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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Zona Residencial]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 14:38:38 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Otra mañana solitaria.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15174</link>
			<pubDate>Wed, 14 Oct 2026 05:09:39 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=886">Sakura</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15174</guid>
			<description><![CDATA[La mañana todavía no había decidido si quería existir cuando Sakura llegó al campo de entrenamiento. Kirigakure tenía esa costumbre. En otros lugares, imaginaba, el amanecer debía de ser algo evidente. El cielo cambiaba de color, aparecía el sol y todo el mundo podía señalar hacia algún punto del horizonte y decir que allí comenzaba un nuevo día. En la Niebla las cosas eran menos consideradas. La oscuridad simplemente se volvía un poco más clara y, durante un rato, el mundo parecía permanecer suspendido entre la noche y la mañana. Sakura se detuvo frente a la entrada del campo y contempló aquella extensión gris.<br />
<br />
—Qué alegría.<br />
<br />
No había nadie para escucharla. Mejor. Así tampoco habría testigos de lo que estaba a punto de hacer voluntariamente. Se recogió el cabello con ambas manos, comprobó el ajuste de sus sandalias y comenzó a caminar hacia el centro del terreno. La humedad había cubierto la hierba durante la noche y cada pisada dejaba una huella oscura. Más adelante, varias siluetas de madera aparecían y desaparecían entre la niebla. Postes, troncos, obstáculos y muñecos de entrenamiento esperaban inmóviles. Sakura los miró con cierta desconfianza. Los objetos de entrenamiento tenían la desagradable particularidad de parecer inocentes antes de empezar. Inspiró profundamente. Nada de chakra.<br />
<br />
Aquella mañana no había técnicas que perfeccionar, sellos que memorizar ni secretos de su clan que descubrir. Solamente piernas, brazos, pulmones y una cantidad considerable de malas decisiones acumuladas desde que había decidido convertirse en kunoichi. Comenzó a correr. Los primeros minutos fueron fáciles. Siempre lo eran. Su cuerpo estaba descansado, la temperatura era agradable y avanzar entre la niebla tenía incluso algo relajante. Sakura mantuvo un ritmo moderado mientras recorría el perímetro del campo. Un pie delante del otro. Respiración constante. Hombros relajados. Durante la primera vuelta llegó incluso a preguntarse por qué se quejaba tanto del entrenamiento físico. Durante la segunda recordó por qué. En la tercera dejó de filosofar. El barro comenzó a adherirse a las sandalias. La humedad que al principio había agradecido se pegaba ahora a la piel. Su respiración se hizo más profunda y aquel pequeño ardor que había aparecido en los muslos empezó a extenderse lentamente. Sakura siguió corriendo. No había nada extraordinario en ello. Precisamente por eso resultaba difícil. Era sencillo ser valiente durante unos segundos. Lanzarse hacia delante, soportar un golpe, tomar una decisión desesperada. Las historias estaban llenas de momentos así. Nadie escribía historias sobre la cuarta vuelta alrededor de un campo embarrado. Ni sobre la quinta. Mucho menos sobre la sexta. Pero Sakura sospechaba que un shinobi se construía mucho más en aquellas mañanas que en los instantes que después terminaban convertidos en historias. Cuando sus piernas comenzaron a pedirle que redujera el ritmo, lo mantuvo. Cuando empezaron a exigirlo, aceleró. Solo un poco. Por orgullo. Fue una decisión estúpida. También fue profundamente satisfactoria. Terminó el recorrido junto a uno de los postes y apoyó ambas manos sobre las rodillas, respirando con la boca abierta.<br />
<br />
—Perfectamente... calculado...<br />
<br />
Una gota de sudor cayó desde su barbilla. El poste no pareció impresionado. Sakura levantó la cabeza y lo miró.<br />
<br />
—Tú tampoco tienes que ponerte así.<br />
<br />
Recuperó el aliento durante unos segundos. Después comenzó la segunda parte. Sentadillas. Al principio mantuvo la espalda recta y realizó cada repetición con una precisión casi ofensiva. Bajaba lentamente, sostenía la posición y volvía a levantarse. Diez. Veinte. Treinta. Después de aquello, la dignidad empezó a deteriorarse.<br />
En algún momento entre una repetición y la siguiente descubrió músculos cuya existencia desconocía. Sakura apretó los dientes. Bajó. Subió. Otra vez. El entrenamiento básico tenía algo particularmente cruel: no existía ningún enemigo al que culpar. Si dolía, era porque ella había decidido continuar. Si se detenía, nadie iba a derrotarla. Simplemente habría sido ella quien hubiese decidido que era suficiente. Bajó otra vez. Las piernas temblaron. Subió.<br />
<br />
—Una más.<br />
<br />
La hizo.<br />
<br />
—Una más.<br />
<br />
También. La siguiente fue peor. Por supuesto volvió a decirlo. Cuando finalmente terminó, se dejó caer sobre la hierba y permaneció mirando el cielo blanco de Kirigakure. Durante unos maravillosos segundos consideró seriamente quedarse allí. Quizá convertirse en parte del paisaje. Una piedra. Las piedras no hacían sentadillas. Era una profesión respetable. Entonces recordó que todavía quedaban los brazos.<br />
<br />
—Odio muchísimo ser responsable.<br />
<br />
Se giró sobre sí misma. Apoyó las manos contra el suelo. Flexiones. Las primeras fueron rápidas. Después redujo deliberadamente el ritmo. Descender hasta casi rozar la hierba con el pecho. Mantener. Subir. La fuerza no era su mayor virtud. Precisamente por eso estaba allí. Sakura poseía un cuerpo ligero, adecuado para moverse con rapidez, pero ser ligera no servía de demasiado si un impacto bastaba para romper la postura. Necesitaba piernas capaces de sostenerla después de horas de movimiento. Brazos que no cedieran cuando tuviera que defenderse. Un abdomen suficientemente fuerte para recuperar el equilibrio cuando alguien intentara arrebatárselo. No quería parecer fuerte. Quería ser difícil de derribar. Había una diferencia. Los brazos comenzaron a temblarle. Descendió. Subió. Otra vez. En la siguiente repetición apenas consiguió extender los codos. Cayó boca abajo. El barro recibió su llegada con absoluta indiferencia. Sakura permaneció allí. Uno. Dos. Tres segundos. Giró la cabeza y escupió una brizna de hierba que se le había pegado al labio.<br />
<br />
—Eso no cuenta.<br />
<br />
Nadie respondió.<br />
<br />
—He dicho que no cuenta.<br />
<br />
Se levantó.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Cuando llegó a los postes de equilibrio, la niebla comenzaba a retirarse ligeramente. Eran troncos de diferentes alturas colocados a distintas distancias. El ejercicio era sencillo: atravesarlos sin tocar el suelo. Sin chakra. Sakura subió al primero. Saltó al segundo. Después al tercero. El cuarto estaba húmedo. Su pie resbaló. Durante un instante realizó uno de esos movimientos desesperados que no pertenecen a ninguna escuela conocida de taijutsu: brazos extendidos, espalda arqueada y una expresión de absoluto convencimiento de que agitar las manos podía modificar las leyes de la naturaleza. No funcionó. Cayó.<br />
<br />
—Bien.<br />
<br />
Volvió a subir. Esta vez observó el poste antes de saltar. La superficie húmeda. La inclinación. La distancia. Saltó. Aterrizó ligeramente ladeada, corrigió el equilibrio y continuó. Una vez. Otra. Otra. Pronto comprendió que la dificultad no consistía realmente en saltar. Consistía en aterrizar. Cualquiera podía impulsarse hacia delante.<br />
Lo importante era saber dónde iban a terminar tus pies. La idea le gustó. Quizá demasiado. Empezó a variar el ejercicio. Saltos más largos. Cambios repentinos de dirección. Aterrizajes sobre una sola pierna. Giros antes de tocar el siguiente poste. Cayó muchas veces. En una particularmente aparatosa terminó sentada en el barro.<br />
Se quedó completamente inmóvil. Miró sus piernas. Miró sus manos. Miró la enorme mancha marrón sobre su ropa.<br />
<br />
—Mi madre va a matarme.<br />
<br />
Aquello consiguió que se levantara más rápido que cualquier ejercicio anterior.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La última parte fue la peor. Carreras cortas. Sakura colocó dos marcas separadas por varias decenas de metros. No necesitaba recorrer grandes distancias. Necesitaba hacerlo rápido. Se situó detrás de la primera. Flexionó ligeramente las rodillas. Inspiró. Y salió. Corrió hasta la segunda marca. Frenó. Giró. Volvió. Una vez. Otra. Otra. El mundo terminó reduciéndose a dos puntos. Ir. Volver. Ir. Volver. Los pulmones ardían. Las piernas habían dejado de protestar porque, probablemente, habían aceptado que su propietaria carecía del sentido común necesario para escucharlas. Sakura llegó a una de las marcas y tuvo que detenerse. Esta vez no hizo ningún comentario. Respiró. Una vez. Otra. El corazón golpeaba con fuerza dentro del pecho. Miró hacia el otro extremo. Podía terminar. Había corrido suficiente. Había trabajado piernas, brazos y equilibrio. Estaba cubierta de barro, agotada y probablemente tendría agujetas hasta en las pestañas al día siguiente. Nadie le había ordenado hacer una repetición más. Ahí estaba precisamente el problema. Sakura permaneció unos segundos mirando la marca distante. Después volvió a colocarse en posición. No porque creyera que una carrera adicional fuera a convertirla en una gran kunoichi. No lo haría. Tampoco porque quisiera demostrar nada a nadie. Estaba sola. Lo hizo porque algún día estaría cansada de verdad. Algún día sus piernas pesarían mucho más que aquella mañana. Algún día quizá habría alguien esperando que Sakura pudiera levantarse una vez más. Y aquel día no quería descubrir por primera vez qué ocurría cuando su cuerpo le decía que no y ella necesitaba responder que sí. Flexionó las rodillas. Corrió. No fue su carrera más rápida. Tampoco la más elegante. Fue simplemente la última. Y la terminó.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
Cuando abandonó el campo, Kirigakure finalmente había despertado. Las primeras voces llegaban desde las calles cercanas. Alguna puerta se abría. A través de la niebla comenzaban a distinguirse tejados y ventanas que unas horas antes parecían no existir. Sakura caminaba despacio. Muy despacio. Tenía barro en las piernas, hierba en el cabello y los brazos tan cansados que recogerlos sobre el pecho ya parecía un ejercicio adicional. No había aprendido ninguna técnica. No había derrotado a nadie. Ningún maestro había contemplado su esfuerzo y pronunciado unas palabras destinadas a cambiar su vida. Nadie iba a felicitarla.Mañana, probablemente, tendría que volver. Y aquello le hizo sonreír. Porque empezaba a comprender que convertirse en kunoichi no consistía únicamente en aprender qué hacer cuando llegara el momento de luchar. Consistía en prepararse durante cientos de mañanas en las que no ocurría absolutamente nada. Sakura se detuvo un instante antes de abandonar el campo. Miró hacia atrás. La niebla estaba recuperando lentamente el terreno que sus pasos habían atravesado. Sus huellas desaparecían bajo aquella blancura hasta que resultaba imposible distinguir por dónde había corrido. Era muy propio de Kirigakure. Trabajar hasta el agotamiento para que, unos minutos después, la niebla hiciera como si allí nunca hubiese ocurrido nada. Sakura sonrió. No le importaba. El campo podía olvidarlo. Sus piernas no. Y mañana, cuando regresara, serían un poco más fuertes. Solo un poco. Para Sakura, aquello era suficiente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La mañana todavía no había decidido si quería existir cuando Sakura llegó al campo de entrenamiento. Kirigakure tenía esa costumbre. En otros lugares, imaginaba, el amanecer debía de ser algo evidente. El cielo cambiaba de color, aparecía el sol y todo el mundo podía señalar hacia algún punto del horizonte y decir que allí comenzaba un nuevo día. En la Niebla las cosas eran menos consideradas. La oscuridad simplemente se volvía un poco más clara y, durante un rato, el mundo parecía permanecer suspendido entre la noche y la mañana. Sakura se detuvo frente a la entrada del campo y contempló aquella extensión gris.<br />
<br />
—Qué alegría.<br />
<br />
No había nadie para escucharla. Mejor. Así tampoco habría testigos de lo que estaba a punto de hacer voluntariamente. Se recogió el cabello con ambas manos, comprobó el ajuste de sus sandalias y comenzó a caminar hacia el centro del terreno. La humedad había cubierto la hierba durante la noche y cada pisada dejaba una huella oscura. Más adelante, varias siluetas de madera aparecían y desaparecían entre la niebla. Postes, troncos, obstáculos y muñecos de entrenamiento esperaban inmóviles. Sakura los miró con cierta desconfianza. Los objetos de entrenamiento tenían la desagradable particularidad de parecer inocentes antes de empezar. Inspiró profundamente. Nada de chakra.<br />
<br />
Aquella mañana no había técnicas que perfeccionar, sellos que memorizar ni secretos de su clan que descubrir. Solamente piernas, brazos, pulmones y una cantidad considerable de malas decisiones acumuladas desde que había decidido convertirse en kunoichi. Comenzó a correr. Los primeros minutos fueron fáciles. Siempre lo eran. Su cuerpo estaba descansado, la temperatura era agradable y avanzar entre la niebla tenía incluso algo relajante. Sakura mantuvo un ritmo moderado mientras recorría el perímetro del campo. Un pie delante del otro. Respiración constante. Hombros relajados. Durante la primera vuelta llegó incluso a preguntarse por qué se quejaba tanto del entrenamiento físico. Durante la segunda recordó por qué. En la tercera dejó de filosofar. El barro comenzó a adherirse a las sandalias. La humedad que al principio había agradecido se pegaba ahora a la piel. Su respiración se hizo más profunda y aquel pequeño ardor que había aparecido en los muslos empezó a extenderse lentamente. Sakura siguió corriendo. No había nada extraordinario en ello. Precisamente por eso resultaba difícil. Era sencillo ser valiente durante unos segundos. Lanzarse hacia delante, soportar un golpe, tomar una decisión desesperada. Las historias estaban llenas de momentos así. Nadie escribía historias sobre la cuarta vuelta alrededor de un campo embarrado. Ni sobre la quinta. Mucho menos sobre la sexta. Pero Sakura sospechaba que un shinobi se construía mucho más en aquellas mañanas que en los instantes que después terminaban convertidos en historias. Cuando sus piernas comenzaron a pedirle que redujera el ritmo, lo mantuvo. Cuando empezaron a exigirlo, aceleró. Solo un poco. Por orgullo. Fue una decisión estúpida. También fue profundamente satisfactoria. Terminó el recorrido junto a uno de los postes y apoyó ambas manos sobre las rodillas, respirando con la boca abierta.<br />
<br />
—Perfectamente... calculado...<br />
<br />
Una gota de sudor cayó desde su barbilla. El poste no pareció impresionado. Sakura levantó la cabeza y lo miró.<br />
<br />
—Tú tampoco tienes que ponerte así.<br />
<br />
Recuperó el aliento durante unos segundos. Después comenzó la segunda parte. Sentadillas. Al principio mantuvo la espalda recta y realizó cada repetición con una precisión casi ofensiva. Bajaba lentamente, sostenía la posición y volvía a levantarse. Diez. Veinte. Treinta. Después de aquello, la dignidad empezó a deteriorarse.<br />
En algún momento entre una repetición y la siguiente descubrió músculos cuya existencia desconocía. Sakura apretó los dientes. Bajó. Subió. Otra vez. El entrenamiento básico tenía algo particularmente cruel: no existía ningún enemigo al que culpar. Si dolía, era porque ella había decidido continuar. Si se detenía, nadie iba a derrotarla. Simplemente habría sido ella quien hubiese decidido que era suficiente. Bajó otra vez. Las piernas temblaron. Subió.<br />
<br />
—Una más.<br />
<br />
La hizo.<br />
<br />
—Una más.<br />
<br />
También. La siguiente fue peor. Por supuesto volvió a decirlo. Cuando finalmente terminó, se dejó caer sobre la hierba y permaneció mirando el cielo blanco de Kirigakure. Durante unos maravillosos segundos consideró seriamente quedarse allí. Quizá convertirse en parte del paisaje. Una piedra. Las piedras no hacían sentadillas. Era una profesión respetable. Entonces recordó que todavía quedaban los brazos.<br />
<br />
—Odio muchísimo ser responsable.<br />
<br />
Se giró sobre sí misma. Apoyó las manos contra el suelo. Flexiones. Las primeras fueron rápidas. Después redujo deliberadamente el ritmo. Descender hasta casi rozar la hierba con el pecho. Mantener. Subir. La fuerza no era su mayor virtud. Precisamente por eso estaba allí. Sakura poseía un cuerpo ligero, adecuado para moverse con rapidez, pero ser ligera no servía de demasiado si un impacto bastaba para romper la postura. Necesitaba piernas capaces de sostenerla después de horas de movimiento. Brazos que no cedieran cuando tuviera que defenderse. Un abdomen suficientemente fuerte para recuperar el equilibrio cuando alguien intentara arrebatárselo. No quería parecer fuerte. Quería ser difícil de derribar. Había una diferencia. Los brazos comenzaron a temblarle. Descendió. Subió. Otra vez. En la siguiente repetición apenas consiguió extender los codos. Cayó boca abajo. El barro recibió su llegada con absoluta indiferencia. Sakura permaneció allí. Uno. Dos. Tres segundos. Giró la cabeza y escupió una brizna de hierba que se le había pegado al labio.<br />
<br />
—Eso no cuenta.<br />
<br />
Nadie respondió.<br />
<br />
—He dicho que no cuenta.<br />
<br />
Se levantó.<br />
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Cuando llegó a los postes de equilibrio, la niebla comenzaba a retirarse ligeramente. Eran troncos de diferentes alturas colocados a distintas distancias. El ejercicio era sencillo: atravesarlos sin tocar el suelo. Sin chakra. Sakura subió al primero. Saltó al segundo. Después al tercero. El cuarto estaba húmedo. Su pie resbaló. Durante un instante realizó uno de esos movimientos desesperados que no pertenecen a ninguna escuela conocida de taijutsu: brazos extendidos, espalda arqueada y una expresión de absoluto convencimiento de que agitar las manos podía modificar las leyes de la naturaleza. No funcionó. Cayó.<br />
<br />
—Bien.<br />
<br />
Volvió a subir. Esta vez observó el poste antes de saltar. La superficie húmeda. La inclinación. La distancia. Saltó. Aterrizó ligeramente ladeada, corrigió el equilibrio y continuó. Una vez. Otra. Otra. Pronto comprendió que la dificultad no consistía realmente en saltar. Consistía en aterrizar. Cualquiera podía impulsarse hacia delante.<br />
Lo importante era saber dónde iban a terminar tus pies. La idea le gustó. Quizá demasiado. Empezó a variar el ejercicio. Saltos más largos. Cambios repentinos de dirección. Aterrizajes sobre una sola pierna. Giros antes de tocar el siguiente poste. Cayó muchas veces. En una particularmente aparatosa terminó sentada en el barro.<br />
Se quedó completamente inmóvil. Miró sus piernas. Miró sus manos. Miró la enorme mancha marrón sobre su ropa.<br />
<br />
—Mi madre va a matarme.<br />
<br />
Aquello consiguió que se levantara más rápido que cualquier ejercicio anterior.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La última parte fue la peor. Carreras cortas. Sakura colocó dos marcas separadas por varias decenas de metros. No necesitaba recorrer grandes distancias. Necesitaba hacerlo rápido. Se situó detrás de la primera. Flexionó ligeramente las rodillas. Inspiró. Y salió. Corrió hasta la segunda marca. Frenó. Giró. Volvió. Una vez. Otra. Otra. El mundo terminó reduciéndose a dos puntos. Ir. Volver. Ir. Volver. Los pulmones ardían. Las piernas habían dejado de protestar porque, probablemente, habían aceptado que su propietaria carecía del sentido común necesario para escucharlas. Sakura llegó a una de las marcas y tuvo que detenerse. Esta vez no hizo ningún comentario. Respiró. Una vez. Otra. El corazón golpeaba con fuerza dentro del pecho. Miró hacia el otro extremo. Podía terminar. Había corrido suficiente. Había trabajado piernas, brazos y equilibrio. Estaba cubierta de barro, agotada y probablemente tendría agujetas hasta en las pestañas al día siguiente. Nadie le había ordenado hacer una repetición más. Ahí estaba precisamente el problema. Sakura permaneció unos segundos mirando la marca distante. Después volvió a colocarse en posición. No porque creyera que una carrera adicional fuera a convertirla en una gran kunoichi. No lo haría. Tampoco porque quisiera demostrar nada a nadie. Estaba sola. Lo hizo porque algún día estaría cansada de verdad. Algún día sus piernas pesarían mucho más que aquella mañana. Algún día quizá habría alguien esperando que Sakura pudiera levantarse una vez más. Y aquel día no quería descubrir por primera vez qué ocurría cuando su cuerpo le decía que no y ella necesitaba responder que sí. Flexionó las rodillas. Corrió. No fue su carrera más rápida. Tampoco la más elegante. Fue simplemente la última. Y la terminó.<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
Cuando abandonó el campo, Kirigakure finalmente había despertado. Las primeras voces llegaban desde las calles cercanas. Alguna puerta se abría. A través de la niebla comenzaban a distinguirse tejados y ventanas que unas horas antes parecían no existir. Sakura caminaba despacio. Muy despacio. Tenía barro en las piernas, hierba en el cabello y los brazos tan cansados que recogerlos sobre el pecho ya parecía un ejercicio adicional. No había aprendido ninguna técnica. No había derrotado a nadie. Ningún maestro había contemplado su esfuerzo y pronunciado unas palabras destinadas a cambiar su vida. Nadie iba a felicitarla.Mañana, probablemente, tendría que volver. Y aquello le hizo sonreír. Porque empezaba a comprender que convertirse en kunoichi no consistía únicamente en aprender qué hacer cuando llegara el momento de luchar. Consistía en prepararse durante cientos de mañanas en las que no ocurría absolutamente nada. Sakura se detuvo un instante antes de abandonar el campo. Miró hacia atrás. La niebla estaba recuperando lentamente el terreno que sus pasos habían atravesado. Sus huellas desaparecían bajo aquella blancura hasta que resultaba imposible distinguir por dónde había corrido. Era muy propio de Kirigakure. Trabajar hasta el agotamiento para que, unos minutos después, la niebla hiciera como si allí nunca hubiese ocurrido nada. Sakura sonrió. No le importaba. El campo podía olvidarlo. Sus piernas no. Y mañana, cuando regresara, serían un poco más fuertes. Solo un poco. Para Sakura, aquello era suficiente.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(Preparación) Kyoshiro Kaguya — Partida hacia Velamar]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14907</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 20:34:00 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=800">Kyo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14907</guid>
			<description><![CDATA[La panadería todavía olía a masa caliente cuando Kyoshiro terminó de ajustar por tercera vez la bolsa que llevaría consigo. Había dejado sobre una de las mesas todo lo que consideraba indispensable y, después de mirarlo durante varios segundos, había terminado quitando la mitad porque probablemente no necesitaba dos cuadernos, tres lápices, comida suficiente para una semana y mucho menos aquella cuchara de madera que no recordaba haber guardado. —Ah… esta no.— La devolvió detrás del mostrador y revisó nuevamente su equipo. Armas, suministros, una Píldora Soldado bien guardada, su pequeño cuaderno de siempre y lo necesario para pasar varios días fuera de la aldea. Esta vez no se trataba de una misión cualquiera ni de uno de esos encargos que podía resumir después diciendo que todo había sido más complicado de lo necesario. Kirigakure estaba en guerra, y Velamar acababa de convertirse en uno de esos nombres que todos pronunciaban con demasiada seriedad.<br />
<br />
La movilización de las últimas semanas había cambiado incluso el Distrito Comercial. Seguían abriendo los negocios, los comerciantes continuaban discutiendo precios y los hornos de sus padres tenían que encenderse exactamente igual que antes, pero entre aquellas cosas normales aparecían cada vez más uniformes, órdenes selladas y shinobi partiendo hacia distintos puntos del País del Agua. Kyoshiro había escuchado suficiente para comprender que la disputa por los Sellos ya no era una discusión lejana entre el Mizukage y Konoha. Ahora había lugares que debían vigilarse, información que debía conseguirse antes que el enemigo y posiciones que ninguna de las dos aldeas estaba dispuesta a entregar gratuitamente. Velamar era una de ellas. Y aunque todavía le resultaba extraño pensar que él formaba parte de algo tan grande, el documento que había guardado doblado entre sus pertenencias decía lo contrario.<br />
<br />
Antes de marcharse pasó por la cocina, arrancó un pedazo de pan que probablemente no debía tocar todavía y recibió exactamente la mirada que esperaba de su padre. —Es para el camino.— respondió inmediatamente, como si aquello resolviera cualquier posible discusión. No explicó demasiado sobre su destino. No porque quisiera hacerse el misterioso, sino porque una operación clandestina dejaba poco espacio para contar historias antes de vivirlas. Para sus padres era otra misión; una posiblemente más larga y problemática que las anteriores, pero una misión al fin y al cabo. Kyo prefirió mantenerlo así. Se despidió con la naturalidad de quien esperaba volver a atravesar aquella misma puerta dentro de unos días, aunque antes de salir se quedó unos segundos observando el local: el mostrador, los hornos, las bandejas y aquel pequeño mundo del que alguna vez había querido escapar simplemente porque le parecía demasiado predecible. —Bueno… definitivamente ya no está aburrido.— murmuró.<br />
<br />
Fuera, Kirigakure recuperó rápidamente su atención. Mientras avanzaba entre las calles comenzó a golpear con los dedos un ritmo contra el lateral de su bolsa, primero de manera inconsciente y después siguiendo una melodía que únicamente existía en su cabeza. Era su forma habitual de ordenar demasiadas ideas al mismo tiempo. Konoha. Velamar. Los Sellos. Un puesto clandestino. Una batalla que, idealmente, debía ocurrir sin que los habitantes de la ciudad comprendieran siquiera que dos aldeas estaban disputándose algo bajo sus narices. Aquella última parte le parecía particularmente absurda. —Entonces tenemos que ganarle una posición a Konoha… sin que parezca que estamos ganándole una posición a Konoha.— frunció ligeramente el ceño mientras caminaba. —Sí. Clarísimo.— Aun así, debajo de aquella ironía entendía perfectamente qué estaba en juego. No iban a conquistar Velamar ni a reclamar sus calles. Su objetivo estaba fuera de la vista de sus habitantes: conseguir para Kirigakure unos ojos desde los cuales observar lo que estaba ocurriendo en aquella región antes de que Konoha pudiera hacer lo mismo.<br />
<br />
Cuando finalmente dejó atrás el Distrito Comercial, Kyoshiro acomodó la correa sobre su hombro y levantó la mirada hacia el camino que lo sacaría de la aldea. No había grandes discursos, despedidas dramáticas ni una determinación repentina por convertirse en héroe. Seguía siendo el mismo muchacho que había entrado a la Academia porque estaba aburrido de conocer de memoria cada esquina de su barrio, solo que ahora aquel deseo de descubrir qué había más allá lo estaba llevando directamente hacia uno de los primeros enfrentamientos abiertos de una guerra. Sacó su cuaderno durante un instante, escribió apresuradamente “Velamar” en una página nueva y debajo dejó espacio suficiente para todo lo que pudiera ocurrir allí. Después lo cerró y volvió a guardarlo. —Ah… espero que al menos salga una buena canción de esto.— Y con un último tarareo entre dientes, Kyoshiro Kaguya emprendió el camino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La panadería todavía olía a masa caliente cuando Kyoshiro terminó de ajustar por tercera vez la bolsa que llevaría consigo. Había dejado sobre una de las mesas todo lo que consideraba indispensable y, después de mirarlo durante varios segundos, había terminado quitando la mitad porque probablemente no necesitaba dos cuadernos, tres lápices, comida suficiente para una semana y mucho menos aquella cuchara de madera que no recordaba haber guardado. —Ah… esta no.— La devolvió detrás del mostrador y revisó nuevamente su equipo. Armas, suministros, una Píldora Soldado bien guardada, su pequeño cuaderno de siempre y lo necesario para pasar varios días fuera de la aldea. Esta vez no se trataba de una misión cualquiera ni de uno de esos encargos que podía resumir después diciendo que todo había sido más complicado de lo necesario. Kirigakure estaba en guerra, y Velamar acababa de convertirse en uno de esos nombres que todos pronunciaban con demasiada seriedad.<br />
<br />
La movilización de las últimas semanas había cambiado incluso el Distrito Comercial. Seguían abriendo los negocios, los comerciantes continuaban discutiendo precios y los hornos de sus padres tenían que encenderse exactamente igual que antes, pero entre aquellas cosas normales aparecían cada vez más uniformes, órdenes selladas y shinobi partiendo hacia distintos puntos del País del Agua. Kyoshiro había escuchado suficiente para comprender que la disputa por los Sellos ya no era una discusión lejana entre el Mizukage y Konoha. Ahora había lugares que debían vigilarse, información que debía conseguirse antes que el enemigo y posiciones que ninguna de las dos aldeas estaba dispuesta a entregar gratuitamente. Velamar era una de ellas. Y aunque todavía le resultaba extraño pensar que él formaba parte de algo tan grande, el documento que había guardado doblado entre sus pertenencias decía lo contrario.<br />
<br />
Antes de marcharse pasó por la cocina, arrancó un pedazo de pan que probablemente no debía tocar todavía y recibió exactamente la mirada que esperaba de su padre. —Es para el camino.— respondió inmediatamente, como si aquello resolviera cualquier posible discusión. No explicó demasiado sobre su destino. No porque quisiera hacerse el misterioso, sino porque una operación clandestina dejaba poco espacio para contar historias antes de vivirlas. Para sus padres era otra misión; una posiblemente más larga y problemática que las anteriores, pero una misión al fin y al cabo. Kyo prefirió mantenerlo así. Se despidió con la naturalidad de quien esperaba volver a atravesar aquella misma puerta dentro de unos días, aunque antes de salir se quedó unos segundos observando el local: el mostrador, los hornos, las bandejas y aquel pequeño mundo del que alguna vez había querido escapar simplemente porque le parecía demasiado predecible. —Bueno… definitivamente ya no está aburrido.— murmuró.<br />
<br />
Fuera, Kirigakure recuperó rápidamente su atención. Mientras avanzaba entre las calles comenzó a golpear con los dedos un ritmo contra el lateral de su bolsa, primero de manera inconsciente y después siguiendo una melodía que únicamente existía en su cabeza. Era su forma habitual de ordenar demasiadas ideas al mismo tiempo. Konoha. Velamar. Los Sellos. Un puesto clandestino. Una batalla que, idealmente, debía ocurrir sin que los habitantes de la ciudad comprendieran siquiera que dos aldeas estaban disputándose algo bajo sus narices. Aquella última parte le parecía particularmente absurda. —Entonces tenemos que ganarle una posición a Konoha… sin que parezca que estamos ganándole una posición a Konoha.— frunció ligeramente el ceño mientras caminaba. —Sí. Clarísimo.— Aun así, debajo de aquella ironía entendía perfectamente qué estaba en juego. No iban a conquistar Velamar ni a reclamar sus calles. Su objetivo estaba fuera de la vista de sus habitantes: conseguir para Kirigakure unos ojos desde los cuales observar lo que estaba ocurriendo en aquella región antes de que Konoha pudiera hacer lo mismo.<br />
<br />
Cuando finalmente dejó atrás el Distrito Comercial, Kyoshiro acomodó la correa sobre su hombro y levantó la mirada hacia el camino que lo sacaría de la aldea. No había grandes discursos, despedidas dramáticas ni una determinación repentina por convertirse en héroe. Seguía siendo el mismo muchacho que había entrado a la Academia porque estaba aburrido de conocer de memoria cada esquina de su barrio, solo que ahora aquel deseo de descubrir qué había más allá lo estaba llevando directamente hacia uno de los primeros enfrentamientos abiertos de una guerra. Sacó su cuaderno durante un instante, escribió apresuradamente “Velamar” en una página nueva y debajo dejó espacio suficiente para todo lo que pudiera ocurrir allí. Después lo cerró y volvió a guardarlo. —Ah… espero que al menos salga una buena canción de esto.— Y con un último tarareo entre dientes, Kyoshiro Kaguya emprendió el camino.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[«Autonarrada E» Entrega de correspondencia]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14892</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 05:28:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=861">Kiba Hoshigaki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14892</guid>
			<description><![CDATA[¡No puedo contener mi emoción! ¡Por fin me he graduado en la academia y soy un ninja oficial! La ceremonia de graduación fue sencillamente maravillosa. Los profesores fueron tan amables y pacientes al entregarme mi bandana, y estoy seguro de que las miradas de todos mis compañeros eran de pura admiración y compañerismo. Aunque el camino para graduarme a mis dieciocho años requirió bastante dedicación, ¡todo el esfuerzo valió la pena!<br />
<br />
Hoy me asignaron mi primerísima misión de rango E. Al principio me sorprendió un poco la enorme responsabilidad, ¡imaginen entregar un documento proveniente directamente de la oficina administrativa! Pero me dije a mí mismo que, como flamante Genin del clan, debía estar a la altura del honor de mi linaje.<br />
<br />
Puse marcha firme hacia mi destino, recorriendo con determinación las avenidas de nuestro distrito noble, donde la temperatura es siempre tan agradable gracias a los braseros de la zona. Sin embargo, la vida shinobi requiere estar preparado para cualquier imprevisto. Apenas llevaba dos minutos caminando cuando mis leales sirvientes, Kenji y Hana, se apresuraron a alcanzarme a paso ligero.<br />
<br />
—<span style="color: #ffa339;" class="mycode_color"> <span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Señorito Kiba, por favor, espere!</span> </span>—exclamó Kenji mientras desplegaba rápidamente una hermosa sombrilla de seda sobre mi cabeza—. <span style="color: #ffa339;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La niebla está algo densa hoy, no queremos que se le humedezca la túnica nueva ni que se despeine.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"> ¡Oh, gracias Kenji! Pero recuerden que ahora soy un profesional en una misión de alta prioridad</span></span> —respondí con una sonrisa radiante y el pecho hinchado de orgullo—. <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Debo acostumbrarme a resistir los rigores del trabajo de campo.</span></span><br />
<br />
— <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Por supuesto, señorito, su valentía es verdaderamente inspiradora </span></span>—añadió Hana, acercándome una bandeja de plata con pastelillos de arroz recién hechos y una taza de té de jazmín bien caliente—.<span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"> Pero un gran ninja necesita mantener sus reservas de energía al máximo durante una travesía tan exigente.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"> ¡Tienes toda la razón, Hana! La nutrición es la clave de la estrategia </span></span>—dije aceptando complacido el té y un pastelillo mientras continuaba mi caminata a paso tranquilo, sintiendo cómo el vaporcito caliente me reconfortaba el rostro.<br />
<br />
Tras una intensa marcha de diez minutos cruzando los bellos y resguardados jardines del vecindario, divisé los imponentes portones de madera barnizada de mi hogar. Atravesé la entrada sosteniendo el pergamino con ambas manos, manteniendo una postura erguida e imponente. En el salón principal me esperaban mis padres: mi padre, un hombre de porte majestuoso que siempre contempla mis logros con enorme orgullo, y mi madre, una dama elegante envuelta en finas sedas que jamás duda en colmarme de afecto.<br />
<br />
— <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Madre! ¡Padre! </span></span>—anuncié alzando la voz con solemnidad—. <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡He completado el trayecto desde el centro administrativo para entregar este documento de máxima urgencia!</span></span><br />
<br />
Mi madre llevó una mano a sus labios con un gesto dramático de alivio y emoción.<br />
<br />
— <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Cielos, mi niño! </span></span>—exclamó acercándose de inmediato para abrazarme y acomodarme el cabello cariñosamente—. <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Sabía que estabas listo para los desafíos de la aldea, pero me tenías con el corazón en un puño!</span></span><br />
<br />
Mi padre tomó el pergamino con suma gravedad, rompió el sello oficial y lo leyó en voz alta con una sonrisa cálida y satisfecha:<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Por medio de la presente, se certifica la graduación del joven Kiba Hoshigaki y se expresa la más sincera felicitación por la culminación con éxito de su primera misión al servicio de la aldea</span></span></blockquote>
<br />
— <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Un trabajo impecable, Kiba</span></span> —dijo mi padre dándome unas palmaditas en el hombro mientras me miraba con aprobación—. <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Has demostrado una disciplina y una elegancia dignas de nuestra sangre. Kirigakure está a salvo con ninjas tan comprometidos como tú.</span></span><br />
<br />
Me quedé sonriendo de oreja a oreja, profundamente satisfecho de haber cumplido mi deber sin fallarles. ¡Estoy convencido de que este es solo el primer paso de una brillante y legendaria carrera ninja!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[¡No puedo contener mi emoción! ¡Por fin me he graduado en la academia y soy un ninja oficial! La ceremonia de graduación fue sencillamente maravillosa. Los profesores fueron tan amables y pacientes al entregarme mi bandana, y estoy seguro de que las miradas de todos mis compañeros eran de pura admiración y compañerismo. Aunque el camino para graduarme a mis dieciocho años requirió bastante dedicación, ¡todo el esfuerzo valió la pena!<br />
<br />
Hoy me asignaron mi primerísima misión de rango E. Al principio me sorprendió un poco la enorme responsabilidad, ¡imaginen entregar un documento proveniente directamente de la oficina administrativa! Pero me dije a mí mismo que, como flamante Genin del clan, debía estar a la altura del honor de mi linaje.<br />
<br />
Puse marcha firme hacia mi destino, recorriendo con determinación las avenidas de nuestro distrito noble, donde la temperatura es siempre tan agradable gracias a los braseros de la zona. Sin embargo, la vida shinobi requiere estar preparado para cualquier imprevisto. Apenas llevaba dos minutos caminando cuando mis leales sirvientes, Kenji y Hana, se apresuraron a alcanzarme a paso ligero.<br />
<br />
—<span style="color: #ffa339;" class="mycode_color"> <span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Señorito Kiba, por favor, espere!</span> </span>—exclamó Kenji mientras desplegaba rápidamente una hermosa sombrilla de seda sobre mi cabeza—. <span style="color: #ffa339;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">La niebla está algo densa hoy, no queremos que se le humedezca la túnica nueva ni que se despeine.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"> ¡Oh, gracias Kenji! Pero recuerden que ahora soy un profesional en una misión de alta prioridad</span></span> —respondí con una sonrisa radiante y el pecho hinchado de orgullo—. <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Debo acostumbrarme a resistir los rigores del trabajo de campo.</span></span><br />
<br />
— <span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Por supuesto, señorito, su valentía es verdaderamente inspiradora </span></span>—añadió Hana, acercándome una bandeja de plata con pastelillos de arroz recién hechos y una taza de té de jazmín bien caliente—.<span style="color: #ff30dc;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"> Pero un gran ninja necesita mantener sus reservas de energía al máximo durante una travesía tan exigente.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"> ¡Tienes toda la razón, Hana! La nutrición es la clave de la estrategia </span></span>—dije aceptando complacido el té y un pastelillo mientras continuaba mi caminata a paso tranquilo, sintiendo cómo el vaporcito caliente me reconfortaba el rostro.<br />
<br />
Tras una intensa marcha de diez minutos cruzando los bellos y resguardados jardines del vecindario, divisé los imponentes portones de madera barnizada de mi hogar. Atravesé la entrada sosteniendo el pergamino con ambas manos, manteniendo una postura erguida e imponente. En el salón principal me esperaban mis padres: mi padre, un hombre de porte majestuoso que siempre contempla mis logros con enorme orgullo, y mi madre, una dama elegante envuelta en finas sedas que jamás duda en colmarme de afecto.<br />
<br />
— <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Madre! ¡Padre! </span></span>—anuncié alzando la voz con solemnidad—. <span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡He completado el trayecto desde el centro administrativo para entregar este documento de máxima urgencia!</span></span><br />
<br />
Mi madre llevó una mano a sus labios con un gesto dramático de alivio y emoción.<br />
<br />
— <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Cielos, mi niño! </span></span>—exclamó acercándose de inmediato para abrazarme y acomodarme el cabello cariñosamente—. <span style="color: #b20080;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">¡Sabía que estabas listo para los desafíos de la aldea, pero me tenías con el corazón en un puño!</span></span><br />
<br />
Mi padre tomó el pergamino con suma gravedad, rompió el sello oficial y lo leyó en voz alta con una sonrisa cálida y satisfecha:<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Por medio de la presente, se certifica la graduación del joven Kiba Hoshigaki y se expresa la más sincera felicitación por la culminación con éxito de su primera misión al servicio de la aldea</span></span></blockquote>
<br />
— <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Un trabajo impecable, Kiba</span></span> —dijo mi padre dándome unas palmaditas en el hombro mientras me miraba con aprobación—. <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Has demostrado una disciplina y una elegancia dignas de nuestra sangre. Kirigakure está a salvo con ninjas tan comprometidos como tú.</span></span><br />
<br />
Me quedé sonriendo de oreja a oreja, profundamente satisfecho de haber cumplido mi deber sin fallarles. ¡Estoy convencido de que este es solo el primer paso de una brillante y legendaria carrera ninja!]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión C] Princesa Kimiko]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14712</link>
			<pubDate>Fri, 28 Aug 2026 09:55:38 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=816">Rin to Rei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14712</guid>
			<description><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Princesa Kimiko</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> La hija del señor Fumioka lleva 3 días buscando a su hija, que no encuentra por ningún lado y está desesperado, es una niña de 8 años que salió a jugar en la tarde y desde entonces no aparece.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Misión simple Rango C.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 28 Verano 150 - Zona Residencial de Kiri</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Kishue</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 72 Horas</span></span></div>
		</div><br />
<hr class="mycode_hr" />
El día amaneció cubierto por un cielo gris, uniforme y pesado, en el que resultaba imposible distinguir con claridad dónde terminaban las nubes y comenzaba la neblina de Kirigakure. Durante la madrugada había llovido con insistencia y, aunque para entonces solamente quedaba una llovizna débil, el agua continuaba cayendo desde los aleros, recorriendo las pendientes de los tejados y acumulándose en los caminos de tierra. El frío no era intenso, pero la humedad atravesaba con facilidad cualquier prenda que permaneciera demasiado tiempo expuesta.<br />
<br />
Rin ya se encontraba despierta cuando escuchó los golpes contra la puerta. Había terminado de vestirse y revisaba el borde de su chakram bajo la iluminación pálida que atravesaba la ventana. Rei apareció en el pasillo unos segundos después, todavía acomodándose el cabello y observando hacia la entrada con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Ninguna esperaba recibir una visita tan temprano, mucho menos durante una mañana en la que la lluvia parecía invitar a permanecer dentro.<br />
<br />
Rin abrió después de comprobar la sombra bajo la puerta. Del otro lado aguardaba un shinobi con el protector de Kirigakure visible y un sobre resguardado dentro de una bolsa impermeable. El agua había oscurecido los hombros de su uniforme y pequeñas gotas descendían desde su cabello. No trató de entrar ni prolongó el saludo; retiró el documento, verificó los nombres escritos sobre él y se lo entregó a Rin.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Rin y Rei Akizu deben presentarse en el ayuntamiento tan pronto como sea posible. Se les asignará una misión de búsqueda dentro de la aldea&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Una persona?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;La información completa se les entregará en la oficina de misiones&gt;</span><br />
<br />
El mensajero se despidió con una inclinación y retomó el camino bajo la llovizna. Rin cerró la puerta y examinó el sobre antes de romper el sello. El contenido no ofrecía mucho más que la orden verbal: debían presentarse aquella misma mañana, llevar su equipo y prepararse para una búsqueda cuya duración todavía no podía determinarse. La falta de detalles no parecía un descuido. Alguien había decidido que la información debía transmitirse personalmente.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Por lo menos sabemos que no tendremos que limpiar nada&gt;</span> observó Rei mientras leía por encima del hombro de su hermana.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Todavía no sabemos qué estamos buscando&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Si fuera suciedad, no habrían enviado a un shinobi para avisarnos&gt;</span><br />
<br />
No tardaron mucho en terminar de prepararse. Rin aseguró el chakram y las herramientas sobre su cuerpo, comprobando que la humedad no hubiera afectado ninguna correa. Rei revisó el arco, la cuerda y las flechas antes de cubrirlos para protegerlos de la lluvia. Ambas comieron un desayuno rápido y guardaron algunas provisiones, conscientes de que una búsqueda podía extenderse mucho más de lo previsto incluso cuando se desarrollaba dentro de los límites de Kirigakure.<br />
<br />
Las calles se encontraban parcialmente vacías cuando salieron. Algunos establecimientos comenzaban a abrir y los trabajadores retiraban el agua acumulada frente a las entradas, pero la mayor parte de la actividad permanecía protegida bajo techos y corredores. La neblina reducía la visibilidad a varias decenas de metros, suficiente para desplazarse sin dificultades, aunque cualquier silueta situada más allá aparecía desdibujada y sin rasgos. No era un clima extraño para la aldea; sin embargo, resultaba poco favorable para encontrar rastros que ya llevaran horas expuestos.<br />
<br />
El ayuntamiento estaba más concurrido. Civiles mojados esperaban frente a distintos escritorios, funcionarios transportaban documentos entre las oficinas y varios shinobi revisaban asignaciones antes de marcharse. Después de presentar el sobre, Rin y Rei fueron conducidas hasta una sala apartada del espacio principal. En ella aguardaba una recepcionista acompañada por un chūnin de la guardia interna. Sobre la mesa había un mapa del distrito residencial y una única carpeta.<br />
<br />
La recepcionista les indicó que tomaran asiento. El chūnin se presentó como Masao Terada y abrió la carpeta sin perder tiempo en explicaciones innecesarias. La primera hoja contenía el retrato de una niña. Parecía tener el cabello castaño y lacio, cortado poco más abajo de los hombros, ojos oscuros y un rostro redondeado. En la imagen sonreía mientras sostenía entre las manos una figura de madera con forma de conejo.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Su nombre es Hana Fumioka. Tiene ocho años y desapareció hace tres días&gt;</span> explicó Masao. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Salió de su vivienda durante la tarde para jugar en los alrededores. No regresó antes de la cena y desde entonces no ha sido localizada&gt;</span><br />
<br />
Rei tomó la fotografía para examinarla mejor. Tres días representaban demasiado tiempo para una niña perdida dentro de la aldea. Durante las primeras horas podía haberse refugiado de la lluvia, confundido de camino o permanecido en casa de otra familia sin avisar. Después de tres noches, aquellas explicaciones perdían fuerza. Si Hana continuaba en Kirigakure, alguien debía haberla visto o estaba impidiendo que regresara.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Cuándo informaron de la desaparición?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;La misma noche. Su padre la buscó primero en el vecindario y acudió a la guardia cuando no encontró a ninguno de los niños con quienes acostumbraba jugar. Desde entonces se revisaron calles, canales cercanos, casas abandonadas y varios accesos al distrito. No se halló el cuerpo ni una señal clara de que haya sufrido un accidente&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Existe la posibilidad de que saliera de la aldea?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Los registros de las puertas no muestran a ninguna niña con su descripción. Tampoco se informó de vehículos sospechosos durante aquella tarde, pero no podemos descartar que alguien la ocultara al abandonar Kirigakure&gt;</span><br />
<br />
Masao desplegó el mapa. La residencia Fumioka se encontraba en una zona habitada por artesanos y pequeños comerciantes. Hana acostumbraba jugar en una plaza situada a menos de cinco minutos de su casa, donde se reunían otros niños después de las clases. Dos de ellos recordaban haberla visto aquella tarde. Según sus declaraciones, jugaron hasta que comenzó a lloviznar y después se separaron para regresar a sus viviendas.<br />
<br />
Hana no tomó el camino más corto hacia su hogar. Una vendedora de dulces afirmó haberla visto avanzar hacia un canal secundario, aunque no podía garantizar que se tratara de ella porque la neblina ya comenzaba a espesarse. La niña vestía una túnica azul claro, pantalones oscuros, sandalias y una bufanda roja. Llevaba también el conejo de madera del retrato, un objeto construido por su padre que rara vez dejaba en casa.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Se encontró alguna prenda o el juguete?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Nada. Los perros de rastreo siguieron su olor desde la plaza hasta una calle comercial, pero la lluvia borró el rastro. Hay demasiadas personas transitando por esa zona y no pudieron retomarlo&gt;</span><br />
<br />
La investigación no había identificado amenazas contra la familia. El señor Fumioka trabajaba como carpintero, su esposa atendía la casa y ninguno mantenía deudas importantes ni conflictos conocidos. No recibieron solicitudes de dinero, mensajes ni advertencias después de la desaparición. La ausencia de un motivo evidente había obligado a considerar desde un accidente hasta un secuestro oportunista.<br />
<br />
Masao les entregó una copia del retrato, el mapa y las declaraciones reunidas. La misión comenzaría en la residencia familiar. Debían escuchar directamente a los padres, examinar las pertenencias de Hana y reconstruir sus hábitos antes de repetir una búsqueda que ya había consumido tres días. El chūnin insistió en que los detalles aparentemente insignificantes podían ser más útiles que volver a recorrer las mismas calles sin una dirección.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;El señor Fumioka apenas ha descansado desde la desaparición&gt;</span> añadió. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Ha participado en cada búsqueda y en ocasiones se adelantó a los grupos sin avisar. Su esposa permanece en la vivienda por si Hana regresa. Traten de obtener toda la información antes de permitir que vuelva a salir&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Si lleva tres días recorriendo la aldea, solamente estorbará si continúa sin descansar&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Se lo explicaremos con un poco más de delicadeza&gt;</span><br />
<br />
La recepción registró oficialmente la salida y les entregó una autorización para interrogar testigos y acceder a los espacios ya revisados por la guardia. Después de guardar los documentos, Rin y Rei abandonaron el ayuntamiento. La lluvia había recuperado algo de intensidad. No bastaba para impedir el tránsito, pero cubría las calles con un ruido constante y amenazaba con eliminar cualquier rastro nuevo antes de que pudieran encontrarlo.<br />
<br />
El trayecto hacia la residencia Fumioka atravesó una parte de la zona comercial y continuó por calles cada vez más estrechas. Rei comparaba las intersecciones con el mapa, observando los caminos posibles entre la plaza, la tienda de dulces y el canal mencionado por la testigo. Rin prestaba más atención a los callejones, los patios comunicados y las construcciones vacías. Una niña podía recorrer distancias pequeñas por rutas que un adulto no consideraría importantes.<br />
<br />
La casa de la familia estaba unida al taller de carpintería. La fachada era de madera oscura, con un tejado inclinado y una galería pequeña protegida por el alero. Frente al taller había varias tablas cubiertas por lonas, un banco de trabajo vacío y un letrero tallado con el apellido Fumioka. Ninguna herramienta se encontraba en uso. El lugar parecía haber sido abandonado a mitad de una jornada y no retomado desde entonces.<br />
<br />
Rin llamó a la puerta. Los pasos llegaron casi inmediatamente, como si alguien hubiera permanecido esperando detrás de ella. El hombre que abrió debía rondar los cuarenta años, aunque la falta de sueño añadía dureza a su rostro. Tenía cabello castaño recogido de manera descuidada, barba reciente y las manos cubiertas por pequeñas cicatrices propias del oficio. Sus ojos descendieron hacia los protectores de Kirigakure antes de recuperar una mínima esperanza.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;¿Vienen por Hana?&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Sí. Somos parte del equipo asignado a continuar la búsqueda. Necesitamos hacerle algunas preguntas y revisar la información desde el principio&gt;</span><br />
<br />
El señor Fumioka abrió completamente y permitió el paso. El recibidor comunicaba con una sala sencilla, limpia en casi todos sus espacios excepto por la mesa central. Sobre ella se acumulaban mapas, notas, tazas sin recoger y varios dibujos de la niña. Una pared estaba cubierta por marcas que señalaban las zonas revisadas durante los días anteriores. Círculos de tinta rodeaban canales, plazas, almacenes y viviendas de conocidos.<br />
<br />
La esposa de Fumioka se levantó al verlos entrar. Se llamaba Emi y parecía haber descansado todavía menos que su marido. Llevaba una manta sobre los hombros, el cabello sujeto detrás de la cabeza y una taza fría entre las manos. Junto a ella permanecía una mujer mayor, Tomoe, abuela de Hana, quien se ocupaba de mantener la casa y responder a las visitas mientras los padres alternaban entre esperar y buscar.<br />
<br />
Fumioka apartó varios papeles y ofreció asiento. Emi permaneció frente a la mesa, sujetando la taza aunque no bebía. Tomoe preparó té sin preguntar y lo distribuyó antes de ocupar un lugar cercano. El ambiente no se sentía únicamente triste; estaba cargado por tres días de incertidumbre, versiones repetidas y cada sonido exterior confundido con la posibilidad de que Hana regresara.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Salió después de comer&gt;</span> comenzó Fumioka. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Serían poco más de las tres. Dijo que iba a la plaza para jugar con Yui y Sora. Siempre vuelve antes de que oscurezca y conoce estas calles. Cuando empezó a llover pensé que regresaría, pero pasó una hora y después otra&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Yo le pedí que llevara la bufanda&gt;</span> añadió Emi. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;La roja. Se quejó porque decía que no hacía tanto frío, pero terminó poniéndosela. También llevaba a Usagi, el conejo que le hizo su padre&gt;</span><br />
<br />
Rei colocó el retrato sobre la mesa y pidió que describieran la ropa con precisión. Emi confirmó cada elemento del informe y añadió que la túnica tenía flores blancas bordadas en las mangas. Hana llevaba el cabello recogido parcialmente mediante un cordón amarillo. No tenía dinero cuando salió, salvo quizá una moneda guardada de días anteriores. La vendedora de dulces afirmó que compró una golosina, por lo que debía conservarla desde antes.<br />
<br />
Rin examinó los mapas preparados por Fumioka. Algunas zonas estaban marcadas varias veces, mientras otras solamente presentaban una línea. El padre explicó que revisaron todos los lugares donde Hana acostumbraba esconderse: debajo del puente de la plaza, detrás del almacén de papel, en el jardín de una amiga y dentro de una pequeña caseta abandonada. También recorrieron el canal hasta las rejillas, sin encontrar ropa ni objetos.<br />
<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Hana tenía prohibido ir a algún lugar?&gt;</span><br />
Emi y Fumioka intercambiaron una mirada.<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;A los canales del sur&gt;</span> respondió el padre. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Hay talleres cerrados y el agua corre con fuerza después de la lluvia. También le prohibimos acercarse a la zona de almacenes sin un adulto&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Los lugares prohibidos suelen ser los primeros que visitan los niños cuando creen que nadie los observa. ¿Alguna vez la encontraron allí?&gt;</span><br />
<br />
Fumioka admitió que, varios meses atrás, Hana y otros niños habían seguido a un gato hasta uno de los talleres abandonados. Recibió un castigo y prometió no regresar. Desde entonces no existían indicios de que hubiera desobedecido, pero tampoco podían garantizarlo. Rin marcó aquel sector en la copia del mapa. La guardia había revisado las calles principales, aunque no cada edificio cerrado.<br />
<br />
Rei preguntó por los otros niños. Yui regresó a su casa acompañada por su hermano mayor. Sora permaneció en la plaza hasta que su madre fue a buscarlo. Ambos aseguraron que Hana se marchó diciendo que quería ver algo antes de volver. Ninguno recordaba qué era; Sora creyó escuchar la palabra «barco», mientras Yui entendió «barro». La diferencia había llevado a revisar tanto el canal como varias zonas de juego sin resultado.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Había hablado durante los días anteriores de alguna persona nueva, un regalo o un lugar que quisiera visitar?&gt;</span><br />
Emi negó primero, pero Tomoe dejó la tetera sobre la mesa.<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Mencionó a un hombre que hacía juguetes&gt;</span> recordó la abuela. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Dijo que había visto una caja llena de animales de madera cerca de la plaza. Pensé que hablaba de algún vendedor ambulante y no le presté atención porque su padre fabrica cosas parecidas&gt;</span><br />
<br />
Fumioka levantó la mirada de inmediato. Nunca había escuchado aquella historia. Tomoe explicó que Hana lo comentó dos días antes de desaparecer. El hombre le mostró un pájaro articulado y aseguró que también sabía fabricar conejos que movían las patas. La niña no dijo haberlo acompañado ni recibido nada. Solamente parecía emocionada por encontrar a alguien capaz de construir juguetes distintos a los de su padre.<br />
<br />
La información no figuraba en los reportes porque Tomoe no había estado presente durante las primeras entrevistas. Los guardias preguntaron por desconocidos que hablaran con Hana, pero Emi y Fumioka respondieron que no conocían ninguno. Rei anotó cada detalle sin convertirlo todavía en una conclusión. Un artesano ambulante podía ser inocente; también podía explicar por qué la niña abandonó la ruta habitual sin mostrar señales de resistencia.<br />
<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Cómo era?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Hana solamente dijo que llevaba un sombrero grande y que olía a pintura. No sé nada más&gt;</span><br />
<br />
Rin pidió ver la habitación de la niña. Emi los condujo por un pasillo hasta una puerta decorada con peces tallados. El dormitorio permanecía como Hana lo había dejado: la cama ordenada a medias, varias prendas dobladas, dibujos sujetos a la pared y figuras de madera distribuidas sobre un estante. Había conejos, aves, un pequeño tiburón y una embarcación con vela de tela.<br />
<br />
Rei revisó los dibujos con permiso de la madre. La mayoría representaba la casa, la familia y lugares del vecindario. Uno, elaborado con tinta azul y roja, mostraba una figura junto a un carro cubierto. Alrededor había varios animales pequeños. Hana había dibujado también tres líneas onduladas bajo las ruedas, quizá agua, y una construcción alta al fondo.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Reconoce este lugar?&gt;</span><br />
<br />
Emi sostuvo el dibujo y negó. Fumioka se aproximó después. La construcción podía ser una torre de vigilancia, una chimenea o simplemente un árbol mal representado. La fecha escrita en una esquina correspondía al día anterior a la desaparición. Hana ya había visto el carro o pensaba volver a encontrarlo.<br />
<br />
Rin abrió el armario y comprobó qué prendas faltaban. No había preparado equipaje. Sus zapatos adicionales, el abrigo grueso y los objetos favoritos continuaban allí. La niña no planeaba ausentarse durante mucho tiempo. También encontraron una caja pequeña con dos animales de madera que Fumioka aseguró no haber fabricado. Uno era un zorro y el otro un ave con alas móviles.<br />
<br />
La pintura del ave todavía desprendía un olor leve, dulce y aceitoso.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Nunca había visto esos juguetes&gt;</span> afirmó Fumioka, endureciendo la voz. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Si alguien se los dio, Hana no nos lo contó&gt;</span><br />
<br />
Rei envolvió ambas figuras por separado para conservar cualquier rastro. El ave tenía una mancha de barro rojizo en la base, distinto al suelo oscuro predominante alrededor de la residencia. Ciertas zonas del sur, próximas a antiguos talleres de cerámica, conservaban arcilla de aquel color. El carro dibujado, los canales prohibidos y el supuesto fabricante empezaban a señalar una dirección común, aunque todavía necesitaban hablar con los niños y la vendedora.<br />
<br />
De regreso en la sala, Rin pidió a Fumioka que permaneciera en casa durante la primera parte de la búsqueda. El hombre se negó de inmediato. Llevaba tres días recorriendo Kirigakure y no aceptaba esperar mientras otros buscaban a su hija. Rin no suavizó la respuesta.<br />
<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Ya revisó los mismos lugares varias veces sin descansar. Si se adelanta, puede borrar rastros, alertar a alguien o convertirse en otra persona que tengamos que localizar&gt;</span><br />
Fumioka apretó las manos sobre la mesa, pero Rei intervino antes de que la conversación se transformara en una discusión.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Necesitamos que alguien permanezca aquí por si Hana regresa o llega un mensaje. También debe ordenar todo lo que recuerde sobre ese vendedor, los juguetes y cualquier persona que haya mostrado interés en su familia. Esperar no significa quedarse sin hacer nada&gt;</span><br />
<br />
Emi apoyó una mano sobre el brazo de su esposo. Después de varios segundos, Fumioka aceptó, aunque exigió recibir noticias tan pronto como encontraran cualquier indicio. Tomoe se ocuparía de revisar los objetos de Hana y buscar otros regalos que no pertenecieran a la familia. Emi preparó una lista de amigos, comerciantes conocidos y lugares visitados durante la última semana.<br />
<br />
Rin extendió el mapa sobre la mesa y estableció los primeros puntos. Comenzarían en la plaza para reconstruir la tarde con Yui y Sora. Después visitarían el puesto de dulces y seguirían la dirección en que la vendedora creyó ver a Hana. Los talleres del sur y la antigua zona de cerámica quedarían como destino siguiente si las figuras confirmaban aquella relación.<br />
<br />
Rei guardó el dibujo y los juguetes como evidencia, dejando constancia de cada objeto retirado. También pidió una prenda usada recientemente por Hana, protegida dentro de una bolsa, por si encontraban a alguien con capacidad para rastrear su olor o necesitaban compararla con fibras. Emi entregó una chaqueta ligera que la niña había llevado el día anterior a su desaparición.<br />
<br />
La familia acompañó a los shinobi hasta la entrada. La lluvia continuaba cayendo sobre la galería y la neblina parecía haberse cerrado alrededor de la calle. Fumioka observó hacia ambos extremos como si todavía esperara reconocer la bufanda roja entre las siluetas. Emi permaneció junto a él, sosteniendo contra el pecho uno de los dibujos de su hija.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Tráiganla a casa&gt;</span> pidió Fumioka.<br />
Rei ajustó la protección de la bolsa donde guardaba las pruebas.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Vamos a seguir cada lugar que visitó y cada persona con la que habló. Si alguien sabe dónde está, lo encontraremos&gt;</span><br />
Rin no ofreció una promesa imposible. Miró el mapa una última vez, comprobó la dirección de la plaza y descendió los escalones.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Empezaremos por la última persona que la vio&gt;</span><br />
<br />
La puerta de la residencia quedó abierta durante unos segundos, con la familia reunida bajo la luz del interior. Después se cerró para esperar noticias. Afuera, las huellas más antiguas de Hana habían desaparecido bajo tres días de lluvia, tránsito y búsquedas incompletas, pero la niña había dejado otras señales sin saberlo: dos juguetes desconocidos, un dibujo, el recuerdo de un carro y una conversación que nadie consideró importante hasta entonces.<br />
<br />
Con aquella información reunida y una ruta definida, la búsqueda podía comenzar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Princesa Kimiko</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> La hija del señor Fumioka lleva 3 días buscando a su hija, que no encuentra por ningún lado y está desesperado, es una niña de 8 años que salió a jugar en la tarde y desde entonces no aparece.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Misión simple Rango C.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 28 Verano 150 - Zona Residencial de Kiri</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Kishue</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 72 Horas</span></span></div>
		</div><br />
<hr class="mycode_hr" />
El día amaneció cubierto por un cielo gris, uniforme y pesado, en el que resultaba imposible distinguir con claridad dónde terminaban las nubes y comenzaba la neblina de Kirigakure. Durante la madrugada había llovido con insistencia y, aunque para entonces solamente quedaba una llovizna débil, el agua continuaba cayendo desde los aleros, recorriendo las pendientes de los tejados y acumulándose en los caminos de tierra. El frío no era intenso, pero la humedad atravesaba con facilidad cualquier prenda que permaneciera demasiado tiempo expuesta.<br />
<br />
Rin ya se encontraba despierta cuando escuchó los golpes contra la puerta. Había terminado de vestirse y revisaba el borde de su chakram bajo la iluminación pálida que atravesaba la ventana. Rei apareció en el pasillo unos segundos después, todavía acomodándose el cabello y observando hacia la entrada con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Ninguna esperaba recibir una visita tan temprano, mucho menos durante una mañana en la que la lluvia parecía invitar a permanecer dentro.<br />
<br />
Rin abrió después de comprobar la sombra bajo la puerta. Del otro lado aguardaba un shinobi con el protector de Kirigakure visible y un sobre resguardado dentro de una bolsa impermeable. El agua había oscurecido los hombros de su uniforme y pequeñas gotas descendían desde su cabello. No trató de entrar ni prolongó el saludo; retiró el documento, verificó los nombres escritos sobre él y se lo entregó a Rin.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Rin y Rei Akizu deben presentarse en el ayuntamiento tan pronto como sea posible. Se les asignará una misión de búsqueda dentro de la aldea&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Una persona?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;La información completa se les entregará en la oficina de misiones&gt;</span><br />
<br />
El mensajero se despidió con una inclinación y retomó el camino bajo la llovizna. Rin cerró la puerta y examinó el sobre antes de romper el sello. El contenido no ofrecía mucho más que la orden verbal: debían presentarse aquella misma mañana, llevar su equipo y prepararse para una búsqueda cuya duración todavía no podía determinarse. La falta de detalles no parecía un descuido. Alguien había decidido que la información debía transmitirse personalmente.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Por lo menos sabemos que no tendremos que limpiar nada&gt;</span> observó Rei mientras leía por encima del hombro de su hermana.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Todavía no sabemos qué estamos buscando&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Si fuera suciedad, no habrían enviado a un shinobi para avisarnos&gt;</span><br />
<br />
No tardaron mucho en terminar de prepararse. Rin aseguró el chakram y las herramientas sobre su cuerpo, comprobando que la humedad no hubiera afectado ninguna correa. Rei revisó el arco, la cuerda y las flechas antes de cubrirlos para protegerlos de la lluvia. Ambas comieron un desayuno rápido y guardaron algunas provisiones, conscientes de que una búsqueda podía extenderse mucho más de lo previsto incluso cuando se desarrollaba dentro de los límites de Kirigakure.<br />
<br />
Las calles se encontraban parcialmente vacías cuando salieron. Algunos establecimientos comenzaban a abrir y los trabajadores retiraban el agua acumulada frente a las entradas, pero la mayor parte de la actividad permanecía protegida bajo techos y corredores. La neblina reducía la visibilidad a varias decenas de metros, suficiente para desplazarse sin dificultades, aunque cualquier silueta situada más allá aparecía desdibujada y sin rasgos. No era un clima extraño para la aldea; sin embargo, resultaba poco favorable para encontrar rastros que ya llevaran horas expuestos.<br />
<br />
El ayuntamiento estaba más concurrido. Civiles mojados esperaban frente a distintos escritorios, funcionarios transportaban documentos entre las oficinas y varios shinobi revisaban asignaciones antes de marcharse. Después de presentar el sobre, Rin y Rei fueron conducidas hasta una sala apartada del espacio principal. En ella aguardaba una recepcionista acompañada por un chūnin de la guardia interna. Sobre la mesa había un mapa del distrito residencial y una única carpeta.<br />
<br />
La recepcionista les indicó que tomaran asiento. El chūnin se presentó como Masao Terada y abrió la carpeta sin perder tiempo en explicaciones innecesarias. La primera hoja contenía el retrato de una niña. Parecía tener el cabello castaño y lacio, cortado poco más abajo de los hombros, ojos oscuros y un rostro redondeado. En la imagen sonreía mientras sostenía entre las manos una figura de madera con forma de conejo.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Su nombre es Hana Fumioka. Tiene ocho años y desapareció hace tres días&gt;</span> explicó Masao. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Salió de su vivienda durante la tarde para jugar en los alrededores. No regresó antes de la cena y desde entonces no ha sido localizada&gt;</span><br />
<br />
Rei tomó la fotografía para examinarla mejor. Tres días representaban demasiado tiempo para una niña perdida dentro de la aldea. Durante las primeras horas podía haberse refugiado de la lluvia, confundido de camino o permanecido en casa de otra familia sin avisar. Después de tres noches, aquellas explicaciones perdían fuerza. Si Hana continuaba en Kirigakure, alguien debía haberla visto o estaba impidiendo que regresara.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Cuándo informaron de la desaparición?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;La misma noche. Su padre la buscó primero en el vecindario y acudió a la guardia cuando no encontró a ninguno de los niños con quienes acostumbraba jugar. Desde entonces se revisaron calles, canales cercanos, casas abandonadas y varios accesos al distrito. No se halló el cuerpo ni una señal clara de que haya sufrido un accidente&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Existe la posibilidad de que saliera de la aldea?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Los registros de las puertas no muestran a ninguna niña con su descripción. Tampoco se informó de vehículos sospechosos durante aquella tarde, pero no podemos descartar que alguien la ocultara al abandonar Kirigakure&gt;</span><br />
<br />
Masao desplegó el mapa. La residencia Fumioka se encontraba en una zona habitada por artesanos y pequeños comerciantes. Hana acostumbraba jugar en una plaza situada a menos de cinco minutos de su casa, donde se reunían otros niños después de las clases. Dos de ellos recordaban haberla visto aquella tarde. Según sus declaraciones, jugaron hasta que comenzó a lloviznar y después se separaron para regresar a sus viviendas.<br />
<br />
Hana no tomó el camino más corto hacia su hogar. Una vendedora de dulces afirmó haberla visto avanzar hacia un canal secundario, aunque no podía garantizar que se tratara de ella porque la neblina ya comenzaba a espesarse. La niña vestía una túnica azul claro, pantalones oscuros, sandalias y una bufanda roja. Llevaba también el conejo de madera del retrato, un objeto construido por su padre que rara vez dejaba en casa.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Se encontró alguna prenda o el juguete?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Nada. Los perros de rastreo siguieron su olor desde la plaza hasta una calle comercial, pero la lluvia borró el rastro. Hay demasiadas personas transitando por esa zona y no pudieron retomarlo&gt;</span><br />
<br />
La investigación no había identificado amenazas contra la familia. El señor Fumioka trabajaba como carpintero, su esposa atendía la casa y ninguno mantenía deudas importantes ni conflictos conocidos. No recibieron solicitudes de dinero, mensajes ni advertencias después de la desaparición. La ausencia de un motivo evidente había obligado a considerar desde un accidente hasta un secuestro oportunista.<br />
<br />
Masao les entregó una copia del retrato, el mapa y las declaraciones reunidas. La misión comenzaría en la residencia familiar. Debían escuchar directamente a los padres, examinar las pertenencias de Hana y reconstruir sus hábitos antes de repetir una búsqueda que ya había consumido tres días. El chūnin insistió en que los detalles aparentemente insignificantes podían ser más útiles que volver a recorrer las mismas calles sin una dirección.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;El señor Fumioka apenas ha descansado desde la desaparición&gt;</span> añadió. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Ha participado en cada búsqueda y en ocasiones se adelantó a los grupos sin avisar. Su esposa permanece en la vivienda por si Hana regresa. Traten de obtener toda la información antes de permitir que vuelva a salir&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Si lleva tres días recorriendo la aldea, solamente estorbará si continúa sin descansar&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Se lo explicaremos con un poco más de delicadeza&gt;</span><br />
<br />
La recepción registró oficialmente la salida y les entregó una autorización para interrogar testigos y acceder a los espacios ya revisados por la guardia. Después de guardar los documentos, Rin y Rei abandonaron el ayuntamiento. La lluvia había recuperado algo de intensidad. No bastaba para impedir el tránsito, pero cubría las calles con un ruido constante y amenazaba con eliminar cualquier rastro nuevo antes de que pudieran encontrarlo.<br />
<br />
El trayecto hacia la residencia Fumioka atravesó una parte de la zona comercial y continuó por calles cada vez más estrechas. Rei comparaba las intersecciones con el mapa, observando los caminos posibles entre la plaza, la tienda de dulces y el canal mencionado por la testigo. Rin prestaba más atención a los callejones, los patios comunicados y las construcciones vacías. Una niña podía recorrer distancias pequeñas por rutas que un adulto no consideraría importantes.<br />
<br />
La casa de la familia estaba unida al taller de carpintería. La fachada era de madera oscura, con un tejado inclinado y una galería pequeña protegida por el alero. Frente al taller había varias tablas cubiertas por lonas, un banco de trabajo vacío y un letrero tallado con el apellido Fumioka. Ninguna herramienta se encontraba en uso. El lugar parecía haber sido abandonado a mitad de una jornada y no retomado desde entonces.<br />
<br />
Rin llamó a la puerta. Los pasos llegaron casi inmediatamente, como si alguien hubiera permanecido esperando detrás de ella. El hombre que abrió debía rondar los cuarenta años, aunque la falta de sueño añadía dureza a su rostro. Tenía cabello castaño recogido de manera descuidada, barba reciente y las manos cubiertas por pequeñas cicatrices propias del oficio. Sus ojos descendieron hacia los protectores de Kirigakure antes de recuperar una mínima esperanza.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;¿Vienen por Hana?&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Sí. Somos parte del equipo asignado a continuar la búsqueda. Necesitamos hacerle algunas preguntas y revisar la información desde el principio&gt;</span><br />
<br />
El señor Fumioka abrió completamente y permitió el paso. El recibidor comunicaba con una sala sencilla, limpia en casi todos sus espacios excepto por la mesa central. Sobre ella se acumulaban mapas, notas, tazas sin recoger y varios dibujos de la niña. Una pared estaba cubierta por marcas que señalaban las zonas revisadas durante los días anteriores. Círculos de tinta rodeaban canales, plazas, almacenes y viviendas de conocidos.<br />
<br />
La esposa de Fumioka se levantó al verlos entrar. Se llamaba Emi y parecía haber descansado todavía menos que su marido. Llevaba una manta sobre los hombros, el cabello sujeto detrás de la cabeza y una taza fría entre las manos. Junto a ella permanecía una mujer mayor, Tomoe, abuela de Hana, quien se ocupaba de mantener la casa y responder a las visitas mientras los padres alternaban entre esperar y buscar.<br />
<br />
Fumioka apartó varios papeles y ofreció asiento. Emi permaneció frente a la mesa, sujetando la taza aunque no bebía. Tomoe preparó té sin preguntar y lo distribuyó antes de ocupar un lugar cercano. El ambiente no se sentía únicamente triste; estaba cargado por tres días de incertidumbre, versiones repetidas y cada sonido exterior confundido con la posibilidad de que Hana regresara.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Salió después de comer&gt;</span> comenzó Fumioka. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Serían poco más de las tres. Dijo que iba a la plaza para jugar con Yui y Sora. Siempre vuelve antes de que oscurezca y conoce estas calles. Cuando empezó a llover pensé que regresaría, pero pasó una hora y después otra&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Yo le pedí que llevara la bufanda&gt;</span> añadió Emi. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;La roja. Se quejó porque decía que no hacía tanto frío, pero terminó poniéndosela. También llevaba a Usagi, el conejo que le hizo su padre&gt;</span><br />
<br />
Rei colocó el retrato sobre la mesa y pidió que describieran la ropa con precisión. Emi confirmó cada elemento del informe y añadió que la túnica tenía flores blancas bordadas en las mangas. Hana llevaba el cabello recogido parcialmente mediante un cordón amarillo. No tenía dinero cuando salió, salvo quizá una moneda guardada de días anteriores. La vendedora de dulces afirmó que compró una golosina, por lo que debía conservarla desde antes.<br />
<br />
Rin examinó los mapas preparados por Fumioka. Algunas zonas estaban marcadas varias veces, mientras otras solamente presentaban una línea. El padre explicó que revisaron todos los lugares donde Hana acostumbraba esconderse: debajo del puente de la plaza, detrás del almacén de papel, en el jardín de una amiga y dentro de una pequeña caseta abandonada. También recorrieron el canal hasta las rejillas, sin encontrar ropa ni objetos.<br />
<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Hana tenía prohibido ir a algún lugar?&gt;</span><br />
Emi y Fumioka intercambiaron una mirada.<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;A los canales del sur&gt;</span> respondió el padre. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Hay talleres cerrados y el agua corre con fuerza después de la lluvia. También le prohibimos acercarse a la zona de almacenes sin un adulto&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Los lugares prohibidos suelen ser los primeros que visitan los niños cuando creen que nadie los observa. ¿Alguna vez la encontraron allí?&gt;</span><br />
<br />
Fumioka admitió que, varios meses atrás, Hana y otros niños habían seguido a un gato hasta uno de los talleres abandonados. Recibió un castigo y prometió no regresar. Desde entonces no existían indicios de que hubiera desobedecido, pero tampoco podían garantizarlo. Rin marcó aquel sector en la copia del mapa. La guardia había revisado las calles principales, aunque no cada edificio cerrado.<br />
<br />
Rei preguntó por los otros niños. Yui regresó a su casa acompañada por su hermano mayor. Sora permaneció en la plaza hasta que su madre fue a buscarlo. Ambos aseguraron que Hana se marchó diciendo que quería ver algo antes de volver. Ninguno recordaba qué era; Sora creyó escuchar la palabra «barco», mientras Yui entendió «barro». La diferencia había llevado a revisar tanto el canal como varias zonas de juego sin resultado.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Había hablado durante los días anteriores de alguna persona nueva, un regalo o un lugar que quisiera visitar?&gt;</span><br />
Emi negó primero, pero Tomoe dejó la tetera sobre la mesa.<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Mencionó a un hombre que hacía juguetes&gt;</span> recordó la abuela. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Dijo que había visto una caja llena de animales de madera cerca de la plaza. Pensé que hablaba de algún vendedor ambulante y no le presté atención porque su padre fabrica cosas parecidas&gt;</span><br />
<br />
Fumioka levantó la mirada de inmediato. Nunca había escuchado aquella historia. Tomoe explicó que Hana lo comentó dos días antes de desaparecer. El hombre le mostró un pájaro articulado y aseguró que también sabía fabricar conejos que movían las patas. La niña no dijo haberlo acompañado ni recibido nada. Solamente parecía emocionada por encontrar a alguien capaz de construir juguetes distintos a los de su padre.<br />
<br />
La información no figuraba en los reportes porque Tomoe no había estado presente durante las primeras entrevistas. Los guardias preguntaron por desconocidos que hablaran con Hana, pero Emi y Fumioka respondieron que no conocían ninguno. Rei anotó cada detalle sin convertirlo todavía en una conclusión. Un artesano ambulante podía ser inocente; también podía explicar por qué la niña abandonó la ruta habitual sin mostrar señales de resistencia.<br />
<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Cómo era?&gt;</span><br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Hana solamente dijo que llevaba un sombrero grande y que olía a pintura. No sé nada más&gt;</span><br />
<br />
Rin pidió ver la habitación de la niña. Emi los condujo por un pasillo hasta una puerta decorada con peces tallados. El dormitorio permanecía como Hana lo había dejado: la cama ordenada a medias, varias prendas dobladas, dibujos sujetos a la pared y figuras de madera distribuidas sobre un estante. Había conejos, aves, un pequeño tiburón y una embarcación con vela de tela.<br />
<br />
Rei revisó los dibujos con permiso de la madre. La mayoría representaba la casa, la familia y lugares del vecindario. Uno, elaborado con tinta azul y roja, mostraba una figura junto a un carro cubierto. Alrededor había varios animales pequeños. Hana había dibujado también tres líneas onduladas bajo las ruedas, quizá agua, y una construcción alta al fondo.<br />
<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;¿Reconoce este lugar?&gt;</span><br />
<br />
Emi sostuvo el dibujo y negó. Fumioka se aproximó después. La construcción podía ser una torre de vigilancia, una chimenea o simplemente un árbol mal representado. La fecha escrita en una esquina correspondía al día anterior a la desaparición. Hana ya había visto el carro o pensaba volver a encontrarlo.<br />
<br />
Rin abrió el armario y comprobó qué prendas faltaban. No había preparado equipaje. Sus zapatos adicionales, el abrigo grueso y los objetos favoritos continuaban allí. La niña no planeaba ausentarse durante mucho tiempo. También encontraron una caja pequeña con dos animales de madera que Fumioka aseguró no haber fabricado. Uno era un zorro y el otro un ave con alas móviles.<br />
<br />
La pintura del ave todavía desprendía un olor leve, dulce y aceitoso.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Nunca había visto esos juguetes&gt;</span> afirmó Fumioka, endureciendo la voz. <span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Si alguien se los dio, Hana no nos lo contó&gt;</span><br />
<br />
Rei envolvió ambas figuras por separado para conservar cualquier rastro. El ave tenía una mancha de barro rojizo en la base, distinto al suelo oscuro predominante alrededor de la residencia. Ciertas zonas del sur, próximas a antiguos talleres de cerámica, conservaban arcilla de aquel color. El carro dibujado, los canales prohibidos y el supuesto fabricante empezaban a señalar una dirección común, aunque todavía necesitaban hablar con los niños y la vendedora.<br />
<br />
De regreso en la sala, Rin pidió a Fumioka que permaneciera en casa durante la primera parte de la búsqueda. El hombre se negó de inmediato. Llevaba tres días recorriendo Kirigakure y no aceptaba esperar mientras otros buscaban a su hija. Rin no suavizó la respuesta.<br />
<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Ya revisó los mismos lugares varias veces sin descansar. Si se adelanta, puede borrar rastros, alertar a alguien o convertirse en otra persona que tengamos que localizar&gt;</span><br />
Fumioka apretó las manos sobre la mesa, pero Rei intervino antes de que la conversación se transformara en una discusión.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Necesitamos que alguien permanezca aquí por si Hana regresa o llega un mensaje. También debe ordenar todo lo que recuerde sobre ese vendedor, los juguetes y cualquier persona que haya mostrado interés en su familia. Esperar no significa quedarse sin hacer nada&gt;</span><br />
<br />
Emi apoyó una mano sobre el brazo de su esposo. Después de varios segundos, Fumioka aceptó, aunque exigió recibir noticias tan pronto como encontraran cualquier indicio. Tomoe se ocuparía de revisar los objetos de Hana y buscar otros regalos que no pertenecieran a la familia. Emi preparó una lista de amigos, comerciantes conocidos y lugares visitados durante la última semana.<br />
<br />
Rin extendió el mapa sobre la mesa y estableció los primeros puntos. Comenzarían en la plaza para reconstruir la tarde con Yui y Sora. Después visitarían el puesto de dulces y seguirían la dirección en que la vendedora creyó ver a Hana. Los talleres del sur y la antigua zona de cerámica quedarían como destino siguiente si las figuras confirmaban aquella relación.<br />
<br />
Rei guardó el dibujo y los juguetes como evidencia, dejando constancia de cada objeto retirado. También pidió una prenda usada recientemente por Hana, protegida dentro de una bolsa, por si encontraban a alguien con capacidad para rastrear su olor o necesitaban compararla con fibras. Emi entregó una chaqueta ligera que la niña había llevado el día anterior a su desaparición.<br />
<br />
La familia acompañó a los shinobi hasta la entrada. La lluvia continuaba cayendo sobre la galería y la neblina parecía haberse cerrado alrededor de la calle. Fumioka observó hacia ambos extremos como si todavía esperara reconocer la bufanda roja entre las siluetas. Emi permaneció junto a él, sosteniendo contra el pecho uno de los dibujos de su hija.<br />
<br />
<span style="color: #cccccc;" class="mycode_color">&lt;Tráiganla a casa&gt;</span> pidió Fumioka.<br />
Rei ajustó la protección de la bolsa donde guardaba las pruebas.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Vamos a seguir cada lugar que visitó y cada persona con la que habló. Si alguien sabe dónde está, lo encontraremos&gt;</span><br />
Rin no ofreció una promesa imposible. Miró el mapa una última vez, comprobó la dirección de la plaza y descendió los escalones.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Empezaremos por la última persona que la vio&gt;</span><br />
<br />
La puerta de la residencia quedó abierta durante unos segundos, con la familia reunida bajo la luz del interior. Después se cerró para esperar noticias. Afuera, las huellas más antiguas de Hana habían desaparecido bajo tres días de lluvia, tránsito y búsquedas incompletas, pero la niña había dejado otras señales sin saberlo: dos juguetes desconocidos, un dibujo, el recuerdo de un carro y una conversación que nadie consideró importante hasta entonces.<br />
<br />
Con aquella información reunida y una ruta definida, la búsqueda podía comenzar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El sonido de la mañana.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14662</link>
			<pubDate>Sat, 22 Aug 2026 08:51:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=833">Kairo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14662</guid>
			<description><![CDATA[La mañana en Kirigakure nunca llegaba de golpe. Se filtraba poco a poco entre la niebla, como si incluso el sol tuviera que pedir permiso para atravesar las calles de la aldea. Kairo Kodon llevaba ya un rato despierto cuando la primera claridad comenzó a dibujar sombras débiles sobre las paredes de su habitación. Permaneció sentado unos segundos en el borde de la cama, con los pies descalzos sobre el suelo frío y la mirada perdida frente a él. No tenía ninguna razón concreta para permanecer allí, pero tampoco demasiadas para levantarse deprisa. Aquella era una de las peculiaridades de su vida: casi todo podía esperar unos minutos más.<br />
Finalmente se puso en pie y comenzó con la rutina que había aprendido a realizar casi de memoria. Preparó algo sencillo para desayunar y, antes de probar bocado, se dirigió a la habitación de su madre. Ella seguía postrada en aquella cama que, con el paso de los años, había terminado convirtiéndose casi en otra habitación dentro de la casa. Kairo comprobó que estuviera cómoda, cambió el agua que tenía cerca y revisó cuidadosamente todo aquello que pudiera necesitar durante las siguientes horas. No era una tarea que le resultara agradable, pero tampoco la contemplaba como una carga. Había aprendido que cuidar de alguien no siempre significaba hacer grandes sacrificios. A veces significaba simplemente estar allí.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Buenos días, madre.</span><br />
<br />
No esperaba una conversación. De hecho, rara vez la esperaba. Aun así, hablaba con ella.<br />
Después salió a las calles de la aldea. Caminó sin prisa, observando cómo Kirigakure despertaba alrededor suyo. Comerciantes levantando persianas, shinobi regresando de alguna misión, niños corriendo por las calles y genin que se reunían para entrenar juntos. Kairo observaba todo aquello desde cierta distancia, como quien contempla una vida a la que pertenece solamente de manera parcial.<br />
Durante el camino pensó en algo que llevaba semanas rondándole la cabeza. Ser genin ya no le parecía suficiente.<br />
No porque despreciara aquella posición, sino porque empezaba a comprender que permanecer en el mismo lugar también era una forma de retroceder.<br />
Quería convertirse en Chūnin.<br />
Y quería aprender medicina.<br />
Ambas cosas le parecían, de algún modo, relacionadas. Un ninja médico debía ser capaz de mantener la calma cuando todo a su alrededor se derrumbaba. Un Chūnin debía tomar decisiones cuando nadie podía decirle qué hacer. Quizá crecer como shinobi significaba precisamente eso: aprender a decidir incluso cuando uno tenía miedo de equivocarse.<br />
Antes de regresar a casa, Kairo se detuvo frente al campo de entrenamiento.<br />
Miró el terreno húmedo durante unos segundos.<br />
Después dejó escapar un suspiro.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que habrá que empezar.</span><br />
Y por primera vez en varios días, decidió que aquella mañana no terminaría simplemente igual que había empezado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La mañana en Kirigakure nunca llegaba de golpe. Se filtraba poco a poco entre la niebla, como si incluso el sol tuviera que pedir permiso para atravesar las calles de la aldea. Kairo Kodon llevaba ya un rato despierto cuando la primera claridad comenzó a dibujar sombras débiles sobre las paredes de su habitación. Permaneció sentado unos segundos en el borde de la cama, con los pies descalzos sobre el suelo frío y la mirada perdida frente a él. No tenía ninguna razón concreta para permanecer allí, pero tampoco demasiadas para levantarse deprisa. Aquella era una de las peculiaridades de su vida: casi todo podía esperar unos minutos más.<br />
Finalmente se puso en pie y comenzó con la rutina que había aprendido a realizar casi de memoria. Preparó algo sencillo para desayunar y, antes de probar bocado, se dirigió a la habitación de su madre. Ella seguía postrada en aquella cama que, con el paso de los años, había terminado convirtiéndose casi en otra habitación dentro de la casa. Kairo comprobó que estuviera cómoda, cambió el agua que tenía cerca y revisó cuidadosamente todo aquello que pudiera necesitar durante las siguientes horas. No era una tarea que le resultara agradable, pero tampoco la contemplaba como una carga. Había aprendido que cuidar de alguien no siempre significaba hacer grandes sacrificios. A veces significaba simplemente estar allí.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Buenos días, madre.</span><br />
<br />
No esperaba una conversación. De hecho, rara vez la esperaba. Aun así, hablaba con ella.<br />
Después salió a las calles de la aldea. Caminó sin prisa, observando cómo Kirigakure despertaba alrededor suyo. Comerciantes levantando persianas, shinobi regresando de alguna misión, niños corriendo por las calles y genin que se reunían para entrenar juntos. Kairo observaba todo aquello desde cierta distancia, como quien contempla una vida a la que pertenece solamente de manera parcial.<br />
Durante el camino pensó en algo que llevaba semanas rondándole la cabeza. Ser genin ya no le parecía suficiente.<br />
No porque despreciara aquella posición, sino porque empezaba a comprender que permanecer en el mismo lugar también era una forma de retroceder.<br />
Quería convertirse en Chūnin.<br />
Y quería aprender medicina.<br />
Ambas cosas le parecían, de algún modo, relacionadas. Un ninja médico debía ser capaz de mantener la calma cuando todo a su alrededor se derrumbaba. Un Chūnin debía tomar decisiones cuando nadie podía decirle qué hacer. Quizá crecer como shinobi significaba precisamente eso: aprender a decidir incluso cuando uno tenía miedo de equivocarse.<br />
Antes de regresar a casa, Kairo se detuvo frente al campo de entrenamiento.<br />
Miró el terreno húmedo durante unos segundos.<br />
Después dejó escapar un suspiro.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que habrá que empezar.</span><br />
Y por primera vez en varios días, decidió que aquella mañana no terminaría simplemente igual que había empezado.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Entrenamientos en la playa.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14648</link>
			<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 21:52:12 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=833">Kairo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14648</guid>
			<description><![CDATA[El 22 de verano del año 150, Kairo había decidido salir de casa bastante temprano para aprovechar el día y entrenar un poco antes de que el calor fuese todavía más insoportable. No era algo que hiciera demasiado a menudo, pues normalmente encontraba más comodidad entre las paredes del laboratorio, rodeado de libros, apuntes y todo aquello que podía mantener su cabeza ocupada, pero últimamente había empezado a comprender que pasar demasiado tiempo encerrado tampoco le hacía ningún favor. Había quedado con otro shinobi para entrenar en la playa y, como solía ocurrir con él, había llegado con bastante antelación. La zona que había escogido se encontraba algo apartada de las partes más transitadas de la costa, lo suficientemente tranquila como para poder entrenar sin preocuparse demasiado por la gente que pudiera pasar cerca. El sol caía con fuerza sobre la arena y el ambiente estaba cargado de humedad, aunque la brisa marina hacía que el calor se soportase algo mejor. Frente a él se extendía el mar, tranquilo a pesar del movimiento constante de las olas, que llegaban hasta la orilla y retrocedían lentamente dejando la arena húmeda y brillante durante unos segundos. Kairo permaneció allí de pie durante un rato, observando el horizonte mientras el viento movía su cabello oscuro y largo, haciendo que algunos mechones terminasen cayendo delante de sus ojos. Vestía con ropa cómoda y ligera, adecuada para entrenar y moverse con facilidad, y aunque su aspecto delgado podía hacer pensar que no estaba acostumbrado al esfuerzo físico, llevaba bastante tiempo intentando mejorar su resistencia y aprender a sacar partido de un cuerpo que no destacaba precisamente por su fuerza. No pretendía convertirse en alguien capaz de imponerse a base de golpes. Sabía que no era su mejor cualidad y, precisamente por eso, prefería trabajar otros aspectos que pudieran ayudarle a compensarlo.<br />
<br />
Después de mirar una última vez hacia el camino por el que debía aparecer su compañero, Kairo se decidió finalmente a comenzar por su cuenta. No tenía demasiado sentido quedarse quieto esperando y, aunque había ido allí con la intención de entrenar acompañado, podía aprovechar aquel tiempo para calentar y adelantar parte del trabajo. Comenzó estirando las piernas, los brazos y la espalda, sin demasiada prisa, dedicando unos minutos a preparar el cuerpo antes de empezar a exigirle algo más. Una vez terminó, comenzó a correr por la orilla manteniendo un ritmo tranquilo. Sus pies se hundían ligeramente en la arena húmeda con cada paso y, de vez en cuando, una ola alcanzaba sus tobillos antes de retirarse nuevamente hacia el mar. Poco después se alejó de la zona húmeda y empezó a correr por la arena seca, donde cada pisada se volvía mucho más pesada. El terreno cedía bajo sus pies y le obligaba a realizar un esfuerzo mayor para mantener el ritmo, pero precisamente por eso decidió continuar. No buscaba batir ninguna marca ni hacer nada especialmente espectacular; simplemente quería acostumbrarse a moverse en una superficie incómoda y conseguir que sus piernas aguantasen cada vez un poco más. Después de varias vueltas comenzó a notar el cansancio acumulándose en ellas y su respiración se hizo más profunda, así que redujo progresivamente el ritmo hasta terminar caminando. Se pasó una mano por la frente para apartar el sudor y volvió a mirar hacia el camino. Seguía sin aparecer nadie. Kairo dejó escapar un pequeño suspiro y negó ligeramente con la cabeza, pensando que a ese ritmo iba a terminar haciendo todo el entrenamiento solo. Aun así, aquello no parecía preocuparle demasiado. Había ido allí para mejorar y no pensaba desperdiciar el tiempo simplemente porque su compañero todavía no hubiese llegado.<br />
<br />
Una vez recuperó un poco el aliento, comenzó con los ejercicios de combate. Adoptó una postura cómoda y empezó a practicar desplazamientos cortos, avanzando y retrocediendo sobre la arena mientras lanzaba golpes al aire. No buscaba hacer movimientos demasiado amplios ni utilizar más fuerza de la necesaria. Intentaba que cada gesto fuese limpio y que el cuerpo respondiera de una manera cada vez más natural, procurando mantener el equilibrio incluso cuando cambiaba rápidamente de dirección. Un golpe, un desplazamiento hacia un lado, otro hacia atrás y una patada antes de volver a colocarse. Repitió aquella secuencia varias veces hasta que empezó a notar que sus piernas volvían a calentarse. Kairo sabía que entrenar contra un objetivo imaginario tenía sus limitaciones, pero también entendía que era necesario trabajar los movimientos básicos antes de enfrentarse a alguien de verdad. Una cosa era imaginar cómo reaccionaría ante un ataque y otra muy diferente era hacerlo cuando otra persona estuviese delante de él y no supiera qué iba a hacer. Aquello era precisamente lo que quería practicar cuando llegase su compañero. Quería comprobar hasta qué punto podía mantener la calma cuando tuviera que reaccionar sobre la marcha y no simplemente seguir una secuencia que ya conocía. Mientras pensaba en ello continuó moviéndose, aumentando poco a poco la velocidad de los desplazamientos hasta que, en uno de ellos, su pie se hundió más de la cuenta en la arena y perdió ligeramente el equilibrio. Tuvo que dar un par de pasos rápidos para evitar caer. Se quedó quieto durante unos segundos mirando el suelo y después soltó una pequeña risa por lo bajo antes de volver a colocarse. Aquello también formaba parte del entrenamiento. Si algún día tenía que luchar en un terreno parecido, nadie iba a quitarle la arena de debajo de los pies para que pudiese moverse mejor.<br />
<br />
El entrenamiento continuó durante bastante tiempo y Kairo fue alternando los ejercicios para no acostumbrar demasiado el cuerpo a un único movimiento. Después de trabajar durante un rato el combate cuerpo a cuerpo, decidió practicar sus lanzamientos. Sacó varios kunai y buscó una formación rocosa que pudiera utilizar como objetivo. Se alejó unos metros, tomó aire y lanzó el primero. El arma impactó bastante cerca del punto que había escogido, aunque el segundo se desvió ligeramente y el tercero terminó golpeando una zona diferente de la roca. Kairo frunció el ceño y fue a recogerlos sin decir nada. Volvió a colocarse en el mismo sitio y comenzó otra vez, aunque esta vez decidió añadir movimiento. Lanzaba mientras avanzaba, después se desplazaba hacia un lado y volvía a lanzar, intentando mantener la precisión aunque el cuerpo estuviese en movimiento. No todos los intentos salieron como esperaba, pero poco a poco fue encontrando el ritmo. Lo que realmente quería conseguir no era acertar siempre en el centro, sino acostumbrarse a no quedarse completamente quieto cuando utilizaba los kunai. Después de varios minutos terminó guardándolos y se acercó de nuevo hasta la orilla. El calor empezaba a hacerse notar bastante y el cansancio comenzaba a acumularse en sus músculos, por lo que decidió sentarse durante unos minutos sobre una de las rocas cercanas al agua. Dejó que el mar cubriera sus pies mientras bebía tranquilamente de la botella que había llevado consigo y permaneció en silencio, mirando cómo las olas iban y venían. Aquel momento de tranquilidad le servía también para despejar un poco la cabeza. No tenía que pensar en los documentos que había dejado pendientes, ni en los estudios, ni en todo aquello que normalmente ocupaba su tiempo cuando permanecía dentro de casa. Allí simplemente podía quedarse sentado escuchando el mar y recuperar fuerzas antes de continuar.<br />
<br />
Después de aquel descanso decidió trabajar algo que consideraba todavía más importante: el control del chakra. Se levantó y se acercó a una zona de rocas que sobresalían ligeramente del agua. La superficie estaba húmeda y era bastante fácil perder el equilibrio, así que podía servirle para poner a prueba su concentración. Cerró los ojos durante unos segundos y respiró profundamente antes de concentrar el chakra en las plantas de sus pies. No intentó hacerlo de golpe, sino poco a poco, tratando de sentir cómo aquella energía se distribuía por su cuerpo. Cuando consideró que estaba preparado, dio el primer paso sobre la roca. El suelo resbalaba ligeramente bajo sus pies, pero consiguió mantenerse estable. Dio otro paso y una ola golpeó contra las piedras, haciendo que el agua salpicase sus piernas. Kairo mantuvo la concentración y continuó avanzando despacio, procurando que cada pisada fuese segura antes de dar la siguiente. No era un ejercicio especialmente llamativo y probablemente cualquiera que pasase por allí ni siquiera entendería qué estaba haciendo, pero para él tenía bastante sentido. El control del chakra era algo que necesitaba dominar si quería mejorar como shinobi y, especialmente, si pretendía seguir avanzando por el camino que se había marcado. Después de varios minutos regresó a la arena y esta vez el cansancio era bastante evidente. Se dejó caer sentado y apoyó los brazos sobre las rodillas mientras recuperaba el aliento. El cabello se le había humedecido por el agua y el sudor y varios mechones se habían quedado pegados a su rostro, así que se los apartó con una mano antes de volver a beber un poco de agua.<br />
<br />
Kairo permaneció sentado durante unos minutos más, dejando que el cuerpo recuperase algo de energía mientras observaba el mar. Había entrenado bastante más de lo que tenía pensado al principio y, aunque todavía quería enfrentarse a su compañero cuando llegase, ya podía notar el cansancio en las piernas y en los brazos. Aun así, no le molestaba. Era un cansancio diferente al que sentía después de pasar horas encerrado estudiando. Este era físico, directo y sencillo. No necesitaba darle demasiadas vueltas. Se había esforzado y su cuerpo se lo estaba haciendo saber. Finalmente levantó la mirada hacia el camino y comprobó una vez más si su compañero había llegado. Esta vez creyó distinguir una figura a lo lejos. Kairo entrecerró los ojos intentando reconocerla y permaneció unos segundos sin moverse, esperando a que se acercase un poco más. Todavía no podía saber con seguridad quién era, pero por la dirección que llevaba parecía que finalmente había llegado la persona que estaba esperando. Se levantó lentamente, sacudió la arena de la ropa y recogió sus cosas. Guardó la botella, comprobó que los kunai estuvieran en su sitio y se apartó algunos mechones del rostro antes de volver a colocarse en la zona donde había estado entrenando. A pesar del cansancio, su expresión había cambiado ligeramente. Había pasado buena parte del tiempo entrenando solo y ahora, por fin, tendría la oportunidad de comprobar cómo respondía frente a alguien de verdad. Flexionó ligeramente las piernas y adoptó una postura preparada, manteniendo la mirada fija sobre aquella figura que cada vez estaba más cerca. El entrenamiento en solitario había terminado. Ahora tocaba descubrir cuánto podía aguantar cuando el otro shinobi estuviera delante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El 22 de verano del año 150, Kairo había decidido salir de casa bastante temprano para aprovechar el día y entrenar un poco antes de que el calor fuese todavía más insoportable. No era algo que hiciera demasiado a menudo, pues normalmente encontraba más comodidad entre las paredes del laboratorio, rodeado de libros, apuntes y todo aquello que podía mantener su cabeza ocupada, pero últimamente había empezado a comprender que pasar demasiado tiempo encerrado tampoco le hacía ningún favor. Había quedado con otro shinobi para entrenar en la playa y, como solía ocurrir con él, había llegado con bastante antelación. La zona que había escogido se encontraba algo apartada de las partes más transitadas de la costa, lo suficientemente tranquila como para poder entrenar sin preocuparse demasiado por la gente que pudiera pasar cerca. El sol caía con fuerza sobre la arena y el ambiente estaba cargado de humedad, aunque la brisa marina hacía que el calor se soportase algo mejor. Frente a él se extendía el mar, tranquilo a pesar del movimiento constante de las olas, que llegaban hasta la orilla y retrocedían lentamente dejando la arena húmeda y brillante durante unos segundos. Kairo permaneció allí de pie durante un rato, observando el horizonte mientras el viento movía su cabello oscuro y largo, haciendo que algunos mechones terminasen cayendo delante de sus ojos. Vestía con ropa cómoda y ligera, adecuada para entrenar y moverse con facilidad, y aunque su aspecto delgado podía hacer pensar que no estaba acostumbrado al esfuerzo físico, llevaba bastante tiempo intentando mejorar su resistencia y aprender a sacar partido de un cuerpo que no destacaba precisamente por su fuerza. No pretendía convertirse en alguien capaz de imponerse a base de golpes. Sabía que no era su mejor cualidad y, precisamente por eso, prefería trabajar otros aspectos que pudieran ayudarle a compensarlo.<br />
<br />
Después de mirar una última vez hacia el camino por el que debía aparecer su compañero, Kairo se decidió finalmente a comenzar por su cuenta. No tenía demasiado sentido quedarse quieto esperando y, aunque había ido allí con la intención de entrenar acompañado, podía aprovechar aquel tiempo para calentar y adelantar parte del trabajo. Comenzó estirando las piernas, los brazos y la espalda, sin demasiada prisa, dedicando unos minutos a preparar el cuerpo antes de empezar a exigirle algo más. Una vez terminó, comenzó a correr por la orilla manteniendo un ritmo tranquilo. Sus pies se hundían ligeramente en la arena húmeda con cada paso y, de vez en cuando, una ola alcanzaba sus tobillos antes de retirarse nuevamente hacia el mar. Poco después se alejó de la zona húmeda y empezó a correr por la arena seca, donde cada pisada se volvía mucho más pesada. El terreno cedía bajo sus pies y le obligaba a realizar un esfuerzo mayor para mantener el ritmo, pero precisamente por eso decidió continuar. No buscaba batir ninguna marca ni hacer nada especialmente espectacular; simplemente quería acostumbrarse a moverse en una superficie incómoda y conseguir que sus piernas aguantasen cada vez un poco más. Después de varias vueltas comenzó a notar el cansancio acumulándose en ellas y su respiración se hizo más profunda, así que redujo progresivamente el ritmo hasta terminar caminando. Se pasó una mano por la frente para apartar el sudor y volvió a mirar hacia el camino. Seguía sin aparecer nadie. Kairo dejó escapar un pequeño suspiro y negó ligeramente con la cabeza, pensando que a ese ritmo iba a terminar haciendo todo el entrenamiento solo. Aun así, aquello no parecía preocuparle demasiado. Había ido allí para mejorar y no pensaba desperdiciar el tiempo simplemente porque su compañero todavía no hubiese llegado.<br />
<br />
Una vez recuperó un poco el aliento, comenzó con los ejercicios de combate. Adoptó una postura cómoda y empezó a practicar desplazamientos cortos, avanzando y retrocediendo sobre la arena mientras lanzaba golpes al aire. No buscaba hacer movimientos demasiado amplios ni utilizar más fuerza de la necesaria. Intentaba que cada gesto fuese limpio y que el cuerpo respondiera de una manera cada vez más natural, procurando mantener el equilibrio incluso cuando cambiaba rápidamente de dirección. Un golpe, un desplazamiento hacia un lado, otro hacia atrás y una patada antes de volver a colocarse. Repitió aquella secuencia varias veces hasta que empezó a notar que sus piernas volvían a calentarse. Kairo sabía que entrenar contra un objetivo imaginario tenía sus limitaciones, pero también entendía que era necesario trabajar los movimientos básicos antes de enfrentarse a alguien de verdad. Una cosa era imaginar cómo reaccionaría ante un ataque y otra muy diferente era hacerlo cuando otra persona estuviese delante de él y no supiera qué iba a hacer. Aquello era precisamente lo que quería practicar cuando llegase su compañero. Quería comprobar hasta qué punto podía mantener la calma cuando tuviera que reaccionar sobre la marcha y no simplemente seguir una secuencia que ya conocía. Mientras pensaba en ello continuó moviéndose, aumentando poco a poco la velocidad de los desplazamientos hasta que, en uno de ellos, su pie se hundió más de la cuenta en la arena y perdió ligeramente el equilibrio. Tuvo que dar un par de pasos rápidos para evitar caer. Se quedó quieto durante unos segundos mirando el suelo y después soltó una pequeña risa por lo bajo antes de volver a colocarse. Aquello también formaba parte del entrenamiento. Si algún día tenía que luchar en un terreno parecido, nadie iba a quitarle la arena de debajo de los pies para que pudiese moverse mejor.<br />
<br />
El entrenamiento continuó durante bastante tiempo y Kairo fue alternando los ejercicios para no acostumbrar demasiado el cuerpo a un único movimiento. Después de trabajar durante un rato el combate cuerpo a cuerpo, decidió practicar sus lanzamientos. Sacó varios kunai y buscó una formación rocosa que pudiera utilizar como objetivo. Se alejó unos metros, tomó aire y lanzó el primero. El arma impactó bastante cerca del punto que había escogido, aunque el segundo se desvió ligeramente y el tercero terminó golpeando una zona diferente de la roca. Kairo frunció el ceño y fue a recogerlos sin decir nada. Volvió a colocarse en el mismo sitio y comenzó otra vez, aunque esta vez decidió añadir movimiento. Lanzaba mientras avanzaba, después se desplazaba hacia un lado y volvía a lanzar, intentando mantener la precisión aunque el cuerpo estuviese en movimiento. No todos los intentos salieron como esperaba, pero poco a poco fue encontrando el ritmo. Lo que realmente quería conseguir no era acertar siempre en el centro, sino acostumbrarse a no quedarse completamente quieto cuando utilizaba los kunai. Después de varios minutos terminó guardándolos y se acercó de nuevo hasta la orilla. El calor empezaba a hacerse notar bastante y el cansancio comenzaba a acumularse en sus músculos, por lo que decidió sentarse durante unos minutos sobre una de las rocas cercanas al agua. Dejó que el mar cubriera sus pies mientras bebía tranquilamente de la botella que había llevado consigo y permaneció en silencio, mirando cómo las olas iban y venían. Aquel momento de tranquilidad le servía también para despejar un poco la cabeza. No tenía que pensar en los documentos que había dejado pendientes, ni en los estudios, ni en todo aquello que normalmente ocupaba su tiempo cuando permanecía dentro de casa. Allí simplemente podía quedarse sentado escuchando el mar y recuperar fuerzas antes de continuar.<br />
<br />
Después de aquel descanso decidió trabajar algo que consideraba todavía más importante: el control del chakra. Se levantó y se acercó a una zona de rocas que sobresalían ligeramente del agua. La superficie estaba húmeda y era bastante fácil perder el equilibrio, así que podía servirle para poner a prueba su concentración. Cerró los ojos durante unos segundos y respiró profundamente antes de concentrar el chakra en las plantas de sus pies. No intentó hacerlo de golpe, sino poco a poco, tratando de sentir cómo aquella energía se distribuía por su cuerpo. Cuando consideró que estaba preparado, dio el primer paso sobre la roca. El suelo resbalaba ligeramente bajo sus pies, pero consiguió mantenerse estable. Dio otro paso y una ola golpeó contra las piedras, haciendo que el agua salpicase sus piernas. Kairo mantuvo la concentración y continuó avanzando despacio, procurando que cada pisada fuese segura antes de dar la siguiente. No era un ejercicio especialmente llamativo y probablemente cualquiera que pasase por allí ni siquiera entendería qué estaba haciendo, pero para él tenía bastante sentido. El control del chakra era algo que necesitaba dominar si quería mejorar como shinobi y, especialmente, si pretendía seguir avanzando por el camino que se había marcado. Después de varios minutos regresó a la arena y esta vez el cansancio era bastante evidente. Se dejó caer sentado y apoyó los brazos sobre las rodillas mientras recuperaba el aliento. El cabello se le había humedecido por el agua y el sudor y varios mechones se habían quedado pegados a su rostro, así que se los apartó con una mano antes de volver a beber un poco de agua.<br />
<br />
Kairo permaneció sentado durante unos minutos más, dejando que el cuerpo recuperase algo de energía mientras observaba el mar. Había entrenado bastante más de lo que tenía pensado al principio y, aunque todavía quería enfrentarse a su compañero cuando llegase, ya podía notar el cansancio en las piernas y en los brazos. Aun así, no le molestaba. Era un cansancio diferente al que sentía después de pasar horas encerrado estudiando. Este era físico, directo y sencillo. No necesitaba darle demasiadas vueltas. Se había esforzado y su cuerpo se lo estaba haciendo saber. Finalmente levantó la mirada hacia el camino y comprobó una vez más si su compañero había llegado. Esta vez creyó distinguir una figura a lo lejos. Kairo entrecerró los ojos intentando reconocerla y permaneció unos segundos sin moverse, esperando a que se acercase un poco más. Todavía no podía saber con seguridad quién era, pero por la dirección que llevaba parecía que finalmente había llegado la persona que estaba esperando. Se levantó lentamente, sacudió la arena de la ropa y recogió sus cosas. Guardó la botella, comprobó que los kunai estuvieran en su sitio y se apartó algunos mechones del rostro antes de volver a colocarse en la zona donde había estado entrenando. A pesar del cansancio, su expresión había cambiado ligeramente. Había pasado buena parte del tiempo entrenando solo y ahora, por fin, tendría la oportunidad de comprobar cómo respondía frente a alguien de verdad. Flexionó ligeramente las piernas y adoptó una postura preparada, manteniendo la mirada fija sobre aquella figura que cada vez estaba más cerca. El entrenamiento en solitario había terminado. Ahora tocaba descubrir cuánto podía aguantar cuando el otro shinobi estuviera delante.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango E] El hombre que perdió la sombra.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14633</link>
			<pubDate>Wed, 19 Aug 2026 17:34:01 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=705">Orión Hoshigaki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14633</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">21 de Verano del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Kirigakure - Zona residencial</span></span></span></div>
<br />
La petición había terminado sobre el escritorio de misiones de Kirigakure después de pasar por varias manos y provocar más de una discusión acerca de si aquello podía considerarse realmente trabajo para un shinobi. Sin embargo, el hombre que la había presentado había insistido tanto, y con semejante desesperación, que finalmente alguien decidió asignarle el rango más bajo posible y enviarla hacia un genin. La dirección indicada conducía hasta una zona residencial relativamente tranquila de la aldea, donde las viviendas se amontonaban entre callejones húmedos y estrechos, todavía cubiertos por aquella neblina ligera que parecía negarse a abandonar Kirigakure incluso durante las horas más claras del día.<br />
<br />
Frente a una pequeña vivienda de madera esperaba el solicitante. Era un hombre de unos cincuenta años, delgado, vestido con una camisa gris demasiado grande y unas sandalias que parecían haber sobrevivido varias guerras sin haber participado en ninguna. Apenas vio acercarse al shinobi levantó ambas manos y comenzó a hacer señas desesperadamente.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-¡Por fin! ¡Por fin mandaron a alguien! Soy Genzō. ¡Y antes de que preguntes, no estoy borracho!</span></span></span><br />
<br />
La aclaración parecía importante para él. Genzō bajó inmediatamente un escalón y se colocó en medio de la calle, justo donde un pequeño claro entre la niebla permitía que la luz del sol alcanzara directamente el suelo. Extendió los brazos hacia los lados y permaneció completamente quieto. La escena resultaba difícil de explicar. La vivienda detrás de él proyectaba una sombra perfectamente visible. Un barril situado junto a la entrada también. Incluso una escoba apoyada contra la pared dibujaba una delgada línea oscura sobre la madera. Genzō, en cambio, no proyectaba absolutamente nada. Debajo de sus pies solamente estaban las piedras húmedas de la calle, iluminadas exactamente igual que aquellas que lo rodeaban.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¿Ves? </span></span></span><br />
<br />
Preguntó, señalando frenéticamente el suelo<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¡No está! ¡Cincuenta y dos años conmigo y se marcha sin decir nada!</span></span></span> <br />
<br />
Genzō aseguró que la noche anterior todo era normal. Había regresado a su vivienda después de cenar en una pequeña taberna del barrio, había preparado té, acomodado unas herramientas y finalmente se había acostado. No recordaba haber escuchado ruidos durante la madrugada ni haber recibido visitas. El problema apareció aquella mañana, cuando salió para barrer la entrada y una vecina comenzó a gritar al descubrir que el hombre no proyectaba sombra alguna. Aquello tampoco era todo.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-La señora Chiyo dice que vio algo anoche</span></span></span> <br />
<br />
Añadió Genzō, bajando considerablemente la voz<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-Una cosa negra pasando por ese callejón. Dice que parecía una persona... pero no había ninguna persona.</span></span></span><br />
<br />
Señaló un estrecho pasaje situado entre su vivienda y la siguiente. Sobre el suelo podían distinguirse algunos charcos, cajas viejas y varias huellas mezcladas por el tránsito habitual de los vecinos. La propia casa de Genzō también permanecía disponible para investigar. Si realmente había sucedido algo durante la noche, quizá todavía quedara alguna señal allí dentro. Por último estaba la señora Chiyo, cuya ventana daba directamente al callejón y que, según Genzō, llevaba toda la mañana repitiéndole a cualquiera dispuesto a escuchar que había visto "una sombra" caminando sola.<br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sistema</span></span><br />
Había, por tanto, tres lugares bastante evidentes por donde comenzar: interrogar a Genzō con mayor profundidad, revisar su vivienda o hablar con la vecina que aseguraba haber visto la silueta. Deberas elegir una de las opciones ya que se espera que no gastes tiempo en tonterías.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deberas hacer una tirada de Investigación: 1d20.</span><br />
El resultado determinará la calidad de la primera pista obtenida según las acciones realizadas por Kairo. No es necesario superar una dificultad para continuar la misión. Incluso una mala tirada proporcionará una pista, aunque quizá no sea precisamente la correcta.<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="var c=this.parentNode.nextElementSibling; c.style.display = (c.style.display==='block') ? 'none' : 'block';">Contenido Oculto </span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1 Interrogar a Genzō</span></span><br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1-5:</span> Genzō recuerda algo que parece importante: antes de dormir escuchó tres golpecitos en su ventana. Cuando miró no había nadie. El problema es que después admite que suele escuchar esos golpes cuando hace viento. Pista dudosa.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6-10:</span> Recuerda que al regresar de la taberna vio su sombra proyectada sobre la puerta de su casa. Esto confirma que la perdió después de llegar a casa, no durante su recorrido por la aldea.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">11-15:</span> Genzō recuerda haberse despertado brevemente durante la madrugada porque sintió muchísimo frío en los pies, pese a estar cubierto. Al mirar hacia el suelo creyó distinguir algo oscuro desplazándose hacia la puerta, pero pensó que estaba soñando.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16-19:</span> Además de lo anterior, recuerda que antes de acostarse encontró debajo de su cama un pequeño residuo negro parecido a hollín, aunque asegura no haber encendido nada que pudiera producirlo.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">20 natural:</span> Genzō recuerda algo que omitió porque pensaba que sonarían aún más absurdas sus palabras: justo antes de dormirse vio su sombra sobre la pared y durante un instante tuvo la impresión de que ella levantaba un brazo mientras él permanecía completamente quieto.<br /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">2 Investigar la casa</span></span><br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1-5:</span> Kairo encuentra marcas oscuras debajo de la cama. Parecen una pista fantástica hasta descubrir que probablemente sean suciedad acumulada. Sin embargo, entre ellas existe una pequeña mancha negra mucho más reciente.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6-10:</span> Cerca de la cama aparecen varias manchas oscuras diminutas que continúan hacia la puerta. No parecen sangre ni barro. Al tocarlas, se deshacen como hollín.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">11-15:</span> Las manchas forman un recorrido bastante claro: cama >> puerta >> callejón lateral. Lo extraño es que la puerta estaba cerrada cuando Genzō despertó.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16-19:</span> Kairo descubre que las manchas no atraviesan realmente la puerta. Suben por la madera hasta aproximadamente la altura de una persona y continúan hasta una pequeña abertura superior. Lo que salió de allí aparentemente se desplazaba por superficies verticales.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">20 natural:</span> Al revisar la pared junto a la cama encuentra una silueta humana extremadamente tenue, como una marca de quemadura. Tiene aproximadamente la forma y tamaño de Genzō. Cuando Kairo deja de observarla directamente durante unos segundos y vuelve a mirar, la posición de uno de sus brazos ha cambiado.<br /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">3 Hablar con Chiyo, la vecina</span></span><br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1-5:</span> Chiyo asegura haber visto «una criatura negra de dos metros con garras». Después admite que no llevaba puestos sus lentes. Lo único fiable es que vio algo oscuro moverse por el callejón aproximadamente a las tres de la madrugada.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6-10:</span> Chiyo vio una silueta humana avanzar por el callejón. Pensó que era Genzō, pero había algo extraño: no escuchaba pasos.<br /><br />
11–15: La mujer asegura que la figura no caminaba exactamente. Se desplazaba pegada a paredes, puertas y suelo, cambiando de superficie conforme avanzaba. Parecía literalmente una sombra sin propietario.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16-19:</span> Chiyo siguió observándola desde su ventana. La sombra atravesó el callejón y terminó entrando en el pequeño lavadero comunitario abandonado situado unas calles más abajo.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">20 natural:</span> Chiyo no solamente vio hacia dónde fue. Antes de desaparecer, la sombra se detuvo bajo su ventana y levantó la cabeza hacia ella, pese a no poseer ojos ni rostro. Después señaló deliberadamente hacia el lavadero y continuó su camino.</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">21 de Verano del año 150 </span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font">Kirigakure - Zona residencial</span></span></span></div>
<br />
La petición había terminado sobre el escritorio de misiones de Kirigakure después de pasar por varias manos y provocar más de una discusión acerca de si aquello podía considerarse realmente trabajo para un shinobi. Sin embargo, el hombre que la había presentado había insistido tanto, y con semejante desesperación, que finalmente alguien decidió asignarle el rango más bajo posible y enviarla hacia un genin. La dirección indicada conducía hasta una zona residencial relativamente tranquila de la aldea, donde las viviendas se amontonaban entre callejones húmedos y estrechos, todavía cubiertos por aquella neblina ligera que parecía negarse a abandonar Kirigakure incluso durante las horas más claras del día.<br />
<br />
Frente a una pequeña vivienda de madera esperaba el solicitante. Era un hombre de unos cincuenta años, delgado, vestido con una camisa gris demasiado grande y unas sandalias que parecían haber sobrevivido varias guerras sin haber participado en ninguna. Apenas vio acercarse al shinobi levantó ambas manos y comenzó a hacer señas desesperadamente.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-¡Por fin! ¡Por fin mandaron a alguien! Soy Genzō. ¡Y antes de que preguntes, no estoy borracho!</span></span></span><br />
<br />
La aclaración parecía importante para él. Genzō bajó inmediatamente un escalón y se colocó en medio de la calle, justo donde un pequeño claro entre la niebla permitía que la luz del sol alcanzara directamente el suelo. Extendió los brazos hacia los lados y permaneció completamente quieto. La escena resultaba difícil de explicar. La vivienda detrás de él proyectaba una sombra perfectamente visible. Un barril situado junto a la entrada también. Incluso una escoba apoyada contra la pared dibujaba una delgada línea oscura sobre la madera. Genzō, en cambio, no proyectaba absolutamente nada. Debajo de sus pies solamente estaban las piedras húmedas de la calle, iluminadas exactamente igual que aquellas que lo rodeaban.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¿Ves? </span></span></span><br />
<br />
Preguntó, señalando frenéticamente el suelo<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-¡No está! ¡Cincuenta y dos años conmigo y se marcha sin decir nada!</span></span></span> <br />
<br />
Genzō aseguró que la noche anterior todo era normal. Había regresado a su vivienda después de cenar en una pequeña taberna del barrio, había preparado té, acomodado unas herramientas y finalmente se había acostado. No recordaba haber escuchado ruidos durante la madrugada ni haber recibido visitas. El problema apareció aquella mañana, cuando salió para barrer la entrada y una vecina comenzó a gritar al descubrir que el hombre no proyectaba sombra alguna. Aquello tampoco era todo.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">-La señora Chiyo dice que vio algo anoche</span></span></span> <br />
<br />
Añadió Genzō, bajando considerablemente la voz<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">-Una cosa negra pasando por ese callejón. Dice que parecía una persona... pero no había ninguna persona.</span></span></span><br />
<br />
Señaló un estrecho pasaje situado entre su vivienda y la siguiente. Sobre el suelo podían distinguirse algunos charcos, cajas viejas y varias huellas mezcladas por el tránsito habitual de los vecinos. La propia casa de Genzō también permanecía disponible para investigar. Si realmente había sucedido algo durante la noche, quizá todavía quedara alguna señal allí dentro. Por último estaba la señora Chiyo, cuya ventana daba directamente al callejón y que, según Genzō, llevaba toda la mañana repitiéndole a cualquiera dispuesto a escuchar que había visto "una sombra" caminando sola.<br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sistema</span></span><br />
Había, por tanto, tres lugares bastante evidentes por donde comenzar: interrogar a Genzō con mayor profundidad, revisar su vivienda o hablar con la vecina que aseguraba haber visto la silueta. Deberas elegir una de las opciones ya que se espera que no gastes tiempo en tonterías.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deberas hacer una tirada de Investigación: 1d20.</span><br />
El resultado determinará la calidad de la primera pista obtenida según las acciones realizadas por Kairo. No es necesario superar una dificultad para continuar la misión. Incluso una mala tirada proporcionará una pista, aunque quizá no sea precisamente la correcta.<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="var c=this.parentNode.nextElementSibling; c.style.display = (c.style.display==='block') ? 'none' : 'block';">Contenido Oculto </span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1 Interrogar a Genzō</span></span><br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1-5:</span> Genzō recuerda algo que parece importante: antes de dormir escuchó tres golpecitos en su ventana. Cuando miró no había nadie. El problema es que después admite que suele escuchar esos golpes cuando hace viento. Pista dudosa.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6-10:</span> Recuerda que al regresar de la taberna vio su sombra proyectada sobre la puerta de su casa. Esto confirma que la perdió después de llegar a casa, no durante su recorrido por la aldea.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">11-15:</span> Genzō recuerda haberse despertado brevemente durante la madrugada porque sintió muchísimo frío en los pies, pese a estar cubierto. Al mirar hacia el suelo creyó distinguir algo oscuro desplazándose hacia la puerta, pero pensó que estaba soñando.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16-19:</span> Además de lo anterior, recuerda que antes de acostarse encontró debajo de su cama un pequeño residuo negro parecido a hollín, aunque asegura no haber encendido nada que pudiera producirlo.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">20 natural:</span> Genzō recuerda algo que omitió porque pensaba que sonarían aún más absurdas sus palabras: justo antes de dormirse vio su sombra sobre la pared y durante un instante tuvo la impresión de que ella levantaba un brazo mientras él permanecía completamente quieto.<br /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">2 Investigar la casa</span></span><br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1-5:</span> Kairo encuentra marcas oscuras debajo de la cama. Parecen una pista fantástica hasta descubrir que probablemente sean suciedad acumulada. Sin embargo, entre ellas existe una pequeña mancha negra mucho más reciente.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6-10:</span> Cerca de la cama aparecen varias manchas oscuras diminutas que continúan hacia la puerta. No parecen sangre ni barro. Al tocarlas, se deshacen como hollín.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">11-15:</span> Las manchas forman un recorrido bastante claro: cama >> puerta >> callejón lateral. Lo extraño es que la puerta estaba cerrada cuando Genzō despertó.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16-19:</span> Kairo descubre que las manchas no atraviesan realmente la puerta. Suben por la madera hasta aproximadamente la altura de una persona y continúan hasta una pequeña abertura superior. Lo que salió de allí aparentemente se desplazaba por superficies verticales.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">20 natural:</span> Al revisar la pared junto a la cama encuentra una silueta humana extremadamente tenue, como una marca de quemadura. Tiene aproximadamente la forma y tamaño de Genzō. Cuando Kairo deja de observarla directamente durante unos segundos y vuelve a mirar, la posición de uno de sus brazos ha cambiado.<br /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">3 Hablar con Chiyo, la vecina</span></span><br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1-5:</span> Chiyo asegura haber visto «una criatura negra de dos metros con garras». Después admite que no llevaba puestos sus lentes. Lo único fiable es que vio algo oscuro moverse por el callejón aproximadamente a las tres de la madrugada.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6-10:</span> Chiyo vio una silueta humana avanzar por el callejón. Pensó que era Genzō, pero había algo extraño: no escuchaba pasos.<br /><br />
11–15: La mujer asegura que la figura no caminaba exactamente. Se desplazaba pegada a paredes, puertas y suelo, cambiando de superficie conforme avanzaba. Parecía literalmente una sombra sin propietario.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16-19:</span> Chiyo siguió observándola desde su ventana. La sombra atravesó el callejón y terminó entrando en el pequeño lavadero comunitario abandonado situado unas calles más abajo.<br /><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">20 natural:</span> Chiyo no solamente vio hacia dónde fue. Antes de desaparecer, la sombra se detuvo bajo su ventana y levantó la cabeza hacia ella, pese a no poseer ojos ni rostro. Después señaló deliberadamente hacia el lavadero y continuó su camino.</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Sonido en la niebla, misión autonarrada.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14612</link>
			<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 18:35:48 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=833">Kairo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14612</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rango:</span> D<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ubicación:</span> Kirigakure no Sato<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tipo:</span> Investigación / Patrulla<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Objetivo:</span> Localizar una pequeña embarcación desaparecida y esclarecer las circunstancias de su desaparición.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La niebla había vuelto a caer sobre Kirigakure.<br />
No era aquella clase de niebla espesa que convertía la villa en un laberinto blanco y hacía imposible distinguir una figura a pocos metros de distancia. Era algo más sutil. Una capa húmeda y fría que se había extendido entre las calles, envolviendo los edificios, deslizándose lentamente sobre los canales y pegándose a las paredes de piedra como si la propia villa estuviera cubierta por una fina película de agua. A esas horas de la mañana, Kirigakure todavía parecía encontrarse a medio camino entre el sueño y la vigilia. Algunos comerciantes comenzaban a abrir sus establecimientos, los primeros trabajadores recorrían las calles y, desde los canales, llegaba el sonido lejano de las embarcaciones golpeando suavemente contra los amarres.<br />
Kairo Kodon avanzaba solo por una de las calles secundarias que descendían hacia los canales interiores. Su misión no podía ser más sencilla. Una pequeña embarcación perteneciente a un comerciante había desaparecido durante la noche mientras permanecía amarrada en uno de los embarcaderos de la zona. No había indicios de robo, ningún enfrentamiento y tampoco se habían encontrado señales de violencia. Simplemente había desaparecido. Una de esas pequeñas tareas que normalmente quedaban reservadas para los shinobi de menor rango y que, en teoría, no deberían suponer ninguna dificultad.<br />
Kairo tampoco parecía especialmente impresionado.<br />
Caminaba con tranquilidad, dejando que sus pasos resonaran débilmente sobre la piedra húmeda mientras observaba de reojo el entorno. No parecía tener ninguna prisa. Su mirada recorría las ventanas, los tejados, las esquinas y los canales con una atención que contrastaba bastante con la aparente sencillez de la misión. No necesitaba correr para investigar. Tampoco necesitaba hacer preguntas a todo el mundo. A veces bastaba con observar.<br />
Cuando finalmente llegó al embarcadero, encontró al propietario esperando junto al agua. Era un hombre de mediana edad, de aspecto cansado y con una expresión de preocupación que parecía haber ido aumentando con cada minuto que pasaba. En cuanto vio aparecer al joven shinobi, se acercó rápidamente.<br />
—¿Eres el shinobi que han enviado?<br />
Kairo lo observó durante unos segundos antes de responder. Sus ojos pasaron del hombre al embarcadero y después a las pequeñas embarcaciones que permanecían amarradas unas junto a otras.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso parece.</span><br />
El hombre señaló inmediatamente hacia uno de los amarres.<br />
—La barca estaba ahí anoche. Estoy completamente seguro. La dejé atada antes de cerrar el negocio. Esta mañana había desaparecido.<br />
Kairo se acercó al lugar indicado y se agachó junto al borde del canal. La cuerda seguía allí. No estaba cortada, ni presentaba signos de haber sido forzada. Simplemente había sido desatada.<br />
La tomó entre los dedos y la examinó durante unos instantes.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Quién tenía acceso al embarcadero?</span><br />
—Yo. Mi hijo. Alguno de mis trabajadores... aunque ninguno tendría motivos para llevársela.<br />
Kairo dejó la cuerda en su sitio y permaneció unos segundos mirando el agua. La corriente era débil, pero suficiente para desplazar una embarcación pequeña si esta quedaba libre. Sin embargo, había algo que no terminaba de convencerle. Si la corriente se hubiera llevado la barca, habría sido necesario que alguien hubiese soltado el amarre.<br />
Y alguien lo había hecho.<br />
Kairo comenzó a caminar lentamente por el borde del canal, examinando las piedras húmedas. La mayor parte de las posibles huellas habían desaparecido bajo la humedad, pero, cerca de una pequeña escalera de piedra, encontró algo distinto. Una serie de marcas irregulares atravesaban una zona de barro y se dirigían hacia un callejón lateral. No parecían huellas humanas normales. Más bien daban la impresión de que algún objeto pesado había sido arrastrado por el suelo.<br />
Kairo se detuvo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Interesante.</span><br />
El comerciante se acercó.<br />
—¿Qué has encontrado?<br />
Kairo señaló las marcas.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Alguien estuvo aquí después de que cerraras.</span><br />
El hombre palideció ligeramente.<br />
—¿Un ladrón?<br />
Kairo volvió a mirar las marcas.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si fuera un ladrón, probablemente habría intentado llevarse algo que pudiera vender.</span><br />
Continuó siguiendo el rastro hasta el callejón. Allí encontró una pequeña cesta de madera abandonada contra una pared. Dentro había varios peces, algunos todavía frescos. No parecía haber sido dejada allí por accidente. Junto a ella había un pequeño cuchillo de pesca y una cuerda enrollada.<br />
Kairo se quedó mirando los objetos durante unos segundos.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No parece un robo.</span><br />
Antes de que el comerciante pudiera responder, un sonido metálico llegó desde el otro lado del callejón.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clang.</span><br />
Kairo levantó ligeramente la cabeza.<br />
Silencio.<br />
Después volvió a escucharse.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clang.</span><br />
Esta vez procedía del canal.<br />
Kairo se giró inmediatamente y comenzó a caminar de vuelta hacia el embarcadero. No corrió. No parecía necesario. El comerciante, sin embargo, tuvo que apresurarse para seguirlo.<br />
Cuando llegaron al borde del canal, una silueta apareció lentamente entre la niebla.<br />
Una pequeña embarcación avanzaba a la deriva.<br />
Kairo permaneció inmóvil mientras la barca se acercaba hasta quedar detenida contra el embarcadero.<br />
Era la misma.<br />
El comerciante la reconoció inmediatamente.<br />
—¡Esa es!<br />
Kairo saltó al interior de la embarcación y comenzó a inspeccionarla. No había daños visibles. Las cajas seguían en su sitio y no parecía faltar nada. En el suelo había algunas herramientas de pesca, una bolsa de tela y restos de comida.<br />
Nada fuera de lo normal.<br />
Hasta que escuchó un ruido debajo de sus pies.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Golpe.</span><br />
Kairo se quedó quieto.<br />
Esperó.<br />
Otro golpe.<br />
Esta vez más débil.<br />
Se agachó y apartó una de las tablas del suelo.<br />
Debajo había un pequeño compartimento.<br />
Y dentro, acurrucado contra la madera y completamente empapado, había un niño.<br />
El muchacho abrió los ojos de par en par al encontrarse con Kairo.<br />
Durante unos segundos ninguno dijo nada.<br />
Kairo simplemente lo observó.<br />
El niño parecía aterrorizado.<br />
Finalmente, Kairo suspiró.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Tú has robado la barca?</span><br />
El muchacho negó rápidamente con la cabeza.<br />
Kairo inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces, ¿qué haces ahí abajo?</span><br />
El niño guardó silencio.<br />
Kairo esperó.<br />
No parecía tener intención de sacarlo a la fuerza.<br />
Después de unos segundos volvió a hablar.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Vale. Vamos a probar otra vez. ¿Te escapaste?</span><br />
El niño asintió lentamente.<br />
Kairo lo miró durante unos instantes antes de sentarse en el borde de la embarcación. El muchacho terminó saliendo de su escondite. Estaba empapado y temblaba ligeramente por el frío.<br />
Finalmente explicó lo sucedido.<br />
Había tomado la barca durante la madrugada para intentar pescar. Su familia no tenía demasiado dinero y quería llevar algo de comida a casa. Sin embargo, no sabía manejar correctamente la embarcación y la corriente lo había arrastrado lejos del embarcadero. Cuando consiguió regresar, ya estaba demasiado asustado para enfrentarse al propietario. Había decidido esconderse en el compartimento inferior.<br />
Kairo escuchó toda la historia sin interrumpir.<br />
Después miró al comerciante.<br />
El hombre parecía enfadado, pero también aliviado al comprobar que la barca estaba intacta.<br />
Kairo volvió a mirar al niño.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Así que soltaste la cuerda, te fuiste a pescar, la corriente te arrastró y después decidiste esconderte.</span><br />
El muchacho asintió.<br />
Kairo cerró los ojos durante un instante.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una estrategia brillante.</span><br />
El niño bajó la cabeza.<br />
Kairo dejó escapar una pequeña sonrisa.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La próxima vez pide permiso. Te ahorrarás el viaje, el susto y probablemente una bronca bastante más grande que esta.</span><br />
El muchacho levantó ligeramente la mirada.<br />
Kairo se puso de pie y volvió a mirar la embarcación.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y aprende a manejar una barca antes de volver a salir al agua.</span><br />
El comerciante se acercó finalmente al niño. Parecía dispuesto a reprenderlo, aunque el alivio de haber recuperado su propiedad era evidente.<br />
Kairo decidió apartarse.<br />
No había enemigos.<br />
No había combate.<br />
No había sangre.<br />
Ni siquiera había tenido que desenfundar un kunai.<br />
Era exactamente el tipo de misión que cualquier shinobi podría considerar aburrida.<br />
Sin embargo, cuando comenzó a alejarse del embarcadero, Kairo volvió la mirada hacia la cuerda.<br />
Había algo que no terminaba de encajar.<br />
El niño había dicho que había soltado la embarcación porque quería salir a pescar. Eso explicaba el nudo desatado.<br />
Pero no explicaba las marcas que había encontrado en el callejón.<br />
Ni la cesta abandonada.<br />
Ni, sobre todo, la manera en la que la embarcación había regresado hasta aquel punto concreto del canal.<br />
Kairo se detuvo unos segundos.<br />
La niebla se movió lentamente delante de él.<br />
Por un instante creyó distinguir una sombra al otro lado del canal.<br />
Parpadeó.<br />
Ya no había nadie.<br />
Kairo introdujo las manos en las mangas y continuó caminando.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que por hoy ya es suficiente.</span><br />
Una misión sencilla.<br />
Una barca recuperada.<br />
Un niño que probablemente recibiría una buena reprimenda al llegar a casa.<br />
Y un pequeño detalle que, quizá, no tendría ninguna importancia.<br />
O quizá sí.<br />
Kairo no lo sabía todavía.<br />
Pero algo le decía que aquella mañana no había sido la última vez que escucharía el sonido metálico bajo la niebla de Kirigakure.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rango:</span> D<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Ubicación:</span> Kirigakure no Sato<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tipo:</span> Investigación / Patrulla<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Objetivo:</span> Localizar una pequeña embarcación desaparecida y esclarecer las circunstancias de su desaparición.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La niebla había vuelto a caer sobre Kirigakure.<br />
No era aquella clase de niebla espesa que convertía la villa en un laberinto blanco y hacía imposible distinguir una figura a pocos metros de distancia. Era algo más sutil. Una capa húmeda y fría que se había extendido entre las calles, envolviendo los edificios, deslizándose lentamente sobre los canales y pegándose a las paredes de piedra como si la propia villa estuviera cubierta por una fina película de agua. A esas horas de la mañana, Kirigakure todavía parecía encontrarse a medio camino entre el sueño y la vigilia. Algunos comerciantes comenzaban a abrir sus establecimientos, los primeros trabajadores recorrían las calles y, desde los canales, llegaba el sonido lejano de las embarcaciones golpeando suavemente contra los amarres.<br />
Kairo Kodon avanzaba solo por una de las calles secundarias que descendían hacia los canales interiores. Su misión no podía ser más sencilla. Una pequeña embarcación perteneciente a un comerciante había desaparecido durante la noche mientras permanecía amarrada en uno de los embarcaderos de la zona. No había indicios de robo, ningún enfrentamiento y tampoco se habían encontrado señales de violencia. Simplemente había desaparecido. Una de esas pequeñas tareas que normalmente quedaban reservadas para los shinobi de menor rango y que, en teoría, no deberían suponer ninguna dificultad.<br />
Kairo tampoco parecía especialmente impresionado.<br />
Caminaba con tranquilidad, dejando que sus pasos resonaran débilmente sobre la piedra húmeda mientras observaba de reojo el entorno. No parecía tener ninguna prisa. Su mirada recorría las ventanas, los tejados, las esquinas y los canales con una atención que contrastaba bastante con la aparente sencillez de la misión. No necesitaba correr para investigar. Tampoco necesitaba hacer preguntas a todo el mundo. A veces bastaba con observar.<br />
Cuando finalmente llegó al embarcadero, encontró al propietario esperando junto al agua. Era un hombre de mediana edad, de aspecto cansado y con una expresión de preocupación que parecía haber ido aumentando con cada minuto que pasaba. En cuanto vio aparecer al joven shinobi, se acercó rápidamente.<br />
—¿Eres el shinobi que han enviado?<br />
Kairo lo observó durante unos segundos antes de responder. Sus ojos pasaron del hombre al embarcadero y después a las pequeñas embarcaciones que permanecían amarradas unas junto a otras.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Eso parece.</span><br />
El hombre señaló inmediatamente hacia uno de los amarres.<br />
—La barca estaba ahí anoche. Estoy completamente seguro. La dejé atada antes de cerrar el negocio. Esta mañana había desaparecido.<br />
Kairo se acercó al lugar indicado y se agachó junto al borde del canal. La cuerda seguía allí. No estaba cortada, ni presentaba signos de haber sido forzada. Simplemente había sido desatada.<br />
La tomó entre los dedos y la examinó durante unos instantes.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Quién tenía acceso al embarcadero?</span><br />
—Yo. Mi hijo. Alguno de mis trabajadores... aunque ninguno tendría motivos para llevársela.<br />
Kairo dejó la cuerda en su sitio y permaneció unos segundos mirando el agua. La corriente era débil, pero suficiente para desplazar una embarcación pequeña si esta quedaba libre. Sin embargo, había algo que no terminaba de convencerle. Si la corriente se hubiera llevado la barca, habría sido necesario que alguien hubiese soltado el amarre.<br />
Y alguien lo había hecho.<br />
Kairo comenzó a caminar lentamente por el borde del canal, examinando las piedras húmedas. La mayor parte de las posibles huellas habían desaparecido bajo la humedad, pero, cerca de una pequeña escalera de piedra, encontró algo distinto. Una serie de marcas irregulares atravesaban una zona de barro y se dirigían hacia un callejón lateral. No parecían huellas humanas normales. Más bien daban la impresión de que algún objeto pesado había sido arrastrado por el suelo.<br />
Kairo se detuvo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Interesante.</span><br />
El comerciante se acercó.<br />
—¿Qué has encontrado?<br />
Kairo señaló las marcas.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Alguien estuvo aquí después de que cerraras.</span><br />
El hombre palideció ligeramente.<br />
—¿Un ladrón?<br />
Kairo volvió a mirar las marcas.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Si fuera un ladrón, probablemente habría intentado llevarse algo que pudiera vender.</span><br />
Continuó siguiendo el rastro hasta el callejón. Allí encontró una pequeña cesta de madera abandonada contra una pared. Dentro había varios peces, algunos todavía frescos. No parecía haber sido dejada allí por accidente. Junto a ella había un pequeño cuchillo de pesca y una cuerda enrollada.<br />
Kairo se quedó mirando los objetos durante unos segundos.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No parece un robo.</span><br />
Antes de que el comerciante pudiera responder, un sonido metálico llegó desde el otro lado del callejón.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clang.</span><br />
Kairo levantó ligeramente la cabeza.<br />
Silencio.<br />
Después volvió a escucharse.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clang.</span><br />
Esta vez procedía del canal.<br />
Kairo se giró inmediatamente y comenzó a caminar de vuelta hacia el embarcadero. No corrió. No parecía necesario. El comerciante, sin embargo, tuvo que apresurarse para seguirlo.<br />
Cuando llegaron al borde del canal, una silueta apareció lentamente entre la niebla.<br />
Una pequeña embarcación avanzaba a la deriva.<br />
Kairo permaneció inmóvil mientras la barca se acercaba hasta quedar detenida contra el embarcadero.<br />
Era la misma.<br />
El comerciante la reconoció inmediatamente.<br />
—¡Esa es!<br />
Kairo saltó al interior de la embarcación y comenzó a inspeccionarla. No había daños visibles. Las cajas seguían en su sitio y no parecía faltar nada. En el suelo había algunas herramientas de pesca, una bolsa de tela y restos de comida.<br />
Nada fuera de lo normal.<br />
Hasta que escuchó un ruido debajo de sus pies.<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Golpe.</span><br />
Kairo se quedó quieto.<br />
Esperó.<br />
Otro golpe.<br />
Esta vez más débil.<br />
Se agachó y apartó una de las tablas del suelo.<br />
Debajo había un pequeño compartimento.<br />
Y dentro, acurrucado contra la madera y completamente empapado, había un niño.<br />
El muchacho abrió los ojos de par en par al encontrarse con Kairo.<br />
Durante unos segundos ninguno dijo nada.<br />
Kairo simplemente lo observó.<br />
El niño parecía aterrorizado.<br />
Finalmente, Kairo suspiró.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¿Tú has robado la barca?</span><br />
El muchacho negó rápidamente con la cabeza.<br />
Kairo inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces, ¿qué haces ahí abajo?</span><br />
El niño guardó silencio.<br />
Kairo esperó.<br />
No parecía tener intención de sacarlo a la fuerza.<br />
Después de unos segundos volvió a hablar.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Vale. Vamos a probar otra vez. ¿Te escapaste?</span><br />
El niño asintió lentamente.<br />
Kairo lo miró durante unos instantes antes de sentarse en el borde de la embarcación. El muchacho terminó saliendo de su escondite. Estaba empapado y temblaba ligeramente por el frío.<br />
Finalmente explicó lo sucedido.<br />
Había tomado la barca durante la madrugada para intentar pescar. Su familia no tenía demasiado dinero y quería llevar algo de comida a casa. Sin embargo, no sabía manejar correctamente la embarcación y la corriente lo había arrastrado lejos del embarcadero. Cuando consiguió regresar, ya estaba demasiado asustado para enfrentarse al propietario. Había decidido esconderse en el compartimento inferior.<br />
Kairo escuchó toda la historia sin interrumpir.<br />
Después miró al comerciante.<br />
El hombre parecía enfadado, pero también aliviado al comprobar que la barca estaba intacta.<br />
Kairo volvió a mirar al niño.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Así que soltaste la cuerda, te fuiste a pescar, la corriente te arrastró y después decidiste esconderte.</span><br />
El muchacho asintió.<br />
Kairo cerró los ojos durante un instante.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Una estrategia brillante.</span><br />
El niño bajó la cabeza.<br />
Kairo dejó escapar una pequeña sonrisa.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La próxima vez pide permiso. Te ahorrarás el viaje, el susto y probablemente una bronca bastante más grande que esta.</span><br />
El muchacho levantó ligeramente la mirada.<br />
Kairo se puso de pie y volvió a mirar la embarcación.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y aprende a manejar una barca antes de volver a salir al agua.</span><br />
El comerciante se acercó finalmente al niño. Parecía dispuesto a reprenderlo, aunque el alivio de haber recuperado su propiedad era evidente.<br />
Kairo decidió apartarse.<br />
No había enemigos.<br />
No había combate.<br />
No había sangre.<br />
Ni siquiera había tenido que desenfundar un kunai.<br />
Era exactamente el tipo de misión que cualquier shinobi podría considerar aburrida.<br />
Sin embargo, cuando comenzó a alejarse del embarcadero, Kairo volvió la mirada hacia la cuerda.<br />
Había algo que no terminaba de encajar.<br />
El niño había dicho que había soltado la embarcación porque quería salir a pescar. Eso explicaba el nudo desatado.<br />
Pero no explicaba las marcas que había encontrado en el callejón.<br />
Ni la cesta abandonada.<br />
Ni, sobre todo, la manera en la que la embarcación había regresado hasta aquel punto concreto del canal.<br />
Kairo se detuvo unos segundos.<br />
La niebla se movió lentamente delante de él.<br />
Por un instante creyó distinguir una sombra al otro lado del canal.<br />
Parpadeó.<br />
Ya no había nadie.<br />
Kairo introdujo las manos en las mangas y continuó caminando.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que por hoy ya es suficiente.</span><br />
Una misión sencilla.<br />
Una barca recuperada.<br />
Un niño que probablemente recibiría una buena reprimenda al llegar a casa.<br />
Y un pequeño detalle que, quizá, no tendría ninguna importancia.<br />
O quizá sí.<br />
Kairo no lo sabía todavía.<br />
Pero algo le decía que aquella mañana no había sido la última vez que escucharía el sonido metálico bajo la niebla de Kirigakure.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada E] Bebé Rexha]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14569</link>
			<pubDate>Sat, 15 Aug 2026 12:04:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=816">Rin to Rei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14569</guid>
			<description><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Bebé Rexha</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> La madre Orihime necesita ir a una reunión de trabajo pero no tiene con quién dejar a su bebé y no es un ambiente apto para recién infantes por lo que se solicita un cuidador para que lo mantenga vivo por unas 5 horas.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Misión Autonarrada Rango E</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 39 de Verano de 150 en Zona Residencial de Kirigakure</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Rin &amp; Rei</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Solo es 1 ronda.</div>
		</div></span></span><br />
<br />
El informe esperaba sobre el mostrador del ayuntamiento dentro de una carpeta considerablemente más delgada que las utilizadas para misiones de combate, escolta o investigación. No contenía planos, rutas de escape ni fotografías de objetivos. Apenas registraba un nombre, una dirección, un horario y una descripción que Rin leyó dos veces, no porque resultara difícil de comprender, sino porque esperaba descubrir alguna línea adicional capaz de convertir aquellas instrucciones en algo más parecido a una misión shinobi. Debían cuidar durante varias horas a una niña llamada Rexha.<br />
<br />
La madre, Orihime, necesitaba asistir a una reunión a la que no podía llevarla. Al criarla sola y carecer de familiares disponibles, había solicitado ayuda al ayuntamiento mediante uno de sus servicios sociales. La respuesta institucional consistió en enviar a dos genin de Kirigakure. Para los funcionarios, aquello resolvía simultáneamente una necesidad civil y proporcionaba experiencia a shinobi jóvenes. Para Rin, parecía un uso extraño de personas entrenadas para combatir.<br />
<br />
La recepcionista deslizó hacia ellas una hoja con la información básica. Rexha tenía cuatro años, permanecería en su casa y no padecía ninguna condición médica registrada. Orihime dejaría preparados alimentos, ropa y cuanto pudiera necesitar. La tarea consistía en garantizar que la niña estuviera alimentada, limpia y segura hasta el regreso de su madre. Era una misión de clase E, tan sencilla en apariencia que el informe dedicaba más espacio a la dirección que a los riesgos.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Por qué enviarnos a las dos?&gt;</span> preguntó Rin después de revisar la hoja<br />
&lt;La madre solicitó una persona responsable. El ayuntamiento consideró más prudente enviar a dos shinobi jóvenes, especialmente porque la niña no las conoce. Una puede atenderla mientras la otra resuelve cualquier inconveniente.&gt;<br />
<br />
Rei ocultó una sonrisa detrás de la hoja. No necesitaba mirar a su hermana para imaginar qué clase de inconveniente estaba esperando la oficina: comida derramada, llanto, una puerta cerrada desde dentro o cualquier otro desastre doméstico que no podía enfrentarse con cadenas. Rin devolvió la carpeta y tomó nota mental del horario. Podía considerar absurda la asignación, pero una vez aceptada, la cumpliría con la misma disciplina que cualquier otra.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Una de nosotras puede ganarse su confianza y la otra impedir que la casa se incendie&gt;</span> interpretó Rei mientras abandonaban el mostrador<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La niña tiene cuatro años, no debería ser capaz de incendiar una casa&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Eso no responde a si intentará hacerlo&gt;</span><br />
<br />
El camino hacia la vivienda atravesó una zona tranquila de Kirigakure donde las casas se encontraban unidas por pequeños patios, canales estrechos y senderos de piedra oscurecidos por la humedad. La niebla descansaba entre los tejados sin llegar a ocultarlos. Comerciantes y vecinos realizaban sus tareas con la normalidad de una mañana cualquiera, ajenos a que dos kunoichi avanzaban hacia una misión cuyo principal adversario todavía necesitaba ayuda para alcanzar los estantes más altos.<br />
<br />
Rin caminaba con la hoja doblada dentro de la ropa. Había repasado los datos suficientes veces para memorizarlos: Orihime, madre soltera; Rexha, cuatro años; ausencia estimada, varias horas; domicilio particular; sin riesgos conocidos. Lo que le incomodaba no era cuidar a una niña, sino la falta de parámetros claros. Un enemigo podía evaluarse, una posición podía asegurarse y un testimonio podía contrastarse. Las necesidades de una criatura pequeña parecían depender de reglas que nadie se había molestado en escribir.<br />
<br />
Rei, en cambio, encontraba la misión interesante por razones que no expresó de inmediato. Una niña de cuatro años no obedecería necesariamente por jerarquía, miedo o conveniencia. Tampoco entendería las obligaciones de una kunoichi ni por qué dos desconocidas habían llegado para vigilarla. Conseguir su cooperación exigiría observar, adaptar el tono y descubrir qué consideraba importante. Era una forma de negociación sencilla en sus consecuencias, pero honesta en sus dificultades.<br />
<br />
La vivienda de Orihime era modesta y estaba cuidada con la precisión de alguien que no disponía de tiempo suficiente para mantener cada cosa perfecta, pero lo intentaba de todos modos. Había macetas pequeñas junto a la entrada, un tendedero recogido antes de la humedad de la tarde y varios dibujos pegados en una ventana. Algunos mostraban figuras humanas de brazos demasiado largos; otros, animales marinos con colores que probablemente no existían en la naturaleza.<br />
<br />
Orihime abrió antes de que Rin terminara de llamar por segunda vez. Era una mujer joven de cabello recogido apresuradamente, vestida con ropas formales que contrastaban con las pantuflas que todavía llevaba. Sostenía una carpeta contra el pecho y parecía haber revisado su contenido tantas veces como Rin había repasado la misión. Su alivio al verlas fue inmediato, aunque se mezcló con una breve incertidumbre al descubrir que las enviadas eran dos muchachas.<br />
&lt;¿Rin y Rei? Gracias por venir. Pasen, por favor. Siento haber tenido que solicitar ayuda al ayuntamiento, pero la reunión se adelantó y la persona que iba a cuidar a Rexha enfermó esta mañana.&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No necesita disculparse&gt;</span> respondió Rei con una inclinación cortés <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Explíquenos su rutina y cualquier cosa que debamos evitar&gt;</span><br />
<br />
Orihime las condujo hasta una sala conectada con la cocina. La casa mostraba indicios de una vida compartida por dos personas: un par de sandalias pequeñas junto a unas adultas, juguetes reunidos dentro de una cesta y una mesa baja con una silla demasiado pequeña. Sobre una repisa descansaba una muñeca de tela con orejas largas, reparada en varios lugares mediante hilos de colores distintos. Rexha no estaba a la vista.<br />
<br />
Rin recorrió la habitación con una mirada rápida. Las ventanas se encontraban cerradas, la puerta trasera asegurada y los objetos cortantes parecían guardados fuera del alcance de una niña. Detectó una respiración contenida debajo de la mesa antes de que Orihime llamara a su hija. Dos ojos oscuros aparecieron entre el mantel y el suelo, observando primero a Rei y después a Rin con la concentración de quien evaluaba una amenaza.<br />
&lt;Rexha, ellas van a quedarse contigo mientras voy a la reunión.&gt;<br />
&lt;No las conozco.&gt;<br />
&lt;Por eso voy a presentártelas. Se llaman Rin y Rei. Son hermanas y son kunoichi de la aldea.&gt;<br />
<br />
La palabra kunoichi produjo un cambio inmediato. Rexha salió a medias de debajo de la mesa, revelando un vestido amarillo, medias desparejadas y cabello oscuro recogido en dos pequeñas colas. No parecía tímida, solo cautelosa. Examinó las manos de ambas, buscó armas visibles y terminó fijándose en la postura rígida de Rin.<br />
&lt;¿Pueden hacer fuego?&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos hacer varias cosas, pero ninguna dentro de tu casa sin permiso de tu madre&gt;</span><br />
&lt;¿Pueden desaparecer?&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No&gt;</span><br />
<br />
Rei miró de soslayo a su hermana. Rin podía haber ofrecido una respuesta más elaborada, aunque técnicamente había sido correcta. Rexha, sin embargo, pareció apreciar la claridad. Salió por completo de su escondite y rodeó a las hermanas manteniendo una distancia prudente. Se detuvo detrás de ellas, comparó sus cabellos y regresó hasta colocarse frente a Orihime.<br />
&lt;¿Cuál es la mala?&gt;<br />
Orihime abrió la boca, pero no encontró una respuesta suficientemente rápida.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Todavía no nos conoces lo bastante para decidirlo&gt;</span> intervino Rei con serenidad<br />
<br />
Rexha aceptó la explicación mediante un pequeño movimiento de cabeza, como si ambas acabaran de superar la primera prueba. Orihime aprovechó aquella tregua para enseñarles la casa. Había dejado arroz, pescado y verduras preparados para el almuerzo, además de fruta cortada para la merienda. Rexha no tenía alergias conocidas, pero detestaba las zanahorias salvo cuando creía que formaban parte de otra comida. Debía descansar después de almorzar, aunque rara vez aceptaba llamarlo siesta.<br />
&lt;Su muñeca se llama Capitán Nube. No suele separarse de ella cuando está cansada. Puede jugar en la sala o en su habitación, pero no debe salir sola al patio porque las piedras se vuelven resbaladizas. Tampoco le permitan subir a la alacena. Sabe arrastrar la silla y fingirá que nunca se lo he prohibido.&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Alguna otra instrucción?&gt;</span><br />
&lt;Si dice que le permito comer dulces antes del almuerzo, está mintiendo. Si asegura que puede bañarse sola, también. Y si se queda demasiado callada, búsquenla.<br />
Rin consideró que aquella última advertencia era la primera información verdaderamente táctica que habían recibido.&gt;<br />
<br />
Orihime se arrodilló ante su hija, acomodó una de sus coletas y le recordó que regresaría antes del anochecer. Rexha escuchó sin interrumpir, pero sus dedos se cerraron alrededor de la manga de su madre cuando llegó el momento de separarse. La seguridad demostrada ante las kunoichi desapareció durante un instante, sustituida por una preocupación pequeña y demasiado seria para su edad.<br />
&lt;¿Y si la reunión se come todo el tiempo?&gt;<br />
&lt;Las reuniones no comen tiempo.&gt;<br />
&lt;Tú dices que sí.&gt;<br />
Orihime sonrió con cansancio y besó su frente.<br />
&lt;Entonces no dejaré que esta se coma demasiado. Volveré en cuanto termine.&gt;<br />
<br />
Rei se agachó a una distancia que no invadiera el espacio de la niña. No intentó prometer que las horas pasarían rápido ni que no tendría motivos para extrañar a su madre. Rexha habría detectado el consuelo vacío incluso sin saber nombrarlo.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos vigilar la casa hasta que vuelva&gt;</span> dijo Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Pero necesitaremos que alguien nos explique dónde se esconden las cosas importantes&gt;</span><br />
Rexha miró hacia la cesta de juguetes. La responsabilidad ofrecida compitió con su deseo de sujetar a Orihime. Finalmente soltó la manga.<br />
&lt;Yo sé dónde están todas.&gt;<br />
&lt;Entonces estarán bien&gt; aseguró su madre antes de levantarse.<br />
<br />
Rin abrió la puerta y observó los alrededores mientras Orihime se alejaba por el sendero. Esperó hasta que la mujer dobló la esquina antes de cerrar. Al regresar a la sala encontró a Rexha exactamente donde la habían dejado, contemplando el espacio vacío junto a la entrada. Rei no la había distraído de inmediato. Permitía que la ausencia se asentara sin tratarla como algo que debía ocultarse.<br />
<br />
La primera parte de la misión consistió en establecer límites. Rin recorrió la vivienda comprobando pestillos, ventanas y objetos accesibles. No confiaba únicamente en las precauciones de Orihime; una casa segura para una madre familiarizada con los hábitos de su hija podía contener oportunidades que dos cuidadoras desconocidas no anticiparan. Encontró una caja de fósforos sobre una repisa alta, herramientas dentro de un cajón y productos de limpieza bajo el fregadero. Todo quedó cerrado o desplazado. Rexha la siguió durante la inspección con las manos detrás de la espalda.<br />
&lt;Mamá no mira tantas veces las ventanas.&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Tu madre conoce esta casa&gt;</span> respondió Rin sin detenerse <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Nosotras debemos aprenderla antes de que decidas demostrarnos qué olvidamos revisar&gt;</span><br />
&lt;Yo no iba a hacer nada.&gt;<br />
Rin cerró el armario inferior y la miró.<br />
La niña sostuvo su mirada durante tres segundos.<br />
&lt;Todavía&gt;<br />
<br />
Rei escuchó el intercambio desde la sala y ocultó otra sonrisa. Rexha no parecía interesada en desobedecer por malicia; probaba las palabras del mismo modo que tocaba objetos nuevos, buscando hasta dónde podían moverse antes de encontrar resistencia. Rin le ofrecía límites tan firmes que la niña podía reconocerlos con facilidad. Aquella severidad, que habría intimidado a muchos adultos, producía en Rexha una curiosa sensación de estabilidad.<br />
<br />
Una vez asegurada la vivienda, Rei se sentó en el suelo cerca de la cesta de juguetes. No pidió a Rexha que jugara ni comenzó a revisar sus cosas. Esperó. La niña permaneció de pie, mirándola, hasta que el silencio se volvió demasiado largo para soportarlo. Entonces se acercó, sacó la muñeca de orejas largas y la colocó entre ambas.<br />
&lt;Ella es Capitán Nube&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Parece haber participado en muchas misiones&gt;</span> observó Rei, examinando las reparaciones<br />
&lt;Una vez cayó desde la ventana&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Por qué estaba en la ventana?&gt;</span> preguntó Rin desde la cocina<br />
&lt;Estaba vigilando&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;A partir de ahora vigilará desde el suelo&gt;</span><br />
<br />
Rexha tomó la muñeca y la hizo asentir, aceptando la orden en nombre de su capitana. Después extrajo varias piezas de madera pintada, animales tallados y una pequeña embarcación con una vela de tela. La sala se convirtió gradualmente en un archipiélago. Las almohadas eran islas, una manta azul representaba el mar y la mesa baja pasó a ser una fortaleza ocupada por criaturas que, según Rexha, robaban sopa a los viajeros.<br />
<br />
Rei entró en el juego sin abandonar la observación. Permitió que la niña estableciera las reglas y preguntó por cada figura hasta comprender la lógica del mundo improvisado. Rin se mantuvo al margen durante unos minutos, ocupada en revisar el almuerzo y calcular cuándo debía calentarlo. Sin embargo, Rexha no parecía dispuesta a aceptar una participante ausente.<br />
&lt;Tú eres el monstruo del mar&gt; declaró, señalando a Rin.<br />
Rin se volvió lentamente.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No&gt;</span><br />
&lt;Tiene cadenas y vive debajo de la mesa&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Sigo diciendo que no&gt;</span><br />
&lt;Si no hay monstruo, no hay misión&gt;<br />
Rei levantó la mirada hacia su hermana. La expresión tranquila que mostraba no ocultaba del todo cuánto disfrutaba observando aquella negociació.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;La estabilidad del archipiélago parece depender de tu cooperación&gt;</span><br />
<br />
Rin contempló la fortaleza, la manta y la niña que esperaba con una criatura de madera preparada entre los dedos. Podía negarse. También podía pasar las siguientes horas enfrentando nuevas solicitudes hasta que alguna resultara más peligrosa que esconderse bajo una mesa. Finalmente dejó lo que sostenía, se agachó y ocupó el lugar asignado.<br />
<br />
Rexha emitió un grito de victoria y organizó la defensa de las islas. El monstruo marino debía avanzar únicamente cuando la vela de la embarcación estuviera levantada, no podía cruzar las almohadas blancas y quedaba temporalmente derrotado si Capitán Nube tocaba su hombro. Rin memorizó las reglas con una seriedad que habría resultado desproporcionada en cualquier otro contexto. Cuando comenzó el ataque, desplazó una mano entre las islas y capturó tres figuras antes de que Rexha pudiera reaccionar.<br />
&lt;¡No puedes ser tan rápida!&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No dijiste que tuviera que ser lenta&gt;</span><br />
&lt;Los monstruos grandes son lentos&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Entonces elegiste mal al monstruo&gt;</span><br />
<br />
Rei intervino antes de que la misión imaginaria terminara en una derrota absoluta. Convenció al monstruo de aceptar una negociación a cambio de pescado de madera y una isla sin habitantes. Rexha escuchó sus condiciones, añadió que Capitán Nube conservaría el derecho a inspeccionar el territorio y selló el acuerdo colocando la muñeca sobre la mano de Rin. Durante casi una hora, la niña dejó de mirar hacia la puerta.<br />
<br />
El primer inconveniente apareció cuando llegó el momento de recoger. Rexha consideraba que desmontar el archipiélago equivalía a destruirlo y se negó a guardar las piezas. Rei le explicó que el mar debía retirarse para que pudieran comer, pero la niña abrazó la embarcación y aseguró que los habitantes morirían si la manta desaparecía. Rin observó la distribución del juego y encontró una solución más eficiente que discutir sobre geografía imaginaria.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La fortaleza puede permanecer sobre la repisa hasta después del almuerzo&gt;</span> decidió <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;El resto será evacuado a la cesta antes de que el mar se cierre&gt;</span><br />
<br />
Rexha dudó. Salvar la fortaleza convertía la recogida en una operación de rescate en lugar de una rendición. Comenzó a transportar figuras con urgencia, entregándolas a Rei para que las colocara dentro de la cesta. Rin dobló la manta desde los extremos, reduciendo el océano sin atrapar a ningún habitante. En pocos minutos el suelo quedó despejado.<br />
<br />
Preparar el almuerzo resultó sencillo hasta que Rexha descubrió las verduras. Orihime las había mezclado con arroz y pescado, pero varios fragmentos anaranjados seguían siendo reconocibles. La niña los señaló con la gravedad de quien encuentra veneno dentro de su plato.<br />
&lt;Eso es zanahoria&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Lo es&gt;</span> confirmó Rei<br />
&lt;Mamá dijo que no había&gt;<br />
Rin miró hacia su hermana. Ambas recordaban exactamente lo contrario.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Tu madre dijo que intentarías convencernos de algo parecido&gt;</span><br />
Rexha bajó la vista hacia el plato y luego observó la puerta, como si considerara la posibilidad de esperar varias horas sin comer. Rei tomó uno de los trozos con sus palillos y lo examinó bajo la luz.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos retirarlas todas&gt;</span> ofreció <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Pero entonces necesitaremos comprobar si tienes suficiente fuerza para sostener a Capitán Nube durante la siguiente misión&gt;</span><br />
&lt;Tengo mucha fuerza&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Eso creía, aunque las zanahorias parecen haberte derrotado antes de comenzar&gt;</span><br />
<br />
La niña frunció el ceño. Rei no le había ordenado comerlas ni asegurado que fueran otra cosa. Había convertido el plato en una disputa entre Rexha y algo lo bastante pequeño para ser vencido. La primera zanahoria desapareció entre arroz; la segunda fue masticada con una expresión de sacrificio. Al llegar a la tercera ya no necesitó observar si las hermanas seguían prestando atención.<br />
<br />
Rin comió frente a ella manteniendo un ritmo regular. No la felicitó por cada bocado ni convirtió el almuerzo en un espectáculo. Cuando Rexha intentó abandonar la silla antes de terminar, señaló el plato con dos dedos. La niña regresó, tomó los últimos trozos y bebió agua. Solo entonces Rin retiró la mesa.<br />
&lt;¿Ahora viene la misión?&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Ahora viene el descanso&gt;</span><br />
&lt;No duermo durante el día&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Tu madre no dijo que tuvieras que dormir&gt;</span> intervino Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Solo que debías descansar&gt;</span><br />
<br />
Rexha recibió aquella distinción como una victoria legal. Aceptó entrar en su habitación con Capitán Nube, pero se negó a acostarse. Rei permitió que se sentara sobre la cama y eligiera un cuento. Rin permaneció cerca de la puerta, todavía poco convencida de que una niña llena de energía pudiera transformarse voluntariamente en alguien dispuesto a permanecer quieto.<br />
<br />
El cuento seleccionado trataba sobre una carpa que deseaba ascender una cascada. Rexha conocía casi todas las páginas y corregía a Rei cuando omitía una frase o cambiaba el tono de algún personaje. A la mitad comenzó a responder con menos rapidez. Poco después se acomodó sobre la almohada sin reconocer que estaba acostándose. Capitán Nube quedó bajo uno de sus brazos y sus ojos se cerraron antes de llegar al final.<br />
<br />
Rei disminuyó la voz hasta convertir las últimas líneas en un murmullo. Cerró el libro y apartó con cuidado un mechón del rostro de la niña. Cuando salió de la habitación encontró a Rin apoyada junto al marco, observando a Rexha con una expresión más difícil de interpretar que la habitual.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No fue tan complicado&gt;</span> susurró Rei<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Todavía quedan varias horas&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Eso tampoco contradice lo que dije&gt;</span><br />
<br />
Mientras Rexha descansaba, limpiaron la cocina y devolvieron los juguetes a sus lugares. Rin aprovechó el silencio para inspeccionar de nuevo la puerta trasera y las ventanas. Rei encontró una lista escrita por Orihime con recordatorios personales: comprar jabón, reparar una sandalia, preguntar por un horario de trabajo y conseguir medicina para la tos antes de la siguiente semana. No estaba destinada a ellas, así que volvió a dejarla donde la había encontrado.<br />
<br />
La casa revelaba el esfuerzo de Orihime de formas que no aparecían en el informe. Había ropa infantil reparada más de una vez, alimentos distribuidos para durar varios días y objetos de adulto guardados en espacios pequeños para dejar lugar a los juguetes. No parecía una vida miserable; había cuidado en cada rincón. Sin embargo, quedaba claro que cualquier cambio imprevisto podía dejar a la mujer sin una alternativa sencilla.<br />
<br />
Rin también lo percibió, aunque no lo expresó mediante compasión. Comprendió por qué el ayuntamiento había aceptado la solicitud. Defender Kirigakure no consistía únicamente en evitar invasiones. Una aldea podía debilitarse de maneras menos visibles cuando sus habitantes debían escoger entre conservar un empleo, cumplir una obligación o dejar desatendido a un hijo. Aquella misión no protegería una frontera, pero permitiría que una madre resolviera algo necesario sin exponer a su niña.<br />
<br />
Rexha despertó antes de completar una hora. No llamó. El sonido leve de sus pies sobre el suelo alertó a Rin, quien se encontraba junto a la ventana. La niña apareció en el corredor con el cabello desordenado, la muñeca arrastrándose desde una oreja y una marca de almohada sobre la mejilla. Se detuvo al encontrar a ambas todavía allí.<br />
&lt;No se fueron&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Dijimos que esperaríamos a tu madre&gt;</span><br />
&lt;Los adultos dicen cosas y después tardan&gt;<br />
La frase carecía de acusación, pero Rei detectó algo aprendido en ella. Orihime había prometido regresar; quizá cumplía siempre, aunque las reuniones y el trabajo podían extenderse más de lo que una niña entendía. Rei no preguntó. En lugar de ofrecer otra promesa abstracta, señaló la fruta preparada sobre la mesa.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Seguimos aquí, y tu merienda también&gt;</span><br />
<br />
Rexha ocupó su silla con Capitán Nube sentada a un lado. Comió varios trozos de fruta y narró una versión considerablemente alterada de su descanso, en la que nunca había dormido y únicamente había cerrado los ojos para escuchar mejor. Rin no discutió la afirmación. Había aprendido que algunas victorias no necesitaban ser reclamadas.<br />
<br />
La tarde trajo lluvia. Primero fueron gotas separadas contra las ventanas; después, una cortina constante que oscureció el patio y llenó los canales. Rexha abandonó la mesa para observarla. Apoyó ambas manos sobre el cristal y siguió con la mirada un pequeño barco de papel olvidado cerca de la puerta trasera. El agua comenzaba a acercarse a él.<br />
&lt;Mi barco&gt;<br />
Antes de que cualquiera pudiera responder, la niña corrió hacia la cocina. Rin llegó a la puerta trasera al mismo tiempo que ella alcanzaba el pestillo. Su mano se cerró sobre la madera por encima de la cabeza de Rexha, impidiendo que la abriera.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No saldrás&gt;</span><br />
&lt;Se va a ahogar&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Es de papel&gt;</span><br />
&lt;Por eso&gt;<br />
<br />
Rexha intentó alcanzar nuevamente el pestillo. Rin no se movió. La niña la miró con una mezcla de frustración y urgencia, incapaz de comprender por qué alguien capaz de ayudar permanecía allí mientras el barco comenzaba a deformarse bajo la lluvia.<br />
<br />
Rei observó el patio. El objeto se encontraba a pocos pasos de la galería cubierta, pero las piedras estaban mojadas y el canal recibía cada vez más agua. No era peligroso para una kunoichi; sí para una niña que podía resbalar por apresurarse.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Rin no dijo que perderíamos el barco&gt;</span> explicó Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Dijo que tú no saldrías&gt;</span><br />
<br />
Rin dirigió hacia su hermana una mirada breve. Después abrió la puerta solo lo suficiente para pasar, cerrándola detrás de ella antes de que Rexha pudiera seguirla. Cruzó el patio bajo la lluvia, recuperó el papel ya empapado y regresó. El barco había perdido parte de su forma, pero aún podía reconocerse. Rexha lo recibió con ambas manos.<br />
&lt;Está herido&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Entonces repáralo dentro&gt;</span><br />
La niña llevó el barco hasta la mesa. Rei consiguió papel seco, y juntas reforzaron los pliegues mientras Rin se secaba el cabello con una toalla. Rexha insistió en conservar partes del original, de modo que la reparación terminó produciendo una embarcación desigual, compuesta por capas nuevas alrededor de una estructura húmeda.<br />
&lt;Ahora es más fuerte&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Ahora es más pesado&gt;</span><br />
&lt;Los barcos fuertes pesan&gt;<br />
Rin decidió no iniciar una discusión sobre construcción naval.<br />
<br />
El trueno llegó cuando terminaban la reparación. No fue particularmente cercano, pero hizo vibrar el cristal de las ventanas. Rexha dejó de hablar. Sus hombros se elevaron y sus dedos cerraron con fuerza uno de los pliegues. Capitán Nube estaba en la sala, demasiado lejos para alcanzarla antes del siguiente ruido.<br />
<br />
Rei reconoció el miedo, aunque la niña intentaba ocultarlo mirando el barco. No le preguntó si estaba asustada. La pregunta habría exigido admitirlo o mentir. En cambio, se sentó a su lado y apoyó una mano sobre la mesa.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos contar cuánto tarda el sonido después de la luz&gt;</span> propuso <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Así sabremos si la tormenta se acerca o se aleja&gt;</span><br />
<br />
Un resplandor pálido atravesó la ventana. Rei comenzó a contar con voz tranquila. Rexha la acompañó después del segundo número. El trueno llegó cuando alcanzaron cinco. En el siguiente intento llegaron hasta siete. La tormenta se alejaba, pero un tercer estallido más fuerte sorprendió a la niña antes de comenzar la cuenta. Rexha abandonó la silla y se abrazó a la pierna de Rin.<br />
<br />
La reacción tomó a Rin desprevenida. Permaneció inmóvil durante un instante, con los brazos separados del cuerpo, como si la niña hubiese ejecutado una técnica cuya respuesta no había entrenado. Miró hacia Rei en busca de una indicación. Su hermana se limitó a observarla, negándose deliberadamente a rescatarla de aquella situación.<br />
<br />
Rin bajó finalmente una mano y la apoyó sobre la cabeza de Rexha. No acarició su cabello ni pronunció palabras suaves. Mantuvo la palma allí, firme, ofreciendo una presencia que no retrocedía ante el ruido.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Solo es una tormenta&gt;</span> dijo <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La casa está cerrada y nosotras seguimos aquí&gt;</span><br />
<br />
Rexha no respondió. Permaneció aferrada a ella hasta que el siguiente trueno sonó más lejos. Entonces soltó la pierna, recuperó a Capitán Nube y regresó a la mesa como si nada hubiera ocurrido. Rin tampoco mencionó el abrazo. Entre ambas se estableció un acuerdo silencioso: la tormenta había sido observada, enfrentada y no merecía un informe adicional.<br />
<br />
La lluvia les impidió jugar en el patio, así que Rei convirtió la sala en una misión de búsqueda. Ocultó pequeñas piezas de madera en lugares seguros y dibujó un mapa sencillo de la casa. Rexha debía interpretar marcas, contar pasos y encontrar los objetos sin abrir armarios prohibidos. Rin revisó cada escondite antes de comenzar y añadió una regla: si la niña se subía a un mueble, la búsqueda terminaba.<br />
<br />
Rexha aceptó con una solemnidad que duró hasta la tercera pista. La pieza siguiente estaba sobre una repisa baja, pero decidió que alcanzarla desde el brazo del sofá sería más emocionante. Apenas apoyó un pie, Rin pronunció su nombre. No elevó la voz. Fue suficiente. La niña descendió y buscó otra ruta.<br />
&lt;Mamá grita más&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Tu madre debe repetírtelo todos los días&gt;</span><br />
&lt;A veces dos veces&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Entonces entiendo por qué grita&gt;</span><br />
Rei giró el rostro para que Rexha no notara su sonrisa.<br />
<br />
La búsqueda concluyó con todas las piezas reunidas y ninguna caída. Como recompensa, Rexha pudo esconder tres objetos para que las hermanas los encontraran. Rei localizó los dos primeros mediante pistas deliberadamente confusas. El tercero resultó más difícil porque la niña olvidó dónde lo había colocado. Rin terminó descubriéndolo dentro de una pantufla después de revisar lugares que una persona adulta jamás habría considerado adecuados.<br />
<br />
El tiempo avanzó entre juegos, dibujos y preguntas. Rexha quiso saber si las hermanas podían leer pensamientos, si habían visto monstruos reales, por qué vestían de manera parecida y cuál de las dos ganaba cuando peleaban. Rei respondía con suficiente detalle para alimentar nuevas preguntas. Rin ofrecía frases breves que, curiosamente, parecían interesar todavía más a la niña.<br />
&lt;¿Tú siempre estás enojada?&gt; preguntó Rexha a Rin mientras dibujaba<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No estoy enojada&gt;</span><br />
&lt;Tu cara sí&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Esa es su cara cuando está tranquila&gt;</span> aclaró Rei<br />
Rexha examinó a Rin con mayor detenimiento.<br />
&lt;Entonces cuando te enojas debe dar miedo&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Esa es la intención&gt;</span><br />
<br />
La niña pareció satisfecha. Añadió al dibujo una figura alta con ojos enormes, cabello oscuro y líneas moradas alrededor de las manos. A su lado trazó otra figura sonriente, luego una más pequeña con Capitán Nube. Sobre las tres dibujó algo parecido a un techo, aunque afirmó que era una ola gigante que no podía alcanzarlas.<br />
<br />
Rin observó el papel cuando Rexha lo dejó secando sobre la mesa. No comentó que las proporciones eran imposibles ni preguntó por qué sus manos parecían rodeadas de rayos. Comprendió, sin necesidad de que Rei lo explicara, que la niña había representado la tormenta de una manera distinta: no como algo que había ocurrido fuera, sino como algo que permanecía lejos porque ellas se encontraban dentro.<br />
<br />
Poco antes del anochecer, prepararon una cena ligera siguiendo las instrucciones de Orihime. Rexha insistió en ayudar. Rin le permitió lavar algunas verduras dentro de un recipiente colocado sobre la mesa, lejos del fuego y de los cuchillos. Rei le encargó contar los platos y distribuir los palillos, aunque solo necesitaban tres lugares. La niña colocó un cuarto plato para su madre.<br />
&lt;Por si llega antes&gt;<br />
Ninguna lo retiró.<br />
<br />
Comieron cuando la lluvia se convirtió nuevamente en un murmullo. Rexha habló menos que durante el almuerzo. El cansancio comenzaba a vencerla, aunque luchaba contra él mediante movimientos constantes y preguntas cada vez más desconectadas. Quiso saber si los peces dormían, si la niebla podía entrar por una cerradura y si una kunoichi debía pedir permiso para ir al baño durante una misión.<br />
<br />
Rei respondió la primera pregunta. Rin ignoró la segunda. Ambas consideraron que la tercera podía esperar hasta que Rexha tuviera edad suficiente para ingresar en la Academia.<br />
<br />
Después de cenar, la niña permitió que Rei le limpiara las manos y el rostro. Rin recogió la mesa. Cuando llegó el momento de ponerse ropa cómoda, Rexha afirmó que podía hacerlo sola y cerró la puerta de su habitación. Las hermanas recordaron la advertencia de Orihime, pero decidieron concederle unos minutos. La niña salió con la camisa al revés y una pierna introducida en el lugar incorrecto del pantalón. No pidió ayuda. Rei se arrodilló y esperó. Rexha trató de corregirlo dos veces, se enredó más y finalmente extendió los brazos.<br />
&lt;Solo un poco&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Solo un poco&gt;</span> aceptó Rei<br />
<br />
La ayudó sin completar todo el proceso, permitiendo que la niña terminara de vestirse por sí misma. Rin observó desde el corredor. Aquello le reveló otra diferencia entre ellas: su primer impulso habría sido corregir la ropa de inmediato. Rei había esperado hasta que Rexha decidiera aceptar ayuda, preservando una independencia pequeña pero importante.<br />
<br />
La hora siguiente transcurrió con mayor calma. Rexha se acomodó en el sofá entre ambas, Capitán Nube sobre el regazo y el libro de la carpa abierto nuevamente. Esta vez pidió que Rin leyera. La kunoichi sostuvo el volumen como si se tratara de un informe incómodo. Su voz era firme, demasiado seria para un cuento infantil, pero Rexha no se quejó. Parecía considerar que la cascada y el viaje de la carpa merecían aquella solemnidad.<br />
<br />
A mitad de la historia, la cabeza de la niña terminó apoyada contra el brazo de Rin. Su respiración se volvió regular. Una mano pequeña permaneció cerrada alrededor de dos de sus dedos, impidiéndole pasar la página sin despertarla.<br />
<br />
Rei contempló la escena desde el extremo contrario del sofá. Había visto a su hermana soportar golpes, frío y cansancio sin mostrar incomodidad. Sin embargo, permanecer inmóvil porque una niña dormida sostenía su mano parecía exigirle una disciplina distinta. Rin mantuvo la vista fija en el libro abierto, fingiendo que la situación no tenía importancia.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Puedo llevarla a su cama&gt;</span> susurró Rei<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La despertarías&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Tú también si intentas moverte&gt;</span><br />
Rin dirigió hacia ella una mirada de advertencia. Rei decidió concederle el silencio.<br />
<br />
Orihime regresó poco después. La llave giró con cuidado y la puerta se abrió apenas, como si la mujer temiera encontrar la casa convertida en un campo de batalla. Entró con el cabello húmedo, la carpeta bajo el brazo y agotamiento en el rostro. Lo primero que vio fue la sala ordenada. Después distinguió a Rexha dormida contra Rin y a Rei sentada junto a ellas. Su alivio fue tan evidente que necesitó permanecer unos segundos junto a la puerta antes de hablar.<br />
&lt;Veo que sobrevivieron&gt;<br />
Rin levantó la mirada, pero no podía ponerse de pie sin liberar primero la mano. Rei cerró el libro y se acercó a recibir a Orihime.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Rexha almorzó, descansó, merendó y cenó&gt;</span> informó en voz baja <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No sufrió ninguna caída ni salió de la casa. Intentó recuperar un barco de papel durante la lluvia, pero Rin lo recogió por ella. También dejamos la cocina limpia y los juguetes guardados&gt;</span><br />
&lt;¿Comió las verduras?&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Todas&gt;</span> respondió Rin desde el sofá<br />
Orihime parecía más sorprendida por aquello que por el resto del informe.<br />
&lt;Entonces hicieron algo que yo todavía no consigo cada vez&gt;<br />
<br />
El movimiento de la puerta y las voces terminaron despertando a Rexha. Abrió los ojos, tardó unos segundos en reconocer la figura de su madre y se incorporó de golpe. Soltó la mano de Rin para correr hacia ella. Orihime se arrodilló y la recibió entre sus brazos, cerrando los ojos cuando la niña se aferró a su cuello.<br />
&lt;Dijiste que volverías&gt;<br />
&lt;Y volví&gt;<br />
&lt;La reunión comió mucho tiempo&gt;<br />
&lt;Intenté que no comiera más&gt;<br />
<br />
Rexha comenzó a contar todo antes de que su madre pudiera levantarse: el monstruo del mar, la fortaleza rescatada, las zanahorias derrotadas, el barco herido, la tormenta y el mapa del tesoro. Su relato alteraba el orden de los acontecimientos y atribuía a Capitán Nube una participación decisiva en casi todos. Orihime escuchó sin interrumpir, mirando ocasionalmente hacia las hermanas para confirmar qué partes pertenecían a la imaginación.<br />
<br />
Rin se levantó por fin y comprobó que llevaba varias marcas rojas sobre los dedos donde Rexha los había sostenido. Cerró el libro, lo dejó sobre la mesa y recuperó la hoja de la misión. Rei explicó a Orihime únicamente aquello que resultaba útil: cuánto había comido, cuánto durmió, cómo reaccionó a la tormenta y que no habían observado síntomas extraños.<br />
&lt;No sé cómo agradecerles esto&gt; dijo Orihime cuando Rexha hizo una pausa para respirar &lt;Sé que para ustedes quizá sea una misión pequeña, pero yo no podía faltar a esa reunión. Si no hubiera conseguido a alguien responsable, habría tenido que escoger entre dejarla sola o arriesgar mi trabajo&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No necesita agradecernos más&gt;</span> respondió Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Solicitó ayuda y la aldea respondió. Para eso existe el servicio&gt;</span><br />
<br />
Rin no añadió nada, pero su silencio ya no contenía la misma duda con la que había recibido el informe. Comprendía ahora el peso de aquellas horas para Orihime. La misión había sido pequeña únicamente desde la perspectiva de quien no dependía de su resultado. Rexha corrió hasta la mesa, tomó el dibujo de las tres figuras bajo la ola y se lo entregó a las hermanas.<br />
&lt;Es para ustedes. Ella es Rei, ella es Rin y esta soy yo. Capitán Nube está aquí, pero salió pequeña&gt;<br />
La muñeca aparecía representada como una forma irregular cerca de los pies de Rexha. Rei sostuvo el papel por un extremo y observó los detalles con atención genuina.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Lo guardaremos&gt;</span><br />
Rexha miró a Rin.<br />
&lt;¿Vas a volver?&gt;<br />
<br />
Rin podía haber respondido que aquello dependía del ayuntamiento, de futuras asignaciones y de si Orihime necesitaba nuevamente el servicio. Todas eran respuestas correctas. La niña, sin embargo, no preguntaba por procedimientos.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Si vuelven a enviarnos&gt;</span> contestó finalmente <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Pero la próxima vez el monstruo conocerá las reglas antes de empezar&gt;</span><br />
Rexha sonrió.<br />
&lt;La próxima vez tendrá dos cabezas&gt;<br />
<br />
Rin decidió que cualquier respuesta prolongaría la negociación y se inclinó apenas a modo de despedida. Rei abrazó a la niña cuando esta se acercó, sin obligarla a permanecer más de lo que deseaba. Orihime abrió la puerta y volvió a agradecerles mientras la niebla nocturna comenzaba a llenar las calles.<br />
<br />
Las hermanas emprendieron el regreso al ayuntamiento con el dibujo protegido entre la carpeta de la misión. Durante varios minutos caminaron sin hablar. La lluvia había dejado charcos sobre las piedras y el aire olía a madera mojada. Rin avanzaba ligeramente por delante, como siempre, aunque Rei podía ver una esquina del papel sobresaliendo junto a su mano.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Has sido un monstruo marino bastante convincente&gt;</span> comentó Rei<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No pienso repetirlo&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Rexha parecía convencida de lo contrario&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Rexha también cree que las reuniones comen tiempo&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;En eso no está equivocada&gt;</span><br />
<br />
Rin no respondió. Continuó caminando con la misma firmeza, llevando dentro de la carpeta un informe que registraría una misión de clase E completada sin incidentes y, junto a él, el dibujo de tres figuras protegidas bajo una ola.<br />
<br />
No había derrotado enemigos, asegurado fronteras ni obtenido información capaz de cambiar el destino de Kirigakure. Habían cuidado a una niña durante unas horas para que su madre pudiera cumplir con una obligación sin dejarla desatendida. Sobre el papel, el resultado apenas ocuparía unas líneas.<br />
<br />
Sin embargo, cuando entregaron el informe y abandonaron el ayuntamiento, ninguna de las dos volvió a preguntarse por qué la aldea había enviado a dos kunoichi.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Bebé Rexha</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> La madre Orihime necesita ir a una reunión de trabajo pero no tiene con quién dejar a su bebé y no es un ambiente apto para recién infantes por lo que se solicita un cuidador para que lo mantenga vivo por unas 5 horas.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Misión Autonarrada Rango E</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> 39 de Verano de 150 en Zona Residencial de Kirigakure</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Rin &amp; Rei</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span></span></span><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"> Solo es 1 ronda.</div>
		</div></span></span><br />
<br />
El informe esperaba sobre el mostrador del ayuntamiento dentro de una carpeta considerablemente más delgada que las utilizadas para misiones de combate, escolta o investigación. No contenía planos, rutas de escape ni fotografías de objetivos. Apenas registraba un nombre, una dirección, un horario y una descripción que Rin leyó dos veces, no porque resultara difícil de comprender, sino porque esperaba descubrir alguna línea adicional capaz de convertir aquellas instrucciones en algo más parecido a una misión shinobi. Debían cuidar durante varias horas a una niña llamada Rexha.<br />
<br />
La madre, Orihime, necesitaba asistir a una reunión a la que no podía llevarla. Al criarla sola y carecer de familiares disponibles, había solicitado ayuda al ayuntamiento mediante uno de sus servicios sociales. La respuesta institucional consistió en enviar a dos genin de Kirigakure. Para los funcionarios, aquello resolvía simultáneamente una necesidad civil y proporcionaba experiencia a shinobi jóvenes. Para Rin, parecía un uso extraño de personas entrenadas para combatir.<br />
<br />
La recepcionista deslizó hacia ellas una hoja con la información básica. Rexha tenía cuatro años, permanecería en su casa y no padecía ninguna condición médica registrada. Orihime dejaría preparados alimentos, ropa y cuanto pudiera necesitar. La tarea consistía en garantizar que la niña estuviera alimentada, limpia y segura hasta el regreso de su madre. Era una misión de clase E, tan sencilla en apariencia que el informe dedicaba más espacio a la dirección que a los riesgos.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Por qué enviarnos a las dos?&gt;</span> preguntó Rin después de revisar la hoja<br />
&lt;La madre solicitó una persona responsable. El ayuntamiento consideró más prudente enviar a dos shinobi jóvenes, especialmente porque la niña no las conoce. Una puede atenderla mientras la otra resuelve cualquier inconveniente.&gt;<br />
<br />
Rei ocultó una sonrisa detrás de la hoja. No necesitaba mirar a su hermana para imaginar qué clase de inconveniente estaba esperando la oficina: comida derramada, llanto, una puerta cerrada desde dentro o cualquier otro desastre doméstico que no podía enfrentarse con cadenas. Rin devolvió la carpeta y tomó nota mental del horario. Podía considerar absurda la asignación, pero una vez aceptada, la cumpliría con la misma disciplina que cualquier otra.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Una de nosotras puede ganarse su confianza y la otra impedir que la casa se incendie&gt;</span> interpretó Rei mientras abandonaban el mostrador<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La niña tiene cuatro años, no debería ser capaz de incendiar una casa&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Eso no responde a si intentará hacerlo&gt;</span><br />
<br />
El camino hacia la vivienda atravesó una zona tranquila de Kirigakure donde las casas se encontraban unidas por pequeños patios, canales estrechos y senderos de piedra oscurecidos por la humedad. La niebla descansaba entre los tejados sin llegar a ocultarlos. Comerciantes y vecinos realizaban sus tareas con la normalidad de una mañana cualquiera, ajenos a que dos kunoichi avanzaban hacia una misión cuyo principal adversario todavía necesitaba ayuda para alcanzar los estantes más altos.<br />
<br />
Rin caminaba con la hoja doblada dentro de la ropa. Había repasado los datos suficientes veces para memorizarlos: Orihime, madre soltera; Rexha, cuatro años; ausencia estimada, varias horas; domicilio particular; sin riesgos conocidos. Lo que le incomodaba no era cuidar a una niña, sino la falta de parámetros claros. Un enemigo podía evaluarse, una posición podía asegurarse y un testimonio podía contrastarse. Las necesidades de una criatura pequeña parecían depender de reglas que nadie se había molestado en escribir.<br />
<br />
Rei, en cambio, encontraba la misión interesante por razones que no expresó de inmediato. Una niña de cuatro años no obedecería necesariamente por jerarquía, miedo o conveniencia. Tampoco entendería las obligaciones de una kunoichi ni por qué dos desconocidas habían llegado para vigilarla. Conseguir su cooperación exigiría observar, adaptar el tono y descubrir qué consideraba importante. Era una forma de negociación sencilla en sus consecuencias, pero honesta en sus dificultades.<br />
<br />
La vivienda de Orihime era modesta y estaba cuidada con la precisión de alguien que no disponía de tiempo suficiente para mantener cada cosa perfecta, pero lo intentaba de todos modos. Había macetas pequeñas junto a la entrada, un tendedero recogido antes de la humedad de la tarde y varios dibujos pegados en una ventana. Algunos mostraban figuras humanas de brazos demasiado largos; otros, animales marinos con colores que probablemente no existían en la naturaleza.<br />
<br />
Orihime abrió antes de que Rin terminara de llamar por segunda vez. Era una mujer joven de cabello recogido apresuradamente, vestida con ropas formales que contrastaban con las pantuflas que todavía llevaba. Sostenía una carpeta contra el pecho y parecía haber revisado su contenido tantas veces como Rin había repasado la misión. Su alivio al verlas fue inmediato, aunque se mezcló con una breve incertidumbre al descubrir que las enviadas eran dos muchachas.<br />
&lt;¿Rin y Rei? Gracias por venir. Pasen, por favor. Siento haber tenido que solicitar ayuda al ayuntamiento, pero la reunión se adelantó y la persona que iba a cuidar a Rexha enfermó esta mañana.&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No necesita disculparse&gt;</span> respondió Rei con una inclinación cortés <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Explíquenos su rutina y cualquier cosa que debamos evitar&gt;</span><br />
<br />
Orihime las condujo hasta una sala conectada con la cocina. La casa mostraba indicios de una vida compartida por dos personas: un par de sandalias pequeñas junto a unas adultas, juguetes reunidos dentro de una cesta y una mesa baja con una silla demasiado pequeña. Sobre una repisa descansaba una muñeca de tela con orejas largas, reparada en varios lugares mediante hilos de colores distintos. Rexha no estaba a la vista.<br />
<br />
Rin recorrió la habitación con una mirada rápida. Las ventanas se encontraban cerradas, la puerta trasera asegurada y los objetos cortantes parecían guardados fuera del alcance de una niña. Detectó una respiración contenida debajo de la mesa antes de que Orihime llamara a su hija. Dos ojos oscuros aparecieron entre el mantel y el suelo, observando primero a Rei y después a Rin con la concentración de quien evaluaba una amenaza.<br />
&lt;Rexha, ellas van a quedarse contigo mientras voy a la reunión.&gt;<br />
&lt;No las conozco.&gt;<br />
&lt;Por eso voy a presentártelas. Se llaman Rin y Rei. Son hermanas y son kunoichi de la aldea.&gt;<br />
<br />
La palabra kunoichi produjo un cambio inmediato. Rexha salió a medias de debajo de la mesa, revelando un vestido amarillo, medias desparejadas y cabello oscuro recogido en dos pequeñas colas. No parecía tímida, solo cautelosa. Examinó las manos de ambas, buscó armas visibles y terminó fijándose en la postura rígida de Rin.<br />
&lt;¿Pueden hacer fuego?&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos hacer varias cosas, pero ninguna dentro de tu casa sin permiso de tu madre&gt;</span><br />
&lt;¿Pueden desaparecer?&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No&gt;</span><br />
<br />
Rei miró de soslayo a su hermana. Rin podía haber ofrecido una respuesta más elaborada, aunque técnicamente había sido correcta. Rexha, sin embargo, pareció apreciar la claridad. Salió por completo de su escondite y rodeó a las hermanas manteniendo una distancia prudente. Se detuvo detrás de ellas, comparó sus cabellos y regresó hasta colocarse frente a Orihime.<br />
&lt;¿Cuál es la mala?&gt;<br />
Orihime abrió la boca, pero no encontró una respuesta suficientemente rápida.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Todavía no nos conoces lo bastante para decidirlo&gt;</span> intervino Rei con serenidad<br />
<br />
Rexha aceptó la explicación mediante un pequeño movimiento de cabeza, como si ambas acabaran de superar la primera prueba. Orihime aprovechó aquella tregua para enseñarles la casa. Había dejado arroz, pescado y verduras preparados para el almuerzo, además de fruta cortada para la merienda. Rexha no tenía alergias conocidas, pero detestaba las zanahorias salvo cuando creía que formaban parte de otra comida. Debía descansar después de almorzar, aunque rara vez aceptaba llamarlo siesta.<br />
&lt;Su muñeca se llama Capitán Nube. No suele separarse de ella cuando está cansada. Puede jugar en la sala o en su habitación, pero no debe salir sola al patio porque las piedras se vuelven resbaladizas. Tampoco le permitan subir a la alacena. Sabe arrastrar la silla y fingirá que nunca se lo he prohibido.&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Alguna otra instrucción?&gt;</span><br />
&lt;Si dice que le permito comer dulces antes del almuerzo, está mintiendo. Si asegura que puede bañarse sola, también. Y si se queda demasiado callada, búsquenla.<br />
Rin consideró que aquella última advertencia era la primera información verdaderamente táctica que habían recibido.&gt;<br />
<br />
Orihime se arrodilló ante su hija, acomodó una de sus coletas y le recordó que regresaría antes del anochecer. Rexha escuchó sin interrumpir, pero sus dedos se cerraron alrededor de la manga de su madre cuando llegó el momento de separarse. La seguridad demostrada ante las kunoichi desapareció durante un instante, sustituida por una preocupación pequeña y demasiado seria para su edad.<br />
&lt;¿Y si la reunión se come todo el tiempo?&gt;<br />
&lt;Las reuniones no comen tiempo.&gt;<br />
&lt;Tú dices que sí.&gt;<br />
Orihime sonrió con cansancio y besó su frente.<br />
&lt;Entonces no dejaré que esta se coma demasiado. Volveré en cuanto termine.&gt;<br />
<br />
Rei se agachó a una distancia que no invadiera el espacio de la niña. No intentó prometer que las horas pasarían rápido ni que no tendría motivos para extrañar a su madre. Rexha habría detectado el consuelo vacío incluso sin saber nombrarlo.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos vigilar la casa hasta que vuelva&gt;</span> dijo Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Pero necesitaremos que alguien nos explique dónde se esconden las cosas importantes&gt;</span><br />
Rexha miró hacia la cesta de juguetes. La responsabilidad ofrecida compitió con su deseo de sujetar a Orihime. Finalmente soltó la manga.<br />
&lt;Yo sé dónde están todas.&gt;<br />
&lt;Entonces estarán bien&gt; aseguró su madre antes de levantarse.<br />
<br />
Rin abrió la puerta y observó los alrededores mientras Orihime se alejaba por el sendero. Esperó hasta que la mujer dobló la esquina antes de cerrar. Al regresar a la sala encontró a Rexha exactamente donde la habían dejado, contemplando el espacio vacío junto a la entrada. Rei no la había distraído de inmediato. Permitía que la ausencia se asentara sin tratarla como algo que debía ocultarse.<br />
<br />
La primera parte de la misión consistió en establecer límites. Rin recorrió la vivienda comprobando pestillos, ventanas y objetos accesibles. No confiaba únicamente en las precauciones de Orihime; una casa segura para una madre familiarizada con los hábitos de su hija podía contener oportunidades que dos cuidadoras desconocidas no anticiparan. Encontró una caja de fósforos sobre una repisa alta, herramientas dentro de un cajón y productos de limpieza bajo el fregadero. Todo quedó cerrado o desplazado. Rexha la siguió durante la inspección con las manos detrás de la espalda.<br />
&lt;Mamá no mira tantas veces las ventanas.&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Tu madre conoce esta casa&gt;</span> respondió Rin sin detenerse <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Nosotras debemos aprenderla antes de que decidas demostrarnos qué olvidamos revisar&gt;</span><br />
&lt;Yo no iba a hacer nada.&gt;<br />
Rin cerró el armario inferior y la miró.<br />
La niña sostuvo su mirada durante tres segundos.<br />
&lt;Todavía&gt;<br />
<br />
Rei escuchó el intercambio desde la sala y ocultó otra sonrisa. Rexha no parecía interesada en desobedecer por malicia; probaba las palabras del mismo modo que tocaba objetos nuevos, buscando hasta dónde podían moverse antes de encontrar resistencia. Rin le ofrecía límites tan firmes que la niña podía reconocerlos con facilidad. Aquella severidad, que habría intimidado a muchos adultos, producía en Rexha una curiosa sensación de estabilidad.<br />
<br />
Una vez asegurada la vivienda, Rei se sentó en el suelo cerca de la cesta de juguetes. No pidió a Rexha que jugara ni comenzó a revisar sus cosas. Esperó. La niña permaneció de pie, mirándola, hasta que el silencio se volvió demasiado largo para soportarlo. Entonces se acercó, sacó la muñeca de orejas largas y la colocó entre ambas.<br />
&lt;Ella es Capitán Nube&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Parece haber participado en muchas misiones&gt;</span> observó Rei, examinando las reparaciones<br />
&lt;Una vez cayó desde la ventana&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;¿Por qué estaba en la ventana?&gt;</span> preguntó Rin desde la cocina<br />
&lt;Estaba vigilando&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;A partir de ahora vigilará desde el suelo&gt;</span><br />
<br />
Rexha tomó la muñeca y la hizo asentir, aceptando la orden en nombre de su capitana. Después extrajo varias piezas de madera pintada, animales tallados y una pequeña embarcación con una vela de tela. La sala se convirtió gradualmente en un archipiélago. Las almohadas eran islas, una manta azul representaba el mar y la mesa baja pasó a ser una fortaleza ocupada por criaturas que, según Rexha, robaban sopa a los viajeros.<br />
<br />
Rei entró en el juego sin abandonar la observación. Permitió que la niña estableciera las reglas y preguntó por cada figura hasta comprender la lógica del mundo improvisado. Rin se mantuvo al margen durante unos minutos, ocupada en revisar el almuerzo y calcular cuándo debía calentarlo. Sin embargo, Rexha no parecía dispuesta a aceptar una participante ausente.<br />
&lt;Tú eres el monstruo del mar&gt; declaró, señalando a Rin.<br />
Rin se volvió lentamente.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No&gt;</span><br />
&lt;Tiene cadenas y vive debajo de la mesa&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Sigo diciendo que no&gt;</span><br />
&lt;Si no hay monstruo, no hay misión&gt;<br />
Rei levantó la mirada hacia su hermana. La expresión tranquila que mostraba no ocultaba del todo cuánto disfrutaba observando aquella negociació.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;La estabilidad del archipiélago parece depender de tu cooperación&gt;</span><br />
<br />
Rin contempló la fortaleza, la manta y la niña que esperaba con una criatura de madera preparada entre los dedos. Podía negarse. También podía pasar las siguientes horas enfrentando nuevas solicitudes hasta que alguna resultara más peligrosa que esconderse bajo una mesa. Finalmente dejó lo que sostenía, se agachó y ocupó el lugar asignado.<br />
<br />
Rexha emitió un grito de victoria y organizó la defensa de las islas. El monstruo marino debía avanzar únicamente cuando la vela de la embarcación estuviera levantada, no podía cruzar las almohadas blancas y quedaba temporalmente derrotado si Capitán Nube tocaba su hombro. Rin memorizó las reglas con una seriedad que habría resultado desproporcionada en cualquier otro contexto. Cuando comenzó el ataque, desplazó una mano entre las islas y capturó tres figuras antes de que Rexha pudiera reaccionar.<br />
&lt;¡No puedes ser tan rápida!&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No dijiste que tuviera que ser lenta&gt;</span><br />
&lt;Los monstruos grandes son lentos&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Entonces elegiste mal al monstruo&gt;</span><br />
<br />
Rei intervino antes de que la misión imaginaria terminara en una derrota absoluta. Convenció al monstruo de aceptar una negociación a cambio de pescado de madera y una isla sin habitantes. Rexha escuchó sus condiciones, añadió que Capitán Nube conservaría el derecho a inspeccionar el territorio y selló el acuerdo colocando la muñeca sobre la mano de Rin. Durante casi una hora, la niña dejó de mirar hacia la puerta.<br />
<br />
El primer inconveniente apareció cuando llegó el momento de recoger. Rexha consideraba que desmontar el archipiélago equivalía a destruirlo y se negó a guardar las piezas. Rei le explicó que el mar debía retirarse para que pudieran comer, pero la niña abrazó la embarcación y aseguró que los habitantes morirían si la manta desaparecía. Rin observó la distribución del juego y encontró una solución más eficiente que discutir sobre geografía imaginaria.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La fortaleza puede permanecer sobre la repisa hasta después del almuerzo&gt;</span> decidió <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;El resto será evacuado a la cesta antes de que el mar se cierre&gt;</span><br />
<br />
Rexha dudó. Salvar la fortaleza convertía la recogida en una operación de rescate en lugar de una rendición. Comenzó a transportar figuras con urgencia, entregándolas a Rei para que las colocara dentro de la cesta. Rin dobló la manta desde los extremos, reduciendo el océano sin atrapar a ningún habitante. En pocos minutos el suelo quedó despejado.<br />
<br />
Preparar el almuerzo resultó sencillo hasta que Rexha descubrió las verduras. Orihime las había mezclado con arroz y pescado, pero varios fragmentos anaranjados seguían siendo reconocibles. La niña los señaló con la gravedad de quien encuentra veneno dentro de su plato.<br />
&lt;Eso es zanahoria&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Lo es&gt;</span> confirmó Rei<br />
&lt;Mamá dijo que no había&gt;<br />
Rin miró hacia su hermana. Ambas recordaban exactamente lo contrario.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Tu madre dijo que intentarías convencernos de algo parecido&gt;</span><br />
Rexha bajó la vista hacia el plato y luego observó la puerta, como si considerara la posibilidad de esperar varias horas sin comer. Rei tomó uno de los trozos con sus palillos y lo examinó bajo la luz.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos retirarlas todas&gt;</span> ofreció <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Pero entonces necesitaremos comprobar si tienes suficiente fuerza para sostener a Capitán Nube durante la siguiente misión&gt;</span><br />
&lt;Tengo mucha fuerza&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Eso creía, aunque las zanahorias parecen haberte derrotado antes de comenzar&gt;</span><br />
<br />
La niña frunció el ceño. Rei no le había ordenado comerlas ni asegurado que fueran otra cosa. Había convertido el plato en una disputa entre Rexha y algo lo bastante pequeño para ser vencido. La primera zanahoria desapareció entre arroz; la segunda fue masticada con una expresión de sacrificio. Al llegar a la tercera ya no necesitó observar si las hermanas seguían prestando atención.<br />
<br />
Rin comió frente a ella manteniendo un ritmo regular. No la felicitó por cada bocado ni convirtió el almuerzo en un espectáculo. Cuando Rexha intentó abandonar la silla antes de terminar, señaló el plato con dos dedos. La niña regresó, tomó los últimos trozos y bebió agua. Solo entonces Rin retiró la mesa.<br />
&lt;¿Ahora viene la misión?&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Ahora viene el descanso&gt;</span><br />
&lt;No duermo durante el día&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Tu madre no dijo que tuvieras que dormir&gt;</span> intervino Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Solo que debías descansar&gt;</span><br />
<br />
Rexha recibió aquella distinción como una victoria legal. Aceptó entrar en su habitación con Capitán Nube, pero se negó a acostarse. Rei permitió que se sentara sobre la cama y eligiera un cuento. Rin permaneció cerca de la puerta, todavía poco convencida de que una niña llena de energía pudiera transformarse voluntariamente en alguien dispuesto a permanecer quieto.<br />
<br />
El cuento seleccionado trataba sobre una carpa que deseaba ascender una cascada. Rexha conocía casi todas las páginas y corregía a Rei cuando omitía una frase o cambiaba el tono de algún personaje. A la mitad comenzó a responder con menos rapidez. Poco después se acomodó sobre la almohada sin reconocer que estaba acostándose. Capitán Nube quedó bajo uno de sus brazos y sus ojos se cerraron antes de llegar al final.<br />
<br />
Rei disminuyó la voz hasta convertir las últimas líneas en un murmullo. Cerró el libro y apartó con cuidado un mechón del rostro de la niña. Cuando salió de la habitación encontró a Rin apoyada junto al marco, observando a Rexha con una expresión más difícil de interpretar que la habitual.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No fue tan complicado&gt;</span> susurró Rei<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Todavía quedan varias horas&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Eso tampoco contradice lo que dije&gt;</span><br />
<br />
Mientras Rexha descansaba, limpiaron la cocina y devolvieron los juguetes a sus lugares. Rin aprovechó el silencio para inspeccionar de nuevo la puerta trasera y las ventanas. Rei encontró una lista escrita por Orihime con recordatorios personales: comprar jabón, reparar una sandalia, preguntar por un horario de trabajo y conseguir medicina para la tos antes de la siguiente semana. No estaba destinada a ellas, así que volvió a dejarla donde la había encontrado.<br />
<br />
La casa revelaba el esfuerzo de Orihime de formas que no aparecían en el informe. Había ropa infantil reparada más de una vez, alimentos distribuidos para durar varios días y objetos de adulto guardados en espacios pequeños para dejar lugar a los juguetes. No parecía una vida miserable; había cuidado en cada rincón. Sin embargo, quedaba claro que cualquier cambio imprevisto podía dejar a la mujer sin una alternativa sencilla.<br />
<br />
Rin también lo percibió, aunque no lo expresó mediante compasión. Comprendió por qué el ayuntamiento había aceptado la solicitud. Defender Kirigakure no consistía únicamente en evitar invasiones. Una aldea podía debilitarse de maneras menos visibles cuando sus habitantes debían escoger entre conservar un empleo, cumplir una obligación o dejar desatendido a un hijo. Aquella misión no protegería una frontera, pero permitiría que una madre resolviera algo necesario sin exponer a su niña.<br />
<br />
Rexha despertó antes de completar una hora. No llamó. El sonido leve de sus pies sobre el suelo alertó a Rin, quien se encontraba junto a la ventana. La niña apareció en el corredor con el cabello desordenado, la muñeca arrastrándose desde una oreja y una marca de almohada sobre la mejilla. Se detuvo al encontrar a ambas todavía allí.<br />
&lt;No se fueron&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Dijimos que esperaríamos a tu madre&gt;</span><br />
&lt;Los adultos dicen cosas y después tardan&gt;<br />
La frase carecía de acusación, pero Rei detectó algo aprendido en ella. Orihime había prometido regresar; quizá cumplía siempre, aunque las reuniones y el trabajo podían extenderse más de lo que una niña entendía. Rei no preguntó. En lugar de ofrecer otra promesa abstracta, señaló la fruta preparada sobre la mesa.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Seguimos aquí, y tu merienda también&gt;</span><br />
<br />
Rexha ocupó su silla con Capitán Nube sentada a un lado. Comió varios trozos de fruta y narró una versión considerablemente alterada de su descanso, en la que nunca había dormido y únicamente había cerrado los ojos para escuchar mejor. Rin no discutió la afirmación. Había aprendido que algunas victorias no necesitaban ser reclamadas.<br />
<br />
La tarde trajo lluvia. Primero fueron gotas separadas contra las ventanas; después, una cortina constante que oscureció el patio y llenó los canales. Rexha abandonó la mesa para observarla. Apoyó ambas manos sobre el cristal y siguió con la mirada un pequeño barco de papel olvidado cerca de la puerta trasera. El agua comenzaba a acercarse a él.<br />
&lt;Mi barco&gt;<br />
Antes de que cualquiera pudiera responder, la niña corrió hacia la cocina. Rin llegó a la puerta trasera al mismo tiempo que ella alcanzaba el pestillo. Su mano se cerró sobre la madera por encima de la cabeza de Rexha, impidiendo que la abriera.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No saldrás&gt;</span><br />
&lt;Se va a ahogar&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Es de papel&gt;</span><br />
&lt;Por eso&gt;<br />
<br />
Rexha intentó alcanzar nuevamente el pestillo. Rin no se movió. La niña la miró con una mezcla de frustración y urgencia, incapaz de comprender por qué alguien capaz de ayudar permanecía allí mientras el barco comenzaba a deformarse bajo la lluvia.<br />
<br />
Rei observó el patio. El objeto se encontraba a pocos pasos de la galería cubierta, pero las piedras estaban mojadas y el canal recibía cada vez más agua. No era peligroso para una kunoichi; sí para una niña que podía resbalar por apresurarse.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Rin no dijo que perderíamos el barco&gt;</span> explicó Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Dijo que tú no saldrías&gt;</span><br />
<br />
Rin dirigió hacia su hermana una mirada breve. Después abrió la puerta solo lo suficiente para pasar, cerrándola detrás de ella antes de que Rexha pudiera seguirla. Cruzó el patio bajo la lluvia, recuperó el papel ya empapado y regresó. El barco había perdido parte de su forma, pero aún podía reconocerse. Rexha lo recibió con ambas manos.<br />
&lt;Está herido&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Entonces repáralo dentro&gt;</span><br />
La niña llevó el barco hasta la mesa. Rei consiguió papel seco, y juntas reforzaron los pliegues mientras Rin se secaba el cabello con una toalla. Rexha insistió en conservar partes del original, de modo que la reparación terminó produciendo una embarcación desigual, compuesta por capas nuevas alrededor de una estructura húmeda.<br />
&lt;Ahora es más fuerte&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Ahora es más pesado&gt;</span><br />
&lt;Los barcos fuertes pesan&gt;<br />
Rin decidió no iniciar una discusión sobre construcción naval.<br />
<br />
El trueno llegó cuando terminaban la reparación. No fue particularmente cercano, pero hizo vibrar el cristal de las ventanas. Rexha dejó de hablar. Sus hombros se elevaron y sus dedos cerraron con fuerza uno de los pliegues. Capitán Nube estaba en la sala, demasiado lejos para alcanzarla antes del siguiente ruido.<br />
<br />
Rei reconoció el miedo, aunque la niña intentaba ocultarlo mirando el barco. No le preguntó si estaba asustada. La pregunta habría exigido admitirlo o mentir. En cambio, se sentó a su lado y apoyó una mano sobre la mesa.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Podemos contar cuánto tarda el sonido después de la luz&gt;</span> propuso <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Así sabremos si la tormenta se acerca o se aleja&gt;</span><br />
<br />
Un resplandor pálido atravesó la ventana. Rei comenzó a contar con voz tranquila. Rexha la acompañó después del segundo número. El trueno llegó cuando alcanzaron cinco. En el siguiente intento llegaron hasta siete. La tormenta se alejaba, pero un tercer estallido más fuerte sorprendió a la niña antes de comenzar la cuenta. Rexha abandonó la silla y se abrazó a la pierna de Rin.<br />
<br />
La reacción tomó a Rin desprevenida. Permaneció inmóvil durante un instante, con los brazos separados del cuerpo, como si la niña hubiese ejecutado una técnica cuya respuesta no había entrenado. Miró hacia Rei en busca de una indicación. Su hermana se limitó a observarla, negándose deliberadamente a rescatarla de aquella situación.<br />
<br />
Rin bajó finalmente una mano y la apoyó sobre la cabeza de Rexha. No acarició su cabello ni pronunció palabras suaves. Mantuvo la palma allí, firme, ofreciendo una presencia que no retrocedía ante el ruido.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Solo es una tormenta&gt;</span> dijo <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La casa está cerrada y nosotras seguimos aquí&gt;</span><br />
<br />
Rexha no respondió. Permaneció aferrada a ella hasta que el siguiente trueno sonó más lejos. Entonces soltó la pierna, recuperó a Capitán Nube y regresó a la mesa como si nada hubiera ocurrido. Rin tampoco mencionó el abrazo. Entre ambas se estableció un acuerdo silencioso: la tormenta había sido observada, enfrentada y no merecía un informe adicional.<br />
<br />
La lluvia les impidió jugar en el patio, así que Rei convirtió la sala en una misión de búsqueda. Ocultó pequeñas piezas de madera en lugares seguros y dibujó un mapa sencillo de la casa. Rexha debía interpretar marcas, contar pasos y encontrar los objetos sin abrir armarios prohibidos. Rin revisó cada escondite antes de comenzar y añadió una regla: si la niña se subía a un mueble, la búsqueda terminaba.<br />
<br />
Rexha aceptó con una solemnidad que duró hasta la tercera pista. La pieza siguiente estaba sobre una repisa baja, pero decidió que alcanzarla desde el brazo del sofá sería más emocionante. Apenas apoyó un pie, Rin pronunció su nombre. No elevó la voz. Fue suficiente. La niña descendió y buscó otra ruta.<br />
&lt;Mamá grita más&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Tu madre debe repetírtelo todos los días&gt;</span><br />
&lt;A veces dos veces&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Entonces entiendo por qué grita&gt;</span><br />
Rei giró el rostro para que Rexha no notara su sonrisa.<br />
<br />
La búsqueda concluyó con todas las piezas reunidas y ninguna caída. Como recompensa, Rexha pudo esconder tres objetos para que las hermanas los encontraran. Rei localizó los dos primeros mediante pistas deliberadamente confusas. El tercero resultó más difícil porque la niña olvidó dónde lo había colocado. Rin terminó descubriéndolo dentro de una pantufla después de revisar lugares que una persona adulta jamás habría considerado adecuados.<br />
<br />
El tiempo avanzó entre juegos, dibujos y preguntas. Rexha quiso saber si las hermanas podían leer pensamientos, si habían visto monstruos reales, por qué vestían de manera parecida y cuál de las dos ganaba cuando peleaban. Rei respondía con suficiente detalle para alimentar nuevas preguntas. Rin ofrecía frases breves que, curiosamente, parecían interesar todavía más a la niña.<br />
&lt;¿Tú siempre estás enojada?&gt; preguntó Rexha a Rin mientras dibujaba<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No estoy enojada&gt;</span><br />
&lt;Tu cara sí&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Esa es su cara cuando está tranquila&gt;</span> aclaró Rei<br />
Rexha examinó a Rin con mayor detenimiento.<br />
&lt;Entonces cuando te enojas debe dar miedo&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Esa es la intención&gt;</span><br />
<br />
La niña pareció satisfecha. Añadió al dibujo una figura alta con ojos enormes, cabello oscuro y líneas moradas alrededor de las manos. A su lado trazó otra figura sonriente, luego una más pequeña con Capitán Nube. Sobre las tres dibujó algo parecido a un techo, aunque afirmó que era una ola gigante que no podía alcanzarlas.<br />
<br />
Rin observó el papel cuando Rexha lo dejó secando sobre la mesa. No comentó que las proporciones eran imposibles ni preguntó por qué sus manos parecían rodeadas de rayos. Comprendió, sin necesidad de que Rei lo explicara, que la niña había representado la tormenta de una manera distinta: no como algo que había ocurrido fuera, sino como algo que permanecía lejos porque ellas se encontraban dentro.<br />
<br />
Poco antes del anochecer, prepararon una cena ligera siguiendo las instrucciones de Orihime. Rexha insistió en ayudar. Rin le permitió lavar algunas verduras dentro de un recipiente colocado sobre la mesa, lejos del fuego y de los cuchillos. Rei le encargó contar los platos y distribuir los palillos, aunque solo necesitaban tres lugares. La niña colocó un cuarto plato para su madre.<br />
&lt;Por si llega antes&gt;<br />
Ninguna lo retiró.<br />
<br />
Comieron cuando la lluvia se convirtió nuevamente en un murmullo. Rexha habló menos que durante el almuerzo. El cansancio comenzaba a vencerla, aunque luchaba contra él mediante movimientos constantes y preguntas cada vez más desconectadas. Quiso saber si los peces dormían, si la niebla podía entrar por una cerradura y si una kunoichi debía pedir permiso para ir al baño durante una misión.<br />
<br />
Rei respondió la primera pregunta. Rin ignoró la segunda. Ambas consideraron que la tercera podía esperar hasta que Rexha tuviera edad suficiente para ingresar en la Academia.<br />
<br />
Después de cenar, la niña permitió que Rei le limpiara las manos y el rostro. Rin recogió la mesa. Cuando llegó el momento de ponerse ropa cómoda, Rexha afirmó que podía hacerlo sola y cerró la puerta de su habitación. Las hermanas recordaron la advertencia de Orihime, pero decidieron concederle unos minutos. La niña salió con la camisa al revés y una pierna introducida en el lugar incorrecto del pantalón. No pidió ayuda. Rei se arrodilló y esperó. Rexha trató de corregirlo dos veces, se enredó más y finalmente extendió los brazos.<br />
&lt;Solo un poco&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Solo un poco&gt;</span> aceptó Rei<br />
<br />
La ayudó sin completar todo el proceso, permitiendo que la niña terminara de vestirse por sí misma. Rin observó desde el corredor. Aquello le reveló otra diferencia entre ellas: su primer impulso habría sido corregir la ropa de inmediato. Rei había esperado hasta que Rexha decidiera aceptar ayuda, preservando una independencia pequeña pero importante.<br />
<br />
La hora siguiente transcurrió con mayor calma. Rexha se acomodó en el sofá entre ambas, Capitán Nube sobre el regazo y el libro de la carpa abierto nuevamente. Esta vez pidió que Rin leyera. La kunoichi sostuvo el volumen como si se tratara de un informe incómodo. Su voz era firme, demasiado seria para un cuento infantil, pero Rexha no se quejó. Parecía considerar que la cascada y el viaje de la carpa merecían aquella solemnidad.<br />
<br />
A mitad de la historia, la cabeza de la niña terminó apoyada contra el brazo de Rin. Su respiración se volvió regular. Una mano pequeña permaneció cerrada alrededor de dos de sus dedos, impidiéndole pasar la página sin despertarla.<br />
<br />
Rei contempló la escena desde el extremo contrario del sofá. Había visto a su hermana soportar golpes, frío y cansancio sin mostrar incomodidad. Sin embargo, permanecer inmóvil porque una niña dormida sostenía su mano parecía exigirle una disciplina distinta. Rin mantuvo la vista fija en el libro abierto, fingiendo que la situación no tenía importancia.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Puedo llevarla a su cama&gt;</span> susurró Rei<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;La despertarías&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Tú también si intentas moverte&gt;</span><br />
Rin dirigió hacia ella una mirada de advertencia. Rei decidió concederle el silencio.<br />
<br />
Orihime regresó poco después. La llave giró con cuidado y la puerta se abrió apenas, como si la mujer temiera encontrar la casa convertida en un campo de batalla. Entró con el cabello húmedo, la carpeta bajo el brazo y agotamiento en el rostro. Lo primero que vio fue la sala ordenada. Después distinguió a Rexha dormida contra Rin y a Rei sentada junto a ellas. Su alivio fue tan evidente que necesitó permanecer unos segundos junto a la puerta antes de hablar.<br />
&lt;Veo que sobrevivieron&gt;<br />
Rin levantó la mirada, pero no podía ponerse de pie sin liberar primero la mano. Rei cerró el libro y se acercó a recibir a Orihime.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Rexha almorzó, descansó, merendó y cenó&gt;</span> informó en voz baja <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No sufrió ninguna caída ni salió de la casa. Intentó recuperar un barco de papel durante la lluvia, pero Rin lo recogió por ella. También dejamos la cocina limpia y los juguetes guardados&gt;</span><br />
&lt;¿Comió las verduras?&gt;<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Todas&gt;</span> respondió Rin desde el sofá<br />
Orihime parecía más sorprendida por aquello que por el resto del informe.<br />
&lt;Entonces hicieron algo que yo todavía no consigo cada vez&gt;<br />
<br />
El movimiento de la puerta y las voces terminaron despertando a Rexha. Abrió los ojos, tardó unos segundos en reconocer la figura de su madre y se incorporó de golpe. Soltó la mano de Rin para correr hacia ella. Orihime se arrodilló y la recibió entre sus brazos, cerrando los ojos cuando la niña se aferró a su cuello.<br />
&lt;Dijiste que volverías&gt;<br />
&lt;Y volví&gt;<br />
&lt;La reunión comió mucho tiempo&gt;<br />
&lt;Intenté que no comiera más&gt;<br />
<br />
Rexha comenzó a contar todo antes de que su madre pudiera levantarse: el monstruo del mar, la fortaleza rescatada, las zanahorias derrotadas, el barco herido, la tormenta y el mapa del tesoro. Su relato alteraba el orden de los acontecimientos y atribuía a Capitán Nube una participación decisiva en casi todos. Orihime escuchó sin interrumpir, mirando ocasionalmente hacia las hermanas para confirmar qué partes pertenecían a la imaginación.<br />
<br />
Rin se levantó por fin y comprobó que llevaba varias marcas rojas sobre los dedos donde Rexha los había sostenido. Cerró el libro, lo dejó sobre la mesa y recuperó la hoja de la misión. Rei explicó a Orihime únicamente aquello que resultaba útil: cuánto había comido, cuánto durmió, cómo reaccionó a la tormenta y que no habían observado síntomas extraños.<br />
&lt;No sé cómo agradecerles esto&gt; dijo Orihime cuando Rexha hizo una pausa para respirar &lt;Sé que para ustedes quizá sea una misión pequeña, pero yo no podía faltar a esa reunión. Si no hubiera conseguido a alguien responsable, habría tenido que escoger entre dejarla sola o arriesgar mi trabajo&gt;<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;No necesita agradecernos más&gt;</span> respondió Rei <span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Solicitó ayuda y la aldea respondió. Para eso existe el servicio&gt;</span><br />
<br />
Rin no añadió nada, pero su silencio ya no contenía la misma duda con la que había recibido el informe. Comprendía ahora el peso de aquellas horas para Orihime. La misión había sido pequeña únicamente desde la perspectiva de quien no dependía de su resultado. Rexha corrió hasta la mesa, tomó el dibujo de las tres figuras bajo la ola y se lo entregó a las hermanas.<br />
&lt;Es para ustedes. Ella es Rei, ella es Rin y esta soy yo. Capitán Nube está aquí, pero salió pequeña&gt;<br />
La muñeca aparecía representada como una forma irregular cerca de los pies de Rexha. Rei sostuvo el papel por un extremo y observó los detalles con atención genuina.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Lo guardaremos&gt;</span><br />
Rexha miró a Rin.<br />
&lt;¿Vas a volver?&gt;<br />
<br />
Rin podía haber respondido que aquello dependía del ayuntamiento, de futuras asignaciones y de si Orihime necesitaba nuevamente el servicio. Todas eran respuestas correctas. La niña, sin embargo, no preguntaba por procedimientos.<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Si vuelven a enviarnos&gt;</span> contestó finalmente <span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Pero la próxima vez el monstruo conocerá las reglas antes de empezar&gt;</span><br />
Rexha sonrió.<br />
&lt;La próxima vez tendrá dos cabezas&gt;<br />
<br />
Rin decidió que cualquier respuesta prolongaría la negociación y se inclinó apenas a modo de despedida. Rei abrazó a la niña cuando esta se acercó, sin obligarla a permanecer más de lo que deseaba. Orihime abrió la puerta y volvió a agradecerles mientras la niebla nocturna comenzaba a llenar las calles.<br />
<br />
Las hermanas emprendieron el regreso al ayuntamiento con el dibujo protegido entre la carpeta de la misión. Durante varios minutos caminaron sin hablar. La lluvia había dejado charcos sobre las piedras y el aire olía a madera mojada. Rin avanzaba ligeramente por delante, como siempre, aunque Rei podía ver una esquina del papel sobresaliendo junto a su mano.<br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Has sido un monstruo marino bastante convincente&gt;</span> comentó Rei<br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;No pienso repetirlo&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;Rexha parecía convencida de lo contrario&gt;</span><br />
<span style="color: #CF2BE7;" class="mycode_color">&lt;Rexha también cree que las reuniones comen tiempo&gt;</span><br />
<span style="color: #7FDBFF;" class="mycode_color">&lt;En eso no está equivocada&gt;</span><br />
<br />
Rin no respondió. Continuó caminando con la misma firmeza, llevando dentro de la carpeta un informe que registraría una misión de clase E completada sin incidentes y, junto a él, el dibujo de tres figuras protegidas bajo una ola.<br />
<br />
No había derrotado enemigos, asegurado fronteras ni obtenido información capaz de cambiar el destino de Kirigakure. Habían cuidado a una niña durante unas horas para que su madre pudiera cumplir con una obligación sin dejarla desatendida. Sobre el papel, el resultado apenas ocuparía unas líneas.<br />
<br />
Sin embargo, cuando entregaron el informe y abandonaron el ayuntamiento, ninguna de las dos volvió a preguntarse por qué la aldea había enviado a dos kunoichi.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Just another house in the block]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14555</link>
			<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 23:45:38 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=809">Colt horumi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14555</guid>
			<description><![CDATA[En el barrio hozuki, por la entrada principal haciendo quiniento metros hacia adentro hasta el cruce con la avenida mangetsu donde se gira a la derecha y se pasa el puesto de pescado "el tiburon escurridiza", se dobla por una pequeña callejuela que da a la parte trasera de la zona residencial, una casa bastante modesta por fuera hace precesncia en una esquina, el pelirrojo entra en ella.<br />
<br />
Por dentro de la misma esta construida de madre de roble, adornada con muebles basicos, dos percheros uno para ropa informal y otra de combate, las paredes de madera embalsamada estan decoradas con distintas fotos de Colt, isshin, mikami, sean separados, juntos, festejando algun logro o tan solo una banalidad.<br />
<br />
Colt paso por su pequeña cocina, vio la pila de plata sucios en la bacha e ignoro olimpicamente sus quehaceres, tan solo saco una jarra puso agua y la puso a hervir... Mientras hizo eso remojo una taza que no estaba tan sucia, y luego saco de alacena cafe y azucar, 4 y 2 1/4 eran las proporciones del muchacho. con unas gotas de agua que saco de su dedo empezo a batir la mezcla hasta que la pava silvo....<br />
<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-Nada como un buen cafe despues de una mision- </span>Dijo el joven oliendo el contenido de la taza mientras iba escaleras arriba, su cuarto era amplio, con un gran ventanal, a diferencia de  la cocina este estaba ordenado prolijamente, libros de fantasias y terror por un lado, libros teoricos de la academia por otro, algunos peluches que habia ganado en maquinas gacha colgados en una repiza. tambien unas replicas de katanas que parecian reales pero no cortaban ni el pan.<br />
<br />
Colt abrio las dos ventanas dejando que la brisa maritima inundara la habitacion con el poco sol que habia a esa hora, Colt se sento en la ventana mientras tomaba su cafe y encendia un cigarro.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-150 ryos por una mision rango D es muy poco, debo seguir entrenando para que me dejen ir a misiones rango C y obtener mas dinero...</span>-La motivacion economica era secundario, un resultado colateral de lo que realmente buscaba, mejorar y escalar en escalafon shinobi. <br />
<br />
Colt dio un sorbo de cafe tras una pitada mientras veia a sus vecinos caminar por la calle.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='This is my house bitch'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='This is my house bitch'; }">This is my house bitch</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"> Aqui desarollare solitarios o sociales dependiendo lo que desee pues es su residencia, dejando esto como post introducorio</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En el barrio hozuki, por la entrada principal haciendo quiniento metros hacia adentro hasta el cruce con la avenida mangetsu donde se gira a la derecha y se pasa el puesto de pescado "el tiburon escurridiza", se dobla por una pequeña callejuela que da a la parte trasera de la zona residencial, una casa bastante modesta por fuera hace precesncia en una esquina, el pelirrojo entra en ella.<br />
<br />
Por dentro de la misma esta construida de madre de roble, adornada con muebles basicos, dos percheros uno para ropa informal y otra de combate, las paredes de madera embalsamada estan decoradas con distintas fotos de Colt, isshin, mikami, sean separados, juntos, festejando algun logro o tan solo una banalidad.<br />
<br />
Colt paso por su pequeña cocina, vio la pila de plata sucios en la bacha e ignoro olimpicamente sus quehaceres, tan solo saco una jarra puso agua y la puso a hervir... Mientras hizo eso remojo una taza que no estaba tan sucia, y luego saco de alacena cafe y azucar, 4 y 2 1/4 eran las proporciones del muchacho. con unas gotas de agua que saco de su dedo empezo a batir la mezcla hasta que la pava silvo....<br />
<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-Nada como un buen cafe despues de una mision- </span>Dijo el joven oliendo el contenido de la taza mientras iba escaleras arriba, su cuarto era amplio, con un gran ventanal, a diferencia de  la cocina este estaba ordenado prolijamente, libros de fantasias y terror por un lado, libros teoricos de la academia por otro, algunos peluches que habia ganado en maquinas gacha colgados en una repiza. tambien unas replicas de katanas que parecian reales pero no cortaban ni el pan.<br />
<br />
Colt abrio las dos ventanas dejando que la brisa maritima inundara la habitacion con el poco sol que habia a esa hora, Colt se sento en la ventana mientras tomaba su cafe y encendia un cigarro.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">-150 ryos por una mision rango D es muy poco, debo seguir entrenando para que me dejen ir a misiones rango C y obtener mas dinero...</span>-La motivacion economica era secundario, un resultado colateral de lo que realmente buscaba, mejorar y escalar en escalafon shinobi. <br />
<br />
Colt dio un sorbo de cafe tras una pitada mientras veia a sus vecinos caminar por la calle.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='This is my house bitch'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='This is my house bitch'; }">This is my house bitch</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"> Aqui desarollare solitarios o sociales dependiendo lo que desee pues es su residencia, dejando esto como post introducorio</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión | D] Limpieza de los Canales: El Azote de los Cangrejos Gigantes.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14548</link>
			<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 11:19:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=808">Naoto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14548</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">2 Verano, Año 150,</span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"> Kirigakure no Sato - Zona Residencia</span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión protagonizada por </span><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Shinsei Kaguya</span></span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión narrada por </span><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Naoto Heizu</span></span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Limpieza de los Canales: El Azote de los Cangrejos Gigantes</span></span><br />
<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El segundo día del verano había traído consigo una mañana húmeda sobre Kirigakure. No era algo particularmente extraño en la aldea; la humedad se pegaba a las paredes, oscurecía la madera de las viviendas y mantenía sobre los tejados aquella fina capa de agua que parecía no desaparecer nunca del todo. En la zona residencial, los pequeños canales que atravesaban las calles cumplían precisamente la función de conducir el exceso hacia una extensa red de drenajes construida bajo las viviendas.<br />
<br />
</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquella mañana, sin embargo, nadie parecía demasiado interesado en acercarse a ellos.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Varias tablas habían sido colocadas apresuradamente sobre una de las entradas principales del drenaje. Un par de trabajadores mantenían alejados a los curiosos mientras algunas familias observaban desde las puertas de sus casas. Había rastros evidentes de que algo había ocurrido: una cesta de pescado destrozada, algunas tejas caídas y marcas irregulares sobre la madera de un pequeño puente. Más cerca del agua podían distinguirse manchas rojizas que la corriente todavía no había terminado de llevarse.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El responsable de mantenimiento esperaba junto al canal cuando Shinsei apareció.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Era un hombre cercano a los cincuenta años, ancho de hombros y vestido con ropa de trabajo cubierta de barro hasta las rodillas. Tenía el antebrazo izquierdo rodeado por un vendaje reciente y sujetaba con la otra mano una vara de madera partida prácticamente por la mitad.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Shinsei Kaguya, supongo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No necesitó demasiada confirmación antes de continuar.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Bien. Me dijeron que enviarían a alguien capaz de pelear de cerca. Aquí abajo vas a necesitarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre se presentó como Sato, encargado de supervisar los canales del sector oriental. Según explicó, los primeros problemas habían comenzado dos días atrás. Algunos trabajadores encontraron pequeños crustáceos escondidos entre las compuertas inferiores y, en un principio, nadie le dio demasiada importancia. Los canales conectaban parcialmente con cursos de agua exteriores y no era raro que algún animal terminara arrastrado hasta allí.</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El problema fue que siguieron apareciendo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y creciendo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Esta mañana salieron seis. Tal vez siete. Los pequeños llegan más o menos hasta la rodilla. Los grandes...</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> levantó la vara rota.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—Uno hizo esto de un solo golpe.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Una violenta sacudida interrumpió momentáneamente la conversación.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clac.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Algo golpeó desde debajo de las tablas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los trabajadores que permanecían cerca retrocedieron inmediatamente. Otro impacto levantó ligeramente uno de los tablones y durante un instante apareció entre la oscuridad una gruesa pinza rojiza, cubierta de barro y algas. Se cerró con fuerza sobre el aire antes de desaparecer nuevamente hacia el interior.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Nadie necesitó explicar por qué habían solicitado un shinobi.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> se acercó hasta el borde y señaló con la vara hacia la abertura. Bajo aquellas tablas comenzaba una escalera de piedra que descendía varios metros hasta el sistema principal. Los canales inferiores eran antiguos, estrechos y estaban construidos mediante corredores de roca unidos por pequeñas cámaras destinadas a acumular residuos antes de que el agua continuara su recorrido. Había espacio suficiente para una persona, quizá dos dependiendo del sector, pero difícilmente para maniobrar con comodidad.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—C<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">reemos que hicieron el nido en la cámara de sedimentación. Está más abajo, donde convergen estos tres canales. Encontramos huevos, restos de caparazones y algunos peces arrastrados hasta allí. También vimos algo bastante más grande que los demás antes de salir corriendo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La reina.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si los trabajadores estaban en lo correcto, matar únicamente a los ejemplares que alcanzaban la superficie no resolvería nada. Mientras aquella criatura permaneciera dentro, la colonia continuaría reproduciéndose y eventualmente terminaría bloqueando por completo los drenajes de aquella parte de la aldea.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Existía, además, otro inconveniente.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Puedes destrozar tantos cangrejos como quieras. Las paredes, no.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> golpeó con los nudillos una de las piedras que rodeaban la entrada.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Hay casas encima de buena parte del recorrido y la compuerta principal está al final del conducto. Si el canal colapsa o rompes el mecanismo, cambiaremos una plaga de cangrejos por varias calles inundadas. No creo que los vecinos encuentren mucha diferencia.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Desde las profundidades llegó nuevamente aquel sonido.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clac. Clac.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esta vez fueron varios.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los hombres comenzaron a retirar las tablas una a una hasta dejar completamente expuesta la escalera. Un olor mucho más intenso escapó desde abajo: agua estancada, lodo, pescado podrido y aquella desagradable humedad encerrada durante años entre piedras que rara vez recibían la luz del sol.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al final de los escalones solo esperaba oscuridad.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> se apartó del camino.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">El conducto principal sigue recto unos treinta metros. Después se divide. Sigue las marcas azules de las paredes y llegarás a la cámara de sedimentación. Si realmente hay una reina ahí dentro... acaba con ella.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Desde algún lugar perdido bajo las viviendas volvió a escucharse el golpeteo de decenas de pequeñas patas contra la piedra.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La colonia ya estaba despierta.</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Nombre de la Misión: Limpieza de los Canales: El Azote de los Cangrejos Gigantes.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Información de la Misión: Una plaga de crustáceos gigantes ha invadido los canales de drenaje de la zona residencial, atacando a los civiles. Se requiere un shinobi capaz de enfrentarlos en combate cerrado y exterminar a la reina de la colonia.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Rango y Tipo de la Misión: Misión Normal - Rango D.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Fecha y Lugar: 2 Verano, Año 150. Kirigakure no Sato - Zona Residencial</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad de Usuarios: 1 (Shinsei Kaguya).</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad máxima de horas por ronda: 48 horas.</span></span></blockquote>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">2 Verano, Año 150,</span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"> Kirigakure no Sato - Zona Residencia</span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión protagonizada por </span><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Shinsei Kaguya</span></span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color">Misión narrada por </span><span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Naoto Heizu</span></span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Limpieza de los Canales: El Azote de los Cangrejos Gigantes</span></span><br />
<br />
<br />
</div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El segundo día del verano había traído consigo una mañana húmeda sobre Kirigakure. No era algo particularmente extraño en la aldea; la humedad se pegaba a las paredes, oscurecía la madera de las viviendas y mantenía sobre los tejados aquella fina capa de agua que parecía no desaparecer nunca del todo. En la zona residencial, los pequeños canales que atravesaban las calles cumplían precisamente la función de conducir el exceso hacia una extensa red de drenajes construida bajo las viviendas.<br />
<br />
</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquella mañana, sin embargo, nadie parecía demasiado interesado en acercarse a ellos.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Varias tablas habían sido colocadas apresuradamente sobre una de las entradas principales del drenaje. Un par de trabajadores mantenían alejados a los curiosos mientras algunas familias observaban desde las puertas de sus casas. Había rastros evidentes de que algo había ocurrido: una cesta de pescado destrozada, algunas tejas caídas y marcas irregulares sobre la madera de un pequeño puente. Más cerca del agua podían distinguirse manchas rojizas que la corriente todavía no había terminado de llevarse.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El responsable de mantenimiento esperaba junto al canal cuando Shinsei apareció.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Era un hombre cercano a los cincuenta años, ancho de hombros y vestido con ropa de trabajo cubierta de barro hasta las rodillas. Tenía el antebrazo izquierdo rodeado por un vendaje reciente y sujetaba con la otra mano una vara de madera partida prácticamente por la mitad.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Shinsei Kaguya, supongo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No necesitó demasiada confirmación antes de continuar.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Bien. Me dijeron que enviarían a alguien capaz de pelear de cerca. Aquí abajo vas a necesitarlo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre se presentó como Sato, encargado de supervisar los canales del sector oriental. Según explicó, los primeros problemas habían comenzado dos días atrás. Algunos trabajadores encontraron pequeños crustáceos escondidos entre las compuertas inferiores y, en un principio, nadie le dio demasiada importancia. Los canales conectaban parcialmente con cursos de agua exteriores y no era raro que algún animal terminara arrastrado hasta allí.</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El problema fue que siguieron apareciendo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y creciendo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Esta mañana salieron seis. Tal vez siete. Los pequeños llegan más o menos hasta la rodilla. Los grandes...</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> levantó la vara rota.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—Uno hizo esto de un solo golpe.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Una violenta sacudida interrumpió momentáneamente la conversación.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clac.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Algo golpeó desde debajo de las tablas.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los trabajadores que permanecían cerca retrocedieron inmediatamente. Otro impacto levantó ligeramente uno de los tablones y durante un instante apareció entre la oscuridad una gruesa pinza rojiza, cubierta de barro y algas. Se cerró con fuerza sobre el aire antes de desaparecer nuevamente hacia el interior.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Nadie necesitó explicar por qué habían solicitado un shinobi.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> se acercó hasta el borde y señaló con la vara hacia la abertura. Bajo aquellas tablas comenzaba una escalera de piedra que descendía varios metros hasta el sistema principal. Los canales inferiores eran antiguos, estrechos y estaban construidos mediante corredores de roca unidos por pequeñas cámaras destinadas a acumular residuos antes de que el agua continuara su recorrido. Había espacio suficiente para una persona, quizá dos dependiendo del sector, pero difícilmente para maniobrar con comodidad.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—C<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">reemos que hicieron el nido en la cámara de sedimentación. Está más abajo, donde convergen estos tres canales. Encontramos huevos, restos de caparazones y algunos peces arrastrados hasta allí. También vimos algo bastante más grande que los demás antes de salir corriendo.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La reina.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si los trabajadores estaban en lo correcto, matar únicamente a los ejemplares que alcanzaban la superficie no resolvería nada. Mientras aquella criatura permaneciera dentro, la colonia continuaría reproduciéndose y eventualmente terminaría bloqueando por completo los drenajes de aquella parte de la aldea.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Existía, además, otro inconveniente.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Puedes destrozar tantos cangrejos como quieras. Las paredes, no.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> golpeó con los nudillos una de las piedras que rodeaban la entrada.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">Hay casas encima de buena parte del recorrido y la compuerta principal está al final del conducto. Si el canal colapsa o rompes el mecanismo, cambiaremos una plaga de cangrejos por varias calles inundadas. No creo que los vecinos encuentren mucha diferencia.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Desde las profundidades llegó nuevamente aquel sonido.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clac. Clac.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Esta vez fueron varios.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los hombres comenzaron a retirar las tablas una a una hasta dejar completamente expuesta la escalera. Un olor mucho más intenso escapó desde abajo: agua estancada, lodo, pescado podrido y aquella desagradable humedad encerrada durante años entre piedras que rara vez recibían la luz del sol.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al final de los escalones solo esperaba oscuridad.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">[i]Sato</span> se apartó del camino.[/i]<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">—<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">El conducto principal sigue recto unos treinta metros. Después se divide. Sigue las marcas azules de las paredes y llegarás a la cámara de sedimentación. Si realmente hay una reina ahí dentro... acaba con ella.</span></span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Desde algún lugar perdido bajo las viviendas volvió a escucharse el golpeteo de decenas de pequeñas patas contra la piedra.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La colonia ya estaba despierta.</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Nombre de la Misión: Limpieza de los Canales: El Azote de los Cangrejos Gigantes.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Información de la Misión: Una plaga de crustáceos gigantes ha invadido los canales de drenaje de la zona residencial, atacando a los civiles. Se requiere un shinobi capaz de enfrentarlos en combate cerrado y exterminar a la reina de la colonia.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Rango y Tipo de la Misión: Misión Normal - Rango D.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Fecha y Lugar: 2 Verano, Año 150. Kirigakure no Sato - Zona Residencial</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">.</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad de Usuarios: 1 (Shinsei Kaguya).</span></span><br />
<span style="color: #e8dff8;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font">● Cantidad máxima de horas por ronda: 48 horas.</span></span></blockquote>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión D: La casa que nadie alquila]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14546</link>
			<pubDate>Thu, 13 Aug 2026 01:45:35 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=813">Hachibi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14546</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/FADPdAn.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: FADPdAn.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">27 de Verano, año 150. </div>
<br />
La niebla de Kirigakure no era especialmente espesa aquella mañana, aunque bastaba para diluir los límites de las construcciones más alejadas y dejar sobre los tejados una fina película de humedad. En aquel sector residencial, donde las viviendas parecían guardar una distancia prudente entre sí, una propiedad sobresalía por encima del resto.<br />
 <br />
No era difícil comprender por qué alguien querría vivir allí, con una majestuosidad que el tiempo no había sabido arrebatarle. Tras un muro de piedra envejecida se levantaba una mansión de dos plantas, amplia, de maderas oscuras y tejados superpuestos que conservaban un estilo mucho más antiguo que las construcciones que la rodeaban. Un sendero de piedra atravesaba el jardín hasta desembocar en una breve escalinata frente a las puertas principales; a un costado podía distinguirse parte de un jardín ornamental y, al otro, un camino más ancho rodeaba la vivienda hacia las dependencias posteriores.<br />
 <br />
Vieja, sí. Abandonada, jamás. Alguien continuaba cuidándola lo suficiente para impedir que la humedad y la vegetación terminaran reclamándola por completo. No parecía, sin embargo, una vivienda habitada: aquel cuidado tenía algo periódico, casi profesional, como si alguien acudiera únicamente a mantenerla presentable.<br />
Dos personas aguardaban frente a la entrada.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No tienes por qué seguir preocupándote por eso.</span><br />
<br />
La voz masculina llegó primero. El hombre debía encontrarse ya en una edad madura. Vestía con sobriedad, pero cuidaba cada detalle de su apariencia con esa clase de orden que parecía menos una demostración de riqueza que una costumbre adquirida con los años. Frente a él, una mujer sostenía las manos juntas a la altura del vientre mientras escuchaba. Había elegancia en su porte, aunque sus ropas eran bastante más modestas de lo que aquella presencia habría hecho esperar.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—En cuanto podamos venderla, separaré una parte para ti. Con eso podrás instalarte tranquila y olvidarte de estos gastos.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La mujer dejó escapar una pequeña risa.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Llevas demasiado tiempo diciéndome que deje de preocuparme.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y tú demasiado tiempo ignorándome.</span><br />
 <br />
No hubo reproche en ello. Ella simplemente negó con suavidad antes de volver los ojos hacia la mansión. La sonrisa no desapareció, aunque sí cambió. Durante algunos segundos observó las ventanas de la planta alta, después el jardín y finalmente la puerta principal. No parecía contemplar una propiedad particularmente valiosa ni calcular cuánto podría obtenerse por ella; había algo distinto en aquella pausa, la familiaridad de quien mira un lugar y recuerda cosas que nadie más presente podría ver.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se siente extraño verla así</span> —murmuró.<br />
<br />
El hombre siguió la dirección de su mirada.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo sé. </span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Estará bien.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo estará.</span><br />
 <br />
Ella le dedicó una sonrisa algo más amplia. Al advertir entonces la presencia del shinobi que se aproximaba, sus ojos se desviaron apenas hacia él: una mirada breve y educada, quizá curiosa ante las vendas que cubrían buena parte de su figura, pero sin detenerse demasiado.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces los dejo trabajar.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te avisaré en cuanto tenga noticias.</span><br />
 <br />
La mujer asintió y se despidió con una ligera inclinación antes de tomar el sendero hacia el exterior de la propiedad. El hombre permaneció observándola hasta que ella y Naoto se cruzaron; solo entonces dirigió toda su atención hacia el recién llegado.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que usted es el shinobi que enviaron.</span><br />
 <br />
Su expresión se abrió inmediatamente en una sonrisa cordial. Descendió un par de escalones para no obligarlo a conversar desde abajo y extendió una mano por simple cortesía, sin insistir en el gesto si Naoto decidía no corresponderlo.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Akihiro. Akihiro Senda. Muchas gracias por venir.</span><br />
 <br />
Su forma de hablar resultaba tranquila y agradable, nada especialmente ceremonioso, aunque sí poseía el porte de alguien acostumbrado a tratar con otras personas y procurar que estas se sintieran cómodas. Con una mano señaló la mansión a sus espaldas.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Me gustaría poder decirle que todo esto es una exageración de los vecinos, pero ya hemos tenido varias familias marchándose prácticamente en mitad de la noche. Pasos donde no hay nadie, golpes dentro de las paredes, cosas que dejan en un sitio y aparecen en otro... Una familia aseguró incluso haber visto a alguien dentro de la casa. Naturalmente, cuando fueron a buscarlo, no había nadie.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Se rascó ligeramente la cabeza, más exasperado que preocupado, y extrajo después un llavero de uno de sus bolsillos. Cuatro piezas colgaban de la argolla: dos llaves relativamente comunes y de distinto tamaño, una tercera de hierro con pequeñas manchas de óxido y una última de latón oscurecido, visiblemente más antigua que las demás. Akihiro las contempló apenas un instante mientras separaba la que correspondía a la entrada.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La cerradura principal no ha sido forzada. Tampoco hemos encontrado ventanas rotas ni señales claras de que alguien haya entrado desde fuera. Por eso comenzaron los rumores. Y una casa embrujada no es particularmente fácil de vender.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Había algo ligeramente divertido en su forma de decirlo, como si la posibilidad le pareciera absurda incluso después de tantos incidentes.<br />
  <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Personalmente, creo que alguien descubrió una manera de entrar y está aprovechándose de la reputación del lugar. Quizá algún muchacho del distrito, quizá alguien interesado en que pierda valor. Prefiero pagar para averiguarlo antes que seguir especulando.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Finalmente acercó el manojo completo hacia Naoto.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puede revisar cuanto necesite y quedarse esta noche. Esa es precisamente la idea. No debería haber nadie más dentro.</span><br />
 <br />
Se giró ligeramente y comenzó a señalar las distintas partes de la propiedad.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La entrada da al vestíbulo principal. Desde allí puede subir al segundo piso. Abajo encontrará las salas, el estudio y algunas antiguas dependencias familiares. La cocina y las habitaciones de servicio están hacia la parte posterior. Por aquel lado puede rodear la casa hasta el patio; hay un cobertizo y una entrada secundaria de servicio. El jardín está del otro lado, aunque no creo que vaya a encontrar demasiado allí.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Su mirada ascendió hacia las ventanas superiores.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Arriba están los dormitorios y algunas habitaciones prácticamente vacías. El ático todavía conserva bastantes muebles y cajas; cuando empezamos a despejar la casa, muchas cosas terminaron allí porque era más cómodo guardarlas que decidir inmediatamente qué hacer con ellas. Así que, si escucha algo caer ahí arriba, antes de declararlo actividad sobrenatural le agradecería comprobar que no haya sido una silla mal apilada o una ardilla.</span><br />
 <br />
La sonrisa regresó fugazmente antes de que retrocediera un paso, dejando libre el camino hacia la escalinata.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Fuera de eso, la casa es suya mientras dure la investigación. Dentro de dos días vendrá alguien interesado en verla, así que agradecería tener algo que decirle para entonces.</span><br />
 <br />
Pareció dispuesto a retirarse, aunque recordó algo antes de hacerlo.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ah. Si encuentra algo personal entre las cosas guardadas, documentos, fotografías, recuerdos familiares o similares, déjelo aparte. Todavía estamos terminando de separar aquello que debe conservarse de lo que puede marcharse con la propiedad.</span><br />
 <br />
La indicación fue dada con la misma naturalidad que todo lo anterior. Akihiro introdujo las manos en las mangas de su ropa y contempló una última vez la mansión.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Espero que esta noche consiga descubrir qué está asustando a todo el mundo.</span><br />
<br />
Frente a Naoto, las puertas permanecían cerradas. Las cuatro llaves ya estaban en sus manos.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Notas de la Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Notas de la Misión'; }">Notas de la Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bienvenido a tu misión de rango D.</span><br />
En esta ocasión, además de la investigación habitual, la misión contará con un sistema de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rutas</span>. Las decisiones que tomes sobre qué lugares revisar, qué indicios seguir y a qué elementos dar prioridad determinarán el desarrollo de la misión. Algunas rutas pueden acercarte rápidamente a la resolución, mientras que otras pueden conducirte a información secundaria, explicaciones incompletas o hacer que la investigación requiera más tiempo. No necesariamente habrá decisiones «incorrectas», pero sí decisiones con consecuencias distintas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El primer post estará dedicado al reconocimiento de la mansión.</span> Podrás recorrerla, familiarizarte con su distribución, revisar sus espacios y realizar las acciones que consideres oportunas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">A partir del segundo post comenzará formalmente la investigación.</span> Entonces podrán aparecer indicios y oportunidades para escoger qué línea seguir. Los rasgos, estadísticas y recursos de Naoto podrán ayudarte a reducir la incertidumbre o conseguir información adicional, pero la interpretación de lo encontrado seguirá siendo importante.<br />
<br />
La misión dispone de un margen de tiempo. Resolverla con rapidez dependerá de las rutas elegidas; prolongar demasiado la investigación puede provocar complicaciones y, en determinadas circunstancias, comprometer el resultado de la misión.<br />
<br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/zqXvL9T.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: zqXvL9T.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/U5PVf8g.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: U5PVf8g.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/S75jCGe.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: S75jCGe.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/IwlDVjR.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: IwlDVjR.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/FADPdAn.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: FADPdAn.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">27 de Verano, año 150. </div>
<br />
La niebla de Kirigakure no era especialmente espesa aquella mañana, aunque bastaba para diluir los límites de las construcciones más alejadas y dejar sobre los tejados una fina película de humedad. En aquel sector residencial, donde las viviendas parecían guardar una distancia prudente entre sí, una propiedad sobresalía por encima del resto.<br />
 <br />
No era difícil comprender por qué alguien querría vivir allí, con una majestuosidad que el tiempo no había sabido arrebatarle. Tras un muro de piedra envejecida se levantaba una mansión de dos plantas, amplia, de maderas oscuras y tejados superpuestos que conservaban un estilo mucho más antiguo que las construcciones que la rodeaban. Un sendero de piedra atravesaba el jardín hasta desembocar en una breve escalinata frente a las puertas principales; a un costado podía distinguirse parte de un jardín ornamental y, al otro, un camino más ancho rodeaba la vivienda hacia las dependencias posteriores.<br />
 <br />
Vieja, sí. Abandonada, jamás. Alguien continuaba cuidándola lo suficiente para impedir que la humedad y la vegetación terminaran reclamándola por completo. No parecía, sin embargo, una vivienda habitada: aquel cuidado tenía algo periódico, casi profesional, como si alguien acudiera únicamente a mantenerla presentable.<br />
Dos personas aguardaban frente a la entrada.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No tienes por qué seguir preocupándote por eso.</span><br />
<br />
La voz masculina llegó primero. El hombre debía encontrarse ya en una edad madura. Vestía con sobriedad, pero cuidaba cada detalle de su apariencia con esa clase de orden que parecía menos una demostración de riqueza que una costumbre adquirida con los años. Frente a él, una mujer sostenía las manos juntas a la altura del vientre mientras escuchaba. Había elegancia en su porte, aunque sus ropas eran bastante más modestas de lo que aquella presencia habría hecho esperar.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—En cuanto podamos venderla, separaré una parte para ti. Con eso podrás instalarte tranquila y olvidarte de estos gastos.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La mujer dejó escapar una pequeña risa.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Llevas demasiado tiempo diciéndome que deje de preocuparme.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Y tú demasiado tiempo ignorándome.</span><br />
 <br />
No hubo reproche en ello. Ella simplemente negó con suavidad antes de volver los ojos hacia la mansión. La sonrisa no desapareció, aunque sí cambió. Durante algunos segundos observó las ventanas de la planta alta, después el jardín y finalmente la puerta principal. No parecía contemplar una propiedad particularmente valiosa ni calcular cuánto podría obtenerse por ella; había algo distinto en aquella pausa, la familiaridad de quien mira un lugar y recuerda cosas que nadie más presente podría ver.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Se siente extraño verla así</span> —murmuró.<br />
<br />
El hombre siguió la dirección de su mirada.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo sé. </span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Estará bien.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Lo estará.</span><br />
 <br />
Ella le dedicó una sonrisa algo más amplia. Al advertir entonces la presencia del shinobi que se aproximaba, sus ojos se desviaron apenas hacia él: una mirada breve y educada, quizá curiosa ante las vendas que cubrían buena parte de su figura, pero sin detenerse demasiado.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Entonces los dejo trabajar.</span><br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te avisaré en cuanto tenga noticias.</span><br />
 <br />
La mujer asintió y se despidió con una ligera inclinación antes de tomar el sendero hacia el exterior de la propiedad. El hombre permaneció observándola hasta que ella y Naoto se cruzaron; solo entonces dirigió toda su atención hacia el recién llegado.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Supongo que usted es el shinobi que enviaron.</span><br />
 <br />
Su expresión se abrió inmediatamente en una sonrisa cordial. Descendió un par de escalones para no obligarlo a conversar desde abajo y extendió una mano por simple cortesía, sin insistir en el gesto si Naoto decidía no corresponderlo.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Akihiro. Akihiro Senda. Muchas gracias por venir.</span><br />
 <br />
Su forma de hablar resultaba tranquila y agradable, nada especialmente ceremonioso, aunque sí poseía el porte de alguien acostumbrado a tratar con otras personas y procurar que estas se sintieran cómodas. Con una mano señaló la mansión a sus espaldas.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Me gustaría poder decirle que todo esto es una exageración de los vecinos, pero ya hemos tenido varias familias marchándose prácticamente en mitad de la noche. Pasos donde no hay nadie, golpes dentro de las paredes, cosas que dejan en un sitio y aparecen en otro... Una familia aseguró incluso haber visto a alguien dentro de la casa. Naturalmente, cuando fueron a buscarlo, no había nadie.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Se rascó ligeramente la cabeza, más exasperado que preocupado, y extrajo después un llavero de uno de sus bolsillos. Cuatro piezas colgaban de la argolla: dos llaves relativamente comunes y de distinto tamaño, una tercera de hierro con pequeñas manchas de óxido y una última de latón oscurecido, visiblemente más antigua que las demás. Akihiro las contempló apenas un instante mientras separaba la que correspondía a la entrada.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La cerradura principal no ha sido forzada. Tampoco hemos encontrado ventanas rotas ni señales claras de que alguien haya entrado desde fuera. Por eso comenzaron los rumores. Y una casa embrujada no es particularmente fácil de vender.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Había algo ligeramente divertido en su forma de decirlo, como si la posibilidad le pareciera absurda incluso después de tantos incidentes.<br />
  <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Personalmente, creo que alguien descubrió una manera de entrar y está aprovechándose de la reputación del lugar. Quizá algún muchacho del distrito, quizá alguien interesado en que pierda valor. Prefiero pagar para averiguarlo antes que seguir especulando.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Finalmente acercó el manojo completo hacia Naoto.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puede revisar cuanto necesite y quedarse esta noche. Esa es precisamente la idea. No debería haber nadie más dentro.</span><br />
 <br />
Se giró ligeramente y comenzó a señalar las distintas partes de la propiedad.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La entrada da al vestíbulo principal. Desde allí puede subir al segundo piso. Abajo encontrará las salas, el estudio y algunas antiguas dependencias familiares. La cocina y las habitaciones de servicio están hacia la parte posterior. Por aquel lado puede rodear la casa hasta el patio; hay un cobertizo y una entrada secundaria de servicio. El jardín está del otro lado, aunque no creo que vaya a encontrar demasiado allí.</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> </span><br />
Su mirada ascendió hacia las ventanas superiores.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Arriba están los dormitorios y algunas habitaciones prácticamente vacías. El ático todavía conserva bastantes muebles y cajas; cuando empezamos a despejar la casa, muchas cosas terminaron allí porque era más cómodo guardarlas que decidir inmediatamente qué hacer con ellas. Así que, si escucha algo caer ahí arriba, antes de declararlo actividad sobrenatural le agradecería comprobar que no haya sido una silla mal apilada o una ardilla.</span><br />
 <br />
La sonrisa regresó fugazmente antes de que retrocediera un paso, dejando libre el camino hacia la escalinata.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Fuera de eso, la casa es suya mientras dure la investigación. Dentro de dos días vendrá alguien interesado en verla, así que agradecería tener algo que decirle para entonces.</span><br />
 <br />
Pareció dispuesto a retirarse, aunque recordó algo antes de hacerlo.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ah. Si encuentra algo personal entre las cosas guardadas, documentos, fotografías, recuerdos familiares o similares, déjelo aparte. Todavía estamos terminando de separar aquello que debe conservarse de lo que puede marcharse con la propiedad.</span><br />
 <br />
La indicación fue dada con la misma naturalidad que todo lo anterior. Akihiro introdujo las manos en las mangas de su ropa y contempló una última vez la mansión.<br />
 <br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Espero que esta noche consiga descubrir qué está asustando a todo el mundo.</span><br />
<br />
Frente a Naoto, las puertas permanecían cerradas. Las cuatro llaves ya estaban en sus manos.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Notas de la Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Notas de la Misión'; }">Notas de la Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Bienvenido a tu misión de rango D.</span><br />
En esta ocasión, además de la investigación habitual, la misión contará con un sistema de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rutas</span>. Las decisiones que tomes sobre qué lugares revisar, qué indicios seguir y a qué elementos dar prioridad determinarán el desarrollo de la misión. Algunas rutas pueden acercarte rápidamente a la resolución, mientras que otras pueden conducirte a información secundaria, explicaciones incompletas o hacer que la investigación requiera más tiempo. No necesariamente habrá decisiones «incorrectas», pero sí decisiones con consecuencias distintas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El primer post estará dedicado al reconocimiento de la mansión.</span> Podrás recorrerla, familiarizarte con su distribución, revisar sus espacios y realizar las acciones que consideres oportunas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">A partir del segundo post comenzará formalmente la investigación.</span> Entonces podrán aparecer indicios y oportunidades para escoger qué línea seguir. Los rasgos, estadísticas y recursos de Naoto podrán ayudarte a reducir la incertidumbre o conseguir información adicional, pero la interpretación de lo encontrado seguirá siendo importante.<br />
<br />
La misión dispone de un margen de tiempo. Resolverla con rapidez dependerá de las rutas elegidas; prolongar demasiado la investigación puede provocar complicaciones y, en determinadas circunstancias, comprometer el resultado de la misión.<br />
<br />
<span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/zqXvL9T.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: zqXvL9T.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/U5PVf8g.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: U5PVf8g.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/S75jCGe.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: S75jCGe.png]" class="mycode_img" /><br />
</span></span><span style="color: #ffffff;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Proxima Nova Regular', 'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="https://i.imgur.com/IwlDVjR.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: IwlDVjR.png]" class="mycode_img" /></span></span><br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Don't Be A Scaredy Cat [Kishue]]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14501</link>
			<pubDate>Mon, 10 Aug 2026 09:51:20 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=816">Rin to Rei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14501</guid>
			<description><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión: </span>Don't be a scaredy cat</span></span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span> Están teniendo problemas con los gatos de un vecindario en Kiri donde los gatos están haciendo sus necesidades por los callejones y están tirando la basura. Se requiere de un equipo de ninjas para capturarlos a todos y llevarlos a un refugio para que los expertos se encarguen de ellos.</span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span> Misión Normal - Rango D</span></span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span> Verano 25 de 150 | Zona Residencial de Kirigakure</span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span> Kishue &amp; Rin to Rei</span></span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span> 24 horas o hay tabla</span></span></span></blockquote>
</div>
		</div><br />
La mañana había llegado a Kirigakure sin anunciarse del todo. No hubo un amanecer limpio ni una frontera clara entre la noche y el día, sino una lenta disolución de sombras bajo capas de niebla. Las ventanas de la casa de Rin y Rei comenzaron a teñirse de un gris pálido, suficiente para dibujar los contornos de los muebles y arrancar a la habitación de aquel silencio profundo que solo existe antes de que una aldea despierte. Rin abrió los ojos primero, como casi siempre. No necesitó escuchar el reloj ni esperar el murmullo de las primeras voces en la calle; su cuerpo parecía haber aprendido a obedecer la misma disciplina incluso dormido. Permaneció unos instantes boca arriba, observando el techo, y después se incorporó con un movimiento seco.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Es hora&gt;</span><br />
Desde la otra cama llegó únicamente un sonido indistinto.<br />
Rin giró el rostro.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Rei&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Te escuché&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entonces levántate&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Escuchar y obedecer son cosas diferentes&gt;</span><br />
La respuesta llegó ahogada entre las mantas, pero aun así hizo que Rin exhalara por la nariz con una mezcla difícil de distinguir entre resignación y diversión.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;En cinco minutos voy a abrir la ventana&gt;</span><br />
Rei asomó finalmente el rostro entre el cabello oscuro y desordenado.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso es una amenaza&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Es una promesa&gt;</span><br />
Aquello bastó.<br />
<br />
Rei se incorporó lentamente, todavía atrapada en la frontera entre el sueño y la vigilia, mientras Rin ya comenzaba a ordenar su cama. La habitación compartida conservaba las diferencias habituales entre ambas: el lado de Rin era preciso, despejado, casi geométrico; el de Rei parecía haber sido atravesado por una pequeña tormenta educada, con libros apilados, una cinta para el cabello sobre una silla y varias hojas con anotaciones reposando junto a la lámpara. Aun así, ambas tenían sus cosas listas desde la noche anterior. Nunca sabían cuándo podía llegar una orden, y Kirigakure tenía la costumbre de convertir las mañanas tranquilas en días largos sin pedir permiso.<br />
<br />
Se vistieron con ropa sencilla, adecuada para salir pero todavía lejos de cualquier preparación formal para una misión. Rin escogió una camiseta oscura de manga corta y pantalones negros de tela resistente, ajustados con vendas claras en los tobillos. Recogió su larga cabellera en una cola alta, firme, dejando algunos mechones violáceos caer a los lados del rostro. Rei, más lenta pero no menos cuidadosa, se puso una blusa azul grisácea, pantalones oscuros algo más holgados y una chaqueta ligera que dejó abierta. Su cabello quedó recogido en una trenza alta, asegurada con una cinta celeste y las pequeñas horquillas metálicas que solía utilizar.<br />
<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Hoy no tenemos clases&gt;</span> murmuró Rei mientras terminaba de ajustar la cinta <span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Podríamos intentar comportarnos como personas normales&gt;</span><br />
Rin la miró a través del reflejo de un pequeño espejo.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Ya nos graduamos, ya no tendremos más clases&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso dije&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;¿Qué hacen las personas normales?&gt;</span><br />
Rei se quedó pensando.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Dormir más&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entonces ya has fracasado&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;No pienso aceptar críticas de alguien que se despierta antes que el sol&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;En Kiri no existe el sol&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Con mayor razón&gt;</span><br />
<br />
Bajaron a la cocina mientras el resto de la casa continuaba sumido en aquella quietud húmeda de las primeras horas. Rin encendió el fuego y colocó una pequeña olla sobre las brasas. Rei preparó arroz y sacó algunas verduras conservadas, además de pescado seco. Ninguna necesitaba instrucciones de la otra. Habían repetido aquella rutina tantas veces que se movían alrededor de la cocina como piezas de un mecanismo aprendido de memoria.<br />
<br />
El desayuno fue sencillo. Arroz caliente, pescado, verduras encurtidas y una sopa clara que comenzó a llenar la estancia con un aroma suave. Rei se sentó primero y rodeó con ambas manos una taza de té, dejando que el calor le despertara los dedos. Rin permaneció de pie unos momentos más, comprobando que el fuego estuviera bien reducido antes de sentarse frente a ella.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Qué quieres hacer hoy?&gt;</span> preguntó Rei.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entrenar&gt;</span><br />
Rei suspiró.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;No sé por qué pregunto&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Podemos descansar después&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Tu definición de descansar suele incluir correr&gt;</span><br />
Rin llevó un poco de arroz a la boca.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Correr despacio&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso no mejora tu caso&gt;</span><br />
Rei estaba a punto de continuar cuando tres golpes secos sonaron contra la puerta principal.<br />
<br />
Ambas se quedaron quietas. No fue una pausa larga, apenas el tiempo necesario para que la rutina cambiara de forma. Rin dejó los palillos sobre el cuenco. Rei giró ligeramente el rostro hacia la entrada. Tres golpes más.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso no parece un vecino&gt;</span> dijo Rei.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Entonces abre&gt;</span><br />
<br />
Rin se levantó. Cruzó el pequeño corredor y abrió la puerta lo suficiente para ver quién esperaba al otro lado. Un shinobi de Kirigakure permanecía frente a la casa. Llevaba el uniforme habitual de servicio, sin señales de urgencia, pero tampoco parecía haber acudido por cortesía. En una mano sostenía un pequeño pergamino enrollado.<br />
<br />
&lt;Rin, Rei&gt;<br />
Rin abrió un poco más la puerta.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Aquí estamos&gt;</span><br />
El shinobi extendió el rollo.<br />
&lt;Se solicita que ambas se presenten esta mañana en el ayuntamiento. La oficina de asignaciones tiene un encargo disponible para ustedes. Deben acudir cuanto antes&gt;<br />
Rei apareció detrás de su hermana, todavía sosteniendo la taza entre las manos.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Han indicado de qué tipo?&gt;</span><br />
El hombre negó con la cabeza.<br />
&lt;Solo que es una misión asignada y que recibirán los detalles allí&gt;<br />
Rin tomó el documento.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entendido&gt;</span><br />
El shinobi hizo una breve inclinación de cabeza y se marchó sin añadir nada más.<br />
<br />
Durante unos segundos, ambas permanecieron en la puerta observando cómo su figura se alejaba entre la niebla de la calle. Rei fue la primera en hablar.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Adiós a comportarnos como personas normales&gt;</span><br />
Rin cerró la puerta.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No parecías muy comprometida con la idea&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Podría haber aprendido&gt;</span><br />
<br />
Regresaron a la cocina y terminaron de desayunar con algo más de rapidez. No había urgencia aparente, pero ambas conocían la diferencia entre una invitación y una orden disfrazada de cortesía. Rin leyó el documento mientras bebía el resto del té. Apenas contenía sus nombres, una hora aproximada y la indicación de presentarse en la oficina correspondiente del ayuntamiento. Nada más.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Podría ser cualquier cosa&gt;</span> dijo Rei.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entonces no tiene sentido adivinar&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Adivinar es entretenido&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;También inútil&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Mi apuesta es que quieren que ayudemos a alguien a transportar cajas&gt;</span><br />
Rin dobló el pergamino.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Yo digo limpieza&gt;</span><br />
Rei la observó.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Limpieza?&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Es una misión de rango bajo&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Todavía no sabemos el rango&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No enviarían a dos recién formados a detener una invasión&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso sería una primera semana interesante&gt;</span><br />
Rin se levantó.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Termina de comer&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Ya terminé&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Te queda pescado&gt;</span><br />
Rei miró el pequeño trozo que quedaba en el plato.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso ya forma parte del plato&gt;</span><br />
Rin no respondió.<br />
<br />
Diez minutos después estaban completamente listas. No cargaron armas pesadas ni equipo innecesario. Ambas llevaron únicamente una pequeña bolsa de viaje con vendas, agua y algunos objetos básicos. Rin reajustó su cola alta y se colocó una chaqueta oscura sobre los hombros. Rei recogió mejor su trenza y cerró la chaqueta azul grisácea que llevaba abierta.<br />
<br />
Antes de salir, Rin comprobó una vez más el documento. Rei la observó.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Segunda vez&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Primera&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Lo miraste mientras desayunábamos&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Eso fue leerlo&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Y esto es...&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Comprobarlo&gt;</span><br />
Rei sonrió.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Entiendo. Son actividades completamente distintas&gt;</span><br />
<br />
La calle estaba más despierta cuando salieron. La niebla continuaba presente, aunque ya no cubría la aldea con la misma densidad. Algunas tiendas habían abierto, varios comerciantes arrastraban cajas hacia los puestos y los canales interiores reflejaban una luz pálida. Shinobi de distintos rangos cruzaban las calles en ambas direcciones, algunos moviéndose con la calma de quien regresaba de una misión, otros con la prisa silenciosa de quienes acababan de recibir una. Rin y Rei caminaron juntas hacia el centro administrativo. No hablaron demasiado durante el trayecto. A veces no era necesario.<br />
<br />
Kirigakure se desplegaba alrededor de ellas como una criatura despertando lentamente. Puentes de madera cruzaban canales estrechos; edificios húmedos surgían entre capas de vapor; banderas con el símbolo de la aldea permanecían inmóviles bajo el peso de la humedad. El ayuntamiento era uno de los edificios más reconocibles del distrito central, amplio y sobrio, construido para recibir tanto a civiles como a shinobi. Al llegar, Rin mostró el documento a uno de los guardias de la entrada.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Nos han solicitado aquí&gt;</span><br />
El hombre revisó el sello y señaló hacia el interior.<br />
&lt;Oficina de asignaciones. Pasillo principal, segunda puerta a la izquierda&gt;<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Gracias&gt;</span> respondió Rei.<br />
Entraron.<br />
<br />
El interior resultaba más activo de lo que ambas habían esperado. Había shinobi esperando junto a las paredes, civiles entregando formularios y varios funcionarios desplazándose entre mesas cubiertas de documentos. No era caos, pero sí una clase de movimiento constante, una corriente formada por papel, órdenes y personas. Encontraron la oficina sin dificultad. Tras un mostrador de madera se encontraba una recepcionista revisando una pila de informes. Rin se acercó primero.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Buenos días. Rin y Rei. Nos han solicitado para una asignación&gt;</span><br />
La mujer levantó la vista, las observó unos segundos y después buscó algo entre varios documentos.<br />
&lt;Sí. Aquí están&gt; Sacó una caja del montón lleno de pergaminos. &lt;Han llegado a tiempo&gt;<br />
Rei inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Nos dijeron que recibiríamos aquí los detalles&gt;</span><br />
&lt;Correcto&gt; La recepcionista abrió la caja, comprobó un pergamino y después volvió a cerrarla. &lt;Esperen un momento. Debo terminar de revisar el informe antes de entregárselo&gt;<br />
Rin asintió.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entendido&gt;</span><br />
La mujer señaló hacia unas bancas colocadas junto a una pared.<br />
&lt;Pueden sentarse allí. Las llamaré en cuanto esté listo.<br />
Ambas se apartaron del mostrador.<br />
Rei eligió uno de los asientos y se dejó caer con suavidad, cruzando las manos sobre las piernas. Rin se sentó a su lado, todavía recta, observando la puerta de la oficina.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Sigues pensando que será limpieza?&gt;</span> preguntó Rei en voz baja.<br />
Rin mantuvo la vista al frente.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Sí&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&gt;Entonces espero que al menos sea algo que se quede quieto mientras lo limpiamos&gt;</span><br />
Rin giró lentamente la cabeza hacia ella.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No digas cosas así&gt;</span><br />
Rei sonrió.<br />
<br />
Y las dos permanecieron esperando, sin saber todavía que la misión que estaba a punto de caer en sus manos tendría cuatro patas, demasiados pelos y ninguna intención de colaborar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Misión'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Misión'; }">Misión</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite><span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Nombre de la Misión: </span>Don't be a scaredy cat</span></span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Información de la Misión:</span></span> Están teniendo problemas con los gatos de un vecindario en Kiri donde los gatos están haciendo sus necesidades por los callejones y están tirando la basura. Se requiere de un equipo de ninjas para capturarlos a todos y llevarlos a un refugio para que los expertos se encarguen de ellos.</span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Rango y Tipo de la Misión:</span> Misión Normal - Rango D</span></span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Fecha y Lugar:</span></span> Verano 25 de 150 | Zona Residencial de Kirigakure</span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad de Usuarios:</span> Kishue &amp; Rin to Rei</span></span></span><br />
<span style="color: #8a7a9a;" class="mycode_color"><span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-family: Monaco, Consolas, Courier, monospace;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">● Cantidad máxima de horas por ronda:</span> 24 horas o hay tabla</span></span></span></blockquote>
</div>
		</div><br />
La mañana había llegado a Kirigakure sin anunciarse del todo. No hubo un amanecer limpio ni una frontera clara entre la noche y el día, sino una lenta disolución de sombras bajo capas de niebla. Las ventanas de la casa de Rin y Rei comenzaron a teñirse de un gris pálido, suficiente para dibujar los contornos de los muebles y arrancar a la habitación de aquel silencio profundo que solo existe antes de que una aldea despierte. Rin abrió los ojos primero, como casi siempre. No necesitó escuchar el reloj ni esperar el murmullo de las primeras voces en la calle; su cuerpo parecía haber aprendido a obedecer la misma disciplina incluso dormido. Permaneció unos instantes boca arriba, observando el techo, y después se incorporó con un movimiento seco.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Es hora&gt;</span><br />
Desde la otra cama llegó únicamente un sonido indistinto.<br />
Rin giró el rostro.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Rei&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Te escuché&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entonces levántate&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Escuchar y obedecer son cosas diferentes&gt;</span><br />
La respuesta llegó ahogada entre las mantas, pero aun así hizo que Rin exhalara por la nariz con una mezcla difícil de distinguir entre resignación y diversión.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;En cinco minutos voy a abrir la ventana&gt;</span><br />
Rei asomó finalmente el rostro entre el cabello oscuro y desordenado.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso es una amenaza&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Es una promesa&gt;</span><br />
Aquello bastó.<br />
<br />
Rei se incorporó lentamente, todavía atrapada en la frontera entre el sueño y la vigilia, mientras Rin ya comenzaba a ordenar su cama. La habitación compartida conservaba las diferencias habituales entre ambas: el lado de Rin era preciso, despejado, casi geométrico; el de Rei parecía haber sido atravesado por una pequeña tormenta educada, con libros apilados, una cinta para el cabello sobre una silla y varias hojas con anotaciones reposando junto a la lámpara. Aun así, ambas tenían sus cosas listas desde la noche anterior. Nunca sabían cuándo podía llegar una orden, y Kirigakure tenía la costumbre de convertir las mañanas tranquilas en días largos sin pedir permiso.<br />
<br />
Se vistieron con ropa sencilla, adecuada para salir pero todavía lejos de cualquier preparación formal para una misión. Rin escogió una camiseta oscura de manga corta y pantalones negros de tela resistente, ajustados con vendas claras en los tobillos. Recogió su larga cabellera en una cola alta, firme, dejando algunos mechones violáceos caer a los lados del rostro. Rei, más lenta pero no menos cuidadosa, se puso una blusa azul grisácea, pantalones oscuros algo más holgados y una chaqueta ligera que dejó abierta. Su cabello quedó recogido en una trenza alta, asegurada con una cinta celeste y las pequeñas horquillas metálicas que solía utilizar.<br />
<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Hoy no tenemos clases&gt;</span> murmuró Rei mientras terminaba de ajustar la cinta <span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Podríamos intentar comportarnos como personas normales&gt;</span><br />
Rin la miró a través del reflejo de un pequeño espejo.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Ya nos graduamos, ya no tendremos más clases&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso dije&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;¿Qué hacen las personas normales?&gt;</span><br />
Rei se quedó pensando.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Dormir más&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entonces ya has fracasado&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;No pienso aceptar críticas de alguien que se despierta antes que el sol&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;En Kiri no existe el sol&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Con mayor razón&gt;</span><br />
<br />
Bajaron a la cocina mientras el resto de la casa continuaba sumido en aquella quietud húmeda de las primeras horas. Rin encendió el fuego y colocó una pequeña olla sobre las brasas. Rei preparó arroz y sacó algunas verduras conservadas, además de pescado seco. Ninguna necesitaba instrucciones de la otra. Habían repetido aquella rutina tantas veces que se movían alrededor de la cocina como piezas de un mecanismo aprendido de memoria.<br />
<br />
El desayuno fue sencillo. Arroz caliente, pescado, verduras encurtidas y una sopa clara que comenzó a llenar la estancia con un aroma suave. Rei se sentó primero y rodeó con ambas manos una taza de té, dejando que el calor le despertara los dedos. Rin permaneció de pie unos momentos más, comprobando que el fuego estuviera bien reducido antes de sentarse frente a ella.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Qué quieres hacer hoy?&gt;</span> preguntó Rei.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entrenar&gt;</span><br />
Rei suspiró.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;No sé por qué pregunto&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Podemos descansar después&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Tu definición de descansar suele incluir correr&gt;</span><br />
Rin llevó un poco de arroz a la boca.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Correr despacio&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso no mejora tu caso&gt;</span><br />
Rei estaba a punto de continuar cuando tres golpes secos sonaron contra la puerta principal.<br />
<br />
Ambas se quedaron quietas. No fue una pausa larga, apenas el tiempo necesario para que la rutina cambiara de forma. Rin dejó los palillos sobre el cuenco. Rei giró ligeramente el rostro hacia la entrada. Tres golpes más.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso no parece un vecino&gt;</span> dijo Rei.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Entonces abre&gt;</span><br />
<br />
Rin se levantó. Cruzó el pequeño corredor y abrió la puerta lo suficiente para ver quién esperaba al otro lado. Un shinobi de Kirigakure permanecía frente a la casa. Llevaba el uniforme habitual de servicio, sin señales de urgencia, pero tampoco parecía haber acudido por cortesía. En una mano sostenía un pequeño pergamino enrollado.<br />
<br />
&lt;Rin, Rei&gt;<br />
Rin abrió un poco más la puerta.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Aquí estamos&gt;</span><br />
El shinobi extendió el rollo.<br />
&lt;Se solicita que ambas se presenten esta mañana en el ayuntamiento. La oficina de asignaciones tiene un encargo disponible para ustedes. Deben acudir cuanto antes&gt;<br />
Rei apareció detrás de su hermana, todavía sosteniendo la taza entre las manos.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Han indicado de qué tipo?&gt;</span><br />
El hombre negó con la cabeza.<br />
&lt;Solo que es una misión asignada y que recibirán los detalles allí&gt;<br />
Rin tomó el documento.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entendido&gt;</span><br />
El shinobi hizo una breve inclinación de cabeza y se marchó sin añadir nada más.<br />
<br />
Durante unos segundos, ambas permanecieron en la puerta observando cómo su figura se alejaba entre la niebla de la calle. Rei fue la primera en hablar.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Adiós a comportarnos como personas normales&gt;</span><br />
Rin cerró la puerta.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No parecías muy comprometida con la idea&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Podría haber aprendido&gt;</span><br />
<br />
Regresaron a la cocina y terminaron de desayunar con algo más de rapidez. No había urgencia aparente, pero ambas conocían la diferencia entre una invitación y una orden disfrazada de cortesía. Rin leyó el documento mientras bebía el resto del té. Apenas contenía sus nombres, una hora aproximada y la indicación de presentarse en la oficina correspondiente del ayuntamiento. Nada más.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Podría ser cualquier cosa&gt;</span> dijo Rei.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entonces no tiene sentido adivinar&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Adivinar es entretenido&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;También inútil&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Mi apuesta es que quieren que ayudemos a alguien a transportar cajas&gt;</span><br />
Rin dobló el pergamino.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Yo digo limpieza&gt;</span><br />
Rei la observó.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Limpieza?&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Es una misión de rango bajo&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Todavía no sabemos el rango&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No enviarían a dos recién formados a detener una invasión&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso sería una primera semana interesante&gt;</span><br />
Rin se levantó.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Termina de comer&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Ya terminé&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Te queda pescado&gt;</span><br />
Rei miró el pequeño trozo que quedaba en el plato.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Eso ya forma parte del plato&gt;</span><br />
Rin no respondió.<br />
<br />
Diez minutos después estaban completamente listas. No cargaron armas pesadas ni equipo innecesario. Ambas llevaron únicamente una pequeña bolsa de viaje con vendas, agua y algunos objetos básicos. Rin reajustó su cola alta y se colocó una chaqueta oscura sobre los hombros. Rei recogió mejor su trenza y cerró la chaqueta azul grisácea que llevaba abierta.<br />
<br />
Antes de salir, Rin comprobó una vez más el documento. Rei la observó.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Segunda vez&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Primera&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Lo miraste mientras desayunábamos&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Eso fue leerlo&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Y esto es...&gt;</span><br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Comprobarlo&gt;</span><br />
Rei sonrió.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Entiendo. Son actividades completamente distintas&gt;</span><br />
<br />
La calle estaba más despierta cuando salieron. La niebla continuaba presente, aunque ya no cubría la aldea con la misma densidad. Algunas tiendas habían abierto, varios comerciantes arrastraban cajas hacia los puestos y los canales interiores reflejaban una luz pálida. Shinobi de distintos rangos cruzaban las calles en ambas direcciones, algunos moviéndose con la calma de quien regresaba de una misión, otros con la prisa silenciosa de quienes acababan de recibir una. Rin y Rei caminaron juntas hacia el centro administrativo. No hablaron demasiado durante el trayecto. A veces no era necesario.<br />
<br />
Kirigakure se desplegaba alrededor de ellas como una criatura despertando lentamente. Puentes de madera cruzaban canales estrechos; edificios húmedos surgían entre capas de vapor; banderas con el símbolo de la aldea permanecían inmóviles bajo el peso de la humedad. El ayuntamiento era uno de los edificios más reconocibles del distrito central, amplio y sobrio, construido para recibir tanto a civiles como a shinobi. Al llegar, Rin mostró el documento a uno de los guardias de la entrada.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Nos han solicitado aquí&gt;</span><br />
El hombre revisó el sello y señaló hacia el interior.<br />
&lt;Oficina de asignaciones. Pasillo principal, segunda puerta a la izquierda&gt;<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Gracias&gt;</span> respondió Rei.<br />
Entraron.<br />
<br />
El interior resultaba más activo de lo que ambas habían esperado. Había shinobi esperando junto a las paredes, civiles entregando formularios y varios funcionarios desplazándose entre mesas cubiertas de documentos. No era caos, pero sí una clase de movimiento constante, una corriente formada por papel, órdenes y personas. Encontraron la oficina sin dificultad. Tras un mostrador de madera se encontraba una recepcionista revisando una pila de informes. Rin se acercó primero.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Buenos días. Rin y Rei. Nos han solicitado para una asignación&gt;</span><br />
La mujer levantó la vista, las observó unos segundos y después buscó algo entre varios documentos.<br />
&lt;Sí. Aquí están&gt; Sacó una caja del montón lleno de pergaminos. &lt;Han llegado a tiempo&gt;<br />
Rei inclinó ligeramente la cabeza.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;Nos dijeron que recibiríamos aquí los detalles&gt;</span><br />
&lt;Correcto&gt; La recepcionista abrió la caja, comprobó un pergamino y después volvió a cerrarla. &lt;Esperen un momento. Debo terminar de revisar el informe antes de entregárselo&gt;<br />
Rin asintió.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Entendido&gt;</span><br />
La mujer señaló hacia unas bancas colocadas junto a una pared.<br />
&lt;Pueden sentarse allí. Las llamaré en cuanto esté listo.<br />
Ambas se apartaron del mostrador.<br />
Rei eligió uno de los asientos y se dejó caer con suavidad, cruzando las manos sobre las piernas. Rin se sentó a su lado, todavía recta, observando la puerta de la oficina.<br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&lt;¿Sigues pensando que será limpieza?&gt;</span> preguntó Rei en voz baja.<br />
Rin mantuvo la vista al frente.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;Sí&gt;</span><br />
<span style="color: #9DF9FF;" class="mycode_color">&gt;Entonces espero que al menos sea algo que se quede quieto mientras lo limpiamos&gt;</span><br />
Rin giró lentamente la cabeza hacia ella.<br />
<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">&lt;No digas cosas así&gt;</span><br />
Rei sonrió.<br />
<br />
Y las dos permanecieron esperando, sin saber todavía que la misión que estaba a punto de caer en sus manos tendría cuatro patas, demasiados pelos y ninguna intención de colaborar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Side Quest] Motín Bajo la Montaña]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14454</link>
			<pubDate>Tue, 04 Aug 2026 10:39:31 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14454</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Side Quest] Motín Bajo la Montaña</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día: </span>47 de Verano del año 150.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span> Prisión de la Montaña, Kirigakure.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<img src="https://i.ibb.co/gMFxV4M0/11112.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: 11112.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La Prisión de la Montaña había sido construida en el interior de una elevación rocosa situada en el extremo oriental de Kirigakure, lejos de los distritos habitados y rodeada por barrancos que convertían cualquier intento de fuga en una sentencia de muerte. La instalación descendía varios niveles bajo tierra, con bloques separados mediante gruesas compuertas de hierro, corredores vigilados y mecanismos diseñados para aislar cada sección en caso de emergencia. Aquella mañana, sin embargo, la fortaleza permanecía inquietantemente silenciosa. Las torres exteriores continuaban ocupadas, pero sus vigilantes observaban la entrada sin apartar las manos de sus armas, mientras varios guardias heridos eran atendidos detrás de una barricada improvisada. Desde el interior no llegaban alarmas ni órdenes, solamente golpes lejanos, ecos metálicos y, de vez en cuando, algún grito apagado que parecía ascender desde las profundidades de la montaña.<br />
<br />
Frente al portón principal esperaba el teniente Genzō Arakawa, un hombre de cabello gris recogido sobre la nuca y uniforme penitenciario cubierto de polvo. Una venda rodeaba su antebrazo izquierdo y mantenía una pequeña tablilla con el plano incompleto de la prisión apretada contra el pecho. Cuando los shinobi se acercaron, el teniente los recibió sin ceremonias y señaló la enorme puerta reforzada que se alzaba detrás de él. Explicó que los problemas habían comenzado menos de una hora atrás, cuando varias compuertas internas se cerraron al mismo tiempo sin recibir ninguna orden desde la sala de control. Después se perdieron las comunicaciones con los bloques inferiores y comenzaron a escucharse enfrentamientos entre los guardias y los prisioneros. Algunos agentes consiguieron escapar hacia la entrada, pero ninguno sabía quién había abierto las primeras celdas ni por qué los mecanismos de seguridad parecían estar respondiendo a alguien desde dentro de la instalación.<br />
<br />
Genzō indicó sobre el plano que el corredor principal conducía primero al puesto de inspección, desde donde podían alcanzarse la enfermería, el bloque de guardias y las escaleras que descendían hacia las celdas. No obstante, las compuertas habían dividido la prisión en sectores y el estado de cada ruta era desconocido. En la sala de control debía encontrarse el alcaide, junto con los registros de apertura de las celdas, mientras que varios guardias habían quedado atrapados cerca del Bloque Dos. El teniente advirtió que la prisión albergaba asesinos, contrabandistas y antiguos shinobi capaces de utilizar chakra, aunque todos llevaban esposas especiales destinadas a limitarlo. Si alguien había conseguido desactivar esas restricciones, incluso una pequeña revuelta podía transformarse rápidamente en una fuga masiva. La prioridad era impedir que cualquier recluso alcanzara la superficie, localizar a los supervivientes y recuperar el control de los sistemas antes de que las salidas secundarias fueran abiertas.<br />
<br />
El teniente entregó al equipo una llave de emergencia, dos sellos de comunicación de corto alcance y el plano que conservaba, aunque varias de sus secciones aparecían marcadas como inaccesibles. Después ordenó a los guardias exteriores retirar únicamente el primer cerrojo del portón. Las cadenas cayeron con un golpe pesado y la puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar un corredor iluminado por lámparas rojas, con manchas de sangre sobre el suelo y una lanza abandonada junto a la pared. Más adelante, el pasillo se dividía en dos direcciones: desde la izquierda llegaban golpes constantes contra una compuerta cerrada, mientras que por la derecha se escuchó durante un instante una voz pidiendo ayuda antes de quedar interrumpida por un estruendo. Genzō permaneció fuera de la prisión, observando al equipo mientras el portón esperaba abierto. A partir de allí, los shinobi debían decidir cómo ingresarían, qué sector investigarían primero y de qué manera evitarían que el caos bajo la montaña continuara extendiéndose.
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">[Side Quest] Motín Bajo la Montaña</span></span></div>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Día: </span>47 de Verano del año 150.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span> Prisión de la Montaña, Kirigakure.<br />
<hr class="mycode_hr" />
<img src="https://i.ibb.co/gMFxV4M0/11112.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: 11112.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
La Prisión de la Montaña había sido construida en el interior de una elevación rocosa situada en el extremo oriental de Kirigakure, lejos de los distritos habitados y rodeada por barrancos que convertían cualquier intento de fuga en una sentencia de muerte. La instalación descendía varios niveles bajo tierra, con bloques separados mediante gruesas compuertas de hierro, corredores vigilados y mecanismos diseñados para aislar cada sección en caso de emergencia. Aquella mañana, sin embargo, la fortaleza permanecía inquietantemente silenciosa. Las torres exteriores continuaban ocupadas, pero sus vigilantes observaban la entrada sin apartar las manos de sus armas, mientras varios guardias heridos eran atendidos detrás de una barricada improvisada. Desde el interior no llegaban alarmas ni órdenes, solamente golpes lejanos, ecos metálicos y, de vez en cuando, algún grito apagado que parecía ascender desde las profundidades de la montaña.<br />
<br />
Frente al portón principal esperaba el teniente Genzō Arakawa, un hombre de cabello gris recogido sobre la nuca y uniforme penitenciario cubierto de polvo. Una venda rodeaba su antebrazo izquierdo y mantenía una pequeña tablilla con el plano incompleto de la prisión apretada contra el pecho. Cuando los shinobi se acercaron, el teniente los recibió sin ceremonias y señaló la enorme puerta reforzada que se alzaba detrás de él. Explicó que los problemas habían comenzado menos de una hora atrás, cuando varias compuertas internas se cerraron al mismo tiempo sin recibir ninguna orden desde la sala de control. Después se perdieron las comunicaciones con los bloques inferiores y comenzaron a escucharse enfrentamientos entre los guardias y los prisioneros. Algunos agentes consiguieron escapar hacia la entrada, pero ninguno sabía quién había abierto las primeras celdas ni por qué los mecanismos de seguridad parecían estar respondiendo a alguien desde dentro de la instalación.<br />
<br />
Genzō indicó sobre el plano que el corredor principal conducía primero al puesto de inspección, desde donde podían alcanzarse la enfermería, el bloque de guardias y las escaleras que descendían hacia las celdas. No obstante, las compuertas habían dividido la prisión en sectores y el estado de cada ruta era desconocido. En la sala de control debía encontrarse el alcaide, junto con los registros de apertura de las celdas, mientras que varios guardias habían quedado atrapados cerca del Bloque Dos. El teniente advirtió que la prisión albergaba asesinos, contrabandistas y antiguos shinobi capaces de utilizar chakra, aunque todos llevaban esposas especiales destinadas a limitarlo. Si alguien había conseguido desactivar esas restricciones, incluso una pequeña revuelta podía transformarse rápidamente en una fuga masiva. La prioridad era impedir que cualquier recluso alcanzara la superficie, localizar a los supervivientes y recuperar el control de los sistemas antes de que las salidas secundarias fueran abiertas.<br />
<br />
El teniente entregó al equipo una llave de emergencia, dos sellos de comunicación de corto alcance y el plano que conservaba, aunque varias de sus secciones aparecían marcadas como inaccesibles. Después ordenó a los guardias exteriores retirar únicamente el primer cerrojo del portón. Las cadenas cayeron con un golpe pesado y la puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar un corredor iluminado por lámparas rojas, con manchas de sangre sobre el suelo y una lanza abandonada junto a la pared. Más adelante, el pasillo se dividía en dos direcciones: desde la izquierda llegaban golpes constantes contra una compuerta cerrada, mientras que por la derecha se escuchó durante un instante una voz pidiendo ayuda antes de quedar interrumpida por un estruendo. Genzō permaneció fuera de la prisión, observando al equipo mientras el portón esperaba abierto. A partir de allí, los shinobi debían decidir cómo ingresarían, qué sector investigarían primero y de qué manera evitarían que el caos bajo la montaña continuara extendiéndose.
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>72 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Retorno de Kalak]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14439</link>
			<pubDate>Mon, 03 Aug 2026 15:19:08 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=759">Kalak</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14439</guid>
			<description><![CDATA[Había sido un día dificil. Las  nubes negras, la niebla y la escasa luz plateada que atravesaba el cielo hacían que todo se viera mas desolado, solitario. Solo.<br />
<br />
Con las manos en los bolsillos caminé tranquilo a casa, no apresuré el paso ni siquiera cuando comenzó a llover. Había pocas personas en la calle y solo se oía el eco de la misma lluvia en las calles ahora totalmente solitarias.<br />
<br />
Los edificios grises, las calles negras y el cielo gris daban casi sueño. Un día solitario. El viento apenas movía la niebla mientras el agua caía. Estaba fría.<br />
<br />
Mi cuerpo aprovechó para hidratarse un poco, absorbiendo las gotas de lluvia que me tocaban. Sentía que mi salud y mi velocidad se incrementaban, pero no había prisa en llegar.<br />
<br />
Casi se oía el mar desde donde yo estaba. Bajo un techo de lámina, un puesto de dangos de marisco freía las bolitas de carne. El sonido de la fritura se perdía entre la lluvia, pero el olor no alcanzaba a desaparecer.<br />
<br />
Seguí caminando bajo la lluvia, esperando a que algo sorprendente ocurriera, pero no ocurrió. Dejé detrás el puesto de dangos, en otra ocasión.<br />
<br />
A veces ese sueño volvía a mi mente. Otro yo, otra vida, otro Kalak en otra kiri... en otro tiempo...<br />
<br />
El mar se veía agitado, las olas rompían contra las rocas y el olor a petricor se fusionaba con el aroma del mar. <br />
<br />
Ya podía ver mi casa desde ahí, a lo lejos, blanca, con las ventanas abiertas. Por la calle empredrada subí la calle paso a paso, mojado, sin presura.  Finalmente llegué a mi casa, grande, blanca, donde vivía con mis padres y otros miembros del clan.<br />
<br />
Abrí la puerta y entré. No había nadie aún. Quizás era muy temprano.<br />
<br />
Subiría a mi habitación abriría el agua caliente de la ducha y comenzaría a desvestirme. Había sido un día pesado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había sido un día dificil. Las  nubes negras, la niebla y la escasa luz plateada que atravesaba el cielo hacían que todo se viera mas desolado, solitario. Solo.<br />
<br />
Con las manos en los bolsillos caminé tranquilo a casa, no apresuré el paso ni siquiera cuando comenzó a llover. Había pocas personas en la calle y solo se oía el eco de la misma lluvia en las calles ahora totalmente solitarias.<br />
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Los edificios grises, las calles negras y el cielo gris daban casi sueño. Un día solitario. El viento apenas movía la niebla mientras el agua caía. Estaba fría.<br />
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Mi cuerpo aprovechó para hidratarse un poco, absorbiendo las gotas de lluvia que me tocaban. Sentía que mi salud y mi velocidad se incrementaban, pero no había prisa en llegar.<br />
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Casi se oía el mar desde donde yo estaba. Bajo un techo de lámina, un puesto de dangos de marisco freía las bolitas de carne. El sonido de la fritura se perdía entre la lluvia, pero el olor no alcanzaba a desaparecer.<br />
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Seguí caminando bajo la lluvia, esperando a que algo sorprendente ocurriera, pero no ocurrió. Dejé detrás el puesto de dangos, en otra ocasión.<br />
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A veces ese sueño volvía a mi mente. Otro yo, otra vida, otro Kalak en otra kiri... en otro tiempo...<br />
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El mar se veía agitado, las olas rompían contra las rocas y el olor a petricor se fusionaba con el aroma del mar. <br />
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Ya podía ver mi casa desde ahí, a lo lejos, blanca, con las ventanas abiertas. Por la calle empredrada subí la calle paso a paso, mojado, sin presura.  Finalmente llegué a mi casa, grande, blanca, donde vivía con mis padres y otros miembros del clan.<br />
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Abrí la puerta y entré. No había nadie aún. Quizás era muy temprano.<br />
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Subiría a mi habitación abriría el agua caliente de la ducha y comenzaría a desvestirme. Había sido un día pesado.]]></content:encoded>
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