En estos tiempos las disidencias eran moneda corriente, llegando a compartir vínculos con rebeldes y criminales por todo el mundo, el Imperio estaba en decadencia, o eso se rumoreaba, las creencias de su creador poco a poco se desvanecían con el tiempo. Satoru simplemente creía en el bienestar de su aldea y en la paz que esto conllevaba para con el resto, era imprescindible mantener comunicación entre gobiernos para garantizar la continuidad de la Paz y prever posibles ataques terroristas, como lo sucedido tiempo atrás en Hoshigakure. Es gracias a ello que algunas aldeas disponen, de antaño, mensajeros los cuales se encargan de proporcionar información relevante o simplemente para asegurar aliados en tiempo de guerra y propiciar información.
El esfuerzo de Satoru no pasaba desapercibido en Konohagakure, llegándose a ganar el respeto de su gente e inclusive sus líderes. Hoy día era el encargado de llevar acabo este encuentro, una tarea sumamente particular, la cual debía pasar desapercibida entre los Shinobis y por sobre todo no provocar malentendidos con aldeas aliadas, por lo tanto debía procurar el buen uso de la palabra, lo menos sensato sería ser desconsiderado y faltar el respeto a sus invitados, gracias a su temple y reputación Satoru empeñaría esta misión de Tratados y Acuerdos con completa facilidad.
-Según lo indicado se trataba de un pequeño refugio militar en las profundidades de los bosques en el País de Fuego, a unos 100 km de la cordillera que limitaba con el País de las Aguas Termales, una construcción en roca maciza completamente oculta de los civiles y Shinobis extranjeros, un lugar completamente estratégico que cumplía su función de Guarida en algunas ocasiones. Las autoridades y senchos de los Imperios contaban con estas ubicaciones siendo utilizadas mayormente para reuniones estratégicas y centro de resguardo-
Como de costumbre emprendía su viaje con varías horas de antelación para así disfrutar del viaje, salió de mañana desde Konoha y según lo previsto llegaría a las 21 hs, justo una hora antes de la cita acordada. Allí los recibiría una pequeña comitiva de un Chuunin y tres civiles que se encargaron, días atrás, de preparar el lugar para las visitas, aprovisionándolo de alimentos y dándole condiciones para hospedarse, en caso de ser necesario, por unos días a sus visitantes extranjeros. Todo bajo el manto discrecional de la seguridad y privacidad de lo que allí pudiera suceder, pocos sabrían detalles de los allí acontecido más que algunos lideres y los shinobis en si.
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