<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Ciudad de Peñaverde]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 16:07:08 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[Nos Ahogaremos Nos Ahogaremos En El Mar Nos Ahogaremos]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14832</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 19:30:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=755">Kishue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14832</guid>
			<description><![CDATA[El viaje por tierra terminó en un pequeño puerto desde donde el grupo debía continuar la búsqueda de los Sellos. La embarcación asignada no era especialmente grande, aunque poseía espacio suficiente para transportar a los shinobi, la tripulación y las provisiones necesarias durante varios días. Kishue fue uno de los primeros en subir. El olor a sal, madera húmeda y redes viejas le resultó mucho más familiar que cualquier sendero que hubieran recorrido hasta entonces.<br />
<br />
El Kanabō no Samehada causó algunos problemas antes de abandonar el muelle. Su tamaño y peso impedían dejarlo apoyado en cualquier sitio sin estorbar el paso, de modo que Kishue terminó asegurándolo cerca del mástil con varias cuerdas gruesas. Probó cada nudo tirando con ambas manos y colocó una protección entre el metal y la madera para evitar que el movimiento del barco los hiciera golpearse. El garrote parecía menos un arma guardada que otro pasajero particularmente desagradable.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Tú te quedas aquí hasta que aparezca algo que necesite ser golpeado.</span> —le indicó, apoyando una mano sobre la cabeza de tiburón del arma—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Y no intentes caer sobre nadie. Ya eres bastante difícil de explicar sin aplastar a un marinero.</span><br />
<br />
La primera jornada transcurrió sin grandes dificultades. Kirigakure desapareció poco a poco detrás de su niebla y luego también lo hizo la costa, dejando al barco rodeado únicamente por agua. Kishue pasó buena parte del tiempo sobre la cubierta, ayudando cuando la tripulación necesitaba mover provisiones o tensar alguna cuerda. Rin y Rei continuaban a bordo y formaban parte del esfuerzo necesario para mantener el viaje, pero él procuró concentrarse en sus propias tareas sin meterse en las de ellas.<br />
<br />
La tranquilidad comenzó a desaparecer durante el segundo día. El viento cambió antes del mediodía y empujó la embarcación lejos de la ruta indicada, obligando a corregir constantemente el timón. Las olas crecieron durante las horas siguientes, primero como elevaciones largas que levantaban el barco y después como golpes que sacudían la cubierta. Kishue encontró divertido el movimiento hasta que una caja mal asegurada cruzó varios metros y estuvo a punto de romperle las piernas a uno de los tripulantes.<br />
<br />
Después de eso dejó de parecerle un juego.<br />
<br />
Ayudó a fijar cada objeto capaz de desplazarse. Arrastró barriles hacia el centro, tensó las redes sobre las provisiones y añadió nuevas cuerdas alrededor del Kanabō. La lluvia llegó poco después, inclinada por el viento y con suficiente fuerza para dificultar la visión. La madera se volvió resbaladiza, pero Kishue mantuvo el equilibrio bajando el cuerpo y aferrándose con manos y pies cada vez que el barco descendía detrás de una ola.<br />
<br />
La tormenta empeoró al caer la noche. El mar dejó de distinguirse del cielo y cada relámpago revelaba paredes de agua levantándose alrededor de la embarcación. Una ola golpeó el costado y cubrió la cubierta por completo, arrastrando herramientas, cuerdas y cualquier cosa que no estuviera sujeta. Kishue alcanzó una de las líneas antes de perder el apoyo y se sostuvo mientras el agua intentaba llevarlo hacia la borda. Por primera vez, estar rodeado por el mar no significaba encontrarse en ventaja.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Mekka, recuérdame que la próxima vez pidamos un barco más grande.</span><br />
<br />
La esfera permaneció protegida debajo de su ropa, pegada al cuerpo para evitar que los movimientos bruscos la golpearan. Kishue no necesitaba escuchar una respuesta para imaginar la desaprobación del pez. Había sido él quien celebró la idea de navegar y aseguró que cualquier problema en el agua sería sencillo. Ahora el barco crujía debajo de sus pies como si fuera a demostrarle personalmente lo equivocado que estaba.<br />
<br />
Una ráfaga desgarró parte de una vela y dejó una sección agitándose sin control. Kishue avanzó hasta una de las cuerdas desprendidas, la sujetó alrededor del antebrazo y tiró utilizando todo el peso de su cuerpo. El tejido continuó golpeándolo mientras varios tripulantes intentaban reducirlo. Cuando una segunda ola inclinó el barco, activó parcialmente su transformación; las escamas cubrieron sus manos y le permitieron conservar el agarre sobre la cuerda mojada hasta asegurarla.<br />
<br />
La batalla contra la tormenta se prolongó durante horas. No existía un enemigo al que pudiera golpear ni una garganta que morder para acabar con el problema. Cada dificultad era reemplazada por otra: una cuerda cedía, una caja se soltaba, el agua entraba por la cubierta o el viento desviaba nuevamente la proa. Kishue obedeció las instrucciones de la tripulación cuando conocían mejor el barco y utilizó su fuerza cuando las manos de una sola persona no eran suficientes.<br />
<br />
Poco antes del amanecer, un ruido diferente atravesó el casco. No fue el crujido habitual de la madera soportando las olas, sino un golpe acompañado por una vibración que recorrió parte de la cubierta. Algún resto flotante había chocado contra la embarcación bajo la línea del agua. Minutos después comenzó a entrar agua en uno de los compartimentos inferiores, primero mediante un goteo rápido y luego a través de una separación cada vez más visible entre dos tablas.<br />
<br />
Kishue ayudó a retirar las provisiones del lugar y se unió al esfuerzo para contener la filtración desde dentro. Colocaron tela y una tabla sobre la grieta, sujetándolas con travesaños mientras retiraban el agua acumulada. La reparación redujo la entrada, pero no la detuvo. Para asegurar el casco debían cubrir también la abertura desde el exterior, algo que ningún marinero estaba dispuesto a intentar mientras las olas continuaran golpeando con aquella fuerza.<br />
<br />
El temporal perdió intensidad durante la mañana. Las nubes no desaparecieron y el mar siguió elevándose alrededor del barco, pero por fin existieron intervalos en los que las olas permitían trabajar. Kishue no esperó a que alguien tuviera que pedirle que descendiera. Terminó de transformar su cuerpo, comprobó que Mekka estuviera asegurado y ató una cuerda alrededor de su cintura para permanecer vinculado a la embarcación, aunque no necesitara regresar a la superficie para respirar.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Voy a revisar el daño. Si tiro tres veces, envíen la tabla. Si tiro cinco... probablemente significa que algo intentó comerme.</span><br />
<br />
Saltó por la borda antes de escuchar cualquier objeción. El agua fría lo envolvió y el estruendo de la tormenta se convirtió en un rumor distante sobre su cabeza. Sus branquias se abrieron con naturalidad, permitiéndole respirar mientras descendía junto al casco. Bajo la superficie, la embarcación parecía mucho más grande y cada movimiento de las olas la desplazaba de un lado a otro, obligándolo a apartarse para evitar que la madera lo golpeara.<br />
<br />
Encontró la grieta cerca de la parte inferior del costado. Dos tablas estaban partidas y otra se había separado varios centímetros, dejando que el agua fuera empujada hacia dentro. Kishue pasó los dedos sobre los bordes, retiró varias astillas sueltas y comprobó que la estructura alrededor continuara firme. Después tiró tres veces de la cuerda y esperó mientras el oleaje intentaba arrastrarlo hacia la popa.<br />
<br />
Desde arriba descendió el parche preparado por los marineros: una pieza gruesa de lona reforzada con una tabla, cuerdas y material sellante protegido entre varias capas. Kishue la atrapó antes de que se alejara, llevó el conjunto hasta la grieta y presionó la tabla contra el casco. Sus pies buscaron apoyo sobre la madera mientras enrollaba las líneas alrededor de los puntos indicados. La corriente convertía cada movimiento en un forcejeo, pero debajo del agua se encontraba mucho más cómodo que quienes esperaban arriba.<br />
<br />
Una de las cuerdas pasó por debajo de la embarcación y regresó desde el otro costado, permitiendo apretar el parche contra las tablas dañadas. Kishue tiró hasta que la lona quedó pegada sobre la abertura y utilizó varias cuñas para impedir que el movimiento la desplazara. Revisó los bordes con las manos, encontró una filtración menor y corrigió la posición antes de indicar que tensaran nuevamente desde la cubierta.<br />
<br />
Permaneció bajo el agua hasta asegurarse de que el parche resistiera. La madera todavía necesitaba una reparación apropiada en tierra, pero el agua ya no entraba con la misma facilidad. Cuando regresó a la superficie, trepó utilizando la cuerda de su cintura y cayó sobre la cubierta cubierto por escamas, algas y pequeños fragmentos de madera. Su sonrisa mostraba que, a diferencia de la tormenta, aquella parte del problema sí le había resultado divertida.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">El barco seguirá flotando.</span> —anunció mientras se sentaba para retirar una astilla atrapada entre las escamas—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Deberían construir todos los barcos con un tiburón debajo. Es mucho más práctico.</span><br />
<br />
La tripulación pasó el resto del día reparando los daños visibles. Kishue colaboró cargando madera, sosteniendo travesaños y retirando el agua que todavía quedaba en los compartimentos inferiores. El esfuerzo conjunto permitió recuperar parte de la vela y asegurar el mástil, aunque la tormenta los había desviado considerablemente. Cuando el cielo empezó a despejarse no había tierra en ninguna dirección, solamente un horizonte gris que parecía alejarse con ellos.<br />
<br />
Los días siguientes fueron más tranquilos, pero la demora comenzó a notarse en las provisiones. El alimento preparado para un viaje directo debía durar ahora mucho más y las raciones se redujeron. Kishue todavía conservaba buena parte de la comida guardada por su madre, aunque no podía alimentar con ella a toda la tripulación. El mar, en cambio, ofrecía una reserva mucho mayor para alguien capaz de perseguirla.<br />
<br />
Cada vez que las condiciones lo permitían, Kishue se lanzaba al agua con una red pequeña y uno de sus kunai. Nadar junto a la embarcación después de permanecer horas sobre la cubierta le devolvía la energía. Su cuerpo transformado atravesaba el agua con facilidad, alejándose lo suficiente para encontrar bancos de peces sin perder de vista la sombra del casco. A veces regresaba en pocos minutos; otras veces debía sumergirse hasta que la luz se volvía tenue.<br />
<br />
No siempre utilizaba el arma. Podía acelerar detrás de un pez, cambiar de dirección antes de que escapara y atraparlo directamente con las manos. Las piezas pequeñas terminaban dentro de la red y las grandes requerían un golpe preciso del kunai antes de llevarlas hasta el barco. Mekka lo acompañaba protegido durante aquellas incursiones, aunque Kishue evitaba acercarlo demasiado a las capturas más grandes.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No los mires así. Son comida para el viaje, no nuevos compañeros.</span> —le explicó una tarde mientras empujaba la red hacia la superficie—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Además, tú fuiste el primero. Eso te hace especial.</span><br />
<br />
La pesca alivió la reducción de las provisiones y permitió que las comidas recuperaran algo más que arroz seco. Kishue regresaba orgulloso con cada captura, aunque el entusiasmo disminuía cuando le correspondía ayudar a limpiar los peces. Aun así, prefería pasar parte de la tarde retirando escamas ajenas que observar cómo las reservas continuaban desapareciendo sin hacer nada.<br />
<br />
Pasaron varios días sin ver tierra. El barco avanzaba más lento después de las reparaciones y cada sonido extraño procedente del casco hacía que Kishue dirigiera la mirada hacia el suelo. En más de una ocasión descendió para revisar el parche, ajustó las cuerdas y retiró residuos atrapados alrededor. La tabla continuaba firme. La embarcación había sobrevivido a la peor parte y volvía poco a poco hacia la ruta trazada antes de la tormenta.<br />
<br />
Kishue terminó acostumbrándose al ritmo del viaje: trabajar sobre la cubierta, revisar el casco, pescar cuando el mar lo permitía y dormir con el movimiento constante de las olas. El Kanabō no Samehada permanecía atado junto al mástil, Mekka seguía a salvo y Rin y Rei continuaban con él. No podían saber cuánto faltaba para encontrar tierra ni qué los esperaba al hacerlo, pero el mar ya había intentado detenerlos y no lo había conseguido.<br />
<br />
La búsqueda de los Sellos continuó sobre una embarcación golpeada, reparada y cargada con pescado fresco. Para Kishue, aquello contaba como un buen comienzo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El viaje por tierra terminó en un pequeño puerto desde donde el grupo debía continuar la búsqueda de los Sellos. La embarcación asignada no era especialmente grande, aunque poseía espacio suficiente para transportar a los shinobi, la tripulación y las provisiones necesarias durante varios días. Kishue fue uno de los primeros en subir. El olor a sal, madera húmeda y redes viejas le resultó mucho más familiar que cualquier sendero que hubieran recorrido hasta entonces.<br />
<br />
El Kanabō no Samehada causó algunos problemas antes de abandonar el muelle. Su tamaño y peso impedían dejarlo apoyado en cualquier sitio sin estorbar el paso, de modo que Kishue terminó asegurándolo cerca del mástil con varias cuerdas gruesas. Probó cada nudo tirando con ambas manos y colocó una protección entre el metal y la madera para evitar que el movimiento del barco los hiciera golpearse. El garrote parecía menos un arma guardada que otro pasajero particularmente desagradable.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Tú te quedas aquí hasta que aparezca algo que necesite ser golpeado.</span> —le indicó, apoyando una mano sobre la cabeza de tiburón del arma—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Y no intentes caer sobre nadie. Ya eres bastante difícil de explicar sin aplastar a un marinero.</span><br />
<br />
La primera jornada transcurrió sin grandes dificultades. Kirigakure desapareció poco a poco detrás de su niebla y luego también lo hizo la costa, dejando al barco rodeado únicamente por agua. Kishue pasó buena parte del tiempo sobre la cubierta, ayudando cuando la tripulación necesitaba mover provisiones o tensar alguna cuerda. Rin y Rei continuaban a bordo y formaban parte del esfuerzo necesario para mantener el viaje, pero él procuró concentrarse en sus propias tareas sin meterse en las de ellas.<br />
<br />
La tranquilidad comenzó a desaparecer durante el segundo día. El viento cambió antes del mediodía y empujó la embarcación lejos de la ruta indicada, obligando a corregir constantemente el timón. Las olas crecieron durante las horas siguientes, primero como elevaciones largas que levantaban el barco y después como golpes que sacudían la cubierta. Kishue encontró divertido el movimiento hasta que una caja mal asegurada cruzó varios metros y estuvo a punto de romperle las piernas a uno de los tripulantes.<br />
<br />
Después de eso dejó de parecerle un juego.<br />
<br />
Ayudó a fijar cada objeto capaz de desplazarse. Arrastró barriles hacia el centro, tensó las redes sobre las provisiones y añadió nuevas cuerdas alrededor del Kanabō. La lluvia llegó poco después, inclinada por el viento y con suficiente fuerza para dificultar la visión. La madera se volvió resbaladiza, pero Kishue mantuvo el equilibrio bajando el cuerpo y aferrándose con manos y pies cada vez que el barco descendía detrás de una ola.<br />
<br />
La tormenta empeoró al caer la noche. El mar dejó de distinguirse del cielo y cada relámpago revelaba paredes de agua levantándose alrededor de la embarcación. Una ola golpeó el costado y cubrió la cubierta por completo, arrastrando herramientas, cuerdas y cualquier cosa que no estuviera sujeta. Kishue alcanzó una de las líneas antes de perder el apoyo y se sostuvo mientras el agua intentaba llevarlo hacia la borda. Por primera vez, estar rodeado por el mar no significaba encontrarse en ventaja.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Mekka, recuérdame que la próxima vez pidamos un barco más grande.</span><br />
<br />
La esfera permaneció protegida debajo de su ropa, pegada al cuerpo para evitar que los movimientos bruscos la golpearan. Kishue no necesitaba escuchar una respuesta para imaginar la desaprobación del pez. Había sido él quien celebró la idea de navegar y aseguró que cualquier problema en el agua sería sencillo. Ahora el barco crujía debajo de sus pies como si fuera a demostrarle personalmente lo equivocado que estaba.<br />
<br />
Una ráfaga desgarró parte de una vela y dejó una sección agitándose sin control. Kishue avanzó hasta una de las cuerdas desprendidas, la sujetó alrededor del antebrazo y tiró utilizando todo el peso de su cuerpo. El tejido continuó golpeándolo mientras varios tripulantes intentaban reducirlo. Cuando una segunda ola inclinó el barco, activó parcialmente su transformación; las escamas cubrieron sus manos y le permitieron conservar el agarre sobre la cuerda mojada hasta asegurarla.<br />
<br />
La batalla contra la tormenta se prolongó durante horas. No existía un enemigo al que pudiera golpear ni una garganta que morder para acabar con el problema. Cada dificultad era reemplazada por otra: una cuerda cedía, una caja se soltaba, el agua entraba por la cubierta o el viento desviaba nuevamente la proa. Kishue obedeció las instrucciones de la tripulación cuando conocían mejor el barco y utilizó su fuerza cuando las manos de una sola persona no eran suficientes.<br />
<br />
Poco antes del amanecer, un ruido diferente atravesó el casco. No fue el crujido habitual de la madera soportando las olas, sino un golpe acompañado por una vibración que recorrió parte de la cubierta. Algún resto flotante había chocado contra la embarcación bajo la línea del agua. Minutos después comenzó a entrar agua en uno de los compartimentos inferiores, primero mediante un goteo rápido y luego a través de una separación cada vez más visible entre dos tablas.<br />
<br />
Kishue ayudó a retirar las provisiones del lugar y se unió al esfuerzo para contener la filtración desde dentro. Colocaron tela y una tabla sobre la grieta, sujetándolas con travesaños mientras retiraban el agua acumulada. La reparación redujo la entrada, pero no la detuvo. Para asegurar el casco debían cubrir también la abertura desde el exterior, algo que ningún marinero estaba dispuesto a intentar mientras las olas continuaran golpeando con aquella fuerza.<br />
<br />
El temporal perdió intensidad durante la mañana. Las nubes no desaparecieron y el mar siguió elevándose alrededor del barco, pero por fin existieron intervalos en los que las olas permitían trabajar. Kishue no esperó a que alguien tuviera que pedirle que descendiera. Terminó de transformar su cuerpo, comprobó que Mekka estuviera asegurado y ató una cuerda alrededor de su cintura para permanecer vinculado a la embarcación, aunque no necesitara regresar a la superficie para respirar.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Voy a revisar el daño. Si tiro tres veces, envíen la tabla. Si tiro cinco... probablemente significa que algo intentó comerme.</span><br />
<br />
Saltó por la borda antes de escuchar cualquier objeción. El agua fría lo envolvió y el estruendo de la tormenta se convirtió en un rumor distante sobre su cabeza. Sus branquias se abrieron con naturalidad, permitiéndole respirar mientras descendía junto al casco. Bajo la superficie, la embarcación parecía mucho más grande y cada movimiento de las olas la desplazaba de un lado a otro, obligándolo a apartarse para evitar que la madera lo golpeara.<br />
<br />
Encontró la grieta cerca de la parte inferior del costado. Dos tablas estaban partidas y otra se había separado varios centímetros, dejando que el agua fuera empujada hacia dentro. Kishue pasó los dedos sobre los bordes, retiró varias astillas sueltas y comprobó que la estructura alrededor continuara firme. Después tiró tres veces de la cuerda y esperó mientras el oleaje intentaba arrastrarlo hacia la popa.<br />
<br />
Desde arriba descendió el parche preparado por los marineros: una pieza gruesa de lona reforzada con una tabla, cuerdas y material sellante protegido entre varias capas. Kishue la atrapó antes de que se alejara, llevó el conjunto hasta la grieta y presionó la tabla contra el casco. Sus pies buscaron apoyo sobre la madera mientras enrollaba las líneas alrededor de los puntos indicados. La corriente convertía cada movimiento en un forcejeo, pero debajo del agua se encontraba mucho más cómodo que quienes esperaban arriba.<br />
<br />
Una de las cuerdas pasó por debajo de la embarcación y regresó desde el otro costado, permitiendo apretar el parche contra las tablas dañadas. Kishue tiró hasta que la lona quedó pegada sobre la abertura y utilizó varias cuñas para impedir que el movimiento la desplazara. Revisó los bordes con las manos, encontró una filtración menor y corrigió la posición antes de indicar que tensaran nuevamente desde la cubierta.<br />
<br />
Permaneció bajo el agua hasta asegurarse de que el parche resistiera. La madera todavía necesitaba una reparación apropiada en tierra, pero el agua ya no entraba con la misma facilidad. Cuando regresó a la superficie, trepó utilizando la cuerda de su cintura y cayó sobre la cubierta cubierto por escamas, algas y pequeños fragmentos de madera. Su sonrisa mostraba que, a diferencia de la tormenta, aquella parte del problema sí le había resultado divertida.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">El barco seguirá flotando.</span> —anunció mientras se sentaba para retirar una astilla atrapada entre las escamas—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Deberían construir todos los barcos con un tiburón debajo. Es mucho más práctico.</span><br />
<br />
La tripulación pasó el resto del día reparando los daños visibles. Kishue colaboró cargando madera, sosteniendo travesaños y retirando el agua que todavía quedaba en los compartimentos inferiores. El esfuerzo conjunto permitió recuperar parte de la vela y asegurar el mástil, aunque la tormenta los había desviado considerablemente. Cuando el cielo empezó a despejarse no había tierra en ninguna dirección, solamente un horizonte gris que parecía alejarse con ellos.<br />
<br />
Los días siguientes fueron más tranquilos, pero la demora comenzó a notarse en las provisiones. El alimento preparado para un viaje directo debía durar ahora mucho más y las raciones se redujeron. Kishue todavía conservaba buena parte de la comida guardada por su madre, aunque no podía alimentar con ella a toda la tripulación. El mar, en cambio, ofrecía una reserva mucho mayor para alguien capaz de perseguirla.<br />
<br />
Cada vez que las condiciones lo permitían, Kishue se lanzaba al agua con una red pequeña y uno de sus kunai. Nadar junto a la embarcación después de permanecer horas sobre la cubierta le devolvía la energía. Su cuerpo transformado atravesaba el agua con facilidad, alejándose lo suficiente para encontrar bancos de peces sin perder de vista la sombra del casco. A veces regresaba en pocos minutos; otras veces debía sumergirse hasta que la luz se volvía tenue.<br />
<br />
No siempre utilizaba el arma. Podía acelerar detrás de un pez, cambiar de dirección antes de que escapara y atraparlo directamente con las manos. Las piezas pequeñas terminaban dentro de la red y las grandes requerían un golpe preciso del kunai antes de llevarlas hasta el barco. Mekka lo acompañaba protegido durante aquellas incursiones, aunque Kishue evitaba acercarlo demasiado a las capturas más grandes.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No los mires así. Son comida para el viaje, no nuevos compañeros.</span> —le explicó una tarde mientras empujaba la red hacia la superficie—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Además, tú fuiste el primero. Eso te hace especial.</span><br />
<br />
La pesca alivió la reducción de las provisiones y permitió que las comidas recuperaran algo más que arroz seco. Kishue regresaba orgulloso con cada captura, aunque el entusiasmo disminuía cuando le correspondía ayudar a limpiar los peces. Aun así, prefería pasar parte de la tarde retirando escamas ajenas que observar cómo las reservas continuaban desapareciendo sin hacer nada.<br />
<br />
Pasaron varios días sin ver tierra. El barco avanzaba más lento después de las reparaciones y cada sonido extraño procedente del casco hacía que Kishue dirigiera la mirada hacia el suelo. En más de una ocasión descendió para revisar el parche, ajustó las cuerdas y retiró residuos atrapados alrededor. La tabla continuaba firme. La embarcación había sobrevivido a la peor parte y volvía poco a poco hacia la ruta trazada antes de la tormenta.<br />
<br />
Kishue terminó acostumbrándose al ritmo del viaje: trabajar sobre la cubierta, revisar el casco, pescar cuando el mar lo permitía y dormir con el movimiento constante de las olas. El Kanabō no Samehada permanecía atado junto al mástil, Mekka seguía a salvo y Rin y Rei continuaban con él. No podían saber cuánto faltaba para encontrar tierra ni qué los esperaba al hacerlo, pero el mar ya había intentado detenerlos y no lo había conseguido.<br />
<br />
La búsqueda de los Sellos continuó sobre una embarcación golpeada, reparada y cargada con pescado fresco. Para Kishue, aquello contaba como un buen comienzo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Nodo de Exploración] Las Flores de la Escalinata]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14819</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 14:37:04 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14819</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Nodo de Exploración: Las Flores de la Escalinata</span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ubicación:</span> Ciudad de Peñaverde<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 23 de Otoño, del año 150:</span><br />
<br />
Peñaverde permanecía todavía cubierta por los últimos colores vivos antes de la llegada definitiva del frío. Sus jardines escalonados, huertos de ladera y senderos boscosos convertían a la ciudad en uno de los asentamientos más verdes del país, aunque durante el otoño muchas de sus terrazas comenzaban lentamente a quedar vacías. Entre el Barrio del Bosque y la Capilla de la Bruma existía una larga escalinata de piedra utilizada diariamente por comerciantes y residentes.<br />
<br />
Durante tres mañanas consecutivas aparecieron pequeños ramos de flores blancas colocados exactamente en el mismo escalón. —Será alguien recordando a un familiar —comentó una anciana mientras retiraba hojas secas próximas al camino—. Aquí la gente hace esas cosas. Nadie reconocía las flores ni sabía quién las colocaba, pero tampoco existía ninguna razón para considerar extraño que alguien dejara una ofrenda anónima en un sitio tranquilo.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="var c=this.parentNode.nextElementSibling; c.style.display = (c.style.display==='block') ? 'none' : 'block';">Contenido Oculto </span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Este nodo desbloquea: Nada relevante.</div>
		</div>
<br />
Las flores permanecieron allí hasta marchitarse. Unos días después dejaron de aparecer y nadie volvió a mencionar el asunto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Nodo de Exploración: Las Flores de la Escalinata</span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ubicación:</span> Ciudad de Peñaverde<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 23 de Otoño, del año 150:</span><br />
<br />
Peñaverde permanecía todavía cubierta por los últimos colores vivos antes de la llegada definitiva del frío. Sus jardines escalonados, huertos de ladera y senderos boscosos convertían a la ciudad en uno de los asentamientos más verdes del país, aunque durante el otoño muchas de sus terrazas comenzaban lentamente a quedar vacías. Entre el Barrio del Bosque y la Capilla de la Bruma existía una larga escalinata de piedra utilizada diariamente por comerciantes y residentes.<br />
<br />
Durante tres mañanas consecutivas aparecieron pequeños ramos de flores blancas colocados exactamente en el mismo escalón. —Será alguien recordando a un familiar —comentó una anciana mientras retiraba hojas secas próximas al camino—. Aquí la gente hace esas cosas. Nadie reconocía las flores ni sabía quién las colocaba, pero tampoco existía ninguna razón para considerar extraño que alguien dejara una ofrenda anónima en un sitio tranquilo.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="var c=this.parentNode.nextElementSibling; c.style.display = (c.style.display==='block') ? 'none' : 'block';">Contenido Oculto </span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Este nodo desbloquea: Nada relevante.</div>
		</div>
<br />
Las flores permanecieron allí hasta marchitarse. Unos días después dejaron de aparecer y nadie volvió a mencionar el asunto.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ciudad de Peñaverde]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14798</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 13:49:02 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14798</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Ciudad de Peñaverde<br />
</span></span><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Ciudad de bosques y laderas.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Descripción</span></span><br />
Peñaverde se extiende sobre una sucesión de laderas cubiertas de abetos, jardines y terrazas que descienden hacia pequeños arroyos de montaña. Sus barrios están cuidadosamente adaptados al relieve, con escalinatas, muros de piedra y puentes que permiten atravesar las numerosas quebradas del terreno.<br />
<br />
La abundancia de vegetación diferencia a Peñaverde de otras ciudades del país. Jardines privados, huertos y bosques se mezclan con las viviendas, creando un asentamiento en el que la arquitectura parece integrarse directamente con la montaña.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Mapa</span></span><br />
<img src="https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/pe-averde.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: pe-averde.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Historia</span></span><br />
La zona estuvo ocupada originalmente por pequeñas comunidades dedicadas a aprovechar los bosques de las laderas. La abundancia de madera y agua permitió establecer serrerías, talleres y viviendas permanentes.<br />
<br />
A medida que los caminos entre Vallepiedra y las regiones septentrionales mejoraron, las distintas comunidades terminaron creciendo unas hacia otras. Terrazas y puentes permitieron ocupar zonas anteriormente consideradas demasiado inclinadas.<br />
<br />
Peñaverde adquirió entonces su característica estructura escalonada y se convirtió en una de las ciudades más verdes del País de las Montañas, conocida tanto por sus bosques como por el cuidado de sus jardines.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Economía</span></span><br />
La explotación controlada de los bosques representa una de las principales actividades económicas. Abeto y otras maderas de montaña abastecen talleres locales dedicados a construcción, muebles y herramientas.<br />
<br />
Huertos en terraza producen frutas, vegetales y hierbas, mientras que pequeños rebaños aprovechan las zonas abiertas próximas a los bosques.<br />
<br />
La ciudad también destaca por sus carpinteros, jardineros, constructores y artesanos especializados en trabajar la madera y la piedra dentro del particular entorno montañoso.
			<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:16px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
				<span style='position:absolute;top:-12px;right:6px;font-size:60px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>閉</span>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:8px;'>🔒 Tema cerrado</div>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:16px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Este tema ha sido cerrado.</div>
			</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Ciudad de Peñaverde<br />
</span></span><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Ciudad de bosques y laderas.</span></span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Descripción</span></span><br />
Peñaverde se extiende sobre una sucesión de laderas cubiertas de abetos, jardines y terrazas que descienden hacia pequeños arroyos de montaña. Sus barrios están cuidadosamente adaptados al relieve, con escalinatas, muros de piedra y puentes que permiten atravesar las numerosas quebradas del terreno.<br />
<br />
La abundancia de vegetación diferencia a Peñaverde de otras ciudades del país. Jardines privados, huertos y bosques se mezclan con las viviendas, creando un asentamiento en el que la arquitectura parece integrarse directamente con la montaña.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Mapa</span></span><br />
<img src="https://shinobigaiden.net/images/sg/uploads/pe-averde.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: pe-averde.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Historia</span></span><br />
La zona estuvo ocupada originalmente por pequeñas comunidades dedicadas a aprovechar los bosques de las laderas. La abundancia de madera y agua permitió establecer serrerías, talleres y viviendas permanentes.<br />
<br />
A medida que los caminos entre Vallepiedra y las regiones septentrionales mejoraron, las distintas comunidades terminaron creciendo unas hacia otras. Terrazas y puentes permitieron ocupar zonas anteriormente consideradas demasiado inclinadas.<br />
<br />
Peñaverde adquirió entonces su característica estructura escalonada y se convirtió en una de las ciudades más verdes del País de las Montañas, conocida tanto por sus bosques como por el cuidado de sus jardines.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Economía</span></span><br />
La explotación controlada de los bosques representa una de las principales actividades económicas. Abeto y otras maderas de montaña abastecen talleres locales dedicados a construcción, muebles y herramientas.<br />
<br />
Huertos en terraza producen frutas, vegetales y hierbas, mientras que pequeños rebaños aprovechan las zonas abiertas próximas a los bosques.<br />
<br />
La ciudad también destaca por sus carpinteros, jardineros, constructores y artesanos especializados en trabajar la madera y la piedra dentro del particular entorno montañoso.
			<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:16px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
				<span style='position:absolute;top:-12px;right:6px;font-size:60px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>閉</span>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:8px;'>🔒 Tema cerrado</div>
				<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:16px;font-weight:900;letter-spacing:1px;color:#e8dff8;'>Este tema ha sido cerrado.</div>
			</div>]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
</rss>