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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Pais del Fuego]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 14:48:01 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[[Side Ques|C] La Arboleda de los Perdidos]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15098</link>
			<pubDate>Sat, 10 Oct 2026 12:25:23 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=62">Narrador Hebi-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15098</guid>
			<description><![CDATA[<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La Arboleda de los Perdidos</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/OABTqaR.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: OABTqaR.jpeg]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Konoha conoció la oscuridad a mitad del día.<br />
<br />
El invierno había llegado, aunque del cielo caía una calina oscura en lugar de nieve. Una espesa concentración de nubes había sepultado el sol, extendiendo sobre la aldea una penumbra semejante a las últimas horas del crepúsculo. Los animales permanecían refugiados en sus madrigueras y el bosque que rodeaba la muralla había adquirido una quietud extraña. Apenas se escuchaba el crujido ocasional de las ramas, agitadas por un viento que recorría las copas de los árboles.<br />
<br />
Cerca de las puertas de la aldea, donde durante generaciones había existido una arboleda conocida por sus habitantes, el paisaje había cambiado. Los árboles se agrupaban ahora en dos enormes murallas de troncos retorcidos, con raíces endurecidas que se entrelazaban bajo la tierra y ramas que formaban una bóveda sobre un sendero desconocido. Aquella espesura reclamaba para sí una porción del País del Fuego, ocultándola tras una barrera de madera, hojas marchitas y espinos.<br />
<br />
Entre ambas murallas se levantaba un viejo torii de madera oscurecida, cubierto por cuerdas, telas y máscaras ceremoniales. Más allá de sus pilares, una sucesión de lámparas envejecidas iluminaba el camino con pequeños resplandores anaranjados, semejantes a estrellas extraviadas entre los árboles. El sendero se internaba en la arboleda hasta desaparecer en una neblina grisácea, acompañado por estandartes que pendían inmóviles entre las ramas.<br />
<br />
Las raíces y los troncos formaban una barrera casi impenetrable a ambos lados. El paso bajo el torii permanecía despejado, ofreciendo una entrada directa hacia las profundidades del bosque.<br />
<br />
Frente a aquel umbral aguardaba una figura pequeña, envuelta en ropajes desgastados y adornada con hojas secas, plumas y amuletos. Sostenía un bastón de madera retorcida, mientras una máscara de facciones exageradas cubría por completo su rostro. Sus ojos brillaban tenuemente desde las cavidades de aquella expresión grotesca, cuyos rasgos recordaban a los de un demonio tallado por manos poco acostumbradas a representar figuras humanas.<br />
<br />
El extraño anfitrión extendía uno de sus brazos hacia el interior del sendero. Permanecía junto al torii, con el bastón apoyado contra la tierra y el rostro vuelto hacia las puertas de Konoha, aguardando a quienes decidieran acercarse.<br />
<br />
Un crujido recorrió la arboleda. Las ramas comenzaron a agitarse entre los troncos, deslizándose unas sobre otras como serpientes que despertaban de un prolongado letargo. Algunas descendían lentamente hacia el sendero, mientras otras se enroscaban alrededor de los pilares y se entrelazaban sobre el torii. Las raíces sobresalían de la tierra húmeda y los árboles parecían estrechar cada vez más el espacio que separaba ambas murallas.<br />
<br />
El pequeño anfitrión observó aquel movimiento antes de volver la máscara hacia las puertas de Konoha. Alzó ligeramente su bastón y reiteró la invitación con un ademán de su brazo, señalando el sendero que todavía permanecía abierto entre las raíces.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Reglas de Participación'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Reglas de Participación'; }">Reglas de Participación</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Bienvenidos al Evento de Halloween de Shinobi Gaiden!</span><br />
<br />
Este tema corresponde a la introducción del evento para los personajes de Konohagakure y se desarrollará bajo las condiciones de una <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Misión Rango C</span>.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Participación e inscripción</span><br />
<br />
Para participar, deberán responder a la primera ronda dentro del plazo establecido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La primera publicación equivaldrá al registro oficial del personaje en el evento.</span><br />
<br />
Los participantes deberán narrar su llegada a las inmediaciones de la arboleda y su ingreso al sendero señalado por el misterioso anfitrión. Para incorporarse a esta misión, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">deberán atravesar el torii durante la primera ronda</span>.<br />
<br />
Una vez concluido el plazo y publicada la siguiente intervención del narrador, los árboles cerrarán el acceso al sendero, impidiendo la incorporación de nuevos participantes a este tema.<br />
<br />
Cada jugador tendrá libertad para decidir las acciones y reacciones de su personaje durante el ingreso, respetando las intervenciones del narrador y las condiciones del escenario.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rondas y plazos</span><br />
<br />
Cada ronda comenzará con una publicación del narrador, a partir de la cual los participantes dispondrán de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">48 horas para responder</span>.<br />
<br />
Transcurrido este plazo, la ronda quedará cerrada y ya no podrán realizarse publicaciones correspondientes a ella. El narrador dispondrá de hasta <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">36 horas adicionales</span> para publicar la siguiente actualización.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sistema de Vidas y ausencias</span><br />
<br />
Cada personaje dispondrá de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">4 Vidas</span> durante el evento.<br />
<br />
Si un participante deja transcurrir las 48 horas sin responder, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">perderá automáticamente una Vida y quedará retirado de la misión en curso</span>. Esta consecuencia se aplicará desde la primera ausencia.<br />
<br />
También podrá perder una Vida como consecuencia de una derrota o muerte durante las misiones. La muerte dentro del evento no será permanente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Agotar las 4 Vidas impedirá continuar participando en las misiones ON-Rol del evento.</span><br />
<br />
La retirada de una misión no implica la expulsión del evento completo, siempre que el personaje conserve al menos una Vida.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Continuidad y recompensas</span><br />
<br />
La participación en esta misión introductoria es opcional. Los personajes podrán incorporarse a las etapas posteriores del evento sin necesidad de haber completado este tema.<br />
<br />
Quienes sean retirados por inactividad también podrán participar en futuras misiones, siempre que conserven Vidas. Sin embargo, perderán la oportunidad de obtener las recompensas correspondientes a la finalización de esta misión.<br />
<br />
Las indicaciones particulares de cada escenario serán comunicadas por el narrador conforme avance la historia.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Disfruten del evento y procuren mantenerse activos!</span><br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La Arboleda de los Perdidos</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<img src="https://i.imgur.com/OABTqaR.jpeg" loading="lazy"  alt="[Imagen: OABTqaR.jpeg]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Konoha conoció la oscuridad a mitad del día.<br />
<br />
El invierno había llegado, aunque del cielo caía una calina oscura en lugar de nieve. Una espesa concentración de nubes había sepultado el sol, extendiendo sobre la aldea una penumbra semejante a las últimas horas del crepúsculo. Los animales permanecían refugiados en sus madrigueras y el bosque que rodeaba la muralla había adquirido una quietud extraña. Apenas se escuchaba el crujido ocasional de las ramas, agitadas por un viento que recorría las copas de los árboles.<br />
<br />
Cerca de las puertas de la aldea, donde durante generaciones había existido una arboleda conocida por sus habitantes, el paisaje había cambiado. Los árboles se agrupaban ahora en dos enormes murallas de troncos retorcidos, con raíces endurecidas que se entrelazaban bajo la tierra y ramas que formaban una bóveda sobre un sendero desconocido. Aquella espesura reclamaba para sí una porción del País del Fuego, ocultándola tras una barrera de madera, hojas marchitas y espinos.<br />
<br />
Entre ambas murallas se levantaba un viejo torii de madera oscurecida, cubierto por cuerdas, telas y máscaras ceremoniales. Más allá de sus pilares, una sucesión de lámparas envejecidas iluminaba el camino con pequeños resplandores anaranjados, semejantes a estrellas extraviadas entre los árboles. El sendero se internaba en la arboleda hasta desaparecer en una neblina grisácea, acompañado por estandartes que pendían inmóviles entre las ramas.<br />
<br />
Las raíces y los troncos formaban una barrera casi impenetrable a ambos lados. El paso bajo el torii permanecía despejado, ofreciendo una entrada directa hacia las profundidades del bosque.<br />
<br />
Frente a aquel umbral aguardaba una figura pequeña, envuelta en ropajes desgastados y adornada con hojas secas, plumas y amuletos. Sostenía un bastón de madera retorcida, mientras una máscara de facciones exageradas cubría por completo su rostro. Sus ojos brillaban tenuemente desde las cavidades de aquella expresión grotesca, cuyos rasgos recordaban a los de un demonio tallado por manos poco acostumbradas a representar figuras humanas.<br />
<br />
El extraño anfitrión extendía uno de sus brazos hacia el interior del sendero. Permanecía junto al torii, con el bastón apoyado contra la tierra y el rostro vuelto hacia las puertas de Konoha, aguardando a quienes decidieran acercarse.<br />
<br />
Un crujido recorrió la arboleda. Las ramas comenzaron a agitarse entre los troncos, deslizándose unas sobre otras como serpientes que despertaban de un prolongado letargo. Algunas descendían lentamente hacia el sendero, mientras otras se enroscaban alrededor de los pilares y se entrelazaban sobre el torii. Las raíces sobresalían de la tierra húmeda y los árboles parecían estrechar cada vez más el espacio que separaba ambas murallas.<br />
<br />
El pequeño anfitrión observó aquel movimiento antes de volver la máscara hacia las puertas de Konoha. Alzó ligeramente su bastón y reiteró la invitación con un ademán de su brazo, señalando el sendero que todavía permanecía abierto entre las raíces.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Reglas de Participación'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Reglas de Participación'; }">Reglas de Participación</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Bienvenidos al Evento de Halloween de Shinobi Gaiden!</span><br />
<br />
Este tema corresponde a la introducción del evento para los personajes de Konohagakure y se desarrollará bajo las condiciones de una <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Misión Rango C</span>.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Participación e inscripción</span><br />
<br />
Para participar, deberán responder a la primera ronda dentro del plazo establecido. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La primera publicación equivaldrá al registro oficial del personaje en el evento.</span><br />
<br />
Los participantes deberán narrar su llegada a las inmediaciones de la arboleda y su ingreso al sendero señalado por el misterioso anfitrión. Para incorporarse a esta misión, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">deberán atravesar el torii durante la primera ronda</span>.<br />
<br />
Una vez concluido el plazo y publicada la siguiente intervención del narrador, los árboles cerrarán el acceso al sendero, impidiendo la incorporación de nuevos participantes a este tema.<br />
<br />
Cada jugador tendrá libertad para decidir las acciones y reacciones de su personaje durante el ingreso, respetando las intervenciones del narrador y las condiciones del escenario.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rondas y plazos</span><br />
<br />
Cada ronda comenzará con una publicación del narrador, a partir de la cual los participantes dispondrán de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">48 horas para responder</span>.<br />
<br />
Transcurrido este plazo, la ronda quedará cerrada y ya no podrán realizarse publicaciones correspondientes a ella. El narrador dispondrá de hasta <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">36 horas adicionales</span> para publicar la siguiente actualización.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sistema de Vidas y ausencias</span><br />
<br />
Cada personaje dispondrá de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">4 Vidas</span> durante el evento.<br />
<br />
Si un participante deja transcurrir las 48 horas sin responder, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">perderá automáticamente una Vida y quedará retirado de la misión en curso</span>. Esta consecuencia se aplicará desde la primera ausencia.<br />
<br />
También podrá perder una Vida como consecuencia de una derrota o muerte durante las misiones. La muerte dentro del evento no será permanente.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Agotar las 4 Vidas impedirá continuar participando en las misiones ON-Rol del evento.</span><br />
<br />
La retirada de una misión no implica la expulsión del evento completo, siempre que el personaje conserve al menos una Vida.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Continuidad y recompensas</span><br />
<br />
La participación en esta misión introductoria es opcional. Los personajes podrán incorporarse a las etapas posteriores del evento sin necesidad de haber completado este tema.<br />
<br />
Quienes sean retirados por inactividad también podrán participar en futuras misiones, siempre que conserven Vidas. Sin embargo, perderán la oportunidad de obtener las recompensas correspondientes a la finalización de esta misión.<br />
<br />
Las indicaciones particulares de cada escenario serán comunicadas por el narrador conforme avance la historia.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Disfruten del evento y procuren mantenerse activos!</span><br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Rumbo al país de las olas.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15047</link>
			<pubDate>Sat, 03 Oct 2026 06:03:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=860">Argeon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15047</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">76 de Verano</span></div>
La bruma matutina de la periferia de Konohagakure aún envolvía los contornos de los tejados de madera y barro cuando el umbral de la vivienda quedó atrás. El sellado de la puerta principal con el pestillo de hierro resonó con un eco seco en el sendero de piedra húmeda. Argeon ajustó con un movimiento firme las tiras de cuero del morral de lona oscura que colgaba de su espalda, sintiendo el peso equilibrado de los viales de vidrio, el ungüento de árnica, el polvo hemostático y los rollos de pergamino medicinal dispuestos milimétricamente en su interior. Su indumentaria carecía de la ostentación de los clanes guerreros: una túnica gris de manga corta reforzada con placas ligeras de fibra en los hombros para proteger los puntos vitales durante el combate cuerpo a cuerpo, y unos pantalones oscuros remetidos en sandalias shinobi de suela gruesa diseñadas para largas travesías. En el brazo derecho, el protector de frente portaba el emblema grabado con trazo limpio, aunque su mirada permanecía serena, desprovista del fuego competitivo que caracterizaba a los shinobi de asalto. Era un ninja médico; su propósito fundamental no residía en la aniquilación del enemigo, sino en la preservación del frágil hilo de la vida en los escenarios más hostiles.<br />
<br />
El camino descendió gradualmente hacia el exterior del recinto amurallado de la Hoja, donde los imponentes árboles del bosque circundante comenzaron a cerrar el cielo en un dosel denso de ramas y hojas perennes. La luz del sol filtrada apenas dibujaba haces dorados sobre la hojarasca mojada por el rocío. Argeon avanzaba con una cadencia constante, una marcha de desplazamiento ninja que economizaba cada gramo de energía muscular. Su respiración era acompasada, imperceptible, sincronizada con el latido de su propio pulso. A través de la suela de sus sandalias percibía las vibraciones sutiles del suelo forestal: la raíz retorcida bajo el musgo, el crujir de una ramita quebrada a lo lejos, el flujo subterráneo de un arroyo invisible. La medicina ninja exigía esa clase de percepción hiperdesarrollada; un sanador que no supiera anticiparse al peligro en el terreno no sobreviviría lo suficiente como para tender una mano compasiva sobre un compañero herido.<br />
<br />
Conforme las horas avanzaban, la vegetación exuberante del País del Fuego comenzó a transformarse. Los pinos gigantescos y los robles milenarios dieron paso a colinas más abiertas y caminos de tierra apisonada que serpenteaban entre campos de cultivo abandonados y puestos de control fronterizos desguarnecidos. La ruta hacia el norte era larga y exigía cruzar zonas grises donde la autoridad de las grandes potencias shinobi se diluía peligrosamente. Argeon mantuvo un ritmo incansable, deteniéndose únicamente en contadas ocasiones para beber un sorbo de agua de su cantimplora de bambú o para comprobar el estado de sus reservas energéticas mediante una autoevaluación táctica de su chakra. Sus manos, ocultas bajo unos guantes de malla de acero flexible que permitían la máxima destreza táctil, descansaban relajadas a los costados. En las yemas de sus dedos residía el arte de la técnica de la palma mística; el flujo de chakra verde capaz de acelerar la regeneración celular, suturar tejidos desgarrados y neutralizar toxinas con la precisión de un bisturí invisible.<br />
<br />
Al mediodía, el sendero convergió en las inmediaciones de una posada de postas situada en el cruce de caminos del distrito comercial exterior de la Hoja. El establecimiento, construido con gruesos maderos oscuros y un tejado de tejas de arcilla cocida, exhalaba un aroma denso a caldo de miso, cebada tostada y humo de leña. Argeon ingresó con paso medido, buscando una mesa discreta en el rincón más alejado de la puerta principal para no perder de vista los accesos. El local se encontraba moderadamente concurrido por mercaderes locales, campesinos fatigados y algún que otro shinobi de rangos menores que compartían provisiones antes de adentrarse en las rutas comerciales del continente. Tras solicitar un plato humeante de verduras estofadas con trozos de cerdo y un cuenco de té verde hirviendo, procedió a consumir los alimentos con lentitud y método, aprovechando el receso para repasar mentalmente los mapas topográficos de las rutas terrestres y los pasos montañosos que debía sortear en los días siguientes de su expedición.<br />
<br />
La breve pausa en la posada concluyó con la reposición de sus cantimploras y la revisión minuciosa del equipamiento almacenado en el morral. Al cruzar nuevamente el umbral hacia el exterior, el sol del mediodía castigaba con fuerza la tierra polvorienta, proyectando sombras cortas y nítidas sobre los matorrales. Argeon retomó el trote ligero que caracterizaba su desplazamiento de marcha larga, abandonando de manera definitiva los caminos transitados para adentrarse en senderos secundarios y colinas boscosas que evitaban los puestos de vigilancia oficiales. Su objetivo inmediato era alcanzar las estribaciones montañosas del sector noroccidental del País del Fuego, un terreno agreste y deshabitado donde la naturaleza imponía su ley y las señales de civilización se desvanecían por completo.<br />
<br />
El ascenso por las pendientes rocosas requirió el uso intensivo de técnicas de apoyo físico basadas en la canalización precisa de chakra en las extremidades. Las rocas húmedas y resbaladizas por el musgo alpino exigían un equilibrio milimétrico; un solo error de cálculo habría provocado una caída de consecuencias desastrosas para un sanador cuyas manos constituían su principal herramienta de trabajo. Argeon avanzaba con la vista fija en los puntos de apoyo superiores, ignorando el cansancio muscular acumulado en las pantorrillas y los hombros. A mitad de la tarde, la altitud comenzó a surtir efecto en la densidad del aire, volviéndolo más fresco y punzante al ingresar por las vías respiratorias. Las coníferas altas y retorcidas reemplazaron a la frondosa vegetación de las tierras bajas, creando un paisaje montañoso dominado por peñascos de granito gris y corrientes de agua cristalina que descendían en cascadas estrepitosas hacia los valles inferiores.<br />
<br />
Al caer la tarde, la atmósfera cambió de manera radical. El aire se volvió pesado, cargado de una humedad diferente que anticipaba la transición hacia las zonas de tierras bajas y planicies boscosas situadas más allá de la cordillera. El terreno descendió bruscamente hacia planicies donde el agua estancada reflejaba el cielo plomizo del atardecer. Argeon se adentró en una zona de manglares y humedales cuyas raíces emergían del lodo como extremidades óseas. La niebla comenzó a levantarse del suelo con rapidez, espesa y fría, adhiriéndose a la tela de su ropa y empañando ligeramente la superficie metálica de su protector. Sabía perfectamente que se aproximaba gradualmente a los límites geográficos que conducían hacia las regiones periféricas del continente, una zona extensa y aislada dominada por la sombra de rutas comerciales complejas. El entorno se tornó silencioso; el canto de las aves nocturnas fue reemplazado por el murmurlo constante y lejano del viento chocando contra las formaciones rocosas.<br />
<br />
Avanzando sobre las ramas más altas de los árboles para evitar el fango traicionero del pantano, Argeon se detuvo en la horquilla de un roble nudoso. Desde esa posición elevada, la bruma permitía divisar únicamente la inmensidad del horizonte occidental, donde el cielo crepuscular se fundía con la neblina sin que ningún elemento artificial interrumpiera la vasta extensión salvaje. El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo el olor característico a vegetación húmeda, tierra y lodo estancado. Sus ojos recorrieron la extensión brumosa analizando posibles puntos de cobertura, rastros de presiones recientes en la vegetación y cualquier anomalía en el flujo del chakra ambiental. Como especialista en sanación, conocía las consecuencias devastadoras de la violencia que azotaban las regiones fronterizas olvidadas por los grandes señores: desnutrición crónica, heridas infectadas por la humedad y el sufrimiento sordo de poblaciones enteras atrapadas en zonas de tránsito difícil.<br />
<br />
El descenso final hacia la franja de transición requirió un sigilo absoluto. Argeon tocó tierra firme sobre un banco de arena húmeda que crujía tenuemente bajo el impacto controlado de sus sandalias. Caminó hacia un promontorio rocoso que dominaba el paisaje circundante, observando la extensa franja de terreno boscoso y pantanoso que aún debía atravesar durante las siguientes jornadas antes de alcanzar cualquier punto de partida hacia su destino último. El camino por delante era largo, exigente y plagado de incertidumbres, pero la determinación en su marcha permanecía inquebrantable. Con el morral bien sujeto a la espalda y la mirada fija en el sendero que serpenteaba entre la neblina nocturna, el ninja médico continuó su avance solitario a través de la naturaleza, preparándose mentalmente para afrontar los desafíos físicos y los innumerables peligros que aguardaban en las rutas más apartadas del territorio continental, manteniendo la firmeza en cada paso dado lejos del hogar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">76 de Verano</span></div>
La bruma matutina de la periferia de Konohagakure aún envolvía los contornos de los tejados de madera y barro cuando el umbral de la vivienda quedó atrás. El sellado de la puerta principal con el pestillo de hierro resonó con un eco seco en el sendero de piedra húmeda. Argeon ajustó con un movimiento firme las tiras de cuero del morral de lona oscura que colgaba de su espalda, sintiendo el peso equilibrado de los viales de vidrio, el ungüento de árnica, el polvo hemostático y los rollos de pergamino medicinal dispuestos milimétricamente en su interior. Su indumentaria carecía de la ostentación de los clanes guerreros: una túnica gris de manga corta reforzada con placas ligeras de fibra en los hombros para proteger los puntos vitales durante el combate cuerpo a cuerpo, y unos pantalones oscuros remetidos en sandalias shinobi de suela gruesa diseñadas para largas travesías. En el brazo derecho, el protector de frente portaba el emblema grabado con trazo limpio, aunque su mirada permanecía serena, desprovista del fuego competitivo que caracterizaba a los shinobi de asalto. Era un ninja médico; su propósito fundamental no residía en la aniquilación del enemigo, sino en la preservación del frágil hilo de la vida en los escenarios más hostiles.<br />
<br />
El camino descendió gradualmente hacia el exterior del recinto amurallado de la Hoja, donde los imponentes árboles del bosque circundante comenzaron a cerrar el cielo en un dosel denso de ramas y hojas perennes. La luz del sol filtrada apenas dibujaba haces dorados sobre la hojarasca mojada por el rocío. Argeon avanzaba con una cadencia constante, una marcha de desplazamiento ninja que economizaba cada gramo de energía muscular. Su respiración era acompasada, imperceptible, sincronizada con el latido de su propio pulso. A través de la suela de sus sandalias percibía las vibraciones sutiles del suelo forestal: la raíz retorcida bajo el musgo, el crujir de una ramita quebrada a lo lejos, el flujo subterráneo de un arroyo invisible. La medicina ninja exigía esa clase de percepción hiperdesarrollada; un sanador que no supiera anticiparse al peligro en el terreno no sobreviviría lo suficiente como para tender una mano compasiva sobre un compañero herido.<br />
<br />
Conforme las horas avanzaban, la vegetación exuberante del País del Fuego comenzó a transformarse. Los pinos gigantescos y los robles milenarios dieron paso a colinas más abiertas y caminos de tierra apisonada que serpenteaban entre campos de cultivo abandonados y puestos de control fronterizos desguarnecidos. La ruta hacia el norte era larga y exigía cruzar zonas grises donde la autoridad de las grandes potencias shinobi se diluía peligrosamente. Argeon mantuvo un ritmo incansable, deteniéndose únicamente en contadas ocasiones para beber un sorbo de agua de su cantimplora de bambú o para comprobar el estado de sus reservas energéticas mediante una autoevaluación táctica de su chakra. Sus manos, ocultas bajo unos guantes de malla de acero flexible que permitían la máxima destreza táctil, descansaban relajadas a los costados. En las yemas de sus dedos residía el arte de la técnica de la palma mística; el flujo de chakra verde capaz de acelerar la regeneración celular, suturar tejidos desgarrados y neutralizar toxinas con la precisión de un bisturí invisible.<br />
<br />
Al mediodía, el sendero convergió en las inmediaciones de una posada de postas situada en el cruce de caminos del distrito comercial exterior de la Hoja. El establecimiento, construido con gruesos maderos oscuros y un tejado de tejas de arcilla cocida, exhalaba un aroma denso a caldo de miso, cebada tostada y humo de leña. Argeon ingresó con paso medido, buscando una mesa discreta en el rincón más alejado de la puerta principal para no perder de vista los accesos. El local se encontraba moderadamente concurrido por mercaderes locales, campesinos fatigados y algún que otro shinobi de rangos menores que compartían provisiones antes de adentrarse en las rutas comerciales del continente. Tras solicitar un plato humeante de verduras estofadas con trozos de cerdo y un cuenco de té verde hirviendo, procedió a consumir los alimentos con lentitud y método, aprovechando el receso para repasar mentalmente los mapas topográficos de las rutas terrestres y los pasos montañosos que debía sortear en los días siguientes de su expedición.<br />
<br />
La breve pausa en la posada concluyó con la reposición de sus cantimploras y la revisión minuciosa del equipamiento almacenado en el morral. Al cruzar nuevamente el umbral hacia el exterior, el sol del mediodía castigaba con fuerza la tierra polvorienta, proyectando sombras cortas y nítidas sobre los matorrales. Argeon retomó el trote ligero que caracterizaba su desplazamiento de marcha larga, abandonando de manera definitiva los caminos transitados para adentrarse en senderos secundarios y colinas boscosas que evitaban los puestos de vigilancia oficiales. Su objetivo inmediato era alcanzar las estribaciones montañosas del sector noroccidental del País del Fuego, un terreno agreste y deshabitado donde la naturaleza imponía su ley y las señales de civilización se desvanecían por completo.<br />
<br />
El ascenso por las pendientes rocosas requirió el uso intensivo de técnicas de apoyo físico basadas en la canalización precisa de chakra en las extremidades. Las rocas húmedas y resbaladizas por el musgo alpino exigían un equilibrio milimétrico; un solo error de cálculo habría provocado una caída de consecuencias desastrosas para un sanador cuyas manos constituían su principal herramienta de trabajo. Argeon avanzaba con la vista fija en los puntos de apoyo superiores, ignorando el cansancio muscular acumulado en las pantorrillas y los hombros. A mitad de la tarde, la altitud comenzó a surtir efecto en la densidad del aire, volviéndolo más fresco y punzante al ingresar por las vías respiratorias. Las coníferas altas y retorcidas reemplazaron a la frondosa vegetación de las tierras bajas, creando un paisaje montañoso dominado por peñascos de granito gris y corrientes de agua cristalina que descendían en cascadas estrepitosas hacia los valles inferiores.<br />
<br />
Al caer la tarde, la atmósfera cambió de manera radical. El aire se volvió pesado, cargado de una humedad diferente que anticipaba la transición hacia las zonas de tierras bajas y planicies boscosas situadas más allá de la cordillera. El terreno descendió bruscamente hacia planicies donde el agua estancada reflejaba el cielo plomizo del atardecer. Argeon se adentró en una zona de manglares y humedales cuyas raíces emergían del lodo como extremidades óseas. La niebla comenzó a levantarse del suelo con rapidez, espesa y fría, adhiriéndose a la tela de su ropa y empañando ligeramente la superficie metálica de su protector. Sabía perfectamente que se aproximaba gradualmente a los límites geográficos que conducían hacia las regiones periféricas del continente, una zona extensa y aislada dominada por la sombra de rutas comerciales complejas. El entorno se tornó silencioso; el canto de las aves nocturnas fue reemplazado por el murmurlo constante y lejano del viento chocando contra las formaciones rocosas.<br />
<br />
Avanzando sobre las ramas más altas de los árboles para evitar el fango traicionero del pantano, Argeon se detuvo en la horquilla de un roble nudoso. Desde esa posición elevada, la bruma permitía divisar únicamente la inmensidad del horizonte occidental, donde el cielo crepuscular se fundía con la neblina sin que ningún elemento artificial interrumpiera la vasta extensión salvaje. El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo el olor característico a vegetación húmeda, tierra y lodo estancado. Sus ojos recorrieron la extensión brumosa analizando posibles puntos de cobertura, rastros de presiones recientes en la vegetación y cualquier anomalía en el flujo del chakra ambiental. Como especialista en sanación, conocía las consecuencias devastadoras de la violencia que azotaban las regiones fronterizas olvidadas por los grandes señores: desnutrición crónica, heridas infectadas por la humedad y el sufrimiento sordo de poblaciones enteras atrapadas en zonas de tránsito difícil.<br />
<br />
El descenso final hacia la franja de transición requirió un sigilo absoluto. Argeon tocó tierra firme sobre un banco de arena húmeda que crujía tenuemente bajo el impacto controlado de sus sandalias. Caminó hacia un promontorio rocoso que dominaba el paisaje circundante, observando la extensa franja de terreno boscoso y pantanoso que aún debía atravesar durante las siguientes jornadas antes de alcanzar cualquier punto de partida hacia su destino último. El camino por delante era largo, exigente y plagado de incertidumbres, pero la determinación en su marcha permanecía inquebrantable. Con el morral bien sujeto a la espalda y la mirada fija en el sendero que serpenteaba entre la neblina nocturna, el ninja médico continuó su avance solitario a través de la naturaleza, preparándose mentalmente para afrontar los desafíos físicos y los innumerables peligros que aguardaban en las rutas más apartadas del territorio continental, manteniendo la firmeza en cada paso dado lejos del hogar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión C] El Terreno Robado]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15011</link>
			<pubDate>Mon, 28 Sep 2026 10:37:47 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=840">Kuroitsuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15011</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15003" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">LINK A LA PETICIÓN DE LA MISIÓN</a><br />
<br />
La oficina de misiones de Konoha mantenía abiertas tres ventanillas aquella mañana. Shinobi recién llegados entregaban informes en una, mientras comerciantes y aldeanos aguardaban frente a las otras dos. Farahan fue asignado a un escritorio apartado del tránsito principal, donde un funcionario había preparado un expediente delgado, un mapa del territorio oriental de Hi no Kuni y la copia de una denuncia sin pruebas documentales que permitieran resolverla por medios administrativos.<br />
<br />
El encargado era Iori Matsuda, un hombre delgado próximo a los sesenta años, con gafas rectangulares y los dedos manchados permanentemente de tinta. Llevaba tres décadas revisando contratos, reclamaciones y herencias. Su paciencia con los documentos era considerable; con las personas que afirmaban recordar perfectamente aquello que nunca habían leído, bastante menor. Antes de explicar la misión, alineó los bordes de las hojas y colocó una piedra sobre cada esquina.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">La denunciante se llama Chiyo Arahara. Afirma que una parcela agrícola perteneciente a su familia fue transferida utilizando un contrato que ella jamás firmó. El problema es sencillo de explicar y difícil de demostrar: el título original desapareció de su casa poco antes de que el registro cambiara.</span><br />
<br />
El actual poseedor figuraba como Tetsuo Mibara, intermediario de tierras de cincuenta y dos años. Era un hombre de estatura media, cabello canoso recortado sobre las orejas y una cicatriz curva debajo de la mandíbula. Caminaba con una ligera cojera en la pierna derecha y acostumbraba vestir un haori verde oscuro. La investigación preliminar lo situaba en una residencia cercada al norte de la aldea de Matsukawa, aproximadamente a una jornada de Konoha siguiendo el camino comercial oriental.<br />
<br />
Mibara no vivía solo. Tres guardias habían sido observados alrededor de la propiedad durante los últimos días: uno controlaba la entrada principal, otro recorría el patio y un tercero alternaba entre la vivienda y un almacén separado. Ninguno portaba una bandana ninja, aunque los tres llevaban armas visibles. El título probablemente permanecía dentro de la casa o en aquel almacén, pero la oficina no había confirmado su ubicación exacta.<br />
<br />
Iori apoyó un dedo sobre la denuncia antes de continuar. Su expresión no cambió al mencionar la acusación.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">La señora Arahara lo llama ladrón. Esta oficina lo llama investigado hasta que aparezca el documento. La tarea consiste en recuperar el título original sin entregárselo a ninguna de las dos partes.</span><br />
<br />
El papel debía regresar primero a Konoha. Los funcionarios compararían nombres, medidas, sellos, fechas y firmas con los registros fiscales conservados en la aldea. Si la propiedad realmente pertenecía a Chiyo, el título sería devuelto mediante el procedimiento correspondiente y Mibara quedaría sujeto a investigación. Si los datos no coincidían, el documento permanecería bajo custodia y la denunciante tendría que explicar su reclamación.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">No cambie un posible robo por otro cometido en nombre de una historia convincente. Traiga el título, informe dónde estaba y deje que los sellos decidan a quién pertenece.</span><br />
<br />
Sobre el escritorio quedaron el mapa, la descripción física de Mibara y un croquis aproximado de la propiedad. La residencia aparecía al oeste del camino principal, detrás de un huerto y una cerca de madera. Una acequia bordeaba el terreno por el norte, mientras el almacén se encontraba separado de la vivienda por un patio descubierto.<br />
<br />
---<br />
<br />
Más tarde, el sol iluminaba las puertas de Konoha y proyectaba sombras cortas bajo los aleros. El tránsito era intenso: carretas con verduras aguardaban la inspección, varios comerciantes discutían el orden de salida y dos mensajeros cruzaban entre los viajeros con paquetes sellados. Farahan se encontraba en el sector destinado a quienes abandonaban la aldea, frente al camino oriental indicado en el expediente.<br />
<br />
Más allá de las puertas, la ruta se dividía después de varios kilómetros. El camino comercial conducía directamente hacia Matsukawa y ofrecía tránsito constante; un sendero junto a las acequias permitía aproximarse desde el norte con menos testigos, aunque tardaba más y atravesaba terrenos abiertos. La casa de Tetsuo Mibara aguardaba al final de cualquiera de las dos rutas, junto con sus guardias y un documento cuya legitimidad todavía debía demostrarse.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15003" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">LINK A LA PETICIÓN DE LA MISIÓN</a><br />
<br />
La oficina de misiones de Konoha mantenía abiertas tres ventanillas aquella mañana. Shinobi recién llegados entregaban informes en una, mientras comerciantes y aldeanos aguardaban frente a las otras dos. Farahan fue asignado a un escritorio apartado del tránsito principal, donde un funcionario había preparado un expediente delgado, un mapa del territorio oriental de Hi no Kuni y la copia de una denuncia sin pruebas documentales que permitieran resolverla por medios administrativos.<br />
<br />
El encargado era Iori Matsuda, un hombre delgado próximo a los sesenta años, con gafas rectangulares y los dedos manchados permanentemente de tinta. Llevaba tres décadas revisando contratos, reclamaciones y herencias. Su paciencia con los documentos era considerable; con las personas que afirmaban recordar perfectamente aquello que nunca habían leído, bastante menor. Antes de explicar la misión, alineó los bordes de las hojas y colocó una piedra sobre cada esquina.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">La denunciante se llama Chiyo Arahara. Afirma que una parcela agrícola perteneciente a su familia fue transferida utilizando un contrato que ella jamás firmó. El problema es sencillo de explicar y difícil de demostrar: el título original desapareció de su casa poco antes de que el registro cambiara.</span><br />
<br />
El actual poseedor figuraba como Tetsuo Mibara, intermediario de tierras de cincuenta y dos años. Era un hombre de estatura media, cabello canoso recortado sobre las orejas y una cicatriz curva debajo de la mandíbula. Caminaba con una ligera cojera en la pierna derecha y acostumbraba vestir un haori verde oscuro. La investigación preliminar lo situaba en una residencia cercada al norte de la aldea de Matsukawa, aproximadamente a una jornada de Konoha siguiendo el camino comercial oriental.<br />
<br />
Mibara no vivía solo. Tres guardias habían sido observados alrededor de la propiedad durante los últimos días: uno controlaba la entrada principal, otro recorría el patio y un tercero alternaba entre la vivienda y un almacén separado. Ninguno portaba una bandana ninja, aunque los tres llevaban armas visibles. El título probablemente permanecía dentro de la casa o en aquel almacén, pero la oficina no había confirmado su ubicación exacta.<br />
<br />
Iori apoyó un dedo sobre la denuncia antes de continuar. Su expresión no cambió al mencionar la acusación.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">La señora Arahara lo llama ladrón. Esta oficina lo llama investigado hasta que aparezca el documento. La tarea consiste en recuperar el título original sin entregárselo a ninguna de las dos partes.</span><br />
<br />
El papel debía regresar primero a Konoha. Los funcionarios compararían nombres, medidas, sellos, fechas y firmas con los registros fiscales conservados en la aldea. Si la propiedad realmente pertenecía a Chiyo, el título sería devuelto mediante el procedimiento correspondiente y Mibara quedaría sujeto a investigación. Si los datos no coincidían, el documento permanecería bajo custodia y la denunciante tendría que explicar su reclamación.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">No cambie un posible robo por otro cometido en nombre de una historia convincente. Traiga el título, informe dónde estaba y deje que los sellos decidan a quién pertenece.</span><br />
<br />
Sobre el escritorio quedaron el mapa, la descripción física de Mibara y un croquis aproximado de la propiedad. La residencia aparecía al oeste del camino principal, detrás de un huerto y una cerca de madera. Una acequia bordeaba el terreno por el norte, mientras el almacén se encontraba separado de la vivienda por un patio descubierto.<br />
<br />
---<br />
<br />
Más tarde, el sol iluminaba las puertas de Konoha y proyectaba sombras cortas bajo los aleros. El tránsito era intenso: carretas con verduras aguardaban la inspección, varios comerciantes discutían el orden de salida y dos mensajeros cruzaban entre los viajeros con paquetes sellados. Farahan se encontraba en el sector destinado a quienes abandonaban la aldea, frente al camino oriental indicado en el expediente.<br />
<br />
Más allá de las puertas, la ruta se dividía después de varios kilómetros. El camino comercial conducía directamente hacia Matsukawa y ofrecía tránsito constante; un sendero junto a las acequias permitía aproximarse desde el norte con menos testigos, aunque tardaba más y atravesaba terrenos abiertos. La casa de Tetsuo Mibara aguardaba al final de cualquiera de las dos rutas, junto con sus guardias y un documento cuya legitimidad todavía debía demostrarse.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Automisión |E]  Lectura para los ancianos]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14996</link>
			<pubDate>Thu, 24 Sep 2026 17:35:26 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=872">Farahan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14996</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 18pt;" class="mycode_size">Lectura para los ancianos</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Konohagakure no Sato<br />
1 de Verano del 150</span></div>
<br />
Sus ojos se abrieron, pero no había luz en ellos. El alba aún distaba de anunciarse, pero sus menesteres matutinos ya reclamaban su atención. Un bostezo pronunciado mientras se colocaba una camisa de compresión señalaba que el sueño no había cobrado sus horas completas; aun así, con botella en mano, salió a trotar.<br />
<br />
Aquella salida tenía dos objetivos: el más evidente era el de activar el cuerpo; el segundo era el de ir a revisar si había alguna misión disponible, y sí la había.<br />
<br />
No intercambió muchas palabras, o tal vez no lo recordaba. Al leer la descripción, se enteró de que le sobraba algo de tiempo, pues la biblioteca abría a las nueve de la mañana y aún ni siquiera eran las seis.<br />
<br />
El regreso a casa incluyó una ducha rápida y el sueño cobró el tiempo que aún le quedaba pendiente de aquella noche.<br />
<br />
Horas después, el sol ya había salido resplandeciente. Nubarrones lo cubrían cada tanto, pero no cortaban su ardiente influencia. Salió con ropa cómoda, estilizada, pero que permitiera respirar. Se perfumó con una loción de colonia y la bandera de la Hoja relucía en su brazo izquierdo, donde tenía asegurada su bandana; ponerla en su frente estaba fuera de discusión con el clima del momento, que seguramente le sofocaría un poco.<br />
<br />
Su primera parada fue la biblioteca. El símbolo de la aldea, del País del Fuego y de algún nombre importante se citaba en el frente junto con «biblioteca» puesto en grande. Sin duda era más tema político que cultural la colocación de aquella información, y adentro había pergaminos y libros tan antiguos que parecían poder volverse polvo de solo mirarlos mal.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Hola</span></span> ─saludó con energía, y un par de ojos se asomaron de debajo del enorme monitor donde se llevaban los registros─. <span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Soy Farahan, vengo por los libros para los viejitos.</span></span><br />
<br />
Su mano sacó el pergamino de la misión, donde se detallaban los pormenores, así como el sello de la Hoja y su nombre. La mujer acomodó sus gafas, miró el papiro y luego al hombre presente; parecía verlo muy grande para una tarea tan simple, tal vez esperaba a algún estudiante adolescente en lugar de un joven adulto y, aunque los ojos del joven de cabellos argénteos se afilaron un poco, su sonrisa no dejó de brillar en ningún momento.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Ah, sí…</span></span><br />
<br />
La mujer examinó todo con bastante detalle y luego se paró. Llevaba una bata blanca, parecida a la de un médico, con una placa que decía «Hirume». Era especialmente delgada, un poco encorvada y su cabello no parecía encontrar forma alguna de acomodarse en el intento de coleta baja que traía; cientos de pequeños pelos se escapaban y brotaban en todas direcciones.<br />
<br />
Se acercó hasta una barra contigua, donde una caja descansaba con varios libros en ella, e intentó levantarla sin mucho éxito. Farahan se acercó; medía cerca de treinta centímetros más, la diferencia de estatura era evidente, y tomó la caja confirmando que tenía bastante peso, pero no lo demostró: lo ocultó volviendo un poco más lento su movimiento, pero levantándola igualmente. Al tacto, la caja le revelaba que distaba de ser nueva; tenía algunas zonas donde el cartón ya no se sentía tan firme, regresando a una sensación de papel.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Son todos estos.</span></span><br />
<br />
Concretó la mujer y, de la caja, sacó una lista en papel amarillo. La letra era prolija, parecía de alguien que había practicado caligrafía durante décadas.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Esta es la lista de libros que entregarás y esta…</span></span><br />
<br />
Sacó un segundo papel, dejando nuevamente adentro el primero.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Es la de los que debes recibir. Suerte.</span></span><br />
<br />
La mujer volvió a lo suyo, aparentemente no prestando más atención a Farahan, quien ni siquiera alcanzó a agradecer por la aclaración. El shinobi se quedó un momento quieto y luego puso su atención en los libros. Tomó las listas y las leyó; entonces, por el rabillo del ojo, encontró a la mujer estudiándolo un poco más.<br />
<br />
Salió de ahí con la caja sobre el hombro derecho. El olor de su fragancia hacía que, de vez en cuando, alguien mirara en su dirección, ignorara a su interlocutor o simplemente se detuviera un momento. Él mantuvo la mirada al frente y solo saludó a un par de personas, como si ellas fueran especiales y el resto simples figuras del fondo.<br />
<br />
El asilo se miraba desde algunas manzanas de distancia. El edificio no era particularmente alto, pero sí amplio. Caminos empedrados guiaban al lobby; bancas y algunos árboles aislados se podían observar con claridad.<br />
<br />
Una vez dentro, los ojos del shinobi estudiaron el sitio hasta que encontraron a quien parecía ser la recepcionista, misma que se mostraba demasiado ocupada con un crucigrama como para saber que alguien había entrado. El aroma de la colonia llegó primero, y esta alzó su mirada con claro letargo antes de sonrojarse al ver al Yamanaka frente a ella.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Buenos días, señorita, traigo el pedido de libros.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¿E… es hoy?</span></span><br />
<br />
La mujer pareció rebuscar algo en sus notas y finalmente miró una caja similar a la que portaba el hombre, con apenas un par de libros en el interior.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─L… lo lamento mucho, ay no, Hirume me va a matar.</span></span><br />
<br />
Lo primero que le vino a Farahan fue la placa con el nombre, luego los pelos desaliñados.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¿Quieres que te ayude a recolectarlos?</span></span><br />
<br />
Su tono sonaba gentil y amistoso; la chica pareció perderse en la mirada del recién llegado por un momento. Lo cierto es que él consideraba que podría acelerar mucho el proceso de recolectarlos si él mismo se encargaba. Además, ¿qué tan complicado podría ser sacarle los libros a los viejitos?<br />
<br />
Un hombre mayor se acercó para introducir el tercero de diez libros. Se apoyaba en un bastón, pero no engañaba al mentalista; por la marcada musculatura de sus brazos y la piel que no colgaba cual trapo viejo, Farahan lo veía como un retirado shinobi que buscaba momentos de paz antes de que su cuerpo terminara de fallar. Las miradas se cruzaron, se sostuvieron por un momento y no hubo mayor intercambio. Una gota de sudor cayó por la frente del joven al percibir la absurda presencia del anciano.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─S… sí, bien, yo iré por unos y… ¿Pero cómo encontrarás quiénes son? Ya sé, te pasaré sus nombres.</span></span><br />
<br />
La mujer anotó siete nombres distintos y le acercó el papel, pero luego lo retiró rápido para ponerles una cruz a tres. Farahan dejó la caja con los libros recién llegados para tomar el listado de los que debía recolectar y, de ahí, él marcó los tres que ya estaban en su caja; para cuando recapacitó, el anciano ya había tomado uno de los libros y partía con su lectura. Había sido tan hábil y sigiloso que, para Farahan, el anciano solo había tomado el primero que tuvo cerca, cuando en realidad había revisado todos y cada uno por sus lomos.<br />
<br />
La cacería comenzó repartiéndose entre las alas este y oeste. La mujer le señaló que tres de los ancianos estaban en la segunda y podría recolectarlos, mientras ella se encargaba del resto.<br />
<br />
Farahan asintió, pero cuando giró su rostro, creyendo que nadie lo veía, dejó de emular una sonrisa y estudió el mapa expuesto del lugar. Había varias habitaciones y la amplitud de estas señalaba que había varios ancianos en las mismas. Apresuró el paso y encontró el primer libro sobre una mesa de noche. Dos ancianas hablaban tejiendo algo; cada una continuaba una conversación que para nada tenía que ver con la otra, como si estuvieran hablando con personas completamente distintas.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Hola, hola, buenos días. Las nuevas lecturas han llegado, tomaré este libro de aquí.</span></span><br />
<br />
Las mujeres escucharon al joven y una de ellas abandonó su tejido para ponerse unas pantuflas y «correr», en términos de anciano, por algún libro, esperando poder escoger primero. La otra solo dijo algo de que no tenía ganas de «verduras».<br />
<br />
Dos habitaciones más no tenían rastro alguno de libros. La tercera casi la descartó hasta que, a punto de abandonarla, encontró uno de los títulos siendo usado como soporte para una mesa desbalanceada. Su mano viajó hasta su barbilla y comenzó a estudiar el lugar en busca de algún reemplazo adecuado. El libro no era particularmente denso, pero sí daba suficiente rigidez y un amplio punto de apoyo para que la mesa no se tambaleara.<br />
<br />
Recordó la caja; esta tenía unas solapas que podían servir. Volvió sus pasos atrás, dejó el libro y, usando una kunai, realizó un corte limpio para retirar la pieza. La dobló y aseguró con un poco de hilo, y volvió para reemplazar el ejemplar buscado.<br />
<br />
Si bien la misión no estaba saliendo tan rápido como había considerado, los halagos del anciano por la solución y el aplauso de su compañera le hicieron olvidar esos detalles.<br />
<br />
El tercer libro del ala oeste estaba aún en manos de una mujer acostada en su camilla. La mujer parecía tener dificultad para leer, pero se veía que le faltaban tan solo un par de páginas.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Ya le falta poquitísimo, ¿quiere que se lo termine de leer?</span></span><br />
<br />
La boca de la mujer se extendió como dos cortinas tiradas por cuerdas, los pliegues de su piel se juntaron y entregó el libro al misionero, quien acercó una silla para sentarse cerca y le pidió que le indicara dónde se había quedado. La mujer señaló y Farahan, haciendo una entonación que cambiaba según el diálogo o la narración, finalizó en pocos minutos lo que restaba de la lectura.<br />
<br />
Para cuando se giró, la anciana tenía ya los ojos cerrados. Su cabeza descansaba en la almohada y las patas de sus gafas se encajaban en su rostro. El genin retiró con cuidado las gafas, dejándolas en una charola al lado, y partió en silencio. Ese era el último de aquella ala. Al volver sus pasos, notó que la chica ya tenía tres de los libros y parecía buscar algo.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Y… ya terminaste, qué veloz.</span></span><br />
<br />
Pero la mujer había sido más rápida aún. La miró con escepticismo, pero luego fingió rascarse la cabeza con nerviosismo.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Fuiste más rápida, se ve que te manejas bien.</span></span><br />
<br />
La chica sonrió por el cumplido, luego recordó lo que estaba haciendo.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Oh, e… el último lo tiene la señora Kariya.</span></span><br />
<br />
La expresión sonaba a que habría problemas, pero Farahan se tomó aquello como algo personal: debía ser, al menos, el que más libros trajera.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─No te preocupes, yo la encuentro.</span></span><br />
<br />
Dijo, soltando los libros que traía en la caja y partiendo sin siquiera preguntar dónde la podría encontrar. La mujer no lo detuvo; tal vez el problema no estaba en encontrarla, o tal vez no sabía cómo hacerlo.<br />
<br />
La mujer estaba en el jardín trasero. Alimentaba a las aves con algo de migas de pan. Una de las enfermeras se la señaló sin mucho problema.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Señorita Kariya, he venido por el…</span></span> ─leyó el nombre del libro, que ya se había olvidado─. <span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Viajes de un soñador.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¡Oh! ¡Qué buena lectura! Fue un libro fantástico. Recuerdo que mi esposo me lo leyó una vez hace años…</span></span><br />
<br />
La mujer comenzó a hablar. Las vivencias de la mujer venían a su mente con mucha vividez, pero no había señal alguna de que siquiera recordara por qué el tema había salido; comenzó a contar escenas que se juntaban con recuerdos de vivencias y personas que poco a poco iban restando paciencia al ninja de cabellos argénteos.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Es momento de pasar a la siguiente lectura, ¿será que me lo pueda dar?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¡Oh, sí! El libro debe estar en el invernadero, vamos.</span></span><br />
<br />
La mujer tomó su mano y comenzó a guiarlo con su paso tranquilo. Continuó su plática, relatando las aventuras que tenía con su esposo, los viajes a tierras extrañas y cómo había cosas bastante misteriosas. Farahan calculaba las veces que pudo haber ido y venido en ese tiempo, que se acrecentaban con cada nuevo fragmento de la historia.<br />
<br />
Al llegar al invernadero, sin embargo, no había rastro del libro, sino una tetera con una taza a medio tomar.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Oh, no, no, aquí estaba el té. Ya está frío.</span></span><br />
<br />
Dijo la mujer al comprobarlo con un trago.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Ya sé, debe estar en la banca cerca del estanque.</span></span><br />
<br />
La mujer ya había pescado la mano de Farahan antes de terminada su frase y lo guio personalmente, para su terror personal. Tampoco estaba. Farahan se llevó una mano a la cara y la arrastró, pudiendo haber arrancado su rostro en el proceso.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¡Oh, qué pena, qué pena! ¡Ah, ya sé!</span></span><br />
<br />
La mujer no dijo nada. Farahan simplemente extendió la mano y se dejó guiar. Esta vez el camino era más largo; la mujer seguía hablando sin parar, mientras él intentaba mantener aunque fuera el más pequeño de los hilos de cordura.<br />
<br />
El lugar en el que terminaron fue una lápida. En ella había múltiples nombres grabados; no era una fosa común ni mucho menos, sino un monumento a héroes de guerra. Sobre este estaba el libro, abierto en una página. La mujer besó dos dedos de su mano, los puso sobre la piedra y tomó el libro.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Esta era una de las lecturas favoritas de mi marido.</span></span><br />
<br />
Farahan recibió el libro con una mano y luego extendió el brazo para emprender el camino de vuelta, esta vez no necesitando guía, sino sirviendo de soporte a la mujer, que ya parecía cansada.<br />
<br />
El sol ya había pasado el meridiano y la recepcionista miró llegar a Farahan con una sonrisa.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─C… conociste todo el lugar, por lo visto.</span></span><br />
<br />
Comentó con gracia. Farahan suspiró con algo de cansancio. Kariya agradeció la compañía y el shinobi echó el último libro, antes de tomar la caja para marcharse. El hambre molestaba en sus entrañas, pero con volver a la biblioteca, su misión acababa.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Tardaste.</span></span><br />
<br />
Hirume se acomodó sus anteojos; sonaba filosa.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Se les pasó que hoy era día de la recolección.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Sí, desde que Hiruka está ahí, pasan esas cosas, por eso prefiero que otros se encarguen.</span></span><br />
<br />
Farahan entendía lo que decía, pero no estaba para lidiar con más temas humanos. Tan solo extendió el pergamino de la misión para que se lo firmara y pudiera recolectar su pago.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 18pt;" class="mycode_size">Lectura para los ancianos</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Konohagakure no Sato<br />
1 de Verano del 150</span></div>
<br />
Sus ojos se abrieron, pero no había luz en ellos. El alba aún distaba de anunciarse, pero sus menesteres matutinos ya reclamaban su atención. Un bostezo pronunciado mientras se colocaba una camisa de compresión señalaba que el sueño no había cobrado sus horas completas; aun así, con botella en mano, salió a trotar.<br />
<br />
Aquella salida tenía dos objetivos: el más evidente era el de activar el cuerpo; el segundo era el de ir a revisar si había alguna misión disponible, y sí la había.<br />
<br />
No intercambió muchas palabras, o tal vez no lo recordaba. Al leer la descripción, se enteró de que le sobraba algo de tiempo, pues la biblioteca abría a las nueve de la mañana y aún ni siquiera eran las seis.<br />
<br />
El regreso a casa incluyó una ducha rápida y el sueño cobró el tiempo que aún le quedaba pendiente de aquella noche.<br />
<br />
Horas después, el sol ya había salido resplandeciente. Nubarrones lo cubrían cada tanto, pero no cortaban su ardiente influencia. Salió con ropa cómoda, estilizada, pero que permitiera respirar. Se perfumó con una loción de colonia y la bandera de la Hoja relucía en su brazo izquierdo, donde tenía asegurada su bandana; ponerla en su frente estaba fuera de discusión con el clima del momento, que seguramente le sofocaría un poco.<br />
<br />
Su primera parada fue la biblioteca. El símbolo de la aldea, del País del Fuego y de algún nombre importante se citaba en el frente junto con «biblioteca» puesto en grande. Sin duda era más tema político que cultural la colocación de aquella información, y adentro había pergaminos y libros tan antiguos que parecían poder volverse polvo de solo mirarlos mal.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Hola</span></span> ─saludó con energía, y un par de ojos se asomaron de debajo del enorme monitor donde se llevaban los registros─. <span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Soy Farahan, vengo por los libros para los viejitos.</span></span><br />
<br />
Su mano sacó el pergamino de la misión, donde se detallaban los pormenores, así como el sello de la Hoja y su nombre. La mujer acomodó sus gafas, miró el papiro y luego al hombre presente; parecía verlo muy grande para una tarea tan simple, tal vez esperaba a algún estudiante adolescente en lugar de un joven adulto y, aunque los ojos del joven de cabellos argénteos se afilaron un poco, su sonrisa no dejó de brillar en ningún momento.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Ah, sí…</span></span><br />
<br />
La mujer examinó todo con bastante detalle y luego se paró. Llevaba una bata blanca, parecida a la de un médico, con una placa que decía «Hirume». Era especialmente delgada, un poco encorvada y su cabello no parecía encontrar forma alguna de acomodarse en el intento de coleta baja que traía; cientos de pequeños pelos se escapaban y brotaban en todas direcciones.<br />
<br />
Se acercó hasta una barra contigua, donde una caja descansaba con varios libros en ella, e intentó levantarla sin mucho éxito. Farahan se acercó; medía cerca de treinta centímetros más, la diferencia de estatura era evidente, y tomó la caja confirmando que tenía bastante peso, pero no lo demostró: lo ocultó volviendo un poco más lento su movimiento, pero levantándola igualmente. Al tacto, la caja le revelaba que distaba de ser nueva; tenía algunas zonas donde el cartón ya no se sentía tan firme, regresando a una sensación de papel.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Son todos estos.</span></span><br />
<br />
Concretó la mujer y, de la caja, sacó una lista en papel amarillo. La letra era prolija, parecía de alguien que había practicado caligrafía durante décadas.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Esta es la lista de libros que entregarás y esta…</span></span><br />
<br />
Sacó un segundo papel, dejando nuevamente adentro el primero.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Es la de los que debes recibir. Suerte.</span></span><br />
<br />
La mujer volvió a lo suyo, aparentemente no prestando más atención a Farahan, quien ni siquiera alcanzó a agradecer por la aclaración. El shinobi se quedó un momento quieto y luego puso su atención en los libros. Tomó las listas y las leyó; entonces, por el rabillo del ojo, encontró a la mujer estudiándolo un poco más.<br />
<br />
Salió de ahí con la caja sobre el hombro derecho. El olor de su fragancia hacía que, de vez en cuando, alguien mirara en su dirección, ignorara a su interlocutor o simplemente se detuviera un momento. Él mantuvo la mirada al frente y solo saludó a un par de personas, como si ellas fueran especiales y el resto simples figuras del fondo.<br />
<br />
El asilo se miraba desde algunas manzanas de distancia. El edificio no era particularmente alto, pero sí amplio. Caminos empedrados guiaban al lobby; bancas y algunos árboles aislados se podían observar con claridad.<br />
<br />
Una vez dentro, los ojos del shinobi estudiaron el sitio hasta que encontraron a quien parecía ser la recepcionista, misma que se mostraba demasiado ocupada con un crucigrama como para saber que alguien había entrado. El aroma de la colonia llegó primero, y esta alzó su mirada con claro letargo antes de sonrojarse al ver al Yamanaka frente a ella.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Buenos días, señorita, traigo el pedido de libros.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¿E… es hoy?</span></span><br />
<br />
La mujer pareció rebuscar algo en sus notas y finalmente miró una caja similar a la que portaba el hombre, con apenas un par de libros en el interior.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─L… lo lamento mucho, ay no, Hirume me va a matar.</span></span><br />
<br />
Lo primero que le vino a Farahan fue la placa con el nombre, luego los pelos desaliñados.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¿Quieres que te ayude a recolectarlos?</span></span><br />
<br />
Su tono sonaba gentil y amistoso; la chica pareció perderse en la mirada del recién llegado por un momento. Lo cierto es que él consideraba que podría acelerar mucho el proceso de recolectarlos si él mismo se encargaba. Además, ¿qué tan complicado podría ser sacarle los libros a los viejitos?<br />
<br />
Un hombre mayor se acercó para introducir el tercero de diez libros. Se apoyaba en un bastón, pero no engañaba al mentalista; por la marcada musculatura de sus brazos y la piel que no colgaba cual trapo viejo, Farahan lo veía como un retirado shinobi que buscaba momentos de paz antes de que su cuerpo terminara de fallar. Las miradas se cruzaron, se sostuvieron por un momento y no hubo mayor intercambio. Una gota de sudor cayó por la frente del joven al percibir la absurda presencia del anciano.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─S… sí, bien, yo iré por unos y… ¿Pero cómo encontrarás quiénes son? Ya sé, te pasaré sus nombres.</span></span><br />
<br />
La mujer anotó siete nombres distintos y le acercó el papel, pero luego lo retiró rápido para ponerles una cruz a tres. Farahan dejó la caja con los libros recién llegados para tomar el listado de los que debía recolectar y, de ahí, él marcó los tres que ya estaban en su caja; para cuando recapacitó, el anciano ya había tomado uno de los libros y partía con su lectura. Había sido tan hábil y sigiloso que, para Farahan, el anciano solo había tomado el primero que tuvo cerca, cuando en realidad había revisado todos y cada uno por sus lomos.<br />
<br />
La cacería comenzó repartiéndose entre las alas este y oeste. La mujer le señaló que tres de los ancianos estaban en la segunda y podría recolectarlos, mientras ella se encargaba del resto.<br />
<br />
Farahan asintió, pero cuando giró su rostro, creyendo que nadie lo veía, dejó de emular una sonrisa y estudió el mapa expuesto del lugar. Había varias habitaciones y la amplitud de estas señalaba que había varios ancianos en las mismas. Apresuró el paso y encontró el primer libro sobre una mesa de noche. Dos ancianas hablaban tejiendo algo; cada una continuaba una conversación que para nada tenía que ver con la otra, como si estuvieran hablando con personas completamente distintas.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Hola, hola, buenos días. Las nuevas lecturas han llegado, tomaré este libro de aquí.</span></span><br />
<br />
Las mujeres escucharon al joven y una de ellas abandonó su tejido para ponerse unas pantuflas y «correr», en términos de anciano, por algún libro, esperando poder escoger primero. La otra solo dijo algo de que no tenía ganas de «verduras».<br />
<br />
Dos habitaciones más no tenían rastro alguno de libros. La tercera casi la descartó hasta que, a punto de abandonarla, encontró uno de los títulos siendo usado como soporte para una mesa desbalanceada. Su mano viajó hasta su barbilla y comenzó a estudiar el lugar en busca de algún reemplazo adecuado. El libro no era particularmente denso, pero sí daba suficiente rigidez y un amplio punto de apoyo para que la mesa no se tambaleara.<br />
<br />
Recordó la caja; esta tenía unas solapas que podían servir. Volvió sus pasos atrás, dejó el libro y, usando una kunai, realizó un corte limpio para retirar la pieza. La dobló y aseguró con un poco de hilo, y volvió para reemplazar el ejemplar buscado.<br />
<br />
Si bien la misión no estaba saliendo tan rápido como había considerado, los halagos del anciano por la solución y el aplauso de su compañera le hicieron olvidar esos detalles.<br />
<br />
El tercer libro del ala oeste estaba aún en manos de una mujer acostada en su camilla. La mujer parecía tener dificultad para leer, pero se veía que le faltaban tan solo un par de páginas.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Ya le falta poquitísimo, ¿quiere que se lo termine de leer?</span></span><br />
<br />
La boca de la mujer se extendió como dos cortinas tiradas por cuerdas, los pliegues de su piel se juntaron y entregó el libro al misionero, quien acercó una silla para sentarse cerca y le pidió que le indicara dónde se había quedado. La mujer señaló y Farahan, haciendo una entonación que cambiaba según el diálogo o la narración, finalizó en pocos minutos lo que restaba de la lectura.<br />
<br />
Para cuando se giró, la anciana tenía ya los ojos cerrados. Su cabeza descansaba en la almohada y las patas de sus gafas se encajaban en su rostro. El genin retiró con cuidado las gafas, dejándolas en una charola al lado, y partió en silencio. Ese era el último de aquella ala. Al volver sus pasos, notó que la chica ya tenía tres de los libros y parecía buscar algo.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Y… ya terminaste, qué veloz.</span></span><br />
<br />
Pero la mujer había sido más rápida aún. La miró con escepticismo, pero luego fingió rascarse la cabeza con nerviosismo.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Fuiste más rápida, se ve que te manejas bien.</span></span><br />
<br />
La chica sonrió por el cumplido, luego recordó lo que estaba haciendo.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Oh, e… el último lo tiene la señora Kariya.</span></span><br />
<br />
La expresión sonaba a que habría problemas, pero Farahan se tomó aquello como algo personal: debía ser, al menos, el que más libros trajera.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─No te preocupes, yo la encuentro.</span></span><br />
<br />
Dijo, soltando los libros que traía en la caja y partiendo sin siquiera preguntar dónde la podría encontrar. La mujer no lo detuvo; tal vez el problema no estaba en encontrarla, o tal vez no sabía cómo hacerlo.<br />
<br />
La mujer estaba en el jardín trasero. Alimentaba a las aves con algo de migas de pan. Una de las enfermeras se la señaló sin mucho problema.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Señorita Kariya, he venido por el…</span></span> ─leyó el nombre del libro, que ya se había olvidado─. <span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Viajes de un soñador.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¡Oh! ¡Qué buena lectura! Fue un libro fantástico. Recuerdo que mi esposo me lo leyó una vez hace años…</span></span><br />
<br />
La mujer comenzó a hablar. Las vivencias de la mujer venían a su mente con mucha vividez, pero no había señal alguna de que siquiera recordara por qué el tema había salido; comenzó a contar escenas que se juntaban con recuerdos de vivencias y personas que poco a poco iban restando paciencia al ninja de cabellos argénteos.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Es momento de pasar a la siguiente lectura, ¿será que me lo pueda dar?</span></span><br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¡Oh, sí! El libro debe estar en el invernadero, vamos.</span></span><br />
<br />
La mujer tomó su mano y comenzó a guiarlo con su paso tranquilo. Continuó su plática, relatando las aventuras que tenía con su esposo, los viajes a tierras extrañas y cómo había cosas bastante misteriosas. Farahan calculaba las veces que pudo haber ido y venido en ese tiempo, que se acrecentaban con cada nuevo fragmento de la historia.<br />
<br />
Al llegar al invernadero, sin embargo, no había rastro del libro, sino una tetera con una taza a medio tomar.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Oh, no, no, aquí estaba el té. Ya está frío.</span></span><br />
<br />
Dijo la mujer al comprobarlo con un trago.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Ya sé, debe estar en la banca cerca del estanque.</span></span><br />
<br />
La mujer ya había pescado la mano de Farahan antes de terminada su frase y lo guio personalmente, para su terror personal. Tampoco estaba. Farahan se llevó una mano a la cara y la arrastró, pudiendo haber arrancado su rostro en el proceso.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─¡Oh, qué pena, qué pena! ¡Ah, ya sé!</span></span><br />
<br />
La mujer no dijo nada. Farahan simplemente extendió la mano y se dejó guiar. Esta vez el camino era más largo; la mujer seguía hablando sin parar, mientras él intentaba mantener aunque fuera el más pequeño de los hilos de cordura.<br />
<br />
El lugar en el que terminaron fue una lápida. En ella había múltiples nombres grabados; no era una fosa común ni mucho menos, sino un monumento a héroes de guerra. Sobre este estaba el libro, abierto en una página. La mujer besó dos dedos de su mano, los puso sobre la piedra y tomó el libro.<br />
<br />
<span style="color: #708090;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Esta era una de las lecturas favoritas de mi marido.</span></span><br />
<br />
Farahan recibió el libro con una mano y luego extendió el brazo para emprender el camino de vuelta, esta vez no necesitando guía, sino sirviendo de soporte a la mujer, que ya parecía cansada.<br />
<br />
El sol ya había pasado el meridiano y la recepcionista miró llegar a Farahan con una sonrisa.<br />
<br />
<span style="color: #B8860B;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─C… conociste todo el lugar, por lo visto.</span></span><br />
<br />
Comentó con gracia. Farahan suspiró con algo de cansancio. Kariya agradeció la compañía y el shinobi echó el último libro, antes de tomar la caja para marcharse. El hambre molestaba en sus entrañas, pero con volver a la biblioteca, su misión acababa.<br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Tardaste.</span></span><br />
<br />
Hirume se acomodó sus anteojos; sonaba filosa.<br />
<br />
<span style="color: #8E7CC3;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Se les pasó que hoy era día de la recolección.</span></span><br />
<br />
<span style="color: #A05252;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">─Sí, desde que Hiruka está ahí, pasan esas cosas, por eso prefiero que otros se encarguen.</span></span><br />
<br />
Farahan entendía lo que decía, pero no estaba para lidiar con más temas humanos. Tan solo extendió el pergamino de la misión para que se lo firmara y pudiera recolectar su pago.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[De camino]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14931</link>
			<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 09:30:29 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=512">Beru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14931</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/56/07/08/560708279c65df4fa56dbb5160349948.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: 560708279c65df4fa56dbb5160349948.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 47, Verano del 150</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País del Fuego</span><br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"> - Que brutal puede ser la vida, si quien sea que la da y quien sea que le toque vivirla se lo propone - </span>pensaba el Hōzuki, con un tabaco recién prendido sujetado en su mano derecha. Tan solo el día de ayer había visto cómo, más abajo de este mismo camino, varias hectáreas de heno donde varios campesinos trabajaban sin parar, hacían montículos de heno. Aquí, más arriba de la ruta, se podía notar cómo la naturaleza se hacía un poco más pronunciada: árboles más grandes a los costados de la ruta, menos gente trabajando en esta zona, pero, si algo estaba claro, es que aquí, un poco más alejado del río, ya no tenían cultivado trigo. Era arroz, uno que aún le faltaba madurar. Tal vez por lo mismo Beru podía percatarse de la menor actividad que había en esta zona. <br />
<br />
A la distancia, al otro extremo, cruzando todos los campos de arroz, podía verlo: un grupo de casas a poca distancia entre ellas. Desde la posición en la que se encontraba, al renegado se le hacía imposible saber de quiénes eran con exactitud. Lo poco que podía diferenciar era cómo estaban hechas, pareciendo hogares de buena calidad. Sería un misterio que se quedaría en esta pequeña aventura. A pesar de que existía la curiosidad por saber más de esta zona, desviarse del camino, implicando el gasto de horas y la incertidumbre de quién pudiera estar por ahí, hacía sentir al renegado que no valía la pena. Prefería, en última instancia, ver a los pocos campesinos que estaban por aquí y quién sabe, hablarles. O al menos eso pasaba por la mente de Beru.<br />
<br />
<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">- Nunca me lo había preguntado, ¿pero estos senderos tendrán un fin? -</span> exclamó con duda. Mucha gente tuvo que haber pasado por aquí antes, pero ¿Beru podría ser capaz de llegar hasta donde alguno de todos ellos no había llegado? ¿Podría ser el chico el que llegara más allá y viera lo que nadie ha visto? Estaba claro que por la mente del genin varias dudas surgían. Probablemente, muchas de ellas no tendrían respuesta. La idea principal era saber qué había más allá en el río, adónde iban las pequeñas flotas con provisiones. Si bien llegar donde nadie más había llegado estaba entre sus pensamientos, por ahora aquello estaba simplemente fuera de los planes.<br />
<br />
El río y la ruta, a pesar de que se alejaban por momentos uno de la otra, volvían a estar juntos después de cierta cantidad de metros. Mientras más avanzaba el chico, podía notar cómo el bosque tomaba más control de la zona. Había menos cultivos, menos gente y, en general, una menor actividad de personas. Fuera donde llegara esta ruta, estaba claro que por aquí ya no era tan transitado. Lo más probable es que fuera porque, cuesta arriba, hacia donde se dirigía, el terreno se volvía más elevado. Ya no era solo una planicie como más abajo, que estaba en las faldas de algunos cerros. Ahora se estaba empezando a subir sobre ellos y tal vez por esta misma razón ya lo que podía observar antes casi no estaba presente. Y ya fuera por la hora o por el esfuerzo de subir más arriba, sin comer casi nada fuera de las raciones del gran pez que había pescado el día de ayer, lo mejor era para el genin descansar debajo de la sombra de un árbol. Tendría que retomar un poco de fuerzas para seguir adelante. Podría descansar y comer y, quién sabe, hasta tal vez una pequeña siesta.<br />
<br />
Aquí, en una zona poco transitada, era poco probable que tuviera algún problema por aquello. Al final, dentro de un par de horas esperaba llegar a alguna villa donde poder asentarse unos días o, en el peor de los casos, dormir en un hogar provisorio en el bosque.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/56/07/08/560708279c65df4fa56dbb5160349948.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: 560708279c65df4fa56dbb5160349948.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 47, Verano del 150</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País del Fuego</span><br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"> - Que brutal puede ser la vida, si quien sea que la da y quien sea que le toque vivirla se lo propone - </span>pensaba el Hōzuki, con un tabaco recién prendido sujetado en su mano derecha. Tan solo el día de ayer había visto cómo, más abajo de este mismo camino, varias hectáreas de heno donde varios campesinos trabajaban sin parar, hacían montículos de heno. Aquí, más arriba de la ruta, se podía notar cómo la naturaleza se hacía un poco más pronunciada: árboles más grandes a los costados de la ruta, menos gente trabajando en esta zona, pero, si algo estaba claro, es que aquí, un poco más alejado del río, ya no tenían cultivado trigo. Era arroz, uno que aún le faltaba madurar. Tal vez por lo mismo Beru podía percatarse de la menor actividad que había en esta zona. <br />
<br />
A la distancia, al otro extremo, cruzando todos los campos de arroz, podía verlo: un grupo de casas a poca distancia entre ellas. Desde la posición en la que se encontraba, al renegado se le hacía imposible saber de quiénes eran con exactitud. Lo poco que podía diferenciar era cómo estaban hechas, pareciendo hogares de buena calidad. Sería un misterio que se quedaría en esta pequeña aventura. A pesar de que existía la curiosidad por saber más de esta zona, desviarse del camino, implicando el gasto de horas y la incertidumbre de quién pudiera estar por ahí, hacía sentir al renegado que no valía la pena. Prefería, en última instancia, ver a los pocos campesinos que estaban por aquí y quién sabe, hablarles. O al menos eso pasaba por la mente de Beru.<br />
<br />
<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">- Nunca me lo había preguntado, ¿pero estos senderos tendrán un fin? -</span> exclamó con duda. Mucha gente tuvo que haber pasado por aquí antes, pero ¿Beru podría ser capaz de llegar hasta donde alguno de todos ellos no había llegado? ¿Podría ser el chico el que llegara más allá y viera lo que nadie ha visto? Estaba claro que por la mente del genin varias dudas surgían. Probablemente, muchas de ellas no tendrían respuesta. La idea principal era saber qué había más allá en el río, adónde iban las pequeñas flotas con provisiones. Si bien llegar donde nadie más había llegado estaba entre sus pensamientos, por ahora aquello estaba simplemente fuera de los planes.<br />
<br />
El río y la ruta, a pesar de que se alejaban por momentos uno de la otra, volvían a estar juntos después de cierta cantidad de metros. Mientras más avanzaba el chico, podía notar cómo el bosque tomaba más control de la zona. Había menos cultivos, menos gente y, en general, una menor actividad de personas. Fuera donde llegara esta ruta, estaba claro que por aquí ya no era tan transitado. Lo más probable es que fuera porque, cuesta arriba, hacia donde se dirigía, el terreno se volvía más elevado. Ya no era solo una planicie como más abajo, que estaba en las faldas de algunos cerros. Ahora se estaba empezando a subir sobre ellos y tal vez por esta misma razón ya lo que podía observar antes casi no estaba presente. Y ya fuera por la hora o por el esfuerzo de subir más arriba, sin comer casi nada fuera de las raciones del gran pez que había pescado el día de ayer, lo mejor era para el genin descansar debajo de la sombra de un árbol. Tendría que retomar un poco de fuerzas para seguir adelante. Podría descansar y comer y, quién sabe, hasta tal vez una pequeña siesta.<br />
<br />
Aquí, en una zona poco transitada, era poco probable que tuviera algún problema por aquello. Al final, dentro de un par de horas esperaba llegar a alguna villa donde poder asentarse unos días o, en el peor de los casos, dormir en un hogar provisorio en el bosque.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Autonarrada D -  Pesca en el Río]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14925</link>
			<pubDate>Tue, 15 Sep 2026 19:35:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=512">Beru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14925</guid>
			<description><![CDATA[<img src="https://i.pinimg.com/1200x/ad/a0/88/ada0887a1d0257aed301f5d0c692675f.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: ada0887a1d0257aed301f5d0c692675f.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pesca en el Río</span></span></div>
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano del 150, Día 46 </span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País del fuego</span><br />
<br />
El diá estaba fresco, la brisa pegaba en la cara y ese frio constante que bañaba a la gente madrugadora, de la zona hacia que cualquiera que tuviera que hacer alguna actividad en estas horas, tuviera que abrigarse. Un campesino de estas zonas no seria muy útil si es que por no cuidarse se resfriara, oh se pudiera incluso contagiar con algo peor. Beru podía ver como al río que se acercaba con su caña de pescar, algunas pequeñas flotas de comerciantes pasaban y mientras eso sucedía durante el el estrecho camino que permitía llegar hacia las orillas del río, campesinos cuidaban las hectáreas de heno que tenían para los animales locales, todos aquellos montículos esparcidos por varios cientos de metros en las orilla del río serian la comida y el abrigo para los animales en invierno y otoño, talvez por eso el renegado notaba como se esforzaban aquellos campesinos, podía apreciar el helado sudor caer de sus frentes, si de algo podía estar seguro el genin era que si el clima no los acompañaba a aquellas personas, probablemente estarían bañados en sudor.<br />
<br />
<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">- Casi 10 de la mañana deberían de ser -</span> dijo analizando con la puesta de sol que había y recordando en parte la ultima hora que habías visto en el reloj de la casa, el chico no poseía reloj de bolsillo en parte sentía que no lo necesitaba, con su memoria y el sol le bastaba. Ah medida que se ya se encontraba cerca de la orilla a varios campesinos ya se habían dado cuenta de la presencia del chico, nadie lo conocía, aquí no era nadie y por aquellas vestimentas exóticas que solía usar todos los trabajadores, podían notarlo desde la distancia. El no era de aqui, el venia con el propósito de pescar, podían notarlo por la caña artesanal que llevaba. Ah algunos eso les daba calma saber que hacia un completo desconocido en la zona y para otros un recelo y es que algunos de ellos pasaban todo el dia trabajando, cada día de la semana si no era por en una cosa, debía ser en otra, para todos ellos el ocio aparente, la trivialidad de hacer algo por el querer y no por la necesidad de, era algo que se les hacia ajeno, quien no trabajaba no producía y quien no producía no tenia asegurado el como sobrevivir el día a día.<br />
<br />
Ese punto, esa diferencia que dividía al chico y al campesino, provocaba en algunos de ellos aquel recelo. Simplemente, no podían darse ese lujo, algo de lo que el mismo renegado no estaba consciente del todo. Y como su objetivo estaba en la pesca, muchos de estos problemas quedarían en lo profundo de los pensamientos de las personas, porque mientras el campesino no manifieste sus problemas y el chico no quiera escucharlos, hará que lo que no se puede ver por la profundidad del río haga parecer siempre que, en realidad nada sucede.<br />
<br />
En la orilla del río ya se encontraba Beru, con su caña artesanal, la cual por el aspecto que tenia esta y el mismo en su vestimenta la hacia desencajar y por que pareciera que una cosa no perteneciera a la otra, aun que justamente ese factor la hacia verse mas notable, si la llevara otra persona, con otra vestimenta menos caprichosa y llamativa, simplemente aquella caña, pasaría como una mas de entre las miles de cañas, que podían existir. El chico ya sentando en la orilla, podía observar ya dándoles la espalda, a los campesinos a los barcos mercantes, que transcurrían por el fluvial, Beru aun que nunca había caminado por estas zonas, sabia que esta era una ruta donde una red de pueblos se conectaban gracias al río este les permitía, llevar sus productos a una velocidad y en una cantidad bastante mayor y el renegado incluso desde la posición en la estaba podía confírmalo, se notaba que algunos de los barcos estaban lleno de frutas, trigo, y otros producto cereales como el arroz. <span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">- Ire a ver un día, hacia donde llega todo lo que se produce - </span>dijiste mientras en la posición en la que estabas sentando entre piernas y con la caña ya lanzada hacia el río esperabas a que algo picara.<br />
<br />
Y mientras los ojos del chico se deleitaban con el paisaje que estaba al frente de sus ojos y de paso analizaba y se preguntaba cosas sobre los mercantes que recorrían el río ¡¡PICO!! el fuerte impulso, por la fuerza del pez lo sentía, realmente fuese lo que hubiera pescado, a diferencias de otras veces esto, debía de ser bastante mas grande. La caña se notaba como se tensionaba el frio y la calma parecían cesar por ese instante todo parecía cambiar era la adrenalina, la adrenalina de un chico que hace tiempo que no lograba desde que dejo kiri, sentirse asi de emocionado con la pesca, por ese instante y por este mismo instante, estaba vivo, vivo por que sabia que hoy comería algo de mejor calidad.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<img src="https://i.pinimg.com/1200x/ad/a0/88/ada0887a1d0257aed301f5d0c692675f.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: ada0887a1d0257aed301f5d0c692675f.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pesca en el Río</span></span></div>
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano del 150, Día 46 </span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">País del fuego</span><br />
<br />
El diá estaba fresco, la brisa pegaba en la cara y ese frio constante que bañaba a la gente madrugadora, de la zona hacia que cualquiera que tuviera que hacer alguna actividad en estas horas, tuviera que abrigarse. Un campesino de estas zonas no seria muy útil si es que por no cuidarse se resfriara, oh se pudiera incluso contagiar con algo peor. Beru podía ver como al río que se acercaba con su caña de pescar, algunas pequeñas flotas de comerciantes pasaban y mientras eso sucedía durante el el estrecho camino que permitía llegar hacia las orillas del río, campesinos cuidaban las hectáreas de heno que tenían para los animales locales, todos aquellos montículos esparcidos por varios cientos de metros en las orilla del río serian la comida y el abrigo para los animales en invierno y otoño, talvez por eso el renegado notaba como se esforzaban aquellos campesinos, podía apreciar el helado sudor caer de sus frentes, si de algo podía estar seguro el genin era que si el clima no los acompañaba a aquellas personas, probablemente estarían bañados en sudor.<br />
<br />
<span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">- Casi 10 de la mañana deberían de ser -</span> dijo analizando con la puesta de sol que había y recordando en parte la ultima hora que habías visto en el reloj de la casa, el chico no poseía reloj de bolsillo en parte sentía que no lo necesitaba, con su memoria y el sol le bastaba. Ah medida que se ya se encontraba cerca de la orilla a varios campesinos ya se habían dado cuenta de la presencia del chico, nadie lo conocía, aquí no era nadie y por aquellas vestimentas exóticas que solía usar todos los trabajadores, podían notarlo desde la distancia. El no era de aqui, el venia con el propósito de pescar, podían notarlo por la caña artesanal que llevaba. Ah algunos eso les daba calma saber que hacia un completo desconocido en la zona y para otros un recelo y es que algunos de ellos pasaban todo el dia trabajando, cada día de la semana si no era por en una cosa, debía ser en otra, para todos ellos el ocio aparente, la trivialidad de hacer algo por el querer y no por la necesidad de, era algo que se les hacia ajeno, quien no trabajaba no producía y quien no producía no tenia asegurado el como sobrevivir el día a día.<br />
<br />
Ese punto, esa diferencia que dividía al chico y al campesino, provocaba en algunos de ellos aquel recelo. Simplemente, no podían darse ese lujo, algo de lo que el mismo renegado no estaba consciente del todo. Y como su objetivo estaba en la pesca, muchos de estos problemas quedarían en lo profundo de los pensamientos de las personas, porque mientras el campesino no manifieste sus problemas y el chico no quiera escucharlos, hará que lo que no se puede ver por la profundidad del río haga parecer siempre que, en realidad nada sucede.<br />
<br />
En la orilla del río ya se encontraba Beru, con su caña artesanal, la cual por el aspecto que tenia esta y el mismo en su vestimenta la hacia desencajar y por que pareciera que una cosa no perteneciera a la otra, aun que justamente ese factor la hacia verse mas notable, si la llevara otra persona, con otra vestimenta menos caprichosa y llamativa, simplemente aquella caña, pasaría como una mas de entre las miles de cañas, que podían existir. El chico ya sentando en la orilla, podía observar ya dándoles la espalda, a los campesinos a los barcos mercantes, que transcurrían por el fluvial, Beru aun que nunca había caminado por estas zonas, sabia que esta era una ruta donde una red de pueblos se conectaban gracias al río este les permitía, llevar sus productos a una velocidad y en una cantidad bastante mayor y el renegado incluso desde la posición en la estaba podía confírmalo, se notaba que algunos de los barcos estaban lleno de frutas, trigo, y otros producto cereales como el arroz. <span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">- Ire a ver un día, hacia donde llega todo lo que se produce - </span>dijiste mientras en la posición en la que estabas sentando entre piernas y con la caña ya lanzada hacia el río esperabas a que algo picara.<br />
<br />
Y mientras los ojos del chico se deleitaban con el paisaje que estaba al frente de sus ojos y de paso analizaba y se preguntaba cosas sobre los mercantes que recorrían el río ¡¡PICO!! el fuerte impulso, por la fuerza del pez lo sentía, realmente fuese lo que hubiera pescado, a diferencias de otras veces esto, debía de ser bastante mas grande. La caña se notaba como se tensionaba el frio y la calma parecían cesar por ese instante todo parecía cambiar era la adrenalina, la adrenalina de un chico que hace tiempo que no lograba desde que dejo kiri, sentirse asi de emocionado con la pesca, por ese instante y por este mismo instante, estaba vivo, vivo por que sabia que hoy comería algo de mejor calidad.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión autonarrada D] Lombrices para compost.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14583</link>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 15:52:30 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=807">Carina Aburame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14583</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">55 de primavera del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Konohagakure</span><br />
</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Había recibido misiones peligrosas, extrañas y suficientemente interesantes como para justificar llenar varias páginas de anotaciones. Aquella no pertenecía a ninguna de esas categorías. Necesitaban lombrices. Muchas lombrices. Me quedé mirando el pequeño terreno destinado al proyecto de compostaje con ambas manos apoyadas sobre las rodillas, inclinada hacia delante mientras observaba una caja de madera llena de restos vegetales. Hojas, cáscaras, tallos, fruta demasiado madura y una cantidad considerable de tierra húmeda. Todo aquello desprendía un aroma maravilloso a materia orgánica comenzando a descomponerse. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Ohhh.</span></span></span><br />
<br />
Introduje un dedo en la tierra, comprobé su humedad y después froté entre el pulgar y el índice la pequeña cantidad que había quedado adherida a mi piel. Nosotros tenemos una misión importantísima. Un pequeño grupo de Kikaichū emergió de mi manga y permaneció recorriendo mi brazo mientras continuaba observando aquella mezcla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color"> —No pongáis esas caras. Sin lombrices no hay suficiente aireación. Sin aireación, el proceso se vuelve menos eficiente. Si el proceso es menos eficiente, tenemos compost mediocre. Y si tenemos compost mediocre, tendremos plantas mediocres. Y si tenemos plantas mediocres...</span></span></span><br />
<br />
Me detuve esperando una respuesta que, evidentemente, nunca llegó. Los insectos continuaron completamente indiferentes<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Exactamente. <br />
<br />
</span></span></span>Una tragedia. El encargado del cultivo me había indicado una zona cercana donde solían encontrarlas después de las lluvias. Podría haber agarrado una pala, removido tierra durante un rato, llenado un recipiente y terminado aquella misión antes del almuerzo, pero eso habría sido terriblemente aburrido. Me interné entre los cultivos buscando primero las zonas donde el suelo conservara mayor humedad. La sombra de los árboles, las acumulaciones de hojas y los pequeños desniveles donde el agua permanecía más tiempo resultaban candidatos evidentes. Me agaché junto al primero y aparté cuidadosamente la cobertura vegetal. Nada. En el segundo encontré un escarabajo que consiguió distraerme durante algunos segundos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Hola, precioso. Tú no eres lo que busco.<br />
<br />
</span></span></span>Lo dejé continuar y avancé hasta el siguiente punto. Allí, después de remover apenas unos centímetros de tierra, apareció finalmente una lombriz. Mis ojos se abrieron detrás de los lentes de corazón<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-¡Ajá!</span></span></span> <br />
<br />
La levanté con muchísimo cuidado y la dejé deslizarse sobre mi palma. Era pequeña, húmeda y completamente ordinaria. Perfecta<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Mira qué cosa tan bonita eres</span></span></span>. <br />
<br />
La lombriz, sorprendentemente, no respondió. La coloqué dentro del recipiente con tierra húmeda que llevaba conmigo y continué buscando. Pronto comprendí que excavar aleatoriamente sería poco eficiente, así que empecé a comparar cada lugar donde encontraba ejemplares. Humedad, sombra, cantidad de materia vegetal, textura del suelo y profundidad. Después de la décima lombriz ya no estaba cumpliendo una misión. Estaba haciendo un experimento. Y eso era muchísimo mejor.</div>
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Dos horas después tenía tierra en las manos, una mancha sobre la mejilla, hojas enganchadas en una coleta y varios recipientes considerablemente más llenos que al principio. También había desarrollado una teoría.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Aquí.</span></span></span> <br />
<br />
Hundí los dedos alrededor de una acumulación de hojas húmedas y levanté cuidadosamente una porción de tierra. Tres lombrices aparecieron retorciéndose entre las raíces y una sonrisa se dibujó inmediatamente en mi rostro<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Sabía que estaban aquí.</span></span></span> <br />
<br />
Mis Kikaichū se dispersaban alrededor mientras avanzaba. No necesitaba que capturasen nada; aquella era mi tarea. Ellos simplemente me ayudaban a inspeccionar el terreno y, sinceramente, disfrutaba demasiado metiendo las manos en el barro como para delegarlo. Había comenzado recogiendo cualquier ejemplar que encontraba, pero pronto cambié de estrategia. No quería vaciar completamente una misma zona. Extraer demasiados individuos de un único punto podía alterar innecesariamente aquella pequeña población. Una colonia debía aprovechar los recursos, no destruirlos. Así que establecí mentalmente varias áreas, tomé solamente una parte de los ejemplares encontrados en cada una y continué desplazándome. Cuando finalmente regresé al sector de cultivos, deposité los recipientes junto al compostador con una satisfacción probablemente excesiva para alguien cuya gran hazaña del día había consistido en capturar lombrices. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Tenemos suficientes.</span></span></span> <br />
<br />
El encargado miró los recipientes, después me miró a mí y finalmente volvió a mirar los recipientes.<br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Por qué están separados?</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-</span><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">Por procedencia. </span><br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-</span></span></span><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">¿Procedencia?</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Sí. Estas estaban bajo cobertura vegetal en suelo húmedo. Estas aparecieron aproximadamente cinco centímetros más abajo. Estas otras estaban cerca de raíces y aquellas...</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Carina.</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-¿Mmm?</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Solo necesitábamos lombrices.</span> <br />
<br />
Permanecí unos segundos en silencio. Miré los recipientes, miré el compost y finalmente regresé la mirada hacia el hombre. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Eso es exactamente lo que alguien diría antes de descubrir accidentalmente una diferencia fascinante entre poblaciones. <br />
<br />
</span></span></span>El hombre cerró los ojos. Decidí interpretar aquello como aceptación científica. Con cuidado fui trasladando las lombrices hacia el compost. Algunas desaparecieron inmediatamente bajo la materia vegetal mientras otras permanecieron unos segundos en la superficie antes de comenzar a enterrarse. Me acuclillé frente a la caja, apoyando la barbilla sobre ambas manos mientras seguía atentamente sus movimientos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Miren eso... <br />
<br />
</span></span></span>Una lombriz desapareció lentamente entre las hojas<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">- Comen materia en descomposición, modifican el suelo, favorecen su estructura y pasan casi toda su existencia debajo de nuestros pies sin que nadie les preste atención.</span></span></span> <br />
<br />
Sonreí ampliamente<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Me caen bien.<br />
<br />
</span></span></span>Sacudí finalmente las manos, aunque conseguí únicamente distribuir mejor la tierra sobre ellas. La misión estaba terminada. El proyecto tenía sus lombrices y yo había conseguido algo mucho más importante: suficientes observaciones como para justificar volver dentro de unos días y comprobar cómo se adaptaban. Porque conseguir lombrices era una misión. Observar qué hacían después era ciencia.</div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">55 de primavera del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Konohagakure</span><br />
</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Había recibido misiones peligrosas, extrañas y suficientemente interesantes como para justificar llenar varias páginas de anotaciones. Aquella no pertenecía a ninguna de esas categorías. Necesitaban lombrices. Muchas lombrices. Me quedé mirando el pequeño terreno destinado al proyecto de compostaje con ambas manos apoyadas sobre las rodillas, inclinada hacia delante mientras observaba una caja de madera llena de restos vegetales. Hojas, cáscaras, tallos, fruta demasiado madura y una cantidad considerable de tierra húmeda. Todo aquello desprendía un aroma maravilloso a materia orgánica comenzando a descomponerse. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Ohhh.</span></span></span><br />
<br />
Introduje un dedo en la tierra, comprobé su humedad y después froté entre el pulgar y el índice la pequeña cantidad que había quedado adherida a mi piel. Nosotros tenemos una misión importantísima. Un pequeño grupo de Kikaichū emergió de mi manga y permaneció recorriendo mi brazo mientras continuaba observando aquella mezcla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color"> —No pongáis esas caras. Sin lombrices no hay suficiente aireación. Sin aireación, el proceso se vuelve menos eficiente. Si el proceso es menos eficiente, tenemos compost mediocre. Y si tenemos compost mediocre, tendremos plantas mediocres. Y si tenemos plantas mediocres...</span></span></span><br />
<br />
Me detuve esperando una respuesta que, evidentemente, nunca llegó. Los insectos continuaron completamente indiferentes<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Exactamente. <br />
<br />
</span></span></span>Una tragedia. El encargado del cultivo me había indicado una zona cercana donde solían encontrarlas después de las lluvias. Podría haber agarrado una pala, removido tierra durante un rato, llenado un recipiente y terminado aquella misión antes del almuerzo, pero eso habría sido terriblemente aburrido. Me interné entre los cultivos buscando primero las zonas donde el suelo conservara mayor humedad. La sombra de los árboles, las acumulaciones de hojas y los pequeños desniveles donde el agua permanecía más tiempo resultaban candidatos evidentes. Me agaché junto al primero y aparté cuidadosamente la cobertura vegetal. Nada. En el segundo encontré un escarabajo que consiguió distraerme durante algunos segundos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Hola, precioso. Tú no eres lo que busco.<br />
<br />
</span></span></span>Lo dejé continuar y avancé hasta el siguiente punto. Allí, después de remover apenas unos centímetros de tierra, apareció finalmente una lombriz. Mis ojos se abrieron detrás de los lentes de corazón<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-¡Ajá!</span></span></span> <br />
<br />
La levanté con muchísimo cuidado y la dejé deslizarse sobre mi palma. Era pequeña, húmeda y completamente ordinaria. Perfecta<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Mira qué cosa tan bonita eres</span></span></span>. <br />
<br />
La lombriz, sorprendentemente, no respondió. La coloqué dentro del recipiente con tierra húmeda que llevaba conmigo y continué buscando. Pronto comprendí que excavar aleatoriamente sería poco eficiente, así que empecé a comparar cada lugar donde encontraba ejemplares. Humedad, sombra, cantidad de materia vegetal, textura del suelo y profundidad. Después de la décima lombriz ya no estaba cumpliendo una misión. Estaba haciendo un experimento. Y eso era muchísimo mejor.</div>
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Dos horas después tenía tierra en las manos, una mancha sobre la mejilla, hojas enganchadas en una coleta y varios recipientes considerablemente más llenos que al principio. También había desarrollado una teoría.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Aquí.</span></span></span> <br />
<br />
Hundí los dedos alrededor de una acumulación de hojas húmedas y levanté cuidadosamente una porción de tierra. Tres lombrices aparecieron retorciéndose entre las raíces y una sonrisa se dibujó inmediatamente en mi rostro<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Sabía que estaban aquí.</span></span></span> <br />
<br />
Mis Kikaichū se dispersaban alrededor mientras avanzaba. No necesitaba que capturasen nada; aquella era mi tarea. Ellos simplemente me ayudaban a inspeccionar el terreno y, sinceramente, disfrutaba demasiado metiendo las manos en el barro como para delegarlo. Había comenzado recogiendo cualquier ejemplar que encontraba, pero pronto cambié de estrategia. No quería vaciar completamente una misma zona. Extraer demasiados individuos de un único punto podía alterar innecesariamente aquella pequeña población. Una colonia debía aprovechar los recursos, no destruirlos. Así que establecí mentalmente varias áreas, tomé solamente una parte de los ejemplares encontrados en cada una y continué desplazándome. Cuando finalmente regresé al sector de cultivos, deposité los recipientes junto al compostador con una satisfacción probablemente excesiva para alguien cuya gran hazaña del día había consistido en capturar lombrices. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Tenemos suficientes.</span></span></span> <br />
<br />
El encargado miró los recipientes, después me miró a mí y finalmente volvió a mirar los recipientes.<br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-¿Por qué están separados?</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-</span><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">Por procedencia. </span><br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-</span></span></span><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">¿Procedencia?</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Sí. Estas estaban bajo cobertura vegetal en suelo húmedo. Estas aparecieron aproximadamente cinco centímetros más abajo. Estas otras estaban cerca de raíces y aquellas...</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Carina.</span> <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-¿Mmm?</span></span></span> <br />
<br />
<span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">-Solo necesitábamos lombrices.</span> <br />
<br />
Permanecí unos segundos en silencio. Miré los recipientes, miré el compost y finalmente regresé la mirada hacia el hombre. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Eso es exactamente lo que alguien diría antes de descubrir accidentalmente una diferencia fascinante entre poblaciones. <br />
<br />
</span></span></span>El hombre cerró los ojos. Decidí interpretar aquello como aceptación científica. Con cuidado fui trasladando las lombrices hacia el compost. Algunas desaparecieron inmediatamente bajo la materia vegetal mientras otras permanecieron unos segundos en la superficie antes de comenzar a enterrarse. Me acuclillé frente a la caja, apoyando la barbilla sobre ambas manos mientras seguía atentamente sus movimientos. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Miren eso... <br />
<br />
</span></span></span>Una lombriz desapareció lentamente entre las hojas<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">- Comen materia en descomposición, modifican el suelo, favorecen su estructura y pasan casi toda su existencia debajo de nuestros pies sin que nadie les preste atención.</span></span></span> <br />
<br />
Sonreí ampliamente<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Me caen bien.<br />
<br />
</span></span></span>Sacudí finalmente las manos, aunque conseguí únicamente distribuir mejor la tierra sobre ellas. La misión estaba terminada. El proyecto tenía sus lombrices y yo había conseguido algo mucho más importante: suficientes observaciones como para justificar volver dentro de unos días y comprobar cómo se adaptaban. Porque conseguir lombrices era una misión. Observar qué hacían después era ciencia.</div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La teoría del Huésped]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14472</link>
			<pubDate>Wed, 05 Aug 2026 17:20:03 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=807">Carina Aburame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14472</guid>
			<description><![CDATA[Antes de abandonar la aldea había dedicado varios minutos a ordenar cuidadosamente el contenido de mi mochila. Frascos de cristal. Pinzas de precisión. Una pequeña espátula de acero. Papel para muestras. La libreta, por supuesto. Siempre la libreta. Había personas incapaces de salir de casa sin revisar si llevaban dinero; yo era incapaz de internarme en un bosque sin algún lugar donde registrar una buena observación. La memoria humana era un instrumento extraordinario... hasta que uno la comparaba con una página escrita.<br />
<br />
El Bosque de Konoha despertaba con una calma engañosa. La humedad permanecía suspendida entre los troncos como un velo casi imperceptible y el aroma de las hojas en descomposición dominaba el ambiente con una intensidad agradable. La mayoría describiría aquel olor simplemente como tierra mojada. Qué forma tan injusta de resumir millones de organismos trabajando al mismo tiempo. Bacterias, insectos, líquenes, nematodos, hongos todos participando en una conversación biológica que llevaba ocurriendo muchísimo antes de que existiera el primer shinobi.<br />
<br />
Caminaba despacio. Muchísimo más despacio de lo que acostumbraba. No porque el terreno fuera complicado, sino porque observar exigía un ritmo incompatible con la prisa. Cada pocos metros me detenía frente a un tronco, apartaba cuidadosamente un puñado de hojas o inspeccionaba la cara inferior de una roca. Los hongos nunca aparecían donde uno quería encontrarlos; aparecían donde las condiciones habían decidido que era estadísticamente favorable hacerlo. La naturaleza era extraordinariamente democrática con sus probabilidades. Fue una pequeña irregularidad sobre una hoja seca la que terminó captando mi atención. Me agaché inmediatamente. No era la hoja. Era lo que descansaba sobre ella. Un escarabajo. O, mejor dicho lo que alguna vez había sido un escarabajo. Su exoesqueleto permanecía casi intacto, inmóvil, con las patas aferradas al borde de una rama caída. Sin embargo, entre las uniones de la quitina emergían delicadas estructuras blanquecinas que ascendían como diminutos tallos buscando la luz. Me incliné un poco más hasta casi apoyar una rodilla sobre el suelo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-No puede ser</span></span></span><br />
<br />
La emoción escapó de mis labios antes incluso de formular el pensamiento completo. Los filamentos nacían desde el interior del cuerpo. No estaban alimentándose del cadáver. Lo habían convertido en parte de sí mismos. Saqué la lupa con un movimiento casi automático mientras mi respiración disminuía de manera inconsciente. Aquello merecía toda mi atención. El micelio había colonizado completamente la cavidad interna del insecto, sustituyendo músculos, órganos y fluidos hasta utilizar el propio exoesqueleto como una estructura de soporte para dispersar nuevas esporas. Extraordinario. Muchísimas personas describían procesos semejantes utilizando palabras como "parásito", "monstruo" o "plaga". Yo únicamente veía eficiencia evolutiva.<br />
<br />
Abrí la libreta.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">&lt;Colonización completa. Posible entomopatógeno. Fructificación posterior a la muerte del hospedador. Distribución homogénea. Excelente estado de conservación.&gt;</span><br />
<br />
Hice un pequeño dibujo del ejemplar antes de levantar nuevamente la vista. Resultaba curioso. Un organismo diminuto podía alterar por completo el destino de otro muchísimo más complejo sin necesidad de fuerza, velocidad ni inteligencia aparente. Solo paciencia. La evolución llevaba millones de años demostrando que la paciencia era una estrategia absurdamente eficaz. Sonreí para mí misma. Quizá por eso me gustaban tanto los hongos. Nadie esperaba gran cosa de ellos hasta que descubrían que un bosque entero dependía silenciosamente de su existencia. Con extremo cuidado introduje el pequeño cadáver dentro de un recipiente de cristal. No pensaba interferir con la colonia principal; bastaba una única muestra para semanas enteras de observaciones. Cerré el frasco y lo sostuve unos segundos contra la luz que atravesaba las copas de los árboles.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Bienvenido al mundo de Cari.</span></span></span><br />
<br />
Una pequeña risa escapó de mis labios. Mis pasos se detuvieron. No por precaución. Por curiosidad. Incliné apenas la cabeza mientras mis ojos abandonaban por primera vez en varios minutos el suelo para fijarse en aquella nueva variable del ecosistema.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Vaya...</span></span></span><br />
<br />
Guardé el frasco dentro de la mochila con toda la delicadeza del mundo. Había salido aquella mañana buscando organismos capaces de convertir un cadáver en el origen de una nueva vida. Y, aparentemente. El bosque acababa de ofrecerme otra especie interesante para observar.<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML=' PJ e Inventario'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML=' PJ e Inventario'; }"> PJ e Inventario</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Carina Aburame'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Carina Aburame'; }">Estadísticas de Carina Aburame</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Carina Aburame</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>10</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>0</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>35</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>30</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>280</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>355</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>44</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	
	<div style='display:flex;gap:14px;align-items:flex-start;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #7b4ab8;background:#130f1e;padding:14px 16px;margin:10px 0;'>
		<div style='position:relative;width:84px;height:84px;flex-shrink:0;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);overflow:hidden;'>
			<img src='https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/chakram.jpg' alt='Chakram' style='width:100%;height:100%;object-fit:cover;' />
		</div>
		<div style='flex:1;min-width:0;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:baseline;justify-content:space-between;gap:10px;flex-wrap:wrap;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:15px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Chakram</span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#c09840;white-space:nowrap;'>1.470 ryos</span>
			</div>
			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:6px;margin-top:7px;'><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(192,152,64,0.4);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#c09840;white-space:nowrap;'>Arrojadiza</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>Chico</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>3</span></div>
			
				<input type='checkbox' id='obj_desc_CHAKRAM' style='position:absolute;width:1px;height:1px;opacity:0;overflow:hidden;' />
				<div class='obj_desc_CHAKRAM_box' style='max-height:58px;overflow:hidden;position:relative;margin-top:7px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.6;color:#c9bfe0;'>
					Arma arrojadiza con forma de circunferencia metálica de aproximadamente 20 cm de diámetro, con filo a lo largo de todo su perímetro exterior, salvo por una pequeña sección sin filo que permite sujetarlo de forma segura. Su diseño ligero y equilibrado lo convierte en un proyectil eficaz, capaz de causar cortes limpios y veloces al ser lanzado.<br />
<br />
Cuando se empuña, el filo del chakram queda alineado por sobre los nudillos, lo que lo diferencia de las armas convencionales como cuchillos o espadas. Debido a esta particularidad, el chakram no puede usarse como un arma cuerpo a cuerpo tradicional, pero sí permite potenciar los ataques de Taijutsu realizados con la mano que lo sostiene, añadiendo capacidad de corte al impacto físico sin interferir con la técnica marcial.
					<div class='obj_desc_CHAKRAM_fade' style='position:absolute;left:0;right:0;bottom:0;height:26px;background:linear-gradient(180deg,transparent,#130f1e);'></div>
				</div>
				<label for='obj_desc_CHAKRAM' style='display:inline-flex;margin-top:5px;cursor:pointer;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:1px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Leer más ↓</label>
				<style>
					#obj_desc_CHAKRAM:checked ~ .obj_desc_CHAKRAM_box { max-height: none !important; }
					#obj_desc_CHAKRAM:checked ~ .obj_desc_CHAKRAM_box .obj_desc_CHAKRAM_fade { display: none !important; }
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				</style>
			<div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 1">1 (MFUE)</span> de Lesión</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">2 (MDES)</span> de Sangrado</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> Compatible con golpes de Taijutsu</div>
		</div>
	</div>
	
	<div style='display:flex;gap:14px;align-items:flex-start;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #7b4ab8;background:#130f1e;padding:14px 16px;margin:10px 0;'>
		<div style='position:relative;width:84px;height:84px;flex-shrink:0;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);overflow:hidden;'>
			<img src='https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/mantadecamuflaje.jpg' alt='Manta de Camuflaje' style='width:100%;height:100%;object-fit:cover;' />
		</div>
		<div style='flex:1;min-width:0;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:baseline;justify-content:space-between;gap:10px;flex-wrap:wrap;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:15px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Manta de Camuflaje</span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#c09840;white-space:nowrap;'>1.470 ryos</span>
			</div>
			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:6px;margin-top:7px;'><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(192,152,64,0.4);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#c09840;white-space:nowrap;'>Herramienta</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>Mediano</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>1</span></div>
			
				<input type='checkbox' id='obj_desc_Manta' style='position:absolute;width:1px;height:1px;opacity:0;overflow:hidden;' />
				<div class='obj_desc_Manta_box' style='max-height:58px;overflow:hidden;position:relative;margin-top:7px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.6;color:#c9bfe0;'>
					Esta herramienta solo sirve para esconderse detrás o debajo de ella, siendo completamente inútil si el usuario se mueve o intenta combatir mientras la utiliza. Su diseño permite ver parcialmente el exterior desde el interior, lo que facilita identificar el momento oportuno para abandonar el escondite. Es una herramienta útil para infiltración, vigilancia o emboscadas, siempre que el usuario permanezca quieto y no sea detectado.
					<div class='obj_desc_Manta_fade' style='position:absolute;left:0;right:0;bottom:0;height:26px;background:linear-gradient(180deg,transparent,#130f1e);'></div>
				</div>
				<label for='obj_desc_Manta' style='display:inline-flex;margin-top:5px;cursor:pointer;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:1px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Leer más ↓</label>
				<style>
					#obj_desc_Manta:checked ~ .obj_desc_Manta_box { max-height: none !important; }
					#obj_desc_Manta:checked ~ .obj_desc_Manta_box .obj_desc_Manta_fade { display: none !important; }
					#obj_desc_Manta:checked ~ label { display: none !important; }
				</style>
			<div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Inteligencia (modificador) × 1">1 (MINT)</span> de Sigilo</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">2 (MDES)</span> de Sigilo</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> Efecto de camuflaje</div>
		</div>
	</div>
	</div>
		</div><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Mapa</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/wNJwj9pY/mapa-combate.png" loading="lazy"  width="650" height="650" alt="[Imagen: mapa-combate.png]" class="mycode_img" /></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Antes de abandonar la aldea había dedicado varios minutos a ordenar cuidadosamente el contenido de mi mochila. Frascos de cristal. Pinzas de precisión. Una pequeña espátula de acero. Papel para muestras. La libreta, por supuesto. Siempre la libreta. Había personas incapaces de salir de casa sin revisar si llevaban dinero; yo era incapaz de internarme en un bosque sin algún lugar donde registrar una buena observación. La memoria humana era un instrumento extraordinario... hasta que uno la comparaba con una página escrita.<br />
<br />
El Bosque de Konoha despertaba con una calma engañosa. La humedad permanecía suspendida entre los troncos como un velo casi imperceptible y el aroma de las hojas en descomposición dominaba el ambiente con una intensidad agradable. La mayoría describiría aquel olor simplemente como tierra mojada. Qué forma tan injusta de resumir millones de organismos trabajando al mismo tiempo. Bacterias, insectos, líquenes, nematodos, hongos todos participando en una conversación biológica que llevaba ocurriendo muchísimo antes de que existiera el primer shinobi.<br />
<br />
Caminaba despacio. Muchísimo más despacio de lo que acostumbraba. No porque el terreno fuera complicado, sino porque observar exigía un ritmo incompatible con la prisa. Cada pocos metros me detenía frente a un tronco, apartaba cuidadosamente un puñado de hojas o inspeccionaba la cara inferior de una roca. Los hongos nunca aparecían donde uno quería encontrarlos; aparecían donde las condiciones habían decidido que era estadísticamente favorable hacerlo. La naturaleza era extraordinariamente democrática con sus probabilidades. Fue una pequeña irregularidad sobre una hoja seca la que terminó captando mi atención. Me agaché inmediatamente. No era la hoja. Era lo que descansaba sobre ella. Un escarabajo. O, mejor dicho lo que alguna vez había sido un escarabajo. Su exoesqueleto permanecía casi intacto, inmóvil, con las patas aferradas al borde de una rama caída. Sin embargo, entre las uniones de la quitina emergían delicadas estructuras blanquecinas que ascendían como diminutos tallos buscando la luz. Me incliné un poco más hasta casi apoyar una rodilla sobre el suelo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-No puede ser</span></span></span><br />
<br />
La emoción escapó de mis labios antes incluso de formular el pensamiento completo. Los filamentos nacían desde el interior del cuerpo. No estaban alimentándose del cadáver. Lo habían convertido en parte de sí mismos. Saqué la lupa con un movimiento casi automático mientras mi respiración disminuía de manera inconsciente. Aquello merecía toda mi atención. El micelio había colonizado completamente la cavidad interna del insecto, sustituyendo músculos, órganos y fluidos hasta utilizar el propio exoesqueleto como una estructura de soporte para dispersar nuevas esporas. Extraordinario. Muchísimas personas describían procesos semejantes utilizando palabras como "parásito", "monstruo" o "plaga". Yo únicamente veía eficiencia evolutiva.<br />
<br />
Abrí la libreta.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">&lt;Colonización completa. Posible entomopatógeno. Fructificación posterior a la muerte del hospedador. Distribución homogénea. Excelente estado de conservación.&gt;</span><br />
<br />
Hice un pequeño dibujo del ejemplar antes de levantar nuevamente la vista. Resultaba curioso. Un organismo diminuto podía alterar por completo el destino de otro muchísimo más complejo sin necesidad de fuerza, velocidad ni inteligencia aparente. Solo paciencia. La evolución llevaba millones de años demostrando que la paciencia era una estrategia absurdamente eficaz. Sonreí para mí misma. Quizá por eso me gustaban tanto los hongos. Nadie esperaba gran cosa de ellos hasta que descubrían que un bosque entero dependía silenciosamente de su existencia. Con extremo cuidado introduje el pequeño cadáver dentro de un recipiente de cristal. No pensaba interferir con la colonia principal; bastaba una única muestra para semanas enteras de observaciones. Cerré el frasco y lo sostuve unos segundos contra la luz que atravesaba las copas de los árboles.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Bienvenido al mundo de Cari.</span></span></span><br />
<br />
Una pequeña risa escapó de mis labios. Mis pasos se detuvieron. No por precaución. Por curiosidad. Incliné apenas la cabeza mientras mis ojos abandonaban por primera vez en varios minutos el suelo para fijarse en aquella nueva variable del ecosistema.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f551ff;" class="mycode_color">-Vaya...</span></span></span><br />
<br />
Guardé el frasco dentro de la mochila con toda la delicadeza del mundo. Había salido aquella mañana buscando organismos capaces de convertir un cadáver en el origen de una nueva vida. Y, aparentemente. El bosque acababa de ofrecerme otra especie interesante para observar.<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML=' PJ e Inventario'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML=' PJ e Inventario'; }"> PJ e Inventario</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Carina Aburame'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Carina Aburame'; }">Estadísticas de Carina Aburame</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Carina Aburame</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>10</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>0</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>35</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>30</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 2</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>280</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>355</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>44</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	
	<div style='display:flex;gap:14px;align-items:flex-start;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #7b4ab8;background:#130f1e;padding:14px 16px;margin:10px 0;'>
		<div style='position:relative;width:84px;height:84px;flex-shrink:0;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);overflow:hidden;'>
			<img src='https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/chakram.jpg' alt='Chakram' style='width:100%;height:100%;object-fit:cover;' />
		</div>
		<div style='flex:1;min-width:0;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:baseline;justify-content:space-between;gap:10px;flex-wrap:wrap;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:15px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Chakram</span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#c09840;white-space:nowrap;'>1.470 ryos</span>
			</div>
			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:6px;margin-top:7px;'><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(192,152,64,0.4);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#c09840;white-space:nowrap;'>Arrojadiza</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>Chico</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>3</span></div>
			
				<input type='checkbox' id='obj_desc_CHAKRAM' style='position:absolute;width:1px;height:1px;opacity:0;overflow:hidden;' />
				<div class='obj_desc_CHAKRAM_box' style='max-height:58px;overflow:hidden;position:relative;margin-top:7px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.6;color:#c9bfe0;'>
					Arma arrojadiza con forma de circunferencia metálica de aproximadamente 20 cm de diámetro, con filo a lo largo de todo su perímetro exterior, salvo por una pequeña sección sin filo que permite sujetarlo de forma segura. Su diseño ligero y equilibrado lo convierte en un proyectil eficaz, capaz de causar cortes limpios y veloces al ser lanzado.<br />
<br />
Cuando se empuña, el filo del chakram queda alineado por sobre los nudillos, lo que lo diferencia de las armas convencionales como cuchillos o espadas. Debido a esta particularidad, el chakram no puede usarse como un arma cuerpo a cuerpo tradicional, pero sí permite potenciar los ataques de Taijutsu realizados con la mano que lo sostiene, añadiendo capacidad de corte al impacto físico sin interferir con la técnica marcial.
					<div class='obj_desc_CHAKRAM_fade' style='position:absolute;left:0;right:0;bottom:0;height:26px;background:linear-gradient(180deg,transparent,#130f1e);'></div>
				</div>
				<label for='obj_desc_CHAKRAM' style='display:inline-flex;margin-top:5px;cursor:pointer;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:1px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Leer más ↓</label>
				<style>
					#obj_desc_CHAKRAM:checked ~ .obj_desc_CHAKRAM_box { max-height: none !important; }
					#obj_desc_CHAKRAM:checked ~ .obj_desc_CHAKRAM_box .obj_desc_CHAKRAM_fade { display: none !important; }
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				</style>
			<div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 1">1 (MFUE)</span> de Lesión</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">2 (MDES)</span> de Sangrado</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> Compatible con golpes de Taijutsu</div>
		</div>
	</div>
	
	<div style='display:flex;gap:14px;align-items:flex-start;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #7b4ab8;background:#130f1e;padding:14px 16px;margin:10px 0;'>
		<div style='position:relative;width:84px;height:84px;flex-shrink:0;background:#171224;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);overflow:hidden;'>
			<img src='https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/mantadecamuflaje.jpg' alt='Manta de Camuflaje' style='width:100%;height:100%;object-fit:cover;' />
		</div>
		<div style='flex:1;min-width:0;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:baseline;justify-content:space-between;gap:10px;flex-wrap:wrap;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:15px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Manta de Camuflaje</span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:10px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#c09840;white-space:nowrap;'>1.470 ryos</span>
			</div>
			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:6px;margin-top:7px;'><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(192,152,64,0.4);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#c09840;white-space:nowrap;'>Herramienta</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>Mediano</span><span style='display:inline-flex;align-items:center;padding:3px 9px;background:rgba(0,0,0,0.25);border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.25);font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:0.8px;text-transform:uppercase;color:#e8dff8;white-space:nowrap;'>1</span></div>
			
				<input type='checkbox' id='obj_desc_Manta' style='position:absolute;width:1px;height:1px;opacity:0;overflow:hidden;' />
				<div class='obj_desc_Manta_box' style='max-height:58px;overflow:hidden;position:relative;margin-top:7px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.6;color:#c9bfe0;'>
					Esta herramienta solo sirve para esconderse detrás o debajo de ella, siendo completamente inútil si el usuario se mueve o intenta combatir mientras la utiliza. Su diseño permite ver parcialmente el exterior desde el interior, lo que facilita identificar el momento oportuno para abandonar el escondite. Es una herramienta útil para infiltración, vigilancia o emboscadas, siempre que el usuario permanezca quieto y no sea detectado.
					<div class='obj_desc_Manta_fade' style='position:absolute;left:0;right:0;bottom:0;height:26px;background:linear-gradient(180deg,transparent,#130f1e);'></div>
				</div>
				<label for='obj_desc_Manta' style='display:inline-flex;margin-top:5px;cursor:pointer;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:1px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Leer más ↓</label>
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			<div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Inteligencia (modificador) × 1">1 (MINT)</span> de Sigilo</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">2 (MDES)</span> de Sigilo</div><div style='margin-top:5px;font-family:"Source Serif 4",serif;font-size:12.5px;line-height:1.5;color:#c9bfe0;'><span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Efecto</span> Efecto de camuflaje</div>
		</div>
	</div>
	</div>
		</div><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Mapa</span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/wNJwj9pY/mapa-combate.png" loading="lazy"  width="650" height="650" alt="[Imagen: mapa-combate.png]" class="mycode_img" /></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión | C]  La utopía soñada]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14471</link>
			<pubDate>Wed, 05 Aug 2026 16:51:00 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=808">Naoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14471</guid>
			<description><![CDATA[La oficina de misiones de Konohagakure estalló en caos cuando un hombre de mediana edad se derrumbó frente a los oficinistas. El hombre tenía vestimentas ensangrentadas, cubiertas de tierra y rasgadas fruto de un duro viaje y presentaba signos de agotamiento. Pedía ayuda, con las pocas fuerzas que tenía. No por él, sino por su hermana. Nadie logró comprender qué estaba ocurriendo, así que trasladaron al muchacho al hospital con urgencia. Por supuesto, la policía militar de la aldea se apersonó inmediatamente en la habitación donde descansaba. Sus señales vitales eran débiles e inestables, y apenas podía hablar. Su memoria, destrozada. <br />
 <br />
—<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hotarubi… vayan a Hotarubi. </span></span><br />
 <br />
Repitió eso hasta el hartazgo. Poca información se obtuvo de él. Sobre una extraña luz proveniente de un invernadero. Su hermana paseándose dormida por las calles del poblado en una dirección concreta. Un velorio reciente. Una planta violácea abarcándolo todo con sus flores atractivas. Y su nombre: Tōma Narisawa.<br />
 <br />
Parecían fragmentos de un rompecabezas que invitaba a ser armado. <br />
 <br />
Desgraciadamente, el hombre moriría al cabo de unas horas. <br />
 <br />
Las alarmas se prendieron en Konoha. Los investigadores en seguida conectaron este evento con el de la temporada pasada, en primavera. Una planta de similares características había sido hallada a las afueras de Konoha, en una cabaña abandonada. El informe presentado por la kunoichi Carina Aburame relataba sobre unas flores imposibles de ignorar por insectos y animales. El vegetal tenía el poder de modificar todo el ecosistema para sí mismo, atrayendo a todos a su trampa. Y el mayor descubrimiento es que lejos estaba de ser algo natural, era artificial. El chakra suministrado sobre la planta había generado una mutación peligrosa al nivel de una emergencia biológica. Por eso se estaba planeando una misión rango B en unos días para contener dicha amenaza. El resto de la información se mantenía clasificada. <br />
 <br />
En la oficina de misiones, Keisuke recibiría esta información y la asignación de una misión rango C, con el objetivo de infiltrarse e investigar el poblado y su relación con este episodio en Konoha. <br />
 <br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Es un poblado que está a tres días de Konoha. Debes llevar suficientes provisiones y dinero para el viaje. Te harás pasar por un mercader</span> —explicó el encargado de entregar las misiones. <br />
 <br />
El hombre se levantó de su silla y trajo consigo un enorme mapa que desplegó sobre la mesa, primero apoyó el dedo sobre Konoha, luego, lo arrastró hacia Hotarubi. <br />
 <br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hotarubi fue un pueblo minero al norte de Konoha oculto entre las montañas, el camino para llegar hasta allí suele ser hostil, y generalmente comercian con países fronterizos y poblados cercanos. Cuando las minas cerraron al agotarse, Hotarubi sufrió una gran crisis que derivó en el éxodo de cientos de pobladores</span> —el oficinista respiró hondo y bebió un poco de agua para aclarar la garganta. Toda la explicación iba acompañada de gestos sobre el mapa—. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No obstante, muchos otros cientos se quedaron igualmente, e intentaron vivir de lo que pudieran. Al estar rodeado entre montañas, poco se puede hacer. Hace tiempo están furiosos con Konoha por haber negado ayuda humanitaria en su peor momento. Eso es una discusión para otro momento. </span><br />
 <br />
Cerró el mapa y miró al shinobi. <br />
 <br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Como dije, tu misión es infiltrarte y averiguar qué está pasando dentro. No llames mucho la atención, y no tengas esperanzas en que alguien te ayudará. Aunque los lugareños comercian con el exterior, son recelosos con lo suyo y ahuyentan a cualquier intruso. </span><br />
 <br />
La misión daba comienzo. <br />
 <br />
El viaje fue largo para Keisuke, pero finalmente llegaría a Hotarubi. <br />
 <br />
De frente se veía la aldea, hundida entre las montañas. Su entrada principal estaba detrás de un arroyo acompañado de un puente de piedra. La ruta principal era la única que permitía el movimiento de carretas. A simple vista podían verse algunos comerciantes en las afueras del poblado, sus tiendas ofrecían baratijas, utensilios, comida y otro tipo de elementos para el trabajo. El comercio aún fluía, pocas carretas iban y venían, igual que los viajeros. Al ser el único pueblo en la zona, la estancia es obligatoria. Detrás de la puerta principal se observaban dos almacenes destinados a recibir mercaderías y existencias. A su lado se encontraba el puesto de control civil. La primera amenaza y prueba de Keisuke. <br />
 <br />
Para la sorpresa del shinobi, el viaje alrededor de las montañas hasta atravesarlas había sido lúgubre, hostil y duro. Pero al llegar a la aldea, esta parecía recibir a los viajeros con una calidez y dulzura extrañas de expresar. En primer lugar, el color. El color de todo era más vibrante, incluso de los árboles que rodeaban las faldas de las montañas; un verde lumínico capturaba la flora del lugar. Mariposas e insectos revoloteaban por todos lados, sumado al sol cálido de verano, parecía un lugar vacacional a diferencia de lo que uno se imaginaba con un poblado en crisis. Los arbustos ofrecían frutas por doquier, algunas colmenas de abejas estaban a la vista, debajo de los troncos. El aroma del ambiente era dulce.<br />
 <br />
Tres guardias se hallaban revisando a los mercaderes y sus carretas. La fila no era tan grande. Atrás, una mujer registraba los nombres, procedencia, mercancías y alojamiento. Uno de los guardias se encargaba de las preguntas, mientras los otros inspeccionaban. No parecían grandes combatientes, ni soldados profesionales. Parecían civiles. <br />
 <br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Nombre? ¿De dónde proviene? ¿Qué lo trae al pueblo? ¿Planea quedarse mucho tiempo? Muestre sus mercaderías, ¿Tiene dinero para gastar en la aldea? ¿Alguna prueba de que realmente es mercader?</span><br />
 <br />
Esas preguntas se escuchaban a unos cuantos pasos del puesto. Las mismas eran para todo el mundo. Tras revisar al último, el guardia miró al Uchiha y le indicó que se acercara.<br />
 <br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Tú, siguiente. </span><br />
 <br />
¿Qué haría Keisuke? <br />
 <br />
 <br />
<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reglas de juego:</span></span><br />
 <br />
—Primero deberás lanzar un dado debido a tu rasgo de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">traicionable</span></span> para comprobar que no recibirás una traición durante el tema. <br />
—Ahora tendrás diferentes formas de afrontar la situación: engaños, persuasiones, intimidación. La decisión es tuya.<br />
—Si falla una tirada, podrá volver a intentar de nuevo con otra opción, pero se suma <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">+2 a la dificultad</span>. Solo se permite una vez. <br />
—Gracias al rasgo <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Adinerado II</span></span> Keisuke podrá sobornar a los guardias a fin de garantizar un mejor dado pagando <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">400 ryos</span> para alcanzar el éxito. Ofrecer dinero a los guardias aumenta en <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">+2 el bono tota</span>l. El resultado natural 1 no puede modificarse mediante esta forma. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Opción A: Engaño</span></span><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Fórmula<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1D20 + MINT 3 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Mentira Convincente</span> 2 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Presencia Carismática</span> 1</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bono total: +6</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad: 13 </span>(mayor dificultad debido a los conocimientos comerciales de los aduaneros).<br />
<br />
Keisuke intentará engañar a los guardias a su manera. Si convence o no, dependerá de los dados. </blockquote>
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Opción B: Persuasión</span></span><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Fórmula<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1D20 + MINT 3 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Presencia Carismática</span> 1</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bono total: +4</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad: 12<br />
<br />
</span>Keisuke intentará ofrecer una explicación de su presencia.</blockquote>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Opción C: Intimidación</span></span><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Fórmula<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1D20 + MINT 3 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Presencia Intimidante</span> 1</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bono total: +4</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad: 14 <br />
<br />
</span>Keisuke intentará enfrentarlos con su presencia y sus amenazas.</blockquote>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La oficina de misiones de Konohagakure estalló en caos cuando un hombre de mediana edad se derrumbó frente a los oficinistas. El hombre tenía vestimentas ensangrentadas, cubiertas de tierra y rasgadas fruto de un duro viaje y presentaba signos de agotamiento. Pedía ayuda, con las pocas fuerzas que tenía. No por él, sino por su hermana. Nadie logró comprender qué estaba ocurriendo, así que trasladaron al muchacho al hospital con urgencia. Por supuesto, la policía militar de la aldea se apersonó inmediatamente en la habitación donde descansaba. Sus señales vitales eran débiles e inestables, y apenas podía hablar. Su memoria, destrozada. <br />
 <br />
—<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Hotarubi… vayan a Hotarubi. </span></span><br />
 <br />
Repitió eso hasta el hartazgo. Poca información se obtuvo de él. Sobre una extraña luz proveniente de un invernadero. Su hermana paseándose dormida por las calles del poblado en una dirección concreta. Un velorio reciente. Una planta violácea abarcándolo todo con sus flores atractivas. Y su nombre: Tōma Narisawa.<br />
 <br />
Parecían fragmentos de un rompecabezas que invitaba a ser armado. <br />
 <br />
Desgraciadamente, el hombre moriría al cabo de unas horas. <br />
 <br />
Las alarmas se prendieron en Konoha. Los investigadores en seguida conectaron este evento con el de la temporada pasada, en primavera. Una planta de similares características había sido hallada a las afueras de Konoha, en una cabaña abandonada. El informe presentado por la kunoichi Carina Aburame relataba sobre unas flores imposibles de ignorar por insectos y animales. El vegetal tenía el poder de modificar todo el ecosistema para sí mismo, atrayendo a todos a su trampa. Y el mayor descubrimiento es que lejos estaba de ser algo natural, era artificial. El chakra suministrado sobre la planta había generado una mutación peligrosa al nivel de una emergencia biológica. Por eso se estaba planeando una misión rango B en unos días para contener dicha amenaza. El resto de la información se mantenía clasificada. <br />
 <br />
En la oficina de misiones, Keisuke recibiría esta información y la asignación de una misión rango C, con el objetivo de infiltrarse e investigar el poblado y su relación con este episodio en Konoha. <br />
 <br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Es un poblado que está a tres días de Konoha. Debes llevar suficientes provisiones y dinero para el viaje. Te harás pasar por un mercader</span> —explicó el encargado de entregar las misiones. <br />
 <br />
El hombre se levantó de su silla y trajo consigo un enorme mapa que desplegó sobre la mesa, primero apoyó el dedo sobre Konoha, luego, lo arrastró hacia Hotarubi. <br />
 <br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Hotarubi fue un pueblo minero al norte de Konoha oculto entre las montañas, el camino para llegar hasta allí suele ser hostil, y generalmente comercian con países fronterizos y poblados cercanos. Cuando las minas cerraron al agotarse, Hotarubi sufrió una gran crisis que derivó en el éxodo de cientos de pobladores</span> —el oficinista respiró hondo y bebió un poco de agua para aclarar la garganta. Toda la explicación iba acompañada de gestos sobre el mapa—. <span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">No obstante, muchos otros cientos se quedaron igualmente, e intentaron vivir de lo que pudieran. Al estar rodeado entre montañas, poco se puede hacer. Hace tiempo están furiosos con Konoha por haber negado ayuda humanitaria en su peor momento. Eso es una discusión para otro momento. </span><br />
 <br />
Cerró el mapa y miró al shinobi. <br />
 <br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Como dije, tu misión es infiltrarte y averiguar qué está pasando dentro. No llames mucho la atención, y no tengas esperanzas en que alguien te ayudará. Aunque los lugareños comercian con el exterior, son recelosos con lo suyo y ahuyentan a cualquier intruso. </span><br />
 <br />
La misión daba comienzo. <br />
 <br />
El viaje fue largo para Keisuke, pero finalmente llegaría a Hotarubi. <br />
 <br />
De frente se veía la aldea, hundida entre las montañas. Su entrada principal estaba detrás de un arroyo acompañado de un puente de piedra. La ruta principal era la única que permitía el movimiento de carretas. A simple vista podían verse algunos comerciantes en las afueras del poblado, sus tiendas ofrecían baratijas, utensilios, comida y otro tipo de elementos para el trabajo. El comercio aún fluía, pocas carretas iban y venían, igual que los viajeros. Al ser el único pueblo en la zona, la estancia es obligatoria. Detrás de la puerta principal se observaban dos almacenes destinados a recibir mercaderías y existencias. A su lado se encontraba el puesto de control civil. La primera amenaza y prueba de Keisuke. <br />
 <br />
Para la sorpresa del shinobi, el viaje alrededor de las montañas hasta atravesarlas había sido lúgubre, hostil y duro. Pero al llegar a la aldea, esta parecía recibir a los viajeros con una calidez y dulzura extrañas de expresar. En primer lugar, el color. El color de todo era más vibrante, incluso de los árboles que rodeaban las faldas de las montañas; un verde lumínico capturaba la flora del lugar. Mariposas e insectos revoloteaban por todos lados, sumado al sol cálido de verano, parecía un lugar vacacional a diferencia de lo que uno se imaginaba con un poblado en crisis. Los arbustos ofrecían frutas por doquier, algunas colmenas de abejas estaban a la vista, debajo de los troncos. El aroma del ambiente era dulce.<br />
 <br />
Tres guardias se hallaban revisando a los mercaderes y sus carretas. La fila no era tan grande. Atrás, una mujer registraba los nombres, procedencia, mercancías y alojamiento. Uno de los guardias se encargaba de las preguntas, mientras los otros inspeccionaban. No parecían grandes combatientes, ni soldados profesionales. Parecían civiles. <br />
 <br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Nombre? ¿De dónde proviene? ¿Qué lo trae al pueblo? ¿Planea quedarse mucho tiempo? Muestre sus mercaderías, ¿Tiene dinero para gastar en la aldea? ¿Alguna prueba de que realmente es mercader?</span><br />
 <br />
Esas preguntas se escuchaban a unos cuantos pasos del puesto. Las mismas eran para todo el mundo. Tras revisar al último, el guardia miró al Uchiha y le indicó que se acercara.<br />
 <br />
—<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Tú, siguiente. </span><br />
 <br />
¿Qué haría Keisuke? <br />
 <br />
 <br />
<br />
<br />
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Reglas de juego:</span></span><br />
 <br />
—Primero deberás lanzar un dado debido a tu rasgo de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">traicionable</span></span> para comprobar que no recibirás una traición durante el tema. <br />
—Ahora tendrás diferentes formas de afrontar la situación: engaños, persuasiones, intimidación. La decisión es tuya.<br />
—Si falla una tirada, podrá volver a intentar de nuevo con otra opción, pero se suma <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">+2 a la dificultad</span>. Solo se permite una vez. <br />
—Gracias al rasgo <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Adinerado II</span></span> Keisuke podrá sobornar a los guardias a fin de garantizar un mejor dado pagando <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">400 ryos</span> para alcanzar el éxito. Ofrecer dinero a los guardias aumenta en <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">+2 el bono tota</span>l. El resultado natural 1 no puede modificarse mediante esta forma. <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Opción A: Engaño</span></span><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Fórmula<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1D20 + MINT 3 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Mentira Convincente</span> 2 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Presencia Carismática</span> 1</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bono total: +6</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad: 13 </span>(mayor dificultad debido a los conocimientos comerciales de los aduaneros).<br />
<br />
Keisuke intentará engañar a los guardias a su manera. Si convence o no, dependerá de los dados. </blockquote>
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Opción B: Persuasión</span></span><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Fórmula<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1D20 + MINT 3 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Presencia Carismática</span> 1</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bono total: +4</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad: 12<br />
<br />
</span>Keisuke intentará ofrecer una explicación de su presencia.</blockquote>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Opción C: Intimidación</span></span><br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>Fórmula<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1D20 + MINT 3 + <span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Presencia Intimidante</span> 1</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bono total: +4</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Dificultad: 14 <br />
<br />
</span>Keisuke intentará enfrentarlos con su presencia y sus amenazas.</blockquote>
]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Agua, Huesos y insectos]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14446</link>
			<pubDate>Wed, 05 Aug 2026 00:23:43 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=512">Beru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14446</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/f3/b6/c3/f3b6c3b7991d25ae04d26446da621b11.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: f3b6c3b7991d25ae04d26446da621b11.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 8 del Verano del 150</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">País del Fuego...</span></span><br />
<br />
Las sombras de los árboles cubrían la piel del renegado del calor de la luz. Desde este lado todo era más frío y, a pesar de que no habría estado de más sentir la luz del sol sobre el cuerpo, prefería no hacerlo. Como Hōzuki, siempre, y desde muy pequeño, tenía preferencia por los climas más helados, pero en particular por los húmedos. Estas tierras no representaban nada de aquello y, si es que apenas la sombra era un recuerdo alejado de ello, tal vez no había sido la mejor idea por parte del exninja de la Niebla llegar a unas tierras que poco y nada tenían que ver con las suyas. Pero ya no había de otra. Todo lo que conllevó tomar aquella decisión y lo que aún más tarde terminaría por llevarlo hasta ese momento lo tenía caminando por los senderos de tierra, donde solo la falta de pasto hablaba y daba a entender, de forma indirecta, que aquellos caminos ya habían sido transitados. No era el primero y posiblemente no sería el último en recorrerlos.<br />
<br />
¿Pero qué quería hacer el ninja? Su vestimenta, una capucha de tela negra, le cubría la mayor parte del cuerpo, dejando visible solo su rostro y lo que parecía ser un bo en su espalda, el cual sobresalía únicamente por su tamaño. Todo aquello daba a entender a cualquiera que se cruzara con él que, cuales fueran las intenciones de Beru, no eran muy amigables. A la distancia, para cualquiera que pudiera verlo, daba la sensación de ser una amenaza. Muchos de los que se cruzaban con él preferían salirse del camino y evitarlo, otros simplemente se devolvían por donde habían llegado.<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"> - Dentro de poco debería llegar al pueblo -</span>, pensó Beru, mientras recordaba que el lugar al que iba era famoso localmente por unos ancianos que usaban insectos para tratar enfermedades, tanto físicas como espirituales, o al menos eso era lo que había escuchado de unos conocidos. Aunque no había algo exacto que curar en el chico, la posible existencia de algo así le resultaba muy llamativa. Nunca había escuchado algo semejante y, en su antigua nación, aquel concepto ni siquiera existía, por lo que valía la pena para el renegado comprobar la veracidad de aquello.<br />
Tal vez muchas de esas personas que lo evitaban tenían el mismo propósito ir a comprobar o curar sus enfermedades con aquellos insectos. Pero era una información que, en gran parte, le daba igual. No quería que le contaran historias sobre algo que él mismo podía ir a ver con sus propios ojos, porque, si había algo que Beru apreciaba, era la utilidad de las cosas. Y si algo así podía existir, entonces poseía para el chico una relevancia que debía comprobar si era cierta.<br />
<br />
A medida que salía del bosque, mientras tomaba con su mano diestra agua de su cantimplora de un color grisáceo, pudo apreciar cómo, a la distancia, alguien se acercaba. Era una chica con una presencia que, incluso desde lejos, podía describir como "fuerte". No tenía la apariencia de alguien de la zona y, además, su belleza, para los ojos del chico, estaba en la esencia que incluso desde aquella distancia podía llegar a apreciar. <span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">- ¿Qué la traerá por aquí? -</span> pensó, mientras esperaba a que se acercara lo suficiente para hablarle y luego seguir con el tramo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/736x/f3/b6/c3/f3b6c3b7991d25ae04d26446da621b11.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: f3b6c3b7991d25ae04d26446da621b11.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 8 del Verano del 150</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">País del Fuego...</span></span><br />
<br />
Las sombras de los árboles cubrían la piel del renegado del calor de la luz. Desde este lado todo era más frío y, a pesar de que no habría estado de más sentir la luz del sol sobre el cuerpo, prefería no hacerlo. Como Hōzuki, siempre, y desde muy pequeño, tenía preferencia por los climas más helados, pero en particular por los húmedos. Estas tierras no representaban nada de aquello y, si es que apenas la sombra era un recuerdo alejado de ello, tal vez no había sido la mejor idea por parte del exninja de la Niebla llegar a unas tierras que poco y nada tenían que ver con las suyas. Pero ya no había de otra. Todo lo que conllevó tomar aquella decisión y lo que aún más tarde terminaría por llevarlo hasta ese momento lo tenía caminando por los senderos de tierra, donde solo la falta de pasto hablaba y daba a entender, de forma indirecta, que aquellos caminos ya habían sido transitados. No era el primero y posiblemente no sería el último en recorrerlos.<br />
<br />
¿Pero qué quería hacer el ninja? Su vestimenta, una capucha de tela negra, le cubría la mayor parte del cuerpo, dejando visible solo su rostro y lo que parecía ser un bo en su espalda, el cual sobresalía únicamente por su tamaño. Todo aquello daba a entender a cualquiera que se cruzara con él que, cuales fueran las intenciones de Beru, no eran muy amigables. A la distancia, para cualquiera que pudiera verlo, daba la sensación de ser una amenaza. Muchos de los que se cruzaban con él preferían salirse del camino y evitarlo, otros simplemente se devolvían por donde habían llegado.<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"> - Dentro de poco debería llegar al pueblo -</span>, pensó Beru, mientras recordaba que el lugar al que iba era famoso localmente por unos ancianos que usaban insectos para tratar enfermedades, tanto físicas como espirituales, o al menos eso era lo que había escuchado de unos conocidos. Aunque no había algo exacto que curar en el chico, la posible existencia de algo así le resultaba muy llamativa. Nunca había escuchado algo semejante y, en su antigua nación, aquel concepto ni siquiera existía, por lo que valía la pena para el renegado comprobar la veracidad de aquello.<br />
Tal vez muchas de esas personas que lo evitaban tenían el mismo propósito ir a comprobar o curar sus enfermedades con aquellos insectos. Pero era una información que, en gran parte, le daba igual. No quería que le contaran historias sobre algo que él mismo podía ir a ver con sus propios ojos, porque, si había algo que Beru apreciaba, era la utilidad de las cosas. Y si algo así podía existir, entonces poseía para el chico una relevancia que debía comprobar si era cierta.<br />
<br />
A medida que salía del bosque, mientras tomaba con su mano diestra agua de su cantimplora de un color grisáceo, pudo apreciar cómo, a la distancia, alguien se acercaba. Era una chica con una presencia que, incluso desde lejos, podía describir como "fuerte". No tenía la apariencia de alguien de la zona y, además, su belleza, para los ojos del chico, estaba en la esencia que incluso desde aquella distancia podía llegar a apreciar. <span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">- ¿Qué la traerá por aquí? -</span> pensó, mientras esperaba a que se acercara lo suficiente para hablarle y luego seguir con el tramo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Akademisei] [Entrenamiento] El zorro y el sabueso]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14360</link>
			<pubDate>Tue, 28 Jul 2026 21:17:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=798">Lanita</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14360</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Querido diario<br />
Día 03, año 132, Konoha</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">El zorro y el sabueso</span><br />
<br />
<img src="https://64.media.tumblr.com/fdf7e7e6380ed4cbe26a3f44007687e5/fff3f7a0cbd15afa-74/s2048x3072/dd387877ef59abaf912d93da75d737cf43b988fa.pnj" loading="lazy"  width="200" height="160" alt="[Imagen: dd387877ef59abaf912d93da75d737cf43b988fa.pnj]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Una familia poderosa no siempre está presente, el clan uchiha se hacia cada vez más grande, se expandía con sus nuevos hijos, primos, sobrinos, nietos, y una de sus ramas había decidido establecerse lejos en una inmensa pradera donde gigantescos girasoles rodeaban su elegante mansión de madera blanca con largos pasillos. Al ser maestros del chakra se dedicaban a entrenar, perfeccionar sus habilidades o partían a cumplir misiones que los mantenían lejos del hogar durante días, semanas, meses, años… dejando la residencia bajo el cuidado de sirvientes empleados, cocineros y maestros euroditos, encargados tanto del mantenimiento como la educación de Lanita. Quien, entre todos los integrantes de su familia, era ella quien se quedaba en esa mansión.<br />
<br />
La muchacha de orejas de zorro y cola de zorro permanecía allí todos los días, estudiando y entrenando sola mientras esperaba el regreso de alguno de su familia, ojala su madre. Era una rutina que terminó convirtiéndola en el blanco perfecto de los maestros, quienes sabían que nadie acudiría en su ayuda y que ella no diria ninguna palabra porque era una niña tonta. Así la veían. Varios de los maestros y maestras aprovecharon la ausencia de los adultos para descargar su ira sobre ella con castigos, golpes, porque Lanita los pillaba robando cosas de la casa mandoneando o coqueteando con algunos de los sirvientes y empleados del hogar.<br />
<br />
¿Era tontita en no abrir la boca ni buscar consuelo en su madre porque la mujer llevaba demasiado tiempo luchando contra una enfermedad que la consume lentamente? Las fuerzas de la madre eran nulas y esa enfermedad la mantenía en un estado tan delicado que para la muchacha pensaba que cualquier preocupación podría empeorar su salud, de modo que la niña decidió soportarlo convencida de que mantenerse firme era la forma de proteger a la persona que más mamaba, incluso si era ocultando los moretones bajo la ropa o con el maquillaje de mamá, fingír que disfrutaba sus entrenamientos y le contaba todo lo que aprendía.<br />
<br />
Un día, durante un entrenamiento supervisada por uno de aquellos maestros, la katana escapo de las manos de Lanita y cayó al suelo con un ruido que molestó tanto al maestro, quien ordenó a una sirvienta que recogiera la katana y se la devolviera a la muchacha. La sirvienta obedeció de inmediato y al recoger el arma, la colocó otra vez entre las manos de la muchacha sin decir una sola palabra. Aparentemente era apenas un poco mayor que ella, quizas dos años, era más alta y un largo cabello morado su rostro tiene una gran expresión de seriedad.<br />
<br />
La muchacha retomó la practica intentando ignorar esta vez el dolor que seguía recorriéndole sus manitos, pero al moverse tan solo un poquito la espada volvió a resbalar de sus dedos agotados, heridos, sangrando, aquella segunda caída terminó por enojar mucho más al maestro, este ya no aguantó más, por lo que la castigó obligándola a permanecer inmóvil durante horas en el mismo lugar y el hombre se marchó caminando furioso hacia otra zona de la mansión para continuar con… no lo sé, tonterías. Mientras tanto, cuando este tipo finalmente ya desapareció de la vista de las niñas, la joven sirvienta se acercó despacio, tomó con cuidado la mano de Lanita y al sentir la dureza y el liquido de la piel descubrió unas palmas cubiertas de callos, pequeñas heridas abiertas, entonces sin pedir permiso se la llevó lejos, corrieron por el jardín hasta entrar a un bosque.<br />
<br />
El bosque era mucho más tranquilo, allí caminaron entre los arboles hasta que la sirvienta se detuvo a recoger una rama caída del suelo, sostenía aquel palo como si fuera una espada, confesándole que llevaba mucho tiempo observándola, pero no se sonrojó ni un poquito.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—Te he estado observando por mucho tiempo.<br />
Admiro el entrenamiento y la disciplina con la que practicas todos los días.<br />
Sueño con alcanzar mucho poder y fuerza.</span></div>
<br />
Después imitó algunos de los movimientos que había memorizado, mientras la muchacha permanecía completamente callada, ocultando sus orejas hacia atras y su cola bajo su ropa para evitar preguntas incomodas de por que las tiene, si es un animal o una humana y otras cosas. La sirvienta seguia jugando con el palo, hasta que le apuntó al rostro de la muchacha con este, soltando otra sinceridad.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—¿Por qué siendo la dueña de esa gran mansión te dejas pisotear?<br />
¿Cómo alguien tan fuerte acepta que otros la traten tan mal?<br />
¡Debes aprender a levantar la voz aparte de empuñar una espada!</span></div>
<br />
Las palabras entraron al interior de Lanita, se notó porque sus ojos brillaron como el filo de la katana que dejó caer varias veces. Quedó sin respuesta, estaba admirando completamente a la sirvienta que acababa de conocer. Nadie le había explicado como enfrentarse a quienes eran mayores que ella, entonces la sirvienta sonrió y le propuso un trato sencillo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—¡Te prometo enseñarte a ser fuerte para defenderte, a cambio, de que uses tus horas de castigo para entrenar junto conmigo!</span></div>
<br />
Las dos aceptaron con un fuerte abrazo, y jugaron a las espaditas toda esas horas de castigo. Fue el mejor castigo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: left;" class="mycode_align">Querido diario<br />
Día 03, año 132, Konoha</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">El zorro y el sabueso</span><br />
<br />
<img src="https://64.media.tumblr.com/fdf7e7e6380ed4cbe26a3f44007687e5/fff3f7a0cbd15afa-74/s2048x3072/dd387877ef59abaf912d93da75d737cf43b988fa.pnj" loading="lazy"  width="200" height="160" alt="[Imagen: dd387877ef59abaf912d93da75d737cf43b988fa.pnj]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Una familia poderosa no siempre está presente, el clan uchiha se hacia cada vez más grande, se expandía con sus nuevos hijos, primos, sobrinos, nietos, y una de sus ramas había decidido establecerse lejos en una inmensa pradera donde gigantescos girasoles rodeaban su elegante mansión de madera blanca con largos pasillos. Al ser maestros del chakra se dedicaban a entrenar, perfeccionar sus habilidades o partían a cumplir misiones que los mantenían lejos del hogar durante días, semanas, meses, años… dejando la residencia bajo el cuidado de sirvientes empleados, cocineros y maestros euroditos, encargados tanto del mantenimiento como la educación de Lanita. Quien, entre todos los integrantes de su familia, era ella quien se quedaba en esa mansión.<br />
<br />
La muchacha de orejas de zorro y cola de zorro permanecía allí todos los días, estudiando y entrenando sola mientras esperaba el regreso de alguno de su familia, ojala su madre. Era una rutina que terminó convirtiéndola en el blanco perfecto de los maestros, quienes sabían que nadie acudiría en su ayuda y que ella no diria ninguna palabra porque era una niña tonta. Así la veían. Varios de los maestros y maestras aprovecharon la ausencia de los adultos para descargar su ira sobre ella con castigos, golpes, porque Lanita los pillaba robando cosas de la casa mandoneando o coqueteando con algunos de los sirvientes y empleados del hogar.<br />
<br />
¿Era tontita en no abrir la boca ni buscar consuelo en su madre porque la mujer llevaba demasiado tiempo luchando contra una enfermedad que la consume lentamente? Las fuerzas de la madre eran nulas y esa enfermedad la mantenía en un estado tan delicado que para la muchacha pensaba que cualquier preocupación podría empeorar su salud, de modo que la niña decidió soportarlo convencida de que mantenerse firme era la forma de proteger a la persona que más mamaba, incluso si era ocultando los moretones bajo la ropa o con el maquillaje de mamá, fingír que disfrutaba sus entrenamientos y le contaba todo lo que aprendía.<br />
<br />
Un día, durante un entrenamiento supervisada por uno de aquellos maestros, la katana escapo de las manos de Lanita y cayó al suelo con un ruido que molestó tanto al maestro, quien ordenó a una sirvienta que recogiera la katana y se la devolviera a la muchacha. La sirvienta obedeció de inmediato y al recoger el arma, la colocó otra vez entre las manos de la muchacha sin decir una sola palabra. Aparentemente era apenas un poco mayor que ella, quizas dos años, era más alta y un largo cabello morado su rostro tiene una gran expresión de seriedad.<br />
<br />
La muchacha retomó la practica intentando ignorar esta vez el dolor que seguía recorriéndole sus manitos, pero al moverse tan solo un poquito la espada volvió a resbalar de sus dedos agotados, heridos, sangrando, aquella segunda caída terminó por enojar mucho más al maestro, este ya no aguantó más, por lo que la castigó obligándola a permanecer inmóvil durante horas en el mismo lugar y el hombre se marchó caminando furioso hacia otra zona de la mansión para continuar con… no lo sé, tonterías. Mientras tanto, cuando este tipo finalmente ya desapareció de la vista de las niñas, la joven sirvienta se acercó despacio, tomó con cuidado la mano de Lanita y al sentir la dureza y el liquido de la piel descubrió unas palmas cubiertas de callos, pequeñas heridas abiertas, entonces sin pedir permiso se la llevó lejos, corrieron por el jardín hasta entrar a un bosque.<br />
<br />
El bosque era mucho más tranquilo, allí caminaron entre los arboles hasta que la sirvienta se detuvo a recoger una rama caída del suelo, sostenía aquel palo como si fuera una espada, confesándole que llevaba mucho tiempo observándola, pero no se sonrojó ni un poquito.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—Te he estado observando por mucho tiempo.<br />
Admiro el entrenamiento y la disciplina con la que practicas todos los días.<br />
Sueño con alcanzar mucho poder y fuerza.</span></div>
<br />
Después imitó algunos de los movimientos que había memorizado, mientras la muchacha permanecía completamente callada, ocultando sus orejas hacia atras y su cola bajo su ropa para evitar preguntas incomodas de por que las tiene, si es un animal o una humana y otras cosas. La sirvienta seguia jugando con el palo, hasta que le apuntó al rostro de la muchacha con este, soltando otra sinceridad.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—¿Por qué siendo la dueña de esa gran mansión te dejas pisotear?<br />
¿Cómo alguien tan fuerte acepta que otros la traten tan mal?<br />
¡Debes aprender a levantar la voz aparte de empuñar una espada!</span></div>
<br />
Las palabras entraron al interior de Lanita, se notó porque sus ojos brillaron como el filo de la katana que dejó caer varias veces. Quedó sin respuesta, estaba admirando completamente a la sirvienta que acababa de conocer. Nadie le había explicado como enfrentarse a quienes eran mayores que ella, entonces la sirvienta sonrió y le propuso un trato sencillo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—¡Te prometo enseñarte a ser fuerte para defenderte, a cambio, de que uses tus horas de castigo para entrenar junto conmigo!</span></div>
<br />
Las dos aceptaron con un fuerte abrazo, y jugaron a las espaditas toda esas horas de castigo. Fue el mejor castigo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada] [D] - El Laboratorio Abandonado]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14358</link>
			<pubDate>Tue, 28 Jul 2026 16:52:48 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=766">Ran Kurai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14358</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 15, Verano, año 150 - Konohagakure</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Quizás había sido porque la joven sentía que efectivamente las cosas estaban cayendo por su propio peso, en el sentido de que últimamente había ido bastante bien en la vida shinobi debido a sus misiones triunfales que le antecedían, quizás era porque también en el último tiempo ella se había vuelto más sustancialmente sociable, cómo por ejemplo al interactuar con personas con quienes antes ni siquiera ella misma le se hubiera ocurrido hablar, o bueno, quizás, quizás, quizás… era porque en las últimas noches, en específico hace tres noches atrás con exactitud, pues la chica había logrado dormir de corrido, algo que aunque si bien no sonaba cómo la gran cosa, sí ciertamente era un gran, pero un gran logro para la joven. ¿Cómo no ser esto último, si hasta la propia chica tenía la peculiar y horrible fobia a quedarse finalmente dormida…? Y era por todas esas cosas que aquel día, la muchacha se sentía particularmente de buen humor, sobre todo considerando que la habían convocado a ella a realizar otra misión en solitario. ¿Era acaso que la vida por fin le estaba sonriendo…? ¿Era que acaso, se propiamente llamado ‘justicia’, se estaba aplicando a su vida? Sea cómo sea la situación, la cosa era que ese mismo día, al dirigirse hacia el sitio en el cual le designaría su nueva  campaña, en el pálido rostro de la chica, el cual aún a pesar de todo era pálido, enfermizo, demacrado, estaba dibujando en sus delgados labios una sutil, escueta y más que discreta sonrisa.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Una vez que la joven llegó al encargado que le entregaría aquella nueva misión a concretar, los intensos azulados de la joven, tal vez el único rasgo físico que ella misma había heredado de su familia paterna, el aristócrata y nobiliaria clan de los Kurai, se fijaron con su prolijidad en el encargado en sí, sólo para después escuchar con suma atención las instrucciones acerca de lo que ella debía de cumplir; el funcionario había sido claro, el funcionario hacía sido demasiado directo; había un laboratorio abandonado a las afueras de esa misma Aldea, laboratorio el cual aún en su interior tenía entre sus archivos pergaminos de valiosa información, información relevante y de sumo cuidado en vista que aquel mismo laboratorio muchos shinobis médicos habían trabajado en unos químicos, en experimentos,  que se usarían en eventuales conflictos de índole bélica. Estando plenamente consciente la chica muy bien de que esa misión, al menos a su franco parecer, sonaba ligeramente más compleja, y por qué no decirlo, hasta más peligrosa que las misiones que había tenido hasta ese preciso instante, ella acto seguido fijó su siempre penetrante mirada sobre un viejo mapa que le había entregado el funcionario, y la muchacha sin pensarlos dos veces, pues enseguida tomó rumbo hacia donde en teoría se encontraba ese laboratorio, ese mismo laboratorio el cual, según  la joven había podido entender, en sus tiempos fue el laboratorio con más fama e importancia de Konoha. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Debe de ser por aquí…</span></span>—fue lo que pensó la joven, cuando su mirada dio a dar con una construcción…</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Una construcción que claramente, era la de un laboratorio abandonado. Teniendo que Ran atravesar muchas malezas, árboles y arbustos, además de también dar una vueltas por el bosque en las cuales ciertamente la joven se hubiera inevitablemente perdido sino hubiera sido por aquel mapa, tan pronto como cuando ella estuvo lo suficientemente cerca de esa antigua edificación, la cual tal cómo lo especificaba la información entregada por aquel encargado debería de tener a cabalidad unos quince años, tal vez por el moho impregnando en sus muralla más años aún, fue que la muchacha detuvo bruscamente sus pasos… y es que ella, gracias a esa paranoia que a veces le servía, y a veces no, se había justo topado con un par de huellas, con un par de huellas que evidentemente no era de animal alguno—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Parecen suelas de calzado de civil</span></span>—se dijo a sí misma, y mirando entonces hacia el frente, la joven se resolvió a ingresar de lleno a aquel recinto en desuso. Siendo así, y sabiendo ahora a la perfección que era altamente probable que alguien aparte de ella estuviera ahí, con lo primero que se encontró la muchacha, fue con camillas oxidadas, frascos vacíos aparte de instrumental quirúrgico y libros destruidos por la humedad. Y justo cuando ya la muchacha estuvo por pensar que eso sería todo lo encontrado, entonces ella se encontró con que uno de los cajones que siguió revisando, estaba sin polvo alguno… casi como si se hubiera abierto hace poco tiempo atrás, y la joven confirmó que ella estaba con compañía. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Lo que vino a continuación, fue que cuando ya ella iba a seguir investigando el lugar, fue un notorio crujido, un crujido que, la verdad de las cosas, sonaba demasiado, pero demasiado acusatorio, como si alguien inexperto, cómo si alguien quién no contara con las habilidades de kunoichi cómo era que Ran misma las poseía, lo hubiera provocado. Ya casi convencida por completo de que la otra persona que se encontraba ahí no un ninja propiamente tal, acto seguido la muchacha se resolvió de inmediato a dirigirse hacia donde se había originado ese tan delator sonido, siendo ella a la vez lo más sigilosa posible. ¿No que jamás había que subestimar al ‘enemigo’? Por medio de pasos prudentes y suaves, la joven tomó la decisión de activar su sharingan, para así tener un campo visual más amplio de lo que de verdad estaba pasando ahí, y de esta manera ella ingresó a otra ala de ese laboratorio, y aunque en un primer momento no se topó con nadie, sí se encontró con muchos papeles tirados por ahí y por allá, dándose cuenta enseguida de que, a juzgar por el polvo y la suciedad que aún impregnaba el lugar, pues esos papeles habían aparecido hace poco… tal vez, en una de esas, dejados ahí por el otro presente en ese sitio. Con mucho cuidado, la muchacha tomó esos papeles y los miró con detenimiento, y apenas sí ella hizo esto último, otra vez la muchacha notó cómo otro crujido más surgió muy cerca de su persona. ¿Qué pasaba ahí?</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Bastó sólo con que la joven ladeara la cabeza hacia su lado izquierdo, para encontrarse cara a cara con una persona, una persona que gracias a su semblante, era más que notorio que no estaba en la mejor situación. Y, antes de decirle cualquier cosa, la chica se dio cuenta de que el sujeto con el que se había encontrado, era muy, muy similar a la antigua fotografía que estaba adjunta en esos papeles que aún tenía en sus manos. Aún con su corazón acelerado, Ran ni siquiera tuvo que molestarse en interrogar a ese hombre de mediana edad; resultaba que su madre hace años atrás se había atendido en ese laboratorio, con la medicina experimentales de esos ninjas médicos, pero que el tratamiento había sido interrumpido debido a esa exploción. La cosa estaba en que aún él iba constantemente al laboratorio a buscar medicina para su madre, de los restos que quedaban en aquel lugar. Después de convencer al hombre de que él la acompañara a la Aldea para encontrar otro tipo de tratamiento para su progenitora, la muchacha retuvo en su poder todos esos pergaminos hallados en los cajones de ese recinto abandonado, sólo para así después regresar al centro de Konoha en sí, escuchando en todo el camino detalles de la enfermedad de la madre de él. Ya derivando a ese individuo a otro sector de la Aldea, la chica dio a conocer frente al funcionario todo lo sucedido en ese laboratorio abandonado, sólo para después entregar los pergaminos obtenidos en esta misma misión. </span><br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
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              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.<br />
<br />
Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.<br />
<br />
Beneficios acumulativos por número de astas:<br />
<br />
1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.<br />
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.<br />
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.<br />
<br />
Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text sg-technique__text--muted">No tiene efecto adicional especificado.</div>
            </div>
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					</script><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> </span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 15, Verano, año 150 - Konohagakure</span></span></div>
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Quizás había sido porque la joven sentía que efectivamente las cosas estaban cayendo por su propio peso, en el sentido de que últimamente había ido bastante bien en la vida shinobi debido a sus misiones triunfales que le antecedían, quizás era porque también en el último tiempo ella se había vuelto más sustancialmente sociable, cómo por ejemplo al interactuar con personas con quienes antes ni siquiera ella misma le se hubiera ocurrido hablar, o bueno, quizás, quizás, quizás… era porque en las últimas noches, en específico hace tres noches atrás con exactitud, pues la chica había logrado dormir de corrido, algo que aunque si bien no sonaba cómo la gran cosa, sí ciertamente era un gran, pero un gran logro para la joven. ¿Cómo no ser esto último, si hasta la propia chica tenía la peculiar y horrible fobia a quedarse finalmente dormida…? Y era por todas esas cosas que aquel día, la muchacha se sentía particularmente de buen humor, sobre todo considerando que la habían convocado a ella a realizar otra misión en solitario. ¿Era acaso que la vida por fin le estaba sonriendo…? ¿Era que acaso, se propiamente llamado ‘justicia’, se estaba aplicando a su vida? Sea cómo sea la situación, la cosa era que ese mismo día, al dirigirse hacia el sitio en el cual le designaría su nueva  campaña, en el pálido rostro de la chica, el cual aún a pesar de todo era pálido, enfermizo, demacrado, estaba dibujando en sus delgados labios una sutil, escueta y más que discreta sonrisa.</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Una vez que la joven llegó al encargado que le entregaría aquella nueva misión a concretar, los intensos azulados de la joven, tal vez el único rasgo físico que ella misma había heredado de su familia paterna, el aristócrata y nobiliaria clan de los Kurai, se fijaron con su prolijidad en el encargado en sí, sólo para después escuchar con suma atención las instrucciones acerca de lo que ella debía de cumplir; el funcionario había sido claro, el funcionario hacía sido demasiado directo; había un laboratorio abandonado a las afueras de esa misma Aldea, laboratorio el cual aún en su interior tenía entre sus archivos pergaminos de valiosa información, información relevante y de sumo cuidado en vista que aquel mismo laboratorio muchos shinobis médicos habían trabajado en unos químicos, en experimentos,  que se usarían en eventuales conflictos de índole bélica. Estando plenamente consciente la chica muy bien de que esa misión, al menos a su franco parecer, sonaba ligeramente más compleja, y por qué no decirlo, hasta más peligrosa que las misiones que había tenido hasta ese preciso instante, ella acto seguido fijó su siempre penetrante mirada sobre un viejo mapa que le había entregado el funcionario, y la muchacha sin pensarlos dos veces, pues enseguida tomó rumbo hacia donde en teoría se encontraba ese laboratorio, ese mismo laboratorio el cual, según  la joven había podido entender, en sus tiempos fue el laboratorio con más fama e importancia de Konoha. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Debe de ser por aquí…</span></span>—fue lo que pensó la joven, cuando su mirada dio a dar con una construcción…</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Una construcción que claramente, era la de un laboratorio abandonado. Teniendo que Ran atravesar muchas malezas, árboles y arbustos, además de también dar una vueltas por el bosque en las cuales ciertamente la joven se hubiera inevitablemente perdido sino hubiera sido por aquel mapa, tan pronto como cuando ella estuvo lo suficientemente cerca de esa antigua edificación, la cual tal cómo lo especificaba la información entregada por aquel encargado debería de tener a cabalidad unos quince años, tal vez por el moho impregnando en sus muralla más años aún, fue que la muchacha detuvo bruscamente sus pasos… y es que ella, gracias a esa paranoia que a veces le servía, y a veces no, se había justo topado con un par de huellas, con un par de huellas que evidentemente no era de animal alguno—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Parecen suelas de calzado de civil</span></span>—se dijo a sí misma, y mirando entonces hacia el frente, la joven se resolvió a ingresar de lleno a aquel recinto en desuso. Siendo así, y sabiendo ahora a la perfección que era altamente probable que alguien aparte de ella estuviera ahí, con lo primero que se encontró la muchacha, fue con camillas oxidadas, frascos vacíos aparte de instrumental quirúrgico y libros destruidos por la humedad. Y justo cuando ya la muchacha estuvo por pensar que eso sería todo lo encontrado, entonces ella se encontró con que uno de los cajones que siguió revisando, estaba sin polvo alguno… casi como si se hubiera abierto hace poco tiempo atrás, y la joven confirmó que ella estaba con compañía. </span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Lo que vino a continuación, fue que cuando ya ella iba a seguir investigando el lugar, fue un notorio crujido, un crujido que, la verdad de las cosas, sonaba demasiado, pero demasiado acusatorio, como si alguien inexperto, cómo si alguien quién no contara con las habilidades de kunoichi cómo era que Ran misma las poseía, lo hubiera provocado. Ya casi convencida por completo de que la otra persona que se encontraba ahí no un ninja propiamente tal, acto seguido la muchacha se resolvió de inmediato a dirigirse hacia donde se había originado ese tan delator sonido, siendo ella a la vez lo más sigilosa posible. ¿No que jamás había que subestimar al ‘enemigo’? Por medio de pasos prudentes y suaves, la joven tomó la decisión de activar su sharingan, para así tener un campo visual más amplio de lo que de verdad estaba pasando ahí, y de esta manera ella ingresó a otra ala de ese laboratorio, y aunque en un primer momento no se topó con nadie, sí se encontró con muchos papeles tirados por ahí y por allá, dándose cuenta enseguida de que, a juzgar por el polvo y la suciedad que aún impregnaba el lugar, pues esos papeles habían aparecido hace poco… tal vez, en una de esas, dejados ahí por el otro presente en ese sitio. Con mucho cuidado, la muchacha tomó esos papeles y los miró con detenimiento, y apenas sí ella hizo esto último, otra vez la muchacha notó cómo otro crujido más surgió muy cerca de su persona. ¿Qué pasaba ahí?</span><br />
<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Bastó sólo con que la joven ladeara la cabeza hacia su lado izquierdo, para encontrarse cara a cara con una persona, una persona que gracias a su semblante, era más que notorio que no estaba en la mejor situación. Y, antes de decirle cualquier cosa, la chica se dio cuenta de que el sujeto con el que se había encontrado, era muy, muy similar a la antigua fotografía que estaba adjunta en esos papeles que aún tenía en sus manos. Aún con su corazón acelerado, Ran ni siquiera tuvo que molestarse en interrogar a ese hombre de mediana edad; resultaba que su madre hace años atrás se había atendido en ese laboratorio, con la medicina experimentales de esos ninjas médicos, pero que el tratamiento había sido interrumpido debido a esa exploción. La cosa estaba en que aún él iba constantemente al laboratorio a buscar medicina para su madre, de los restos que quedaban en aquel lugar. Después de convencer al hombre de que él la acompañara a la Aldea para encontrar otro tipo de tratamiento para su progenitora, la muchacha retuvo en su poder todos esos pergaminos hallados en los cajones de ese recinto abandonado, sólo para así después regresar al centro de Konoha en sí, escuchando en todo el camino detalles de la enfermedad de la madre de él. Ya derivando a ese individuo a otro sector de la Aldea, la chica dio a conocer frente al funcionario todo lo sucedido en ese laboratorio abandonado, sólo para después entregar los pergaminos obtenidos en esta misma misión. </span><br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
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      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">[Dōjutsu] - Sharingan</span>
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            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 21-06-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Yin</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: 1</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: UCHI101B</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.<br />
<br />
Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.<br />
<br />
Beneficios acumulativos por número de astas:<br />
<br />
1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.<br />
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.<br />
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.<br />
<br />
Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text sg-technique__text--muted">No tiene efecto adicional especificado.</div>
            </div>
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<br />
<span style="font-family: Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> </span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Autonarrada D -  Pesca en el lago]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14357</link>
			<pubDate>Tue, 28 Jul 2026 16:14:34 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=512">Beru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14357</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/vwebp/736x/2a/ec/4c/2aec4c4f88adbcc97c612ac68fcc7214.webp" loading="lazy"  alt="[Imagen: 2aec4c4f88adbcc97c612ac68fcc7214.webp]" class="mycode_img" /></div>
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano del 150, Día 3</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pais del Fuego</span><br />
<br />
El verano en el País del Fuego seguía haciendo de las suyas. Si bien la mayoría de sus habitantes aquel calor no parecía representar un problema mayor, Beru todavía no terminaba de acostumbrarse a él. Aun que con el paso del tiempo poco a poco mas en la mala se terminaría acostumbrando a ello después de todo, había pasado gran parte de su vida rodeado por un clima muy distinto, donde la humedad y el frío formaban parte del día a día, por lo que era de esperarse que el cambio de clima en particular en verano le afectaba al genin. Quejarse del clima se había convertido en una costumbre más que en una solución, pues el calor seguía allí sin importar cuántas veces se quejara y tuviera que hidratarse por este. <br />
<br />
El dinero tampoco ayudaba demasiado al humor del chico. Desde que había comenzado a moverse entre pequeñas aldeas para no ser encontrado y sobreviviendo gracias a pequeños trabajos y misiones de escasa dificultad oh incluso nula, había aprendido a administrar cada moneda con bastante cuidado, cuando no lo lograba sabia que quedarse con los brazos cruzados no era una opción, no era mucho lo que ganaba pero la comida siempre terminaba llevándose una parte importante de lo que conseguía ganar. <br />
<br />
Sabia que si tenia que ahorrar no solo para la comida, si no tambien para otros materiales de utilidad, era necesario como otras veces  en las que ha tenido que cazar para lograr comprar aquellos utensilios que a veces necesitaba, era precisamente ese pensamiento el que terminó llevándolo hasta un pequeño embarcadero levantado sobre uno de los tantos lagos que podían encontrarse en el País del Fuego. No era un lugar demasiado concurrido, aquel lago estaba medio oculto y tampoco era famoso oh tuviera algo que llamara a los turistas, Beru apenas podían ver un par de pescadores preparando sus redes y un anciano que parecía encargarse de cuidar las pequeñas embarcaciones de madera que descansaban amarradas junto a la orilla. A simple vista ninguna parecía demasiado nueva, pero mientras sirvieran para el hozuki no era problema.<br />
<br />
Beru observó el lugar durante unos segundos antes de acercarse con tranquilidad a aquel anciano que cuidaba aquellos pequeños botes. La charla con aquel señor habia sido breve, parecía no importarle mucho quien la tomara, tan solo mientras le pagaran y volvieran con la pequeña lancha no había problema, aprovechando aquel anciano en le prestarle una caña sencilla y un balde donde podría guardar aquello que consiguiera sacar del agua. No era el mejor equipo del mundo, aunque tampoco necesitaba más para el objetivo que tenía en mente.<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"> - esto es mas que suficiente es pescar, como antes lo solía hacer -</span> pensaste recordando brevemente tus épocas en kiri.<br />
<br />
Un leve empujón dado hacia el bote fue nesecario para que comenzara a flotar con suavidad sobre la superficie del lago y subiendose el renegado con cuidado para evitar que el movimiento terminara volcándolo antes siquiera de comenzar. La madera sintiendo su peso crujió ligeramente, un sonido que desapareció casi de inmediato cuando tomó los remos y comenzó a alejarse lentamente de la orilla.<br />
<br />
A medida que pasaban los minutos podia sentir como aquel lago era mucho más silencioso de lo que había imaginado y conforme seguía, el murmullo de las personas que permanecían en tierra fue desapareciendo poco a poco hasta quedar reemplazado únicamente por el sonido de los remos cortando el agua y el viento moviendo las hojas de los árboles que rodeaban el lugar, además de la única voz que lo acompañaba la de sus pensamientos. No era un silencio incómodo para el de hecho, le atraia recuerdos, de cuando vivia en kiri, era una sensación familiar pero mucho mas silenciosa, no habían olas ni grandes barcos, la mayoría aqui era solo silencio.<br />
<br />
Mientras continuaba remando, su mirada terminó perdiéndose sobre el reflejo que el sol proyectaba en la superficie del agua. Durante unos instantes simplemente observó cómo las pequeñas olas deformaban aquella imagen brillante una y otra vez. A veces el agua conseguía traerle recuerdos de Kirigakure, no porque aquel lago se pareciera demasiado a las costas de su antigua aldea, sino porque el simple sonido del agua bastaba para hacer que su mente regresara allí casi por costumbre. habían pasado muchas cosas desde entonces. Algunas prefería olvidarlas, otras simplemente habían terminado convirtiéndose en experiencias más dentro de una vida que nunca había sido tranquila.<br />
<br />
A medida que pasaba el tiempo mas y mas se adentraba en aquel lago, donde dejaria descansar los remos sobre uno de los costados de la embarcación, para tomar la caña y empezar la pescar lo que fuera. <br />
<br />
Los minutos pasaban, incluso el shinobi juraria por la puesta del sol que habían pasado unas horas y mucho no había, la pesca que habia conseguido fue unos peces de unos tamaños pequeños, eran verdosos pero parecían apetecibles, incluso el ultimo que habia pescado era un poco mas grande y agresivo mordiéndole el dedo al shinobi pescador.<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"> - ¡cabron! - </span>el dolor había sido inmediato y el la muerte de ese pez fue inminente.<br />
<br />
Se dio cuenta dado cuenta el chico que el tiempo que había estado en el país del fuego lo había oxidado en la pesca, lo que era lo habitual para conseguir comida en kiri aqui ya no lo era, debia mejorar a la próxima que volviera, para el siendo una persona proveniente de los mares aquello no podía quedarse asi. Pero el objetivo al menos había sido logrado. El chico dejaría al final aquella embarcacíon con el señor que los cuidabas y sin ninguna frase solo con gestos le daría gracias por su servicio retirandose hasta no ser visto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.pinimg.com/vwebp/736x/2a/ec/4c/2aec4c4f88adbcc97c612ac68fcc7214.webp" loading="lazy"  alt="[Imagen: 2aec4c4f88adbcc97c612ac68fcc7214.webp]" class="mycode_img" /></div>
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano del 150, Día 3</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Pais del Fuego</span><br />
<br />
El verano en el País del Fuego seguía haciendo de las suyas. Si bien la mayoría de sus habitantes aquel calor no parecía representar un problema mayor, Beru todavía no terminaba de acostumbrarse a él. Aun que con el paso del tiempo poco a poco mas en la mala se terminaría acostumbrando a ello después de todo, había pasado gran parte de su vida rodeado por un clima muy distinto, donde la humedad y el frío formaban parte del día a día, por lo que era de esperarse que el cambio de clima en particular en verano le afectaba al genin. Quejarse del clima se había convertido en una costumbre más que en una solución, pues el calor seguía allí sin importar cuántas veces se quejara y tuviera que hidratarse por este. <br />
<br />
El dinero tampoco ayudaba demasiado al humor del chico. Desde que había comenzado a moverse entre pequeñas aldeas para no ser encontrado y sobreviviendo gracias a pequeños trabajos y misiones de escasa dificultad oh incluso nula, había aprendido a administrar cada moneda con bastante cuidado, cuando no lo lograba sabia que quedarse con los brazos cruzados no era una opción, no era mucho lo que ganaba pero la comida siempre terminaba llevándose una parte importante de lo que conseguía ganar. <br />
<br />
Sabia que si tenia que ahorrar no solo para la comida, si no tambien para otros materiales de utilidad, era necesario como otras veces  en las que ha tenido que cazar para lograr comprar aquellos utensilios que a veces necesitaba, era precisamente ese pensamiento el que terminó llevándolo hasta un pequeño embarcadero levantado sobre uno de los tantos lagos que podían encontrarse en el País del Fuego. No era un lugar demasiado concurrido, aquel lago estaba medio oculto y tampoco era famoso oh tuviera algo que llamara a los turistas, Beru apenas podían ver un par de pescadores preparando sus redes y un anciano que parecía encargarse de cuidar las pequeñas embarcaciones de madera que descansaban amarradas junto a la orilla. A simple vista ninguna parecía demasiado nueva, pero mientras sirvieran para el hozuki no era problema.<br />
<br />
Beru observó el lugar durante unos segundos antes de acercarse con tranquilidad a aquel anciano que cuidaba aquellos pequeños botes. La charla con aquel señor habia sido breve, parecía no importarle mucho quien la tomara, tan solo mientras le pagaran y volvieran con la pequeña lancha no había problema, aprovechando aquel anciano en le prestarle una caña sencilla y un balde donde podría guardar aquello que consiguiera sacar del agua. No era el mejor equipo del mundo, aunque tampoco necesitaba más para el objetivo que tenía en mente.<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color"> - esto es mas que suficiente es pescar, como antes lo solía hacer -</span> pensaste recordando brevemente tus épocas en kiri.<br />
<br />
Un leve empujón dado hacia el bote fue nesecario para que comenzara a flotar con suavidad sobre la superficie del lago y subiendose el renegado con cuidado para evitar que el movimiento terminara volcándolo antes siquiera de comenzar. La madera sintiendo su peso crujió ligeramente, un sonido que desapareció casi de inmediato cuando tomó los remos y comenzó a alejarse lentamente de la orilla.<br />
<br />
A medida que pasaban los minutos podia sentir como aquel lago era mucho más silencioso de lo que había imaginado y conforme seguía, el murmullo de las personas que permanecían en tierra fue desapareciendo poco a poco hasta quedar reemplazado únicamente por el sonido de los remos cortando el agua y el viento moviendo las hojas de los árboles que rodeaban el lugar, además de la única voz que lo acompañaba la de sus pensamientos. No era un silencio incómodo para el de hecho, le atraia recuerdos, de cuando vivia en kiri, era una sensación familiar pero mucho mas silenciosa, no habían olas ni grandes barcos, la mayoría aqui era solo silencio.<br />
<br />
Mientras continuaba remando, su mirada terminó perdiéndose sobre el reflejo que el sol proyectaba en la superficie del agua. Durante unos instantes simplemente observó cómo las pequeñas olas deformaban aquella imagen brillante una y otra vez. A veces el agua conseguía traerle recuerdos de Kirigakure, no porque aquel lago se pareciera demasiado a las costas de su antigua aldea, sino porque el simple sonido del agua bastaba para hacer que su mente regresara allí casi por costumbre. habían pasado muchas cosas desde entonces. Algunas prefería olvidarlas, otras simplemente habían terminado convirtiéndose en experiencias más dentro de una vida que nunca había sido tranquila.<br />
<br />
A medida que pasaba el tiempo mas y mas se adentraba en aquel lago, donde dejaria descansar los remos sobre uno de los costados de la embarcación, para tomar la caña y empezar la pescar lo que fuera. <br />
<br />
Los minutos pasaban, incluso el shinobi juraria por la puesta del sol que habían pasado unas horas y mucho no había, la pesca que habia conseguido fue unos peces de unos tamaños pequeños, eran verdosos pero parecían apetecibles, incluso el ultimo que habia pescado era un poco mas grande y agresivo mordiéndole el dedo al shinobi pescador.<span style="color: #005dc2;" class="mycode_color"> - ¡cabron! - </span>el dolor había sido inmediato y el la muerte de ese pez fue inminente.<br />
<br />
Se dio cuenta dado cuenta el chico que el tiempo que había estado en el país del fuego lo había oxidado en la pesca, lo que era lo habitual para conseguir comida en kiri aqui ya no lo era, debia mejorar a la próxima que volviera, para el siendo una persona proveniente de los mares aquello no podía quedarse asi. Pero el objetivo al menos había sido logrado. El chico dejaría al final aquella embarcacíon con el señor que los cuidabas y sin ninguna frase solo con gestos le daría gracias por su servicio retirandose hasta no ser visto.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Akademisei] [Entrenamiento] Los estudios en casa]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14340</link>
			<pubDate>Mon, 27 Jul 2026 23:40:22 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=798">Lanita</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14340</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Querido diario</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 01, año 132, Konoha</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Los estudios en casa</span><br />
<br />
<img src="https://64.media.tumblr.com/157ea26a3c56d1f0902b19acdc10c0a0/863ea9f34f5d8963-96/s1280x1920/d4701e05bfbcf194127153f0ae94d1dc56f82a67.pnj" loading="lazy"  width="150" height="150" alt="[Imagen: d4701e05bfbcf194127153f0ae94d1dc56f82a67.pnj]" class="mycode_img" /></div>
<br />
Es tan horrible tener que pasar horas y horas estudiando, leyendo libros y haciendo cálculos. Desde la mañana ha estado encerrada en esa habitación de paredes de madera oscura que combina con los muebles de la casa, detrás de su escritorio está el ventanal, por donde entra la luz, pero es escasa porque la habitación es tan oscura que con suerte se ilumina, de hecho debe prender las velas del candelabro del techo para poder ver mejor cada palabra que escribe en las hojas de papel.<br />
<br />
Su cabeza se estaba cansando, por su mente nada estaba pasando, pero la fatiga comenzó a entrar por su cuerpo, los brazos estaban cansados, las piernas igual y eso era así, incluso estando todo ese tiempo sentada, se fatigaba luego de pasar las seis horas completas, a veces más, de solo… estudios. ¿Quién la obligaba? Su familia, pero sobre todo personas desconocidas que sus padres habían contratado hace unos años para que fuesen sus profesores, para que les enseñaran y la motivaran mientras su familia la pasaba afuera haciendo sus negocios o vida social, sin saber que Lana se la pasaba en solitario estudiando y los maestros se paseaban por la gran propiedad disfrutando de esos lujos que no podrán nunca tener.<br />
<br />
Pero así estaba mejor, a pequeña muchacha le daba miedo tener que hablarles, porque cada vez que ella se les acercaba, los tipos le respondían con mal humor y le llegaba una gran cachetada en la cara por salir de esa habitación sin que se lo permitieran. ¿Era ella quien lo causaba? ¿Los estaba molestando? Las miradas de rechazo y el tono de voz que ellos, tanto hombres y mujeres que han sido sus maestros, le han bajado el autoestima a la pequeña muchacha, causándole que comenzara a sentir verguenza de ella misma. Se sentía una molestia y cada pensamiento negativo y falso, controlado por aquellos adultos, es que de apoco comenzó a sentir desapego.<br />
<br />
Entonces estar encerrada en esa habitación no era tan malo, al menos así lo vió ella en este tiempo, pero no se estaba dando cuenta que no era libre. Era su propia casa y la estaban tratando mal. Eso aun no lo habia tomado en cuenta. Quería hacer feliz a su familia, sabía que era necesario estudiar tanto para ser la mejor como cada uno de su familia y si estudiaba tal vez podría al fin ser libre. Esperó, como siempre, a que se hiciera ya muy tarde, a que bajara el sol, porque esa era señal de que por fin se iban los maestros y llegaba su familia, su madre a darle un hermoso y cariñoso abrazo. Pero esta vez, mientras estaba en la habitación encerrada guardando sus cositas, sus hojas, sus plumas, entró una maestra y le dijo que…<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—Seguirás estudiando, pequeñita escoria.</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El viaje de tus padres se retrasó, por lo que llegaran tarde a casa.</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Espero que hayas terminado ese libro de 600 páginas</span></div>
<br />
La maestra sale de allí cerrando la puerta con llave. Lanita apretó sus puños muy molesta y junto sus labios haciendo una mueca. Tenía que aguantar este trato para que su madre no se preocupara de ella. No se volvió a sentar, para ella el estudio había si o si terminado, la rabia contenida le quitó el miedo, extrañaba a sus padres y se sentía traicionada. Se acercó al ventanal, lo abrió y la brisa movió sus cabellos hermosos y su cola se agitó de felicidad. Afuera ya estaba oscuro y su jardín iluminado con pequeños faroles de velas. Desde allí daba a una pequeña terraza, con unas sillas preciosas, y más allá el jardín y el bosque.<br />
<br />
Movió sus pies para sacarse sus zapatitos, dio un paso afuera y a pata pelada sintió el suelo, las piedras de la terraza… dio otros pasos y una energía infantil la hizo correr, correr atravesando el jardín. Nadie la vió, ni siquiera los maestros. Creyó que estaba haciendo una travesura, era su secreto, después llegó a uno de los primeros arboles del bosque. Se quedó parada en la entrada del bosque, no quería adentrarse, de hecho se agarro del tronco de uno de esos arboles y empezó a subir, subir hasta la copa. Y respiró el aire de la libertad.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Querido diario</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 01, año 132, Konoha</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Los estudios en casa</span><br />
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Es tan horrible tener que pasar horas y horas estudiando, leyendo libros y haciendo cálculos. Desde la mañana ha estado encerrada en esa habitación de paredes de madera oscura que combina con los muebles de la casa, detrás de su escritorio está el ventanal, por donde entra la luz, pero es escasa porque la habitación es tan oscura que con suerte se ilumina, de hecho debe prender las velas del candelabro del techo para poder ver mejor cada palabra que escribe en las hojas de papel.<br />
<br />
Su cabeza se estaba cansando, por su mente nada estaba pasando, pero la fatiga comenzó a entrar por su cuerpo, los brazos estaban cansados, las piernas igual y eso era así, incluso estando todo ese tiempo sentada, se fatigaba luego de pasar las seis horas completas, a veces más, de solo… estudios. ¿Quién la obligaba? Su familia, pero sobre todo personas desconocidas que sus padres habían contratado hace unos años para que fuesen sus profesores, para que les enseñaran y la motivaran mientras su familia la pasaba afuera haciendo sus negocios o vida social, sin saber que Lana se la pasaba en solitario estudiando y los maestros se paseaban por la gran propiedad disfrutando de esos lujos que no podrán nunca tener.<br />
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Pero así estaba mejor, a pequeña muchacha le daba miedo tener que hablarles, porque cada vez que ella se les acercaba, los tipos le respondían con mal humor y le llegaba una gran cachetada en la cara por salir de esa habitación sin que se lo permitieran. ¿Era ella quien lo causaba? ¿Los estaba molestando? Las miradas de rechazo y el tono de voz que ellos, tanto hombres y mujeres que han sido sus maestros, le han bajado el autoestima a la pequeña muchacha, causándole que comenzara a sentir verguenza de ella misma. Se sentía una molestia y cada pensamiento negativo y falso, controlado por aquellos adultos, es que de apoco comenzó a sentir desapego.<br />
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Entonces estar encerrada en esa habitación no era tan malo, al menos así lo vió ella en este tiempo, pero no se estaba dando cuenta que no era libre. Era su propia casa y la estaban tratando mal. Eso aun no lo habia tomado en cuenta. Quería hacer feliz a su familia, sabía que era necesario estudiar tanto para ser la mejor como cada uno de su familia y si estudiaba tal vez podría al fin ser libre. Esperó, como siempre, a que se hiciera ya muy tarde, a que bajara el sol, porque esa era señal de que por fin se iban los maestros y llegaba su familia, su madre a darle un hermoso y cariñoso abrazo. Pero esta vez, mientras estaba en la habitación encerrada guardando sus cositas, sus hojas, sus plumas, entró una maestra y le dijo que…<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">—Seguirás estudiando, pequeñita escoria.</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">El viaje de tus padres se retrasó, por lo que llegaran tarde a casa.</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Espero que hayas terminado ese libro de 600 páginas</span></div>
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La maestra sale de allí cerrando la puerta con llave. Lanita apretó sus puños muy molesta y junto sus labios haciendo una mueca. Tenía que aguantar este trato para que su madre no se preocupara de ella. No se volvió a sentar, para ella el estudio había si o si terminado, la rabia contenida le quitó el miedo, extrañaba a sus padres y se sentía traicionada. Se acercó al ventanal, lo abrió y la brisa movió sus cabellos hermosos y su cola se agitó de felicidad. Afuera ya estaba oscuro y su jardín iluminado con pequeños faroles de velas. Desde allí daba a una pequeña terraza, con unas sillas preciosas, y más allá el jardín y el bosque.<br />
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Movió sus pies para sacarse sus zapatitos, dio un paso afuera y a pata pelada sintió el suelo, las piedras de la terraza… dio otros pasos y una energía infantil la hizo correr, correr atravesando el jardín. Nadie la vió, ni siquiera los maestros. Creyó que estaba haciendo una travesura, era su secreto, después llegó a uno de los primeros arboles del bosque. Se quedó parada en la entrada del bosque, no quería adentrarse, de hecho se agarro del tronco de uno de esos arboles y empezó a subir, subir hasta la copa. Y respiró el aire de la libertad.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El bosque y el renegado]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14288</link>
			<pubDate>Sat, 25 Jul 2026 21:02:33 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=512">Beru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14288</guid>
			<description><![CDATA[Verano del año 450<br />
<br />
Bosque del País del Fuego<br />
<br />
Era otro de aquellos días en los que el calor parecía apropiarse de cada rincón del bosque. Incluso bajo la enorme cantidad de árboles que ocultaban buena parte de la luz del sol, el ambiente seguía siendo cálido, pesado y casi siempre húmedo. Las hojas apenas se mecían con el viento que parecía correr libre en aquel entorno, mientras el constante canto de los insectos terminaba convirtiéndose en una especie de ruido de fondo que difícilmente desaparecía para los oídos del renegado. Para cualquiera que hubiera crecido en aquellas tierras, seguramente no sería más que un día común, pero para Beru, que venia de la gente que muchos habitantes de la zona llamaban "la gente del mar" se le hacia siempre de alguna u otra forma único en como el mundo le transmitía sus mensajes en diferentes formas. <br />
<br />
Los pasos del renegado avanzaban sin un destino demasiado definido. No había una misión esperándolo, ni un objetivo marcado sobre un mapa. Simplemente caminaba, quería ver donde lo llevaba el destino. Las botas aplastaban ocasionalmente alguna rama seca o un pequeño grupo de hojas acumuladas por el viento. No era un sonido especialmente fuerte, pero sí suficiente para que alguna ardilla escapara entre los árboles o que un pequeño grupo de aves emprendiera vuelo hacia un lugar más tranquilo. Beru apenas desviaba la mirada hacia ellas antes de continuar con la vista al frente.<br />
Aquel lugar estaba vivo, no solo por los animales que recorrían el bosque si se llegaba a prestar la suficiente atención o por el incesante movimiento de los insectos. También por los árboles, cuyas enormes raíces parecían haberse abierto paso durante décadas, quizás siglos, moldeando el terreno a su alrededor. Era curioso pensar que probablemente aquellas mismas raíces seguirían allí cuando muchas personas hubieran desaparecido hacía ya bastante tiempo.<br />
<br />
Una de sus manos se apoyó distraídamente sobre el tronco de un viejo árbol mientras observaba la rugosidad de la corteza. Había cicatrices antiguas, cortes producidos por kunais o espadas y zonas donde la naturaleza ya había comenzado a reclamar aquello que el hombre alguna vez dañó. El bosque siempre terminaba recuperando lo que era suyo. Era una cualidad que admiraba el chico sobre la naturaleza. Los hombres en cambio construían aldeas creyéndolas eternas. Levantaban murallas, escribían leyes y prometían proteger ideales que cambiaban con cada generación. La naturaleza, en cambio, jamás necesitó convencer a nadie de su fuerza. Simplemente esperaba el tiempo suficiente.<br />
<br />
<br />
Aun que el chico no solia estar interesado en las reflexiones filosóficas casi siempre en su mente terminaba de alguna forma cayendo en ellas, pero el silencio terminaba empujando la mente hacia lugares curiosos. Cuando uno dejaba de preocuparse por sobrevivir durante unos instantes, comenzaba inevitablemente a pensar. Quizá por eso muchos preferían mantenerse ocupados constantemente.<br />
El sonido de un arroyo cercano terminó desviando ligeramente su rumbo. No tardó demasiado en encontrar un pequeño curso de agua que atravesaba el bosque con absoluta tranquilidad. El agua era cristalina, permitiendo ver las piedras del fondo mientras algunos peces de pequeño tamaño escapaban al percibir su sombra.<br />
Se acuclilló junto a la orilla y dejó que el agua recorriera lentamente la palma de su mano antes de llevarla al rostro. El frescor contrastó con el calor sofocante del ambiente, arrancándole un leve suspiro que desapareció tan rápido como había llegado.<br />
Permaneció allí apenas unos segundos. Los suficientes para darse cuenta que no había nada mas de interés real en aquel lugar. No había razón para quedarse más tiempo. El genin se incorporó nuevamente, acomodando distraídamente su ropa mientras lanzaba una última mirada al arroyo. Todo continuaba exactamente igual que antes de su llegada. El agua seguía su curso, las hojas continuaban cayendo lentamente y el bosque recuperaba poco a poco el silencio que él mismo había interrumpido.<br />
<br />
Con la misma calma con la que había llegado, Beru volvió a internarse entre los árboles, desapareciendo poco a poco entre las sombras que proyectaban las enormes copas del bosque, dejando tras de sí únicamente unas cuantas huellas sobre la tierra que, con el paso de las horas, terminarían por desaparecer como si jamás hubiera estado allí, al final la presencia de uno no hacia que las cosas que dejaba atras pararan su curso, que no las viera solo se volveria un misterioso en que terminarían.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Verano del año 450<br />
<br />
Bosque del País del Fuego<br />
<br />
Era otro de aquellos días en los que el calor parecía apropiarse de cada rincón del bosque. Incluso bajo la enorme cantidad de árboles que ocultaban buena parte de la luz del sol, el ambiente seguía siendo cálido, pesado y casi siempre húmedo. Las hojas apenas se mecían con el viento que parecía correr libre en aquel entorno, mientras el constante canto de los insectos terminaba convirtiéndose en una especie de ruido de fondo que difícilmente desaparecía para los oídos del renegado. Para cualquiera que hubiera crecido en aquellas tierras, seguramente no sería más que un día común, pero para Beru, que venia de la gente que muchos habitantes de la zona llamaban "la gente del mar" se le hacia siempre de alguna u otra forma único en como el mundo le transmitía sus mensajes en diferentes formas. <br />
<br />
Los pasos del renegado avanzaban sin un destino demasiado definido. No había una misión esperándolo, ni un objetivo marcado sobre un mapa. Simplemente caminaba, quería ver donde lo llevaba el destino. Las botas aplastaban ocasionalmente alguna rama seca o un pequeño grupo de hojas acumuladas por el viento. No era un sonido especialmente fuerte, pero sí suficiente para que alguna ardilla escapara entre los árboles o que un pequeño grupo de aves emprendiera vuelo hacia un lugar más tranquilo. Beru apenas desviaba la mirada hacia ellas antes de continuar con la vista al frente.<br />
Aquel lugar estaba vivo, no solo por los animales que recorrían el bosque si se llegaba a prestar la suficiente atención o por el incesante movimiento de los insectos. También por los árboles, cuyas enormes raíces parecían haberse abierto paso durante décadas, quizás siglos, moldeando el terreno a su alrededor. Era curioso pensar que probablemente aquellas mismas raíces seguirían allí cuando muchas personas hubieran desaparecido hacía ya bastante tiempo.<br />
<br />
Una de sus manos se apoyó distraídamente sobre el tronco de un viejo árbol mientras observaba la rugosidad de la corteza. Había cicatrices antiguas, cortes producidos por kunais o espadas y zonas donde la naturaleza ya había comenzado a reclamar aquello que el hombre alguna vez dañó. El bosque siempre terminaba recuperando lo que era suyo. Era una cualidad que admiraba el chico sobre la naturaleza. Los hombres en cambio construían aldeas creyéndolas eternas. Levantaban murallas, escribían leyes y prometían proteger ideales que cambiaban con cada generación. La naturaleza, en cambio, jamás necesitó convencer a nadie de su fuerza. Simplemente esperaba el tiempo suficiente.<br />
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Aun que el chico no solia estar interesado en las reflexiones filosóficas casi siempre en su mente terminaba de alguna forma cayendo en ellas, pero el silencio terminaba empujando la mente hacia lugares curiosos. Cuando uno dejaba de preocuparse por sobrevivir durante unos instantes, comenzaba inevitablemente a pensar. Quizá por eso muchos preferían mantenerse ocupados constantemente.<br />
El sonido de un arroyo cercano terminó desviando ligeramente su rumbo. No tardó demasiado en encontrar un pequeño curso de agua que atravesaba el bosque con absoluta tranquilidad. El agua era cristalina, permitiendo ver las piedras del fondo mientras algunos peces de pequeño tamaño escapaban al percibir su sombra.<br />
Se acuclilló junto a la orilla y dejó que el agua recorriera lentamente la palma de su mano antes de llevarla al rostro. El frescor contrastó con el calor sofocante del ambiente, arrancándole un leve suspiro que desapareció tan rápido como había llegado.<br />
Permaneció allí apenas unos segundos. Los suficientes para darse cuenta que no había nada mas de interés real en aquel lugar. No había razón para quedarse más tiempo. El genin se incorporó nuevamente, acomodando distraídamente su ropa mientras lanzaba una última mirada al arroyo. Todo continuaba exactamente igual que antes de su llegada. El agua seguía su curso, las hojas continuaban cayendo lentamente y el bosque recuperaba poco a poco el silencio que él mismo había interrumpido.<br />
<br />
Con la misma calma con la que había llegado, Beru volvió a internarse entre los árboles, desapareciendo poco a poco entre las sombras que proyectaban las enormes copas del bosque, dejando tras de sí únicamente unas cuantas huellas sobre la tierra que, con el paso de las horas, terminarían por desaparecer como si jamás hubiera estado allí, al final la presencia de uno no hacia que las cosas que dejaba atras pararan su curso, que no las viera solo se volveria un misterioso en que terminarían.]]></content:encoded>
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