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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Konohagakure no Sato]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 09:50:55 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[Un lugar para compartir contigo]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15236</link>
			<pubDate>Thu, 22 Oct 2026 19:47:35 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15236</guid>
			<description><![CDATA[El problema de preparar una salida sencilla, descubriría Akira Hyūga aquella mañana, era que su idea de lo sencillo parecía tener muy poco que ver con la de cualquier persona razonable.<br />
<br />
Todo habría comenzado con una decisión bastante inocente. Aprovechando que disponía de tiempo libre y que el día prometía ser agradable, había decidido invitar a Asuna a pasar unas horas fuera de la rutina de la aldea. Nada de entrenamientos programados, ejercicios ni obligaciones que atender. Solo un paseo hasta el Río Natsume, un lugar tranquilo junto al agua y algo de comida para compartir bajo los árboles.<br />
<br />
La idea le había parecido perfecta durante aproximadamente cinco minutos.<br />
<br />
Después había empezado a pensar en los detalles.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Comida, algo de fruta, dulces y té. Una manta para sentarnos y listo. Sencillo, ¿ves, Makey? Hasta yo puedo organizar algo sin convertirlo en una expedición.</span></span><br />
<br />
El gato blanco, instalado sobre el escritorio de la habitación, no demostraría el menor interés por aquella declaración. Sus ojos de distinto color seguirían los movimientos de Akira mientras este sacaba una cesta de un armario y la colocaba sobre la mesa.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No pongas esa cara. Ni siquiera he empezado.</span></span><br />
<br />
En realidad, Makey no habría puesto ninguna cara especial. Pero Akira ya estaba demasiado acostumbrado a interpretar los silencios del felino como respuestas perfectamente razonables.<br />
<br />
Comenzaría por reunir lo imprescindible. Un recipiente con comida preparada, varias piezas de fruta, una pequeña selección de dulces y una tetera que pudiera transportar sin derramar su contenido por el camino. Añadiría dos tazas, un par de utensilios y una manta doblada con cuidado.<br />
<br />
Hasta ahí, todo marcharía bastante bien.<br />
<br />
El inconveniente aparecería cuando contemplara el espacio que todavía quedaba disponible dentro de la cesta.<br />
<br />
Akira inclinaría la cabeza, evaluándolo con la misma seriedad que dedicaría a cualquier problema que exigiera una solución inmediata. Había sitio para algo más. No mucho, pero suficiente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Quizá debería llevar algo salado por si nos apetece comer otra cosa más tarde.</span></span><br />
<br />
Makey parpadearía.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y un poco más de fruta. No sabemos cuánto tardaremos en volver.</span></span><br />
<br />
El gato se incorporaría.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No significa que vayamos a pasar la noche allí. Solo estoy siendo previsor.</span></span><br />
<br />
Unos minutos después, la cesta contendría más comida de la que dos personas necesitarían para pasar una tarde junto al río. Akira habría añadido una pequeña porción extra de dulces, unas bolitas de arroz adicionales y otra ración que, según su razonamiento, siempre podría venir bien si el paseo se prolongaba.<br />
<br />
Al cerrar la cesta, descubriría que pesaba considerablemente más de lo previsto.<br />
<br />
La levantaría del escritorio, probaría su peso y observaría el resultado con cierta satisfacción.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Perfecto. Ahora sí que estamos preparados.</span></span><br />
<br />
Makey aprovecharía aquel instante para saltar desde el escritorio hasta el borde de la cesta.<br />
<br />
Sus patas delanteras desaparecerían entre la manta y uno de los recipientes antes de que Akira pudiera reaccionar.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Eh! ¿Qué estás haciendo?</span></span><br />
<br />
El gato comenzaría a acomodarse, dando una vuelta sobre sí mismo como si hubiera encontrado el lugar más apropiado de toda la residencia.<br />
<br />
Akira lo tomaría con cuidado por debajo del cuerpo y lo levantaría para sacarlo de allí.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni lo sueñes. Esto es un picnic, no tu nueva cama.</span></span><br />
<br />
Makey protestaría con un maullido y apoyaría las patas contra el pecho de su dueño.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, ya sé que la manta es cómoda. Precisamente por eso la he elegido. La diferencia es que yo pienso sentarme encima de ella sin llenarla de pelos antes de llegar.</span></span><br />
<br />
Dejaría al felino sobre el tatami y volvería a acomodar la manta, comprobando que los recipientes permanecieran bien colocados. Después cerraría la cesta y la dejaría junto a sus pertenencias.<br />
<br />
Makey lo observaría desde el suelo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No te preocupes. Cuando vuelva te traeré algo rico. Pero tendrás que conformarte con eso, porque no pienso llevarte hasta el río para que pases toda la tarde intentando robarme la comida.</span></span><br />
<br />
El gato giraría la cabeza, aparentemente ofendido.<br />
<br />
Akira soltaría una carcajada.<br />
<br />
Por lo menos, en aquel asunto, no tendría que preocuparse de encontrar las palabras adecuadas. Con Makey, podía hablar sin preparar de antemano cada frase, bromear sin preguntarse si una pausa sería demasiado larga y aceptar que, muchas veces, su interlocutor sencillamente tenía hambre.<br />
<br />
Con Asuna era diferente, aunque comenzaba a resultarle cada vez más fácil disfrutar de aquella diferencia.<br />
<br />
Mientras revisaba que llevara todo lo necesario, sus pensamientos regresarían brevemente a ella. No a las dudas que antes lo habían mantenido frente a una carta durante horas, sino a algo mucho más sencillo: la ilusión de compartir una tarde juntos.<br />
<br />
Quería enseñarle aquel rincón del río, encontrar un sitio donde pudieran extender la manta y dejar pasar el tiempo sin necesidad de buscar constantemente algo que hacer. Quizá hablarían de sus días, quizá se burlarían el uno del otro, o quizá acabarían permaneciendo en silencio mientras observaban el agua.<br />
<br />
Cualquiera de aquellas posibilidades le parecía buena.<br />
<br />
Y, aun así, no podría evitar dedicarle una última mirada a la cesta.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Creo que me he pasado un poco con la comida.</span></span><br />
<br />
Makey maullaría desde el tatami.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No necesito que estés de acuerdo conmigo.</span></span><br />
<br />
Con una última comprobación, Akira se prepararía para salir. Se acomodaría las prendas, tomaría la cesta y cerraría tras de sí la puerta de la habitación, no sin antes mirar una vez más al gato.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Compórtate mientras no estoy. Y no intentes convencer al servicio de que te han abandonado. Te conozco.</span></span><br />
<br />
Makey respondería con un maullido que Akira decidiría interpretar como una promesa poco fiable.<br />
<br />
El Hyūga abandonaría la residencia familiar y tomaría las calles que conducían desde el Complejo Hyūga hacia la zona centro-sur de Konohagakure. La mañana ya había cobrado vida a su alrededor. Comerciantes y trabajadores comenzaban a atender sus establecimientos, algunos vecinos conversaban frente a sus viviendas y el sonido de pasos y voces se mezclaba con el movimiento habitual de la aldea.<br />
<br />
Akira avanzaría a buen paso, llevando la cesta sin demasiadas dificultades, aunque de vez en cuando tendría que cambiarla de mano para descansar el brazo.<br />
<br />
Al atravesar las calles próximas a la Lonja de Comerciantes, dirigiría una mirada distraída hacia los establecimientos que comenzaban a recibir a sus primeros clientes. No se detendría. Ya había comprado todo lo que necesitaba y, considerando la cantidad de provisiones que llevaba, cualquier tentación de añadir algo más debía quedar descartada.<br />
<br />
Al continuar hacia el este y ligeramente al sur, pasaría por las inmediaciones del Almacén General de Suministros antes de internarse en las calles que conducían al Distrito Uchiha.<br />
<br />
La cesta volvería a cambiar de mano.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Definitivamente, la próxima vez llevaré menos cosas.</span></span><br />
<br />
Lo diría con la convicción de quien estaba completamente seguro de haber aprendido la lección, aunque una parte de él ya estuviera pensando en qué podría preparar para una futura ocasión.<br />
<br />
Al llegar al Distrito Uchiha, su atención se centraría en encontrar la vivienda de Asuna. Conocía el camino hasta el sector, pero eso no significaba que pudiera dirigirse a cualquier casa sin prestar atención. Ajustaría el paso, observaría las fachadas y seguiría las indicaciones que recordaba hasta reconocer el lugar.<br />
<br />
Entonces se detendría frente a la puerta.<br />
<br />
Por un instante, bajaría la mirada hacia la cesta que llevaba consigo. Todo estaba preparado: la comida, la manta, el té y los pequeños detalles con los que había imaginado aquella tarde junto al Río Natsume.<br />
<br />
Inspiraría suavemente, acomodaría la cesta en una mano y alzaría la otra.<br />
<br />
Sus nudillos golpearían la madera con un par de toques firmes.<br />
<br />
Akira esperaría frente a la puerta de la casa de Asuna, con una sonrisa que difícilmente podría ocultar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El problema de preparar una salida sencilla, descubriría Akira Hyūga aquella mañana, era que su idea de lo sencillo parecía tener muy poco que ver con la de cualquier persona razonable.<br />
<br />
Todo habría comenzado con una decisión bastante inocente. Aprovechando que disponía de tiempo libre y que el día prometía ser agradable, había decidido invitar a Asuna a pasar unas horas fuera de la rutina de la aldea. Nada de entrenamientos programados, ejercicios ni obligaciones que atender. Solo un paseo hasta el Río Natsume, un lugar tranquilo junto al agua y algo de comida para compartir bajo los árboles.<br />
<br />
La idea le había parecido perfecta durante aproximadamente cinco minutos.<br />
<br />
Después había empezado a pensar en los detalles.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Comida, algo de fruta, dulces y té. Una manta para sentarnos y listo. Sencillo, ¿ves, Makey? Hasta yo puedo organizar algo sin convertirlo en una expedición.</span></span><br />
<br />
El gato blanco, instalado sobre el escritorio de la habitación, no demostraría el menor interés por aquella declaración. Sus ojos de distinto color seguirían los movimientos de Akira mientras este sacaba una cesta de un armario y la colocaba sobre la mesa.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No pongas esa cara. Ni siquiera he empezado.</span></span><br />
<br />
En realidad, Makey no habría puesto ninguna cara especial. Pero Akira ya estaba demasiado acostumbrado a interpretar los silencios del felino como respuestas perfectamente razonables.<br />
<br />
Comenzaría por reunir lo imprescindible. Un recipiente con comida preparada, varias piezas de fruta, una pequeña selección de dulces y una tetera que pudiera transportar sin derramar su contenido por el camino. Añadiría dos tazas, un par de utensilios y una manta doblada con cuidado.<br />
<br />
Hasta ahí, todo marcharía bastante bien.<br />
<br />
El inconveniente aparecería cuando contemplara el espacio que todavía quedaba disponible dentro de la cesta.<br />
<br />
Akira inclinaría la cabeza, evaluándolo con la misma seriedad que dedicaría a cualquier problema que exigiera una solución inmediata. Había sitio para algo más. No mucho, pero suficiente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Quizá debería llevar algo salado por si nos apetece comer otra cosa más tarde.</span></span><br />
<br />
Makey parpadearía.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y un poco más de fruta. No sabemos cuánto tardaremos en volver.</span></span><br />
<br />
El gato se incorporaría.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No significa que vayamos a pasar la noche allí. Solo estoy siendo previsor.</span></span><br />
<br />
Unos minutos después, la cesta contendría más comida de la que dos personas necesitarían para pasar una tarde junto al río. Akira habría añadido una pequeña porción extra de dulces, unas bolitas de arroz adicionales y otra ración que, según su razonamiento, siempre podría venir bien si el paseo se prolongaba.<br />
<br />
Al cerrar la cesta, descubriría que pesaba considerablemente más de lo previsto.<br />
<br />
La levantaría del escritorio, probaría su peso y observaría el resultado con cierta satisfacción.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Perfecto. Ahora sí que estamos preparados.</span></span><br />
<br />
Makey aprovecharía aquel instante para saltar desde el escritorio hasta el borde de la cesta.<br />
<br />
Sus patas delanteras desaparecerían entre la manta y uno de los recipientes antes de que Akira pudiera reaccionar.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Eh! ¿Qué estás haciendo?</span></span><br />
<br />
El gato comenzaría a acomodarse, dando una vuelta sobre sí mismo como si hubiera encontrado el lugar más apropiado de toda la residencia.<br />
<br />
Akira lo tomaría con cuidado por debajo del cuerpo y lo levantaría para sacarlo de allí.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni lo sueñes. Esto es un picnic, no tu nueva cama.</span></span><br />
<br />
Makey protestaría con un maullido y apoyaría las patas contra el pecho de su dueño.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, ya sé que la manta es cómoda. Precisamente por eso la he elegido. La diferencia es que yo pienso sentarme encima de ella sin llenarla de pelos antes de llegar.</span></span><br />
<br />
Dejaría al felino sobre el tatami y volvería a acomodar la manta, comprobando que los recipientes permanecieran bien colocados. Después cerraría la cesta y la dejaría junto a sus pertenencias.<br />
<br />
Makey lo observaría desde el suelo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No te preocupes. Cuando vuelva te traeré algo rico. Pero tendrás que conformarte con eso, porque no pienso llevarte hasta el río para que pases toda la tarde intentando robarme la comida.</span></span><br />
<br />
El gato giraría la cabeza, aparentemente ofendido.<br />
<br />
Akira soltaría una carcajada.<br />
<br />
Por lo menos, en aquel asunto, no tendría que preocuparse de encontrar las palabras adecuadas. Con Makey, podía hablar sin preparar de antemano cada frase, bromear sin preguntarse si una pausa sería demasiado larga y aceptar que, muchas veces, su interlocutor sencillamente tenía hambre.<br />
<br />
Con Asuna era diferente, aunque comenzaba a resultarle cada vez más fácil disfrutar de aquella diferencia.<br />
<br />
Mientras revisaba que llevara todo lo necesario, sus pensamientos regresarían brevemente a ella. No a las dudas que antes lo habían mantenido frente a una carta durante horas, sino a algo mucho más sencillo: la ilusión de compartir una tarde juntos.<br />
<br />
Quería enseñarle aquel rincón del río, encontrar un sitio donde pudieran extender la manta y dejar pasar el tiempo sin necesidad de buscar constantemente algo que hacer. Quizá hablarían de sus días, quizá se burlarían el uno del otro, o quizá acabarían permaneciendo en silencio mientras observaban el agua.<br />
<br />
Cualquiera de aquellas posibilidades le parecía buena.<br />
<br />
Y, aun así, no podría evitar dedicarle una última mirada a la cesta.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Creo que me he pasado un poco con la comida.</span></span><br />
<br />
Makey maullaría desde el tatami.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No necesito que estés de acuerdo conmigo.</span></span><br />
<br />
Con una última comprobación, Akira se prepararía para salir. Se acomodaría las prendas, tomaría la cesta y cerraría tras de sí la puerta de la habitación, no sin antes mirar una vez más al gato.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Compórtate mientras no estoy. Y no intentes convencer al servicio de que te han abandonado. Te conozco.</span></span><br />
<br />
Makey respondería con un maullido que Akira decidiría interpretar como una promesa poco fiable.<br />
<br />
El Hyūga abandonaría la residencia familiar y tomaría las calles que conducían desde el Complejo Hyūga hacia la zona centro-sur de Konohagakure. La mañana ya había cobrado vida a su alrededor. Comerciantes y trabajadores comenzaban a atender sus establecimientos, algunos vecinos conversaban frente a sus viviendas y el sonido de pasos y voces se mezclaba con el movimiento habitual de la aldea.<br />
<br />
Akira avanzaría a buen paso, llevando la cesta sin demasiadas dificultades, aunque de vez en cuando tendría que cambiarla de mano para descansar el brazo.<br />
<br />
Al atravesar las calles próximas a la Lonja de Comerciantes, dirigiría una mirada distraída hacia los establecimientos que comenzaban a recibir a sus primeros clientes. No se detendría. Ya había comprado todo lo que necesitaba y, considerando la cantidad de provisiones que llevaba, cualquier tentación de añadir algo más debía quedar descartada.<br />
<br />
Al continuar hacia el este y ligeramente al sur, pasaría por las inmediaciones del Almacén General de Suministros antes de internarse en las calles que conducían al Distrito Uchiha.<br />
<br />
La cesta volvería a cambiar de mano.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Definitivamente, la próxima vez llevaré menos cosas.</span></span><br />
<br />
Lo diría con la convicción de quien estaba completamente seguro de haber aprendido la lección, aunque una parte de él ya estuviera pensando en qué podría preparar para una futura ocasión.<br />
<br />
Al llegar al Distrito Uchiha, su atención se centraría en encontrar la vivienda de Asuna. Conocía el camino hasta el sector, pero eso no significaba que pudiera dirigirse a cualquier casa sin prestar atención. Ajustaría el paso, observaría las fachadas y seguiría las indicaciones que recordaba hasta reconocer el lugar.<br />
<br />
Entonces se detendría frente a la puerta.<br />
<br />
Por un instante, bajaría la mirada hacia la cesta que llevaba consigo. Todo estaba preparado: la comida, la manta, el té y los pequeños detalles con los que había imaginado aquella tarde junto al Río Natsume.<br />
<br />
Inspiraría suavemente, acomodaría la cesta en una mano y alzaría la otra.<br />
<br />
Sus nudillos golpearían la madera con un par de toques firmes.<br />
<br />
Akira esperaría frente a la puerta de la casa de Asuna, con una sonrisa que difícilmente podría ocultar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión: Autonarrada- Rango C. El Escrito Perdido]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15143</link>
			<pubDate>Mon, 12 Oct 2026 05:37:39 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=860">Argeon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15143</guid>
			<description><![CDATA[La luz matutina se filtraba entre la fronda madura de los bosques que custodiaban el perímetro sudoeste de Konoha, proyectando sombras alargadas y serpenteantes sobre el lecho de follaje húmedo. El aire olía a tierra fresca, resina de pino y al rocío denso que solía acumularse tras las lluvias nocturnas. Un shinobi avanzaba a paso firme pero silencioso, con la mirada fija en el terreno. Su figura, recortada por una estatura visiblemente baja, contrastaba con la firmeza de su postura y la sobriedad de sus movimientos. A pesar de su porte compacto, la densidad de su pisada denotaba una constitución física singular, templada en el rigor de la disciplina médica y el linaje ancestral que portaba con discreción.<br />
<br />
<br />
<br />
La asignación de la jornada no parecía requerir un despliegue extraordinario. Un pergamino de trascendencia administrativa, protegido en un estuche de bambú barnizado con la insignia de la hoja en pigmento rojo, había desaparecido tras un percance sufrido por un mensajero novato en los linderos de los campos de entrenamiento. Sin embargo, la naturaleza del contratiempo descartaba un simple extravío por descuidado: el joven había sido emboscado por una jauría de jabalíes territoriales cuya agresividad desmedida forzó una retirada caótica.<br />
<br />
<br />
<br />
El ninja se detuvo junto al borde de un sendero secundario y descendió sobre una rodilla con fluidez metódica. Sus dedos examinaron la tierra removida. La impronta de cascos hendidos en el barro revelaba una masa corporal considerable, pero lo que realmente llamó su atención fue la profundidad impredecible de las pisadas. Los animales no marchaban a paso regular; avanzaban en frenéticos vaivenes, pateando el suelo y destrozando los tallos de la vegetación baja. Acercó dos dedos a una hojarasca impregnada de una sustancia viscosa y blanquecina. La analizó con la pausa propia de un facultativo experimentado. El olor a almizcle fuerte se combinaba con la savia amarga de las raíces de acónito silvestre, una especie botánica que brotaba en las zonas más sombrías del sotobosque y que, al ser consumida por la fauna local, provocaba estados de hiperecitabilidad y resistencia temporal al letargo.<br />
<br />
<br />
<br />
Siguió la traza de la maleza aplastada y la corteza desgarrada en las bases de los robles. A lo largo de unos doscientos metros, el rastro pintaba la trayectoria de una huida desesperada. Halló fragmentos de hilo de cáñamo y jirones de tela pertenecientes al uniforme del recadero, enganchados en las espinas de un matorral. Un par de metros más adelante, una hendidura en el tronco de un cedro mostraba marcas profundas de colmillos, acompañadas por las astillas de un contenedor de madera común que el mensajero había abandonado para aligerar peso. El estuche principal de bambú, no obstante, no aparecía entre los restos del equipaje desparramado; la jauría lo había arrastrado en su carrera.<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='registra la apariencia de la criatura'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='registra la apariencia de la criatura'; }">registra la apariencia de la criatura</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Jabalí común</div>
		</div><br />
<br />
<br />
A medida que se adentraba en la espesura del bosque de bambú y cedros viejos, el sonido de los gruñidos guturales y el crujido constante de ramas secas se tornó perceptible. La atmósfera en aquella hondonada natural era pesada y brumosa. En el centro del claro, flanqueado por paredes rocosas, cinco ejemplares de jabalí común patrullaban el área en un círculo caótico. Eran bestias robustas, con pelajes hirsutos de color pardo oscuro, lomos prominentes y colmillos curvos que sobresalían amenazantes de sus mandíbulas. En el centro del terreno, atascado entre las raíces aéreas de un viejo tocón y rodeado por la vegetación pisotada, destellaba el estuche de bambú barnizado, extrañamente intacto gracias a la densidad de la caña con la que había sido fabricado.<br />
<br />
<br />
<br />
El shinobi evaluó el cuadro en cuestión de segundos. La posición de los animales imposibilitaba una aproximación sigilosa; la toxina de las raíces consumidas mantenía sus sentidos alterados y sus niveles de adrenalina en el límite. Cualquier intento de extracción limpia requería alterar las condiciones del terreno y neutralizar la amenaza de forma contundente antes de que las bestias destruyeran el documento bajo sus cascos.<br />
<br />
<br />
<br />
Llevó sus dedos a la posición de sellado, haciendo una pausa deliberada para concentrar su centro de masa. De inmediato, el sello grabado en su frente comenzó a reaccionar. Una trama de marcas sutiles cobró vida, emanando una tonalidad verdosa brillante, opalescente y profunda, característica del chakra con afinidad al elemento Yang y a la praxis médica de alto nivel. La iluminación verdosa no solo envolvió sus manos, sino que proyectó un aura serena pero imponente a su alrededor. El flujo energético no estaba destinado únicamente a curar o estabilizar, sino a potenciar la totalidad de su metabolismo, densificando sus fibras musculares y agudizando sus reflejos a un umbral excepcional.<br />
<br />
<br />
<br />
Con el sello completamente desplegado y el chakra verdoso vibrando en su sistema respiratorio, inhaló profundamente, expandiendo su tórax. Ajustó la postura de sus pies sobre el terreno movedizo y ejecutó la secuencia de sellos manuales correspondientes a la transformación de naturaleza.<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Jutsu Nivel 3'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Jutsu Nivel 3'; }">Jutsu Nivel 3</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
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      </span>
    </span>
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      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
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    <div class="sg-spoiler__body">
      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Pasiva</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SENJ101B</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">Sin coste indicado</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El Clan Senju basa su poder en la acumulación progresiva de chakra mediante el Byakugō, un sello latente que se manifiesta una vez que el usuario ha adquirido sus especialidades. Esta técnica permite almacenar y posteriormente liberar dicho chakra, habilitando el uso de las especialidades mientras el Byakugō permanezca activo. Las especialidades se dividen en niveles [I], [II] y [III] que representan distintos grados de dominio y enfoque dentro del desarrollo del usuario.<br />
<br />
El Byakugō dispone de una cantidad máxima de turnos de uso, los cuales pueden administrarse de forma fraccionada a lo largo del combate. Sin embargo, una vez activado por primera vez, el usuario deberá asumir el costo correspondiente de uso del Byakugō, quedando obligado posteriormente a pagar en su totalidad los costos en Posts indicados en las especialidades antes de poder volver a utilizarlo.<br />
<br />
Al obtener sus especialidades, el usuario será clasificado dentro de uno de los tres tipos de Senju de acuerdo con el grupo de especialidades que posea en mayor número. Si existe un empate entre dos o más grupos, el usuario podrá escoger el estilo que adoptará al activar el Byakugō.<br />
<br />
[I] - Jōkai (Constante): Estos manifiestan tres marcas permanentes en el rostro, reflejando una afinidad por la estabilidad y el uso constante de sus capacidades.<br />
<br />
[II] - Jōkara (Equilibrio): Estos poseen una marca inicial que se expande por el cuerpo durante la activación del Byakugō y desaparece posteriormente, representando su naturaleza intermedia entre la constancia y el poder.<br />
<br />
[III] - Chikara (Poder): Inicialmente no presentan marcas visibles; sin embargo, al liberar el Byakugō aparecen múltiples marcas distribuidas por todo el cuerpo, simbolizando la liberación masiva de poder acumulado.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Daño y Resistencia - <span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Turnos Máximo</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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    button.setAttribute('aria-expanded', !isOpen ? 'true' : 'false');
  };
}
</script><br />
<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Sōsein</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
  <div class="sg-spoiler__panel">
    <div class="sg-spoiler__body">
      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 15-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Doton - Suiton</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SENJ002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">35 de Chakra | 25 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario posee afinidad natural con los elementos Suiton y Doton, debiendo elegir al inicio del combate una de estas dos naturalezas como su enfoque principal, decisión que no puede modificarse posteriormente. Esta técnica activa aplica sus efectos únicamente al elemento seleccionado, modificando la forma en que el usuario interactúa en combate a través de su afinidad elemental. El potencial de mejora de esta técnica se encuentra ligado a la elección realizada, desarrollándose exclusivamente sobre los efectos propios del elemento escogido.<br />
<br />
Al activarse, la técnica no genera efectos de manera directa, sino que altera el comportamiento de los macro-efectos asociados al elemento seleccionado. En el caso de Suiton, el efecto Presión se ve reforzado al incorporar Sangrado como parte de su aplicación, integrándose a su funcionamiento base y evolucionando a través de las mejoras correspondientes. Por otro lado, si el usuario ha optado por Doton, el efecto Rocoso se ve potenciado al aumentar su índice de Lesión, siguiendo la misma lógica de integración y desarrollo. Adicionalmente, el usuario podrá aplicar estos efectos a sus ataques de Taijutsu o a un arma con la categoría de Chakura Tō, incluso si no posee técnicas elementales activas, extendiendo así su influencia más allá del Ninjutsu convencional.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Efecto Mejorado</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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    button.setAttribute('aria-expanded', !isOpen ? 'true' : 'false');
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}
</script><br />
<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">[MCCKx3] Empuje por Presión [Suikōsen no Jutsu]</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 09-10-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Mejora</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 3</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SUIT103M</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">40 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario incrementa la presión del agua al canalizar mejor su chakra, aumentando la fuerza del empuje acumulado del chorro.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 3">9 (MCCK)</span> de Empuje por Presión	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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    button.setAttribute('aria-expanded', !isOpen ? 'true' : 'false');
  };
}
</script><br />
<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Suikōsen no Jutsu</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 20-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Suiton</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SUIT001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">45 de Chakra, 35 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario lanza un chorro de agua a presión desde la boca en línea recta, dirigido hacia su objetivo. La técnica se mantiene activa mientras el usuario continúe expulsando agua. El efecto de Empuje por Presión se acumula por cada turno en que el chorro impacte continuamente al mismo objetivo. Al finalizar, se calcula la cantidad total acumulada, y esta se utiliza para determinar tanto el desplazamiento del oponente como la potencia del impacto final.<br />
<br />
Si el jutsu se mantiene activo por más de un turno, al finalizar puede considerarse como una fuente de agua disponible para la ejecución de otros jutsus Suiton.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra ÷ 2">32,5 (CCK)</span> de Daño - <span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 5">15 (MCCK)</span> de Rango</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

<script>
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    wrapper.classList.toggle('is-open', !isOpen);
    button.setAttribute('aria-expanded', !isOpen ? 'true' : 'false');
  };
}
</script></div>
		</div><br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
Abrió la boca e invocó la técnica de agua. Un chorro masivo a altísima presión brotó de forma torrencial, abriéndose inmediatamente en forma de un abanico gigantesco que abarcó un radio considerable. El torrente acuoso, imbuido con la densidad de su chakra, impactó la hondonada como una marejada repentina. La fuerza del agua arrasó con la vegetación baja, lavó el barro acumulado en las rocas y barrió violentamente el sotobosque. La onda expansiva de la corriente levantó a tres de los jabalíes más lejanos, arrastrándolos varios metros ladra abajo y desorientándolos por completo bajo el peso del agua en movimiento.<br />
<br />
<br />
<br />
La marea artificial transformó el campo de batalla en un estanque poco profundo y cristalino, despejando cualquier obstáculo visual o físico entre él y el pergamino. Sin embargo, el macho alfa de la jauría, una mole de más de trescientos kilos con cicatrices profundas en el lomo, logró plantar sus cascos sobre una saliente rocosa, resistiendo el embate hidráulico. Con los ojos inyectados en sangre y echando espuma por el hocico debido al efecto de la toxina, la bestia divisó al pequeño ninja e inició una embestida furiosa a través del agua residual. La masa animal avanzaba como un proyectil vivo, levantando cortinas de agua a su paso y apuntando sus colmillos directamente hacia el torso del shinobi.<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Esquiva</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
  <div class="sg-spoiler__panel">
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        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: DEFE001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede evadir por completo un ataque si logra moverse al menos 1 metro fuera de su trayectoria. En el caso de jutsus de área, deberá desplazarse una distancia mayor, suficiente para salir por completo del alcance del ataque. <br />
<br />
Cada usuario posee un Potencial de Esquiva, calculado sumando sus modificadores de Destreza e Inteligencia. Este representa la capacidad del cuerpo para anticiparse y evadir ataques enemigos. La técnica básica de Esquiva permite evadir jutsus de Nivel 1 y consume 1 punto de Potencial de Esquiva por cada uso.<br />
<br />
Existen mejoras que aumentan el nivel máximo de jutsus que la técnica puede esquivar. Cada nivel adicional de Esquiva incrementa en 1 el costo de Potencial de Esquiva por uso, por lo que el costo de utilizar Esquiva siempre será igual al nivel actual de la técnica. Si el usuario no dispone del Potencial suficiente para pagar dicho costo, no podrá realizar la esquiva.<br />
<br />
En otras palabras, una Esquiva de Nivel 1 consume 1 punto de Potencial de Esquiva, una Esquiva de Nivel 2 consume 2 puntos, una Esquiva de Nivel 3 consume 3 puntos, y así sucesivamente. Esquivar una técnica de Nivel 0 también consume 1 punto, ya que el costo depende del nivel de la técnica de Esquiva utilizada y no del nivel del jutsu que se está evadiendo.<br />
<br />
Aclaración: Una vez realizada una Esquiva en el turno, se podrá esquivar tantas veces como el Potencial de Esquiva lo permita. El Potencial de Esquiva del usuario se reinicia en conjunto al Coldown de la técnica. Las mejoras que aumentan la Velocidad NO aumentan el nivel del jutsu que pueden esquivar, por lo que tampoco disminuyen puntos del Potencial de Esquiva al utilizar dichas mejoras.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) + Inteligencia (modificador)">2 (MDES+MINT)</span> de Potencial de Esquiva	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

<script>
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  };
}
</script><br />
<br />
<br />
Permaneció inmóvil, observando la trayectoria del animal con una frialdad analítica. Calculó la velocidad de aproximación, la masa de la bestia y la fricción que la corriente restante ejercía sobre el suelo. Cuando la punta de los colmillos estuvo a escasos centímetros de rozar su chaleco, hizo gala de una agilidad asombrosa. Aprovechando su baja estatura y su bajo centro de gravedad, realizó un pivoteo sobre su pie izquierdo, inclinando el torso lo justo para dejar pasar la masa del jabalí a milímetros de su costado. El aire desplazado por la embestida levantó su cabello, pero su mirada permaneció fija en el flanco expuesto del animal.<br />
<br />
En el preciso instante en que la bestia pasaba de largo, canalizó la potencia pura almacenada por el sello activo directo hacia su puño derecho. La luz verdosa de su chakra Yang se concentró en sus nudillos de tal manera que la densidad del aire alrededor de su mano pareció distorsionarse. Descargó un golpe directo y devastador contra el costado torácico del jabalí.<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Budōin</span>
      </span>
    </span>
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    </span>
  </button>
  <div class="sg-spoiler__panel">
    <div class="sg-spoiler__body">
      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 17-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Bukijutsu - Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SENJ001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra | 10 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario elige al iniciar el combate un árbol, optando entre Taijutsu o Bukijutsu, decisión que no puede modificarse posteriormente. Esta técnica activa aplica sus efectos únicamente al árbol elegido, permitiendo la aplicación de mejoras asociadas a esta técnica y modificando directamente la forma en que el usuario interactúa en combate según su especialización. El potencial de mejora de esta técnica se encuentra ligado a la elección realizada, desarrollándose exclusivamente sobre los efectos propios de la vía seleccionada.<br />
<br />
Al activarse, la técnica altera el comportamiento de la vía seleccionada. En el caso del Taijutsu, cada técnica que logra impactar genera un efecto de daño en área centrado en el punto de impacto, afectando a todos los objetivos dentro de su proximidad sin modificar la trayectoria original del ataque, sino expandiendo sus consecuencias tras el golpe; cualquier mejora aplicada a esta técnica potenciará directamente dicho efecto de área. Por otro lado, si el usuario ha optado por Bukijutsu, un arma del usuario adquiere la categoría de Chakura Tō mientras esta técnica se mantenga activa, siempre que corresponda a un arma de tipo empuñada. Además, el usuario podrá elegir mejorar al momento de la activación el Sangrado o Lesión, sin que ambos efectos puedan coexistir de forma simultánea; en este caso, las mejoras de la técnica se aplicarán sobre el efecto seleccionado, ya sea Sangrado o Lesión, reforzando su impacto en combate.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Efecto Mejorado</div>
            </div>
          </div>
        </div>
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}
</script><br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Golpe Fuerte</span>
      </span>
    </span>
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      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: TAIJ002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">15 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">Golpe Fuerte es una técnica de impacto directo y contundente que busca dominar por pura potencia física, superando a los Golpes Rápidos durante Entablar Taijutsu. Dentro de este sistema, utiliza el modificador de Fuerza del usuario para la comparativa. Si ambos usuarios eligen Golpe Fuerte al mismo tiempo, se comparará el daño infligido por cada técnica para determinar al vencedor.<br />
<br />
El Golpe Fuerte se caracteriza por el Daño que este puede realizar, además, fuera de Entablar Taijutsu, si el golpe impacta directamente sobre el oponente, sin ser bloqueado ni ser detenido por ningún medio, la siguiente acción que dure un segundo del usuario se considera sigiloso, ya sea otro golpe de rango Cuerpo a Cuerpo, el uso de un arma o herramienta o la activación de algún Jutsu. Esto ocurre porque el impacto suele mover naturalmente la cabeza o el enfoque del rival, ya sea al recibir un golpe en el rostro o al encorvarse brevemente por un golpe al torso, perdiendo así de vista al usuario por un instante.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza × 1">90 (FUE)</span> de Daño, <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 2">8 (MFUE)</span> de Comparativa en Entablar Taijutsu	</div>
            </div>
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</script><br />
<br />
<br />
El impacto fue una descarga de fuerza sobrehumana. La onda de choque generada por el puñetazo atravesó el cuero duro y la gruesa capa de grasa de la bestia, haciendo resonar el impacto en toda la hondonada. El empuje brutal transmitido por la fuerza del golpe fue tan severo que la piel y los tejidos superficiales del animal cedieron ante la presión, provocando un efecto directo de sangrado y laceración interna en el punto de contacto. La bestia salió despedida lateralmente, volando varios metros por encima del agua antes de estrellarse contra una pared de roca y quedar completamente inhabilitada, emitiendo un gemido sordo mientras la fuerza del golpe se disipaba en su organismo.<br />
<br />
<br />
<br />
El resto de la jauría, al presenciar la derrota instantánea y sanguinaria del macho alfa a manos de un oponente que triplicaba en desventaja de tamaño, perdió todo impulso de agresividad. El pánico infundido por la fuerza sobrehumana del médico superó los efectos de la raíz venosa. Los ejemplares restantes ganaron la parte alta de la hondonada y huyeron despavoridos hacia lo profundo del bosque, perdiéndose en la maleza.<br />
<br />
<br />
<br />
El silencio volvió a adueñarse del claro, interrumpido solo por el goteo constante del agua que descendía por los troncos de los árboles y el murmullo de la marea residual asentándose en la tierra. Desactivó la circulación del sello. Las marcas verdosas en su piel se atenuaron gradualmente hasta desaparecer por completo bajo su frente, regresando su chakra al estado de reposo habitual, lo cual le permite recuperar el chacra. Caminó con paso firme hacia el viejo tocón de árbol. Se agachó, apartó las ramas húmedas y tomó el estuche de bambú barnizado. Lo examinó cuidadosamente: la madera no presentaba fisuras, el sello de cera roja con el emblema de la Hoja permanecía intacto y el mecanismo de cierre no había sufrido deformaciones.<br />
<br />
<br />
<br />
Limpió la superficie del contenedor con la manga de su uniforme y lo aseguró diagonalmente a su espalda, ajustando la correa de cuero para evitar que se desplazara durante el trayecto de vuelta. Echó una última mirada clínica al jabalí caído; confirmó que la bestia continuaba respirando y que la hemorragia causada por la onda del empuje no resultaría fatal, permitiendo que la vitalidad natural del animal facilitara su recuperación con el paso de las horas.<br />
<br />
<br />
<br />
Satisfecho con el cumplimiento riguroso de cada etapa del protocolo, el ninja dio media vuelta y emprendió el retorno hacia la villa de Konoha. El sol ya alcanzaba su punto más alto sobre el horizonte, proyectando destellos sobre el estuche recuperado que ahora descansaba a salvo en su poder, listo para ser entregado en las instalaciones del Archivo Central.<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='off'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='off'; }">off</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Resumen. Durante una misión de rastreo en las afueras de Konoha, un médico ninja investiga el extravío de un pergamino administrativo y deduce, tras examinar la vegetación y las huellas del terreno, que la jauría de jabalíes responsable actuaba bajo los efectos de raíces venenosas. Al localizar a las bestias en una hondonada, el shinobi activa el sello de su clan liberando su chakra verdoso Yang y ejecuta una técnica Suiton arrojando desde su boca un gran chorro de agua a presión que inunda el área y desorienta al grupo. Aprovechando su baja estatura, esquiva con agilidad la embestida del jabalí alfa y responde con un puñetazo de fuerza sobrehumana cuyo violento empuje le causa un sangrado interno al animal, ahuyentando al resto de la jauría y permitiéndole recuperar intacto el estuche de bambú para entregarlo en el Archivo Central.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Argeon'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Argeon'; }">Estadísticas de Argeon</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Argeon</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>90</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>10</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>65</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>17</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>505</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>515</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>48</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	<br />
<br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:70%;background:linear-gradient(90deg,rgba(89,160,216,0.5),rgba(89,160,216,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#59a0d8'><path d='M12 2c.7 2.7 2.6 4.2 3.8 5.9C16.7 9.2 17 10.6 17 12a5 5 0 0 1-10 0c0-1.1.3-2 .8-2.9.4 1 1.2 1.6 2 1.6 1 0 1.6-.8 1.4-2.1C10.8 6.7 11.4 4 12 2z'/></svg>
					Chakra: 360/515
				</div>
			</div> <script>
					$('#post_30180 .personaje_chakra')[0].innerText = '360/515';
					$('#post_30180 .subBarraChakra').css('width', '204px');

					</script><br />
Chacra<br />
-35<br />
-45<br />
-40<br />
-20<br />
-15<br />
<br />
Recupera chacra.<br />
+48<br />
<br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:79%;background:linear-gradient(90deg,rgba(89,160,216,0.5),rgba(89,160,216,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#59a0d8'><path d='M12 2c.7 2.7 2.6 4.2 3.8 5.9C16.7 9.2 17 10.6 17 12a5 5 0 0 1-10 0c0-1.1.3-2 .8-2.9.4 1 1.2 1.6 2 1.6 1 0 1.6-.8 1.4-2.1C10.8 6.7 11.4 4 12 2z'/></svg>
					Chakra: 408/515
				</div>
			</div> <script>
					$('#post_30180 .personaje_chakra')[0].innerText = '408/515';
					$('#post_30180 .subBarraChakra').css('width', '232px');

					</script></div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La luz matutina se filtraba entre la fronda madura de los bosques que custodiaban el perímetro sudoeste de Konoha, proyectando sombras alargadas y serpenteantes sobre el lecho de follaje húmedo. El aire olía a tierra fresca, resina de pino y al rocío denso que solía acumularse tras las lluvias nocturnas. Un shinobi avanzaba a paso firme pero silencioso, con la mirada fija en el terreno. Su figura, recortada por una estatura visiblemente baja, contrastaba con la firmeza de su postura y la sobriedad de sus movimientos. A pesar de su porte compacto, la densidad de su pisada denotaba una constitución física singular, templada en el rigor de la disciplina médica y el linaje ancestral que portaba con discreción.<br />
<br />
<br />
<br />
La asignación de la jornada no parecía requerir un despliegue extraordinario. Un pergamino de trascendencia administrativa, protegido en un estuche de bambú barnizado con la insignia de la hoja en pigmento rojo, había desaparecido tras un percance sufrido por un mensajero novato en los linderos de los campos de entrenamiento. Sin embargo, la naturaleza del contratiempo descartaba un simple extravío por descuidado: el joven había sido emboscado por una jauría de jabalíes territoriales cuya agresividad desmedida forzó una retirada caótica.<br />
<br />
<br />
<br />
El ninja se detuvo junto al borde de un sendero secundario y descendió sobre una rodilla con fluidez metódica. Sus dedos examinaron la tierra removida. La impronta de cascos hendidos en el barro revelaba una masa corporal considerable, pero lo que realmente llamó su atención fue la profundidad impredecible de las pisadas. Los animales no marchaban a paso regular; avanzaban en frenéticos vaivenes, pateando el suelo y destrozando los tallos de la vegetación baja. Acercó dos dedos a una hojarasca impregnada de una sustancia viscosa y blanquecina. La analizó con la pausa propia de un facultativo experimentado. El olor a almizcle fuerte se combinaba con la savia amarga de las raíces de acónito silvestre, una especie botánica que brotaba en las zonas más sombrías del sotobosque y que, al ser consumida por la fauna local, provocaba estados de hiperecitabilidad y resistencia temporal al letargo.<br />
<br />
<br />
<br />
Siguió la traza de la maleza aplastada y la corteza desgarrada en las bases de los robles. A lo largo de unos doscientos metros, el rastro pintaba la trayectoria de una huida desesperada. Halló fragmentos de hilo de cáñamo y jirones de tela pertenecientes al uniforme del recadero, enganchados en las espinas de un matorral. Un par de metros más adelante, una hendidura en el tronco de un cedro mostraba marcas profundas de colmillos, acompañadas por las astillas de un contenedor de madera común que el mensajero había abandonado para aligerar peso. El estuche principal de bambú, no obstante, no aparecía entre los restos del equipaje desparramado; la jauría lo había arrastrado en su carrera.<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='registra la apariencia de la criatura'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='registra la apariencia de la criatura'; }">registra la apariencia de la criatura</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Jabalí común</div>
		</div><br />
<br />
<br />
A medida que se adentraba en la espesura del bosque de bambú y cedros viejos, el sonido de los gruñidos guturales y el crujido constante de ramas secas se tornó perceptible. La atmósfera en aquella hondonada natural era pesada y brumosa. En el centro del claro, flanqueado por paredes rocosas, cinco ejemplares de jabalí común patrullaban el área en un círculo caótico. Eran bestias robustas, con pelajes hirsutos de color pardo oscuro, lomos prominentes y colmillos curvos que sobresalían amenazantes de sus mandíbulas. En el centro del terreno, atascado entre las raíces aéreas de un viejo tocón y rodeado por la vegetación pisotada, destellaba el estuche de bambú barnizado, extrañamente intacto gracias a la densidad de la caña con la que había sido fabricado.<br />
<br />
<br />
<br />
El shinobi evaluó el cuadro en cuestión de segundos. La posición de los animales imposibilitaba una aproximación sigilosa; la toxina de las raíces consumidas mantenía sus sentidos alterados y sus niveles de adrenalina en el límite. Cualquier intento de extracción limpia requería alterar las condiciones del terreno y neutralizar la amenaza de forma contundente antes de que las bestias destruyeran el documento bajo sus cascos.<br />
<br />
<br />
<br />
Llevó sus dedos a la posición de sellado, haciendo una pausa deliberada para concentrar su centro de masa. De inmediato, el sello grabado en su frente comenzó a reaccionar. Una trama de marcas sutiles cobró vida, emanando una tonalidad verdosa brillante, opalescente y profunda, característica del chakra con afinidad al elemento Yang y a la praxis médica de alto nivel. La iluminación verdosa no solo envolvió sus manos, sino que proyectó un aura serena pero imponente a su alrededor. El flujo energético no estaba destinado únicamente a curar o estabilizar, sino a potenciar la totalidad de su metabolismo, densificando sus fibras musculares y agudizando sus reflejos a un umbral excepcional.<br />
<br />
<br />
<br />
Con el sello completamente desplegado y el chakra verdoso vibrando en su sistema respiratorio, inhaló profundamente, expandiendo su tórax. Ajustó la postura de sus pies sobre el terreno movedizo y ejecutó la secuencia de sellos manuales correspondientes a la transformación de naturaleza.<br />
<br />
<br />
<br />
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<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Jutsu Nivel 3'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Jutsu Nivel 3'; }">Jutsu Nivel 3</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Byakugō</span>
      </span>
    </span>
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    </span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Pasiva</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SENJ101B</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">Sin coste indicado</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El Clan Senju basa su poder en la acumulación progresiva de chakra mediante el Byakugō, un sello latente que se manifiesta una vez que el usuario ha adquirido sus especialidades. Esta técnica permite almacenar y posteriormente liberar dicho chakra, habilitando el uso de las especialidades mientras el Byakugō permanezca activo. Las especialidades se dividen en niveles [I], [II] y [III] que representan distintos grados de dominio y enfoque dentro del desarrollo del usuario.<br />
<br />
El Byakugō dispone de una cantidad máxima de turnos de uso, los cuales pueden administrarse de forma fraccionada a lo largo del combate. Sin embargo, una vez activado por primera vez, el usuario deberá asumir el costo correspondiente de uso del Byakugō, quedando obligado posteriormente a pagar en su totalidad los costos en Posts indicados en las especialidades antes de poder volver a utilizarlo.<br />
<br />
Al obtener sus especialidades, el usuario será clasificado dentro de uno de los tres tipos de Senju de acuerdo con el grupo de especialidades que posea en mayor número. Si existe un empate entre dos o más grupos, el usuario podrá escoger el estilo que adoptará al activar el Byakugō.<br />
<br />
[I] - Jōkai (Constante): Estos manifiestan tres marcas permanentes en el rostro, reflejando una afinidad por la estabilidad y el uso constante de sus capacidades.<br />
<br />
[II] - Jōkara (Equilibrio): Estos poseen una marca inicial que se expande por el cuerpo durante la activación del Byakugō y desaparece posteriormente, representando su naturaleza intermedia entre la constancia y el poder.<br />
<br />
[III] - Chikara (Poder): Inicialmente no presentan marcas visibles; sin embargo, al liberar el Byakugō aparecen múltiples marcas distribuidas por todo el cuerpo, simbolizando la liberación masiva de poder acumulado.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Daño y Resistencia - <span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Turnos Máximo</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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}
</script><br />
<br />
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Sōsein</span>
      </span>
    </span>
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    </span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 15-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Doton - Suiton</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SENJ002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">35 de Chakra | 25 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario posee afinidad natural con los elementos Suiton y Doton, debiendo elegir al inicio del combate una de estas dos naturalezas como su enfoque principal, decisión que no puede modificarse posteriormente. Esta técnica activa aplica sus efectos únicamente al elemento seleccionado, modificando la forma en que el usuario interactúa en combate a través de su afinidad elemental. El potencial de mejora de esta técnica se encuentra ligado a la elección realizada, desarrollándose exclusivamente sobre los efectos propios del elemento escogido.<br />
<br />
Al activarse, la técnica no genera efectos de manera directa, sino que altera el comportamiento de los macro-efectos asociados al elemento seleccionado. En el caso de Suiton, el efecto Presión se ve reforzado al incorporar Sangrado como parte de su aplicación, integrándose a su funcionamiento base y evolucionando a través de las mejoras correspondientes. Por otro lado, si el usuario ha optado por Doton, el efecto Rocoso se ve potenciado al aumentar su índice de Lesión, siguiendo la misma lógica de integración y desarrollo. Adicionalmente, el usuario podrá aplicar estos efectos a sus ataques de Taijutsu o a un arma con la categoría de Chakura Tō, incluso si no posee técnicas elementales activas, extendiendo así su influencia más allá del Ninjutsu convencional.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Efecto Mejorado</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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}
</script><br />
<br />
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">[MCCKx3] Empuje por Presión [Suikōsen no Jutsu]</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
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    </span>
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            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">40 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario incrementa la presión del agua al canalizar mejor su chakra, aumentando la fuerza del empuje acumulado del chorro.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 3">9 (MCCK)</span> de Empuje por Presión	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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}
</script><br />
<br />
<br />
<br />
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Suikōsen no Jutsu</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
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            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">45 de Chakra, 35 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario lanza un chorro de agua a presión desde la boca en línea recta, dirigido hacia su objetivo. La técnica se mantiene activa mientras el usuario continúe expulsando agua. El efecto de Empuje por Presión se acumula por cada turno en que el chorro impacte continuamente al mismo objetivo. Al finalizar, se calcula la cantidad total acumulada, y esta se utiliza para determinar tanto el desplazamiento del oponente como la potencia del impacto final.<br />
<br />
Si el jutsu se mantiene activo por más de un turno, al finalizar puede considerarse como una fuente de agua disponible para la ejecución de otros jutsus Suiton.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra ÷ 2">32,5 (CCK)</span> de Daño - <span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 5">15 (MCCK)</span> de Rango</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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}
</script></div>
		</div><br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
Abrió la boca e invocó la técnica de agua. Un chorro masivo a altísima presión brotó de forma torrencial, abriéndose inmediatamente en forma de un abanico gigantesco que abarcó un radio considerable. El torrente acuoso, imbuido con la densidad de su chakra, impactó la hondonada como una marejada repentina. La fuerza del agua arrasó con la vegetación baja, lavó el barro acumulado en las rocas y barrió violentamente el sotobosque. La onda expansiva de la corriente levantó a tres de los jabalíes más lejanos, arrastrándolos varios metros ladra abajo y desorientándolos por completo bajo el peso del agua en movimiento.<br />
<br />
<br />
<br />
La marea artificial transformó el campo de batalla en un estanque poco profundo y cristalino, despejando cualquier obstáculo visual o físico entre él y el pergamino. Sin embargo, el macho alfa de la jauría, una mole de más de trescientos kilos con cicatrices profundas en el lomo, logró plantar sus cascos sobre una saliente rocosa, resistiendo el embate hidráulico. Con los ojos inyectados en sangre y echando espuma por el hocico debido al efecto de la toxina, la bestia divisó al pequeño ninja e inició una embestida furiosa a través del agua residual. La masa animal avanzaba como un proyectil vivo, levantando cortinas de agua a su paso y apuntando sus colmillos directamente hacia el torso del shinobi.<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Esquiva</span>
      </span>
    </span>
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    </span>
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        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: DEFE001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario puede evadir por completo un ataque si logra moverse al menos 1 metro fuera de su trayectoria. En el caso de jutsus de área, deberá desplazarse una distancia mayor, suficiente para salir por completo del alcance del ataque. <br />
<br />
Cada usuario posee un Potencial de Esquiva, calculado sumando sus modificadores de Destreza e Inteligencia. Este representa la capacidad del cuerpo para anticiparse y evadir ataques enemigos. La técnica básica de Esquiva permite evadir jutsus de Nivel 1 y consume 1 punto de Potencial de Esquiva por cada uso.<br />
<br />
Existen mejoras que aumentan el nivel máximo de jutsus que la técnica puede esquivar. Cada nivel adicional de Esquiva incrementa en 1 el costo de Potencial de Esquiva por uso, por lo que el costo de utilizar Esquiva siempre será igual al nivel actual de la técnica. Si el usuario no dispone del Potencial suficiente para pagar dicho costo, no podrá realizar la esquiva.<br />
<br />
En otras palabras, una Esquiva de Nivel 1 consume 1 punto de Potencial de Esquiva, una Esquiva de Nivel 2 consume 2 puntos, una Esquiva de Nivel 3 consume 3 puntos, y así sucesivamente. Esquivar una técnica de Nivel 0 también consume 1 punto, ya que el costo depende del nivel de la técnica de Esquiva utilizada y no del nivel del jutsu que se está evadiendo.<br />
<br />
Aclaración: Una vez realizada una Esquiva en el turno, se podrá esquivar tantas veces como el Potencial de Esquiva lo permita. El Potencial de Esquiva del usuario se reinicia en conjunto al Coldown de la técnica. Las mejoras que aumentan la Velocidad NO aumentan el nivel del jutsu que pueden esquivar, por lo que tampoco disminuyen puntos del Potencial de Esquiva al utilizar dichas mejoras.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) + Inteligencia (modificador)">2 (MDES+MINT)</span> de Potencial de Esquiva	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

<script>
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}
</script><br />
<br />
<br />
Permaneció inmóvil, observando la trayectoria del animal con una frialdad analítica. Calculó la velocidad de aproximación, la masa de la bestia y la fricción que la corriente restante ejercía sobre el suelo. Cuando la punta de los colmillos estuvo a escasos centímetros de rozar su chaleco, hizo gala de una agilidad asombrosa. Aprovechando su baja estatura y su bajo centro de gravedad, realizó un pivoteo sobre su pie izquierdo, inclinando el torso lo justo para dejar pasar la masa del jabalí a milímetros de su costado. El aire desplazado por la embestida levantó su cabello, pero su mirada permaneció fija en el flanco expuesto del animal.<br />
<br />
En el preciso instante en que la bestia pasaba de largo, canalizó la potencia pura almacenada por el sello activo directo hacia su puño derecho. La luz verdosa de su chakra Yang se concentró en sus nudillos de tal manera que la densidad del aire alrededor de su mano pareció distorsionarse. Descargó un golpe directo y devastador contra el costado torácico del jabalí.<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Budōin</span>
      </span>
    </span>
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          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 17-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Bukijutsu - Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: SENJ001R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">20 de Chakra | 10 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario elige al iniciar el combate un árbol, optando entre Taijutsu o Bukijutsu, decisión que no puede modificarse posteriormente. Esta técnica activa aplica sus efectos únicamente al árbol elegido, permitiendo la aplicación de mejoras asociadas a esta técnica y modificando directamente la forma en que el usuario interactúa en combate según su especialización. El potencial de mejora de esta técnica se encuentra ligado a la elección realizada, desarrollándose exclusivamente sobre los efectos propios de la vía seleccionada.<br />
<br />
Al activarse, la técnica altera el comportamiento de la vía seleccionada. En el caso del Taijutsu, cada técnica que logra impactar genera un efecto de daño en área centrado en el punto de impacto, afectando a todos los objetivos dentro de su proximidad sin modificar la trayectoria original del ataque, sino expandiendo sus consecuencias tras el golpe; cualquier mejora aplicada a esta técnica potenciará directamente dicho efecto de área. Por otro lado, si el usuario ha optado por Bukijutsu, un arma del usuario adquiere la categoría de Chakura Tō mientras esta técnica se mantenga activa, siempre que corresponda a un arma de tipo empuñada. Además, el usuario podrá elegir mejorar al momento de la activación el Sangrado o Lesión, sin que ambos efectos puedan coexistir de forma simultánea; en este caso, las mejoras de la técnica se aplicarán sobre el efecto seleccionado, ya sea Sangrado o Lesión, reforzando su impacto en combate.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Control de Chakra (modificador) × 1">3 (MCCK)</span> de Efecto Mejorado</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
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}
</script><br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
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      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
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        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Golpe Fuerte</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Taijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: TAIJ002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">15 de Chakra</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">Golpe Fuerte es una técnica de impacto directo y contundente que busca dominar por pura potencia física, superando a los Golpes Rápidos durante Entablar Taijutsu. Dentro de este sistema, utiliza el modificador de Fuerza del usuario para la comparativa. Si ambos usuarios eligen Golpe Fuerte al mismo tiempo, se comparará el daño infligido por cada técnica para determinar al vencedor.<br />
<br />
El Golpe Fuerte se caracteriza por el Daño que este puede realizar, además, fuera de Entablar Taijutsu, si el golpe impacta directamente sobre el oponente, sin ser bloqueado ni ser detenido por ningún medio, la siguiente acción que dure un segundo del usuario se considera sigiloso, ya sea otro golpe de rango Cuerpo a Cuerpo, el uso de un arma o herramienta o la activación de algún Jutsu. Esto ocurre porque el impacto suele mover naturalmente la cabeza o el enfoque del rival, ya sea al recibir un golpe en el rostro o al encorvarse brevemente por un golpe al torso, perdiendo así de vista al usuario por un instante.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza × 1">90 (FUE)</span> de Daño, <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 2">8 (MFUE)</span> de Comparativa en Entablar Taijutsu	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
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}
</script><br />
<br />
<br />
El impacto fue una descarga de fuerza sobrehumana. La onda de choque generada por el puñetazo atravesó el cuero duro y la gruesa capa de grasa de la bestia, haciendo resonar el impacto en toda la hondonada. El empuje brutal transmitido por la fuerza del golpe fue tan severo que la piel y los tejidos superficiales del animal cedieron ante la presión, provocando un efecto directo de sangrado y laceración interna en el punto de contacto. La bestia salió despedida lateralmente, volando varios metros por encima del agua antes de estrellarse contra una pared de roca y quedar completamente inhabilitada, emitiendo un gemido sordo mientras la fuerza del golpe se disipaba en su organismo.<br />
<br />
<br />
<br />
El resto de la jauría, al presenciar la derrota instantánea y sanguinaria del macho alfa a manos de un oponente que triplicaba en desventaja de tamaño, perdió todo impulso de agresividad. El pánico infundido por la fuerza sobrehumana del médico superó los efectos de la raíz venosa. Los ejemplares restantes ganaron la parte alta de la hondonada y huyeron despavoridos hacia lo profundo del bosque, perdiéndose en la maleza.<br />
<br />
<br />
<br />
El silencio volvió a adueñarse del claro, interrumpido solo por el goteo constante del agua que descendía por los troncos de los árboles y el murmullo de la marea residual asentándose en la tierra. Desactivó la circulación del sello. Las marcas verdosas en su piel se atenuaron gradualmente hasta desaparecer por completo bajo su frente, regresando su chakra al estado de reposo habitual, lo cual le permite recuperar el chacra. Caminó con paso firme hacia el viejo tocón de árbol. Se agachó, apartó las ramas húmedas y tomó el estuche de bambú barnizado. Lo examinó cuidadosamente: la madera no presentaba fisuras, el sello de cera roja con el emblema de la Hoja permanecía intacto y el mecanismo de cierre no había sufrido deformaciones.<br />
<br />
<br />
<br />
Limpió la superficie del contenedor con la manga de su uniforme y lo aseguró diagonalmente a su espalda, ajustando la correa de cuero para evitar que se desplazara durante el trayecto de vuelta. Echó una última mirada clínica al jabalí caído; confirmó que la bestia continuaba respirando y que la hemorragia causada por la onda del empuje no resultaría fatal, permitiendo que la vitalidad natural del animal facilitara su recuperación con el paso de las horas.<br />
<br />
<br />
<br />
Satisfecho con el cumplimiento riguroso de cada etapa del protocolo, el ninja dio media vuelta y emprendió el retorno hacia la villa de Konoha. El sol ya alcanzaba su punto más alto sobre el horizonte, proyectando destellos sobre el estuche recuperado que ahora descansaba a salvo en su poder, listo para ser entregado en las instalaciones del Archivo Central.<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='off'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='off'; }">off</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Resumen. Durante una misión de rastreo en las afueras de Konoha, un médico ninja investiga el extravío de un pergamino administrativo y deduce, tras examinar la vegetación y las huellas del terreno, que la jauría de jabalíes responsable actuaba bajo los efectos de raíces venenosas. Al localizar a las bestias en una hondonada, el shinobi activa el sello de su clan liberando su chakra verdoso Yang y ejecuta una técnica Suiton arrojando desde su boca un gran chorro de agua a presión que inunda el área y desorienta al grupo. Aprovechando su baja estatura, esquiva con agilidad la embestida del jabalí alfa y responde con un puñetazo de fuerza sobrehumana cuyo violento empuje le causa un sangrado interno al animal, ahuyentando al resto de la jauría y permitiéndole recuperar intacto el estuche de bambú para entregarlo en el Archivo Central.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Argeon'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Argeon'; }">Estadísticas de Argeon</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Argeon</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>90</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>10</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>65</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>17</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>505</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>515</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>48</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	<br />
<br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:70%;background:linear-gradient(90deg,rgba(89,160,216,0.5),rgba(89,160,216,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#59a0d8'><path d='M12 2c.7 2.7 2.6 4.2 3.8 5.9C16.7 9.2 17 10.6 17 12a5 5 0 0 1-10 0c0-1.1.3-2 .8-2.9.4 1 1.2 1.6 2 1.6 1 0 1.6-.8 1.4-2.1C10.8 6.7 11.4 4 12 2z'/></svg>
					Chakra: 360/515
				</div>
			</div> <script>
					$('#post_30180 .personaje_chakra')[0].innerText = '360/515';
					$('#post_30180 .subBarraChakra').css('width', '204px');

					</script><br />
Chacra<br />
-35<br />
-45<br />
-40<br />
-20<br />
-15<br />
<br />
Recupera chacra.<br />
+48<br />
<br />

			<div style='position:relative;max-width:300px;height:26px;overflow:hidden;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);margin:6px 0;'>
				<div style='position:absolute;top:0;left:0;height:100%;width:79%;background:linear-gradient(90deg,rgba(89,160,216,0.5),rgba(89,160,216,0.85));'></div>
				<div style='position:relative;height:100%;display:flex;align-items:center;justify-content:center;gap:6px;font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>
					<svg xmlns='http://www.w3.org/2000/svg' width='12' height='12' viewBox='0 0 24 24' fill='#59a0d8'><path d='M12 2c.7 2.7 2.6 4.2 3.8 5.9C16.7 9.2 17 10.6 17 12a5 5 0 0 1-10 0c0-1.1.3-2 .8-2.9.4 1 1.2 1.6 2 1.6 1 0 1.6-.8 1.4-2.1C10.8 6.7 11.4 4 12 2z'/></svg>
					Chakra: 408/515
				</div>
			</div> <script>
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					</script></div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión Rango E: Un paseo por Konoha]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15073</link>
			<pubDate>Tue, 06 Oct 2026 17:07:40 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15073</guid>
			<description><![CDATA[La mañana había comenzado con el habitual movimiento de Konohagakure. Las calles estaban llenas de habitantes que iban y venían ocupándose de sus asuntos, mientras los pequeños comercios comenzaban a desplegar sus mercancías y algunos puestos de comida dejaban escapar el aroma de sus primeros platos del día. Entre los edificios de madera y piedra podían distinguirse las diferentes calles que se ramificaban por la aldea, algunas más transitadas que otras, pero todas conectadas entre sí. Por encima de los tejados se alzaba la enorme silueta de la montaña donde estaban tallados los rostros de los Hokage. Aquellas enormes figuras de piedra dominaban el paisaje y servían como una referencia perfecta para cualquiera que todavía no estuviera acostumbrado a orientarse por Konoha. <br />
<br />
Cerca de la entrada principal, apoyado despreocupadamente contra uno de los postes que delimitaban el acceso a la aldea, esperaba el Chūnin encargado de acompañarte. Se trataba de un hombre llamado Daichi Morikawa, de unos treinta años, estatura media y complexión algo ancha, con el cabello castaño oscuro recogido en una pequeña coleta. Al verte acercarte, Daichi levantó ligeramente la vista y soltó un largo bostezo. No era temprano, pues el sol se encontraba ya bastante alto y el movimiento de la aldea había comenzado hacía varias horas. Por su expresión, sin embargo, parecía considerar aquella tarea como una molestia que le habían encasquetado a última hora. Se rascó distraídamente la barriga antes de echarte un vistazo de arriba abajo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Tú debes ser el nuevo.</span></span> - Su tono carecía de demasiada emoción.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> - Daichi Morikawa. Me han encargado enseñarte un poco la aldea antes de que empieces a recibir encargos por tu cuenta.</span></span> - Se apartó finalmente del poste y comenzó a caminar sin demasiada prisa, haciendo un gesto con la mano para indicarte que lo siguieras. La primera calle por la que avanzó desembocaba en una de las zonas más concurridas de Konoha. A ambos lados podían verse pequeños restaurantes, tiendas de suministros, puestos de comida y establecimientos donde los habitantes realizaban sus compras cotidianas. Algunos comerciantes saludaban al Chūnin al pasar, aunque Daichi apenas respondía levantando una mano.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Esta es la zona comercial. Conviene que te la aprendas bien. Si necesitas comida, herramientas, ropa o cualquier cosa para el día a día, probablemente acabarás viniendo aquí. </span></span>- Señaló vagamente varias calles que se abrían a izquierda y derecha. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Ah, cierto. Tenemos un pequeño motivo para hacer todo este recorrido. </span></span>- Desdobló el papel y lo observó durante unos segundos antes de continuar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Alguien ha perdido una bolsa de tela azul por la aldea. No parece contener nada especialmente importante, pero tenemos que encontrarla antes de que termine el día. </span></span>- Volvió a guardar la nota y se encogió de hombros. - Así que mientras te enseño Konoha, presta atención a los lugares por los que pasemos y pregunta a quien creas que pueda haberla visto. Daichi siguió caminando. Al pasar junto a un puesto de comida, una ráfaga de viento levantó ligeramente un pequeño trozo de tela azul que sobresalía de una caja situada junto al establecimiento. El comerciante lo acomodó de nuevo sin darle importancia y continuó con su trabajo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Y por aquí llegaremos hacia la zona de la Academia. Es bastante más tranquila a estas horas, aunque seguramente habrá algún que otro estudiante correteando por los alrededores. </span></span><br />
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<hr class="mycode_hr" />
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<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='MAPA'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='MAPA'; }">MAPA</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.postimg.cc/76Cn3n51/Konoha-Mapa.jpg" loading="lazy"  width="700" height="500" alt="[Imagen: Konoha-Mapa.jpg]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
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<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">OFF:</span> Huola Akemi!!! Es tu primer tema en el juego y como no se muy bien tu nivel quiero hacerte una pequeña introducción a la interpretación. Será un tema corto de un par de post, para ver como te desenvuelves escribiendo y localizando “pequeñas” pistas en mi post que te puedan ayudar a resolver el tema. Cualquier duda que tengas me puedes contactar por discord, @asuna. Disfruta de tu tema.<br />
<br />
P.D. Se me olvidaba, estas ubicado entre los puestos 20 a 30, osea en la calle principal, por si la descripcion no lo dehjaba claro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La mañana había comenzado con el habitual movimiento de Konohagakure. Las calles estaban llenas de habitantes que iban y venían ocupándose de sus asuntos, mientras los pequeños comercios comenzaban a desplegar sus mercancías y algunos puestos de comida dejaban escapar el aroma de sus primeros platos del día. Entre los edificios de madera y piedra podían distinguirse las diferentes calles que se ramificaban por la aldea, algunas más transitadas que otras, pero todas conectadas entre sí. Por encima de los tejados se alzaba la enorme silueta de la montaña donde estaban tallados los rostros de los Hokage. Aquellas enormes figuras de piedra dominaban el paisaje y servían como una referencia perfecta para cualquiera que todavía no estuviera acostumbrado a orientarse por Konoha. <br />
<br />
Cerca de la entrada principal, apoyado despreocupadamente contra uno de los postes que delimitaban el acceso a la aldea, esperaba el Chūnin encargado de acompañarte. Se trataba de un hombre llamado Daichi Morikawa, de unos treinta años, estatura media y complexión algo ancha, con el cabello castaño oscuro recogido en una pequeña coleta. Al verte acercarte, Daichi levantó ligeramente la vista y soltó un largo bostezo. No era temprano, pues el sol se encontraba ya bastante alto y el movimiento de la aldea había comenzado hacía varias horas. Por su expresión, sin embargo, parecía considerar aquella tarea como una molestia que le habían encasquetado a última hora. Se rascó distraídamente la barriga antes de echarte un vistazo de arriba abajo. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Tú debes ser el nuevo.</span></span> - Su tono carecía de demasiada emoción.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> - Daichi Morikawa. Me han encargado enseñarte un poco la aldea antes de que empieces a recibir encargos por tu cuenta.</span></span> - Se apartó finalmente del poste y comenzó a caminar sin demasiada prisa, haciendo un gesto con la mano para indicarte que lo siguieras. La primera calle por la que avanzó desembocaba en una de las zonas más concurridas de Konoha. A ambos lados podían verse pequeños restaurantes, tiendas de suministros, puestos de comida y establecimientos donde los habitantes realizaban sus compras cotidianas. Algunos comerciantes saludaban al Chūnin al pasar, aunque Daichi apenas respondía levantando una mano.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Esta es la zona comercial. Conviene que te la aprendas bien. Si necesitas comida, herramientas, ropa o cualquier cosa para el día a día, probablemente acabarás viniendo aquí. </span></span>- Señaló vagamente varias calles que se abrían a izquierda y derecha. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Ah, cierto. Tenemos un pequeño motivo para hacer todo este recorrido. </span></span>- Desdobló el papel y lo observó durante unos segundos antes de continuar. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Alguien ha perdido una bolsa de tela azul por la aldea. No parece contener nada especialmente importante, pero tenemos que encontrarla antes de que termine el día. </span></span>- Volvió a guardar la nota y se encogió de hombros. - Así que mientras te enseño Konoha, presta atención a los lugares por los que pasemos y pregunta a quien creas que pueda haberla visto. Daichi siguió caminando. Al pasar junto a un puesto de comida, una ráfaga de viento levantó ligeramente un pequeño trozo de tela azul que sobresalía de una caja situada junto al establecimiento. El comerciante lo acomodó de nuevo sin darle importancia y continuó con su trabajo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">- Y por aquí llegaremos hacia la zona de la Academia. Es bastante más tranquila a estas horas, aunque seguramente habrá algún que otro estudiante correteando por los alrededores. </span></span><br />
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<div class="spoiler">
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		</div><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">OFF:</span> Huola Akemi!!! Es tu primer tema en el juego y como no se muy bien tu nivel quiero hacerte una pequeña introducción a la interpretación. Será un tema corto de un par de post, para ver como te desenvuelves escribiendo y localizando “pequeñas” pistas en mi post que te puedan ayudar a resolver el tema. Cualquier duda que tengas me puedes contactar por discord, @asuna. Disfruta de tu tema.<br />
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P.D. Se me olvidaba, estas ubicado entre los puestos 20 a 30, osea en la calle principal, por si la descripcion no lo dehjaba claro.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Automisión|D] Las plumas caídas.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15064</link>
			<pubDate>Mon, 05 Oct 2026 23:51:09 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=872">Farahan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15064</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">7 de Verano del 150 — Konohagakure</span><br />
<br />
Había misiones cuya sola lectura permitía imaginar cierta dignidad profesional. Escoltar un cargamento importante, localizar a una persona desaparecida, vigilar un camino frecuentado por ladrones o incluso recuperar algún objeto extraviado podían envolverse con suficiente imaginación para parecer el comienzo de algo digno de recordarse. Aquella no pertenecía a esa categoría. Farahan sostuvo el documento frente a sí durante unos segundos más, quizá esperando que una segunda lectura revelara información que justificara mejor su presencia. No ocurrió.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Gallinas.</span></span><br />
<br />
El funcionario que acababa de entregarle la misión levantó la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Gallinas.</span></span><br />
<br />
Farahan dejó descender ligeramente la hoja.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quería confirmar que ambos estábamos leyendo lo mismo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una ranchería ha perdido varias durante los últimos días. Algo entra por las noches, las ataca y se marcha antes de que puedan verlo. Creen que es un animal salvaje.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una amenaza verdaderamente implacable.</span></span><br />
<br />
El hombre llevaba suficiente tiempo asignando trabajos a Genin como para no sentirse obligado a participar del dramatismo.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es una misión de rango D.</span></span><br />
<br />
Eso resultaba difícil de discutir. Farahan volvió a observar el documento. El propietario había encontrado plumas alrededor del gallinero durante cuatro mañanas diferentes y contabilizaba cinco aves perdidas. No había personas heridas, daños considerables ni indicios de intervención humana. La petición exigía identificar al responsable y ahuyentarlo o neutralizarlo si era necesario. Nada extraordinario. Pero pagaba. Aquello mejoraba considerablemente sus méritos.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dónde está la ranchería?</span></span><br />
<br />
El funcionario le indicó una zona agrícola relativamente próxima a los límites de la aldea, suficientemente alejada del centro para que las viviendas comenzaran a separarse entre parcelas, corrales y campos cultivados.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pregunta por Sadao. La propiedad es suya.</span></span><br />
<br />
Farahan dobló el documento.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Espero que las gallinas aprecien el esfuerzo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras Sadao firme que resolviste el problema, puedes vivir sin su aprobación.</span></span><br />
<br />
Una respuesta sensata. Farahan guardó la orden y abandonó el edificio. El camino hacia las zonas agrícolas de Konoha resultó bastante menos desagradable que la misión prometía. El movimiento de la aldea disminuyó conforme se alejaba de las calles principales; los edificios fueron cediendo terreno a viviendas más separadas, caminos de tierra y parcelas cultivadas donde varias personas aprovechaban todavía las primeras horas del día antes de que el calor del verano se volviera más incómodo. Farahan avanzó sin demasiada prisa. Si el responsable atacaba únicamente durante la noche, llegar unos minutos antes no alteraría nada.<br />
<br />
Y, mientras caminaba, podía al menos preguntarse qué clase de criatura llevaba varios días regresando al mismo lugar sin que ninguno de los propietarios hubiese conseguido verla. Un depredador particularmente cuidadoso. O unos granjeros particularmente malos vigilando. Ambas posibilidades seguían abiertas. La ranchería apareció al final de un camino secundario bordeado por árboles bajos. Una cerca de madera delimitaba buena parte del terreno y separaba la vivienda principal de varias parcelas, un establo pequeño, un cobertizo para herramientas y dos corrales.<br />
<br />
El gallinero quedaba hacia la parte trasera, cerca de un canal estrecho utilizado para llevar agua entre los cultivos. Un hombre de unos cincuenta años lo esperaba junto a la entrada. La bandana hizo innecesarias las presentaciones más complicadas.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Vienes por las gallinas?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Me temo que sí.</span></span><br />
<br />
El hombre extendió una mano.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sadao.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Farahan.</span></span><br />
<br />
No consideró necesario regalarle el resto. Sadao lo condujo directamente hacia el gallinero mientras explicaba lo ocurrido.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La primera desapareció hace cinco noches. Pensé que alguien había dejado mal cerrada la puerta y se había escapado. Después encontramos las plumas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Sangre?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Muy poca. La segunda noche no pasó nada. A la siguiente desaparecieron dos y ayer otra más.</span></span><br />
<br />
Farahan hizo una cuenta rápida.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso suma cuatro.</span></span><br />
<br />
Sadao torció ligeramente la boca.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La quinta apareció muerta detrás del corral. Pensamos que intentó llevársela y algo lo asustó.</span></span><br />
<br />
Aquello sí podía resultar útil. El gallinero era una construcción sencilla de madera, elevada apenas unos centímetros del suelo y rodeada por un cercado de malla. Una docena larga de gallinas permanecía dentro durante aquella hora, picoteando la tierra sin la menor conciencia de que una organización militar acababa de asignar recursos para garantizar su supervivencia. Farahan se detuvo frente a ellas. Una de las aves levantó la cabeza. Él hizo lo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No te acostumbres.</span></span><br />
<br />
Sadao decidió no preguntar. Farahan rodeó primero la estructura sin tocar nada. No había tablas arrancadas ni marcas de impacto; la puerta cerraba correctamente y el cerrojo exterior no parecía haber sido manipulado. La malla tampoco mostraba aberturas suficientemente grandes para que una gallina adulta hubiese escapado por accidente.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Las encierra antes de que anochezca?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Siempre.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y desde el primer ataque revisa la puerta?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Dos veces.</span></span><br />
<br />
Farahan se agachó cerca de una de las esquinas. La tierra allí estaba más húmeda. El canal pasaba a pocos metros y parte del agua se filtraba hacia el terreno, ablandándolo alrededor de los postes. Una sección de la malla desaparecía algunos centímetros bajo el suelo, pero en aquel punto había quedado expuesta. No era una abertura enorme. Tampoco necesitaba serlo. Farahan introdujo dos dedos bajo el borde y consiguió levantarlo un poco más. Sadao soltó una maldición.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso no estaba así.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Probablemente sí. Solo que alguien más lo descubrió primero.</span></span><br />
<br />
Había pequeños surcos sobre la tierra húmeda y varias plumas atrapadas entre raíces bajas. Farahan siguió la dirección de ambas hasta el canal. Allí encontró otra. Después una más. No formaban un rastro continuo, pero bastaban para señalar la dirección utilizada al marcharse.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dónde encontraron la gallina muerta?</span></span><br />
<br />
Sadao lo condujo unos metros más allá del corral. El cuerpo ya había sido retirado, aunque todavía quedaban varias plumas sobre el terreno y una pequeña mancha oscura entre la hierba.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí.</span></span><br />
<br />
Farahan se agachó. No había demasiada sangre.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Estaba comida?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No. Tenía el cuello mordido.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y las otras nunca aparecieron?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ni una.</span></span><br />
<br />
Entonces aquello no parecía un animal entrando en pánico dentro del gallinero y matando cuanto encontraba. Tomaba una presa —dos en una ocasión— y se la llevaba. La quinta probablemente había sido abandonada porque algo interrumpió la retirada.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Tienen perro?</span></span><br />
<br />
Sadao señaló hacia la vivienda. Un animal viejo descansaba a la sombra del porche, más interesado en dormir que en cumplir cualquier función militar.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Taro. Pero ya no oye muy bien.</span></span><br />
<br />
Farahan observó al perro. Taro abrió un ojo. Farahan decidió que no esperaba demasiado de él.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Algún vecino ha perdido animales?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Que yo sepa, no.</span></span><br />
<br />
Eso resultaba más interesante. Si un depredador había encontrado alimento fácil, nada lo obligaba a limitarse a una única propiedad. Sin embargo, regresar repetidamente al mismo gallinero indicaba que había aprendido una ruta y comprobado que funcionaba. No necesitaba ser especialmente inteligente. Solo necesitaba que nadie corrigiera el error. Farahan se incorporó y observó el canal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿De dónde viene el agua?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—De las parcelas del norte. El canal sigue hasta una zona arbolada y después gira hacia el río.</span></span><br />
<br />
Aquello ofrecía al responsable una ruta cubierta, agua y acceso directo a la parte más vulnerable del corral. Cómodo. Demasiado cómodo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero ver dónde empieza la vegetación.</span></span><br />
<br />
Sadao lo acompañó hasta el extremo de la propiedad. El canal continuaba entre hierbas altas antes de perderse bajo varios árboles y arbustos que delimitaban los terrenos cultivados. El suelo conservaba mejor las marcas allí. Farahan encontró una huella parcial cerca del borde. Cuatro dedos. Almohadilla. Ninguna marca clara de garras debido a la humedad deformada. Canino, probablemente. No era suficiente para determinar tamaño con precisión, pero descartaba algunas posibilidades.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Un lobo?</span></span><br />
<br />
Farahan miró la huella. Después miró el gallinero. Después volvió a mirar a Sadao.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si un lobo capaz de pasar por ese hueco está atacando sus gallinas, tenemos problemas zoológicos bastante más interesantes que cinco aves desaparecidas.</span></span><br />
<br />
Sadao frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces ¿qué es?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no lo sé.</span></span><br />
<br />
No iba a convertir una conjetura en certeza solamente para sonar competente. Antes de regresar al corral, Farahan continuó algunos metros siguiendo el canal. La vegetación se hacía más espesa lejos de los cultivos y las huellas desaparecían en zonas donde el terreno estaba cubierto de hojas secas. Encontró, sin embargo, dos manchas de tierra removida y un pequeño mechón de pelo rojizo atrapado en la corteza áspera de un arbusto. Lo retiró con cuidado. Sadao se inclinó para verlo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso parece de zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿No es suficiente?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es suficiente para sospechar de un zorro. Para culparlo, preferiría verlo con una gallina en la boca.</span></span><br />
<br />
El granjero dejó escapar una risa corta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No sabía que las gallinas tuvieran derecho a juicio.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ellas no. El zorro quizá agradezca la cortesía.</span></span><br />
<br />
Regresaron hacia la vivienda. Una mujer que había estado sacudiendo una tela junto al porche dejó su trabajo al verlos aproximarse. Era aproximadamente de la edad de Sadao y tenía las manos teñidas por el trabajo con verduras y tierra.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mi esposa, Fumiko.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Ya sabe qué se está llevando las gallinas?</span></span><br />
<br />
Farahan mostró el mechón de pelo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tenemos candidato.</span></span><br />
<br />
Fumiko apenas necesitó verlo.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te dije que era un zorro.</span></span><br />
<br />
Sadao cruzó los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—También dijiste que podía ser un tejón.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Antes de ver las huellas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No habías visto las huellas cuando lo dijiste.</span></span><br />
<br />
Farahan dejó que la discusión doméstica se resolviera sin asistencia shinobi. Fumiko terminó ignorando a su marido y señaló hacia el extremo norte de la propiedad.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hace dos semanas vi uno junto a los campos al amanecer. No llevaba ninguna gallina, pero era grande. Se quedó mirándome desde lejos y luego se metió entre los árboles.</span></span><br />
<br />
Eso ampliaba el periodo durante el cual el animal había frecuentado la zona.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Antes de que empezaran los ataques?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí. Por eso le dije que reforzara la malla.</span></span><br />
<br />
Sadao miró hacia otro lado. Farahan encontró de pronto más interesante aquella parte de la historia.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La reforzó?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Revisé que estuviera bien.</span></span><br />
<br />
Fumiko emitió un sonido que conseguía expresar una opinión completa sin utilizar ninguna palabra.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Miró desde la puerta.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No parecía rota.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Técnicamente no lo estaba.</span></span><br />
<br />
El hombre pareció encontrar consuelo en aquello. Farahan no se lo permitió durante demasiado tiempo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pero una malla enterrada en tierra húmeda puede aflojarse aunque siga entera. El animal probablemente descubrió que podía levantarla y ahora vuelve porque funciona.</span></span><br />
<br />
Fumiko asintió con satisfacción.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te dije que había que enterrarla más.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí, Fumiko.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y poner piedras.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí, Fumiko.</span></span><br />
<br />
Farahan sospechó que aquella conversación había ocurrido antes y decidió no quedar atrapado en su siguiente repetición.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta noche no cierren el hueco.</span></span><br />
<br />
Ambos dejaron de discutir. Sadao fue el primero en reaccionar.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Quieres dejarlo entrar?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero que intente entrar por donde cree que todavía puede hacerlo. Si lo cerramos ahora, buscará otro sitio y tendré que averiguar cuál eligió.</span></span><br />
<br />
Fumiko miró hacia las gallinas.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y ellas?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Fuera del gallinero antes de anochecer.</span></span><br />
<br />
Eso obtuvo aprobación inmediata. Farahan explicó lo que necesitaba: una caja resistente, cuerda, madera, algo de carne, ceniza o harina vieja y cualquier objeto que pudiera utilizarse para improvisar una puerta de caída sin hacer demasiado ruido. Sadao lo condujo hasta el cobertizo. La cantidad de cosas almacenadas allí sugería que cada granjero terminaba convirtiéndose, por necesidad, en coleccionista de objetos que quizá algún día sirvieran para algo.<br />
<br />
Había tablas de distintos tamaños, herramientas con reparaciones encima de reparaciones, cuerda enrollada, clavos recuperados, una rueda que ya no pertenecía a ningún carro visible y varias cajas destinadas originalmente a transportar aves. Una de ellas podía servir. Farahan la examinó por dentro y por fuera. Era suficientemente grande para contener un animal mediano, aunque una de las bisagras estaba casi suelta y el cierre frontal dependía de una pieza de madera demasiado delgada.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Necesito esa tabla.</span></span><br />
<br />
Sadao siguió la dirección de su dedo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Está sosteniendo el estante.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces necesito otra tabla.</span></span><br />
<br />
Fumiko apareció detrás con dos piezas bajo el brazo.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Usa estas.</span></span><br />
<br />
Sadao la miró.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿De dónde las sacaste?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Del montón que llevas seis meses diciendo que vas a ordenar.</span></span><br />
<br />
Farahan aceptó ambas sin intervenir. Pasaron parte de la tarde preparando el lugar. No necesitaban construir una jaula sofisticada. Reforzaron la caja, aseguraron los bordes y prepararon una puerta vertical capaz de caer cuando se liberara la cuerda. Farahan probó el mecanismo varias veces con una piedra antes de considerar que podía confiar en él. La primera cayó demasiado despacio. La segunda se atascó. La tercera funcionó. Farahan volvió a levantarla. Sadao lo observó.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Funcionó.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una vez.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Solo necesitas una.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y preferiría que fuera cuando haya algo dentro.</span></span><br />
<br />
Repitió la prueba. Volvió a funcionar. Esta vez dio por terminado el ajuste. La caja no iría dentro del gallinero. Farahan la colocó a poca distancia de la abertura habitual y dejó un recorrido despejado desde el canal. Después distribuyó una capa fina de ceniza alrededor de la malla y en varios puntos del sendero. Fumiko lo observó desde atrás.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Para qué es eso?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero saber por dónde camina aunque no consiga atraparlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que ibas a poner una trampa.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Estoy poniendo varias. Algunas solo atrapan información.</span></span><br />
<br />
La mujer pareció aprobar la respuesta. Sadao, menos interesado en la filosofía del rastreo, llevó las gallinas a un almacén pequeño junto a la casa. El traslado produjo una indignación colectiva que Farahan consideró desproporcionada para animales cuya alternativa era convertirse en cena. Una de las aves escapó durante el proceso. Corrió debajo de una carreta. Sadao intentó atraparla por un lado. La gallina salió por el otro. Fumiko cerró el paso. El animal cambió nuevamente de dirección y terminó avanzando hacia Farahan. Él permaneció inmóvil. La gallina también. Durante unos segundos se observaron mutuamente.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hagas esto difícil.</span></span><br />
<br />
El ave ladeó la cabeza. Luego corrió. Farahan alcanzó a interceptarla antes de que entrara entre los cultivos y terminó sosteniéndola contra el pecho mientras recibía una combinación de aleteos, protestas y una cantidad innecesaria de plumas. Sadao rio.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece que ya hiciste una amiga.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No comparto esa interpretación.</span></span><br />
<br />
La entregó a Fumiko. La mujer escondió una sonrisa mientras la llevaba con las demás. Farahan se sacudió una pluma de la manga. La misión comenzaba a tomarse demasiadas confianzas. Cuando el gallinero quedó vacío, colocaron dentro un poco de paja recién removida para conservar el olor habitual. La carnada iría en la caja, no en el corral. Si el zorro seguía su rutina y encontraba la ausencia de aves, el olor de la carne debía ofrecerle una alternativa suficientemente sencilla para tentar la aproximación.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si no entra?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces habremos aprendido que no es tan confiado como parece.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y después?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Después pienso otra cosa.</span></span><br />
<br />
Sadao pareció esperar una respuesta más espectacular. No la recibió. Farahan dedicó el resto de la tarde a revisar el perímetro y hablar con dos vecinos cuyas parcelas conectaban con el mismo canal. El primero, un hombre llamado Gen, no había perdido animales, aunque tampoco tenía gallinas. Cultivaba verduras y mantenía únicamente dos cabras dentro de un cercado alto.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—He visto zorros muchas veces. Normalmente pasan y siguen de largo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Últimamente?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Uno hace unos días. Quizá dos. Era temprano.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dos zorros?</span></span><br />
<br />
Gen negó.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Dos veces. Creo que era el mismo.</span></span><br />
<br />
La segunda vecina, Chiyo, criaba conejos en jaulas elevadas y tenía razones suficientes para prestar atención a cualquier depredador.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Algo estuvo rondando hace una semana.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Perdió alguno?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No. Mis jaulas no están hechas con tela de gallinero.</span></span><br />
<br />
La frase llegó acompañada de una mirada hacia la propiedad de Sadao. Farahan decidió que las opiniones sobre las capacidades constructivas del hombre estaban bastante consolidadas en el vecindario.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Lo vio?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Solo la cola entre los arbustos. Roja. Grande.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿A qué hora?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Antes del amanecer.</span></span><br />
<br />
Dos observaciones independientes coincidían con la hipótesis del zorro. Chiyo añadió algo antes de que Farahan se marchara.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No creo que viva muy lejos.</span></span><br />
<br />
Farahan se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Por qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Porque lo he escuchado.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dónde?</span></span><br />
<br />
La mujer señaló hacia la zona boscosa más allá de los campos.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por ahí. Hace ruido por las noches. No siempre, pero más de una vez.</span></span><br />
<br />
Eso podía significar varias cosas y ninguna justificaba internarse a ciegas antes de comprobar que el animal era realmente el responsable. Farahan regresó con Sadao poco antes del atardecer.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Los vecinos dijeron algo útil?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Que su gallinero tiene mala reputación.</span></span><br />
<br />
El hombre lo miró. Farahan permitió que la frase permaneciera unos segundos.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y que han visto un zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso suena mejor.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Para usted, quizá.</span></span><br />
<br />
La vigilancia comenzaría al anochecer. Fumiko insistió en que cenara antes. Farahan aceptó principalmente porque quedarse varias horas inmóvil con hambre parecía una forma innecesaria de convertir una misión aburrida en una misión desagradable. La comida era sencilla: arroz, verduras, algo de pescado y té. Sadao habló más de las gallinas durante la cena de lo que Farahan había supuesto posible. Cada una parecía tener una historia, una costumbre o un defecto particular. La que había escapado bajo la carreta se llamaba Momo. Farahan lamentó haber adquirido aquella información.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es la más lista.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso plantea preguntas preocupantes sobre las demás.</span></span><br />
<br />
Fumiko rio.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—A esa le gusta salir. Si ve una puerta abierta, corre.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo noté.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una vez llegó hasta la casa de Gen.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Estoy empezando a sospechar que el zorro puede no ser el único problema de seguridad.</span></span><br />
<br />
Sadao parecía disfrutar demasiado de la conversación para sentirse ofendido. Cuando la luz comenzó a desaparecer, Farahan hizo una última revisión. La caja estaba lista. La cuerda corría desde el mecanismo hasta una posición de vigilancia situada junto a un árbol cercano. Podía cerrarla manualmente desde allí si el animal entraba sin activar la pieza preparada. Había descartado un mecanismo completamente automático porque no quería terminar capturando al perro, a un gato o a cualquier criatura que hubiera decidido investigar el olor. Las gallinas permanecían dentro del almacén. Taro dormía cerca de la casa. Farahan miró al perro.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta noche intentaré hacer tu trabajo.</span></span><br />
<br />
Taro no mostró signos de sentirse amenazado profesionalmente. El Genin terminó acomodándose sobre una rama gruesa de uno de los árboles próximos al canal, suficientemente elevada para observar el gallinero y la caja sin quedar directamente expuesto. Mucho mejor que el cobertizo. La oscuridad llegó despacio sobre las parcelas. Las últimas voces fueron desapareciendo desde las casas y el movimiento entre los campos cesó casi por completo. Solo permanecían insectos, el ruido constante del agua y, ocasionalmente, alguna gallina protestando desde el almacén donde había sido confinada. Farahan esperó. Una hora. Después otra.<br />
<br />
Las misiones de vigilancia tenían una característica particularmente ofensiva: convertían la paciencia en trabajo y, aun así, nadie pagaba por minuto. Apoyó la espalda contra el tronco. Nada. Durante algunos minutos llegó a considerar la posibilidad de que el animal hubiese decidido aquella misma noche desarrollar prudencia. Entonces Taro ladró. Una sola vez. Farahan enderezó la postura. El perro no volvió a hacerlo. El sonido del agua cambió apenas. Algo se desplazaba junto al canal. Farahan dirigió la atención hacia la vegetación, pero no distinguió ninguna silueta hasta que esta abandonó la sombra de los arbustos. Era un zorro.<br />
<br />
No especialmente grande. Pelaje rojizo, patas oscuras y una cola bastante más voluminosa que el resto de su cuerpo. Avanzaba pegado al borde del canal, deteniéndose cada pocos pasos para observar la propiedad. Farahan permaneció inmóvil. El animal no se dirigió inmediatamente hacia el gallinero. Primero comprobó el patio. Después olfateó el aire. Solo entonces siguió la misma ruta marcada por las plumas. Había hecho aquello antes suficientes veces para no necesitar explorar. Farahan observó cómo llegaba a la esquina de la malla y utilizaba el hocico para levantar exactamente el punto que había descubierto durante la mañana.<br />
<br />
Eso eliminaba prácticamente cualquier duda. El zorro introdujo la cabeza. Se detuvo. El gallinero estaba vacío. Olfateó nuevamente. Farahan no movió un músculo. El animal retiró la cabeza y recorrió el exterior. Encontró las huellas humanas recientes, se detuvo junto a una de ellas y levantó el hocico. La caja con carne estaba a pocos metros. El zorro la miró. No se acercó. Farahan esperó. El animal dio un paso hacia ella. Luego otro. Volvió a detenerse. Demasiado cauteloso. Farahan tuvo que reconocerle el mérito. El zorro rodeó la caja completa sin acercarse a la entrada.<br />
<br />
Olfateó uno de los laterales, intentó alcanzar la carnada desde una abertura demasiado pequeña y retrocedió cuando la madera crujió bajo su propio peso. Después se sentó. Aquello no estaba incluido en ningún plan. Farahan lo observó desde la rama. El zorro observó la caja. Pasaron varios segundos. Por primera vez desde que había comenzado la misión, Farahan tuvo la desagradable sensación de que estaba participando en una competencia de paciencia contra un animal de unos pocos kilogramos. El zorro terminó levantándose. Se dirigió hacia la entrada. Farahan tensó la cuerda. El hocico entró primero. Después una pata. La segunda no llegó a cruzar.<br />
<br />
El animal se detuvo de golpe y retrocedió. Farahan no se movió. El zorro volvió a acercarse, pero esta vez no miró la carne. Olfateó el borde de la caja, pasó junto a uno de los laterales y apoyó el hocico sobre una esquina donde Sadao había sujetado la madera durante la tarde. Allí permaneció unos segundos. Luego se apartó. Farahan entendió. Demasiado olor humano. El animal podía reconocer perfectamente que aquel objeto no pertenecía al entorno y, por mucho que la carnada resultara atractiva, la caja seguía siendo nueva, manipulada y colocada en mitad de una ruta que conocía. El zorro rodeó una vez más el gallinero.<br />
<br />
Intentó levantar la malla por el punto habitual. No había aves. Volvió a la caja. Nada. Después miró hacia el almacén. Las gallinas eligieron precisamente ese momento para empezar a moverse. El sonido fue leve. Suficiente. El zorro levantó las orejas. Farahan contuvo el aire. El animal abandonó la caja y avanzó algunos pasos en dirección a la vivienda. Eso sí resultaba problemático. El almacén estaba cerrado y no tenía el mismo punto débil que el gallinero, pero Farahan no quería enseñarle una segunda ruta de acceso en una sola noche. Tomó una pequeña piedra. No necesitaba golpearlo. Solo cambiar la situación.<br />
<br />
La lanzó contra la tierra varios metros detrás del animal. El impacto produjo un sonido seco. El zorro giró inmediatamente. Farahan lanzó otra hacia una zona distinta. Esta vez la criatura no esperó. Corrió hacia el canal y desapareció entre la vegetación. Taro empezó a ladrar varios segundos tarde. Farahan observó el lugar por donde había escapado.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Impecable coordinación.</span></span><br />
<br />
El perro siguió ladrando. La primera noche no había terminado como esperaba. Tampoco había sido inútil. Había confirmado al responsable, su ruta de entrada, el punto exacto por donde levantaba la malla y algo más importante: el animal era suficientemente cauteloso para desconfiar de una estructura nueva incluso cuando contenía comida. Farahan descendió del árbol y se acercó a la caja. El olor no necesitaba una nariz de zorro para resultar evidente. Madera removida, cuerda nueva, manos, herramientas, sudor y hasta el pescado de la cena se habían mezclado durante la preparación. Habían construido una trampa correcta. No una trampa convincente.<br />
<br />
Sadao apareció poco después con una lámpara.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Escuché al perro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Él escuchó mi piedra.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Vino?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
El granjero miró la caja.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Resulta que no es idiota.</span></span><br />
<br />
Sadao se acercó.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿No entró?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Casi. Olió algo que no le gustó y retrocedió.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La carnada?</span></span><br />
<br />
Farahan negó.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nosotros.</span></span><br />
<br />
Sadao observó sus propias manos.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Puede oler que tocamos la caja?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puede oler muchas cosas que nosotros preferimos ignorar.</span></span><br />
<br />
El hombre miró hacia el canal.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces mañana hacemos otra.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
Sadao pareció sorprendido.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta funciona. Solo tenemos que conseguir que deje de parecer una cosa que apareció hoy de la nada.</span></span><br />
<br />
Farahan retiró la carne con una vara, bajó la puerta y dejó la caja en el sitio. No iba a moverla todavía. Si el zorro regresaba durante la madrugada, prefería que la encontrara inofensiva y vacía. Cuantas más veces pudiera inspeccionarla sin consecuencias, menos novedosa sería después.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Vas a seguir aquí toda la noche?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Un rato.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puedo relevarte.</span></span><br />
<br />
Farahan miró al hombre.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Sabe lanzar una piedra sin darle al zorro?</span></span><br />
<br />
Sadao consideró la pregunta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Probablemente.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aprecio la honestidad. Vaya a dormir.</span></span><br />
<br />
El hombre terminó obedeciendo. Farahan regresó al árbol. El zorro no volvió durante la siguiente hora. Tampoco durante la siguiente. A medida que avanzaba la noche, el cansancio empezó a convertir cualquier movimiento entre la vegetación en una posibilidad digna de atención. Un roedor cruzó el sendero. Una rama cayó cerca del canal. Un ave nocturna produjo un sonido que Farahan estuvo a punto de interpretar como pasos antes de reconocer el origen. Nada más se acercó al gallinero. Poco antes de retirarse, bajó una última vez para comprobar el suelo. Encontró huellas nuevas. El zorro había regresado.<br />
<br />
No mientras él miraba, sino durante uno de los intervalos en que había dirigido la atención hacia el canal. Había rodeado la caja. Otra vez. No había intentado entrar. Farahan siguió las marcas hasta el borde de la vegetación y se detuvo. Eso confirmaba que la curiosidad seguía ahí. La segunda noche tendría mejores posibilidades. A la mañana siguiente no desmontó la trampa. Hizo lo contrario. La ensució. Sadao salió justo cuando Farahan arrastraba la caja varios metros sobre tierra húmeda.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué haces?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mejorándola.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece que estás arruinándola.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso también ayuda.</span></span><br />
<br />
Cubrió parte de la madera con barro, frotó hojas y paja vieja sobre los laterales y dejó que permaneciera cerca del gallinero durante varias horas. Después pidió una manta que llevara tiempo en el establo. Fumiko apareció con una.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta huele a cabra.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Perfecto.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nunca pensé escuchar esa palabra después de esa frase.</span></span><br />
<br />
Farahan cubrió temporalmente la caja con la tela mientras trabajaban alrededor. No pretendía eliminar el olor humano. Eso era imposible. Quería sepultarlo bajo olores que ya pertenecieran al entorno. También modificó la posición. La primera noche habían colocado la caja demasiado visible, separada de cualquier cobertura. Un animal acostumbrado a desplazarse pegado a vegetación y cercas tenía que abandonar su propia ruta para entrar. Farahan la trasladó junto a la esquina del gallinero, alineada con el recorrido que el zorro utilizaba normalmente.<br />
<br />
Amontonó paja y algunas tablas a los costados para que desde lejos pareciera una extensión desordenada de la estructura, no una caja aislada. Después comprobó nuevamente la puerta. Funcionaba.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Ahora sí?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ahora parece menos una trampa.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pero sigue siendo una.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esa es la parte importante.</span></span><br />
<br />
La mañana todavía les ofrecía otra ventaja. Las huellas de la noche estaban frescas. Farahan decidió seguirlas antes de que el tránsito de personas y animales las destruyera. Esta vez pidió a Sadao que se quedara atrás desde el principio. El rastro avanzaba junto al canal y después se internaba entre vegetación más cerrada. No era continuo. En algunos puntos desaparecía por completo y obligaba a buscar señales indirectas: hojas desplazadas, ramas bajas dobladas, tierra oscura donde una pata había removido la capa seca. Farahan avanzó despacio. La búsqueda consumía tiempo, pero cada interrupción tenía una lógica.<br />
<br />
El animal evitaba los espacios más abiertos y utilizaba zonas donde el olor del agua probablemente dificultaba seguirlo. Después de varios minutos encontró una impresión clara junto a una piedra. Luego otra. Más adelante aparecieron dos. Una era menor. Farahan se detuvo. Podía ser una huella parcial. O un animal diferente. Siguió con más cuidado. Encontró una segunda marca pequeña. Esta vez no había duda. Había más de un zorro utilizando aquella zona. Eso no significaba que dos adultos estuvieran atacando el gallinero, pero sí descartaba la imagen de un único ejemplar recorriendo el lugar de manera completamente aislada.<br />
<br />
El rastro lo llevó hasta una zona de raíces expuestas en el borde del bosque. Allí encontró tierra removida, pelo adherido a una rama y varias marcas pequeñas alrededor de una abertura baja. Farahan no necesitó acercarse demasiado. Escuchó un sonido breve desde el interior. Después otro. Cachorros. Aquello explicaba las cinco gallinas mucho mejor que la simple voracidad. El adulto no estaba llevando alimento únicamente para sí. Farahan retrocedió. No tenía ningún motivo para convertir una misión de protección de ganado menor en la destrucción de una madriguera. Regresó a la ranchería con la nueva información.<br />
<br />
Sadao estaba trabajando sobre el borde del gallinero.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Encontraste algo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La madriguera.</span></span><br />
<br />
El hombre dejó la herramienta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Está cerca?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo suficiente para que sus gallinas resulten más cómodas que cazar.</span></span><br />
<br />
Fumiko salió de la casa.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Hay crías?</span></span><br />
<br />
Farahan la miró.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
Ella no pareció sorprendida.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Con razón llevaba tantas.</span></span><br />
<br />
Sadao miró hacia el bosque.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces no podemos llevarlo demasiado lejos.</span></span><br />
<br />
La conclusión llegó de él antes de que Farahan tuviera que plantearla. Eso simplificaba la conversación.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pero tampoco quiero que vuelva esta noche.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por eso vamos a arreglar el gallinero antes de volver a atraparlo.</span></span><br />
<br />
El granjero observó la estructura.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que querías dejar abierto el hueco otra noche.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ya sabemos por dónde entra. Ahora quiero que la caja sea la única opción con comida.</span></span><br />
<br />
Eso cambiaba el plan. Durante la primera noche había necesitado conservar la ruta normal para confirmar el comportamiento. Ya no. Farahan y Sadao levantaron parte de la tierra alrededor de la base y descubrieron que el problema no se limitaba al punto utilizado por el zorro. Dos esquinas adicionales cedían con suficiente presión y uno de los postes tenía la madera blanda por la humedad. Fumiko observó el descubrimiento sin decir nada. Sadao la miró.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
Ella levantó las manos.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No dije nada.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo estabas pensando.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso no puedes impedirlo.</span></span><br />
<br />
Farahan siguió retirando tierra.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si ayuda, yo también.</span></span><br />
<br />
Sadao lo miró con traición. La reparación consumió buena parte del día. Colocaron piedra bajo la malla, compactaron tierra, sustituyeron el poste dañado y reforzaron las esquinas. Farahan comprobó cada tramo aplicando presión desde distintos ángulos. Cuando terminó, el gallinero ya no tenía el aspecto de una fortaleza. Tampoco lo necesitaba. Solo debía dejar de ser la opción más fácil del bosque. Después devolvieron las gallinas. Momo volvió a intentar escapar. Esta vez Sadao tenía grano preparado y la desvió antes de que llegara a la puerta. Farahan contempló la maniobra.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Veo que también aprende.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Yo o la gallina?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía estoy evaluándolo.</span></span><br />
<br />
Con el gallinero asegurado, Farahan trasladó la caja hasta el punto elegido y colocó la carnada al fondo. Esta vez utilizó menos carne. No quería que el olor resultara exageradamente intenso. También dejó parte de la entrada cubierta por paja vieja, suficiente para romper la forma rectangular sin entorpecer el cierre. La segunda vigilancia comenzó de manera distinta. Farahan no subió al mismo árbol. El zorro había inspeccionado la zona demasiadas veces. Aunque probablemente no hubiese identificado su posición exacta, repetir el escondite era regalarle una posibilidad.<br />
<br />
Eligió un punto más bajo junto al canal, detrás de un conjunto de herramientas y madera apilada. Desde allí podía observar la caja a través de una abertura estrecha. Sadao se acercó antes de retirarse.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si no entra hoy, ¿qué hacemos mañana?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mañana fingiré que todo esto formaba parte de un plan más largo.</span></span><br />
<br />
El hombre rio.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso suena a ninja.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No se lo diga a nadie.</span></span><br />
<br />
La noche cayó. Esta vez Farahan sabía qué esperar y precisamente por eso la espera pareció más larga. Los mismos insectos. El mismo canal. El mismo perro inútil. Las gallinas estaban de nuevo en su sitio, aunque la base reforzada eliminaba la posibilidad de repetir el acceso habitual. Pasó casi una hora antes de que apareciera movimiento. No vino desde el canal. Farahan lo detectó cerca de la cerca exterior. El zorro había cambiado de ruta. Eso confirmó que la experiencia de la noche anterior había modificado su conducta. El animal permaneció quieto varios minutos, observando. Después avanzó.<br />
<br />
Llegó al gallinero y fue directamente al antiguo punto de entrada. Olfateó. Empujó con el hocico. La malla no cedió. Intentó nuevamente. Nada. Recorrió el borde. Farahan siguió cada movimiento. El zorro encontró la primera esquina reforzada. Después la segunda. Probó a escarbar. Las piedras aparecieron debajo. Retrocedió. Por primera vez desde que Farahan lo había visto, el animal parecía no tener una respuesta inmediata. Las gallinas se movieron dentro. El zorro levantó la cabeza. Se acercó a la malla. No podía pasar. Entonces encontró el olor de la carnada. Giró hacia la caja. Farahan mantuvo una mano sobre la cuerda. El zorro avanzó.<br />
<br />
Se detuvo a mitad del camino. Olfateó. La noche anterior había desconfiado del objeto. Ahora la caja llevaba un día completo en la propiedad, cubierta de barro, paja y olores del establo. Además se encontraba junto a la ruta que acababa de recorrer. El animal se acercó a un lateral. Farahan no se movió. Olfateó una esquina. Entró con la cabeza. Retrocedió. Esperó. Volvió a acercarse. Esta vez una pata cruzó la entrada. Luego la otra. Farahan mantuvo la cuerda floja. El zorro avanzó hasta alcanzar la carne. Todavía parte del cuerpo permanecía fuera. Farahan esperó. El animal tomó la carnada. Un paso más. La cola cruzó. Ahora sí. Farahan tiró.<br />
<br />
La puerta cayó. El golpe seco rompió el silencio. El zorro se lanzó inmediatamente hacia atrás y chocó contra la madera. La caja se movió varios centímetros, pero resistió. El animal giró, arañó uno de los laterales y lanzó un sonido agudo que hizo que Taro empezara finalmente a ladrar como si hubiese estado esperando dos noches una invitación formal. Farahan bajó del árbol. Las luces se encendieron en la vivienda.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡¿Lo atrapaste?!</span></span><br />
<br />
Sadao apareció con una lámpara, seguido por Fumiko.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece que sí.</span></span><br />
<br />
Se acercó despacio a la caja. El zorro retrocedió hasta el extremo contrario y mostró los dientes. No estaba herido. Eso era importante. Fumiko se mantuvo a cierta distancia.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es el que vi.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Estás segura?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Cuántos zorros necesitas para aceptar que tenía razón?</span></span><br />
<br />
Sadao decidió no contestar. Farahan se agachó frente a la abertura, sin acercar los dedos. El animal respiraba rápido y mantenía el cuerpo pegado al fondo. Matarlo resolvería el problema. También sería innecesario.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué hacemos con él?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no terminamos.</span></span><br />
<br />
Sadao miró la caja.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Está ahí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso demuestra quién entra al gallinero. No me dice dónde vive ni si es el único.</span></span><br />
<br />
Fumiko fue la primera en entender la consecuencia.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Crees que hay más?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No lo sé.</span></span><br />
<br />
El tamaño del animal no permitía determinar con seguridad su sexo bajo aquella iluminación y Farahan no tenía intención de intentar una inspección manual con los dientes tan cerca. Pero había otros indicios. Cinco gallinas en pocos días eran bastante alimento para un zorro solitario. Podía estar acumulándolo, compartiéndolo o alimentando crías. Además, las observaciones de los vecinos habían comenzado antes de los ataques. Farahan recordó el comentario de Chiyo: lo había escuchado en la zona boscosa.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mañana seguiremos el canal.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y esto?</span></span><br />
<br />
Sadao señaló la caja.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se queda aquí hasta entonces. En sombra, con agua y sin que nadie meta los dedos.</span></span><br />
<br />
Fumiko miró a su marido.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso último era para ti.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No iba a hacerlo.</span></span><br />
<br />
Farahan no tenía pruebas para decidir a quién creer. Trasladaron la caja a una zona cubierta cerca del cobertizo y colocaron un recipiente pequeño con agua mediante una abertura lateral. El zorro no bebió mientras ellos permanecieron cerca. Farahan esperó a que Sadao y Fumiko regresaran a la casa antes de revisar las marcas de ceniza. Las huellas confirmaban el recorrido. Había entrado desde el canal, inspeccionado el gallinero y luego rodeado la caja. Ninguna segunda serie de rastros aparecía alrededor. Eso no descartaba otro animal. Solo indicaba que ninguno había acompañado al capturado.<br />
<br />
Farahan siguió las huellas hacia atrás hasta donde la oscuridad permitía hacerlo con seguridad. Se perdían cerca de la vegetación espesa. Bastaba por esa noche. Regresó a la casa poco antes de la medianoche. Sadao había preparado un futón en una habitación lateral.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que volverías a Konoha.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y caminar de regreso antes del amanecer para seguir las huellas frescas sería una forma creativa de perder tiempo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puedes quedarte.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso intento.</span></span><br />
<br />
Fumiko dejó una taza de té cerca.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Entonces no lo vas a matar?</span></span><br />
<br />
Farahan se sentó.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No si no hace falta.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se llevó cinco gallinas.</span></span><br />
<br />
No había reproche en su voz, solo una pregunta implícita. Farahan lo pensó antes de responder.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Porque encontró comida. Si lo mato y dejamos el hueco abierto, tarde o temprano otro animal puede descubrir exactamente lo mismo. Si lo saco de aquí y arreglamos el acceso, el problema también termina.</span></span><br />
<br />
Sadao apoyó una mano sobre el marco de la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si vuelve?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces tendremos que convencerlo mejor.</span></span><br />
<br />
El hombre pareció aceptar la respuesta. Farahan durmió algunas horas. No demasiadas. El sonido de las gallinas comenzó antes de que el cielo aclarara por completo, seguido poco después por los movimientos de Sadao en el exterior. Cuando Farahan salió, Fumiko ya estaba preparando comida y Taro había recuperado la absoluta indiferencia que lo caracterizaba durante el día. El zorro seguía dentro de la caja. Había bebido parte del agua. Farahan revisó el mecanismo. Ninguna lesión visible. Bien. Sadao se acercó con una pala al hombro.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La llevo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que íbamos a soltarlo lejos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Primero quiero encontrar de dónde venía.</span></span><br />
<br />
El granjero dejó la pala.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y para qué traje esto?</span></span><br />
<br />
Farahan miró la herramienta.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No sé. Fue decisión suya.</span></span><br />
<br />
Fumiko rio desde el porche. Sadao regresó la pala al cobertizo. Con la luz temprana, seguir las marcas resultó bastante más sencillo. Farahan empezó donde habían desaparecido la noche anterior y avanzó junto al canal. Sadao lo acompañó durante los primeros metros, aunque pronto quedó claro que dos personas pisando el mismo terreno reducían la utilidad de las huellas.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Espere aquí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Conozco estos campos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y yo intento conocer las huellas.</span></span><br />
<br />
Sadao aceptó de mala gana. Farahan continuó solo. El rastro aparecía y desaparecía según el tipo de suelo. Cerca del agua encontraba impresiones claras; sobre hierba seca debía buscar tallos doblados, pequeñas zonas de barro desprendido o pelos adheridos a ramas bajas. No avanzaba en línea recta. El zorro utilizaba el canal como referencia, pero se alejaba de él para atravesar zonas de cobertura y regresaba después. En dos puntos, las huellas se confundían con las de perros o animales domésticos. Farahan tuvo que retroceder. La primera vez había seguido marcas demasiado grandes.<br />
<br />
La segunda encontró una ruta que terminaba en una vivienda distante donde un perro joven comenzó a ladrarle desde detrás de una cerca.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tú no.</span></span><br />
<br />
El perro ladró otra vez.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Agradezco la confesión, pero tienes coartada.</span></span><br />
<br />
Volvió sobre sus pasos. La búsqueda consumió más tiempo del que había imaginado. El sol ya se elevaba cuando encontró de nuevo el pelo rojizo en una zona donde el canal se acercaba al borde del bosque. Allí las señales cambiaban. No había un único recorrido. Había varios. Farahan se agachó junto a una pendiente baja. Las hojas estaban comprimidas en direcciones diferentes y la tierra mostraba pequeñas marcas alrededor de una abertura entre raíces. No era suficientemente grande para una persona. Sí para un zorro. Farahan no se acercó más. Escuchó. Nada. Rodeó la zona manteniendo distancia y encontró otro acceso entre arbustos.<br />
<br />
Después una huella. Más pequeña. Mucho más pequeña. Farahan se quedó quieto. Cachorros. La respuesta explicaba bastante. El zorro no estaba acumulando comida para sí mismo. Estaba alimentando una camada. Se alejó unos pasos antes de que su presencia provocara alguna reacción desde la madriguera. Regresó hacia la ranchería con una idea bastante distinta de la que había tenido durante la noche. Sadao seguía esperándolo, aunque ya se había sentado sobre una piedra.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tardaste.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Encontré la madriguera.</span></span><br />
<br />
El hombre se levantó.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Hay más?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Crías.</span></span><br />
<br />
La expresión de Sadao cambió.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ah.</span></span><br />
<br />
Aquello resumía bastante bien el problema. Volvieron a la propiedad. Fumiko recibió la noticia con menos sorpresa.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por eso llevaba tanta comida.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Probablemente.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces si soltamos al adulto lejos, las crías se quedan sin comida.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
Sadao miró hacia la caja. Por primera vez desde que Farahan había llegado, no pareció especialmente interesado en una solución inmediata.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No quiero perder más gallinas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No tiene por qué.</span></span><br />
<br />
Farahan señaló el gallinero.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Arreglamos eso hoy. Bien. No solo el hueco: toda la base. Piedra bajo la malla, tierra compactada y refuerzo en las esquinas. Después soltamos al zorro cerca de su territorio, no aquí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y qué comerá?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo mismo que comía antes de descubrir sus gallinas.</span></span><br />
<br />
Fumiko cruzó los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ratones, probablemente. Hay suficientes.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso sí sería útil.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Excelente. Acabamos de mejorar su puesto de trabajo.</span></span><br />
<br />
La solución parecía sencilla al decirla. Aplicarla tomó buena parte de la mañana. Farahan habría podido marcharse después de señalar lo que debía reforzarse y considerar la amenaza neutralizada con la captura, pero no tenía demasiado sentido liberar al animal mientras el mismo acceso permaneciera disponible. Además, si la misión consistía en evitar nuevos ataques, dejar el trabajo a medias era una manera bastante mediocre de completarla. Retiraron tierra alrededor de toda la base del gallinero. La malla estaba peor de lo que parecía.<br />
<br />
Dos esquinas adicionales cedían con presión suficiente y uno de los postes comenzaba a pudrirse en la parte enterrada. Sadao lo observó con creciente incomodidad.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso sí no lo había visto.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Empiezo a entender por qué el zorro eligió esta propiedad.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hace falta disfrutarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No estoy disfrutándolo.</span></span><br />
<br />
Fumiko pasó detrás con una cesta.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí está disfrutándolo.</span></span><br />
<br />
Farahan continuó trabajando. Colocaron piedras planas bajo la malla, reforzaron el borde con madera y sustituyeron el poste deteriorado. En las esquinas más blandas añadieron piezas inclinadas hacia afuera para dificultar que un animal pudiera excavar directamente junto al cercado. Sadao trajo herramientas mejores después del primer intento. Farahan lo miró.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Tenía esas desde el principio?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y por qué empezamos con las otras?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Son las que uso normalmente.</span></span><br />
<br />
Farahan decidió que algunas costumbres rurales estaban fuera de su capacidad de comprensión. A media mañana, Gen apareció atraído por la actividad.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Lo encontraron?</span></span><br />
<br />
Sadao señaló la caja. Gen se acercó demasiado rápido. El zorro mostró los dientes. Gen retrocedió.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí. Lo encontraron.</span></span><br />
<br />
Chiyo llegó poco después, aunque mantuvo una distancia más prudente.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Es el mismo?</span></span><br />
<br />
Farahan respondió antes de que Sadao pudiera convertir la cuestión en otra votación vecinal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es el que estaba entrando al gallinero.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces era un zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nadie dijo que no.</span></span><br />
<br />
Fumiko apareció con agua para todos.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tú dijiste lobo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pregunté si podía ser un lobo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Después de que yo dijera zorro.</span></span><br />
<br />
Gen sonrió. Chiyo también. Sadao descubrió de pronto que el poste requería toda su atención. Farahan bebió agua y decidió que la verdadera amenaza de la ranchería podía ser la memoria colectiva. El trabajo continuó hasta que la base quedó suficientemente protegida. Farahan la recorrió completa, presionando la malla con la mano y comprobando cada unión. Sadao lo siguió.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Ahora sí?</span></span><br />
<br />
Farahan llegó a la esquina del ataque original. Empujó. Nada.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ahora sí.</span></span><br />
<br />
El hombre sonrió.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Fumiko va a recordarme esto durante años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No creo que mi misión incluya neutralizar esa amenaza.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lástima.</span></span><br />
<br />
Quedaba resolver qué hacer con el zorro. Farahan no quería transportarlo demasiado lejos de la madriguera, pero tampoco abrir la caja junto al gallinero y confiar en que el animal hubiese comprendido una lección moral sobre propiedad ajena. Eligió un punto cercano al bosque, a suficiente distancia de las parcelas para obligarlo a regresar por una ruta distinta. Sadao insistió en acompañarlo. Entre ambos levantaron la caja utilizando dos varas pasadas por los laterales para mantener las manos lejos de las aberturas. El zorro no agradeció el transporte.<br />
<br />
Se movió varias veces y convirtió cada desnivel del camino en una discusión física entre el peso de la caja y quienes la cargaban.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pesa más de lo que parece.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso o está colaborando muy poco.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Creo que es lo segundo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por fin coincidimos en una observación animal.</span></span><br />
<br />
Llegaron hasta una zona donde los árboles ocultaban ya las construcciones de la ranchería. Farahan dejó la caja en el suelo. Sadao hizo lo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Aquí?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí.</span></span><br />
<br />
El granjero miró alrededor.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La madriguera está cerca?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo suficiente.</span></span><br />
<br />
No quiso llevarlo directamente hasta ella. Abrir una caja con un animal asustado frente a sus crías podía provocar una reacción bastante distinta de una huida. Farahan aseguró una cuerda a la puerta y retrocedió varios metros. Sadao hizo lo mismo sin necesidad de recibir instrucciones.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si viene hacia nosotros?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No se ponga delante.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Gran plan.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ha funcionado con muchas cosas que no quieren chocar conmigo.</span></span><br />
<br />
Tiró de la cuerda. La puerta se levantó. Durante un instante no ocurrió nada. El zorro permaneció al fondo. Farahan esperó. Sadao también. El animal avanzó despacio hasta la abertura. Sacó la cabeza, comprobó el exterior y salió de golpe. No corrió hacia ellos. Se internó entre los arbustos y desapareció en pocos segundos. Sadao dejó escapar el aire.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso fue menos dramático de lo que esperaba.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es una misión D.</span></span><br />
<br />
El hombre rio. Recogieron la caja. Farahan habría considerado terminado el trabajo en ese momento si no hubiese querido comprobar una última cosa. Regresó solo hacia la zona donde había localizado la madriguera y permaneció a distancia. No necesitaba ver al zorro entrar; bastaba con observar durante algunos minutos si aparecía movimiento. Pasó un rato. Nada. Después una cabeza pequeña asomó entre las raíces. Desapareció. Otra surgió detrás. Farahan no se acercó. Los cachorros seguían allí. Eso significaba que la solución todavía dependía de que el adulto regresara. Esperó más.<br />
<br />
El bosque mantenía su propio ruido: hojas movidas por el aire, insectos, aves pequeñas y el agua lejana del canal. Farahan empezó a considerar que ya había dedicado suficiente tiempo a contemplar un agujero cuando una silueta rojiza apareció entre los arbustos. El zorro. No llevaba comida. Se aproximó con cautela, se detuvo varias veces y finalmente desapareció junto a las raíces. Farahan se permitió una pequeña sonrisa. Eso bastaba. Cuando volvió a la ranchería, las gallinas habían regresado al corral. Momo estaba nuevamente fuera. Farahan se detuvo al verla picoteando cerca de la puerta. Sadao siguió su mirada.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se volvió a escapar.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces retiro todo lo dicho sobre el zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quizá solo intentaba reducir el problema.</span></span><br />
<br />
Sadao soltó una carcajada. Momo continuó picoteando como si la conversación no tuviera relación alguna con ella. Farahan se agachó lentamente. La gallina levantó la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta vez vamos a evitar el episodio de la carreta.</span></span><br />
<br />
Momo dio dos pasos hacia un costado. Farahan hizo lo mismo. El ave retrocedió. Él se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si corres detrás, corre más.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Agradezco que haya esperado hasta ahora para compartir esa información.</span></span><br />
<br />
Sadao tomó un poco de grano y lo dejó caer cerca de la entrada del corral. Momo acudió inmediatamente. Farahan la vio entrar.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso fue ofensivamente sencillo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es una gallina.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hace unas horas era la más lista.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo sigue siendo.</span></span><br />
<br />
Farahan contempló al resto. Decidió no preguntar. Fumiko salió de la vivienda con el documento de la misión en la mano.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sadao dijo que necesitas una firma.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Alguien en Konoha considera importante demostrar que no inventé toda esta historia para pasar el día observando gallinas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Después de hoy, casi lo entendería.</span></span><br />
<br />
Le entregó el papel a su marido. Sadao leyó el espacio destinado a la confirmación del solicitante.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué pongo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Que el animal responsable fue identificado, capturado y retirado, y que el acceso al gallinero quedó asegurado.</span></span><br />
<br />
Sadao comenzó a escribir. Fumiko se inclinó sobre su hombro.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pon también que encontró la madriguera.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hace falta escribir una novela.</span></span><br />
<br />
Farahan consideró que aquella frase resultaba particularmente injusta después de todo lo ocurrido. Sadao firmó y devolvió el documento.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si vuelve, ¿qué hacemos?</span></span><br />
<br />
Farahan guardó el papel.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Primero comprueben por dónde entró. Si el gallinero sigue cerrado y solo lo ven alrededor, déjenlo. Puede pasar cerca sin ser un problema.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si intenta entrar otra vez?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces avisen. Pero no le faciliten el trabajo.</span></span><br />
<br />
Fumiko miró a Sadao.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso significa revisar la malla.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo sé.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—De cerca.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No desde la puerta.</span></span><br />
<br />
Sadao cerró los ojos.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí, Fumiko.</span></span><br />
<br />
Farahan decidió marcharse antes de que la misión desarrollara una segunda fase relacionada con problemas matrimoniales. El regreso hacia el centro de Konoha resultó más lento. El calor del verano había convertido el camino despejado de la mañana en una ruta bastante menos amable, y después de pasar buena parte de la noche despierto la distancia parecía mayor de lo que recordaba. Aun así, la misión estaba resuelta. Cinco gallinas perdidas. Un zorro capturado. Una camada localizada. Una cerca reparada. Ninguna necesidad de matar nada. No era precisamente el tipo de hazaña que terminaría narrada en las historias de la aldea.<br />
<br />
Farahan podía vivir con ello. Cuando llegó nuevamente al edificio administrativo, el mismo funcionario seguía trabajando detrás del mostrador. Al verlo acercarse, levantó la vista.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Las gallinas sobrevivieron?</span></span><br />
<br />
Farahan dejó la orden firmada frente a él.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Las que quedaban, sí.</span></span><br />
<br />
El hombre tomó el documento.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Animal salvaje?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Neutralizado?</span></span><br />
<br />
Farahan hizo una pausa.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Depende de cuánto entusiasmo tenga por volver a cavar debajo de una cerca que ahora tiene piedras.</span></span><br />
<br />
El funcionario continuó leyendo.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí dice que lo capturaste.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y lo soltaste.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—También.</span></span><br />
<br />
El hombre levantó nuevamente la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Por qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tenía crías. Y el problema real era que podía entrar al gallinero. Ya no puede.</span></span><br />
<br />
El funcionario examinó la firma de Sadao.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—El solicitante parece conforme.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Especialmente después de descubrir que reparar una cerca funciona mejor que discutir con un zorro.</span></span><br />
<br />
El documento pasó al montón correspondiente.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces misión completada.</span></span><br />
<br />
Farahan asintió. El funcionario tomó otra hoja. Farahan observó el movimiento.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿No qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si esa hoja contiene otra especie de ave, quiero dejar constancia de que mi jornada terminó.</span></span><br />
<br />
El hombre miró el documento que había tomado.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es un recibo.</span></span><br />
<br />
Farahan guardó silencio.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aunque tengo una solicitud por unas cabras que se están escapando de—</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mañana.</span></span><br />
<br />
Se dio la vuelta antes de que pudiera escuchar el resto. Había límites. Incluso para alguien que cobraba por misión.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">7 de Verano del 150 — Konohagakure</span><br />
<br />
Había misiones cuya sola lectura permitía imaginar cierta dignidad profesional. Escoltar un cargamento importante, localizar a una persona desaparecida, vigilar un camino frecuentado por ladrones o incluso recuperar algún objeto extraviado podían envolverse con suficiente imaginación para parecer el comienzo de algo digno de recordarse. Aquella no pertenecía a esa categoría. Farahan sostuvo el documento frente a sí durante unos segundos más, quizá esperando que una segunda lectura revelara información que justificara mejor su presencia. No ocurrió.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Gallinas.</span></span><br />
<br />
El funcionario que acababa de entregarle la misión levantó la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Gallinas.</span></span><br />
<br />
Farahan dejó descender ligeramente la hoja.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quería confirmar que ambos estábamos leyendo lo mismo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una ranchería ha perdido varias durante los últimos días. Algo entra por las noches, las ataca y se marcha antes de que puedan verlo. Creen que es un animal salvaje.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una amenaza verdaderamente implacable.</span></span><br />
<br />
El hombre llevaba suficiente tiempo asignando trabajos a Genin como para no sentirse obligado a participar del dramatismo.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es una misión de rango D.</span></span><br />
<br />
Eso resultaba difícil de discutir. Farahan volvió a observar el documento. El propietario había encontrado plumas alrededor del gallinero durante cuatro mañanas diferentes y contabilizaba cinco aves perdidas. No había personas heridas, daños considerables ni indicios de intervención humana. La petición exigía identificar al responsable y ahuyentarlo o neutralizarlo si era necesario. Nada extraordinario. Pero pagaba. Aquello mejoraba considerablemente sus méritos.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dónde está la ranchería?</span></span><br />
<br />
El funcionario le indicó una zona agrícola relativamente próxima a los límites de la aldea, suficientemente alejada del centro para que las viviendas comenzaran a separarse entre parcelas, corrales y campos cultivados.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pregunta por Sadao. La propiedad es suya.</span></span><br />
<br />
Farahan dobló el documento.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Espero que las gallinas aprecien el esfuerzo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras Sadao firme que resolviste el problema, puedes vivir sin su aprobación.</span></span><br />
<br />
Una respuesta sensata. Farahan guardó la orden y abandonó el edificio. El camino hacia las zonas agrícolas de Konoha resultó bastante menos desagradable que la misión prometía. El movimiento de la aldea disminuyó conforme se alejaba de las calles principales; los edificios fueron cediendo terreno a viviendas más separadas, caminos de tierra y parcelas cultivadas donde varias personas aprovechaban todavía las primeras horas del día antes de que el calor del verano se volviera más incómodo. Farahan avanzó sin demasiada prisa. Si el responsable atacaba únicamente durante la noche, llegar unos minutos antes no alteraría nada.<br />
<br />
Y, mientras caminaba, podía al menos preguntarse qué clase de criatura llevaba varios días regresando al mismo lugar sin que ninguno de los propietarios hubiese conseguido verla. Un depredador particularmente cuidadoso. O unos granjeros particularmente malos vigilando. Ambas posibilidades seguían abiertas. La ranchería apareció al final de un camino secundario bordeado por árboles bajos. Una cerca de madera delimitaba buena parte del terreno y separaba la vivienda principal de varias parcelas, un establo pequeño, un cobertizo para herramientas y dos corrales.<br />
<br />
El gallinero quedaba hacia la parte trasera, cerca de un canal estrecho utilizado para llevar agua entre los cultivos. Un hombre de unos cincuenta años lo esperaba junto a la entrada. La bandana hizo innecesarias las presentaciones más complicadas.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Vienes por las gallinas?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Me temo que sí.</span></span><br />
<br />
El hombre extendió una mano.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sadao.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Farahan.</span></span><br />
<br />
No consideró necesario regalarle el resto. Sadao lo condujo directamente hacia el gallinero mientras explicaba lo ocurrido.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La primera desapareció hace cinco noches. Pensé que alguien había dejado mal cerrada la puerta y se había escapado. Después encontramos las plumas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Sangre?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Muy poca. La segunda noche no pasó nada. A la siguiente desaparecieron dos y ayer otra más.</span></span><br />
<br />
Farahan hizo una cuenta rápida.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso suma cuatro.</span></span><br />
<br />
Sadao torció ligeramente la boca.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La quinta apareció muerta detrás del corral. Pensamos que intentó llevársela y algo lo asustó.</span></span><br />
<br />
Aquello sí podía resultar útil. El gallinero era una construcción sencilla de madera, elevada apenas unos centímetros del suelo y rodeada por un cercado de malla. Una docena larga de gallinas permanecía dentro durante aquella hora, picoteando la tierra sin la menor conciencia de que una organización militar acababa de asignar recursos para garantizar su supervivencia. Farahan se detuvo frente a ellas. Una de las aves levantó la cabeza. Él hizo lo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No te acostumbres.</span></span><br />
<br />
Sadao decidió no preguntar. Farahan rodeó primero la estructura sin tocar nada. No había tablas arrancadas ni marcas de impacto; la puerta cerraba correctamente y el cerrojo exterior no parecía haber sido manipulado. La malla tampoco mostraba aberturas suficientemente grandes para que una gallina adulta hubiese escapado por accidente.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Las encierra antes de que anochezca?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Siempre.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y desde el primer ataque revisa la puerta?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Dos veces.</span></span><br />
<br />
Farahan se agachó cerca de una de las esquinas. La tierra allí estaba más húmeda. El canal pasaba a pocos metros y parte del agua se filtraba hacia el terreno, ablandándolo alrededor de los postes. Una sección de la malla desaparecía algunos centímetros bajo el suelo, pero en aquel punto había quedado expuesta. No era una abertura enorme. Tampoco necesitaba serlo. Farahan introdujo dos dedos bajo el borde y consiguió levantarlo un poco más. Sadao soltó una maldición.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso no estaba así.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Probablemente sí. Solo que alguien más lo descubrió primero.</span></span><br />
<br />
Había pequeños surcos sobre la tierra húmeda y varias plumas atrapadas entre raíces bajas. Farahan siguió la dirección de ambas hasta el canal. Allí encontró otra. Después una más. No formaban un rastro continuo, pero bastaban para señalar la dirección utilizada al marcharse.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dónde encontraron la gallina muerta?</span></span><br />
<br />
Sadao lo condujo unos metros más allá del corral. El cuerpo ya había sido retirado, aunque todavía quedaban varias plumas sobre el terreno y una pequeña mancha oscura entre la hierba.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí.</span></span><br />
<br />
Farahan se agachó. No había demasiada sangre.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Estaba comida?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No. Tenía el cuello mordido.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y las otras nunca aparecieron?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ni una.</span></span><br />
<br />
Entonces aquello no parecía un animal entrando en pánico dentro del gallinero y matando cuanto encontraba. Tomaba una presa —dos en una ocasión— y se la llevaba. La quinta probablemente había sido abandonada porque algo interrumpió la retirada.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Tienen perro?</span></span><br />
<br />
Sadao señaló hacia la vivienda. Un animal viejo descansaba a la sombra del porche, más interesado en dormir que en cumplir cualquier función militar.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Taro. Pero ya no oye muy bien.</span></span><br />
<br />
Farahan observó al perro. Taro abrió un ojo. Farahan decidió que no esperaba demasiado de él.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Algún vecino ha perdido animales?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Que yo sepa, no.</span></span><br />
<br />
Eso resultaba más interesante. Si un depredador había encontrado alimento fácil, nada lo obligaba a limitarse a una única propiedad. Sin embargo, regresar repetidamente al mismo gallinero indicaba que había aprendido una ruta y comprobado que funcionaba. No necesitaba ser especialmente inteligente. Solo necesitaba que nadie corrigiera el error. Farahan se incorporó y observó el canal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿De dónde viene el agua?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—De las parcelas del norte. El canal sigue hasta una zona arbolada y después gira hacia el río.</span></span><br />
<br />
Aquello ofrecía al responsable una ruta cubierta, agua y acceso directo a la parte más vulnerable del corral. Cómodo. Demasiado cómodo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero ver dónde empieza la vegetación.</span></span><br />
<br />
Sadao lo acompañó hasta el extremo de la propiedad. El canal continuaba entre hierbas altas antes de perderse bajo varios árboles y arbustos que delimitaban los terrenos cultivados. El suelo conservaba mejor las marcas allí. Farahan encontró una huella parcial cerca del borde. Cuatro dedos. Almohadilla. Ninguna marca clara de garras debido a la humedad deformada. Canino, probablemente. No era suficiente para determinar tamaño con precisión, pero descartaba algunas posibilidades.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Un lobo?</span></span><br />
<br />
Farahan miró la huella. Después miró el gallinero. Después volvió a mirar a Sadao.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si un lobo capaz de pasar por ese hueco está atacando sus gallinas, tenemos problemas zoológicos bastante más interesantes que cinco aves desaparecidas.</span></span><br />
<br />
Sadao frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces ¿qué es?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no lo sé.</span></span><br />
<br />
No iba a convertir una conjetura en certeza solamente para sonar competente. Antes de regresar al corral, Farahan continuó algunos metros siguiendo el canal. La vegetación se hacía más espesa lejos de los cultivos y las huellas desaparecían en zonas donde el terreno estaba cubierto de hojas secas. Encontró, sin embargo, dos manchas de tierra removida y un pequeño mechón de pelo rojizo atrapado en la corteza áspera de un arbusto. Lo retiró con cuidado. Sadao se inclinó para verlo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso parece de zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿No es suficiente?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es suficiente para sospechar de un zorro. Para culparlo, preferiría verlo con una gallina en la boca.</span></span><br />
<br />
El granjero dejó escapar una risa corta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No sabía que las gallinas tuvieran derecho a juicio.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ellas no. El zorro quizá agradezca la cortesía.</span></span><br />
<br />
Regresaron hacia la vivienda. Una mujer que había estado sacudiendo una tela junto al porche dejó su trabajo al verlos aproximarse. Era aproximadamente de la edad de Sadao y tenía las manos teñidas por el trabajo con verduras y tierra.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mi esposa, Fumiko.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Ya sabe qué se está llevando las gallinas?</span></span><br />
<br />
Farahan mostró el mechón de pelo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tenemos candidato.</span></span><br />
<br />
Fumiko apenas necesitó verlo.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te dije que era un zorro.</span></span><br />
<br />
Sadao cruzó los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—También dijiste que podía ser un tejón.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Antes de ver las huellas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No habías visto las huellas cuando lo dijiste.</span></span><br />
<br />
Farahan dejó que la discusión doméstica se resolviera sin asistencia shinobi. Fumiko terminó ignorando a su marido y señaló hacia el extremo norte de la propiedad.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hace dos semanas vi uno junto a los campos al amanecer. No llevaba ninguna gallina, pero era grande. Se quedó mirándome desde lejos y luego se metió entre los árboles.</span></span><br />
<br />
Eso ampliaba el periodo durante el cual el animal había frecuentado la zona.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Antes de que empezaran los ataques?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí. Por eso le dije que reforzara la malla.</span></span><br />
<br />
Sadao miró hacia otro lado. Farahan encontró de pronto más interesante aquella parte de la historia.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La reforzó?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Revisé que estuviera bien.</span></span><br />
<br />
Fumiko emitió un sonido que conseguía expresar una opinión completa sin utilizar ninguna palabra.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Miró desde la puerta.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No parecía rota.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Técnicamente no lo estaba.</span></span><br />
<br />
El hombre pareció encontrar consuelo en aquello. Farahan no se lo permitió durante demasiado tiempo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pero una malla enterrada en tierra húmeda puede aflojarse aunque siga entera. El animal probablemente descubrió que podía levantarla y ahora vuelve porque funciona.</span></span><br />
<br />
Fumiko asintió con satisfacción.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te dije que había que enterrarla más.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí, Fumiko.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y poner piedras.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí, Fumiko.</span></span><br />
<br />
Farahan sospechó que aquella conversación había ocurrido antes y decidió no quedar atrapado en su siguiente repetición.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta noche no cierren el hueco.</span></span><br />
<br />
Ambos dejaron de discutir. Sadao fue el primero en reaccionar.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Quieres dejarlo entrar?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero que intente entrar por donde cree que todavía puede hacerlo. Si lo cerramos ahora, buscará otro sitio y tendré que averiguar cuál eligió.</span></span><br />
<br />
Fumiko miró hacia las gallinas.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y ellas?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Fuera del gallinero antes de anochecer.</span></span><br />
<br />
Eso obtuvo aprobación inmediata. Farahan explicó lo que necesitaba: una caja resistente, cuerda, madera, algo de carne, ceniza o harina vieja y cualquier objeto que pudiera utilizarse para improvisar una puerta de caída sin hacer demasiado ruido. Sadao lo condujo hasta el cobertizo. La cantidad de cosas almacenadas allí sugería que cada granjero terminaba convirtiéndose, por necesidad, en coleccionista de objetos que quizá algún día sirvieran para algo.<br />
<br />
Había tablas de distintos tamaños, herramientas con reparaciones encima de reparaciones, cuerda enrollada, clavos recuperados, una rueda que ya no pertenecía a ningún carro visible y varias cajas destinadas originalmente a transportar aves. Una de ellas podía servir. Farahan la examinó por dentro y por fuera. Era suficientemente grande para contener un animal mediano, aunque una de las bisagras estaba casi suelta y el cierre frontal dependía de una pieza de madera demasiado delgada.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Necesito esa tabla.</span></span><br />
<br />
Sadao siguió la dirección de su dedo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Está sosteniendo el estante.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces necesito otra tabla.</span></span><br />
<br />
Fumiko apareció detrás con dos piezas bajo el brazo.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Usa estas.</span></span><br />
<br />
Sadao la miró.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿De dónde las sacaste?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Del montón que llevas seis meses diciendo que vas a ordenar.</span></span><br />
<br />
Farahan aceptó ambas sin intervenir. Pasaron parte de la tarde preparando el lugar. No necesitaban construir una jaula sofisticada. Reforzaron la caja, aseguraron los bordes y prepararon una puerta vertical capaz de caer cuando se liberara la cuerda. Farahan probó el mecanismo varias veces con una piedra antes de considerar que podía confiar en él. La primera cayó demasiado despacio. La segunda se atascó. La tercera funcionó. Farahan volvió a levantarla. Sadao lo observó.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Funcionó.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una vez.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Solo necesitas una.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y preferiría que fuera cuando haya algo dentro.</span></span><br />
<br />
Repitió la prueba. Volvió a funcionar. Esta vez dio por terminado el ajuste. La caja no iría dentro del gallinero. Farahan la colocó a poca distancia de la abertura habitual y dejó un recorrido despejado desde el canal. Después distribuyó una capa fina de ceniza alrededor de la malla y en varios puntos del sendero. Fumiko lo observó desde atrás.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Para qué es eso?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero saber por dónde camina aunque no consiga atraparlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que ibas a poner una trampa.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Estoy poniendo varias. Algunas solo atrapan información.</span></span><br />
<br />
La mujer pareció aprobar la respuesta. Sadao, menos interesado en la filosofía del rastreo, llevó las gallinas a un almacén pequeño junto a la casa. El traslado produjo una indignación colectiva que Farahan consideró desproporcionada para animales cuya alternativa era convertirse en cena. Una de las aves escapó durante el proceso. Corrió debajo de una carreta. Sadao intentó atraparla por un lado. La gallina salió por el otro. Fumiko cerró el paso. El animal cambió nuevamente de dirección y terminó avanzando hacia Farahan. Él permaneció inmóvil. La gallina también. Durante unos segundos se observaron mutuamente.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hagas esto difícil.</span></span><br />
<br />
El ave ladeó la cabeza. Luego corrió. Farahan alcanzó a interceptarla antes de que entrara entre los cultivos y terminó sosteniéndola contra el pecho mientras recibía una combinación de aleteos, protestas y una cantidad innecesaria de plumas. Sadao rio.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece que ya hiciste una amiga.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No comparto esa interpretación.</span></span><br />
<br />
La entregó a Fumiko. La mujer escondió una sonrisa mientras la llevaba con las demás. Farahan se sacudió una pluma de la manga. La misión comenzaba a tomarse demasiadas confianzas. Cuando el gallinero quedó vacío, colocaron dentro un poco de paja recién removida para conservar el olor habitual. La carnada iría en la caja, no en el corral. Si el zorro seguía su rutina y encontraba la ausencia de aves, el olor de la carne debía ofrecerle una alternativa suficientemente sencilla para tentar la aproximación.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si no entra?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces habremos aprendido que no es tan confiado como parece.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y después?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Después pienso otra cosa.</span></span><br />
<br />
Sadao pareció esperar una respuesta más espectacular. No la recibió. Farahan dedicó el resto de la tarde a revisar el perímetro y hablar con dos vecinos cuyas parcelas conectaban con el mismo canal. El primero, un hombre llamado Gen, no había perdido animales, aunque tampoco tenía gallinas. Cultivaba verduras y mantenía únicamente dos cabras dentro de un cercado alto.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—He visto zorros muchas veces. Normalmente pasan y siguen de largo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Últimamente?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Uno hace unos días. Quizá dos. Era temprano.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dos zorros?</span></span><br />
<br />
Gen negó.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Dos veces. Creo que era el mismo.</span></span><br />
<br />
La segunda vecina, Chiyo, criaba conejos en jaulas elevadas y tenía razones suficientes para prestar atención a cualquier depredador.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Algo estuvo rondando hace una semana.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Perdió alguno?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No. Mis jaulas no están hechas con tela de gallinero.</span></span><br />
<br />
La frase llegó acompañada de una mirada hacia la propiedad de Sadao. Farahan decidió que las opiniones sobre las capacidades constructivas del hombre estaban bastante consolidadas en el vecindario.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Lo vio?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Solo la cola entre los arbustos. Roja. Grande.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿A qué hora?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Antes del amanecer.</span></span><br />
<br />
Dos observaciones independientes coincidían con la hipótesis del zorro. Chiyo añadió algo antes de que Farahan se marchara.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No creo que viva muy lejos.</span></span><br />
<br />
Farahan se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Por qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Porque lo he escuchado.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Dónde?</span></span><br />
<br />
La mujer señaló hacia la zona boscosa más allá de los campos.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por ahí. Hace ruido por las noches. No siempre, pero más de una vez.</span></span><br />
<br />
Eso podía significar varias cosas y ninguna justificaba internarse a ciegas antes de comprobar que el animal era realmente el responsable. Farahan regresó con Sadao poco antes del atardecer.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Los vecinos dijeron algo útil?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Que su gallinero tiene mala reputación.</span></span><br />
<br />
El hombre lo miró. Farahan permitió que la frase permaneciera unos segundos.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y que han visto un zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso suena mejor.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Para usted, quizá.</span></span><br />
<br />
La vigilancia comenzaría al anochecer. Fumiko insistió en que cenara antes. Farahan aceptó principalmente porque quedarse varias horas inmóvil con hambre parecía una forma innecesaria de convertir una misión aburrida en una misión desagradable. La comida era sencilla: arroz, verduras, algo de pescado y té. Sadao habló más de las gallinas durante la cena de lo que Farahan había supuesto posible. Cada una parecía tener una historia, una costumbre o un defecto particular. La que había escapado bajo la carreta se llamaba Momo. Farahan lamentó haber adquirido aquella información.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es la más lista.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso plantea preguntas preocupantes sobre las demás.</span></span><br />
<br />
Fumiko rio.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—A esa le gusta salir. Si ve una puerta abierta, corre.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo noté.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una vez llegó hasta la casa de Gen.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Estoy empezando a sospechar que el zorro puede no ser el único problema de seguridad.</span></span><br />
<br />
Sadao parecía disfrutar demasiado de la conversación para sentirse ofendido. Cuando la luz comenzó a desaparecer, Farahan hizo una última revisión. La caja estaba lista. La cuerda corría desde el mecanismo hasta una posición de vigilancia situada junto a un árbol cercano. Podía cerrarla manualmente desde allí si el animal entraba sin activar la pieza preparada. Había descartado un mecanismo completamente automático porque no quería terminar capturando al perro, a un gato o a cualquier criatura que hubiera decidido investigar el olor. Las gallinas permanecían dentro del almacén. Taro dormía cerca de la casa. Farahan miró al perro.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta noche intentaré hacer tu trabajo.</span></span><br />
<br />
Taro no mostró signos de sentirse amenazado profesionalmente. El Genin terminó acomodándose sobre una rama gruesa de uno de los árboles próximos al canal, suficientemente elevada para observar el gallinero y la caja sin quedar directamente expuesto. Mucho mejor que el cobertizo. La oscuridad llegó despacio sobre las parcelas. Las últimas voces fueron desapareciendo desde las casas y el movimiento entre los campos cesó casi por completo. Solo permanecían insectos, el ruido constante del agua y, ocasionalmente, alguna gallina protestando desde el almacén donde había sido confinada. Farahan esperó. Una hora. Después otra.<br />
<br />
Las misiones de vigilancia tenían una característica particularmente ofensiva: convertían la paciencia en trabajo y, aun así, nadie pagaba por minuto. Apoyó la espalda contra el tronco. Nada. Durante algunos minutos llegó a considerar la posibilidad de que el animal hubiese decidido aquella misma noche desarrollar prudencia. Entonces Taro ladró. Una sola vez. Farahan enderezó la postura. El perro no volvió a hacerlo. El sonido del agua cambió apenas. Algo se desplazaba junto al canal. Farahan dirigió la atención hacia la vegetación, pero no distinguió ninguna silueta hasta que esta abandonó la sombra de los arbustos. Era un zorro.<br />
<br />
No especialmente grande. Pelaje rojizo, patas oscuras y una cola bastante más voluminosa que el resto de su cuerpo. Avanzaba pegado al borde del canal, deteniéndose cada pocos pasos para observar la propiedad. Farahan permaneció inmóvil. El animal no se dirigió inmediatamente hacia el gallinero. Primero comprobó el patio. Después olfateó el aire. Solo entonces siguió la misma ruta marcada por las plumas. Había hecho aquello antes suficientes veces para no necesitar explorar. Farahan observó cómo llegaba a la esquina de la malla y utilizaba el hocico para levantar exactamente el punto que había descubierto durante la mañana.<br />
<br />
Eso eliminaba prácticamente cualquier duda. El zorro introdujo la cabeza. Se detuvo. El gallinero estaba vacío. Olfateó nuevamente. Farahan no movió un músculo. El animal retiró la cabeza y recorrió el exterior. Encontró las huellas humanas recientes, se detuvo junto a una de ellas y levantó el hocico. La caja con carne estaba a pocos metros. El zorro la miró. No se acercó. Farahan esperó. El animal dio un paso hacia ella. Luego otro. Volvió a detenerse. Demasiado cauteloso. Farahan tuvo que reconocerle el mérito. El zorro rodeó la caja completa sin acercarse a la entrada.<br />
<br />
Olfateó uno de los laterales, intentó alcanzar la carnada desde una abertura demasiado pequeña y retrocedió cuando la madera crujió bajo su propio peso. Después se sentó. Aquello no estaba incluido en ningún plan. Farahan lo observó desde la rama. El zorro observó la caja. Pasaron varios segundos. Por primera vez desde que había comenzado la misión, Farahan tuvo la desagradable sensación de que estaba participando en una competencia de paciencia contra un animal de unos pocos kilogramos. El zorro terminó levantándose. Se dirigió hacia la entrada. Farahan tensó la cuerda. El hocico entró primero. Después una pata. La segunda no llegó a cruzar.<br />
<br />
El animal se detuvo de golpe y retrocedió. Farahan no se movió. El zorro volvió a acercarse, pero esta vez no miró la carne. Olfateó el borde de la caja, pasó junto a uno de los laterales y apoyó el hocico sobre una esquina donde Sadao había sujetado la madera durante la tarde. Allí permaneció unos segundos. Luego se apartó. Farahan entendió. Demasiado olor humano. El animal podía reconocer perfectamente que aquel objeto no pertenecía al entorno y, por mucho que la carnada resultara atractiva, la caja seguía siendo nueva, manipulada y colocada en mitad de una ruta que conocía. El zorro rodeó una vez más el gallinero.<br />
<br />
Intentó levantar la malla por el punto habitual. No había aves. Volvió a la caja. Nada. Después miró hacia el almacén. Las gallinas eligieron precisamente ese momento para empezar a moverse. El sonido fue leve. Suficiente. El zorro levantó las orejas. Farahan contuvo el aire. El animal abandonó la caja y avanzó algunos pasos en dirección a la vivienda. Eso sí resultaba problemático. El almacén estaba cerrado y no tenía el mismo punto débil que el gallinero, pero Farahan no quería enseñarle una segunda ruta de acceso en una sola noche. Tomó una pequeña piedra. No necesitaba golpearlo. Solo cambiar la situación.<br />
<br />
La lanzó contra la tierra varios metros detrás del animal. El impacto produjo un sonido seco. El zorro giró inmediatamente. Farahan lanzó otra hacia una zona distinta. Esta vez la criatura no esperó. Corrió hacia el canal y desapareció entre la vegetación. Taro empezó a ladrar varios segundos tarde. Farahan observó el lugar por donde había escapado.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Impecable coordinación.</span></span><br />
<br />
El perro siguió ladrando. La primera noche no había terminado como esperaba. Tampoco había sido inútil. Había confirmado al responsable, su ruta de entrada, el punto exacto por donde levantaba la malla y algo más importante: el animal era suficientemente cauteloso para desconfiar de una estructura nueva incluso cuando contenía comida. Farahan descendió del árbol y se acercó a la caja. El olor no necesitaba una nariz de zorro para resultar evidente. Madera removida, cuerda nueva, manos, herramientas, sudor y hasta el pescado de la cena se habían mezclado durante la preparación. Habían construido una trampa correcta. No una trampa convincente.<br />
<br />
Sadao apareció poco después con una lámpara.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Escuché al perro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Él escuchó mi piedra.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Vino?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
El granjero miró la caja.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Resulta que no es idiota.</span></span><br />
<br />
Sadao se acercó.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿No entró?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Casi. Olió algo que no le gustó y retrocedió.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La carnada?</span></span><br />
<br />
Farahan negó.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nosotros.</span></span><br />
<br />
Sadao observó sus propias manos.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Puede oler que tocamos la caja?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puede oler muchas cosas que nosotros preferimos ignorar.</span></span><br />
<br />
El hombre miró hacia el canal.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces mañana hacemos otra.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
Sadao pareció sorprendido.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta funciona. Solo tenemos que conseguir que deje de parecer una cosa que apareció hoy de la nada.</span></span><br />
<br />
Farahan retiró la carne con una vara, bajó la puerta y dejó la caja en el sitio. No iba a moverla todavía. Si el zorro regresaba durante la madrugada, prefería que la encontrara inofensiva y vacía. Cuantas más veces pudiera inspeccionarla sin consecuencias, menos novedosa sería después.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Vas a seguir aquí toda la noche?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Un rato.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puedo relevarte.</span></span><br />
<br />
Farahan miró al hombre.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Sabe lanzar una piedra sin darle al zorro?</span></span><br />
<br />
Sadao consideró la pregunta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Probablemente.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aprecio la honestidad. Vaya a dormir.</span></span><br />
<br />
El hombre terminó obedeciendo. Farahan regresó al árbol. El zorro no volvió durante la siguiente hora. Tampoco durante la siguiente. A medida que avanzaba la noche, el cansancio empezó a convertir cualquier movimiento entre la vegetación en una posibilidad digna de atención. Un roedor cruzó el sendero. Una rama cayó cerca del canal. Un ave nocturna produjo un sonido que Farahan estuvo a punto de interpretar como pasos antes de reconocer el origen. Nada más se acercó al gallinero. Poco antes de retirarse, bajó una última vez para comprobar el suelo. Encontró huellas nuevas. El zorro había regresado.<br />
<br />
No mientras él miraba, sino durante uno de los intervalos en que había dirigido la atención hacia el canal. Había rodeado la caja. Otra vez. No había intentado entrar. Farahan siguió las marcas hasta el borde de la vegetación y se detuvo. Eso confirmaba que la curiosidad seguía ahí. La segunda noche tendría mejores posibilidades. A la mañana siguiente no desmontó la trampa. Hizo lo contrario. La ensució. Sadao salió justo cuando Farahan arrastraba la caja varios metros sobre tierra húmeda.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué haces?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mejorándola.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece que estás arruinándola.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso también ayuda.</span></span><br />
<br />
Cubrió parte de la madera con barro, frotó hojas y paja vieja sobre los laterales y dejó que permaneciera cerca del gallinero durante varias horas. Después pidió una manta que llevara tiempo en el establo. Fumiko apareció con una.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta huele a cabra.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Perfecto.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nunca pensé escuchar esa palabra después de esa frase.</span></span><br />
<br />
Farahan cubrió temporalmente la caja con la tela mientras trabajaban alrededor. No pretendía eliminar el olor humano. Eso era imposible. Quería sepultarlo bajo olores que ya pertenecieran al entorno. También modificó la posición. La primera noche habían colocado la caja demasiado visible, separada de cualquier cobertura. Un animal acostumbrado a desplazarse pegado a vegetación y cercas tenía que abandonar su propia ruta para entrar. Farahan la trasladó junto a la esquina del gallinero, alineada con el recorrido que el zorro utilizaba normalmente.<br />
<br />
Amontonó paja y algunas tablas a los costados para que desde lejos pareciera una extensión desordenada de la estructura, no una caja aislada. Después comprobó nuevamente la puerta. Funcionaba.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Ahora sí?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ahora parece menos una trampa.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pero sigue siendo una.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esa es la parte importante.</span></span><br />
<br />
La mañana todavía les ofrecía otra ventaja. Las huellas de la noche estaban frescas. Farahan decidió seguirlas antes de que el tránsito de personas y animales las destruyera. Esta vez pidió a Sadao que se quedara atrás desde el principio. El rastro avanzaba junto al canal y después se internaba entre vegetación más cerrada. No era continuo. En algunos puntos desaparecía por completo y obligaba a buscar señales indirectas: hojas desplazadas, ramas bajas dobladas, tierra oscura donde una pata había removido la capa seca. Farahan avanzó despacio. La búsqueda consumía tiempo, pero cada interrupción tenía una lógica.<br />
<br />
El animal evitaba los espacios más abiertos y utilizaba zonas donde el olor del agua probablemente dificultaba seguirlo. Después de varios minutos encontró una impresión clara junto a una piedra. Luego otra. Más adelante aparecieron dos. Una era menor. Farahan se detuvo. Podía ser una huella parcial. O un animal diferente. Siguió con más cuidado. Encontró una segunda marca pequeña. Esta vez no había duda. Había más de un zorro utilizando aquella zona. Eso no significaba que dos adultos estuvieran atacando el gallinero, pero sí descartaba la imagen de un único ejemplar recorriendo el lugar de manera completamente aislada.<br />
<br />
El rastro lo llevó hasta una zona de raíces expuestas en el borde del bosque. Allí encontró tierra removida, pelo adherido a una rama y varias marcas pequeñas alrededor de una abertura baja. Farahan no necesitó acercarse demasiado. Escuchó un sonido breve desde el interior. Después otro. Cachorros. Aquello explicaba las cinco gallinas mucho mejor que la simple voracidad. El adulto no estaba llevando alimento únicamente para sí. Farahan retrocedió. No tenía ningún motivo para convertir una misión de protección de ganado menor en la destrucción de una madriguera. Regresó a la ranchería con la nueva información.<br />
<br />
Sadao estaba trabajando sobre el borde del gallinero.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Encontraste algo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La madriguera.</span></span><br />
<br />
El hombre dejó la herramienta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Está cerca?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo suficiente para que sus gallinas resulten más cómodas que cazar.</span></span><br />
<br />
Fumiko salió de la casa.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Hay crías?</span></span><br />
<br />
Farahan la miró.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
Ella no pareció sorprendida.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Con razón llevaba tantas.</span></span><br />
<br />
Sadao miró hacia el bosque.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces no podemos llevarlo demasiado lejos.</span></span><br />
<br />
La conclusión llegó de él antes de que Farahan tuviera que plantearla. Eso simplificaba la conversación.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pero tampoco quiero que vuelva esta noche.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por eso vamos a arreglar el gallinero antes de volver a atraparlo.</span></span><br />
<br />
El granjero observó la estructura.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que querías dejar abierto el hueco otra noche.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ya sabemos por dónde entra. Ahora quiero que la caja sea la única opción con comida.</span></span><br />
<br />
Eso cambiaba el plan. Durante la primera noche había necesitado conservar la ruta normal para confirmar el comportamiento. Ya no. Farahan y Sadao levantaron parte de la tierra alrededor de la base y descubrieron que el problema no se limitaba al punto utilizado por el zorro. Dos esquinas adicionales cedían con suficiente presión y uno de los postes tenía la madera blanda por la humedad. Fumiko observó el descubrimiento sin decir nada. Sadao la miró.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
Ella levantó las manos.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No dije nada.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo estabas pensando.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso no puedes impedirlo.</span></span><br />
<br />
Farahan siguió retirando tierra.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si ayuda, yo también.</span></span><br />
<br />
Sadao lo miró con traición. La reparación consumió buena parte del día. Colocaron piedra bajo la malla, compactaron tierra, sustituyeron el poste dañado y reforzaron las esquinas. Farahan comprobó cada tramo aplicando presión desde distintos ángulos. Cuando terminó, el gallinero ya no tenía el aspecto de una fortaleza. Tampoco lo necesitaba. Solo debía dejar de ser la opción más fácil del bosque. Después devolvieron las gallinas. Momo volvió a intentar escapar. Esta vez Sadao tenía grano preparado y la desvió antes de que llegara a la puerta. Farahan contempló la maniobra.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Veo que también aprende.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Yo o la gallina?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía estoy evaluándolo.</span></span><br />
<br />
Con el gallinero asegurado, Farahan trasladó la caja hasta el punto elegido y colocó la carnada al fondo. Esta vez utilizó menos carne. No quería que el olor resultara exageradamente intenso. También dejó parte de la entrada cubierta por paja vieja, suficiente para romper la forma rectangular sin entorpecer el cierre. La segunda vigilancia comenzó de manera distinta. Farahan no subió al mismo árbol. El zorro había inspeccionado la zona demasiadas veces. Aunque probablemente no hubiese identificado su posición exacta, repetir el escondite era regalarle una posibilidad.<br />
<br />
Eligió un punto más bajo junto al canal, detrás de un conjunto de herramientas y madera apilada. Desde allí podía observar la caja a través de una abertura estrecha. Sadao se acercó antes de retirarse.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si no entra hoy, ¿qué hacemos mañana?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mañana fingiré que todo esto formaba parte de un plan más largo.</span></span><br />
<br />
El hombre rio.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso suena a ninja.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No se lo diga a nadie.</span></span><br />
<br />
La noche cayó. Esta vez Farahan sabía qué esperar y precisamente por eso la espera pareció más larga. Los mismos insectos. El mismo canal. El mismo perro inútil. Las gallinas estaban de nuevo en su sitio, aunque la base reforzada eliminaba la posibilidad de repetir el acceso habitual. Pasó casi una hora antes de que apareciera movimiento. No vino desde el canal. Farahan lo detectó cerca de la cerca exterior. El zorro había cambiado de ruta. Eso confirmó que la experiencia de la noche anterior había modificado su conducta. El animal permaneció quieto varios minutos, observando. Después avanzó.<br />
<br />
Llegó al gallinero y fue directamente al antiguo punto de entrada. Olfateó. Empujó con el hocico. La malla no cedió. Intentó nuevamente. Nada. Recorrió el borde. Farahan siguió cada movimiento. El zorro encontró la primera esquina reforzada. Después la segunda. Probó a escarbar. Las piedras aparecieron debajo. Retrocedió. Por primera vez desde que Farahan lo había visto, el animal parecía no tener una respuesta inmediata. Las gallinas se movieron dentro. El zorro levantó la cabeza. Se acercó a la malla. No podía pasar. Entonces encontró el olor de la carnada. Giró hacia la caja. Farahan mantuvo una mano sobre la cuerda. El zorro avanzó.<br />
<br />
Se detuvo a mitad del camino. Olfateó. La noche anterior había desconfiado del objeto. Ahora la caja llevaba un día completo en la propiedad, cubierta de barro, paja y olores del establo. Además se encontraba junto a la ruta que acababa de recorrer. El animal se acercó a un lateral. Farahan no se movió. Olfateó una esquina. Entró con la cabeza. Retrocedió. Esperó. Volvió a acercarse. Esta vez una pata cruzó la entrada. Luego la otra. Farahan mantuvo la cuerda floja. El zorro avanzó hasta alcanzar la carne. Todavía parte del cuerpo permanecía fuera. Farahan esperó. El animal tomó la carnada. Un paso más. La cola cruzó. Ahora sí. Farahan tiró.<br />
<br />
La puerta cayó. El golpe seco rompió el silencio. El zorro se lanzó inmediatamente hacia atrás y chocó contra la madera. La caja se movió varios centímetros, pero resistió. El animal giró, arañó uno de los laterales y lanzó un sonido agudo que hizo que Taro empezara finalmente a ladrar como si hubiese estado esperando dos noches una invitación formal. Farahan bajó del árbol. Las luces se encendieron en la vivienda.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡¿Lo atrapaste?!</span></span><br />
<br />
Sadao apareció con una lámpara, seguido por Fumiko.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Parece que sí.</span></span><br />
<br />
Se acercó despacio a la caja. El zorro retrocedió hasta el extremo contrario y mostró los dientes. No estaba herido. Eso era importante. Fumiko se mantuvo a cierta distancia.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es el que vi.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Estás segura?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Cuántos zorros necesitas para aceptar que tenía razón?</span></span><br />
<br />
Sadao decidió no contestar. Farahan se agachó frente a la abertura, sin acercar los dedos. El animal respiraba rápido y mantenía el cuerpo pegado al fondo. Matarlo resolvería el problema. También sería innecesario.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué hacemos con él?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no terminamos.</span></span><br />
<br />
Sadao miró la caja.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Está ahí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso demuestra quién entra al gallinero. No me dice dónde vive ni si es el único.</span></span><br />
<br />
Fumiko fue la primera en entender la consecuencia.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Crees que hay más?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No lo sé.</span></span><br />
<br />
El tamaño del animal no permitía determinar con seguridad su sexo bajo aquella iluminación y Farahan no tenía intención de intentar una inspección manual con los dientes tan cerca. Pero había otros indicios. Cinco gallinas en pocos días eran bastante alimento para un zorro solitario. Podía estar acumulándolo, compartiéndolo o alimentando crías. Además, las observaciones de los vecinos habían comenzado antes de los ataques. Farahan recordó el comentario de Chiyo: lo había escuchado en la zona boscosa.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mañana seguiremos el canal.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y esto?</span></span><br />
<br />
Sadao señaló la caja.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se queda aquí hasta entonces. En sombra, con agua y sin que nadie meta los dedos.</span></span><br />
<br />
Fumiko miró a su marido.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso último era para ti.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No iba a hacerlo.</span></span><br />
<br />
Farahan no tenía pruebas para decidir a quién creer. Trasladaron la caja a una zona cubierta cerca del cobertizo y colocaron un recipiente pequeño con agua mediante una abertura lateral. El zorro no bebió mientras ellos permanecieron cerca. Farahan esperó a que Sadao y Fumiko regresaran a la casa antes de revisar las marcas de ceniza. Las huellas confirmaban el recorrido. Había entrado desde el canal, inspeccionado el gallinero y luego rodeado la caja. Ninguna segunda serie de rastros aparecía alrededor. Eso no descartaba otro animal. Solo indicaba que ninguno había acompañado al capturado.<br />
<br />
Farahan siguió las huellas hacia atrás hasta donde la oscuridad permitía hacerlo con seguridad. Se perdían cerca de la vegetación espesa. Bastaba por esa noche. Regresó a la casa poco antes de la medianoche. Sadao había preparado un futón en una habitación lateral.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que volverías a Konoha.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y caminar de regreso antes del amanecer para seguir las huellas frescas sería una forma creativa de perder tiempo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puedes quedarte.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso intento.</span></span><br />
<br />
Fumiko dejó una taza de té cerca.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Entonces no lo vas a matar?</span></span><br />
<br />
Farahan se sentó.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No si no hace falta.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se llevó cinco gallinas.</span></span><br />
<br />
No había reproche en su voz, solo una pregunta implícita. Farahan lo pensó antes de responder.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Porque encontró comida. Si lo mato y dejamos el hueco abierto, tarde o temprano otro animal puede descubrir exactamente lo mismo. Si lo saco de aquí y arreglamos el acceso, el problema también termina.</span></span><br />
<br />
Sadao apoyó una mano sobre el marco de la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si vuelve?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces tendremos que convencerlo mejor.</span></span><br />
<br />
El hombre pareció aceptar la respuesta. Farahan durmió algunas horas. No demasiadas. El sonido de las gallinas comenzó antes de que el cielo aclarara por completo, seguido poco después por los movimientos de Sadao en el exterior. Cuando Farahan salió, Fumiko ya estaba preparando comida y Taro había recuperado la absoluta indiferencia que lo caracterizaba durante el día. El zorro seguía dentro de la caja. Había bebido parte del agua. Farahan revisó el mecanismo. Ninguna lesión visible. Bien. Sadao se acercó con una pala al hombro.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La llevo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pensé que íbamos a soltarlo lejos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Primero quiero encontrar de dónde venía.</span></span><br />
<br />
El granjero dejó la pala.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y para qué traje esto?</span></span><br />
<br />
Farahan miró la herramienta.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No sé. Fue decisión suya.</span></span><br />
<br />
Fumiko rio desde el porche. Sadao regresó la pala al cobertizo. Con la luz temprana, seguir las marcas resultó bastante más sencillo. Farahan empezó donde habían desaparecido la noche anterior y avanzó junto al canal. Sadao lo acompañó durante los primeros metros, aunque pronto quedó claro que dos personas pisando el mismo terreno reducían la utilidad de las huellas.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Espere aquí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Conozco estos campos.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y yo intento conocer las huellas.</span></span><br />
<br />
Sadao aceptó de mala gana. Farahan continuó solo. El rastro aparecía y desaparecía según el tipo de suelo. Cerca del agua encontraba impresiones claras; sobre hierba seca debía buscar tallos doblados, pequeñas zonas de barro desprendido o pelos adheridos a ramas bajas. No avanzaba en línea recta. El zorro utilizaba el canal como referencia, pero se alejaba de él para atravesar zonas de cobertura y regresaba después. En dos puntos, las huellas se confundían con las de perros o animales domésticos. Farahan tuvo que retroceder. La primera vez había seguido marcas demasiado grandes.<br />
<br />
La segunda encontró una ruta que terminaba en una vivienda distante donde un perro joven comenzó a ladrarle desde detrás de una cerca.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tú no.</span></span><br />
<br />
El perro ladró otra vez.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Agradezco la confesión, pero tienes coartada.</span></span><br />
<br />
Volvió sobre sus pasos. La búsqueda consumió más tiempo del que había imaginado. El sol ya se elevaba cuando encontró de nuevo el pelo rojizo en una zona donde el canal se acercaba al borde del bosque. Allí las señales cambiaban. No había un único recorrido. Había varios. Farahan se agachó junto a una pendiente baja. Las hojas estaban comprimidas en direcciones diferentes y la tierra mostraba pequeñas marcas alrededor de una abertura entre raíces. No era suficientemente grande para una persona. Sí para un zorro. Farahan no se acercó más. Escuchó. Nada. Rodeó la zona manteniendo distancia y encontró otro acceso entre arbustos.<br />
<br />
Después una huella. Más pequeña. Mucho más pequeña. Farahan se quedó quieto. Cachorros. La respuesta explicaba bastante. El zorro no estaba acumulando comida para sí mismo. Estaba alimentando una camada. Se alejó unos pasos antes de que su presencia provocara alguna reacción desde la madriguera. Regresó hacia la ranchería con una idea bastante distinta de la que había tenido durante la noche. Sadao seguía esperándolo, aunque ya se había sentado sobre una piedra.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tardaste.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Encontré la madriguera.</span></span><br />
<br />
El hombre se levantó.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Hay más?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Crías.</span></span><br />
<br />
La expresión de Sadao cambió.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ah.</span></span><br />
<br />
Aquello resumía bastante bien el problema. Volvieron a la propiedad. Fumiko recibió la noticia con menos sorpresa.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por eso llevaba tanta comida.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Probablemente.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces si soltamos al adulto lejos, las crías se quedan sin comida.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
Sadao miró hacia la caja. Por primera vez desde que Farahan había llegado, no pareció especialmente interesado en una solución inmediata.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No quiero perder más gallinas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No tiene por qué.</span></span><br />
<br />
Farahan señaló el gallinero.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Arreglamos eso hoy. Bien. No solo el hueco: toda la base. Piedra bajo la malla, tierra compactada y refuerzo en las esquinas. Después soltamos al zorro cerca de su territorio, no aquí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y qué comerá?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo mismo que comía antes de descubrir sus gallinas.</span></span><br />
<br />
Fumiko cruzó los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ratones, probablemente. Hay suficientes.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso sí sería útil.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Excelente. Acabamos de mejorar su puesto de trabajo.</span></span><br />
<br />
La solución parecía sencilla al decirla. Aplicarla tomó buena parte de la mañana. Farahan habría podido marcharse después de señalar lo que debía reforzarse y considerar la amenaza neutralizada con la captura, pero no tenía demasiado sentido liberar al animal mientras el mismo acceso permaneciera disponible. Además, si la misión consistía en evitar nuevos ataques, dejar el trabajo a medias era una manera bastante mediocre de completarla. Retiraron tierra alrededor de toda la base del gallinero. La malla estaba peor de lo que parecía.<br />
<br />
Dos esquinas adicionales cedían con presión suficiente y uno de los postes comenzaba a pudrirse en la parte enterrada. Sadao lo observó con creciente incomodidad.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso sí no lo había visto.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Empiezo a entender por qué el zorro eligió esta propiedad.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hace falta disfrutarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No estoy disfrutándolo.</span></span><br />
<br />
Fumiko pasó detrás con una cesta.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí está disfrutándolo.</span></span><br />
<br />
Farahan continuó trabajando. Colocaron piedras planas bajo la malla, reforzaron el borde con madera y sustituyeron el poste deteriorado. En las esquinas más blandas añadieron piezas inclinadas hacia afuera para dificultar que un animal pudiera excavar directamente junto al cercado. Sadao trajo herramientas mejores después del primer intento. Farahan lo miró.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Tenía esas desde el principio?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y por qué empezamos con las otras?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Son las que uso normalmente.</span></span><br />
<br />
Farahan decidió que algunas costumbres rurales estaban fuera de su capacidad de comprensión. A media mañana, Gen apareció atraído por la actividad.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Lo encontraron?</span></span><br />
<br />
Sadao señaló la caja. Gen se acercó demasiado rápido. El zorro mostró los dientes. Gen retrocedió.<br />
<br />
<span style="color: #7B8060;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí. Lo encontraron.</span></span><br />
<br />
Chiyo llegó poco después, aunque mantuvo una distancia más prudente.<br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Es el mismo?</span></span><br />
<br />
Farahan respondió antes de que Sadao pudiera convertir la cuestión en otra votación vecinal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es el que estaba entrando al gallinero.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #9B6F8A;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces era un zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nadie dijo que no.</span></span><br />
<br />
Fumiko apareció con agua para todos.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tú dijiste lobo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pregunté si podía ser un lobo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Después de que yo dijera zorro.</span></span><br />
<br />
Gen sonrió. Chiyo también. Sadao descubrió de pronto que el poste requería toda su atención. Farahan bebió agua y decidió que la verdadera amenaza de la ranchería podía ser la memoria colectiva. El trabajo continuó hasta que la base quedó suficientemente protegida. Farahan la recorrió completa, presionando la malla con la mano y comprobando cada unión. Sadao lo siguió.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Ahora sí?</span></span><br />
<br />
Farahan llegó a la esquina del ataque original. Empujó. Nada.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ahora sí.</span></span><br />
<br />
El hombre sonrió.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Fumiko va a recordarme esto durante años.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No creo que mi misión incluya neutralizar esa amenaza.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lástima.</span></span><br />
<br />
Quedaba resolver qué hacer con el zorro. Farahan no quería transportarlo demasiado lejos de la madriguera, pero tampoco abrir la caja junto al gallinero y confiar en que el animal hubiese comprendido una lección moral sobre propiedad ajena. Eligió un punto cercano al bosque, a suficiente distancia de las parcelas para obligarlo a regresar por una ruta distinta. Sadao insistió en acompañarlo. Entre ambos levantaron la caja utilizando dos varas pasadas por los laterales para mantener las manos lejos de las aberturas. El zorro no agradeció el transporte.<br />
<br />
Se movió varias veces y convirtió cada desnivel del camino en una discusión física entre el peso de la caja y quienes la cargaban.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pesa más de lo que parece.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso o está colaborando muy poco.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Creo que es lo segundo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por fin coincidimos en una observación animal.</span></span><br />
<br />
Llegaron hasta una zona donde los árboles ocultaban ya las construcciones de la ranchería. Farahan dejó la caja en el suelo. Sadao hizo lo mismo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Aquí?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí.</span></span><br />
<br />
El granjero miró alrededor.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿La madriguera está cerca?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo suficiente.</span></span><br />
<br />
No quiso llevarlo directamente hasta ella. Abrir una caja con un animal asustado frente a sus crías podía provocar una reacción bastante distinta de una huida. Farahan aseguró una cuerda a la puerta y retrocedió varios metros. Sadao hizo lo mismo sin necesidad de recibir instrucciones.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si viene hacia nosotros?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No se ponga delante.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Gran plan.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ha funcionado con muchas cosas que no quieren chocar conmigo.</span></span><br />
<br />
Tiró de la cuerda. La puerta se levantó. Durante un instante no ocurrió nada. El zorro permaneció al fondo. Farahan esperó. Sadao también. El animal avanzó despacio hasta la abertura. Sacó la cabeza, comprobó el exterior y salió de golpe. No corrió hacia ellos. Se internó entre los arbustos y desapareció en pocos segundos. Sadao dejó escapar el aire.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso fue menos dramático de lo que esperaba.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es una misión D.</span></span><br />
<br />
El hombre rio. Recogieron la caja. Farahan habría considerado terminado el trabajo en ese momento si no hubiese querido comprobar una última cosa. Regresó solo hacia la zona donde había localizado la madriguera y permaneció a distancia. No necesitaba ver al zorro entrar; bastaba con observar durante algunos minutos si aparecía movimiento. Pasó un rato. Nada. Después una cabeza pequeña asomó entre las raíces. Desapareció. Otra surgió detrás. Farahan no se acercó. Los cachorros seguían allí. Eso significaba que la solución todavía dependía de que el adulto regresara. Esperó más.<br />
<br />
El bosque mantenía su propio ruido: hojas movidas por el aire, insectos, aves pequeñas y el agua lejana del canal. Farahan empezó a considerar que ya había dedicado suficiente tiempo a contemplar un agujero cuando una silueta rojiza apareció entre los arbustos. El zorro. No llevaba comida. Se aproximó con cautela, se detuvo varias veces y finalmente desapareció junto a las raíces. Farahan se permitió una pequeña sonrisa. Eso bastaba. Cuando volvió a la ranchería, las gallinas habían regresado al corral. Momo estaba nuevamente fuera. Farahan se detuvo al verla picoteando cerca de la puerta. Sadao siguió su mirada.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se volvió a escapar.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces retiro todo lo dicho sobre el zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quizá solo intentaba reducir el problema.</span></span><br />
<br />
Sadao soltó una carcajada. Momo continuó picoteando como si la conversación no tuviera relación alguna con ella. Farahan se agachó lentamente. La gallina levantó la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esta vez vamos a evitar el episodio de la carreta.</span></span><br />
<br />
Momo dio dos pasos hacia un costado. Farahan hizo lo mismo. El ave retrocedió. Él se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si corres detrás, corre más.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Agradezco que haya esperado hasta ahora para compartir esa información.</span></span><br />
<br />
Sadao tomó un poco de grano y lo dejó caer cerca de la entrada del corral. Momo acudió inmediatamente. Farahan la vio entrar.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso fue ofensivamente sencillo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es una gallina.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hace unas horas era la más lista.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo sigue siendo.</span></span><br />
<br />
Farahan contempló al resto. Decidió no preguntar. Fumiko salió de la vivienda con el documento de la misión en la mano.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sadao dijo que necesitas una firma.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Alguien en Konoha considera importante demostrar que no inventé toda esta historia para pasar el día observando gallinas.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Después de hoy, casi lo entendería.</span></span><br />
<br />
Le entregó el papel a su marido. Sadao leyó el espacio destinado a la confirmación del solicitante.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué pongo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Que el animal responsable fue identificado, capturado y retirado, y que el acceso al gallinero quedó asegurado.</span></span><br />
<br />
Sadao comenzó a escribir. Fumiko se inclinó sobre su hombro.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Pon también que encontró la madriguera.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hace falta escribir una novela.</span></span><br />
<br />
Farahan consideró que aquella frase resultaba particularmente injusta después de todo lo ocurrido. Sadao firmó y devolvió el documento.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si vuelve, ¿qué hacemos?</span></span><br />
<br />
Farahan guardó el papel.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Primero comprueben por dónde entró. Si el gallinero sigue cerrado y solo lo ven alrededor, déjenlo. Puede pasar cerca sin ser un problema.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y si intenta entrar otra vez?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces avisen. Pero no le faciliten el trabajo.</span></span><br />
<br />
Fumiko miró a Sadao.<br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso significa revisar la malla.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo sé.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—De cerca.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A86F62;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No desde la puerta.</span></span><br />
<br />
Sadao cerró los ojos.<br />
<br />
<span style="color: #876947;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí, Fumiko.</span></span><br />
<br />
Farahan decidió marcharse antes de que la misión desarrollara una segunda fase relacionada con problemas matrimoniales. El regreso hacia el centro de Konoha resultó más lento. El calor del verano había convertido el camino despejado de la mañana en una ruta bastante menos amable, y después de pasar buena parte de la noche despierto la distancia parecía mayor de lo que recordaba. Aun así, la misión estaba resuelta. Cinco gallinas perdidas. Un zorro capturado. Una camada localizada. Una cerca reparada. Ninguna necesidad de matar nada. No era precisamente el tipo de hazaña que terminaría narrada en las historias de la aldea.<br />
<br />
Farahan podía vivir con ello. Cuando llegó nuevamente al edificio administrativo, el mismo funcionario seguía trabajando detrás del mostrador. Al verlo acercarse, levantó la vista.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Las gallinas sobrevivieron?</span></span><br />
<br />
Farahan dejó la orden firmada frente a él.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Las que quedaban, sí.</span></span><br />
<br />
El hombre tomó el documento.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Animal salvaje?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Zorro.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Neutralizado?</span></span><br />
<br />
Farahan hizo una pausa.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Depende de cuánto entusiasmo tenga por volver a cavar debajo de una cerca que ahora tiene piedras.</span></span><br />
<br />
El funcionario continuó leyendo.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí dice que lo capturaste.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y lo soltaste.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—También.</span></span><br />
<br />
El hombre levantó nuevamente la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Por qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tenía crías. Y el problema real era que podía entrar al gallinero. Ya no puede.</span></span><br />
<br />
El funcionario examinó la firma de Sadao.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—El solicitante parece conforme.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Especialmente después de descubrir que reparar una cerca funciona mejor que discutir con un zorro.</span></span><br />
<br />
El documento pasó al montón correspondiente.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces misión completada.</span></span><br />
<br />
Farahan asintió. El funcionario tomó otra hoja. Farahan observó el movimiento.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿No qué?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si esa hoja contiene otra especie de ave, quiero dejar constancia de que mi jornada terminó.</span></span><br />
<br />
El hombre miró el documento que había tomado.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Es un recibo.</span></span><br />
<br />
Farahan guardó silencio.<br />
<br />
<span style="color: #687C93;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aunque tengo una solicitud por unas cabras que se están escapando de—</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mañana.</span></span><br />
<br />
Se dio la vuelta antes de que pudiera escuchar el resto. Había límites. Incluso para alguien que cobraba por misión.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Automisión|E]  El perro en el árbol]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15033</link>
			<pubDate>Fri, 02 Oct 2026 01:24:03 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=872">Farahan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15033</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El perro en el árbol</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">05 de Verano, Año 150 — Konohagakure no Sato</span></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entre las raíces.</span><br />
<br />
Las mañanas de verano tenían la particularidad de convertir las calles de Konohagakure en un continuo ir y venir de personas, animales y comerciantes que procuraban terminar sus actividades antes de que el calor se volviera demasiado incómodo. Bajo los aleros se acomodaban algunas mercancías, los establecimientos comenzaban a recibir a sus primeros clientes y, entre los caminos menos transitados, todavía podían encontrarse pequeños espacios donde la vegetación había resistido al crecimiento de la aldea. Uno de ellos, no demasiado lejos de una zona residencial, albergaba un árbol tan antiguo que sus raíces habían terminado por levantar parte del terreno circundante, formando una maraña de madera y tierra bajo la sombra de su considerable copa.<br />
<br />
Aquella mañana, sin embargo, lo que atraía la atención no era precisamente su antigüedad.<br />
<br />
Una pequeña multitud se había congregado alrededor del tronco. Entre sus integrantes había vecinos, dos hombres que parecían discutir sobre herramientas y una mujer que sostenía un recipiente con agua, mientras un tercero intentaba introducir un trozo de comida por una de las aberturas que comunicaban con el interior de las raíces. Los gruñidos que respondían a sus esfuerzos resultaban suficientemente elocuentes para cualquiera que hubiese tenido oportunidad de tratar con un animal asustado, aunque no parecían disuadir al sujeto de continuar intentándolo.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Le he dicho que se aparte! Si vuelve a introducir la mano, voy a terminar teniendo dos pacientes.</span></span><br />
<br />
El veterinario no parecía particularmente satisfecho con la situación. Tenía las mangas recogidas y un pequeño maletín abierto junto a sus piernas, del cual había extraído distintas herramientas que todavía no encontraba oportunidad de utilizar. Según habían conseguido averiguar, el perro llevaba varias horas refugiado entre las raíces, probablemente después de sufrir alguna lesión en una de sus extremidades. La estrechez del lugar le impedía acomodarse correctamente y, cada vez que alguien intentaba alcanzarlo, respondía retrocediendo cuanto podía, golpeándose contra la madera y exponiendo los dientes.<br />
<br />
Algunos proponían excavar; otros consideraban que bastaría con cortar una de las raíces para ampliar la abertura. Una tercera opinión, aparentemente muy popular entre quienes no tenían intención de participar directamente, consistía en sujetarlo por la fuerza y terminar cuanto antes.<br />
<br />
El problema era que nadie parecía dispuesto a comprobar cuál de aquellas ideas conseguiría lastimarlo primero.<br />
<br />
Farahan llegó cuando la discusión comenzaba a repetirse por tercera o cuarta ocasión. Había aceptado el encargo después de conocer que solicitaban expresamente a un integrante del clan Yamanaka para intervenir en el rescate. No se trataba de una misión particularmente interesante desde el punto de vista económico, aunque tampoco parecía exigir demasiado tiempo ni exponerse a peligros considerables. Una técnica bien empleada, un animal fuera de su escondite y una recompensa al finalizar. Sobre el papel, resultaba un intercambio suficientemente aceptable para dedicarle parte de la mañana.<br />
<br />
Otra cosa era descubrir que habían reunido a media vecindad para explicarle al perro, todos al mismo tiempo, que debía tranquilizarse.<br />
<br />
El joven se detuvo a cierta distancia, observando primero la distribución de las personas y después el árbol. Su cabello platinado, cuidadosamente acomodado pese a la informalidad de la jornada, contrastaba con las tonalidades oscuras de su vestimenta. Antes de aproximarse, terminó de beber el contenido de un pequeño recipiente que llevaba consigo, comprobó que estuviera correctamente cerrado y lo guardó entre sus pertenencias. La cafeína había cumplido su propósito; ahora esperaba que el resto de la mañana hiciera lo propio.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Buenos días. Farahan Yamanaka, por el encargo del perro.</span></span><br />
<br />
La presentación consiguió interrumpir parcialmente la discusión. El veterinario levantó la cabeza y se incorporó, limpiándose las manos con un paño que llevaba sujeto a la cintura.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por fin. Nos dijeron que enviarían a alguien de tu clan. Soy Hiroshi, estoy encargado de atenderlo en cuanto consigamos sacarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué le sucede exactamente?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tiene una pata lastimada, posiblemente por una caída o algún golpe. No he podido examinarlo lo suficiente para determinar la gravedad, pero hay sangre sobre el pelaje y cada vez que intenta moverse parece hacerse más daño. El problema es que tampoco nos deja acercarnos.</span></span><br />
<br />
Farahan dedicó una mirada al grupo, particularmente al sujeto que todavía conservaba el trozo de comida entre sus dedos.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y han intentado dejarlo tranquilo durante cinco minutos?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Llevamos toda la mañana intentando ayudarlo!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso no responde mi pregunta.</span></span><br />
<br />
La réplica fue tan natural que apenas requirió modificar su expresión. Tampoco parecía tener intención de iniciar una discusión. Pasó junto al hombre y se aproximó al árbol, deteniéndose donde la abertura le permitía observar parte del interior sin necesidad de introducir el cuerpo.<br />
<br />
El perro era de tamaño mediano, con el pelaje predominantemente pardo y algunas manchas más claras distribuidas sobre el pecho y las extremidades. Permanecía recostado de costado, aunque mantenía la cabeza levantada y los ojos atentos a cuanto sucedía frente a su refugio. Una de sus patas delanteras descansaba en una posición poco natural, mientras que el resto de su cuerpo quedaba parcialmente oculto por las raíces que descendían desde el tronco. A su alrededor había tierra removida, pequeñas acumulaciones de hojas y marcas que sugerían diversos intentos por acomodarse en aquel espacio.<br />
<br />
Al advertir una nueva presencia, el animal volvió a enseñar los dientes.<br />
<br />
Farahan se agachó lentamente, procurando no obstruir la salida. Evitó mirarlo fijamente durante demasiado tiempo y mantuvo las manos a la vista, sin extenderlas hacia su hocico. Había aprendido hacía muchos años que las criaturas asustadas podían resultar bastante más predecibles que las personas que pretendían auxiliarlas. El hambre, el dolor y el miedo tenían manifestaciones reconocibles; no requerían explicaciones elaboradas ni justificaciones posteriores. Un animal que enseñaba los dientes estaba comunicando algo suficientemente importante como para prestarle atención.<br />
<br />
Su propia experiencia entre jaulas no necesitaba regresar a la memoria con demasiada frecuencia para que todavía recordara semejantes particularidades.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hola, pequeño.</span></span><br />
<br />
El gruñido persistió.<br />
<br />
Farahan ladeó ligeramente la cabeza, estudiando la posición del animal y los espacios que quedaban entre las raíces. No parecía completamente atrapado por la madera, aunque la abertura más accesible requería un movimiento que probablemente ejercería presión sobre la extremidad lastimada. También había un segundo espacio, considerablemente más estrecho, que difícilmente serviría como salida para un animal de aquellas dimensiones.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Conque ahí decidiste meterte.</span></span><br />
<br />
No esperaba una respuesta, evidentemente. Permaneció unos instantes más observándolo, hasta que el perro redujo ligeramente la intensidad de sus advertencias. Después retrocedió y volvió junto al veterinario.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Han comprobado si está sujeto por alguna parte o simplemente se niega a salir?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por lo que he alcanzado a ver, no hay nada que lo mantenga atrapado físicamente. Puede moverse, pero intenta retroceder cuando nos acercamos. Creo que podría salir por la abertura principal si conseguimos que coopere.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y la pata?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Preferiría que no tuviera que apoyarla. No sé si hay una fractura y tampoco quiero descubrirlo cuando esté a medio camino.</span></span><br />
<br />
El muchacho asintió, considerando las alternativas. Su capacidad física no era precisamente aquello que le había permitido destacar durante su formación; tampoco encontraba demasiado sentido en intentar arrastrar a un perro herido desde una cavidad en la que apenas cabían los brazos de un adulto. Para eso lo habían solicitado a él y no a un Akimichi con demasiado tiempo libre.<br />
<br />
Uno de los vecinos, que había seguido la conversación con evidente impaciencia, señaló una de las raíces más próximas al suelo.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si cortamos esta parte, podríamos abrirle suficiente espacio para sacarlo entre dos personas. Tengo herramientas en casa.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ya hemos hablado de eso. No sabemos qué cantidad de tierra sostiene.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces podemos excavar desde el otro lado.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—O podemos dejar de modificar el árbol hasta comprobar si realmente hace falta.</span></span><br />
<br />
Farahan se incorporó por completo. Su voz no había aumentado de volumen, pero su intervención consiguió que algunas miradas se dirigieran nuevamente hacia él. Aprovechó la atención para señalar el camino situado frente a la abertura principal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Necesito que despejen esa parte. Todos. Si comienza a salir y encuentra personas rodeándolo, probablemente intente regresar al mismo agujero del que queremos sacarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y cómo piensas conseguir que salga si ni siquiera podemos tocarlo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Para eso me llamaron, ¿no?</span></span><br />
<br />
No hubo una réplica inmediata. El veterinario terminó por intervenir, solicitando a los presentes que retrocedieran y conservaran despejada la zona. Algunos obedecieron sin inconvenientes; otros necesitaron que se les repitiera la indicación. Una mujer retiró el recipiente con agua para evitar que alguien tropezara, mientras que uno de los curiosos comenzó a apartar las pequeñas herramientas que habían reunido junto al árbol.<br />
<br />
Farahan aguardó hasta disponer de espacio suficiente y dedicó unos instantes a reconocer el terreno. Le interesaba establecer un recorrido corto desde la abertura hasta un lugar donde el veterinario pudiera intervenir sin necesidad de sujetar al animal contra las raíces. También necesitaba una posición desde la cual ejecutar su técnica sin que nadie lo golpeara accidentalmente o decidiera moverlo al observar que dejaba de responder.<br />
<br />
La solución que tenía en mente ofrecía una ventaja considerable: si conseguía establecer correctamente el Shintenshin no Jutsu, podría ejercer control sobre el cuerpo del perro y procurar que abandonara el escondite mediante sus propios movimientos, sin recurrir a tirones o maniobras improvisadas. Sin embargo, hacerlo tampoco garantizaba que pudiera ignorar las limitaciones de una extremidad herida. Tendría que desplazarse con cuidado y, sobre todo, confiar en que el veterinario estuviera preparado para intervenir cuando correspondiera.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hiroshi, necesitaré que venga conmigo.</span></span><br />
<br />
El hombre recogió su maletín y se aproximó.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué tienes pensado?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Utilizaré una técnica de mi clan para controlar sus movimientos. Si consigo establecer la conexión, intentaré hacerlo salir sin apoyar la extremidad lesionada. Necesito que usted se encargue de recibirlo y sujetarlo cuando esté fuera.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Puedes controlar también sus reacciones?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras la técnica funcione, controlaré su cuerpo. Pero necesito saber cómo quiere que lo mueva. La parte médica se la dejo a usted.</span></span><br />
<br />
La explicación pareció satisfacer al veterinario, quien se agachó nuevamente para observar al animal desde un costado. Después señaló una pequeña extensión de tierra relativamente despejada, situada a poca distancia de la abertura.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si consigues llevarlo hasta aquí, podré inmovilizarlo con una manta y revisar la pata. Procura que avance despacio. No necesitamos que se levante por completo si puede arrastrarse un poco sin apoyarla.</span></span><br />
<br />
Farahan examinó el recorrido propuesto y asintió. No le agradaba particularmente la idea de experimentar las limitaciones de un cuerpo ajeno y lastimado, pero la distancia era reducida y el propósito estaba suficientemente delimitado. Bastaría con evitar movimientos innecesarios y permitir que el especialista asumiera el control de la situación una vez que el perro estuviera fuera.<br />
<br />
Antes de continuar, se apartó un mechón de cabello que había descendido sobre su frente y revisó el lugar donde pensaba permanecer durante la ejecución. La proximidad de las raíces ofrecía una línea despejada hacia el animal, aunque prefirió retroceder algunos pasos para no quedar demasiado cerca del tránsito de los presentes. Después extendió una mano hacia Hiroshi, solicitando nuevamente su atención.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Cuando utilice la técnica, mi cuerpo quedará inmóvil.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Inmóvil?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí. Así que le agradecería que no permita que nadie tropiece conmigo, me sacuda para comprobar si sigo vivo o decida trasladarme mientras estoy ocupado.</span></span><br />
<br />
El veterinario lo observó unos instantes, aparentemente intentando determinar cuánto había de advertencia y cuánto de humor en aquella última parte.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Creo que podremos evitarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Maravilloso. Entonces ya tenemos la mitad del trabajo resuelta.</span></span><br />
<br />
Hiroshi dejó el maletín junto al lugar acordado y comenzó a preparar una manta limpia. Por indicación suya, los vecinos terminaron de despejar el frente del árbol, dejando únicamente a los dos participantes del rescate dentro del espacio inmediato. La curiosidad no había disminuido, pero al menos ahora se manifestaba desde una distancia considerablemente menos problemática.<br />
<br />
Farahan volvió a mirar hacia la abertura.<br />
<br />
El perro permanecía donde lo había encontrado, aunque los gruñidos se habían vuelto menos frecuentes desde que la multitud dejó de acercarse. Su hocico descansaba parcialmente sobre la tierra y las orejas respondían a los sonidos que llegaban desde el exterior. En algún momento intentó modificar su postura, pero el movimiento terminó acompañado de un quejido que lo hizo desistir.<br />
<br />
El muchacho acomodó su posición, procurando que nada interfiriera con la dirección de su técnica. No era la primera vez que encontraba más sencillas de comprender las intenciones de un animal que las de las personas a su alrededor. Aquella criatura no necesitaba que alguien le explicara la importancia del trabajo en equipo ni parecía interesada en las innumerables soluciones que habían propuesto para rescatarla. Estaba herida, tenía miedo y quería que dejaran de acercarse.<br />
<br />
Una situación bastante sencilla de comprender, aunque resolverla requiriera algo más que buenas intenciones.<br />
<br />
Juntó entonces las manos, disponiéndose a realizar el sello correspondiente.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bueno, pequeño. Vamos a sacarte de ahí.</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Voluntad prestada.</span><br />
<br />
El espacio despejado alrededor del árbol permitió apreciar con mayor claridad la distribución de sus raíces. Algunas descendían casi verticalmente antes de introducirse en la tierra, mientras otras se extendían sobre la superficie formando pequeños arcos bajo los cuales se acumulaban hojas y sedimentos. La cavidad ocupada por el perro se encontraba entre dos de aquellas prolongaciones, suficientemente amplia para albergarlo, pero con una abertura que dificultaba cualquier intento de extracción desde el exterior. La tierra removida alrededor de su hocico sugería que tampoco había permanecido completamente quieto durante las últimas horas.<br />
<br />
Farahan comprobó una vez más el recorrido acordado con Hiroshi. La distancia era reducida y el terreno parecía razonablemente uniforme, salvo por una pequeña elevación que separaba la salida del lugar donde el veterinario había extendido la manta. No necesitaba que el animal recorriera media aldea, sino que abandonara su escondite sin convertir una lesión tratable en un problema considerablemente mayor.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Cuando esté fuera, procuraré sujetarlo por el tórax y mantener inmovilizada la extremidad. Si comienza a resistirse, no intentes obligarlo a seguir caminando.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entendido. Por cierto, si observa algo extraño en mi cuerpo, absténgase de intervenir salvo que sea realmente necesario.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué clase de cosa extraña?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La ausencia de respuesta suele preocupar a quienes desconocen la técnica.</span></span><br />
<br />
El veterinario volvió a examinarlo, aunque terminó por aceptar la explicación con un pequeño movimiento de cabeza. Farahan se acomodó sobre el terreno, procurando que su cuerpo permaneciera estable, y dirigió la mirada hacia el perro. Este había dejado de gruñir constantemente, pero conservaba la cabeza levantada y observaba con desconfianza cualquier movimiento próximo a su refugio.<br />
<br />
No parecía especialmente interesado en colaborar.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Shintenshin no Jutsu.</span></span><br />
<br />
El muchacho completó el sello correspondiente y proyectó su conciencia hacia el animal, intentando establecer el vínculo necesario para ejercer control sobre su cuerpo. Apenas concluida la ejecución, su figura permaneció inmóvil en el lugar elegido, con las manos todavía próximas entre sí y la mirada perdida en un punto que ya no parecía registrar cuanto sucedía frente a ella.<br />
<br />
Hiroshi se inclinó ligeramente hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Farahan?</span></span><br />
<br />
La ausencia de respuesta lo hizo recordar inmediatamente la advertencia anterior. Retrocedió lo suficiente para no obstaculizar el procedimiento y volvió su atención hacia la abertura del árbol.<br />
<br />
En el interior, el perro levantó repentinamente la cabeza.<br />
<br />
La experiencia resultaba bastante distinta de cualquier desplazamiento que Farahan pudiera realizar mediante su propio cuerpo. El mundo parecía encontrarse considerablemente más próximo al suelo y las dimensiones de cuanto lo rodeaba habían adquirido proporciones diferentes. Las raíces que momentos antes había observado desde el exterior constituían ahora obstáculos inmediatos, mientras que el espacio disponible entre sus extremidades era bastante menor de lo que había estimado.<br />
<br />
También estaba el dolor.<br />
<br />
Una de las patas delanteras presentaba una molestia que se acentuaba ante determinados movimientos, suficiente para advertirle que no debía utilizarla como punto de apoyo. No necesitaba conocer la naturaleza exacta de la lesión para comprender que arrastrarla indiscriminadamente contra la madera sería una pésima decisión.<br />
<br />
Intentó incorporarse, pero interrumpió el movimiento casi de inmediato.<br />
<br />
Cuatro extremidades requerían una distribución del peso distinta de aquella a la que estaba acostumbrado. Aunque el cuerpo disponía de sus propios recursos para mantener el equilibrio, tratar de imponerle una postura semejante a la humana no resultaba particularmente provechoso. Farahan modificó gradualmente su posición, aprovechando las tres patas restantes para liberar parte del torso y orientar el hocico hacia la abertura principal.<br />
<br />
Desde el exterior, Hiroshi advirtió que el animal comenzaba a moverse.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Despacio... Eso es, por ahí.</span></span><br />
<br />
La voz del hombre llegaba acompañada de otros sonidos. El roce de las hojas, las conversaciones de los espectadores y hasta los movimientos del veterinario parecían adquirir una presencia diferente. Farahan no necesitaba entretenerse explorando aquellas particularidades, pero la abundancia de estímulos resultaba suficiente para comprender por qué el perro había reaccionado tan agresivamente ante una multitud que insistía en rodearlo.<br />
<br />
Bastante tenía con estar lastimado como para soportar además semejante asamblea de especialistas improvisados.<br />
<br />
Consiguió aproximar el pecho a la salida y extendió una de las patas sanas sobre el terreno despejado. La posición exigió acomodar nuevamente el resto del cuerpo, girando ligeramente para evitar que la extremidad lesionada golpeara contra una de las raíces. El movimiento fue lento, con pequeñas interrupciones destinadas a comprobar cuánto espacio tenía disponible.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Está saliendo! ¡Mire, ya está saliendo!</span></span><br />
<br />
La exclamación provino del mismo vecino que había propuesto modificar el árbol. Animado por el aparente éxito, dio un par de pasos hacia delante, acompañado por otra persona que intentaba obtener una mejor perspectiva.<br />
<br />
Hiroshi extendió inmediatamente un brazo para detenerlos.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Atrás! Les pedimos que mantuvieran despejado el frente.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Pero si ya está tranquilo! Podemos ayudar a levantarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Precisamente porque está tranquilo, no necesito que hagan nada.</span></span><br />
<br />
La discusión no impidió que Farahan continuara avanzando, aunque la proximidad de aquellas personas complicaba el recorrido que había previsto. Tuvo que detenerse brevemente, mantener una de las patas delanteras extendida y esperar a que el espacio volviera a encontrarse despejado.<br />
<br />
El veterinario consiguió finalmente apartar a los curiosos y regresó a su posición junto a la manta.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bien. Ahora un poco más, procura mantener esa pata levantada.</span></span><br />
<br />
Farahan reanudó el movimiento.<br />
<br />
El cuerpo del animal fue deslizándose entre las raíces hasta que consiguió liberar completamente los hombros. A partir de aquel punto, la dificultad principal dejó de ser la estrechez de la abertura. Necesitaba sacar las extremidades posteriores sin perder el equilibrio y, al mismo tiempo, evitar que la pata herida recibiera una presión innecesaria.<br />
<br />
Un movimiento poco cuidadoso terminó provocando un pequeño quejido.<br />
<br />
Hiroshi se aproximó instintivamente, pero contuvo las manos al comprobar que el animal todavía se encontraba a medio camino. En lugar de sujetarlo, terminó de extender la manta hasta colocar uno de sus extremos cerca de la salida.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hace falta que camines hasta mí. Si consigues sacar las patas traseras, puedo recibirte aquí mismo.</span></span><br />
<br />
Farahan procuró acomodar el cuerpo de costado, aprovechando una de las raíces como referencia para desplazar las extremidades posteriores. La maniobra no resultó especialmente elegante, aunque tampoco necesitaba serlo. Después de varios movimientos consiguió liberar una pata, luego la otra, hasta dejar atrás el espacio que había mantenido atrapado al animal.<br />
<br />
Por primera vez desde su llegada, el perro se encontraba completamente fuera del árbol.<br />
<br />
El veterinario se arrodilló junto a él y aproximó lentamente la manta, procurando mantener una postura que le permitiera sujetarlo sin comprimir la extremidad lastimada.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Muy bien. Ahora necesito que te mantengas quieto mientras termino de acomodarte.</span></span><br />
<br />
Farahan permaneció recostado, consciente de que prolongar innecesariamente el control tampoco resolvería el problema. Todavía era necesario determinar el estado de la herida y encontrar una manera segura de trasladar al animal, labores que correspondían al hombre situado a su lado.<br />
<br />
Hiroshi colocó una mano sobre el tórax del perro y utilizó la otra para sujetar parcialmente la manta. Tras comprobar que disponía de suficiente apoyo, levantó la mirada hacia el cuerpo inmóvil del joven Yamanaka.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ya lo tengo. Puedes terminar.</span></span><br />
<br />
Farahan deshizo entonces la técnica.<br />
<br />
El regreso a su propio cuerpo lo dejó durante unos instantes con la extraña impresión de haberse incorporado a una altura considerablemente superior a la que acababa de experimentar. Parpadeó, recuperó la posición de sus manos y movió ligeramente los hombros antes de comprobar que ninguna de sus pertenencias hubiera sido alterada durante su ausencia.<br />
<br />
Todo parecía encontrarse en orden.<br />
<br />
Excepto, quizá, por el vecino que continuaba observándolo con una curiosidad bastante poco disimulada.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Entonces sí estabas dentro del perro?</span></span><br />
<br />
Farahan dirigió la mirada hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—De manera simplificada, sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y podías ver todo lo que veía? ¿También podías oler como él?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Necesita que le encuentre algo?</span></span><br />
<br />
El hombre tardó unos instantes en comprender la respuesta. Farahan aprovechó aquel intervalo para incorporarse y aproximarse al veterinario, quien había comenzado a comprobar cuidadosamente el estado de la extremidad.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Cómo se encuentra?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mucho mejor de lo que esperaba, considerando el tiempo que pasó allí dentro. Aunque todavía necesito examinarlo correctamente. Hay inflamación y una herida que tendremos que limpiar; no quiero asegurar nada sobre los huesos hasta revisarlo en condiciones.</span></span><br />
<br />
El muchacho se agachó junto a ellos, esta vez sin necesidad de recurrir a ninguna técnica. El perro había recuperado el control de su propio cuerpo y observaba con evidente recelo las manos del veterinario, aunque el agotamiento parecía haber reducido considerablemente su disposición a resistirse.<br />
<br />
Farahan extendió una mano, permitiéndole reconocer su presencia antes de intentar cualquier contacto. El animal aproximó brevemente el hocico y terminó por apoyar nuevamente la cabeza sobre la manta.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bueno, al menos ya estamos de acuerdo en que aquel agujero no era un buen lugar para descansar.</span></span><br />
<br />
Hiroshi terminó de acomodar la extremidad y cerró parcialmente el maletín.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Necesitaré llevarlo a la clínica para tratarlo. ¿Podrías ayudarme con el traslado? Preferiría evitar que vuelva a incorporarse por su cuenta.</span></span><br />
<br />
Farahan observó al perro, después la manta y finalmente al grupo que todavía permanecía alrededor del árbol.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por supuesto. Aunque esta vez creo que podemos prescindir de los voluntarios.</span></span><br />
<br />
El veterinario dejó escapar una breve carcajada mientras comenzaba a organizar sus pertenencias.<br />
<br />
La parte más complicada del rescate había concluido, pero todavía faltaba asegurarse de que el animal recibiera la atención por la que tantas personas se habían reunido aquella mañana.<br />
<br />
Y, preferiblemente, conseguirlo antes de que a alguien se le ocurriera volver a introducirlo entre las raíces.<br />
<br />
Una responsabilidad menos.<br />
<br />
La tarea de trasladar al animal resultó considerablemente más sencilla una vez que dejó de encontrarse entre las raíces. Hiroshi terminó de acomodar la manta bajo su cuerpo y solicitó a Farahan que sujetara los extremos correspondientes a las extremidades posteriores, procurando que la distribución del peso no comprometiera la pata lastimada. El muchacho obedeció después de comprobar que sus pertenencias estuvieran bien aseguradas; difícilmente habría resultado agradable descubrir, al terminar una misión de semejante naturaleza, que había extraviado alguno de sus efectos personales bajo aquel árbol.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—A mi señal. Procura mantener tu lado ligeramente elevado, así evitaremos que la pata golpee contra el suelo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entendido.</span></span><br />
<br />
El primer intento provocó que el perro levantara la cabeza y emitiera un gruñido, aunque la reacción no pasó de una advertencia. Farahan detuvo el movimiento hasta que Hiroshi consiguió acomodar nuevamente la extremidad y, después de una segunda indicación, ambos levantaron la improvisada camilla. El animal permaneció recostado, siguiendo con la mirada cuanto sucedía a su alrededor.<br />
<br />
La pequeña multitud comenzó a dispersarse tan pronto como comprendió que el rescate había concluido. Algunos vecinos aprovecharon para preguntar por su estado; otros se ofrecieron a colaborar con el traslado, aunque ninguno recibió una tarea particularmente indispensable. El mismo hombre que había propuesto excavar bajo las raíces apareció nuevamente con la intención de acompañarlos, asegurando que conocía un camino más corto hacia la clínica.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por esta calle llegaremos antes. Mi cuñado vive cerca del establecimiento, así que conozco perfectamente la zona.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Conozco el camino a mi propia clínica, gracias.</span></span><br />
<br />
Farahan no consiguió evitar que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro. La seguridad con que algunas personas ofrecían soluciones para problemas que otros ya tenían resueltos constituía una particularidad humana que difícilmente dejaría de encontrar entretenida.<br />
<br />
El trayecto transcurrió sin mayores dificultades. La clínica ocupaba un pequeño establecimiento en una calle próxima, reconocible por las ilustraciones de distintos animales que adornaban su entrada. En el interior había varias jaulas destinadas a la recuperación de pacientes, una mesa de exploración y estanterías donde se almacenaban medicamentos, vendajes y herramientas de uso frecuente. El olor de los productos de limpieza se mezclaba con aquel característico de los establecimientos que recibían animales de distintas especies.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí. Vamos a colocarlo sobre la mesa.</span></span><br />
<br />
Ambos realizaron la maniobra procurando conservar la posición del perro. Una vez acomodado, Hiroshi retiró parcialmente la manta y examinó la extremidad afectada con mayor detenimiento. La inflamación se concentraba cerca de la articulación y había una pequeña herida cubierta por sangre seca y restos de tierra. El veterinario comenzó por limpiar cuidadosamente los alrededores, mientras el animal respondía a cada manipulación con una mezcla de inquietud y agotamiento.<br />
<br />
Farahan permaneció junto a la mesa, observando el procedimiento.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Necesita que vuelva a utilizar la técnica?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Preferiría que no. Ya conseguimos sacarlo y necesito comprobar cómo responde a la exploración. Si resulta necesario inmovilizarlo de otra manera, dispongo de los medios para hacerlo.</span></span><br />
<br />
El muchacho aceptó la explicación sin insistir. Después de todo, el objetivo de su intervención había sido retirar al perro del lugar donde permanecía atrapado, no sustituir las competencias del especialista encargado de atenderlo.<br />
<br />
Hiroshi continuó trabajando durante algunos minutos. Limpió la herida, examinó cuidadosamente la movilidad de la extremidad y comprobó si existían otras lesiones evidentes bajo el pelaje. Aunque no encontró motivos inmediatos para sospechar una situación crítica, la inflamación le impedía descartar por completo un daño más profundo.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tiene una herida que necesitará cuidados, además de una inflamación bastante pronunciada. Voy a mantenerlo en observación y comprobaré si hace falta realizar estudios adicionales. De momento, lo importante es que descanse y que no intente volver a correr.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Considerando dónde decidió pasar la mañana, quizá convendría especificarle también que no trepe árboles.</span></span><br />
<br />
Hiroshi dejó escapar una carcajada.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se lo mencionaré cuando esté dispuesto a escuchar recomendaciones.</span></span><br />
<br />
Una vez terminada la primera revisión, el veterinario preparó un espacio de recuperación. Farahan lo ayudó a trasladar nuevamente al animal, esta vez una distancia considerablemente menor, hasta acomodarlo sobre una superficie limpia y acolchada. El perro pareció recibir favorablemente la posibilidad de permanecer quieto sin tener madera presionándole los costados, pues terminó por descansar el hocico sobre sus extremidades sanas.<br />
<br />
Mientras Hiroshi organizaba los materiales utilizados, el muchacho aprovechó para examinar brevemente las instalaciones. No era un establecimiento particularmente grande, pero se encontraba razonablemente equipado y los animales que permanecían bajo observación parecían disponer de condiciones adecuadas. Le interesaba asegurarse de que el perro no terminara abandonado a su suerte una vez que él diera por concluido el encargo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Se sabe si tiene propietario?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no. Ninguno de los vecinos lo reconoció, aunque tampoco hemos tenido oportunidad de investigar demasiado.  <br />
 <br />
Cuando se encuentre mejor, preguntaré por los alrededores. Si nadie lo reclama, tendremos que buscarle un lugar donde puedan hacerse cargo de él.</span></span><br />
<br />
Farahan dirigió una mirada hacia el animal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que disponer de cuatro patas no garantiza tener un lugar al cual regresar.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lamentablemente, no.</span></span><br />
<br />
El joven guardó silencio durante algunos instantes.<br />
<br />
Conocía suficientemente bien la diferencia entre mantener a un animal bajo resguardo y ofrecerle un lugar donde pudiera vivir adecuadamente.  <br />
<br />
No todos los recintos destinados a protegerlos cumplían realmente semejante propósito, aunque tampoco consideraba razonable juzgar las circunstancias de una institución sin conocer sus condiciones. Por lo pronto, el perro disponía de atención médica, alimento y una persona responsable de su recuperación. Era una mejor perspectiva que la de permanecer indefinidamente bajo las raíces de un árbol.<br />
<br />
Se aproximó una última vez al espacio donde descansaba. El animal levantó ligeramente la cabeza al percibir su presencia y, después de olfatear los dedos que Farahan mantenía cerca, permitió que le acariciara brevemente detrás de una oreja.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Procura elegir un alojamiento menos complicado la próxima vez.</span></span><br />
<br />
La única respuesta fue un pequeño movimiento de la cola.<br />
<br />
Hiroshi regresó con una hoja donde había comenzado a registrar las circunstancias del rescate. Además de las observaciones médicas, necesitaba dejar constancia de la intervención del shinobi que había atendido la solicitud, tanto para informar a los responsables de la misión como para facilitar cualquier aclaración posterior.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Farahan Yamanaka, ¿correcto?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Farahan, sí. Aunque me gustaría que escribiera mi nombre correctamente si va a figurar en algún documento.</span></span><br />
<br />
El veterinario le mostró la anotación.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Así está bien?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Perfectamente.</span></span><br />
<br />
Hiroshi terminó de redactar el informe, haciendo constar que la intervención mediante la técnica del clan Yamanaka había permitido extraer al perro sin recurrir a maniobras que pudieran agravar su lesión. También indicó que el animal había quedado bajo su responsabilidad para recibir el tratamiento correspondiente.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te agradezco la ayuda. Cuando solicitaron a alguien del clan no estaba seguro de qué podían hacer exactamente en una situación como esta. Admito que esperaba algo bastante distinto.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Como convencerlo de salir mediante una conversación telepática?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Algo por el estilo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Habría sido considerablemente menos práctico. Además, no parecía particularmente dispuesto a conversar.</span></span><br />
Ambos intercambiaron una sonrisa antes de que el veterinario regresara a sus ocupaciones.<br />
<br />
Farahan dedicó unos momentos a revisar el informe y comprobó que no quedaran asuntos pendientes relacionados con su participación. El perro estaba fuera de peligro inmediato, disponía de supervisión profesional y no sería necesario mantenerlo bajo los efectos de una técnica para que pudiera recibir atención. La solicitud había sido cumplida en los términos establecidos.<br />
<br />
Al abandonar la clínica, el calor del verano volvió a recibirlo en las calles de Konohagakure. Los establecimientos continuaban atendiendo a sus clientes y la actividad de la aldea parecía haber recuperado su ritmo habitual. A lo lejos todavía podía distinguirse la copa del árbol donde había comenzado aquella pequeña movilización vecinal.<br />
<br />
Farahan la observó unos instantes antes de reanudar la marcha.<br />
<br />
No había necesitado combatir contra ningún enemigo, recorrer grandes distancias ni arriesgar su integridad para cumplir el encargo. Únicamente había tenido que emplear sus conocimientos para resolver una situación en la que las buenas intenciones de los presentes resultaban insuficientes.<br />
<br />
Una misión sencilla, una criatura menos expuesta a sufrir y una remuneración pendiente de cobrar. Considerando las posibilidades, no había sido una mala manera de aprovechar la mañana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El perro en el árbol</span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">05 de Verano, Año 150 — Konohagakure no Sato</span></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Entre las raíces.</span><br />
<br />
Las mañanas de verano tenían la particularidad de convertir las calles de Konohagakure en un continuo ir y venir de personas, animales y comerciantes que procuraban terminar sus actividades antes de que el calor se volviera demasiado incómodo. Bajo los aleros se acomodaban algunas mercancías, los establecimientos comenzaban a recibir a sus primeros clientes y, entre los caminos menos transitados, todavía podían encontrarse pequeños espacios donde la vegetación había resistido al crecimiento de la aldea. Uno de ellos, no demasiado lejos de una zona residencial, albergaba un árbol tan antiguo que sus raíces habían terminado por levantar parte del terreno circundante, formando una maraña de madera y tierra bajo la sombra de su considerable copa.<br />
<br />
Aquella mañana, sin embargo, lo que atraía la atención no era precisamente su antigüedad.<br />
<br />
Una pequeña multitud se había congregado alrededor del tronco. Entre sus integrantes había vecinos, dos hombres que parecían discutir sobre herramientas y una mujer que sostenía un recipiente con agua, mientras un tercero intentaba introducir un trozo de comida por una de las aberturas que comunicaban con el interior de las raíces. Los gruñidos que respondían a sus esfuerzos resultaban suficientemente elocuentes para cualquiera que hubiese tenido oportunidad de tratar con un animal asustado, aunque no parecían disuadir al sujeto de continuar intentándolo.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Le he dicho que se aparte! Si vuelve a introducir la mano, voy a terminar teniendo dos pacientes.</span></span><br />
<br />
El veterinario no parecía particularmente satisfecho con la situación. Tenía las mangas recogidas y un pequeño maletín abierto junto a sus piernas, del cual había extraído distintas herramientas que todavía no encontraba oportunidad de utilizar. Según habían conseguido averiguar, el perro llevaba varias horas refugiado entre las raíces, probablemente después de sufrir alguna lesión en una de sus extremidades. La estrechez del lugar le impedía acomodarse correctamente y, cada vez que alguien intentaba alcanzarlo, respondía retrocediendo cuanto podía, golpeándose contra la madera y exponiendo los dientes.<br />
<br />
Algunos proponían excavar; otros consideraban que bastaría con cortar una de las raíces para ampliar la abertura. Una tercera opinión, aparentemente muy popular entre quienes no tenían intención de participar directamente, consistía en sujetarlo por la fuerza y terminar cuanto antes.<br />
<br />
El problema era que nadie parecía dispuesto a comprobar cuál de aquellas ideas conseguiría lastimarlo primero.<br />
<br />
Farahan llegó cuando la discusión comenzaba a repetirse por tercera o cuarta ocasión. Había aceptado el encargo después de conocer que solicitaban expresamente a un integrante del clan Yamanaka para intervenir en el rescate. No se trataba de una misión particularmente interesante desde el punto de vista económico, aunque tampoco parecía exigir demasiado tiempo ni exponerse a peligros considerables. Una técnica bien empleada, un animal fuera de su escondite y una recompensa al finalizar. Sobre el papel, resultaba un intercambio suficientemente aceptable para dedicarle parte de la mañana.<br />
<br />
Otra cosa era descubrir que habían reunido a media vecindad para explicarle al perro, todos al mismo tiempo, que debía tranquilizarse.<br />
<br />
El joven se detuvo a cierta distancia, observando primero la distribución de las personas y después el árbol. Su cabello platinado, cuidadosamente acomodado pese a la informalidad de la jornada, contrastaba con las tonalidades oscuras de su vestimenta. Antes de aproximarse, terminó de beber el contenido de un pequeño recipiente que llevaba consigo, comprobó que estuviera correctamente cerrado y lo guardó entre sus pertenencias. La cafeína había cumplido su propósito; ahora esperaba que el resto de la mañana hiciera lo propio.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Buenos días. Farahan Yamanaka, por el encargo del perro.</span></span><br />
<br />
La presentación consiguió interrumpir parcialmente la discusión. El veterinario levantó la cabeza y se incorporó, limpiándose las manos con un paño que llevaba sujeto a la cintura.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por fin. Nos dijeron que enviarían a alguien de tu clan. Soy Hiroshi, estoy encargado de atenderlo en cuanto consigamos sacarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué le sucede exactamente?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tiene una pata lastimada, posiblemente por una caída o algún golpe. No he podido examinarlo lo suficiente para determinar la gravedad, pero hay sangre sobre el pelaje y cada vez que intenta moverse parece hacerse más daño. El problema es que tampoco nos deja acercarnos.</span></span><br />
<br />
Farahan dedicó una mirada al grupo, particularmente al sujeto que todavía conservaba el trozo de comida entre sus dedos.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y han intentado dejarlo tranquilo durante cinco minutos?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Llevamos toda la mañana intentando ayudarlo!</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso no responde mi pregunta.</span></span><br />
<br />
La réplica fue tan natural que apenas requirió modificar su expresión. Tampoco parecía tener intención de iniciar una discusión. Pasó junto al hombre y se aproximó al árbol, deteniéndose donde la abertura le permitía observar parte del interior sin necesidad de introducir el cuerpo.<br />
<br />
El perro era de tamaño mediano, con el pelaje predominantemente pardo y algunas manchas más claras distribuidas sobre el pecho y las extremidades. Permanecía recostado de costado, aunque mantenía la cabeza levantada y los ojos atentos a cuanto sucedía frente a su refugio. Una de sus patas delanteras descansaba en una posición poco natural, mientras que el resto de su cuerpo quedaba parcialmente oculto por las raíces que descendían desde el tronco. A su alrededor había tierra removida, pequeñas acumulaciones de hojas y marcas que sugerían diversos intentos por acomodarse en aquel espacio.<br />
<br />
Al advertir una nueva presencia, el animal volvió a enseñar los dientes.<br />
<br />
Farahan se agachó lentamente, procurando no obstruir la salida. Evitó mirarlo fijamente durante demasiado tiempo y mantuvo las manos a la vista, sin extenderlas hacia su hocico. Había aprendido hacía muchos años que las criaturas asustadas podían resultar bastante más predecibles que las personas que pretendían auxiliarlas. El hambre, el dolor y el miedo tenían manifestaciones reconocibles; no requerían explicaciones elaboradas ni justificaciones posteriores. Un animal que enseñaba los dientes estaba comunicando algo suficientemente importante como para prestarle atención.<br />
<br />
Su propia experiencia entre jaulas no necesitaba regresar a la memoria con demasiada frecuencia para que todavía recordara semejantes particularidades.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hola, pequeño.</span></span><br />
<br />
El gruñido persistió.<br />
<br />
Farahan ladeó ligeramente la cabeza, estudiando la posición del animal y los espacios que quedaban entre las raíces. No parecía completamente atrapado por la madera, aunque la abertura más accesible requería un movimiento que probablemente ejercería presión sobre la extremidad lastimada. También había un segundo espacio, considerablemente más estrecho, que difícilmente serviría como salida para un animal de aquellas dimensiones.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Conque ahí decidiste meterte.</span></span><br />
<br />
No esperaba una respuesta, evidentemente. Permaneció unos instantes más observándolo, hasta que el perro redujo ligeramente la intensidad de sus advertencias. Después retrocedió y volvió junto al veterinario.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Han comprobado si está sujeto por alguna parte o simplemente se niega a salir?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por lo que he alcanzado a ver, no hay nada que lo mantenga atrapado físicamente. Puede moverse, pero intenta retroceder cuando nos acercamos. Creo que podría salir por la abertura principal si conseguimos que coopere.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y la pata?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Preferiría que no tuviera que apoyarla. No sé si hay una fractura y tampoco quiero descubrirlo cuando esté a medio camino.</span></span><br />
<br />
El muchacho asintió, considerando las alternativas. Su capacidad física no era precisamente aquello que le había permitido destacar durante su formación; tampoco encontraba demasiado sentido en intentar arrastrar a un perro herido desde una cavidad en la que apenas cabían los brazos de un adulto. Para eso lo habían solicitado a él y no a un Akimichi con demasiado tiempo libre.<br />
<br />
Uno de los vecinos, que había seguido la conversación con evidente impaciencia, señaló una de las raíces más próximas al suelo.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si cortamos esta parte, podríamos abrirle suficiente espacio para sacarlo entre dos personas. Tengo herramientas en casa.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ya hemos hablado de eso. No sabemos qué cantidad de tierra sostiene.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces podemos excavar desde el otro lado.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—O podemos dejar de modificar el árbol hasta comprobar si realmente hace falta.</span></span><br />
<br />
Farahan se incorporó por completo. Su voz no había aumentado de volumen, pero su intervención consiguió que algunas miradas se dirigieran nuevamente hacia él. Aprovechó la atención para señalar el camino situado frente a la abertura principal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Necesito que despejen esa parte. Todos. Si comienza a salir y encuentra personas rodeándolo, probablemente intente regresar al mismo agujero del que queremos sacarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y cómo piensas conseguir que salga si ni siquiera podemos tocarlo?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Para eso me llamaron, ¿no?</span></span><br />
<br />
No hubo una réplica inmediata. El veterinario terminó por intervenir, solicitando a los presentes que retrocedieran y conservaran despejada la zona. Algunos obedecieron sin inconvenientes; otros necesitaron que se les repitiera la indicación. Una mujer retiró el recipiente con agua para evitar que alguien tropezara, mientras que uno de los curiosos comenzó a apartar las pequeñas herramientas que habían reunido junto al árbol.<br />
<br />
Farahan aguardó hasta disponer de espacio suficiente y dedicó unos instantes a reconocer el terreno. Le interesaba establecer un recorrido corto desde la abertura hasta un lugar donde el veterinario pudiera intervenir sin necesidad de sujetar al animal contra las raíces. También necesitaba una posición desde la cual ejecutar su técnica sin que nadie lo golpeara accidentalmente o decidiera moverlo al observar que dejaba de responder.<br />
<br />
La solución que tenía en mente ofrecía una ventaja considerable: si conseguía establecer correctamente el Shintenshin no Jutsu, podría ejercer control sobre el cuerpo del perro y procurar que abandonara el escondite mediante sus propios movimientos, sin recurrir a tirones o maniobras improvisadas. Sin embargo, hacerlo tampoco garantizaba que pudiera ignorar las limitaciones de una extremidad herida. Tendría que desplazarse con cuidado y, sobre todo, confiar en que el veterinario estuviera preparado para intervenir cuando correspondiera.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Hiroshi, necesitaré que venga conmigo.</span></span><br />
<br />
El hombre recogió su maletín y se aproximó.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué tienes pensado?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Utilizaré una técnica de mi clan para controlar sus movimientos. Si consigo establecer la conexión, intentaré hacerlo salir sin apoyar la extremidad lesionada. Necesito que usted se encargue de recibirlo y sujetarlo cuando esté fuera.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Puedes controlar también sus reacciones?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mientras la técnica funcione, controlaré su cuerpo. Pero necesito saber cómo quiere que lo mueva. La parte médica se la dejo a usted.</span></span><br />
<br />
La explicación pareció satisfacer al veterinario, quien se agachó nuevamente para observar al animal desde un costado. Después señaló una pequeña extensión de tierra relativamente despejada, situada a poca distancia de la abertura.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si consigues llevarlo hasta aquí, podré inmovilizarlo con una manta y revisar la pata. Procura que avance despacio. No necesitamos que se levante por completo si puede arrastrarse un poco sin apoyarla.</span></span><br />
<br />
Farahan examinó el recorrido propuesto y asintió. No le agradaba particularmente la idea de experimentar las limitaciones de un cuerpo ajeno y lastimado, pero la distancia era reducida y el propósito estaba suficientemente delimitado. Bastaría con evitar movimientos innecesarios y permitir que el especialista asumiera el control de la situación una vez que el perro estuviera fuera.<br />
<br />
Antes de continuar, se apartó un mechón de cabello que había descendido sobre su frente y revisó el lugar donde pensaba permanecer durante la ejecución. La proximidad de las raíces ofrecía una línea despejada hacia el animal, aunque prefirió retroceder algunos pasos para no quedar demasiado cerca del tránsito de los presentes. Después extendió una mano hacia Hiroshi, solicitando nuevamente su atención.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Cuando utilice la técnica, mi cuerpo quedará inmóvil.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Inmóvil?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Sí. Así que le agradecería que no permita que nadie tropiece conmigo, me sacuda para comprobar si sigo vivo o decida trasladarme mientras estoy ocupado.</span></span><br />
<br />
El veterinario lo observó unos instantes, aparentemente intentando determinar cuánto había de advertencia y cuánto de humor en aquella última parte.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Creo que podremos evitarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Maravilloso. Entonces ya tenemos la mitad del trabajo resuelta.</span></span><br />
<br />
Hiroshi dejó el maletín junto al lugar acordado y comenzó a preparar una manta limpia. Por indicación suya, los vecinos terminaron de despejar el frente del árbol, dejando únicamente a los dos participantes del rescate dentro del espacio inmediato. La curiosidad no había disminuido, pero al menos ahora se manifestaba desde una distancia considerablemente menos problemática.<br />
<br />
Farahan volvió a mirar hacia la abertura.<br />
<br />
El perro permanecía donde lo había encontrado, aunque los gruñidos se habían vuelto menos frecuentes desde que la multitud dejó de acercarse. Su hocico descansaba parcialmente sobre la tierra y las orejas respondían a los sonidos que llegaban desde el exterior. En algún momento intentó modificar su postura, pero el movimiento terminó acompañado de un quejido que lo hizo desistir.<br />
<br />
El muchacho acomodó su posición, procurando que nada interfiriera con la dirección de su técnica. No era la primera vez que encontraba más sencillas de comprender las intenciones de un animal que las de las personas a su alrededor. Aquella criatura no necesitaba que alguien le explicara la importancia del trabajo en equipo ni parecía interesada en las innumerables soluciones que habían propuesto para rescatarla. Estaba herida, tenía miedo y quería que dejaran de acercarse.<br />
<br />
Una situación bastante sencilla de comprender, aunque resolverla requiriera algo más que buenas intenciones.<br />
<br />
Juntó entonces las manos, disponiéndose a realizar el sello correspondiente.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bueno, pequeño. Vamos a sacarte de ahí.</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Voluntad prestada.</span><br />
<br />
El espacio despejado alrededor del árbol permitió apreciar con mayor claridad la distribución de sus raíces. Algunas descendían casi verticalmente antes de introducirse en la tierra, mientras otras se extendían sobre la superficie formando pequeños arcos bajo los cuales se acumulaban hojas y sedimentos. La cavidad ocupada por el perro se encontraba entre dos de aquellas prolongaciones, suficientemente amplia para albergarlo, pero con una abertura que dificultaba cualquier intento de extracción desde el exterior. La tierra removida alrededor de su hocico sugería que tampoco había permanecido completamente quieto durante las últimas horas.<br />
<br />
Farahan comprobó una vez más el recorrido acordado con Hiroshi. La distancia era reducida y el terreno parecía razonablemente uniforme, salvo por una pequeña elevación que separaba la salida del lugar donde el veterinario había extendido la manta. No necesitaba que el animal recorriera media aldea, sino que abandonara su escondite sin convertir una lesión tratable en un problema considerablemente mayor.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Cuando esté fuera, procuraré sujetarlo por el tórax y mantener inmovilizada la extremidad. Si comienza a resistirse, no intentes obligarlo a seguir caminando.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entendido. Por cierto, si observa algo extraño en mi cuerpo, absténgase de intervenir salvo que sea realmente necesario.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Qué clase de cosa extraña?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La ausencia de respuesta suele preocupar a quienes desconocen la técnica.</span></span><br />
<br />
El veterinario volvió a examinarlo, aunque terminó por aceptar la explicación con un pequeño movimiento de cabeza. Farahan se acomodó sobre el terreno, procurando que su cuerpo permaneciera estable, y dirigió la mirada hacia el perro. Este había dejado de gruñir constantemente, pero conservaba la cabeza levantada y observaba con desconfianza cualquier movimiento próximo a su refugio.<br />
<br />
No parecía especialmente interesado en colaborar.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Shintenshin no Jutsu.</span></span><br />
<br />
El muchacho completó el sello correspondiente y proyectó su conciencia hacia el animal, intentando establecer el vínculo necesario para ejercer control sobre su cuerpo. Apenas concluida la ejecución, su figura permaneció inmóvil en el lugar elegido, con las manos todavía próximas entre sí y la mirada perdida en un punto que ya no parecía registrar cuanto sucedía frente a ella.<br />
<br />
Hiroshi se inclinó ligeramente hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Farahan?</span></span><br />
<br />
La ausencia de respuesta lo hizo recordar inmediatamente la advertencia anterior. Retrocedió lo suficiente para no obstaculizar el procedimiento y volvió su atención hacia la abertura del árbol.<br />
<br />
En el interior, el perro levantó repentinamente la cabeza.<br />
<br />
La experiencia resultaba bastante distinta de cualquier desplazamiento que Farahan pudiera realizar mediante su propio cuerpo. El mundo parecía encontrarse considerablemente más próximo al suelo y las dimensiones de cuanto lo rodeaba habían adquirido proporciones diferentes. Las raíces que momentos antes había observado desde el exterior constituían ahora obstáculos inmediatos, mientras que el espacio disponible entre sus extremidades era bastante menor de lo que había estimado.<br />
<br />
También estaba el dolor.<br />
<br />
Una de las patas delanteras presentaba una molestia que se acentuaba ante determinados movimientos, suficiente para advertirle que no debía utilizarla como punto de apoyo. No necesitaba conocer la naturaleza exacta de la lesión para comprender que arrastrarla indiscriminadamente contra la madera sería una pésima decisión.<br />
<br />
Intentó incorporarse, pero interrumpió el movimiento casi de inmediato.<br />
<br />
Cuatro extremidades requerían una distribución del peso distinta de aquella a la que estaba acostumbrado. Aunque el cuerpo disponía de sus propios recursos para mantener el equilibrio, tratar de imponerle una postura semejante a la humana no resultaba particularmente provechoso. Farahan modificó gradualmente su posición, aprovechando las tres patas restantes para liberar parte del torso y orientar el hocico hacia la abertura principal.<br />
<br />
Desde el exterior, Hiroshi advirtió que el animal comenzaba a moverse.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Despacio... Eso es, por ahí.</span></span><br />
<br />
La voz del hombre llegaba acompañada de otros sonidos. El roce de las hojas, las conversaciones de los espectadores y hasta los movimientos del veterinario parecían adquirir una presencia diferente. Farahan no necesitaba entretenerse explorando aquellas particularidades, pero la abundancia de estímulos resultaba suficiente para comprender por qué el perro había reaccionado tan agresivamente ante una multitud que insistía en rodearlo.<br />
<br />
Bastante tenía con estar lastimado como para soportar además semejante asamblea de especialistas improvisados.<br />
<br />
Consiguió aproximar el pecho a la salida y extendió una de las patas sanas sobre el terreno despejado. La posición exigió acomodar nuevamente el resto del cuerpo, girando ligeramente para evitar que la extremidad lesionada golpeara contra una de las raíces. El movimiento fue lento, con pequeñas interrupciones destinadas a comprobar cuánto espacio tenía disponible.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Está saliendo! ¡Mire, ya está saliendo!</span></span><br />
<br />
La exclamación provino del mismo vecino que había propuesto modificar el árbol. Animado por el aparente éxito, dio un par de pasos hacia delante, acompañado por otra persona que intentaba obtener una mejor perspectiva.<br />
<br />
Hiroshi extendió inmediatamente un brazo para detenerlos.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Atrás! Les pedimos que mantuvieran despejado el frente.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Pero si ya está tranquilo! Podemos ayudar a levantarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Precisamente porque está tranquilo, no necesito que hagan nada.</span></span><br />
<br />
La discusión no impidió que Farahan continuara avanzando, aunque la proximidad de aquellas personas complicaba el recorrido que había previsto. Tuvo que detenerse brevemente, mantener una de las patas delanteras extendida y esperar a que el espacio volviera a encontrarse despejado.<br />
<br />
El veterinario consiguió finalmente apartar a los curiosos y regresó a su posición junto a la manta.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bien. Ahora un poco más, procura mantener esa pata levantada.</span></span><br />
<br />
Farahan reanudó el movimiento.<br />
<br />
El cuerpo del animal fue deslizándose entre las raíces hasta que consiguió liberar completamente los hombros. A partir de aquel punto, la dificultad principal dejó de ser la estrechez de la abertura. Necesitaba sacar las extremidades posteriores sin perder el equilibrio y, al mismo tiempo, evitar que la pata herida recibiera una presión innecesaria.<br />
<br />
Un movimiento poco cuidadoso terminó provocando un pequeño quejido.<br />
<br />
Hiroshi se aproximó instintivamente, pero contuvo las manos al comprobar que el animal todavía se encontraba a medio camino. En lugar de sujetarlo, terminó de extender la manta hasta colocar uno de sus extremos cerca de la salida.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No hace falta que camines hasta mí. Si consigues sacar las patas traseras, puedo recibirte aquí mismo.</span></span><br />
<br />
Farahan procuró acomodar el cuerpo de costado, aprovechando una de las raíces como referencia para desplazar las extremidades posteriores. La maniobra no resultó especialmente elegante, aunque tampoco necesitaba serlo. Después de varios movimientos consiguió liberar una pata, luego la otra, hasta dejar atrás el espacio que había mantenido atrapado al animal.<br />
<br />
Por primera vez desde su llegada, el perro se encontraba completamente fuera del árbol.<br />
<br />
El veterinario se arrodilló junto a él y aproximó lentamente la manta, procurando mantener una postura que le permitiera sujetarlo sin comprimir la extremidad lastimada.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Muy bien. Ahora necesito que te mantengas quieto mientras termino de acomodarte.</span></span><br />
<br />
Farahan permaneció recostado, consciente de que prolongar innecesariamente el control tampoco resolvería el problema. Todavía era necesario determinar el estado de la herida y encontrar una manera segura de trasladar al animal, labores que correspondían al hombre situado a su lado.<br />
<br />
Hiroshi colocó una mano sobre el tórax del perro y utilizó la otra para sujetar parcialmente la manta. Tras comprobar que disponía de suficiente apoyo, levantó la mirada hacia el cuerpo inmóvil del joven Yamanaka.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ya lo tengo. Puedes terminar.</span></span><br />
<br />
Farahan deshizo entonces la técnica.<br />
<br />
El regreso a su propio cuerpo lo dejó durante unos instantes con la extraña impresión de haberse incorporado a una altura considerablemente superior a la que acababa de experimentar. Parpadeó, recuperó la posición de sus manos y movió ligeramente los hombros antes de comprobar que ninguna de sus pertenencias hubiera sido alterada durante su ausencia.<br />
<br />
Todo parecía encontrarse en orden.<br />
<br />
Excepto, quizá, por el vecino que continuaba observándolo con una curiosidad bastante poco disimulada.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Entonces sí estabas dentro del perro?</span></span><br />
<br />
Farahan dirigió la mirada hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—De manera simplificada, sí.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Y podías ver todo lo que veía? ¿También podías oler como él?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Necesita que le encuentre algo?</span></span><br />
<br />
El hombre tardó unos instantes en comprender la respuesta. Farahan aprovechó aquel intervalo para incorporarse y aproximarse al veterinario, quien había comenzado a comprobar cuidadosamente el estado de la extremidad.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Cómo se encuentra?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Mucho mejor de lo que esperaba, considerando el tiempo que pasó allí dentro. Aunque todavía necesito examinarlo correctamente. Hay inflamación y una herida que tendremos que limpiar; no quiero asegurar nada sobre los huesos hasta revisarlo en condiciones.</span></span><br />
<br />
El muchacho se agachó junto a ellos, esta vez sin necesidad de recurrir a ninguna técnica. El perro había recuperado el control de su propio cuerpo y observaba con evidente recelo las manos del veterinario, aunque el agotamiento parecía haber reducido considerablemente su disposición a resistirse.<br />
<br />
Farahan extendió una mano, permitiéndole reconocer su presencia antes de intentar cualquier contacto. El animal aproximó brevemente el hocico y terminó por apoyar nuevamente la cabeza sobre la manta.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bueno, al menos ya estamos de acuerdo en que aquel agujero no era un buen lugar para descansar.</span></span><br />
<br />
Hiroshi terminó de acomodar la extremidad y cerró parcialmente el maletín.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Necesitaré llevarlo a la clínica para tratarlo. ¿Podrías ayudarme con el traslado? Preferiría evitar que vuelva a incorporarse por su cuenta.</span></span><br />
<br />
Farahan observó al perro, después la manta y finalmente al grupo que todavía permanecía alrededor del árbol.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por supuesto. Aunque esta vez creo que podemos prescindir de los voluntarios.</span></span><br />
<br />
El veterinario dejó escapar una breve carcajada mientras comenzaba a organizar sus pertenencias.<br />
<br />
La parte más complicada del rescate había concluido, pero todavía faltaba asegurarse de que el animal recibiera la atención por la que tantas personas se habían reunido aquella mañana.<br />
<br />
Y, preferiblemente, conseguirlo antes de que a alguien se le ocurriera volver a introducirlo entre las raíces.<br />
<br />
Una responsabilidad menos.<br />
<br />
La tarea de trasladar al animal resultó considerablemente más sencilla una vez que dejó de encontrarse entre las raíces. Hiroshi terminó de acomodar la manta bajo su cuerpo y solicitó a Farahan que sujetara los extremos correspondientes a las extremidades posteriores, procurando que la distribución del peso no comprometiera la pata lastimada. El muchacho obedeció después de comprobar que sus pertenencias estuvieran bien aseguradas; difícilmente habría resultado agradable descubrir, al terminar una misión de semejante naturaleza, que había extraviado alguno de sus efectos personales bajo aquel árbol.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—A mi señal. Procura mantener tu lado ligeramente elevado, así evitaremos que la pata golpee contra el suelo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entendido.</span></span><br />
<br />
El primer intento provocó que el perro levantara la cabeza y emitiera un gruñido, aunque la reacción no pasó de una advertencia. Farahan detuvo el movimiento hasta que Hiroshi consiguió acomodar nuevamente la extremidad y, después de una segunda indicación, ambos levantaron la improvisada camilla. El animal permaneció recostado, siguiendo con la mirada cuanto sucedía a su alrededor.<br />
<br />
La pequeña multitud comenzó a dispersarse tan pronto como comprendió que el rescate había concluido. Algunos vecinos aprovecharon para preguntar por su estado; otros se ofrecieron a colaborar con el traslado, aunque ninguno recibió una tarea particularmente indispensable. El mismo hombre que había propuesto excavar bajo las raíces apareció nuevamente con la intención de acompañarlos, asegurando que conocía un camino más corto hacia la clínica.<br />
<br />
<span style="color: #B58A70;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Por esta calle llegaremos antes. Mi cuñado vive cerca del establecimiento, así que conozco perfectamente la zona.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Conozco el camino a mi propia clínica, gracias.</span></span><br />
<br />
Farahan no consiguió evitar que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro. La seguridad con que algunas personas ofrecían soluciones para problemas que otros ya tenían resueltos constituía una particularidad humana que difícilmente dejaría de encontrar entretenida.<br />
<br />
El trayecto transcurrió sin mayores dificultades. La clínica ocupaba un pequeño establecimiento en una calle próxima, reconocible por las ilustraciones de distintos animales que adornaban su entrada. En el interior había varias jaulas destinadas a la recuperación de pacientes, una mesa de exploración y estanterías donde se almacenaban medicamentos, vendajes y herramientas de uso frecuente. El olor de los productos de limpieza se mezclaba con aquel característico de los establecimientos que recibían animales de distintas especies.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Aquí. Vamos a colocarlo sobre la mesa.</span></span><br />
<br />
Ambos realizaron la maniobra procurando conservar la posición del perro. Una vez acomodado, Hiroshi retiró parcialmente la manta y examinó la extremidad afectada con mayor detenimiento. La inflamación se concentraba cerca de la articulación y había una pequeña herida cubierta por sangre seca y restos de tierra. El veterinario comenzó por limpiar cuidadosamente los alrededores, mientras el animal respondía a cada manipulación con una mezcla de inquietud y agotamiento.<br />
<br />
Farahan permaneció junto a la mesa, observando el procedimiento.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Necesita que vuelva a utilizar la técnica?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Preferiría que no. Ya conseguimos sacarlo y necesito comprobar cómo responde a la exploración. Si resulta necesario inmovilizarlo de otra manera, dispongo de los medios para hacerlo.</span></span><br />
<br />
El muchacho aceptó la explicación sin insistir. Después de todo, el objetivo de su intervención había sido retirar al perro del lugar donde permanecía atrapado, no sustituir las competencias del especialista encargado de atenderlo.<br />
<br />
Hiroshi continuó trabajando durante algunos minutos. Limpió la herida, examinó cuidadosamente la movilidad de la extremidad y comprobó si existían otras lesiones evidentes bajo el pelaje. Aunque no encontró motivos inmediatos para sospechar una situación crítica, la inflamación le impedía descartar por completo un daño más profundo.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tiene una herida que necesitará cuidados, además de una inflamación bastante pronunciada. Voy a mantenerlo en observación y comprobaré si hace falta realizar estudios adicionales. De momento, lo importante es que descanse y que no intente volver a correr.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Considerando dónde decidió pasar la mañana, quizá convendría especificarle también que no trepe árboles.</span></span><br />
<br />
Hiroshi dejó escapar una carcajada.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se lo mencionaré cuando esté dispuesto a escuchar recomendaciones.</span></span><br />
<br />
Una vez terminada la primera revisión, el veterinario preparó un espacio de recuperación. Farahan lo ayudó a trasladar nuevamente al animal, esta vez una distancia considerablemente menor, hasta acomodarlo sobre una superficie limpia y acolchada. El perro pareció recibir favorablemente la posibilidad de permanecer quieto sin tener madera presionándole los costados, pues terminó por descansar el hocico sobre sus extremidades sanas.<br />
<br />
Mientras Hiroshi organizaba los materiales utilizados, el muchacho aprovechó para examinar brevemente las instalaciones. No era un establecimiento particularmente grande, pero se encontraba razonablemente equipado y los animales que permanecían bajo observación parecían disponer de condiciones adecuadas. Le interesaba asegurarse de que el perro no terminara abandonado a su suerte una vez que él diera por concluido el encargo.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Se sabe si tiene propietario?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Todavía no. Ninguno de los vecinos lo reconoció, aunque tampoco hemos tenido oportunidad de investigar demasiado.  <br />
 <br />
Cuando se encuentre mejor, preguntaré por los alrededores. Si nadie lo reclama, tendremos que buscarle un lugar donde puedan hacerse cargo de él.</span></span><br />
<br />
Farahan dirigió una mirada hacia el animal.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que disponer de cuatro patas no garantiza tener un lugar al cual regresar.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lamentablemente, no.</span></span><br />
<br />
El joven guardó silencio durante algunos instantes.<br />
<br />
Conocía suficientemente bien la diferencia entre mantener a un animal bajo resguardo y ofrecerle un lugar donde pudiera vivir adecuadamente.  <br />
<br />
No todos los recintos destinados a protegerlos cumplían realmente semejante propósito, aunque tampoco consideraba razonable juzgar las circunstancias de una institución sin conocer sus condiciones. Por lo pronto, el perro disponía de atención médica, alimento y una persona responsable de su recuperación. Era una mejor perspectiva que la de permanecer indefinidamente bajo las raíces de un árbol.<br />
<br />
Se aproximó una última vez al espacio donde descansaba. El animal levantó ligeramente la cabeza al percibir su presencia y, después de olfatear los dedos que Farahan mantenía cerca, permitió que le acariciara brevemente detrás de una oreja.<br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Procura elegir un alojamiento menos complicado la próxima vez.</span></span><br />
<br />
La única respuesta fue un pequeño movimiento de la cola.<br />
<br />
Hiroshi regresó con una hoja donde había comenzado a registrar las circunstancias del rescate. Además de las observaciones médicas, necesitaba dejar constancia de la intervención del shinobi que había atendido la solicitud, tanto para informar a los responsables de la misión como para facilitar cualquier aclaración posterior.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Farahan Yamanaka, ¿correcto?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Farahan, sí. Aunque me gustaría que escribiera mi nombre correctamente si va a figurar en algún documento.</span></span><br />
<br />
El veterinario le mostró la anotación.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Así está bien?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Perfectamente.</span></span><br />
<br />
Hiroshi terminó de redactar el informe, haciendo constar que la intervención mediante la técnica del clan Yamanaka había permitido extraer al perro sin recurrir a maniobras que pudieran agravar su lesión. También indicó que el animal había quedado bajo su responsabilidad para recibir el tratamiento correspondiente.<br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te agradezco la ayuda. Cuando solicitaron a alguien del clan no estaba seguro de qué podían hacer exactamente en una situación como esta. Admito que esperaba algo bastante distinto.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Como convencerlo de salir mediante una conversación telepática?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #729E83;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Algo por el estilo.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #D4AF37;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Habría sido considerablemente menos práctico. Además, no parecía particularmente dispuesto a conversar.</span></span><br />
Ambos intercambiaron una sonrisa antes de que el veterinario regresara a sus ocupaciones.<br />
<br />
Farahan dedicó unos momentos a revisar el informe y comprobó que no quedaran asuntos pendientes relacionados con su participación. El perro estaba fuera de peligro inmediato, disponía de supervisión profesional y no sería necesario mantenerlo bajo los efectos de una técnica para que pudiera recibir atención. La solicitud había sido cumplida en los términos establecidos.<br />
<br />
Al abandonar la clínica, el calor del verano volvió a recibirlo en las calles de Konohagakure. Los establecimientos continuaban atendiendo a sus clientes y la actividad de la aldea parecía haber recuperado su ritmo habitual. A lo lejos todavía podía distinguirse la copa del árbol donde había comenzado aquella pequeña movilización vecinal.<br />
<br />
Farahan la observó unos instantes antes de reanudar la marcha.<br />
<br />
No había necesitado combatir contra ningún enemigo, recorrer grandes distancias ni arriesgar su integridad para cumplir el encargo. Únicamente había tenido que emplear sus conocimientos para resolver una situación en la que las buenas intenciones de los presentes resultaban insuficientes.<br />
<br />
Una misión sencilla, una criatura menos expuesta a sufrir y una remuneración pendiente de cobrar. Considerando las posibilidades, no había sido una mala manera de aprovechar la mañana.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La medalla del Vecino [Misión rango C]]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15020</link>
			<pubDate>Tue, 29 Sep 2026 12:33:20 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=865">Narrador Renacuajo-Kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15020</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La medalla del Vecino [Misión rango C]  - <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15002" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Peticion</a> - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">2 verano, País del Fuego</span></div>
<br />
La casa estaba tranquila en calma, casi como si no hubiera nadie vigilando, mas bien era todo lo contrario, el hombre cuya propiedad estaba allí era una persona despreciable, se dedicaba a robar y asaltar a todo aquel que pudiera, no solo esto vivía estafando y haciendo fechorías a diestro y siniestro, los últimos artículos que obtuvo lo había colocado en unas vitrinas que solía revisar, solo para su clientela mas exclusiva, entre ladrones se entendían ¿no?, el hombre amaso una fortuna con este método y como, trabaja con gente peligrosa además de bandidos nadie quería enfrentarlo, el poder del miedo era una herramienta terriblemente útil, por esto se hartaba de hacer toda esta clase de cosas, ¿es que nadie hará nada por la gente del lugar?, necesitaban un ninja, un miembro fuerte que pudiera sustraerle todas las cosas que había robado pero ¿Quién sería ese shinobi o kunoichi?, pues estábamos a punto de descubrirlo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">-VAMOS VAMOS, NO SEAIS HOLGAZANES, QUIERO ESTO PERFECTO</span></span></span>, gritaba aquel hombre corpulento con la camiseta entreabierta, casi parecía que le costaba andar, de un tamaño pequeño no mediría mas de un metro sesenta, su peso era enorme, la palabra corpulento le hacia un favor, se desconoce quien o por que pero tenia protección, unos guardias muy bien apostados en su vivienda para evitar robos, quizás las personas con las que trabaja conocían de su fama y como se las gastaba, la gente le tenía inquina y querían recuperar sus cosas, si el miedo no fuera necesario, aquellos bandidos armados marcarían la diferencia y harían que ningún valiente osara meterse en aquella casa, aunque claro, siempre había algún loco o loca sueltos ¿no?<br />
<br />
Las voces podían escucharse por las distintas salas, aunque no podría identificarse donde estaría el hombre, también se le escuchaban los murmullos de los guardias del sitio, lo odiaban, pero habían sido contratados para proteger el sitio, por eso no le hacia excesivo caso a parte de lo necesario para la protección del sitio, era curioso ver como ese amplio sitio estaba vigilado, trampas, alguna que otra sorpresa y una cantidad indecente de guardias, ¿Qué podría hacer la persona que quisiera recuperar todo aquello?, una persona normal ni de lejos podrían con todo esto pero un ninja, bueno, un ninja amigo mío sería otra cosa.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Resumen:</span> Bueno este es el tema narrado, te dejo la imagen del sitio en un enlace para que no abulte mucho, además tienes que elegir un lado por el que entrar a la vivienda, hay muchas opciones de afrontar la misión.<br />
<br />
<br />
Imagen del mapa: <a href="https://i.postimg.cc/13gNLWxN/0938e1fb-38d5-456b-8df7-b8182432c11e.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Mapa</a><br />
<ul class="mycode_list"><li>Ir a por el “dictador” (su ubicación es desconocida, pero yo ya lo tengo marcado en una copia de mi mapa)<br />
</li>
<li>Encontrar la sala del tesoro” (su ubicación es desconocida, pero yo ya lo tengo marcado en una copia de mi mapa)<br />
</li>
<li>Objetivos secretos. </div>
		</div><br />
</li>
</ul>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La medalla del Vecino [Misión rango C]  - <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15002" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Peticion</a> - </span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">2 verano, País del Fuego</span></div>
<br />
La casa estaba tranquila en calma, casi como si no hubiera nadie vigilando, mas bien era todo lo contrario, el hombre cuya propiedad estaba allí era una persona despreciable, se dedicaba a robar y asaltar a todo aquel que pudiera, no solo esto vivía estafando y haciendo fechorías a diestro y siniestro, los últimos artículos que obtuvo lo había colocado en unas vitrinas que solía revisar, solo para su clientela mas exclusiva, entre ladrones se entendían ¿no?, el hombre amaso una fortuna con este método y como, trabaja con gente peligrosa además de bandidos nadie quería enfrentarlo, el poder del miedo era una herramienta terriblemente útil, por esto se hartaba de hacer toda esta clase de cosas, ¿es que nadie hará nada por la gente del lugar?, necesitaban un ninja, un miembro fuerte que pudiera sustraerle todas las cosas que había robado pero ¿Quién sería ese shinobi o kunoichi?, pues estábamos a punto de descubrirlo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">-VAMOS VAMOS, NO SEAIS HOLGAZANES, QUIERO ESTO PERFECTO</span></span></span>, gritaba aquel hombre corpulento con la camiseta entreabierta, casi parecía que le costaba andar, de un tamaño pequeño no mediría mas de un metro sesenta, su peso era enorme, la palabra corpulento le hacia un favor, se desconoce quien o por que pero tenia protección, unos guardias muy bien apostados en su vivienda para evitar robos, quizás las personas con las que trabaja conocían de su fama y como se las gastaba, la gente le tenía inquina y querían recuperar sus cosas, si el miedo no fuera necesario, aquellos bandidos armados marcarían la diferencia y harían que ningún valiente osara meterse en aquella casa, aunque claro, siempre había algún loco o loca sueltos ¿no?<br />
<br />
Las voces podían escucharse por las distintas salas, aunque no podría identificarse donde estaría el hombre, también se le escuchaban los murmullos de los guardias del sitio, lo odiaban, pero habían sido contratados para proteger el sitio, por eso no le hacia excesivo caso a parte de lo necesario para la protección del sitio, era curioso ver como ese amplio sitio estaba vigilado, trampas, alguna que otra sorpresa y una cantidad indecente de guardias, ¿Qué podría hacer la persona que quisiera recuperar todo aquello?, una persona normal ni de lejos podrían con todo esto pero un ninja, bueno, un ninja amigo mío sería otra cosa.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Resumen:</span> Bueno este es el tema narrado, te dejo la imagen del sitio en un enlace para que no abulte mucho, además tienes que elegir un lado por el que entrar a la vivienda, hay muchas opciones de afrontar la misión.<br />
<br />
<br />
Imagen del mapa: <a href="https://i.postimg.cc/13gNLWxN/0938e1fb-38d5-456b-8df7-b8182432c11e.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Mapa</a><br />
<ul class="mycode_list"><li>Ir a por el “dictador” (su ubicación es desconocida, pero yo ya lo tengo marcado en una copia de mi mapa)<br />
</li>
<li>Encontrar la sala del tesoro” (su ubicación es desconocida, pero yo ya lo tengo marcado en una copia de mi mapa)<br />
</li>
<li>Objetivos secretos. </div>
		</div><br />
</li>
</ul>
]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango C] Primeros Auxilios]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15007</link>
			<pubDate>Mon, 28 Sep 2026 06:35:05 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=407">Narrador Cuervito-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15007</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C] Primeros Auxilios</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14982&amp;pid=29336#pid29336" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 56 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato, Puesto Médico.</span><br />
<br />
El puesto médico avanzado se encontraba bastante agitado. Lo que normalmente no era más que una instalación secundaria destinada a atender cortes, golpes y pequeñas incidencias sufridas durante las patrullas había terminado convirtiéndose en un improvisado punto de llegada para varios heridos. El ruido de pasos apresurados, órdenes cortas y bandejas metálicas desplazándose de un lado a otro llenaba buena parte del interior. Argeon apenas había tenido tiempo de incorporarse cuando dos shinobi entraron cargando a uno de sus compañeros entre ambos.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Otra camilla aquí!</span><br />
<br />
El herido fue depositado con cuidado sobre una de las superficies libres. Tenía el uniforme rasgado a la altura del hombro y parte del tejido estaba completamente empapado en sangre seca. No parecía encontrarse en estado crítico, aunque respiraba con tensión y mantenía el brazo inmóvil. No era el único. Otros tres miembros de la patrulla ya habían sido acomodados en distintos puntos de la sala. Uno presentaba una herida irregular en el antebrazo izquierdo, cubierta todavía por un vendaje improvisado. Otro permanecía sentado mientras mantenía presión sobre el muslo, donde podía verse una laceración considerable acompañada de tierra, fibras de tela y restos de suciedad adheridos alrededor de la zona afectada. El último tenía varias heridas menores distribuidas por el costado y una contusión bastante visible bajo las costillas. Un médico de mayor edad terminó de dar unas instrucciones a uno de los asistentes antes de acercarse a Argeon.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Han tenido una escaramuza en una de las rutas fronterizas. Armas improvisadas, metralla y poco tiempo para tratarse durante el regreso.</span> -Dirigió una mirada rápida hacia los heridos.-<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> Ninguno parece estar al borde de la muerte, pero eso no significa que podamos demorarnos demasiado. Hay heridas abiertas, suciedad y posibles cuerpos extraños. Si empezamos a cerrar tejido sin revisar bien lo que hay dentro, podemos provocar más problemas de los que solucionamos.</span><br />
<br />
Sobre una mesa cercana habían dejado preparados varios instrumentos básicos: gasas, pinzas, hilo de sutura, agujas, recipientes con agua hervida, vendas limpias y una cantidad limitada de solución desinfectante. El médico señaló después hacia una pequeña zona lateral del puesto.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Ahí tienes agua, material de asepsia y espacio para prepararte.</span> -Después volvió a mirar a los pacientes.- <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Antes de empezar con nada, quiero que los revises tú mismo. Mira heridas, sangrado, sensibilidad, movilidad y cualquier signo que te llame la atención. Decide en qué orden trabajarías y dime por qué. </span>-El hombre cruzó los brazos.- <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">No quiero que corras por empezar a curar. Primero entiende qué tienes delante.</span><br />
<br />
A pocos metros, uno de los heridos dejó escapar un quejido cuando intentó recolocarse sobre la camilla.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Y procura no tardar una eternidad tampoco.</span><br />
<br />
El médico se apartó entonces lo suficiente como para dejarle espacio. Por el momento, la situación parecía estable. Ahora dependía de Argeon determinar por dónde empezar.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">En este primer post simplemente llega al puesto, ubícate en la situación y prepárate para comenzar a atender a los heridos. Puedes revisar el material disponible, asearte, preparar instrumental y echar un primer vistazo general a los pacientes.<br />
<br />
La misión tendrá varios heridos con situaciones distintas y, conforme avances en los tratamientos, te iré pidiendo diferentes tiradas de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1d20</span> para determinar cómo se desarrollan algunas intervenciones, posibles complicaciones y la eficacia de tus acciones. Por ahora no hace falta tirar nada.</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C] Primeros Auxilios</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14982&amp;pid=29336#pid29336" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 56 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato, Puesto Médico.</span><br />
<br />
El puesto médico avanzado se encontraba bastante agitado. Lo que normalmente no era más que una instalación secundaria destinada a atender cortes, golpes y pequeñas incidencias sufridas durante las patrullas había terminado convirtiéndose en un improvisado punto de llegada para varios heridos. El ruido de pasos apresurados, órdenes cortas y bandejas metálicas desplazándose de un lado a otro llenaba buena parte del interior. Argeon apenas había tenido tiempo de incorporarse cuando dos shinobi entraron cargando a uno de sus compañeros entre ambos.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Otra camilla aquí!</span><br />
<br />
El herido fue depositado con cuidado sobre una de las superficies libres. Tenía el uniforme rasgado a la altura del hombro y parte del tejido estaba completamente empapado en sangre seca. No parecía encontrarse en estado crítico, aunque respiraba con tensión y mantenía el brazo inmóvil. No era el único. Otros tres miembros de la patrulla ya habían sido acomodados en distintos puntos de la sala. Uno presentaba una herida irregular en el antebrazo izquierdo, cubierta todavía por un vendaje improvisado. Otro permanecía sentado mientras mantenía presión sobre el muslo, donde podía verse una laceración considerable acompañada de tierra, fibras de tela y restos de suciedad adheridos alrededor de la zona afectada. El último tenía varias heridas menores distribuidas por el costado y una contusión bastante visible bajo las costillas. Un médico de mayor edad terminó de dar unas instrucciones a uno de los asistentes antes de acercarse a Argeon.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Han tenido una escaramuza en una de las rutas fronterizas. Armas improvisadas, metralla y poco tiempo para tratarse durante el regreso.</span> -Dirigió una mirada rápida hacia los heridos.-<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> Ninguno parece estar al borde de la muerte, pero eso no significa que podamos demorarnos demasiado. Hay heridas abiertas, suciedad y posibles cuerpos extraños. Si empezamos a cerrar tejido sin revisar bien lo que hay dentro, podemos provocar más problemas de los que solucionamos.</span><br />
<br />
Sobre una mesa cercana habían dejado preparados varios instrumentos básicos: gasas, pinzas, hilo de sutura, agujas, recipientes con agua hervida, vendas limpias y una cantidad limitada de solución desinfectante. El médico señaló después hacia una pequeña zona lateral del puesto.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Ahí tienes agua, material de asepsia y espacio para prepararte.</span> -Después volvió a mirar a los pacientes.- <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Antes de empezar con nada, quiero que los revises tú mismo. Mira heridas, sangrado, sensibilidad, movilidad y cualquier signo que te llame la atención. Decide en qué orden trabajarías y dime por qué. </span>-El hombre cruzó los brazos.- <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">No quiero que corras por empezar a curar. Primero entiende qué tienes delante.</span><br />
<br />
A pocos metros, uno de los heridos dejó escapar un quejido cuando intentó recolocarse sobre la camilla.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Y procura no tardar una eternidad tampoco.</span><br />
<br />
El médico se apartó entonces lo suficiente como para dejarle espacio. Por el momento, la situación parecía estable. Ahora dependía de Argeon determinar por dónde empezar.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">En este primer post simplemente llega al puesto, ubícate en la situación y prepárate para comenzar a atender a los heridos. Puedes revisar el material disponible, asearte, preparar instrumental y echar un primer vistazo general a los pacientes.<br />
<br />
La misión tendrá varios heridos con situaciones distintas y, conforme avances en los tratamientos, te iré pidiendo diferentes tiradas de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1d20</span> para determinar cómo se desarrollan algunas intervenciones, posibles complicaciones y la eficacia de tus acciones. Por ahora no hace falta tirar nada.</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión Rango B - Traslado peligroso]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15004</link>
			<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 16:17:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=860">Argeon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15004</guid>
			<description><![CDATA[El alba se abre paso sobre las imponentes estructuras de Konohagakure no Sato, filtrando sus primeros rayos dorados y ámbar entre los callejones, los tejados tradicionales y las densas copas de los árboles que coronan la aldea. La brisa matutina de verano disipa el calor acumulado de la noche, arrastrando el frescor de la mañana y el aroma a pino húmedo por los corredores de piedra. En el puesto de control principal, situado estratégicamente en el sector intermedio de la aldea, el capitán de la guardia de la instalación aguarda de pie junto al objetivo, flanqueado por gruesas murallas de contención.<br />
<br />
El detenido, un hombre de complexión ancha, musculatura densa y piel curtida por la intemperie, permanece completamente en silencio. Su rostro no refleja temor alguno, sino una fría y calculadora paciencia mientras sus manos y tobillos se hallan sujetos por pesados grilletes de alta densidad. Su uniforme gris de prisionero se estremece levemente con la corriente de aire, y su mirada astuta recorre el camino adoquinado que conduce hacia el otro extremo del complejo urbano. Aunque el prisionero no emite palabra alguna, la tensión en el aire es palpable; los informes de inteligencia de la Hoja advierten categóricamente que una facción de su banda criminal opera en las sombras de la aldea, movilizándose de manera sigilosa y completamente dispuesta a tender una emboscada para liberarlo antes de que alcance su nuevo confinamiento.<br />
<br />
El capitán se acerca a Kuroto Uchiha, extendiéndole el pergamino oficial de la misión y deteniéndose para darle las instrucciones tácticas finales antes de iniciar el desplazamiento entre ambos puntos de la aldea:<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Escucha con atención, Uchiha—</span> instruye el capitán con voz firme, señalando el mapa de la ruta que conecta el puesto actual con el edificio secundario de custodia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Este traslado se realiza desde esta instalación de seguridad hasta el complejo de celdas del sector este, cruzando por zonas urbanas y varios puntos de transición de la aldea. Tu deber es escoltar a este criminal a lo largo de este trayecto interno, cubriendo la ruta sin permitir ningún tipo de contacto con civiles u agentes externos. Vigila constantemente el entorno; su banda sigue activa en los distritos circundantes y no dudará en arriesgarlo todo para rescatarlo. Mantén una distancia prudente para evitar sorpresas ante un intento de fuga o un ataque coordinado, y asegúrate de entregar el paquete intacto en el destino. El camino cruza plazas y callejones estrechos; no bajes la guardia ni un solo segundo.—</span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El alba se abre paso sobre las imponentes estructuras de Konohagakure no Sato, filtrando sus primeros rayos dorados y ámbar entre los callejones, los tejados tradicionales y las densas copas de los árboles que coronan la aldea. La brisa matutina de verano disipa el calor acumulado de la noche, arrastrando el frescor de la mañana y el aroma a pino húmedo por los corredores de piedra. En el puesto de control principal, situado estratégicamente en el sector intermedio de la aldea, el capitán de la guardia de la instalación aguarda de pie junto al objetivo, flanqueado por gruesas murallas de contención.<br />
<br />
El detenido, un hombre de complexión ancha, musculatura densa y piel curtida por la intemperie, permanece completamente en silencio. Su rostro no refleja temor alguno, sino una fría y calculadora paciencia mientras sus manos y tobillos se hallan sujetos por pesados grilletes de alta densidad. Su uniforme gris de prisionero se estremece levemente con la corriente de aire, y su mirada astuta recorre el camino adoquinado que conduce hacia el otro extremo del complejo urbano. Aunque el prisionero no emite palabra alguna, la tensión en el aire es palpable; los informes de inteligencia de la Hoja advierten categóricamente que una facción de su banda criminal opera en las sombras de la aldea, movilizándose de manera sigilosa y completamente dispuesta a tender una emboscada para liberarlo antes de que alcance su nuevo confinamiento.<br />
<br />
El capitán se acerca a Kuroto Uchiha, extendiéndole el pergamino oficial de la misión y deteniéndose para darle las instrucciones tácticas finales antes de iniciar el desplazamiento entre ambos puntos de la aldea:<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Escucha con atención, Uchiha—</span> instruye el capitán con voz firme, señalando el mapa de la ruta que conecta el puesto actual con el edificio secundario de custodia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Este traslado se realiza desde esta instalación de seguridad hasta el complejo de celdas del sector este, cruzando por zonas urbanas y varios puntos de transición de la aldea. Tu deber es escoltar a este criminal a lo largo de este trayecto interno, cubriendo la ruta sin permitir ningún tipo de contacto con civiles u agentes externos. Vigila constantemente el entorno; su banda sigue activa en los distritos circundantes y no dudará en arriesgarlo todo para rescatarlo. Mantén una distancia prudente para evitar sorpresas ante un intento de fuga o un ataque coordinado, y asegúrate de entregar el paquete intacto en el destino. El camino cruza plazas y callejones estrechos; no bajes la guardia ni un solo segundo.—</span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Autonarrada - Rango D] El Carro Atascado]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15001</link>
			<pubDate>Fri, 25 Sep 2026 20:50:41 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=827">Natsu Ashida</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15001</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font">Cuando me presenté en el Departamento de Misiones aquella mañana, no esperaba que fueran a recibirme con una sonrisa tan sospechosa.<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Justo a tiempo, Natsu. Te estábamos esperando.</span>"<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">¿Para qué?</span>”<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Ha llegado un pedido urgente. Es una misión sencilla, pero requiere fuerza física. Pensamos que podrías ser de mucha ayuda.</span>"<br />
<br />
En ese momento no tenía idea, solo me incliné un poco para leer la descripción mientras el hombre me explicaba que un comerciante había quedado con su carro de mano atascado en el barro y necesitaba ayuda para liberarlo y llevar sus mercancías hasta una zona cercana.<br />
<br />
Todo iba bien hasta que oí la palabra "carro".<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">Me niego.</span>"<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">¿¡Ni siquiera lo pensaste!? Como sea, varios Genin especializados en fuerza se encuentran fuera de la aldea u ocupados con otros encargos, y el cliente requiere ayuda ahora mismo. Además, no tienes que subirte.</span>"<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">...</span>"<br />
<br />
No me gustaban los transportes. Nunca me habían gustado. Solo pensar en estar dentro de uno ya me ponía incómodo, así que prefería evitarlos siempre que podía. Pero si únicamente tenía que empujar aquella cosa desde fuera, podía soportarlo.<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Vamos, la paga es buena.</span>"<br />
<br />
No podía decir que no. Además, si de verdad necesitaban a alguien con fuerza suficiente para moverlo, probablemente sí podría ayudar.<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">Está bien.</span>"<br />
<br />
Y así fue como terminé aquí, frente al dichoso carro. Cuando llegué, el cliente se acercó a mi, visiblemente aliviado de que alguien hubiera aceptado su solicitud. El carro era más grande de lo que esperaba. Llevaba varias cajas, sacos y algunos recipientes acomodados en su interior, mientras las dos ruedas traseras estaban hundidas en un tramo particularmente profundo de barro.<br />
<br />
Me crucé de brazos y lo observé.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Cuánto tiempo lleva así? –</span> Le pregunté al comerciante, volviéndome hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Más de una hora. –</span> Respondió, afligido. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Intenté sacarlo con ayuda de unos vecinos, pero apenas conseguimos moverlo.</span><br />
<br />
Miré de nuevo el carro y luego al comerciante.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y probaron empujándolo hacia atrás?</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Sí.</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y hacia un lado?</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– También. Nada funciona, y ya voy retrasado... –</span> Dijo, preocupado.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Bien, entonces... –</span> Me coloqué detrás del carro y apoyé ambas manos sobre la madera. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Vamos a levantarlo.</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Espera, ¿qué? –</span> Me miró desconcertado. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¿Puedes hacer eso, chico?</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Lo voy a intentar. –</span> Respondí.<br />
<br />
Afirmé los pies en el suelo y empujé con todas mis fuerzas. Las ruedas rechinaron y comenzaron a moverse lentamente dentro del barro.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Oh! –</span> El comerciante dio un paso hacia adelante. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Sigue, sigue! –</span> Me animó.<br />
<br />
Apreté los dientes y continué empujando, concentrando una buena cantidad de chakra en los brazos. El barro ofrecía mucha resistencia, pero el carro comenzó a avanzar poco a poco.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Vamos...!</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Ta-...! ¡También podrías ayudarme, ¿sabes?! –</span> Le dije entre forcejeos.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Oh! ¡Claro! </span><br />
<br />
El comerciante se acercó y empujamos juntos hasta que, por fin, una de las ruedas salió de golpe del agujero de barro. No obstante, el carro se inclinó bruscamente hacia un lado debido a esto.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Eh!</span><br />
<br />
Reaccioné rápido y sujeté la estructura para impedir que volcara. Las cajas de la parte superior se tambalearon, aunque, por suerte, ninguna cayó. Me quedé un instante sosteniendo el carro y comprobé que todo siguiera en su sitio.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Uff...! Eso estuvo cerca. –</span> Dije, mientras unas gotas de sudor me resbalaban por la cara.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Pensé que se iba a caer todo! –</span> Exclamó el comerciante.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Yo también...</span>" –</span> Pensé. Luego miré la segunda rueda, que seguía completamente enterrada. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Bueno, falta una. –</span> Dije, mientras volvía a colocarme en posición.<br />
<br />
Esta vez tuve más cuidado. No quería que el carro volviera a inclinarse como antes. Tomé aire y empujé. Pronto, la rueda empezó a salir lentamente. Un empujón... Dos... Y, finalmente, quedó libre.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Listo! –</span> Exclamé, antes de dejarme caer sentado al suelo, agotado.<br />
<br />
El comerciante parecía no terminar de creérselo.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Ustedes los jóvenes ninja son increíbles! ¡Muchas gracias! –</span> Exclamó, sumamente agradecido.<br />
<br />
Yo solo le levanté el pulgar y sonreí.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Eso es todo? –</span> Le pregunté.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– No. Todo este problema nos ha tomado al menos una hora, y ahora todavía tenemos que llevar la mercancía hasta la zona residencial. –</span> Explicó mientras comprobaba que nada se hubiera dañado. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Está a unos minutos de aquí, tenemos que apresurarnos. –</span> Se colocó frente al carro y agarró las asas.<br />
<br />
Solté un largo suspiro, me puse de pie y asentí. Luego me coloqué detrás del carro y comencé a empujar mientras el comerciante tiraba desde el otro extremo. Una vez fuera del barro, el vehículo avanzó con bastante facilidad. Aun así, cada vez que alguna de las ruedas chocaba contra una piedra grande y el carro daba un pequeño salto, no podía evitar mirarlo con cierta inquietud, pero tampoco era para tanto.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Oye, ¿siempre transportas tus cosas así? –</span> Pregunté mientras avanzábamos.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Pues sí. –</span> Respondió. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Es la forma más sencilla de llevar mercancía por la aldea.</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Ya...</span><br />
<br />
Era impresionante que consiguiera hacerlo él solo, sin embargo.<br />
<br />
Unos minutos más tarde, llegamos a la zona residencial. El comerciante se detuvo frente a la casa donde debía entregar la mercancía.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Llegamos! –</span> Anunció. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Muchas gracias por tu ayuda, chico. –</span> Dijo con una sonrisa.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– No hay de qué. –</span> Respondí, algo agotado. Me aparté del carro y sacudí el barro de mis sandalias. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– La próxima vez, fíjese mejor por donde va.</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Haré lo posible. –</span> Dijo antes de despedirse y ponerse a descargar las cosas.<br />
<br />
Miré por última vez el carro. Había conseguido sacarlo del barro, llevarlo hasta allí y, lo más importante, sin tener ningún inconveniente con él.<br />
<br />
Sonreí satisfecho.<br />
<br />
Quizá la misión no había sido tan mala después de todo. Había logrado soportar mi fobia… más o menos. Ahora solo me quedaba volver al Departamento de Misiones e informar que había terminado.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font">Cuando me presenté en el Departamento de Misiones aquella mañana, no esperaba que fueran a recibirme con una sonrisa tan sospechosa.<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Justo a tiempo, Natsu. Te estábamos esperando.</span>"<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">¿Para qué?</span>”<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Ha llegado un pedido urgente. Es una misión sencilla, pero requiere fuerza física. Pensamos que podrías ser de mucha ayuda.</span>"<br />
<br />
En ese momento no tenía idea, solo me incliné un poco para leer la descripción mientras el hombre me explicaba que un comerciante había quedado con su carro de mano atascado en el barro y necesitaba ayuda para liberarlo y llevar sus mercancías hasta una zona cercana.<br />
<br />
Todo iba bien hasta que oí la palabra "carro".<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">Me niego.</span>"<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">¿¡Ni siquiera lo pensaste!? Como sea, varios Genin especializados en fuerza se encuentran fuera de la aldea u ocupados con otros encargos, y el cliente requiere ayuda ahora mismo. Además, no tienes que subirte.</span>"<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">...</span>"<br />
<br />
No me gustaban los transportes. Nunca me habían gustado. Solo pensar en estar dentro de uno ya me ponía incómodo, así que prefería evitarlos siempre que podía. Pero si únicamente tenía que empujar aquella cosa desde fuera, podía soportarlo.<br />
<br />
"<span style="color: #17B529;" class="mycode_color">Vamos, la paga es buena.</span>"<br />
<br />
No podía decir que no. Además, si de verdad necesitaban a alguien con fuerza suficiente para moverlo, probablemente sí podría ayudar.<br />
<br />
"<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">Está bien.</span>"<br />
<br />
Y así fue como terminé aquí, frente al dichoso carro. Cuando llegué, el cliente se acercó a mi, visiblemente aliviado de que alguien hubiera aceptado su solicitud. El carro era más grande de lo que esperaba. Llevaba varias cajas, sacos y algunos recipientes acomodados en su interior, mientras las dos ruedas traseras estaban hundidas en un tramo particularmente profundo de barro.<br />
<br />
Me crucé de brazos y lo observé.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Cuánto tiempo lleva así? –</span> Le pregunté al comerciante, volviéndome hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Más de una hora. –</span> Respondió, afligido. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Intenté sacarlo con ayuda de unos vecinos, pero apenas conseguimos moverlo.</span><br />
<br />
Miré de nuevo el carro y luego al comerciante.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y probaron empujándolo hacia atrás?</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Sí.</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y hacia un lado?</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– También. Nada funciona, y ya voy retrasado... –</span> Dijo, preocupado.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Bien, entonces... –</span> Me coloqué detrás del carro y apoyé ambas manos sobre la madera. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Vamos a levantarlo.</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Espera, ¿qué? –</span> Me miró desconcertado. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¿Puedes hacer eso, chico?</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Lo voy a intentar. –</span> Respondí.<br />
<br />
Afirmé los pies en el suelo y empujé con todas mis fuerzas. Las ruedas rechinaron y comenzaron a moverse lentamente dentro del barro.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Oh! –</span> El comerciante dio un paso hacia adelante. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Sigue, sigue! –</span> Me animó.<br />
<br />
Apreté los dientes y continué empujando, concentrando una buena cantidad de chakra en los brazos. El barro ofrecía mucha resistencia, pero el carro comenzó a avanzar poco a poco.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Vamos...!</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Ta-...! ¡También podrías ayudarme, ¿sabes?! –</span> Le dije entre forcejeos.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Oh! ¡Claro! </span><br />
<br />
El comerciante se acercó y empujamos juntos hasta que, por fin, una de las ruedas salió de golpe del agujero de barro. No obstante, el carro se inclinó bruscamente hacia un lado debido a esto.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Eh!</span><br />
<br />
Reaccioné rápido y sujeté la estructura para impedir que volcara. Las cajas de la parte superior se tambalearon, aunque, por suerte, ninguna cayó. Me quedé un instante sosteniendo el carro y comprobé que todo siguiera en su sitio.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Uff...! Eso estuvo cerca. –</span> Dije, mientras unas gotas de sudor me resbalaban por la cara.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Pensé que se iba a caer todo! –</span> Exclamó el comerciante.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Yo también...</span>" –</span> Pensé. Luego miré la segunda rueda, que seguía completamente enterrada. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Bueno, falta una. –</span> Dije, mientras volvía a colocarme en posición.<br />
<br />
Esta vez tuve más cuidado. No quería que el carro volviera a inclinarse como antes. Tomé aire y empujé. Pronto, la rueda empezó a salir lentamente. Un empujón... Dos... Y, finalmente, quedó libre.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Listo! –</span> Exclamé, antes de dejarme caer sentado al suelo, agotado.<br />
<br />
El comerciante parecía no terminar de creérselo.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Ustedes los jóvenes ninja son increíbles! ¡Muchas gracias! –</span> Exclamó, sumamente agradecido.<br />
<br />
Yo solo le levanté el pulgar y sonreí.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Eso es todo? –</span> Le pregunté.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– No. Todo este problema nos ha tomado al menos una hora, y ahora todavía tenemos que llevar la mercancía hasta la zona residencial. –</span> Explicó mientras comprobaba que nada se hubiera dañado. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Está a unos minutos de aquí, tenemos que apresurarnos. –</span> Se colocó frente al carro y agarró las asas.<br />
<br />
Solté un largo suspiro, me puse de pie y asentí. Luego me coloqué detrás del carro y comencé a empujar mientras el comerciante tiraba desde el otro extremo. Una vez fuera del barro, el vehículo avanzó con bastante facilidad. Aun así, cada vez que alguna de las ruedas chocaba contra una piedra grande y el carro daba un pequeño salto, no podía evitar mirarlo con cierta inquietud, pero tampoco era para tanto.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Oye, ¿siempre transportas tus cosas así? –</span> Pregunté mientras avanzábamos.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Pues sí. –</span> Respondió. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Es la forma más sencilla de llevar mercancía por la aldea.</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Ya...</span><br />
<br />
Era impresionante que consiguiera hacerlo él solo, sin embargo.<br />
<br />
Unos minutos más tarde, llegamos a la zona residencial. El comerciante se detuvo frente a la casa donde debía entregar la mercancía.<br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– ¡Llegamos! –</span> Anunció. <span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Muchas gracias por tu ayuda, chico. –</span> Dijo con una sonrisa.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– No hay de qué. –</span> Respondí, algo agotado. Me aparté del carro y sacudí el barro de mis sandalias. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– La próxima vez, fíjese mejor por donde va.</span><br />
<br />
<span style="color: #FF851B;" class="mycode_color">– Haré lo posible. –</span> Dijo antes de despedirse y ponerse a descargar las cosas.<br />
<br />
Miré por última vez el carro. Había conseguido sacarlo del barro, llevarlo hasta allí y, lo más importante, sin tener ningún inconveniente con él.<br />
<br />
Sonreí satisfecho.<br />
<br />
Quizá la misión no había sido tan mala después de todo. Había logrado soportar mi fobia… más o menos. Ahora solo me quedaba volver al Departamento de Misiones e informar que había terminado.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Side Quest] Los Hombres que Nunca Regresaron]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14983</link>
			<pubDate>Mon, 21 Sep 2026 22:00:26 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14983</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Side Quest] Los Hombres que Nunca Regresaron</span></span></span><br />
<span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Día 70 de Otoño — País del Fuego</span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El Día 70 de Otoño había amanecido gris sobre Konoha. El viento recorría la puerta principal con suficiente fuerza para levantar las hojas secas acumuladas junto a la muralla y hacerlas rodar entre las botas de guardias, comerciantes y viajeros. La actividad seguía su ritmo habitual, sin formaciones extraordinarias ni señales de que una misión importante estuviera a punto de comenzar. Cerca del puesto de vigilancia, apartado de la corriente principal de personas, Takeru Uchiha esperaba a los shinobi que habían sido convocados. El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Capitán de la Guardia Interna </span>había llegado con antelación y llevaba consigo poco más que una carpeta de documentos, un mapa enrollado y el equipo necesario para abandonar la aldea una vez que el grupo estuviera completo.<br />
<br />
Takeru ocupaba la espera sin impaciencia visible. Permanecía junto a uno de los postes de madera de la entrada, alternando la atención entre el camino que conducía desde el interior de Konoha y el movimiento alrededor de las puertas. En algún momento revisó uno de los documentos de la carpeta, recorrió varias líneas con la mirada y volvió a guardarlo exactamente donde estaba. No parecía necesitar comprobarlo de nuevo, pero tampoco era propio de él dejar detalles al azar antes de una salida. Cada tanto observaba a los guardias cumplir con sus funciones, prestando atención incluso a pequeñas discusiones entre viajeros y centinelas antes de regresar la vista hacia el sendero por donde eventualmente tendrían que aparecer los integrantes de la misión.<br />
<br />
Sobre un banco cercano había dejado el mapa todavía cerrado. A su lado descansaban varias hojas sujetas entre sí y una pequeña bolsa que contenía material preparado para el viaje. Nada estaba desplegado todavía. Takeru parecía haber decidido que cualquier explicación comenzaría únicamente cuando tuviera delante a todos los shinobi asignados, evitando repartir información por fragmentos o tener que repetir instrucciones conforme fueran llegando. Hasta entonces, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Capitán de la Guardia Interna</span> se limitaba a esperar, tranquilo pero atento, con esa forma particular de vigilar su entorno sin necesidad de convertir cada movimiento en una demostración de autoridad.<br />
<br />
Más allá de la puerta se extendía el camino hacia el norte del País del Fuego, perdiéndose rápidamente entre árboles teñidos por el otoño. En algún punto de aquellas rutas esperaba el último lugar conocido de tres shinobi de Konoha que no habían regresado, aunque por el momento los documentos seguían cerrados y las preguntas permanecían sin formular. Antes de caminos abandonados, rastros interrumpidos o cualquier indicio de lo ocurrido, la misión comenzaría allí mismo: con Takeru esperando en silencio junto a la puerta y con un grupo que todavía no había llegado.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Side Quest] Los Hombres que Nunca Regresaron</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" /><ul class="mycode_list"><li>En este tema solo pueden participar los que estén en konoha para la fecha indicada.<br />
</li>
<li>Este tema tendrá post cada 72horas.<br />
</li>
<li>Este tema es dificultad C.<br />
</li>
<li>Participar no es obligatorio.<br />
</li>
</ul>
</blockquote>

					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Side Quest] Los Hombres que Nunca Regresaron</span></span></span><br />
<span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Día 70 de Otoño — País del Fuego</span><br />
<hr class="mycode_hr" />
El Día 70 de Otoño había amanecido gris sobre Konoha. El viento recorría la puerta principal con suficiente fuerza para levantar las hojas secas acumuladas junto a la muralla y hacerlas rodar entre las botas de guardias, comerciantes y viajeros. La actividad seguía su ritmo habitual, sin formaciones extraordinarias ni señales de que una misión importante estuviera a punto de comenzar. Cerca del puesto de vigilancia, apartado de la corriente principal de personas, Takeru Uchiha esperaba a los shinobi que habían sido convocados. El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Capitán de la Guardia Interna </span>había llegado con antelación y llevaba consigo poco más que una carpeta de documentos, un mapa enrollado y el equipo necesario para abandonar la aldea una vez que el grupo estuviera completo.<br />
<br />
Takeru ocupaba la espera sin impaciencia visible. Permanecía junto a uno de los postes de madera de la entrada, alternando la atención entre el camino que conducía desde el interior de Konoha y el movimiento alrededor de las puertas. En algún momento revisó uno de los documentos de la carpeta, recorrió varias líneas con la mirada y volvió a guardarlo exactamente donde estaba. No parecía necesitar comprobarlo de nuevo, pero tampoco era propio de él dejar detalles al azar antes de una salida. Cada tanto observaba a los guardias cumplir con sus funciones, prestando atención incluso a pequeñas discusiones entre viajeros y centinelas antes de regresar la vista hacia el sendero por donde eventualmente tendrían que aparecer los integrantes de la misión.<br />
<br />
Sobre un banco cercano había dejado el mapa todavía cerrado. A su lado descansaban varias hojas sujetas entre sí y una pequeña bolsa que contenía material preparado para el viaje. Nada estaba desplegado todavía. Takeru parecía haber decidido que cualquier explicación comenzaría únicamente cuando tuviera delante a todos los shinobi asignados, evitando repartir información por fragmentos o tener que repetir instrucciones conforme fueran llegando. Hasta entonces, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Capitán de la Guardia Interna</span> se limitaba a esperar, tranquilo pero atento, con esa forma particular de vigilar su entorno sin necesidad de convertir cada movimiento en una demostración de autoridad.<br />
<br />
Más allá de la puerta se extendía el camino hacia el norte del País del Fuego, perdiéndose rápidamente entre árboles teñidos por el otoño. En algún punto de aquellas rutas esperaba el último lugar conocido de tres shinobi de Konoha que no habían regresado, aunque por el momento los documentos seguían cerrados y las preguntas permanecían sin formular. Antes de caminos abandonados, rastros interrumpidos o cualquier indicio de lo ocurrido, la misión comenzaría allí mismo: con Takeru esperando en silencio junto a la puerta y con un grupo que todavía no había llegado.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Side Quest] Los Hombres que Nunca Regresaron</span></span><br />
<hr class="mycode_hr" /><ul class="mycode_list"><li>En este tema solo pueden participar los que estén en konoha para la fecha indicada.<br />
</li>
<li>Este tema tendrá post cada 72horas.<br />
</li>
<li>Este tema es dificultad C.<br />
</li>
<li>Participar no es obligatorio.<br />
</li>
</ul>
</blockquote>

					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada - Rango D] Día de excursión.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14952</link>
			<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 20:15:43 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=837">Chota Akimichi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14952</guid>
			<description><![CDATA[Para la gran mayoría de los habitantes de la aldea, aquel día de verano era simplemente otro día más, pero para una treintena de estudiantes de la Academia Ninja, se trataba de una verdadera prueba de campo, una de las mejores experiencias que pueden tener durante su paso por la academia, sin teoría y con riesgos reales. <br />
<br />
Mi misión era acompañar a los niños y a sus dos profesores a una excursión educativa de reconocimiento al aire libre por áreas seguras cercanas a Konoha, diseñada para enseñarles las bases del rastreo, la orientación topográfica y el respeto por la naturaleza.<br />
<br />
Mover a un grupo numeroso de niños inquietos por un terreno boscoso evidentemente no era tarea fácil, es por eso que los maestros solicitaron el apoyo de algún genin con tiempo libre, es decir, yo.<br />
<br />
Como era de esperarse mi figura redonda destacaba en el bosque y entre los miembros del grupo. Me quedé caminando a un costado de la formación con las manos metidas en los bolsillos de mi chaqueta. El inicio del trayecto fue super tranquilo, y me dedique a responder la montaña de preguntas que los estudiantes tenían acerca de la vida ninja real. Noté que muchos me miraban con asombro cuchicheando entre ellos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— Mantengan la fila y observen las marcas que están en la corteza de aquellos arboles</span> —dijo uno de los instructores—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esas marcas son señalizaciones que delimitan los perímetros de patrullaje. A partir de aquí pueden explorar los alrededores sin salir de dicho perímetro. Andando.</span><br />
<br />
Y así, la excursión transcurrió sin mayores sobresaltos. Los estudiantes tomaban notas en sus cuadernos, señalaban la flora local y ponían en práctica algunas cosas aprendidas en la academia. Todo estaba dentro de los esperado para la misión. Sin embargo en el bosque la calma siempre es frágil.<br />
<br />
A mitad de la tarde nos adentramos en una cañada flanqueada por densos matorrales de bayas silvestres. Los pájaros, que hasta hacía un momento llenaban el aire con sus trinos se enmudecieron de golpe. A unos cinco metros dos niños se habían desviado unos pasos para examinar unas flores, alejándose del perímetro de seguridad. Antes de que alguno de los chūnin pudiera reaccionar, un rugido retumbó en la cañada, haciendo vibrar las hojas de los árboles. <br />
<br />
De entre los matorrales irrumpió un oso pardo. Era un ejemplar que fácilmente duplicaba el tamaño de un oso común. La criatura, probablemente irritada por la invasión de su territorio se irguió sobre sus patas traseras, proyectando una sombra sobre los dos estudiantes.<br />
<br />
El pánico estalló en un segundo. Los niños en la formación empezaron a gritar como locos agazapándose unos detrás de otros, mientras los dos instructores desenfundaban sus kunai a toda prisa, intentando posicionarse entre la bestia y los estudiantes. Pero el oso era rápido. Al ver la vacilación de los pequeños caídos en el suelo, soltó un zarpazo brutal directo hacia ellos.<br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Atrás todos!</span></span> —grité. <br />
<br />
No había tiempo para que los instructores llegaran a interceptar la garra del animal por lo que canalicé chakra al instante.<br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— ¡Bubun Baika no Jutsu!</span></span><br />
<br />
En un parpadeo, mi brazo derecho se expandió de manera descomunal, tomando proporciones colosales. Interpuse mi brazo para recibir el ataque en lugar de que golpeara a aquellos niños. La garra del oso lastimo mi piel dejandome un rasguño importante. Inmediatamente, con esa misma mano tome a los niños y los hale hacia mi lado. <br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tomen a los alumnos y retrocedan</span></span> —ordené, sin quitarle la mirada a la bestia—. <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo me encargo.</span></span><br />
<br />
El oso, confundido y enfurecido al ver repelido su ataque por una extremidad tan gigantesca, rugió de nuevo con más fuerza y se lanzó en embestida directa contra mi.<br />
<br />
Desactive el la expansión de mi brazo derecho y luego expandí el izquierdo lanzando un puñetazo directo al oso. La fuerza del golpe desplazó al enorme animal varios metros hacia atrás, haciéndolo perder el equilibrio y rodar por el suelo pero sin sufrir heridas letales gracias al control medido de mis golpes. La bestia comprendió de inmediato que mi fuerza era muy superior a la suya.<br />
<br />
El oso se incorporó lentamente sacudiendo la cabeza y emitió un gruñido bajo de sumisión, dio media vuelta con la cola entre las patas y se adentró a toda prisa en lo profundo del bosque, alejándose definitivamente.<br />
<br />
Me sacudí el polvo de la ropa con un par de palmaditas en el abdomen y suspiré ara estabilizar el flujo de mi chakra. Cuando me giré hacia donde estaban los niños noté que me miraban con los ojos abiertos de par en par, sombrados por lo que acababan de presenciar.<br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Están todos bien? Creo que ya entendieron la importancia de no salir del perimetro jajajaja</span></span> —pregunté con una sonrisa cálida, rompiendo la tensión del momento.<br />
<br />
Uno de los pequeños que había sido rescatado asintió torpemente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Eso ha sido increíble!</span> —dijo uno de los niños.<br />
<br />
Los instructores, tras verificar que ningún alumno tuviera lesiones, se acercaron para expresar su profundo agradecimiento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Excelente reacción, Chota. La velocidad con la que aseguraste a los niños evitó lo que pudo ser una tragedia.</span><br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Solo cumplía con mi deber jejeje </span></span>—respondí con modestia rascándome la cabeza—. <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El bosque le pertenece a esos animales. Es normal que reaccionen así si invaden su territorio.</span></span><br />
<br />
El grupo reorganizó la fila y los estudiantes lejos de estar traumatizados, pasaron todo el resto del camino conversando acerca de lo acontecido y de lo increíble que podía llegar a ser el clan Akimichi. Yo me coloqué al final de la columna listo para salvaguardar a mis futuros colegas ninja mientras los escuchaba hablar sin poder evitar sonrojarme al notar como hablaban de mi como si de un superheroe se tratara.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Para la gran mayoría de los habitantes de la aldea, aquel día de verano era simplemente otro día más, pero para una treintena de estudiantes de la Academia Ninja, se trataba de una verdadera prueba de campo, una de las mejores experiencias que pueden tener durante su paso por la academia, sin teoría y con riesgos reales. <br />
<br />
Mi misión era acompañar a los niños y a sus dos profesores a una excursión educativa de reconocimiento al aire libre por áreas seguras cercanas a Konoha, diseñada para enseñarles las bases del rastreo, la orientación topográfica y el respeto por la naturaleza.<br />
<br />
Mover a un grupo numeroso de niños inquietos por un terreno boscoso evidentemente no era tarea fácil, es por eso que los maestros solicitaron el apoyo de algún genin con tiempo libre, es decir, yo.<br />
<br />
Como era de esperarse mi figura redonda destacaba en el bosque y entre los miembros del grupo. Me quedé caminando a un costado de la formación con las manos metidas en los bolsillos de mi chaqueta. El inicio del trayecto fue super tranquilo, y me dedique a responder la montaña de preguntas que los estudiantes tenían acerca de la vida ninja real. Noté que muchos me miraban con asombro cuchicheando entre ellos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— Mantengan la fila y observen las marcas que están en la corteza de aquellos arboles</span> —dijo uno de los instructores—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Esas marcas son señalizaciones que delimitan los perímetros de patrullaje. A partir de aquí pueden explorar los alrededores sin salir de dicho perímetro. Andando.</span><br />
<br />
Y así, la excursión transcurrió sin mayores sobresaltos. Los estudiantes tomaban notas en sus cuadernos, señalaban la flora local y ponían en práctica algunas cosas aprendidas en la academia. Todo estaba dentro de los esperado para la misión. Sin embargo en el bosque la calma siempre es frágil.<br />
<br />
A mitad de la tarde nos adentramos en una cañada flanqueada por densos matorrales de bayas silvestres. Los pájaros, que hasta hacía un momento llenaban el aire con sus trinos se enmudecieron de golpe. A unos cinco metros dos niños se habían desviado unos pasos para examinar unas flores, alejándose del perímetro de seguridad. Antes de que alguno de los chūnin pudiera reaccionar, un rugido retumbó en la cañada, haciendo vibrar las hojas de los árboles. <br />
<br />
De entre los matorrales irrumpió un oso pardo. Era un ejemplar que fácilmente duplicaba el tamaño de un oso común. La criatura, probablemente irritada por la invasión de su territorio se irguió sobre sus patas traseras, proyectando una sombra sobre los dos estudiantes.<br />
<br />
El pánico estalló en un segundo. Los niños en la formación empezaron a gritar como locos agazapándose unos detrás de otros, mientras los dos instructores desenfundaban sus kunai a toda prisa, intentando posicionarse entre la bestia y los estudiantes. Pero el oso era rápido. Al ver la vacilación de los pequeños caídos en el suelo, soltó un zarpazo brutal directo hacia ellos.<br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Atrás todos!</span></span> —grité. <br />
<br />
No había tiempo para que los instructores llegaran a interceptar la garra del animal por lo que canalicé chakra al instante.<br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">— ¡Bubun Baika no Jutsu!</span></span><br />
<br />
En un parpadeo, mi brazo derecho se expandió de manera descomunal, tomando proporciones colosales. Interpuse mi brazo para recibir el ataque en lugar de que golpeara a aquellos niños. La garra del oso lastimo mi piel dejandome un rasguño importante. Inmediatamente, con esa misma mano tome a los niños y los hale hacia mi lado. <br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Tomen a los alumnos y retrocedan</span></span> —ordené, sin quitarle la mirada a la bestia—. <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Yo me encargo.</span></span><br />
<br />
El oso, confundido y enfurecido al ver repelido su ataque por una extremidad tan gigantesca, rugió de nuevo con más fuerza y se lanzó en embestida directa contra mi.<br />
<br />
Desactive el la expansión de mi brazo derecho y luego expandí el izquierdo lanzando un puñetazo directo al oso. La fuerza del golpe desplazó al enorme animal varios metros hacia atrás, haciéndolo perder el equilibrio y rodar por el suelo pero sin sufrir heridas letales gracias al control medido de mis golpes. La bestia comprendió de inmediato que mi fuerza era muy superior a la suya.<br />
<br />
El oso se incorporó lentamente sacudiendo la cabeza y emitió un gruñido bajo de sumisión, dio media vuelta con la cola entre las patas y se adentró a toda prisa en lo profundo del bosque, alejándose definitivamente.<br />
<br />
Me sacudí el polvo de la ropa con un par de palmaditas en el abdomen y suspiré ara estabilizar el flujo de mi chakra. Cuando me giré hacia donde estaban los niños noté que me miraban con los ojos abiertos de par en par, sombrados por lo que acababan de presenciar.<br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Están todos bien? Creo que ya entendieron la importancia de no salir del perimetro jajajaja</span></span> —pregunté con una sonrisa cálida, rompiendo la tensión del momento.<br />
<br />
Uno de los pequeños que había sido rescatado asintió torpemente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Eso ha sido increíble!</span> —dijo uno de los niños.<br />
<br />
Los instructores, tras verificar que ningún alumno tuviera lesiones, se acercaron para expresar su profundo agradecimiento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Excelente reacción, Chota. La velocidad con la que aseguraste a los niños evitó lo que pudo ser una tragedia.</span><br />
<br />
<span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Solo cumplía con mi deber jejeje </span></span>—respondí con modestia rascándome la cabeza—. <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El bosque le pertenece a esos animales. Es normal que reaccionen así si invaden su territorio.</span></span><br />
<br />
El grupo reorganizó la fila y los estudiantes lejos de estar traumatizados, pasaron todo el resto del camino conversando acerca de lo acontecido y de lo increíble que podía llegar a ser el clan Akimichi. Yo me coloqué al final de la columna listo para salvaguardar a mis futuros colegas ninja mientras los escuchaba hablar sin poder evitar sonrojarme al notar como hablaban de mi como si de un superheroe se tratara.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango D] Cosecha Silvestre]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14938</link>
			<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 06:55:11 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=407">Narrador Cuervito-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14938</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango D] Cosecha Silvestre</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14934&amp;pid=29034#pid29034" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 46 del Verano del Año 150 -  Periferia de Konohagakure.</span><br />
<br />
La movilización provocada por la guerra comenzaba a sentirse incluso lejos del frente. Durante las últimas semanas, buena parte de las reservas médicas de Konohagakure habían sido destinadas a hospitales de campaña y puestos avanzados, obligando a la intendencia a buscar suministros allí donde pudiera encontrarlos. Aquella mañana, uno de sus responsables esperaba a Argeon junto a un pequeño puesto improvisado en los límites del bosque. Sobre una mesa había varias bolsas de tela, etiquetas de madera, un cuchillo corto para recolección y tres pequeños dibujos acompañados por anotaciones.<br />
<br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">- No necesitamos que vacíes el bosque. Necesitamos que traigas esto.</span><br />
<br />
El hombre señaló las láminas una por una. La primera mostraba una raíz gruesa y pálida que crecía principalmente en zonas húmedas. La segunda correspondía a un pequeño arbusto cuyas hojas dentadas debían conservarse enteras. La última era una corteza rojiza que podía extraerse de determinados árboles adultos sin dañarlos excesivamente.<br />
<br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">- Raíces de shokon, hojas de mitsuba medicinal y corteza de akagi. Tres paquetes de cada una. Ni más ni menos.</span> -Empujó las bolsas hacia Argeon.-<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"> Las raíces tienen que limpiarse antes de guardarlas. Las hojas no pueden llegar aplastadas y la corteza debe sacarse en tiras finas. Si arrancas media planta o destrozas un árbol para ahorrar tiempo, te lo harán repetir.</span><br />
<br />
Al pie de la hoja figuraba una última indicación: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">entrega antes del final de la tarde</span>. Argeon fue enviado a uno de los sectores orientales del bosque. Las zonas más próximas a Konoha ya habían sido registradas por otros grupos, por lo que tendría que adentrarse más para encontrar los especímenes necesarios. Poco después, el sendero se dividía en tres direcciones. A la izquierda se escuchaba agua correr entre los árboles; el camino central se internaba en una zona de vegetación más espesa y, hacia la derecha, el terreno ascendía entre árboles de mayor tamaño.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango D] Cosecha Silvestre</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14934&amp;pid=29034#pid29034" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 46 del Verano del Año 150 -  Periferia de Konohagakure.</span><br />
<br />
La movilización provocada por la guerra comenzaba a sentirse incluso lejos del frente. Durante las últimas semanas, buena parte de las reservas médicas de Konohagakure habían sido destinadas a hospitales de campaña y puestos avanzados, obligando a la intendencia a buscar suministros allí donde pudiera encontrarlos. Aquella mañana, uno de sus responsables esperaba a Argeon junto a un pequeño puesto improvisado en los límites del bosque. Sobre una mesa había varias bolsas de tela, etiquetas de madera, un cuchillo corto para recolección y tres pequeños dibujos acompañados por anotaciones.<br />
<br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">- No necesitamos que vacíes el bosque. Necesitamos que traigas esto.</span><br />
<br />
El hombre señaló las láminas una por una. La primera mostraba una raíz gruesa y pálida que crecía principalmente en zonas húmedas. La segunda correspondía a un pequeño arbusto cuyas hojas dentadas debían conservarse enteras. La última era una corteza rojiza que podía extraerse de determinados árboles adultos sin dañarlos excesivamente.<br />
<br />
<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">- Raíces de shokon, hojas de mitsuba medicinal y corteza de akagi. Tres paquetes de cada una. Ni más ni menos.</span> -Empujó las bolsas hacia Argeon.-<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"> Las raíces tienen que limpiarse antes de guardarlas. Las hojas no pueden llegar aplastadas y la corteza debe sacarse en tiras finas. Si arrancas media planta o destrozas un árbol para ahorrar tiempo, te lo harán repetir.</span><br />
<br />
Al pie de la hoja figuraba una última indicación: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">entrega antes del final de la tarde</span>. Argeon fue enviado a uno de los sectores orientales del bosque. Las zonas más próximas a Konoha ya habían sido registradas por otros grupos, por lo que tendría que adentrarse más para encontrar los especímenes necesarios. Poco después, el sendero se dividía en tres direcciones. A la izquierda se escuchaba agua correr entre los árboles; el camino central se internaba en una zona de vegetación más espesa y, hacia la derecha, el terreno ascendía entre árboles de mayor tamaño.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión E | Autonarrada] Orden en el distrito]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14917</link>
			<pubDate>Tue, 15 Sep 2026 00:52:11 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=850">Daralth Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14917</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color"><div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Konohagakure. 58 de verano, Año 150<br />
Misión Autonarrada Rango E<br />
Orden en el distrito</span></div></span><br />
<br />
La mañana había comenzado bastante tranquila para Daralth. Con una pequeña libreta entre las manos y un lápiz sujeto entre los dedos. Caminaba por las calles del distrito que le habían asignado. La temperatura era agradable y una brisa enfriaba lo que los rayos del sol calentaban.No parecía una misión especialmente complicada. Casa por casa, tienda por tienda, tendría que preguntar por las personas que vivían allí y anotar sus nombres en el registro. Sencillo. La aldea no parecía ahora mismo estar bajo ningún tipo de alerta. Al menos eso había pensado antes de empezar.<br />
<br />
La primera vivienda no le daría demasiados problemas. Un matrimonio, dos hijos y un perro que insistiría en ladrarle durante prácticamente toda la conversación. Daralth apuntaró los datos con cuidado antes de despedirse y continuar con la siguiente puerta.<br />
<br />
Poco a poco iría acostumbrándose a la rutina. Algunas personas responderían enseguida, otras necesitarían buscar algún documento para comprobar los datos y más de una acabaría preguntándole por qué el censo era necesario. Daralth respondió con lo poco que sabía procurando no inventarse nada y anotando cualquier observación que pudiera resultar útil. Alguna que otra puerta receló al ver las aparencias de la kunoichi, aunque poco a poco, con cada misión, su popularidad se incrementaba. No tanto por su labor, si no por su gótica apariencia.<br />
<br />
Cuando llegaría a una pequeña tienda, entraría con la misma intención que en las anteriores.<br />
<br />
<span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Buenos días. Estoy haciendo el censo de esta zona. Solo necesito saber cuántas personas viven aquí y sus nombres.</span> —Sacaró la libreta y esperó pacientemente mientras el dueño empezaba a contar con los dedos. Bajó la mirada hacia la página y comprobaría que todavía le quedaban bastantes viviendas por visitar. No pudo evitar dejar un ligero suspiro repleto de pereza y resignación. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esto va a llevar un rato...</span></span> Aun así prosiguió recorriendo el distrito puerta por puerta. Después de todo, alguien tenía que hacerlo.<br />
<br />
Una y otra, todas de la misma forma, mismos patrones hasta que tras una de las tantas puertas que tocó una figura, cubierta de pies a cabeza, con gafas de sol capucha abrió y no dijo absolutamente nada. Aquello casi fue amor a primera vista. No era la única de las góticas de la ciudad. Aquel joven también parecía ocultar todo su rostro entre ropas y ropas. Ambos se miraron, miradas ocultas entre vendas y gafas opacas.<br />
<br />
Daralth se quedó quieta frente a él durante unos segundos. No podía verle los ojos, pero tampoco parecía que aquello fuese a impedirle observarlo. Había algo extrañamente familiar en aquella forma de esconderse del mundo. Las vendas cubrían buena parte de su rostro, dejando apenas visibles sus ojos, y aquel desconocido había decidido llevar unas gafas oscuras bajo una capucha que prácticamente no dejaba nada al descubierto. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Será también de los que prefieren que no se les vea la cara?</span></span> La libreta seguía abierta entre sus manos. Miró la hoja. Después al desconocido. Otra vez a la hoja.<br />
<br />
—...<br />
<br />
Esperó. Nada. Daralth inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Estoy haciendo el censo. —</span> Silencio. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Necesito saber cuántas personas viven aquí.—</span> El joven continuó mirándola sin decir una palabra. Daralth parpadeó despacio detrás de las vendas. Aquello empezaba a parecerse menos a una misión administrativa y más a algún tipo de prueba de paciencia. Aun así, no se marchó. Se limitó a sacar el lápiz y prepararlo sobre la hoja, esperando tranquilamente.<br />
<br />
<span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Puedes señalarme con los dedos si no quieres hablar.—</span> Y volvió a quedarse frente a él, tan cubierta como su interlocutor, esperando una respuesta que parecía no tener demasiadas ganas de llegar.<br />
<br />
El muchacho tardó unos segundos en responder. Finalmente, levantó una mano y dejó que uno de los pequeños insectos que llevaba encima saliera de entre las telas. Lo dejó caminar por sus dedos antes de señalar el papel y, con la otra mano, escribió su nombre. Daralth siguió cada movimiento del bicho con una atención que poco tenía que ver con el censo. Se inclinó ligeramente hacia delante, observándolo como si acabara de encontrar algo mucho más interesante que cualquier dato de población. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué clase de insecto era? ¿Vivía dentro de la ropa? ¿Comía? ¿Dormía? ¿Y había más?</span></span> Cuando quiso darse cuenta, el sol ya había cambiado de posición y la lista de casas que todavía le quedaba por visitar seguía siendo demasiado larga. Cerró el cuaderno con cierta resignación, se despidió del chico y echó a andar, aunque se llevó consigo tantas preguntas sobre aquel insecto que probablemente tardaría bastante en olvidarse de él.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #aaaaaa;" class="mycode_color"><div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Konohagakure. 58 de verano, Año 150<br />
Misión Autonarrada Rango E<br />
Orden en el distrito</span></div></span><br />
<br />
La mañana había comenzado bastante tranquila para Daralth. Con una pequeña libreta entre las manos y un lápiz sujeto entre los dedos. Caminaba por las calles del distrito que le habían asignado. La temperatura era agradable y una brisa enfriaba lo que los rayos del sol calentaban.No parecía una misión especialmente complicada. Casa por casa, tienda por tienda, tendría que preguntar por las personas que vivían allí y anotar sus nombres en el registro. Sencillo. La aldea no parecía ahora mismo estar bajo ningún tipo de alerta. Al menos eso había pensado antes de empezar.<br />
<br />
La primera vivienda no le daría demasiados problemas. Un matrimonio, dos hijos y un perro que insistiría en ladrarle durante prácticamente toda la conversación. Daralth apuntaró los datos con cuidado antes de despedirse y continuar con la siguiente puerta.<br />
<br />
Poco a poco iría acostumbrándose a la rutina. Algunas personas responderían enseguida, otras necesitarían buscar algún documento para comprobar los datos y más de una acabaría preguntándole por qué el censo era necesario. Daralth respondió con lo poco que sabía procurando no inventarse nada y anotando cualquier observación que pudiera resultar útil. Alguna que otra puerta receló al ver las aparencias de la kunoichi, aunque poco a poco, con cada misión, su popularidad se incrementaba. No tanto por su labor, si no por su gótica apariencia.<br />
<br />
Cuando llegaría a una pequeña tienda, entraría con la misma intención que en las anteriores.<br />
<br />
<span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Buenos días. Estoy haciendo el censo de esta zona. Solo necesito saber cuántas personas viven aquí y sus nombres.</span> —Sacaró la libreta y esperó pacientemente mientras el dueño empezaba a contar con los dedos. Bajó la mirada hacia la página y comprobaría que todavía le quedaban bastantes viviendas por visitar. No pudo evitar dejar un ligero suspiro repleto de pereza y resignación. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esto va a llevar un rato...</span></span> Aun así prosiguió recorriendo el distrito puerta por puerta. Después de todo, alguien tenía que hacerlo.<br />
<br />
Una y otra, todas de la misma forma, mismos patrones hasta que tras una de las tantas puertas que tocó una figura, cubierta de pies a cabeza, con gafas de sol capucha abrió y no dijo absolutamente nada. Aquello casi fue amor a primera vista. No era la única de las góticas de la ciudad. Aquel joven también parecía ocultar todo su rostro entre ropas y ropas. Ambos se miraron, miradas ocultas entre vendas y gafas opacas.<br />
<br />
Daralth se quedó quieta frente a él durante unos segundos. No podía verle los ojos, pero tampoco parecía que aquello fuese a impedirle observarlo. Había algo extrañamente familiar en aquella forma de esconderse del mundo. Las vendas cubrían buena parte de su rostro, dejando apenas visibles sus ojos, y aquel desconocido había decidido llevar unas gafas oscuras bajo una capucha que prácticamente no dejaba nada al descubierto. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Será también de los que prefieren que no se les vea la cara?</span></span> La libreta seguía abierta entre sus manos. Miró la hoja. Después al desconocido. Otra vez a la hoja.<br />
<br />
—...<br />
<br />
Esperó. Nada. Daralth inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Estoy haciendo el censo. —</span> Silencio. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Necesito saber cuántas personas viven aquí.—</span> El joven continuó mirándola sin decir una palabra. Daralth parpadeó despacio detrás de las vendas. Aquello empezaba a parecerse menos a una misión administrativa y más a algún tipo de prueba de paciencia. Aun así, no se marchó. Se limitó a sacar el lápiz y prepararlo sobre la hoja, esperando tranquilamente.<br />
<br />
<span style="color: #D6696E;" class="mycode_color">—Puedes señalarme con los dedos si no quieres hablar.—</span> Y volvió a quedarse frente a él, tan cubierta como su interlocutor, esperando una respuesta que parecía no tener demasiadas ganas de llegar.<br />
<br />
El muchacho tardó unos segundos en responder. Finalmente, levantó una mano y dejó que uno de los pequeños insectos que llevaba encima saliera de entre las telas. Lo dejó caminar por sus dedos antes de señalar el papel y, con la otra mano, escribió su nombre. Daralth siguió cada movimiento del bicho con una atención que poco tenía que ver con el censo. Se inclinó ligeramente hacia delante, observándolo como si acabara de encontrar algo mucho más interesante que cualquier dato de población. <span style="color: #D6696E;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué clase de insecto era? ¿Vivía dentro de la ropa? ¿Comía? ¿Dormía? ¿Y había más?</span></span> Cuando quiso darse cuenta, el sol ya había cambiado de posición y la lista de casas que todavía le quedaba por visitar seguía siendo demasiado larga. Cerró el cuaderno con cierta resignación, se despidió del chico y echó a andar, aunque se llevó consigo tantas preguntas sobre aquel insecto que probablemente tardaría bastante en olvidarse de él.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión D] Operación de Apoyo Agrícola en los Campos de Konoha]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14902</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 15:30:58 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=840">Kuroitsuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14902</guid>
			<description><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span> Operación de Apoyo Agrícola en los Campos de Konoha <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span> La misión consiste en ayudar a los agricultores de las afueras de Konohagakure a trasladar los últimos cajones de la cosecha de temporada desde los campos hasta los almacenes principales. Además, el shinobi deberá revisar y clavar nuevos tablones de madera en los cercados perimetrales que resultaron dañados por el paso de animales silvestres. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span> Simple D (con narrador)<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span> 12 de verano en los campos de cultivo de Konohagakure <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span> 1 + Narrador<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span> Sin máximo</div>
		</div><br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">12 Verano 150<br />
Konohagakure no Sato<br />
Campos de Cultivos de Konohagakure</div>
<hr class="mycode_hr" />
La misión fue entregada a Argeon en una de las oficinas administrativas de Konohagakure. El lugar permanecía ocupado desde primeras horas de la mañana; varios shinobi entraban y salían con documentos, mientras los encargados distribuían tareas según su urgencia y dificultad. Tras comprobar el nombre del joven en el registro, un chūnin de cabello oscuro, recogido en una coleta corta, le indicó que tomara asiento frente a su escritorio.<br />
<br />
El hombre vestía el uniforme reglamentario de la aldea y llevaba un lápiz sujeto detrás de la oreja. Su expresión era seria, aunque no hostil. Extendió sobre la mesa un informe acompañado por un mapa sencillo de los campos situados en las afueras. Dos sectores habían sido marcados con tinta roja: los almacenes principales y varios tramos del cercado perimetral.<br />
<br />
—No encontrarás enemigos ni secretos de Estado —explicó el chūnin, señalando el primer punto—. Los agricultores terminaron la cosecha, pero todavía quedan cajones en los campos. Deben trasladarse antes del anochecer; si permanecen otra noche a la intemperie, la humedad podría estropear parte del contenido.<br />
<br />
Su dedo avanzó después hacia las marcas distribuidas alrededor de los cultivos. Algunos animales silvestres habían atravesado los cercados durante las noches anteriores, rompiendo tablones y aflojando varios soportes. El trabajo consistía también en revisar el perímetro, sustituir las piezas dañadas y comunicar cualquier desperfecto que no pudiera solucionarse con las herramientas disponibles.<br />
<br />
—Es una tarea sencilla, pero no la hagas a medias. Un cajón mal colocado puede perder una cosecha, y una abertura pequeña basta para que los animales regresen. Cuando termines, el responsable de los campos firmará el informe.<br />
<br />
Horas después, los edificios de la aldea habían quedado atrás. El sol iluminaba las extensiones cultivadas sin resultar sofocante, mientras una brisa fresca descendía desde los bosques y agitaba las hojas que todavía permanecían adheridas a algunos tallos. La temporada de cosecha se encontraba en sus últimos días. La mayor parte de los campos había sido despejada, aunque varios trabajadores continuaban reuniendo herramientas, atando sacos y preparando carros.<br />
<br />
Los cajones pendientes estaban agrupados junto a un sendero de tierra. Algunos contenían tubérculos cubiertos por restos de suelo; otros guardaban frutas protegidas con capas de paja. A cierta distancia se alzaban los almacenes principales, construcciones amplias de madera con techos inclinados y puertas dobles preparadas para permitir el paso de las carretas. A lo largo del perímetro podían distinguirse varios huecos irregulares donde los tablones habían cedido.<br />
<br />
El encargado esperaba cerca de una carreta cargada con herramientas. Era un agricultor de edad avanzada, ancho de hombros y piel curtida por años de trabajo bajo el sol. Llevaba las mangas remangadas, un sombrero de paja sujeto a la espalda y un pañuelo alrededor del cuello. Al advertir la llegada de Argeon, dejó sobre la carreta el martillo que estaba revisando y consultó el documento de la misión.<br />
<br />
—Llegas a buena hora. La brisa ayuda, pero esos cajones pesan igual con buen clima que bajo la lluvia —comentó, devolviéndole el informe—. Comenzaremos por los que están junto al canal. Los alimentos van al almacén de la izquierda; las semillas reservadas para la próxima temporada, al de la derecha. No deben mezclarse.<br />
<br />
Después señaló la carreta. Sobre ella había martillos, clavos, una palanca, cuerda y varios tablones cortados con medidas diferentes. Los daños más evidentes estaban en el cercado meridional, aunque el agricultor advirtió que también debía revisarse el tramo cercano al bosque. No bastaba con observar la madera: cada tabla debía probarse con cuidado para descubrir clavos sueltos o soportes debilitados.<br />
<br />
—Si el poste está firme, cambia el tablón y clávalo. Si el poste se mueve desde la base, márcalo con esta pintura y déjalo para los carpinteros. No quiero que una reparación bonita se venga abajo cuando el primer jabalí apoye el hocico.<br />
<br />
El agricultor dejó un par de guantes sobre los cajones más próximos y se apartó del sendero, permitiendo que Argeon evaluara por dónde comenzar. Frente a él aguardaban la última parte de la cosecha, los almacenes abiertos y un perímetro de madera que debía quedar asegurado antes de terminar la jornada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span> Operación de Apoyo Agrícola en los Campos de Konoha <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span> La misión consiste en ayudar a los agricultores de las afueras de Konohagakure a trasladar los últimos cajones de la cosecha de temporada desde los campos hasta los almacenes principales. Además, el shinobi deberá revisar y clavar nuevos tablones de madera en los cercados perimetrales que resultaron dañados por el paso de animales silvestres. <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span> Simple D (con narrador)<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span> 12 de verano en los campos de cultivo de Konohagakure <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span> 1 + Narrador<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span> Sin máximo</div>
		</div><br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">12 Verano 150<br />
Konohagakure no Sato<br />
Campos de Cultivos de Konohagakure</div>
<hr class="mycode_hr" />
La misión fue entregada a Argeon en una de las oficinas administrativas de Konohagakure. El lugar permanecía ocupado desde primeras horas de la mañana; varios shinobi entraban y salían con documentos, mientras los encargados distribuían tareas según su urgencia y dificultad. Tras comprobar el nombre del joven en el registro, un chūnin de cabello oscuro, recogido en una coleta corta, le indicó que tomara asiento frente a su escritorio.<br />
<br />
El hombre vestía el uniforme reglamentario de la aldea y llevaba un lápiz sujeto detrás de la oreja. Su expresión era seria, aunque no hostil. Extendió sobre la mesa un informe acompañado por un mapa sencillo de los campos situados en las afueras. Dos sectores habían sido marcados con tinta roja: los almacenes principales y varios tramos del cercado perimetral.<br />
<br />
—No encontrarás enemigos ni secretos de Estado —explicó el chūnin, señalando el primer punto—. Los agricultores terminaron la cosecha, pero todavía quedan cajones en los campos. Deben trasladarse antes del anochecer; si permanecen otra noche a la intemperie, la humedad podría estropear parte del contenido.<br />
<br />
Su dedo avanzó después hacia las marcas distribuidas alrededor de los cultivos. Algunos animales silvestres habían atravesado los cercados durante las noches anteriores, rompiendo tablones y aflojando varios soportes. El trabajo consistía también en revisar el perímetro, sustituir las piezas dañadas y comunicar cualquier desperfecto que no pudiera solucionarse con las herramientas disponibles.<br />
<br />
—Es una tarea sencilla, pero no la hagas a medias. Un cajón mal colocado puede perder una cosecha, y una abertura pequeña basta para que los animales regresen. Cuando termines, el responsable de los campos firmará el informe.<br />
<br />
Horas después, los edificios de la aldea habían quedado atrás. El sol iluminaba las extensiones cultivadas sin resultar sofocante, mientras una brisa fresca descendía desde los bosques y agitaba las hojas que todavía permanecían adheridas a algunos tallos. La temporada de cosecha se encontraba en sus últimos días. La mayor parte de los campos había sido despejada, aunque varios trabajadores continuaban reuniendo herramientas, atando sacos y preparando carros.<br />
<br />
Los cajones pendientes estaban agrupados junto a un sendero de tierra. Algunos contenían tubérculos cubiertos por restos de suelo; otros guardaban frutas protegidas con capas de paja. A cierta distancia se alzaban los almacenes principales, construcciones amplias de madera con techos inclinados y puertas dobles preparadas para permitir el paso de las carretas. A lo largo del perímetro podían distinguirse varios huecos irregulares donde los tablones habían cedido.<br />
<br />
El encargado esperaba cerca de una carreta cargada con herramientas. Era un agricultor de edad avanzada, ancho de hombros y piel curtida por años de trabajo bajo el sol. Llevaba las mangas remangadas, un sombrero de paja sujeto a la espalda y un pañuelo alrededor del cuello. Al advertir la llegada de Argeon, dejó sobre la carreta el martillo que estaba revisando y consultó el documento de la misión.<br />
<br />
—Llegas a buena hora. La brisa ayuda, pero esos cajones pesan igual con buen clima que bajo la lluvia —comentó, devolviéndole el informe—. Comenzaremos por los que están junto al canal. Los alimentos van al almacén de la izquierda; las semillas reservadas para la próxima temporada, al de la derecha. No deben mezclarse.<br />
<br />
Después señaló la carreta. Sobre ella había martillos, clavos, una palanca, cuerda y varios tablones cortados con medidas diferentes. Los daños más evidentes estaban en el cercado meridional, aunque el agricultor advirtió que también debía revisarse el tramo cercano al bosque. No bastaba con observar la madera: cada tabla debía probarse con cuidado para descubrir clavos sueltos o soportes debilitados.<br />
<br />
—Si el poste está firme, cambia el tablón y clávalo. Si el poste se mueve desde la base, márcalo con esta pintura y déjalo para los carpinteros. No quiero que una reparación bonita se venga abajo cuando el primer jabalí apoye el hocico.<br />
<br />
El agricultor dejó un par de guantes sobre los cajones más próximos y se apartó del sendero, permitiendo que Argeon evaluara por dónde comenzar. Frente a él aguardaban la última parte de la cosecha, los almacenes abiertos y un perímetro de madera que debía quedar asegurado antes de terminar la jornada.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Mision autonarrada C]  Patrullaje de Control: Sectores Internos y Comerciales de Kon]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14898</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 13:29:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14898</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14897" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aprobada aqui</a><br />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">55 de Verano / Konoha no Sato (Distritos Internos)</span></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
El calor del cincuenta y cinco de Verano descendería sobre los tejados de Konohagakure no Sato con una densidad seca, levantando una polvareda fina que quedaría suspendida en las avenidas principales. La luz solar de mediodía golpearía los muros de madera sin encontrar el refresco habitual de las corrientes de montaña. En la vía central que conectaba el distrito residencial con el área de abastecimiento, los cambios estructurales imposibilitados de ocultar revelarían la transición del asentamiento hacia un estado de movilización abierta.<br />
<br />
En los cruces de calle principales, las vigas de cedro reforzadas con abrazaderas de hierro ocuparían el espacio donde semanas atrás circulaban con fluidez los carros de los mercaderes procedentes del sur. Puestos de control secundarios, atendidos por parejas de shinobi que inspeccionaban la carga de las carretas con varillas de madera y sellos de detección, reducirían el paso a una sola hilera. Las fachadas de las tiendas de telas y cerámica mantendrían las persianas de tablones bajadas hasta la mitad, dejando ver únicamente mostradores semivacíos y carteles de madera donde las tablas de precios habían sido cubiertas con trazos recientes de tinta negra para marcar las cuotas de ración permitidas por la administración.<br />
<br />
Akira avanzaría por el borde izquierdo de la calzada, manteniendo una zancada uniforme y pausada. Sus plantas de los pies golpearla el camino de tierra apisonada con la cadencia exacta que la disciplina del clan exigía para no balancear el centro de gravedad. Sus brazos descansarían con soltura a los costados del cuerpo, y la línea de sus hombros se mantendría nivelada, paralela a las repisas de las viviendas, reproduciendo el porte erguido y rígido que los instructores de la rama noble imponían en los terrenos de instrucción.<br />
<br />
A la derecha del camino, una fila de civiles aguardaría en silencio frente al depósito público de granos, sosteniendo fichas de latón en las manos sin que se escucharan las conversaciones habituales del mercado. El único sonido constante sería el crujido del grano al ser vertido en sacos de arpillera y el golpe seco de los sellos de registro al marcar los pases de suministro.<br />
<br />
Sobre el muro de piedra que delimitaba el canal de agua seco, Makey trotaría a la par del joven Hyūga. El felino mantendría el lomo alineado con la albardilla del muro, esquivando las grietas del mortero con saltos cortos y amortiguados. Su ojo celeste permanecería enfocado en el movimiento de los centinelas del puesto de control frontal, mientras que su ojo violeta captaría la sombra de los transeúntes que se apartaban hacia las paredes al detectar el paso de la patrulla.<br />
<br />
Makey haría una pausa sobre un bloque de granito sobresaliente, ladearía las orejas hacia la hileras de sacos de grano y dejaría escapar un leve chasquido con la lengua antes de volver a bajar la cabeza.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">El cálculo de raciones no cuadra con la cosecha de inicios de estación </span></span>—murmuraría Akira, sin girar el rostro hacia el muro, manteniendo la voz amortiguada por el murmullo ambiental de la calle—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Si redujeron la entrega de mijo a la mitad en este distrito, es porque los depósitos subterráneos del sector norte ya están cerrados bajo sello estratégico.</span></span><br />
<br />
El gato daría dos pasos rápidos, erguiría la cola en un ángulo recto y desplazaría la mirada bicolora directamente hacia la cara del shinobi, dejando ver el destello de sus garras retráctiles al apoyarse en la piedra caliente.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Tienes razón </span></span>—concedería el Chūnin, respondiendo al movimiento del animal con un imperceptible asentimiento de mentón—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">No es solo la comida. Las herrerías del sector tres llevan cuatro días sin apagar los hornos de noche. El humo que baja por la colina huele a templado de ballestas y no a reparación de aperos agrícolas.</span></span><br />
<br />
Makey bajaría del muro con un salto ágil, posando las patas sobre el polvo de la acera justo al lado de la bota de Akira. El gato rozaría el tobillo del joven con el costado de su cuerpo una sola vez, emitiendo un sonido gutural bajo que vibraría apenas por encima del ruido de los carromatos.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">La aldea siempre aprende a sonreír para las visitas </span></span>—continuaría Akira, cruzando el perímetro del puesto de control donde los guardias asentirían levemente al ver el paso de la pareja—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Pero cuando las carretas regresan vacías del interior y las patrullas nocturnas duplican su personal en las avenidas comerciales, el maquillaje se cae. La gente ya no mira los carteles del tablero de misiones; miran el color de los pergaminos que llevan los mensajeros en la cintura.</span></span><br />
<br />
Un grupo de tres niños que correría cerca de un pozo de agua cerrado con candado de hierro se detendría en seco al cruzarse con el shinobi. Los pequeños se pegarían a la pared de madera de una vivienda, observando el desplazamiento mecánico del vigilante sin emitir un solo grito de juego. La escena reforzaría la pesadez que impregnaba los tramos urbanos: incluso el ruido infantil había sido sofocado por la instrucción implícita de los adultos de no llamar la atención en las vías públicas.<br />
<br />
Makey se adelantaría tres pasos, deteniéndose en la esquina donde la calzada principal de tierra se dividía hacia la zona de los bazares cerrados. El animal giraría únicamente la cabeza, clavando su ojo violeta en la entrada estrecha de un pasaje secundario donde las tablas del suelo se encontraban cubiertas por postes rotos y sombrillas de tela desmontadas. Sus vibrisas temblarían al detectar la falta de circulación de aire en el callejón.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Por ahí la patrulla previa marcó irregularidades de almacenamiento </span></span>—comentaría Akira en dirección al felino, haciendo una breve pausa para ajustar la cadencia de su marcha—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Ningún comerciante deja las cajas de empaque frente a la puerta trasera en la cincuenta de verano si no está intentando despejar el interior a toda prisa para el inventario de la milicia.</span></span><br />
<br />
El gato emitiría un maullido seco, un tono rasgado que cortaría la monotonía del calor del mediodía, y desaparecería en la sombra del callejón antes de que Akira diera el siguiente paso.<br />
<br />
El joven Hyūga aceleraría la marcha apenas lo necesario para no perder la distancia de cobertura, dirigiendo la vista hacia el marco sombrío que formaban los aleros voladizos de los establecimientos. La polvareda de la calle principal quedaría atrás a medida que sus botas se aproximaran a la entrada del pasaje interno del distrito comercial, justo en el punto donde la luz solar de la tarde no lograba penetrar la densidad de las vigas superiores.<br />
<br />
La penumbra del pasaje secundario tragaría el calor sofocante de la calzada principal tan pronto como Akira cruzara el umbral de los aleros superpuestos. El aire en aquel sector carecería de la sequedad del polvo expuesto al sol, siendo reemplazado por un olor acre a madera húmeda, grasa de carreta y repollo fermentado. A ambos lados de la vía estrecha, las puertas de servicio de los negocios permanecerían entornadas, aseguradas con pesadas cuñas de pino desde el interior para evitar aperturas bruscas. Makey avanzaría a ras del suelo, fundiendo el blanco inmaculado de su pelaje con la paleta de grises y marrones de los adoquines irregulares cubiertos de musgo seco.<br />
<br />
A quince pasos de la entrada, el sonido rasgueante de madera arrastrada contra piedra detendría momentáneamente la cadencia de la patrulla. En una hendidura del callejón, un anciano encorvado, envuelto en un mandil manchado de aceite de sésamo, estaría empujando una caja reforzada hacia el interior de un foso oculto bajo una trampilla falsa. Al percibir la sombra alargada del shinobi sobre el muro, el mercader congelaría su movimiento al instante. Sus nudillos se volverían blancos por la presión desesperada ejercida sobre los bordes de la caja de salazones. Akira no desviaría su ruta ni haría el menor ademán de aproximar la mano a las cartucheras de su pierna. Simplemente mantendría el ritmo constante de sus pasos, clavando la mirada inexpresiva en el rostro pálido del civil. El viejo bajaría la cabeza, apresurando el empuje de la carga hacia la oscuridad en un mutismo tenso, y cerraría la trampilla con un golpe sordo justo cuando el joven Hyūga pasaba de largo a escasos centímetros de su hombro.<br />
<br />
Makey se detendría en seco sobre la bisagra metálica recién encajada en el suelo. El felino rascaría la madera gruesa con una sola garra, produciendo un chirrido agudo, para luego girar el cuello y clavar su ojo celeste en el perfil inmutable de Akira.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Ignoraría el protocolo de requisa esta vez</span></span> —susurraría el Chūnin, respondiendo al gesto del animal sin alterar la marcha—. Si las reservas del distrito comercial se confiscan mañana bajo los decretos de guerra, esa mísera caja de pescado seco será la única diferencia entre la vida y el hambre para su familia cuando llegue la primera nevada del año.<br />
<br />
El gato daría un salto corto, alcanzando el borde irregular de una ventana tapiada con tablones desiguales. Desde allí, sacudiría la cola de lado a lado con extrema lentitud, manteniendo el ojo violeta fijo en la profundidad sombría del pasaje, como si analizara las fisuras de los muros.<br />
<br />
—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí, la cúpula de mando diría que es acaparamiento ilícito bajo estado de excepción</span></span> —continuaría Akira, modulando la voz en un tono plano para que las palabras murieran a un metro de distancia—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> Pero la paz siempre fue una ilusión táctica, Makey. Una pausa artificial, pactada en reuniones a puerta cerrada, cuyo único fin era ganar tiempo para que las academias pudieran imprimir más pergaminos y las forjas lograran ensamblar más acero. Ahora que la máscara de la diplomacia diplomática en el País de las Olas se resquebraja, las reglas cambian. El shinobi ya no protege a la aldea como un escudo; la aldea debe desangrarse voluntariamente para alimentar al shinobi en la línea del frente.</span></span><br />
<br />
El felino arquearía la espina dorsal y dejaría escapar un bufido áspero, casi un ronquido ronco proveniente del fondo de su pecho, mientras sus orejas se aplanaban hacia atrás en señal de inconformidad.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Esa es la paradoja del conflicto a gran escala </span></span>—afirmaría el joven, ralentizando un segundo su marcha para ajustar la cincha de lona de su equipo táctico y aliviar la presión sobre su clavícula—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> En tiempos de calma relativa, nuestra directiva primordial es la preservación de la vida del civil. Pero al declararse la guerra abierta, el civil pasa a convertirse en un recurso logístico prescindible. Un engranaje más, diseñado exclusivamente para sostener la maquinaria de suministro. La transición es brutal, y nadie baja a estos callejones a explicarles la verdad hasta que las raciones se cortan y las salidas de la aldea se sellan por fuera.</span></span><br />
<br />
El callejón desembocaría gradualmente en un sector residencial de tránsito restringido. Allí, las viviendas tradicionales de dos plantas se apretaban unas contra otras, ahogando el paso de las corrientes de aire. Las persianas enrollables de bambú de los pisos superiores permanecerían bajadas hasta el alféizar, pero el leve crujido de las cuerdas tensadas y las sombras proyectadas esporádicamente tras los enrejados delatarían la presencia de docenas de personas observando la calle en silencio. El peso psicológico de la guerra inminente se palparía en esa quietud asfixiante; los patios internos, usualmente cargados del ruido de los niños y el traqueteo de los lavaderos, yacerían sumidos en un mutismo absoluto.<br />
<br />
En la intersección empedrada que conectaba con el ala oeste, dos guardias locales pertenecientes a las fuerzas de seguridad interna cruzarían perpendicularmente su ruta. Ambos hombres mostrarían ojeras pronunciadas de un tono violáceo y marcas de deshidratación en las comisuras de los labios. Al coincidir con el Chūnin en el cruce de caminos, los tres shinobis ralentizarían sus movimientos de forma sincrónica, como engranajes de un mismo reloj. No habría intercambio de contraseñas verbales, ni requerimientos de identificación. El guardia de la izquierda elevaría dos dedos de la mano derecha a la altura del pecho, un gesto táctico minimalista que indicaba ausencia de anomalías críticas en su cuadrante, pero sus ojos cansados evitarían buscar el contacto visual directo. Akira correspondería ejecutando un leve y seco descenso de la barbilla, confirmando la recepción del parte silencioso.<br />
<br />
El encuentro se resolvería en menos de tres segundos, dejando tras de sí únicamente el roce apagado de las suelas de goma contra la piedra sobrecalentada.<br />
<br />
Makey trotaría con elegancia hasta un barril de recolección pluvial abandonado cerca de un pórtico y olfatearía el borde reseco de la madera. El animal se giraría entonces hacia el sur, clavando sus dos pupilas discordantes en la estructura escalonada de los tejados que ascendían en capas concéntricas hacia la parte alta de la aldea. Un maullido corto, metálico y urgente brotaría de su garganta, seguido inmediatamente por un salto vertical que lo llevaría hasta el primer tejadillo de tejas cocidas rojas.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Entendería que el nivel del suelo ya no ofrece la perspectiva táctica necesaria</span></span> —concordaría Akira, siguiendo la trayectoria impecable del gato con una mirada fría—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Las sombras de las cornisas ocultan los detalles pequeños, pero desde los techos, los patrones de movimiento de una aldea entera no pueden esconderse.</span></span><br />
<br />
El shinobi flexionaría imperceptiblemente las rodillas y canalizaría una fracción minúscula de chakra hacia los tenketsus de las plantas de sus pies. Sin emitir un solo sonido que perturbara el silencio del sector residencial, su cuerpo se impulsaría hacia arriba. Alcanzaría el alero de madera de la primera vivienda sin esfuerzo. Sus manos se aferrarían a la cornisa desgastada por el clima y, con un movimiento fluido de tracción de brazos y torso, superaría el borde para caer en una perfecta posición de cuclillas sobre la pendiente de tejas superpuestas.<br />
<br />
Makey ya lo estaría esperando dos metros más arriba, escalando con destreza milimétrica entre las salidas de humo de adobe frío. Akira emprendería el ascenso continuo, utilizando las uniones estructurales de los techos, las chimeneas y las vigas expuestas de los corredores colgantes para ganar altitud de forma escalonada. Su respiración se mantendría rítmica, inalterable por el esfuerzo físico, mientras sus botas de combate encontraban intuitivamente los puntos de apoyo exactos donde la madera estructural y la cerámica de recubrimiento no crujían bajo su peso.<br />
<br />
El calor abrasador atrapado en las alturas de las viviendas chocaría bruscamente contra su rostro, pero la corriente de aire constante que comenzaba a circular libremente en los niveles superiores de la aldea aliviaría rápidamente la densidad sofocante del ambiente terrestre. Tras superar con un salto largo una terraza vacía de secado de hierbas medicinales y escalar apoyándose en el muro de contención del último anillo residencial, Akira alcanzaría finalmente la cima del relieve urbano: un otero de piedra natural e irregular que sobresalía estratégicamente por encima del límite arquitectónico del distrito.<br />
<br />
Desde aquella posición privilegiada, el joven se pondría de pie lentamente, irguiendo su columna vertebral hasta recuperar su postura de estricto rigor. El viento caliente de la tarde le agitaría los cabellos oscuros del rostro. Abajo, varios cientos de metros a sus pies, el panorama completo y descarnado de la plaza central se desplegaría ante sus ojos con una nitidez absoluta, exponiendo las arterias principales de Konoha latiendo bajo la presión inexorable del esfuerzo bélico. Makey se sentaría justo al borde del precipicio de piedra, envolviendo sus cuartos traseros con la cola blanca, y ambos fijarían su vista en silencio sobre el abismo de la urbe militarizada.<br />
<br />
Desde la cresta de piedra natural, la vista panorámica de la plaza central revelaría la transformación completa del núcleo urbano en un centro de comando logístico. El espacio abierto, diseñado originalmente para el comercio abierto y las celebraciones estacionales, estaría fragmentado en cuadrantes rectangulares mediante vallas de pino y cuerdas de marcado militar. En el lado este, tres carromatos pesados, cargados con cajas de bastimentos y barriles de sellado impermeable, avanzarían en hilera hacia la salida sur, escoltados por una escuadra de ninjas que mantendrían la vista fija en las bocacalles laterales. No habría grupos de civiles contemplando el movimiento; los transeúntes cruzarían los márgenes de la plaza con pasos apresurados, manteniendo la cabeza baja para no interferir con las maniobras de aprovisionamiento.<br />
<br />
Makey se acomodaría a dos centímetros del borde de la piedra, flexionando las patas delanteras hacia adentro hasta ocultar las garras. Su ojo celeste quedaría clavado en la fila de carromatos que abandonaban la plaza, siguiendo la rotación de las ruedas de madera reforzada, mientras que su ojo violeta se mantendría elevado, rastreando la sombra de los halcones de recado que cruzarían el cielo bajo de la tarde en dirección a la torre del mando.<br />
<br />
En el centro exacto del recinto, un Tokubetsu Jōnin estaría reuniendo a un grupo de cuatro genin frente al puesto de distribución de equipo. Los jóvenes, con las bandas frontales recién ajustadas y sin marcas de desgaste en las fundas de sus herramientas, escucharían las instrucciones con los hombros contraídos y las manos apretadas sobre las musleras. La escena atraería la atención de Akira. El joven Hyūga observaría la escena sin parpadear, distinguiendo la rigidez mecánica con la que los novatos asentirían a cada indicación de su superior.<br />
<br />
Makey daría un latigazo seco con la punta de la cola contra la piedra caliente, produciendo un chasquido corto, y giraría únicamente la oreja izquierda hacia la posición de Akira.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Míralos, Makey </span></span>—articularía Akira con voz baja, proyectando las palabras hacia el abismo de la plaza sin alterar su postura erguida—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> Tienen catorce años. Sus instructores les enseñaron a realizar formaciones de tres hombres en los campos de entrenamiento y a memorizar las claves de señales de la aldea. Les dijeron que vestir el chaleco y servir a la Hoja es el fin supremo. Eso es el giri. El deber institucional que convierte la vida de un muchacho en un número de registro dentro de una nómina de despliegue.</span></span><br />
<br />
El gato bajaría la oreja izquierda y erguiría la derecha hacia la torre central, emitiendo un sonido gutural y ahogado, un ronquido rasposo que denotaría advertencia antes de volver a clavar su ojo violeta directamente en la mejilla del shinobi.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Sí, la aldea no puede sobrevivir sin ese mecanismo </span></span>—respondería Akira, respondiendo al movimiento del felino con un leve descenso de la barbilla—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">En una guerra abierta, la cúpula estratégica necesita disponer de piezas que obedezcan la orden de sostener una posición hasta el último aliento. Si el líder de escuadra duda, si el Chūnin a cargo empieza a calcular el valor individual de cada vida antes de ejecutar una retirada táctica o un avance de cobertura, la línea de contención se resquebraja. El giri exige neutralidad absoluta: el objetivo de la misión está por encima del nombre de quien la ejecuta.</span></span><br />
<br />
Makey se incorporaría sobre sus cuatro patas con un movimiento fluido. Caminaría tres pasos a lo largo del borde de la roca, se detendría justo frente a la bota izquierda de Akira y apoyaría una de sus patas delanteras sobre el empeine de cuero del shinobi, presionando con las almohadillas. Su ojo celeste reflejaría la luz metálica de la tarde, mientras el ojo violeta parecería absorber las sombras que comenzaban a alargarse sobre las tejas inferiores.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Ahí es donde el gimu rompe la estructura</span></span> —continuaría Akira, bajando la mirada un segundo hacia la pata del felino antes de volver a fijarla en los genin de la plaza—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> La obligación moral no viene escrita en los pergaminos de misión ni se enseña en la Academia. El gimu es la deuda que adquieres con esos muchachos en el momento en que aceptan caminar detrás de ti hacia una zona de combate. Si los trato como recursos intercambiables para cumplir una directiva de la cúpula, pierdo el derecho de llamarme su sensei. Me convierto simplemente en el engranaje que los conduce al matadero</span></span>.<br />
<br />
El gato replegaría las orejas hacia los lados del cráneo, abriría la boca dejando ver sus colmillos afilados en un maullido mudo y daría un golpe seco con la cola contra la tibia del joven.<br />
<br />
—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sondearía la línea entre ambos conceptos todos los días</span> </span>—afirmaría el Chūnin en tono severo, traduciendo la exigencia implícita en la postura del animal—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Un verdadero sensei no puede entregarse ciegamente al giri y enviar a sus subordinados a morir para mantener intacto un informe de operaciones; pero tampoco puede ceder por completo al gimu y abandonar un objetivo estratégico porque el costo humano sea alto. La guerra te obliga a caminar sobre el borde de una navaja. Si te inclinas demasiado hacia el deber de la aldea, te vuelves un verdugo para tu propia escuadra. Si te inclinas demasiado hacia la protección personal de tus hombres, terminas traicionando el frente que mantiene a salvo al resto de la población civil.</span></span><br />
<br />
Makey retiraría la pata del calzado de Akira. Daría media vuelta sobre la piedra, volvería a sentarse sobre sus cuartos traseros y dirigiría ambos ojos, el celeste y el violeta, hacia el sector norte del distrito comercial, donde las sombras de los edificios comenzaban a fusionarse en una sola franja de penumbra densa. El felino dejaría escapar un chasquido rápido con la lengua, seguido por una ligera vibración de sus vibrisas.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">El sol se está ocultando tras la muralla oeste </span></span>—observaría Akira, interpretando el cambio en la atención del felino—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">La actividad en la plaza cambiará en veinte minutos. Las rondas comerciales se cerrarán y los equipos de vigilancia nocturna ocuparán los puestos de control.</span></span><br />
<br />
Abajo, el grupo de genin terminaría de recibir el equipo básico y comenzaría a marchar en fila india hacia el acceso sur, desapareciendo paulatinamente bajo el marco de uno de los portones de piedra. La plaza quedaría ocupada únicamente por los vigilantes de relevo y los carromatos vacíos que regresaban a los establos de la milicia. La atmósfera se volvería aún más pesada con la caída de la luz natural; la falta de iluminación artificial en las calles principales evidenciaría la orden de oscurecimiento preventivo dictada para evitar señalamientos visuales desde las alturas del valle.<br />
<br />
Makey se pegaría al costado de la pierna de Akira, emitiendo un ronroneo bajo y rítmico que vibraría contra la madera y la piedra de la cumbre. El animal no apartaría la vista de la franja oscura que se extendía entre los techos del distrito interno.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">No podemos limitarnos al rastreo visual en esta zona </span></span>—murmuraría Akira, rompiendo el diálogo en voz alta para adoptar un tono de orden táctica—. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La concentración de suministros en los pasajes subterráneos del mercado crea demasiados puntos ciegos para las patrullas convencionales. Si hay irregularidades en los flujos de chakra de los almacenes, hay que detectarlas antes de que comience el turno nocturno.</span></span><br />
<br />
El joven Hyūga respiraría profundamente, llenando los pulmones con el aire frío que comenzaba a descender desde las colinas. Su torso se mantendria absolutamente rígido, sin el menor balanceo. Lentamente, despegaría los brazos de sus costados y elevaría ambas manos a la altura del rostro, alineando las palmas en un movimiento coordinado mientras sus dedos índice y medio de cada mano iniciarían el ascenso directo hacia los bordes externos de su rostro.<br />
<br />
<br />
Los dedos índice y medio de ambas manos de Akira se posarían con  precisión sobre los puntos de presión ubicados a los lados de sus sienes. Una pulsación sorda, inaudible para el oído humano pero perceptible en la repentina densidad del aire circundante, brotaría desde el núcleo central de su red circulatoria. Las venas periféricas alrededor de sus cuencas oculares se hincharían al instante, ramificándose bajo la piel pálida del rostro como un sistema de raíces densas y palpitantes que buscarían aferrarse violentamente a la estructura ósea de sus pómulos.<br />
<br />
El dōjutsu del clan despertaría en un estallido silencioso de percepción absoluta.<br />
<br />
El espectro visible de la tarde, bañado por el naranja mortecino y pesado del sol descendente, se desvanecería en una fracción de segundo, siendo devorado por una extensión infinita de grises translúcidos. Las estructuras físicas del distrito interno —la madera robusta de los tejados, la argamasa agrietada de los muros, las pesadas tejas cocidas de las zonas residenciales— perderían su solidez opaca, convirtiéndose en contornos fantasmales. Se volverían finas capas de materia permeable que la mirada del Hyūga atravesaría sin encontrar la más mínima resistencia visual.<br />
<br />
Su campo de visión se expandiría de forma esférica, penetrando profundamente la corteza terrestre del sector comercial a sus pies. Debajo de los bazares aparentemente cerrados al público y los callejones sumidos en el más estricto silencio, la verdadera y cruda anatomía logística de Konoha en tiempos de guerra abierta quedaría completamente expuesta. Amplios pasajes subterráneos, flanqueados por vigas de acero y sellos de contención que emitirían un resplandor azulado y constante en su visión, conectarían los silos de grano con las armerías de distribución del sector oeste. Cientos de cajas amontonadas en la más absoluta oscuridad física revelarían su naturaleza a través del rastro de chakra residual de los sellos explosivos, las trampas de contención y los pergaminos de invocación táctica celosamente almacenados.<br />
<br />
Más allá de la infraestructura y el acero, el tapiz humano de la aldea se proyectaría ante sus ojos blancos con una brutalidad desprovista de filtros. En una situación de paz, el flujo colectivo de energía en un distrito residencial masivo se presentaría como un río de luces suaves, expansivas y rítmicas. Sin embargo, lo que Akira observaría desde el otero de piedra sería una red colapsada de nodos crónicamente contraídos.<br />
<br />
Los sistemas circulatorios de los civiles, acurrucados tras las persianas de bambú bajadas y los gruesos muros de adobe, latirían con una vibración errática, un parpadeo tenue y espasmódico concentrado en la boca del estómago y la base del cuello. No haría falta escuchar el llanto ni el tono de sus voces en la oscuridad; el terror crónico de la población no combatiente se manifestaría físicamente en la asfixia de sus canales de energía, encogidos por el peso del confinamiento, la incertidumbre de la supervivencia y el hambre impuesta por un sistema rígidamente racionado.<br />
<br />
En agudo y perturbador contraste, las patrullas shinobi que circularían por las arterias principales destacarían en su visión como pilares de luz densa, agresiva y sumamente inestable. Sus tenketsus permanecerían dilatados al máximo, bombeando gruesos torrentes de chakra hacia las extremidades de manera constante, sin permitirse un solo segundo de descanso. Esta sobrecarga perenne de los canales, diseñada para reaccionar en fracciones de milisegundo ante la posibilidad de una emboscada dentro de los propios muros, evidenciaría el profundo desgaste biológico que la cúpula de mando impondría a sus propios defensores para sostener la línea. La aldea entera no estaría descansando de cara a la noche; estaría hiperventilando, operando peligrosamente al borde de una ruptura sistémica generalizada.<br />
<br />
A trescientos metros de distancia, en la intersección de la avenida principal, el joven Chūnin identificaría a tres guardias cuyas firmas térmicas mostrarían fisuras minúsculas en el flujo continuo de sus brazos y rodillas, indicativos claros e irrefutables de fatiga muscular severa y uso excesivo de ninjutsu sin el protocolo de recuperación adecuado. Akira registraría la posición exacta de cada centinela debilitado, la profundidad de los nuevos almacenes ocultos y la ubicación de las trampillas falsas que los mercaderes intentarían camuflar, procesando cada fragmento de información táctica con la frialdad inmutable y mecánica de un cartógrafo militar.<br />
<br />
A su lado, Makey mantendría una quietud estatutaria absoluta. El felino, completamente ajeno a la visión monocromática pero hipersensible a la intensa radiación de chakra emanada por el dōjutsu activo, no emitiría el más leve sonido. Su ojo celeste y su ojo violeta permanecerían clavados en la línea del horizonte oscurecido, con la cola de pelaje blanco envuelta pulcramente alrededor de sus patas delanteras, respetando la profunda concentración de la técnica sin intervenir ni demandar atención.<br />
<br />
Tras completar un tercer barrido exhaustivo y milimétrico de trescientos sesenta grados que abarcaría desde los pesados portones del flanco oeste hasta los enormes contrafuertes de cimentación de la torre del Hokage, Akira dejaría caer las manos, despegando los dedos de su rostro.<br />
<br />
La intensa presión concentrada en la base de su cráneo cedería de inmediato. Las gruesas venas que marcarían el relieve de sus sienes se contraerían lentamente, fundiéndose de nuevo bajo la piel hasta desaparecer por completo sin dejar rastro del esfuerzo. La intrincada paleta de infinitos grises se fracturaría como un cristal golpeado, permitiendo que las sombras densas de la noche y los escasos reflejos de las lámparas de aceite inundarían nuevamente su campo visual ordinario. El peso aplastante de la aldea material volvería a asentarse físicamente sobre sus hombros. La asfixia palpable de la guerra, instantes antes vista en flujos luminosos y espasmódicos, regresaría a ser el simple y llano silencio tenso de los callejones oscuros y el persistente olor a metal caliente proveniente de las forjas del norte.<br />
<br />
No habría suspiros para liberar la carga visual, ni la más mínima alteración en el ritmo pausado de su respiración diafragmática. Akira no parpadearía más de lo estrictamente necesario para devolver la humedad natural a sus pupilas. El conocimiento absoluto de la fragilidad estructural y emocional de la aldea quedaría archivado de forma hermética detrás de su expresión inescrutable de porcelana.<br />
<br />
Makey se levantaría sobre la piedra fría, estiraría las patas delanteras hasta arquear el lomo en una línea tensa, y comenzaría a descender con gracia por la pendiente de las tejas sin esperar ninguna orden verbal, marcando la ruta táctica de regreso al nivel del suelo empedrado.<br />
<br />
Akira seguiría los pasos del felino en silencio. Su descenso vertical sería un calco exacto y metódico del ascenso previo: movimientos corporales limpios, apoyos precisos sobre las vigas transversales más resistentes y caídas perfectamente amortiguadas que no producirían el más mínimo roce de cuero contra la madera. Al tocar finalmente los adoquines húmedos del callejón secundario, la imponente sombra de los altos edificios ya devoraría por completo cualquier rastro de luz natural.<br />
<br />
El shinobi caminaría cincuenta pasos ininterrumpidos hacia el norte, emergiendo en la plazoleta de distribución del sector comercial interno. Allí, cobijadas bajo el halo amarillento y parpadeante de una farola de aceite recién encendida, dos figuras uniformadas con chalecos tácticos aguardarían en postura de estricto descanso militar. El equipo oficial de relevo nocturno.<br />
<br />
Akira se detendría a exactamente tres pasos de distancia del binomio. El líder de la nueva patrulla levantaría la mano derecha a la altura del esternón, ejecutando el mismo saludo silencioso y minimalista de dos dedos, con el rostro oculto bajo la sombra de su protector frontal. Akira respondería al gesto con un leve, milimétrico y seco descenso de la barbilla. No se intercambiarían densos reportes verbales ni advertencias en voz alta; la simple ausencia de señales corporales de alarma constituiría todo el informe situacional que el protocolo de guerra exigiría.<br />
<br />
El joven Hyūga giraría limpiamente sobre sus talones, dando la espalda a los distritos de abastecimiento, y emprendería la marcha definitiva hacia la frialdad de los barracones de descanso, con el felino bicolor trotando como una pequeña sombra incondicional a su lado, perdiéndose ambos en la negrura de los callejones.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14897" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aprobada aqui</a><br />
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<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">55 de Verano / Konoha no Sato (Distritos Internos)</span></div>
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<hr class="mycode_hr" />
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<br />
El calor del cincuenta y cinco de Verano descendería sobre los tejados de Konohagakure no Sato con una densidad seca, levantando una polvareda fina que quedaría suspendida en las avenidas principales. La luz solar de mediodía golpearía los muros de madera sin encontrar el refresco habitual de las corrientes de montaña. En la vía central que conectaba el distrito residencial con el área de abastecimiento, los cambios estructurales imposibilitados de ocultar revelarían la transición del asentamiento hacia un estado de movilización abierta.<br />
<br />
En los cruces de calle principales, las vigas de cedro reforzadas con abrazaderas de hierro ocuparían el espacio donde semanas atrás circulaban con fluidez los carros de los mercaderes procedentes del sur. Puestos de control secundarios, atendidos por parejas de shinobi que inspeccionaban la carga de las carretas con varillas de madera y sellos de detección, reducirían el paso a una sola hilera. Las fachadas de las tiendas de telas y cerámica mantendrían las persianas de tablones bajadas hasta la mitad, dejando ver únicamente mostradores semivacíos y carteles de madera donde las tablas de precios habían sido cubiertas con trazos recientes de tinta negra para marcar las cuotas de ración permitidas por la administración.<br />
<br />
Akira avanzaría por el borde izquierdo de la calzada, manteniendo una zancada uniforme y pausada. Sus plantas de los pies golpearla el camino de tierra apisonada con la cadencia exacta que la disciplina del clan exigía para no balancear el centro de gravedad. Sus brazos descansarían con soltura a los costados del cuerpo, y la línea de sus hombros se mantendría nivelada, paralela a las repisas de las viviendas, reproduciendo el porte erguido y rígido que los instructores de la rama noble imponían en los terrenos de instrucción.<br />
<br />
A la derecha del camino, una fila de civiles aguardaría en silencio frente al depósito público de granos, sosteniendo fichas de latón en las manos sin que se escucharan las conversaciones habituales del mercado. El único sonido constante sería el crujido del grano al ser vertido en sacos de arpillera y el golpe seco de los sellos de registro al marcar los pases de suministro.<br />
<br />
Sobre el muro de piedra que delimitaba el canal de agua seco, Makey trotaría a la par del joven Hyūga. El felino mantendría el lomo alineado con la albardilla del muro, esquivando las grietas del mortero con saltos cortos y amortiguados. Su ojo celeste permanecería enfocado en el movimiento de los centinelas del puesto de control frontal, mientras que su ojo violeta captaría la sombra de los transeúntes que se apartaban hacia las paredes al detectar el paso de la patrulla.<br />
<br />
Makey haría una pausa sobre un bloque de granito sobresaliente, ladearía las orejas hacia la hileras de sacos de grano y dejaría escapar un leve chasquido con la lengua antes de volver a bajar la cabeza.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">El cálculo de raciones no cuadra con la cosecha de inicios de estación </span></span>—murmuraría Akira, sin girar el rostro hacia el muro, manteniendo la voz amortiguada por el murmullo ambiental de la calle—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Si redujeron la entrega de mijo a la mitad en este distrito, es porque los depósitos subterráneos del sector norte ya están cerrados bajo sello estratégico.</span></span><br />
<br />
El gato daría dos pasos rápidos, erguiría la cola en un ángulo recto y desplazaría la mirada bicolora directamente hacia la cara del shinobi, dejando ver el destello de sus garras retráctiles al apoyarse en la piedra caliente.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Tienes razón </span></span>—concedería el Chūnin, respondiendo al movimiento del animal con un imperceptible asentimiento de mentón—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">No es solo la comida. Las herrerías del sector tres llevan cuatro días sin apagar los hornos de noche. El humo que baja por la colina huele a templado de ballestas y no a reparación de aperos agrícolas.</span></span><br />
<br />
Makey bajaría del muro con un salto ágil, posando las patas sobre el polvo de la acera justo al lado de la bota de Akira. El gato rozaría el tobillo del joven con el costado de su cuerpo una sola vez, emitiendo un sonido gutural bajo que vibraría apenas por encima del ruido de los carromatos.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">La aldea siempre aprende a sonreír para las visitas </span></span>—continuaría Akira, cruzando el perímetro del puesto de control donde los guardias asentirían levemente al ver el paso de la pareja—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Pero cuando las carretas regresan vacías del interior y las patrullas nocturnas duplican su personal en las avenidas comerciales, el maquillaje se cae. La gente ya no mira los carteles del tablero de misiones; miran el color de los pergaminos que llevan los mensajeros en la cintura.</span></span><br />
<br />
Un grupo de tres niños que correría cerca de un pozo de agua cerrado con candado de hierro se detendría en seco al cruzarse con el shinobi. Los pequeños se pegarían a la pared de madera de una vivienda, observando el desplazamiento mecánico del vigilante sin emitir un solo grito de juego. La escena reforzaría la pesadez que impregnaba los tramos urbanos: incluso el ruido infantil había sido sofocado por la instrucción implícita de los adultos de no llamar la atención en las vías públicas.<br />
<br />
Makey se adelantaría tres pasos, deteniéndose en la esquina donde la calzada principal de tierra se dividía hacia la zona de los bazares cerrados. El animal giraría únicamente la cabeza, clavando su ojo violeta en la entrada estrecha de un pasaje secundario donde las tablas del suelo se encontraban cubiertas por postes rotos y sombrillas de tela desmontadas. Sus vibrisas temblarían al detectar la falta de circulación de aire en el callejón.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Por ahí la patrulla previa marcó irregularidades de almacenamiento </span></span>—comentaría Akira en dirección al felino, haciendo una breve pausa para ajustar la cadencia de su marcha—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Ningún comerciante deja las cajas de empaque frente a la puerta trasera en la cincuenta de verano si no está intentando despejar el interior a toda prisa para el inventario de la milicia.</span></span><br />
<br />
El gato emitiría un maullido seco, un tono rasgado que cortaría la monotonía del calor del mediodía, y desaparecería en la sombra del callejón antes de que Akira diera el siguiente paso.<br />
<br />
El joven Hyūga aceleraría la marcha apenas lo necesario para no perder la distancia de cobertura, dirigiendo la vista hacia el marco sombrío que formaban los aleros voladizos de los establecimientos. La polvareda de la calle principal quedaría atrás a medida que sus botas se aproximaran a la entrada del pasaje interno del distrito comercial, justo en el punto donde la luz solar de la tarde no lograba penetrar la densidad de las vigas superiores.<br />
<br />
La penumbra del pasaje secundario tragaría el calor sofocante de la calzada principal tan pronto como Akira cruzara el umbral de los aleros superpuestos. El aire en aquel sector carecería de la sequedad del polvo expuesto al sol, siendo reemplazado por un olor acre a madera húmeda, grasa de carreta y repollo fermentado. A ambos lados de la vía estrecha, las puertas de servicio de los negocios permanecerían entornadas, aseguradas con pesadas cuñas de pino desde el interior para evitar aperturas bruscas. Makey avanzaría a ras del suelo, fundiendo el blanco inmaculado de su pelaje con la paleta de grises y marrones de los adoquines irregulares cubiertos de musgo seco.<br />
<br />
A quince pasos de la entrada, el sonido rasgueante de madera arrastrada contra piedra detendría momentáneamente la cadencia de la patrulla. En una hendidura del callejón, un anciano encorvado, envuelto en un mandil manchado de aceite de sésamo, estaría empujando una caja reforzada hacia el interior de un foso oculto bajo una trampilla falsa. Al percibir la sombra alargada del shinobi sobre el muro, el mercader congelaría su movimiento al instante. Sus nudillos se volverían blancos por la presión desesperada ejercida sobre los bordes de la caja de salazones. Akira no desviaría su ruta ni haría el menor ademán de aproximar la mano a las cartucheras de su pierna. Simplemente mantendría el ritmo constante de sus pasos, clavando la mirada inexpresiva en el rostro pálido del civil. El viejo bajaría la cabeza, apresurando el empuje de la carga hacia la oscuridad en un mutismo tenso, y cerraría la trampilla con un golpe sordo justo cuando el joven Hyūga pasaba de largo a escasos centímetros de su hombro.<br />
<br />
Makey se detendría en seco sobre la bisagra metálica recién encajada en el suelo. El felino rascaría la madera gruesa con una sola garra, produciendo un chirrido agudo, para luego girar el cuello y clavar su ojo celeste en el perfil inmutable de Akira.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Ignoraría el protocolo de requisa esta vez</span></span> —susurraría el Chūnin, respondiendo al gesto del animal sin alterar la marcha—. Si las reservas del distrito comercial se confiscan mañana bajo los decretos de guerra, esa mísera caja de pescado seco será la única diferencia entre la vida y el hambre para su familia cuando llegue la primera nevada del año.<br />
<br />
El gato daría un salto corto, alcanzando el borde irregular de una ventana tapiada con tablones desiguales. Desde allí, sacudiría la cola de lado a lado con extrema lentitud, manteniendo el ojo violeta fijo en la profundidad sombría del pasaje, como si analizara las fisuras de los muros.<br />
<br />
—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sí, la cúpula de mando diría que es acaparamiento ilícito bajo estado de excepción</span></span> —continuaría Akira, modulando la voz en un tono plano para que las palabras murieran a un metro de distancia—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> Pero la paz siempre fue una ilusión táctica, Makey. Una pausa artificial, pactada en reuniones a puerta cerrada, cuyo único fin era ganar tiempo para que las academias pudieran imprimir más pergaminos y las forjas lograran ensamblar más acero. Ahora que la máscara de la diplomacia diplomática en el País de las Olas se resquebraja, las reglas cambian. El shinobi ya no protege a la aldea como un escudo; la aldea debe desangrarse voluntariamente para alimentar al shinobi en la línea del frente.</span></span><br />
<br />
El felino arquearía la espina dorsal y dejaría escapar un bufido áspero, casi un ronquido ronco proveniente del fondo de su pecho, mientras sus orejas se aplanaban hacia atrás en señal de inconformidad.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Esa es la paradoja del conflicto a gran escala </span></span>—afirmaría el joven, ralentizando un segundo su marcha para ajustar la cincha de lona de su equipo táctico y aliviar la presión sobre su clavícula—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> En tiempos de calma relativa, nuestra directiva primordial es la preservación de la vida del civil. Pero al declararse la guerra abierta, el civil pasa a convertirse en un recurso logístico prescindible. Un engranaje más, diseñado exclusivamente para sostener la maquinaria de suministro. La transición es brutal, y nadie baja a estos callejones a explicarles la verdad hasta que las raciones se cortan y las salidas de la aldea se sellan por fuera.</span></span><br />
<br />
El callejón desembocaría gradualmente en un sector residencial de tránsito restringido. Allí, las viviendas tradicionales de dos plantas se apretaban unas contra otras, ahogando el paso de las corrientes de aire. Las persianas enrollables de bambú de los pisos superiores permanecerían bajadas hasta el alféizar, pero el leve crujido de las cuerdas tensadas y las sombras proyectadas esporádicamente tras los enrejados delatarían la presencia de docenas de personas observando la calle en silencio. El peso psicológico de la guerra inminente se palparía en esa quietud asfixiante; los patios internos, usualmente cargados del ruido de los niños y el traqueteo de los lavaderos, yacerían sumidos en un mutismo absoluto.<br />
<br />
En la intersección empedrada que conectaba con el ala oeste, dos guardias locales pertenecientes a las fuerzas de seguridad interna cruzarían perpendicularmente su ruta. Ambos hombres mostrarían ojeras pronunciadas de un tono violáceo y marcas de deshidratación en las comisuras de los labios. Al coincidir con el Chūnin en el cruce de caminos, los tres shinobis ralentizarían sus movimientos de forma sincrónica, como engranajes de un mismo reloj. No habría intercambio de contraseñas verbales, ni requerimientos de identificación. El guardia de la izquierda elevaría dos dedos de la mano derecha a la altura del pecho, un gesto táctico minimalista que indicaba ausencia de anomalías críticas en su cuadrante, pero sus ojos cansados evitarían buscar el contacto visual directo. Akira correspondería ejecutando un leve y seco descenso de la barbilla, confirmando la recepción del parte silencioso.<br />
<br />
El encuentro se resolvería en menos de tres segundos, dejando tras de sí únicamente el roce apagado de las suelas de goma contra la piedra sobrecalentada.<br />
<br />
Makey trotaría con elegancia hasta un barril de recolección pluvial abandonado cerca de un pórtico y olfatearía el borde reseco de la madera. El animal se giraría entonces hacia el sur, clavando sus dos pupilas discordantes en la estructura escalonada de los tejados que ascendían en capas concéntricas hacia la parte alta de la aldea. Un maullido corto, metálico y urgente brotaría de su garganta, seguido inmediatamente por un salto vertical que lo llevaría hasta el primer tejadillo de tejas cocidas rojas.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Entendería que el nivel del suelo ya no ofrece la perspectiva táctica necesaria</span></span> —concordaría Akira, siguiendo la trayectoria impecable del gato con una mirada fría—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Las sombras de las cornisas ocultan los detalles pequeños, pero desde los techos, los patrones de movimiento de una aldea entera no pueden esconderse.</span></span><br />
<br />
El shinobi flexionaría imperceptiblemente las rodillas y canalizaría una fracción minúscula de chakra hacia los tenketsus de las plantas de sus pies. Sin emitir un solo sonido que perturbara el silencio del sector residencial, su cuerpo se impulsaría hacia arriba. Alcanzaría el alero de madera de la primera vivienda sin esfuerzo. Sus manos se aferrarían a la cornisa desgastada por el clima y, con un movimiento fluido de tracción de brazos y torso, superaría el borde para caer en una perfecta posición de cuclillas sobre la pendiente de tejas superpuestas.<br />
<br />
Makey ya lo estaría esperando dos metros más arriba, escalando con destreza milimétrica entre las salidas de humo de adobe frío. Akira emprendería el ascenso continuo, utilizando las uniones estructurales de los techos, las chimeneas y las vigas expuestas de los corredores colgantes para ganar altitud de forma escalonada. Su respiración se mantendría rítmica, inalterable por el esfuerzo físico, mientras sus botas de combate encontraban intuitivamente los puntos de apoyo exactos donde la madera estructural y la cerámica de recubrimiento no crujían bajo su peso.<br />
<br />
El calor abrasador atrapado en las alturas de las viviendas chocaría bruscamente contra su rostro, pero la corriente de aire constante que comenzaba a circular libremente en los niveles superiores de la aldea aliviaría rápidamente la densidad sofocante del ambiente terrestre. Tras superar con un salto largo una terraza vacía de secado de hierbas medicinales y escalar apoyándose en el muro de contención del último anillo residencial, Akira alcanzaría finalmente la cima del relieve urbano: un otero de piedra natural e irregular que sobresalía estratégicamente por encima del límite arquitectónico del distrito.<br />
<br />
Desde aquella posición privilegiada, el joven se pondría de pie lentamente, irguiendo su columna vertebral hasta recuperar su postura de estricto rigor. El viento caliente de la tarde le agitaría los cabellos oscuros del rostro. Abajo, varios cientos de metros a sus pies, el panorama completo y descarnado de la plaza central se desplegaría ante sus ojos con una nitidez absoluta, exponiendo las arterias principales de Konoha latiendo bajo la presión inexorable del esfuerzo bélico. Makey se sentaría justo al borde del precipicio de piedra, envolviendo sus cuartos traseros con la cola blanca, y ambos fijarían su vista en silencio sobre el abismo de la urbe militarizada.<br />
<br />
Desde la cresta de piedra natural, la vista panorámica de la plaza central revelaría la transformación completa del núcleo urbano en un centro de comando logístico. El espacio abierto, diseñado originalmente para el comercio abierto y las celebraciones estacionales, estaría fragmentado en cuadrantes rectangulares mediante vallas de pino y cuerdas de marcado militar. En el lado este, tres carromatos pesados, cargados con cajas de bastimentos y barriles de sellado impermeable, avanzarían en hilera hacia la salida sur, escoltados por una escuadra de ninjas que mantendrían la vista fija en las bocacalles laterales. No habría grupos de civiles contemplando el movimiento; los transeúntes cruzarían los márgenes de la plaza con pasos apresurados, manteniendo la cabeza baja para no interferir con las maniobras de aprovisionamiento.<br />
<br />
Makey se acomodaría a dos centímetros del borde de la piedra, flexionando las patas delanteras hacia adentro hasta ocultar las garras. Su ojo celeste quedaría clavado en la fila de carromatos que abandonaban la plaza, siguiendo la rotación de las ruedas de madera reforzada, mientras que su ojo violeta se mantendría elevado, rastreando la sombra de los halcones de recado que cruzarían el cielo bajo de la tarde en dirección a la torre del mando.<br />
<br />
En el centro exacto del recinto, un Tokubetsu Jōnin estaría reuniendo a un grupo de cuatro genin frente al puesto de distribución de equipo. Los jóvenes, con las bandas frontales recién ajustadas y sin marcas de desgaste en las fundas de sus herramientas, escucharían las instrucciones con los hombros contraídos y las manos apretadas sobre las musleras. La escena atraería la atención de Akira. El joven Hyūga observaría la escena sin parpadear, distinguiendo la rigidez mecánica con la que los novatos asentirían a cada indicación de su superior.<br />
<br />
Makey daría un latigazo seco con la punta de la cola contra la piedra caliente, produciendo un chasquido corto, y giraría únicamente la oreja izquierda hacia la posición de Akira.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Míralos, Makey </span></span>—articularía Akira con voz baja, proyectando las palabras hacia el abismo de la plaza sin alterar su postura erguida—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> Tienen catorce años. Sus instructores les enseñaron a realizar formaciones de tres hombres en los campos de entrenamiento y a memorizar las claves de señales de la aldea. Les dijeron que vestir el chaleco y servir a la Hoja es el fin supremo. Eso es el giri. El deber institucional que convierte la vida de un muchacho en un número de registro dentro de una nómina de despliegue.</span></span><br />
<br />
El gato bajaría la oreja izquierda y erguiría la derecha hacia la torre central, emitiendo un sonido gutural y ahogado, un ronquido rasposo que denotaría advertencia antes de volver a clavar su ojo violeta directamente en la mejilla del shinobi.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Sí, la aldea no puede sobrevivir sin ese mecanismo </span></span>—respondería Akira, respondiendo al movimiento del felino con un leve descenso de la barbilla—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">En una guerra abierta, la cúpula estratégica necesita disponer de piezas que obedezcan la orden de sostener una posición hasta el último aliento. Si el líder de escuadra duda, si el Chūnin a cargo empieza a calcular el valor individual de cada vida antes de ejecutar una retirada táctica o un avance de cobertura, la línea de contención se resquebraja. El giri exige neutralidad absoluta: el objetivo de la misión está por encima del nombre de quien la ejecuta.</span></span><br />
<br />
Makey se incorporaría sobre sus cuatro patas con un movimiento fluido. Caminaría tres pasos a lo largo del borde de la roca, se detendría justo frente a la bota izquierda de Akira y apoyaría una de sus patas delanteras sobre el empeine de cuero del shinobi, presionando con las almohadillas. Su ojo celeste reflejaría la luz metálica de la tarde, mientras el ojo violeta parecería absorber las sombras que comenzaban a alargarse sobre las tejas inferiores.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Ahí es donde el gimu rompe la estructura</span></span> —continuaría Akira, bajando la mirada un segundo hacia la pata del felino antes de volver a fijarla en los genin de la plaza—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"> La obligación moral no viene escrita en los pergaminos de misión ni se enseña en la Academia. El gimu es la deuda que adquieres con esos muchachos en el momento en que aceptan caminar detrás de ti hacia una zona de combate. Si los trato como recursos intercambiables para cumplir una directiva de la cúpula, pierdo el derecho de llamarme su sensei. Me convierto simplemente en el engranaje que los conduce al matadero</span></span>.<br />
<br />
El gato replegaría las orejas hacia los lados del cráneo, abriría la boca dejando ver sus colmillos afilados en un maullido mudo y daría un golpe seco con la cola contra la tibia del joven.<br />
<br />
—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sondearía la línea entre ambos conceptos todos los días</span> </span>—afirmaría el Chūnin en tono severo, traduciendo la exigencia implícita en la postura del animal—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Un verdadero sensei no puede entregarse ciegamente al giri y enviar a sus subordinados a morir para mantener intacto un informe de operaciones; pero tampoco puede ceder por completo al gimu y abandonar un objetivo estratégico porque el costo humano sea alto. La guerra te obliga a caminar sobre el borde de una navaja. Si te inclinas demasiado hacia el deber de la aldea, te vuelves un verdugo para tu propia escuadra. Si te inclinas demasiado hacia la protección personal de tus hombres, terminas traicionando el frente que mantiene a salvo al resto de la población civil.</span></span><br />
<br />
Makey retiraría la pata del calzado de Akira. Daría media vuelta sobre la piedra, volvería a sentarse sobre sus cuartos traseros y dirigiría ambos ojos, el celeste y el violeta, hacia el sector norte del distrito comercial, donde las sombras de los edificios comenzaban a fusionarse en una sola franja de penumbra densa. El felino dejaría escapar un chasquido rápido con la lengua, seguido por una ligera vibración de sus vibrisas.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">El sol se está ocultando tras la muralla oeste </span></span>—observaría Akira, interpretando el cambio en la atención del felino—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">La actividad en la plaza cambiará en veinte minutos. Las rondas comerciales se cerrarán y los equipos de vigilancia nocturna ocuparán los puestos de control.</span></span><br />
<br />
Abajo, el grupo de genin terminaría de recibir el equipo básico y comenzaría a marchar en fila india hacia el acceso sur, desapareciendo paulatinamente bajo el marco de uno de los portones de piedra. La plaza quedaría ocupada únicamente por los vigilantes de relevo y los carromatos vacíos que regresaban a los establos de la milicia. La atmósfera se volvería aún más pesada con la caída de la luz natural; la falta de iluminación artificial en las calles principales evidenciaría la orden de oscurecimiento preventivo dictada para evitar señalamientos visuales desde las alturas del valle.<br />
<br />
Makey se pegaría al costado de la pierna de Akira, emitiendo un ronroneo bajo y rítmico que vibraría contra la madera y la piedra de la cumbre. El animal no apartaría la vista de la franja oscura que se extendía entre los techos del distrito interno.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">No podemos limitarnos al rastreo visual en esta zona </span></span>—murmuraría Akira, rompiendo el diálogo en voz alta para adoptar un tono de orden táctica—. <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La concentración de suministros en los pasajes subterráneos del mercado crea demasiados puntos ciegos para las patrullas convencionales. Si hay irregularidades en los flujos de chakra de los almacenes, hay que detectarlas antes de que comience el turno nocturno.</span></span><br />
<br />
El joven Hyūga respiraría profundamente, llenando los pulmones con el aire frío que comenzaba a descender desde las colinas. Su torso se mantendria absolutamente rígido, sin el menor balanceo. Lentamente, despegaría los brazos de sus costados y elevaría ambas manos a la altura del rostro, alineando las palmas en un movimiento coordinado mientras sus dedos índice y medio de cada mano iniciarían el ascenso directo hacia los bordes externos de su rostro.<br />
<br />
<br />
Los dedos índice y medio de ambas manos de Akira se posarían con  precisión sobre los puntos de presión ubicados a los lados de sus sienes. Una pulsación sorda, inaudible para el oído humano pero perceptible en la repentina densidad del aire circundante, brotaría desde el núcleo central de su red circulatoria. Las venas periféricas alrededor de sus cuencas oculares se hincharían al instante, ramificándose bajo la piel pálida del rostro como un sistema de raíces densas y palpitantes que buscarían aferrarse violentamente a la estructura ósea de sus pómulos.<br />
<br />
El dōjutsu del clan despertaría en un estallido silencioso de percepción absoluta.<br />
<br />
El espectro visible de la tarde, bañado por el naranja mortecino y pesado del sol descendente, se desvanecería en una fracción de segundo, siendo devorado por una extensión infinita de grises translúcidos. Las estructuras físicas del distrito interno —la madera robusta de los tejados, la argamasa agrietada de los muros, las pesadas tejas cocidas de las zonas residenciales— perderían su solidez opaca, convirtiéndose en contornos fantasmales. Se volverían finas capas de materia permeable que la mirada del Hyūga atravesaría sin encontrar la más mínima resistencia visual.<br />
<br />
Su campo de visión se expandiría de forma esférica, penetrando profundamente la corteza terrestre del sector comercial a sus pies. Debajo de los bazares aparentemente cerrados al público y los callejones sumidos en el más estricto silencio, la verdadera y cruda anatomía logística de Konoha en tiempos de guerra abierta quedaría completamente expuesta. Amplios pasajes subterráneos, flanqueados por vigas de acero y sellos de contención que emitirían un resplandor azulado y constante en su visión, conectarían los silos de grano con las armerías de distribución del sector oeste. Cientos de cajas amontonadas en la más absoluta oscuridad física revelarían su naturaleza a través del rastro de chakra residual de los sellos explosivos, las trampas de contención y los pergaminos de invocación táctica celosamente almacenados.<br />
<br />
Más allá de la infraestructura y el acero, el tapiz humano de la aldea se proyectaría ante sus ojos blancos con una brutalidad desprovista de filtros. En una situación de paz, el flujo colectivo de energía en un distrito residencial masivo se presentaría como un río de luces suaves, expansivas y rítmicas. Sin embargo, lo que Akira observaría desde el otero de piedra sería una red colapsada de nodos crónicamente contraídos.<br />
<br />
Los sistemas circulatorios de los civiles, acurrucados tras las persianas de bambú bajadas y los gruesos muros de adobe, latirían con una vibración errática, un parpadeo tenue y espasmódico concentrado en la boca del estómago y la base del cuello. No haría falta escuchar el llanto ni el tono de sus voces en la oscuridad; el terror crónico de la población no combatiente se manifestaría físicamente en la asfixia de sus canales de energía, encogidos por el peso del confinamiento, la incertidumbre de la supervivencia y el hambre impuesta por un sistema rígidamente racionado.<br />
<br />
En agudo y perturbador contraste, las patrullas shinobi que circularían por las arterias principales destacarían en su visión como pilares de luz densa, agresiva y sumamente inestable. Sus tenketsus permanecerían dilatados al máximo, bombeando gruesos torrentes de chakra hacia las extremidades de manera constante, sin permitirse un solo segundo de descanso. Esta sobrecarga perenne de los canales, diseñada para reaccionar en fracciones de milisegundo ante la posibilidad de una emboscada dentro de los propios muros, evidenciaría el profundo desgaste biológico que la cúpula de mando impondría a sus propios defensores para sostener la línea. La aldea entera no estaría descansando de cara a la noche; estaría hiperventilando, operando peligrosamente al borde de una ruptura sistémica generalizada.<br />
<br />
A trescientos metros de distancia, en la intersección de la avenida principal, el joven Chūnin identificaría a tres guardias cuyas firmas térmicas mostrarían fisuras minúsculas en el flujo continuo de sus brazos y rodillas, indicativos claros e irrefutables de fatiga muscular severa y uso excesivo de ninjutsu sin el protocolo de recuperación adecuado. Akira registraría la posición exacta de cada centinela debilitado, la profundidad de los nuevos almacenes ocultos y la ubicación de las trampillas falsas que los mercaderes intentarían camuflar, procesando cada fragmento de información táctica con la frialdad inmutable y mecánica de un cartógrafo militar.<br />
<br />
A su lado, Makey mantendría una quietud estatutaria absoluta. El felino, completamente ajeno a la visión monocromática pero hipersensible a la intensa radiación de chakra emanada por el dōjutsu activo, no emitiría el más leve sonido. Su ojo celeste y su ojo violeta permanecerían clavados en la línea del horizonte oscurecido, con la cola de pelaje blanco envuelta pulcramente alrededor de sus patas delanteras, respetando la profunda concentración de la técnica sin intervenir ni demandar atención.<br />
<br />
Tras completar un tercer barrido exhaustivo y milimétrico de trescientos sesenta grados que abarcaría desde los pesados portones del flanco oeste hasta los enormes contrafuertes de cimentación de la torre del Hokage, Akira dejaría caer las manos, despegando los dedos de su rostro.<br />
<br />
La intensa presión concentrada en la base de su cráneo cedería de inmediato. Las gruesas venas que marcarían el relieve de sus sienes se contraerían lentamente, fundiéndose de nuevo bajo la piel hasta desaparecer por completo sin dejar rastro del esfuerzo. La intrincada paleta de infinitos grises se fracturaría como un cristal golpeado, permitiendo que las sombras densas de la noche y los escasos reflejos de las lámparas de aceite inundarían nuevamente su campo visual ordinario. El peso aplastante de la aldea material volvería a asentarse físicamente sobre sus hombros. La asfixia palpable de la guerra, instantes antes vista en flujos luminosos y espasmódicos, regresaría a ser el simple y llano silencio tenso de los callejones oscuros y el persistente olor a metal caliente proveniente de las forjas del norte.<br />
<br />
No habría suspiros para liberar la carga visual, ni la más mínima alteración en el ritmo pausado de su respiración diafragmática. Akira no parpadearía más de lo estrictamente necesario para devolver la humedad natural a sus pupilas. El conocimiento absoluto de la fragilidad estructural y emocional de la aldea quedaría archivado de forma hermética detrás de su expresión inescrutable de porcelana.<br />
<br />
Makey se levantaría sobre la piedra fría, estiraría las patas delanteras hasta arquear el lomo en una línea tensa, y comenzaría a descender con gracia por la pendiente de las tejas sin esperar ninguna orden verbal, marcando la ruta táctica de regreso al nivel del suelo empedrado.<br />
<br />
Akira seguiría los pasos del felino en silencio. Su descenso vertical sería un calco exacto y metódico del ascenso previo: movimientos corporales limpios, apoyos precisos sobre las vigas transversales más resistentes y caídas perfectamente amortiguadas que no producirían el más mínimo roce de cuero contra la madera. Al tocar finalmente los adoquines húmedos del callejón secundario, la imponente sombra de los altos edificios ya devoraría por completo cualquier rastro de luz natural.<br />
<br />
El shinobi caminaría cincuenta pasos ininterrumpidos hacia el norte, emergiendo en la plazoleta de distribución del sector comercial interno. Allí, cobijadas bajo el halo amarillento y parpadeante de una farola de aceite recién encendida, dos figuras uniformadas con chalecos tácticos aguardarían en postura de estricto descanso militar. El equipo oficial de relevo nocturno.<br />
<br />
Akira se detendría a exactamente tres pasos de distancia del binomio. El líder de la nueva patrulla levantaría la mano derecha a la altura del esternón, ejecutando el mismo saludo silencioso y minimalista de dos dedos, con el rostro oculto bajo la sombra de su protector frontal. Akira respondería al gesto con un leve, milimétrico y seco descenso de la barbilla. No se intercambiarían densos reportes verbales ni advertencias en voz alta; la simple ausencia de señales corporales de alarma constituiría todo el informe situacional que el protocolo de guerra exigiría.<br />
<br />
El joven Hyūga giraría limpiamente sobre sus talones, dando la espalda a los distritos de abastecimiento, y emprendería la marcha definitiva hacia la frialdad de los barracones de descanso, con el felino bicolor trotando como una pequeña sombra incondicional a su lado, perdiéndose ambos en la negrura de los callejones.]]></content:encoded>
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