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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Puertas de la Aldea]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 11:32:49 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[regreso] Sung Vuelve del pais del te]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15056</link>
			<pubDate>Sun, 04 Oct 2026 20:53:33 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=817">Sung Terumi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15056</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 03 de Otoño, año 150</span><br />
Al final, el tipo no había llegado demasiado lejos.<br />
Sung observó desde unos metros cómo los vigilantes de Chashiro terminaban de hacerse cargo del fugitivo. Después de aquella persecución por pasarelas, almacenes, embarcaciones y hasta el interior del Puente de Chashiro, había sido un simple Tetsubishi el que había terminado por decidirlo todo.<br />
La hoja permanecía unos metros más atrás.<br />
Sung caminó hasta ella y se agachó para recogerla.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Parcela 17 — Ribera Norte.</span><br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Tanto problema por un pedazo de tierra...</span><br />
Aunque después descubriría que no era exactamente así.<br />
Las horas siguientes sirvieron para ordenar todo lo ocurrido. El registro abandonado sobre la embarcación fue recuperado y la comparación de los documentos terminó sacando a la luz una historia que llevaba diecisiete años enterrada.<br />
La Parcela 17 nunca había pertenecido a una familia.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Custodia Pública de la Ribera.</span><br />
Eso era lo que alguien había raspado.<br />
Bajo aquel terreno existía una antigua galería de inspección relacionada con el cauce del río y un antiguo custodio había manipulado los registros para intentar apropiarse de los terrenos cercanos. Ahora, años después, había enviado a aquel joven para destruir la última prueba capaz de demostrarlo.<br />
Una historia bastante menos misteriosa de lo que había parecido inicialmente.<br />
Pero útil.<br />
Especialmente para Kirigakure.<br />
Entre aquellos documentos habían aparecido referencias antiguas que ya no figuraban en los registros modernos de Chashiro. Ninguna conducía directamente hasta aquello que Kirigakure estaba buscando, pero aportaban nuevas piezas que podían compararse con la información que la aldea ya poseía sobre el País del Té.<br />
Para Sung era suficiente.<br />
Su trabajo]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 03 de Otoño, año 150</span><br />
Al final, el tipo no había llegado demasiado lejos.<br />
Sung observó desde unos metros cómo los vigilantes de Chashiro terminaban de hacerse cargo del fugitivo. Después de aquella persecución por pasarelas, almacenes, embarcaciones y hasta el interior del Puente de Chashiro, había sido un simple Tetsubishi el que había terminado por decidirlo todo.<br />
La hoja permanecía unos metros más atrás.<br />
Sung caminó hasta ella y se agachó para recogerla.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Parcela 17 — Ribera Norte.</span><br />
<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Tanto problema por un pedazo de tierra...</span><br />
Aunque después descubriría que no era exactamente así.<br />
Las horas siguientes sirvieron para ordenar todo lo ocurrido. El registro abandonado sobre la embarcación fue recuperado y la comparación de los documentos terminó sacando a la luz una historia que llevaba diecisiete años enterrada.<br />
La Parcela 17 nunca había pertenecido a una familia.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Custodia Pública de la Ribera.</span><br />
Eso era lo que alguien había raspado.<br />
Bajo aquel terreno existía una antigua galería de inspección relacionada con el cauce del río y un antiguo custodio había manipulado los registros para intentar apropiarse de los terrenos cercanos. Ahora, años después, había enviado a aquel joven para destruir la última prueba capaz de demostrarlo.<br />
Una historia bastante menos misteriosa de lo que había parecido inicialmente.<br />
Pero útil.<br />
Especialmente para Kirigakure.<br />
Entre aquellos documentos habían aparecido referencias antiguas que ya no figuraban en los registros modernos de Chashiro. Ninguna conducía directamente hasta aquello que Kirigakure estaba buscando, pero aportaban nuevas piezas que podían compararse con la información que la aldea ya poseía sobre el País del Té.<br />
Para Sung era suficiente.<br />
Su trabajo]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje] A la guerra]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14953</link>
			<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 22:09:36 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=755">Kishue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14953</guid>
			<description><![CDATA[La noche anterior, Kishue había explicado la misión sin esconderla detrás de palabras amables. Kirigakure se preparaba para enfrentarse con Konoha por la Guerra de los Sellos y él había recibido la orden de partir. No sabía cuántos shinobi encontrarían, cuánto duraría el conflicto ni quién regresaría cuando terminara. Su madre permaneció sentada frente a él, sujetando una taza que dejó de beber desde el momento en que escuchó la palabra guerra.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">Puedo aceptar que salgas a cumplir misiones, Kishue. Puedo aceptar que regreses cubierto de barro, con heridas o cargando animales que decides adoptar sin consultarme.</span> —dijo ella—. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">Pero no sé cómo aceptar que salgas de casa sabiendo que otra aldea estará esperando para matarte.</span><br />
<br />
Kishue no intentó decirle que todo estaría bien. Aquella frase habría servido en una misión ordinaria, pero ambos sabían que esta vez sería una mentira. Tampoco podía prometer que evitaría el combate, porque la misión existía precisamente debido a un conflicto que ninguna conversación familiar podía detener. Se limitó a cubrir la mano de su madre con la suya y permanecer a su lado hasta que la comida se enfrió sobre la mesa.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Tengo miedo, mamá. No quiero que pienses que no entiendo lo que puede pasar.</span> —admitió—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Pero si Kirigakure va a luchar, no puedo esconderme aquí y esperar que otros protejan la aldea por mí. Me dieron una orden y voy a cumplirla. Lo único que puedo prometerte es que no confundiré valentía con hacer algo estúpido.</span><br />
<br />
La mañana llegó demasiado pronto. Kishue se vistió antes del amanecer, revisó sus herramientas y aseguró la esfera de Mekka entre sus ropas. El Kanabō no Samehada quedó apoyado sobre su hombro después de comprobar las sujeciones. Su madre lo observó preparar cada objeto como si intentara memorizarlo todo: el sonido de las hebillas, la posición del arma y hasta la forma en que acomodaba la mochila.<br />
<br />
Cuando llegó la hora de partir, Kishue se detuvo frente a ella. Habitualmente habría intentado aliviar la despedida con una broma, probablemente relacionada con el tamaño del garrote o con la cantidad excesiva de comida que ella había guardado entre sus provisiones. Aquella mañana no encontró ninguna que no sonara forzada. La abrazó con fuerza y permaneció así varios segundos, sintiendo cómo su madre se resistía a soltarlo.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Ya es hora.</span> —murmuró finalmente—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Cuida a los gatos y no dejes que Mekka olvide que esta sigue siendo su casa. Yo voy a regresar para comprobar que ninguno haya conquistado mi habitación.</span><br />
<br />
Kishue abandonó la vivienda sin mirar atrás inmediatamente. Si lo hacía antes de llegar al final de la calle, temía no encontrar una expresión suficientemente firme para despedirse otra vez. La niebla cubría Kirigakure y amortiguaba el sonido de sus pasos. Caminó hacia las puertas con el garrote sobre el hombro, aunque aquella vez su peso parecía proceder de algo que no podía acomodar mediante una correa.<br />
<br />
Rin y Rei ya se encontraban en el punto acordado. Verlas alivió parte de la presión en su pecho, pero no recuperó su entusiasmo habitual. Kishue se aproximó en silencio, levantó una mano a modo de saludo y permaneció junto a ellas mirando el camino que abandonaba la aldea. No hizo bromas sobre salvar Kirigakure ni fingió que aquella era otra aventura.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Estoy listo.</span> —dijo después de una pausa—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No estoy tranquilo y tampoco voy a fingir que no tengo miedo. Pero estaré con ustedes hasta que esto termine. Si Konoha quiere los Sellos, tendrá que encontrarnos juntos delante de ellos.</span><br />
<br />
Kishue ajustó a Mekka contra su cuerpo y avanzó con las gemelas hacia el exterior. La lealtad no había eliminado su miedo; solamente le había dado una dirección en la cual caminar con él.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La noche anterior, Kishue había explicado la misión sin esconderla detrás de palabras amables. Kirigakure se preparaba para enfrentarse con Konoha por la Guerra de los Sellos y él había recibido la orden de partir. No sabía cuántos shinobi encontrarían, cuánto duraría el conflicto ni quién regresaría cuando terminara. Su madre permaneció sentada frente a él, sujetando una taza que dejó de beber desde el momento en que escuchó la palabra guerra.<br />
<br />
—<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">Puedo aceptar que salgas a cumplir misiones, Kishue. Puedo aceptar que regreses cubierto de barro, con heridas o cargando animales que decides adoptar sin consultarme.</span> —dijo ella—. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">Pero no sé cómo aceptar que salgas de casa sabiendo que otra aldea estará esperando para matarte.</span><br />
<br />
Kishue no intentó decirle que todo estaría bien. Aquella frase habría servido en una misión ordinaria, pero ambos sabían que esta vez sería una mentira. Tampoco podía prometer que evitaría el combate, porque la misión existía precisamente debido a un conflicto que ninguna conversación familiar podía detener. Se limitó a cubrir la mano de su madre con la suya y permanecer a su lado hasta que la comida se enfrió sobre la mesa.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Tengo miedo, mamá. No quiero que pienses que no entiendo lo que puede pasar.</span> —admitió—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Pero si Kirigakure va a luchar, no puedo esconderme aquí y esperar que otros protejan la aldea por mí. Me dieron una orden y voy a cumplirla. Lo único que puedo prometerte es que no confundiré valentía con hacer algo estúpido.</span><br />
<br />
La mañana llegó demasiado pronto. Kishue se vistió antes del amanecer, revisó sus herramientas y aseguró la esfera de Mekka entre sus ropas. El Kanabō no Samehada quedó apoyado sobre su hombro después de comprobar las sujeciones. Su madre lo observó preparar cada objeto como si intentara memorizarlo todo: el sonido de las hebillas, la posición del arma y hasta la forma en que acomodaba la mochila.<br />
<br />
Cuando llegó la hora de partir, Kishue se detuvo frente a ella. Habitualmente habría intentado aliviar la despedida con una broma, probablemente relacionada con el tamaño del garrote o con la cantidad excesiva de comida que ella había guardado entre sus provisiones. Aquella mañana no encontró ninguna que no sonara forzada. La abrazó con fuerza y permaneció así varios segundos, sintiendo cómo su madre se resistía a soltarlo.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Ya es hora.</span> —murmuró finalmente—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Cuida a los gatos y no dejes que Mekka olvide que esta sigue siendo su casa. Yo voy a regresar para comprobar que ninguno haya conquistado mi habitación.</span><br />
<br />
Kishue abandonó la vivienda sin mirar atrás inmediatamente. Si lo hacía antes de llegar al final de la calle, temía no encontrar una expresión suficientemente firme para despedirse otra vez. La niebla cubría Kirigakure y amortiguaba el sonido de sus pasos. Caminó hacia las puertas con el garrote sobre el hombro, aunque aquella vez su peso parecía proceder de algo que no podía acomodar mediante una correa.<br />
<br />
Rin y Rei ya se encontraban en el punto acordado. Verlas alivió parte de la presión en su pecho, pero no recuperó su entusiasmo habitual. Kishue se aproximó en silencio, levantó una mano a modo de saludo y permaneció junto a ellas mirando el camino que abandonaba la aldea. No hizo bromas sobre salvar Kirigakure ni fingió que aquella era otra aventura.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Estoy listo.</span> —dijo después de una pausa—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No estoy tranquilo y tampoco voy a fingir que no tengo miedo. Pero estaré con ustedes hasta que esto termine. Si Konoha quiere los Sellos, tendrá que encontrarnos juntos delante de ellos.</span><br />
<br />
Kishue ajustó a Mekka contra su cuerpo y avanzó con las gemelas hacia el exterior. La lealtad no había eliminado su miedo; solamente le había dado una dirección en la cual caminar con él.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje] Salida a las islas del norte]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14947</link>
			<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 13:54:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=816">Rin to Rei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14947</guid>
			<description><![CDATA[La mañana del sexagésimo cuarto día de verano encontró a Rin y Rei preparándose antes de que la niebla abandonara las calles de Kirigakure. La misión exigía trasladarse hasta las islas del norte para localizar un cargamento de medicinas que no había completado su recorrido. Tres cajas, un conductor y su ayudante permanecían desaparecidos en algún punto de una ruta atravesada por manglares, puentes deteriorados y canales cuya profundidad aumentaría con la marea. No necesitaban conocer todavía la causa de la demora para comprender que cada hora reducía las posibilidades de encontrar el camino transitable.<br />
<br />
Rin comprobó las cadenas antes de asegurar cada sección alrededor de su cuerpo. En un terreno húmedo podían servir para inmovilizar una amenaza, pero también para crear anclajes, cruzar estructuras dañadas o impedir que una persona fuera arrastrada por la corriente. Rei distribuyó entre sus pertenencias las vendas, la cuerda y las dos bengalas protegidas contra la humedad. También guardó el documento que identificaba las cajas mediante placas numeradas, procurando mantenerlo separado de cualquier objeto capaz de perforarlo.<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Llevas suficientes cadenas para sujetar la isla si decide alejarse</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Y tú suficientes notas para redactar el informe antes de encontrar a los desaparecidos</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Preparar el informe por adelantado sería poco profesional. Primero necesito saber cuál de tus decisiones tendré que explicar</span>&gt;<br />
<br />
Rin respondió ajustando una de las correas con mayor fuerza de la necesaria. No intentó prolongar el intercambio, aunque la mirada que dirigió a su hermana dejó claro que había escuchado cada palabra. Después de una última revisión, ambas abandonaron la vivienda y avanzaron hacia las puertas de Kirigakure. La humedad cubría las piedras y la niebla recortaba las siluetas de los edificios, pero las calles ya comenzaban a recibir a comerciantes y trabajadores. Las hermanas conservaron un paso constante, sin convertir la urgencia en una carrera que consumiera energía antes de alcanzar el verdadero lugar de la misión.<br />
<br />
Más allá de las puertas, el camino descendía hacia el embarcadero desde el cual partirían hacia las islas del norte. Rei repasó durante el trayecto la información conocida. El conductor conocía la ruta, el carro había partido antes del amanecer y la marea continuaba subiendo. Rin prestó mayor atención a aquello que el informe no podía responder: cuánto resistirían los puentes después del temporal, qué profundidad alcanzarían los canales y si tendrían que transportar a alguna persona herida durante el regreso.<br />
<br />
&lt;<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Si encontramos el carro vacío, revisaremos primero el terreno antes de seguir cualquier rastro. Una huella evidente puede conducirnos por el camino más peligroso</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Y si encontramos las medicinas antes que a las personas, las aseguraremos y continuaremos buscando. Las cajas no tienen prioridad solamente porque sea más sencillo cargarlas</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Eso ya lo sé</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Lo sé. Quería escucharte decirlo sin convertirlo en una orden</span>&gt;<br />
<br />
La embarcación destinada al traslado aguardaba junto al muelle. Rin subió primero y eligió una posición desde la que pudiera vigilar tanto el equipaje como el agua. Rei ocupó el espacio cercano, protegió los documentos bajo su ropa y observó cómo Kirigakure comenzaba a desdibujarse detrás de la niebla. Conforme avanzaron, las construcciones de la aldea fueron sustituidas por superficies oscuras de agua y pequeñas extensiones de tierra cubiertas de vegetación.<br />
<br />
Las islas del norte aparecieron progresivamente frente a ellas. Entre sus árboles se distinguían los manglares y las rutas elevadas que conectaban las zonas habitables. Rin permaneció de pie al aproximarse al embarcadero, mientras Rei realizaba una última comprobación del equipo. Todavía no podían ver el carro, las cajas ni a los desaparecidos; solamente el inicio de una ruta que debía haberlos llevado de regreso.<br />
<br />
Cuando la embarcación alcanzó la isla, las hermanas descendieron juntas. La búsqueda comenzaría allí, antes de que la marea borrara las respuestas que el camino todavía pudiera conservar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La mañana del sexagésimo cuarto día de verano encontró a Rin y Rei preparándose antes de que la niebla abandonara las calles de Kirigakure. La misión exigía trasladarse hasta las islas del norte para localizar un cargamento de medicinas que no había completado su recorrido. Tres cajas, un conductor y su ayudante permanecían desaparecidos en algún punto de una ruta atravesada por manglares, puentes deteriorados y canales cuya profundidad aumentaría con la marea. No necesitaban conocer todavía la causa de la demora para comprender que cada hora reducía las posibilidades de encontrar el camino transitable.<br />
<br />
Rin comprobó las cadenas antes de asegurar cada sección alrededor de su cuerpo. En un terreno húmedo podían servir para inmovilizar una amenaza, pero también para crear anclajes, cruzar estructuras dañadas o impedir que una persona fuera arrastrada por la corriente. Rei distribuyó entre sus pertenencias las vendas, la cuerda y las dos bengalas protegidas contra la humedad. También guardó el documento que identificaba las cajas mediante placas numeradas, procurando mantenerlo separado de cualquier objeto capaz de perforarlo.<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Llevas suficientes cadenas para sujetar la isla si decide alejarse</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Y tú suficientes notas para redactar el informe antes de encontrar a los desaparecidos</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Preparar el informe por adelantado sería poco profesional. Primero necesito saber cuál de tus decisiones tendré que explicar</span>&gt;<br />
<br />
Rin respondió ajustando una de las correas con mayor fuerza de la necesaria. No intentó prolongar el intercambio, aunque la mirada que dirigió a su hermana dejó claro que había escuchado cada palabra. Después de una última revisión, ambas abandonaron la vivienda y avanzaron hacia las puertas de Kirigakure. La humedad cubría las piedras y la niebla recortaba las siluetas de los edificios, pero las calles ya comenzaban a recibir a comerciantes y trabajadores. Las hermanas conservaron un paso constante, sin convertir la urgencia en una carrera que consumiera energía antes de alcanzar el verdadero lugar de la misión.<br />
<br />
Más allá de las puertas, el camino descendía hacia el embarcadero desde el cual partirían hacia las islas del norte. Rei repasó durante el trayecto la información conocida. El conductor conocía la ruta, el carro había partido antes del amanecer y la marea continuaba subiendo. Rin prestó mayor atención a aquello que el informe no podía responder: cuánto resistirían los puentes después del temporal, qué profundidad alcanzarían los canales y si tendrían que transportar a alguna persona herida durante el regreso.<br />
<br />
&lt;<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Si encontramos el carro vacío, revisaremos primero el terreno antes de seguir cualquier rastro. Una huella evidente puede conducirnos por el camino más peligroso</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Y si encontramos las medicinas antes que a las personas, las aseguraremos y continuaremos buscando. Las cajas no tienen prioridad solamente porque sea más sencillo cargarlas</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">Eso ya lo sé</span>&gt;<br />
<br />
&lt;<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">Lo sé. Quería escucharte decirlo sin convertirlo en una orden</span>&gt;<br />
<br />
La embarcación destinada al traslado aguardaba junto al muelle. Rin subió primero y eligió una posición desde la que pudiera vigilar tanto el equipaje como el agua. Rei ocupó el espacio cercano, protegió los documentos bajo su ropa y observó cómo Kirigakure comenzaba a desdibujarse detrás de la niebla. Conforme avanzaron, las construcciones de la aldea fueron sustituidas por superficies oscuras de agua y pequeñas extensiones de tierra cubiertas de vegetación.<br />
<br />
Las islas del norte aparecieron progresivamente frente a ellas. Entre sus árboles se distinguían los manglares y las rutas elevadas que conectaban las zonas habitables. Rin permaneció de pie al aproximarse al embarcadero, mientras Rei realizaba una última comprobación del equipo. Todavía no podían ver el carro, las cajas ni a los desaparecidos; solamente el inicio de una ruta que debía haberlos llevado de regreso.<br />
<br />
Cuando la embarcación alcanzó la isla, las hermanas descendieron juntas. La búsqueda comenzaría allí, antes de que la marea borrara las respuestas que el camino todavía pudiera conservar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Salida- Kyoshiro Kaguya]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14908</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 20:36:33 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=800">Kyo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14908</guid>
			<description><![CDATA[Las puertas exteriores de Kirigakure tenían aquella mañana mucho más movimiento del habitual. Shinobi entrando y saliendo, cargamentos sometidos a inspección y varios oficiales revisando documentos convertían el acceso en una pequeña fila organizada frente a los controles de la aldea. Kyoshiro llegó con la bolsa cruzada sobre un hombro y el mismo paso despreocupado con el que habría ido a entregar pan unas calles más abajo, aunque la cantidad de formularios sobre la mesa le borró la expresión durante unos segundos. —Ah… esto sí parece peligroso.— murmuró mientras tomaba el primer documento. Nombre completo, rango, destino, motivo de salida, duración estimada, equipo declarado. Kyo comenzó a escribir con rapidez hasta detenerse en la casilla de “destino”. Miró hacia un lado, luego hacia el otro, y finalmente escribió con cuidado: País de las Olas. Velamar quedaba para quienes necesitaban saberlo.<br />
<br />
El siguiente control fue bastante menos entretenido. Un encargado comprobó su identificación shinobi, cotejó la autorización con los registros de movilización y le pidió mostrar los suministros que llevaba consigo. Kyoshiro abrió la bolsa sobre una mesa y fue sacando uno por uno los objetos: equipo ninja, provisiones, el cuaderno donde escribía sus canciones y, finalmente, una pequeña cantidad de comida envuelta apresuradamente desde la panadería. Cuando el oficial levantó una ceja al encontrar aquello entre sus pertenencias, Kyo se encogió de hombros. —Logística avanzada.— explicó con absoluta seriedad. Después tuvo que firmar otro registro declarando su salida temporal de la aldea, dejar constancia de que comprendía las restricciones sobre información militar y confirmar que cualquier cambio significativo en su ruta debía ser reportado al regresar. Para alguien que había elegido la vida shinobi buscando escapar de la rutina, descubría una vez más que aquella profesión tenía una cantidad sorprendente de papeleo.<br />
<br />
El último puesto se encontraba directamente frente a las grandes puertas. Allí entregó la copia correspondiente de su orden, recibió el sello que confirmaba que todos los controles habían sido superados y guardó los documentos restantes en uno de los bolsillos interiores de su ropa. Durante algunos segundos permaneció mirando hacia atrás. Desde aquella posición todavía podía distinguir parte de Kirigakure extendiéndose entre la neblina, con sus edificios perdiéndose progresivamente dentro del gris característico de la aldea. En algún lugar detrás de aquellas calles quedaba el Distrito Comercial, la panadería de sus padres y una bandeja que seguramente ya habría sido vendida mucho antes de que él terminara siquiera de llenar el segundo formulario. Kyoshiro respiró profundamente, acomodó el peso de su equipaje y cruzó finalmente las puertas. —Bueno, Kyo. Ya saliste.— dijo para sí. —Ahora intenta no volver porque olvidaste algo.<br />
<br />
El recorrido inicial lo llevó por los caminos que conectaban Kirigakure con uno de los puertos utilizados para los desplazamientos hacia el exterior del País del Agua. A medida que se alejaba de la aldea, la presencia de edificios fue disminuyendo hasta dejar paso a senderos húmedos, pequeños asentamientos costeros y extensiones cubiertas por una niebla que parecía aferrarse al terreno incluso cuando el viento soplaba desde el mar. Kyoshiro mantuvo un ritmo constante, tarareando por momentos alguna melodía apenas audible y golpeando con los dedos contra la correa de su bolsa cada vez que encontraba un patrón interesante en el sonido de sus propios pasos. El viaje todavía no se sentía como una guerra. Allí fuera no había enemigos, explosiones ni órdenes gritadas; solamente el camino, algunos viajeros ocasionales y la sensación de estar dejando cada vez más atrás el lugar que conocía.<br />
<br />
El verdadero cambio llegó al alcanzar la costa. Desde allí, continuar hacia el País de las Olas exigía atravesar el mar, por lo que Kyoshiro embarcó en una de las rutas autorizadas para el traslado de personal y suministros fuera del archipiélago. Durante buena parte del trayecto permaneció cerca de la cubierta, observando cómo las islas del País del Agua iban reduciéndose detrás del barco hasta convertirse en formas oscuras sobre el horizonte. El movimiento constante de las olas terminó proporcionándole otro ritmo que seguir con los dedos. Uno, dos, pausa; uno, dos, tres. Lo repitió varias veces antes de sacar el cuaderno y anotar unas cuantas líneas que probablemente no servirían para nada. A diferencia de Kirigakure, el mar no ofrecía demasiadas distracciones y los largos intervalos de silencio entre el viento y las tablas del navío resultaban incómodos para él, así que terminó llenándolos con un tarareo bajo mientras observaba el horizonte y pensaba inevitablemente en Velamar.<br />
<br />
Horas después, las primeras formas del País de las Olas comenzaron a dibujarse frente a la embarcación. El paisaje era distinto al de las islas que había dejado atrás: puertos, elevaciones costeras y construcciones aparecían poco a poco conforme disminuía la distancia, señalando el inicio de un territorio que Kyoshiro apenas conocía pero que comenzaba a ocupar un lugar cada vez más importante en la guerra. Se apoyó durante unos instantes sobre la borda y observó la costa acercarse, intentando imaginar en qué punto de todo aquello estaría Velamar y cuántos shinobi de Konoha podían estar realizando exactamente el mismo viaje desde la dirección contraria. Finalmente cerró su cuaderno, lo guardó y ajustó nuevamente la bolsa sobre su hombro. La parte sencilla del recorrido estaba terminando. A partir de allí, cada paso podía acercarlo un poco más al escenario donde Kiri y Konoha terminarían comprobando cuál de los dos había llegado mejor preparado.<br />
<br />
El desembarco terminó de convertir aquella misión en algo tangible. Apenas puso un pie en tierra firme, Kyoshiro sintió que el ambiente era distinto al de Kirigakure: el aire seguía cargado de humedad y sal, pero las voces, las construcciones y hasta el movimiento de los pequeños embarcaderos le recordaban que ya se encontraba fuera del territorio de su aldea. Antes de continuar se apartó unos momentos del flujo de viajeros, revisó que los documentos siguieran secos, comprobó sus provisiones y consultó la ruta que tendría que seguir desde allí hacia las cercanías de Velamar. Todavía quedaba camino por delante, suficiente para que su mente intentara convertir cada ruido extraño en una melodía nueva, pero algo había cambiado desde que cruzó las puertas de Kiri. Por primera vez desde su partida, Kyoshiro dejó de pensar únicamente en el viaje y comenzó a preguntarse qué encontraría al final. —Ah… ahora sí empieza la parte interesante.— murmuró, guardando nuevamente el mapa antes de internarse en el País de las Olas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Las puertas exteriores de Kirigakure tenían aquella mañana mucho más movimiento del habitual. Shinobi entrando y saliendo, cargamentos sometidos a inspección y varios oficiales revisando documentos convertían el acceso en una pequeña fila organizada frente a los controles de la aldea. Kyoshiro llegó con la bolsa cruzada sobre un hombro y el mismo paso despreocupado con el que habría ido a entregar pan unas calles más abajo, aunque la cantidad de formularios sobre la mesa le borró la expresión durante unos segundos. —Ah… esto sí parece peligroso.— murmuró mientras tomaba el primer documento. Nombre completo, rango, destino, motivo de salida, duración estimada, equipo declarado. Kyo comenzó a escribir con rapidez hasta detenerse en la casilla de “destino”. Miró hacia un lado, luego hacia el otro, y finalmente escribió con cuidado: País de las Olas. Velamar quedaba para quienes necesitaban saberlo.<br />
<br />
El siguiente control fue bastante menos entretenido. Un encargado comprobó su identificación shinobi, cotejó la autorización con los registros de movilización y le pidió mostrar los suministros que llevaba consigo. Kyoshiro abrió la bolsa sobre una mesa y fue sacando uno por uno los objetos: equipo ninja, provisiones, el cuaderno donde escribía sus canciones y, finalmente, una pequeña cantidad de comida envuelta apresuradamente desde la panadería. Cuando el oficial levantó una ceja al encontrar aquello entre sus pertenencias, Kyo se encogió de hombros. —Logística avanzada.— explicó con absoluta seriedad. Después tuvo que firmar otro registro declarando su salida temporal de la aldea, dejar constancia de que comprendía las restricciones sobre información militar y confirmar que cualquier cambio significativo en su ruta debía ser reportado al regresar. Para alguien que había elegido la vida shinobi buscando escapar de la rutina, descubría una vez más que aquella profesión tenía una cantidad sorprendente de papeleo.<br />
<br />
El último puesto se encontraba directamente frente a las grandes puertas. Allí entregó la copia correspondiente de su orden, recibió el sello que confirmaba que todos los controles habían sido superados y guardó los documentos restantes en uno de los bolsillos interiores de su ropa. Durante algunos segundos permaneció mirando hacia atrás. Desde aquella posición todavía podía distinguir parte de Kirigakure extendiéndose entre la neblina, con sus edificios perdiéndose progresivamente dentro del gris característico de la aldea. En algún lugar detrás de aquellas calles quedaba el Distrito Comercial, la panadería de sus padres y una bandeja que seguramente ya habría sido vendida mucho antes de que él terminara siquiera de llenar el segundo formulario. Kyoshiro respiró profundamente, acomodó el peso de su equipaje y cruzó finalmente las puertas. —Bueno, Kyo. Ya saliste.— dijo para sí. —Ahora intenta no volver porque olvidaste algo.<br />
<br />
El recorrido inicial lo llevó por los caminos que conectaban Kirigakure con uno de los puertos utilizados para los desplazamientos hacia el exterior del País del Agua. A medida que se alejaba de la aldea, la presencia de edificios fue disminuyendo hasta dejar paso a senderos húmedos, pequeños asentamientos costeros y extensiones cubiertas por una niebla que parecía aferrarse al terreno incluso cuando el viento soplaba desde el mar. Kyoshiro mantuvo un ritmo constante, tarareando por momentos alguna melodía apenas audible y golpeando con los dedos contra la correa de su bolsa cada vez que encontraba un patrón interesante en el sonido de sus propios pasos. El viaje todavía no se sentía como una guerra. Allí fuera no había enemigos, explosiones ni órdenes gritadas; solamente el camino, algunos viajeros ocasionales y la sensación de estar dejando cada vez más atrás el lugar que conocía.<br />
<br />
El verdadero cambio llegó al alcanzar la costa. Desde allí, continuar hacia el País de las Olas exigía atravesar el mar, por lo que Kyoshiro embarcó en una de las rutas autorizadas para el traslado de personal y suministros fuera del archipiélago. Durante buena parte del trayecto permaneció cerca de la cubierta, observando cómo las islas del País del Agua iban reduciéndose detrás del barco hasta convertirse en formas oscuras sobre el horizonte. El movimiento constante de las olas terminó proporcionándole otro ritmo que seguir con los dedos. Uno, dos, pausa; uno, dos, tres. Lo repitió varias veces antes de sacar el cuaderno y anotar unas cuantas líneas que probablemente no servirían para nada. A diferencia de Kirigakure, el mar no ofrecía demasiadas distracciones y los largos intervalos de silencio entre el viento y las tablas del navío resultaban incómodos para él, así que terminó llenándolos con un tarareo bajo mientras observaba el horizonte y pensaba inevitablemente en Velamar.<br />
<br />
Horas después, las primeras formas del País de las Olas comenzaron a dibujarse frente a la embarcación. El paisaje era distinto al de las islas que había dejado atrás: puertos, elevaciones costeras y construcciones aparecían poco a poco conforme disminuía la distancia, señalando el inicio de un territorio que Kyoshiro apenas conocía pero que comenzaba a ocupar un lugar cada vez más importante en la guerra. Se apoyó durante unos instantes sobre la borda y observó la costa acercarse, intentando imaginar en qué punto de todo aquello estaría Velamar y cuántos shinobi de Konoha podían estar realizando exactamente el mismo viaje desde la dirección contraria. Finalmente cerró su cuaderno, lo guardó y ajustó nuevamente la bolsa sobre su hombro. La parte sencilla del recorrido estaba terminando. A partir de allí, cada paso podía acercarlo un poco más al escenario donde Kiri y Konoha terminarían comprobando cuál de los dos había llegado mejor preparado.<br />
<br />
El desembarco terminó de convertir aquella misión en algo tangible. Apenas puso un pie en tierra firme, Kyoshiro sintió que el ambiente era distinto al de Kirigakure: el aire seguía cargado de humedad y sal, pero las voces, las construcciones y hasta el movimiento de los pequeños embarcaderos le recordaban que ya se encontraba fuera del territorio de su aldea. Antes de continuar se apartó unos momentos del flujo de viajeros, revisó que los documentos siguieran secos, comprobó sus provisiones y consultó la ruta que tendría que seguir desde allí hacia las cercanías de Velamar. Todavía quedaba camino por delante, suficiente para que su mente intentara convertir cada ruido extraño en una melodía nueva, pero algo había cambiado desde que cruzó las puertas de Kiri. Por primera vez desde su partida, Kyoshiro dejó de pensar únicamente en el viaje y comenzó a preguntarse qué encontraría al final. —Ah… ahora sí empieza la parte interesante.— murmuró, guardando nuevamente el mapa antes de internarse en el País de las Olas.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Side Quest — La Parcela sin Nombre]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14871</link>
			<pubDate>Sat, 12 Sep 2026 09:40:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=817">Sung Terumi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14871</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 02 de Otoño, año 150</span><br />
La salida de Kirigakure transcurrió sin llamar demasiado la atención.<br />
Sung Terumi abandonó la aldea acompañado por el equipo necesario para emprender el trayecto hacia el País del Té. La humedad característica del País del Agua todavía permanecía en el ambiente, mientras la niebla cubría parcialmente los caminos y las construcciones de la aldea.<br />
No había motivo para demorarse.<br />
El trayecto fue realizado manteniendo un ritmo constante, aprovechando los caminos disponibles y evitando desvíos innecesarios. Sung permanecía atento a su entorno durante todo el recorrido, observando tanto el terreno como cualquier movimiento que pudiera resultar fuera de lugar. No era paranoia; simplemente era la costumbre de alguien acostumbrado a considerar cada desplazamiento como parte de una misión.<br />
Con el paso de las horas, el paisaje comenzó a cambiar.<br />
La humedad y la niebla del País del Agua fueron quedando atrás, dando paso a terrenos más abiertos y caminos frecuentados por comerciantes y viajeros. La presencia de cultivos se hizo cada vez más habitual conforme avanzaban hacia el País del Té, donde las extensiones de plantaciones comenzaban a dominar buena parte del paisaje.<br />
Sung no mostró particular interés por el cambio.<br />
Su atención permanecía centrada en el camino y en todo aquello que pudiera afectar el objetivo de la misión. El resto era simplemente paisaje.<br />
Finalmente, después de completar el trayecto correspondiente, las inmediaciones de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Chashiro </span>aparecieron frente a el.<br />
La ciudad se extendía alrededor del curso de agua que atravesaba la capital, rodeada por huertos, plantaciones y caminos utilizados constantemente para transportar mercancías. A primera vista, el lugar parecía tranquilo. Comerciantes desplazándose de un lado a otro, agricultores ocupados con sus tareas y pequeñas embarcaciones recorriendo el río componían una escena completamente normal.<br />
Sung dirigió la mirada hacia la ciudad.<br />
No parecía haber nada fuera de lo común.<br />
Pero una misión rara vez comenzaba cuando todo estaba a la vista.<br />
Con el destino finalmente alcanzado, solo quedaba avanzar hacia Chashiro y descubrir qué clase de problema había llevado a Kirigakure a intervenir en aquel lugar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día 02 de Otoño, año 150</span><br />
La salida de Kirigakure transcurrió sin llamar demasiado la atención.<br />
Sung Terumi abandonó la aldea acompañado por el equipo necesario para emprender el trayecto hacia el País del Té. La humedad característica del País del Agua todavía permanecía en el ambiente, mientras la niebla cubría parcialmente los caminos y las construcciones de la aldea.<br />
No había motivo para demorarse.<br />
El trayecto fue realizado manteniendo un ritmo constante, aprovechando los caminos disponibles y evitando desvíos innecesarios. Sung permanecía atento a su entorno durante todo el recorrido, observando tanto el terreno como cualquier movimiento que pudiera resultar fuera de lugar. No era paranoia; simplemente era la costumbre de alguien acostumbrado a considerar cada desplazamiento como parte de una misión.<br />
Con el paso de las horas, el paisaje comenzó a cambiar.<br />
La humedad y la niebla del País del Agua fueron quedando atrás, dando paso a terrenos más abiertos y caminos frecuentados por comerciantes y viajeros. La presencia de cultivos se hizo cada vez más habitual conforme avanzaban hacia el País del Té, donde las extensiones de plantaciones comenzaban a dominar buena parte del paisaje.<br />
Sung no mostró particular interés por el cambio.<br />
Su atención permanecía centrada en el camino y en todo aquello que pudiera afectar el objetivo de la misión. El resto era simplemente paisaje.<br />
Finalmente, después de completar el trayecto correspondiente, las inmediaciones de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Chashiro </span>aparecieron frente a el.<br />
La ciudad se extendía alrededor del curso de agua que atravesaba la capital, rodeada por huertos, plantaciones y caminos utilizados constantemente para transportar mercancías. A primera vista, el lugar parecía tranquilo. Comerciantes desplazándose de un lado a otro, agricultores ocupados con sus tareas y pequeñas embarcaciones recorriendo el río componían una escena completamente normal.<br />
Sung dirigió la mirada hacia la ciudad.<br />
No parecía haber nada fuera de lo común.<br />
Pero una misión rara vez comenzaba cuando todo estaba a la vista.<br />
Con el destino finalmente alcanzado, solo quedaba avanzar hacia Chashiro y descubrir qué clase de problema había llevado a Kirigakure a intervenir en aquel lugar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje] Un largo camino.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14853</link>
			<pubDate>Thu, 10 Sep 2026 12:24:49 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=783">Kon Kaguya</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14853</guid>
			<description><![CDATA[El otoño llegaba a Kirigakure sin demasiado aviso. La niebla que siempre cubría la aldea se había vuelto un poco más fría por las mañanas, y en los callejones cercanos al puerto empezaban a juntarse las primeras hojas caídas de los pocos árboles que crecían entre las casas de madera húmeda. Kon caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo, el cuello alto tapándole media cara. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">Qué manera más aburrida de empezar el día</span></span> — murmuró para sí mismo. Cruzó el mercado casi desierto a esa hora, saludó con un gesto seco a un par de comerciantes que ya estaban acomodando sus puestos, y se ajustó los lentes oscuros aunque el sol todavía no terminaba de filtrarse entre la bruma. Nunca le habían gustado las despedidas ni las escenas grupales en la puerta de la aldea, así que no le sorprendió del todo que esta vez tampoco hubiera nadie esperándolo. Era lo mejor.<br />
<br />
En el puesto de control, un shinobi de guardia revisó la orden de salida sin decir una palabra, marcó algo en un registro y le hizo una seña con la cabeza para que pasara. Kon respondió con el mismo gesto, sin detenerse más de lo necesario, y atravesó las puertas que marcaban el limite de la aldea. Afuera, el camino se volvía más angosto y el bosque empezaba casi de inmediato, denso y goteando humedad incluso sin lluvia reciente. El aire olía a tierra mojada y a algo dulce, probablemente la resina de los pinos que empezaban a soltar sus primeras agujas amarillas. Caminó en silencio durante un buen rato, sin apuro, calculando mentalmente cuánto le tomaría llegar al puerto donde tomaría el bote hacia el continente. Con suerte, si el mar no se ponía complicado, podía estar cruzando antes del mediodía.<br />
<br />
El camino descendía poco a poco hacia la costa, y el bosque se iba abriendo en claros cada vez más amplios donde la niebla se acumulaba como si no tuviera ningún apuro por disiparse. Cruzó un puente de madera vieja sobre un arroyo que bajaba con fuerza, probablemente crecido por las lluvias de los días anteriores, y notó que el musgo de las piedras ya tenía ese tono más oscuro que anunciaba el cambio de estación. En cualquier otro momento se habría detenido a perder el tiempo mirando el agua, pero no tenía ningún interés en alargar más de lo necesario un viaje que ya de por sí prometía ser aburrido.<br />
<br />
Para cuando llegó al pequeño puerto de pescadores donde partían los botes hacia el continente, el sol ya había logrado abrirse paso entre las nubes bajas, aunque sin calentar demasiado. Había un par de embarcaciones amarradas, redes tendidas a secar, y el olor a sal mezclado con pescado que nunca terminaba de irse de esos lugares. Kon se acercó al muelle sin apuro, mostró el sello de su orden a uno de los encargados, y esperó apoyado contra un poste mientras terminaban de acomodar la carga de un bote pequeño que también llevaba mercancía hacia el otro lado.<br />
<br />
El bote se balanceaba apenas con la marea, y cuando finalmente le indicaron que podía subir, lo hizo sin mostrar ninguna prisa, acomodándose en la parte de atrás, lejos de la carga, con la vista fija en la línea de la costa que empezaba a alejarse. Kirigakure fue quedando atrás, tragada poco a poco por la niebla, hasta que ya no pudo distinguir ni el contorno de las murallas. Se acomodó los lentes, cruzó los brazos, y dejó que el vaivén del bote lo acompañara mientras pensaba en lo que sea que lo estuviera esperando del otro lado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El otoño llegaba a Kirigakure sin demasiado aviso. La niebla que siempre cubría la aldea se había vuelto un poco más fría por las mañanas, y en los callejones cercanos al puerto empezaban a juntarse las primeras hojas caídas de los pocos árboles que crecían entre las casas de madera húmeda. Kon caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo, el cuello alto tapándole media cara. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">Qué manera más aburrida de empezar el día</span></span> — murmuró para sí mismo. Cruzó el mercado casi desierto a esa hora, saludó con un gesto seco a un par de comerciantes que ya estaban acomodando sus puestos, y se ajustó los lentes oscuros aunque el sol todavía no terminaba de filtrarse entre la bruma. Nunca le habían gustado las despedidas ni las escenas grupales en la puerta de la aldea, así que no le sorprendió del todo que esta vez tampoco hubiera nadie esperándolo. Era lo mejor.<br />
<br />
En el puesto de control, un shinobi de guardia revisó la orden de salida sin decir una palabra, marcó algo en un registro y le hizo una seña con la cabeza para que pasara. Kon respondió con el mismo gesto, sin detenerse más de lo necesario, y atravesó las puertas que marcaban el limite de la aldea. Afuera, el camino se volvía más angosto y el bosque empezaba casi de inmediato, denso y goteando humedad incluso sin lluvia reciente. El aire olía a tierra mojada y a algo dulce, probablemente la resina de los pinos que empezaban a soltar sus primeras agujas amarillas. Caminó en silencio durante un buen rato, sin apuro, calculando mentalmente cuánto le tomaría llegar al puerto donde tomaría el bote hacia el continente. Con suerte, si el mar no se ponía complicado, podía estar cruzando antes del mediodía.<br />
<br />
El camino descendía poco a poco hacia la costa, y el bosque se iba abriendo en claros cada vez más amplios donde la niebla se acumulaba como si no tuviera ningún apuro por disiparse. Cruzó un puente de madera vieja sobre un arroyo que bajaba con fuerza, probablemente crecido por las lluvias de los días anteriores, y notó que el musgo de las piedras ya tenía ese tono más oscuro que anunciaba el cambio de estación. En cualquier otro momento se habría detenido a perder el tiempo mirando el agua, pero no tenía ningún interés en alargar más de lo necesario un viaje que ya de por sí prometía ser aburrido.<br />
<br />
Para cuando llegó al pequeño puerto de pescadores donde partían los botes hacia el continente, el sol ya había logrado abrirse paso entre las nubes bajas, aunque sin calentar demasiado. Había un par de embarcaciones amarradas, redes tendidas a secar, y el olor a sal mezclado con pescado que nunca terminaba de irse de esos lugares. Kon se acercó al muelle sin apuro, mostró el sello de su orden a uno de los encargados, y esperó apoyado contra un poste mientras terminaban de acomodar la carga de un bote pequeño que también llevaba mercancía hacia el otro lado.<br />
<br />
El bote se balanceaba apenas con la marea, y cuando finalmente le indicaron que podía subir, lo hizo sin mostrar ninguna prisa, acomodándose en la parte de atrás, lejos de la carga, con la vista fija en la línea de la costa que empezaba a alejarse. Kirigakure fue quedando atrás, tragada poco a poco por la niebla, hasta que ya no pudo distinguir ni el contorno de las murallas. Se acomodó los lentes, cruzó los brazos, y dejó que el vaivén del bote lo acompañara mientras pensaba en lo que sea que lo estuviera esperando del otro lado.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje en solitario] Ruta hacia el Pais del Te]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14842</link>
			<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 14:03:31 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=771">Kinzo Funato</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14842</guid>
			<description><![CDATA[¿Sabes cómo es esa sensación?, ¿esa respiración en tu nuca cuando notas la presión de lo que tienes que hacer aunque sea peligroso?, “vamos un poco de estrés es bueno para el cuerpo”, resonó en su mente mientras el chico caminaba hacia las puertas de la aldea, podía ver aquella jaula creada dentro de su propia mente, en su palacio mental donde atesoraba todos sus recuerdos más valiosos, siempre estuvo esa cosa con él, ¿acaso era una maldición?, no lo tenía claro, hablaba con él, intentaba comprenderlo y este siempre le ponía trabas, impedimentos, casi como si lo preparara para la oscuridad propia del mundo, era una dualidad curiosa, así era como el Funato percibía todo aquello, ahora por la cuestión de los sellos tendría que salir de su aldea, buscar los sellos y actuar en consecuencia pero ¿era lo suficientemente fuerte para ello?, no lo tenía claro, tal vez si tenía la suerte suficiente podría hacer pero ¿solo?, ¿no iría con nadie?, aviso a sus conocidos de cara a ver si podían acompañarle, su mentora Arako, Enjo y Douma, las personas con las que más tiempo paso en la villa, sin embargo parecían estar muy ocupados, esperaría en la puerta por si alguien aparecía pero, no tenía demasiada fe en ello.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">“Enserio ¿tendrás los cojonazos de irte solo?”</span></span></span>, resonó en su mente casi como si pretendería meterle miedo al chico, a fin de cuentas era su consciencia, intentado avisarle de los posibles peligros que existían en el mundo, claro que Kinzo no sabía nada del mundo exterior pero ¿acaso importaba?, los ninjas morían a diario en misiones casi rutinarias, un ataque a un barco, bandidos, las mareas, todo era un peligro constante, ser un shinobi te preparaba para este tipo de cosas, salir fuera solo acrecentaba este hecho, el muchacho paso su mano por macuto moviendo los dedos, estaba notando aquella tela, con cuidado casi como si buscara saber el peso y el tamaño de la bolsa creada, sabía a ciencia cierta que llevaba todo lo necesario para el viaje, siempre y cuando no se perdiera, era una de las posibles consecuencias, se sentía confiado pero aun así, tendría que hacer lo indecible para llegar a su destino,<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-No deberías preocuparte tenemos casi de todo</span></span></span>, aseguró como si buscara concienciarse a sí mismo, si, estaba hablando solo, si alguien lo veía quedaría como un loco pero ¿no era ser un demente salir de la villa en busca de los sellos?, quizás en un futuro se hablara de sus andanzas y lo que descubrió, el mundo era tan grande que el muchacho solo podía soñar…, soñar con la posibilidad de convertirse en un mejor Funato y ninja para Kiri, ¿lo conseguiría?, aún era demasiado pronto para saberlo.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Resumen:</span> Kinzo se dispone a salir de la villa dirección a País del Te</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[¿Sabes cómo es esa sensación?, ¿esa respiración en tu nuca cuando notas la presión de lo que tienes que hacer aunque sea peligroso?, “vamos un poco de estrés es bueno para el cuerpo”, resonó en su mente mientras el chico caminaba hacia las puertas de la aldea, podía ver aquella jaula creada dentro de su propia mente, en su palacio mental donde atesoraba todos sus recuerdos más valiosos, siempre estuvo esa cosa con él, ¿acaso era una maldición?, no lo tenía claro, hablaba con él, intentaba comprenderlo y este siempre le ponía trabas, impedimentos, casi como si lo preparara para la oscuridad propia del mundo, era una dualidad curiosa, así era como el Funato percibía todo aquello, ahora por la cuestión de los sellos tendría que salir de su aldea, buscar los sellos y actuar en consecuencia pero ¿era lo suficientemente fuerte para ello?, no lo tenía claro, tal vez si tenía la suerte suficiente podría hacer pero ¿solo?, ¿no iría con nadie?, aviso a sus conocidos de cara a ver si podían acompañarle, su mentora Arako, Enjo y Douma, las personas con las que más tiempo paso en la villa, sin embargo parecían estar muy ocupados, esperaría en la puerta por si alguien aparecía pero, no tenía demasiada fe en ello.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #666666;" class="mycode_color">“Enserio ¿tendrás los cojonazos de irte solo?”</span></span></span>, resonó en su mente casi como si pretendería meterle miedo al chico, a fin de cuentas era su consciencia, intentado avisarle de los posibles peligros que existían en el mundo, claro que Kinzo no sabía nada del mundo exterior pero ¿acaso importaba?, los ninjas morían a diario en misiones casi rutinarias, un ataque a un barco, bandidos, las mareas, todo era un peligro constante, ser un shinobi te preparaba para este tipo de cosas, salir fuera solo acrecentaba este hecho, el muchacho paso su mano por macuto moviendo los dedos, estaba notando aquella tela, con cuidado casi como si buscara saber el peso y el tamaño de la bolsa creada, sabía a ciencia cierta que llevaba todo lo necesario para el viaje, siempre y cuando no se perdiera, era una de las posibles consecuencias, se sentía confiado pero aun así, tendría que hacer lo indecible para llegar a su destino,<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #005dc2;" class="mycode_color">-No deberías preocuparte tenemos casi de todo</span></span></span>, aseguró como si buscara concienciarse a sí mismo, si, estaba hablando solo, si alguien lo veía quedaría como un loco pero ¿no era ser un demente salir de la villa en busca de los sellos?, quizás en un futuro se hablara de sus andanzas y lo que descubrió, el mundo era tan grande que el muchacho solo podía soñar…, soñar con la posibilidad de convertirse en un mejor Funato y ninja para Kiri, ¿lo conseguiría?, aún era demasiado pronto para saberlo.<br />
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<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Resumen:</span> Kinzo se dispone a salir de la villa dirección a País del Te</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje] Nadaremos Nadaremos Por El Mar Nadaremos]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14831</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 18:31:12 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=755">Kishue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14831</guid>
			<description><![CDATA[Kishue comunicó la noticia a su madre la noche anterior al viaje. No intentó presentarla como otra misión cotidiana ni aseguró que regresaría para la cena, pues esta vez ni siquiera él conocía la distancia que tendría que recorrer. La búsqueda de los Sellos podía decidir el futuro de Kirigakure y la seguridad de quienes vivían dentro de ella. Aquello bastaba para obligarlo a partir, aunque no para responder la pregunta más difícil: cuándo volvería a cruzar aquella puerta.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No sé cuánto tardaremos, pero no voy solo.</span> —le explicó, procurando que su sonrisa pareciera más segura de lo que se sentía—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Rin y Rei vienen conmigo. Encontraremos los Sellos y regresaremos en cuanto terminemos. No tienes que preocuparte demasiado... solo la cantidad normal.</span><br />
<br />
Su madre no aceptó aquella diferencia entre preocuparse mucho o una cantidad normal, pero tampoco intentó impedirle marcharse. En su lugar, ocupó la cocina y preparó comida suficiente para un viaje considerablemente más largo del que Kishue esperaba. Arroz comprimido, pescado seco, frutas conservadas y varios paquetes que debía mantener protegidos de la humedad terminaron dentro de su equipaje. Cada vez que él creía haber cerrado la mochila, aparecía una provisión adicional que, según ella, resultaba indispensable.<br />
<br />
Kishue se levantó antes del amanecer y revisó todo su equipo. Distribuyó los kunai, las nudilleras, el hilo y las herramientas de viaje en lugares donde pudiera alcanzarlos sin retirar la mochila. Aseguró la esfera de Mekka entre sus ropas y comprobó dos veces que permaneciera protegida. Por último levantó su adquisición más reciente, un arma tan grande que cualquier intento de guardarla discretamente habría resultado absurdo.<br />
<br />
El Kanabō no Samehada tenía casi la misma altura que Kishue. Su cuerpo oscuro era ancho, pesado y estaba cubierto por múltiples remaches metálicos; en el extremo superior, la forma de una cabeza de tiburón convertía el garrote en algo parecido a una criatura dispuesta a morder antes del primer golpe. El mango envuelto ofrecía espacio para sostenerlo con ambas manos, aunque Kishue podía cargarlo apoyado sobre el hombro. No era elegante ni ligero. Precisamente por eso le gustaba.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No es demasiado grande.</span> —murmuró al notar la forma en que su madre observaba el garrote—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Yo soy un poco pequeño. Es diferente.</span><br />
<br />
La explicación no mejoró la situación, sobre todo cuando la cabeza metálica chocó contra el marco de la puerta durante su primer intento de salir. Kishue tuvo que inclinar el arma y atravesar la entrada de lado, cuidando de no romper nada antes de haber comenzado el viaje. Después se despidió con un abrazo más largo de lo habitual. No prometió una fecha que no podía cumplir, pero sí regresar llevando a Mekka, su enorme garrote y todas las partes de su cuerpo en el mismo sitio.<br />
<br />
Las calles de Kirigakure todavía estaban medio dormidas. La niebla cubría los tejados y la humedad dejaba una capa brillante sobre las piedras, mientras las primeras luces se encendían detrás de algunas ventanas. Kishue avanzó hacia las puertas con el Kanabō sobre un hombro y la mochila cargada al otro, provocando que más de un guardia observara el arma antes de reconocer al muchacho que caminaba debajo de ella.<br />
<br />
Llegó con tiempo suficiente y dejó el garrote apoyado contra una pared cercana. La espera le permitió comprobar nuevamente sus provisiones, ajustar las correas y preguntarle a Mekka, sin obtener una respuesta audible, si su madre había escondido más comida entre sus pertenencias. También le permitió pensar demasiado. Había salido antes de Kirigakure por misiones, pero nunca siguiendo algo tan importante ni sin conocer cuánto tardaría en regresar.<br />
<br />
Cuando Rin y Rei aparecieron entre la niebla, aquella inquietud perdió parte de su peso. Kishue levantó el Kanabō no Samehada y lo apoyó otra vez sobre su hombro, recibiéndolas con una sonrisa enorme. La diferencia entre el tamaño del arma y el suyo hacía que pareciera que el garrote lo llevaba a él, aunque sostuvo el peso sin dificultad.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Llegaron. Estaba empezando a pensar que tendría que salvar el futuro de Kirigakure solo.</span> —bromeó, pero la sonrisa se suavizó poco después—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">La verdad es que estoy un poco nervioso. No sabemos qué encontraremos ni cuándo volveremos... pero me siento mejor sabiendo que ustedes cuidarán mi espalda. Yo cuidaré las suyas.</span><br />
<br />
Kishue miró una última vez hacia el interior de la aldea. En alguna parte detrás de la niebla quedaba su casa y una madre que seguramente ya estaba preocupándose mucho más de la cantidad normal permitida. Después volvió la atención hacia el camino, ajustó a Mekka contra su cuerpo y aseguró el enorme garrote sobre el hombro.<br />
<br />
Con Rin y Rei a su lado, abandonó las puertas de Kirigakure. La búsqueda de los Sellos acababa de comenzar y, aunque el destino todavía permanecía oculto, los tres avanzaron juntos hacia aquello que decidiría el futuro de su aldea.<br />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Viaje inicia el 7 de Septiembre 2026</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Kishue comunicó la noticia a su madre la noche anterior al viaje. No intentó presentarla como otra misión cotidiana ni aseguró que regresaría para la cena, pues esta vez ni siquiera él conocía la distancia que tendría que recorrer. La búsqueda de los Sellos podía decidir el futuro de Kirigakure y la seguridad de quienes vivían dentro de ella. Aquello bastaba para obligarlo a partir, aunque no para responder la pregunta más difícil: cuándo volvería a cruzar aquella puerta.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No sé cuánto tardaremos, pero no voy solo.</span> —le explicó, procurando que su sonrisa pareciera más segura de lo que se sentía—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Rin y Rei vienen conmigo. Encontraremos los Sellos y regresaremos en cuanto terminemos. No tienes que preocuparte demasiado... solo la cantidad normal.</span><br />
<br />
Su madre no aceptó aquella diferencia entre preocuparse mucho o una cantidad normal, pero tampoco intentó impedirle marcharse. En su lugar, ocupó la cocina y preparó comida suficiente para un viaje considerablemente más largo del que Kishue esperaba. Arroz comprimido, pescado seco, frutas conservadas y varios paquetes que debía mantener protegidos de la humedad terminaron dentro de su equipaje. Cada vez que él creía haber cerrado la mochila, aparecía una provisión adicional que, según ella, resultaba indispensable.<br />
<br />
Kishue se levantó antes del amanecer y revisó todo su equipo. Distribuyó los kunai, las nudilleras, el hilo y las herramientas de viaje en lugares donde pudiera alcanzarlos sin retirar la mochila. Aseguró la esfera de Mekka entre sus ropas y comprobó dos veces que permaneciera protegida. Por último levantó su adquisición más reciente, un arma tan grande que cualquier intento de guardarla discretamente habría resultado absurdo.<br />
<br />
El Kanabō no Samehada tenía casi la misma altura que Kishue. Su cuerpo oscuro era ancho, pesado y estaba cubierto por múltiples remaches metálicos; en el extremo superior, la forma de una cabeza de tiburón convertía el garrote en algo parecido a una criatura dispuesta a morder antes del primer golpe. El mango envuelto ofrecía espacio para sostenerlo con ambas manos, aunque Kishue podía cargarlo apoyado sobre el hombro. No era elegante ni ligero. Precisamente por eso le gustaba.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">No es demasiado grande.</span> —murmuró al notar la forma en que su madre observaba el garrote—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Yo soy un poco pequeño. Es diferente.</span><br />
<br />
La explicación no mejoró la situación, sobre todo cuando la cabeza metálica chocó contra el marco de la puerta durante su primer intento de salir. Kishue tuvo que inclinar el arma y atravesar la entrada de lado, cuidando de no romper nada antes de haber comenzado el viaje. Después se despidió con un abrazo más largo de lo habitual. No prometió una fecha que no podía cumplir, pero sí regresar llevando a Mekka, su enorme garrote y todas las partes de su cuerpo en el mismo sitio.<br />
<br />
Las calles de Kirigakure todavía estaban medio dormidas. La niebla cubría los tejados y la humedad dejaba una capa brillante sobre las piedras, mientras las primeras luces se encendían detrás de algunas ventanas. Kishue avanzó hacia las puertas con el Kanabō sobre un hombro y la mochila cargada al otro, provocando que más de un guardia observara el arma antes de reconocer al muchacho que caminaba debajo de ella.<br />
<br />
Llegó con tiempo suficiente y dejó el garrote apoyado contra una pared cercana. La espera le permitió comprobar nuevamente sus provisiones, ajustar las correas y preguntarle a Mekka, sin obtener una respuesta audible, si su madre había escondido más comida entre sus pertenencias. También le permitió pensar demasiado. Había salido antes de Kirigakure por misiones, pero nunca siguiendo algo tan importante ni sin conocer cuánto tardaría en regresar.<br />
<br />
Cuando Rin y Rei aparecieron entre la niebla, aquella inquietud perdió parte de su peso. Kishue levantó el Kanabō no Samehada y lo apoyó otra vez sobre su hombro, recibiéndolas con una sonrisa enorme. La diferencia entre el tamaño del arma y el suyo hacía que pareciera que el garrote lo llevaba a él, aunque sostuvo el peso sin dificultad.<br />
<br />
—<span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">Llegaron. Estaba empezando a pensar que tendría que salvar el futuro de Kirigakure solo.</span> —bromeó, pero la sonrisa se suavizó poco después—. <span style="color: #68C4E8;" class="mycode_color">La verdad es que estoy un poco nervioso. No sabemos qué encontraremos ni cuándo volveremos... pero me siento mejor sabiendo que ustedes cuidarán mi espalda. Yo cuidaré las suyas.</span><br />
<br />
Kishue miró una última vez hacia el interior de la aldea. En alguna parte detrás de la niebla quedaba su casa y una madre que seguramente ya estaba preocupándose mucho más de la cantidad normal permitida. Después volvió la atención hacia el camino, ajustó a Mekka contra su cuerpo y aseguró el enorme garrote sobre el hombro.<br />
<br />
Con Rin y Rei a su lado, abandonó las puertas de Kirigakure. La búsqueda de los Sellos acababa de comenzar y, aunque el destino todavía permanecía oculto, los tres avanzaron juntos hacia aquello que decidiría el futuro de su aldea.<br />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Viaje inicia el 7 de Septiembre 2026</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje] Hacia el País de las Montañas.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14825</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 16:05:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=813">Hachibi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14825</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">01 de Otoño del 150.</span></div>
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mudanza</span><br />
 <br />
Habían pasado varias semanas desde la reunión de Kirigakure, desde que el Mizukage había convocado a los militares de la aldea y expuesto la realidad de la situación, así como la nueva prioridad compartida por todos sus shinobi: encontrar y estudiar los sellos relacionados con el chakra corrupto.<br />
 <br />
Con apenas catorce años, Hachibi había recibido instrucciones de trasladarse al País de las Montañas.<br />
 <br />
Por primera vez en su vida abandonaría el País del Agua no para cumplir un encargo de unos cuantos días, sino para permanecer una temporada lejos de su tierra natal.  <br />
 <br />
Había empacado algo de ropa, sus artículos de aseo más básicos y cuanto consideró indispensable para trabajar. El resto podía esperar en casa.<br />
 <br />
Para su sorpresa, sin embargo, no tendría que hacerlo solo. Amida Heizu, su padre, había sido destinado a la misma región.<br />
 <br />
Durante su estancia, ambos servirían como enlace con Inteligencia de Kirigakure, bajo la coordinación de Masaru Heizu, realizando labores de investigación y trabajo de campo mientras la aldea intentaba localizar cualquier rastro relacionado con los sellos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">01 de Otoño del 150.</span></div>
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mudanza</span><br />
 <br />
Habían pasado varias semanas desde la reunión de Kirigakure, desde que el Mizukage había convocado a los militares de la aldea y expuesto la realidad de la situación, así como la nueva prioridad compartida por todos sus shinobi: encontrar y estudiar los sellos relacionados con el chakra corrupto.<br />
 <br />
Con apenas catorce años, Hachibi había recibido instrucciones de trasladarse al País de las Montañas.<br />
 <br />
Por primera vez en su vida abandonaría el País del Agua no para cumplir un encargo de unos cuantos días, sino para permanecer una temporada lejos de su tierra natal.  <br />
 <br />
Había empacado algo de ropa, sus artículos de aseo más básicos y cuanto consideró indispensable para trabajar. El resto podía esperar en casa.<br />
 <br />
Para su sorpresa, sin embargo, no tendría que hacerlo solo. Amida Heizu, su padre, había sido destinado a la misma región.<br />
 <br />
Durante su estancia, ambos servirían como enlace con Inteligencia de Kirigakure, bajo la coordinación de Masaru Heizu, realizando labores de investigación y trabajo de campo mientras la aldea intentaba localizar cualquier rastro relacionado con los sellos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[viaje] Derechito a la incursion.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14748</link>
			<pubDate>Sat, 05 Sep 2026 01:49:12 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=783">Kon Kaguya</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14748</guid>
			<description><![CDATA[El pergamino llegó a media mañana, entregado por un chūnin de guardia que no se molestó en disimular las ganas de irse apenas terminara de hablar. Kon lo recibió sin levantarse de la silla donde llevaba un buen rato con los pies sobre la mesa, rompió el sello con la uña y lo desenrolló con una sola mano mientras con la otra se acomodaba los lentes oscuros sobre el puente de la nariz. Leyó rápido. Catacumbas, bandidos, civiles capturados como rehenes en las profundidades, escudos humanos para frenar cualquier avance directo. Y la parte que le arrancó una sonrisa torcida: la orden era infiltrarse haciéndose pasar por prisioneros.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"> Qué original... jajaja será divertido.</span></span> —murmuró, más para sí que para el chūnin, que ya se había ido sin esperar comentarios.<br />
<br />
Se tomó su tiempo para levantarse. Los que estaban atrapados en esas catacumbas llevaban ahí quién sabe cuántas horas ya. Un par de minutos más no iba a hacer diferencia, y él prefería llegar con la cabeza fría antes que con la respiración agitada. Se puso de pie, estiró el cuello hacia ambos lados hasta escuchar un chasquido seco en las vértebras y se acomodó el cuello de su camiseta negra. Revisó por costumbre el estado de sus manos, flexionando los dedos uno por uno. Salió del cuarto sin apuro, con el pergamino enrollado y guardado dentro del abrigo. Las calles de Kirigakure a esa hora tenían el movimiento habitual: comerciantes acomodando puestos, un par de genin más jóvenes corriendo entre la niebla baja con recados que seguramente odiaban, algún civil que lo miró de reojo y apuró el paso al cruzarse con él. Kon ya estaba acostumbrado a eso. Entre el pelo blanco desordenado, los lentes oscuros y la fama de no ser precisamente el genin más amable del pueblo, no le sorprendía que la gente prefiriera cruzar de vereda.<br />
<br />
El camino hacia las puertas de la aldea no era largo, pero Kon lo aprovechó para terminar de pensar en la parte que de verdad le interesaba: la infiltración. Hacerse pasar por civil capturado significaba, básicamente, dejarse atar, dejarse llevar y esperar el momento exacto antes de que alguien decidiera usarlo a él o a los suyos como advertencia para las fuerzas de seguridad. No era la primera vez que jugaba ese papel y sabía que la parte difícil no era entrar. Era no reaccionar antes de tiempo. Ahí es donde la mayoría se apuraba y arruinaba el plan completo.<br />
<br />
Antes de cruzar las puertas de la aldea, se quitó los lentes oscuros por un momento, los limpió con el borde de su camiseta y volvió a colocárselos con un gesto casi ceremonial, como si ese pequeño ritual marcara el cambio real entre el Kon que caminaba tranquilo por las calles de Kirigakure como todo un shinobi, y el Kon civil e indefenso que dentro de poco seria un rehén mas. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">Bien </span></span>—dijo, estirando los brazos hacia atrás — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">Vamos a jugar a ser rehenes.</span></span> — Cruzó las puertas de la aldea con la niebla de Kirigakure empezando a espesarse a medida que se alejaba de las construcciones y se internaba en el camino que llevaba hacia las afueras de la región.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El pergamino llegó a media mañana, entregado por un chūnin de guardia que no se molestó en disimular las ganas de irse apenas terminara de hablar. Kon lo recibió sin levantarse de la silla donde llevaba un buen rato con los pies sobre la mesa, rompió el sello con la uña y lo desenrolló con una sola mano mientras con la otra se acomodaba los lentes oscuros sobre el puente de la nariz. Leyó rápido. Catacumbas, bandidos, civiles capturados como rehenes en las profundidades, escudos humanos para frenar cualquier avance directo. Y la parte que le arrancó una sonrisa torcida: la orden era infiltrarse haciéndose pasar por prisioneros.<br />
<br />
—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color"> Qué original... jajaja será divertido.</span></span> —murmuró, más para sí que para el chūnin, que ya se había ido sin esperar comentarios.<br />
<br />
Se tomó su tiempo para levantarse. Los que estaban atrapados en esas catacumbas llevaban ahí quién sabe cuántas horas ya. Un par de minutos más no iba a hacer diferencia, y él prefería llegar con la cabeza fría antes que con la respiración agitada. Se puso de pie, estiró el cuello hacia ambos lados hasta escuchar un chasquido seco en las vértebras y se acomodó el cuello de su camiseta negra. Revisó por costumbre el estado de sus manos, flexionando los dedos uno por uno. Salió del cuarto sin apuro, con el pergamino enrollado y guardado dentro del abrigo. Las calles de Kirigakure a esa hora tenían el movimiento habitual: comerciantes acomodando puestos, un par de genin más jóvenes corriendo entre la niebla baja con recados que seguramente odiaban, algún civil que lo miró de reojo y apuró el paso al cruzarse con él. Kon ya estaba acostumbrado a eso. Entre el pelo blanco desordenado, los lentes oscuros y la fama de no ser precisamente el genin más amable del pueblo, no le sorprendía que la gente prefiriera cruzar de vereda.<br />
<br />
El camino hacia las puertas de la aldea no era largo, pero Kon lo aprovechó para terminar de pensar en la parte que de verdad le interesaba: la infiltración. Hacerse pasar por civil capturado significaba, básicamente, dejarse atar, dejarse llevar y esperar el momento exacto antes de que alguien decidiera usarlo a él o a los suyos como advertencia para las fuerzas de seguridad. No era la primera vez que jugaba ese papel y sabía que la parte difícil no era entrar. Era no reaccionar antes de tiempo. Ahí es donde la mayoría se apuraba y arruinaba el plan completo.<br />
<br />
Antes de cruzar las puertas de la aldea, se quitó los lentes oscuros por un momento, los limpió con el borde de su camiseta y volvió a colocárselos con un gesto casi ceremonial, como si ese pequeño ritual marcara el cambio real entre el Kon que caminaba tranquilo por las calles de Kirigakure como todo un shinobi, y el Kon civil e indefenso que dentro de poco seria un rehén mas. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">Bien </span></span>—dijo, estirando los brazos hacia atrás — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #1e92f7;" class="mycode_color">Vamos a jugar a ser rehenes.</span></span> — Cruzó las puertas de la aldea con la niebla de Kirigakure empezando a espesarse a medida que se alejaba de las construcciones y se internaba en el camino que llevaba hacia las afueras de la región.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Incursión][D] - Prologo de una Novela]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14747</link>
			<pubDate>Fri, 04 Sep 2026 18:49:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=817">Sung Terumi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14747</guid>
			<description><![CDATA[La niebla cubría las calles de Kirigakure mientras Sung Terumi avanzaba hacia las afueras de la aldea. El aire húmedo del País del Agua acompañaba cada uno de sus pasos, mientras detrás de él las luces de Kiri comenzaban a perderse lentamente entre la bruma.<br />
Su equipaje era ligero. No necesitaba llevar demasiado para el viaje; sus armas y aquello necesario para sobrevivir eran más que suficientes.<br />
Al llegar a una de las salidas de la aldea, Sung se detuvo durante unos segundos y dirigió la mirada hacia atrás.<br />
Había pasado bastante tiempo en Kiri.<br />
Pero esta vez no se trataba de una misión dentro del País del Agua.<br />
Su destino era mucho más lejano. El pais del Te, un lugar donde se esperaria que le den un te calentito.<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Espero que el viaje sea tranquilo... —</span>murmuró mientras ajustaba su equipo.<br />
Sin perder más tiempo, comenzó a avanzar por el camino que se alejaba de Kirigakure.<br />
A medida que dejaba atrás el territorio conocido, la niebla comenzó a disiparse. El paisaje cambiaba lentamente: los terrenos húmedos y boscosos del País del Agua quedaban atrás mientras Sung se internaba en rutas que lo llevarían hacia nuevas tierras.<br />
Su paso era tranquilo, pero sus sentidos permanecían atentos.<br />
Después de todo, abandonar Kiri significaba también abandonar temporalmente la seguridad de su territorio.<br />
El shinobi continuó su camino durante horas, siguiendo las rutas que conectaban los distintos países. El viaje sería largo, pero no tenía intención de apresurarlo.<br />
Finalmente, mientras el cielo comenzaba a oscurecerse, Sung se detuvo sobre un pequeño sendero y observó el horizonte.<br />
Muy lejos de allí se encontraba su destino.<br />
Sung volvió a ponerse en marcha.<br />
Sin mirar atrás, continuó avanzando por el camino.<br />
La niebla de Kiri ya había quedado atrás.<br />
Ahora comenzaba un nuevo viaje.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La niebla cubría las calles de Kirigakure mientras Sung Terumi avanzaba hacia las afueras de la aldea. El aire húmedo del País del Agua acompañaba cada uno de sus pasos, mientras detrás de él las luces de Kiri comenzaban a perderse lentamente entre la bruma.<br />
Su equipaje era ligero. No necesitaba llevar demasiado para el viaje; sus armas y aquello necesario para sobrevivir eran más que suficientes.<br />
Al llegar a una de las salidas de la aldea, Sung se detuvo durante unos segundos y dirigió la mirada hacia atrás.<br />
Había pasado bastante tiempo en Kiri.<br />
Pero esta vez no se trataba de una misión dentro del País del Agua.<br />
Su destino era mucho más lejano. El pais del Te, un lugar donde se esperaria que le den un te calentito.<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">—Espero que el viaje sea tranquilo... —</span>murmuró mientras ajustaba su equipo.<br />
Sin perder más tiempo, comenzó a avanzar por el camino que se alejaba de Kirigakure.<br />
A medida que dejaba atrás el territorio conocido, la niebla comenzó a disiparse. El paisaje cambiaba lentamente: los terrenos húmedos y boscosos del País del Agua quedaban atrás mientras Sung se internaba en rutas que lo llevarían hacia nuevas tierras.<br />
Su paso era tranquilo, pero sus sentidos permanecían atentos.<br />
Después de todo, abandonar Kiri significaba también abandonar temporalmente la seguridad de su territorio.<br />
El shinobi continuó su camino durante horas, siguiendo las rutas que conectaban los distintos países. El viaje sería largo, pero no tenía intención de apresurarlo.<br />
Finalmente, mientras el cielo comenzaba a oscurecerse, Sung se detuvo sobre un pequeño sendero y observó el horizonte.<br />
Muy lejos de allí se encontraba su destino.<br />
Sung volvió a ponerse en marcha.<br />
Sin mirar atrás, continuó avanzando por el camino.<br />
La niebla de Kiri ya había quedado atrás.<br />
Ahora comenzaba un nuevo viaje.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión | D]Escolta de Suministros: El Paso de la Niebla Espesa.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14549</link>
			<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 12:33:59 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=808">Naoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14549</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">2 Verano, Año 150,</span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">Puertas de la Aldea, Kirigakure no Sato</span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión protagonizada por </span><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Shinsei Kaguya</span></span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Misión narrada por <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Naoto Heizu</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Escolta de Suministros: El Paso de la Niebla Espesa</span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El segundo día del verano había amanecido cubierto por una de esas nieblas que parecían tragarse lentamente los caminos del País del Agua. Desde las puertas de Kirigakure apenas podían distinguirse las primeras hileras de árboles que rodeaban la aldea y, más allá de ellas, el sendero desaparecía entre un manto blanquecino que se extendía por los bosques cercanos. No era algo extraordinario para sus habitantes. Comerciantes, viajeros y shinobis estaban acostumbrados a recorrer aquellas rutas con una visibilidad bastante pobre durante buena parte del año, aunque en los últimos días la presencia de algunos guardias adicionales y las revisiones realizadas sobre los carros que abandonaban la aldea dejaban en evidencia que aquella mañana existía otra preocupación.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Algunos cargamentos habían desaparecido.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No se trataba todavía de una situación suficientemente grave como para interrumpir el tránsito comercial, pero los testimonios comenzaban a repetirse. Mercaderes que encontraban árboles derribados sobre los caminos, ruedas dañadas durante el recorrido o rastros de personas siguiéndolos desde el bosque. Ninguno había logrado identificar con claridad a los responsables y las versiones cambiaban dependiendo de quién contara la historia; algunos hablaban simplemente de bandidos aprovechando la niebla, mientras otros aseguraban haber distinguido armas y movimientos propios de shinobis entre quienes rondaban los caminos. La posibilidad de que un pequeño grupo de desertores estuviera saqueando las rutas había sido suficiente para que Kirigakure comenzara a asignar escoltas a determinados cargamentos.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Uno de ellos esperaba esa mañana cerca de las puertas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El carro pertenecía a Hirotaka, un mercader conocido por distribuir herramientas ninja entre pequeños puestos de vigilancia y asentamientos dependientes de Kirigakure. Era un vehículo robusto, protegido por una lona oscura sobre la que todavía descansaban pequeñas gotas de humedad. Bajo ella se encontraban varias cajas de madera aseguradas con cuerdas y sellos comerciales; kunais, shurikens, alambre, vendas, herramientas de mantenimiento y otros suministros destinados a un puesto ubicado varias horas al exterior de la aldea. Nada especialmente extraordinario por separado, aunque el cargamento completo valía lo suficiente como para justificar aquella escolta.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre aguardaba junto a uno de los caballos mientras revisaba por tercera vez las ataduras de la mercancía. Tendría unos cuarenta años, vestía un haori sencillo sobre sus ropas de viaje y poseía aquella expresión particularmente incómoda de quien preferiría haber salido varias horas antes.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cuando Shinsei se presentó frente al carro, Hirotaka levantó la mirada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">¿Kaguya?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sus ojos descendieron brevemente hacia el documento que llevaba entre las manos antes de regresar al joven.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Entonces eres el shinobi que enviaron. Bien. No necesito demasiadas cosas de ti. Solo quiero llegar con el carro entero y todas las cajas dentro.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El mercader terminó de guardar los papeles y señaló el camino que desaparecía entre la niebla. El trayecto seguía durante buena parte del recorrido una antigua ruta comercial construida entre los bosques cercanos a Kirigakure. Los primeros kilómetros eran relativamente transitados, pero conforme se alejaban de la aldea las viviendas desaparecían y el sendero se estrechaba hasta quedar rodeado completamente por vegetación. Existían un par de puentes pequeños y una vieja posta abandonada antes de alcanzar el destino; nada que normalmente justificara demasiada preocupación.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esta vez, Hirotaka no parecía compartir esa confianza.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Hace cuatro días otro comerciante tomó esta misma ruta. Regresó caminando. Encontraron su carro vacío cerca del paso de Mizunoki y juró que alguien estuvo siguiéndolo durante casi una hora antes de que una rueda se rompiera. No vio quién fue. Tampoco encontró sus cosas después.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hizo una pequeña pausa mientras comprobaba el estado de una de las ruedas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Los guardias dicen que podrían ser desertores. Yo digo que podrían ser veinte cosas distintas y ninguna me interesa especialmente mientras permanezcan lejos de mi mercancía.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">A pocos metros, dos shinobis apostados junto a las puertas retiraron una de las barreras que controlaban el tránsito. Desde allí en adelante el camino descendía suavemente entre los árboles hasta desaparecer por completo bajo la niebla. El bosque permanecía tranquilo y húmedo, acompañado por el sonido constante del agua que caía desde las hojas y por algún pájaro que se escuchaba desde lugares imposibles de distinguir.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Antes de subir al asiento delantero, Hirotaka se detuvo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Hay algo más. Si encontramos problemas, no quiero heroicidades. Si podemos seguir avanzando, avanzamos. Si encontramos el camino bloqueado, buscamos otra ruta. Y si realmente aparecen esos desertores... entonces supongo que descubrirás por qué Kirigakure decidió mandarte conmigo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El caballo comenzó a inquietarse ligeramente mientras el mercader tomaba las riendas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La salida estaba preparada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Del otro lado de las puertas solamente esperaba el bosque, varios kilómetros de niebla y un camino que, hasta hacía apenas unas semanas, nadie había considerado peligroso.</span><br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><ul class="mycode_list"><li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Nombre de la Misión: Escolta de Suministros: El Paso de la Niebla Espesa.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Información de la Misión: Un mercader de herramientas ninja debe cruzar los bosques aledaños a la aldea. Se han reportado bandas de desertores que buscan saquear el cargamento. El objetivo es escoltar el carro y repeler cualquier ataque con fuerza letal si es necesario.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Rango y Tipo de la Misión: Misión Normal - Rango D.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Fecha y Lugar: 2 Verano, Año 150. Pais del Agua - Puertas de la Aldea.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad de Usuarios: 1 (Shinsei Kaguya).<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad máxima de horas por ronda: 48 horas.</span></span><br />
</li>
</ul>
</blockquote>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">2 Verano, Año 150,</span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">Puertas de la Aldea, Kirigakure no Sato</span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión protagonizada por </span><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Shinsei Kaguya</span></span></span></span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Misión narrada por <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Naoto Heizu</span></span></span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Escolta de Suministros: El Paso de la Niebla Espesa</span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El segundo día del verano había amanecido cubierto por una de esas nieblas que parecían tragarse lentamente los caminos del País del Agua. Desde las puertas de Kirigakure apenas podían distinguirse las primeras hileras de árboles que rodeaban la aldea y, más allá de ellas, el sendero desaparecía entre un manto blanquecino que se extendía por los bosques cercanos. No era algo extraordinario para sus habitantes. Comerciantes, viajeros y shinobis estaban acostumbrados a recorrer aquellas rutas con una visibilidad bastante pobre durante buena parte del año, aunque en los últimos días la presencia de algunos guardias adicionales y las revisiones realizadas sobre los carros que abandonaban la aldea dejaban en evidencia que aquella mañana existía otra preocupación.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Algunos cargamentos habían desaparecido.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No se trataba todavía de una situación suficientemente grave como para interrumpir el tránsito comercial, pero los testimonios comenzaban a repetirse. Mercaderes que encontraban árboles derribados sobre los caminos, ruedas dañadas durante el recorrido o rastros de personas siguiéndolos desde el bosque. Ninguno había logrado identificar con claridad a los responsables y las versiones cambiaban dependiendo de quién contara la historia; algunos hablaban simplemente de bandidos aprovechando la niebla, mientras otros aseguraban haber distinguido armas y movimientos propios de shinobis entre quienes rondaban los caminos. La posibilidad de que un pequeño grupo de desertores estuviera saqueando las rutas había sido suficiente para que Kirigakure comenzara a asignar escoltas a determinados cargamentos.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Uno de ellos esperaba esa mañana cerca de las puertas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El carro pertenecía a Hirotaka, un mercader conocido por distribuir herramientas ninja entre pequeños puestos de vigilancia y asentamientos dependientes de Kirigakure. Era un vehículo robusto, protegido por una lona oscura sobre la que todavía descansaban pequeñas gotas de humedad. Bajo ella se encontraban varias cajas de madera aseguradas con cuerdas y sellos comerciales; kunais, shurikens, alambre, vendas, herramientas de mantenimiento y otros suministros destinados a un puesto ubicado varias horas al exterior de la aldea. Nada especialmente extraordinario por separado, aunque el cargamento completo valía lo suficiente como para justificar aquella escolta.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre aguardaba junto a uno de los caballos mientras revisaba por tercera vez las ataduras de la mercancía. Tendría unos cuarenta años, vestía un haori sencillo sobre sus ropas de viaje y poseía aquella expresión particularmente incómoda de quien preferiría haber salido varias horas antes.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Cuando Shinsei se presentó frente al carro, Hirotaka levantó la mirada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">¿Kaguya?</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sus ojos descendieron brevemente hacia el documento que llevaba entre las manos antes de regresar al joven.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Entonces eres el shinobi que enviaron. Bien. No necesito demasiadas cosas de ti. Solo quiero llegar con el carro entero y todas las cajas dentro.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El mercader terminó de guardar los papeles y señaló el camino que desaparecía entre la niebla. El trayecto seguía durante buena parte del recorrido una antigua ruta comercial construida entre los bosques cercanos a Kirigakure. Los primeros kilómetros eran relativamente transitados, pero conforme se alejaban de la aldea las viviendas desaparecían y el sendero se estrechaba hasta quedar rodeado completamente por vegetación. Existían un par de puentes pequeños y una vieja posta abandonada antes de alcanzar el destino; nada que normalmente justificara demasiada preocupación.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esta vez, Hirotaka no parecía compartir esa confianza.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Hace cuatro días otro comerciante tomó esta misma ruta. Regresó caminando. Encontraron su carro vacío cerca del paso de Mizunoki y juró que alguien estuvo siguiéndolo durante casi una hora antes de que una rueda se rompiera. No vio quién fue. Tampoco encontró sus cosas después.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hizo una pequeña pausa mientras comprobaba el estado de una de las ruedas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Los guardias dicen que podrían ser desertores. Yo digo que podrían ser veinte cosas distintas y ninguna me interesa especialmente mientras permanezcan lejos de mi mercancía.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">A pocos metros, dos shinobis apostados junto a las puertas retiraron una de las barreras que controlaban el tránsito. Desde allí en adelante el camino descendía suavemente entre los árboles hasta desaparecer por completo bajo la niebla. El bosque permanecía tranquilo y húmedo, acompañado por el sonido constante del agua que caía desde las hojas y por algún pájaro que se escuchaba desde lugares imposibles de distinguir.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Antes de subir al asiento delantero, Hirotaka se detuvo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Hay algo más. Si encontramos problemas, no quiero heroicidades. Si podemos seguir avanzando, avanzamos. Si encontramos el camino bloqueado, buscamos otra ruta. Y si realmente aparecen esos desertores... entonces supongo que descubrirás por qué Kirigakure decidió mandarte conmigo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El caballo comenzó a inquietarse ligeramente mientras el mercader tomaba las riendas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La salida estaba preparada.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Del otro lado de las puertas solamente esperaba el bosque, varios kilómetros de niebla y un camino que, hasta hacía apenas unas semanas, nadie había considerado peligroso.</span><br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><ul class="mycode_list"><li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Nombre de la Misión: Escolta de Suministros: El Paso de la Niebla Espesa.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Información de la Misión: Un mercader de herramientas ninja debe cruzar los bosques aledaños a la aldea. Se han reportado bandas de desertores que buscan saquear el cargamento. El objetivo es escoltar el carro y repeler cualquier ataque con fuerza letal si es necesario.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Rango y Tipo de la Misión: Misión Normal - Rango D.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Fecha y Lugar: 2 Verano, Año 150. Pais del Agua - Puertas de la Aldea.<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad de Usuarios: 1 (Shinsei Kaguya).<br />
</span></span><br />
</li>
<li><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad máxima de horas por ronda: 48 horas.</span></span><br />
</li>
</ul>
</blockquote>
]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Capítulo I] Entre la Niebla y las Hojas]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14087</link>
			<pubDate>Mon, 20 Jul 2026 07:51:10 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14087</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Capítulo I] Entre la Niebla y las Hojas</span></span></div>
<br />
Habían pasado varias semanas desde los incidentes que sacudieron Kirigakure. La desaparición del Daibune, el hundimiento de la Plaza de la Fuente, el incendio del Gran Mercado y la tragedia de la isla del norte ya no ocupaban cada conversación, pero sus consecuencias seguían presentes. Ahora, otra noticia recorría públicamente la aldea: Kirigakure adelantaría su reunión anual con la llamada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Gente del Bosque</span>. Su existencia nunca había sido un secreto. Eran una parte importante de la historia de la Niebla y antiguos aliados en la protección de los sellos de chakra. Sin embargo, quiénes eran realmente, dónde vivían y qué había sido de ellos durante el último siglo continuaba siendo un misterio para la mayoría. Hasta el momento, aquella distancia había resultado conveniente para ambas aldeas.<br />
<br />
Como había sido costumbre durante décadas, el encuentro tendría lugar en una pequeña península del País de las Olas. La comunidad que habitaba aquel territorio ofrecía hospedaje, alimento y un terreno neutral a las dos delegaciones durante el tiempo que duraba la reunión, normalmente entre una y dos semanas. A cambio de su hospitalidad, los shinobi de Kirigakure y de la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Gente del Bosque</span> prestaban sus servicios al pueblo: atendían enfermos, reparaban caminos, protegían las costas, escoltaban comerciantes y se ocupaban de cualquier problema que hubiera quedado sin resolver durante el año. No era únicamente una reunión entre líderes...Después de cien años, ahora también era una tradición compartida, construida alrededor de una deuda que ambas aldeas insistían en pagar.<br />
<br />
En la madrugada del día cuarenta y cinco de primavera, los muelles de Kiriminato se encontraban ocupados por una flota considerable. Varios Kiri Daibune esperaban sobre las aguas grises, acompañados por numerosos Kiri Hayate. Marineros, guardias y trabajadores Funato recorrían las pasarelas cargando cajas, asegurando cuerdas y comprobando las embarcaciones por última vez. Después de todo lo ocurrido, ningún navío zarparía sin haber sido revisado más de una vez.<br />
<br />
Las bodegas llevaban alimentos propios de la región, aunque reunirlos había resultado mucho más difícil que en años anteriores. Había pescado salado, arroz, algas, conservas, medicinas y barriles de agua limpia, además de herramientas y materiales destinados a los habitantes del País de las Olas. También transportaban los regalos que exigía la tradición: piezas elaboradas por los artesanos de Kirigakure, telas, y otros objetos preparados para la gente del bosque. La cantidad era menor que en reuniones pasadas, pero cada caja había sido llenada con cuidado. Kirigakure tenía poco que ofrecer aquel año y, aun así, se negaba a presentarse con las manos vacías.<br />
<br />
Los líderes de la aldea habían convocado a algunos de sus mejores shinobi de diferentes rangos para cumplir tareas específicas durante el encuentro. La mayoría de los seleccionados ya había abordado y el cuerpo chūnin se encontraba distribuido entre las embarcaciones. Solo faltaba organizar al cuerpo genin. A medida que los jóvenes llegaban al muelle, eran dirigidos hacia la zona central, donde recibirían sus asignaciones antes de abordar el Daibune principal o alguno de los Hayate reservados para ellos.<br />
<br />
Renjiro Funato, el Mizukage, los esperaba en medio del embarcadero, con el Kiri Daibune y los Hayate destinados a los genin alineados a su espalda. A su derecha se encontraba Masato Heizu, observando las llegadas y revisando una lista de nombres; a su izquierda, Daizen Hoshigaki permanecía con los brazos cruzados, valorando en silencio a cada joven que se aproximaba. El Mizukage no los miró de inmediato. Durante unos segundos mantuvo la vista sobre Kirigakure, visible a la distancia entre los muelles, los tejados y la niebla de la mañana. Tal vez intentaba memorizarla antes de partir. Tal vez se preguntaba cuánto habría cambiado cuando regresaran. Finalmente se volvió hacia los genin y enderezó la postura. <span style="color: #4fc3f7;" class="mycode_color">—Acérquense y formen filas. Se les indicó que no trajeran su protector de la aldea. Si lo hicieron, depositen su protector de la aldea con los chunnin de las puertas. Recibirán sus equipos y responsabilidades antes de partir. No los abran aún. Lean bien el documento que se les dio en su documento oficial....es su responsabilidad saber en qué nave viajará y qué se espera de ustedes durante estas dos semanas.</span><br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Para las reglas del tema se escribió:</cite>1- Este tema solo dura 2 rondas.<br />
2- Participar no es obligatorio. <br />
3- Los que participen, no podrán crear temas en la aldea con fecha del 45 al 60 de Verano.<br />
4- Para participar, deben ser nivel 7 o mayor.</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>144 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Capítulo I] Entre la Niebla y las Hojas</span></span></div>
<br />
Habían pasado varias semanas desde los incidentes que sacudieron Kirigakure. La desaparición del Daibune, el hundimiento de la Plaza de la Fuente, el incendio del Gran Mercado y la tragedia de la isla del norte ya no ocupaban cada conversación, pero sus consecuencias seguían presentes. Ahora, otra noticia recorría públicamente la aldea: Kirigakure adelantaría su reunión anual con la llamada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Gente del Bosque</span>. Su existencia nunca había sido un secreto. Eran una parte importante de la historia de la Niebla y antiguos aliados en la protección de los sellos de chakra. Sin embargo, quiénes eran realmente, dónde vivían y qué había sido de ellos durante el último siglo continuaba siendo un misterio para la mayoría. Hasta el momento, aquella distancia había resultado conveniente para ambas aldeas.<br />
<br />
Como había sido costumbre durante décadas, el encuentro tendría lugar en una pequeña península del País de las Olas. La comunidad que habitaba aquel territorio ofrecía hospedaje, alimento y un terreno neutral a las dos delegaciones durante el tiempo que duraba la reunión, normalmente entre una y dos semanas. A cambio de su hospitalidad, los shinobi de Kirigakure y de la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Gente del Bosque</span> prestaban sus servicios al pueblo: atendían enfermos, reparaban caminos, protegían las costas, escoltaban comerciantes y se ocupaban de cualquier problema que hubiera quedado sin resolver durante el año. No era únicamente una reunión entre líderes...Después de cien años, ahora también era una tradición compartida, construida alrededor de una deuda que ambas aldeas insistían en pagar.<br />
<br />
En la madrugada del día cuarenta y cinco de primavera, los muelles de Kiriminato se encontraban ocupados por una flota considerable. Varios Kiri Daibune esperaban sobre las aguas grises, acompañados por numerosos Kiri Hayate. Marineros, guardias y trabajadores Funato recorrían las pasarelas cargando cajas, asegurando cuerdas y comprobando las embarcaciones por última vez. Después de todo lo ocurrido, ningún navío zarparía sin haber sido revisado más de una vez.<br />
<br />
Las bodegas llevaban alimentos propios de la región, aunque reunirlos había resultado mucho más difícil que en años anteriores. Había pescado salado, arroz, algas, conservas, medicinas y barriles de agua limpia, además de herramientas y materiales destinados a los habitantes del País de las Olas. También transportaban los regalos que exigía la tradición: piezas elaboradas por los artesanos de Kirigakure, telas, y otros objetos preparados para la gente del bosque. La cantidad era menor que en reuniones pasadas, pero cada caja había sido llenada con cuidado. Kirigakure tenía poco que ofrecer aquel año y, aun así, se negaba a presentarse con las manos vacías.<br />
<br />
Los líderes de la aldea habían convocado a algunos de sus mejores shinobi de diferentes rangos para cumplir tareas específicas durante el encuentro. La mayoría de los seleccionados ya había abordado y el cuerpo chūnin se encontraba distribuido entre las embarcaciones. Solo faltaba organizar al cuerpo genin. A medida que los jóvenes llegaban al muelle, eran dirigidos hacia la zona central, donde recibirían sus asignaciones antes de abordar el Daibune principal o alguno de los Hayate reservados para ellos.<br />
<br />
Renjiro Funato, el Mizukage, los esperaba en medio del embarcadero, con el Kiri Daibune y los Hayate destinados a los genin alineados a su espalda. A su derecha se encontraba Masato Heizu, observando las llegadas y revisando una lista de nombres; a su izquierda, Daizen Hoshigaki permanecía con los brazos cruzados, valorando en silencio a cada joven que se aproximaba. El Mizukage no los miró de inmediato. Durante unos segundos mantuvo la vista sobre Kirigakure, visible a la distancia entre los muelles, los tejados y la niebla de la mañana. Tal vez intentaba memorizarla antes de partir. Tal vez se preguntaba cuánto habría cambiado cuando regresaran. Finalmente se volvió hacia los genin y enderezó la postura. <span style="color: #4fc3f7;" class="mycode_color">—Acérquense y formen filas. Se les indicó que no trajeran su protector de la aldea. Si lo hicieron, depositen su protector de la aldea con los chunnin de las puertas. Recibirán sus equipos y responsabilidades antes de partir. No los abran aún. Lean bien el documento que se les dio en su documento oficial....es su responsabilidad saber en qué nave viajará y qué se espera de ustedes durante estas dos semanas.</span><br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Para las reglas del tema se escribió:</cite>1- Este tema solo dura 2 rondas.<br />
2- Participar no es obligatorio. <br />
3- Los que participen, no podrán crear temas en la aldea con fecha del 45 al 60 de Verano.<br />
4- Para participar, deben ser nivel 7 o mayor.</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>144 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Entradas y Salidas de Kishue]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13555</link>
			<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 11:04:18 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=755">Kishue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13555</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">68 de Verano 150</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Puertas de Kirigakure</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Inicio de una aventura, su primera misión y es afuera de la aldea, lo que es tener contacto con una señora de alto cargo y encima estricta. Para Kishue es una aventura bastante ansiada pues aún no conoce el verdadero peligro de las afueras de las puertas de la aldea y de los peligros del mundo. Kishue es aún demasiado joven e inexperto para sentir el peligro, pero definitivamente un viaje de estos le servirá para ganar esa experiencia que necesita. Pero esta vez no viajaría solo, al menos no el camino de ida, pues qué hace un niño caminando hacia otro país, no, en la puerta lo espera una caravana mercante que va hacia el país de las olas, y las riendas lo lleva un señor en sus 60 años con vasta experiencia en viajes, para él sería como llevar un escolta gratuita, para Kishue es un taxi, ambos felices.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Miyamoto es el nombre del señor y su avanzada edad indica la experiencia que tiene viajando por estos rumbos, seguramente se sabe el camino y los peligros como el revés de su mano, mientras tanto lo acompañaría un pequeño de 12 años que no ha viajado en su vida, el contraste más curioso, bien podría hacerse pasar por su nieto en lugar de un escolta y de ser así seguramente se quejaría con la aldea por enviar a una criatura de ese tamaño. ¿Acaso la seguridad del aldeano es un chiste? Realmente no, pues a su edad ya es un ninja, un militar, una persona capaz de proteger. Pero esa no era la misión en todo caso, Kishue estaba allí para viajar y el señor estaba allí para acompañar al muchacho, ninguno tiene la misión o el trabajo en manos, al menos el viaje en sí no lo es.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Buenos días Miyamoto-san, mi nombre es Kishue y soy un ninja de la aldea, soy el que te acompañará en el viaje, gracias por aceptar llevarme con usted.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Jovencito, no estás muy pequeño para ser un ninja? Y viajar por tu cuenta a otro país.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Ya tengo la madurez para viajar y para cuidarme, llevé mi entrenamiento y me gradué, la banda indica mi capacidad, señor, no se preocupe.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, no es mi intención dudar de sus capacidades muchacho, solo fue curiosidad. Si estás listo podemos empezar. ¿Estás preparado?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Si, señor, gracias de nuevo por compartir su vehículo conmigo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No hay de qué, muchacho, gracias a usted por acompañarme, es más entretenido viajar acompañado que solo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kishue asintió y luego subió a la caravana con cuidado para sentarse al lado del señor y este azotó las riendas para dar inicio al viaje. El señor de avanzada edad viste un impermeable con capucha color gris que lo tapa del frío y la lluvia del viaje para viajar con comodidad y resguardado, a pesar del clima del país del agua, sus botas de hule y sus guantes para mantener su cuerpo completamente seco, incluso lleva una tela que tapa su nariz y unos lentes para poder viajar sin que las gotas de lluvia empapen su rostro ni moleste a su vista con el avanzar del carro. Kishue por otro lado viste con un cortavientos impermeable que mantiene su cuerpo seco pero sin entorpecer sus movimientos, un pantalón que llega hasta sus tobillos de color negro de cuero impermeable y sandalias, unos guantes negros y la banda en la cintura como el cinturón de su pantalón, mojarse no le molesta y está entrenado para aguantar las ofensivas de la naturaleza lluviosa del país del agua, no hace falta tantos preparativos de vestimenta. En su cuello cuelga un cristal lleno de agua con un pez espada del tamaño de un dedo nadando.<br />
<br />
El destino del viaje, País de las Olas.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">68 de Verano 150</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Puertas de Kirigakure</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Inicio de una aventura, su primera misión y es afuera de la aldea, lo que es tener contacto con una señora de alto cargo y encima estricta. Para Kishue es una aventura bastante ansiada pues aún no conoce el verdadero peligro de las afueras de las puertas de la aldea y de los peligros del mundo. Kishue es aún demasiado joven e inexperto para sentir el peligro, pero definitivamente un viaje de estos le servirá para ganar esa experiencia que necesita. Pero esta vez no viajaría solo, al menos no el camino de ida, pues qué hace un niño caminando hacia otro país, no, en la puerta lo espera una caravana mercante que va hacia el país de las olas, y las riendas lo lleva un señor en sus 60 años con vasta experiencia en viajes, para él sería como llevar un escolta gratuita, para Kishue es un taxi, ambos felices.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Miyamoto es el nombre del señor y su avanzada edad indica la experiencia que tiene viajando por estos rumbos, seguramente se sabe el camino y los peligros como el revés de su mano, mientras tanto lo acompañaría un pequeño de 12 años que no ha viajado en su vida, el contraste más curioso, bien podría hacerse pasar por su nieto en lugar de un escolta y de ser así seguramente se quejaría con la aldea por enviar a una criatura de ese tamaño. ¿Acaso la seguridad del aldeano es un chiste? Realmente no, pues a su edad ya es un ninja, un militar, una persona capaz de proteger. Pero esa no era la misión en todo caso, Kishue estaba allí para viajar y el señor estaba allí para acompañar al muchacho, ninguno tiene la misión o el trabajo en manos, al menos el viaje en sí no lo es.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Buenos días Miyamoto-san, mi nombre es Kishue y soy un ninja de la aldea, soy el que te acompañará en el viaje, gracias por aceptar llevarme con usted.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Jovencito, no estás muy pequeño para ser un ninja? Y viajar por tu cuenta a otro país.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Ya tengo la madurez para viajar y para cuidarme, llevé mi entrenamiento y me gradué, la banda indica mi capacidad, señor, no se preocupe.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bueno, no es mi intención dudar de sus capacidades muchacho, solo fue curiosidad. Si estás listo podemos empezar. ¿Estás preparado?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Si, señor, gracias de nuevo por compartir su vehículo conmigo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">No hay de qué, muchacho, gracias a usted por acompañarme, es más entretenido viajar acompañado que solo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Kishue asintió y luego subió a la caravana con cuidado para sentarse al lado del señor y este azotó las riendas para dar inicio al viaje. El señor de avanzada edad viste un impermeable con capucha color gris que lo tapa del frío y la lluvia del viaje para viajar con comodidad y resguardado, a pesar del clima del país del agua, sus botas de hule y sus guantes para mantener su cuerpo completamente seco, incluso lleva una tela que tapa su nariz y unos lentes para poder viajar sin que las gotas de lluvia empapen su rostro ni moleste a su vista con el avanzar del carro. Kishue por otro lado viste con un cortavientos impermeable que mantiene su cuerpo seco pero sin entorpecer sus movimientos, un pantalón que llega hasta sus tobillos de color negro de cuero impermeable y sandalias, unos guantes negros y la banda en la cintura como el cinturón de su pantalón, mojarse no le molesta y está entrenado para aguantar las ofensivas de la naturaleza lluviosa del país del agua, no hace falta tantos preparativos de vestimenta. En su cuello cuelga un cristal lleno de agua con un pez espada del tamaño de un dedo nadando.<br />
<br />
El destino del viaje, País de las Olas.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[GTFO! (Salida) ((Pasado))]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13093</link>
			<pubDate>Sat, 01 Jun 2024 03:23:56 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=504">Relincho</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13093</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Levántate, estúpido caballo</span></span>" pensó para sí mismo, Relincho.<br />
<br />
Había muchas ocasiones en las Relincho no podía funcionar por sí mismo. Necesitaba, muy amenudo, la voz de alguien que lo motivara a actuar, a despertarse todos los días y a ser una persona responsable y con actitud. Esa voz era la de su yo interior.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Para qué sirves? ¿Estás fabricando una futura casa a los gusanos que te comerán cuando mueras?</span></span>" se dijo. "<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venga, ve a desayunar</span></span>".<br />
<br />
Aquel día sentía que no era uno de esos días en los que uno puede estar radiante y sentir de una manera casi tangible el porqué están vivos. Era más bien al revés. Relincho consiguió desayunar en su casa. Pero lo único que comió fue una longaniza seca del día anterior.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Eso no es un desayuno. Es un trozo de carne seguramente pasado</span></span>" se dijo. "<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Levántate y hazte un buen desayuno. Una vez lo hagas, el día empezará a ir a mejor</span></span>".<br />
<br />
Relincho volvió a comer otro trozo de longaniza.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me lo puedo creer, idiota</span></span>".<br />
<br />
Al poco rato, Relincho había conseguido salir de casa. Era de aquellos extraños días en los que no tenía una misión asignada, pero en los que debería ponerse a buscar una. O eso, o estaría condenado a desayunar la misma longaniza el resto de su vida. Si podía trabajar, al menos podría permitirse una mejora en el desayuno. Quién sabe, quizá una loganiza nueva.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venga, es hora de ir al centro de misiones. Y conseguir algo. Haz de tu vida algo importante, trozo de mierda</span></span>" se dijo amablemente.<br />
<br />
Cuando se quiso dar cuenta, Relincho estaba en la puerta de Kirigakure, listo para salir a alguna zona lejos de la villa. Una vez allí, Relincho respiró profundamente.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reflexionemos. Parémonos un instante a pensar. Hoy es uno de esos días malos. Pero no pensemos que por eso hemos perdido el día. Aun estamos a tiempo de encauzarlo, de hacer algo productivo. Una vez hayamos superado un bache como este, tendremos un subidón de energía que nos hará pensar que podemos con todo. Son estos momentos difíciles los que nos definen. Venga, démonos la vuelta, y demostremos al mundo por qué somos unos ninjas</span></span>" se dijo mentalmente.<br />
<br />
Al instante, Relincho dio un paso adelante. Se había marchado de la villa.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Idiota</span></span>" pensó.</div>
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Apuntes'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Apuntes'; }">Apuntes</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
Relincho se marcha a la <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Isla del Oeste</span>.<br />
Estará solo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1 día</span>.<br />
Se va por <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">visitarla</span>, simplemente.<br />
Destino: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13094&amp;pid=20049#pid20049" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://shinobigaiden.net/showthread.php...9#pid20049</a> </div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Levántate, estúpido caballo</span></span>" pensó para sí mismo, Relincho.<br />
<br />
Había muchas ocasiones en las Relincho no podía funcionar por sí mismo. Necesitaba, muy amenudo, la voz de alguien que lo motivara a actuar, a despertarse todos los días y a ser una persona responsable y con actitud. Esa voz era la de su yo interior.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Para qué sirves? ¿Estás fabricando una futura casa a los gusanos que te comerán cuando mueras?</span></span>" se dijo. "<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venga, ve a desayunar</span></span>".<br />
<br />
Aquel día sentía que no era uno de esos días en los que uno puede estar radiante y sentir de una manera casi tangible el porqué están vivos. Era más bien al revés. Relincho consiguió desayunar en su casa. Pero lo único que comió fue una longaniza seca del día anterior.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Eso no es un desayuno. Es un trozo de carne seguramente pasado</span></span>" se dijo. "<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Levántate y hazte un buen desayuno. Una vez lo hagas, el día empezará a ir a mejor</span></span>".<br />
<br />
Relincho volvió a comer otro trozo de longaniza.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me lo puedo creer, idiota</span></span>".<br />
<br />
Al poco rato, Relincho había conseguido salir de casa. Era de aquellos extraños días en los que no tenía una misión asignada, pero en los que debería ponerse a buscar una. O eso, o estaría condenado a desayunar la misma longaniza el resto de su vida. Si podía trabajar, al menos podría permitirse una mejora en el desayuno. Quién sabe, quizá una loganiza nueva.<br />
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"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Venga, es hora de ir al centro de misiones. Y conseguir algo. Haz de tu vida algo importante, trozo de mierda</span></span>" se dijo amablemente.<br />
<br />
Cuando se quiso dar cuenta, Relincho estaba en la puerta de Kirigakure, listo para salir a alguna zona lejos de la villa. Una vez allí, Relincho respiró profundamente.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reflexionemos. Parémonos un instante a pensar. Hoy es uno de esos días malos. Pero no pensemos que por eso hemos perdido el día. Aun estamos a tiempo de encauzarlo, de hacer algo productivo. Una vez hayamos superado un bache como este, tendremos un subidón de energía que nos hará pensar que podemos con todo. Son estos momentos difíciles los que nos definen. Venga, démonos la vuelta, y demostremos al mundo por qué somos unos ninjas</span></span>" se dijo mentalmente.<br />
<br />
Al instante, Relincho dio un paso adelante. Se había marchado de la villa.<br />
<br />
"<span style="color: #E82A1F;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Idiota</span></span>" pensó.</div>
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<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Apuntes'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Apuntes'; }">Apuntes</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
Relincho se marcha a la <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Isla del Oeste</span>.<br />
Estará solo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1 día</span>.<br />
Se va por <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">visitarla</span>, simplemente.<br />
Destino: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13094&amp;pid=20049#pid20049" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://shinobigaiden.net/showthread.php...9#pid20049</a> </div>
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