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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Puertas de la Aldea]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 12:26:07 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Auto-narrada] Misión rango D — Cadena de  Suministro]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15068</link>
			<pubDate>Tue, 06 Oct 2026 12:09:34 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=873">Tokuma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15068</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15062" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Peitición de misión.</a><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 50 del Verano del Año 150, 11:12 horas. Puertas de la Aldea, Konohagakure no Sato.</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El cielo abrió sus puertas y se olvidó de donde había colocado la llave. Sí bien era cierto que los veranos en el País del Fuego eran placenteros y calurosos, había ocasiones donde la humedad aumentaba desproporcionadamente causando lo inevitable: un día de lluvia. Ese era el día que tocaba para la misión de hoy, y Tokuma la confirmó cuando salió de su casa y encontró un diluvio donde el pronóstico había prometido un día nublado.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Por suerte para el joven shinobi sus botas típicas de cuero negro eran a prueba de agua, por lo que basto con que utilizara un pantalón largo que cubriera la parte superior del calzado para prevenir que el agua entrase dentro ellas. Dicho pantalón de color verde olivo era sujetado a nivel de la cintura por un cinturón de cuero negro, y en cada costado tenía una pequeña colección de bolsillos. En la parte superior de su cuerpo ocupaba una camiseta ajustada, de manga corta, y de color blanco. La bandana ninja, que también era de color blanco, símbolo de su estatus como militar activo, la poseía amarrada en la frente. Su pelo tapaba gran parte del logo de la aldea, pero no bloqueaba su fácil identificación. Más importante aún era lo que utilizaba para cubrirse de la lluvia; un poncho color amarillo de cuerpo completo y con gorro.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El agua caía en cortinas espesas sobre la zona comercial, y los toldos de los puestos cerrados se hundían bajo el peso de pequeños lagos. A pesar de la lluvia, el aire seguía sofocante. El calor del verano se negaba a retirarse del todo y la humedad le pegaba la ropa al cuerpo, de modo que era imposible saber qué parte de lo que le recorría el rostro era sudor y qué parte era agua.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El depósito militar quedaba al final de una calle lateral, un edificio bajo de piedra gris con un portón de hierro entreabierto. Dentro esperaba un hombre rechoncho de bigote cano y chaleco ajustado, con una tablilla en la mano y la expresión de quien ha pasado la vida contando cosas que otros rompen.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Nanahoshi, supongo.</span></span> — El intendente Okabe ni siquiera levantó la vista. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Catorce cajas, cinco kilómetros hasta la puerta. Esta es la carreta.</span></span> — Señaló con el lápiz un armatoste de madera con dos ruedas altas y un mango largo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color"> Y ese es Yuu, tu apoyo. </span></span>— Aquel día el ojiazul había sido contratado por la misma aldea para llevar armamento desde una bodega en la zona comercial hasta las puertas de la aldea.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Un chico de unos doce años, genin recién graduado, asomó la cabeza desde detrás de una pila de lonas. Tenía el pelo pegado a la frente y una sonrisa que le ocupaba media cara.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">¡Voy a ayudarte con todo! ¡Y si algo se rompe, lo arreglo!</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Nada se va a romper. </span></span>— Okabe lo fulminó con la mirada y volvió a Tokuma. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Cada caja tiene su etiqueta. Kunais, shurikens, katanas, flechas, balas de cañón. Las pesadas abajo, las livianas arriba. Y esta... </span></span>— Dio un golpecito a una caja pequeña, sellada con cera roja. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Sellos explosivos. Se mojan, y no sirven para nada. Con lo que cuestan, prefiero que se pierda un brazo antes que esa caja.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Entendido.</span></span> — Fue todo lo que dijo Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las instrucciones eran simples, quizás la lluvia complicaría parte del trabajo, pero aun así se trataba de una misión con un índice de importancia militar, por lo que no se quejaría. Lo que si le causaba un poco de incomodidad era la actitud positiva de Yuu. Esperaba no tener que discutir con alguien mucho más joven que él.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cargaron durante cuarenta minutos. Tokuma levantó las cajas más pesadas sin quejarse, con los hombros ardiendo y las manos resbalando sobre la madera húmeda, mientras Yuu cubría cada capa con lonas enceradas y las aseguraba con cuerdas, hablando sin parar de lo mucho que había estudiado para el examen de genin. Tokuma escuchaba la mitad y respondía con monosílabos, y aun así el chico no se desanimaba.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Colocó la caja roja en el centro, rodeada por las demás, y la envolvió con una segunda lona. Pasó la mano por encima para asegurarse de que no hubiera ni una rendija. Después tomó el mango de la carreta y empujó.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las ruedas gimieron y el carro se movió.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las calles de la zona comercial se habían convertido en ríos de lodo. Tokuma caminaba con la cabeza baja, los pies hundidos hasta los tobillos y los músculos tensos. Yuu iba a su lado empujando una de las ruedas cuando el terreno lo exigía, con el agua escurriéndole por la barbilla y la sonrisa algo menos brillante que al principio.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Esta es la peor lluvia de la temporada, ¿no? </span></span>— Preguntó el chico.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Si, creo que no ha parado de llover desde las seis de la mañana.</span></span> — Respondió Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">A mitad de camino, justo donde la calle comenzaba a inclinarse hacia el cruce del mercado viejo, se oyó un crujido seco. La carreta se inclinó violentamente hacia la derecha y Tokuma, que sostenía el mango, sintió el peso desplazarse como una bestia que cae. Plantó los pies, apretó los dientes y detuvo el carro con todo el cuerpo antes de que la carga se volcara.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">¡La rueda! </span></span>— Gritó Yuu.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma ya lo había visto. Dos de los radios de la rueda derecha estaban partidos, y la llanta de madera colgaba medio desencajada. La lona se había deslizado y un hilo de agua corría directamente hacia la caja roja.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Reaccionó sin pensarlo. Se quitó el poncho con un tirón, lo extendió sobre el hueco expuesto y lo sostuvo con su propio pecho, inclinado sobre la carga como una barrera viva. La lluvia le golpeaba la nuca, la espalda, los hombros.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Yuu.</span></span> — Su voz salió firme y baja. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Busca un lugar techado. Ahora.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">No solo estaban en riesgos los sellos explosivos, sino que, de caerse la carga, todas cajas caerían al suelo con la fuerza necesaria para romperse exponiendo las armas a la lluvia y el lodo. Peor aún, tendría que rearmar las cajas y reorganizar todo el equipamiento militar bajo aquellas condiciones. Eso le tomaría horas, poniendo en riesgo la misión y muy probablemente causando la furia de sus superiores.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El chico echó a correr sin hacer preguntas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Regresó en menos de dos minutos, acompañado de una anciana pequeña y encorvada que se cubría con un paraguas de papel aceitado. Se llamaba Kuroda, y su taller de carretas estaba a media cuadra, con un alero ancho bajo el cual cabían tres vehículos.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Súbanla aquí, rápido.</span></span> — Dijo la anciana, mirando la rueda con ojo de experta. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Radios partidos y la llanta floja. Tengo tablas y hierro, pero no tengo manos. Las mías ya no sirven para esto.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma no tuvo que oírlo dos veces. Empujó la carreta bajo el alero con Yuu detrás, y en cuanto estuvo a cubierto, destapó la caja roja y la revisó con los dedos, buscando cualquier rastro de humedad. Seca. Respiró despacio y sintió que algo se le aflojaba dentro del pecho, aunque su rostro siguió igual de quieto.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La señora Kuroda le entregó un martillo, una sierra pequeña, clavos largos y un fleje de hierro. Le dio instrucciones sin sentarse, con el bastón señalando cada pieza.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Saca la rueda completa. Corta dos radios nuevos de esa tabla de roble, afílalos en la punta y encájalos en el cubo. Después ajusta el fleje alrededor de la llanta y remácha las puntas. Si queda floja, se va a soltar antes de llegar al puente.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Cuánto tiempo tengo?</span></span> — Preguntó Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">El que tarde en parar la lluvia.</span></span> — Respondió ella con una media sonrisa. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Que, según el cielo, es nunca.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Trabajó durante casi una hora. Levantó la carreta con un gato improvisado, retiró la rueda, cortó la madera con precisión, afiló, encajó, golpeó. Cada martillazo resonaba bajo el alero junto con el tamborileo constante del agua. Yuu le alcanzaba las herramientas y sostenía las piezas, y en un momento, sin que nadie se lo pidiera, se quitó su propia chaqueta y la colocó sobre la caja de las flechas para evitar las goteras del techo viejo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Gracias.</span></span> — Dijo Tokuma sin levantar la vista del fleje.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El chico se quedó callado un segundo, sorprendido, y después sonrió sin decir nada más.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Quizás el optimismo del novato le pareció impasable al principio, pero dicha energía positiva era lo que estaba facilitando lo que esperaba fuera la porción más difícil de la misión. Yuu parecía ser alguien que todavía conservaba gran parte de su inocencia y Tokuma sentía hasta pena al saber que algún día algo cambiaría para siempre la buena fe el genin.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando terminó, la señora Kuroda pasó la mano sobre la llanta, la golpeó con los nudillos y asintió.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Aguantará.</span></span> — Dijo. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No es perfecta, pero aguantará.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma se inclinó con una cortesía breve, sacó de su bolsillo unas moneda y la dejó sobre el banco de trabajo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No hace falta.</span></span> — Protestó la anciana.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Por las tablas. </span></span>— Respondió él, y no añadió más.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Retomaron el camino cerca del mediodía. La lluvia había arreciado y los charcos ya ocupaban cada calle, pero la rueda giraba pareja y la carga permanecía seca. En el cruce del mercado viejo, un arroyo improvisado cruzaba la calzada con una corriente que le llegaba a las pantorrillas. Tokuma midió la profundidad con un pie, calculó la fuerza del agua y decidió cruzar despacio, con Yuu empujando desde atrás y él tirando desde el frente, los músculos de los antebrazos duros como cuerdas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La carreta se estremeció, el agua golpeó las ruedas y por un instante pareció que la corriente se llevaría la carga. Pero la rueda nueva resistió y las lonas aguantaron.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Al otro lado se detuvo a recuperar el aliento. Estaba empapado hasta los huesos, con los dedos rojos de tanto apretar y la camisa pegada al cuerpo. Miró a Yuu, que respiraba entrecortado con las manos en las rodillas y una expresión de agotamiento y orgullo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Falta poco.</span></span> — Dijo Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando las murallas de Konoha asomaron entre la lluvia, eran casi las dos de la tarde. La puerta se alzaba enorme, con sus torres de vigilancia y sus guardias inmóviles bajo capas de lluvia. Un capitán de rostro severo, de nombre Daigo, salió a recibirlos, acompañado de dos soldados con linternas y una tablilla idéntica a la de Okabe.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Revisaron las etiquetas una por una. Kunais, shurikens, katanas, flechas, balas de cañón, todo en orden. Al llegar a la caja roja, el capitán rompió el sello de cera, levantó la tapa y pasó la mano sobre los pergaminos. Estaban secos, perfectos.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Buen trabajo.</span></span> — Dijo Daigo, y por primera vez sus ojos se suavizaron. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No muchos habrían traído esto intacto con este clima.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Yuu ayudó bastante.</span></span> — Dijo Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El chico enrojeció hasta las orejas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Recibió el sobre de la misión con ambas manos. Pesaba más de lo esperado, y eso, para él, significaba un turno menos de lavandería para su madre. Lo guardó en el bolsillo interior de la camisa mojada, se aseguró de que ningún rincón estuviera expuesto al agua y se despidió con un gesto de cabeza.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dio la vuelta bajo la lluvia, sin apuro, con el rostro limpio de sudor por primera vez en el día. Detrás de él, la puerta de la aldea quedaba custodiada y abastecida, tal como debía ser.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15062" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Peitición de misión.</a><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 50 del Verano del Año 150, 11:12 horas. Puertas de la Aldea, Konohagakure no Sato.</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El cielo abrió sus puertas y se olvidó de donde había colocado la llave. Sí bien era cierto que los veranos en el País del Fuego eran placenteros y calurosos, había ocasiones donde la humedad aumentaba desproporcionadamente causando lo inevitable: un día de lluvia. Ese era el día que tocaba para la misión de hoy, y Tokuma la confirmó cuando salió de su casa y encontró un diluvio donde el pronóstico había prometido un día nublado.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Por suerte para el joven shinobi sus botas típicas de cuero negro eran a prueba de agua, por lo que basto con que utilizara un pantalón largo que cubriera la parte superior del calzado para prevenir que el agua entrase dentro ellas. Dicho pantalón de color verde olivo era sujetado a nivel de la cintura por un cinturón de cuero negro, y en cada costado tenía una pequeña colección de bolsillos. En la parte superior de su cuerpo ocupaba una camiseta ajustada, de manga corta, y de color blanco. La bandana ninja, que también era de color blanco, símbolo de su estatus como militar activo, la poseía amarrada en la frente. Su pelo tapaba gran parte del logo de la aldea, pero no bloqueaba su fácil identificación. Más importante aún era lo que utilizaba para cubrirse de la lluvia; un poncho color amarillo de cuerpo completo y con gorro.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El agua caía en cortinas espesas sobre la zona comercial, y los toldos de los puestos cerrados se hundían bajo el peso de pequeños lagos. A pesar de la lluvia, el aire seguía sofocante. El calor del verano se negaba a retirarse del todo y la humedad le pegaba la ropa al cuerpo, de modo que era imposible saber qué parte de lo que le recorría el rostro era sudor y qué parte era agua.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El depósito militar quedaba al final de una calle lateral, un edificio bajo de piedra gris con un portón de hierro entreabierto. Dentro esperaba un hombre rechoncho de bigote cano y chaleco ajustado, con una tablilla en la mano y la expresión de quien ha pasado la vida contando cosas que otros rompen.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Nanahoshi, supongo.</span></span> — El intendente Okabe ni siquiera levantó la vista. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Catorce cajas, cinco kilómetros hasta la puerta. Esta es la carreta.</span></span> — Señaló con el lápiz un armatoste de madera con dos ruedas altas y un mango largo. —<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color"> Y ese es Yuu, tu apoyo. </span></span>— Aquel día el ojiazul había sido contratado por la misma aldea para llevar armamento desde una bodega en la zona comercial hasta las puertas de la aldea.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Un chico de unos doce años, genin recién graduado, asomó la cabeza desde detrás de una pila de lonas. Tenía el pelo pegado a la frente y una sonrisa que le ocupaba media cara.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">¡Voy a ayudarte con todo! ¡Y si algo se rompe, lo arreglo!</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Nada se va a romper. </span></span>— Okabe lo fulminó con la mirada y volvió a Tokuma. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Cada caja tiene su etiqueta. Kunais, shurikens, katanas, flechas, balas de cañón. Las pesadas abajo, las livianas arriba. Y esta... </span></span>— Dio un golpecito a una caja pequeña, sellada con cera roja. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">Sellos explosivos. Se mojan, y no sirven para nada. Con lo que cuestan, prefiero que se pierda un brazo antes que esa caja.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Entendido.</span></span> — Fue todo lo que dijo Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las instrucciones eran simples, quizás la lluvia complicaría parte del trabajo, pero aun así se trataba de una misión con un índice de importancia militar, por lo que no se quejaría. Lo que si le causaba un poco de incomodidad era la actitud positiva de Yuu. Esperaba no tener que discutir con alguien mucho más joven que él.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cargaron durante cuarenta minutos. Tokuma levantó las cajas más pesadas sin quejarse, con los hombros ardiendo y las manos resbalando sobre la madera húmeda, mientras Yuu cubría cada capa con lonas enceradas y las aseguraba con cuerdas, hablando sin parar de lo mucho que había estudiado para el examen de genin. Tokuma escuchaba la mitad y respondía con monosílabos, y aun así el chico no se desanimaba.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Colocó la caja roja en el centro, rodeada por las demás, y la envolvió con una segunda lona. Pasó la mano por encima para asegurarse de que no hubiera ni una rendija. Después tomó el mango de la carreta y empujó.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las ruedas gimieron y el carro se movió.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Las calles de la zona comercial se habían convertido en ríos de lodo. Tokuma caminaba con la cabeza baja, los pies hundidos hasta los tobillos y los músculos tensos. Yuu iba a su lado empujando una de las ruedas cuando el terreno lo exigía, con el agua escurriéndole por la barbilla y la sonrisa algo menos brillante que al principio.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Esta es la peor lluvia de la temporada, ¿no? </span></span>— Preguntó el chico.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Si, creo que no ha parado de llover desde las seis de la mañana.</span></span> — Respondió Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">A mitad de camino, justo donde la calle comenzaba a inclinarse hacia el cruce del mercado viejo, se oyó un crujido seco. La carreta se inclinó violentamente hacia la derecha y Tokuma, que sostenía el mango, sintió el peso desplazarse como una bestia que cae. Plantó los pies, apretó los dientes y detuvo el carro con todo el cuerpo antes de que la carga se volcara.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">¡La rueda! </span></span>— Gritó Yuu.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma ya lo había visto. Dos de los radios de la rueda derecha estaban partidos, y la llanta de madera colgaba medio desencajada. La lona se había deslizado y un hilo de agua corría directamente hacia la caja roja.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Reaccionó sin pensarlo. Se quitó el poncho con un tirón, lo extendió sobre el hueco expuesto y lo sostuvo con su propio pecho, inclinado sobre la carga como una barrera viva. La lluvia le golpeaba la nuca, la espalda, los hombros.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Yuu.</span></span> — Su voz salió firme y baja. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Busca un lugar techado. Ahora.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">No solo estaban en riesgos los sellos explosivos, sino que, de caerse la carga, todas cajas caerían al suelo con la fuerza necesaria para romperse exponiendo las armas a la lluvia y el lodo. Peor aún, tendría que rearmar las cajas y reorganizar todo el equipamiento militar bajo aquellas condiciones. Eso le tomaría horas, poniendo en riesgo la misión y muy probablemente causando la furia de sus superiores.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El chico echó a correr sin hacer preguntas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Regresó en menos de dos minutos, acompañado de una anciana pequeña y encorvada que se cubría con un paraguas de papel aceitado. Se llamaba Kuroda, y su taller de carretas estaba a media cuadra, con un alero ancho bajo el cual cabían tres vehículos.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Súbanla aquí, rápido.</span></span> — Dijo la anciana, mirando la rueda con ojo de experta. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Radios partidos y la llanta floja. Tengo tablas y hierro, pero no tengo manos. Las mías ya no sirven para esto.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma no tuvo que oírlo dos veces. Empujó la carreta bajo el alero con Yuu detrás, y en cuanto estuvo a cubierto, destapó la caja roja y la revisó con los dedos, buscando cualquier rastro de humedad. Seca. Respiró despacio y sintió que algo se le aflojaba dentro del pecho, aunque su rostro siguió igual de quieto.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La señora Kuroda le entregó un martillo, una sierra pequeña, clavos largos y un fleje de hierro. Le dio instrucciones sin sentarse, con el bastón señalando cada pieza.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Saca la rueda completa. Corta dos radios nuevos de esa tabla de roble, afílalos en la punta y encájalos en el cubo. Después ajusta el fleje alrededor de la llanta y remácha las puntas. Si queda floja, se va a soltar antes de llegar al puente.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Cuánto tiempo tengo?</span></span> — Preguntó Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">El que tarde en parar la lluvia.</span></span> — Respondió ella con una media sonrisa. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Que, según el cielo, es nunca.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Trabajó durante casi una hora. Levantó la carreta con un gato improvisado, retiró la rueda, cortó la madera con precisión, afiló, encajó, golpeó. Cada martillazo resonaba bajo el alero junto con el tamborileo constante del agua. Yuu le alcanzaba las herramientas y sostenía las piezas, y en un momento, sin que nadie se lo pidiera, se quitó su propia chaqueta y la colocó sobre la caja de las flechas para evitar las goteras del techo viejo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Gracias.</span></span> — Dijo Tokuma sin levantar la vista del fleje.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El chico se quedó callado un segundo, sorprendido, y después sonrió sin decir nada más.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Quizás el optimismo del novato le pareció impasable al principio, pero dicha energía positiva era lo que estaba facilitando lo que esperaba fuera la porción más difícil de la misión. Yuu parecía ser alguien que todavía conservaba gran parte de su inocencia y Tokuma sentía hasta pena al saber que algún día algo cambiaría para siempre la buena fe el genin.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando terminó, la señora Kuroda pasó la mano sobre la llanta, la golpeó con los nudillos y asintió.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">Aguantará.</span></span> — Dijo. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No es perfecta, pero aguantará.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma se inclinó con una cortesía breve, sacó de su bolsillo unas moneda y la dejó sobre el banco de trabajo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">No hace falta.</span></span> — Protestó la anciana.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Por las tablas. </span></span>— Respondió él, y no añadió más.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Retomaron el camino cerca del mediodía. La lluvia había arreciado y los charcos ya ocupaban cada calle, pero la rueda giraba pareja y la carga permanecía seca. En el cruce del mercado viejo, un arroyo improvisado cruzaba la calzada con una corriente que le llegaba a las pantorrillas. Tokuma midió la profundidad con un pie, calculó la fuerza del agua y decidió cruzar despacio, con Yuu empujando desde atrás y él tirando desde el frente, los músculos de los antebrazos duros como cuerdas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La carreta se estremeció, el agua golpeó las ruedas y por un instante pareció que la corriente se llevaría la carga. Pero la rueda nueva resistió y las lonas aguantaron.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Al otro lado se detuvo a recuperar el aliento. Estaba empapado hasta los huesos, con los dedos rojos de tanto apretar y la camisa pegada al cuerpo. Miró a Yuu, que respiraba entrecortado con las manos en las rodillas y una expresión de agotamiento y orgullo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Falta poco.</span></span> — Dijo Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando las murallas de Konoha asomaron entre la lluvia, eran casi las dos de la tarde. La puerta se alzaba enorme, con sus torres de vigilancia y sus guardias inmóviles bajo capas de lluvia. Un capitán de rostro severo, de nombre Daigo, salió a recibirlos, acompañado de dos soldados con linternas y una tablilla idéntica a la de Okabe.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Revisaron las etiquetas una por una. Kunais, shurikens, katanas, flechas, balas de cañón, todo en orden. Al llegar a la caja roja, el capitán rompió el sello de cera, levantó la tapa y pasó la mano sobre los pergaminos. Estaban secos, perfectos.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Buen trabajo.</span></span> — Dijo Daigo, y por primera vez sus ojos se suavizaron. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">No muchos habrían traído esto intacto con este clima.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Yuu ayudó bastante.</span></span> — Dijo Tokuma.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El chico enrojeció hasta las orejas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Recibió el sobre de la misión con ambas manos. Pesaba más de lo esperado, y eso, para él, significaba un turno menos de lavandería para su madre. Lo guardó en el bolsillo interior de la camisa mojada, se aseguró de que ningún rincón estuviera expuesto al agua y se despidió con un gesto de cabeza.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dio la vuelta bajo la lluvia, sin apuro, con el rostro limpio de sudor por primera vez en el día. Detrás de él, la puerta de la aldea quedaba custodiada y abastecida, tal como debía ser.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango C Autonarrada] Mercancía extraviada]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15046</link>
			<pubDate>Sun, 04 Oct 2026 14:06:41 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15046</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C Autonarrada] Mercancía extraviada</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15036&amp;pid=29688#pid29688" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 01 del Otoño del Año 150 - Konohagakure, Puertas de la Aldea.</span><br />
<br />
Las puertas de Konohagakure permanecían en constante movimiento: comerciantes entrando con carros, viajeros esperando sus controles, shinobi cruzando en ambas direcciones y trabajadores descargando mercancía. Kuroto apenas llevaba unos minutos allí cuando localizó al hombre que había presentado la denuncia. No fue difícil reconocerlo.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Os digo que estaban ahí! ¡Las descargamos esta mañana!</span><br />
<br />
El comerciante discutía con dos trabajadores junto a un carro casi vacío. A su alrededor permanecían varias cajas colocadas de forma irregular sobre el suelo, algunas todavía sin abrir, mientras uno de los encargados de las puertas trataba de mantener cierta calma. Kuroto se aproximó sin demasiada prisa.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Tú eres el propietario de la mercancía?</span><br />
<br />
El hombre se giró inmediatamente.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Sí. ¿Vienes por lo de las cajas?</span><br />
<br />
Kuroto asintió.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Cuéntame qué ha pasado.</span><br />
<br />
El comerciante respiró profundamente antes de señalar hacia el carro.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Llegamos esta mañana. Había bastante gente entrando y tuvimos que esperar aquí mientras revisaban la documentación. Empezamos a descargar porque parte de la mercancía tenía que quedarse en Konoha y el resto continuaba hacia otro pueblo. Cuando terminamos de comprobarlo todo... faltaban tres cajas.</span><br />
<br />
Kuroto observó el espacio alrededor del vehículo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Qué llevaban?</span><br />
<br />
- Herramientas. Algunas piezas metálicas, cerraduras, bisagras y material de trabajo. Nada especialmente valioso por separado, pero las tres cajas juntas sí cuestan bastante dinero.<br />
<br />
No parecía precisamente el tipo de mercancía que alguien escogería si pretendiera realizar un robo rápido.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Podría haber cogido cualquier otra cosa.</span></span><br />
<br />
Uno de los trabajadores intervino entonces.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Yo vi a un hombre por aquí.</span><br />
<br />
El comerciante se volvió hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Ya se lo dijiste al guardia.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Pues se lo repito.</span><br />
<br />
Kuroto centró la atención sobre el trabajador.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Qué viste exactamente?</span><br />
<br />
El hombre señaló hacia una de las zonas laterales de la entrada.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Un tipo dando vueltas. No parecía viajero y tampoco estaba trabajando. Se acercaba a los carros, miraba las mercancías y luego se apartaba cuando alguien lo veía.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Cómo era?</span><br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Delgado. Ropa marrón. Una capucha pequeña... aunque no la llevaba puesta todo el rato. Tendría treinta años o así.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Lo viste tocar alguna caja?</span><br />
<br />
El trabajador dudó.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Aquello era importante. Por el momento únicamente tenían a un desconocido comportándose de manera sospechosa cerca del lugar del supuesto robo. Kuroto recorrió con la mirada el área de descarga. Había demasiadas personas pasando por allí como para confiar en encontrar unas huellas concretas. Sin embargo, tres cajas llenas de herramientas tampoco podían desaparecer bajo una chaqueta. Alguien debía haberlas cargado, arrastrado o colocado sobre algún medio de transporte.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Cuánto pesaban?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Entre dos personas las movemos bien. Una sola podría, pero le costaría.</span><br />
<br />
Kuroto se agachó junto al lugar donde el comerciante aseguraba que habían dejado las cajas. La tierra cercana a la puerta estaba marcada por ruedas, botas y animales de carga. Nada especialmente útil. Se incorporó y observó los carros estacionados alrededor.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Las cajas tenían alguna marca?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Una franja azul pintada en un lateral. Todas las de herramientas la llevan.</span><br />
<br />
Eso facilitaba las cosas. Kuroto recorrió los alrededores preguntando entre trabajadores y comerciantes. Varios recordaban al desconocido, aunque ninguno había visto con claridad qué hacía. La primera pista útil llegó de un muchacho que descargaba sacos de harina y aseguró haberlo visto junto a un pequeño carro.<br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- Yo lo vi.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Con las cajas?</span><br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- No exactamente. Estaba junto a un carro pequeño. Uno de esos de dos ruedas.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Solo?</span><br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- Sí. Creo que sí.</span><br />
<br />
El muchacho señaló hacia un camino lateral próximo a la muralla.<br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- Se fue por allí.</span><br />
<br />
Kuroto miró en aquella dirección. El camino no llevaba directamente al interior de la aldea. Rodeaba parcialmente la zona exterior de las puertas y conectaba con algunos almacenes, establos y pequeños caminos secundarios utilizados por comerciantes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si quería robarlas, no iba a cruzar un control cargando tres cajas marcadas.</span></span><br />
<br />
Tenía sentido. Kuroto avisó al comerciante de que seguiría aquella pista y se alejó de las puertas. Con menos tránsito, las marcas sobre el suelo se distinguían mejor, y entre las distintas rodadas encontró unas recientes que parecían pertenecer a un carro pequeño. Las siguió durante unos cientos de metros hasta localizar un fragmento de madera junto al camino. Al recogerlo, distinguió restos de pintura azul.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Bien...</span><br />
<br />
Continuó siguiendo las rodadas hasta que estas abandonaron el camino principal y se desviaron hacia un viejo cobertizo. Junto a la entrada descansaba un pequeño carro de dos ruedas. Kuroto se aproximó con cautela y, antes de entrar, se detuvo al escuchar voces en el interior. Eran dos.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- Te he dicho que no podemos vender esto aquí.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Entonces lo llevamos fuera.</span><br />
<br />
Kuroto arqueó ligeramente una ceja.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Así que no era uno solo.</span></span><br />
<br />
Se colocó junto a la entrada y echó un vistazo al interior. Las tres cajas estaban allí. La franja azul resultaba perfectamente visible. Junto a ellas se encontraban dos hombres. Uno coincidía bastante bien con la descripción de los trabajadores de las puertas. El otro era más corpulento y parecía estar revisando el contenido de una de las cajas abiertas. No había demasiado misterio. Kuroto empujó la puerta. El sonido hizo que ambos se girasen.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Buenas.</span><br />
<br />
Durante unos segundos nadie dijo nada. El hombre delgado fue el primero en reaccionar.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- ¿Qué quieres?</span><br />
<br />
Kuroto señaló las cajas.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Esas.</span><br />
<br />
El segundo hombre cerró lentamente la tapa que estaba inspeccionando.<br />
<br />
<span style="color: #ffa339;" class="mycode_color">- Son nuestras.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Claro.</span><br />
<br />
Kuroto avanzó un par de pasos.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces no os importará explicarme por qué coinciden exactamente con tres cajas desaparecidas esta mañana junto a las puertas de Konoha.</span><br />
<br />
El silencio posterior respondió mejor que cualquiera de ellos. El hombre corpulento miró hacia su compañero.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- Te dije que esperáramos.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Cállate.</span><br />
<br />
Kuroto dejó escapar un suspiro.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Podéis venir conmigo por las buenas.</span><br />
<br />
El desconocido de la puerta frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- ¿Y tú quién eres?</span><br />
<br />
Kuroto señaló la bandana ninja sin siquiera molestarse en responder verbalmente. La expresión de ambos cambió. No parecían haber esperado que nadie siguiera el rastro tan pronto. El más corpulento dio un paso hacia atrás. El otro llevó una mano hacia el interior de su chaqueta. Kuroto lo vio.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
El hombre ignoró la advertencia y sacó un pequeño cuchillo. No llegó a hacer mucho más. Kuroto redujo la distancia antes de que pudiera colocarse siquiera en una postura adecuada. Sujetó su muñeca, desvió el arma hacia el exterior y golpeó el brazo con suficiente fuerza como para obligarlo a soltarla. El cuchillo cayó al suelo. El segundo hombre levantó ambas manos inmediatamente.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- Yo no quiero problemas.</span><br />
<br />
Kuroto mantuvo al primero contra una de las vigas del cobertizo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso habría sido bastante más creíble antes de robar tres cajas.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- ¡No las robamos!</span><br />
<br />
Kuroto volvió la mirada hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Ah, no?</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Estaban abandonadas.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Junto a un carro que estaba siendo descargado.</span><br />
<br />
El hombre permaneció callado.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y luego las trajisteis aquí escondiéndoos por un camino lateral.</span><br />
<br />
Nada. Kuroto aflojó ligeramente la presa cuando comprobó que había dejado de resistirse.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso pensaba.</span><br />
<br />
Tras comprobar que ninguno llevaba más armas, Kuroto les ató las manos con una cuerda del cobertizo y revisó las cajas. Apenas habían tocado una, de la que habían sacado varias piezas metálicas para examinarlas. Con el carro todavía fuera, el regreso resultó sencillo: hizo caminar a ambos por delante mientras llevaba la mercancía de vuelta hacia las puertas. Nada más verlos aparecer, el comerciante reconoció la franja azul de las cajas.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Son esas!</span><br />
<br />
Varios trabajadores se aproximaron. El hombre que había descrito al sospechoso señaló inmediatamente a uno de los detenidos.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Ese es. Ese era el que estaba merodeando.</span><br />
<br />
Kuroto dejó el carro junto al resto de mercancías.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Estaban en un cobertizo cerca del camino exterior. Las habían abierto, pero parece que no falta nada.</span><br />
<br />
El comerciante inspeccionó rápidamente una de las cajas.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Está todo.</span><br />
<br />
El alivio del comerciante fue inmediato. Kuroto entregó a los dos detenidos a los shinobi de guardia, explicó brevemente dónde los había encontrado y cómo había recuperado la mercancía, y dejó que se hicieran cargo de ellos. Al final, no había ninguna red organizada detrás del robo, solo dos oportunistas que habían aprovechado el caos de la descarga. Mientras los trabajadores devolvían las cajas al carro, Kuroto dio la misión por resuelta.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Supongo que esperaban que nadie notase tres cajas entre todo este caos.</span></span><br />
<br />
No había sido una mala idea. Simplemente habían contado con que nadie se molestaría en seguirlos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C Autonarrada] Mercancía extraviada</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15036&amp;pid=29688#pid29688" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 01 del Otoño del Año 150 - Konohagakure, Puertas de la Aldea.</span><br />
<br />
Las puertas de Konohagakure permanecían en constante movimiento: comerciantes entrando con carros, viajeros esperando sus controles, shinobi cruzando en ambas direcciones y trabajadores descargando mercancía. Kuroto apenas llevaba unos minutos allí cuando localizó al hombre que había presentado la denuncia. No fue difícil reconocerlo.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Os digo que estaban ahí! ¡Las descargamos esta mañana!</span><br />
<br />
El comerciante discutía con dos trabajadores junto a un carro casi vacío. A su alrededor permanecían varias cajas colocadas de forma irregular sobre el suelo, algunas todavía sin abrir, mientras uno de los encargados de las puertas trataba de mantener cierta calma. Kuroto se aproximó sin demasiada prisa.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Tú eres el propietario de la mercancía?</span><br />
<br />
El hombre se giró inmediatamente.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Sí. ¿Vienes por lo de las cajas?</span><br />
<br />
Kuroto asintió.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Cuéntame qué ha pasado.</span><br />
<br />
El comerciante respiró profundamente antes de señalar hacia el carro.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Llegamos esta mañana. Había bastante gente entrando y tuvimos que esperar aquí mientras revisaban la documentación. Empezamos a descargar porque parte de la mercancía tenía que quedarse en Konoha y el resto continuaba hacia otro pueblo. Cuando terminamos de comprobarlo todo... faltaban tres cajas.</span><br />
<br />
Kuroto observó el espacio alrededor del vehículo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Qué llevaban?</span><br />
<br />
- Herramientas. Algunas piezas metálicas, cerraduras, bisagras y material de trabajo. Nada especialmente valioso por separado, pero las tres cajas juntas sí cuestan bastante dinero.<br />
<br />
No parecía precisamente el tipo de mercancía que alguien escogería si pretendiera realizar un robo rápido.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Podría haber cogido cualquier otra cosa.</span></span><br />
<br />
Uno de los trabajadores intervino entonces.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Yo vi a un hombre por aquí.</span><br />
<br />
El comerciante se volvió hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Ya se lo dijiste al guardia.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Pues se lo repito.</span><br />
<br />
Kuroto centró la atención sobre el trabajador.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Qué viste exactamente?</span><br />
<br />
El hombre señaló hacia una de las zonas laterales de la entrada.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Un tipo dando vueltas. No parecía viajero y tampoco estaba trabajando. Se acercaba a los carros, miraba las mercancías y luego se apartaba cuando alguien lo veía.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Cómo era?</span><br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Delgado. Ropa marrón. Una capucha pequeña... aunque no la llevaba puesta todo el rato. Tendría treinta años o así.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Lo viste tocar alguna caja?</span><br />
<br />
El trabajador dudó.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Aquello era importante. Por el momento únicamente tenían a un desconocido comportándose de manera sospechosa cerca del lugar del supuesto robo. Kuroto recorrió con la mirada el área de descarga. Había demasiadas personas pasando por allí como para confiar en encontrar unas huellas concretas. Sin embargo, tres cajas llenas de herramientas tampoco podían desaparecer bajo una chaqueta. Alguien debía haberlas cargado, arrastrado o colocado sobre algún medio de transporte.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Cuánto pesaban?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Entre dos personas las movemos bien. Una sola podría, pero le costaría.</span><br />
<br />
Kuroto se agachó junto al lugar donde el comerciante aseguraba que habían dejado las cajas. La tierra cercana a la puerta estaba marcada por ruedas, botas y animales de carga. Nada especialmente útil. Se incorporó y observó los carros estacionados alrededor.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Las cajas tenían alguna marca?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Una franja azul pintada en un lateral. Todas las de herramientas la llevan.</span><br />
<br />
Eso facilitaba las cosas. Kuroto recorrió los alrededores preguntando entre trabajadores y comerciantes. Varios recordaban al desconocido, aunque ninguno había visto con claridad qué hacía. La primera pista útil llegó de un muchacho que descargaba sacos de harina y aseguró haberlo visto junto a un pequeño carro.<br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- Yo lo vi.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Con las cajas?</span><br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- No exactamente. Estaba junto a un carro pequeño. Uno de esos de dos ruedas.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Solo?</span><br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- Sí. Creo que sí.</span><br />
<br />
El muchacho señaló hacia un camino lateral próximo a la muralla.<br />
<br />
<span style="color: #44b8ff;" class="mycode_color">- Se fue por allí.</span><br />
<br />
Kuroto miró en aquella dirección. El camino no llevaba directamente al interior de la aldea. Rodeaba parcialmente la zona exterior de las puertas y conectaba con algunos almacenes, establos y pequeños caminos secundarios utilizados por comerciantes.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si quería robarlas, no iba a cruzar un control cargando tres cajas marcadas.</span></span><br />
<br />
Tenía sentido. Kuroto avisó al comerciante de que seguiría aquella pista y se alejó de las puertas. Con menos tránsito, las marcas sobre el suelo se distinguían mejor, y entre las distintas rodadas encontró unas recientes que parecían pertenecer a un carro pequeño. Las siguió durante unos cientos de metros hasta localizar un fragmento de madera junto al camino. Al recogerlo, distinguió restos de pintura azul.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Bien...</span><br />
<br />
Continuó siguiendo las rodadas hasta que estas abandonaron el camino principal y se desviaron hacia un viejo cobertizo. Junto a la entrada descansaba un pequeño carro de dos ruedas. Kuroto se aproximó con cautela y, antes de entrar, se detuvo al escuchar voces en el interior. Eran dos.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- Te he dicho que no podemos vender esto aquí.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Entonces lo llevamos fuera.</span><br />
<br />
Kuroto arqueó ligeramente una ceja.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Así que no era uno solo.</span></span><br />
<br />
Se colocó junto a la entrada y echó un vistazo al interior. Las tres cajas estaban allí. La franja azul resultaba perfectamente visible. Junto a ellas se encontraban dos hombres. Uno coincidía bastante bien con la descripción de los trabajadores de las puertas. El otro era más corpulento y parecía estar revisando el contenido de una de las cajas abiertas. No había demasiado misterio. Kuroto empujó la puerta. El sonido hizo que ambos se girasen.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Buenas.</span><br />
<br />
Durante unos segundos nadie dijo nada. El hombre delgado fue el primero en reaccionar.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- ¿Qué quieres?</span><br />
<br />
Kuroto señaló las cajas.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Esas.</span><br />
<br />
El segundo hombre cerró lentamente la tapa que estaba inspeccionando.<br />
<br />
<span style="color: #ffa339;" class="mycode_color">- Son nuestras.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Claro.</span><br />
<br />
Kuroto avanzó un par de pasos.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces no os importará explicarme por qué coinciden exactamente con tres cajas desaparecidas esta mañana junto a las puertas de Konoha.</span><br />
<br />
El silencio posterior respondió mejor que cualquiera de ellos. El hombre corpulento miró hacia su compañero.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- Te dije que esperáramos.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Cállate.</span><br />
<br />
Kuroto dejó escapar un suspiro.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Podéis venir conmigo por las buenas.</span><br />
<br />
El desconocido de la puerta frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- ¿Y tú quién eres?</span><br />
<br />
Kuroto señaló la bandana ninja sin siquiera molestarse en responder verbalmente. La expresión de ambos cambió. No parecían haber esperado que nadie siguiera el rastro tan pronto. El más corpulento dio un paso hacia atrás. El otro llevó una mano hacia el interior de su chaqueta. Kuroto lo vio.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
El hombre ignoró la advertencia y sacó un pequeño cuchillo. No llegó a hacer mucho más. Kuroto redujo la distancia antes de que pudiera colocarse siquiera en una postura adecuada. Sujetó su muñeca, desvió el arma hacia el exterior y golpeó el brazo con suficiente fuerza como para obligarlo a soltarla. El cuchillo cayó al suelo. El segundo hombre levantó ambas manos inmediatamente.<br />
<br />
<span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">- Yo no quiero problemas.</span><br />
<br />
Kuroto mantuvo al primero contra una de las vigas del cobertizo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso habría sido bastante más creíble antes de robar tres cajas.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- ¡No las robamos!</span><br />
<br />
Kuroto volvió la mirada hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Ah, no?</span><br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Estaban abandonadas.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Junto a un carro que estaba siendo descargado.</span><br />
<br />
El hombre permaneció callado.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y luego las trajisteis aquí escondiéndoos por un camino lateral.</span><br />
<br />
Nada. Kuroto aflojó ligeramente la presa cuando comprobó que había dejado de resistirse.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso pensaba.</span><br />
<br />
Tras comprobar que ninguno llevaba más armas, Kuroto les ató las manos con una cuerda del cobertizo y revisó las cajas. Apenas habían tocado una, de la que habían sacado varias piezas metálicas para examinarlas. Con el carro todavía fuera, el regreso resultó sencillo: hizo caminar a ambos por delante mientras llevaba la mercancía de vuelta hacia las puertas. Nada más verlos aparecer, el comerciante reconoció la franja azul de las cajas.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Son esas!</span><br />
<br />
Varios trabajadores se aproximaron. El hombre que había descrito al sospechoso señaló inmediatamente a uno de los detenidos.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Ese es. Ese era el que estaba merodeando.</span><br />
<br />
Kuroto dejó el carro junto al resto de mercancías.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Estaban en un cobertizo cerca del camino exterior. Las habían abierto, pero parece que no falta nada.</span><br />
<br />
El comerciante inspeccionó rápidamente una de las cajas.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Está todo.</span><br />
<br />
El alivio del comerciante fue inmediato. Kuroto entregó a los dos detenidos a los shinobi de guardia, explicó brevemente dónde los había encontrado y cómo había recuperado la mercancía, y dejó que se hicieran cargo de ellos. Al final, no había ninguna red organizada detrás del robo, solo dos oportunistas que habían aprovechado el caos de la descarga. Mientras los trabajadores devolvían las cajas al carro, Kuroto dio la misión por resuelta.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Supongo que esperaban que nadie notase tres cajas entre todo este caos.</span></span><br />
<br />
No había sido una mala idea. Simplemente habían contado con que nadie se molestaría en seguirlos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje Misión Rango A+] Cazar al cazador]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14896</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 10:40:03 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14896</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Viaje Misión Rango A+] Cazar al cazador</span></span></span><br />
Petición: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14875&amp;pid=28763#pid28763" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 63 del Verano del Año 150 - Konohagakure no Sato - Puertas de Konohagakure</span><br />
<br />
Kuroto se había levantado temprano aquella mañana. Tras revisar por última vez el equipo, ajustó la mochila de viaje y abandonó la zona residencial mientras buena parte de Konoha apenas empezaba a despertar. Cuando llegó a las puertas, se acercó al puesto de vigilancia y dejó la documentación sobre la mesa.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Misión fuera de la aldea. País del Fuego.</span><br />
<br />
El guardia tomó los papeles y apenas necesitó mirar el nombre.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Otra vez tú?</span><br />
<br />
Kuroto alzó ligeramente una de sus gruesas cejas.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí.</span><br />
<br />
El hombre resopló mientras terminaba el registro. A esas alturas ya había visto al joven salir demasiadas veces como para no reconocerlo. Sin embargo, cuando leyó el segundo nombre de la misión, se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Yokubari… Ben?</span><br />
<br />
Levantó la cabeza justo cuando una figura robusta se aproximaba a las puertas. Durante unos segundos alternó la mirada entre ambos.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Madre mía… ¿vosotros dos juntos a dónde vais?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Es confidencial.</span><br />
<br />
Kuroto recogió la documentación y se apartó del puesto. La figura robusta que el guardia había reconocido unos instantes antes ya se encontraba lo bastante cerca como para distinguirla con claridad. Esperó junto a las puertas hasta que Yokubari terminó de acercarse y lo recibió con un breve asentimiento.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Buenos días. Soy Kuroto Uchiha, un placer.</span><br />
<br />
Esperó mientras Yokubari completaba también el registro y, una vez estuvo todo en orden, ambos atravesaron las puertas y tomaron el camino hacia el interior del País del Fuego.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Hay algo que podríamos aprovechar... </span>-Miró hacia el camino mientras continuaban avanzando.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Ese hombre busca shinobi que viajan solos.</span> -Su mano descansaba por costumbre sobre la empuñadura de Homurakiba.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Uno de nosotros podría adelantarse y fingir que viaja solo. El otro lo seguiría manteniendo suficiente distancia.</span> -Giró ligeramente la mirada hacia Yokubari.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Si conseguimos que crea que uno de nosotros es otra presa, podremos tenderle nosotros la emboscada. Aunque sigue siendo arriesgado...</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Viaje Misión Rango A+] Cazar al cazador</span></span></span><br />
Petición: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14875&amp;pid=28763#pid28763" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 63 del Verano del Año 150 - Konohagakure no Sato - Puertas de Konohagakure</span><br />
<br />
Kuroto se había levantado temprano aquella mañana. Tras revisar por última vez el equipo, ajustó la mochila de viaje y abandonó la zona residencial mientras buena parte de Konoha apenas empezaba a despertar. Cuando llegó a las puertas, se acercó al puesto de vigilancia y dejó la documentación sobre la mesa.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Misión fuera de la aldea. País del Fuego.</span><br />
<br />
El guardia tomó los papeles y apenas necesitó mirar el nombre.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Otra vez tú?</span><br />
<br />
Kuroto alzó ligeramente una de sus gruesas cejas.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí.</span><br />
<br />
El hombre resopló mientras terminaba el registro. A esas alturas ya había visto al joven salir demasiadas veces como para no reconocerlo. Sin embargo, cuando leyó el segundo nombre de la misión, se detuvo.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Yokubari… Ben?</span><br />
<br />
Levantó la cabeza justo cuando una figura robusta se aproximaba a las puertas. Durante unos segundos alternó la mirada entre ambos.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Madre mía… ¿vosotros dos juntos a dónde vais?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Es confidencial.</span><br />
<br />
Kuroto recogió la documentación y se apartó del puesto. La figura robusta que el guardia había reconocido unos instantes antes ya se encontraba lo bastante cerca como para distinguirla con claridad. Esperó junto a las puertas hasta que Yokubari terminó de acercarse y lo recibió con un breve asentimiento.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Buenos días. Soy Kuroto Uchiha, un placer.</span><br />
<br />
Esperó mientras Yokubari completaba también el registro y, una vez estuvo todo en orden, ambos atravesaron las puertas y tomaron el camino hacia el interior del País del Fuego.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Hay algo que podríamos aprovechar... </span>-Miró hacia el camino mientras continuaban avanzando.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Ese hombre busca shinobi que viajan solos.</span> -Su mano descansaba por costumbre sobre la empuñadura de Homurakiba.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Uno de nosotros podría adelantarse y fingir que viaja solo. El otro lo seguiría manteniendo suficiente distancia.</span> -Giró ligeramente la mirada hacia Yokubari.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Si conseguimos que crea que uno de nosotros es otra presa, podremos tenderle nosotros la emboscada. Aunque sigue siendo arriesgado...</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LLegada del Senju]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14869</link>
			<pubDate>Sat, 12 Sep 2026 08:20:23 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=860">Argeon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14869</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">40 de Verano</span><br />
<br />
Las altas murallas de piedra de la aldea se alzan imponentes contra el cielo crepuscular, marcando el límite entre el peligro del exterior y el encierro asfixiante de un hogar donde su existencia es tolerada con desdén. Argeon avanza con paso firme pero contenido, cargando con el cansancio sordo de una misión prolongada. Al cruzar los controles, los guardias lo observan con la habitual indiferencia mezquina, acostumbrados a su presencia taciturna y a su tosca silueta. Sin embargo, antes de lograr adentrarse en los callejones, uno de los centinelas decide bloquearle el paso con una sonrisa torcida, consumido por el aburrimiento y el desprecio acumulado hacia el impopular hijo del traidor.<br />
<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Vaya, vaya. Miren quién regresa arrastrándose </span></span>—bromea el guardia en voz alta, asegurándose de que los transeúntes escuchen—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> El fiel perrito de la aldea. Dicen que los Senju solían ser titanes, pero contigo la sangre se diluyó por completo, sobre todo en el apartado estético.-</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">:</span></span><br />
Argeon detiene su marcha. Su rostro permanece esculpido en una frialdad absoluta, pero en su interior la mente opera a la velocidad de un reloj mecánico, calculando distancias y tiempos de reacción. El guardia, sintiéndose intocable y deseoso de humillarlo públicamente haciendo mofa de su historial académico, le bloquea el camino de manera desafiante y le lanza una dura advertencia sobre sus pendientes escolares.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Has suspendido en tu examen de puntería! Como modo de recuperar la asignatura y aumentar tus notas, participarás en una prueba de puntería en el patio de la academia </span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—</span>dice el guardia con tono de burla socarrona, señalando hacia el fondo del patio de control, él cual se había enterado por uno de los profesores de la academia y le había dado la orden que al ver a ese hijo de traidor debería darle la información<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">.</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Contarás con una docena de Shuriken y diez Kunai, los cuales deberás acertar en una serie de dianas y objetivos a diferentes distancias, y para no hacerle perder el tiempo a nadie ve a la Academia en uno de sus patios.-</span></span><br />
<br />
El aire en el puesto de control se vuelve pesado, cargado de expectativas mezquinas y risas contenidas. Para Argeon, la mención indirecta al nombre de su padre desata una descarga silenciosa de adrenalina que amenaza con romper su control. Sus pulmones ejecutan al instante la microrregulación respiratoria que aprendió de su madre, estabilizando sus latidos y congelando cualquier temblor en sus dedos, por lo que solo respondió al guardia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Gracias por la información Señor, ya me dirijo a ese lugar.-</span></span><br />
<br />
<br />
El guardia suelta una carcajada cínica, disfrutando del evidente malestar que su burla ha provocado. Los aldeanos y estudiantes presentes alrededor no ocultan su desprecio: le lanzan miradas cargadas de asco, señalando abiertamente su tosca y desproporcionada silueta con gestos despectivos y susurros cargados de ponzoña. Algunos se tapan la nariz o apartan la vista con fingida repulsión, recordando en voz alta el estigma del traidor y usando su fealdad física como el blanco perfecto de sus burlas, convencidos de que su inferioridad estética es el reflejo exacto de su podredumbre moral.<br />
<br />
Argeon se mantiene inmutable ante la hostilidad generalizada, dejando que el desprecio colectivo resbale sobre su fachada de estoicismo profesional. Sin emitir una sola queja, da media vuelta y comienza a marchar hacia el sector de tiro designado al fondo del patio de la academia, mientras sus sentidos hiperdesarrollados (olfato) registran cada murmuro hostil a sus espaldas, cada risotada y cada cambio en el ritmo cardíaco de quienes lo marginan. Lejos de amedrentarse, canaliza toda esa amargura, el dolor de la traición y el rencor acumulado hacia los Uchiha en un hiperenfoque letal y en su mente proyecta como esos blancos serían esos rostros que recuerda de ese pasado oscuro.<br />
<br />
El paso de Argeon por los senderos empedrados de la aldea hasta adentrarse en los terrenos de la academia se produce en medio de un silencio denso y tenso. A su paso, los pocos transeúntes, estudiantes y comerciantes locales detienen sus labores para observarlo con abierta repulsión. Las miradas están cargadas de un desprecio visceral que no se molestan en disimular; algunos desvían la vista con asco fingido, mientras otros se cruzan de brazos, señalando su tosca y desproporcionada silueta con gestos burlones. Los susurros ponzoñosos flotan en el aire, recordando el estigma maldito de su apellido y utilizando su fealdad física como el blanco perfecto de sus descalificaciones, convencidos de que su aspecto exterior es el reflejo exacto de la supuesta podredumbre moral heredada de su padre. Argeon camina con la espalda recta y la mirada fija al frente, soportando el peso de la marginación social con una fría indiferencia aparente, mientras sus agudos sentidos registran cada risotada, cada cambio en el ritmo cardíaco de sus detractores y cada mínimo detalle del entorno hostil que lo rodea.<br />
<br />
Al llegar al patio de la academia, el ambiente se vuelve aún más pesado. Allí lo espera la prueba obligatoria para enmendar su expediente: una docena de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">shuriken</span> y diez <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunai</span> dispuestos sobre una mesa de madera rústica, frente a un complejo circuito de dianas y objetivos estáticos y móviles distribuidos a diferentes distancias, que van desde los diez hasta los treinta metros. Un instructor de rango medio, con gesto hastiado y despectivo, lo aguarda junto a los blancos. Antes de iniciar, la tensión acumulada por la humillación pública amenaza con desatar una respuesta visceral en su interior, pero Argeon se detiene un instante antes de tocar el acero. Cierra los ojos por una fracción de segundo y ejecuta con absoluta maestría la microrregulación respiratoria que su madre, Lethe, le enseñó durante sus extenuantes entrenamientos clandestinos. Mediante inhalaciones y exhalaciones controladas al milímetro, logra estabilizar su ritmo cardíaco, neutralizar cualquier rastro de temblor en sus manos y congelar sus emociones, sepultando su ira bajo una coraza de estoicismo quirúrgico.<br />
<br />
La prueba da inicio de inmediato. Argeon se sitúa en la línea de tiro oficial con la precisión de un autómata. Sus dedos callosos se deslizan con velocidad letal hacia la bandeja de madera, extrayendo los primeros proyectiles con su técnica de<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> <span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font">Bukijutsu (arrojadizo)</span></span></span><br />
<br />
[*]<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-Primera fase-</span> </span>Expreso un supervisor de la prueba, él cual le tenía desagrado y esperaba desaprobarlo.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Tus Objetivos serán estáticos a corta distancia.-</span></span><br />
[*]-<br />
<br />
[*]La mano de Senju se desliza con velocidad felina hacia la mesa, extrayendo tres <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">shuriken</span> con los dedos callosos. Sin vacilar un solo instante, su muñeca rota en un arco perfecto. Los proyectiles abandonan su palma con un zumbido afilado y cortante, cruzando el aire a toda velocidad para clavarse de manera simultánea, exacta y brutal en el puro centro de la primera diana de madera, tan juntos que sus puntas de acero se rozan y bloquean entre sí.  Este era el deseo del Genin, otra cosa era lo que ocurriera, sin embargo, el supervisor siguió hablando porque este no le deseaba dar un respiro al hijo del traidor.<br />
<br />
<br />
[*]<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-Segunda fase, tus Objetivos a media distancia con variación de ángulo-</span> </span>Continuo expresando el supervisor, y registraba los resultado del estudiante.-<br />
[*] <br />
<br />
[*]Y de nuevo el Senju controlo su respiración y empleando nuevamente la técnica de arrojar de su clan  no se detiene; sin embargo, cambia de agarre con agilidad mecánica y extrae tres <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunai</span>. Su mente calcula en milisegundos la densidad del aire y el sutil flujo de la brisa cruzada. Lanza los cuchillos en una secuencia rápida y rítmica: el primer <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunai</span> se clava con fuerza sorda en el blanco central, el segundo impacta con violencia milimétrica justo en la empuñadura del anterior para desviar las astillas, y el tercero sella una formación geométrica perfecta que impresiona y silencia a los más cercanos. Esta técnica de su observación, de ubicación era porque en si mismo era una brujula (algo de un aspecto positivo que sus profesores le reconocían).<br />
<br />
<br />
[*]<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Finalmente, vas por la tercera fase, la cual consiste en objetivos móviles en rieles mecánicos.- </span></span>Finalizo el supervisor y dio la orden a los instructores para así activar las dianas deslizantes al fondo del patio, buscando complicar la prueba al máximo entre risas de expectación. Argeon no parpadea; su radar biológico rastrea el desplazamiento de los blancos en movimiento, calculando su velocidad y trayectoria con la frialdad de una computadora. Su brazo se proyecta como un resorte de acero, liberando de forma sucesiva los proyectiles restantes en una lluvia letal que persigue y acierta implacablemente en cada objetivo en movimiento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">-Listo Señor, ya me retiro.-</span></span><br />
<br />
El eco de la última secuencia de acero se apaga por completo, dejando un mutismo sepulcral en todo el patio de la academia. La perfección absoluta de sus lanzamientos borra las sonrisas burlonas de los rostros de los espectadores. Argeon ya sabía el resultado de antemano; su mente tridimensional y sus cálculos balísticos milimétricos no admitían margen de error, y la diana destrozada era solo la confirmación lógica de su dominio técnico. Sin embargo, mientras el instructor lo mira con los ojos abiertos de par en par y un rictus de evidente asombro, una sombra de incertidumbre cruza por la mente del joven.<br />
<br />
Sabía perfectamente que ese supervisor en particular le tenía una tirria personal, un rechazo visceral que iba más allá de la simple burocracia académica, lo que hacía probable que el hombre intentara manipular o maquillar el resultado oficial de la prueba solo por desprecio a su apellido. A pesar de haber demostrado una maestría incuestionable, Argeon permanece con el rostro inmutable, guardando silencio. Con los músculos tensos y el pulso regulado bajo su disciplina espartana, se queda de pie frente a los blancos, sin dar media vuelta ni retirarse del lugar. En su interior, abriga la tenue y fría esperanza de que, tras este despliegue de absoluta perfección quirúrgica, el supervisor finalmente no pueda ignorar la realidad de su expediente, dándole el resquicio necesario para lograr algo más grande dentro del sistema, un paso más hacia el cumplimiento de sus verdaderos objetivos en las sombras.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Técnicas empleadas y Mision'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Técnicas empleadas y Mision'; }">Técnicas empleadas y Mision</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> </span></span><br />
<br />
Tiro al Blanco<br />
<br />
¡Has suspendido en tu examen de puntería! Como modo de recuperar la asignatura y aumentar tus notas, participarás en una prueba de puntería en el patio de la academia. Contarás con una docena de Shuriken y diez Kunai, los cuales deberás acertar en una serie de dianas y objetivos a diferentes distancias. ¡Ánimo!<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Ataque Arrojadizo</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
  <div class="sg-spoiler__panel">
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      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Bukijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: BUKI002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">Sin coste indicado</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">Las armas arrojadizas se utilizan en combate mediante el Modificador de Destreza, el cual determina cuántas armas pueden lanzarse simultáneamente. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá lanzar tantas armas como su destreza pueda cubrir, pagando el valor correspondiente por cada una. Todas las armas lanzadas pueden ser arrojadas al mismo tiempo, siempre que la suma de sus valores no supere el modificador del usuario. Esta mecánica permite realizar ofensivas variadas combinando múltiples proyectiles de diferentes tamaños y efectos.<br />
<br />
Cuando dos armas arrojadizas con el mismo Valor de Tamaño colisionan en el aire, ambas se desvían de su curso, anulando sus trayectorias. Si se utilizan únicamente armas más pequeñas para intentar desviar una de mayor tamaño, estas deben superar de forma combinada el Valor de Tamaño del proyectil objetivo para tener éxito. Además, cada arma adicional utilizada en un lanzamiento aumenta en +1 el nivel del jutsu base, funcionando como si fueran mejoras aplicadas al ataque, y permitiendo acumular efectos especiales, bonificaciones o propiedades propias de las armas lanzadas. Esta combinación convierte los ataques arrojadizos en herramientas de gran versatilidad táctica.<br />
<br />
Atención: Arrojar múltiples Armas aumenta los efectos del ataque y aumenta el nivel del Jutsu Base consumiendo las municiones del arma, pero esto conlleva a un sacrificio, ya que esto impide usar las Mejoras del Jutsu Arrojadizo.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza ÷ 2">45 (FUE)</span> de Daño - <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 5">20 (MFUE)</span> de Rango - <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">1 (MDES)</span> de Destreza para Valor de Tamaño	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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  };
}
</script></div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">40 de Verano</span><br />
<br />
Las altas murallas de piedra de la aldea se alzan imponentes contra el cielo crepuscular, marcando el límite entre el peligro del exterior y el encierro asfixiante de un hogar donde su existencia es tolerada con desdén. Argeon avanza con paso firme pero contenido, cargando con el cansancio sordo de una misión prolongada. Al cruzar los controles, los guardias lo observan con la habitual indiferencia mezquina, acostumbrados a su presencia taciturna y a su tosca silueta. Sin embargo, antes de lograr adentrarse en los callejones, uno de los centinelas decide bloquearle el paso con una sonrisa torcida, consumido por el aburrimiento y el desprecio acumulado hacia el impopular hijo del traidor.<br />
<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Vaya, vaya. Miren quién regresa arrastrándose </span></span>—bromea el guardia en voz alta, asegurándose de que los transeúntes escuchen—.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"> El fiel perrito de la aldea. Dicen que los Senju solían ser titanes, pero contigo la sangre se diluyó por completo, sobre todo en el apartado estético.-</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">:</span></span><br />
Argeon detiene su marcha. Su rostro permanece esculpido en una frialdad absoluta, pero en su interior la mente opera a la velocidad de un reloj mecánico, calculando distancias y tiempos de reacción. El guardia, sintiéndose intocable y deseoso de humillarlo públicamente haciendo mofa de su historial académico, le bloquea el camino de manera desafiante y le lanza una dura advertencia sobre sus pendientes escolares.<br />
<br />
<span style="color: #0074d9;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Has suspendido en tu examen de puntería! Como modo de recuperar la asignatura y aumentar tus notas, participarás en una prueba de puntería en el patio de la academia </span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—</span>dice el guardia con tono de burla socarrona, señalando hacia el fondo del patio de control, él cual se había enterado por uno de los profesores de la academia y le había dado la orden que al ver a ese hijo de traidor debería darle la información<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">.</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—</span></span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">Contarás con una docena de Shuriken y diez Kunai, los cuales deberás acertar en una serie de dianas y objetivos a diferentes distancias, y para no hacerle perder el tiempo a nadie ve a la Academia en uno de sus patios.-</span></span><br />
<br />
El aire en el puesto de control se vuelve pesado, cargado de expectativas mezquinas y risas contenidas. Para Argeon, la mención indirecta al nombre de su padre desata una descarga silenciosa de adrenalina que amenaza con romper su control. Sus pulmones ejecutan al instante la microrregulación respiratoria que aprendió de su madre, estabilizando sus latidos y congelando cualquier temblor en sus dedos, por lo que solo respondió al guardia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">—Gracias por la información Señor, ya me dirijo a ese lugar.-</span></span><br />
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El guardia suelta una carcajada cínica, disfrutando del evidente malestar que su burla ha provocado. Los aldeanos y estudiantes presentes alrededor no ocultan su desprecio: le lanzan miradas cargadas de asco, señalando abiertamente su tosca y desproporcionada silueta con gestos despectivos y susurros cargados de ponzoña. Algunos se tapan la nariz o apartan la vista con fingida repulsión, recordando en voz alta el estigma del traidor y usando su fealdad física como el blanco perfecto de sus burlas, convencidos de que su inferioridad estética es el reflejo exacto de su podredumbre moral.<br />
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Argeon se mantiene inmutable ante la hostilidad generalizada, dejando que el desprecio colectivo resbale sobre su fachada de estoicismo profesional. Sin emitir una sola queja, da media vuelta y comienza a marchar hacia el sector de tiro designado al fondo del patio de la academia, mientras sus sentidos hiperdesarrollados (olfato) registran cada murmuro hostil a sus espaldas, cada risotada y cada cambio en el ritmo cardíaco de quienes lo marginan. Lejos de amedrentarse, canaliza toda esa amargura, el dolor de la traición y el rencor acumulado hacia los Uchiha en un hiperenfoque letal y en su mente proyecta como esos blancos serían esos rostros que recuerda de ese pasado oscuro.<br />
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El paso de Argeon por los senderos empedrados de la aldea hasta adentrarse en los terrenos de la academia se produce en medio de un silencio denso y tenso. A su paso, los pocos transeúntes, estudiantes y comerciantes locales detienen sus labores para observarlo con abierta repulsión. Las miradas están cargadas de un desprecio visceral que no se molestan en disimular; algunos desvían la vista con asco fingido, mientras otros se cruzan de brazos, señalando su tosca y desproporcionada silueta con gestos burlones. Los susurros ponzoñosos flotan en el aire, recordando el estigma maldito de su apellido y utilizando su fealdad física como el blanco perfecto de sus descalificaciones, convencidos de que su aspecto exterior es el reflejo exacto de la supuesta podredumbre moral heredada de su padre. Argeon camina con la espalda recta y la mirada fija al frente, soportando el peso de la marginación social con una fría indiferencia aparente, mientras sus agudos sentidos registran cada risotada, cada cambio en el ritmo cardíaco de sus detractores y cada mínimo detalle del entorno hostil que lo rodea.<br />
<br />
Al llegar al patio de la academia, el ambiente se vuelve aún más pesado. Allí lo espera la prueba obligatoria para enmendar su expediente: una docena de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">shuriken</span> y diez <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunai</span> dispuestos sobre una mesa de madera rústica, frente a un complejo circuito de dianas y objetivos estáticos y móviles distribuidos a diferentes distancias, que van desde los diez hasta los treinta metros. Un instructor de rango medio, con gesto hastiado y despectivo, lo aguarda junto a los blancos. Antes de iniciar, la tensión acumulada por la humillación pública amenaza con desatar una respuesta visceral en su interior, pero Argeon se detiene un instante antes de tocar el acero. Cierra los ojos por una fracción de segundo y ejecuta con absoluta maestría la microrregulación respiratoria que su madre, Lethe, le enseñó durante sus extenuantes entrenamientos clandestinos. Mediante inhalaciones y exhalaciones controladas al milímetro, logra estabilizar su ritmo cardíaco, neutralizar cualquier rastro de temblor en sus manos y congelar sus emociones, sepultando su ira bajo una coraza de estoicismo quirúrgico.<br />
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La prueba da inicio de inmediato. Argeon se sitúa en la línea de tiro oficial con la precisión de un autómata. Sus dedos callosos se deslizan con velocidad letal hacia la bandeja de madera, extrayendo los primeros proyectiles con su técnica de<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> <span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font">Bukijutsu (arrojadizo)</span></span></span><br />
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[*]<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-Primera fase-</span> </span>Expreso un supervisor de la prueba, él cual le tenía desagrado y esperaba desaprobarlo.<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Tus Objetivos serán estáticos a corta distancia.-</span></span><br />
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[*]La mano de Senju se desliza con velocidad felina hacia la mesa, extrayendo tres <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">shuriken</span> con los dedos callosos. Sin vacilar un solo instante, su muñeca rota en un arco perfecto. Los proyectiles abandonan su palma con un zumbido afilado y cortante, cruzando el aire a toda velocidad para clavarse de manera simultánea, exacta y brutal en el puro centro de la primera diana de madera, tan juntos que sus puntas de acero se rozan y bloquean entre sí.  Este era el deseo del Genin, otra cosa era lo que ocurriera, sin embargo, el supervisor siguió hablando porque este no le deseaba dar un respiro al hijo del traidor.<br />
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[*]<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-Segunda fase, tus Objetivos a media distancia con variación de ángulo-</span> </span>Continuo expresando el supervisor, y registraba los resultado del estudiante.-<br />
[*] <br />
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[*]Y de nuevo el Senju controlo su respiración y empleando nuevamente la técnica de arrojar de su clan  no se detiene; sin embargo, cambia de agarre con agilidad mecánica y extrae tres <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunai</span>. Su mente calcula en milisegundos la densidad del aire y el sutil flujo de la brisa cruzada. Lanza los cuchillos en una secuencia rápida y rítmica: el primer <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunai</span> se clava con fuerza sorda en el blanco central, el segundo impacta con violencia milimétrica justo en la empuñadura del anterior para desviar las astillas, y el tercero sella una formación geométrica perfecta que impresiona y silencia a los más cercanos. Esta técnica de su observación, de ubicación era porque en si mismo era una brujula (algo de un aspecto positivo que sus profesores le reconocían).<br />
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[*]<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Finalmente, vas por la tercera fase, la cual consiste en objetivos móviles en rieles mecánicos.- </span></span>Finalizo el supervisor y dio la orden a los instructores para así activar las dianas deslizantes al fondo del patio, buscando complicar la prueba al máximo entre risas de expectación. Argeon no parpadea; su radar biológico rastrea el desplazamiento de los blancos en movimiento, calculando su velocidad y trayectoria con la frialdad de una computadora. Su brazo se proyecta como un resorte de acero, liberando de forma sucesiva los proyectiles restantes en una lluvia letal que persigue y acierta implacablemente en cada objetivo en movimiento.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color">-Listo Señor, ya me retiro.-</span></span><br />
<br />
El eco de la última secuencia de acero se apaga por completo, dejando un mutismo sepulcral en todo el patio de la academia. La perfección absoluta de sus lanzamientos borra las sonrisas burlonas de los rostros de los espectadores. Argeon ya sabía el resultado de antemano; su mente tridimensional y sus cálculos balísticos milimétricos no admitían margen de error, y la diana destrozada era solo la confirmación lógica de su dominio técnico. Sin embargo, mientras el instructor lo mira con los ojos abiertos de par en par y un rictus de evidente asombro, una sombra de incertidumbre cruza por la mente del joven.<br />
<br />
Sabía perfectamente que ese supervisor en particular le tenía una tirria personal, un rechazo visceral que iba más allá de la simple burocracia académica, lo que hacía probable que el hombre intentara manipular o maquillar el resultado oficial de la prueba solo por desprecio a su apellido. A pesar de haber demostrado una maestría incuestionable, Argeon permanece con el rostro inmutable, guardando silencio. Con los músculos tensos y el pulso regulado bajo su disciplina espartana, se queda de pie frente a los blancos, sin dar media vuelta ni retirarse del lugar. En su interior, abriga la tenue y fría esperanza de que, tras este despliegue de absoluta perfección quirúrgica, el supervisor finalmente no pueda ignorar la realidad de su expediente, dándole el resquicio necesario para lograr algo más grande dentro del sistema, un paso más hacia el cumplimiento de sus verdaderos objetivos en las sombras.<br />
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<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Técnicas empleadas y Mision'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Técnicas empleadas y Mision'; }">Técnicas empleadas y Mision</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #2ecc40;" class="mycode_color"> </span></span><br />
<br />
Tiro al Blanco<br />
<br />
¡Has suspendido en tu examen de puntería! Como modo de recuperar la asignatura y aumentar tus notas, participarás en una prueba de puntería en el patio de la academia. Contarás con una docena de Shuriken y diez Kunai, los cuales deberás acertar en una serie de dianas y objetivos a diferentes distancias. ¡Ánimo!<br />
<br />
<br />
<div class="sg-spoiler sg-spoiler--warm sg-tree-technique">
  <button class="sg-spoiler__toggle" type="button" onclick="sgToggleSpoiler(this)" aria-expanded="false">
    <span class="sg-spoiler__lead">
      <span class="sg-spoiler__icon">●</span>
      <span class="sg-spoiler__titles">
        <span class="sg-spoiler__eyebrow">Técnica</span>
        <span class="sg-spoiler__title">Ataque Arrojadizo</span>
      </span>
    </span>
    <span class="sg-spoiler__aside">
      <span class="sg-spoiler__caret">+</span>
    </span>
  </button>
  <div class="sg-spoiler__panel">
    <div class="sg-spoiler__body">
      <div class="sg-spoiler__content">
        <div class="sg-technique">
          <div class="sg-technique__rail">
            <div class="sg-technique__badges"><div class="sg-technique__badge sg-technique__badge--accent"><span class="sg-technique__badge-icon">✔</span>Aprendida · 12-09-2026</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">◈</span>Bukijutsu</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">✦</span>Nivel: Cero</div><div class="sg-technique__badge"><span class="sg-technique__badge-icon">#</span>ID: BUKI002R</div></div>
            <div class="sg-technique__stat">
              <div class="sg-technique__stat-label"><span class="sg-technique__label-icon">◔</span>Coste</div>
              <div class="sg-technique__stat-value">Sin coste indicado</div>
            </div>
          </div>
          <div class="sg-technique__main">
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">▣</span>Descripción</div>
              <p class="sg-technique__text">Las armas arrojadizas se utilizan en combate mediante el Modificador de Destreza, el cual determina cuántas armas pueden lanzarse simultáneamente. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá lanzar tantas armas como su destreza pueda cubrir, pagando el valor correspondiente por cada una. Todas las armas lanzadas pueden ser arrojadas al mismo tiempo, siempre que la suma de sus valores no supere el modificador del usuario. Esta mecánica permite realizar ofensivas variadas combinando múltiples proyectiles de diferentes tamaños y efectos.<br />
<br />
Cuando dos armas arrojadizas con el mismo Valor de Tamaño colisionan en el aire, ambas se desvían de su curso, anulando sus trayectorias. Si se utilizan únicamente armas más pequeñas para intentar desviar una de mayor tamaño, estas deben superar de forma combinada el Valor de Tamaño del proyectil objetivo para tener éxito. Además, cada arma adicional utilizada en un lanzamiento aumenta en +1 el nivel del jutsu base, funcionando como si fueran mejoras aplicadas al ataque, y permitiendo acumular efectos especiales, bonificaciones o propiedades propias de las armas lanzadas. Esta combinación convierte los ataques arrojadizos en herramientas de gran versatilidad táctica.<br />
<br />
Atención: Arrojar múltiples Armas aumenta los efectos del ataque y aumenta el nivel del Jutsu Base consumiendo las municiones del arma, pero esto conlleva a un sacrificio, ya que esto impide usar las Mejoras del Jutsu Arrojadizo.</p>
            </div>
            <div class="sg-technique__section">
              <div class="sg-technique__section-label"><span class="sg-technique__label-icon">✧</span>Efecto</div>
              <div class="sg-technique__text"><span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza ÷ 2">45 (FUE)</span> de Daño - <span class="sg-tec-parsed" title="Fuerza (modificador) × 5">20 (MFUE)</span> de Rango - <span class="sg-tec-parsed" title="Destreza (modificador) × 1">1 (MDES)</span> de Destreza para Valor de Tamaño	</div>
            </div>
          </div>
        </div>
      </div>
    </div>
  </div>
</div>

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		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje] Hacia Nuevos Rumbos -  Parte 1]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14839</link>
			<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 12:44:20 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=744">Yokubari</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14839</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Día 01 de Otoño, 150</span></span><br />
Fecha off-rol de salida: 08/09/2026<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El primer día de otoño encontró a Yokubari Ben frente a las puertas de Konoha antes de que el movimiento habitual de la aldea terminara de despertar. Llevaba la armadura puesta, su escudo en brazo, el equipaje reducido a lo indispensable y un cigarrillo consumiéndose lentamente entre los dedos. Había recibido suficiente información sobre lo ocurrido tras el País de las Olas para comprender lo importante: Kirigakure también buscaba los Sellos y, mientras los más jóvenes podían discutir sobre las consecuencias de aquella guerra, para él la situación era mucho más sencilla. El enemigo había recibido una orden. Konoha también. Y Ben sabía perfectamente qué hacer cuando existían órdenes.<br />
<br />
El País de las Montañas sería su destino. Nuevas tierras, rutas todavía poco conocidas y demasiados lugares donde algo relacionado con los Sellos podía haber permanecido oculto durante generaciones. Ben no necesitaba saber si encontraría allí una pista, un enemigo o simplemente otra montaña que cruzar; bastaba con saber que Kirigakure podía estar buscando exactamente lo mismo. Ajustó uno de los guanteletes, dejó caer el cigarrillo al suelo y lo apagó bajo la bota antes de echar a andar. Bajo la armadura, oculto contra su pecho, el anillo de su esposa golpeó suavemente la cadena con cada paso. —Si quieren esos Sellos, van a tener que llegar antes que yo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Día 01 de Otoño, 150</span></span><br />
Fecha off-rol de salida: 08/09/2026<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El primer día de otoño encontró a Yokubari Ben frente a las puertas de Konoha antes de que el movimiento habitual de la aldea terminara de despertar. Llevaba la armadura puesta, su escudo en brazo, el equipaje reducido a lo indispensable y un cigarrillo consumiéndose lentamente entre los dedos. Había recibido suficiente información sobre lo ocurrido tras el País de las Olas para comprender lo importante: Kirigakure también buscaba los Sellos y, mientras los más jóvenes podían discutir sobre las consecuencias de aquella guerra, para él la situación era mucho más sencilla. El enemigo había recibido una orden. Konoha también. Y Ben sabía perfectamente qué hacer cuando existían órdenes.<br />
<br />
El País de las Montañas sería su destino. Nuevas tierras, rutas todavía poco conocidas y demasiados lugares donde algo relacionado con los Sellos podía haber permanecido oculto durante generaciones. Ben no necesitaba saber si encontraría allí una pista, un enemigo o simplemente otra montaña que cruzar; bastaba con saber que Kirigakure podía estar buscando exactamente lo mismo. Ajustó uno de los guanteletes, dejó caer el cigarrillo al suelo y lo apagó bajo la bota antes de echar a andar. Bajo la armadura, oculto contra su pecho, el anillo de su esposa golpeó suavemente la cadena con cada paso. —Si quieren esos Sellos, van a tener que llegar antes que yo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje] - Nos vamos de paseo pi pi pi]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14828</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 17:35:27 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=752">Ibuki Inuzuka</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14828</guid>
			<description><![CDATA[Una mochila ligera con sus armas, algo de comida y equipo de exploración. Unas sandalias bien ajustadas, sus armas afiladas, pulidas y perfectamente enceradas, además de alguna que otra cosa más escondida dentro de la mochila. Montones de sandías, un jugo batido de sandía, proteína en barra de caramelo, galletas de mantequilla para el viaje, frutos secos para compartir, un termo con agua caliente y dos sandías más para compartir.<br />
<br />
También llevaba un bolso de viaje para el perro, lleno de croquetas y sandias.<br />
<br />
Kiro, esta vez, también iba equipado. Llevaba consigo dulces de sandía, mermeladas de sandía en frascos, depósitos de bambú con sandía confitada, unas compresas frías para mantener las sandías frescas, una preparación de cuero de pulpa de sandía, unas galletas de sabor a sandía (invención de Elena, su criada), unos caramelos de mango combinados con otros de sandía, potes de frutas confitadas, potes de frutos secos acompañados con sandía deshidratada, cáscaras de sandía confitadas y crocantes. Y, para que no fuera todo tan dulce, también tenía pepino a montones. Porque, ¿sabían que el pepino sabe igual que la parte clara de la sandía? También llevaba algo de carne seca para acompañar, una tienda de campaña portátil y algunas armas extra que le habían proporcionado.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Estaba lista.</div>
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">¿Y espacio para la ropa?</span> - preguntó Elena antes de dejarla en la puerta de la aldea. - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">¿Para qué? Si usaré lo mismo de siempre</span> - respondió Ibuki, señalando sus prendas, todas viejas y desgastadas - <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">Al menos déjeme empacarle estas mudas de ropa interior, algunas poleras y un pijama</span> - insistió Elena, preocupada, colocando el bolso de ropa sobre el lomo de Kiro y ajustándolo con una correa.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Elena... linda... me conoces. He dormido en calzón toda mi vida. No usaré un pijama</span> - dijo Ibuki, tratando de calmar a su amiga mientras le acariciaba la cabeza -<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color"> Solo me iré por unos cuantos días... y estaré de vuelta con ustedes.</span><br />
<br />
Ibuki se sentó sobre Kiro y se dispuso a avanzar hacia la puerta - <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">¡Pero... señorita Ibuki-sama!</span><br />
<br />
Ibuki se detuvo, girándose hacia ella - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Ya, ya, tranquila. Que me pondrás en vergüenza frente a los otros shinobis. Ya estoy grande y puedo cuidarme sola... Además, vamos de viaje al País del Té. De seguro habrá tiendas o algo en qué gastar mis ryos. </span>- Señaló entonces su monedero, lleno y rebosante, con forma de tanuki - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Estaré bien.</span><br />
<br />
Se acercó junto a Kiro hasta Elena, tomó su mano y acercó sus labios hasta su frente, depositando sobre ella un pequeño beso lleno de cariño - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Estaremos bien... Cuida de los cachorros por mí, ¿ok? Te amo. Eres la mejor amiga que he tenido.</span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">La voz le tembló.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Tenia miedo.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Temía lo desconocido.</div>
<br />
Tenía un nudo en la garganta y, aunque intentaba sonreír, sus manos también temblaban ligeramente. Para cuando Elena quiso tratar de detenerla, Ibuki ya se había alejado.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Simplemente levantó una mano para despedirse.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Y se fue a reunir con el resto del grupo.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Esto... esto era una travesía.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Esto solo era...</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Un viaje inesperado.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Una mochila ligera con sus armas, algo de comida y equipo de exploración. Unas sandalias bien ajustadas, sus armas afiladas, pulidas y perfectamente enceradas, además de alguna que otra cosa más escondida dentro de la mochila. Montones de sandías, un jugo batido de sandía, proteína en barra de caramelo, galletas de mantequilla para el viaje, frutos secos para compartir, un termo con agua caliente y dos sandías más para compartir.<br />
<br />
También llevaba un bolso de viaje para el perro, lleno de croquetas y sandias.<br />
<br />
Kiro, esta vez, también iba equipado. Llevaba consigo dulces de sandía, mermeladas de sandía en frascos, depósitos de bambú con sandía confitada, unas compresas frías para mantener las sandías frescas, una preparación de cuero de pulpa de sandía, unas galletas de sabor a sandía (invención de Elena, su criada), unos caramelos de mango combinados con otros de sandía, potes de frutas confitadas, potes de frutos secos acompañados con sandía deshidratada, cáscaras de sandía confitadas y crocantes. Y, para que no fuera todo tan dulce, también tenía pepino a montones. Porque, ¿sabían que el pepino sabe igual que la parte clara de la sandía? También llevaba algo de carne seca para acompañar, una tienda de campaña portátil y algunas armas extra que le habían proporcionado.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Estaba lista.</div>
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">¿Y espacio para la ropa?</span> - preguntó Elena antes de dejarla en la puerta de la aldea. - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">¿Para qué? Si usaré lo mismo de siempre</span> - respondió Ibuki, señalando sus prendas, todas viejas y desgastadas - <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">Al menos déjeme empacarle estas mudas de ropa interior, algunas poleras y un pijama</span> - insistió Elena, preocupada, colocando el bolso de ropa sobre el lomo de Kiro y ajustándolo con una correa.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Elena... linda... me conoces. He dormido en calzón toda mi vida. No usaré un pijama</span> - dijo Ibuki, tratando de calmar a su amiga mientras le acariciaba la cabeza -<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color"> Solo me iré por unos cuantos días... y estaré de vuelta con ustedes.</span><br />
<br />
Ibuki se sentó sobre Kiro y se dispuso a avanzar hacia la puerta - <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">¡Pero... señorita Ibuki-sama!</span><br />
<br />
Ibuki se detuvo, girándose hacia ella - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Ya, ya, tranquila. Que me pondrás en vergüenza frente a los otros shinobis. Ya estoy grande y puedo cuidarme sola... Además, vamos de viaje al País del Té. De seguro habrá tiendas o algo en qué gastar mis ryos. </span>- Señaló entonces su monedero, lleno y rebosante, con forma de tanuki - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Estaré bien.</span><br />
<br />
Se acercó junto a Kiro hasta Elena, tomó su mano y acercó sus labios hasta su frente, depositando sobre ella un pequeño beso lleno de cariño - <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Estaremos bien... Cuida de los cachorros por mí, ¿ok? Te amo. Eres la mejor amiga que he tenido.</span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">La voz le tembló.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Tenia miedo.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Temía lo desconocido.</div>
<br />
Tenía un nudo en la garganta y, aunque intentaba sonreír, sus manos también temblaban ligeramente. Para cuando Elena quiso tratar de detenerla, Ibuki ya se había alejado.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Simplemente levantó una mano para despedirse.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Y se fue a reunir con el resto del grupo.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Esto... esto era una travesía.</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Esto solo era...</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Un viaje inesperado.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión D] Control de Acceso]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14767</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 09:14:18 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=407">Narrador Cuervito-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14767</guid>
			<description><![CDATA[La mañana había comenzado con bastante más movimiento del habitual en uno de los accesos secundarios de Konoha. Varios trabajadores entraban y salían transportando herramientas, tablones y materiales destinados a unas reparaciones cercanas, obligando a mantener aquella zona temporalmente restringida mientras durasen los trabajos. Akira había sido destinado allí para encargarse del control. Antes de retirarse, uno de los responsables de la obra le entregó una pequeña lista con los nombres de las personas autorizadas para atravesar el acceso durante las siguientes horas. Durante los primeros minutos todo transcurrió sin incidentes. Dos trabajadores mostraron sus acreditaciones y pudieron continuar después de una comprobación rápida. Poco después apareció un comerciante que habitualmente utilizaba aquel camino para acortar su recorrido hasta la Zona Comercial. Al descubrir la restricción protestó durante unos instantes, pero terminó aceptando utilizar otra ruta cuando le explicaron la situación. La tranquilidad duró algo menos de media hora. Un hombre joven se acercó entonces al acceso cargando una caja pequeña bajo uno de los brazos. No llevaba ninguna identificación visible y, cuando uno de los obreros le indicó que debía detenerse ante el shinobi encargado del control, pareció sorprendido.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Solo tengo que entregar esto ahí dentro. No tardaré ni cinco minutos.</span><br />
<br />
El hombre señaló hacia la zona de obras antes de volver a mirar a Akira. Su nombre no aparecía en la lista de personas autorizadas. Por el momento no había mostrado una actitud agresiva ni intentado cruzar por la fuerza, pero tampoco parecía especialmente dispuesto a marcharse sin entregar aquella caja. Akira tendría que decidir cómo proceder.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La mañana había comenzado con bastante más movimiento del habitual en uno de los accesos secundarios de Konoha. Varios trabajadores entraban y salían transportando herramientas, tablones y materiales destinados a unas reparaciones cercanas, obligando a mantener aquella zona temporalmente restringida mientras durasen los trabajos. Akira había sido destinado allí para encargarse del control. Antes de retirarse, uno de los responsables de la obra le entregó una pequeña lista con los nombres de las personas autorizadas para atravesar el acceso durante las siguientes horas. Durante los primeros minutos todo transcurrió sin incidentes. Dos trabajadores mostraron sus acreditaciones y pudieron continuar después de una comprobación rápida. Poco después apareció un comerciante que habitualmente utilizaba aquel camino para acortar su recorrido hasta la Zona Comercial. Al descubrir la restricción protestó durante unos instantes, pero terminó aceptando utilizar otra ruta cuando le explicaron la situación. La tranquilidad duró algo menos de media hora. Un hombre joven se acercó entonces al acceso cargando una caja pequeña bajo uno de los brazos. No llevaba ninguna identificación visible y, cuando uno de los obreros le indicó que debía detenerse ante el shinobi encargado del control, pareció sorprendido.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Solo tengo que entregar esto ahí dentro. No tardaré ni cinco minutos.</span><br />
<br />
El hombre señaló hacia la zona de obras antes de volver a mirar a Akira. Su nombre no aparecía en la lista de personas autorizadas. Por el momento no había mostrado una actitud agresiva ni intentado cruzar por la fuerza, pero tampoco parecía especialmente dispuesto a marcharse sin entregar aquella caja. Akira tendría que decidir cómo proceder.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Viaje - Incursión D] ¡A por los bandidos!]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14752</link>
			<pubDate>Sat, 05 Sep 2026 16:36:34 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=827">Natsu Ashida</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14752</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font">El día había comenzado como cualquier otro hasta que llegó a mis manos un extraño escrito que circulaba entre varios shinobis. Al parecer, alguien había distribuido una solicitud de rescate procedente del País del Té. Según la información, una joven había sido secuestrada y llevada hasta unas antiguas catacumbas donde supuestamente se encontraba su captor. No sabía demasiado sobre quién había escrito aquella solicitud ni sobre las personas que habían decidido acudir, pero había una parte que sí había conseguido llamar inmediatamente mi atención.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bandidos</span>.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— Hmm... —</span> Sonreí mientras volvía a enrollar el documento. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— No debe ser tan complicado.</span><br />
<br />
Si realmente había alguien que necesitara ser rescatado, ayudar sería parte del trabajo. Pero, siendo completamente sincero, la posibilidad de encontrarme con un grupo de bandidos tampoco sonaba precisamente mal. Preparé algunas de mis cosas y, antes de abandonar mi apartamento, me cubrí con una capa oscura cuya capucha podía ocultar parcialmente mi rostro. No tenía ninguna intención de llamar demasiado la atención durante el viaje hasta el País del Té.<br />
<br />
Al llegar a las puertas de Konohagakure, disminuí el paso y me detuve durante unos segundos. Más allá de ellas se extendía un camino que no había recorrido desde hacía mucho tiempo. La última vez que había abandonado realmente aquellas tierras había sido antes de llegar a Konoha, hacía aproximadamente cinco años. Desde entonces, la aldea se había convertido en mi hogar y casi todas mis experiencias habían transcurrido entre sus calles, sus zonas de entrenamiento y los lugares que había ido descubriendo poco a poco. Pero ahora tenía la oportunidad de conocer algo diferente. Nuevos lugares, nuevas personas y, con algo de suerte, también alguna pista.<br />
<br />
Mi mirada se perdió durante un instante. Después de terminar aquella misión, quizás podría aprovechar el viaje para investigar un poco. No sabía si encontraría algo relacionado con la persona que aparecía constantemente en mis recuerdos, pero mientras estuviera fuera de Konoha tendría muchas más oportunidades de descubrir algo...<br />
<br />
Aunque eso podía esperar, por ahora, tenía una misión.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— Espero que haya muchos malos. —</span> Una sonrisa volvió a aparecer en mi rostro. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— Sería una pena viajar tan lejos para nada.</span><br />
<br />
Ajusté la capucha sobre mi cabeza y comencé a caminar. Mi destino eran las antiguas catacumbas del País del Té, y si aquel extraño escrito decía la verdad, probablemente también me esperaba una buena pelea.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font">El día había comenzado como cualquier otro hasta que llegó a mis manos un extraño escrito que circulaba entre varios shinobis. Al parecer, alguien había distribuido una solicitud de rescate procedente del País del Té. Según la información, una joven había sido secuestrada y llevada hasta unas antiguas catacumbas donde supuestamente se encontraba su captor. No sabía demasiado sobre quién había escrito aquella solicitud ni sobre las personas que habían decidido acudir, pero había una parte que sí había conseguido llamar inmediatamente mi atención.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bandidos</span>.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— Hmm... —</span> Sonreí mientras volvía a enrollar el documento. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— No debe ser tan complicado.</span><br />
<br />
Si realmente había alguien que necesitara ser rescatado, ayudar sería parte del trabajo. Pero, siendo completamente sincero, la posibilidad de encontrarme con un grupo de bandidos tampoco sonaba precisamente mal. Preparé algunas de mis cosas y, antes de abandonar mi apartamento, me cubrí con una capa oscura cuya capucha podía ocultar parcialmente mi rostro. No tenía ninguna intención de llamar demasiado la atención durante el viaje hasta el País del Té.<br />
<br />
Al llegar a las puertas de Konohagakure, disminuí el paso y me detuve durante unos segundos. Más allá de ellas se extendía un camino que no había recorrido desde hacía mucho tiempo. La última vez que había abandonado realmente aquellas tierras había sido antes de llegar a Konoha, hacía aproximadamente cinco años. Desde entonces, la aldea se había convertido en mi hogar y casi todas mis experiencias habían transcurrido entre sus calles, sus zonas de entrenamiento y los lugares que había ido descubriendo poco a poco. Pero ahora tenía la oportunidad de conocer algo diferente. Nuevos lugares, nuevas personas y, con algo de suerte, también alguna pista.<br />
<br />
Mi mirada se perdió durante un instante. Después de terminar aquella misión, quizás podría aprovechar el viaje para investigar un poco. No sabía si encontraría algo relacionado con la persona que aparecía constantemente en mis recuerdos, pero mientras estuviera fuera de Konoha tendría muchas más oportunidades de descubrir algo...<br />
<br />
Aunque eso podía esperar, por ahora, tenía una misión.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— Espero que haya muchos malos. —</span> Una sonrisa volvió a aparecer en mi rostro. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">— Sería una pena viajar tan lejos para nada.</span><br />
<br />
Ajusté la capucha sobre mi cabeza y comencé a caminar. Mi destino eran las antiguas catacumbas del País del Té, y si aquel extraño escrito decía la verdad, probablemente también me esperaba una buena pelea.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Autonarrada C] Demolición controlada]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14641</link>
			<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 02:44:24 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14641</guid>
			<description><![CDATA[Kuroto llegó al antiguo camino de vigilancia a primera hora de la mañana. La torre sobresalía entre los árboles, claramente inclinada hacia uno de los lados. Años atrás había servido como puesto de observación, pero el abandono y el deterioro la habían convertido en un peligro. Antes de acercarse, Kuroto observó las marcas recientes de ruedas sobre el camino, señal de que todavía era utilizado con frecuencia. Después centró su atención en la torre: una base de piedra sostenía varios niveles de madera dañada por la humedad, con vigas rotas y parte del tejado desprendido. El verdadero problema, sin embargo, era evidente. La estructura se inclinaba directamente hacia el camino.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">- Si termina cayendo sola, lo hará justo encima.</span></span><br />
<br />
Kuroto no se acercó inmediatamente. Rodeó la construcción manteniendo varios metros de distancia y observó la base desde diferentes ángulos. En el lado contrario al camino varias piedras se habían desplazado y algunas raíces habían comenzado a introducirse entre ellas. El desnivel había terminado repartiendo mal el peso de los niveles superiores. Una ráfaga de viento atravesó el claro. La torre respondió con un crujido prolongado. Kuroto alzó la vista y vio cómo uno de los tablones de la plataforma superior se movía ligeramente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">No hace falta que caiga entera para provocar un accidente.</span></span><br />
<br />
Lo primero sería asegurar la zona. Kuroto colocó las barreras y señales a ambos extremos del sendero, manteniendo suficiente distancia por si algún fragmento salía despedido durante el derrumbe. Después tomó una de las cuerdas preparadas junto a las herramientas. Derribar los soportes directamente solo conseguiría que la torre cayese hacia el camino, así que debía dirigirla hacia el bosque. Ató la cuerda a un árbol del lado contrario y comenzó a ascender por las zonas más firmes. Desde arriba, esperó otra ráfaga de viento para observar cómo reaccionaba la estructura. Varias vigas cedían ligeramente, pero una de las columnas centrales permanecía firme mientras el resto de la plataforma oscilaba a su alrededor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Ese es uno de los apoyos principales.</span></span><br />
<br />
Continuó avanzando con cuidado y comenzó retirando las piezas que ya estaban prácticamente sueltas. Sujetó una parte de la barandilla antes de separarla y utilizó la cuerda para bajarla lentamente por el lado del bosque. Repitió el proceso con algunos tablones y una sección pequeña del tejado. Era un trabajo lento, pero cada pieza retirada reducía el peso que soportaba la estructura. Cuando terminó, descendió nuevamente hasta el suelo. Entonces escuchó ruedas acercándose. Un carro se había detenido frente a una de las barreras y su conductor había bajado para observar el bloqueo.<br />
 <br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">-El camino está cerrado.</span> -El hombre miró primero a Kuroto y después hacia la torre.-<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Solo necesito cruzar. Puedo pasar rápido.</span> -Una de las vigas crujió en aquel preciso momento.-<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No lo haga.</span> -Dijo Kuroto.-<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Son solo unos metros.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y esa torre necesita menos para caer.</span>  -El hombre volvió a mirar la estructura y pareció reconsiderarlo.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Hay un sendero al este. Tendrá que rodear esta zona, pero podrá continuar desde allí.</span><br />
<br />
El comerciante dejó escapar un suspiro, aunque finalmente regresó al carro. Kuroto esperó hasta verlo alejarse antes de continuar. Ahora podía encargarse de la sección principal. Aseguró una segunda cuerda alrededor de varios soportes superiores y llevó ambos extremos hacia dos árboles del lado del bosque. Después estudió nuevamente la base. Debía debilitar primero los soportes contrarios al camino. De ese modo, al tirar de las cuerdas, la estructura tendría mayor facilidad para vencer hacia la dirección que buscaba. Kuroto tomó el hacha. Golpeó una de las vigas. Una vez. Se detuvo para escuchar. Después golpeó nuevamente. Una grieta comenzó a recorrer la madera y la plataforma descendió apenas unos centímetros. Kuroto retrocedió.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Todavía aguanta...</span></span><br />
<br />
Repitió el procedimiento en otros dos puntos, sin llegar a cortar completamente ninguno de los soportes. Solo necesitaba reducir su resistencia. Cuando terminó dejó el hacha y tomó una de las cuerdas. Tiró. La estructura crujió, pero no cedió. Kuroto entrecerró los ojos y volvió a recorrerla con la mirada. Una pieza transversal situada bajo la plataforma continuaba distribuyendo el peso entre dos columnas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Esa sigue sosteniéndolo.</span></span><br />
<br />
Tendría que subir una vez más. Ascendió con mayor cuidado que antes. La torre se movía ahora prácticamente con cada paso. Cuando alcanzó la viga desenvainó Homurakiba y examinó la unión. No necesitaba partirla por completo. Realizó un primer corte sobre la madera deteriorada. Después otro algo más profundo. La estructura vibró. Una grieta comenzó a extenderse lentamente.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Suficiente.</span></span><br />
<br />
Kuroto envainó la katana y descendió de inmediato. No había alcanzado todavía el suelo cuando escuchó el primer chasquido. Saltó los últimos metros y se alejó.<br />
La plataforma cedió. Las cuerdas se tensaron y durante unos segundos la parte superior comenzó a inclinarse hacia el bosque, exactamente como había previsto. Entonces uno de los soportes inferiores se rompió. La torre giró ligeramente. Hacia el camino. Kuroto sujetó la cuerda con ambas manos y clavó los pies sobre el terreno. No podía detener todo el peso de la estructura únicamente mediante fuerza, pero tampoco necesitaba hacerlo. Solo debía impedir que siguiera girando hasta que los soportes debilitados terminaran de ceder. La cuerda se tensó entre sus manos. La madera crujió. Kuroto observó la base. Una de las columnas traseras todavía resistía.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Vamos...</span></span><br />
<br />
La madera terminó partiéndose. La sección superior giró bruscamente hacia el bosque y comenzó a desplomarse. Las primeras vigas chocaron contra el terreno y arrastraron consigo el resto de la plataforma. Una nube de polvo y hojas se levantó alrededor de la torre mientras Kuroto soltaba la cuerda y se alejaba unos metros. Esperó hasta que todo quedó nuevamente en silencio. La parte peligrosa había desaparecido. Kuroto recorrió una última vez el perímetro, retirando algunos tablones y piedras que habían quedado cerca del sendero. También aseguró una viga que continuaba parcialmente desprendida antes de bajarla utilizando una de las cuerdas. Cuando terminó, solamente permanecían en pie la base de piedra y algunos soportes bajos que ya no representaban peligro para los viajeros. Kuroto observó los restos durante unos segundos. Había pensado que una misión de demolición consistiría principalmente en destruir algo. Al final, la mayor parte del trabajo había sido decidir qué no debía destruir todavía.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Supongo que esa era la parte de "controlada".</span></span><br />
<br />
Una pequeña sonrisa apareció apenas un instante en su rostro. Después recogió las herramientas, retiró las barreras del camino y comprobó por última vez la torre. Otra ráfaga de viento atravesó el claro. Esta vez no se escuchó ningún crujido. Kuroto se dio la vuelta y emprendió el camino de regreso hacia la oficina de administración.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Kuroto llegó al antiguo camino de vigilancia a primera hora de la mañana. La torre sobresalía entre los árboles, claramente inclinada hacia uno de los lados. Años atrás había servido como puesto de observación, pero el abandono y el deterioro la habían convertido en un peligro. Antes de acercarse, Kuroto observó las marcas recientes de ruedas sobre el camino, señal de que todavía era utilizado con frecuencia. Después centró su atención en la torre: una base de piedra sostenía varios niveles de madera dañada por la humedad, con vigas rotas y parte del tejado desprendido. El verdadero problema, sin embargo, era evidente. La estructura se inclinaba directamente hacia el camino.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">- Si termina cayendo sola, lo hará justo encima.</span></span><br />
<br />
Kuroto no se acercó inmediatamente. Rodeó la construcción manteniendo varios metros de distancia y observó la base desde diferentes ángulos. En el lado contrario al camino varias piedras se habían desplazado y algunas raíces habían comenzado a introducirse entre ellas. El desnivel había terminado repartiendo mal el peso de los niveles superiores. Una ráfaga de viento atravesó el claro. La torre respondió con un crujido prolongado. Kuroto alzó la vista y vio cómo uno de los tablones de la plataforma superior se movía ligeramente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">No hace falta que caiga entera para provocar un accidente.</span></span><br />
<br />
Lo primero sería asegurar la zona. Kuroto colocó las barreras y señales a ambos extremos del sendero, manteniendo suficiente distancia por si algún fragmento salía despedido durante el derrumbe. Después tomó una de las cuerdas preparadas junto a las herramientas. Derribar los soportes directamente solo conseguiría que la torre cayese hacia el camino, así que debía dirigirla hacia el bosque. Ató la cuerda a un árbol del lado contrario y comenzó a ascender por las zonas más firmes. Desde arriba, esperó otra ráfaga de viento para observar cómo reaccionaba la estructura. Varias vigas cedían ligeramente, pero una de las columnas centrales permanecía firme mientras el resto de la plataforma oscilaba a su alrededor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Ese es uno de los apoyos principales.</span></span><br />
<br />
Continuó avanzando con cuidado y comenzó retirando las piezas que ya estaban prácticamente sueltas. Sujetó una parte de la barandilla antes de separarla y utilizó la cuerda para bajarla lentamente por el lado del bosque. Repitió el proceso con algunos tablones y una sección pequeña del tejado. Era un trabajo lento, pero cada pieza retirada reducía el peso que soportaba la estructura. Cuando terminó, descendió nuevamente hasta el suelo. Entonces escuchó ruedas acercándose. Un carro se había detenido frente a una de las barreras y su conductor había bajado para observar el bloqueo.<br />
 <br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">-El camino está cerrado.</span> -El hombre miró primero a Kuroto y después hacia la torre.-<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Solo necesito cruzar. Puedo pasar rápido.</span> -Una de las vigas crujió en aquel preciso momento.-<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No lo haga.</span> -Dijo Kuroto.-<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Son solo unos metros.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y esa torre necesita menos para caer.</span>  -El hombre volvió a mirar la estructura y pareció reconsiderarlo.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Hay un sendero al este. Tendrá que rodear esta zona, pero podrá continuar desde allí.</span><br />
<br />
El comerciante dejó escapar un suspiro, aunque finalmente regresó al carro. Kuroto esperó hasta verlo alejarse antes de continuar. Ahora podía encargarse de la sección principal. Aseguró una segunda cuerda alrededor de varios soportes superiores y llevó ambos extremos hacia dos árboles del lado del bosque. Después estudió nuevamente la base. Debía debilitar primero los soportes contrarios al camino. De ese modo, al tirar de las cuerdas, la estructura tendría mayor facilidad para vencer hacia la dirección que buscaba. Kuroto tomó el hacha. Golpeó una de las vigas. Una vez. Se detuvo para escuchar. Después golpeó nuevamente. Una grieta comenzó a recorrer la madera y la plataforma descendió apenas unos centímetros. Kuroto retrocedió.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Todavía aguanta...</span></span><br />
<br />
Repitió el procedimiento en otros dos puntos, sin llegar a cortar completamente ninguno de los soportes. Solo necesitaba reducir su resistencia. Cuando terminó dejó el hacha y tomó una de las cuerdas. Tiró. La estructura crujió, pero no cedió. Kuroto entrecerró los ojos y volvió a recorrerla con la mirada. Una pieza transversal situada bajo la plataforma continuaba distribuyendo el peso entre dos columnas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Esa sigue sosteniéndolo.</span></span><br />
<br />
Tendría que subir una vez más. Ascendió con mayor cuidado que antes. La torre se movía ahora prácticamente con cada paso. Cuando alcanzó la viga desenvainó Homurakiba y examinó la unión. No necesitaba partirla por completo. Realizó un primer corte sobre la madera deteriorada. Después otro algo más profundo. La estructura vibró. Una grieta comenzó a extenderse lentamente.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Suficiente.</span></span><br />
<br />
Kuroto envainó la katana y descendió de inmediato. No había alcanzado todavía el suelo cuando escuchó el primer chasquido. Saltó los últimos metros y se alejó.<br />
La plataforma cedió. Las cuerdas se tensaron y durante unos segundos la parte superior comenzó a inclinarse hacia el bosque, exactamente como había previsto. Entonces uno de los soportes inferiores se rompió. La torre giró ligeramente. Hacia el camino. Kuroto sujetó la cuerda con ambas manos y clavó los pies sobre el terreno. No podía detener todo el peso de la estructura únicamente mediante fuerza, pero tampoco necesitaba hacerlo. Solo debía impedir que siguiera girando hasta que los soportes debilitados terminaran de ceder. La cuerda se tensó entre sus manos. La madera crujió. Kuroto observó la base. Una de las columnas traseras todavía resistía.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Vamos...</span></span><br />
<br />
La madera terminó partiéndose. La sección superior giró bruscamente hacia el bosque y comenzó a desplomarse. Las primeras vigas chocaron contra el terreno y arrastraron consigo el resto de la plataforma. Una nube de polvo y hojas se levantó alrededor de la torre mientras Kuroto soltaba la cuerda y se alejaba unos metros. Esperó hasta que todo quedó nuevamente en silencio. La parte peligrosa había desaparecido. Kuroto recorrió una última vez el perímetro, retirando algunos tablones y piedras que habían quedado cerca del sendero. También aseguró una viga que continuaba parcialmente desprendida antes de bajarla utilizando una de las cuerdas. Cuando terminó, solamente permanecían en pie la base de piedra y algunos soportes bajos que ya no representaban peligro para los viajeros. Kuroto observó los restos durante unos segundos. Había pensado que una misión de demolición consistiría principalmente en destruir algo. Al final, la mayor parte del trabajo había sido decidir qué no debía destruir todavía.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Supongo que esa era la parte de "controlada".</span></span><br />
<br />
Una pequeña sonrisa apareció apenas un instante en su rostro. Después recogió las herramientas, retiró las barreras del camino y comprobó por última vez la torre. Otra ráfaga de viento atravesó el claro. Esta vez no se escuchó ningún crujido. Kuroto se dio la vuelta y emprendió el camino de regreso hacia la oficina de administración.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[salida mision c gargantas montañosas]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14407</link>
			<pubDate>Fri, 31 Jul 2026 19:32:58 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14407</guid>
			<description><![CDATA[El sol apenas comenzaba a elevarse sobre el horizonte, bañando con una luz pálida y veraniega los imponentes muros de madera y piedra de la Aldea Oculta entre las Hojas. En el puesto de control de las puertas principales, el movimiento matutino era constante, pero ordenado.<br />
<br />
Akira Hyūga avanzó con paso firme y silencioso hacia el registro de salidas, portando la indumentaria reglamentaria de su clan y el equipo shinobi debidamente ajustado. Ante el escritorio del oficial de guardia, se detuvo con una postura respetuosa pero distante.<br />
<br />
—Buenos días. Orden de misión individual,Gargantas montañosas fronterizas—anunció Akira con voz clara, extendiendo el pergamino oficial con los sellos correspondientes de la capitanía.<br />
<br />
El guardia de la puerta examinó el documento con detenimiento, cruzó una rápida mirada con el joven Hyūga y, tras estampar el sello de salida en el registro con la hora exacta de la mañana del 12 de verano, le devolvió el pergamino.<br />
<br />
—Salida autorizada, Hyūga-san. Mantente alerta más allá del último puesto de control; la frontera ha estado inestable últimamente —advirtió el ninja encargado.<br />
<br />
Akira asintió en silencio, guardó el documento y cruzó el umbral de las puertas de Konoha.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El sol apenas comenzaba a elevarse sobre el horizonte, bañando con una luz pálida y veraniega los imponentes muros de madera y piedra de la Aldea Oculta entre las Hojas. En el puesto de control de las puertas principales, el movimiento matutino era constante, pero ordenado.<br />
<br />
Akira Hyūga avanzó con paso firme y silencioso hacia el registro de salidas, portando la indumentaria reglamentaria de su clan y el equipo shinobi debidamente ajustado. Ante el escritorio del oficial de guardia, se detuvo con una postura respetuosa pero distante.<br />
<br />
—Buenos días. Orden de misión individual,Gargantas montañosas fronterizas—anunció Akira con voz clara, extendiendo el pergamino oficial con los sellos correspondientes de la capitanía.<br />
<br />
El guardia de la puerta examinó el documento con detenimiento, cruzó una rápida mirada con el joven Hyūga y, tras estampar el sello de salida en el registro con la hora exacta de la mañana del 12 de verano, le devolvió el pergamino.<br />
<br />
—Salida autorizada, Hyūga-san. Mantente alerta más allá del último puesto de control; la frontera ha estado inestable últimamente —advirtió el ninja encargado.<br />
<br />
Akira asintió en silencio, guardó el documento y cruzó el umbral de las puertas de Konoha.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Salida misión C] El Eco del Hurón en el Paso de Montaña]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14200</link>
			<pubDate>Thu, 23 Jul 2026 11:26:09 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14200</guid>
			<description><![CDATA[La mañana apenas comenzaba cuando Kuroto Uchiha llegó a las puertas de Konohagakure. Llevaba su equipamiento preparado y el informe de la misión guardado entre sus pertenencias. Al aproximarse al puesto de control, uno de los guardias levantó la mano para detenerlo.<br />
<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Buenos días. Identificación y motivo de la salida.</span><br />
<br />
- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Kuroto Uchiha</span> -respondió mientras le entregaba el informe-. <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Tengo asignada una misión de rango C en el sector norte.</span><br />
<br />
El guardia revisó brevemente la documentación, comprobando el sello y los datos registrados.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Paso montañoso de Las Agujas de Hielo...</span> -leyó antes de devolverle el informe y de levantar la mirada-. <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">No es una ruta precisamente agradable... Todo parece estar en orden.</span><br />
<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- De acuerdo, gracias por la advertencia.</span><br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Ten cuidado</span> -añadió el guardia, apartándose para dejarlo pasar-. <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">Las rutas del norte no suelen ser tranquilas.</span><br />
<br />
El Uchiha asintió y cruzó las puertas de la aldea, comenzando su viaje hacia el paso montañoso donde tendría lugar la misión.<br />
<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<br />
<br />
Fecha OFF Rol: 23/07/2026<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Misión:</span> El Eco del Hurón en el Paso de Montaña <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14147&amp;pid=25082#pid25082" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://shinobigaiden.net/showthread.php...2#pid25082</a><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rango:</span> C <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Fecha:</span> Día 2 de Verano del año 150<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Destino:</span> Paso montañoso de Las Agujas de Hielo<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Participante:</span> Kuroto Uchiha<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Narrador:</span> Akira Hyuuga<br />
<br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La mañana apenas comenzaba cuando Kuroto Uchiha llegó a las puertas de Konohagakure. Llevaba su equipamiento preparado y el informe de la misión guardado entre sus pertenencias. Al aproximarse al puesto de control, uno de los guardias levantó la mano para detenerlo.<br />
<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Buenos días. Identificación y motivo de la salida.</span><br />
<br />
- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Kuroto Uchiha</span> -respondió mientras le entregaba el informe-. <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Tengo asignada una misión de rango C en el sector norte.</span><br />
<br />
El guardia revisó brevemente la documentación, comprobando el sello y los datos registrados.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Paso montañoso de Las Agujas de Hielo...</span> -leyó antes de devolverle el informe y de levantar la mirada-. <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">No es una ruta precisamente agradable... Todo parece estar en orden.</span><br />
<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- De acuerdo, gracias por la advertencia.</span><br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Ten cuidado</span> -añadió el guardia, apartándose para dejarlo pasar-. <span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">Las rutas del norte no suelen ser tranquilas.</span><br />
<br />
El Uchiha asintió y cruzó las puertas de la aldea, comenzando su viaje hacia el paso montañoso donde tendría lugar la misión.<br />
<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<br />
<br />
Fecha OFF Rol: 23/07/2026<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Misión:</span> El Eco del Hurón en el Paso de Montaña <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14147&amp;pid=25082#pid25082" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://shinobigaiden.net/showthread.php...2#pid25082</a><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rango:</span> C <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Fecha:</span> Día 2 de Verano del año 150<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Destino:</span> Paso montañoso de Las Agujas de Hielo<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Participante:</span> Kuroto Uchiha<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Narrador:</span> Akira Hyuuga<br />
<br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[resgistro de salida Rastreo en la espesura: Vigilancia en las fronteras de Konoha]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14190</link>
			<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 21:02:58 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14190</guid>
			<description><![CDATA[El sol apenas comenzaba a elevarse sobre el horizonte, bañando con una luz pálida y veraniega los imponentes muros de madera y piedra de la Aldea Oculta entre las Hojas. En el puesto de control de las puertas principales, el movimiento matutino era constante, pero ordenado.<br />
<br />
Akira Hyūga avanzó con paso firme y silencioso hacia el registro de salidas, portando la indumentaria reglamentaria de su clan y el equipo shinobi debidamente ajustado. Ante el escritorio del oficial de guardia, se detuvo con una postura respetuosa pero distante.<br />
<br />
—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Buenos días. Orden de misión individual, sector fronterizo noroeste</span> —anunció Akira con voz clara, extendiendo el pergamino oficial con los sellos correspondientes de la capitanía.<br />
<br />
El guardia de la puerta examinó el documento con detenimiento, cruzó una rápida mirada con el joven Hyūga y, tras estampar el sello de salida en el registro con la hora exacta de la mañana del 28 de verano, le devolvió el pergamino.<br />
<br />
—<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Salida autorizada, Hyūga-san. Mantente alerta más allá del último puesto de control; la frontera ha estado inestable últimamente </span>—advirtió el ninja encargado.<br />
<br />
Akira asintió en silencio, guardó el documento y cruzó el umbral de las puertas de Konoha. El camino por delante exigía poco más de una hora de marcha constante en solitario, adentrándose por rutas comerciales y senderos secundarios hasta alcanzar la zona boscosa designada.<br />
<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<br />
fecha off 22/7/2026<br />
<br />
<br />
● Nombre de la Misión: Rastreo en la espesura: Vigilancia en las fronteras de Konoha <br />
● Información de la Misión: Informes recientes de la división de vigilancia han encendido las alarmas sobre una posible presencia no autorizada merodeando los límites del País del Fuego, cerca de las rutas comerciales y caminos secundarios que conectan con Konohagakure. Se sospecha de agentes extranjeros o desertores de menor rango tanteando las defensas de la zona. Debido a la naturaleza de la misión y a las óptimas capacidades de percepción y rastreo, se le encomienda al genin Akira Hyūga realizar un reconocimiento exhaustivo del sector asignado, emplear el Byakugan para detectar posibles flujos de chakra extraños o trampas ocultas, y neutralizar o disuadir cualquier amenaza antes de que la seguridad de la aldea se vea comprometida. <br />
● Rango y Tipo de la Misión: Rango C — Misión Normal (Investigación, Rastreo y Combate) <br />
● Fecha y Lugar: 28 verano konoha año 150 <br />
● Cantidad de Usuarios: 1,narrador yokubari<br />
● Cantidad máxima de horas por ronda: ajustada al narrador</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El sol apenas comenzaba a elevarse sobre el horizonte, bañando con una luz pálida y veraniega los imponentes muros de madera y piedra de la Aldea Oculta entre las Hojas. En el puesto de control de las puertas principales, el movimiento matutino era constante, pero ordenado.<br />
<br />
Akira Hyūga avanzó con paso firme y silencioso hacia el registro de salidas, portando la indumentaria reglamentaria de su clan y el equipo shinobi debidamente ajustado. Ante el escritorio del oficial de guardia, se detuvo con una postura respetuosa pero distante.<br />
<br />
—<span style="color: #c10300;" class="mycode_color">Buenos días. Orden de misión individual, sector fronterizo noroeste</span> —anunció Akira con voz clara, extendiendo el pergamino oficial con los sellos correspondientes de la capitanía.<br />
<br />
El guardia de la puerta examinó el documento con detenimiento, cruzó una rápida mirada con el joven Hyūga y, tras estampar el sello de salida en el registro con la hora exacta de la mañana del 28 de verano, le devolvió el pergamino.<br />
<br />
—<span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Salida autorizada, Hyūga-san. Mantente alerta más allá del último puesto de control; la frontera ha estado inestable últimamente </span>—advirtió el ninja encargado.<br />
<br />
Akira asintió en silencio, guardó el documento y cruzó el umbral de las puertas de Konoha. El camino por delante exigía poco más de una hora de marcha constante en solitario, adentrándose por rutas comerciales y senderos secundarios hasta alcanzar la zona boscosa designada.<br />
<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<br />
fecha off 22/7/2026<br />
<br />
<br />
● Nombre de la Misión: Rastreo en la espesura: Vigilancia en las fronteras de Konoha <br />
● Información de la Misión: Informes recientes de la división de vigilancia han encendido las alarmas sobre una posible presencia no autorizada merodeando los límites del País del Fuego, cerca de las rutas comerciales y caminos secundarios que conectan con Konohagakure. Se sospecha de agentes extranjeros o desertores de menor rango tanteando las defensas de la zona. Debido a la naturaleza de la misión y a las óptimas capacidades de percepción y rastreo, se le encomienda al genin Akira Hyūga realizar un reconocimiento exhaustivo del sector asignado, emplear el Byakugan para detectar posibles flujos de chakra extraños o trampas ocultas, y neutralizar o disuadir cualquier amenaza antes de que la seguridad de la aldea se vea comprometida. <br />
● Rango y Tipo de la Misión: Rango C — Misión Normal (Investigación, Rastreo y Combate) <br />
● Fecha y Lugar: 28 verano konoha año 150 <br />
● Cantidad de Usuarios: 1,narrador yokubari<br />
● Cantidad máxima de horas por ronda: ajustada al narrador</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Capítulo 1] Donde las hojas encuentran el mar]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14086</link>
			<pubDate>Mon, 20 Jul 2026 07:33:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14086</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Capítulo 1] Donde las Hojas Encuentran el Mar</span></span></div>
<br />
Habían pasado varias semanas desde el desastre de la bestia negra, suficientes para que Konoha reparara parte de sus calles, enterrara a sus muertos y aprendiera a convivir con las cicatrices que todavía permanecían sobre algunos edificios. Para entonces, la noticia ya era pública: la aldea celebraría su reunión anual con la llamada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gente del mar</span>. Su existencia nunca había sido un secreto. Los relatos más antiguos de Konoha hablaban de ellos como aliados fundamentales durante los años de la oscuridad y como participantes del gran concilio que cambió el destino del mundo. Sin embargo, quiénes eran realmente, dónde se encontraba su aldea y qué había sido de ellos durante el último siglo seguía siendo un misterio para la mayoría. Y, hasta el momento, ese desconocimiento había resultado conveniente para ambas partes.<br />
<br />
Desde hacía décadas, el encuentro tenía lugar en una pequeña península del País de las Olas, un territorio neutral que ninguna de las dos aldeas podía reclamar como propio. Allí se levantaba un pueblo modesto de pescadores, comerciantes y artesanos que, durante una o dos semanas cada año, recibía a ambas delegaciones y les ofrecía un espacio seguro para conversar. A cambio de su hospitalidad, Konoha y la gente del mar ponían a sus ninjas al servicio de la comunidad durante toda la reunión. Reparaban caminos, protegían las rutas, atendían enfermos, escoltaban embarcaciones y resolvían las pequeñas misiones que el pueblo no podía enfrentar por sí solo. Aquella cooperación se había convertido en parte de la tradición: mientras los líderes discutían el futuro, sus shinobis trabajaban juntos para ayudar a quienes les permitían reunirse.<br />
<br />
La mañana del día cuarenta y cinco de primavera llegó despejada y fresca. Frente a las puertas principales de Konoha esperaba una larga caravana de carretas reforzadas, animales de carga y shinobis encargados de proteger el trayecto. La mayoría de los seleccionados ya había ocupado su lugar. Algunas carretas transportaban comida producida en los alrededores de la aldea; otras llevaban herramientas, medicinas, semillas, telas y obsequios destinados a los habitantes del País de las Olas. También habían preparado presentes para la delegación marítima, tal como mandaba la costumbre. Cada carga había sido registrada, sellada y revisada varias veces. Nada podía faltar durante un viaje diplomático que mantendría a parte de las fuerzas de Konoha lejos de casa durante varias semanas.<br />
<br />
Los jōnin encargados de la seguridad se encontraban distribuidos alrededor de la caravana, mientras que el cuerpo chūnin ya había abordado y recibido sus responsabilidades. Solo faltaba organizar al cuerpo genin. Sus nombres figuraban en una lista sostenida por dos oficiales junto a la entrada, y cada recién llegado debía presentarse antes de recibir una posición dentro de la caravana.<br />
<br />
En medio del movimiento, en las mismas puertas de la aldea... esperaba Akihiro Sarutobi. El Hokage permanecía de pie entre las primeras carretas, con las manos ocultas dentro de las mangas y la mirada puesta sobre Konoha. A su derecha estaba Shinodera Nara, revisando por última vez las listas y las rutas trazadas sobre un pequeño mapa; a la izquierda, Shiori Uchiha observaba las puertas y evaluaba a cada shinobi que se acercaba. <span style="color: #F0526E;" class="mycode_color">—Los chūnin están distribuidos y las rutas de vigilancia fueron asignadas. Solo faltan los genin</span> —informó Shiori. Shinodera levantó la mirada hacia el camino y soltó aire lentamente. <span style="color: #A78BFA;" class="mycode_color">—Démosles unos minutos. Algunos todavía no comprenden que llegar tarde a una reunión diplomática también cuenta como llegar tarde a una misión.</span> Akihiro no respondió de inmediato. Continuó contemplando la aldea, sus tejados reparados y las marcas que el ataque todavía había dejado sobre ella.<br />
<br />
Poco a poco, los últimos genin comenzaron a aparecer por el camino que conducía hasta las puertas. Los oficiales levantaron sus pinceles, preparados para registrar cada llegada, mientras Shinodera doblaba el mapa y Shiori cruzaba los brazos. Entonces Akihiro apartó finalmente la mirada de Konoha y se volvió hacia los jóvenes reunidos frente a la caravana. <span style="color: #FF7A33;" class="mycode_color">—Preséntense ante los oficiales y formen junto a la carreta que les asignen. Se les indicó que no trajeran su protector de la aldea. Si lo hicieron, depositen su protector de la aldea con ellos. Recibirán sus equipos y responsabilidades antes de partir. No los abran aún. Cuando salgamos de estas puertas, dejarán de representar únicamente a sus clanes. Durante las próximas semanas, cada palabra y cada decisión que tomen hablará en nombre de Konoha.</span> Detrás de él, los animales de carga comenzaron a inquietarse y las ruedas de la primera carreta crujieron sobre la piedra.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Para las reglas del tema se escribió:</cite>1- Este tema solo dura 2 rondas.<br />
2- Participar no es obligatorio. <br />
3- Los que participen, no podrán crear temas en la aldea con fecha del 45 al 60 de Verano.<br />
4- Para participar, deben ser nivel 7 o mayor.</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>144 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Capítulo 1] Donde las Hojas Encuentran el Mar</span></span></div>
<br />
Habían pasado varias semanas desde el desastre de la bestia negra, suficientes para que Konoha reparara parte de sus calles, enterrara a sus muertos y aprendiera a convivir con las cicatrices que todavía permanecían sobre algunos edificios. Para entonces, la noticia ya era pública: la aldea celebraría su reunión anual con la llamada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gente del mar</span>. Su existencia nunca había sido un secreto. Los relatos más antiguos de Konoha hablaban de ellos como aliados fundamentales durante los años de la oscuridad y como participantes del gran concilio que cambió el destino del mundo. Sin embargo, quiénes eran realmente, dónde se encontraba su aldea y qué había sido de ellos durante el último siglo seguía siendo un misterio para la mayoría. Y, hasta el momento, ese desconocimiento había resultado conveniente para ambas partes.<br />
<br />
Desde hacía décadas, el encuentro tenía lugar en una pequeña península del País de las Olas, un territorio neutral que ninguna de las dos aldeas podía reclamar como propio. Allí se levantaba un pueblo modesto de pescadores, comerciantes y artesanos que, durante una o dos semanas cada año, recibía a ambas delegaciones y les ofrecía un espacio seguro para conversar. A cambio de su hospitalidad, Konoha y la gente del mar ponían a sus ninjas al servicio de la comunidad durante toda la reunión. Reparaban caminos, protegían las rutas, atendían enfermos, escoltaban embarcaciones y resolvían las pequeñas misiones que el pueblo no podía enfrentar por sí solo. Aquella cooperación se había convertido en parte de la tradición: mientras los líderes discutían el futuro, sus shinobis trabajaban juntos para ayudar a quienes les permitían reunirse.<br />
<br />
La mañana del día cuarenta y cinco de primavera llegó despejada y fresca. Frente a las puertas principales de Konoha esperaba una larga caravana de carretas reforzadas, animales de carga y shinobis encargados de proteger el trayecto. La mayoría de los seleccionados ya había ocupado su lugar. Algunas carretas transportaban comida producida en los alrededores de la aldea; otras llevaban herramientas, medicinas, semillas, telas y obsequios destinados a los habitantes del País de las Olas. También habían preparado presentes para la delegación marítima, tal como mandaba la costumbre. Cada carga había sido registrada, sellada y revisada varias veces. Nada podía faltar durante un viaje diplomático que mantendría a parte de las fuerzas de Konoha lejos de casa durante varias semanas.<br />
<br />
Los jōnin encargados de la seguridad se encontraban distribuidos alrededor de la caravana, mientras que el cuerpo chūnin ya había abordado y recibido sus responsabilidades. Solo faltaba organizar al cuerpo genin. Sus nombres figuraban en una lista sostenida por dos oficiales junto a la entrada, y cada recién llegado debía presentarse antes de recibir una posición dentro de la caravana.<br />
<br />
En medio del movimiento, en las mismas puertas de la aldea... esperaba Akihiro Sarutobi. El Hokage permanecía de pie entre las primeras carretas, con las manos ocultas dentro de las mangas y la mirada puesta sobre Konoha. A su derecha estaba Shinodera Nara, revisando por última vez las listas y las rutas trazadas sobre un pequeño mapa; a la izquierda, Shiori Uchiha observaba las puertas y evaluaba a cada shinobi que se acercaba. <span style="color: #F0526E;" class="mycode_color">—Los chūnin están distribuidos y las rutas de vigilancia fueron asignadas. Solo faltan los genin</span> —informó Shiori. Shinodera levantó la mirada hacia el camino y soltó aire lentamente. <span style="color: #A78BFA;" class="mycode_color">—Démosles unos minutos. Algunos todavía no comprenden que llegar tarde a una reunión diplomática también cuenta como llegar tarde a una misión.</span> Akihiro no respondió de inmediato. Continuó contemplando la aldea, sus tejados reparados y las marcas que el ataque todavía había dejado sobre ella.<br />
<br />
Poco a poco, los últimos genin comenzaron a aparecer por el camino que conducía hasta las puertas. Los oficiales levantaron sus pinceles, preparados para registrar cada llegada, mientras Shinodera doblaba el mapa y Shiori cruzaba los brazos. Entonces Akihiro apartó finalmente la mirada de Konoha y se volvió hacia los jóvenes reunidos frente a la caravana. <span style="color: #FF7A33;" class="mycode_color">—Preséntense ante los oficiales y formen junto a la carreta que les asignen. Se les indicó que no trajeran su protector de la aldea. Si lo hicieron, depositen su protector de la aldea con ellos. Recibirán sus equipos y responsabilidades antes de partir. No los abran aún. Cuando salgamos de estas puertas, dejarán de representar únicamente a sus clanes. Durante las próximas semanas, cada palabra y cada decisión que tomen hablará en nombre de Konoha.</span> Detrás de él, los animales de carga comenzaron a inquietarse y las ruedas de la primera carreta crujieron sobre la piedra.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Para las reglas del tema se escribió:</cite>1- Este tema solo dura 2 rondas.<br />
2- Participar no es obligatorio. <br />
3- Los que participen, no podrán crear temas en la aldea con fecha del 45 al 60 de Verano.<br />
4- Para participar, deben ser nivel 7 o mayor.</blockquote>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>144 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Salida Mision Rango C] Efecto Dominó: Sombras en los Diques Secos]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13924</link>
			<pubDate>Thu, 09 Jul 2026 15:39:51 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13924</guid>
			<description><![CDATA[El sol apenas comenzaba a despuntar sobre el horizonte de Konoha, tiñendo las copas de los árboles de un naranja suave y esperanzador, cuando me encontré caminando por las calles principales de la aldea con una determinación que no había sentido en mucho tiempo. Mi equipo ninja descansaba con el peso familiar de siempre sobre mis hombros, pero mi mente estaba lejos de la calma de la villa; estaba atrapada en el informe que había redactado tras el incidente en el Mercado Sur. Aquella tablilla de madera, la prueba física que entregué a las autoridades, era la llave que había abierto la puerta a esta nueva encomienda.<br />
<br />
Llegar a las Puertas de la Aldea siempre genera una sensación ambivalente. Por un lado, la seguridad de los muros de Konoha me ofrecía el refugio necesario para recuperar el aliento tras mis rutinas de entrenamiento; por otro, el llamado del deber, de esa "Misión Oficial" que llevaba el sello del Hokage, me obligaba a dejar atrás la comodidad. Al llegar a la garita, el guardia de turno me observó con la seriedad propia de quien sabe que los tiempos no están para distracciones. Sin decir palabra, extendí el documento oficial de asignación: "Efecto Dominó: Sombras en los Diques Secos".<br />
<br />
El proceso administrativo fue breve pero minucioso. Mientras el oficial revisaba los sellos y validaba la veracidad de la orden, mis dedos tamborileaban rítmicamente contra el muslo, una costumbre que solía delatar mi ansiedad por comenzar. Observé cómo el funcionario deslizaba la pluma sobre el papel, dejando la firma que me autorizaba oficialmente a abandonar los límites de la aldea y adentrarme en el País del Fuego hacia la periferia. El sonido del sello impactando contra el pergamino resonó en el aire silencioso de la mañana como un disparo de salida.<br />
<br />
—Está todo en orden, Hyūga —dijo el guardia, devolviéndome el formulario debidamente cumplimentado—. Tenga cuidado ahí fuera. Se rumorea que los muelles no son un lugar seguro.<br />
<br />
Asentí con una inclinación de cabeza, guardando el documento en mi bolsa de herramientas. Salir de la aldea nunca fue un acto trivial; era un compromiso, una promesa de que regresaría con las manos llenas de respuestas o, al menos, con la tranquilidad de haber cumplido con mi deber. Al cruzar el umbral y sentir el aire fresco y menos filtrado de los bosques exteriores, exhalé una bocanada de aire viciado.<br />
<br />
Ahora, el papeleo era cosa del pasado. Me detuve a unos metros de la salida, apoyándome contra el tronco de un viejo árbol que bordeaba el camino principal, con la mirada fija en el sendero que me conduciría a aquel laberinto de grúas oxidadas y almacenes clandestinos. Mi compañero de misión, Kyōraku Senju, debía estar al llegar. Conozco la reputación de los Senju, y aunque esta es una misión que exige discreción y un control absoluto de mis sentidos para no caer en las trampas logísticas que me esperan, confío en que nuestra coordinación será el factor decisivo. La vida y el chakra son recursos finitos, pero la determinación de asegurar esas pruebas es absoluta.<br />
<br />
Saqué una pequeña brújula de mi bolsillo, verificando la dirección del País del Fuego una última vez. El objetivo está claro: infiltrarse, localizar al cabecilla del sindicato y neutralizar el contrabando. Espero a Kyōraku con paciencia, observando el movimiento de las hojas. Cuando él aparezca, pondremos rumbo al norte, hacia los diques, donde la verdadera sombra de esta misión nos espera.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Fecha off-rol: 09 de julio de 2026</div>
		</div><br />
<br />
<br />
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<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Asignacion'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Asignacion'; }">Asignacion</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/nzye47H.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: nzye47H.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El sol apenas comenzaba a despuntar sobre el horizonte de Konoha, tiñendo las copas de los árboles de un naranja suave y esperanzador, cuando me encontré caminando por las calles principales de la aldea con una determinación que no había sentido en mucho tiempo. Mi equipo ninja descansaba con el peso familiar de siempre sobre mis hombros, pero mi mente estaba lejos de la calma de la villa; estaba atrapada en el informe que había redactado tras el incidente en el Mercado Sur. Aquella tablilla de madera, la prueba física que entregué a las autoridades, era la llave que había abierto la puerta a esta nueva encomienda.<br />
<br />
Llegar a las Puertas de la Aldea siempre genera una sensación ambivalente. Por un lado, la seguridad de los muros de Konoha me ofrecía el refugio necesario para recuperar el aliento tras mis rutinas de entrenamiento; por otro, el llamado del deber, de esa "Misión Oficial" que llevaba el sello del Hokage, me obligaba a dejar atrás la comodidad. Al llegar a la garita, el guardia de turno me observó con la seriedad propia de quien sabe que los tiempos no están para distracciones. Sin decir palabra, extendí el documento oficial de asignación: "Efecto Dominó: Sombras en los Diques Secos".<br />
<br />
El proceso administrativo fue breve pero minucioso. Mientras el oficial revisaba los sellos y validaba la veracidad de la orden, mis dedos tamborileaban rítmicamente contra el muslo, una costumbre que solía delatar mi ansiedad por comenzar. Observé cómo el funcionario deslizaba la pluma sobre el papel, dejando la firma que me autorizaba oficialmente a abandonar los límites de la aldea y adentrarme en el País del Fuego hacia la periferia. El sonido del sello impactando contra el pergamino resonó en el aire silencioso de la mañana como un disparo de salida.<br />
<br />
—Está todo en orden, Hyūga —dijo el guardia, devolviéndome el formulario debidamente cumplimentado—. Tenga cuidado ahí fuera. Se rumorea que los muelles no son un lugar seguro.<br />
<br />
Asentí con una inclinación de cabeza, guardando el documento en mi bolsa de herramientas. Salir de la aldea nunca fue un acto trivial; era un compromiso, una promesa de que regresaría con las manos llenas de respuestas o, al menos, con la tranquilidad de haber cumplido con mi deber. Al cruzar el umbral y sentir el aire fresco y menos filtrado de los bosques exteriores, exhalé una bocanada de aire viciado.<br />
<br />
Ahora, el papeleo era cosa del pasado. Me detuve a unos metros de la salida, apoyándome contra el tronco de un viejo árbol que bordeaba el camino principal, con la mirada fija en el sendero que me conduciría a aquel laberinto de grúas oxidadas y almacenes clandestinos. Mi compañero de misión, Kyōraku Senju, debía estar al llegar. Conozco la reputación de los Senju, y aunque esta es una misión que exige discreción y un control absoluto de mis sentidos para no caer en las trampas logísticas que me esperan, confío en que nuestra coordinación será el factor decisivo. La vida y el chakra son recursos finitos, pero la determinación de asegurar esas pruebas es absoluta.<br />
<br />
Saqué una pequeña brújula de mi bolsillo, verificando la dirección del País del Fuego una última vez. El objetivo está claro: infiltrarse, localizar al cabecilla del sindicato y neutralizar el contrabando. Espero a Kyōraku con paciencia, observando el movimiento de las hojas. Cuando él aparezca, pondremos rumbo al norte, hacia los diques, donde la verdadera sombra de esta misión nos espera.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Fecha off-rol: 09 de julio de 2026</div>
		</div><br />
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<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Asignacion'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Asignacion'; }">Asignacion</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/nzye47H.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: nzye47H.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Autonarrada E] Reparto de Raciones]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13747</link>
			<pubDate>Sun, 28 Jun 2026 07:49:51 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13747</guid>
			<description><![CDATA[Las primeras luces del sol apenas comenzaban a extenderse sobre Konohagakure cuando Kuroto llegó al Departamento de Suministros. Como otros edificios administrativos, aquel lugar ya rebosaba actividad desde muy temprano. Varios trabajadores transportaban cajas de un lado a otro, revisaban listas o cargaban carretillas repletas de provisiones destinadas a distintos puntos de la aldea. Nada más cruzar la entrada, uno de los encargados levantó la vista de una mesa cubierta por pergaminos.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- ¿Vienes por la misión de reparto?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha</span>. -Dijo con un leve movimiento de cabeza-<br />
<br />
El hombre consultó una lista, recorrió varias líneas con el dedo y terminó por asentir.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Perfecto. Tenemos preparadas cuatro entregas para los puestos de vigilancia del perímetro. No es nada complicado, pero queremos que los guardias reciban la comida antes del cambio de turno.</span><br />
<br />
Señaló varias cajas cuidadosamente preparadas junto a la pared. Había recipientes de madera con arroz, pescado seco, fruta conservada y pequeñas cantimploras de agua. Todo estaba distribuido en paquetes individuales para facilitar el reparto.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Cada puesto recibirá exactamente lo mismo. Solo tendrás que entregar las raciones y confirmar que las han recibido.</span><br />
<br />
Kuroto observó los bultos durante unos instantes antes de colocarlos de forma equilibrada sobre una mochila de transporte.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entendido. </span><br />
<br />
Abandonó el edificio poco después y puso rumbo hacia el primer puesto de vigilancia. A medida que dejaba atrás el centro de la aldea, el bullicio de comerciantes y vecinos fue desapareciendo poco a poco, sustituido por calles más tranquilas y caminos que bordeaban el perímetro de Konohagakure.  El primer puesto no era más que una pequeña caseta de madera levantada junto a uno de los accesos secundarios. Dos shinobi vigilaban los alrededores mientras intercambiaban algunas palabras para combatir el aburrimiento de la guardia. Uno de ellos sonrió al ver aparecer a Kuroto con la mochila.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- ¡Por fin! Pensaba que hoy nos tocaría almorzar hojas.</span><br />
<br />
Su compañero soltó una breve risa antes de aceptar las raciones.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Gracias. Siempre llegan justo cuando el estómago empieza a protestar.</span><br />
<br />
Kuroto entregó los paquetes sin añadir nada más.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Buen servicio.</span><br />
<br />
Tras una breve despedida continuó su recorrido. El segundo puesto se encontraba algo más alejado, levantado sobre una pequeña elevación desde la que podía observarse parte del bosque que rodeaba la aldea. Solo un shinobi permanecía de guardia mientras observaba atentamente el horizonte. Recibió las provisiones con una inclinación de cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Gracias. Hoy parece tranquilo... aunque precisamente esos suelen ser los días en los que más conviene mantenerse atento.</span><br />
<br />
Kuroto dirigió una breve mirada hacia la inmensidad del bosque y continuó caminando. El tercer puesto estaba situado junto a una pequeña torre de observación. Allí encontró a una kunoichi revisando varios informes mientras otro shinobi observaba el camino principal. La mujer aceptó las raciones con evidente alivio.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Pensábamos turnarnos para ir a comer dentro de un rato. Nos acabas de ahorrar el viaje.</span><br />
<br />
Mientras guardaban las provisiones, Kuroto aprovechó para beber un poco de agua de su propia cantimplora antes de reanudar la marcha. El último destino era también el más alejado. El camino discurría entre árboles altos y frondosos arbustos sobre el sendero. La mochila pesaba menos después de cada entrega, pero las horas caminando comenzaban a hacerse notar en las piernas. Finalmente distinguió el último puesto de vigilancia. Un veterano shinobi permanecía sentado junto a la empalizada afilando distraídamente un kunai. Al ver acercarse a Kuroto dejó la piedra a un lado y recibió las últimas raciones.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Buen trabajo. Cuando uno lleva horas aquí fuera termina agradeciendo un buen plato de comida.</span><br />
<br />
Kuroto observó durante unos segundos el perímetro de la aldea, le gustaban aquellas vistas, siempre le había encatntado entrenar en la naturaleza que rodeaba a Konohagakure, aquel lugar le daba mucha paz. Los puestos quedaban abastecidos. Los guardias podían permanecer en sus posiciones sin abandonar la vigilancia. Kuroto emprendió entonces el regreso hacia el Departamento de Suministros. El encargado seguía revisando documentos cuando volvió a entrar. Al verlo aparecer sin la mochila cargada, sonrió levemente.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- ¿Todo entregado?</span><br />
<br />
Kuroto dejó sobre la mesa la hoja de reparto con las confirmaciones correspondientes.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí. Todas las raciones llegaron a sus puestos.</span><br />
<br />
El hombre revisó el documento durante unos segundos antes de asentir satisfecho.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Perfecto. Una preocupación menos para hoy.</span><br />
<br />
Kuroto inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Ha sido un placer ser de ayuda. Me despido y gracias por todo.</span> -Dijo mientras devolvía la mochila con la que llevó los suministros-<br />
<br />
Abandonó el edificio tras despedirse. El peso de la mochila cargada de raciones ya no estaba, pero la sensación de haber pasado varias horas en movimiento seguía en los hombros y piernas. Respiró hondo y siguió caminando sin detenerse demasiado, simplemente hacia la siguiente calle mientras el ruido habitual de la aldea volvía a ocuparlo todo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">- Que ganas de llegar a casa y tomar un baño...</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Las primeras luces del sol apenas comenzaban a extenderse sobre Konohagakure cuando Kuroto llegó al Departamento de Suministros. Como otros edificios administrativos, aquel lugar ya rebosaba actividad desde muy temprano. Varios trabajadores transportaban cajas de un lado a otro, revisaban listas o cargaban carretillas repletas de provisiones destinadas a distintos puntos de la aldea. Nada más cruzar la entrada, uno de los encargados levantó la vista de una mesa cubierta por pergaminos.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- ¿Vienes por la misión de reparto?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha</span>. -Dijo con un leve movimiento de cabeza-<br />
<br />
El hombre consultó una lista, recorrió varias líneas con el dedo y terminó por asentir.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Perfecto. Tenemos preparadas cuatro entregas para los puestos de vigilancia del perímetro. No es nada complicado, pero queremos que los guardias reciban la comida antes del cambio de turno.</span><br />
<br />
Señaló varias cajas cuidadosamente preparadas junto a la pared. Había recipientes de madera con arroz, pescado seco, fruta conservada y pequeñas cantimploras de agua. Todo estaba distribuido en paquetes individuales para facilitar el reparto.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Cada puesto recibirá exactamente lo mismo. Solo tendrás que entregar las raciones y confirmar que las han recibido.</span><br />
<br />
Kuroto observó los bultos durante unos instantes antes de colocarlos de forma equilibrada sobre una mochila de transporte.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entendido. </span><br />
<br />
Abandonó el edificio poco después y puso rumbo hacia el primer puesto de vigilancia. A medida que dejaba atrás el centro de la aldea, el bullicio de comerciantes y vecinos fue desapareciendo poco a poco, sustituido por calles más tranquilas y caminos que bordeaban el perímetro de Konohagakure.  El primer puesto no era más que una pequeña caseta de madera levantada junto a uno de los accesos secundarios. Dos shinobi vigilaban los alrededores mientras intercambiaban algunas palabras para combatir el aburrimiento de la guardia. Uno de ellos sonrió al ver aparecer a Kuroto con la mochila.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- ¡Por fin! Pensaba que hoy nos tocaría almorzar hojas.</span><br />
<br />
Su compañero soltó una breve risa antes de aceptar las raciones.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Gracias. Siempre llegan justo cuando el estómago empieza a protestar.</span><br />
<br />
Kuroto entregó los paquetes sin añadir nada más.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Buen servicio.</span><br />
<br />
Tras una breve despedida continuó su recorrido. El segundo puesto se encontraba algo más alejado, levantado sobre una pequeña elevación desde la que podía observarse parte del bosque que rodeaba la aldea. Solo un shinobi permanecía de guardia mientras observaba atentamente el horizonte. Recibió las provisiones con una inclinación de cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Gracias. Hoy parece tranquilo... aunque precisamente esos suelen ser los días en los que más conviene mantenerse atento.</span><br />
<br />
Kuroto dirigió una breve mirada hacia la inmensidad del bosque y continuó caminando. El tercer puesto estaba situado junto a una pequeña torre de observación. Allí encontró a una kunoichi revisando varios informes mientras otro shinobi observaba el camino principal. La mujer aceptó las raciones con evidente alivio.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Pensábamos turnarnos para ir a comer dentro de un rato. Nos acabas de ahorrar el viaje.</span><br />
<br />
Mientras guardaban las provisiones, Kuroto aprovechó para beber un poco de agua de su propia cantimplora antes de reanudar la marcha. El último destino era también el más alejado. El camino discurría entre árboles altos y frondosos arbustos sobre el sendero. La mochila pesaba menos después de cada entrega, pero las horas caminando comenzaban a hacerse notar en las piernas. Finalmente distinguió el último puesto de vigilancia. Un veterano shinobi permanecía sentado junto a la empalizada afilando distraídamente un kunai. Al ver acercarse a Kuroto dejó la piedra a un lado y recibió las últimas raciones.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Buen trabajo. Cuando uno lleva horas aquí fuera termina agradeciendo un buen plato de comida.</span><br />
<br />
Kuroto observó durante unos segundos el perímetro de la aldea, le gustaban aquellas vistas, siempre le había encatntado entrenar en la naturaleza que rodeaba a Konohagakure, aquel lugar le daba mucha paz. Los puestos quedaban abastecidos. Los guardias podían permanecer en sus posiciones sin abandonar la vigilancia. Kuroto emprendió entonces el regreso hacia el Departamento de Suministros. El encargado seguía revisando documentos cuando volvió a entrar. Al verlo aparecer sin la mochila cargada, sonrió levemente.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- ¿Todo entregado?</span><br />
<br />
Kuroto dejó sobre la mesa la hoja de reparto con las confirmaciones correspondientes.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí. Todas las raciones llegaron a sus puestos.</span><br />
<br />
El hombre revisó el documento durante unos segundos antes de asentir satisfecho.<br />
<br />
<span style="color: #9df9ff;" class="mycode_color">- Perfecto. Una preocupación menos para hoy.</span><br />
<br />
Kuroto inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Ha sido un placer ser de ayuda. Me despido y gracias por todo.</span> -Dijo mientras devolvía la mochila con la que llevó los suministros-<br />
<br />
Abandonó el edificio tras despedirse. El peso de la mochila cargada de raciones ya no estaba, pero la sensación de haber pasado varias horas en movimiento seguía en los hombros y piernas. Respiró hondo y siguió caminando sin detenerse demasiado, simplemente hacia la siguiente calle mientras el ruido habitual de la aldea volvía a ocuparlo todo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">- Que ganas de llegar a casa y tomar un baño...</span></span>]]></content:encoded>
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