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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato   ›   Zona Comercial
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[Misión Rango D] Atrapar al ladrón
Naoe Senju
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26-06-2026, 09:10 PM
Última modificación: 26-06-2026, 09:10 PM por Naoe Senju.
[Imagen: kirigakure_naruto_village.jpg?v=1582118185]

Rango y Tipo: D - Con Narrador
Fecha y Lugar: Verano, año 150. Zona Comercial de Kirigakure.

La densa y sempiterna neblina de Kirigakure no se disipaba ni siquiera bajo el rigor del verano del año 150. En lugar de traer frescura, la estación estival transformaba el ambiente de la Aldea de la Niebla en un hervidero pegajoso de humedad saturada y olor a pescado rancio, algas secas y salitre evaporado. En la periferia de la gran zona comercial inferior, donde las pasarelas de madera crujían bajo el tránsito constante de marineros, civiles de rostros severos y ninjas en misiones oficiales, el bullicio habitual se veía interrumpido esa mañana por una nota de discordia y agitación.

Los gritos procedían del sector norte del mercado, un laberinto de puestos techados con lonas raídas y reforzados con bambú donde se apilaban los escasos lujos comestibles de la región: tubérculos importados, frutas desecadas y las codiciadas canastas de nísperos y mandarinas de agua cultivadas en los pocos valles fértiles de las islas periféricas. Allí, rodeado por una pequeña multitud de curiosos que observaban con apatía o soterrada diversión, se encontraba el propietario de uno de los puestos de abastos más grandes del cuadrante, un hombre de hombros anchos y rostro surcado por cicatrices de frío, que respondía al nombre de Saburō.

El puesto de Saburō presentaba un aspecto inusual de desorden. Varias cajas de madera aparecían volcadas, desparramando restos de paja trenzada por el suelo humedecido. El suelo de tablones mostraba marcas frescas: salpicaduras de jugo espeso y violáceo procedentes de bayas silvestres machacadas, junto a una serie de huellas de pies descalzos o envueltos en vendajes ligeros que se desvanecían rápidamente hacia los callejones más oscuros y estrechos del nivel inferior del mercado.

—¡Es la tercera vez esta semana! —bramaba el comerciante, golpeando con su puño calloso el mostrador de madera húmeda mientras se dirigía al oficial logístico de Kirigakure que acababa de sellar la solicitud de intervención—. No se trata de un simple vagabundo hambriento. Ese maldito espectro se desliza entre los puestos justo cuando la bruma se espesa a media mañana. Sabe exactamente qué cajas abrir y cómo esquivar los cables de las alarmas de cascabel que instalé tras el segundo robo. Hoy se ha llevado dos cestas enteras de higos de los acantilados y un saco de manzanas de invierno. ¡Si los ninjas de la aldea no pueden proteger el comercio interno de cuatro rateros de pacotilla, no sé para qué pagamos las tasas de la guarnición!

El oficial de la niebla, imperturbable ante las quejas, se limitó a señalar con un gesto indolente de su mano enguantada la llegada de Yukine al perímetro. Para las autoridades, un hurto de provisiones en el mercado civil no pasaba de ser una molestia de Rango D, el tipo de tarea idónea para evaluar la agudeza, el rastreo y la capacidad operativa de un shinobi sin necesidad de comprometer recursos de élite.

Alrededor del puesto, el entorno ofrecía las primeras pistas tangibles para quien supiera observar más allá de las protestas del mercader. A unos tres metros del mostrador volcado, justo donde el tejadillo de lona goteaba el agua de condensación sobre los barriles de salazón, una de las vigas de soporte de madera mostraba una hendidura fina y limpia, como si alguien hubiera apoyado un peso considerable utilizando un calzado con agarre especializado para impulsarse hacia las alturas. Más abajo, semisocavada entre los tablones sueltos de la pasarela que daba al canal de desagüe, descansaba una única fruta: una mandarina de agua, intacta pero con una pequeña marca de presión concéntrica en su piel, un rastro fresco cuyo olor cítrico todavía competía débilmente con el tufo a humedad del mercado.

El murmullo de la zona comercial continuaba su ritmo mecánico, ajeno a la investigación. Los vendedores de pescado de las pasarelas inferiores arrastraban sus canastas de mimbre, y el denso manto grisáceo comenzaba a descender de nuevo desde los acantilados altos, amenazando con borrar las huellas del suelo en cuestión de minutos. El escenario estaba dispuesto y el perímetro delimitado; el rastro del escurridizo ladrón de frutas aguardaba bajo la mirada atenta de los comerciantes, quienes esperaban ver si el shinobi enviado por la aldea sería capaz de desenredar el hilo antes de que la bruma devorase por completo las pistas del sospechoso.
Yukine Sekki
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28-06-2026, 01:16 AM
Yukine por fin había encontrado otro lugar para vivir, un pequeño departamento que el dueño llamaba como "minimalista" pero a ojos de Yukine era mucho más grande que su último departamento, al menos este tenía el baño separado de la cama y con una pequeña zona para ducharse... Aunque al parecer no había agua en las tuberías por los momentos. Si, no era mucho pero era lo que podía pagar y era mejor que el parque público donde tuvo que dormir la última semana para reunir dinero.

El joven necesitaba trabajo y tomaría cualquier misión que le presentara, cual sea, limpiar el baño de alguien, limpiar el parque, limpiar la piscina de la academia, limpiar la oficina del Mizukage... Si, habían muchos trabajos de limpieza por aquí. También había muchos de animales, pasear a un perro, encontrar un gato, pescar cierta cantidad de carpas y cazar un escarabajo ciervo de gran tamaño para presumirle al resto de niños de poseer el insecto más raro y grande.

Pero el día de hoy Yukine recibió la solicitud de encontrar a un escurridizo ladrón de la zona comercial de Kirigakure, con la escasez de comida el hurto en puestos de frutas era común aunque normalmente era evitado por los ninjas que suelen vigilar la zona y entre los mismos comerciantes solían intentar vigilar la mercancía del otro. Por eso le pareció tan raro a Yukine que hubiera un ladrón tan eficaz y le entregaran la misión a él... Aunque tal vez Yukine solo era uno de muchos buscando por la zona.

El rubio llegó hasta el más reciente afectado y aparentemente también uno de los más afectados ¿Podría ser un asunto personal o simplemente era el más fácil de robar en el mercado? Quizás luego dichas preguntas se responderían.

Mientras el comerciante seguía quejándose, Yukine intentó verificar la zona, las pistas no tardaron en aparecer, sutiles pero al menos indicaba la trayectoria de escape del ladrón y Yukine podía intentar seguirlo. Dió un salto, pisó la ya hundida vuga de madera y buscó alcanzar la parte superior del puesto para comprobar si había más fruta caída por el ajetreo del escape.

Naoe Senju
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28-06-2026, 10:12 AM
La lona humedecida del puesto de Saburō crujió levemente cuando recibió el impulso cinético de la maniobra, pero la estructura resistió. Al alcanzar la parte superior, el nivel visual cambiaba por completo. Lejos del barro y del estrépito de la pasarela inferior, los tejados interconectados de la zona comercial formaban un intrincado mapa de pendientes de tejas grises, andamios de bambú amarrados con sogas de esparto y chimeneas bajas que exhalaban el humo denso de las cocinas de carbón.

Sobre la superficie de la lona inclinada no había frutas enteras; el ladrón parecía haber sido lo bastante cuidadoso con su botín para no desperdiciarlo de forma torpe durante la huida. Sin embargo, el examen minucioso del entorno revelaba pequeños indicios de su paso inmediato. Justo en el punto de flexión donde el techo del puesto conectaba con la barandilla de una pasarela residencial elevada, la densa capa de hollín y polvillo industrial que cubría las estructuras de Kirigakure había sido barrida limpiamente por un roce longitudinal, una marca consistente con el paso apresurado de un cuerpo o el arrastre de un saco de lona basta. Además, un penetrante rastro olfativo, dulce y ligeramente ácido, flotaba atrapado en las bolsas de aire frío generadas entre las vigas: la inconfundible fragancia de los higos de los acantilados recién cortados, cuyas cáscaras rotas dejaban una savia lechosa que tardaba en secarse bajo la humedad estival.

Fue en ese preciso instante de análisis cuando el entorno de la zona comercial alteró su monótono patrón de ruidos. A unos veinte metros de distancia en línea recta hacia el noreste, justo donde los techos de las tiendas de salazón se unían con las terrazas de los secaderos de algas, el graznido estridente y asustado de un grupo de gaviotas rompió el aire. Las aves alzaron el vuelo en una desordenada bandada gris, batiendo las alas con fuerza contra el manto de niebla descendente.

Inmediatamente después del eco de las aves, un sonido seco y rítmico resonó sobre la madera vieja de los tejados colindantes. Una silueta de baja estatura, envuelta en una capa raída de color gris azulado que se mimetizaba a la perfección con la bruma de Kiri, acababa de emerger de una de las chimeneas de ventilación traseras de un puesto de telas. El individuo llevaba colgado a la espalda un saco de arpillera abultado, del cual sobresalían los contornos irregulares de las canastas robadas a Saburō. Al notar la presencia o la dirección del shinobi sobre el tejado inferior, la figura no vaciló; giró sobre sus talones con una agilidad sorprendente para alguien cargado con semejante peso y se lanzó en una carrera veloz a través de la pendiente de los secaderos.

El ladrón demostraba un conocimiento milimétrico de la geografía del mercado. No corría a ciegas. Utilizaba los cables tensores que sostenían las lonas para equilibrarse y ejecutaba saltos limpios entre los callejones flotantes, aprovechando los salientes de las ventanas residenciales para ganar altura y perderse en el segundo nivel de las pasarelas superiores. Su estilo de movimiento no era el de un shinobi formal de la academia; carecía de la rigidez marcial de las posturas reglamentarias y recordaba más a las maniobras evasivas y elásticas de los huérfanos de los muelles, aquellos que aprendían a correr descalzos sobre la madera resbaladiza por el salitre antes de saber leer un mapa náutico.

A medida que el sospechoso avanzaba hacia el sector de los almacenes de pescado desecado, la distancia entre perseguido y perseguidor se estabilizaba debido a los obstáculos del terreno. El ladrón, consciente de que lo seguían, estiró un brazo hacia atrás mientras saltaba un espacio vacío entre dos edificios y, con un movimiento rápido, soltó una de las amarras de un andamio de bambú que sostenía varias hileras de bacalao puesto a secar. La estructura, privada de su contrapeso, comenzó a ceder de inmediato, balanceando pesados maderos y cuerdas sembradas de ganchos metálicos oxidados directamente sobre la trayectoria aérea más lógica, amenazando con bloquear el paso o forzar un desvío hacia los niveles inferiores del mercado, donde el gentío civil impediría mantener el ritmo visual del objetivo. La bruma, además, comenzaba a cerrarse con fuerza sobre los tejados, reduciendo la visibilidad a escasos metros y transformando las siluetas lejanas en meras sombras chinescas fluctuantes.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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Yukine Sekki
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28-06-2026, 04:11 PM
Yukine logró subir al tejado a pesar del rechinar de la lona, ya arriba podía ver la zona comercial con otros ojos, algo así como un raro rompecabezas usando bloques de LEGO en un juego de tetris, aunque claro todas estas referencias visuales no existen en la vida de Yukine así que dejémoslo como un rompecabezas de cubos de distintos tamaños y tejados con distintos materiales de construcción.

El polvo natural y el ollin de algunas chimeneas de forja acabaron creando la pista perfecta para Yukine, prácticamente los pasos o el arrastre del saco del ladrón acabaron formando un pequeño recorrido ante su ruta de escape. Yukine buscaría seguir dicho rastro aprovechando también el olor de la savia de ibis entre tejado y teja.

Pero el sonido de gaviotas detendrían su avance, el rubio no pudo evitar mirar a la dirrección de aquellas aves revoltosas y ver el motivo de su escape repentino, una figura humanoide con un gran saco saldría de una chimenea y no, no era Santa Claus, le hacía falta la ropa roja e invernal además de muchos kilos de panza y un trineo en el cual irse volando. La figura a varios metros vestía una mezcla de azul y gris, su saco aunque bastante lleno no parecía llevar regalos, al contrario, parecía estarse llevando algo.

Las miradas se cruzaron y empezó una persecución entre los techos, cables y reposaderos en ventanas sin macetas. Era sorprendente como el ladrón se movía con tanta agilidad teniendo no solo el peso del saco sino también su resistencia al viento que debía frenar sus movimientos, debía evitar colgarse de algún cable o cuerda si no quería caerse de las alturas y saltar de un tejado alto a uno más bajo sin frenar correctamente el daño por caída también eran pequeños segundos que el genin usaba para recortar la distancia.

Algo había ayudado vivir estos últimos dos años en el distrito de clase baja de Kirigakure, pudiendo observar e imitar las capacidades de parkour de los más jóvenes lugareños. Esta amenazante situación llevó al ladrón soltar la cuerda de una estructura de bambú para que se viniera abajo si Yukine intentaba pisarla, por ello el joven genin realizó sellos de manos y crearía una estructura de hielo al nivel de sus pies para que se fuera forjando en línea recta los suficientes metros para sobrepasar el inestable suelo y continuar detrás del ágil ladrón.
✔Aprendida · 20-06-2026
◈Hyoton
✦Nivel: 1
#ID: YUKI003R
◔Coste
15 de Chakra
▣Descripción

El usuario canaliza chakra Hyōton tras la ejecución de sellos, generando una estructura de hielo a su alrededor, la cual se expande violentamente en todas direcciones, impactando de manera devastadora a todo aquello que se encuentre en su rango. Esta manifestación combina la presión del hielo con una liberación abrupta de energía, convirtiéndose en una técnica ofensiva de área diseñada para castigar la cercanía del oponente y abrir espacio dentro del combate. La cantidad de objetivos que pueden ser alcanzados por esta técnica puede verse incrementada dependiendo de la cantidad de estructuras de hielo cercanas, aunque cada objetivo solo puede ser afectado una única vez por ejecución de la técnica.

Alternativamente, si existen estructuras de hielo activas en el campo, el usuario puede proyectar esta técnica desde cualquiera de ellas. En este caso, la técnica se manifiesta como un ataque de proyectiles lanzados en línea recta hacia un objetivo, teniendo como Rango una distancia en metros equivalente al Radio de la técnica original.

Cuando la técnica es generada directamente desde el usuario, la estructura formada posee una resistencia equivalente al daño que inflige, pero pierde completamente la capacidad de regenerarse por cualquier medio.

✧Efecto
50 (CCK) de Daño, 2 (MDES) de Radio/Rango

✔Aprendida · 20-06-2026
◈Mejora
✦Nivel: Cero
#ID: YUKI301M
◔Coste
10 de Chakra
▣Descripción

La destreza del usuario permite una mejor distribución del hielo en el campo, aumentando el rango de alcance de la técnica y su cobertura en el área de combate.

✧Efecto
2 (MDES) de Rango

✔Aprendida · 20-06-2026
◈Mejora
✦Nivel: 1
#ID: YUKI302M
◔Coste
20 de Chakra
▣Descripción

La destreza del usuario permite una mejor distribución del hielo en el campo, aumentando el rango de alcance de la técnica y su cobertura en el área de combate.

✧Efecto
4 (MDES) de Rango

✔Aprendida · 23-06-2026
◈Mejora
✦Nivel: 2
#ID: YUKI303M
◔Coste
30 de Chakra
▣Descripción

La destreza del usuario permite una mejor distribución del hielo en el campo, aumentando el rango de alcance de la técnica y su cobertura en el área de combate.

✧Efecto
6 (MDES) de Rango

El hielo se haría nieve encima de los civiles y el resto de ninjas ayudarían a evitar que algún bambú, tabla de madera o tubo de metal lastimara a alguien. Con la distancia cada vez menor Yukine tendría un kunai preparado para usar la fuerza de ser necesaria y retener al fugitivo ladronzuelo.

datos

Prácticamente crea un puente de hielo usando mi técnica en su versión lineal, dicha estructura tendría 7 metros de longitud, aunque no es mucho supongo que será suficiente para cruzar el obstáculo.

Chakra: 228/295

295 - 13 - 9 - 18 - 27 = 228


Naoe Senju
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29-06-2026, 07:15 PM
El estallido elemental del elemento hielo alteró súbitamente las condiciones térmicas de ese sector del mercado. Mientras la estructura de bambú cedía, desparramando cuerdas y ganchos metálicos oxidados, la canalización del chakra hyōton se manifestó de manera precisa: una sólida pasarela escarchada, nacida de la violenta expansión concéntrica y lineal de la técnica, se forjó sobre el vacío de siete metros, sirviendo de soporte artificial e impidiendo un aparatoso desvío hacia las caóticas pasarelas del nivel inferior. La energía remanente y las partículas congeladas flotaron en el aire veraniego, precipitándose sobre las lonas inferiores como copos ligeros que se fundían al instante con la densa humedad de Kirigakure. Abajo, el eco de los maderos chocando contra el hielo y la intervención indirecta de las patrullas locales mantuvieron a salvo a los civiles, pero la conmoción no pasó inadvertida para el fugitivo.

Al escuchar el crujido del hielo consolidándose a sus espaldas y notar que la distancia se reducía drásticamente, la silueta vestida de azul y gris azulado giró la cabeza levemente por encima del hombro. Sus ojos, apenas visibles tras una venda deshilachada que le cubría la mitad inferior del rostro, mostraron una chispa de auténtica alarma al percatarse de que su perseguidor no era un guardia civil común, sino un portador del codiciado elemento de la niebla. Lejos de rendirse ante el kunai desenvainado del shinobi, el ratero apretó los dientes, reajustó la soga del saco de arpillera sobre sus costillas y modificó radicalmente su estrategia de fuga.

El terreno que se abría por delante dejaba atrás los secaderos planos y se internaba en el cuadrante de los viejos almacenes de ahumado, una de las zonas más antiguas y estructuralmente inestables del distrito comercial de Kiri. Aquí, las chimeneas no exhalaban un sutil polvillo, sino columnas espesas de un humo oleoso extraído del carbón de turba y ramas de pino salado, utilizado para conservar las piezas de pescado a gran escala. El aire en este sector se volvió pesado, rancio y tan opaco que, combinado con la neblina natural que bajaba de los acantilados altos, reducía la visibilidad general a menos de tres metros en los puntos críticos.

El ladrón aprovechó la ventaja ambiental de inmediato. Al saltar desde la pasarela de hielo hacia la primera pendiente de tejas de arcilla negra de los ahumaderos, el sospechoso no buscó mantener la línea recta. En su lugar, ejecutó una serie de quiebros erráticos y bruscos, deslizándose por los canalones de desagüe de zinc y metiéndose adrede bajo las tuberías de condensación térmica que cruzaban el aire como un nido de serpientes metálicas. Estas tuberías, desgastadas por las sales del mar, goteaban constantemente un agua hirviente y cargada de óxido que creaba charcos resbaladizos y trampas de vapor caliente sobre los tejados.

Para complicar aún más el avance del genin, el ratero estiró la mano hacia su costado mientras corría a gatas sobre una cornisa de madera podrida y derribó con el pie tres grandes barriles de madera de pino que se usaban para almacenar la manteca de ballena destinada a las lámparas del puerto. Los contenedores rodaron ruidosamente por la pendiente del techo antes de fracturarse, liberando una sustancia viscosa, amarillenta y de un hedor insoportable que se extendió rápidamente por la superficie de los tablones. Cualquier pisada en falso sobre esa capa aceitosa anularía la tracción de los pies, amenazando con provocar una caída libre hacia los callejones inferiores, los cuales estaban sembrados de andamios de carga y depósitos de basura industrial.

A través de las cortinas de vapor hirviente y el humo de las chimeneas de forja, la silueta del fugitivo comenzó a distorsionarse, transformándose en una sombra borrosa que parecía desvanecerse a cada segundo. Sin embargo, su propio botín continuaba jugándole en contra: el peso de las manzanas de invierno y los higos de los acantilados hacía que las maderas viejas de las cornisas crujieran con un chasquido seco y predecible cada vez que su cuerpo se apoyaba en ellas, ofreciendo una guía auditiva clara en medio de la ceguera provocada por el humo industrial.

El ratero se encontraba ahora al borde del gran salto del callejón central, un abismo de casi diez metros que separaba el bloque de los ahumaderos del sector residencial de los muelles bajos. Mirando hacia el vacío, la figura agazapada pareció dudar por primera vez, balanceando el saco sobre sus hombros mientras medía sus opciones para cruzar o esconderse entre los respiraderos de ventilación que rugían expulsando ráfagas de aire caliente.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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Yukine Sekki
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07-07-2026, 11:39 PM
El hielo se formó como un puente entre ambos tejados, un hielo sólido y ligeramente resbaladizo con puntas filosas en su última formación. Yukine se subió al puente acostumbrado a patinar sobre el hielo, su intención era acabar con la distancia que lo separaba con el fugitivo ladrón del mercado. Aquel ágil hombre usó la placa de hielo para subir a la pendiente de arcilla negra. Yukine tuvo que clavar su kunai en la pared para detener su deslizamiento por el puente de hielo y luego seguir al fugitivo con kunai en mano.

Era complicado tener que seguir sus movimientos, no por su complejidad sino por que el rubio era incapaz de preveerlos, debía verlos antes de replicarlos. Los barriles derramados no fueron problemas, solo tuvo que saltar encima de ellos para no tener que pisar el aceite. Siguió al ladrón por cada uno de los sitios en donde se escabullia, ya llevaban un rato en persecución y no se podía detener ahora.

Finalmente llegaría a un precipicio de 10 metros de los cuales el hombre no quería saltar. Yukine se quedó de pie en la única "salida" que podía tomar el fugitivo y lo apuntó con su kunai-Te atrapé maldito. Rindete y te llevaré a prisión sin hacerte daño-el rubio ya estaba totalmente harto de la persecución sin sentido y aunque quería caerle a golpes se conformaba con simplemente llevarlo contra las autoridades de Kirigakure.

Virtudes, defectos y pasivas
[Imagen: kSBHJF.jpg]
Naoe Senju
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09-07-2026, 05:27 PM
El eco de la advertencia cortó el denso ambiente cargado de hollín, turba y vapor de agua. Arrinconado contra el borde del tejado de los ahumaderos, con un abismo de diez metros de caída libre a sus espaldas que conducía directamente hacia los adoquines húmedos y los muelles bajos de la villa, el fugitivo se vio privado de toda ruta de escape viable. La única salida terrestre estaba sólidamente bloqueada por la presencia armada del genin, cuyo kunai centelleaba débilmente bajo los jirones de bruma estival.

Al verse completamente descubierto y escuchar la orden de rendición, los hombros del ratero se tensaron bajo la raída capa gris azulada. El saco de arpillera que cargaba a la espalda emitió un leve crujido, delatando el roce de las manzanas de invierno y los higos que aún permanecían intactos en su interior. Por un instante, la silueta pareció sopesar la locura de saltar hacia el edificio residencial del otro lado del callejón, pero la distancia era excesiva para un civil sin el soporte físico del chakra y las suelas de sus vendajes ligeros mostraban sutiles quemaduras superficiales y escarcha remanente, consecuencias lógicas del frío liberado por la pasarela de hielo lineal que había pisado con anterioridad. Sus talones flaquearon de manera visible, rozando un par de tejas sueltas que cayeron al vacío, perdiéndose en la densa niebla inferior hasta que un tintineo sordo señaló su impacto contra el suelo.

Al comprender que la persecución técnica había concluido, la figura agazapada relajó lentamente la postura de carrera y alzó las manos de forma pausada, mostrando las palmas vacías en señal de sumisión. Con un movimiento torpe provocado por el cansancio acumulado, el individuo desató el nudo que unía el saco a sus costillas y dejó caer la pesada carga sobre los tablones aceitosos del tejado. Las canastas robadas al puesto de Saburō se deslizaron unos centímetros, revelando el botín de frutas cítricas y silvestres que había causado tanto revuelo en la zona comercial.

Fue entonces cuando el sospechoso llevó una de sus manos hacia el rostro y, con un tirón firme, se despojó de la venda deshilachada que le cubría las facciones. Lejos de la imagen de un criminal profesional o un ninja desertor peligroso, el rostro expuesto a la luz difusa del verano de Kiri reveló las facciones demacradas e infantiles de un huérfano de los muelles. Sus mejillas aparecían sucias de hollín, con rastros visibles de desnutrición cruda y unos ojos oscuros que reflejaban una profunda mezcla de resentimiento y cansancio físico. Sus manos, pequeñas y agrietadas por el salitre costero, temblaban levemente debido al esfuerzo de sostener el saco durante la huida por las cornisas.

—¡Llévame con la guarnición si es lo que quieres! —exclamó el muchacho, con una voz que oscilaba entre la indignación y la debilidad, rompiendo por primera vez el silencio que había mantenido durante el rastreo—. No soy el único que hace esto. En los muelles inferiores hay una docena de niños que no han probado un tubérculo o una fruta fresca en semanas. Los mercaderes prefieren dejar que los higos de los acantilados se pudran en las cajas de salazón antes de bajar los precios un solo ryō para los civiles de los suburbios. Saburō y los demás tienen los almacenes llenos, mientras que nosotros solo recibimos las sobras podridas de los barcos de carga.

El joven ratero dio medio paso hacia el frente, apartándose prudentemente del borde del precipicio, aunque manteniendo una distancia respetuosa respecto al arma del shinobi. Sus pies descalzos mostraban pequeñas heridas y rozaduras causadas por el parkour apresurado sobre los canalones de zinc y las tejas de arcilla. A pesar de sus palabras desafiantes, su cuerpo no mostraba intención alguna de iniciar un combate físico; la disparidad operativa entre un genin oficial de la niebla y un huérfano del sector inferior era absoluta, y el muchacho parecía lo bastante sensato para comprender que un enfrentamiento directo solo agravaría sus lesiones.

La bruma de Kirigakure comenzó a descender de forma masiva desde las cumbres residenciales superiores, envolviendo el tejado de los ahumaderos en un manto gris que aislaba la escena del resto del bullicio comercial. Abajo, en las pasarelas de madera, el murmullo de los clientes y las quejas de los vendedores continuaban su curso habitual, ajenos al drama logístico y social que acababa de resolverse en las alturas. El botín completo descansaba en el suelo, las opciones de fuga del sospechoso se habían reducido a cero y el destino del joven infractor aguardaba la determinación del ejecutor de la misión.

off. Te toca un post más y cerramos.
[Imagen: Firma.webp]

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09-07-2026, 05:56 PM
Por fin, fin del juego. La carrera había acabado, ella ladrón estaba arrinconado y aunque por un segundo miró aquel gran salto con intenciones de intentarlo, un par de tejas le recordaron lo cruel que podía ser la gravedad a tal altura. Yukine apuntaba al fugitivo con su arma esperando que se rindiera por las buenas y para su buena suerte así fué.

El sacó cayó al suelo confirmando la comida dentro, el ladrón alzó sus manos en señal de rendición y se quitó la máscara para revelar su rostro, era un chaval quizás un poco menor a Yukine, estaba mal alimentado y con varias heridas por andar de mono balanceándose de un lugar a otro sin importarle el terreno en el cuál corría.

Obviamente intentaría explicar su situación, golpearía de la mejor forma a Yukine usando la lástima, intentaría encontrar compasión en el rubio pero para su mala suerte no la encontraría-¿Y qué? Eres pobre. Bien. Yo igual-se encogió de hombros y siguió hablando-¿Pasas hambre? Perfecto. Yo también-de su bolsillo sacó unos dulces de leche y se los arrojó al niño, prácticamente esa era lo único de comida que lograba obtener Yukine con lo que cobraba y pagar su alquiler junto a otras deudas.

¿La gente es cruel y egoísta? Obvio que lo sé, yo también vivo en esta aldea. Pero las cosas son así, niño. Debes trabajar para sobrevivir y vivir para trabajar. Si robas simplemente llegará un momento en donde ya no podrás hacerlo-Yukine haría un gesto con su cabeza pidiendo que el niño se acercara, era momento de irse.

No estarás tanto tiempo en la cárcel. Y suena estúpido pero ahí tendrás comida diaria. Aprovecha. Cuando salgas intenta buscar un trabajo. De lo que sea. Muchos trabajan de todo tipo, limpian sitios que nadie quiere limpiar, crean objetos con arcilla o madera donde algunos solo ven barro y leña. Forja tu futuro y llega a lo más alto. Solo así cambiarás el mundo que hoy vivimos-sujetaría su antebrazo para asegurarse de que ya no huyera.

Eso es lo que yo estoy intentando al menos. Ya verás, cuando sea importante me reiré de todos los que me miraron con desprecio de la misma forma de que seguro te han mirado a tí o tus amigos ladrones. Y créeme hoy se seguro intentaré comer algo rico tras recibir el dinero por entregarte-sin más que decir llevó al chico a las autoridades.

¿Ah? ¿Que faltó el saco con comida dicen? Nah, el ladrón no llevaba nada consigo. Aunque dicen por ahí que una docena de niños de los muelles inferiores recibió una donación de fruta hace poco así que quién sabe.

Virtudes, defectos y pasivas
[Imagen: kSBHJF.jpg]
Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
Especiales
Salud11
Velocidad13
Tenketsu11
Sigilo10
415
440
Enlace al Post
09-07-2026, 06:52 PM
La silueta del mercado de Kirigakure recuperó de manera definitiva su cadencia monótona bajo el tamiz denso y perenne de la bruma veraniega. En el sector norte del cuadrante civil, donde los puestos de abastos se apretaban en hileras desiguales de bambú y lona húmeda, el eco de los eventos de la mañana comenzó a disolverse con la misma velocidad con la que el agua de condensación resbalaba por las tejas de arcilla negra. Las patrullas de orden público de la guarnición ya se habían internado por los pasajes residenciales inferiores, arrastrando al joven infractor hacia las celdas de procesamiento de los suburbios, dejando tras de sí un vacío que la multitud de compradores y estibadores no tardó en rellenar con sus habituales regateos y el arrastre de canastas pesadas.

En el centro del perímetro afectado, el mostrador de Saburō volvía a lucir sus cajas alineadas con una precisión de inventario casi militar. Aunque los rumores soterrados e inconexos sobre la misteriosa desaparición de una parte sustancial del botín —aquel saco que, según las actas previas, rebosaba de higos de los acantilados y manzanas de invierno— flotaban entre las conversaciones de los vendedores de pescado colindantes, la realidad logística oficial ya había quedado inmutablemente registrada. Para las autoridades de la niebla, un hurto menor resuelto con la captura del sospechoso principal y la pacificación del sector comercial constituía un éxito operativo absoluto, independientemente de los desvíos imprevistos que las mercancías hubieran sufrido en el trayecto aéreo entre los secaderos y los muelles bajos de la villa.

El oficial logístico asignado al cuadrante retiró el tintero de metal de la mesa auxiliar, guardando el carboncillo de precisión en su cinto de cuero desgastado antes de hacer entrega del estipendio correspondiente a la misión de Rango D. Un pequeño monedero de tela basta, cuyo tintineo sordo revelaba la presencia de los ryōs pactados para la retribución de los genin, fue depositado sobre el mostrador de madera rancia. El sello oficial, estampado con una tinta violácea que competía en tonalidad con la savia seca de los frutos silvestres, brillaba aún húmedo sobre el papel de arroz, marcando el cierre burocrático de la solicitud de intervención y archivando de forma definitiva el expediente número ciento cincuenta del distrito comercial inferior.

—El sector queda oficialmente bajo el protocolo de normalización interna —dictaminó el funcionario de la niebla, con una entonación mecánica que denotaba la falta de interés personal en los dramas socioeconómicos que aquejaban a las clases desfavorecidas de Kirigakure—. Las tasas de protección de la guarnición han sido justificadas con la captura del infractor. Cualquier reclamación posterior por discrepancias en el volumen de las existencias recuperadas deberá ser tramitada mediante un formulario de agravio civil ante la oficina central de intendencia.

Saburō, ocupado en limpiar con un trapo impregnado en vinagre las marcas de paja trenzada y jugo machacado que aún afeaban sus anaqueles de abastos, se limitó a emitir un bufido de asentimiento desprovisto de hostilidad real. Con la seguridad física de su puesto restablecida y las alarmas de cascabel nuevamente tensadas a lo largo de las vigas de soporte, el mercader dio por zanjado el incidente, concentrando su atención en los clientes que comenzaban a aglomerarse para adquirir los escasos cítricos de agua que se salvaban del rigor estival.

A medida que el mediodía avanzaba, la humedad saturada del verano de Kiri transformó el aire del mercado en un vapor caliente que borraba los últimos rastros de la escarcha artificial y el aceite de ballena derramado en las alturas de los ahumaderos. Las maderas de los tejados, que horas antes habían crujido bajo el peso de la persecución, permanecieron en un silencio absoluto, mimetizadas con la geografía grisácea e industrial que definía los niveles habitacionales de la aldea. La recompensa material estaba entregada, la deuda del alquiler minimalista del departamento superior contaba ahora con un respaldo logístico y la cruda realidad de Kirigakure continuaba su curso habitual, inalterable ante las pequeñas y silenciosas decisiones que se tomaban en la penumbra de su eterna niebla perenne. El balance de la jornada estaba sellado y el perímetro libre de anomalías civiles.
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