó en uno de los callejones que comunicaban la zona comercial con varias calles secundarias. El tránsito disminuyó casi de inmediato. Entre cajas apiladas, redes puestas a secar y pequeños charcos, Kuroto avanzó despacio examinando el lugar. Una de las cajas parecía haber sido desplazada recientemente. Se agachó junto a ella. En uno de los bordes había una pequeña mancha oscura. Sangre.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Por aquí.</span></span><br />
<br />
Kuroto siguió el callejón hasta alcanzar una bifurcación. Allí, el rastro desaparecía. A la izquierda, el camino regresaba hacia una calle concurrida; a la derecha, descendía hacia una zona próxima al agua, donde varios almacenes se agrupaban entre pasos estrechos y pequeños embarcaderos. Se detuvo unos instantes. Si el fugitivo quería esconderse, difícilmente volvería hacia una calle transitada. Kuroto tomó el camino de la derecha. El olor a sal y madera húmeda se intensificó conforme avanzaba. Aún quedaban algunas personas descargando cajas o trabajando junto a las embarcaciones, aunque la actividad era mucho menor que en la zona comercial. Un anciano sentado frente a uno de los almacenes levantó la mirada al verlo acercarse. Kuroto se detuvo frente a él.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Ha pasado por aquí un hombre corriendo hace poco? Treinta años aproximadamente. Posiblemente herido en un brazo.</span><br />
<br />
El anciano entrecerró los ojos.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Han pasado muchas personas.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Estoy buscando a un hombre que ha escapado mientras era trasladado bajo custodia. Ha herido a uno de los guardias durante la fuga.</span><br />
<br />
La actitud del anciano cambió.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Es peligroso?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Ha sido detenido por varios robos y agresiones. Es mejor encontrarlo antes de que tenga ocasión de causar más problemas.</span><br />
<br />
El hombre pensó durante unos segundos antes de señalar hacia el final de la calle.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Vi a uno parecido. Caminaba rápido, pero intentaba no parecer que tenía prisa. Llevaba el brazo pegado al cuerpo.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Hacia dónde fue?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Por allí. Después no lo vi. </span><br />
<br />
Kuroto siguió la dirección indicada.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces ya sabía que podían estar buscándolo.</span></span><br />
<br />
Eso explicaba que hubiese dejado de correr. Continuó avanzando hasta alcanzar varios almacenes separados entre sí por estrechos espacios. Algunos permanecían abiertos; otros habían sido cerrados al terminar la jornada. Una puerta llamó su atención. El candado seguía colocado. Pero la madera junto al marco estaba astillada. Kuroto se acercó y observó el suelo. Había restos recientes de madera.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entró sin utilizar la puerta.</span></span><br />
<br />
Rodeó el edificio. En la parte posterior encontró una pequeña ventana utilizada probablemente para ventilación. Uno de los tablones que la cubrían había sido arrancado parcialmente. Kuroto llevó una mano hacia Homurakiba. No desenvainó. Todavía. Se aproximó lentamente y escuchó. Nada. Después oyó un pequeño golpe en el interior. Kuroto se apartó de la ventana y volvió hacia la entrada principal.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sé que estás dentro. </span>-Silencio.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">No tienes salida.</span><br />
<br />
Una voz respondió desde el interior.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Lárgate!</span><br />
<br />
Kuroto dejó escapar aire por la nariz.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Al menos nos ahorramos seguir buscando.</span></span>-Pensó.-<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"> Has herido a un guardia durante la fuga. Si sales ahora, esto termina sin necesidad de empeorarlo.</span>-Dijo.-<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡No voy a volver!</span><br />
<br />
Kuroto observó la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces tendré que entrar.</span><br />
<br />
De repente se escucharon pasos rápidos. No hacia la puerta. Hacia atrás. Kuroto giró inmediatamente y comenzó a rodear el almacén. Llegó a tiempo para ver cómo el fugitivo terminaba de romper uno de los tablones de la ventana posterior y se dejaba caer al exterior. El hombre levantó la cabeza. Sus miradas se encontraron.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Mierda.</span><br />
<br />
Echó a correr. Kuroto fue detrás. La persecución atravesó dos estrechos pasos entre almacenes antes de regresar hacia una zona más transitada. El fugitivo apartó violentamente una cesta que encontró en su camino y varias piezas de pescado terminaron esparcidas por el suelo.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- ¡Eh!</span><br />
<br />
Un comerciante comenzó a protestar. Kuroto esquivó la cesta sin detenerse. El fugitivo miró hacia atrás. Aquello fue un error. Chocó contra un hombre que transportaba varias cajas y estuvo a punto de caer. Kuroto redujo la distancia.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¡Detente!</span><br />
<br />
El fugitivo recuperó el equilibrio y siguió corriendo. Delante de él aparecía una calle bastante más concurrida. Kuroto frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span></span><br />
<br />
Si alcanzaba aquella zona, cualquier intento de detenerlo podía terminar implicando a demasiadas personas. Aceleró. El fugitivo apenas había recorrido unos metros más cuando Kuroto consiguió alcanzarlo. Extendió una mano hacia su hombro. El hombre giró bruscamente. Algo metálico apareció en su mano. Kuroto se detuvo justo antes de que un cuchillo cruzase el espacio frente a su abdomen.<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='DEFENSA'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='DEFENSA'; }">DEFENSA</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Esquiva</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
  <div class="sg-spoiler__panel">
    <div class="sg-spoiler__body">
      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 18-06-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: DEFE001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede evadir por completo un ataque si logra moverse al menos 1 metro fuera de su trayectoria. En el caso de jutsus de área, deberá desplazarse una distancia mayor, suficiente para salir por completo del alcance del ataque. <br />
<br />
Cada usuario posee un Potencial de Esquiva, calculado sumando sus modificadores de Destreza e Inteligencia. Este representa la capacidad del cuerpo para anticiparse y evadir ataques enemigos. La técnica básica de Esquiva permite evadir jutsus de Nivel 1 y consume 1 punto de Potencial de Esquiva por cada uso.<br />
<br />
Existen mejoras que aumentan el nivel máximo de jutsus que la técnica puede esquivar. Cada nivel adicional de Esquiva incrementa en 1 el costo de Potencial de Esquiva por uso, por lo que el costo de utilizar Esquiva siempre será igual al nivel actual de la técnica. Si el usuario no dispone del Potencial suficiente para pagar dicho costo, no podrá realizar la esquiva.<br />
<br />
En otras palabras, una Esquiva de Nivel 1 consume 1 punto de Potencial de Esquiva, una Esquiva de Nivel 2 consume 2 puntos, una Esquiva de Nivel 3 consume 3 puntos, y así sucesivamente. Esquivar una técnica de Nivel 0 también consume 1 punto, ya que el costo depende del nivel de la técnica de Esquiva utilizada y no del nivel del jutsu que se está evadiendo.<br />
<br />
Aclaración: Una vez realizada una Esquiva en el turno, se podrá esquivar tantas veces como el Potencial de Esquiva lo permita. El Potencial de Esquiva del usuario se reinicia en conjunto al Coldown de la técnica. Las mejoras que aumentan la Velocidad NO aumentan el nivel del jutsu que pueden esquivar, por lo que tampoco disminuyen puntos del Potencial de Esquiva al utilizar dichas mejoras.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) + Inteligencia (modificador)">7 (MDES+MINT)</span> de Potencial de Esquiva	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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    if (!wrapper || !wrapper.classList.contains('sg-spoiler')) { return; }
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    wrapper.classList.toggle('is-open', !isOpen);
    button.setAttribute('aria-expanded', !isOpen ? 'true' : 'false');
  };
}
</script></div>
		</div><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Atrás!</span><br />
<br />
El fugitivo respiraba con dificultad. El vendaje improvisado que llevaba alrededor del brazo derecho estaba manchado de sangre. Kuroto dio un paso lateral, colocándose entre él y la calle transitada.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Guarda eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Te he dicho que te apartes.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y yo te he dicho que esto podía terminar sin empeorarlo.</span><br />
<br />
El hombre apretó los dientes.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No voy a volver a una celda.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso ya no depende de mí.</span><br />
<br />
El fugitivo avanzó. El cuchillo volvió a moverse. Kuroto desenvainó media katana rápidamente y bloqueó el ataque punzante. Antes de que el hombre pudiera recuperar la posición, desenvainó la katana completamente y ejecutó un duro corte a su mano. <br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='ATAQUE'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='ATAQUE'; }">ATAQUE</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
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        <span class="sg-spoiler__title">BLOQUEO</span>
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            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede bloquear ataques con brazos, piernas, armas o técnicas defensivas, siempre que estas últimas especifiquen su funcionamiento en este contexto. Puede bloquear múltiples ofensivas a la vez y realizar cualquier otra acción entre bloqueos según la situación.<br />
<br />
Cuando bloquea con técnicas defensivas, la resistencia del bloqueo se mide por la resistencia propia de la técnica. Si bloquea con el cuerpo o armas, se usa la fuerza y control de chakra del usuario, como en este jutsu. El daño recibido por las ofensivas va reduciendo la resistencia del bloqueo, que solo podrá recuperarse cuando termine el cooldown de la técnica.<br />
<br />
Aunque el bloqueo detenga el golpe, efectos como parálisis o veneno seguirán afectando al usuario si el ataque toca su cuerpo. Si el daño del ataque supera la resistencia del bloqueo, el daño excedente se aplica directamente al usuario."</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza + Control de Chakra">50 (FUE+CCK)</span> de Resistencia	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
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</div>

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        <span class="sg-spoiler__title">Ataque Empuñado</span>
      </span>
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          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">Las armas empuñadas pueden ser utilizadas siempre que el usuario tenga la fuerza suficiente para sostenerlas. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá sujetar tantas armas como su Modificador de Fuerza pueda soportar al pagar el valor correspondiente por cada una. Si desea empuñar dos armas al mismo tiempo, deberá contar con la fuerza suficiente para cubrir ambas. De lo contrario, podrá alternar entre ellas, pero solo atacar con una a la vez. El número máximo de armas empuñadas está limitado por la cantidad de manos libres que tenga el usuario, y desenfundar un arma toma 1 segundo.<br />
<br />
En caso de utilizar más de un arma durante una misma acometida, los efectos de Daño por Valor de Tamaño de cada una se aplicarán simultáneamente, al igual que el resto de sus efectos, sumándose al daño de la acometida final. Por otro lado, si se opta por atacar con un arma en cada mano de forma independiente, cada ataque se resolverá en un segundo distinto, debiendo pagar su costo correspondiente y mejorarse de manera individual. Por turno, el usuario podrá elegir entre realizar una única acometida con múltiples armas o efectuar múltiples ataques simples, sin embargo, independientemente de la opción elegida, cada arma solo podrá utilizarse para atacar una vez por turno.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza × 1">25 (FUE)</span> de Daño - <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 1">2 (MFUE)</span> de Fuerza para Valor de Tamaño	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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      </span>
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            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El dominio de tu destreza potencia la capacidad ofensiva del arma, aumentando el daño infligido por los ataques empuñados.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 3">12 (MDES)</span> de Daño</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">[MDESx2] Daño [Ataque Empuñado]</span>
      </span>
    </span>
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          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El dominio de tu destreza potencia la capacidad ofensiva del arma, aumentando el daño infligido por los ataques empuñados.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 2">8 (MDES)</span> de Daño</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">10 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El dominio de tu destreza potencia la capacidad ofensiva del arma, aumentando el daño infligido por los ataques empuñados.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">4 (MDES)</span> de Daño	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede bloquear ataques con brazos, piernas, armas o técnicas defensivas, siempre que estas últimas especifiquen su funcionamiento en este contexto. Puede bloquear múltiples ofensivas a la vez y realizar cualquier otra acción entre bloqueos según la situación.<br />
<br />
Cuando bloquea con técnicas defensivas, la resistencia del bloqueo se mide por la resistencia propia de la técnica. Si bloquea con el cuerpo o armas, se usa la fuerza y control de chakra del usuario, como en este jutsu. El daño recibido por las ofensivas va reduciendo la resistencia del bloqueo, que solo podrá recuperarse cuando termine el cooldown de la técnica.<br />
<br />
Aunque el bloqueo detenga el golpe, efectos como parálisis o veneno seguirán afectando al usuario si el ataque toca su cuerpo. Si el daño del ataque supera la resistencia del bloqueo, el daño excedente se aplica directamente al usuario."</p>
            </div>
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</script></div>
		</div><br />
El cuchillo cayó al suelo. No necesitaba el Sharingan. El hombre no era shinobi y simplemente estaba desesperado. El fugitivo cayó de espaldas contra el suelo. Intentó levantarse inmediatamente. Kuroto colocó una rodilla sobre su espalda y le inmovilizó uno de los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Suéltame!</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Deja de moverte.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡He dicho que me sueltes!</span><br />
<br />
El hombre trató de revolverse. Kuroto aumentó ligeramente la presión.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y yo he dicho que dejes de moverte.</span><br />
<br />
El fugitivo terminó deteniéndose. Durante algunos segundos únicamente se escuchó su respiración acelerada. Kuroto miró alrededor. Varias personas observaban desde cierta distancia, pero nadie había resultado herido. Eso era lo importante. Sacó los hilos metálicos que llevaba entre su equipo y comenzó a asegurar las muñecas del detenido. El hombre soltó una risa amarga.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Contento?</span><br />
<br />
Kuroto terminó el nudo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Pues sí, porque no has apuñalado a nadie.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Podría haberte dado.</span><br />
<br />
Kuroto recogió el cuchillo del suelo. Lo observó durante un instante antes de guardarlo fuera del alcance del fugitivo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
El hombre levantó la cabeza ligeramente.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿No qué?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No podrías, ni siquiera me hiciste sudar.</span><br />
<br />
No quería ser cruel o presumir, simplemente era sincero. El silencio que siguió fue suficiente respuesta. Kuroto se incorporó y obligó al fugitivo a hacer lo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Vamos.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Y si no quiero caminar?</span><br />
<br />
Kuroto lo miró. El hombre suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Era una pregunta retórica...</span><br />
<br />
Kuroto levantó ligeramente una ceja, parecía que al menos había aprendido algo. El regreso fue considerablemente más tranquilo que la búsqueda. El fugitivo caminó delante de él con las manos atadas. Cuando finalmente alcanzaron el punto donde debía entregarlo nuevamente bajo custodia, uno de los responsables de seguridad reconoció inmediatamente al detenido.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Pensábamos que conseguiría salir de la zona antes de que pudiéramos cerrar los caminos.</span><br />
<br />
Kuroto entregó el cuchillo confiscado.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Se escondió en uno de los almacenes cercanos a la costa.</span><br />
<br />
El guardia observó el arma.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Te dio problemas?</span><br />
<br />
Kuroto miró hacia el fugitivo. El hombre evitó devolverle la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Los guardias se hicieron cargo del detenido. Kuroto permaneció allí unos segundos más mientras comprobaban las ataduras y lo conducían hacia el interior. La búsqueda había durado más de lo que le habría gustado, pero nadie había resultado herido durante la captura y el fugitivo regresaba bajo custodia. Objetivo cumplido. Kuroto acomodó ligeramente a Homurakiba en su cintura antes de abandonar el lugar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- La próxima vez quizá deberían usar mejores nudos.</span></span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Kuroto Uchiha'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Kuroto Uchiha'; }">Estadísticas de Kuroto Uchiha</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Kuroto Uchiha</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>25</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>50</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>75</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>25</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>15</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>470</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>535</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>52</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	<br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:100%;background:linear-gradient(90deg,rgba(192,88,42,0.55),rgba(192,88,42,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#c0582a'><path d='M12 21.35l-1.45-1.32C5.4 15.36 2 12.28 2 8.5 2 5.42 4.42 3 7.5 3c1.74 0 3.41.81 4.5 2.09C13.09 3.81 14.76 3 16.5 3 19.58 3 22 5.42 22 8.5c0 3.78-3.4 6.86-8.55 11.54L12 21.35z'/></svg>
					Vida: 470/470
				</div>
			</div> <script>
					$('#post_28227 .personaje_vida')[0].innerText = '470/470';
					$('#post_28227 .subBarraVida').css('width', '293px');
				</script><br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:76%;background:linear-gradient(90deg,rgba(89,160,216,0.5),rgba(89,160,216,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#59a0d8'><path d='M12 2c.7 2.7 2.6 4.2 3.8 5.9C16.7 9.2 17 10.6 17 12a5 5 0 0 1-10 0c0-1.1.3-2 .8-2.9.4 1 1.2 1.6 2 1.6 1 0 1.6-.8 1.4-2.1C10.8 6.7 11.4 4 12 2z'/></svg>
					Chakra: 405/535
				</div>
			</div> <script>
					$('#post_28227 .personaje_chakra')[0].innerText = '405/535';
					$('#post_28227 .subBarraChakra').css('width', '221px');

					</script><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -20 Esquiva<br />
* -25 Bloqueo<br />
* -15 Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -20 Mejora [DESX3] Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -15 Mejora [DESX2] Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -10 Mejora [DESX1] Ataque Empuñado</span><br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">* -25 Bloqueo</span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='ARMAS USADAS'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='ARMAS USADAS'; }">ARMAS USADAS</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
	<div style='display:flex;gap:14px;align-items:flex-start;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #7b4ab8;background:#130f1e;padding:14px 16px;margin:10px 0;'>
		<div style='position:relative;width:84px;height:84px;flex-shrink:0;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);overflow:hidden;'>
			<img src='https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/katana.jpg' alt='Katana' style='width:100%;height:100%;object-fit:cover;' />
		</div>
		<div style='flex:1;min-width:0;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:baseline;justify-content:space-between;gap:10px;flex-wrap:wrap;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:15px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Katana</span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#c09840;white-space:nowrap;'>3.675 ryos</span>
			</div>
			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:6px;margin-top:7px;'><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(192,152,64,0.4);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#c09840;white-space:nowrap;'>Empuñada</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>Mediano</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>1</span></div>
			
				<input type='checkbox' id='obj_desc_Katana' style='position:absolute;width:1px;height:1px;opacity:0;overflow:hidden;' />
				<div class='obj_desc_Katana_box' style='max-height:58px;overflow:hidden;position:relative;margin-top:7px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.6;color:#c9bfe0;'>
					Espada de hoja curva y afilada, con una longitud aproximada de 70 a 80 cm, diseñada para ser utilizada con una o ambas manos. Equilibrada, resistente y de corte limpio, la katana es ideal para combates prolongados y ofensivas directas.<br />
<br />
Cada tajo puede generar sangrado abundante y lesiones severas, ya que su filo está pensado para cortar con fluidez a través de carne y hueso. Su poder reside en la precisión, velocidad y técnica del usuario, siendo una de las armas más letales del combate cuerpo a cuerpo.
					<div class='obj_desc_Katana_fade' style='position:absolute;left:0;right:0;bottom:0;height:26px;background:linear-gradient(180deg,transparent,#130f1e);'></div>
				</div>
				<label for='obj_desc_Katana' style='display:inline-flex;margin-top:5px;cursor:pointer;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:1px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Leer más ↓</label>
				<style>
					#obj_desc_Katana:checked ~ .obj_desc_Katana_box { max-height: none !important; }
					#obj_desc_Katana:checked ~ .obj_desc_Katana_box .obj_desc_Katana_fade { display: none !important; }
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				</style>
			<div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 1">2 (MFUE)</span> de Sangrado</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 2">8 (MDES)</span> de Sangrado</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 2">8 (MDES)</span> de Lesión</div>
		</div>
	</div>
	</div>
		</div><br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Vigía en la Niebla: El Faro del País de las Olas]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14750</link>
			<pubDate>Sat, 05 Sep 2026 07:05:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14750</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14691&amp;pid=27917#pid27917" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aprobada aqui</a><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
La silueta erosionada del Faro de Nami se alzaría contra el cielo plomizo del País de las Olas, un monolito de piedra carcomida por el salitre y la humedad implacable que marcaría el punto más solitario de la costa insular. Al descender del trayecto marítimo que conectaría el continente con esta nación de brumas perennes, Akira caminaría con paso firme pero pausado, sintiendo cómo el suelo fangoso y las rocas resbaladizas pondrían a prueba el equilibrio de sus botas tácticas. El ambiente desprendería una atmósfera de aislamiento absoluto; la densa niebla matutina envolvería los acantilados como un manto espeso, reduciendo la visibilidad a escasos metros y convirtiendo el paisaje en un laberinto de sombras grises donde el romper constante de las olas serviría como la única banda sonora ininterrumpida.<br />
<br />
Al llegar a la base de la estructura, el joven Hyūga desenrollaría con cuidado su cama blanca, aquella pieza pulcra cuyos bordes ostentarían el delicado bordado de tomoes decorativos que denotarían su disciplina y su persistente búsqueda de orden en medio del caos. Colocaría el lecho improvisado en un recoveco resguardado del viento directo, asegurándose de que la lona no absorbiera la humedad del suelo rocoso. Su mirada recorrería los alrededores con una mezcla de cautela y hastío profesional; las directrices de la misión especificarían una labor clara: supervisión y vigilancia perimetral rigurosa para blindar la zona costera ante cualquier intento de incursión por parte de contrabandistas oportunistas o remanentes de elementos renegados que intentarían pescar en río revuelto aprovechando el caos geopolítico reciente y la cortina impenetrable de la bruma marítima.<br />
<br />
La soledad del faro ejercería una presión sutil sobre los sentidos. En la quietud de aquel puesto avanzado, su mente viajaría de forma inevitable hacia la lejana Konoha y hacia la figura silenciosa de Makey, su gato de heterochromia perfecta, imaginando cómo el felino arquearía el lomo ante la brisa cargada de yodo si llegara a acompañarle en aquella travesía. Sin embargo, el deber reclamaría su atención de inmediato, disipando cualquier atisbo de distracción hogareña. Las tensiones derivadas de la ruptura diplomática con Kirigakure y el tambaleante equilibrio de la Segunda Coalición resonarían con fuerza en su fuero interno; si las grandes potencias comenzaran a mover fichas en el tablero marítimo, el País de las Olas volvería a convertirse en el tablero de sacrificio donde las facciones menores pagarían el precio de la ambición ajena.<br />
<br />
Para contrarrestar la limitación visual impuesta por la neblina, Akira concentraría su flujo de chakra en las sienes, dilatando los canales ópticos y activando el dōjutsu de su clan. Las venas alrededor de sus ojos se contraerían y sobresaldrían con violencia contenida mientras el mundo circundante adoptaría una tonalidad monocromática y translúcida. A través del Byakugan, la densa bruma dejaría de representar un obstáculo táctico; el campo visual se expandiría cientos de metros en todas direcciones, permitiéndole traspasar los muros de roca, la madera podrida de los muelles abandonados y las capas de vapor marino con absoluta nitidez.<br />
<br />
Bajo esa perspectiva cenital y detallada, Akira escanearía sistemáticamente el horizonte. Los contornos de las embarcaciones pesqueras amarradas en el puerto aparecerían como esqueletos de energía y calor tenue, mientras que las corrientes submarinas ondularían como vetas luminosas bajo la superficie del mar del Este. Cada caleta recóndita, cada gruta marina oculta a la vista de los habitantes locales y cada sendero escarpado que conduciría desde la costa hacia el interior quedarían bajo su escrutinio implacable. Buscaría cualquier anomalía térmica, cualquier firma de chakra irregular que delatara la presencia de intrusos agazapados entre las rocas o el movimiento furtivo de botes sin identificar deslizándose sin luces por la línea de marea.<br />
<br />
El protocolo de vigilancia exigiría paciencia metódica. Durante las primeras horas de guardia, el panorama permanecería desoladoramente tranquilo; únicamente la fauna marina y los escasos pescadores locales desafiando el alba cruzarían su campo de visión. No obstante, Akira analizaría cada fluctuación en el entorno con la certeza de que los contrabandistas locales, acostumbrados a evadir la ley mediante rutas clandestinas, aprovecharían la primera rendija en la vigilancia para mover cargamentos ilegales de recursos o armamento ligero destinado a alimentar la inestabilidad de la región. Su mente evaluaría las rutas de escape más probables, calculando el tiempo de respuesta necesario para interceptar a cualquier sospechoso antes de que lograra adentrarse en los bosques circundantes o fundirse con la población civil del pueblo reconstruido a medias tras la destrucción del puente.<br />
<br />
La quietud de la guardia nocturna favorecería una profunda introspección sobre el peso de sus propias decisiones tácticas. Mientras mantendría el Byakugan activo mediante microdosificaciones controladas de chakra para evitar el agotamiento prematuro de sus tenketsu, reflexionaría sobre el concepto de la no-acción que había rondado sus pensamientos en los días previos. En un entorno tan volátil como el País de las Olas, intervenir de forma precipitada ante una sombra inofensiva desencadenaría falsas alarmas que desgastarían innecesariamente sus recursos físicos y mentales; por el contrario, demorar la acción hasta contar con pruebas irrefutables de una amenaza real exigiría un dominio absoluto de la paciencia y el autocontrol. Cada latido pausado marcaría el compás de su espera, vigilando la delgada línea entre la paz frágil del presente y la inminencia de un conflicto latente.<br />
<br />
Conforme la marea comenzaría a descender, dejando al descubierto los pilares corroídos del muelle y los cúmulos de algas ennegrecidas por la resaca, Akira reajustaría su posición sobre la cornisa de piedra del faro. Mantendría la vigilancia activa, alternando los puntos ciegos del puerto con el barrido perimetral del mar abierto, consciente de que la verdadera prueba de un Chūunin no radicaría únicamente en la ejecución limpia de un combate, sino en la capacidad de sostener la atención inquebrantable en medio de la monotonía, la soledad y el frío abrazo de la niebla costera.<br />
<br />
Asi culminaría su jornada de vigia el joven de los perlados ojos, mirando el mar y disfrutando de ese aroma tan distinto de las tierras de donde proviene, con gente distinta, pero a la vez tan parecida, el futuro es incierto pero la labor del hoy fue cumplida.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14691&amp;pid=27917#pid27917" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aprobada aqui</a><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
La silueta erosionada del Faro de Nami se alzaría contra el cielo plomizo del País de las Olas, un monolito de piedra carcomida por el salitre y la humedad implacable que marcaría el punto más solitario de la costa insular. Al descender del trayecto marítimo que conectaría el continente con esta nación de brumas perennes, Akira caminaría con paso firme pero pausado, sintiendo cómo el suelo fangoso y las rocas resbaladizas pondrían a prueba el equilibrio de sus botas tácticas. El ambiente desprendería una atmósfera de aislamiento absoluto; la densa niebla matutina envolvería los acantilados como un manto espeso, reduciendo la visibilidad a escasos metros y convirtiendo el paisaje en un laberinto de sombras grises donde el romper constante de las olas serviría como la única banda sonora ininterrumpida.<br />
<br />
Al llegar a la base de la estructura, el joven Hyūga desenrollaría con cuidado su cama blanca, aquella pieza pulcra cuyos bordes ostentarían el delicado bordado de tomoes decorativos que denotarían su disciplina y su persistente búsqueda de orden en medio del caos. Colocaría el lecho improvisado en un recoveco resguardado del viento directo, asegurándose de que la lona no absorbiera la humedad del suelo rocoso. Su mirada recorrería los alrededores con una mezcla de cautela y hastío profesional; las directrices de la misión especificarían una labor clara: supervisión y vigilancia perimetral rigurosa para blindar la zona costera ante cualquier intento de incursión por parte de contrabandistas oportunistas o remanentes de elementos renegados que intentarían pescar en río revuelto aprovechando el caos geopolítico reciente y la cortina impenetrable de la bruma marítima.<br />
<br />
La soledad del faro ejercería una presión sutil sobre los sentidos. En la quietud de aquel puesto avanzado, su mente viajaría de forma inevitable hacia la lejana Konoha y hacia la figura silenciosa de Makey, su gato de heterochromia perfecta, imaginando cómo el felino arquearía el lomo ante la brisa cargada de yodo si llegara a acompañarle en aquella travesía. Sin embargo, el deber reclamaría su atención de inmediato, disipando cualquier atisbo de distracción hogareña. Las tensiones derivadas de la ruptura diplomática con Kirigakure y el tambaleante equilibrio de la Segunda Coalición resonarían con fuerza en su fuero interno; si las grandes potencias comenzaran a mover fichas en el tablero marítimo, el País de las Olas volvería a convertirse en el tablero de sacrificio donde las facciones menores pagarían el precio de la ambición ajena.<br />
<br />
Para contrarrestar la limitación visual impuesta por la neblina, Akira concentraría su flujo de chakra en las sienes, dilatando los canales ópticos y activando el dōjutsu de su clan. Las venas alrededor de sus ojos se contraerían y sobresaldrían con violencia contenida mientras el mundo circundante adoptaría una tonalidad monocromática y translúcida. A través del Byakugan, la densa bruma dejaría de representar un obstáculo táctico; el campo visual se expandiría cientos de metros en todas direcciones, permitiéndole traspasar los muros de roca, la madera podrida de los muelles abandonados y las capas de vapor marino con absoluta nitidez.<br />
<br />
Bajo esa perspectiva cenital y detallada, Akira escanearía sistemáticamente el horizonte. Los contornos de las embarcaciones pesqueras amarradas en el puerto aparecerían como esqueletos de energía y calor tenue, mientras que las corrientes submarinas ondularían como vetas luminosas bajo la superficie del mar del Este. Cada caleta recóndita, cada gruta marina oculta a la vista de los habitantes locales y cada sendero escarpado que conduciría desde la costa hacia el interior quedarían bajo su escrutinio implacable. Buscaría cualquier anomalía térmica, cualquier firma de chakra irregular que delatara la presencia de intrusos agazapados entre las rocas o el movimiento furtivo de botes sin identificar deslizándose sin luces por la línea de marea.<br />
<br />
El protocolo de vigilancia exigiría paciencia metódica. Durante las primeras horas de guardia, el panorama permanecería desoladoramente tranquilo; únicamente la fauna marina y los escasos pescadores locales desafiando el alba cruzarían su campo de visión. No obstante, Akira analizaría cada fluctuación en el entorno con la certeza de que los contrabandistas locales, acostumbrados a evadir la ley mediante rutas clandestinas, aprovecharían la primera rendija en la vigilancia para mover cargamentos ilegales de recursos o armamento ligero destinado a alimentar la inestabilidad de la región. Su mente evaluaría las rutas de escape más probables, calculando el tiempo de respuesta necesario para interceptar a cualquier sospechoso antes de que lograra adentrarse en los bosques circundantes o fundirse con la población civil del pueblo reconstruido a medias tras la destrucción del puente.<br />
<br />
La quietud de la guardia nocturna favorecería una profunda introspección sobre el peso de sus propias decisiones tácticas. Mientras mantendría el Byakugan activo mediante microdosificaciones controladas de chakra para evitar el agotamiento prematuro de sus tenketsu, reflexionaría sobre el concepto de la no-acción que había rondado sus pensamientos en los días previos. En un entorno tan volátil como el País de las Olas, intervenir de forma precipitada ante una sombra inofensiva desencadenaría falsas alarmas que desgastarían innecesariamente sus recursos físicos y mentales; por el contrario, demorar la acción hasta contar con pruebas irrefutables de una amenaza real exigiría un dominio absoluto de la paciencia y el autocontrol. Cada latido pausado marcaría el compás de su espera, vigilando la delgada línea entre la paz frágil del presente y la inminencia de un conflicto latente.<br />
<br />
Conforme la marea comenzaría a descender, dejando al descubierto los pilares corroídos del muelle y los cúmulos de algas ennegrecidas por la resaca, Akira reajustaría su posición sobre la cornisa de piedra del faro. Mantendría la vigilancia activa, alternando los puntos ciegos del puerto con el barrido perimetral del mar abierto, consciente de que la verdadera prueba de un Chūunin no radicaría únicamente en la ejecución limpia de un combate, sino en la capacidad de sostener la atención inquebrantable en medio de la monotonía, la soledad y el frío abrazo de la niebla costera.<br />
<br />
Asi culminaría su jornada de vigia el joven de los perlados ojos, mirando el mar y disfrutando de ese aroma tan distinto de las tierras de donde proviene, con gente distinta, pero a la vez tan parecida, el futuro es incierto pero la labor del hoy fue cumplida.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Capítulo 1] Reunión Kages: Diez Veces No]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14744</link>
			<pubDate>Fri, 04 Sep 2026 10:11:25 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14744</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Capítulo 1] Reunión Kages: Diez Veces No<br />
</span></span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Catorce días habían pasado desde que las delegaciones de Konoha y Kirigakure desembarcaron en el País de las Olas. Era ya el Día 59 de Verano, y la habitación reservada para los dos Kage había terminado pareciéndose menos a una sala diplomática y más a una extensión de sus respectivas oficinas: mapas costeros abiertos, informes apilados, registros de embarcaciones desaparecidas, reportes de anomalías climáticas y documentos enviados desde ambas aldeas ocupaban la mesa baja entre ellos. Afuera, el océano golpeaba la costa de Nami bajo un cielo oscuro, visible a través de las puertas abiertas de madera. Aquella era la décima reunión entre ambos dirigentes desde su llegada, y ninguna de las nueve anteriores había conseguido moverlos del mismo punto. Renjiro permaneció frente al Hokage con el cansancio de dos semanas convertido ya en irritación contenida.</div>
</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><hr class="mycode_hr" />
<iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/XvW7DLauZG4" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe><hr class="mycode_hr" />
</div>
<span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Entonces dime qué esperas que haga, Akihiro.</span> El Hokage no apartó la mirada. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No te pido paciencia por capricho, Renjiro. Te pido que no abras una puerta que quizá nadie pueda cerrar después.</span> Renjiro dejó escapar aire por la nariz, sin humor alguno. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Siempre la misma puerta.</span> <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Porque sigue siendo la misma amenaza.</span><br />
<br />
El Mizukage apoyó una mano sobre los documentos extendidos entre ambos, arrastrando hacia el centro varios informes llegados de Kirigakure durante los últimos días. Ya no eran estimaciones antiguas ni relatos aislados de pescadores: había rutas comerciales interrumpidas, registros de corrientes que habían cambiado en cuestión de semanas y nombres de barcos que nunca habían regresado. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—No, ya no. Antes discutíamos teorías. Hoy Kiri tiene pruebas. El mar está cambiando. Las tormentas vienen sin patrón. Las criaturas se acercan más a los puertos. Nuestros barcos no vuelven.</span> Akihiro bajó la vista hacia los documentos apenas un instante antes de responder. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Y Konoha también tiene pruebas.</span> Renjiro sabía exactamente a qué se refería. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—La bestia del bosque.</span> El rostro del Hokage se endureció. Aquello que había ocurrido en el País del Fuego había eliminado cualquier posibilidad de considerar la corrupción un problema exclusivamente marítimo. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Una sola águila, Renjiro. Una criatura corrompida bastó para causar destrozos. Rompió techos, atacó estructuras, puso civiles en peligro y obligó a movilizar shinobi para contenerla.</span><br />
<br />
Por unos segundos solo quedó entre ellos el sonido irregular de las olas. Aquella criatura no había sido un ejército, ni una invasión organizada, ni siquiera una manifestación completa de aquello que los Nueve Sellos habían sido creados para contener. Había sido apenas una anomalía, una fuga mínima dentro de un sistema que llevaba generaciones sosteniendo un equilibrio que ninguno de los dos comprendía por completo. Renjiro lo resumió sin adornos. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Una filtración.</span> Akihiro asintió una sola vez. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Exacto, una filtración. Ahora imagina lo que pasaría si rompes los sellos de forma deliberada.</span> El Mizukage no retrocedió. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—O imagina lo que pasará si no lo hacemos.</span> <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Lo estoy imaginando. Por eso te digo que no.</span> Renjiro inclinó ligeramente el rostro, como si aquellas palabras confirmaran algo que llevaba días intentando hacerle entender. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—No. Tú imaginas una catástrofe rápida. Yo estoy viendo una catástrofe lenta.</span><br />
<br />
Akihiro permaneció erguido al otro lado de la mesa, sin elevar la voz, pero su negativa tenía ya el peso de una decisión de Estado. Konoha había nacido sobre la premisa de que aquella corrupción debía permanecer contenida; generaciones enteras habían construido su seguridad alrededor de esa convicción, y la reciente aparición de una criatura alterada no había hecho sino reforzarla. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—La lentitud no vuelve aceptable el riesgo.</span> Renjiro respondió inmediatamente. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Y el miedo no vuelve sabia la inacción.</span> Los ojos de Akihiro se estrecharon. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No es miedo. Es responsabilidad.</span> El Mizukage señaló los informes de su aldea con un movimiento seco. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Llámalo como quieras. Kiri lo llama hambre. Lo llama barcos hundidos. Lo llama niños creciendo sin saber si mañana habrá comida.</span> Ya no hablaba de cálculos, de antiguas teorías sobre chakra o de interpretaciones históricas; hablaba de una aldea que veía cómo aquello que la había mantenido viva durante generaciones comenzaba a volverse contra ella.<br />
<br />
El tono de Akihiro perdió dureza durante un instante, aunque no cambió su posición. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No creas que no entiendo el dolor de tu aldea.</span> La respuesta de Renjiro llegó después de un silencio mucho más pesado que cualquiera de sus gritos. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Lo entiendes en papel. Yo lo entiendo en funerales.</span> Las palabras quedaron suspendidas en la habitación. Cada embarcación desaparecida significaba familias esperando junto a los muelles; cada tormenta anómala convertía otra ruta de abastecimiento en una apuesta; cada criatura empujada hacia aguas habitadas reducía todavía más el espacio seguro de Kirigakure. Akihiro sostuvo su mirada. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Y si los sellos se abren, puede haber funerales en todas partes.</span> Renjiro no respondió enseguida. Su expresión cambió apenas, como si finalmente hubiera encontrado detrás de todas las explicaciones del Hokage el argumento que llevaba diez reuniones buscando. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Ahí está. Esa es la verdad.</span><br />
<br />
Akihiro frunció el ceño. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—¿Qué verdad?</span> Renjiro se incorporó lentamente desde su lugar junto a la mesa. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Que para Konoha, Kiri es un riesgo aceptable mientras el resto del mundo siga cerrado bajo llave.</span> La acusación hizo desaparecer cualquier resto de cordialidad de la expresión del Hokage. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No insultes mi intención.</span> <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Entonces no entierres a mi aldea bajo tu prudencia.</span> Ninguno de los dos necesitaba recordar cómo habían llegado hasta allí. Siglos atrás, Konoha y Kirigakure habían participado en el mismo esfuerzo para encerrar aquella corrupción en nueve puntos; ahora las consecuencias de aquel pacto parecían manifestarse de formas distintas a ambos lados del mundo. Para Akihiro, la criatura de Konoha era una advertencia de lo que podía escapar. Para Renjiro, el colapso progresivo del mar era una advertencia de lo que podía ocurrir precisamente porque continuaba encerrado.<br />
<br />
Akihiro fue el primero en convertir aquella discusión en una declaración inequívoca. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No permitiré que se abran los sellos.</span> Renjiro giró completamente hacia él. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—¿No permitirás?</span> La pregunta no necesitaba explicación; acababa de cambiar el significado de toda la reunión. Hasta ese momento habían discutido sobre cooperación, riesgos, supervivencia y posibles consecuencias. Aquellas dos palabras introducían algo diferente: autoridad. Akihiro sostuvo la mirada del Mizukage. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Konoha no aceptará una apertura.</span> Renjiro respondió sin vacilar. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Kiri no necesita permiso para intentar sobrevivir.</span> <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Si ese intento pone en peligro al mundo, entonces sí.</span> La habitación pareció hacerse más pequeña alrededor de ambos hombres, mientras incluso el océano detrás de ellos parecía acompañar la tensión con el golpe constante de las olas contra la costa.<br />
<br />
Renjiro dio un paso hacia la mesa, no como amenaza física, sino como la última advertencia que un dirigente podía ofrecerle a otro antes de que las palabras dejaran de ser solamente palabras. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Ten cuidado con lo que estás diciendo.</span> Akihiro no cedió un centímetro. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Lo mismo te digo. Si Kiri toca los sellos, Konoha responderá.</span> El sonido de la llama sobre la mesa pareció agitarse entre ambos. Renjiro observó al Hokage durante unos segundos antes de contestar con la misma claridad. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Si Konoha se interpone entre Kiri y su supervivencia, también responderemos.</span> Aquella frase terminó de destruir el espacio diplomático que todavía quedaba entre ellos. No era una declaración de guerra, todavía no, pero ambos comprendían que acababan de definir las condiciones exactas bajo las cuales una podría comenzar. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Renjiro...</span><br />
<br />
El Mizukage apartó la mirada por primera vez, recorriendo los mapas, los documentos y las diez reuniones convertidas en montones de papel sobre aquella mesa. Cuando volvió a mirar a Akihiro, la rabia había desaparecido de su rostro; lo que quedaba resultaba mucho más difícil de negociar. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Diez reuniones aquí, Hiro. Diez oportunidades de entender que esto no era una amenaza. Era una súplica.</span> El uso del nombre corto no suavizó las palabras. Al contrario, recordó que aquello había comenzado como una conversación entre dos hombres que conocían perfectamente el peso que cargaba el otro, antes de convertirse en un choque entre dos aldeas incapaces de aceptar el precio de la solución contraria. Akihiro bajó la mirada hacia la pequeña llama que ardía entre ambos y respondió con una voz mucho más baja. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Y diez veces te he dicho que no puedo darte lo que pides.</span><br />
<br />
Renjiro permaneció inmóvil unos segundos más. Después tomó únicamente los documentos pertenecientes a Kirigakure, dejando sobre la mesa aquellos que Konoha había presentado durante las últimas dos semanas. No hubo saludo, promesa de una undécima reunión ni intento de encontrar una frase que redujera el peso de lo que acababan de decirse. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Pues así será.</span> El Mizukage se volvió hacia la salida mientras detrás de él continuaba extendiéndose el océano oscuro del País de las Olas, el mismo mar que ambas delegaciones habían cruzado catorce días antes con la expectativa de encontrar una respuesta conjunta. Akihiro permaneció frente a la mesa, rodeado por mapas que mostraban nueve puntos destinados a permanecer cerrados. Por primera vez desde su llegada, la cuestión ya no era si Konoha y Kirigakure estaban de acuerdo sobre los Sellos. La cuestión era cuál de las dos aldeas actuaría primero.<br />
<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Para este tema se escribió:</cite>Este tema continúa en Konoha: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14742" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
Este tema continúa en Kirigakure: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14743" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a></blockquote>
			<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:16px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
				<span style='position:absolute;top:-12px;right:6px;font-size:60px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>閉</span>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:8px;'>🔒 Tema cerrado</div>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:16px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Este tema ha sido cerrado.</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Capítulo 1] Reunión Kages: Diez Veces No<br />
</span></span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Catorce días habían pasado desde que las delegaciones de Konoha y Kirigakure desembarcaron en el País de las Olas. Era ya el Día 59 de Verano, y la habitación reservada para los dos Kage había terminado pareciéndose menos a una sala diplomática y más a una extensión de sus respectivas oficinas: mapas costeros abiertos, informes apilados, registros de embarcaciones desaparecidas, reportes de anomalías climáticas y documentos enviados desde ambas aldeas ocupaban la mesa baja entre ellos. Afuera, el océano golpeaba la costa de Nami bajo un cielo oscuro, visible a través de las puertas abiertas de madera. Aquella era la décima reunión entre ambos dirigentes desde su llegada, y ninguna de las nueve anteriores había conseguido moverlos del mismo punto. Renjiro permaneció frente al Hokage con el cansancio de dos semanas convertido ya en irritación contenida.</div>
</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><hr class="mycode_hr" />
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</div>
<span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Entonces dime qué esperas que haga, Akihiro.</span> El Hokage no apartó la mirada. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No te pido paciencia por capricho, Renjiro. Te pido que no abras una puerta que quizá nadie pueda cerrar después.</span> Renjiro dejó escapar aire por la nariz, sin humor alguno. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Siempre la misma puerta.</span> <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Porque sigue siendo la misma amenaza.</span><br />
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El Mizukage apoyó una mano sobre los documentos extendidos entre ambos, arrastrando hacia el centro varios informes llegados de Kirigakure durante los últimos días. Ya no eran estimaciones antiguas ni relatos aislados de pescadores: había rutas comerciales interrumpidas, registros de corrientes que habían cambiado en cuestión de semanas y nombres de barcos que nunca habían regresado. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—No, ya no. Antes discutíamos teorías. Hoy Kiri tiene pruebas. El mar está cambiando. Las tormentas vienen sin patrón. Las criaturas se acercan más a los puertos. Nuestros barcos no vuelven.</span> Akihiro bajó la vista hacia los documentos apenas un instante antes de responder. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Y Konoha también tiene pruebas.</span> Renjiro sabía exactamente a qué se refería. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—La bestia del bosque.</span> El rostro del Hokage se endureció. Aquello que había ocurrido en el País del Fuego había eliminado cualquier posibilidad de considerar la corrupción un problema exclusivamente marítimo. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Una sola águila, Renjiro. Una criatura corrompida bastó para causar destrozos. Rompió techos, atacó estructuras, puso civiles en peligro y obligó a movilizar shinobi para contenerla.</span><br />
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Por unos segundos solo quedó entre ellos el sonido irregular de las olas. Aquella criatura no había sido un ejército, ni una invasión organizada, ni siquiera una manifestación completa de aquello que los Nueve Sellos habían sido creados para contener. Había sido apenas una anomalía, una fuga mínima dentro de un sistema que llevaba generaciones sosteniendo un equilibrio que ninguno de los dos comprendía por completo. Renjiro lo resumió sin adornos. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Una filtración.</span> Akihiro asintió una sola vez. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Exacto, una filtración. Ahora imagina lo que pasaría si rompes los sellos de forma deliberada.</span> El Mizukage no retrocedió. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—O imagina lo que pasará si no lo hacemos.</span> <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Lo estoy imaginando. Por eso te digo que no.</span> Renjiro inclinó ligeramente el rostro, como si aquellas palabras confirmaran algo que llevaba días intentando hacerle entender. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—No. Tú imaginas una catástrofe rápida. Yo estoy viendo una catástrofe lenta.</span><br />
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Akihiro permaneció erguido al otro lado de la mesa, sin elevar la voz, pero su negativa tenía ya el peso de una decisión de Estado. Konoha había nacido sobre la premisa de que aquella corrupción debía permanecer contenida; generaciones enteras habían construido su seguridad alrededor de esa convicción, y la reciente aparición de una criatura alterada no había hecho sino reforzarla. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—La lentitud no vuelve aceptable el riesgo.</span> Renjiro respondió inmediatamente. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Y el miedo no vuelve sabia la inacción.</span> Los ojos de Akihiro se estrecharon. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No es miedo. Es responsabilidad.</span> El Mizukage señaló los informes de su aldea con un movimiento seco. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Llámalo como quieras. Kiri lo llama hambre. Lo llama barcos hundidos. Lo llama niños creciendo sin saber si mañana habrá comida.</span> Ya no hablaba de cálculos, de antiguas teorías sobre chakra o de interpretaciones históricas; hablaba de una aldea que veía cómo aquello que la había mantenido viva durante generaciones comenzaba a volverse contra ella.<br />
<br />
El tono de Akihiro perdió dureza durante un instante, aunque no cambió su posición. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No creas que no entiendo el dolor de tu aldea.</span> La respuesta de Renjiro llegó después de un silencio mucho más pesado que cualquiera de sus gritos. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Lo entiendes en papel. Yo lo entiendo en funerales.</span> Las palabras quedaron suspendidas en la habitación. Cada embarcación desaparecida significaba familias esperando junto a los muelles; cada tormenta anómala convertía otra ruta de abastecimiento en una apuesta; cada criatura empujada hacia aguas habitadas reducía todavía más el espacio seguro de Kirigakure. Akihiro sostuvo su mirada. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Y si los sellos se abren, puede haber funerales en todas partes.</span> Renjiro no respondió enseguida. Su expresión cambió apenas, como si finalmente hubiera encontrado detrás de todas las explicaciones del Hokage el argumento que llevaba diez reuniones buscando. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Ahí está. Esa es la verdad.</span><br />
<br />
Akihiro frunció el ceño. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—¿Qué verdad?</span> Renjiro se incorporó lentamente desde su lugar junto a la mesa. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Que para Konoha, Kiri es un riesgo aceptable mientras el resto del mundo siga cerrado bajo llave.</span> La acusación hizo desaparecer cualquier resto de cordialidad de la expresión del Hokage. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No insultes mi intención.</span> <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Entonces no entierres a mi aldea bajo tu prudencia.</span> Ninguno de los dos necesitaba recordar cómo habían llegado hasta allí. Siglos atrás, Konoha y Kirigakure habían participado en el mismo esfuerzo para encerrar aquella corrupción en nueve puntos; ahora las consecuencias de aquel pacto parecían manifestarse de formas distintas a ambos lados del mundo. Para Akihiro, la criatura de Konoha era una advertencia de lo que podía escapar. Para Renjiro, el colapso progresivo del mar era una advertencia de lo que podía ocurrir precisamente porque continuaba encerrado.<br />
<br />
Akihiro fue el primero en convertir aquella discusión en una declaración inequívoca. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—No permitiré que se abran los sellos.</span> Renjiro giró completamente hacia él. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—¿No permitirás?</span> La pregunta no necesitaba explicación; acababa de cambiar el significado de toda la reunión. Hasta ese momento habían discutido sobre cooperación, riesgos, supervivencia y posibles consecuencias. Aquellas dos palabras introducían algo diferente: autoridad. Akihiro sostuvo la mirada del Mizukage. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Konoha no aceptará una apertura.</span> Renjiro respondió sin vacilar. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Kiri no necesita permiso para intentar sobrevivir.</span> <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Si ese intento pone en peligro al mundo, entonces sí.</span> La habitación pareció hacerse más pequeña alrededor de ambos hombres, mientras incluso el océano detrás de ellos parecía acompañar la tensión con el golpe constante de las olas contra la costa.<br />
<br />
Renjiro dio un paso hacia la mesa, no como amenaza física, sino como la última advertencia que un dirigente podía ofrecerle a otro antes de que las palabras dejaran de ser solamente palabras. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Ten cuidado con lo que estás diciendo.</span> Akihiro no cedió un centímetro. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Lo mismo te digo. Si Kiri toca los sellos, Konoha responderá.</span> El sonido de la llama sobre la mesa pareció agitarse entre ambos. Renjiro observó al Hokage durante unos segundos antes de contestar con la misma claridad. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Si Konoha se interpone entre Kiri y su supervivencia, también responderemos.</span> Aquella frase terminó de destruir el espacio diplomático que todavía quedaba entre ellos. No era una declaración de guerra, todavía no, pero ambos comprendían que acababan de definir las condiciones exactas bajo las cuales una podría comenzar. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Renjiro...</span><br />
<br />
El Mizukage apartó la mirada por primera vez, recorriendo los mapas, los documentos y las diez reuniones convertidas en montones de papel sobre aquella mesa. Cuando volvió a mirar a Akihiro, la rabia había desaparecido de su rostro; lo que quedaba resultaba mucho más difícil de negociar. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Diez reuniones aquí, Hiro. Diez oportunidades de entender que esto no era una amenaza. Era una súplica.</span> El uso del nombre corto no suavizó las palabras. Al contrario, recordó que aquello había comenzado como una conversación entre dos hombres que conocían perfectamente el peso que cargaba el otro, antes de convertirse en un choque entre dos aldeas incapaces de aceptar el precio de la solución contraria. Akihiro bajó la mirada hacia la pequeña llama que ardía entre ambos y respondió con una voz mucho más baja. <span style="color: #C85A54;" class="mycode_color">—Y diez veces te he dicho que no puedo darte lo que pides.</span><br />
<br />
Renjiro permaneció inmóvil unos segundos más. Después tomó únicamente los documentos pertenecientes a Kirigakure, dejando sobre la mesa aquellos que Konoha había presentado durante las últimas dos semanas. No hubo saludo, promesa de una undécima reunión ni intento de encontrar una frase que redujera el peso de lo que acababan de decirse. <span style="color: #4F8FCB;" class="mycode_color">—Pues así será.</span> El Mizukage se volvió hacia la salida mientras detrás de él continuaba extendiéndose el océano oscuro del País de las Olas, el mismo mar que ambas delegaciones habían cruzado catorce días antes con la expectativa de encontrar una respuesta conjunta. Akihiro permaneció frente a la mesa, rodeado por mapas que mostraban nueve puntos destinados a permanecer cerrados. Por primera vez desde su llegada, la cuestión ya no era si Konoha y Kirigakure estaban de acuerdo sobre los Sellos. La cuestión era cuál de las dos aldeas actuaría primero.<br />
<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Para este tema se escribió:</cite>Este tema continúa en Konoha: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14742" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
Este tema continúa en Kirigakure: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14743" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a></blockquote>
			<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:16px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
				<span style='position:absolute;top:-12px;right:6px;font-size:60px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>閉</span>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:8px;'>🔒 Tema cerrado</div>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:16px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Este tema ha sido cerrado.</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión | A] El Hambre del Bosque Costero II]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14684</link>
			<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 16:39:46 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=834">Tenma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14684</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">50 Verano, Año 150.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Puerto de Nami, País de las Olas<br />
Misión protagonizada por <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yokubari Ben</span></span><br />
Misión narrada por <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tenma Kodon</span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">El Hambre del Bosque Costero II</span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No había pasado demasiado tiempo desde la última vez que Yokubari había cruzado las puertas del cuartel policial. Daigo Murase había cumplido con su palabra bastante antes de lo que probablemente cualquiera habría deseado. Durante la mañana uno de los guardias locales había ido a buscar al shinobi con una nueva citación y, al regresar hasta aquella misma oficina, encontraría al responsable de la guardia prácticamente en la posición en la que lo había dejado el día anterior.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La diferencia estaba sobre la mesa.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los documentos relacionados con las desapariciones habían sido apartados hacia uno de los extremos y en su lugar descansaban varias carpetas viejas, algunas amarillentas por el tiempo y cubiertas por suficiente polvo para dejar claro que nadie las consultaba desde hacía años. Murase había dedicado buena parte de la noche y las primeras horas de la mañana a revisar los archivos de la comisaría, contrastando el testimonio del único superviviente con delitos ocurridos en el País de las Olas mucho antes de que comenzaran los problemas actuales en Shioma.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esperó a que Yokubari estuviese delante antes de abrir una de aquellas carpetas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Ayer le dije que creía conocer ese nombre. Ahora estoy bastante más seguro.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Deslizó uno de los documentos hacia el extremo de la mesa. Una vieja descripción física acompañaba un retrato dibujado quince años atrás. El rostro pertenecía a un hombre considerablemente más joven que el que pudiera existir actualmente, delgado, de cabello oscuro y facciones poco destacables más allá de una cicatriz que descendía desde uno de los pómulos hacia el cuello.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shūgo Kurobane.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los primeros registros no procedían de una sola investigación. El nombre aparecía relacionado con contrabandistas, bandas de ladrones, traficantes y otros grupos que durante años habían utilizado las rutas costeras del País de las Olas para mover mercancías lejos de los controles. Kurobane nunca había permanecido demasiado tiempo dentro de una misma organización. Trabajaba para quien pudiera pagarle y parecía tener una facilidad particular para rastrear personas, preparar emboscadas y utilizar animales durante persecuciones.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No era aquello lo que finalmente había conseguido que medio mundo criminal quisiera verlo muerto.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Traicionaba a cualquiera</span> —Murase apoyó un dedo sobre varios informes diferentes—. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Vendía rutas de contrabando a grupos rivales. Entregaba escondites. Robaba cargamentos y después cobraba para decir dónde estaban. En una ocasión desaparecieron cuatro hombres que habían sido enviados junto con él para recuperar una mercancía. Kurobane apareció dos días después trabajando para los mismos tipos que la habían robado.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su nombre había comenzado a circular entre las propias organizaciones criminales con tanta frecuencia como entre las autoridades. Había denuncias por asesinatos, secuestros y torturas, aunque muchos de los casos nunca habían llegado a juicio porque las propias víctimas pertenecían a grupos que difícilmente iban a presentarse voluntariamente frente a la guardia. Incluso entre ellos existían informes sobre una crueldad innecesaria. Personas que podían haber sido simplemente asesinadas aparecían días después con señales de haber permanecido con vida durante buena parte de lo ocurrido.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Finalmente había cometido demasiados errores.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Varias organizaciones criminales comenzaron a buscarlo al mismo tiempo que las autoridades. Durante algunos meses Kurobane desapareció y reapareció en diferentes zonas del país hasta que, aproximadamente quince años atrás, su rastro terminó cerca de Shioma. El último informe verificable mencionaba a un hombre herido que coincidía con su descripción internándose en el Bosque Costero después de que un grupo de criminales intentara interceptarlo sobre uno de los caminos. Nunca apareció un cadáver. Tampoco hubo nuevas denuncias relacionadas con su nombre.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con los años comenzaron a asumir que había muerto allí dentro.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Y entonces apareció esto.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Murase abrió otro documento. No era una orden de captura, sino una declaración antigua tomada a uno de los hombres que había trabajado con Kurobane. Allí aparecía algo que hasta aquel momento no había llamado particularmente la atención de nadie: el fugitivo acostumbraba utilizar animales entrenados durante algunos de sus trabajos. Perros para rastrear, aves para detectar movimientos y cualquier bestia que consiguiera acostumbrar a su presencia. El hombre había mencionado además una costumbre bastante particular.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Utilizaba silbidos para darles órdenes.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Murase dejó el documento sobre la mesa.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Un criminal desaparece dentro de Shioma hace quince años. Era conocido por entrenar animales y comunicarse con ellos mediante silbidos. Ahora tenemos un oso que arrastra personas hacia la misma parte del bosque y abandona un combate inmediatamente después de escuchar uno. Puede seguir siendo una coincidencia, pero ya no me parece una coincidencia que podamos ignorar.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Cuartel General había llegado a una conclusión parecida después de recibir el informe. La nueva orden no consistía en investigar otra serie de ataques de animales. Yokubari debía regresar a la hondonada, localizar la guarida utilizada por quien estuviera controlando al oso y confirmar si Shūgo Kurobane continuaba con vida. En caso afirmativo, debía capturarlo siempre que las circunstancias lo permitieran. Si ofrecía resistencia y representaba un peligro que impidiera completar la operación, quedaba permitida su neutralización.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">No se confíe por la edad del expediente</span> —Murase cerró la carpeta antes de entregársela junto con una copia del antiguo retrato—. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Si realmente sobrevivió quince años escondiéndose de nosotros y de la gente a la que traicionó, entonces no sobrevivió por suerte.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El responsable de la guardia volvió a extender sobre la mesa el mismo mapa utilizado durante la misión anterior. Esta vez solo existía un punto marcado.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La hondonada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">El bosque sigue cerrado para los civiles. Mis hombres no se acercaron más de lo necesario y nadie ha entrado desde que usted regresó. Si Kurobane está allí, prefiero que crea que todavía tiene la zona para él solo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No necesitaba agregar demasiado más.</span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/F6razh3.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: F6razh3.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La hondonada permanecía escondida en una de las regiones más cerradas de Shioma. La tormenta había dejado el terreno húmedo, pero durante las últimas horas el agua comenzó finalmente a retirarse y algunas partes del descenso podían distinguirse mejor que el día anterior. Las raíces formaban desniveles naturales sobre la tierra oscura mientras la vegetación crecía con una densidad suficiente para ocultar buena parte de aquello que pudiera encontrarse algunos metros más abajo.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Entre ellas se encontraba la entrada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Una formación rocosa atravesaba uno de los laterales de la depresión y desaparecía debajo de enormes raíces que habían crecido alrededor durante años. Allí se abría una boca irregular de varios metros de ancho, suficientemente grande para permitir que el oso hubiera entrado sin demasiadas dificultades. El barro próximo conservaba hundimientos producidos por una criatura pesada y, en algunas piedras, todavía podían distinguirse pequeñas manchas oscuras que continuaban hacia el interior.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La pata herida.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El paso descendía suavemente durante los primeros metros antes de quedar consumido por la oscuridad. Desde fuera no podía distinguirse un final. Únicamente llegaba el olor de tierra húmeda, piedra, restos orgánicos y algo más viejo que permanecía estancado dentro desde hacía demasiado tiempo. Una corriente débil de aire recorría la entrada en dirección contraria, señal suficiente para determinar que aquella cavidad no terminaba simplemente en una cámara cerrada.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Había otro lado.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Más allá de aquellas paredes naturales, la formación atravesaba parte de la hondonada hasta alcanzar una región todavía más profunda del Bosque Costero. Un sector aislado por pendientes, vegetación y roca donde durante años había permanecido oculto un campamento que ningún trabajador de Shioma tenía motivos para encontrar.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero para llegar hasta él, Yokubari tendría primero que atravesar la cueva.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y descubrir qué había estado ocurriendo dentro.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">50 Verano, Año 150.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Puerto de Nami, País de las Olas<br />
Misión protagonizada por <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yokubari Ben</span></span><br />
Misión narrada por <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tenma Kodon</span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">El Hambre del Bosque Costero II</span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No había pasado demasiado tiempo desde la última vez que Yokubari había cruzado las puertas del cuartel policial. Daigo Murase había cumplido con su palabra bastante antes de lo que probablemente cualquiera habría deseado. Durante la mañana uno de los guardias locales había ido a buscar al shinobi con una nueva citación y, al regresar hasta aquella misma oficina, encontraría al responsable de la guardia prácticamente en la posición en la que lo había dejado el día anterior.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La diferencia estaba sobre la mesa.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los documentos relacionados con las desapariciones habían sido apartados hacia uno de los extremos y en su lugar descansaban varias carpetas viejas, algunas amarillentas por el tiempo y cubiertas por suficiente polvo para dejar claro que nadie las consultaba desde hacía años. Murase había dedicado buena parte de la noche y las primeras horas de la mañana a revisar los archivos de la comisaría, contrastando el testimonio del único superviviente con delitos ocurridos en el País de las Olas mucho antes de que comenzaran los problemas actuales en Shioma.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esperó a que Yokubari estuviese delante antes de abrir una de aquellas carpetas.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Ayer le dije que creía conocer ese nombre. Ahora estoy bastante más seguro.</span></span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Deslizó uno de los documentos hacia el extremo de la mesa. Una vieja descripción física acompañaba un retrato dibujado quince años atrás. El rostro pertenecía a un hombre considerablemente más joven que el que pudiera existir actualmente, delgado, de cabello oscuro y facciones poco destacables más allá de una cicatriz que descendía desde uno de los pómulos hacia el cuello.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shūgo Kurobane.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los primeros registros no procedían de una sola investigación. El nombre aparecía relacionado con contrabandistas, bandas de ladrones, traficantes y otros grupos que durante años habían utilizado las rutas costeras del País de las Olas para mover mercancías lejos de los controles. Kurobane nunca había permanecido demasiado tiempo dentro de una misma organización. Trabajaba para quien pudiera pagarle y parecía tener una facilidad particular para rastrear personas, preparar emboscadas y utilizar animales durante persecuciones.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No era aquello lo que finalmente había conseguido que medio mundo criminal quisiera verlo muerto.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Traicionaba a cualquiera</span> —Murase apoyó un dedo sobre varios informes diferentes—. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Vendía rutas de contrabando a grupos rivales. Entregaba escondites. Robaba cargamentos y después cobraba para decir dónde estaban. En una ocasión desaparecieron cuatro hombres que habían sido enviados junto con él para recuperar una mercancía. Kurobane apareció dos días después trabajando para los mismos tipos que la habían robado.</span></span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Su nombre había comenzado a circular entre las propias organizaciones criminales con tanta frecuencia como entre las autoridades. Había denuncias por asesinatos, secuestros y torturas, aunque muchos de los casos nunca habían llegado a juicio porque las propias víctimas pertenecían a grupos que difícilmente iban a presentarse voluntariamente frente a la guardia. Incluso entre ellos existían informes sobre una crueldad innecesaria. Personas que podían haber sido simplemente asesinadas aparecían días después con señales de haber permanecido con vida durante buena parte de lo ocurrido.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Finalmente había cometido demasiados errores.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Varias organizaciones criminales comenzaron a buscarlo al mismo tiempo que las autoridades. Durante algunos meses Kurobane desapareció y reapareció en diferentes zonas del país hasta que, aproximadamente quince años atrás, su rastro terminó cerca de Shioma. El último informe verificable mencionaba a un hombre herido que coincidía con su descripción internándose en el Bosque Costero después de que un grupo de criminales intentara interceptarlo sobre uno de los caminos. Nunca apareció un cadáver. Tampoco hubo nuevas denuncias relacionadas con su nombre.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con los años comenzaron a asumir que había muerto allí dentro.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Y entonces apareció esto.</span></span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Murase abrió otro documento. No era una orden de captura, sino una declaración antigua tomada a uno de los hombres que había trabajado con Kurobane. Allí aparecía algo que hasta aquel momento no había llamado particularmente la atención de nadie: el fugitivo acostumbraba utilizar animales entrenados durante algunos de sus trabajos. Perros para rastrear, aves para detectar movimientos y cualquier bestia que consiguiera acostumbrar a su presencia. El hombre había mencionado además una costumbre bastante particular.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Utilizaba silbidos para darles órdenes.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Murase dejó el documento sobre la mesa.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Un criminal desaparece dentro de Shioma hace quince años. Era conocido por entrenar animales y comunicarse con ellos mediante silbidos. Ahora tenemos un oso que arrastra personas hacia la misma parte del bosque y abandona un combate inmediatamente después de escuchar uno. Puede seguir siendo una coincidencia, pero ya no me parece una coincidencia que podamos ignorar.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Cuartel General había llegado a una conclusión parecida después de recibir el informe. La nueva orden no consistía en investigar otra serie de ataques de animales. Yokubari debía regresar a la hondonada, localizar la guarida utilizada por quien estuviera controlando al oso y confirmar si Shūgo Kurobane continuaba con vida. En caso afirmativo, debía capturarlo siempre que las circunstancias lo permitieran. Si ofrecía resistencia y representaba un peligro que impidiera completar la operación, quedaba permitida su neutralización.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">No se confíe por la edad del expediente</span> —Murase cerró la carpeta antes de entregársela junto con una copia del antiguo retrato—. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Si realmente sobrevivió quince años escondiéndose de nosotros y de la gente a la que traicionó, entonces no sobrevivió por suerte.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El responsable de la guardia volvió a extender sobre la mesa el mismo mapa utilizado durante la misión anterior. Esta vez solo existía un punto marcado.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La hondonada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">El bosque sigue cerrado para los civiles. Mis hombres no se acercaron más de lo necesario y nadie ha entrado desde que usted regresó. Si Kurobane está allí, prefiero que crea que todavía tiene la zona para él solo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No necesitaba agregar demasiado más.</span><br />
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<hr class="mycode_hr" />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/F6razh3.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: F6razh3.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La hondonada permanecía escondida en una de las regiones más cerradas de Shioma. La tormenta había dejado el terreno húmedo, pero durante las últimas horas el agua comenzó finalmente a retirarse y algunas partes del descenso podían distinguirse mejor que el día anterior. Las raíces formaban desniveles naturales sobre la tierra oscura mientras la vegetación crecía con una densidad suficiente para ocultar buena parte de aquello que pudiera encontrarse algunos metros más abajo.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Entre ellas se encontraba la entrada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Una formación rocosa atravesaba uno de los laterales de la depresión y desaparecía debajo de enormes raíces que habían crecido alrededor durante años. Allí se abría una boca irregular de varios metros de ancho, suficientemente grande para permitir que el oso hubiera entrado sin demasiadas dificultades. El barro próximo conservaba hundimientos producidos por una criatura pesada y, en algunas piedras, todavía podían distinguirse pequeñas manchas oscuras que continuaban hacia el interior.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La pata herida.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El paso descendía suavemente durante los primeros metros antes de quedar consumido por la oscuridad. Desde fuera no podía distinguirse un final. Únicamente llegaba el olor de tierra húmeda, piedra, restos orgánicos y algo más viejo que permanecía estancado dentro desde hacía demasiado tiempo. Una corriente débil de aire recorría la entrada en dirección contraria, señal suficiente para determinar que aquella cavidad no terminaba simplemente en una cámara cerrada.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Había otro lado.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Más allá de aquellas paredes naturales, la formación atravesaba parte de la hondonada hasta alcanzar una región todavía más profunda del Bosque Costero. Un sector aislado por pendientes, vegetación y roca donde durante años había permanecido oculto un campamento que ningún trabajador de Shioma tenía motivos para encontrar.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero para llegar hasta él, Yokubari tendría primero que atravesar la cueva.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y descubrir qué había estado ocurriendo dentro.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Side Quest B] Las Campanas de Velamar]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14676</link>
			<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 22:23:43 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14676</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Side Quest B] Las Campanas de Velamar</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día:</span> 51 de Verano — 8:00 p. m.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País de las Olas </span>— Ciudad de Velamar<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; }">Mapa del País de las Olas</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/WYw8V1B/image.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: image.png]" class="mycode_img" /></div>
		</div><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa de Velamar'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa de Velamar'; }">Mapa de Velamar</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/Cs6tKR0M/Velamar.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Velamar.jpg]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
<hr class="mycode_hr" />
<img src="https://i.ibb.co/QvXFpJV5/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-22-05-53.png" loading="lazy"  width="1200" height="200" alt="[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-22-05-53.png]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
La misión había comenzado con una anomalía que, sobre el papel, parecía demasiado pequeña para justificar la intervención de shinobi: una campana. Durante tres noches consecutivas, embarcaciones aproximándose a Velamar habían escuchado entre la niebla una señal marítima que no figuraba en ninguno de los registros modernos de la ciudad. Los capitanes más jóvenes simplemente habían corregido el rumbo; los más viejos, en cambio, reconocieron inmediatamente la secuencia. Era una advertencia utilizada generaciones atrás para indicar que un puerto no era seguro: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No entren</span>. Dos barcos casi habían terminado contra los acantilados intentando reaccionar en mitad de la niebla, otros habían comenzado a evitar Velamar por completo y, ante la proximidad de una nueva marea nocturna, las autoridades habían solicitado que un pequeño grupo de shinobis encontrara el origen de la señal antes de que volviera a repetirse.<br />
<br />
Para llegar hasta allí, los shinobis del Bosque y del Mar habían atravesado la Cordillera de las Brisas siguiendo el antiguo camino que cruzaba por su interior. Cuando las carretas abandonaron finalmente la salida norte de la cueva, la noche ya se había asentado sobre aquella parte de la península y Velamar apareció frente a ellos hacia el este, extendida en terrazas sobre un enorme acantilado que descendía directamente hacia el océano. El camino de piedra conducía primero hasta una monumental puerta fortificada construida contra la propia montaña; un arco ancho, muros gruesos, tejados de madera oscura y grandes portones que parecían capaces de cerrar completamente aquel acceso a la ciudad. Faroles protegidos por estructuras de vidrio se repetían a ambos lados de la calzada, proyectando luz sobre las piedras húmedas y formando una línea prácticamente perfecta hasta la entrada. Más allá de aquella muralla, la ciudad ascendía por distintos niveles siguiendo la pendiente natural del risco: edificios antiguos de piedra y madera, residencias de tejados inclinados, escalinatas, muros de contención y calles estrechas conectaban unas terrazas con otras hasta alcanzar las zonas más altas.<br />
<br />
Velamar dominaba el mar desde arriba. Varias torres marítimas se alzaban sobre los puntos más expuestos del acantilado, algunas enormes y visibles desde prácticamente cualquier lugar de la ciudad, otras pequeñas construcciones levantadas sobre promontorios aislados. Sus luces atravesaban lentamente la bruma que comenzaba a acumularse junto a la costa. Muy por debajo de las puertas podía distinguirse el puerto al este: muelles rectos extendiéndose sobre el agua, viejos almacenes construidos prácticamente contra la roca, pequeños astilleros, grúas de madera y embarcaderos organizados en filas cuidadosamente separadas. No había nada improvisado en aquella disposición. Incluso las construcciones que parecían haber sido añadidas siglos después seguían una lógica rígida, como si cada generación hubiese preferido adaptar la ciudad antes que modificar la estructura heredada de la anterior. Desde la distancia, las decenas de ventanas iluminadas y faroles repartidos por las terrazas hacían que Velamar pareciera una sucesión de niveles perfectamente ordenados suspendidos entre la montaña y el mar.<br />
<br />
Y, aun así, resultaba extraordinariamente silenciosa. No llegaba desde el puerto el estruendo habitual de una ciudad marítima; apenas el golpe distante del oleaje contra los riscos, algún crujido procedente de los muelles inferiores y el sonido ocasional de una campana horaria. A aquella hora la actividad comercial había disminuido casi por completo. Los grandes portones seguían abiertos, pero frente a ellos permanecían guardias ceremoniales y funcionarios encargados de registrar cada entrada. Las carretas no podían simplemente atravesar Velamar y continuar. Había un lugar preciso donde detenerse, una línea de piedra que marcaba hasta dónde podían avanzar los visitantes y, al parecer, una persona específica encargada de decidir cuándo podían cruzarla...El problema era precisamente que aquella campana no respetaba ninguno de esos órdenes. Los registros consultados por las autoridades no mencionaban ninguna torre activa en la zona desde la que parecía proceder el sonido, y las patrullas enviadas las noches anteriores no habían encontrado a nadie manipulando las estructuras conocidas. La señal aparecía únicamente durante determinadas horas, siempre envuelta por la niebla y con suficiente intensidad como para confundirse con el antiguo sistema de orientación marítima. Esa noche se esperaba que las condiciones volvieran a repetirse dentro de pocas horas.<br />
<br />
Las carretas redujeron la marcha hasta detenerse frente a la línea de piedra situada antes del gran portón. Un hombre de edad avanzada levantó una mano antes de que el conductor de la primera pudiera avanzar un metro más. Vestía una túnica azul oscura perfectamente cerrada hasta el cuello, llevaba varias tablillas sujetas bajo un brazo y un pequeño emblema metálico de la administración marítima sobre el pecho. Revisó primero los documentos entregados por el conductor, después contó lentamente a los ocupantes de ambas carretas y solamente entonces levantó la mirada hacia los shinobi. <span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Bienvenidos a Velamar. Mi nombre es Hōren Mikazuki, secretario auxiliar de la Oficina de Señales Marítimas. Y...Según el registro, creo que ustedes son el grupo solicitado para investigar el incidente de las campanas.</span> Pasó una página de la tablilla. El secretario les resumió la situación y continuó:<br />
<br />
<span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Debo aclarar tres cosas. La campana volvió a sonar anoche exactamente a las ocho y cuarenta y siete. Ninguna de nuestras torres realizó esa secuencia. Ningún funcionario tenía autorización para realizar pruebas. Y, hasta donde indican nuestros archivos, la campana que los marineros aseguran haber escuchado... no existe desde hace más de doscientos años.</span><br />
<br />
El hombre cerró la tablilla con un pequeño golpe seco. <span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Tenemos aproximadamente cuatro horas antes de que la marea vuelva a alcanzar el nivel en que se produjeron los sonidos anteriores. He preparado acceso a los registros municipales, al archivo de cartografía costera y a los depósitos de la antigua oficina naval. Cualquier otra sección de la ciudad requerirá autorización adicional.</span><br />
<br />
Hōren hizo una pequeña pausa antes de añadir, con la misma seriedad con la que había recitado todo lo demás: <span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Y les agradecería que no forzaran ninguna puerta histórica. La última vez que trajimos shinobi para resolver un problema administrativo perdimos una bisagra del período fundacional. Todavía estamos procesando la documentación.</span><br />
<br />
Detrás de él, los guardias comenzaron finalmente a abrir los enormes portones de madera. A través de ellos aparecía la primera avenida de Velamar, empedrada, iluminada por faroles perfectamente espaciados y ascendiendo entre viejas construcciones hacia las terrazas superiores. Más allá, las grandes torres marítimas permanecían inmóviles sobre los acantilados mientras la niebla avanzaba lentamente desde el océano y comenzaba a cubrir las estructuras más bajas del puerto. En algún punto entre aquellos muelles, los archivos centenarios, las torres y las capas de piedra sobre las que se había levantado la ciudad existía una campana que oficialmente llevaba dos siglos desaparecida. Los shinobi disponían de unas pocas horas para determinar desde dónde estaba sonando, por qué había comenzado a hacerlo precisamente ahora y cómo impedir que volviera a desviar embarcaciones cuando regresara la bajamar. Por el momento, sus únicas pistas eran la coincidencia con la marea, una señal marítima olvidada y una ciudad que parecía recordar meticulosamente cada piedra colocada en sus calles... excepto aquella parte de su pasado que estaba llamando desde algún lugar bajo ellas..<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Side Quest en Progreso. escribió:</cite>• Dificultad: B<br />
• Esta Side Quest ocurre al mismo tiempo que [Side Quest B]La Ciudad que Nunca Amarra. Solo se puede participar en una.<br />
• Se posteará una ronda nueva cada 56 a 72 horas.<br />
• No hay orden de posteo .</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Side Quest B] Las Campanas de Velamar</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día:</span> 51 de Verano — 8:00 p. m.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País de las Olas </span>— Ciudad de Velamar<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; }">Mapa del País de las Olas</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/WYw8V1B/image.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: image.png]" class="mycode_img" /></div>
		</div><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa de Velamar'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa de Velamar'; }">Mapa de Velamar</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/Cs6tKR0M/Velamar.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Velamar.jpg]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
<hr class="mycode_hr" />
<img src="https://i.ibb.co/QvXFpJV5/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-22-05-53.png" loading="lazy"  width="1200" height="200" alt="[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-22-05-53.png]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
La misión había comenzado con una anomalía que, sobre el papel, parecía demasiado pequeña para justificar la intervención de shinobi: una campana. Durante tres noches consecutivas, embarcaciones aproximándose a Velamar habían escuchado entre la niebla una señal marítima que no figuraba en ninguno de los registros modernos de la ciudad. Los capitanes más jóvenes simplemente habían corregido el rumbo; los más viejos, en cambio, reconocieron inmediatamente la secuencia. Era una advertencia utilizada generaciones atrás para indicar que un puerto no era seguro: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No entren</span>. Dos barcos casi habían terminado contra los acantilados intentando reaccionar en mitad de la niebla, otros habían comenzado a evitar Velamar por completo y, ante la proximidad de una nueva marea nocturna, las autoridades habían solicitado que un pequeño grupo de shinobis encontrara el origen de la señal antes de que volviera a repetirse.<br />
<br />
Para llegar hasta allí, los shinobis del Bosque y del Mar habían atravesado la Cordillera de las Brisas siguiendo el antiguo camino que cruzaba por su interior. Cuando las carretas abandonaron finalmente la salida norte de la cueva, la noche ya se había asentado sobre aquella parte de la península y Velamar apareció frente a ellos hacia el este, extendida en terrazas sobre un enorme acantilado que descendía directamente hacia el océano. El camino de piedra conducía primero hasta una monumental puerta fortificada construida contra la propia montaña; un arco ancho, muros gruesos, tejados de madera oscura y grandes portones que parecían capaces de cerrar completamente aquel acceso a la ciudad. Faroles protegidos por estructuras de vidrio se repetían a ambos lados de la calzada, proyectando luz sobre las piedras húmedas y formando una línea prácticamente perfecta hasta la entrada. Más allá de aquella muralla, la ciudad ascendía por distintos niveles siguiendo la pendiente natural del risco: edificios antiguos de piedra y madera, residencias de tejados inclinados, escalinatas, muros de contención y calles estrechas conectaban unas terrazas con otras hasta alcanzar las zonas más altas.<br />
<br />
Velamar dominaba el mar desde arriba. Varias torres marítimas se alzaban sobre los puntos más expuestos del acantilado, algunas enormes y visibles desde prácticamente cualquier lugar de la ciudad, otras pequeñas construcciones levantadas sobre promontorios aislados. Sus luces atravesaban lentamente la bruma que comenzaba a acumularse junto a la costa. Muy por debajo de las puertas podía distinguirse el puerto al este: muelles rectos extendiéndose sobre el agua, viejos almacenes construidos prácticamente contra la roca, pequeños astilleros, grúas de madera y embarcaderos organizados en filas cuidadosamente separadas. No había nada improvisado en aquella disposición. Incluso las construcciones que parecían haber sido añadidas siglos después seguían una lógica rígida, como si cada generación hubiese preferido adaptar la ciudad antes que modificar la estructura heredada de la anterior. Desde la distancia, las decenas de ventanas iluminadas y faroles repartidos por las terrazas hacían que Velamar pareciera una sucesión de niveles perfectamente ordenados suspendidos entre la montaña y el mar.<br />
<br />
Y, aun así, resultaba extraordinariamente silenciosa. No llegaba desde el puerto el estruendo habitual de una ciudad marítima; apenas el golpe distante del oleaje contra los riscos, algún crujido procedente de los muelles inferiores y el sonido ocasional de una campana horaria. A aquella hora la actividad comercial había disminuido casi por completo. Los grandes portones seguían abiertos, pero frente a ellos permanecían guardias ceremoniales y funcionarios encargados de registrar cada entrada. Las carretas no podían simplemente atravesar Velamar y continuar. Había un lugar preciso donde detenerse, una línea de piedra que marcaba hasta dónde podían avanzar los visitantes y, al parecer, una persona específica encargada de decidir cuándo podían cruzarla...El problema era precisamente que aquella campana no respetaba ninguno de esos órdenes. Los registros consultados por las autoridades no mencionaban ninguna torre activa en la zona desde la que parecía proceder el sonido, y las patrullas enviadas las noches anteriores no habían encontrado a nadie manipulando las estructuras conocidas. La señal aparecía únicamente durante determinadas horas, siempre envuelta por la niebla y con suficiente intensidad como para confundirse con el antiguo sistema de orientación marítima. Esa noche se esperaba que las condiciones volvieran a repetirse dentro de pocas horas.<br />
<br />
Las carretas redujeron la marcha hasta detenerse frente a la línea de piedra situada antes del gran portón. Un hombre de edad avanzada levantó una mano antes de que el conductor de la primera pudiera avanzar un metro más. Vestía una túnica azul oscura perfectamente cerrada hasta el cuello, llevaba varias tablillas sujetas bajo un brazo y un pequeño emblema metálico de la administración marítima sobre el pecho. Revisó primero los documentos entregados por el conductor, después contó lentamente a los ocupantes de ambas carretas y solamente entonces levantó la mirada hacia los shinobi. <span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Bienvenidos a Velamar. Mi nombre es Hōren Mikazuki, secretario auxiliar de la Oficina de Señales Marítimas. Y...Según el registro, creo que ustedes son el grupo solicitado para investigar el incidente de las campanas.</span> Pasó una página de la tablilla. El secretario les resumió la situación y continuó:<br />
<br />
<span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Debo aclarar tres cosas. La campana volvió a sonar anoche exactamente a las ocho y cuarenta y siete. Ninguna de nuestras torres realizó esa secuencia. Ningún funcionario tenía autorización para realizar pruebas. Y, hasta donde indican nuestros archivos, la campana que los marineros aseguran haber escuchado... no existe desde hace más de doscientos años.</span><br />
<br />
El hombre cerró la tablilla con un pequeño golpe seco. <span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Tenemos aproximadamente cuatro horas antes de que la marea vuelva a alcanzar el nivel en que se produjeron los sonidos anteriores. He preparado acceso a los registros municipales, al archivo de cartografía costera y a los depósitos de la antigua oficina naval. Cualquier otra sección de la ciudad requerirá autorización adicional.</span><br />
<br />
Hōren hizo una pequeña pausa antes de añadir, con la misma seriedad con la que había recitado todo lo demás: <span style="color: #5F8FA8;" class="mycode_color">—Y les agradecería que no forzaran ninguna puerta histórica. La última vez que trajimos shinobi para resolver un problema administrativo perdimos una bisagra del período fundacional. Todavía estamos procesando la documentación.</span><br />
<br />
Detrás de él, los guardias comenzaron finalmente a abrir los enormes portones de madera. A través de ellos aparecía la primera avenida de Velamar, empedrada, iluminada por faroles perfectamente espaciados y ascendiendo entre viejas construcciones hacia las terrazas superiores. Más allá, las grandes torres marítimas permanecían inmóviles sobre los acantilados mientras la niebla avanzaba lentamente desde el océano y comenzaba a cubrir las estructuras más bajas del puerto. En algún punto entre aquellos muelles, los archivos centenarios, las torres y las capas de piedra sobre las que se había levantado la ciudad existía una campana que oficialmente llevaba dos siglos desaparecida. Los shinobi disponían de unas pocas horas para determinar desde dónde estaba sonando, por qué había comenzado a hacerlo precisamente ahora y cómo impedir que volviera a desviar embarcaciones cuando regresara la bajamar. Por el momento, sus únicas pistas eran la coincidencia con la marea, una señal marítima olvidada y una ciudad que parecía recordar meticulosamente cada piedra colocada en sus calles... excepto aquella parte de su pasado que estaba llamando desde algún lugar bajo ellas..<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Side Quest en Progreso. escribió:</cite>• Dificultad: B<br />
• Esta Side Quest ocurre al mismo tiempo que [Side Quest B]La Ciudad que Nunca Amarra. Solo se puede participar en una.<br />
• Se posteará una ronda nueva cada 56 a 72 horas.<br />
• No hay orden de posteo .</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Side Quest B] La Ciudad que Nunca Amarra]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14674</link>
			<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 22:03:01 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14674</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Side Quest B] La Ciudad que Nunca Amarra</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día:</span> 51 de Verano — 8:00 p. m.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País de las Olas </span>— Ciudad de Brisalmar<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; }">Mapa del País de las Olas</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/WYw8V1B/image.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: image.png]" class="mycode_img" /></div>
		</div><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa de Brisalmar'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa de Brisalmar'; }">Mapa de Brisalmar</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/5hFXxjXv/Brisalmar.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Brisalmar.jpg]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
<hr class="mycode_hr" />
<img src="https://i.ibb.co/MDpJz9vg/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-21-51-30.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-21-51-30.png]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
La petición había llegado después de un día entero de confusión administrativa. Durante la madrugada, tres cargamentos que atravesaban Brisalmar habían desaparecido sin que nadie pudiera señalar cuándo ni dónde ocurrió el robo. No habían sido asaltados en el camino, ningún almacén había sido forzado y, según los registros, las tres carretas habían ingresado correctamente a la ciudad y pasado por varios puestos de control. Entre la mercancía perdida había alimentos, materiales comerciales y, mucho más importante, varias cajas de medicinas y herramientas traídas por los ninjas del bosque y del mar; destinadas a comunidades que todavía sufrían las consecuencias de los problemas recientes del País de las Olas. Después de horas intentando resolver el asunto con guardias, comerciantes y empleados portuarios sin obtener absolutamente nada, las autoridades locales habían solicitado ayuda shinobi. Las provisiones debían ser encontradas antes del mediodía siguiente.<br />
<br />
Para los ninjas que aceptaron la misión, Brisalmar apareció ante ellos poco después de abandonar la salida occidental de la cueva que atravesaba la Cordillera de las Brisas. Desde el camino, la ciudad descendía hacia el mar formando una masa casi continua de piedra y madera. Los edificios se apretaban unos contra otros, creciendo en altura conforme se acercaban al corazón del puerto, hasta terminar formando una enorme pared irregular de almacenes, viviendas comerciales y torres iluminadas. Decenas, quizá cientos de ventanas permanecían encendidas pese a la hora. Por encima de los tejados sobresalían grúas de madera, mástiles y mecanismos de carga, mientras una torre coronada por una gran lámpara dominaba el perfil de la ciudad desde las zonas más elevadas. Brisalmar parecía haber sido construida sin un verdadero plano: cada generación había colocado un piso, un almacén o una pasarela nueva encima de lo que ya existía hasta transformar el puerto entero en una estructura gigantesca.<br />
<br />
Las calles cercanas a los muelles eran todavía más estrechas de lo que podían imaginarse desde fuera. A ambos lados se levantaban almacenes de tres y cuatro plantas, algunos de piedra en sus niveles inferiores y madera en los superiores, con balcones de carga y vigas que sobresalían directamente sobre la calle. Poleas gigantes colgaban desde las fachadas; varias sostenían plataformas o enormes cajas suspendidas varios metros por encima del suelo. Entre ciertos edificios, puentes y pasarelas cruzaban de un lado al otro como si las calles continuaran también por encima de las cabezas. El adoquinado permanecía húmedo por la brisa marina y reflejaba la luz de los faroles. Barriles, cajas y carretas ocupaban cualquier rincón disponible junto a las paredes.<br />
<br />
Pero las calles no eran la única forma de desplazarse por Brisalmar. Un canal ancho atravesaba buena parte del distrito comercial y continuaba directamente hacia los muelles, separando bloques enteros de almacenes. Pequeños puentes arqueados permitían cruzarlo a pie, mientras puertas de carga situadas casi al nivel del agua daban acceso directo a depósitos interiores. Desde allí podía enviarse mercancía a pequeñas embarcaciones sin necesidad de atravesar las calles principales. Más allá, el canal desembocaba en un bosque de mástiles, grúas y plataformas portuarias. Toda la ciudad parecía diseñada alrededor de una única obsesión: mover mercancía de un lugar a otro con la menor cantidad posible de espacio desperdiciado.<br />
<br />
El problema era precisamente ese. Miles de cargamentos podían atravesar Brisalmar cada día utilizando calles, canales, almacenes, plataformas elevadas y embarcaderos privados. Las tres carretas desaparecidas habían sido registradas entrando en la ciudad y sus documentos aparecían posteriormente sellados en distintos puntos del distrito comercial, pero ninguna figuraba saliendo de Brisalmar ni llegando a sus destinatarios. Nadie había denunciado un ataque. Nadie recordaba una carreta abandonada. Ningún guardia había informado de movimientos sospechosos. Oficialmente, tres cargamentos completos habían recorrido parte de la ciudad y después, en algún punto dentro de aquella gigantesca maquinaria comercial, simplemente habían dejado de existir.<br />
<br />
Las carretas que transportaban a los shinobi desde el puerto de Nami terminaron reduciendo la marcha frente al acceso terrestre de Brisalmar. Allí, junto a una fila de vehículos esperando inspección y bajo la luz de un farol sujeto a la muralla, un hombre delgado con un chaleco oscuro y una tablilla repleta de papeles levantó una lámpara para identificar a los recién llegados. Tōma Hasegawa, supervisor nocturno del Registro de Cargas, comprobó rápidamente uno de los documentos antes de hacer una señal para permitirles continuar. Tenía la apariencia de alguien que llevaba demasiadas horas intentando comprender un problema que únicamente se hacía más grande cuanto más lo investigaba. <br />
<br />
<span style="color: #C98A4A;" class="mycode_color">—Buenas noches. Si vienen desde el puerto de Nami, entonces son ustedes los shinobi que estábamos esperando. Nuestros amigos del mar y del bosque. Mucho gusto, soy Tōma Hasegawa, Registro de Cargas de Brisalmar. Me gustaría decirles que tenemos una idea clara de lo ocurrido, pero estaría mintiendo. </span>El hombre apartó varios papeles de su tablilla hasta encontrar tres hojas sujetas mediante cordeles distintos.<br />
<br />
<span style="color: #C98A4A;" class="mycode_color">—Tres carretas. Tres propietarios diferentes. Tres rutas distintas después de entrar a la ciudad. Todas llegaron durante la madrugada, todas fueron inspeccionadas correctamente y todas aparecen registradas en puestos posteriores. Después de eso... nada. Nadie las vio salir, ningún almacén admite haberlas recibido y ningún guardia informó de un robo. Una de ellas llevaba medicinas y herramientas para las comunidades del interior, así que esa es nuestra prioridad. Necesitamos recuperar las cajas antes del mediodía de mañana.</span><br />
<br />
Tōma volvió la mirada hacia Brisalmar. Desde aquel punto podía distinguirse una plataforma suspendida avanzando lentamente entre dos almacenes mientras, mucho más abajo, las luces de los faroles se reflejaban sobre el canal que atravesaba el distrito.<br />
<br />
<span style="color: #C98A4A;" class="mycode_color">—Tengo copias de todos los registros que encontramos y del mapa de la ciudad. El problema es que aquí una caja puede bajar de una carreta, subir tres pisos, cruzar una calle por una pasarela, bajar hasta un canal y terminar en una embarcación sin recorrer cien metros sobre el suelo.  </span>La situación, por tanto, era sencilla únicamente sobre el papel: tres cargamentos habían ingresado a Brisalmar durante la madrugada y ninguno había llegado a su destino; no existían señales de un asalto, los documentos demostraban que las mercancías continuaron atravesando distintos controles después de entrar y ninguna de las puertas de la ciudad registraba posteriormente su salida. Entre lo desaparecido se encontraban medicinas y herramientas destinadas a comunidades afectadas del País de las Olas, por lo que debían ser recuperadas antes del mediodía siguiente. Los shinobi acababan de atravesar la Cordillera de las Brisas y se encontraban a las puertas de una ciudad portuaria levantada prácticamente encima de sí misma, con enormes almacenes de varias plantas, canales atravesando el distrito comercial, puentes entre edificios, poleas sujetas directamente a las fachadas, plataformas de carga suspendidas sobre las calles, embarcaderos privados y kilómetros de muelles extendiéndose bajo un bosque de mástiles. Tōma Hasegawa, supervisor nocturno del Registro de Cargas, les entregaba copias de los documentos correspondientes a las tres carretas y una certeza incómoda: si los cargamentos realmente habían desaparecido dentro de Brisalmar, alguien había encontrado la forma de ocultarlos utilizando el propio sistema logístico de la ciudad.<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Side Quest en Progreso. escribió:</cite>• Dificultad: B<br />
• Esta Side Quest ocurre al mismo tiempo que [Side Quest B] Las Campanas de Velamar. Solo se puede participar en una.<br />
• Se posteará una ronda nueva cada 56 a 72 horas.<br />
• No hay orden de posteo .</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Side Quest B] La Ciudad que Nunca Amarra</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día:</span> 51 de Verano — 8:00 p. m.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País de las Olas </span>— Ciudad de Brisalmar<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa del País de las Olas'; }">Mapa del País de las Olas</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/WYw8V1B/image.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: image.png]" class="mycode_img" /></div>
		</div><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mapa de Brisalmar'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Mapa de Brisalmar'; }">Mapa de Brisalmar</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.ibb.co/5hFXxjXv/Brisalmar.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Brisalmar.jpg]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
<hr class="mycode_hr" />
<img src="https://i.ibb.co/MDpJz9vg/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-21-51-30.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-21-51-30.png]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
La petición había llegado después de un día entero de confusión administrativa. Durante la madrugada, tres cargamentos que atravesaban Brisalmar habían desaparecido sin que nadie pudiera señalar cuándo ni dónde ocurrió el robo. No habían sido asaltados en el camino, ningún almacén había sido forzado y, según los registros, las tres carretas habían ingresado correctamente a la ciudad y pasado por varios puestos de control. Entre la mercancía perdida había alimentos, materiales comerciales y, mucho más importante, varias cajas de medicinas y herramientas traídas por los ninjas del bosque y del mar; destinadas a comunidades que todavía sufrían las consecuencias de los problemas recientes del País de las Olas. Después de horas intentando resolver el asunto con guardias, comerciantes y empleados portuarios sin obtener absolutamente nada, las autoridades locales habían solicitado ayuda shinobi. Las provisiones debían ser encontradas antes del mediodía siguiente.<br />
<br />
Para los ninjas que aceptaron la misión, Brisalmar apareció ante ellos poco después de abandonar la salida occidental de la cueva que atravesaba la Cordillera de las Brisas. Desde el camino, la ciudad descendía hacia el mar formando una masa casi continua de piedra y madera. Los edificios se apretaban unos contra otros, creciendo en altura conforme se acercaban al corazón del puerto, hasta terminar formando una enorme pared irregular de almacenes, viviendas comerciales y torres iluminadas. Decenas, quizá cientos de ventanas permanecían encendidas pese a la hora. Por encima de los tejados sobresalían grúas de madera, mástiles y mecanismos de carga, mientras una torre coronada por una gran lámpara dominaba el perfil de la ciudad desde las zonas más elevadas. Brisalmar parecía haber sido construida sin un verdadero plano: cada generación había colocado un piso, un almacén o una pasarela nueva encima de lo que ya existía hasta transformar el puerto entero en una estructura gigantesca.<br />
<br />
Las calles cercanas a los muelles eran todavía más estrechas de lo que podían imaginarse desde fuera. A ambos lados se levantaban almacenes de tres y cuatro plantas, algunos de piedra en sus niveles inferiores y madera en los superiores, con balcones de carga y vigas que sobresalían directamente sobre la calle. Poleas gigantes colgaban desde las fachadas; varias sostenían plataformas o enormes cajas suspendidas varios metros por encima del suelo. Entre ciertos edificios, puentes y pasarelas cruzaban de un lado al otro como si las calles continuaran también por encima de las cabezas. El adoquinado permanecía húmedo por la brisa marina y reflejaba la luz de los faroles. Barriles, cajas y carretas ocupaban cualquier rincón disponible junto a las paredes.<br />
<br />
Pero las calles no eran la única forma de desplazarse por Brisalmar. Un canal ancho atravesaba buena parte del distrito comercial y continuaba directamente hacia los muelles, separando bloques enteros de almacenes. Pequeños puentes arqueados permitían cruzarlo a pie, mientras puertas de carga situadas casi al nivel del agua daban acceso directo a depósitos interiores. Desde allí podía enviarse mercancía a pequeñas embarcaciones sin necesidad de atravesar las calles principales. Más allá, el canal desembocaba en un bosque de mástiles, grúas y plataformas portuarias. Toda la ciudad parecía diseñada alrededor de una única obsesión: mover mercancía de un lugar a otro con la menor cantidad posible de espacio desperdiciado.<br />
<br />
El problema era precisamente ese. Miles de cargamentos podían atravesar Brisalmar cada día utilizando calles, canales, almacenes, plataformas elevadas y embarcaderos privados. Las tres carretas desaparecidas habían sido registradas entrando en la ciudad y sus documentos aparecían posteriormente sellados en distintos puntos del distrito comercial, pero ninguna figuraba saliendo de Brisalmar ni llegando a sus destinatarios. Nadie había denunciado un ataque. Nadie recordaba una carreta abandonada. Ningún guardia había informado de movimientos sospechosos. Oficialmente, tres cargamentos completos habían recorrido parte de la ciudad y después, en algún punto dentro de aquella gigantesca maquinaria comercial, simplemente habían dejado de existir.<br />
<br />
Las carretas que transportaban a los shinobi desde el puerto de Nami terminaron reduciendo la marcha frente al acceso terrestre de Brisalmar. Allí, junto a una fila de vehículos esperando inspección y bajo la luz de un farol sujeto a la muralla, un hombre delgado con un chaleco oscuro y una tablilla repleta de papeles levantó una lámpara para identificar a los recién llegados. Tōma Hasegawa, supervisor nocturno del Registro de Cargas, comprobó rápidamente uno de los documentos antes de hacer una señal para permitirles continuar. Tenía la apariencia de alguien que llevaba demasiadas horas intentando comprender un problema que únicamente se hacía más grande cuanto más lo investigaba. <br />
<br />
<span style="color: #C98A4A;" class="mycode_color">—Buenas noches. Si vienen desde el puerto de Nami, entonces son ustedes los shinobi que estábamos esperando. Nuestros amigos del mar y del bosque. Mucho gusto, soy Tōma Hasegawa, Registro de Cargas de Brisalmar. Me gustaría decirles que tenemos una idea clara de lo ocurrido, pero estaría mintiendo. </span>El hombre apartó varios papeles de su tablilla hasta encontrar tres hojas sujetas mediante cordeles distintos.<br />
<br />
<span style="color: #C98A4A;" class="mycode_color">—Tres carretas. Tres propietarios diferentes. Tres rutas distintas después de entrar a la ciudad. Todas llegaron durante la madrugada, todas fueron inspeccionadas correctamente y todas aparecen registradas en puestos posteriores. Después de eso... nada. Nadie las vio salir, ningún almacén admite haberlas recibido y ningún guardia informó de un robo. Una de ellas llevaba medicinas y herramientas para las comunidades del interior, así que esa es nuestra prioridad. Necesitamos recuperar las cajas antes del mediodía de mañana.</span><br />
<br />
Tōma volvió la mirada hacia Brisalmar. Desde aquel punto podía distinguirse una plataforma suspendida avanzando lentamente entre dos almacenes mientras, mucho más abajo, las luces de los faroles se reflejaban sobre el canal que atravesaba el distrito.<br />
<br />
<span style="color: #C98A4A;" class="mycode_color">—Tengo copias de todos los registros que encontramos y del mapa de la ciudad. El problema es que aquí una caja puede bajar de una carreta, subir tres pisos, cruzar una calle por una pasarela, bajar hasta un canal y terminar en una embarcación sin recorrer cien metros sobre el suelo.  </span>La situación, por tanto, era sencilla únicamente sobre el papel: tres cargamentos habían ingresado a Brisalmar durante la madrugada y ninguno había llegado a su destino; no existían señales de un asalto, los documentos demostraban que las mercancías continuaron atravesando distintos controles después de entrar y ninguna de las puertas de la ciudad registraba posteriormente su salida. Entre lo desaparecido se encontraban medicinas y herramientas destinadas a comunidades afectadas del País de las Olas, por lo que debían ser recuperadas antes del mediodía siguiente. Los shinobi acababan de atravesar la Cordillera de las Brisas y se encontraban a las puertas de una ciudad portuaria levantada prácticamente encima de sí misma, con enormes almacenes de varias plantas, canales atravesando el distrito comercial, puentes entre edificios, poleas sujetas directamente a las fachadas, plataformas de carga suspendidas sobre las calles, embarcaderos privados y kilómetros de muelles extendiéndose bajo un bosque de mástiles. Tōma Hasegawa, supervisor nocturno del Registro de Cargas, les entregaba copias de los documentos correspondientes a las tres carretas y una certeza incómoda: si los cargamentos realmente habían desaparecido dentro de Brisalmar, alguien había encontrado la forma de ocultarlos utilizando el propio sistema logístico de la ciudad.<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Side Quest en Progreso. escribió:</cite>• Dificultad: B<br />
• Esta Side Quest ocurre al mismo tiempo que [Side Quest B] Las Campanas de Velamar. Solo se puede participar en una.<br />
• Se posteará una ronda nueva cada 56 a 72 horas.<br />
• No hay orden de posteo .</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
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						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión autonarrada rango C] Escolta entre olas.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14634</link>
			<pubDate>Wed, 19 Aug 2026 17:53:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=705">Orión Hoshigaki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14634</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">52 de Verano del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Pais de las Olas</span></span></span></div>
<br />
La mañana había nacido gris sobre el País de las Olas. No llovía, aunque las nubes bajas parecían haberse instalado sobre el océano con la intención de hacerlo en cualquier momento. El pequeño puerto ya estaba despierto cuando Orión llegó al embarcadero. Pescadores descargaban cajas, comerciantes discutían precios y varias gaviotas peleaban por los restos abandonados junto a los muelles. Entre todo aquel movimiento destacaban tres embarcaciones mercantes preparadas para partir. Ninguna era especialmente grande. Eran barcos costeros de casco ancho, pensados más para transportar mercancías entre poblados cercanos que para enfrentarse al océano abierto. El primero cargaba sacos de arroz y alimentos secos, el segundo herramientas, madera trabajada y algunos cajones cerrados, mientras que el tercero llevaba telas, medicinas y productos destinados a dos pequeños asentamientos de la costa oriental.<br />
<br />
Orión caminó hasta el borde del muelle mientras mordisqueaba distraídamente un pequeño trozo de madera que había arrancado quién sabía de dónde. Para cualquier otro shinobi aquella podía ser una escolta incómoda, pero para un Hoshigaki criado entre agua y barcos resultaba difícil imaginar un terreno más apropiado. Su tamaño llamó rápidamente la atención de algunos tripulantes. Un marinero incluso dejó de asegurar una cuerda durante unos segundos para observar al enorme hombre de piel azul que acababa de presentarse. Orión ignoró las miradas y aspiró profundamente. Sal, pescado, madera mojada, aceite, cuerda húmeda, sudor y mercancías. Memorizó los aromas principales antes incluso de subir al barco. Los rostros podían significarle poco; los olores, en cambio, eran otra historia.<br />
<br />
El encargado de la flotilla era un comerciante llamado Genzaburō, un hombre pequeño cuya preocupación parecía pesar bastante más que él. Se acercó sosteniendo un registro de carga contra el pecho y explicó que el recorrido normalmente no requería protección shinobi. Los tres barcos debían navegar siguiendo la costa, detenerse primero en el poblado de Hama y continuar después hacia una comunidad pesquera situada unas horas más al este. El problema había comenzado durante las últimas semanas. Algunas embarcaciones habían encontrado cuerdas cortadas al llegar a puerto, otras habían perdido pequeños cargamentos y dos capitanes afirmaban haber visto una embarcación siguiéndolos desde lejos. Nunca se había producido un ataque directo, razón por la cual todavía se consideraba un trabajo relativamente sencillo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-Mientras los barcos lleguen enteros, yo llego entero. Eso es todo lo que pido</span></span> - <span style="font-size: x-small;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Genzaburō</span></span>.<br />
<br />
Orión retiró el pedazo de madera de entre los dientes y observó el mar.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Pez que mira mucho la carnada termina mordiendo el anzuelo. Je je je.</span></span></span><br />
<br />
Genzaburō permaneció unos segundos intentando decidir si aquello pretendía tranquilizarlo. Finalmente prefirió no preguntar. Orión subiría al segundo barco, situado en el centro de la formación, desde donde podría alcanzar cualquiera de las otras dos embarcaciones con relativa rapidez. Poco después soltaron amarras. Las velas recibieron el viento y los tres barcos abandonaron lentamente el puerto, formando una línea irregular sobre las aguas grises. Durante la primera hora no ocurrió absolutamente nada. Orión permaneció cerca de la proa observando el horizonte mientras escuchaba el crujido del casco. A intervalos regulares aspiraba el aire. El viento arrastraba demasiados olores para seguirlos todos, aunque cada embarcación poseía una combinación particular que podía reconocer.<br />
<br />
La costa avanzaba a su izquierda formando pequeñas playas, paredes de roca y grupos de árboles inclinados por el viento. A la derecha solamente se extendía el océano. Orión terminó sentándose sobre una caja mientras continuaba mordiendo la madera. El viaje habría resultado casi aburrido de no ser porque, aproximadamente dos horas después de partir, percibió algo diferente. No fue una imagen. Fue un olor. Alquitrán caliente mezclado con pescado viejo y un aroma ligeramente dulzón que no pertenecía a ninguno de los tres barcos. Levantó la cabeza. El viento provenía del sudeste. Sus ojos recorrieron el agua hasta distinguir una pequeña silueta entre la bruma, demasiado distante para reconocer detalles. Un barco. Orión permaneció observándolo durante varios minutos. Cuando la flotilla modificó ligeramente su dirección para seguir la línea costera, aquella embarcación también pareció hacerlo. No se aproximaba. Simplemente mantenía la distancia. El Hoshigaki se levantó y caminó hacia el capitán.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Tenemos cola.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-¿Una embarcación?</span></span></span><br />
<br />
Orión señaló hacia la bruma.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Una que no quiere saludar.</span></span></span><br />
<br />
El capitán avisó inmediatamente a los otros barcos mediante señales con banderas. La formación se cerró un poco, pero mantuvieron el rumbo. No existía todavía motivo suficiente para provocar un enfrentamiento y el objetivo de Orión era escoltar las mercancías, no perseguir desconocidos por el océano. Durante casi media hora la embarcación permaneció detrás. Después desapareció entre la neblina tan repentinamente como había aparecido. Aquello no tranquilizó al Hoshigaki. Aspiró nuevamente y todavía consiguió percibir durante unos minutos aquel olor a alquitrán antes de que el viento terminara dispersándolo.<br />
<br />
La primera parada se encontraba cerca. El poblado de Hama apareció finalmente entre las formaciones rocosas de la costa. Allí descargarían parte de los alimentos antes de continuar. Los barcos redujeron velocidad para atravesar un estrecho canal natural que conducía hasta un pequeño embarcadero protegido de las corrientes. Fue precisamente entonces cuando Orión escuchó un chasquido procedente del barco que navegaba detrás. Una de sus cuerdas principales acababa de romperse. La vela lateral se desplomó parcialmente y la embarcación comenzó a desviarse hacia unas rocas.<br />
<br />
Los marineros reaccionaron rápidamente, pero Orión ya se había movido. Saltó desde la borda de su embarcación y cayó directamente al agua. Para él, sumergirse resultaba mucho más natural que esperar a que ambos barcos consiguieran acercarse. Atravesó la distancia bajo la superficie y emergió junto al casco del tercer mercante. Trepó aprovechando una cuerda lateral y encontró a varios tripulantes intentando controlar la vela. Sujetó uno de los cabos y tiró con fuerza suficiente para ayudar a estabilizarla mientras el timonel corregía el rumbo. El barco pasó a varios metros de las rocas antes de recuperar una trayectoria segura.<br />
<br />
Cuando finalmente atracaron en Hama, Orión regresó inmediatamente al punto donde se había producido la rotura. Tomó el extremo de la cuerda entre sus enormes dedos. No estaba desgastada. El corte era irregular, pero demasiado limpio para haber ocurrido por tensión. Alguien la había debilitado antes de partir o la había cortado parcialmente durante el viaje. Acercó la cuerda a su nariz. Entre la humedad y el cáñamo encontró un olor tenue. Aceite. Después otro. El mismo aroma dulzón que había percibido procedente del barco que los seguía.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-No se rompió </span></span></span><br />
<br />
El capitán se acercó.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-¿La cortaron?</span></span></span><br />
<br />
Orión enseñó el extremo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-El pescado ya estaba abierto antes de llegar a la sartén.</span></span></span><br />
<br />
Mientras los comerciantes descargaban las mercancías destinadas a Hama, Orión inspeccionó los tres barcos. Encontró otra cuerda parcialmente cortada en el primero y una pequeña marca realizada con pintura oscura en la parte exterior del segundo casco, cerca de la línea de flotación. Era apenas una raya vertical acompañada por dos puntos. No parecía pertenecer a los comerciantes. Genzaburō juró que nunca la había visto. Orión pasó un dedo sobre ella y olió la pintura. Alquitrán. Pescado viejo. El mismo rastro.<br />
<br />
Alguien había marcado el barco antes de que salieran. La segunda parte del recorrido sería considerablemente más larga y atravesaría una zona donde la costa se separaba durante varias millas de cualquier población importante. Orión observó el océano mientras los últimos cajones eran descargados. En algún punto detrás de aquella neblina se encontraba la embarcación desconocida. Ahora sabía que no los seguían por casualidad. Escupió el pedacito de madera completamente destrozado que todavía conservaba entre los dientes y tomó otro de una caja rota.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je je je</span></span></span><br />
<br />
La flotilla abandonó Hama antes del mediodía. Esta vez los tres barcos navegaron mucho más próximos entre sí. Los capitanes habían revisado las cuerdas y Orión había recorrido personalmente las cubiertas buscando cualquier otro indicio de sabotaje. No encontraron nada nuevo. Aquello solamente confirmaba que las manipulaciones probablemente habían ocurrido antes de abandonar el primer puerto. El problema era descubrir quién había tenido acceso a los barcos y, principalmente, qué pretendían conseguir. Si quisieran hundirlos, habrían podido provocar daños mucho más graves. Las cuerdas cortadas parecían destinadas a retrasarlos o separarlos.<br />
<br />
Durante la siguiente hora el mar permaneció tranquilo. La niebla comenzó a levantarse y el horizonte ganó claridad. Orión permaneció en la popa del segundo barco, siguiendo principalmente los olores transportados por el viento. Finalmente volvió a encontrarlo. Alquitrán, pescado viejo y aquella sustancia dulzona. Esta vez provenía directamente del este. La embarcación desconocida apareció poco después, pero algo había cambiado. Ya no intentaba mantener tanta distancia.<br />
El barco comenzó a aproximarse.<br />
<br />
Los comerciantes se pusieron nerviosos. Algunos marineros tomaron herramientas y cuchillos, aunque Orión les ordenó permanecer en sus puestos. Abandonar el control de las embarcaciones para prepararse para una pelea podía ser exactamente lo que buscaban sus perseguidores. El Hoshigaki caminó hasta la borda y contempló el barco enemigo. Era más pequeño y rápido que cualquiera de los mercantes. Cuatro figuras podían distinguirse sobre cubierta. Ninguna llevaba una bandera reconocible.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¡Mantengan rumbo! </span></span><br />
<br />
Gritó uno de los capitanes. Orión mostró ligeramente los dientes.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Si vienen a comer, que acerquen la boca.</span></span></span><br />
<br />
La embarcación desconocida aceleró. Cuando quedó suficientemente cerca, una de las figuras lanzó algo al agua. Orión siguió el objeto con la mirada. No era un arma dirigida contra ellos, sino una pequeña bolsa que desapareció bajo la superficie. Unos segundos después otra cayó más adelante. Después una tercera. El olor dulzón se hizo repentinamente mucho más intenso. Orión comprendió. No estaban intentando atacar directamente los barcos. Estaban dejando algo en el agua.<br />
<br />
El Hoshigaki saltó por la borda sin explicar nada. Su cuerpo atravesó la superficie y descendió rápidamente. Bajo el agua encontró una de las bolsas hundiéndose lentamente. La atrapó antes de que alcanzara el fondo y descubrió pequeños agujeros abiertos en la tela. Desde ellos escapaba una sustancia aceitosa que se dispersaba con la corriente. El olor resultaba mucho más intenso allí. No necesitó demasiado tiempo para descubrir su propósito. Varias sombras comenzaron a desplazarse entre las aguas profundas, atraídas por aquella mezcla. Peces grandes. Depredadores costeros. Orión emergió todavía sujetando la bolsa.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¡Cambien rumbo! ¡Ahora!</span></span><br />
<br />
Los capitanes obedecieron. Las tres embarcaciones giraron hacia aguas ligeramente menos profundas mientras Orión nadaba hacia el barco perseguidor. Las figuras comprendieron demasiado tarde que el shinobi no necesitaba permanecer sobre una cubierta para proteger la flotilla. Intentaron alejarse, pero aquel era precisamente el terreno donde un Hoshigaki podía convertirse en algo bastante más peligroso que un simple escolta.<br />
<br />
Orión desapareció bajo el agua y alcanzó el casco enemigo desde abajo. No necesitaba destruirlo. Solamente detenerlo. Emergiendo junto a uno de los laterales, sujetó una cuerda que colgaba desde cubierta y trepó. Uno de los hombres intentó golpearlo apenas apareció sobre la borda. Orión bloqueó el ataque con el antebrazo y respondió con un empujón brutal que lanzó al atacante contra unas cajas. Otro retrocedió inmediatamente. Los dos restantes intentaron alcanzar el timón.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">-Quietos.</span></span><br />
<br />
Uno de ellos sacó un cuchillo. Orión inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Pez chico también tiene espinas. Sigue siendo pez chico.</span></span></span><br />
<br />
El hombre dudó. Fue suficiente. Orión avanzó, golpeó su muñeca y el cuchillo cayó sobre la cubierta. No necesitó prolongar demasiado el enfrentamiento. Ninguno de aquellos sujetos parecía ser un shinobi experimentado. Eran contrabandistas y saqueadores acostumbrados a atacar comerciantes, no combatientes preparados para enfrentarse a alguien como él. Cuando el último terminó reducido contra el suelo, Orión cortó la vela principal y dejó que la tela se desplomara sobre cubierta. El pequeño barco perdió velocidad inmediatamente.<br />
<br />
El interrogatorio fue considerablemente más sencillo después de aquello. El grupo llevaba semanas siguiendo embarcaciones comerciales. Uno de sus cómplices trabajaba ocasionalmente cargando mercancías en el puerto y marcaba los barcos que transportaban productos valiosos. Durante la noche debilitaba algunas cuerdas para aumentar las posibilidades de que una embarcación quedara rezagada. Después, mar adentro, utilizaban una mezcla fabricada con restos de pescado y aceites para atraer depredadores hacia los barcos separados. No necesitaban hundirlos. Bastaba provocar suficiente caos para acercarse, ofrecer una supuesta ayuda y aprovechar la confusión para robar parte de la mercancía. Si las víctimas se resistían, simplemente escapaban. Orión observó la bolsa que todavía conservaba.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Mucho anzuelo para tan poco pescador.</span></span></span><br />
<br />
Los hombres no respondieron. La flotilla había conseguido alejarse de la zona donde habían arrojado el cebo, pero Orión todavía debía completar su misión. Ató a los cuatro saqueadores utilizando sus propias cuerdas y aseguró el timón de su embarcación. Después improvisó un remolque hasta el segundo mercante. Los comerciantes no parecieron especialmente felices con la idea de transportar también a sus atacantes, aunque Genzaburō terminó aceptándolo cuando comprendió que aquellos hombres podrían revelar la identidad del cómplice que trabajaba en el puerto.<br />
<br />
El resto del viaje transcurrió sin incidentes importantes. Las nubes comenzaron a romperse durante la tarde y algunos rayos de sol atravesaron finalmente el cielo gris. La costa volvió a aproximarse poco a poco hasta que aparecieron las primeras casas del asentamiento pesquero que constituía su destino. Varias personas esperaban en el embarcadero. Probablemente esperaban tres barcos mercantes. Encontrarse además con una cuarta embarcación medio desmantelada y cuatro hombres amarrados sobre cubierta generó bastante más interés.<br />
<br />
Genzaburō bajó primero y explicó lo ocurrido a los responsables locales. Las mercancías fueron revisadas. Salvo algunos productos dañados durante el incidente de la cuerda, toda la carga había llegado correctamente. Los alimentos, herramientas, telas y medicinas comenzaron a descargarse mientras los prisioneros eran entregados para ser interrogados y posteriormente trasladados a las autoridades correspondientes. Orión permaneció sentado sobre la borda mientras observaba el movimiento. El comerciante se acercó después de comprobar por tercera vez su registro.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-Pensé que contratar un shinobi era exagerado para tres barcos.</span></span></span><br />
<br />
Orión mordió el nuevo pedazo de madera que había estado destruyendo durante la última hora.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-El mar parece tranquilo hasta que deja de parecerlo.</span></span></span><br />
<br />
Genzaburō soltó una pequeña risa.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-Supongo que tendremos que revisar mejor quién trabaja cerca de los barcos.</span></span></span><br />
<br />
Orión bajó de la borda y contempló el océano. Desde allí podía ver las cuatro embarcaciones balanceándose tranquilamente contra el muelle. La misión había comenzado como una sencilla escolta comercial y había terminado revelando una pequeña operación dedicada a sabotear y saquear las rutas costeras. Más importante todavía, los tres mercantes habían llegado a destino y nadie había resultado gravemente herido. Antes de marcharse, Orión se detuvo junto al agua y lanzó al mar el trozo de madera convertido ya en una masa irreconocible. La corriente se lo llevó lentamente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Camarón que se duerme se lo lleva la corriente.</span></span></span><br />
<br />
El Hoshigaki enseñó los dientes mientras observaba cómo desaparecía.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je je je.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">52 de Verano del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Pais de las Olas</span></span></span></div>
<br />
La mañana había nacido gris sobre el País de las Olas. No llovía, aunque las nubes bajas parecían haberse instalado sobre el océano con la intención de hacerlo en cualquier momento. El pequeño puerto ya estaba despierto cuando Orión llegó al embarcadero. Pescadores descargaban cajas, comerciantes discutían precios y varias gaviotas peleaban por los restos abandonados junto a los muelles. Entre todo aquel movimiento destacaban tres embarcaciones mercantes preparadas para partir. Ninguna era especialmente grande. Eran barcos costeros de casco ancho, pensados más para transportar mercancías entre poblados cercanos que para enfrentarse al océano abierto. El primero cargaba sacos de arroz y alimentos secos, el segundo herramientas, madera trabajada y algunos cajones cerrados, mientras que el tercero llevaba telas, medicinas y productos destinados a dos pequeños asentamientos de la costa oriental.<br />
<br />
Orión caminó hasta el borde del muelle mientras mordisqueaba distraídamente un pequeño trozo de madera que había arrancado quién sabía de dónde. Para cualquier otro shinobi aquella podía ser una escolta incómoda, pero para un Hoshigaki criado entre agua y barcos resultaba difícil imaginar un terreno más apropiado. Su tamaño llamó rápidamente la atención de algunos tripulantes. Un marinero incluso dejó de asegurar una cuerda durante unos segundos para observar al enorme hombre de piel azul que acababa de presentarse. Orión ignoró las miradas y aspiró profundamente. Sal, pescado, madera mojada, aceite, cuerda húmeda, sudor y mercancías. Memorizó los aromas principales antes incluso de subir al barco. Los rostros podían significarle poco; los olores, en cambio, eran otra historia.<br />
<br />
El encargado de la flotilla era un comerciante llamado Genzaburō, un hombre pequeño cuya preocupación parecía pesar bastante más que él. Se acercó sosteniendo un registro de carga contra el pecho y explicó que el recorrido normalmente no requería protección shinobi. Los tres barcos debían navegar siguiendo la costa, detenerse primero en el poblado de Hama y continuar después hacia una comunidad pesquera situada unas horas más al este. El problema había comenzado durante las últimas semanas. Algunas embarcaciones habían encontrado cuerdas cortadas al llegar a puerto, otras habían perdido pequeños cargamentos y dos capitanes afirmaban haber visto una embarcación siguiéndolos desde lejos. Nunca se había producido un ataque directo, razón por la cual todavía se consideraba un trabajo relativamente sencillo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-Mientras los barcos lleguen enteros, yo llego entero. Eso es todo lo que pido</span></span> - <span style="font-size: x-small;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Genzaburō</span></span>.<br />
<br />
Orión retiró el pedazo de madera de entre los dientes y observó el mar.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Pez que mira mucho la carnada termina mordiendo el anzuelo. Je je je.</span></span></span><br />
<br />
Genzaburō permaneció unos segundos intentando decidir si aquello pretendía tranquilizarlo. Finalmente prefirió no preguntar. Orión subiría al segundo barco, situado en el centro de la formación, desde donde podría alcanzar cualquiera de las otras dos embarcaciones con relativa rapidez. Poco después soltaron amarras. Las velas recibieron el viento y los tres barcos abandonaron lentamente el puerto, formando una línea irregular sobre las aguas grises. Durante la primera hora no ocurrió absolutamente nada. Orión permaneció cerca de la proa observando el horizonte mientras escuchaba el crujido del casco. A intervalos regulares aspiraba el aire. El viento arrastraba demasiados olores para seguirlos todos, aunque cada embarcación poseía una combinación particular que podía reconocer.<br />
<br />
La costa avanzaba a su izquierda formando pequeñas playas, paredes de roca y grupos de árboles inclinados por el viento. A la derecha solamente se extendía el océano. Orión terminó sentándose sobre una caja mientras continuaba mordiendo la madera. El viaje habría resultado casi aburrido de no ser porque, aproximadamente dos horas después de partir, percibió algo diferente. No fue una imagen. Fue un olor. Alquitrán caliente mezclado con pescado viejo y un aroma ligeramente dulzón que no pertenecía a ninguno de los tres barcos. Levantó la cabeza. El viento provenía del sudeste. Sus ojos recorrieron el agua hasta distinguir una pequeña silueta entre la bruma, demasiado distante para reconocer detalles. Un barco. Orión permaneció observándolo durante varios minutos. Cuando la flotilla modificó ligeramente su dirección para seguir la línea costera, aquella embarcación también pareció hacerlo. No se aproximaba. Simplemente mantenía la distancia. El Hoshigaki se levantó y caminó hacia el capitán.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Tenemos cola.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-¿Una embarcación?</span></span></span><br />
<br />
Orión señaló hacia la bruma.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Una que no quiere saludar.</span></span></span><br />
<br />
El capitán avisó inmediatamente a los otros barcos mediante señales con banderas. La formación se cerró un poco, pero mantuvieron el rumbo. No existía todavía motivo suficiente para provocar un enfrentamiento y el objetivo de Orión era escoltar las mercancías, no perseguir desconocidos por el océano. Durante casi media hora la embarcación permaneció detrás. Después desapareció entre la neblina tan repentinamente como había aparecido. Aquello no tranquilizó al Hoshigaki. Aspiró nuevamente y todavía consiguió percibir durante unos minutos aquel olor a alquitrán antes de que el viento terminara dispersándolo.<br />
<br />
La primera parada se encontraba cerca. El poblado de Hama apareció finalmente entre las formaciones rocosas de la costa. Allí descargarían parte de los alimentos antes de continuar. Los barcos redujeron velocidad para atravesar un estrecho canal natural que conducía hasta un pequeño embarcadero protegido de las corrientes. Fue precisamente entonces cuando Orión escuchó un chasquido procedente del barco que navegaba detrás. Una de sus cuerdas principales acababa de romperse. La vela lateral se desplomó parcialmente y la embarcación comenzó a desviarse hacia unas rocas.<br />
<br />
Los marineros reaccionaron rápidamente, pero Orión ya se había movido. Saltó desde la borda de su embarcación y cayó directamente al agua. Para él, sumergirse resultaba mucho más natural que esperar a que ambos barcos consiguieran acercarse. Atravesó la distancia bajo la superficie y emergió junto al casco del tercer mercante. Trepó aprovechando una cuerda lateral y encontró a varios tripulantes intentando controlar la vela. Sujetó uno de los cabos y tiró con fuerza suficiente para ayudar a estabilizarla mientras el timonel corregía el rumbo. El barco pasó a varios metros de las rocas antes de recuperar una trayectoria segura.<br />
<br />
Cuando finalmente atracaron en Hama, Orión regresó inmediatamente al punto donde se había producido la rotura. Tomó el extremo de la cuerda entre sus enormes dedos. No estaba desgastada. El corte era irregular, pero demasiado limpio para haber ocurrido por tensión. Alguien la había debilitado antes de partir o la había cortado parcialmente durante el viaje. Acercó la cuerda a su nariz. Entre la humedad y el cáñamo encontró un olor tenue. Aceite. Después otro. El mismo aroma dulzón que había percibido procedente del barco que los seguía.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-No se rompió </span></span></span><br />
<br />
El capitán se acercó.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-¿La cortaron?</span></span></span><br />
<br />
Orión enseñó el extremo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-El pescado ya estaba abierto antes de llegar a la sartén.</span></span></span><br />
<br />
Mientras los comerciantes descargaban las mercancías destinadas a Hama, Orión inspeccionó los tres barcos. Encontró otra cuerda parcialmente cortada en el primero y una pequeña marca realizada con pintura oscura en la parte exterior del segundo casco, cerca de la línea de flotación. Era apenas una raya vertical acompañada por dos puntos. No parecía pertenecer a los comerciantes. Genzaburō juró que nunca la había visto. Orión pasó un dedo sobre ella y olió la pintura. Alquitrán. Pescado viejo. El mismo rastro.<br />
<br />
Alguien había marcado el barco antes de que salieran. La segunda parte del recorrido sería considerablemente más larga y atravesaría una zona donde la costa se separaba durante varias millas de cualquier población importante. Orión observó el océano mientras los últimos cajones eran descargados. En algún punto detrás de aquella neblina se encontraba la embarcación desconocida. Ahora sabía que no los seguían por casualidad. Escupió el pedacito de madera completamente destrozado que todavía conservaba entre los dientes y tomó otro de una caja rota.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je je je</span></span></span><br />
<br />
La flotilla abandonó Hama antes del mediodía. Esta vez los tres barcos navegaron mucho más próximos entre sí. Los capitanes habían revisado las cuerdas y Orión había recorrido personalmente las cubiertas buscando cualquier otro indicio de sabotaje. No encontraron nada nuevo. Aquello solamente confirmaba que las manipulaciones probablemente habían ocurrido antes de abandonar el primer puerto. El problema era descubrir quién había tenido acceso a los barcos y, principalmente, qué pretendían conseguir. Si quisieran hundirlos, habrían podido provocar daños mucho más graves. Las cuerdas cortadas parecían destinadas a retrasarlos o separarlos.<br />
<br />
Durante la siguiente hora el mar permaneció tranquilo. La niebla comenzó a levantarse y el horizonte ganó claridad. Orión permaneció en la popa del segundo barco, siguiendo principalmente los olores transportados por el viento. Finalmente volvió a encontrarlo. Alquitrán, pescado viejo y aquella sustancia dulzona. Esta vez provenía directamente del este. La embarcación desconocida apareció poco después, pero algo había cambiado. Ya no intentaba mantener tanta distancia.<br />
El barco comenzó a aproximarse.<br />
<br />
Los comerciantes se pusieron nerviosos. Algunos marineros tomaron herramientas y cuchillos, aunque Orión les ordenó permanecer en sus puestos. Abandonar el control de las embarcaciones para prepararse para una pelea podía ser exactamente lo que buscaban sus perseguidores. El Hoshigaki caminó hasta la borda y contempló el barco enemigo. Era más pequeño y rápido que cualquiera de los mercantes. Cuatro figuras podían distinguirse sobre cubierta. Ninguna llevaba una bandera reconocible.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¡Mantengan rumbo! </span></span><br />
<br />
Gritó uno de los capitanes. Orión mostró ligeramente los dientes.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Si vienen a comer, que acerquen la boca.</span></span></span><br />
<br />
La embarcación desconocida aceleró. Cuando quedó suficientemente cerca, una de las figuras lanzó algo al agua. Orión siguió el objeto con la mirada. No era un arma dirigida contra ellos, sino una pequeña bolsa que desapareció bajo la superficie. Unos segundos después otra cayó más adelante. Después una tercera. El olor dulzón se hizo repentinamente mucho más intenso. Orión comprendió. No estaban intentando atacar directamente los barcos. Estaban dejando algo en el agua.<br />
<br />
El Hoshigaki saltó por la borda sin explicar nada. Su cuerpo atravesó la superficie y descendió rápidamente. Bajo el agua encontró una de las bolsas hundiéndose lentamente. La atrapó antes de que alcanzara el fondo y descubrió pequeños agujeros abiertos en la tela. Desde ellos escapaba una sustancia aceitosa que se dispersaba con la corriente. El olor resultaba mucho más intenso allí. No necesitó demasiado tiempo para descubrir su propósito. Varias sombras comenzaron a desplazarse entre las aguas profundas, atraídas por aquella mezcla. Peces grandes. Depredadores costeros. Orión emergió todavía sujetando la bolsa.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¡Cambien rumbo! ¡Ahora!</span></span><br />
<br />
Los capitanes obedecieron. Las tres embarcaciones giraron hacia aguas ligeramente menos profundas mientras Orión nadaba hacia el barco perseguidor. Las figuras comprendieron demasiado tarde que el shinobi no necesitaba permanecer sobre una cubierta para proteger la flotilla. Intentaron alejarse, pero aquel era precisamente el terreno donde un Hoshigaki podía convertirse en algo bastante más peligroso que un simple escolta.<br />
<br />
Orión desapareció bajo el agua y alcanzó el casco enemigo desde abajo. No necesitaba destruirlo. Solamente detenerlo. Emergiendo junto a uno de los laterales, sujetó una cuerda que colgaba desde cubierta y trepó. Uno de los hombres intentó golpearlo apenas apareció sobre la borda. Orión bloqueó el ataque con el antebrazo y respondió con un empujón brutal que lanzó al atacante contra unas cajas. Otro retrocedió inmediatamente. Los dos restantes intentaron alcanzar el timón.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">-Quietos.</span></span><br />
<br />
Uno de ellos sacó un cuchillo. Orión inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Pez chico también tiene espinas. Sigue siendo pez chico.</span></span></span><br />
<br />
El hombre dudó. Fue suficiente. Orión avanzó, golpeó su muñeca y el cuchillo cayó sobre la cubierta. No necesitó prolongar demasiado el enfrentamiento. Ninguno de aquellos sujetos parecía ser un shinobi experimentado. Eran contrabandistas y saqueadores acostumbrados a atacar comerciantes, no combatientes preparados para enfrentarse a alguien como él. Cuando el último terminó reducido contra el suelo, Orión cortó la vela principal y dejó que la tela se desplomara sobre cubierta. El pequeño barco perdió velocidad inmediatamente.<br />
<br />
El interrogatorio fue considerablemente más sencillo después de aquello. El grupo llevaba semanas siguiendo embarcaciones comerciales. Uno de sus cómplices trabajaba ocasionalmente cargando mercancías en el puerto y marcaba los barcos que transportaban productos valiosos. Durante la noche debilitaba algunas cuerdas para aumentar las posibilidades de que una embarcación quedara rezagada. Después, mar adentro, utilizaban una mezcla fabricada con restos de pescado y aceites para atraer depredadores hacia los barcos separados. No necesitaban hundirlos. Bastaba provocar suficiente caos para acercarse, ofrecer una supuesta ayuda y aprovechar la confusión para robar parte de la mercancía. Si las víctimas se resistían, simplemente escapaban. Orión observó la bolsa que todavía conservaba.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Mucho anzuelo para tan poco pescador.</span></span></span><br />
<br />
Los hombres no respondieron. La flotilla había conseguido alejarse de la zona donde habían arrojado el cebo, pero Orión todavía debía completar su misión. Ató a los cuatro saqueadores utilizando sus propias cuerdas y aseguró el timón de su embarcación. Después improvisó un remolque hasta el segundo mercante. Los comerciantes no parecieron especialmente felices con la idea de transportar también a sus atacantes, aunque Genzaburō terminó aceptándolo cuando comprendió que aquellos hombres podrían revelar la identidad del cómplice que trabajaba en el puerto.<br />
<br />
El resto del viaje transcurrió sin incidentes importantes. Las nubes comenzaron a romperse durante la tarde y algunos rayos de sol atravesaron finalmente el cielo gris. La costa volvió a aproximarse poco a poco hasta que aparecieron las primeras casas del asentamiento pesquero que constituía su destino. Varias personas esperaban en el embarcadero. Probablemente esperaban tres barcos mercantes. Encontrarse además con una cuarta embarcación medio desmantelada y cuatro hombres amarrados sobre cubierta generó bastante más interés.<br />
<br />
Genzaburō bajó primero y explicó lo ocurrido a los responsables locales. Las mercancías fueron revisadas. Salvo algunos productos dañados durante el incidente de la cuerda, toda la carga había llegado correctamente. Los alimentos, herramientas, telas y medicinas comenzaron a descargarse mientras los prisioneros eran entregados para ser interrogados y posteriormente trasladados a las autoridades correspondientes. Orión permaneció sentado sobre la borda mientras observaba el movimiento. El comerciante se acercó después de comprobar por tercera vez su registro.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-Pensé que contratar un shinobi era exagerado para tres barcos.</span></span></span><br />
<br />
Orión mordió el nuevo pedazo de madera que había estado destruyendo durante la última hora.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-El mar parece tranquilo hasta que deja de parecerlo.</span></span></span><br />
<br />
Genzaburō soltó una pequeña risa.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">-Supongo que tendremos que revisar mejor quién trabaja cerca de los barcos.</span></span></span><br />
<br />
Orión bajó de la borda y contempló el océano. Desde allí podía ver las cuatro embarcaciones balanceándose tranquilamente contra el muelle. La misión había comenzado como una sencilla escolta comercial y había terminado revelando una pequeña operación dedicada a sabotear y saquear las rutas costeras. Más importante todavía, los tres mercantes habían llegado a destino y nadie había resultado gravemente herido. Antes de marcharse, Orión se detuvo junto al agua y lanzó al mar el trozo de madera convertido ya en una masa irreconocible. La corriente se lo llevó lentamente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Camarón que se duerme se lo lleva la corriente.</span></span></span><br />
<br />
El Hoshigaki enseñó los dientes mientras observaba cómo desaparecía.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je je je.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada C] Cazador Furtivo]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14610</link>
			<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 17:13:18 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=712">Yūgen Sarutobi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14610</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 46, País de las Olas<br />
</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Los días en el país de las olas parecían tomar décadas y aquella reunión entre los líderes de ambos grupos parecía mantenerse en total secreto, evitando que cualquier persona pudiera enterarse de lo que se hablaba allí adentro. Pero esa no era la responsabilidad de Yugen Sarutobi, quien debía de hacerse llamar Yugen Mori ante cualquier persona de aquella isla, incluyendo a los capa negra. Yugen no podía dejar de desconfiar de estos, pues al igual que los Mori, los Umi también se contenian en el combate, lanzando ataques débiles sin demostrar todo de lo que son capaces de realizar. <br />
<br />
Pero aquél día la presencia de Yugen era necesitada para otra labor, una tarea que requería de alguien rápido y mortal. Esta misión era considerada de rango C entre los encargados de los Mori, pero para los habitantes de aquella isla era la única forma en la que estos podían librarse de aquellos peligros que no dejaban de acechar los bosques que tanto tiempo les había ofrecido refugio y alimento. Yugen era encomendado con la labor de acabar con una peligrosa manada de lobos que no dejaba de atacar a personas y animales por igual. <br />
</div>
<br />
Reportes decían que la manada había comenzado a desplazarse cada vez más cerca de las zonas habitadas, dejando tras de sí animales muertos y varias personas heridas. Los lobos parecían haber perdido todo temor hacia los humanos, atacando incluso durante las horas del día. Algunos habitantes aseguraban que entre ellos existía un ejemplar mucho más grande que el resto, una bestia de pelaje completamente negro que parecía ser quien dirigía a los demás.<br />
<br />
Yūgen recibiría aquella información en silencio antes de emprender el camino hacia el bosque. No podía llamar demasiado la atención, mucho menos revelar sus verdaderas habilidades. Su identidad como Mori debía mantenerse intacta y cualquier muestra de poder que levantara sospechas podía poner en peligro no solamente la misión, sino también los planes que se estaban desarrollando en aquella isla.<br />
El Sarutobi avanzaría por uno de los senderos utilizados por los habitantes, observando cada detalle del terreno. No tardaría demasiado en encontrar las primeras huellas sobre el barro. Eran recientes y se dirigían hacia una zona más profunda del bosque. Yūgen seguiría el rastro con cuidado, manteniendo una mano cerca de sus armas mientras sus ojos recorrían los árboles.<br />
El silencio sería interrumpido por un gruñido.<br />
Una sombra aparecería entre los arbustos.<br />
<br />
Yūgen giraría rápidamente, encontrándose frente a uno de los lobos. El animal enseñaría los colmillos y se lanzaría contra él. El falso Mori esperaría hasta el último instante antes de apartarse, permitiendo que la bestia pasara de largo. Aprovechando el impulso del animal, Yūgen realizaría un movimiento rápido y lo derribaría contra el suelo.<br />
Pero aquel no sería el único.<br />
Otros dos lobos aparecerían detrás de él.<br />
<br />
—Tendré que hacerlo rápido...—<br />
<br />
Los animales comenzarían a rodearlo. Yūgen mantendría una postura defensiva, evitando utilizar técnicas que pudieran revelar demasiado sobre sus verdaderas capacidades. Los lobos atacarían al mismo tiempo, intentando aprovechar su número.<br />
El primero intentaría morder su brazo.<br />
Yūgen bloquearía el ataque y lo apartaría con un golpe seco.<br />
El segundo saltaría desde un costado, obligándolo a agacharse para evitar las garras. El tercero aprovecharía aquella apertura, pero el Sarutobi giraría sobre sí mismo y utilizaría una patada para lanzarlo contra un árbol.<br />
La pelea sería rápida y violenta.<br />
<br />
Sin embargo, los animales no parecían dispuestos a retirarse.<br />
Después de varios intercambios, los lobos terminarían huyendo hacia la profundidad del bosque. Yūgen no los perseguiría de inmediato. En lugar de eso, observaría las huellas que habían dejado atrás.<br />
Todas conducían hacia el mismo lugar.<br />
La cacería apenas comenzaba.<br />
<br />
El Sarutobi continuaría avanzando hasta encontrar una pequeña cueva escondida entre las raíces de varios árboles. Alrededor de la entrada había huesos, plumas y restos de animales. También había marcas recientes sobre la tierra.<br />
Entonces escucharía un aullido.<br />
Otro respondería desde la distancia.<br />
Y finalmente decenas de ellos llenarían el bosque.<br />
Yūgen comprendería que había encontrado a la manada completa.<br />
Los lobos comenzarían a aparecer entre los árboles, rodeándolo poco a poco. El Sarutobi mantendría la calma mientras analizaba sus movimientos. No podía permitirse una batalla prolongada. Cuanto más tiempo permaneciera allí, mayores serían las posibilidades de que algún habitante encontrara el lugar o de que alguien relacionado con los Capa Negra descubriera sus verdaderas capacidades.<br />
<br />
El primero atacaría.<br />
Yūgen lo esquivaría.<br />
El segundo intentaría aprovechar la apertura.<br />
También caería.<br />
<br />
Uno tras otro, los lobos comenzarían a ser derribados mediante golpes rápidos y precisos. El Sarutobi utilizaría el terreno a su favor, obligando a los animales a atacarlo desde posiciones incómodas. No necesitaría emplear ninjutsu ni técnicas demasiado llamativas; su dominio del combate cuerpo a cuerpo sería suficiente.<br />
Sin embargo, el verdadero peligro todavía no había aparecido.<br />
Un enorme gruñido recorrería el bosque.<br />
Los demás lobos se apartarían.<br />
Desde la entrada de la cueva surgiría una criatura mucho más grande que las anteriores. Su pelaje era oscuro y estaba cubierto de cicatrices. Sus colmillos sobresalían incluso cuando mantenía el hocico cerrado.<br />
El líder de la manada.<br />
<br />
Yūgen observaría al animal durante unos segundos.<br />
<br />
—Así que tú eres el problema.—<br />
<br />
La bestia cargaría con una velocidad sorprendente.<br />
<br />
Yūgen esperaría.<br />
En el último instante se movería hacia un costado, dejando que el lobo pasara junto a él. El Sarutobi aprovecharía el movimiento para golpearlo con fuerza en uno de sus costados. El animal rodaría por el suelo, pero volvería a levantarse inmediatamente.<br />
Esta vez Yūgen sería quien avanzaría.<br />
Un intercambio de golpes tendría lugar entre ambos. El lobo intentaría morderlo y utilizaría sus garras para mantenerlo alejado, mientras Yūgen respondería con bloqueos y golpes dirigidos a puntos específicos de su cuerpo.<br />
Finalmente, el Sarutobi conseguiría derribarlo.<br />
<br />
La manada restante retrocedería al observar a su líder derrotado. Algunos escaparían hacia las zonas más profundas del bosque, mientras otros simplemente permanecerían inmóviles.<br />
Yūgen no los perseguiría.<br />
Su objetivo era eliminar la amenaza que se acercaba a los habitantes, no exterminar cada criatura del bosque.<br />
Tras asegurarse de que el líder no volvería a levantarse, Yūgen limpiaría sus armas y observaría por última vez la entrada de la cueva. La misión había sido completada.<br />
<br />
El falso Mori emprendería entonces el camino de regreso hacia Puerto Nami.<br />
Mientras caminaba, su expresión permanecería seria.<br />
Aquella misión podía haber sido catalogada como rango C, pero para los habitantes del País de las Olas significaba mucho más que una simple asignación. Era una amenaza menos rondando sus hogares y una razón más para poder adentrarse nuevamente en aquellos bosques sin temor.<br />
Sin embargo, Yūgen sabía que aquella cacería no era lo verdaderamente peligroso que ocurría en la isla.<br />
<br />
Los lobos habían sido solamente una distracción.<br />
La verdadera amenaza seguía siendo aquella reunión secreta entre los líderes de los Mori y los Umi.<br />
Y mientras Yūgen regresaba al Puerto Nami utilizando el nombre que le habían otorgado, una sola pregunta permanecía en su mente:<br />
¿Cuánto tiempo más podrían seguir fingiendo que ninguno de los dos bandos estaba mostrando realmente sus colmillos?<br />
 <br />
Solo el tiempo podía decirlo...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 46, País de las Olas<br />
</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Los días en el país de las olas parecían tomar décadas y aquella reunión entre los líderes de ambos grupos parecía mantenerse en total secreto, evitando que cualquier persona pudiera enterarse de lo que se hablaba allí adentro. Pero esa no era la responsabilidad de Yugen Sarutobi, quien debía de hacerse llamar Yugen Mori ante cualquier persona de aquella isla, incluyendo a los capa negra. Yugen no podía dejar de desconfiar de estos, pues al igual que los Mori, los Umi también se contenian en el combate, lanzando ataques débiles sin demostrar todo de lo que son capaces de realizar. <br />
<br />
Pero aquél día la presencia de Yugen era necesitada para otra labor, una tarea que requería de alguien rápido y mortal. Esta misión era considerada de rango C entre los encargados de los Mori, pero para los habitantes de aquella isla era la única forma en la que estos podían librarse de aquellos peligros que no dejaban de acechar los bosques que tanto tiempo les había ofrecido refugio y alimento. Yugen era encomendado con la labor de acabar con una peligrosa manada de lobos que no dejaba de atacar a personas y animales por igual. <br />
</div>
<br />
Reportes decían que la manada había comenzado a desplazarse cada vez más cerca de las zonas habitadas, dejando tras de sí animales muertos y varias personas heridas. Los lobos parecían haber perdido todo temor hacia los humanos, atacando incluso durante las horas del día. Algunos habitantes aseguraban que entre ellos existía un ejemplar mucho más grande que el resto, una bestia de pelaje completamente negro que parecía ser quien dirigía a los demás.<br />
<br />
Yūgen recibiría aquella información en silencio antes de emprender el camino hacia el bosque. No podía llamar demasiado la atención, mucho menos revelar sus verdaderas habilidades. Su identidad como Mori debía mantenerse intacta y cualquier muestra de poder que levantara sospechas podía poner en peligro no solamente la misión, sino también los planes que se estaban desarrollando en aquella isla.<br />
El Sarutobi avanzaría por uno de los senderos utilizados por los habitantes, observando cada detalle del terreno. No tardaría demasiado en encontrar las primeras huellas sobre el barro. Eran recientes y se dirigían hacia una zona más profunda del bosque. Yūgen seguiría el rastro con cuidado, manteniendo una mano cerca de sus armas mientras sus ojos recorrían los árboles.<br />
El silencio sería interrumpido por un gruñido.<br />
Una sombra aparecería entre los arbustos.<br />
<br />
Yūgen giraría rápidamente, encontrándose frente a uno de los lobos. El animal enseñaría los colmillos y se lanzaría contra él. El falso Mori esperaría hasta el último instante antes de apartarse, permitiendo que la bestia pasara de largo. Aprovechando el impulso del animal, Yūgen realizaría un movimiento rápido y lo derribaría contra el suelo.<br />
Pero aquel no sería el único.<br />
Otros dos lobos aparecerían detrás de él.<br />
<br />
—Tendré que hacerlo rápido...—<br />
<br />
Los animales comenzarían a rodearlo. Yūgen mantendría una postura defensiva, evitando utilizar técnicas que pudieran revelar demasiado sobre sus verdaderas capacidades. Los lobos atacarían al mismo tiempo, intentando aprovechar su número.<br />
El primero intentaría morder su brazo.<br />
Yūgen bloquearía el ataque y lo apartaría con un golpe seco.<br />
El segundo saltaría desde un costado, obligándolo a agacharse para evitar las garras. El tercero aprovecharía aquella apertura, pero el Sarutobi giraría sobre sí mismo y utilizaría una patada para lanzarlo contra un árbol.<br />
La pelea sería rápida y violenta.<br />
<br />
Sin embargo, los animales no parecían dispuestos a retirarse.<br />
Después de varios intercambios, los lobos terminarían huyendo hacia la profundidad del bosque. Yūgen no los perseguiría de inmediato. En lugar de eso, observaría las huellas que habían dejado atrás.<br />
Todas conducían hacia el mismo lugar.<br />
La cacería apenas comenzaba.<br />
<br />
El Sarutobi continuaría avanzando hasta encontrar una pequeña cueva escondida entre las raíces de varios árboles. Alrededor de la entrada había huesos, plumas y restos de animales. También había marcas recientes sobre la tierra.<br />
Entonces escucharía un aullido.<br />
Otro respondería desde la distancia.<br />
Y finalmente decenas de ellos llenarían el bosque.<br />
Yūgen comprendería que había encontrado a la manada completa.<br />
Los lobos comenzarían a aparecer entre los árboles, rodeándolo poco a poco. El Sarutobi mantendría la calma mientras analizaba sus movimientos. No podía permitirse una batalla prolongada. Cuanto más tiempo permaneciera allí, mayores serían las posibilidades de que algún habitante encontrara el lugar o de que alguien relacionado con los Capa Negra descubriera sus verdaderas capacidades.<br />
<br />
El primero atacaría.<br />
Yūgen lo esquivaría.<br />
El segundo intentaría aprovechar la apertura.<br />
También caería.<br />
<br />
Uno tras otro, los lobos comenzarían a ser derribados mediante golpes rápidos y precisos. El Sarutobi utilizaría el terreno a su favor, obligando a los animales a atacarlo desde posiciones incómodas. No necesitaría emplear ninjutsu ni técnicas demasiado llamativas; su dominio del combate cuerpo a cuerpo sería suficiente.<br />
Sin embargo, el verdadero peligro todavía no había aparecido.<br />
Un enorme gruñido recorrería el bosque.<br />
Los demás lobos se apartarían.<br />
Desde la entrada de la cueva surgiría una criatura mucho más grande que las anteriores. Su pelaje era oscuro y estaba cubierto de cicatrices. Sus colmillos sobresalían incluso cuando mantenía el hocico cerrado.<br />
El líder de la manada.<br />
<br />
Yūgen observaría al animal durante unos segundos.<br />
<br />
—Así que tú eres el problema.—<br />
<br />
La bestia cargaría con una velocidad sorprendente.<br />
<br />
Yūgen esperaría.<br />
En el último instante se movería hacia un costado, dejando que el lobo pasara junto a él. El Sarutobi aprovecharía el movimiento para golpearlo con fuerza en uno de sus costados. El animal rodaría por el suelo, pero volvería a levantarse inmediatamente.<br />
Esta vez Yūgen sería quien avanzaría.<br />
Un intercambio de golpes tendría lugar entre ambos. El lobo intentaría morderlo y utilizaría sus garras para mantenerlo alejado, mientras Yūgen respondería con bloqueos y golpes dirigidos a puntos específicos de su cuerpo.<br />
Finalmente, el Sarutobi conseguiría derribarlo.<br />
<br />
La manada restante retrocedería al observar a su líder derrotado. Algunos escaparían hacia las zonas más profundas del bosque, mientras otros simplemente permanecerían inmóviles.<br />
Yūgen no los perseguiría.<br />
Su objetivo era eliminar la amenaza que se acercaba a los habitantes, no exterminar cada criatura del bosque.<br />
Tras asegurarse de que el líder no volvería a levantarse, Yūgen limpiaría sus armas y observaría por última vez la entrada de la cueva. La misión había sido completada.<br />
<br />
El falso Mori emprendería entonces el camino de regreso hacia Puerto Nami.<br />
Mientras caminaba, su expresión permanecería seria.<br />
Aquella misión podía haber sido catalogada como rango C, pero para los habitantes del País de las Olas significaba mucho más que una simple asignación. Era una amenaza menos rondando sus hogares y una razón más para poder adentrarse nuevamente en aquellos bosques sin temor.<br />
Sin embargo, Yūgen sabía que aquella cacería no era lo verdaderamente peligroso que ocurría en la isla.<br />
<br />
Los lobos habían sido solamente una distracción.<br />
La verdadera amenaza seguía siendo aquella reunión secreta entre los líderes de los Mori y los Umi.<br />
Y mientras Yūgen regresaba al Puerto Nami utilizando el nombre que le habían otorgado, una sola pregunta permanecía en su mente:<br />
¿Cuánto tiempo más podrían seguir fingiendo que ninguno de los dos bandos estaba mostrando realmente sus colmillos?<br />
 <br />
Solo el tiempo podía decirlo...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada C] El banco de los que no volvieron]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14607</link>
			<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 15:51:10 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=723">Issei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14607</guid>
			<description><![CDATA[Cuando llegué a aquel pequeño pueblo comprendí enseguida por qué habían recurrido a solicitar los servicios de un shinobi. No porque el problema fuera difícil, sino porque nadie allí quería hablar de él.<br />
<br />
El lugar era poco más que una sucesión de casas bajas de madera levantadas alrededor de una pequeña bahía. Redes tendidas entre postes, cajas de pescado apiladas junto a los muelles y barcos que parecían haber sobrevivido a más tormentas de las que sus dueños estaban dispuestos a contar. El aire olía a sal, algas y madera húmeda, mezclado con el humo de las chimeneas, y prácticamente todos los habitantes tenían las manos marcadas por años de trabajo. Me recordaba bastante a algunas zonas de Kirigakure.<br />
<br />
El banco que buscaba estaba al final de un pequeño paseo de piedra. Era viejo, muy viejo, con la madera grisácea por la sal y varias reparaciones hechas con tablas de distintos colores. No era bonito ni especialmente cómodo, pero estaba colocado en un punto desde el que se veía toda la bahía. Faltaban tres tablas las cuales no estaban rotas, sino que habían sido arrancadas.<br />
<br />
Me agaché frente a él y pasé los dedos por uno de los huecos. Las marcas de los clavos eran recientes; la madera había sido extraída con cuidado, probablemente con una herramienta sencilla de palanca. Miré hacia el agua y después hacia el pueblo.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Y nadie ha visto nada?</span></span><br />
<br />
El anciano que me había entregado la misión negó con la cabeza.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Por la noche no solemos salir.</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> ¿Y durante el día?</span></span><br />
<br />
Vaciló un instante.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Durante el día… tampoco.</span></span><br />
<br />
Levanté una ceja, pero no insistí. La gente que no quiere hablar suele decir más con lo que evita que con lo que responde.<br />
<br />
Pasé la mañana preguntando a pescadores, comerciantes y vecinos. Las respuestas fueron siempre las mismas: nadie sabía nada, nadie había visto a nadie, nadie entendía por qué alguien querría destruir un banco. Demasiadas coincidencias para un lugar tan pequeño.<br />
<br />
Al mediodía volví a la bahía y me senté en él para entender por qué aquel sitio importaba tanto. Desde allí se veía el pueblo entero, el mar abierto, los barcos entrando y saliendo y una pequeña isla rocosa a lo lejos.<br />
<br />
Esperé una hora, después otra.<br />
<br />
No ocurrió nada, y empecé a pensar que quizá estaba perdiendo el tiempo, hasta que vi a un pescador anciano salir de una casa, acercarse al banco y quedarse mirándolo durante varios segundos. No se sentó ni se acercó más, solo me observó y se marchó.<br />
<br />
Al día siguiente repetí la misma rutina. Esta vez aparecieron dos personas: una mujer dejó unas flores junto a una de las patas antes de irse sin decir nada, y un joven se detuvo unos segundos antes de seguir su camino. Nadie se sentaba ni parecían querer hacerlo. Fue entonces cuando entendí que el banco no era un banco, al menos no para ellos, sino un lugar, un recuerdo… y alguien estaba arrancando sus tablas.<br />
<br />
Esperé hasta el anochecer y cuando la mayoría de las ventanas del pueblo comenzaron a iluminarse, escuché un sonido: era un golpe seco seguido de otro, como si fuera madera contra madera. Me oculté entre dos construcciones cercanas y observé.<br />
<br />
Una figura apareció en la oscuridad. Era un muchacho de dieciséis o diecisiete años, con una bolsa de herramientas al hombro y una determinación extraña. Se arrodilló frente al banco, sacó una palanca y comenzó a arrancar otra tabla. No lo detuve, pues quería ver qué hacía después.<br />
<br />
Cuando la liberó, la sostuvo unos segundos y luego la lanzó al mar. La madera golpeó el agua y desapareció entre las olas.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Por qué haces eso?</span></span><br />
<br />
Se quedó inmóvil y giró la cabeza, pero no respondió. Yo me acerqué despacio.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Llevas semanas haciéndolo.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No sé de qué hablas.</span></span><br />
<br />
Miré la herramienta en su mano. No parecía un criminal, sino más bien una persona enfadada, eso cambiaba mucho las cosas.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Quién te mandó?</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nadie.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Entonces, ¿por qué?</span></span><br />
<br />
No respondió, por lo que me acerqué un poco más.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Si quisieras destruirlo, lo habrías quemado. Si quisieras vender la madera, la habrías aprovechado. Si quisieras molestar a alguien, hay formas más fáciles.</span></span><br />
<br />
Se quedó mirando el mar—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No quiero destruirlo.</span></span><br />
<br />
Aquella respuesta sí me interesó<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Entonces, ¿qué estás haciendo?</span></span><br />
<br />
Tardó unos segundos en responder—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Quitando las tablas.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Eso ya lo había visto.</span></span><br />
<br />
Apretó la mandíbula.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Porque ellos siguen viniendo</span></span> —señaló el banco—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Los que se fueron.</span></span><br />
<br />
Guardé silencio, dejando que el muchacho hablara, quien me explicó todo poco a poco. Aquel banco había sido construido por los pescadores del pueblo como punto de encuentro para las familias que esperaban el regreso de los barcos. Con los años, las tormentas se llevaron embarcaciones enteras: algunos perdieron a uno, otros a dos, otros a casi todos. El banco terminó convertido en un memorial improvisado.<br />
<br />
El problema era que el pueblo había empezado a idealizar a los desaparecidos, y su padre era uno de ellos. Para los demás, era un pescador valiente, un buen hombre, alguien que murió haciendo su trabajo. Para el muchacho, en cambio, era alguien distinto: un hombre que volvía borracho, que discutía, que desaparecía dinero, que dejaba a su madre esperando junto a la ventana. No quería que lo convirtieran en un héroe solo porque había muerto, por eso arrancaba las tablas. No para destruir el banco, sino para impedir que el pueblo siguiera construyendo una versión que no existía.<br />
<br />
Lo observé unos segundos sin sentir pena ni indignación, solo buscando una solución práctica.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Y qué crees que conseguirás tirándolas al mar?</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Que algún día desaparezca.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">No va a desaparecer</span></span> —señalé el banco—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Lo van a reparar.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Entonces volveré a quitarlas.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Y ellos volverán a ponerlas.</span></span><br />
<br />
El silencio se hizo pesado, aquel chico por primera vez parecía no tener respuesta.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Estás perdiendo.</span></span><br />
<br />
Aquello le dolió más de lo que esperaba.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No quiero ganar.</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> Entonces... ¿tampoco sabes lo qué quieres?</span></span><br />
<br />
El silencio se prolongó hasta que le pregunté por la última tabla. Él señaló el agua y yo la localicé entre unas rocas, a pocos metros de la orilla.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Vamos.</span></span><br />
<br />
— <span style="color: #008e02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Adónde?</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">A buscarla.</span></span><br />
<br />
Me miró sin entender nada<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> Si vas a seguir haciéndolo, al menos aprende a no destrozarlas.</span></span><br />
<br />
Entramos en el agua y recuperamos la tabla, después volvimos al banco. No lo obligué a colocarla; lo hizo él mismo.<br />
<br />
Al día siguiente, el pueblo entero parecía saber lo ocurrido, pero el anciano que había solicitado la misión se limitó a acercarse al muchacho y preguntarle si quería hablar. El chico dijo que no, así que el anciano respondió que entonces podía esperar y se sentó en el banco. Por primera vez en mucho tiempo, alguien ocupó aquel lugar sin mirar al mar como si esperara un fantasma.<br />
<br />
Observé la escena desde unos metros, la misión había terminado. Antes de marcharme me quedé mirando las tablas reparadas: algunas nuevas, otras antiguas, una incluso con las marcas originales de los clavos. Quizá aquello era lo más parecido que tenía el pueblo a una memoria: no era perfecta ni limpia, pero sí resistente.<br />
<br />
No terminaba de entender por qué aquel anciano había pagado por una misión de rango C para resolver algo que, desde fuera, parecía tan insignificante. Aquello se podría haber resuelto pagando mucho menos. Pero supongo que el valor de las cosas es algo completamente subjetivo; lo que para mí podía ser una pérdida de tiempo, para otra persona podía significar suficiente como para pagar de más por ello.<br />
<br />
Al menos había aprendido algo durante aquella misión: No siempre era necesario que algo tuviera un gran valor para merecer ser protegido.<br />
<br />
Me di la vuelta y emprendí el camino de regreso.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Cuando llegué a aquel pequeño pueblo comprendí enseguida por qué habían recurrido a solicitar los servicios de un shinobi. No porque el problema fuera difícil, sino porque nadie allí quería hablar de él.<br />
<br />
El lugar era poco más que una sucesión de casas bajas de madera levantadas alrededor de una pequeña bahía. Redes tendidas entre postes, cajas de pescado apiladas junto a los muelles y barcos que parecían haber sobrevivido a más tormentas de las que sus dueños estaban dispuestos a contar. El aire olía a sal, algas y madera húmeda, mezclado con el humo de las chimeneas, y prácticamente todos los habitantes tenían las manos marcadas por años de trabajo. Me recordaba bastante a algunas zonas de Kirigakure.<br />
<br />
El banco que buscaba estaba al final de un pequeño paseo de piedra. Era viejo, muy viejo, con la madera grisácea por la sal y varias reparaciones hechas con tablas de distintos colores. No era bonito ni especialmente cómodo, pero estaba colocado en un punto desde el que se veía toda la bahía. Faltaban tres tablas las cuales no estaban rotas, sino que habían sido arrancadas.<br />
<br />
Me agaché frente a él y pasé los dedos por uno de los huecos. Las marcas de los clavos eran recientes; la madera había sido extraída con cuidado, probablemente con una herramienta sencilla de palanca. Miré hacia el agua y después hacia el pueblo.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Y nadie ha visto nada?</span></span><br />
<br />
El anciano que me había entregado la misión negó con la cabeza.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Por la noche no solemos salir.</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> ¿Y durante el día?</span></span><br />
<br />
Vaciló un instante.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">Durante el día… tampoco.</span></span><br />
<br />
Levanté una ceja, pero no insistí. La gente que no quiere hablar suele decir más con lo que evita que con lo que responde.<br />
<br />
Pasé la mañana preguntando a pescadores, comerciantes y vecinos. Las respuestas fueron siempre las mismas: nadie sabía nada, nadie había visto a nadie, nadie entendía por qué alguien querría destruir un banco. Demasiadas coincidencias para un lugar tan pequeño.<br />
<br />
Al mediodía volví a la bahía y me senté en él para entender por qué aquel sitio importaba tanto. Desde allí se veía el pueblo entero, el mar abierto, los barcos entrando y saliendo y una pequeña isla rocosa a lo lejos.<br />
<br />
Esperé una hora, después otra.<br />
<br />
No ocurrió nada, y empecé a pensar que quizá estaba perdiendo el tiempo, hasta que vi a un pescador anciano salir de una casa, acercarse al banco y quedarse mirándolo durante varios segundos. No se sentó ni se acercó más, solo me observó y se marchó.<br />
<br />
Al día siguiente repetí la misma rutina. Esta vez aparecieron dos personas: una mujer dejó unas flores junto a una de las patas antes de irse sin decir nada, y un joven se detuvo unos segundos antes de seguir su camino. Nadie se sentaba ni parecían querer hacerlo. Fue entonces cuando entendí que el banco no era un banco, al menos no para ellos, sino un lugar, un recuerdo… y alguien estaba arrancando sus tablas.<br />
<br />
Esperé hasta el anochecer y cuando la mayoría de las ventanas del pueblo comenzaron a iluminarse, escuché un sonido: era un golpe seco seguido de otro, como si fuera madera contra madera. Me oculté entre dos construcciones cercanas y observé.<br />
<br />
Una figura apareció en la oscuridad. Era un muchacho de dieciséis o diecisiete años, con una bolsa de herramientas al hombro y una determinación extraña. Se arrodilló frente al banco, sacó una palanca y comenzó a arrancar otra tabla. No lo detuve, pues quería ver qué hacía después.<br />
<br />
Cuando la liberó, la sostuvo unos segundos y luego la lanzó al mar. La madera golpeó el agua y desapareció entre las olas.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Por qué haces eso?</span></span><br />
<br />
Se quedó inmóvil y giró la cabeza, pero no respondió. Yo me acerqué despacio.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Llevas semanas haciéndolo.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No sé de qué hablas.</span></span><br />
<br />
Miré la herramienta en su mano. No parecía un criminal, sino más bien una persona enfadada, eso cambiaba mucho las cosas.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Quién te mandó?</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nadie.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Entonces, ¿por qué?</span></span><br />
<br />
No respondió, por lo que me acerqué un poco más.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Si quisieras destruirlo, lo habrías quemado. Si quisieras vender la madera, la habrías aprovechado. Si quisieras molestar a alguien, hay formas más fáciles.</span></span><br />
<br />
Se quedó mirando el mar—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No quiero destruirlo.</span></span><br />
<br />
Aquella respuesta sí me interesó<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Entonces, ¿qué estás haciendo?</span></span><br />
<br />
Tardó unos segundos en responder—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Quitando las tablas.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Eso ya lo había visto.</span></span><br />
<br />
Apretó la mandíbula.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Porque ellos siguen viniendo</span></span> —señaló el banco—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Los que se fueron.</span></span><br />
<br />
Guardé silencio, dejando que el muchacho hablara, quien me explicó todo poco a poco. Aquel banco había sido construido por los pescadores del pueblo como punto de encuentro para las familias que esperaban el regreso de los barcos. Con los años, las tormentas se llevaron embarcaciones enteras: algunos perdieron a uno, otros a dos, otros a casi todos. El banco terminó convertido en un memorial improvisado.<br />
<br />
El problema era que el pueblo había empezado a idealizar a los desaparecidos, y su padre era uno de ellos. Para los demás, era un pescador valiente, un buen hombre, alguien que murió haciendo su trabajo. Para el muchacho, en cambio, era alguien distinto: un hombre que volvía borracho, que discutía, que desaparecía dinero, que dejaba a su madre esperando junto a la ventana. No quería que lo convirtieran en un héroe solo porque había muerto, por eso arrancaba las tablas. No para destruir el banco, sino para impedir que el pueblo siguiera construyendo una versión que no existía.<br />
<br />
Lo observé unos segundos sin sentir pena ni indignación, solo buscando una solución práctica.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">¿Y qué crees que conseguirás tirándolas al mar?</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Que algún día desaparezca.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">No va a desaparecer</span></span> —señalé el banco—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Lo van a reparar.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Entonces volveré a quitarlas.</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Y ellos volverán a ponerlas.</span></span><br />
<br />
El silencio se hizo pesado, aquel chico por primera vez parecía no tener respuesta.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Estás perdiendo.</span></span><br />
<br />
Aquello le dolió más de lo que esperaba.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">No quiero ganar.</span></span><br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> Entonces... ¿tampoco sabes lo qué quieres?</span></span><br />
<br />
El silencio se prolongó hasta que le pregunté por la última tabla. Él señaló el agua y yo la localicé entre unas rocas, a pocos metros de la orilla.<br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Vamos.</span></span><br />
<br />
— <span style="color: #008e02;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Adónde?</span></span><br />
<br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">A buscarla.</span></span><br />
<br />
Me miró sin entender nada<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color"> Si vas a seguir haciéndolo, al menos aprende a no destrozarlas.</span></span><br />
<br />
Entramos en el agua y recuperamos la tabla, después volvimos al banco. No lo obligué a colocarla; lo hizo él mismo.<br />
<br />
Al día siguiente, el pueblo entero parecía saber lo ocurrido, pero el anciano que había solicitado la misión se limitó a acercarse al muchacho y preguntarle si quería hablar. El chico dijo que no, así que el anciano respondió que entonces podía esperar y se sentó en el banco. Por primera vez en mucho tiempo, alguien ocupó aquel lugar sin mirar al mar como si esperara un fantasma.<br />
<br />
Observé la escena desde unos metros, la misión había terminado. Antes de marcharme me quedé mirando las tablas reparadas: algunas nuevas, otras antiguas, una incluso con las marcas originales de los clavos. Quizá aquello era lo más parecido que tenía el pueblo a una memoria: no era perfecta ni limpia, pero sí resistente.<br />
<br />
No terminaba de entender por qué aquel anciano había pagado por una misión de rango C para resolver algo que, desde fuera, parecía tan insignificante. Aquello se podría haber resuelto pagando mucho menos. Pero supongo que el valor de las cosas es algo completamente subjetivo; lo que para mí podía ser una pérdida de tiempo, para otra persona podía significar suficiente como para pagar de más por ello.<br />
<br />
Al menos había aprendido algo durante aquella misión: No siempre era necesario que algo tuviera un gran valor para merecer ser protegido.<br />
<br />
Me di la vuelta y emprendí el camino de regreso.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[un dulce chico sin historia en tierras nuevas]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14589</link>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 23:38:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=751">Raizen Sarutobi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14589</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El barco había atracado hacía apenas unos minutos, y el aire salado del Puerto de Nami todavía se sentía extraño en los pulmones de alguien acostumbrado al viento seco de Konoha. Raizen bajó por la pasarela de madera con el abrigo blanco con rayas carmesí ondeando un poco por la brisa, las manos metidas en los bolsillos y la mirada recorriendo cada rincón del puerto: los pescadores descargando cajones repletos de pescado fresco, los comerciantes gritando precios entre sí, el ir y venir constante de gente que no conocía a nadie más que a sí misma. El ruido de los tablones bajo sus sandalias, el chillido lejano de las gaviotas, el crujido de los barcos meciéndose contra los muelles, el olor mezclado a sal, madera húmeda y pescado: todo se sentía nuevo, casi ajeno, comparado con la calma ordenada de la aldea que había dejado atrás. Ni siquiera el clima era el mismo; la humedad se pegaba a la piel de una forma distinta al calor seco de Konoha, y por un momento Raizen se preguntó cuánto tiempo tardaría en acostumbrarse.</span></span><br />
                                                                                      <br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Nadie ahí sabía que era un Sarutobi. Nadie sabía que venía de Konoha, ni que cargaba con un apellido relevante en Konohagakure, ni con la sombra constante de sus hermanos siguiéndolo a todos lados como una comparación. Y por primera vez en mucho tiempo, eso se sintió como un alivio, casi vergonzoso de disfrutar tanto. Caminar entre desconocidos sin que nadie supiera su nombre real tenía algo liberador que no esperaba sentir tan rápido. </span></span><br />
                                                                    <br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En su hombro, Amaru soltó un chillido bajo, casi un quejido, acomodándose contra el cuello del abrigo como si buscara esconderse del bullicio del puerto, sus ojitos entrecerrados por el resplandor del sol reflejado en el agua.</span></span><br />
                                                                    <br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Sí, yo igual estoy un poco abrumado, Amaru...</span> —murmuró Raizen, más para sí mismo que para el mono, con media sonrisa asomándole en la cara—. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Pero mejor esto que estar ahí escuchando discursos aburridos, ¿no? Al menos acá el aire se mueve.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El barco había atracado hacía apenas unos minutos, y el aire salado del Puerto de Nami todavía se sentía extraño en los pulmones de alguien acostumbrado al viento seco de Konoha. Raizen bajó por la pasarela de madera con el abrigo blanco con rayas carmesí ondeando un poco por la brisa, las manos metidas en los bolsillos y la mirada recorriendo cada rincón del puerto: los pescadores descargando cajones repletos de pescado fresco, los comerciantes gritando precios entre sí, el ir y venir constante de gente que no conocía a nadie más que a sí misma. El ruido de los tablones bajo sus sandalias, el chillido lejano de las gaviotas, el crujido de los barcos meciéndose contra los muelles, el olor mezclado a sal, madera húmeda y pescado: todo se sentía nuevo, casi ajeno, comparado con la calma ordenada de la aldea que había dejado atrás. Ni siquiera el clima era el mismo; la humedad se pegaba a la piel de una forma distinta al calor seco de Konoha, y por un momento Raizen se preguntó cuánto tiempo tardaría en acostumbrarse.</span></span><br />
                                                                                      <br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Nadie ahí sabía que era un Sarutobi. Nadie sabía que venía de Konoha, ni que cargaba con un apellido relevante en Konohagakure, ni con la sombra constante de sus hermanos siguiéndolo a todos lados como una comparación. Y por primera vez en mucho tiempo, eso se sintió como un alivio, casi vergonzoso de disfrutar tanto. Caminar entre desconocidos sin que nadie supiera su nombre real tenía algo liberador que no esperaba sentir tan rápido. </span></span><br />
                                                                    <br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En su hombro, Amaru soltó un chillido bajo, casi un quejido, acomodándose contra el cuello del abrigo como si buscara esconderse del bullicio del puerto, sus ojitos entrecerrados por el resplandor del sol reflejado en el agua.</span></span><br />
                                                                    <br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Sí, yo igual estoy un poco abrumado, Amaru...</span> —murmuró Raizen, más para sí mismo que para el mono, con media sonrisa asomándole en la cara—. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Pero mejor esto que estar ahí escuchando discursos aburridos, ¿no? Al menos acá el aire se mueve.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Autonarrada C] La estatuilla]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14584</link>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 16:53:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=705">Orión Hoshigaki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14584</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">50 de Verano del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">País de las Olas</span></span></span></div>
<br />
El santuario olía a madera mojada, piedra vieja y sal. Orión decidió que aquello era una buena señal. Los lugares cercanos al mar debían oler al mar; cualquier otra cosa era sospechosa. Permaneció unos segundos frente a la construcción, contemplando el techo parcialmente desmontado, los tablones apilados junto al sendero y las cuerdas utilizadas por los trabajadores para subir materiales. El edificio se encontraba sobre una elevación rocosa del País de las Olas, suficientemente cerca de la costa para recibir constantemente la brisa marina, pero bastante alto como para que las olas solamente pudieran amenazarlo durante las peores tormentas. Según le habían explicado, llevaba generaciones allí. Orión no sabía cuántas generaciones eran exactamente. Cuando los ancianos hablaban de esas cosas siempre utilizaban palabras como «ancestral» en lugar de proporcionar números útiles. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Se perdió durante las obras</span> <br />
<br />
Explicó nuevamente el encargado, señalando un pedestal vacío dentro del santuario<br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Es pequeña. De piedra gris. Tiene forma de criatura marina. </span><br />
<br />
Orión observó el hueco. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Pez? </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-No exactamente. </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Tiburón? </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Tampoco. </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Pulpo? </span></span></span><br />
<br />
El hombre frunció ligeramente el ceño. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Nadie está completamente seguro. </span><br />
<br />
Orión asintió lentamente. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Buen escultor. </span></span></span><br />
<br />
No hubo respuesta. El Hoshigaki tampoco esperaba una. Se agachó frente al pedestal y apoyó dos dedos sobre la piedra. Había polvo alrededor de la base, excepto por una superficie irregular donde había descansado la reliquia. Aquello confirmaba al menos que la estatuilla había estado allí recientemente. No era una de esas historias donde alguien denunciaba la desaparición de algo que nadie veía desde hacía cuarenta años. Después miró alrededor. Había demasiadas personas entrando y saliendo del santuario como para confiar únicamente en las huellas, trabajadores, sacerdotes, habitantes que colaboraban con la restauración y algún curioso habían contaminado el suelo durante días.<br />
<br />
Orión aspiró lentamente por la nariz. Madera. Sudor. Aceite. Polvo. Salitre. Algas. Un perfume demasiado dulce que le produjo una mueca inmediata. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Puaj.</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Encontraste algo? </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Perfume. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Y eso ayuda? </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-No. </span></span></span><br />
<br />
Se incorporó y comenzó a caminar alrededor del pedestal. No buscaba solamente marcas evidentes. Observaba las pequeñas incoherencias: una herramienta desplazada, polvo removido, una cuerda cortada, algo que hubiese cambiado después de retirar la pieza. Finalmente encontró una pequeña raspadura sobre la madera de una de las paredes laterales y, debajo, diminutos restos de piedra gris. La estatuilla había pasado por allí. Probablemente dentro de algún saco o envuelta en tela, porque no había daños suficientes para indicar que hubiese sido arrastrada directamente. Salió del santuario. No preguntó inmediatamente quién podía haberla robado. Esa clase de preguntas tenía la mala costumbre de conseguir exactamente la respuesta que cada persona quería proporcionar. Preguntó quién había trabajado allí durante los últimos días, quién transportaba los escombros y dónde terminaban los materiales retirados. Descubrió entonces que varias carretillas descendían diariamente hasta un depósito improvisado cercano al pueblo. Madera reutilizable hacia un lado, piedra hacia otro y desperdicios directamente hacia una zona donde posteriormente eran recogidos.<br />
<br />
Orión miró el camino, después miró el santuario y finalmente volvió a mirar el camino.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je, je, je...</span></span></span> <br />
<br />
El encargado levantó una ceja. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Qué ocurre?</span> <br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-Puede que vuestro ladrón sea bastante estúpido.</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Por qué? </span><br />
<br />
Orión comenzó a descender. -<br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-Porque quizás no existe.</span></span></span> <br />
<br />
El camino estaba húmedo y conservaba algunas marcas de las carretillas utilizadas durante la restauración. Orión avanzó sin apresurarse. Contó sus pasos casi por costumbre mientras dejaba que el aire transportara los olores del lugar. Ciento diecisiete. Ciento dieciocho. Ciento diecinueve. En el ciento veintitrés encontró algo interesante junto al margen del sendero: una pequeña esquirla de piedra gris. La recogió, la olió y finalmente la mordió. Permaneció inmóvil durante un instante. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Piedra. Evidentemente. </span></span></span><br />
<br />
Guardó la esquirla y continuó hasta el depósito. Allí la investigación se volvió bastante menos elegante. Había montones de madera podrida, fragmentos de tejas, sogas, sacos, herramientas rotas y piedras retiradas durante la restauración. Orión permaneció frente a aquella montaña de desperdicios con las manos apoyadas en la cintura. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Camarón que se duerme se lo lleva la corriente... </span></span></span><br />
<br />
Resopló mientras observaba el montón<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Y tiburón que acepta misión termina revolviendo basura.</span></span></span><br />
<br />
Comenzó a buscar. No encontró la estatuilla. Encontró un anzuelo oxidado que terminó inmediatamente dentro de uno de sus bolsillos. Encontró también una moneda agujereada, tres clavos torcidos y un pequeño fragmento de red endurecida por la sal. El segundo objeto también desapareció dentro de sus pertenencias.  Técnicamente aquello no formaba parte de la misión, pero el mar y sus alrededores tenían una costumbre curiosa de abandonar cosas frente a él y Orión consideraba descortés ignorarlas. Después encontró el saco. Estaba debajo de varias tablas, abierto por uno de sus extremos. Entre el polvo permanecían pequeños fragmentos de piedra gris idénticos al recogido anteriormente. Orión lo levantó y descubrió una abertura irregular en el tejido. No parecía realizada con una herramienta. Algo pesado había golpeado desde dentro hasta romper las fibras. Siguió el suelo con la mirada. Una pequeña marca descendía hacia la costa. Luego otra. Después otra. Como si un objeto hubiese caído, rodado y continuado pendiente abajo. Orión permaneció unos segundos completamente quieto antes de levantar la mirada hacia el océano. El sendero terminaba en un desnivel rocoso. Abajo estaba el mar. Y la marea estaba subiendo.<br />
<br />
<br />
Orión permaneció en lo alto del desnivel observando cómo el agua golpeaba las rocas. No necesitaba demasiada imaginación para reconstruir lo ocurrido. La estatuilla había terminado accidentalmente entre los materiales retirados del santuario, había sido transportada dentro de aquel saco y, en algún punto del recorrido, atravesó la tela. La pendiente hizo el resto. No había ladrón, conspiración ni profanador de reliquias. Solo una sucesión bastante eficiente de errores humanos. El problema era que explicarlo sin recuperar la pieza seguía significando regresar con las manos vacías. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Qué bien. </span></span></span><br />
<br />
Descendió. Las primeras rocas resultaron sencillas. Las siguientes estaban cubiertas de algas y exigieron mayor cuidado. Orión avanzó lentamente, clavando las botas antes de trasladar el peso de su enorme cuerpo. Abajo, el oleaje entraba y salía de pequeñas cavidades abiertas entre las piedras. Cada retirada del agua dejaba unos segundos de superficie expuesta antes de cubrirla nuevamente. Observó. Esperó. Contó. Una ola. Dos. Tres. Había un ritmo. El mar siempre tenía uno.<br />
<br />
Orión descendió hasta una plataforma inferior y aspiró profundamente. Allí su olfato servía de poco; todo era sal, humedad, peces y vegetación marina. Así que utilizó los ojos. Buscó fragmentos grises entre piedras oscuras, señales de golpes recientes y cualquier trayectoria lógica desde la pendiente. Encontró otra esquirla. Después una segunda. La dirección llevaba hacia una grieta parcialmente inundada. <br />
<br />
Se agachó frente a ella. El espacio era suficientemente grande para introducir un brazo, aunque no para observar cómodamente el interior. Metió la mano. Nada. Retiró el brazo cuando llegó la siguiente ola. Esperó. Volvió a intentarlo. Sus dedos tocaron piedra, conchas y algo que se movió rápidamente. Orión retiró la mano y miró la grieta. Introdujo nuevamente el brazo y esta vez avanzó más. Tanteó el fondo hasta encontrar una superficie tallada. Cerró los dedos alrededor del objeto justo cuando escuchó romper una ola contra las rocas exteriores. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Mierda.</span></span></span> <br />
<br />
El agua entró con violencia. Orión apoyó el otro brazo contra la piedra y soportó el impacto mientras la espuma le cubría medio cuerpo. Durante unos segundos únicamente existieron el estruendo del agua y la presión intentando empujarlo hacia atrás. Cuando la corriente retrocedió, continuaba allí. También seguía sujetando algo.<br />
<br />
Sacó lentamente el brazo. Una criatura marina de piedra apareció entre sus dedos. Orión la contempló. Tenía cuerpo redondeado, varias protuberancias semejantes a aletas, una boca exageradamente grande y unos ojos tallados en direcciones ligeramente distintas. Comprendió inmediatamente por qué nadie había podido decirle qué animal representaba. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Eres feo."</span></span> La estatuilla permaneció en silencio. Orión arqueó una comisura. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Nos vamos a llevar bien."  </span></span><br />
<br />
Regresó al santuario cuando el sol comenzaba a caer. Llegó empapado desde la cintura hacia abajo y con algas enganchadas en una de las botas. El encargado salió a recibirlo apenas distinguió su silueta subiendo por el sendero. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿La encontraste?</span><br />
<br />
Orión levantó la mano. La expresión del hombre cambió inmediatamente. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¡La encontraste!</span><br />
<br />
Varias personas abandonaron sus tareas y se acercaron. Orión entregó la estatuilla sin ceremonia. El encargado la sostuvo con ambas manos, comprobando rápidamente los pequeños daños producidos durante la caída. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Quién la tenía? </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-El mar. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿El mar? </span><br />
<br />
Orión señaló el depósito con el pulgar. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-La metieron en un saco con los escombros. Se rompió. Rodó pendiente abajo.</span></span></span><br />
<br />
El silencio posterior resultó incómodo. Uno de los trabajadores miró hacia otro lado. Otro fingió encontrar extremadamente interesante una tabla. Orión observó aquella reacción colectiva y entendió que probablemente acababa de resolver también quién había preparado los sacos, aunque no veía ninguna utilidad en señalarlo. Nadie había intentado robar nada. Alguien había cometido un error y después el miedo había hecho crecer la historia. El encargado bajó la mirada hacia la reliquia. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Los ancianos dicen que protege a quienes navegan estas aguas. Pensamos que alguien podía haberla robado para venderla.</span> <br />
<br />
Orión miró la figura. Después observó el océano. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Mal protector</span></span></span>. <br />
<br />
El hombre parpadeó. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Cómo?</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Se cayó al agua.</span></span></span><br />
<br />
Un trabajador soltó una carcajada que intentó convertir inmediatamente en tos. Orión permaneció completamente serio durante dos segundos más antes de dejar escapar su característica risa grave. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je, je, je.</span></span></span> <br />
<br />
La estatuilla regresó a su pedestal. Orión comprobó personalmente que esta vez quedara suficientemente estable antes de apartarse. Cuando los trabajadores retomaron sus tareas, abandonó el santuario y descendió nuevamente hacia la costa. No tenía necesidad de quedarse. La misión estaba terminada. <br />
<br />
Antes de marcharse, se sentó sobre una roca frente al océano. Sacó de su bolsillo el anzuelo oxidado encontrado entre los escombros. Lo hizo girar entre sus enormes dedos mientras contemplaba el horizonte. No tenía ningún valor. Precisamente por eso le gustaba. Otro cachivache sin importancia para cualquiera que no fuese él. Otro momento. Sacó su cuaderno. Escribía únicamente frente al mar, así que aquel era un lugar tan bueno como cualquier otro. Permaneció varios segundos pensando antes de dejar unas pocas palabras sobre el papel. "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si algo que protege a los navegantes termina perdido en el mar, quizá hasta los guardianes necesitan que alguien los saque del agua de vez en cuando." </span></span>Lo leyó. Frunció el ceño. Demasiado profundo. Tachó una parte. "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La piedra no sabe nadar."</span></span> Mucho mejor. Guardó el cuaderno y después depositó el anzuelo junto a los demás objetos de su colección. La brisa le golpeó el rostro y Orión permaneció allí unos segundos más, inmóvil, escuchando las olas. Se puso de pie y emprendió el camino de regreso sin mirar atrás. El mar continuó golpeando las piedras exactamente igual que antes de su llegada, indiferente a reliquias, misiones y hombres. Orión prefería que fuera así. Al menos el mar nunca fingía ser otra cosa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">50 de Verano del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">País de las Olas</span></span></span></div>
<br />
El santuario olía a madera mojada, piedra vieja y sal. Orión decidió que aquello era una buena señal. Los lugares cercanos al mar debían oler al mar; cualquier otra cosa era sospechosa. Permaneció unos segundos frente a la construcción, contemplando el techo parcialmente desmontado, los tablones apilados junto al sendero y las cuerdas utilizadas por los trabajadores para subir materiales. El edificio se encontraba sobre una elevación rocosa del País de las Olas, suficientemente cerca de la costa para recibir constantemente la brisa marina, pero bastante alto como para que las olas solamente pudieran amenazarlo durante las peores tormentas. Según le habían explicado, llevaba generaciones allí. Orión no sabía cuántas generaciones eran exactamente. Cuando los ancianos hablaban de esas cosas siempre utilizaban palabras como «ancestral» en lugar de proporcionar números útiles. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Se perdió durante las obras</span> <br />
<br />
Explicó nuevamente el encargado, señalando un pedestal vacío dentro del santuario<br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Es pequeña. De piedra gris. Tiene forma de criatura marina. </span><br />
<br />
Orión observó el hueco. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Pez? </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-No exactamente. </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Tiburón? </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Tampoco. </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Pulpo? </span></span></span><br />
<br />
El hombre frunció ligeramente el ceño. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Nadie está completamente seguro. </span><br />
<br />
Orión asintió lentamente. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Buen escultor. </span></span></span><br />
<br />
No hubo respuesta. El Hoshigaki tampoco esperaba una. Se agachó frente al pedestal y apoyó dos dedos sobre la piedra. Había polvo alrededor de la base, excepto por una superficie irregular donde había descansado la reliquia. Aquello confirmaba al menos que la estatuilla había estado allí recientemente. No era una de esas historias donde alguien denunciaba la desaparición de algo que nadie veía desde hacía cuarenta años. Después miró alrededor. Había demasiadas personas entrando y saliendo del santuario como para confiar únicamente en las huellas, trabajadores, sacerdotes, habitantes que colaboraban con la restauración y algún curioso habían contaminado el suelo durante días.<br />
<br />
Orión aspiró lentamente por la nariz. Madera. Sudor. Aceite. Polvo. Salitre. Algas. Un perfume demasiado dulce que le produjo una mueca inmediata. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Puaj.</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Encontraste algo? </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Perfume. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Y eso ayuda? </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-No. </span></span></span><br />
<br />
Se incorporó y comenzó a caminar alrededor del pedestal. No buscaba solamente marcas evidentes. Observaba las pequeñas incoherencias: una herramienta desplazada, polvo removido, una cuerda cortada, algo que hubiese cambiado después de retirar la pieza. Finalmente encontró una pequeña raspadura sobre la madera de una de las paredes laterales y, debajo, diminutos restos de piedra gris. La estatuilla había pasado por allí. Probablemente dentro de algún saco o envuelta en tela, porque no había daños suficientes para indicar que hubiese sido arrastrada directamente. Salió del santuario. No preguntó inmediatamente quién podía haberla robado. Esa clase de preguntas tenía la mala costumbre de conseguir exactamente la respuesta que cada persona quería proporcionar. Preguntó quién había trabajado allí durante los últimos días, quién transportaba los escombros y dónde terminaban los materiales retirados. Descubrió entonces que varias carretillas descendían diariamente hasta un depósito improvisado cercano al pueblo. Madera reutilizable hacia un lado, piedra hacia otro y desperdicios directamente hacia una zona donde posteriormente eran recogidos.<br />
<br />
Orión miró el camino, después miró el santuario y finalmente volvió a mirar el camino.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je, je, je...</span></span></span> <br />
<br />
El encargado levantó una ceja. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Qué ocurre?</span> <br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-Puede que vuestro ladrón sea bastante estúpido.</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Por qué? </span><br />
<br />
Orión comenzó a descender. -<br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-Porque quizás no existe.</span></span></span> <br />
<br />
El camino estaba húmedo y conservaba algunas marcas de las carretillas utilizadas durante la restauración. Orión avanzó sin apresurarse. Contó sus pasos casi por costumbre mientras dejaba que el aire transportara los olores del lugar. Ciento diecisiete. Ciento dieciocho. Ciento diecinueve. En el ciento veintitrés encontró algo interesante junto al margen del sendero: una pequeña esquirla de piedra gris. La recogió, la olió y finalmente la mordió. Permaneció inmóvil durante un instante. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Piedra. Evidentemente. </span></span></span><br />
<br />
Guardó la esquirla y continuó hasta el depósito. Allí la investigación se volvió bastante menos elegante. Había montones de madera podrida, fragmentos de tejas, sogas, sacos, herramientas rotas y piedras retiradas durante la restauración. Orión permaneció frente a aquella montaña de desperdicios con las manos apoyadas en la cintura. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Camarón que se duerme se lo lleva la corriente... </span></span></span><br />
<br />
Resopló mientras observaba el montón<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Y tiburón que acepta misión termina revolviendo basura.</span></span></span><br />
<br />
Comenzó a buscar. No encontró la estatuilla. Encontró un anzuelo oxidado que terminó inmediatamente dentro de uno de sus bolsillos. Encontró también una moneda agujereada, tres clavos torcidos y un pequeño fragmento de red endurecida por la sal. El segundo objeto también desapareció dentro de sus pertenencias.  Técnicamente aquello no formaba parte de la misión, pero el mar y sus alrededores tenían una costumbre curiosa de abandonar cosas frente a él y Orión consideraba descortés ignorarlas. Después encontró el saco. Estaba debajo de varias tablas, abierto por uno de sus extremos. Entre el polvo permanecían pequeños fragmentos de piedra gris idénticos al recogido anteriormente. Orión lo levantó y descubrió una abertura irregular en el tejido. No parecía realizada con una herramienta. Algo pesado había golpeado desde dentro hasta romper las fibras. Siguió el suelo con la mirada. Una pequeña marca descendía hacia la costa. Luego otra. Después otra. Como si un objeto hubiese caído, rodado y continuado pendiente abajo. Orión permaneció unos segundos completamente quieto antes de levantar la mirada hacia el océano. El sendero terminaba en un desnivel rocoso. Abajo estaba el mar. Y la marea estaba subiendo.<br />
<br />
<br />
Orión permaneció en lo alto del desnivel observando cómo el agua golpeaba las rocas. No necesitaba demasiada imaginación para reconstruir lo ocurrido. La estatuilla había terminado accidentalmente entre los materiales retirados del santuario, había sido transportada dentro de aquel saco y, en algún punto del recorrido, atravesó la tela. La pendiente hizo el resto. No había ladrón, conspiración ni profanador de reliquias. Solo una sucesión bastante eficiente de errores humanos. El problema era que explicarlo sin recuperar la pieza seguía significando regresar con las manos vacías. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Qué bien. </span></span></span><br />
<br />
Descendió. Las primeras rocas resultaron sencillas. Las siguientes estaban cubiertas de algas y exigieron mayor cuidado. Orión avanzó lentamente, clavando las botas antes de trasladar el peso de su enorme cuerpo. Abajo, el oleaje entraba y salía de pequeñas cavidades abiertas entre las piedras. Cada retirada del agua dejaba unos segundos de superficie expuesta antes de cubrirla nuevamente. Observó. Esperó. Contó. Una ola. Dos. Tres. Había un ritmo. El mar siempre tenía uno.<br />
<br />
Orión descendió hasta una plataforma inferior y aspiró profundamente. Allí su olfato servía de poco; todo era sal, humedad, peces y vegetación marina. Así que utilizó los ojos. Buscó fragmentos grises entre piedras oscuras, señales de golpes recientes y cualquier trayectoria lógica desde la pendiente. Encontró otra esquirla. Después una segunda. La dirección llevaba hacia una grieta parcialmente inundada. <br />
<br />
Se agachó frente a ella. El espacio era suficientemente grande para introducir un brazo, aunque no para observar cómodamente el interior. Metió la mano. Nada. Retiró el brazo cuando llegó la siguiente ola. Esperó. Volvió a intentarlo. Sus dedos tocaron piedra, conchas y algo que se movió rápidamente. Orión retiró la mano y miró la grieta. Introdujo nuevamente el brazo y esta vez avanzó más. Tanteó el fondo hasta encontrar una superficie tallada. Cerró los dedos alrededor del objeto justo cuando escuchó romper una ola contra las rocas exteriores. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Mierda.</span></span></span> <br />
<br />
El agua entró con violencia. Orión apoyó el otro brazo contra la piedra y soportó el impacto mientras la espuma le cubría medio cuerpo. Durante unos segundos únicamente existieron el estruendo del agua y la presión intentando empujarlo hacia atrás. Cuando la corriente retrocedió, continuaba allí. También seguía sujetando algo.<br />
<br />
Sacó lentamente el brazo. Una criatura marina de piedra apareció entre sus dedos. Orión la contempló. Tenía cuerpo redondeado, varias protuberancias semejantes a aletas, una boca exageradamente grande y unos ojos tallados en direcciones ligeramente distintas. Comprendió inmediatamente por qué nadie había podido decirle qué animal representaba. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Eres feo."</span></span> La estatuilla permaneció en silencio. Orión arqueó una comisura. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Nos vamos a llevar bien."  </span></span><br />
<br />
Regresó al santuario cuando el sol comenzaba a caer. Llegó empapado desde la cintura hacia abajo y con algas enganchadas en una de las botas. El encargado salió a recibirlo apenas distinguió su silueta subiendo por el sendero. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿La encontraste?</span><br />
<br />
Orión levantó la mano. La expresión del hombre cambió inmediatamente. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¡La encontraste!</span><br />
<br />
Varias personas abandonaron sus tareas y se acercaron. Orión entregó la estatuilla sin ceremonia. El encargado la sostuvo con ambas manos, comprobando rápidamente los pequeños daños producidos durante la caída. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Quién la tenía? </span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-El mar. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿El mar? </span><br />
<br />
Orión señaló el depósito con el pulgar. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-La metieron en un saco con los escombros. Se rompió. Rodó pendiente abajo.</span></span></span><br />
<br />
El silencio posterior resultó incómodo. Uno de los trabajadores miró hacia otro lado. Otro fingió encontrar extremadamente interesante una tabla. Orión observó aquella reacción colectiva y entendió que probablemente acababa de resolver también quién había preparado los sacos, aunque no veía ninguna utilidad en señalarlo. Nadie había intentado robar nada. Alguien había cometido un error y después el miedo había hecho crecer la historia. El encargado bajó la mirada hacia la reliquia. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-Los ancianos dicen que protege a quienes navegan estas aguas. Pensamos que alguien podía haberla robado para venderla.</span> <br />
<br />
Orión miró la figura. Después observó el océano. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Mal protector</span></span></span>. <br />
<br />
El hombre parpadeó. <br />
<br />
<span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">-¿Cómo?</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Se cayó al agua.</span></span></span><br />
<br />
Un trabajador soltó una carcajada que intentó convertir inmediatamente en tos. Orión permaneció completamente serio durante dos segundos más antes de dejar escapar su característica risa grave. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Je, je, je.</span></span></span> <br />
<br />
La estatuilla regresó a su pedestal. Orión comprobó personalmente que esta vez quedara suficientemente estable antes de apartarse. Cuando los trabajadores retomaron sus tareas, abandonó el santuario y descendió nuevamente hacia la costa. No tenía necesidad de quedarse. La misión estaba terminada. <br />
<br />
Antes de marcharse, se sentó sobre una roca frente al océano. Sacó de su bolsillo el anzuelo oxidado encontrado entre los escombros. Lo hizo girar entre sus enormes dedos mientras contemplaba el horizonte. No tenía ningún valor. Precisamente por eso le gustaba. Otro cachivache sin importancia para cualquiera que no fuese él. Otro momento. Sacó su cuaderno. Escribía únicamente frente al mar, así que aquel era un lugar tan bueno como cualquier otro. Permaneció varios segundos pensando antes de dejar unas pocas palabras sobre el papel. "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si algo que protege a los navegantes termina perdido en el mar, quizá hasta los guardianes necesitan que alguien los saque del agua de vez en cuando." </span></span>Lo leyó. Frunció el ceño. Demasiado profundo. Tachó una parte. "<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La piedra no sabe nadar."</span></span> Mucho mejor. Guardó el cuaderno y después depositó el anzuelo junto a los demás objetos de su colección. La brisa le golpeó el rostro y Orión permaneció allí unos segundos más, inmóvil, escuchando las olas. Se puso de pie y emprendió el camino de regreso sin mirar atrás. El mar continuó golpeando las piedras exactamente igual que antes de su llegada, indiferente a reliquias, misiones y hombres. Orión prefería que fuera así. Al menos el mar nunca fingía ser otra cosa.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Incursión] Las Bestias del Camino]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14550</link>
			<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 13:57:34 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14550</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Incursión] Las Bestias del Camino</span></span><br />
Día: 49 de Verano, País de las Olas<br />
<hr class="mycode_hr" />
Durante los últimos días, uno de los caminos secundarios del interior del País de las Olas empezó a quedarse en silencio. Primero dejaron de pasar los viajeros solitarios; después fueron las pequeñas caravanas y, finalmente, incluso los comerciantes locales comenzaron a rodear la zona para evitar perder mercancía, animales o directamente la vida. Los testimonios coincidían en lo esencial: alguien había tomado el control del tramo boscoso del camino y estaba usando bestias amaestradas para lanzarlas contra cualquiera que intentara cruzar. Lo que al principio parecían simples rumores terminó convirtiéndose en un problema real para los asentamientos de la región, que dependían de esa ruta para mantenerse conectados con la costa.<br />
<br />
Tras una larga investigación, los ninjas lograron localizar el origen de los ataques. El sendero estaba marcado por restos de cajas rotas, huellas profundas sobre la tierra, trozos de tela enganchados en ramas bajas y la evidencia cada vez más clara de que enormes animales se movían con frecuencia por esa zona. Siguiendo ese rastro, los shinobi terminaron internándose en el bosque hasta alcanzar el punto exacto donde el bandido había levantado su dominio. No quedaban preguntas por responder ni negociación por delante: el paso estaba cerrado, el enemigo estaba armado y las bestias ya habían hecho suyo el terreno. Todo había llevado hasta ese momento.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/tTj9hVxb/image.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: image.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El lugar del combate era un claro boscoso atravesado por un camino principal de tierra que cortaba el mapa de lado a lado en su mitad superior, lo bastante ancho para permitir el paso de varias personas o una carreta, aunque con piedras sueltas, irregularidades y bordes cubiertos por pasto espeso. Desde ese camino principal descendía un sendero más angosto en la zona central, formando una intersección clara antes de internarse hacia el sur hasta una pequeña área despejada con un tocón en el centro, rodeado por algunas piedras, como si allí hubiera existido un viejo campamento o un punto de reunión. Todo alrededor estaba rodeado por bosque cerrado, con árboles densos en prácticamente todo el perímetro del terreno. Hacia el lado izquierdo inferior destacaba una media luna de rocas que levantaba una especie de borde natural alrededor de un pequeño sector cubierto de hierba, mientras que a la derecha, más o menos a media altura del mapa, había un grupo de piedras y peñascos que ofrecía cobertura parcial entre los árboles. Fuera de esos puntos, el terreno era una mezcla de hierba, arbustos bajos, troncos gruesos y zonas abiertas suficientes para combatir, pero lo bastante estrechas como para que el bosque siguiera sintiéndose encima de todos.<br />
<br />
Los enemigos esperaban ya distribuidos dentro de ese escenario. El bandido, un hombre curtido y confiado, se encontraba cerca de la intersección del camino, en una posición desde la que podía controlar tanto la ruta principal como el sendero que bajaba al claro. A su alrededor se movían sus tres osos entrenados para el combate, enormes, pesados y claramente acostumbrados a responder a sus órdenes: uno dominaba el frente más cercano al camino principal, otro ocupaba uno de los flancos aprovechando la cercanía de los árboles y el terreno lateral, y el tercero permanecía más próximo al acceso hacia el claro del sur, cubriendo la bajada. Sus cuerpos estaban marcados por cicatrices, sus posturas no tenían nada de errático y sus gruñidos bastaban para dejar claro que no eran simples animales salvajes, sino armas vivas usadas una y otra vez para emboscar, perseguir y despedazar intrusos. El bandido no necesitó decir mucho; bastó su presencia firme en el cruce y el modo en que las bestias se tensaron alrededor de él para que quedara claro que aquel tramo del bosque se había convertido en su territorio y que, si alguien quería recuperarlo, tendría que arrancárselo por la fuerza.<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Resumen de Ubicaciones'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Resumen de Ubicaciones'; }">Resumen de Ubicaciones</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bandido:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">K</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">9</span> — justo en la intersección. <br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oso 1:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">H</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">8</span> — sobre el camino principal, cubriendo el frente. <br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oso 2:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">O</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">10</span> — en el flanco derecho, cerca de los árboles. <br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oso 3:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">K</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">14</span> — sobre el sendero que baja hacia el claro.<br />
</li>
</ul>
</div>
		</div><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Como instrucciones para esta Incursión se escribió:</cite><ul class="mycode_list"><li>Cupo Limitado: Máximo 4 ninjas.<br />
</li>
<li>Dificutad de la Incursión: C<br />
</li>
<li>En su primer post, narrar preparaciones y ubicaciones. <br />
</li>
<li>Es importante añadir un resumen al final de cada post<br />
</li>
</ul>
</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Incursión] Las Bestias del Camino</span></span><br />
Día: 49 de Verano, País de las Olas<br />
<hr class="mycode_hr" />
Durante los últimos días, uno de los caminos secundarios del interior del País de las Olas empezó a quedarse en silencio. Primero dejaron de pasar los viajeros solitarios; después fueron las pequeñas caravanas y, finalmente, incluso los comerciantes locales comenzaron a rodear la zona para evitar perder mercancía, animales o directamente la vida. Los testimonios coincidían en lo esencial: alguien había tomado el control del tramo boscoso del camino y estaba usando bestias amaestradas para lanzarlas contra cualquiera que intentara cruzar. Lo que al principio parecían simples rumores terminó convirtiéndose en un problema real para los asentamientos de la región, que dependían de esa ruta para mantenerse conectados con la costa.<br />
<br />
Tras una larga investigación, los ninjas lograron localizar el origen de los ataques. El sendero estaba marcado por restos de cajas rotas, huellas profundas sobre la tierra, trozos de tela enganchados en ramas bajas y la evidencia cada vez más clara de que enormes animales se movían con frecuencia por esa zona. Siguiendo ese rastro, los shinobi terminaron internándose en el bosque hasta alcanzar el punto exacto donde el bandido había levantado su dominio. No quedaban preguntas por responder ni negociación por delante: el paso estaba cerrado, el enemigo estaba armado y las bestias ya habían hecho suyo el terreno. Todo había llevado hasta ese momento.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/tTj9hVxb/image.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: image.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
El lugar del combate era un claro boscoso atravesado por un camino principal de tierra que cortaba el mapa de lado a lado en su mitad superior, lo bastante ancho para permitir el paso de varias personas o una carreta, aunque con piedras sueltas, irregularidades y bordes cubiertos por pasto espeso. Desde ese camino principal descendía un sendero más angosto en la zona central, formando una intersección clara antes de internarse hacia el sur hasta una pequeña área despejada con un tocón en el centro, rodeado por algunas piedras, como si allí hubiera existido un viejo campamento o un punto de reunión. Todo alrededor estaba rodeado por bosque cerrado, con árboles densos en prácticamente todo el perímetro del terreno. Hacia el lado izquierdo inferior destacaba una media luna de rocas que levantaba una especie de borde natural alrededor de un pequeño sector cubierto de hierba, mientras que a la derecha, más o menos a media altura del mapa, había un grupo de piedras y peñascos que ofrecía cobertura parcial entre los árboles. Fuera de esos puntos, el terreno era una mezcla de hierba, arbustos bajos, troncos gruesos y zonas abiertas suficientes para combatir, pero lo bastante estrechas como para que el bosque siguiera sintiéndose encima de todos.<br />
<br />
Los enemigos esperaban ya distribuidos dentro de ese escenario. El bandido, un hombre curtido y confiado, se encontraba cerca de la intersección del camino, en una posición desde la que podía controlar tanto la ruta principal como el sendero que bajaba al claro. A su alrededor se movían sus tres osos entrenados para el combate, enormes, pesados y claramente acostumbrados a responder a sus órdenes: uno dominaba el frente más cercano al camino principal, otro ocupaba uno de los flancos aprovechando la cercanía de los árboles y el terreno lateral, y el tercero permanecía más próximo al acceso hacia el claro del sur, cubriendo la bajada. Sus cuerpos estaban marcados por cicatrices, sus posturas no tenían nada de errático y sus gruñidos bastaban para dejar claro que no eran simples animales salvajes, sino armas vivas usadas una y otra vez para emboscar, perseguir y despedazar intrusos. El bandido no necesitó decir mucho; bastó su presencia firme en el cruce y el modo en que las bestias se tensaron alrededor de él para que quedara claro que aquel tramo del bosque se había convertido en su territorio y que, si alguien quería recuperarlo, tendría que arrancárselo por la fuerza.<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Resumen de Ubicaciones'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Resumen de Ubicaciones'; }">Resumen de Ubicaciones</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bandido:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">K</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">9</span> — justo en la intersección. <br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oso 1:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">H</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">8</span> — sobre el camino principal, cubriendo el frente. <br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oso 2:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">O</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">10</span> — en el flanco derecho, cerca de los árboles. <br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oso 3:</span> columna <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">K</span>, fila <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">14</span> — sobre el sendero que baja hacia el claro.<br />
</li>
</ul>
</div>
		</div><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Como instrucciones para esta Incursión se escribió:</cite><ul class="mycode_list"><li>Cupo Limitado: Máximo 4 ninjas.<br />
</li>
<li>Dificutad de la Incursión: C<br />
</li>
<li>En su primer post, narrar preparaciones y ubicaciones. <br />
</li>
<li>Es importante añadir un resumen al final de cada post<br />
</li>
</ul>
</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada C] Carga bajo la Bruma]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14545</link>
			<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 22:07:04 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=744">Yokubari</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14545</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Autonarrada C] Carga bajo la Bruma<br />
</span></span>Día 48 de Verano, Año 150.<br />
Misión Solicitada: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14539" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span> Carga bajo la Bruma<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión</span>: Tras el aumento de actividad entre las delegaciones de la gente del Bosque y del Mar en el País de las Olas, una carga de suministros médicos y herramientas de reparación debe ser trasladada desde la Oficina del Puerto hasta el Faro de Nami, donde un pequeño grupo de vigías permanece aislado por daños recientes en la Escalinata del Faro y problemas de acceso en los senderos del acantilado. Aunque el recorrido atraviesa zonas habitadas de Puerto de Nami, los reportes indican que varios saqueadores oportunistas han estado rondando el Barrio del Puerto y los caminos cercanos al Santuario Costero, esperando aprovechar el movimiento de mercancías para robar cajas o provocar disturbios. Se solicita la presencia de Yokubari “Ben” Senju para escoltar la carga desde la Oficina del Puerto, atravesar la zona del mercado y la bahía, mantener el orden durante el trayecto hacia el acantilado, proteger los suministros y asegurarse de que todo llegue completo al Faro de Nami antes del anochecer.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span> C. Autonarrada<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar: </span>Día 48 de Verano, Año 150. Puerto de Nami, País de las Olas. Desde la Oficina del Puerto hasta el Faro de Nami.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span> 1 — Yokubari “Ben” Senju.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span> Autonarrada.</div>
		</div>La mañana del día cuarenta y ocho de verano encontró a Ben caminando hacia la Oficina del Puerto con la capucha negra cubriéndole buena parte del rostro y el escudo asegurado a la espalda. Puerto de Nami estaba despierto. Desde que las delegaciones del Bosque y del Mar habían comenzado a moverse por el País de las Olas, los muelles trabajaban y las calles se llenaban de pescadores, comerciantes, cargadores y mensajeros. Ben llevaba días acostumbrándose a aquel movimiento, pero todavía prefería observar antes de mezclarse con él. Después de lo ocurrido en Shioma, incluso una tarea sencilla merecía cautela.<br />
<br />
La carga lo esperaba detrás del edificio en un carro de dos ejes tirado por una mula gris. Seis cajas ocupaban la plataforma. Tres contenían vendas, alcohol, ungüentos, medicamentos e instrumental; las otras guardaban clavos, cuerdas, martillos, piezas metálicas y herramientas destinadas al faro. Todo estaba cubierto por una lona gruesa y sujeto mediante correas. Ben revisó cada cierre, comprobó las ruedas, inspeccionó el enganche y memorizó la disposición de las cajas antes de comenzar. Si algo desaparecía durante el recorrido, quería saber exactamente cuándo había ocurrido.<br />
<br />
El primer tramo transcurrió sin problemas. Desde la Oficina del Puerto descendió hacia la Plaza de la Marea, manteniéndose junto al carro mientras la mula avanzaba entre puestos, barriles y cestas de pescado. La zona estaba abarrotada. Ben no necesitó abrirse paso por la fuerza; su tamaño, la capucha y el enorme escudo bastaban para que muchos se apartaran. Aun así, mantuvo una mano cerca de la carga. En una multitud, el peligro no siempre estaba delante.<br />
<br />
Lo comprobó cuando un muchacho chocó deliberadamente contra el carro mientras otro se acercaba desde atrás. Ben había visto al segundo reflejado en una ventana. Ignoró al primero, pero reaccionó al sentir un tirón sobre la lona. Giró y sujetó la muñeca del ladrón antes de que sacara una caja. No necesitó golpearlo. El joven soltó el paquete, escapó entre la gente y su compañero hizo lo mismo. Ben recolocó la caja, tensó las correas y continuó. Perseguirlos habría significado abandonar aquello que debía proteger.<br />
<br />
La salida de la plaza lo condujo hacia el Barrio del Puerto, donde las calles se estrechaban entre casas y almacenes. Allí comenzó a notar hombres sin mercancías, encargos ni destino aparente. Tres aparecieron cerca de una esquina y dos más en la siguiente. Sus miradas seguían el carro. Ninguno actuó mientras permanecieron cerca de las viviendas, pero cuando el camino descendió hacia una franja menos transitada junto a la bahía, comenzaron a caminar detrás de él.<br />
<br />
Ben siguió como si no los hubiera advertido. Esperó hasta llegar a una zona abierta antes de detener el carro. Los hombres se dispersaron para rodearlo. Eran cinco, como había calculado. Llevaban cuchillos, garrotes y herramientas convertidas en armas, aunque ninguno parecía entrenado. Uno avanzó hacia la mula mientras los demás buscaban distraerlo. Ben descolgó el escudo y lo apoyó frente a sí.<br />
<br />
El primero cayó casi de inmediato. Ben interceptó el garrote con el borde del escudo, avanzó sobre el impacto y lo empujó contra dos compañeros. Otro intentó alcanzar el carro desde un costado, pero terminó arrojado sobre unas redes. Uno logró cortar una correa de la lona antes de que Ben golpeara el suelo delante de él con el escudo. El estruendo bastó para romperles el valor. Los saqueadores recogieron a los caídos y huyeron por los callejones. Ben no los persiguió. Sustituyó la correa con una cuerda de repuesto, revisó las seis cajas y siguió adelante.<br />
<br />
Bordeó la bahía hasta dejar atrás la zona poblada. El faro se levantaba sobre el extremo rocoso de la península, visible contra el cielo. Después del Santuario Costero desaparecieron las casas y el sendero comenzó a elevarse. Los daños descritos en la solicitud aparecieron poco después: una sección del camino había cedido hacia el mar y apenas quedaba una franja de tierra compacta junto a la pared del acantilado. El carro no podía atravesarla cargado.<br />
<br />
Ben desmontó las cajas y las llevó una por una hasta el otro lado. Después liberó a la mula y la condujo por la parte firme. Con el carro vacío, aseguró las ruedas mediante cuerdas y lo hizo avanzar lentamente mientras sostenía parte de su peso desde el costado. Una rueda resbaló cuando la tierra cedió, pero Ben consiguió estabilizarla antes de que el vehículo se inclinara hacia el vacío. Recuperado el terreno firme, volvió a montar la carga y continuó.<br />
<br />
La Escalinata del Faro estaba peor de lo informado. Varias piedras se habían desprendido y una sección completa había desaparecido, dejando bloques quebrados sobre la pendiente. Ben podía subir, pero no el carro ni la mula. El sol comenzaba a descender. Aseguró al animal en una explanada protegida del viento, cubrió el carro y volvió a descargar las cajas. Desde allí tendría que terminar el trayecto cargándolas.<br />
<br />
El ascenso se convirtió en una serie de viajes. Ben trasladaba una o dos cajas, según el peso, avanzaba entre los escalones dañados, las dejaba en una plataforma estable y descendía por las siguientes. Las herramientas eran las más pesadas. Durante uno de los recorridos, una piedra cedió bajo su pie y lo obligó a apoyar una rodilla mientras sujetaba la caja contra el pecho. Esperó hasta recuperar el equilibrio antes de moverse. No había nada espectacular en aquella parte de la misión; solamente fuerza, paciencia y la obligación de que todo llegara entero.<br />
<br />
Cuando regresó por la última caja escuchó piedras rodando desde arriba. Tres figuras aparecieron entre los restos de la escalinata. Dos eran saqueadores que habían participado en el intento anterior; el tercero llevaba una ballesta corta. Habían tomado algún sendero lateral para adelantarse y ahora ocupaban el paso más estrecho. Ben dejó la caja protegida detrás de una roca y levantó el escudo en el momento exacto en que el virote fue disparado. La punta chocó contra la superficie con un golpe seco.<br />
<br />
Antes de que el ballestero pudiera recargar, Ben comenzó a subir. El primer hombre descendió con un cuchillo, pero el ataque terminó contra el escudo y su propio impulso lo desplazó hacia un costado. El segundo intentó frenarlo desde arriba. Ben soportó el empuje, avanzó un escalón y obligó al saqueador a retroceder. El tercero abandonó la ballesta cuando comprendió que no tendría otro disparo. Cuando Ben alcanzó la plataforma, los tres huyeron por el sendero lateral. Esta vez nadie intentó conservar una apariencia de valentía.<br />
<br />
Ben tampoco los siguió entonces. Regresó por la última caja, comprobó que seguía intacta y completó el ascenso mientras las sombras comenzaban a cubrir la costa. Los vigías salieron a recibirlo al verlo aparecer entre las rocas. Revisaron los paquetes, comprobaron los sellos y contaron el contenido. Seis cajas habían salido de la Oficina del Puerto y seis cajas habían llegado al Faro de Nami, junto con todas las herramientas y suministros médicos solicitados.<br />
<br />
Desde la altura, Ben observó Puerto de Nami extendido alrededor de la bahía. Las primeras lámparas comenzaban a encenderse y varias embarcaciones regresaban hacia los muelles. Aquella misión había resultado menos simple de lo que prometía, aunque nada se acercaba a los misterios que seguían pendientes desde Shioma. Tal vez por eso agradeció la claridad del resultado. Había existido una carga, un destino y personas que la necesitaban. Por una vez, el problema terminaba sin símbolos extraños, sustancias inexplicables ni señales ocultas bajo el agua. Ben ajustó la capucha, dejó atrás el faro y emprendió el regreso hacia el puerto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Autonarrada C] Carga bajo la Bruma<br />
</span></span>Día 48 de Verano, Año 150.<br />
Misión Solicitada: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14539" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span> Carga bajo la Bruma<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión</span>: Tras el aumento de actividad entre las delegaciones de la gente del Bosque y del Mar en el País de las Olas, una carga de suministros médicos y herramientas de reparación debe ser trasladada desde la Oficina del Puerto hasta el Faro de Nami, donde un pequeño grupo de vigías permanece aislado por daños recientes en la Escalinata del Faro y problemas de acceso en los senderos del acantilado. Aunque el recorrido atraviesa zonas habitadas de Puerto de Nami, los reportes indican que varios saqueadores oportunistas han estado rondando el Barrio del Puerto y los caminos cercanos al Santuario Costero, esperando aprovechar el movimiento de mercancías para robar cajas o provocar disturbios. Se solicita la presencia de Yokubari “Ben” Senju para escoltar la carga desde la Oficina del Puerto, atravesar la zona del mercado y la bahía, mantener el orden durante el trayecto hacia el acantilado, proteger los suministros y asegurarse de que todo llegue completo al Faro de Nami antes del anochecer.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span> C. Autonarrada<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar: </span>Día 48 de Verano, Año 150. Puerto de Nami, País de las Olas. Desde la Oficina del Puerto hasta el Faro de Nami.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span> 1 — Yokubari “Ben” Senju.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span> Autonarrada.</div>
		</div>La mañana del día cuarenta y ocho de verano encontró a Ben caminando hacia la Oficina del Puerto con la capucha negra cubriéndole buena parte del rostro y el escudo asegurado a la espalda. Puerto de Nami estaba despierto. Desde que las delegaciones del Bosque y del Mar habían comenzado a moverse por el País de las Olas, los muelles trabajaban y las calles se llenaban de pescadores, comerciantes, cargadores y mensajeros. Ben llevaba días acostumbrándose a aquel movimiento, pero todavía prefería observar antes de mezclarse con él. Después de lo ocurrido en Shioma, incluso una tarea sencilla merecía cautela.<br />
<br />
La carga lo esperaba detrás del edificio en un carro de dos ejes tirado por una mula gris. Seis cajas ocupaban la plataforma. Tres contenían vendas, alcohol, ungüentos, medicamentos e instrumental; las otras guardaban clavos, cuerdas, martillos, piezas metálicas y herramientas destinadas al faro. Todo estaba cubierto por una lona gruesa y sujeto mediante correas. Ben revisó cada cierre, comprobó las ruedas, inspeccionó el enganche y memorizó la disposición de las cajas antes de comenzar. Si algo desaparecía durante el recorrido, quería saber exactamente cuándo había ocurrido.<br />
<br />
El primer tramo transcurrió sin problemas. Desde la Oficina del Puerto descendió hacia la Plaza de la Marea, manteniéndose junto al carro mientras la mula avanzaba entre puestos, barriles y cestas de pescado. La zona estaba abarrotada. Ben no necesitó abrirse paso por la fuerza; su tamaño, la capucha y el enorme escudo bastaban para que muchos se apartaran. Aun así, mantuvo una mano cerca de la carga. En una multitud, el peligro no siempre estaba delante.<br />
<br />
Lo comprobó cuando un muchacho chocó deliberadamente contra el carro mientras otro se acercaba desde atrás. Ben había visto al segundo reflejado en una ventana. Ignoró al primero, pero reaccionó al sentir un tirón sobre la lona. Giró y sujetó la muñeca del ladrón antes de que sacara una caja. No necesitó golpearlo. El joven soltó el paquete, escapó entre la gente y su compañero hizo lo mismo. Ben recolocó la caja, tensó las correas y continuó. Perseguirlos habría significado abandonar aquello que debía proteger.<br />
<br />
La salida de la plaza lo condujo hacia el Barrio del Puerto, donde las calles se estrechaban entre casas y almacenes. Allí comenzó a notar hombres sin mercancías, encargos ni destino aparente. Tres aparecieron cerca de una esquina y dos más en la siguiente. Sus miradas seguían el carro. Ninguno actuó mientras permanecieron cerca de las viviendas, pero cuando el camino descendió hacia una franja menos transitada junto a la bahía, comenzaron a caminar detrás de él.<br />
<br />
Ben siguió como si no los hubiera advertido. Esperó hasta llegar a una zona abierta antes de detener el carro. Los hombres se dispersaron para rodearlo. Eran cinco, como había calculado. Llevaban cuchillos, garrotes y herramientas convertidas en armas, aunque ninguno parecía entrenado. Uno avanzó hacia la mula mientras los demás buscaban distraerlo. Ben descolgó el escudo y lo apoyó frente a sí.<br />
<br />
El primero cayó casi de inmediato. Ben interceptó el garrote con el borde del escudo, avanzó sobre el impacto y lo empujó contra dos compañeros. Otro intentó alcanzar el carro desde un costado, pero terminó arrojado sobre unas redes. Uno logró cortar una correa de la lona antes de que Ben golpeara el suelo delante de él con el escudo. El estruendo bastó para romperles el valor. Los saqueadores recogieron a los caídos y huyeron por los callejones. Ben no los persiguió. Sustituyó la correa con una cuerda de repuesto, revisó las seis cajas y siguió adelante.<br />
<br />
Bordeó la bahía hasta dejar atrás la zona poblada. El faro se levantaba sobre el extremo rocoso de la península, visible contra el cielo. Después del Santuario Costero desaparecieron las casas y el sendero comenzó a elevarse. Los daños descritos en la solicitud aparecieron poco después: una sección del camino había cedido hacia el mar y apenas quedaba una franja de tierra compacta junto a la pared del acantilado. El carro no podía atravesarla cargado.<br />
<br />
Ben desmontó las cajas y las llevó una por una hasta el otro lado. Después liberó a la mula y la condujo por la parte firme. Con el carro vacío, aseguró las ruedas mediante cuerdas y lo hizo avanzar lentamente mientras sostenía parte de su peso desde el costado. Una rueda resbaló cuando la tierra cedió, pero Ben consiguió estabilizarla antes de que el vehículo se inclinara hacia el vacío. Recuperado el terreno firme, volvió a montar la carga y continuó.<br />
<br />
La Escalinata del Faro estaba peor de lo informado. Varias piedras se habían desprendido y una sección completa había desaparecido, dejando bloques quebrados sobre la pendiente. Ben podía subir, pero no el carro ni la mula. El sol comenzaba a descender. Aseguró al animal en una explanada protegida del viento, cubrió el carro y volvió a descargar las cajas. Desde allí tendría que terminar el trayecto cargándolas.<br />
<br />
El ascenso se convirtió en una serie de viajes. Ben trasladaba una o dos cajas, según el peso, avanzaba entre los escalones dañados, las dejaba en una plataforma estable y descendía por las siguientes. Las herramientas eran las más pesadas. Durante uno de los recorridos, una piedra cedió bajo su pie y lo obligó a apoyar una rodilla mientras sujetaba la caja contra el pecho. Esperó hasta recuperar el equilibrio antes de moverse. No había nada espectacular en aquella parte de la misión; solamente fuerza, paciencia y la obligación de que todo llegara entero.<br />
<br />
Cuando regresó por la última caja escuchó piedras rodando desde arriba. Tres figuras aparecieron entre los restos de la escalinata. Dos eran saqueadores que habían participado en el intento anterior; el tercero llevaba una ballesta corta. Habían tomado algún sendero lateral para adelantarse y ahora ocupaban el paso más estrecho. Ben dejó la caja protegida detrás de una roca y levantó el escudo en el momento exacto en que el virote fue disparado. La punta chocó contra la superficie con un golpe seco.<br />
<br />
Antes de que el ballestero pudiera recargar, Ben comenzó a subir. El primer hombre descendió con un cuchillo, pero el ataque terminó contra el escudo y su propio impulso lo desplazó hacia un costado. El segundo intentó frenarlo desde arriba. Ben soportó el empuje, avanzó un escalón y obligó al saqueador a retroceder. El tercero abandonó la ballesta cuando comprendió que no tendría otro disparo. Cuando Ben alcanzó la plataforma, los tres huyeron por el sendero lateral. Esta vez nadie intentó conservar una apariencia de valentía.<br />
<br />
Ben tampoco los siguió entonces. Regresó por la última caja, comprobó que seguía intacta y completó el ascenso mientras las sombras comenzaban a cubrir la costa. Los vigías salieron a recibirlo al verlo aparecer entre las rocas. Revisaron los paquetes, comprobaron los sellos y contaron el contenido. Seis cajas habían salido de la Oficina del Puerto y seis cajas habían llegado al Faro de Nami, junto con todas las herramientas y suministros médicos solicitados.<br />
<br />
Desde la altura, Ben observó Puerto de Nami extendido alrededor de la bahía. Las primeras lámparas comenzaban a encenderse y varias embarcaciones regresaban hacia los muelles. Aquella misión había resultado menos simple de lo que prometía, aunque nada se acercaba a los misterios que seguían pendientes desde Shioma. Tal vez por eso agradeció la claridad del resultado. Había existido una carga, un destino y personas que la necesitaban. Por una vez, el problema terminaba sin símbolos extraños, sustancias inexplicables ni señales ocultas bajo el agua. Ben ajustó la capucha, dejó atrás el faro y emprendió el regreso hacia el puerto.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión | B] El Hambre del Bosque Costero]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14542</link>
			<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 14:35:37 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=808">Naoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14542</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">49 Verano, Año 150,</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">Bosque Costero de Shioma, País de las Olas.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión protagonizada por </span><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yokubari Ben</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión narrada por </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Naoto Heizu</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">El Hambre del Bosque Costero</span></span></span></div>
<br />
Había pasado un rato desde que las pisadas de Yokubari dejaron huellas sobre el puerto de Nami. La noche anterior una tormenta se deslizó sobre el terreno provocando que esta mañana veraniega en particular fuera calurosa, húmeda y dejara una sensación de pesadez en el cuerpo insoportable; algo poco común para una zona tan templada. El pueblo se identificaba como siempre con ese frondoso movimiento marítimo que se estiraba desde el muelle hasta los depósitos donde descansaba la mercadería. Un lugar densamente poblado. Probablemente el más rico de la zona, teniendo en cuenta el comercio marítimo.<br />
<br />
El olor a sal, pescado, madera mojada y algas era habitual en el lugar. Todo pareció estar en su lugar a los ojos del shinobi.<br />
<br />
A excepción de la visible preocupación que algunos hombres tenían en sus rostros. Avispado, Yokubari se percataría de que las desapariciones eran el tema del día. Marineros, trabajadores, ancianas, niños, todos hablaban sobre eso. Las extrañas desapariciones. Los guardias, en cambio, instaban a los vecinos a tener extrema precaución a la hora de andar por los caminos.<br />
<br />
No había miedo en el ambiente, sí desconcierto.<br />
<br />
A medida que el genin cruzó el distrito marítimo, los aires fueron cambiando. Su objetivo era llegar hasta el cuartel policial, allí se encontraría con un encargado que proveería información de los hechos.<br />
<br />
No necesitó permanecer demasiado tiempo esperando. La presencia de un shinobi enviado específicamente por aquella situación bastó para que uno de los guardias lo condujera hasta una oficina apartada donde un hombre de mediana edad permanecía frente a varios documentos amontonados sobre una mesa. Daigo Murase, responsable de la guardia local, llevaba días siguiendo las desapariciones y acumulando testimonios que no habían servido para esclarecer demasiado la situación.<br />
<br />
Frente a él descansaba también un mapa de los alrededores de Puerto de Nami, extendido y cubierto por varias anotaciones recientes.<br />
<br />
—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Siete desaparecidos hasta ahora. Uno consiguió regresar.</span> —Murase no necesitó demasiados rodeos para comenzar a hablar una vez que Yokubari estuvo presente—. Dice que fue un oso. Uno enorme.<br />
<br />
Los primeros casos habían sido atribuidos a accidentes. Recolectores que no regresaban, leñadores separados de sus compañeros o personas que transitaban por el bosque en solitario. Aquello cambió cuando las desapariciones comenzaron a concentrarse alrededor de una misma región y una cuadrilla completa dejó de regresar. El único superviviente apareció posteriormente cerca del camino principal, herido y prácticamente incapaz de mantenerse en pie.<br />
<br />
Había hablado de una criatura suficientemente grande para derribar a un hombre con facilidad y mover troncos que normalmente requerían varias personas. Más preocupante todavía, aseguró que el animal no permanecía junto a sus víctimas.<br />
<br />
Las arrastraba hacia el interior.<br />
<br />
Murase desplazó entonces el mapa hacia el extremo de la mesa donde Yokubari pudiera observarlo con comodidad. Cuatro sectores habían sido rodeados manualmente con diferentes colores, todos ellos relacionados de alguna forma con las desapariciones. No existía un orden establecido para revisarlos; eran simplemente los lugares donde la guardia había conseguido reunir algún indicio antes de suspender las búsquedas.<br />
<br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/UWVIjUM.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: UWVIjUM.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">●<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> ROJO</span> — Último campamento de tala</span><br />
La cuadrilla más reciente trabajaba allí cuando ocurrió el ataque. El campamento había quedado abandonado casi de inmediato y una patrulla encontró una carreta volcada, herramientas dispersas y varias manchas que parecían pertenecer a los trabajadores desaparecidos. No hallaron cadáveres.<br />
<br />
La tormenta de la noche anterior había pasado directamente sobre aquella parte del bosque, por lo que cualquier rastro antiguo seguramente habría sufrido las consecuencias de la lluvia. Sin embargo, de existir algo producido después de ella, sería necesariamente reciente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">AZUL </span>— Arroyo costero</span><br />
Más hacia el interior, un estrecho curso de agua descendía entre el bosque antes de continuar hacia la costa. No era especialmente profundo, aunque la lluvia solía aumentar considerablemente su caudal y convertir sus márgenes en grandes extensiones de barro.<br />
<br />
Algunas pertenencias de los desaparecidos habían aparecido cerca del agua.<br />
<br />
Una mochila rota. Una herramienta de tala. Parte de una camisa enganchada entre unas raíces.<br />
<br />
También se mencionaron grandes marcas sobre el terreno, aunque la patrulla que las encontró no pudo determinar si pertenecían realmente a un animal o si habían sido deformadas por el agua.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● <span style="color: #ffdc00;" class="mycode_color">AMARILLO</span> — Puesto forestal abandonado</span><br />
Una antigua construcción utilizada tiempo atrás por leñadores y recolectores. Hacía años que nadie trabajaba allí regularmente, aunque todavía servía como refugio ocasional cuando las lluvias sorprendían a quienes se encontraban demasiado lejos de Nami.<br />
<br />
Dos de las primeras personas desaparecidas habían sido vistas en sus inmediaciones.<br />
<br />
La guardia inspeccionó el edificio rápidamente y no encontró a nadie en su interior. Tampoco dedicaron demasiado tiempo a revisar los alrededores debido a que, por entonces, todavía no existían razones para relacionar aquel lugar con el resto de los casos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">VERDE</span> — Hondonada del bosque</span><br />
Murase tardó algo más en señalar aquel último punto.<br />
<br />
No existía ningún sendero bien definido que condujera hasta allí.<br />
<br />
El mapa mostraba únicamente un descenso pronunciado del terreno rodeado por una de las regiones más densas de Shioma. Los trabajadores evitaban aquella parte del bosque porque la tierra era blanda, abundaban las raíces ocultas y algunos sectores podían hundirse bajo el peso de una persona.<br />
<br />
El superviviente afirmó que el oso arrastró a varios de sus compañeros en aquella dirección.<br />
<br />
También insistió en otra cosa que ninguno de los guardias había sabido explicar: cuanto más se acercaban a aquella depresión, más abundante parecía volverse la vegetación.<br />
<br />
Murase retiró finalmente la mano del mapa.<br />
<br />
—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Eso es todo lo que tenemos. Rojo, azul, amarillo y verde. Puede empezar por cualquiera de ellos o seguir cualquier otra pista que encuentre en el camino. Aunque, si acepta mi consejo, seguiría ese mismo orden. El sendero más transitable conecta las cuatro zonas y cada una lo llevará progresivamente hacia el interior de Shioma</span> —Su mirada recorrió brevemente las anotaciones antes de regresar hacia Yokubari—. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Mis hombres no volverán a internarse hasta que sepamos qué está ocurriendo allí dentro.</span><br />
<br />
El mapa permanecería a disposición del shinobi junto con las declaraciones recogidas durante los últimos días.<br />
<br />
A partir de allí, Shioma quedaba en sus manos.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reglas del juego — Primer post</span><br />
<br />
—Yokubari tiene libertad total para dirigirse a cualquiera de esas cuatro zonas para recaudar información. Sin embargo, lo más lógico para el shinobi es empezar desde un principio. Como disponga el usuario. </blockquote>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> El Hambre del Bosque Costero</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Durante los últimos días, varios leñadores y recolectores de Shioma han desaparecido dentro del Bosque Costero, cerca de la ruta que conecta Puerto de Nami con el camino principal hacia la Cordillera de las Brisas. Al inicio se pensó que se trataba de ataques de animales o accidentes provocados por la niebla húmeda del lugar, pero una patrulla local encontró árboles partidos desde la base, marcas profundas en la tierra y restos de herramientas aplastadas. La situación empeoró cuando un único sobreviviente regresó hasta Puerto de Nami afirmando que un gran oso violento e inusualmente enorme se movía entre los árboles, arrastrando cuerpos hacia una zona hundida del bosque donde la vegetación crece demasiado rápido y el suelo parece ceder bajo los pies. Se solicita el envío de un equipo shinobi para internarse en el Bosque Costero de Shioma, localizar a los desaparecidos si siguen con vida, identificar la naturaleza de la amenaza, proteger a los civiles cercanos y neutralizar el peligro antes de que alcance las rutas entre Puerto de Nami, el Pueblo de Kirami y la entrada hacia la Cordillera de las Brisas.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> B. Misión Normal con Narrador</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 49 Verano, Año 150. Bosque Costero de Shioma, País de las Olas.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 1</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 48 horas</span></span></blockquote>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">49 Verano, Año 150,</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">Bosque Costero de Shioma, País de las Olas.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión protagonizada por </span><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yokubari Ben</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión narrada por </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Naoto Heizu</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">El Hambre del Bosque Costero</span></span></span></div>
<br />
Había pasado un rato desde que las pisadas de Yokubari dejaron huellas sobre el puerto de Nami. La noche anterior una tormenta se deslizó sobre el terreno provocando que esta mañana veraniega en particular fuera calurosa, húmeda y dejara una sensación de pesadez en el cuerpo insoportable; algo poco común para una zona tan templada. El pueblo se identificaba como siempre con ese frondoso movimiento marítimo que se estiraba desde el muelle hasta los depósitos donde descansaba la mercadería. Un lugar densamente poblado. Probablemente el más rico de la zona, teniendo en cuenta el comercio marítimo.<br />
<br />
El olor a sal, pescado, madera mojada y algas era habitual en el lugar. Todo pareció estar en su lugar a los ojos del shinobi.<br />
<br />
A excepción de la visible preocupación que algunos hombres tenían en sus rostros. Avispado, Yokubari se percataría de que las desapariciones eran el tema del día. Marineros, trabajadores, ancianas, niños, todos hablaban sobre eso. Las extrañas desapariciones. Los guardias, en cambio, instaban a los vecinos a tener extrema precaución a la hora de andar por los caminos.<br />
<br />
No había miedo en el ambiente, sí desconcierto.<br />
<br />
A medida que el genin cruzó el distrito marítimo, los aires fueron cambiando. Su objetivo era llegar hasta el cuartel policial, allí se encontraría con un encargado que proveería información de los hechos.<br />
<br />
No necesitó permanecer demasiado tiempo esperando. La presencia de un shinobi enviado específicamente por aquella situación bastó para que uno de los guardias lo condujera hasta una oficina apartada donde un hombre de mediana edad permanecía frente a varios documentos amontonados sobre una mesa. Daigo Murase, responsable de la guardia local, llevaba días siguiendo las desapariciones y acumulando testimonios que no habían servido para esclarecer demasiado la situación.<br />
<br />
Frente a él descansaba también un mapa de los alrededores de Puerto de Nami, extendido y cubierto por varias anotaciones recientes.<br />
<br />
—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Siete desaparecidos hasta ahora. Uno consiguió regresar.</span> —Murase no necesitó demasiados rodeos para comenzar a hablar una vez que Yokubari estuvo presente—. Dice que fue un oso. Uno enorme.<br />
<br />
Los primeros casos habían sido atribuidos a accidentes. Recolectores que no regresaban, leñadores separados de sus compañeros o personas que transitaban por el bosque en solitario. Aquello cambió cuando las desapariciones comenzaron a concentrarse alrededor de una misma región y una cuadrilla completa dejó de regresar. El único superviviente apareció posteriormente cerca del camino principal, herido y prácticamente incapaz de mantenerse en pie.<br />
<br />
Había hablado de una criatura suficientemente grande para derribar a un hombre con facilidad y mover troncos que normalmente requerían varias personas. Más preocupante todavía, aseguró que el animal no permanecía junto a sus víctimas.<br />
<br />
Las arrastraba hacia el interior.<br />
<br />
Murase desplazó entonces el mapa hacia el extremo de la mesa donde Yokubari pudiera observarlo con comodidad. Cuatro sectores habían sido rodeados manualmente con diferentes colores, todos ellos relacionados de alguna forma con las desapariciones. No existía un orden establecido para revisarlos; eran simplemente los lugares donde la guardia había conseguido reunir algún indicio antes de suspender las búsquedas.<br />
<br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/UWVIjUM.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: UWVIjUM.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">●<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> ROJO</span> — Último campamento de tala</span><br />
La cuadrilla más reciente trabajaba allí cuando ocurrió el ataque. El campamento había quedado abandonado casi de inmediato y una patrulla encontró una carreta volcada, herramientas dispersas y varias manchas que parecían pertenecer a los trabajadores desaparecidos. No hallaron cadáveres.<br />
<br />
La tormenta de la noche anterior había pasado directamente sobre aquella parte del bosque, por lo que cualquier rastro antiguo seguramente habría sufrido las consecuencias de la lluvia. Sin embargo, de existir algo producido después de ella, sería necesariamente reciente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● <span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">AZUL </span>— Arroyo costero</span><br />
Más hacia el interior, un estrecho curso de agua descendía entre el bosque antes de continuar hacia la costa. No era especialmente profundo, aunque la lluvia solía aumentar considerablemente su caudal y convertir sus márgenes en grandes extensiones de barro.<br />
<br />
Algunas pertenencias de los desaparecidos habían aparecido cerca del agua.<br />
<br />
Una mochila rota. Una herramienta de tala. Parte de una camisa enganchada entre unas raíces.<br />
<br />
También se mencionaron grandes marcas sobre el terreno, aunque la patrulla que las encontró no pudo determinar si pertenecían realmente a un animal o si habían sido deformadas por el agua.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● <span style="color: #ffdc00;" class="mycode_color">AMARILLO</span> — Puesto forestal abandonado</span><br />
Una antigua construcción utilizada tiempo atrás por leñadores y recolectores. Hacía años que nadie trabajaba allí regularmente, aunque todavía servía como refugio ocasional cuando las lluvias sorprendían a quienes se encontraban demasiado lejos de Nami.<br />
<br />
Dos de las primeras personas desaparecidas habían sido vistas en sus inmediaciones.<br />
<br />
La guardia inspeccionó el edificio rápidamente y no encontró a nadie en su interior. Tampoco dedicaron demasiado tiempo a revisar los alrededores debido a que, por entonces, todavía no existían razones para relacionar aquel lugar con el resto de los casos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● <span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">VERDE</span> — Hondonada del bosque</span><br />
Murase tardó algo más en señalar aquel último punto.<br />
<br />
No existía ningún sendero bien definido que condujera hasta allí.<br />
<br />
El mapa mostraba únicamente un descenso pronunciado del terreno rodeado por una de las regiones más densas de Shioma. Los trabajadores evitaban aquella parte del bosque porque la tierra era blanda, abundaban las raíces ocultas y algunos sectores podían hundirse bajo el peso de una persona.<br />
<br />
El superviviente afirmó que el oso arrastró a varios de sus compañeros en aquella dirección.<br />
<br />
También insistió en otra cosa que ninguno de los guardias había sabido explicar: cuanto más se acercaban a aquella depresión, más abundante parecía volverse la vegetación.<br />
<br />
Murase retiró finalmente la mano del mapa.<br />
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—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Eso es todo lo que tenemos. Rojo, azul, amarillo y verde. Puede empezar por cualquiera de ellos o seguir cualquier otra pista que encuentre en el camino. Aunque, si acepta mi consejo, seguiría ese mismo orden. El sendero más transitable conecta las cuatro zonas y cada una lo llevará progresivamente hacia el interior de Shioma</span> —Su mirada recorrió brevemente las anotaciones antes de regresar hacia Yokubari—. <span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Mis hombres no volverán a internarse hasta que sepamos qué está ocurriendo allí dentro.</span><br />
<br />
El mapa permanecería a disposición del shinobi junto con las declaraciones recogidas durante los últimos días.<br />
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A partir de allí, Shioma quedaba en sus manos.<br />
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<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reglas del juego — Primer post</span><br />
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—Yokubari tiene libertad total para dirigirse a cualquiera de esas cuatro zonas para recaudar información. Sin embargo, lo más lógico para el shinobi es empezar desde un principio. Como disponga el usuario. </blockquote>
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<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> El Hambre del Bosque Costero</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Durante los últimos días, varios leñadores y recolectores de Shioma han desaparecido dentro del Bosque Costero, cerca de la ruta que conecta Puerto de Nami con el camino principal hacia la Cordillera de las Brisas. Al inicio se pensó que se trataba de ataques de animales o accidentes provocados por la niebla húmeda del lugar, pero una patrulla local encontró árboles partidos desde la base, marcas profundas en la tierra y restos de herramientas aplastadas. La situación empeoró cuando un único sobreviviente regresó hasta Puerto de Nami afirmando que un gran oso violento e inusualmente enorme se movía entre los árboles, arrastrando cuerpos hacia una zona hundida del bosque donde la vegetación crece demasiado rápido y el suelo parece ceder bajo los pies. Se solicita el envío de un equipo shinobi para internarse en el Bosque Costero de Shioma, localizar a los desaparecidos si siguen con vida, identificar la naturaleza de la amenaza, proteger a los civiles cercanos y neutralizar el peligro antes de que alcance las rutas entre Puerto de Nami, el Pueblo de Kirami y la entrada hacia la Cordillera de las Brisas.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> B. Misión Normal con Narrador</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 49 Verano, Año 150. Bosque Costero de Shioma, País de las Olas.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 1</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 48 horas</span></span></blockquote>
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