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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Zona Residencial]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 13:12:13 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[Aunque se acabe el Papel]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15136</link>
			<pubDate>Sun, 11 Oct 2026 20:36:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15136</guid>
			<description><![CDATA[El primer rayo de sol atravesaría los marcos de madera de la habitación, proyectando una línea dorada sobre el tatami. Akira abriría los ojos lentamente, permaneciendo unos instantes boca arriba mientras su mirada recorría las vigas del techo. A su lado, Makey estiraría las patas delanteras y arquearía el lomo, soltando un maullido que tendría más de reclamación que de saludo.<br />
<br />
El Hyūga giraría la cabeza hacia él. El ojo cian del felino captaría la claridad de la ventana, mientras el violeta permanecería entrecerrado, todavía poco dispuesto a abandonar la comodidad del futón.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Buenos días para ti también, holgazán. Aunque, por lo que veo, somos dos los que no tenemos intención de levantarnos a una hora decente.</span></span><br />
<br />
Makey respondería con otro maullido y se acomodaría sobre la manta.<br />
<br />
Akira soltaría una risa por la nariz antes de incorporarse.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, sí. Quédate ahí. Yo me encargaré de todo, como siempre.</span></span><br />
<br />
El gato cerraría los ojos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al menos podrías fingir que te importa mi sufrimiento.</span></span><br />
<br />
Sin esperar respuesta, se deslizaría fuera del futón y apoyaría los pies descalzos sobre la madera fría. Recogería la ropa que había dejado preparada la noche anterior y se dirigiría al baño, donde el agua caliente terminaría de despejarle la cabeza. Durante unos minutos se permitiría disfrutar de aquel pequeño lujo cotidiano: el vapor empañando las superficies, el sonido constante del agua y la tranquilidad de no tener que responder a nadie.<br />
<br />
Hasta que apareció Asuna en sus pensamientos.<br />
<br />
Akira cerraría los ojos bajo el agua.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es una carta, no una declaración de guerra.</span></span><br />
<br />
Permanecería inmóvil unos segundos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aunque, pensándolo bien, preferiría enfrentarme a una declaración de guerra.</span></span><br />
<br />
Sacudiría la cabeza, como si pudiera expulsar aquella idea junto con el agua que le resbalaba por el rostro.<br />
<br />
Al salir, se vestiría y regresaría a la habitación. Makey ya habría abandonado el futón para sentarse junto al perchero, observándolo con sus dos ojos dispares y la cola envuelta alrededor de las patas.<br />
<br />
Akira se detendría frente a él.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni se te ocurra empezar. Hoy tengo cosas importantes que hacer.</span></span><br />
<br />
El gato parpadearía lentamente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Más importantes que conseguirte pescado. No pongas esa cara.</span></span><br />
<br />
Un maullido.<br />
<br />
Akira suspiraría.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tengo que escribirle una carta a Asuna.</span></span><br />
<br />
Makey ladeó la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, una carta. De esas que llevan palabras. Muchas palabras, aparentemente, porque todavía no he conseguido encontrar las adecuadas.</span></span><br />
<br />
El felino se levantaría y comenzaría a lavarse una pata.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Gracias por tu apoyo. Siempre es agradable contar contigo en momentos difíciles.</span></span><br />
<br />
<br />
<br />
El desayuno consistiría en arroz, pescado a la plancha y una porción adicional que terminaría en el plato de Makey. Akira comería apoyado junto a la mesa baja, alternando bocados con miradas distraídas hacia la ventana. En más de una ocasión descubriría que llevaba varios minutos con los palillos suspendidos sobre el cuenco, sin haber decidido todavía qué quería comer a continuación.<br />
<br />
El gato terminaría su ración y se frotaría contra su tobillo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Ya terminaste? Claro. Qué sorpresa.</span></span><br />
<br />
Akira depositaría los palillos y recogería los recipientes.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bueno, al menos uno de los dos sabe qué quiere.</span></span><br />
<br />
La limpieza del dojo ocuparía buena parte de la mañana. Barrería el suelo, retiraría el polvo acumulado entre las tablas y pasaría un paño húmedo por la madera. Después comprobaría los soportes de los muñecos de entrenamiento y devolvería cada utensilio a su lugar. El trabajo físico tendría la virtud de mantener las manos ocupadas, aunque no siempre consiguiera lo mismo con su cabeza.<br />
<br />
Mientras enderezaba uno de los soportes, se descubriría imaginando cómo reaccionaría Asuna al recibir la carta.<br />
<br />
¿Sonreiría? ¿Se reiría de él? ¿Le preguntaría por qué no había tenido el valor de decirle aquello en persona?<br />
<br />
Akira apretaría demasiado el paño entre los dedos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No. Por ahí no vamos a empezar.</span></span><br />
<br />
Makey, instalado sobre una viga baja, lo observaría con atención.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y tú no estás autorizado a contarle nada. Por si acaso se te ocurre intentarlo.</span></span><br />
<br />
El gato bostezaría.<br />
<br />
Akira terminaría riéndose y lanzaría el paño usado dentro del cubo.<br />
<br />
Para cuando el dojo quedara limpio, el sol habría avanzado lo suficiente para iluminar el jardín interior. Akira se lavaría las manos, prepararía algo sencillo para comer y dejaría una nueva porción de pescado para su compañero. Después de recogerlo todo, se dirigiría finalmente al estudio.<br />
<br />
Allí lo esperaban una mesa despejada, un tintero, varios pinceles y una pila de papel nuevo.<br />
<br />
Se sentaría frente al escritorio.<br />
<br />
Por primera vez aquella mañana, no tendría ninguna tarea pendiente que pudiera utilizar como excusa.<br />
<br />
Akira tomaría una hoja y escribiría el nombre de la joven en la parte superior.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Asuna.</span><br />
<br />
Lo contemplaría durante un largo rato.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bien. Empezamos bien.</span></span><br />
<br />
Apoyaría la punta del pincel sobre el papel.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Quería decirte que…</span><br />
<br />
Se detendría.<br />
<br />
La tinta formaría una pequeña mancha bajo la punta inmóvil. Akira frunciría el ceño y releería aquellas palabras.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Que qué? ¿Que quiero invitarte a entrenar? Ya lo he hecho. ¿Que quiero hablar contigo? Eso también sería bastante evidente, considerando que estoy escribiéndote una carta.</span></span><br />
<br />
Desde el borde del escritorio, Makey lo observaría con la cabeza ligeramente inclinada.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me mires así. Si tienes una propuesta mejor, soy todo oídos.</span></span><br />
<br />
El gato soltaría un maullido.<br />
<br />
Akira asentiría lentamente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Claro. Conciso y directo. Qué gran consejo.</span></span><br />
<br />
Arrugaría la hoja entre ambas manos. El papel crujiría antes de terminar convertido en una bola que aterrizaría junto a la pata de la mesa.<br />
<br />
Tomaría otra.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Asuna, hay algo que llevo un tiempo queriendo decirte.</span><br />
<br />
Esta vez la frase parecería resistir unos segundos más. Akira incluso llegaría a asentir, satisfecho, antes de continuar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Desde que comenzamos a entrenar juntos, he descubierto que…</span><br />
<br />
El pincel se detendría nuevamente.<br />
<br />
Descubierto qué. Que era buena con el ninjutsu. Que disfrutaba de su compañía. Que últimamente encontraba excusas para recordar conversaciones que, en otro momento, habría dejado pasar sin pensarlo dos veces.<br />
<br />
Todo aquello era cierto, pero escrito sobre el papel adquiría una gravedad que le resultaba difícil soportar.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Parece un informe de evaluación.</span></span><br />
<br />
Makey maullaría desde el escritorio.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, tampoco voy a escribir que eres competente en combate y que tu presencia mejora la moral de la escuadra. No estoy redactando una recomendación para ascenderte.</span></span><br />
<br />
La segunda hoja acabaría arrugada junto a la primera.<br />
<br />
A media mañana, el suelo alrededor del escritorio comenzaría a llenarse de pequeñas bolas de papel. Algunas llevarían frases incompletas; otras, apenas unas pocas palabras tachadas con demasiada fuerza. Akira intentaría ignorarlas mientras comenzaba una tercera versión, pero cada vez que levantaba la vista encontraba otra señal de su incapacidad para resolver algo que, en teoría, solo requería sinceridad.<br />
<br />
Unos golpes discretos sonarían en la puerta.<br />
<br />
Akira alzaría la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Adelante.</span></span><br />
<br />
Uno de los sirvientes de la residencia entraría con una bandeja de agua fresca y un pequeño recipiente limpio para la tinta. Su mirada pasaría fugazmente por el escritorio y por los papeles arrugados que comenzaban a invadir el suelo. No haría comentario alguno. Dejaría la bandeja en un extremo despejado y sustituiría el recipiente de tinta antes de inclinar la cabeza.<br />
<br />
—¿Necesita alguna otra cosa, Akira-sama?<br />
<br />
El Chūnin miraría el escritorio, después al sirviente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Papel. Mucho papel, al parecer.</span></span><br />
<br />
El hombre observaría la hoja que esperaba frente a Akira.<br />
<br />
—Tenemos más en el almacén, Akira-sama.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Menos mal. Empiezo a sospechar que voy a necesitarlos todos.</span></span><br />
<br />
El sirviente no sonreiría abiertamente, aunque una ligera distensión alrededor de sus ojos sugeriría que había comprendido algo de la situación. Se limitaría a dejar un pequeño paquete de pergaminos nuevos junto al tintero.<br />
<br />
Antes de retirarse, miraría una vez más la hoja a medio escribir.<br />
<br />
—A veces, Akira-sama, empezar por lo más sencillo permite encontrar el resto de las palabras.<br />
<br />
El joven levantaría la mirada, pero el hombre ya estaría inclinándose para despedirse.<br />
<br />
—Si necesita algo más, estaré en el corredor.<br />
<br />
La puerta se cerraría suavemente tras él.<br />
<br />
Akira contemplaría el paquete de pergaminos durante varios segundos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Empezar por lo más sencillo…</span></span><br />
<br />
Repetiría la frase en voz baja, probándola como si fuera una estrategia nueva.<br />
<br />
Makey saltaría sobre la mesa y se sentaría junto a la hoja, con la cola recogida alrededor de las patas.<br />
<br />
Akira lo miraría de reojo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni se te ocurra sentarte encima de esta. Es mi última oportunidad antes de que tenga que pedirle al sirviente que compre papel por toneladas.</span></span><br />
<br />
El gato parpadearía.<br />
<br />
Esta vez, Akira no arrugaría la hoja inmediatamente.<br />
<br />
Tomaría el pincel, lo sumergiría en la tinta y permanecería unos segundos con la mirada fija en el espacio vacío.<br />
<br />
Afuera, la mañana continuaría avanzando.<br />
<br />
Y en el estudio de Akira Hyūga, entre las primeras bolas de papel y el consejo de un sirviente que no había preguntado demasiado, comenzaría el intento más difícil de toda su jornada: encontrar una manera sencilla de decir algo que, para él, no tenía absolutamente nada de sencillo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El primer rayo de sol atravesaría los marcos de madera de la habitación, proyectando una línea dorada sobre el tatami. Akira abriría los ojos lentamente, permaneciendo unos instantes boca arriba mientras su mirada recorría las vigas del techo. A su lado, Makey estiraría las patas delanteras y arquearía el lomo, soltando un maullido que tendría más de reclamación que de saludo.<br />
<br />
El Hyūga giraría la cabeza hacia él. El ojo cian del felino captaría la claridad de la ventana, mientras el violeta permanecería entrecerrado, todavía poco dispuesto a abandonar la comodidad del futón.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Buenos días para ti también, holgazán. Aunque, por lo que veo, somos dos los que no tenemos intención de levantarnos a una hora decente.</span></span><br />
<br />
Makey respondería con otro maullido y se acomodaría sobre la manta.<br />
<br />
Akira soltaría una risa por la nariz antes de incorporarse.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, sí. Quédate ahí. Yo me encargaré de todo, como siempre.</span></span><br />
<br />
El gato cerraría los ojos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Al menos podrías fingir que te importa mi sufrimiento.</span></span><br />
<br />
Sin esperar respuesta, se deslizaría fuera del futón y apoyaría los pies descalzos sobre la madera fría. Recogería la ropa que había dejado preparada la noche anterior y se dirigiría al baño, donde el agua caliente terminaría de despejarle la cabeza. Durante unos minutos se permitiría disfrutar de aquel pequeño lujo cotidiano: el vapor empañando las superficies, el sonido constante del agua y la tranquilidad de no tener que responder a nadie.<br />
<br />
Hasta que apareció Asuna en sus pensamientos.<br />
<br />
Akira cerraría los ojos bajo el agua.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es una carta, no una declaración de guerra.</span></span><br />
<br />
Permanecería inmóvil unos segundos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aunque, pensándolo bien, preferiría enfrentarme a una declaración de guerra.</span></span><br />
<br />
Sacudiría la cabeza, como si pudiera expulsar aquella idea junto con el agua que le resbalaba por el rostro.<br />
<br />
Al salir, se vestiría y regresaría a la habitación. Makey ya habría abandonado el futón para sentarse junto al perchero, observándolo con sus dos ojos dispares y la cola envuelta alrededor de las patas.<br />
<br />
Akira se detendría frente a él.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni se te ocurra empezar. Hoy tengo cosas importantes que hacer.</span></span><br />
<br />
El gato parpadearía lentamente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Más importantes que conseguirte pescado. No pongas esa cara.</span></span><br />
<br />
Un maullido.<br />
<br />
Akira suspiraría.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tengo que escribirle una carta a Asuna.</span></span><br />
<br />
Makey ladeó la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, una carta. De esas que llevan palabras. Muchas palabras, aparentemente, porque todavía no he conseguido encontrar las adecuadas.</span></span><br />
<br />
El felino se levantaría y comenzaría a lavarse una pata.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Gracias por tu apoyo. Siempre es agradable contar contigo en momentos difíciles.</span></span><br />
<br />
<br />
<br />
El desayuno consistiría en arroz, pescado a la plancha y una porción adicional que terminaría en el plato de Makey. Akira comería apoyado junto a la mesa baja, alternando bocados con miradas distraídas hacia la ventana. En más de una ocasión descubriría que llevaba varios minutos con los palillos suspendidos sobre el cuenco, sin haber decidido todavía qué quería comer a continuación.<br />
<br />
El gato terminaría su ración y se frotaría contra su tobillo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Ya terminaste? Claro. Qué sorpresa.</span></span><br />
<br />
Akira depositaría los palillos y recogería los recipientes.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bueno, al menos uno de los dos sabe qué quiere.</span></span><br />
<br />
La limpieza del dojo ocuparía buena parte de la mañana. Barrería el suelo, retiraría el polvo acumulado entre las tablas y pasaría un paño húmedo por la madera. Después comprobaría los soportes de los muñecos de entrenamiento y devolvería cada utensilio a su lugar. El trabajo físico tendría la virtud de mantener las manos ocupadas, aunque no siempre consiguiera lo mismo con su cabeza.<br />
<br />
Mientras enderezaba uno de los soportes, se descubriría imaginando cómo reaccionaría Asuna al recibir la carta.<br />
<br />
¿Sonreiría? ¿Se reiría de él? ¿Le preguntaría por qué no había tenido el valor de decirle aquello en persona?<br />
<br />
Akira apretaría demasiado el paño entre los dedos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No. Por ahí no vamos a empezar.</span></span><br />
<br />
Makey, instalado sobre una viga baja, lo observaría con atención.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y tú no estás autorizado a contarle nada. Por si acaso se te ocurre intentarlo.</span></span><br />
<br />
El gato bostezaría.<br />
<br />
Akira terminaría riéndose y lanzaría el paño usado dentro del cubo.<br />
<br />
Para cuando el dojo quedara limpio, el sol habría avanzado lo suficiente para iluminar el jardín interior. Akira se lavaría las manos, prepararía algo sencillo para comer y dejaría una nueva porción de pescado para su compañero. Después de recogerlo todo, se dirigiría finalmente al estudio.<br />
<br />
Allí lo esperaban una mesa despejada, un tintero, varios pinceles y una pila de papel nuevo.<br />
<br />
Se sentaría frente al escritorio.<br />
<br />
Por primera vez aquella mañana, no tendría ninguna tarea pendiente que pudiera utilizar como excusa.<br />
<br />
Akira tomaría una hoja y escribiría el nombre de la joven en la parte superior.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Asuna.</span><br />
<br />
Lo contemplaría durante un largo rato.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bien. Empezamos bien.</span></span><br />
<br />
Apoyaría la punta del pincel sobre el papel.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Quería decirte que…</span><br />
<br />
Se detendría.<br />
<br />
La tinta formaría una pequeña mancha bajo la punta inmóvil. Akira frunciría el ceño y releería aquellas palabras.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Que qué? ¿Que quiero invitarte a entrenar? Ya lo he hecho. ¿Que quiero hablar contigo? Eso también sería bastante evidente, considerando que estoy escribiéndote una carta.</span></span><br />
<br />
Desde el borde del escritorio, Makey lo observaría con la cabeza ligeramente inclinada.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me mires así. Si tienes una propuesta mejor, soy todo oídos.</span></span><br />
<br />
El gato soltaría un maullido.<br />
<br />
Akira asentiría lentamente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Claro. Conciso y directo. Qué gran consejo.</span></span><br />
<br />
Arrugaría la hoja entre ambas manos. El papel crujiría antes de terminar convertido en una bola que aterrizaría junto a la pata de la mesa.<br />
<br />
Tomaría otra.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Asuna, hay algo que llevo un tiempo queriendo decirte.</span><br />
<br />
Esta vez la frase parecería resistir unos segundos más. Akira incluso llegaría a asentir, satisfecho, antes de continuar.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Desde que comenzamos a entrenar juntos, he descubierto que…</span><br />
<br />
El pincel se detendría nuevamente.<br />
<br />
Descubierto qué. Que era buena con el ninjutsu. Que disfrutaba de su compañía. Que últimamente encontraba excusas para recordar conversaciones que, en otro momento, habría dejado pasar sin pensarlo dos veces.<br />
<br />
Todo aquello era cierto, pero escrito sobre el papel adquiría una gravedad que le resultaba difícil soportar.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Parece un informe de evaluación.</span></span><br />
<br />
Makey maullaría desde el escritorio.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, tampoco voy a escribir que eres competente en combate y que tu presencia mejora la moral de la escuadra. No estoy redactando una recomendación para ascenderte.</span></span><br />
<br />
La segunda hoja acabaría arrugada junto a la primera.<br />
<br />
A media mañana, el suelo alrededor del escritorio comenzaría a llenarse de pequeñas bolas de papel. Algunas llevarían frases incompletas; otras, apenas unas pocas palabras tachadas con demasiada fuerza. Akira intentaría ignorarlas mientras comenzaba una tercera versión, pero cada vez que levantaba la vista encontraba otra señal de su incapacidad para resolver algo que, en teoría, solo requería sinceridad.<br />
<br />
Unos golpes discretos sonarían en la puerta.<br />
<br />
Akira alzaría la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Adelante.</span></span><br />
<br />
Uno de los sirvientes de la residencia entraría con una bandeja de agua fresca y un pequeño recipiente limpio para la tinta. Su mirada pasaría fugazmente por el escritorio y por los papeles arrugados que comenzaban a invadir el suelo. No haría comentario alguno. Dejaría la bandeja en un extremo despejado y sustituiría el recipiente de tinta antes de inclinar la cabeza.<br />
<br />
—¿Necesita alguna otra cosa, Akira-sama?<br />
<br />
El Chūnin miraría el escritorio, después al sirviente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Papel. Mucho papel, al parecer.</span></span><br />
<br />
El hombre observaría la hoja que esperaba frente a Akira.<br />
<br />
—Tenemos más en el almacén, Akira-sama.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Menos mal. Empiezo a sospechar que voy a necesitarlos todos.</span></span><br />
<br />
El sirviente no sonreiría abiertamente, aunque una ligera distensión alrededor de sus ojos sugeriría que había comprendido algo de la situación. Se limitaría a dejar un pequeño paquete de pergaminos nuevos junto al tintero.<br />
<br />
Antes de retirarse, miraría una vez más la hoja a medio escribir.<br />
<br />
—A veces, Akira-sama, empezar por lo más sencillo permite encontrar el resto de las palabras.<br />
<br />
El joven levantaría la mirada, pero el hombre ya estaría inclinándose para despedirse.<br />
<br />
—Si necesita algo más, estaré en el corredor.<br />
<br />
La puerta se cerraría suavemente tras él.<br />
<br />
Akira contemplaría el paquete de pergaminos durante varios segundos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Empezar por lo más sencillo…</span></span><br />
<br />
Repetiría la frase en voz baja, probándola como si fuera una estrategia nueva.<br />
<br />
Makey saltaría sobre la mesa y se sentaría junto a la hoja, con la cola recogida alrededor de las patas.<br />
<br />
Akira lo miraría de reojo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni se te ocurra sentarte encima de esta. Es mi última oportunidad antes de que tenga que pedirle al sirviente que compre papel por toneladas.</span></span><br />
<br />
El gato parpadearía.<br />
<br />
Esta vez, Akira no arrugaría la hoja inmediatamente.<br />
<br />
Tomaría el pincel, lo sumergiría en la tinta y permanecería unos segundos con la mirada fija en el espacio vacío.<br />
<br />
Afuera, la mañana continuaría avanzando.<br />
<br />
Y en el estudio de Akira Hyūga, entre las primeras bolas de papel y el consejo de un sirviente que no había preguntado demasiado, comenzaría el intento más difícil de toda su jornada: encontrar una manera sencilla de decir algo que, para él, no tenía absolutamente nada de sencillo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Autonarrada - Rango D] Una Sombra en el Tejado]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15130</link>
			<pubDate>Sun, 11 Oct 2026 18:36:11 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=827">Natsu Ashida</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15130</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Verano 48 del Año 150<br />
Konohagakure no Sato – Zona Residencial<br />
<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15076" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Petición de la Misión</a></div>
<br />
Cuando me explicaron el motivo de la misión, no pude evitar preguntarme si de verdad hacía falta enviar a un shinobi para investigar algo así. Un vecino de la zona residencial aseguraba haber visto una figura moviéndose por los tejados durante las últimas noches. No había desaparecido nada, nadie había encontrado daños en sus casas y tampoco se habían registrado otros incidentes. Simplemente había alguien paseándose por los techos cuando todos deberían estar durmiendo.<br />
<br />
Aun así, si alguien se había tomado la molestia de informar sobre aquello, supuse que lo mejor sería averiguar qué estaba pasando. Después de todo, tampoco tenía sentido esperar a que ocurriera algo malo para empezar a preocuparse.<br />
<br />
Así que, al caer la noche, me dirigí a la zona residencial para hablar con el vecino que había solicitado la investigación. El hombre me recibió en la entrada de su casa y me explicó lo que había visto con un poco más de detalle. Según él, la figura solía aparecer a una hora parecida, cruzaba un par de tejados y desaparecía entre las casas antes de que pudiera distinguir su rostro. No sabía si se trataba de un ladrón, pero le preocupaba que alguien estuviera merodeando tan cerca de las habitaciones de los residentes.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y nunca has intentado hablar con él? –</span> Pregunté.<br />
<br />
El hombre me miró como si acabara de decir una tontería.<br />
<br />
<span style="color: #1E92F7;" class="mycode_color">– ¿A esas horas de la noche? ¡Ni siquiera sé quién es! –</span> Exclamó.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Ya... –</span> Me crucé de brazos y me quedé pensando durante un instante. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Bueno, no te preocupes! ¡Iré a averiguar quién es!</span><br />
<br />
Con eso, me despedí del vecino y comencé a recorrer las calles cercanas, procurando no llamar demasiado la atención. Si aquella persona llevaba varias noches haciendo lo mismo, lo más probable era que volviera a aparecer. Solo tenía que esperar un poco y mantener los ojos abiertos.<br />
<br />
Al principio no ocurrió absolutamente nada.<br />
<br />
Las casas permanecían en silencio, iluminadas de vez en cuando por la luz que escapaba de alguna ventana. Los pocos vecinos que todavía caminaban por la calle fueron desapareciendo poco a poco, mientras los sonidos habituales de la aldea dejaban paso al canto de los insectos y al ocasional ladrido de algún perro.<br />
<br />
Yo, por mi parte, comenzaba a impacientarme.<br />
<br />
Estar quieto durante tanto tiempo no era precisamente mi actividad favorita, y tampoco ayudaba que el asunto pareciera demasiado sencillo como para necesitar tantas vueltas. Si alguien estaba saltando de tejado en tejado, ¿por qué no aparecía de una vez?<br />
<br />
Me apoyé contra una pared y crucé los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Por qué siento que me han tomado el pelo...? –</span> Murmuré, aburrido.<br />
<br />
Y, como si hubiera escuchado mi queja, algo se movió sobre una de las casas cercanas.<br />
<br />
Levanté la cabeza inmediatamente. Una silueta acababa de cruzar el tejado, agachándose durante un instante antes de saltar hacia la siguiente vivienda. El movimiento fue rápido, pero alcancé a distinguir su figura contra el cielo nocturno.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Ahí estás!</span>" –</span> Pensé, aliviado de comprobar que el vecino no se lo había inventado.<br />
<br />
Me separé de la pared y eché a correr hacia el callejón más cercano, buscando una manera de subir sin tener que atravesar la casa de nadie. Encontré una escalera apoyada contra un cobertizo y trepé hasta alcanzar un tejado bajo. Desde allí pude ver a la figura avanzando entre las casas, justo como había descrito el vecino.<br />
<br />
No parecía tener demasiada prisa, pero tampoco se detenía durante mucho tiempo en un mismo sitio.<br />
<br />
Comencé a seguirla, procurando mantener cierta distancia. No era que tuviera una gran experiencia vigilando desconocidos desde los tejados, pero al menos sabía saltar de un lugar a otro sin caerme de inmediato. Además, no quería que aquella persona se diera cuenta de que la estaba siguiendo antes de averiguar qué hacía allí.<br />
<br />
El recorrido nos llevó por encima de varias viviendas hasta llegar a una construcción más antigua, situada en la parte trasera de una de las casas. La figura descendió hasta un pequeño alero y desapareció detrás de una estructura de madera.<br />
<br />
Me detuve sobre el tejado contiguo.<br />
<br />
¿Adónde se había metido?<br />
<br />
Me acerqué un poco más, prestando atención a los sonidos que venían de abajo. Al principio solo escuché un leve roce, como si alguien estuviera acomodando algo en el suelo. Después, un maullido rompió el silencio.<br />
<br />
Parpadeé.<br />
<br />
¿Un gato?<br />
<br />
Antes de que pudiera sacar una conclusión, la figura volvió a moverse. Esta vez pude distinguir mejor su tamaño y la forma en que cargaba una pequeña bolsa a un costado. No parecía llevar nada parecido a un arma, aunque tampoco podía asegurarlo desde donde estaba.<br />
<br />
Decidí dejar de perder el tiempo. Me impulsé desde el borde del tejado y aterricé sobre el alero, a poca distancia de aquella persona.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Oye! –</span> Le llamé.<br />
<br />
La figura dio un respingo tan brusco que casi dejó caer la bolsa. Cuando se giró hacia mí, descubrí que no era ningún adulto misterioso, sino un muchacho de unos doce años, con el cabello revuelto y la cara completamente pálida por el susto.<br />
<br />
Nos quedamos mirando durante unos segundos.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Qué demonios haces aquí a estas horas? –</span> Pregunté, señalando el tejado con una mano.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡Yo no he robado nada! –</span> Respondió el chico de inmediato, apretando la bolsa contra su pecho.<br />
<br />
Fruncí el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Ni siquiera te he preguntado eso!</span><br />
<br />
El muchacho pareció darse cuenta de que había hablado demasiado rápido. Bajó un poco la mirada y comenzó a juguetear nerviosamente con el borde de la bolsa.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– Es que... pensé que eras alguien que venía a atraparme. –</span> Admitió.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Bueno, no te equivocas del todo. –</span> Respondí, apoyando ambas manos en las caderas. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Me mandaron a investigar quién anda por los tejados durante la noche.</span><br />
<br />
Al escuchar aquello, el muchacho terminó de encogerse sobre sí mismo.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– Pero no estoy haciendo nada malo...</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Eso ya lo veremos. –</span> Dije, sonriendo de lado con cierta malicia. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Por qué estás subiendo a las casas? ¿Y qué llevas ahí?</span><br />
<br />
Durante un momento pensé que intentaría inventarse alguna excusa, pero terminó suspirando y abrió un poco la bolsa para mostrarme su contenido. Dentro había un pequeño recipiente con agua y varios trozos de pescado.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Hmm... –</span> Miré la bolsa y después al muchacho. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Vienes a cenar aquí arriba? –</span> Pregunté.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡No! –</span> Exclamó, negando rápidamente con la cabeza. <span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡Es para la gata!</span><br />
<br />
Señaló con el dedo hacia la estructura de madera por la que había desaparecido antes. Al otro lado, escondida entre unas vigas y el alero, se encontraba una gata de pelaje oscuro. A su alrededor había dos pequeños bultos que no tardé en reconocer como un par de gatitos. La madre nos observaba con cautela, protegiendo a sus crías mientras mantenía las orejas levantadas.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Oh... –</span> Ahora empezaba a tener sentido.<br />
<br />
El muchacho me explicó que había encontrado a la gata varios días atrás, cuando escuchó maullidos procedentes de aquella casa desocupada. Al acercarse, descubrió que el animal había tenido crías en un hueco bajo el tejado y que parecía asustarse cada vez que alguien intentaba aproximarse demasiado. Desde entonces, había estado llevándole agua y comida durante las noches, cuando había menos gente en las calles y la gata se atrevía a salir.<br />
<br />
Como no había una manera sencilla de alcanzar aquel rincón desde el suelo, había empezado a utilizar los tejados para llegar hasta allí. El problema era que no se lo había contado a nadie, y mucho menos a los vecinos que podían verlo pasar de una casa a otra.<br />
<br />
Me quedé callado unos segundos.<br />
<br />
Así que aquella figura misteriosa no estaba robando, espiando ni preparando alguna clase de sabotaje. Solo era un muchacho que había decidido alimentar a unos gatos callejeros sin pensar demasiado en lo que los demás podían imaginar al verlo.<br />
<br />
Me rasqué la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y no se te ocurrió avisar a alguien?</span><br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡No quería que echaran a la gata! Además, pensé que podía hacerlo yo solo...</span><br />
<br />
Miré hacia el borde del tejado y después volví a mirarlo.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Pues podrías haberte caído tú también, ¿sabes?</span><br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– Pero...</span><br />
<br />
El muchacho no añadió nada más y bajó la mirada. Yo solté un suspiro. Al fin y al cabo, solo había intentado ayudar a la gata, aunque su manera de hacerlo fuera bastante peligrosa.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Mira, podemos buscar otra manera. –</span> Dije, volviendo a mirar hacia el hueco. La gata había comenzado a acercarse a la comida, aunque todavía nos observaba de reojo. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Mmm... Tengo una idea.</span><br />
<br />
Con cuidado, me agaché y dejé que el muchacho colocara el recipiente de comida en un rincón accesible, sin intentar sacar a los animales a la fuerza. Después le indiqué que bajáramos y buscáramos al vecino que vivía junto a aquella casa. Si explicábamos lo ocurrido, quizá pudiera ayudarnos a encontrar una forma segura de dejarles comida y agua sin que nadie tuviera que subir a los tejados.<br />
<br />
El muchacho aceptó, aunque antes de marcharse volvió a mirar a los gatitos.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¿Crees que estarán bien?</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Claro! –</span> Respondí con más seguridad de la que realmente tenía. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Solo tenemos que asegurarnos de que puedan quedarse ahí sin que tengas que arriesgar el cuello cada noche.</span><br />
<br />
Una vez abajo, encontramos al vecino y le explicamos lo sucedido. Al principio pareció sorprendido al enterarse de que la misteriosa figura era solamente un muchacho del barrio, pero, cuando vio a los gatitos desde un lugar seguro, su expresión cambió. Acordó ayudar a buscar una solución para alimentar a la gata y sus crías sin molestar a los residentes ni poner a nadie en peligro.<br />
<br />
El muchacho prometió dejar de cruzar los tejados sin permiso, y yo me aseguré de que el vecino entendiera que no había ningún ladrón rondando por la zona.<br />
<br />
Con todo aclarado, me despedí de ambos y regresé para dar por concluida la misión.<br />
<br />
Al final, la supuesta amenaza no había sido más que un niño tratando de ayudar a unos animales abandonados. Una intención bastante buena, aunque su manera de llevarla a cabo hubiera terminado preocupando a medio vecindario.<br />
<br />
Me estiré un poco mientras caminaba de regreso, satisfecho de haber resuelto el asunto sin mayores problemas.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font"><div style="text-align: right;" class="mycode_align">Verano 48 del Año 150<br />
Konohagakure no Sato – Zona Residencial<br />
<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15076" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Petición de la Misión</a></div>
<br />
Cuando me explicaron el motivo de la misión, no pude evitar preguntarme si de verdad hacía falta enviar a un shinobi para investigar algo así. Un vecino de la zona residencial aseguraba haber visto una figura moviéndose por los tejados durante las últimas noches. No había desaparecido nada, nadie había encontrado daños en sus casas y tampoco se habían registrado otros incidentes. Simplemente había alguien paseándose por los techos cuando todos deberían estar durmiendo.<br />
<br />
Aun así, si alguien se había tomado la molestia de informar sobre aquello, supuse que lo mejor sería averiguar qué estaba pasando. Después de todo, tampoco tenía sentido esperar a que ocurriera algo malo para empezar a preocuparse.<br />
<br />
Así que, al caer la noche, me dirigí a la zona residencial para hablar con el vecino que había solicitado la investigación. El hombre me recibió en la entrada de su casa y me explicó lo que había visto con un poco más de detalle. Según él, la figura solía aparecer a una hora parecida, cruzaba un par de tejados y desaparecía entre las casas antes de que pudiera distinguir su rostro. No sabía si se trataba de un ladrón, pero le preocupaba que alguien estuviera merodeando tan cerca de las habitaciones de los residentes.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y nunca has intentado hablar con él? –</span> Pregunté.<br />
<br />
El hombre me miró como si acabara de decir una tontería.<br />
<br />
<span style="color: #1E92F7;" class="mycode_color">– ¿A esas horas de la noche? ¡Ni siquiera sé quién es! –</span> Exclamó.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Ya... –</span> Me crucé de brazos y me quedé pensando durante un instante. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Bueno, no te preocupes! ¡Iré a averiguar quién es!</span><br />
<br />
Con eso, me despedí del vecino y comencé a recorrer las calles cercanas, procurando no llamar demasiado la atención. Si aquella persona llevaba varias noches haciendo lo mismo, lo más probable era que volviera a aparecer. Solo tenía que esperar un poco y mantener los ojos abiertos.<br />
<br />
Al principio no ocurrió absolutamente nada.<br />
<br />
Las casas permanecían en silencio, iluminadas de vez en cuando por la luz que escapaba de alguna ventana. Los pocos vecinos que todavía caminaban por la calle fueron desapareciendo poco a poco, mientras los sonidos habituales de la aldea dejaban paso al canto de los insectos y al ocasional ladrido de algún perro.<br />
<br />
Yo, por mi parte, comenzaba a impacientarme.<br />
<br />
Estar quieto durante tanto tiempo no era precisamente mi actividad favorita, y tampoco ayudaba que el asunto pareciera demasiado sencillo como para necesitar tantas vueltas. Si alguien estaba saltando de tejado en tejado, ¿por qué no aparecía de una vez?<br />
<br />
Me apoyé contra una pared y crucé los brazos.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Por qué siento que me han tomado el pelo...? –</span> Murmuré, aburrido.<br />
<br />
Y, como si hubiera escuchado mi queja, algo se movió sobre una de las casas cercanas.<br />
<br />
Levanté la cabeza inmediatamente. Una silueta acababa de cruzar el tejado, agachándose durante un instante antes de saltar hacia la siguiente vivienda. El movimiento fue rápido, pero alcancé a distinguir su figura contra el cielo nocturno.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Ahí estás!</span>" –</span> Pensé, aliviado de comprobar que el vecino no se lo había inventado.<br />
<br />
Me separé de la pared y eché a correr hacia el callejón más cercano, buscando una manera de subir sin tener que atravesar la casa de nadie. Encontré una escalera apoyada contra un cobertizo y trepé hasta alcanzar un tejado bajo. Desde allí pude ver a la figura avanzando entre las casas, justo como había descrito el vecino.<br />
<br />
No parecía tener demasiada prisa, pero tampoco se detenía durante mucho tiempo en un mismo sitio.<br />
<br />
Comencé a seguirla, procurando mantener cierta distancia. No era que tuviera una gran experiencia vigilando desconocidos desde los tejados, pero al menos sabía saltar de un lugar a otro sin caerme de inmediato. Además, no quería que aquella persona se diera cuenta de que la estaba siguiendo antes de averiguar qué hacía allí.<br />
<br />
El recorrido nos llevó por encima de varias viviendas hasta llegar a una construcción más antigua, situada en la parte trasera de una de las casas. La figura descendió hasta un pequeño alero y desapareció detrás de una estructura de madera.<br />
<br />
Me detuve sobre el tejado contiguo.<br />
<br />
¿Adónde se había metido?<br />
<br />
Me acerqué un poco más, prestando atención a los sonidos que venían de abajo. Al principio solo escuché un leve roce, como si alguien estuviera acomodando algo en el suelo. Después, un maullido rompió el silencio.<br />
<br />
Parpadeé.<br />
<br />
¿Un gato?<br />
<br />
Antes de que pudiera sacar una conclusión, la figura volvió a moverse. Esta vez pude distinguir mejor su tamaño y la forma en que cargaba una pequeña bolsa a un costado. No parecía llevar nada parecido a un arma, aunque tampoco podía asegurarlo desde donde estaba.<br />
<br />
Decidí dejar de perder el tiempo. Me impulsé desde el borde del tejado y aterricé sobre el alero, a poca distancia de aquella persona.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Oye! –</span> Le llamé.<br />
<br />
La figura dio un respingo tan brusco que casi dejó caer la bolsa. Cuando se giró hacia mí, descubrí que no era ningún adulto misterioso, sino un muchacho de unos doce años, con el cabello revuelto y la cara completamente pálida por el susto.<br />
<br />
Nos quedamos mirando durante unos segundos.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Qué demonios haces aquí a estas horas? –</span> Pregunté, señalando el tejado con una mano.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡Yo no he robado nada! –</span> Respondió el chico de inmediato, apretando la bolsa contra su pecho.<br />
<br />
Fruncí el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Ni siquiera te he preguntado eso!</span><br />
<br />
El muchacho pareció darse cuenta de que había hablado demasiado rápido. Bajó un poco la mirada y comenzó a juguetear nerviosamente con el borde de la bolsa.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– Es que... pensé que eras alguien que venía a atraparme. –</span> Admitió.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Bueno, no te equivocas del todo. –</span> Respondí, apoyando ambas manos en las caderas. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Me mandaron a investigar quién anda por los tejados durante la noche.</span><br />
<br />
Al escuchar aquello, el muchacho terminó de encogerse sobre sí mismo.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– Pero no estoy haciendo nada malo...</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Eso ya lo veremos. –</span> Dije, sonriendo de lado con cierta malicia. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Por qué estás subiendo a las casas? ¿Y qué llevas ahí?</span><br />
<br />
Durante un momento pensé que intentaría inventarse alguna excusa, pero terminó suspirando y abrió un poco la bolsa para mostrarme su contenido. Dentro había un pequeño recipiente con agua y varios trozos de pescado.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Hmm... –</span> Miré la bolsa y después al muchacho. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Vienes a cenar aquí arriba? –</span> Pregunté.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡No! –</span> Exclamó, negando rápidamente con la cabeza. <span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡Es para la gata!</span><br />
<br />
Señaló con el dedo hacia la estructura de madera por la que había desaparecido antes. Al otro lado, escondida entre unas vigas y el alero, se encontraba una gata de pelaje oscuro. A su alrededor había dos pequeños bultos que no tardé en reconocer como un par de gatitos. La madre nos observaba con cautela, protegiendo a sus crías mientras mantenía las orejas levantadas.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Oh... –</span> Ahora empezaba a tener sentido.<br />
<br />
El muchacho me explicó que había encontrado a la gata varios días atrás, cuando escuchó maullidos procedentes de aquella casa desocupada. Al acercarse, descubrió que el animal había tenido crías en un hueco bajo el tejado y que parecía asustarse cada vez que alguien intentaba aproximarse demasiado. Desde entonces, había estado llevándole agua y comida durante las noches, cuando había menos gente en las calles y la gata se atrevía a salir.<br />
<br />
Como no había una manera sencilla de alcanzar aquel rincón desde el suelo, había empezado a utilizar los tejados para llegar hasta allí. El problema era que no se lo había contado a nadie, y mucho menos a los vecinos que podían verlo pasar de una casa a otra.<br />
<br />
Me quedé callado unos segundos.<br />
<br />
Así que aquella figura misteriosa no estaba robando, espiando ni preparando alguna clase de sabotaje. Solo era un muchacho que había decidido alimentar a unos gatos callejeros sin pensar demasiado en lo que los demás podían imaginar al verlo.<br />
<br />
Me rasqué la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Y no se te ocurrió avisar a alguien?</span><br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¡No quería que echaran a la gata! Además, pensé que podía hacerlo yo solo...</span><br />
<br />
Miré hacia el borde del tejado y después volví a mirarlo.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Pues podrías haberte caído tú también, ¿sabes?</span><br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– Pero...</span><br />
<br />
El muchacho no añadió nada más y bajó la mirada. Yo solté un suspiro. Al fin y al cabo, solo había intentado ayudar a la gata, aunque su manera de hacerlo fuera bastante peligrosa.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Mira, podemos buscar otra manera. –</span> Dije, volviendo a mirar hacia el hueco. La gata había comenzado a acercarse a la comida, aunque todavía nos observaba de reojo. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Mmm... Tengo una idea.</span><br />
<br />
Con cuidado, me agaché y dejé que el muchacho colocara el recipiente de comida en un rincón accesible, sin intentar sacar a los animales a la fuerza. Después le indiqué que bajáramos y buscáramos al vecino que vivía junto a aquella casa. Si explicábamos lo ocurrido, quizá pudiera ayudarnos a encontrar una forma segura de dejarles comida y agua sin que nadie tuviera que subir a los tejados.<br />
<br />
El muchacho aceptó, aunque antes de marcharse volvió a mirar a los gatitos.<br />
<br />
<span style="color: #fff5b3;" class="mycode_color">– ¿Crees que estarán bien?</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Claro! –</span> Respondí con más seguridad de la que realmente tenía. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– Solo tenemos que asegurarnos de que puedan quedarse ahí sin que tengas que arriesgar el cuello cada noche.</span><br />
<br />
Una vez abajo, encontramos al vecino y le explicamos lo sucedido. Al principio pareció sorprendido al enterarse de que la misteriosa figura era solamente un muchacho del barrio, pero, cuando vio a los gatitos desde un lugar seguro, su expresión cambió. Acordó ayudar a buscar una solución para alimentar a la gata y sus crías sin molestar a los residentes ni poner a nadie en peligro.<br />
<br />
El muchacho prometió dejar de cruzar los tejados sin permiso, y yo me aseguré de que el vecino entendiera que no había ningún ladrón rondando por la zona.<br />
<br />
Con todo aclarado, me despedí de ambos y regresé para dar por concluida la misión.<br />
<br />
Al final, la supuesta amenaza no había sido más que un niño tratando de ayudar a unos animales abandonados. Una intención bastante buena, aunque su manera de llevarla a cabo hubiera terminado preocupando a medio vecindario.<br />
<br />
Me estiré un poco mientras caminaba de regreso, satisfecho de haber resuelto el asunto sin mayores problemas.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La llama del amor surge de la adversidad]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15100</link>
			<pubDate>Sat, 10 Oct 2026 18:41:35 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=764">Akira Hyuuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15100</guid>
			<description><![CDATA[El sonido de los impactos retumbaría por todo el dojo desde antes de que el sol terminara de ascender sobre los tejados de la residencia Hyūga. Cada golpe encontraría su objetivo con una precisión impecable, sacudiendo la estructura de madera hasta hacer crujir las articulaciones de sus extremidades. El responsable de aquella sesión de entrenamiento no parecía especialmente interesado en concederle descanso a su oponente. Después de todo, el mokujin no tenía piernas para huir, brazos para defenderse ni la suficiente dignidad para quejarse.<br />
<br />
Tampoco tenía una cara especialmente afortunada.<br />
<br />
Sobre la cabeza de la figura humanoide, alguien había pintado el rostro de Yugen Sarutobi con una generosa capa de maquillaje de payaso. La nariz roja, las mejillas exageradamente coloreadas y aquella sonrisa grotesca convertían al muñeco de entrenamiento en una de las visiones más desafortunadas que podía ofrecer el dojo principal de los Hyūga.<br />
<br />
Akira descargó un nuevo puñetazo contra su torso.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Maldita sea!</span></span><br />
<br />
El impacto hizo vibrar la madera.<br />
<br />
El joven retrocedió medio paso, reajustó la posición de los pies y volvió a lanzarse hacia delante. Un golpe al abdomen, otro al costado y un tercero dirigido a la cabeza pintada. Sus movimientos conservarían la fluidez y la velocidad que le habían valido el apodo del Tigre Blanco de Konoha. No había vacilaciones en sus desplazamientos, ni errores apreciables en la ejecución de las técnicas. Cada impacto encontraba un lugar preciso, cada retirada preparaba el siguiente avance y la estructura del mokujin crujía bajo una sucesión de golpes que habría hecho reconsiderar sus decisiones a más de un adversario.<br />
<br />
Pero el problema no estaba frente a él.<br />
<br />
El problema tenía cabello oscuro, ojos que podían tornarse rojos y una sonrisa que llevaba varios días apareciéndosele en la cabeza en los momentos menos oportunos.<br />
<br />
Akira giró sobre el talón y descargó una patada contra el muñeco.<br />
<br />
El golpe hizo que la cabeza pintada oscilara violentamente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, no, no. A ver, piensa un poco.</span></span><br />
<br />
Se apartó del mokujin, respirando por la nariz, y pasó una mano por su cabello, deshaciendo ligeramente el recogido que había preparado antes de empezar a entrenar.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es una chica. Una chica perfectamente normal. Has hablado con chicas antes. Has hablado con mujeres antes. Has hablado con... personas. Por todos los cielos, Akira, sabes mantener una conversación.</span></span><br />
<br />
El silencio del dojo le devolvió exactamente lo que cabía esperar de semejante discurso: nada.<br />
<br />
Desde una de las vigas superiores, Makey soltó un maullido.<br />
<br />
Akira alzó la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No empieces tú también.</span></span><br />
<br />
El gato descendió con la agilidad acostumbrada y aterrizó sobre una de las plataformas laterales, donde se sentó a lamerse una pata. El ojo violeta quedó medio oculto tras sus párpados, mientras el cian permanecía fijo en su dueño.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué quieres decir con que no parecía una conversación normal?</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
Akira se quedó mirándolo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Estábamos entrenando! ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Recitarle un poema entre golpe y golpe?</span></span><br />
<br />
Makey movió la cola una vez.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ah, claro. Ahora resulta que también eres experto en cortejo.</span></span><br />
<br />
El gato volvió a maullar.<br />
<br />
Akira apretó los labios, girando la cabeza hacia el mokujin como si aquella cara de payaso pudiera proporcionarle una respuesta más sensata.<br />
<br />
No la proporcionaría.<br />
<br />
El recuerdo de Asuna, en cambio, regresaría con una facilidad irritante. La manera en que se había sonrojado durante el entrenamiento, las palabras que había pronunciado con aquella timidez y, sobre todo, el instante en que había levantado la mirada para dirigirse a él. También recordaría sus dudas, la tensión que había mostrado al principio y el esfuerzo que había hecho para superar sus propias reservas y atacar.<br />
<br />
¿Significaba algo?<br />
<br />
Quizá.<br />
<br />
O quizá no.<br />
<br />
Tal vez se había sonrojado por la vergüenza de haber dejado huellas sobre la madera. Quizá solo estaba nerviosa por encontrarse entrenando en una residencia ajena con alguien de su rango. También podía ser que aquella sonrisa hubiera sido simple agradecimiento por sus palabras, y no una señal de que le interesaba en absoluto.<br />
<br />
Akira frunció el ceño.<br />
<br />
El gran ojo blanco de los Hyūga podía revelar los canales de chakra, los tenketsu, las variaciones en el flujo de energía y hasta los movimientos más sutiles del cuerpo de un adversario. Podía analizar una postura, calcular una trayectoria y descubrir una abertura antes de que su oponente supiera que la había dejado expuesta.<br />
<br />
Pero aquello...<br />
<br />
Aquello era una maldita broma del universo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Puedo ver prácticamente todo lo que ocurre dentro del cuerpo de una persona, pero basta con que una chica me mire de determinada manera para que empiece a cuestionarme hasta el apellido.</span></span><br />
<br />
Makey respondió con un maullido particularmente prolongado.<br />
<br />
Akira giró lentamente la cabeza hacia él.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No. El Byakugan no sirve para esas cosas. Ya lo he comprobado.</span></span><br />
<br />
El gato ladeó la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me mires así. No voy a activar el dōjutsu delante de ella para comprobar si le gusto. ¿Qué clase de idiota haría algo semejante?</span></span><br />
<br />
Makey parpadeó.<br />
<br />
Akira guardó silencio.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No contestes. No quiero saberlo.</span></span><br />
<br />
Una risa incrédula escapó de sus labios. Se llevó ambas manos a la cara y se frotó los ojos, permaneciendo así durante un par de segundos antes de dejar caer los brazos.<br />
<br />
El entrenamiento contra el mokujin había comenzado como una solución razonable. Golpear madera era sencillo. No exigía interpretar sonrisas, descifrar silencios ni preguntarse si una invitación a entrenar había sido una buena idea o el primer paso hacia una catástrofe sentimental. El muñeco no iba a rechazarlo, tampoco iba a aceptar su invitación y, por descontado, nunca le haría sonrojarse con una frase dicha sin ninguna intención aparente.<br />
<br />
Al menos, no hasta que alguien decidiera pintar otra cara sobre la madera.<br />
<br />
Akira volvió a mirar a Yugen Sarutobi.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y tú deja de sonreír así. No estás ayudando.</span></span><br />
<br />
El puño volvió a impactar contra el rostro pintado.<br />
<br />
La puerta corredera del dojo se abriría poco después, acompañada por el discreto sonido de unas sandalias sobre el corredor. Uno de los sirvientes de la residencia aparecería en el umbral con una bandeja de madera entre las manos. Sobre ella descansaban una tetera de cerámica oscura, un cuenco y una pequeña selección de dulces que acostumbraban a acompañar el té de la mañana.<br />
<br />
El hombre se detendría al contemplar la escena.<br />
<br />
Por un lado, el joven Chūnin que se había ganado una reputación como uno de los combatientes más sobresalientes de su generación. Por otro, un muñeco de entrenamiento con la cara de un payaso que parecía haber cometido el imperdonable error de existir.<br />
<br />
Y entre ambos, el gato blanco que observaba el espectáculo con una tranquilidad casi insultante.<br />
<br />
—Akira-sama, le he traído el té que solicitó.<br />
<br />
El Hyūga giraría la cabeza hacia el recién llegado. Durante una fracción de segundo parecería olvidar por completo el motivo de su entrenamiento, antes de recuperar una expresión lo suficientemente digna para alguien que acababa de discutir con un gato sobre su vida sentimental.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Déjalo ahí, por favor. Gracias.</span></span><br />
<br />
El sirviente avanzaría hasta una de las mesas laterales y depositaría la bandeja con cuidado. Después de inclinar la cabeza, se dispondría a retirarse, pero la voz de Akira volvería a detenerlo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Espera. ¿Sabes qué día es hoy?</span></span><br />
<br />
El hombre volvería el rostro hacia él.<br />
<br />
—El 85 del mes, Akira-sama.<br />
<br />
El muchacho permanecería inmóvil.<br />
<br />
Makey maullaría.<br />
<br />
Akira le dirigiría una mirada de advertencia.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me refiero a eso. Preguntaba por si había alguna festividad o algo parecido.</span></span><br />
<br />
—No tengo constancia de ninguna celebración especial, señor.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ya veo.</span></span><br />
<br />
El sirviente inclinaría ligeramente la cabeza antes de continuar su camino hacia la salida. Sin embargo, al pasar junto al mokujin, sus ojos se detendrían fugazmente en el rostro pintado de Yugen Sarutobi. Una pequeña contracción en la comisura de sus labios delataría una sonrisa que tendría la prudencia de no dejar crecer demasiado.<br />
<br />
La puerta volvería a cerrarse.<br />
<br />
Akira esperaría unos segundos antes de girarse hacia Makey.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Ves lo que me haces hacer? Ahora hasta pregunto por festividades. Como si el calendario fuera a resolverme la vida.</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No. No voy a preguntarle directamente si le gusto. ¿Te imaginas? «Hola, Asuna, ¿qué tal? Por cierto, ¿sientes una atracción romántica hacia mí o estoy interpretando mal las señales?». Brillante. Absolutamente brillante. Seguro que después de eso me invita a que le enseñe a caer de cabeza.</span></span><br />
<br />
El gato se estiraría sobre la plataforma y bostezaría.<br />
<br />
Akira lo señalaría de inmediato.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡No te duermas mientras te estoy hablando!</span></span><br />
<br />
Otro maullido.<br />
<br />
El Hyūga abrió la boca para replicar, pero terminaría cerrándola de nuevo. Se quedó observándolo unos instantes, con una expresión en la que la indignación fue cediendo terreno ante una resignación bastante más sincera.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está bien. Está bien. Quizá estoy exagerando un poco.</span></span><br />
<br />
Se acercaría a la mesa y tomaría el cuenco de té caliente entre las manos. El vapor ascendería ante su rostro, llevándose consigo parte del frío matutino que se había filtrado por el dojo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Solo digo que no quiero malinterpretarla. Una cosa es que me caiga bien, otra que disfrute entrenar con ella y otra muy distinta...</span></span><br />
<br />
No terminaría la frase.<br />
<br />
Sus ojos se desviarían hacia la puerta por la que el sirviente acababa de marcharse. Después volverían a Makey, que lo observaba ahora con ambos ojos abiertos y la cola enroscada alrededor de las patas.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué?</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
Akira entrecerraría los ojos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me digas que quieres que la invite otra vez.</span></span><br />
<br />
El felino soltaría un sonido breve y firme.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Makey, no puedes decidir estas cosas por mí.</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, no es miedo. El Tigre Blanco de Konoha no tiene miedo de invitar a una chica a entrenar.</span></span><br />
<br />
El gato mantendría la mirada fija en él.<br />
<br />
Akira tomaría un sorbo de té. Estaba demasiado caliente. Se quemaría ligeramente la lengua y tendría que dejar el cuenco de nuevo sobre la mesa, mientras una mueca de fastidio sustituía su sonrisa.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Perfecto. Ahora hasta el té está en mi contra.</span></span><br />
<br />
Makey maullaría una vez más.<br />
<br />
Akira lo miraría con una mezcla de reproche y derrota absoluta.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está bien. La invitaré otra vez.</span></span><br />
<br />
La frase saldría con tanta rapidez que parecería querer quitársela de encima antes de tener tiempo de arrepentirse. Se apresuraría a levantar un dedo, como si necesitara establecer una condición fundamental para conservar su dignidad.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero solo porque tú has insistido, ¿queda claro? Si vuelve a pasar algo raro, será responsabilidad tuya. Tú eres el que lleva todo la mañana dándome la lata con esto.</span></span><br />
<br />
Makey cerraría lentamente los ojos y comenzaría a ronronear.<br />
<br />
Akira lo observaría con incredulidad.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No te atrevas a ronronear como si hubieras ganado.</span></span><br />
<br />
Pero la sonrisa que terminaría apareciendo en su rostro lo traicionaría. Después de todo, la idea de volver a ver a Asuna no le desagradaba en absoluto. Si acaso, era precisamente ese el problema.<br />
<br />
Se acomodaría el chaleco, alisando con las palmas unas arrugas inexistentes. Después se pasaría una mano por el cabello, comprobando que el recogido siguiera en su sitio. Solo cuando estuvo razonablemente satisfecho con su aspecto, volvería a mirar al mokujin.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y tú no te muevas de ahí. Cuando vuelva, espero que sigas teniendo esa misma cara de imbécil.</span></span><br />
<br />
Le propinaría un último golpe al muñeco, esta vez con la suficiente fuerza para hacer vibrar toda la estructura, y después recogería el cuenco de té para terminarlo con pequeños sorbos, procurando no repetir el incidente anterior.<br />
<br />
Makey saltaría de la plataforma y se acercaría a su dueño, frotándose contra una de sus piernas.<br />
<br />
Akira bajaría la mirada hacia él y le acariciaría la cabeza con una sonrisa más tranquila.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bueno, supongo que tendremos que preparar otro entrenamiento. Algo sencillo. Nada demasiado formal. Un poco de práctica, quizá algo de té... y esta vez procuraré no decir ninguna estupidez.</span></span><br />
<br />
El gato maullaría.<br />
<br />
Akira alzaría la mirada hacia el techo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, ya sé que eso último va a ser difícil.</span></span><br />
<br />
La puerta volvería a deslizarse poco después. El sirviente regresaría para recoger la bandeja vacía y se encontraría con el joven Chūnin acariciando al gato mientras contemplaba, pensativo, el rostro pintado del muñeco de entrenamiento.<br />
<br />
—¿Desea alguna otra cosa, Akira-sama?<br />
<br />
El Hyūga levantaría la cabeza. Durante un instante, su expresión se tornaría sospechosamente seria.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí. ¿Podrías enviarle una invitación a Asuna? Me gustaría organizar otro entrenamiento con ella hoy y llevale flores un ramo ..no no dos ramos ..uno solo uno .</span></span><br />
<br />
Haría una pausa breve antes de añadir, con una rapidez que contrastaría con la fingida indiferencia de su tono, acababa de recordar chachara de Mayura que jamas creyo le serviria para algo algo sobre el lenguaje oculto de las flores:<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Uno de gardenias. Nada más.</span></span><br />
<br />
El sirviente bajaría la cabeza para ocultar la sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios.<br />
<br />
—Por supuesto, Akira-sama. Me ocuparé de transmitirle el mensaje.<br />
<br />
La inclinación de su cabeza sería impecable, aunque el brillo divertido de sus ojos no pasaría inadvertido para el Hyūga.<br />
<br />
Akira frunciría el ceño.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué? ¿De qué te ríes?</span></span><br />
<br />
—De nada, señor.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ajá. Eso dicen todos.</span></span><br />
<br />
El hombre recogería la bandeja y se retiraría con paso tranquilo, dejando que la puerta se cerrara suavemente a sus espaldas. Una vez en el corredor, su sonrisa se ensancharía mientras cambiaba de dirección hacia la salida de la residencia, dispuesto a llevar el mensaje a Asuna-sama y a concertar aquel nuevo «entrenamiento».<br />
<br />
En el interior del dojo, Akira observaría la puerta cerrada durante unos segundos.<br />
<br />
Después volvería la mirada hacia Makey.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni una palabra.</span></span><br />
<br />
El gato maullaría.<br />
<br />
Akira suspiraría, se agacharía para recogerlo entre sus brazos y le daría un beso breve en la cabeza antes de acomodárselo contra el pecho.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Te odio un poco ahora mismo.</span></span><br />
<br />
Makey ronronearía con satisfacción.<br />
<br />
El Hyūga soltaría una carcajada y se encaminaría hacia la mesa para terminar su té, mientras el mokujin permanecía en el centro del dojo con su sonrisa pintada y su nariz roja intactas.<br />
<br />
Por primera vez en toda la mañana, Akira no sintió la necesidad de golpearlo otra vez.<br />
<br />
Eso, al menos, ya era un progreso.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El sonido de los impactos retumbaría por todo el dojo desde antes de que el sol terminara de ascender sobre los tejados de la residencia Hyūga. Cada golpe encontraría su objetivo con una precisión impecable, sacudiendo la estructura de madera hasta hacer crujir las articulaciones de sus extremidades. El responsable de aquella sesión de entrenamiento no parecía especialmente interesado en concederle descanso a su oponente. Después de todo, el mokujin no tenía piernas para huir, brazos para defenderse ni la suficiente dignidad para quejarse.<br />
<br />
Tampoco tenía una cara especialmente afortunada.<br />
<br />
Sobre la cabeza de la figura humanoide, alguien había pintado el rostro de Yugen Sarutobi con una generosa capa de maquillaje de payaso. La nariz roja, las mejillas exageradamente coloreadas y aquella sonrisa grotesca convertían al muñeco de entrenamiento en una de las visiones más desafortunadas que podía ofrecer el dojo principal de los Hyūga.<br />
<br />
Akira descargó un nuevo puñetazo contra su torso.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Maldita sea!</span></span><br />
<br />
El impacto hizo vibrar la madera.<br />
<br />
El joven retrocedió medio paso, reajustó la posición de los pies y volvió a lanzarse hacia delante. Un golpe al abdomen, otro al costado y un tercero dirigido a la cabeza pintada. Sus movimientos conservarían la fluidez y la velocidad que le habían valido el apodo del Tigre Blanco de Konoha. No había vacilaciones en sus desplazamientos, ni errores apreciables en la ejecución de las técnicas. Cada impacto encontraba un lugar preciso, cada retirada preparaba el siguiente avance y la estructura del mokujin crujía bajo una sucesión de golpes que habría hecho reconsiderar sus decisiones a más de un adversario.<br />
<br />
Pero el problema no estaba frente a él.<br />
<br />
El problema tenía cabello oscuro, ojos que podían tornarse rojos y una sonrisa que llevaba varios días apareciéndosele en la cabeza en los momentos menos oportunos.<br />
<br />
Akira giró sobre el talón y descargó una patada contra el muñeco.<br />
<br />
El golpe hizo que la cabeza pintada oscilara violentamente.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, no, no. A ver, piensa un poco.</span></span><br />
<br />
Se apartó del mokujin, respirando por la nariz, y pasó una mano por su cabello, deshaciendo ligeramente el recogido que había preparado antes de empezar a entrenar.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es una chica. Una chica perfectamente normal. Has hablado con chicas antes. Has hablado con mujeres antes. Has hablado con... personas. Por todos los cielos, Akira, sabes mantener una conversación.</span></span><br />
<br />
El silencio del dojo le devolvió exactamente lo que cabía esperar de semejante discurso: nada.<br />
<br />
Desde una de las vigas superiores, Makey soltó un maullido.<br />
<br />
Akira alzó la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No empieces tú también.</span></span><br />
<br />
El gato descendió con la agilidad acostumbrada y aterrizó sobre una de las plataformas laterales, donde se sentó a lamerse una pata. El ojo violeta quedó medio oculto tras sus párpados, mientras el cian permanecía fijo en su dueño.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué quieres decir con que no parecía una conversación normal?</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
Akira se quedó mirándolo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Estábamos entrenando! ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Recitarle un poema entre golpe y golpe?</span></span><br />
<br />
Makey movió la cola una vez.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ah, claro. Ahora resulta que también eres experto en cortejo.</span></span><br />
<br />
El gato volvió a maullar.<br />
<br />
Akira apretó los labios, girando la cabeza hacia el mokujin como si aquella cara de payaso pudiera proporcionarle una respuesta más sensata.<br />
<br />
No la proporcionaría.<br />
<br />
El recuerdo de Asuna, en cambio, regresaría con una facilidad irritante. La manera en que se había sonrojado durante el entrenamiento, las palabras que había pronunciado con aquella timidez y, sobre todo, el instante en que había levantado la mirada para dirigirse a él. También recordaría sus dudas, la tensión que había mostrado al principio y el esfuerzo que había hecho para superar sus propias reservas y atacar.<br />
<br />
¿Significaba algo?<br />
<br />
Quizá.<br />
<br />
O quizá no.<br />
<br />
Tal vez se había sonrojado por la vergüenza de haber dejado huellas sobre la madera. Quizá solo estaba nerviosa por encontrarse entrenando en una residencia ajena con alguien de su rango. También podía ser que aquella sonrisa hubiera sido simple agradecimiento por sus palabras, y no una señal de que le interesaba en absoluto.<br />
<br />
Akira frunció el ceño.<br />
<br />
El gran ojo blanco de los Hyūga podía revelar los canales de chakra, los tenketsu, las variaciones en el flujo de energía y hasta los movimientos más sutiles del cuerpo de un adversario. Podía analizar una postura, calcular una trayectoria y descubrir una abertura antes de que su oponente supiera que la había dejado expuesta.<br />
<br />
Pero aquello...<br />
<br />
Aquello era una maldita broma del universo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Puedo ver prácticamente todo lo que ocurre dentro del cuerpo de una persona, pero basta con que una chica me mire de determinada manera para que empiece a cuestionarme hasta el apellido.</span></span><br />
<br />
Makey respondió con un maullido particularmente prolongado.<br />
<br />
Akira giró lentamente la cabeza hacia él.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No. El Byakugan no sirve para esas cosas. Ya lo he comprobado.</span></span><br />
<br />
El gato ladeó la cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me mires así. No voy a activar el dōjutsu delante de ella para comprobar si le gusto. ¿Qué clase de idiota haría algo semejante?</span></span><br />
<br />
Makey parpadeó.<br />
<br />
Akira guardó silencio.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No contestes. No quiero saberlo.</span></span><br />
<br />
Una risa incrédula escapó de sus labios. Se llevó ambas manos a la cara y se frotó los ojos, permaneciendo así durante un par de segundos antes de dejar caer los brazos.<br />
<br />
El entrenamiento contra el mokujin había comenzado como una solución razonable. Golpear madera era sencillo. No exigía interpretar sonrisas, descifrar silencios ni preguntarse si una invitación a entrenar había sido una buena idea o el primer paso hacia una catástrofe sentimental. El muñeco no iba a rechazarlo, tampoco iba a aceptar su invitación y, por descontado, nunca le haría sonrojarse con una frase dicha sin ninguna intención aparente.<br />
<br />
Al menos, no hasta que alguien decidiera pintar otra cara sobre la madera.<br />
<br />
Akira volvió a mirar a Yugen Sarutobi.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y tú deja de sonreír así. No estás ayudando.</span></span><br />
<br />
El puño volvió a impactar contra el rostro pintado.<br />
<br />
La puerta corredera del dojo se abriría poco después, acompañada por el discreto sonido de unas sandalias sobre el corredor. Uno de los sirvientes de la residencia aparecería en el umbral con una bandeja de madera entre las manos. Sobre ella descansaban una tetera de cerámica oscura, un cuenco y una pequeña selección de dulces que acostumbraban a acompañar el té de la mañana.<br />
<br />
El hombre se detendría al contemplar la escena.<br />
<br />
Por un lado, el joven Chūnin que se había ganado una reputación como uno de los combatientes más sobresalientes de su generación. Por otro, un muñeco de entrenamiento con la cara de un payaso que parecía haber cometido el imperdonable error de existir.<br />
<br />
Y entre ambos, el gato blanco que observaba el espectáculo con una tranquilidad casi insultante.<br />
<br />
—Akira-sama, le he traído el té que solicitó.<br />
<br />
El Hyūga giraría la cabeza hacia el recién llegado. Durante una fracción de segundo parecería olvidar por completo el motivo de su entrenamiento, antes de recuperar una expresión lo suficientemente digna para alguien que acababa de discutir con un gato sobre su vida sentimental.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Déjalo ahí, por favor. Gracias.</span></span><br />
<br />
El sirviente avanzaría hasta una de las mesas laterales y depositaría la bandeja con cuidado. Después de inclinar la cabeza, se dispondría a retirarse, pero la voz de Akira volvería a detenerlo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Espera. ¿Sabes qué día es hoy?</span></span><br />
<br />
El hombre volvería el rostro hacia él.<br />
<br />
—El 85 del mes, Akira-sama.<br />
<br />
El muchacho permanecería inmóvil.<br />
<br />
Makey maullaría.<br />
<br />
Akira le dirigiría una mirada de advertencia.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me refiero a eso. Preguntaba por si había alguna festividad o algo parecido.</span></span><br />
<br />
—No tengo constancia de ninguna celebración especial, señor.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ya veo.</span></span><br />
<br />
El sirviente inclinaría ligeramente la cabeza antes de continuar su camino hacia la salida. Sin embargo, al pasar junto al mokujin, sus ojos se detendrían fugazmente en el rostro pintado de Yugen Sarutobi. Una pequeña contracción en la comisura de sus labios delataría una sonrisa que tendría la prudencia de no dejar crecer demasiado.<br />
<br />
La puerta volvería a cerrarse.<br />
<br />
Akira esperaría unos segundos antes de girarse hacia Makey.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Ves lo que me haces hacer? Ahora hasta pregunto por festividades. Como si el calendario fuera a resolverme la vida.</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No. No voy a preguntarle directamente si le gusto. ¿Te imaginas? «Hola, Asuna, ¿qué tal? Por cierto, ¿sientes una atracción romántica hacia mí o estoy interpretando mal las señales?». Brillante. Absolutamente brillante. Seguro que después de eso me invita a que le enseñe a caer de cabeza.</span></span><br />
<br />
El gato se estiraría sobre la plataforma y bostezaría.<br />
<br />
Akira lo señalaría de inmediato.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡No te duermas mientras te estoy hablando!</span></span><br />
<br />
Otro maullido.<br />
<br />
El Hyūga abrió la boca para replicar, pero terminaría cerrándola de nuevo. Se quedó observándolo unos instantes, con una expresión en la que la indignación fue cediendo terreno ante una resignación bastante más sincera.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está bien. Está bien. Quizá estoy exagerando un poco.</span></span><br />
<br />
Se acercaría a la mesa y tomaría el cuenco de té caliente entre las manos. El vapor ascendería ante su rostro, llevándose consigo parte del frío matutino que se había filtrado por el dojo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Solo digo que no quiero malinterpretarla. Una cosa es que me caiga bien, otra que disfrute entrenar con ella y otra muy distinta...</span></span><br />
<br />
No terminaría la frase.<br />
<br />
Sus ojos se desviarían hacia la puerta por la que el sirviente acababa de marcharse. Después volverían a Makey, que lo observaba ahora con ambos ojos abiertos y la cola enroscada alrededor de las patas.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué?</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
Akira entrecerraría los ojos.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me digas que quieres que la invite otra vez.</span></span><br />
<br />
El felino soltaría un sonido breve y firme.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Makey, no puedes decidir estas cosas por mí.</span></span><br />
<br />
Maullido.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No, no es miedo. El Tigre Blanco de Konoha no tiene miedo de invitar a una chica a entrenar.</span></span><br />
<br />
El gato mantendría la mirada fija en él.<br />
<br />
Akira tomaría un sorbo de té. Estaba demasiado caliente. Se quemaría ligeramente la lengua y tendría que dejar el cuenco de nuevo sobre la mesa, mientras una mueca de fastidio sustituía su sonrisa.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Perfecto. Ahora hasta el té está en mi contra.</span></span><br />
<br />
Makey maullaría una vez más.<br />
<br />
Akira lo miraría con una mezcla de reproche y derrota absoluta.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está bien. La invitaré otra vez.</span></span><br />
<br />
La frase saldría con tanta rapidez que parecería querer quitársela de encima antes de tener tiempo de arrepentirse. Se apresuraría a levantar un dedo, como si necesitara establecer una condición fundamental para conservar su dignidad.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero solo porque tú has insistido, ¿queda claro? Si vuelve a pasar algo raro, será responsabilidad tuya. Tú eres el que lleva todo la mañana dándome la lata con esto.</span></span><br />
<br />
Makey cerraría lentamente los ojos y comenzaría a ronronear.<br />
<br />
Akira lo observaría con incredulidad.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No te atrevas a ronronear como si hubieras ganado.</span></span><br />
<br />
Pero la sonrisa que terminaría apareciendo en su rostro lo traicionaría. Después de todo, la idea de volver a ver a Asuna no le desagradaba en absoluto. Si acaso, era precisamente ese el problema.<br />
<br />
Se acomodaría el chaleco, alisando con las palmas unas arrugas inexistentes. Después se pasaría una mano por el cabello, comprobando que el recogido siguiera en su sitio. Solo cuando estuvo razonablemente satisfecho con su aspecto, volvería a mirar al mokujin.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y tú no te muevas de ahí. Cuando vuelva, espero que sigas teniendo esa misma cara de imbécil.</span></span><br />
<br />
Le propinaría un último golpe al muñeco, esta vez con la suficiente fuerza para hacer vibrar toda la estructura, y después recogería el cuenco de té para terminarlo con pequeños sorbos, procurando no repetir el incidente anterior.<br />
<br />
Makey saltaría de la plataforma y se acercaría a su dueño, frotándose contra una de sus piernas.<br />
<br />
Akira bajaría la mirada hacia él y le acariciaría la cabeza con una sonrisa más tranquila.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bueno, supongo que tendremos que preparar otro entrenamiento. Algo sencillo. Nada demasiado formal. Un poco de práctica, quizá algo de té... y esta vez procuraré no decir ninguna estupidez.</span></span><br />
<br />
El gato maullaría.<br />
<br />
Akira alzaría la mirada hacia el techo.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí, ya sé que eso último va a ser difícil.</span></span><br />
<br />
La puerta volvería a deslizarse poco después. El sirviente regresaría para recoger la bandeja vacía y se encontraría con el joven Chūnin acariciando al gato mientras contemplaba, pensativo, el rostro pintado del muñeco de entrenamiento.<br />
<br />
—¿Desea alguna otra cosa, Akira-sama?<br />
<br />
El Hyūga levantaría la cabeza. Durante un instante, su expresión se tornaría sospechosamente seria.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sí. ¿Podrías enviarle una invitación a Asuna? Me gustaría organizar otro entrenamiento con ella hoy y llevale flores un ramo ..no no dos ramos ..uno solo uno .</span></span><br />
<br />
Haría una pausa breve antes de añadir, con una rapidez que contrastaría con la fingida indiferencia de su tono, acababa de recordar chachara de Mayura que jamas creyo le serviria para algo algo sobre el lenguaje oculto de las flores:<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Uno de gardenias. Nada más.</span></span><br />
<br />
El sirviente bajaría la cabeza para ocultar la sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios.<br />
<br />
—Por supuesto, Akira-sama. Me ocuparé de transmitirle el mensaje.<br />
<br />
La inclinación de su cabeza sería impecable, aunque el brillo divertido de sus ojos no pasaría inadvertido para el Hyūga.<br />
<br />
Akira frunciría el ceño.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué? ¿De qué te ríes?</span></span><br />
<br />
—De nada, señor.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ajá. Eso dicen todos.</span></span><br />
<br />
El hombre recogería la bandeja y se retiraría con paso tranquilo, dejando que la puerta se cerrara suavemente a sus espaldas. Una vez en el corredor, su sonrisa se ensancharía mientras cambiaba de dirección hacia la salida de la residencia, dispuesto a llevar el mensaje a Asuna-sama y a concertar aquel nuevo «entrenamiento».<br />
<br />
En el interior del dojo, Akira observaría la puerta cerrada durante unos segundos.<br />
<br />
Después volvería la mirada hacia Makey.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ni una palabra.</span></span><br />
<br />
El gato maullaría.<br />
<br />
Akira suspiraría, se agacharía para recogerlo entre sus brazos y le daría un beso breve en la cabeza antes de acomodárselo contra el pecho.<br />
<br />
—<span style="color: #FF0000;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Te odio un poco ahora mismo.</span></span><br />
<br />
Makey ronronearía con satisfacción.<br />
<br />
El Hyūga soltaría una carcajada y se encaminaría hacia la mesa para terminar su té, mientras el mokujin permanecía en el centro del dojo con su sonrisa pintada y su nariz roja intactas.<br />
<br />
Por primera vez en toda la mañana, Akira no sintió la necesidad de golpearlo otra vez.<br />
<br />
Eso, al menos, ya era un progreso.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión|C]  Las damas del burdel]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15086</link>
			<pubDate>Thu, 08 Oct 2026 17:44:15 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=62">Narrador Hebi-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15086</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15080" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Asignación de Misión</a><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Las Damas del Burdel</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Konohagakure, 53 del Verano, 150.<br />
11:00 de la mañana</div>
<br />
Se dice que, mucho antes de que existiera la moneda, ya había quienes ofrecían compañía y placer a cambio de algún beneficio. Desde entonces, la belleza, la gracia y el arte de complacer habían acompañado a un oficio que sobrevivió al nacimiento y la caída de incontables civilizaciones. Sus formas cambiaron con el tiempo, al igual que sus costumbres y sus nombres, pero pocas sociedades habían prescindido completamente de sus servicios.<br />
<br />
Konohagakure no era una excepción. Entre sus calles existían establecimientos dedicados al entretenimiento nocturno, algunos discretos y otros perfectamente conocidos por sus habitantes. Entre estos últimos destacaba **Las Señoritas del Edén**, una casa que había conseguido distinguirse por la elegancia de sus instalaciones, la preparación de sus trabajadoras y, particularmente, el cuidado de su reputación.<br />
<br />
Al frente del establecimiento se encontraba Madame Ayame, una mujer de abundante cabello dorado, mirada experimentada y una figura que todavía despertaba admiración entre quienes tenían ocasión de conocerla. Vestía habitualmente costosos kimonos de seda, adornados con bordados florales y joyería cuidadosamente seleccionada. Era frecuente encontrarla con una larga pipa entre los dedos, aunque rara vez permitía que el humo interrumpiera sus conversaciones.<br />
<br />
Ayame conocía bien su negocio. Sabía distinguir a un cliente generoso de uno problemático, reconocer una mentira presentada con buenos modales y, sobre todo, comprender cuándo una situación aparentemente inofensiva podía convertirse en un inconveniente. Su hospitalidad era considerable, pero también lo eran sus exigencias respecto al comportamiento de quienes visitaban el Edén.<br />
<br />
Aquella tarde había recibido una contratación particularmente lucrativa. Varias personas pertenecientes a la alta sociedad de Konoha celebrarían una fiesta privada en una residencia de la zona acomodada, y habían solicitado la presencia de algunas de sus señoritas para ofrecer compañía, conversación y bailes durante la velada.<br />
<br />
El contrato era bastante claro respecto a los servicios solicitados. Sin embargo, Ayame conocía suficientemente bien a ciertos hombres como para no confiar demasiado en su capacidad de respetar lo acordado, especialmente cuando el alcohol comenzaba a circular.<br />
<br />
Por ello había solicitado a la oficina de misiones la colaboración de tres shinobi. No necesitaba guardaespaldas uniformados que permanecieran detrás de cada mujer, mucho menos jóvenes dispuestos a resolver cualquier impertinencia mediante una pelea. Necesitaba personas capaces de vigilar discretamente, intervenir cuando fuera necesario y garantizar que sus trabajadoras pudieran cumplir con sus obligaciones sin sufrir inconvenientes.<br />
<br />
Los tres shinobi fueron citados en el establecimiento durante las horas previas a la celebración.<br />
<br />
Las Señoritas del Edén ocupaban una propiedad de dos plantas, con una fachada de madera oscura, faroles ornamentales y cortinas cuidadosamente confeccionadas. En su interior predominaba el aroma del incienso y de las flores frescas. Varias trabajadoras transitaban entre los corredores, ocupadas con los preparativos de la tarde, mientras otras conversaban en una sala cercana.<br />
<br />
Madame Ayame aguardaba en una habitación destinada a recibir visitas privadas. Se encontraba sentada junto a una mesa baja, con una taza de té y su característica pipa al alcance de la mano. Frente a ella habían dispuesto tres lugares para los invitados que esperaba.<br />
<br />
Cuando los shinobi se presentaran, la mujer los recibiría con la cortesía propia de una anfitriona acostumbrada a tratar con personas de toda condición. No parecía particularmente impresionada por su condición militar; después de todo, eran demasiado jóvenes para algunas de las situaciones que ella había presenciado a lo largo de su vida.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bienvenidos al Edén, caballeros. Soy Ayame, aunque aquí todos acostumbran llamarme Madame. Espero que no tengan inconveniente en acompañarnos esta noche.</span></span><br />
<br />
La mujer dejó reposar su pipa sobre un pequeño soporte de madera y tomó un sorbo de té antes de continuar.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero aclarar algo desde el principio. Mis señoritas han sido contratadas para acompañar a unos invitados, conversar y bailar. Nada más. No deseo que ustedes interfieran con su trabajo ni que incomoden a los anfitriones con una vigilancia demasiado evidente. Sin embargo, si alguno de nuestros clientes olvida lo que ha contratado, espero que sepan recordárselo con la debida discreción.</span></span><br />
<br />
Su expresión conservó aquella sonrisa tranquila, aunque sus ojos parecieron adquirir una firmeza distinta al mencionar las condiciones del acuerdo.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La fiesta tendrá lugar en una residencia de la zona acomodada. Nos trasladaremos cuando terminen los preparativos, así que todavía disponemos de tiempo para organizar su participación. Pueden hacerse pasar por asistentes, personal de servicio o cualquier otra cosa que resulte apropiada, siempre que no comprometan la reputación de esta casa.</span></span><br />
<br />
Ayame dirigió su atención hacia los tres jóvenes, dejando que examinaran el lugar y consideraran sus opciones.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ahora bien, antes de presentarles a las señoritas que acompañarán esta noche, me gustaría conocerlos. Díganme sus nombres y cómo piensan desempeñar su trabajo. Preferiría descubrir desde ahora si alguno tiene dificultades para comportarse en una reunión elegante.</span></span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Resumen y aclaraciones'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Resumen y aclaraciones'; }">Resumen y aclaraciones</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Situación inicial:</span> Natsu, Tokuma y Masaru han sido citados en Las Señoritas del Edén, donde Madame Ayame los recibe para explicarles los detalles de su contratación. La fiesta todavía no ha comenzado.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Indicaciones para esta ronda:</span> Los participantes pueden narrar su llegada al establecimiento, presentarse ante Madame Ayame, realizar preguntas y proponer la manera en que desempeñarán sus funciones.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aclaraciones:</span><ul class="mycode_list"><li>Recuerden incluir sus estadísticas mediante el código [personaje*] (sin el asterisco), así como sus herramientas e inventario.<br />
</li>
<li>Por cuestiones del lugar, armas medianas y grandes no pueden ser empleadas, solamente pequeñas.<br />
</li>
<li>Son libres de adornar un poco más el lugar, si así lo desean.<br />
</li>
<li>Por cuestiones de actividad, pasadas las 48 horas, ya no se podrá participar más en la ronda. <br />
</li>
</ul>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Plazo máximo por ronda:</span> 48 horas.<br />
</div>
		</div>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>48 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15080" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Asignación de Misión</a><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Las Damas del Burdel</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Konohagakure, 53 del Verano, 150.<br />
11:00 de la mañana</div>
<br />
Se dice que, mucho antes de que existiera la moneda, ya había quienes ofrecían compañía y placer a cambio de algún beneficio. Desde entonces, la belleza, la gracia y el arte de complacer habían acompañado a un oficio que sobrevivió al nacimiento y la caída de incontables civilizaciones. Sus formas cambiaron con el tiempo, al igual que sus costumbres y sus nombres, pero pocas sociedades habían prescindido completamente de sus servicios.<br />
<br />
Konohagakure no era una excepción. Entre sus calles existían establecimientos dedicados al entretenimiento nocturno, algunos discretos y otros perfectamente conocidos por sus habitantes. Entre estos últimos destacaba **Las Señoritas del Edén**, una casa que había conseguido distinguirse por la elegancia de sus instalaciones, la preparación de sus trabajadoras y, particularmente, el cuidado de su reputación.<br />
<br />
Al frente del establecimiento se encontraba Madame Ayame, una mujer de abundante cabello dorado, mirada experimentada y una figura que todavía despertaba admiración entre quienes tenían ocasión de conocerla. Vestía habitualmente costosos kimonos de seda, adornados con bordados florales y joyería cuidadosamente seleccionada. Era frecuente encontrarla con una larga pipa entre los dedos, aunque rara vez permitía que el humo interrumpiera sus conversaciones.<br />
<br />
Ayame conocía bien su negocio. Sabía distinguir a un cliente generoso de uno problemático, reconocer una mentira presentada con buenos modales y, sobre todo, comprender cuándo una situación aparentemente inofensiva podía convertirse en un inconveniente. Su hospitalidad era considerable, pero también lo eran sus exigencias respecto al comportamiento de quienes visitaban el Edén.<br />
<br />
Aquella tarde había recibido una contratación particularmente lucrativa. Varias personas pertenecientes a la alta sociedad de Konoha celebrarían una fiesta privada en una residencia de la zona acomodada, y habían solicitado la presencia de algunas de sus señoritas para ofrecer compañía, conversación y bailes durante la velada.<br />
<br />
El contrato era bastante claro respecto a los servicios solicitados. Sin embargo, Ayame conocía suficientemente bien a ciertos hombres como para no confiar demasiado en su capacidad de respetar lo acordado, especialmente cuando el alcohol comenzaba a circular.<br />
<br />
Por ello había solicitado a la oficina de misiones la colaboración de tres shinobi. No necesitaba guardaespaldas uniformados que permanecieran detrás de cada mujer, mucho menos jóvenes dispuestos a resolver cualquier impertinencia mediante una pelea. Necesitaba personas capaces de vigilar discretamente, intervenir cuando fuera necesario y garantizar que sus trabajadoras pudieran cumplir con sus obligaciones sin sufrir inconvenientes.<br />
<br />
Los tres shinobi fueron citados en el establecimiento durante las horas previas a la celebración.<br />
<br />
Las Señoritas del Edén ocupaban una propiedad de dos plantas, con una fachada de madera oscura, faroles ornamentales y cortinas cuidadosamente confeccionadas. En su interior predominaba el aroma del incienso y de las flores frescas. Varias trabajadoras transitaban entre los corredores, ocupadas con los preparativos de la tarde, mientras otras conversaban en una sala cercana.<br />
<br />
Madame Ayame aguardaba en una habitación destinada a recibir visitas privadas. Se encontraba sentada junto a una mesa baja, con una taza de té y su característica pipa al alcance de la mano. Frente a ella habían dispuesto tres lugares para los invitados que esperaba.<br />
<br />
Cuando los shinobi se presentaran, la mujer los recibiría con la cortesía propia de una anfitriona acostumbrada a tratar con personas de toda condición. No parecía particularmente impresionada por su condición militar; después de todo, eran demasiado jóvenes para algunas de las situaciones que ella había presenciado a lo largo de su vida.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Bienvenidos al Edén, caballeros. Soy Ayame, aunque aquí todos acostumbran llamarme Madame. Espero que no tengan inconveniente en acompañarnos esta noche.</span></span><br />
<br />
La mujer dejó reposar su pipa sobre un pequeño soporte de madera y tomó un sorbo de té antes de continuar.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Quiero aclarar algo desde el principio. Mis señoritas han sido contratadas para acompañar a unos invitados, conversar y bailar. Nada más. No deseo que ustedes interfieran con su trabajo ni que incomoden a los anfitriones con una vigilancia demasiado evidente. Sin embargo, si alguno de nuestros clientes olvida lo que ha contratado, espero que sepan recordárselo con la debida discreción.</span></span><br />
<br />
Su expresión conservó aquella sonrisa tranquila, aunque sus ojos parecieron adquirir una firmeza distinta al mencionar las condiciones del acuerdo.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—La fiesta tendrá lugar en una residencia de la zona acomodada. Nos trasladaremos cuando terminen los preparativos, así que todavía disponemos de tiempo para organizar su participación. Pueden hacerse pasar por asistentes, personal de servicio o cualquier otra cosa que resulte apropiada, siempre que no comprometan la reputación de esta casa.</span></span><br />
<br />
Ayame dirigió su atención hacia los tres jóvenes, dejando que examinaran el lugar y consideraran sus opciones.<br />
<br />
<span style="color: #C47A53;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Ahora bien, antes de presentarles a las señoritas que acompañarán esta noche, me gustaría conocerlos. Díganme sus nombres y cómo piensan desempeñar su trabajo. Preferiría descubrir desde ahora si alguno tiene dificultades para comportarse en una reunión elegante.</span></span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Resumen y aclaraciones'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Resumen y aclaraciones'; }">Resumen y aclaraciones</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Situación inicial:</span> Natsu, Tokuma y Masaru han sido citados en Las Señoritas del Edén, donde Madame Ayame los recibe para explicarles los detalles de su contratación. La fiesta todavía no ha comenzado.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Indicaciones para esta ronda:</span> Los participantes pueden narrar su llegada al establecimiento, presentarse ante Madame Ayame, realizar preguntas y proponer la manera en que desempeñarán sus funciones.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Aclaraciones:</span><ul class="mycode_list"><li>Recuerden incluir sus estadísticas mediante el código [personaje*] (sin el asterisco), así como sus herramientas e inventario.<br />
</li>
<li>Por cuestiones del lugar, armas medianas y grandes no pueden ser empleadas, solamente pequeñas.<br />
</li>
<li>Son libres de adornar un poco más el lugar, si así lo desean.<br />
</li>
<li>Por cuestiones de actividad, pasadas las 48 horas, ya no se podrá participar más en la ronda. <br />
</li>
</ul>
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Plazo máximo por ronda:</span> 48 horas.<br />
</div>
		</div>
					<div style='position:relative;overflow:hidden;text-align:center;margin:10px 0;padding:14px 18px;background:#130f1e;border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);border-left:2px solid #b5544b;'>
						<span style='position:absolute;top:-10px;right:6px;font-size:56px;line-height:1;color:#b5544b;opacity:0.08;pointer-events:none;'>時</span>
						<div style='position:relative;font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#b5544b;margin-bottom:6px;'>⏳ Tiempo expirado</div>
						<div style='position:relative;font-size:13.5px;color:#e8dff8;'>El límite de <strong>48 horas</strong> para postear ya se cumplió.</div>
					</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Normal Rango D] El Patio Inundado]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15023</link>
			<pubDate>Wed, 30 Sep 2026 05:20:02 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=407">Narrador Cuervito-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15023</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">[Misión Normal Rango D] El Patio Inundado</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15016&amp;pid=29598" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 40 del Verano del Año 150,  Konohagakure no Sato, Zona Residencial.</span><br />
<br />
La avería había comenzado durante la madrugada, pero para cuando la incidencia llegó a manos de la administración de la aldea el problema ya había dejado de limitarse a una simple tubería rota. El agua había recorrido durante horas el estrecho espacio situado detrás de varias viviendas y terminado filtrándose hacia los patios interiores de las casas más próximas, formando grandes charcos que en algunos puntos superaban ya varios centímetros de profundidad. Cuando Natsu llegó a la zona residencial no necesitó consultar ninguna dirección para saber dónde debía dirigirse.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Ese mueble no, ese primero! ¡Como siga entrando agua vamos a perderlo todo!</span><br />
<br />
Las voces de los vecinos podían escucharse desde la calle. Al acceder entre las viviendas, Natsu encontró varios patios parcialmente inundados y a sus propietarios intentando poner a salvo muebles y pertenencias antes de que el agua alcanzara el interior de las casas. El origen del problema estaba unos metros más atrás. Una tubería recorría la pared exterior de las viviendas y, cerca de una de sus uniones, un chorro constante seguía escapando con fuerza. Dos trabajadores de mantenimiento se encontraban junto a ella: uno examinaba la avería mientras el otro trataba de cerrar una antigua llave de paso.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Tú debes de ser el genin que han enviado!</span> -Dijo este último al verlo acercarse-. <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Llegas justo a tiempo. Tenemos que cortar el suministro de este tramo antes de poder desmontar nada y esta maldita llave está dando más problemas de los que debería.</span> -El hombre señaló después los patios.- <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Mientras nosotros solucionamos esto, intenta echarles una mano. Hay varias casas con muebles todavía en el suelo y si el nivel sigue subiendo acabarán estropeándose.</span><br />
<br />
No parecía una tarea especialmente complicada, aunque sí bastante urgente. Sin embargo, antes de que Natsu pudiera decidir por dónde empezar, alguien habló desde uno de los patios.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Eh, muchacho!</span><br />
<br />
Un hombre de unos cincuenta años se acercó sorteando los charcos con los pantalones remangados hasta las rodillas. Había estado ayudando a retirar unas cajas, aunque su atención parecía encontrarse mucho más centrada en la tubería que en sus propias pertenencias.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Diles también lo que vi. </span><br />
<br />
El trabajador de mantenimiento dejó escapar un suspiro.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Ya se lo contarás tú si quieres, Masaru.</span><br />
<br />
El vecino miró entonces directamente al genin.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Anoche vi a alguien ahí detrás.</span> -Señaló el estrecho callejón que continuaba tras las viviendas, precisamente en dirección al tramo averiado.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">No sé quién era. Salí porque escuché ruido y vi a un tipo agachado junto a las tuberías. Pensé que sería algún trabajador, así que tampoco le presté demasiada atención. Cuando volví a mirar ya no estaba.</span><br />
<br />
El operario negó ligeramente con la cabeza mientras continuaba forcejeando con la llave.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- La instalación es vieja. Podría haberse roto perfectamente sola.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- O podría haberla roto él.</span> -Replicó Masaru.-<br />
<br />
Ninguno de los dos parecía tener pruebas suficientes para sostener su versión. Por el momento, sin embargo, el agua continuaba entrando en los patios y varias familias seguían intentando poner a salvo sus pertenencias. Natsu tenía trabajo por delante.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">En este primer turno, Natsu puede ayudar a los vecinos a retirar muebles y objetos de las zonas inundadas mientras los trabajadores intentan cortar el agua. También puede hablar con los presentes o comenzar a examinar la avería y sus alrededores. Por ahora no es necesario realizar ninguna tirada.</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">[Misión Normal Rango D] El Patio Inundado</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15016&amp;pid=29598" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 40 del Verano del Año 150,  Konohagakure no Sato, Zona Residencial.</span><br />
<br />
La avería había comenzado durante la madrugada, pero para cuando la incidencia llegó a manos de la administración de la aldea el problema ya había dejado de limitarse a una simple tubería rota. El agua había recorrido durante horas el estrecho espacio situado detrás de varias viviendas y terminado filtrándose hacia los patios interiores de las casas más próximas, formando grandes charcos que en algunos puntos superaban ya varios centímetros de profundidad. Cuando Natsu llegó a la zona residencial no necesitó consultar ninguna dirección para saber dónde debía dirigirse.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Ese mueble no, ese primero! ¡Como siga entrando agua vamos a perderlo todo!</span><br />
<br />
Las voces de los vecinos podían escucharse desde la calle. Al acceder entre las viviendas, Natsu encontró varios patios parcialmente inundados y a sus propietarios intentando poner a salvo muebles y pertenencias antes de que el agua alcanzara el interior de las casas. El origen del problema estaba unos metros más atrás. Una tubería recorría la pared exterior de las viviendas y, cerca de una de sus uniones, un chorro constante seguía escapando con fuerza. Dos trabajadores de mantenimiento se encontraban junto a ella: uno examinaba la avería mientras el otro trataba de cerrar una antigua llave de paso.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Tú debes de ser el genin que han enviado!</span> -Dijo este último al verlo acercarse-. <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Llegas justo a tiempo. Tenemos que cortar el suministro de este tramo antes de poder desmontar nada y esta maldita llave está dando más problemas de los que debería.</span> -El hombre señaló después los patios.- <span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">Mientras nosotros solucionamos esto, intenta echarles una mano. Hay varias casas con muebles todavía en el suelo y si el nivel sigue subiendo acabarán estropeándose.</span><br />
<br />
No parecía una tarea especialmente complicada, aunque sí bastante urgente. Sin embargo, antes de que Natsu pudiera decidir por dónde empezar, alguien habló desde uno de los patios.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¡Eh, muchacho!</span><br />
<br />
Un hombre de unos cincuenta años se acercó sorteando los charcos con los pantalones remangados hasta las rodillas. Había estado ayudando a retirar unas cajas, aunque su atención parecía encontrarse mucho más centrada en la tubería que en sus propias pertenencias.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Diles también lo que vi. </span><br />
<br />
El trabajador de mantenimiento dejó escapar un suspiro.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Ya se lo contarás tú si quieres, Masaru.</span><br />
<br />
El vecino miró entonces directamente al genin.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Anoche vi a alguien ahí detrás.</span> -Señaló el estrecho callejón que continuaba tras las viviendas, precisamente en dirección al tramo averiado.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">No sé quién era. Salí porque escuché ruido y vi a un tipo agachado junto a las tuberías. Pensé que sería algún trabajador, así que tampoco le presté demasiada atención. Cuando volví a mirar ya no estaba.</span><br />
<br />
El operario negó ligeramente con la cabeza mientras continuaba forcejeando con la llave.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- La instalación es vieja. Podría haberse roto perfectamente sola.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- O podría haberla roto él.</span> -Replicó Masaru.-<br />
<br />
Ninguno de los dos parecía tener pruebas suficientes para sostener su versión. Por el momento, sin embargo, el agua continuaba entrando en los patios y varias familias seguían intentando poner a salvo sus pertenencias. Natsu tenía trabajo por delante.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">En este primer turno, Natsu puede ayudar a los vecinos a retirar muebles y objetos de las zonas inundadas mientras los trabajadores intentan cortar el agua. También puede hablar con los presentes o comenzar a examinar la avería y sus alrededores. Por ahora no es necesario realizar ninguna tirada.</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El reclutamiento]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15019</link>
			<pubDate>Tue, 29 Sep 2026 10:39:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=873">Tokuma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15019</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Verano, Año 145</span></span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Siempre llueve más fuerte cuando la tierra no soporta una gota más, cuando el derrumbe está a punto de suceder. Es como todo lo que sucede en la vida, gobernado por esa ley irrompible que dice “sí algo puede salir mal, saldrá mal.” Es algo que no se puede obviar, no puedes escaparlo, o por lo menos los Nanahoshis no han podido hacerlo. Muestra de ello fue aquel nefasto día de verano en el que Tokuma fue reclutado por la familia de su padre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sudor bajaba por el costado de su rostro posándose momentáneamente en la punta de su barbilla, tomando la forma de una gota que eventualmente caía gracias a la gravedad. La vanidad de un cuerpo esculpido le obsesionaba, como cualquier adolescente cuyas hormonas no sabían hacer otra cosa más que causar estragos. Se encontraba entrenando desde temprano, aprovechando que su madre estaba aún trabajando desde el día anterior y él no tenía que presentarse a su trabajo hasta que el sol empezara a ocultarse. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Una, dos, tres… </span></span>— Contaba las flexiones, sus hombros lloraban con cada movimiento, pero la hinchazón de los músculos pectorales justificaba el sacrificio. Le encantaba verse, por ello el único espejo que poseían se encontraba justo delante de él y no ocupaba ninguna pieza de vestimenta más que sus calzoncillos. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—   <span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me alegra saber que entrenas.</span> </span>— escuchó una voz rasgada, marchitada por el pasar del tiempo y el consumo constante del tabaco. No pudo ganarle al susto, sabía que se encontraba solo, al igual que sabía que la única puerta del pequeño apartamento de una habitación y un baño que compartía con su mamá estaba cerrada con llave. La voz venía detrás de él, desde un ángulo superior a lo que su cuerpo pegado al piso le permitía observar atreves del espejo. Fue entonces cuando entendió que la persona había accedido al apartamento gracias a la ventana que se encontraba abierta justo a sus espaldas. Sin dinero para muchas comodidades, la única forma de mitigar el calor avasallante era mantener las ventanas abiertas para maximizar la circulación de aire. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Quién demonios eres?</span></span> — Volteó rápidamente su cuerpo, como un gato defendiendo su espalda, para quedar bocarriba y ponerse de pie, todo en una sola maniobra — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Y por qué entras a mi casa sin permiso? No tenemos dinero, eso te lo advierto desde ahora.</span></span> — Intentaba calmarse, disuadir al intrusar y al mismo tiempo pensar en su siguiente movimiento. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El hombre, calvo y con varios kilos demás, se encontraba agachado en el marco de la ventana abierta, mostrando una destreza poco común para alguien de su edad. Más preocupante era que Tokuma y su madre vivían en un cuarto piso, por lo que escalar hasta llegar a dicha ventana no sería nada fácil para un civil. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Militar. </span></span>— Murmuró — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Ah, eres bueno para deducir y además piensas rápido, haré de ti mi obra maestra.</span></span> — El comentario de pensar rápido se debía a que Tokuma ya tenía en su mano izquierda un pantalón para cubrirse, mientras que la derecha, su mano dominante, ocupaba la escoba. No, no tenía intención de limpiar, quería protegerse de la posible amenaza que yacía latente en la ventana. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Solo lo preguntaré una vez más, ¿quién demonios eres?</span></span> — Sus ojos azules se concentraron en aquel sujeto, cualquier movimiento desencadenaría un enfrentamiento en el cual tendría una desventaja clara, pero no podía permitir que un intruso se saliera con la suya solo por ser militar. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Tranquilo, no estoy aquí para robarte o hacerte daño.</span></span> — El sujeto levantó una mano en señal de paz mientras la otra sujetaba la ventana para mantener el equilibrio. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Te pareces bastante a tu papá, igual de paranoico. </span></span>— Tokuma no pudo ocultar su reacción de sorpresa y disgusto al realizar que aquel viejo pervertido tenía alguna conexión con su papá. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Mi nombre es Gonzo Senju y he venido a reclutarte, pequeño renacuajo.</span></span> —<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Gonzo Senju'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Gonzo Senju'; }">Gonzo Senju</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTHKqeLeDKu2qErU-1WGWKa08zpdLTmk29gC2_KctZRdg&amp;s=10" loading="lazy"  alt="[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcTHKqeLeDKu2qErU-1WGWK...tZRdg&amp;s=10]" class="mycode_img" /></div>
		</div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Verano, Año 145</span></span></span></span><br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Siempre llueve más fuerte cuando la tierra no soporta una gota más, cuando el derrumbe está a punto de suceder. Es como todo lo que sucede en la vida, gobernado por esa ley irrompible que dice “sí algo puede salir mal, saldrá mal.” Es algo que no se puede obviar, no puedes escaparlo, o por lo menos los Nanahoshis no han podido hacerlo. Muestra de ello fue aquel nefasto día de verano en el que Tokuma fue reclutado por la familia de su padre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sudor bajaba por el costado de su rostro posándose momentáneamente en la punta de su barbilla, tomando la forma de una gota que eventualmente caía gracias a la gravedad. La vanidad de un cuerpo esculpido le obsesionaba, como cualquier adolescente cuyas hormonas no sabían hacer otra cosa más que causar estragos. Se encontraba entrenando desde temprano, aprovechando que su madre estaba aún trabajando desde el día anterior y él no tenía que presentarse a su trabajo hasta que el sol empezara a ocultarse. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Una, dos, tres… </span></span>— Contaba las flexiones, sus hombros lloraban con cada movimiento, pero la hinchazón de los músculos pectorales justificaba el sacrificio. Le encantaba verse, por ello el único espejo que poseían se encontraba justo delante de él y no ocupaba ninguna pieza de vestimenta más que sus calzoncillos. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font">—   <span style="color: #c14700;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me alegra saber que entrenas.</span> </span>— escuchó una voz rasgada, marchitada por el pasar del tiempo y el consumo constante del tabaco. No pudo ganarle al susto, sabía que se encontraba solo, al igual que sabía que la única puerta del pequeño apartamento de una habitación y un baño que compartía con su mamá estaba cerrada con llave. La voz venía detrás de él, desde un ángulo superior a lo que su cuerpo pegado al piso le permitía observar atreves del espejo. Fue entonces cuando entendió que la persona había accedido al apartamento gracias a la ventana que se encontraba abierta justo a sus espaldas. Sin dinero para muchas comodidades, la única forma de mitigar el calor avasallante era mantener las ventanas abiertas para maximizar la circulación de aire. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Quién demonios eres?</span></span> — Volteó rápidamente su cuerpo, como un gato defendiendo su espalda, para quedar bocarriba y ponerse de pie, todo en una sola maniobra — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">¿Y por qué entras a mi casa sin permiso? No tenemos dinero, eso te lo advierto desde ahora.</span></span> — Intentaba calmarse, disuadir al intrusar y al mismo tiempo pensar en su siguiente movimiento. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El hombre, calvo y con varios kilos demás, se encontraba agachado en el marco de la ventana abierta, mostrando una destreza poco común para alguien de su edad. Más preocupante era que Tokuma y su madre vivían en un cuarto piso, por lo que escalar hasta llegar a dicha ventana no sería nada fácil para un civil. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Militar. </span></span>— Murmuró — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Ah, eres bueno para deducir y además piensas rápido, haré de ti mi obra maestra.</span></span> — El comentario de pensar rápido se debía a que Tokuma ya tenía en su mano izquierda un pantalón para cubrirse, mientras que la derecha, su mano dominante, ocupaba la escoba. No, no tenía intención de limpiar, quería protegerse de la posible amenaza que yacía latente en la ventana. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #68c4e8;" class="mycode_color">Solo lo preguntaré una vez más, ¿quién demonios eres?</span></span> — Sus ojos azules se concentraron en aquel sujeto, cualquier movimiento desencadenaría un enfrentamiento en el cual tendría una desventaja clara, pero no podía permitir que un intruso se saliera con la suya solo por ser militar. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Tranquilo, no estoy aquí para robarte o hacerte daño.</span></span> — El sujeto levantó una mano en señal de paz mientras la otra sujetaba la ventana para mantener el equilibrio. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Te pareces bastante a tu papá, igual de paranoico. </span></span>— Tokuma no pudo ocultar su reacción de sorpresa y disgusto al realizar que aquel viejo pervertido tenía alguna conexión con su papá. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Mi nombre es Gonzo Senju y he venido a reclutarte, pequeño renacuajo.</span></span> —<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Gonzo Senju'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Gonzo Senju'; }">Gonzo Senju</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTHKqeLeDKu2qErU-1WGWKa08zpdLTmk29gC2_KctZRdg&amp;s=10" loading="lazy"  alt="[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcTHKqeLeDKu2qErU-1WGWK...tZRdg&amp;s=10]" class="mycode_img" /></div>
		</div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión de Rango B - El testigo desaparecido]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15005</link>
			<pubDate>Sat, 26 Sep 2026 16:25:25 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=860">Argeon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15005</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 70 del Verano del Año 150, Konohagakure no Sato</div>
El sol del verano se filtra a regañadientes entre las contraventanas semiabiertas de la Casa de Seguridad 14, iluminando un escenario donde el desorden material raya en lo absurdo y lo caótico. La sala principal es un mausoleo de abandono y destrucción fingida: el sofá de lona gruesa presenta el acolchado completamente desgarrado, con jirones de espuma sintética blanca desparramados por el suelo de tablones de cedro como si una fuerza ciega hubiera intentado destriparlo. Sobre la mesa de centro de roble, una pila de documentos oficiales de la investigación yace dispersa en un abanico desordenado, con hojas arrugadas, tazas de té volcadas cuyo líquido marrón ya ha secado formando charcos pegajosos sobre la madera, y ceniceros rebosantes de colillas apagadas que desprenden un olor rancio a tabaco frío.<br />
<br />
Las estanterías que cubrían la pared norte han sido derribadas desde los soportes, provocando una avalancha de manuales de táctica, bitácoras de guardia y legajos que alfombran el pasillo central, pisoteados y rotos. En la cocina contigua, los cajones inferiores fueron arrancados de cuajo de sus rieles de metal, colgando torcidos con los fondos partidos, mientras los utensilios de cocina y latas de ración militar yacen esparcidos entre trozos de vajilla de cerámica hecha añicos. Las puertas de los armarios oscilan levemente con el viento. Sin embargo, bajo la aparente futilidad del desastre, un análisis minucioso del suelo de la cocina revela un detalle microscópico: los pesados trozos de cerámica rota que tapan la rejilla del desagüe del piso han sido colocados de manera milimétricamente calculada, ocultando debajo un minúsculo rastro de tierra arcillosa y húmeda que no pertenece al polvo acumulado de la casa, formando una ruta imperceptible que apunta directamente hacia el conducto de ventilación inferior, el cual carece de marcas de haber sido forzado desde afuera.<br />
<br />
Recostado contra el marco de la puerta de la entrada con absoluta desidia, un veterano shinobi de la división de seguridad da una última calada a su cigarrillo y exhala el humo con pesadez antes de hablar:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No busques milagros, Uchiha... el tipo se esfumó y las probabilidades de hallarlo son nulas—</span></span></span> murmura el veterano con voz rasposa, arrojando la colilla al suelo y aplastándola con desdén. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Haz lo que tengas que hacer, pero aquí adentro solo hay un muladar de pistas falsas.—</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 70 del Verano del Año 150, Konohagakure no Sato</div>
El sol del verano se filtra a regañadientes entre las contraventanas semiabiertas de la Casa de Seguridad 14, iluminando un escenario donde el desorden material raya en lo absurdo y lo caótico. La sala principal es un mausoleo de abandono y destrucción fingida: el sofá de lona gruesa presenta el acolchado completamente desgarrado, con jirones de espuma sintética blanca desparramados por el suelo de tablones de cedro como si una fuerza ciega hubiera intentado destriparlo. Sobre la mesa de centro de roble, una pila de documentos oficiales de la investigación yace dispersa en un abanico desordenado, con hojas arrugadas, tazas de té volcadas cuyo líquido marrón ya ha secado formando charcos pegajosos sobre la madera, y ceniceros rebosantes de colillas apagadas que desprenden un olor rancio a tabaco frío.<br />
<br />
Las estanterías que cubrían la pared norte han sido derribadas desde los soportes, provocando una avalancha de manuales de táctica, bitácoras de guardia y legajos que alfombran el pasillo central, pisoteados y rotos. En la cocina contigua, los cajones inferiores fueron arrancados de cuajo de sus rieles de metal, colgando torcidos con los fondos partidos, mientras los utensilios de cocina y latas de ración militar yacen esparcidos entre trozos de vajilla de cerámica hecha añicos. Las puertas de los armarios oscilan levemente con el viento. Sin embargo, bajo la aparente futilidad del desastre, un análisis minucioso del suelo de la cocina revela un detalle microscópico: los pesados trozos de cerámica rota que tapan la rejilla del desagüe del piso han sido colocados de manera milimétricamente calculada, ocultando debajo un minúsculo rastro de tierra arcillosa y húmeda que no pertenece al polvo acumulado de la casa, formando una ruta imperceptible que apunta directamente hacia el conducto de ventilación inferior, el cual carece de marcas de haber sido forzado desde afuera.<br />
<br />
Recostado contra el marco de la puerta de la entrada con absoluta desidia, un veterano shinobi de la división de seguridad da una última calada a su cigarrillo y exhala el humo con pesadez antes de hablar:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—No busques milagros, Uchiha... el tipo se esfumó y las probabilidades de hallarlo son nulas—</span></span></span> murmura el veterano con voz rasposa, arrojando la colilla al suelo y aplastándola con desdén. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #e82a1f;" class="mycode_color">—Haz lo que tengas que hacer, pero aquí adentro solo hay un muladar de pistas falsas.—</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión de Grado B - Atraco en curso]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14991</link>
			<pubDate>Wed, 23 Sep 2026 11:09:25 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=860">Argeon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14991</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 69 del Verano del Año 150 - Konohagakure, Zona Comercial.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14989&amp;pid=29399" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Misión</a></div>
<br />
La persistente lluvia de verano caía con una fuerza implacable sobre los tejados tradicionales y los adoquines del distrito comercial de Konoha, transformando las calles en un espejo gris, resbaladizo y completamente desierto por el temporal. El agua discurría en cascada desde los aleros de madera y las tejas de arcilla, emitiendo un sonido sordo y constante que amortiguaba cualquier otro ruido proveniente del exterior, aislando por completo el sector comercial del bullicio habitual de la Aldea Oculta entre las Hojas. En medio de aquella penumbra plomiza, la tienda de provisiones mantenía sus accesos parcialmente bloqueados y las persianas semibajadas, proyectando una silueta lúgubre apenas cortada por el parpadeo irregular y eléctrico de una bombilla de emergencia suspendida del techo. Las sombras de los callejones colindantes se alargaban con cada ráfaga de viento cargada de humedad, mientras las gotas rebotaban con violencia contra los muros de piedra y los carteles comerciales que anunciaban mercancías olvidadas. El ambiente exterior olía a tierra mojada, ozono concentrado y a la fría soledad de una tormenta que no mostraba intenciones de ceder ante la presencia de nadie.<br />
<br />
Dentro del local asediado, la atmósfera era una mezcla asfixiante de pólvora húmeda, madera vieja y el sudor frío de la desesperación contenida por los civiles atrapados en el interior. Los rehenes se encontraban apiñados y fuertemente maniatados en una de las esquinas del salón principal, temblando no solo a causa de la baja temperatura que se filtraba por las rendijas, sino por el terror absoluto de encontrarse a merced de criminales despiadados. Sus rostros pálidos reflejaban una tensión insoportable, mientras las lágrimas silenciosas se confundían con el agua que goteaba desde las goteras del techo dañado. Cualquier susurro más alto de lo normal, el crujido de una tabla bajo los pies o un temblor involuntario amenazaban con romper el frágil hilo de paciencia que mantenía con vida a los inocentes, convirtiendo cada segundo en una agonía psicológica difícil de soportar para quienes solo querían regresar a casa.<br />
<br />
Todo aquel desastre había comenzado de forma completamente repentina, minutos antes de que el sector quedara completamente aislado por la tormenta, cuando un grupo de hombres armados irrumpió con violencia en el establecimiento de la Zona Comercial con la única intención de saquear los bienes y la caja registradora. La tensión, que ya rozaba límites peligrosos, cruzó un punto de no retorno cuando uno de los trabajadores del local, harto de las amenazas y buscando defender el esfuerzo de toda su vida, intentó impedir el robo arrojándose valientemente contra uno de los asaltantes armado únicamente con un pesado tintero de porcelana. Lejos de amedrentar a los criminales o hacerlos recapacitar, aquel acto de resistencia desesperada desató la furia desmedida de la banda, quienes respondieron con una golpiza brutal contra el empleado antes de someter a punta de arma a todos los presentes, obligándolos a hacinarse en el rincón como rehenes para garantizar su propia impunidad.<br />
<br />
Los responsables directos de esta crisis no formaban parte de ninguna gran organización criminal ni respondían a un nombre célebre dentro de los registros del libro bingo de la aldea, sino que se trataba de un grupo improvisado de cinco shinobis renegados de baja estofa. Eran desertores sin rumbo fijo, hombres que habían abandonado sus filas por cobardía o ambición desmedida y que ahora deambulaban cometiendo actos delictivos sobre la marcha, guiados únicamente por el instinto de supervivencia en un territorio que les resultaba hostil. Su falta de una coordinación militar estricta y su precariedad táctica los volvía extremadamente peligrosos e impredecibles, ya que la presión constante de saberse atrapados en el corazón de la Hoja los empujaba a tomar decisiones erráticas y sumamente violentas ante el menor estímulo inesperado que proviniera del exterior.<br />
<br />
Los cinco miembros de esta facción improvisada se distribuían de manera tensa por el espacio reducido para mantener el control absoluto de las instalaciones y vigilar los accesos principales. El líder autoproclamado del grupo, un desertor con la mirada inyectada en sangre y una mueca de constante paranoia, se mantenía en la zona central custodiando de cerca a los rehenes y apuntando con su arma hacia el frente. Los otros cuatro subordinados se turnaban para vigilar las puertas traseras, las ventanas laterales y los flancos oscuros del salón, con los nudillos blancos de tanto apretar las empuñaduras de sus armas blancas. Su respiración agitada y entrecortada delataba el peso insoportable de la tensión temporal, plenamente conscientes de que la aldea no tardaría en enviar a un shinobi para resolver la situación.<br />
<br />
Eparcidas por el suelo de madera del establecimiento y estratégicamente adosadas a los pilares de soporte estructural, varias trampas rudimentarias y sellos explosivos improvisados aguardaban como una red letal dispuesta a activarse. Los pergaminos y las etiquetas de papel con marcas de detonación vibraban levemente con el eco sordo de los truenos lejanos, creando un escenario sumamente volátil donde un simple paso en falso, un roce con los escombros o una mala maniobra provocarían una reacción en cadena devastadora. La estructura comercial ya mostraba signos de fatiga y desgaste, y cualquier intento de incursión por parte de las fuerzas de seguridad sin desactivar previamente estas cargas artesanales podría terminar sepultando tanto a los rehenes como a los asaltantes bajo toneladas de escombros y vigas calcinadas.<br />
<br />
La concentración de los rehenes en un espacio tan reducido representaba, sin lugar a dudas, el mayor obstáculo táctico para cualquier maniobra de rescate que pretendiera evitar bajas civiles. Los criminales conocían a la perfección esta ventaja táctica y utilizaban la posición de los cautivos como una cobertura psicológica constante, gritando advertencias hacia las aberturas cada vez que escuchaban un crujido en la madera o un cambio en la intensidad de la lluvia. La extrema vulnerabilidad de las personas atrapadas obligaba a quien fuera a asumir la misión a planificar cada segundo con precisión milimétrica, priorizando el sigilo absoluto, la frialdad mental y la astucia por encima de cualquier despliegue de fuerza bruta que pusiera en peligro vidas inocentes.<br />
<br />
En el exterior del local, el callejón adoquinado situado junto al establecimiento comercial permanecía totalmente desierto debido a la intensidad implacable del temporal veraniego que azotaba la zona. Los charcos profundos formados entre las piedras reflejaban de manera distorsionada la luz intermitente del cartel eléctrico averiado, mientras el viento huracanado arrastraba hojas mojadas, papeles sueltos y ramas caídas contra las paredes de los edificios vecinos. Ningún transeúnte sensato se arriesgaba a transitar por las calles en esas condiciones, lo que dejaba el perímetro exterior completamente despejado para la llegada del shinobi asignado para resolver la crisis. Sin embargo, esa misma soledad exterior jugaba un papel de doble filo, ya que cualquier sonido metálico, deslizamiento o pisada sobre los adoquines húmedos resonaría con una claridad cristalina a través de las rendijas del local.<br />
<br />
La atmósfera general dentro y fuera del establecimiento se asemejaba a la de un polvorín a punto de estallar, donde un solo error de cálculo podía convertir el rescate en una tragedia irreversible para todos los involucrados. Los renegados ajustaban sus bandas ninja con el símbolo de la aldea tachado con una profunda línea horizontal, aferrándose a la falsa ilusión de que aún tenían el control de su destino a pesar de estar rodeados por el territorio de la Hoja. Cada sombra proyectada por las luces de emergencia era interpretada por sus mentes paranoicas como la inminente llegada de un cazador implacable, aumentando su disposición a presionar los detonadores ante cualquier señal de alerta proveniente de las tinieblas.<br />
<br />
Bajo el aguacero incesante que azotaba las inmediaciones de la Aldea Oculta entre las Hojas, el escenario aguardaba el desenlace de los acontecimientos con una paciencia gélida y silenciosa. La misión oficial ya había sido emitida y el shinobi designado tenía la responsabilidad absoluta de presentarse en el lugar, evaluar las condiciones del entorno, garantizar la integridad física de los rehenes atados en la esquina y neutralizar de manera definitiva a los cinco renegados. Las puertas del establecimiento permanecían cerradas a cal y canto, las trampas de papel aguardaban ocultas en la penumbra del suelo, y el destino de los inocentes dependía enteramente de la capacidad de respuesta de quien tuviera el valor de cruzar el umbral bajo la tormenta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Día 69 del Verano del Año 150 - Konohagakure, Zona Comercial.</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14989&amp;pid=29399" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Misión</a></div>
<br />
La persistente lluvia de verano caía con una fuerza implacable sobre los tejados tradicionales y los adoquines del distrito comercial de Konoha, transformando las calles en un espejo gris, resbaladizo y completamente desierto por el temporal. El agua discurría en cascada desde los aleros de madera y las tejas de arcilla, emitiendo un sonido sordo y constante que amortiguaba cualquier otro ruido proveniente del exterior, aislando por completo el sector comercial del bullicio habitual de la Aldea Oculta entre las Hojas. En medio de aquella penumbra plomiza, la tienda de provisiones mantenía sus accesos parcialmente bloqueados y las persianas semibajadas, proyectando una silueta lúgubre apenas cortada por el parpadeo irregular y eléctrico de una bombilla de emergencia suspendida del techo. Las sombras de los callejones colindantes se alargaban con cada ráfaga de viento cargada de humedad, mientras las gotas rebotaban con violencia contra los muros de piedra y los carteles comerciales que anunciaban mercancías olvidadas. El ambiente exterior olía a tierra mojada, ozono concentrado y a la fría soledad de una tormenta que no mostraba intenciones de ceder ante la presencia de nadie.<br />
<br />
Dentro del local asediado, la atmósfera era una mezcla asfixiante de pólvora húmeda, madera vieja y el sudor frío de la desesperación contenida por los civiles atrapados en el interior. Los rehenes se encontraban apiñados y fuertemente maniatados en una de las esquinas del salón principal, temblando no solo a causa de la baja temperatura que se filtraba por las rendijas, sino por el terror absoluto de encontrarse a merced de criminales despiadados. Sus rostros pálidos reflejaban una tensión insoportable, mientras las lágrimas silenciosas se confundían con el agua que goteaba desde las goteras del techo dañado. Cualquier susurro más alto de lo normal, el crujido de una tabla bajo los pies o un temblor involuntario amenazaban con romper el frágil hilo de paciencia que mantenía con vida a los inocentes, convirtiendo cada segundo en una agonía psicológica difícil de soportar para quienes solo querían regresar a casa.<br />
<br />
Todo aquel desastre había comenzado de forma completamente repentina, minutos antes de que el sector quedara completamente aislado por la tormenta, cuando un grupo de hombres armados irrumpió con violencia en el establecimiento de la Zona Comercial con la única intención de saquear los bienes y la caja registradora. La tensión, que ya rozaba límites peligrosos, cruzó un punto de no retorno cuando uno de los trabajadores del local, harto de las amenazas y buscando defender el esfuerzo de toda su vida, intentó impedir el robo arrojándose valientemente contra uno de los asaltantes armado únicamente con un pesado tintero de porcelana. Lejos de amedrentar a los criminales o hacerlos recapacitar, aquel acto de resistencia desesperada desató la furia desmedida de la banda, quienes respondieron con una golpiza brutal contra el empleado antes de someter a punta de arma a todos los presentes, obligándolos a hacinarse en el rincón como rehenes para garantizar su propia impunidad.<br />
<br />
Los responsables directos de esta crisis no formaban parte de ninguna gran organización criminal ni respondían a un nombre célebre dentro de los registros del libro bingo de la aldea, sino que se trataba de un grupo improvisado de cinco shinobis renegados de baja estofa. Eran desertores sin rumbo fijo, hombres que habían abandonado sus filas por cobardía o ambición desmedida y que ahora deambulaban cometiendo actos delictivos sobre la marcha, guiados únicamente por el instinto de supervivencia en un territorio que les resultaba hostil. Su falta de una coordinación militar estricta y su precariedad táctica los volvía extremadamente peligrosos e impredecibles, ya que la presión constante de saberse atrapados en el corazón de la Hoja los empujaba a tomar decisiones erráticas y sumamente violentas ante el menor estímulo inesperado que proviniera del exterior.<br />
<br />
Los cinco miembros de esta facción improvisada se distribuían de manera tensa por el espacio reducido para mantener el control absoluto de las instalaciones y vigilar los accesos principales. El líder autoproclamado del grupo, un desertor con la mirada inyectada en sangre y una mueca de constante paranoia, se mantenía en la zona central custodiando de cerca a los rehenes y apuntando con su arma hacia el frente. Los otros cuatro subordinados se turnaban para vigilar las puertas traseras, las ventanas laterales y los flancos oscuros del salón, con los nudillos blancos de tanto apretar las empuñaduras de sus armas blancas. Su respiración agitada y entrecortada delataba el peso insoportable de la tensión temporal, plenamente conscientes de que la aldea no tardaría en enviar a un shinobi para resolver la situación.<br />
<br />
Eparcidas por el suelo de madera del establecimiento y estratégicamente adosadas a los pilares de soporte estructural, varias trampas rudimentarias y sellos explosivos improvisados aguardaban como una red letal dispuesta a activarse. Los pergaminos y las etiquetas de papel con marcas de detonación vibraban levemente con el eco sordo de los truenos lejanos, creando un escenario sumamente volátil donde un simple paso en falso, un roce con los escombros o una mala maniobra provocarían una reacción en cadena devastadora. La estructura comercial ya mostraba signos de fatiga y desgaste, y cualquier intento de incursión por parte de las fuerzas de seguridad sin desactivar previamente estas cargas artesanales podría terminar sepultando tanto a los rehenes como a los asaltantes bajo toneladas de escombros y vigas calcinadas.<br />
<br />
La concentración de los rehenes en un espacio tan reducido representaba, sin lugar a dudas, el mayor obstáculo táctico para cualquier maniobra de rescate que pretendiera evitar bajas civiles. Los criminales conocían a la perfección esta ventaja táctica y utilizaban la posición de los cautivos como una cobertura psicológica constante, gritando advertencias hacia las aberturas cada vez que escuchaban un crujido en la madera o un cambio en la intensidad de la lluvia. La extrema vulnerabilidad de las personas atrapadas obligaba a quien fuera a asumir la misión a planificar cada segundo con precisión milimétrica, priorizando el sigilo absoluto, la frialdad mental y la astucia por encima de cualquier despliegue de fuerza bruta que pusiera en peligro vidas inocentes.<br />
<br />
En el exterior del local, el callejón adoquinado situado junto al establecimiento comercial permanecía totalmente desierto debido a la intensidad implacable del temporal veraniego que azotaba la zona. Los charcos profundos formados entre las piedras reflejaban de manera distorsionada la luz intermitente del cartel eléctrico averiado, mientras el viento huracanado arrastraba hojas mojadas, papeles sueltos y ramas caídas contra las paredes de los edificios vecinos. Ningún transeúnte sensato se arriesgaba a transitar por las calles en esas condiciones, lo que dejaba el perímetro exterior completamente despejado para la llegada del shinobi asignado para resolver la crisis. Sin embargo, esa misma soledad exterior jugaba un papel de doble filo, ya que cualquier sonido metálico, deslizamiento o pisada sobre los adoquines húmedos resonaría con una claridad cristalina a través de las rendijas del local.<br />
<br />
La atmósfera general dentro y fuera del establecimiento se asemejaba a la de un polvorín a punto de estallar, donde un solo error de cálculo podía convertir el rescate en una tragedia irreversible para todos los involucrados. Los renegados ajustaban sus bandas ninja con el símbolo de la aldea tachado con una profunda línea horizontal, aferrándose a la falsa ilusión de que aún tenían el control de su destino a pesar de estar rodeados por el territorio de la Hoja. Cada sombra proyectada por las luces de emergencia era interpretada por sus mentes paranoicas como la inminente llegada de un cazador implacable, aumentando su disposición a presionar los detonadores ante cualquier señal de alerta proveniente de las tinieblas.<br />
<br />
Bajo el aguacero incesante que azotaba las inmediaciones de la Aldea Oculta entre las Hojas, el escenario aguardaba el desenlace de los acontecimientos con una paciencia gélida y silenciosa. La misión oficial ya había sido emitida y el shinobi designado tenía la responsabilidad absoluta de presentarse en el lugar, evaluar las condiciones del entorno, garantizar la integridad física de los rehenes atados en la esquina y neutralizar de manera definitiva a los cinco renegados. Las puertas del establecimiento permanecían cerradas a cal y canto, las trampas de papel aguardaban ocultas en la penumbra del suelo, y el destino de los inocentes dependía enteramente de la capacidad de respuesta de quien tuviera el valor de cruzar el umbral bajo la tormenta.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lazos mentales (Kohaku)]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14977</link>
			<pubDate>Sun, 20 Sep 2026 15:55:28 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=848">Muzan Akaza</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14977</guid>
			<description><![CDATA[Muzen se encontraba de regreso a casa luego de haber estado entrenando en la academia. De vez en cuando se reunía con algunos chicos de su promoción para verse en el patio de la escuela en horas en que ya no había alumnos estudiando, para no ser un problema para la seguridad del colegio. Ya había entrenado unas buenas horas y regresaba a la casa de su abuelo comiendo un par de panes dulces de una bolsa. Siempre que salía tenía que gastarse todo el dinero en cosas deliciosas y ese día no era la excepción. Caminaba por los senderos de las casas tranquilamente, con una mano en la cabeza y prácticamente los ojos cerrados porque recorría ese camino desde que tenía memoria.<br />
<br />
Iba acompañado por Koha, su querido mono ninja, el cual había recibido no hacía mucho para desarrollar el vínculo tradicional entre un Sarutobi y su invocación. Koha iba saltando por los barandales mientras lo acompañaba haciendo cosas de mono, pero en un salto se detuvo y se quedó quieto mirando en una dirección. La falta de ruido hizo que el joven albino abriera uno de sus ojos buscando la fuente de fascinación del pequeño animal.<br />
<br />
-<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Qué pasó, Koha? Es solamente una niña, es mejor que no nos acerquemos...</span><br />
<br />
Eso parecía más bien por el hecho de que aquella niña le pudiera quitar los panes que estaba disfrutando tanto, algo totalmente irracional ya que la niña pelirroja no tenía aspecto de ser violenta ni parecía haberlos notado. Sin embargo, el mono marrón, que portaba una bandana ninja en la cabeza y un chaleco de shinobi, no dejaba de mirarla. Al contrario, pareció preocuparse, ya que de un salto se puso al lado del albino, quien se quedó unos instantes observándola.<br />
<br />
-<span style="color: #17b529;" class="mycode_color"> Creo que la he visto en la academia...</span><br />
<br />
No era capaz de recordar cuándo, ni si era de su promoción o de una más reciente, pero la joven le parecía más fascinante a cada minuto. Se distrajo a tal punto que Koha, su mono travieso, no demoró en sacarle uno de los panes. Con unas maniobras simiescas, el animal se acercó a la joven haciendo ruido y le ofreció el pan. Esto hizo que el Sarutobi saliera de su fascinación y se aproximara haciendo un poco más de ruido.<br />
<br />
-<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Disculpa a mi entrometido amigo, está queriendo invitarte un pan dulce...</span><br />
<br />
Claramente no le diría que no lo aceptara, ya que sería una descortesía, pero el mono parecía decidido a que la joven lo tuviera. Lo que estaba haciendo era totalmente desconocido para el joven, pero no por ello menos interesante. El sol comenzaba a ocultarse y en algunas horas sería totalmente de noche.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Muzen se encontraba de regreso a casa luego de haber estado entrenando en la academia. De vez en cuando se reunía con algunos chicos de su promoción para verse en el patio de la escuela en horas en que ya no había alumnos estudiando, para no ser un problema para la seguridad del colegio. Ya había entrenado unas buenas horas y regresaba a la casa de su abuelo comiendo un par de panes dulces de una bolsa. Siempre que salía tenía que gastarse todo el dinero en cosas deliciosas y ese día no era la excepción. Caminaba por los senderos de las casas tranquilamente, con una mano en la cabeza y prácticamente los ojos cerrados porque recorría ese camino desde que tenía memoria.<br />
<br />
Iba acompañado por Koha, su querido mono ninja, el cual había recibido no hacía mucho para desarrollar el vínculo tradicional entre un Sarutobi y su invocación. Koha iba saltando por los barandales mientras lo acompañaba haciendo cosas de mono, pero en un salto se detuvo y se quedó quieto mirando en una dirección. La falta de ruido hizo que el joven albino abriera uno de sus ojos buscando la fuente de fascinación del pequeño animal.<br />
<br />
-<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">¿Qué pasó, Koha? Es solamente una niña, es mejor que no nos acerquemos...</span><br />
<br />
Eso parecía más bien por el hecho de que aquella niña le pudiera quitar los panes que estaba disfrutando tanto, algo totalmente irracional ya que la niña pelirroja no tenía aspecto de ser violenta ni parecía haberlos notado. Sin embargo, el mono marrón, que portaba una bandana ninja en la cabeza y un chaleco de shinobi, no dejaba de mirarla. Al contrario, pareció preocuparse, ya que de un salto se puso al lado del albino, quien se quedó unos instantes observándola.<br />
<br />
-<span style="color: #17b529;" class="mycode_color"> Creo que la he visto en la academia...</span><br />
<br />
No era capaz de recordar cuándo, ni si era de su promoción o de una más reciente, pero la joven le parecía más fascinante a cada minuto. Se distrajo a tal punto que Koha, su mono travieso, no demoró en sacarle uno de los panes. Con unas maniobras simiescas, el animal se acercó a la joven haciendo ruido y le ofreció el pan. Esto hizo que el Sarutobi saliera de su fascinación y se aproximara haciendo un poco más de ruido.<br />
<br />
-<span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Disculpa a mi entrometido amigo, está queriendo invitarte un pan dulce...</span><br />
<br />
Claramente no le diría que no lo aceptara, ya que sería una descortesía, pero el mono parecía decidido a que la joven lo tuviera. Lo que estaba haciendo era totalmente desconocido para el joven, pero no por ello menos interesante. El sol comenzaba a ocultarse y en algunas horas sería totalmente de noche.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión Rango E: Un Recuerdo Perdido]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14969</link>
			<pubDate>Sat, 19 Sep 2026 11:53:36 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=860">Argeon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14969</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/f52dm4j.jpeg" loading="lazy"  width="600" height="400" alt="[Imagen: f52dm4j.jpeg]" class="mycode_img" /></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14967" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Un Recuerdo Perdido</a></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano 36 del año 150 - Konohagakure no Sato</span></div>
<br />
<br />
El sol del verano cae a plomo sobre Konohagakure no Sato, envolviendo la aldea en un manto de calor y luz dorada. El aire estival está saturado de vida: el aroma tentador de la barbacoa que sale de los puestos de comida, el murmullo constante de los aldeanos regateando en el mercado, y el eco lejano y alegre de los niños jugando cerca de la Academia Ninja. Es un día bullicioso y vibrante, donde la vida fluye con normalidad bajo la atenta mirada de los rostros de piedra de los Hokage que se alzan imponentes en la distancia.<br />
<br />
En medio de este ajetreo, en una pequeña y tranquila casa residencial, comienza la historia de esta misión. Aoi, una joven de cabello castaño y ojos soñadores, se encuentra sola en la habitación que alguna vez perteneció a su madre. En un impulso de nostalgia y desafío silencioso, abre la vieja caja de madera donde su madre guardaba sus tesoros más preciados. Entre recuerdos y cartas antiguas, brilla con luz propia un pequeño colgante de plata con forma de hoja. Es una reliquia familiar, un objeto cargado de historia y amor que ha pasado de generación en generación. Aoi, sabiendo que no debería tomarlo sin permiso, lo hace de todos modos, sintiendo una mezcla de culpa y emoción al colgarlo alrededor de su cuello. Cierra la caja rápidamente, asegurándose de que nadie la vea, y sale de la casa con la intención de hacer unos recados para el almuerzo.<br />
<br />
Mientras camina hacia el distrito comercial del este, Aoi está sumergida en sus propios pensamientos. El peso del colgante sobre su pecho es un secreto reconfortante pero también una fuente de ansiedad. Camina sin prestar mucha atención a lo que sucede a su alrededor, absorta en la memoria de su madre y la sensación de llevar su legado consigo. Los colores y sonidos de Konoha se convierten en un borrón a su paso mientras cruza el puente de piedra sobre el arroyo y se adentra en los callejones aledaños a los campos de entrenamiento residenciales.<br />
<br />
Es precisamente esta falta de atención, este caminar distraído, lo que sella su destino. Cuando finalmente llega a una intersección cercana a la plaza central, con las bolsas de víveres en sus manos y los ojos clavados en el suelo, una sensación helada recorre su cuerpo. El contacto del colgante con su piel ha desaparecido. Tantea desesperadamente el bolsillo de su abrigo ligero de verano, pero lo encuentra abierto y vacío. El colgante ya no está.<br />
<br />
La realidad la golpea con la fuerza de un rayo. El mundo bullicioso a su alrededor se detiene. Sus ojos se llenan de lágrimas de angustia y desesperación, y sus ropas ligeras de verano parecen no protegerla del frío repentino que siente en su interior. Es en este momento, en ese preciso instante de pánico, cuando te encuentras con ella.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-¡Por favor, shinobi-sama!</span></span>-</span>, exclama Aoi con un hilo de voz, deteniendo tu paso con su desesperación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-¡Necesito ayuda! He perdido... ¡he perdido el recuerdo más preciado que me queda de mi madre!-</span></span></span><br />
<br />
Entre sollozos, te explica que se trata de una reliquia familiar irremplazable. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-No sé exactamente dónde se cayó-</span></span></span>, continúa, secándose las lágrimas con el dorso de la mano y con una voz cargada de tristeza y preocupación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-Recuerdo haber cruzado el puente de piedra sobre el arroyo y haber pasado por los callejones cercanos a los campos de entrenamiento residenciales. Pudo haberse caído en cualquier lugar, con tanta gente y tanto movimiento... y lo peor... lo peor es ese sentimiento en mi interior... como un nudo, un vacío aquí en el pecho-</span></span></span> , dice, señalándose el corazón con la mano temblorosa. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">—Siento que si no lo encuentro ahora mismo, una parte de ella, de mi madre, se habrá ido para siempre. Es un presentimiento terrible, shinobi-sama. Como si una pequeña luz que me guiaba se hubiera apagado.—</span></span></span><br />
<br />
El bullicio de la aldea a su alrededor parece desvanecerse, sofocado por el peso de su propia culpa. Aoi da un paso atrás, con la mirada perdida en el suelo empedrado, mientras las palabras comienzan a atropellarse en sus labios, temblorosas y quebradas por el pánico:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">—¿Y si... y si nunca lo encuentro? —</span></span></span>susurra, con los ojos anegados en lágrimas que ya no puede contener, mientras un escalofrío recorre todo su cuerpo a pesar del calor del verano<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">. —Si pierdo esto... siento que pierdo el único rastro de que ella realmente existió, de que estuvo conmigo. Si ese colgante desaparece para siempre, ¿qué queda de su memoria en este mundo? ¿Qué queda de mí si ni siquiera fui capaz de cuidar lo único valioso que me dejó? Quizás... quizás mi madre se avergonzaría de mí ahora mismo. Todo esto es por mi culpa, por mi desobediencia...</span></span></span>—<br />
<br />
Las piernas le fallan de repente, incapaces de soportar el peso de su angustia y el vacío helado que siente en el pecho. Aoi se desploma lentamente contra el suelo duro y polvoriento de la calle, arrodillándose en medio del camino sin importarle las miradas curiosas de los transeúntes. Con las manos aferradas con fuerza a su propio abrigo y la bolsa de víveres a un lado, rompe a llorar de forma inconsolable.<br />
<br />
Estirando los brazos hacia ti, con la desesperación reflejada en cada fibra de su ser, se inclina en una súplica desesperada:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">—¡Por favor... te lo ruego, shinobi-sama! —</span></span></span> llora amargamente, con la voz rota y suplicante. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Ayúdame a buscarlo, te lo suplico con toda el alma. No puedo regresar a casa con las manos vacías... ¡Sálvame de este vacío!—</span></span></span><br />
<br />
El llanto de Aoi resuena con fuerza en la concurrida calle de Konoha, rompiendo la dinámica habitual del bullicioso mediodía. A su alrededor, el ir y venir de los aldeanos se detiene de golpe. Varios transeúntes que caminaban cargando bolsas de compras o regresaban de sus labores se detienen en seco, formando un círculo silencioso a su alrededor.<br />
<br />
Algunos vecinos la reconocen y se murmuran entre ellos con genuina preocupación, lanzando miradas compasivas hacia la joven arrodillada en el suelo polvoriento. Comentarios apagados flotan en el aire: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Pobre muchacha, miren cómo sufre...—</span></span></span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¿Qué le habrá pasado?—</span></span></span> mientras otros observan con curiosidad a la espera de ver cómo reaccionará el shinobi ante la dramática escena. El murmullo general de la aldea parece contener la respiración, dejando todo el peso de la atención pública sobre ti. Aoi sigue postrada en el suelo, con el rostro bañado en lágrimas y las manos estiradas hacia ti en un gesto de absoluta vulnerabilidad, esperando una respuesta que puede cambiar el rumbo de su desesperación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.imgur.com/f52dm4j.jpeg" loading="lazy"  width="600" height="400" alt="[Imagen: f52dm4j.jpeg]" class="mycode_img" /></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14967" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Un Recuerdo Perdido</a></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano 36 del año 150 - Konohagakure no Sato</span></div>
<br />
<br />
El sol del verano cae a plomo sobre Konohagakure no Sato, envolviendo la aldea en un manto de calor y luz dorada. El aire estival está saturado de vida: el aroma tentador de la barbacoa que sale de los puestos de comida, el murmullo constante de los aldeanos regateando en el mercado, y el eco lejano y alegre de los niños jugando cerca de la Academia Ninja. Es un día bullicioso y vibrante, donde la vida fluye con normalidad bajo la atenta mirada de los rostros de piedra de los Hokage que se alzan imponentes en la distancia.<br />
<br />
En medio de este ajetreo, en una pequeña y tranquila casa residencial, comienza la historia de esta misión. Aoi, una joven de cabello castaño y ojos soñadores, se encuentra sola en la habitación que alguna vez perteneció a su madre. En un impulso de nostalgia y desafío silencioso, abre la vieja caja de madera donde su madre guardaba sus tesoros más preciados. Entre recuerdos y cartas antiguas, brilla con luz propia un pequeño colgante de plata con forma de hoja. Es una reliquia familiar, un objeto cargado de historia y amor que ha pasado de generación en generación. Aoi, sabiendo que no debería tomarlo sin permiso, lo hace de todos modos, sintiendo una mezcla de culpa y emoción al colgarlo alrededor de su cuello. Cierra la caja rápidamente, asegurándose de que nadie la vea, y sale de la casa con la intención de hacer unos recados para el almuerzo.<br />
<br />
Mientras camina hacia el distrito comercial del este, Aoi está sumergida en sus propios pensamientos. El peso del colgante sobre su pecho es un secreto reconfortante pero también una fuente de ansiedad. Camina sin prestar mucha atención a lo que sucede a su alrededor, absorta en la memoria de su madre y la sensación de llevar su legado consigo. Los colores y sonidos de Konoha se convierten en un borrón a su paso mientras cruza el puente de piedra sobre el arroyo y se adentra en los callejones aledaños a los campos de entrenamiento residenciales.<br />
<br />
Es precisamente esta falta de atención, este caminar distraído, lo que sella su destino. Cuando finalmente llega a una intersección cercana a la plaza central, con las bolsas de víveres en sus manos y los ojos clavados en el suelo, una sensación helada recorre su cuerpo. El contacto del colgante con su piel ha desaparecido. Tantea desesperadamente el bolsillo de su abrigo ligero de verano, pero lo encuentra abierto y vacío. El colgante ya no está.<br />
<br />
La realidad la golpea con la fuerza de un rayo. El mundo bullicioso a su alrededor se detiene. Sus ojos se llenan de lágrimas de angustia y desesperación, y sus ropas ligeras de verano parecen no protegerla del frío repentino que siente en su interior. Es en este momento, en ese preciso instante de pánico, cuando te encuentras con ella.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-¡Por favor, shinobi-sama!</span></span>-</span>, exclama Aoi con un hilo de voz, deteniendo tu paso con su desesperación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-¡Necesito ayuda! He perdido... ¡he perdido el recuerdo más preciado que me queda de mi madre!-</span></span></span><br />
<br />
Entre sollozos, te explica que se trata de una reliquia familiar irremplazable. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-No sé exactamente dónde se cayó-</span></span></span>, continúa, secándose las lágrimas con el dorso de la mano y con una voz cargada de tristeza y preocupación. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">-Recuerdo haber cruzado el puente de piedra sobre el arroyo y haber pasado por los callejones cercanos a los campos de entrenamiento residenciales. Pudo haberse caído en cualquier lugar, con tanta gente y tanto movimiento... y lo peor... lo peor es ese sentimiento en mi interior... como un nudo, un vacío aquí en el pecho-</span></span></span> , dice, señalándose el corazón con la mano temblorosa. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">—Siento que si no lo encuentro ahora mismo, una parte de ella, de mi madre, se habrá ido para siempre. Es un presentimiento terrible, shinobi-sama. Como si una pequeña luz que me guiaba se hubiera apagado.—</span></span></span><br />
<br />
El bullicio de la aldea a su alrededor parece desvanecerse, sofocado por el peso de su propia culpa. Aoi da un paso atrás, con la mirada perdida en el suelo empedrado, mientras las palabras comienzan a atropellarse en sus labios, temblorosas y quebradas por el pánico:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">—¿Y si... y si nunca lo encuentro? —</span></span></span>susurra, con los ojos anegados en lágrimas que ya no puede contener, mientras un escalofrío recorre todo su cuerpo a pesar del calor del verano<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">. —Si pierdo esto... siento que pierdo el único rastro de que ella realmente existió, de que estuvo conmigo. Si ese colgante desaparece para siempre, ¿qué queda de su memoria en este mundo? ¿Qué queda de mí si ni siquiera fui capaz de cuidar lo único valioso que me dejó? Quizás... quizás mi madre se avergonzaría de mí ahora mismo. Todo esto es por mi culpa, por mi desobediencia...</span></span></span>—<br />
<br />
Las piernas le fallan de repente, incapaces de soportar el peso de su angustia y el vacío helado que siente en el pecho. Aoi se desploma lentamente contra el suelo duro y polvoriento de la calle, arrodillándose en medio del camino sin importarle las miradas curiosas de los transeúntes. Con las manos aferradas con fuerza a su propio abrigo y la bolsa de víveres a un lado, rompe a llorar de forma inconsolable.<br />
<br />
Estirando los brazos hacia ti, con la desesperación reflejada en cada fibra de su ser, se inclina en una súplica desesperada:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #d900a7;" class="mycode_color">—¡Por favor... te lo ruego, shinobi-sama! —</span></span></span> llora amargamente, con la voz rota y suplicante. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #f012be;" class="mycode_color">—Ayúdame a buscarlo, te lo suplico con toda el alma. No puedo regresar a casa con las manos vacías... ¡Sálvame de este vacío!—</span></span></span><br />
<br />
El llanto de Aoi resuena con fuerza en la concurrida calle de Konoha, rompiendo la dinámica habitual del bullicioso mediodía. A su alrededor, el ir y venir de los aldeanos se detiene de golpe. Varios transeúntes que caminaban cargando bolsas de compras o regresaban de sus labores se detienen en seco, formando un círculo silencioso a su alrededor.<br />
<br />
Algunos vecinos la reconocen y se murmuran entre ellos con genuina preocupación, lanzando miradas compasivas hacia la joven arrodillada en el suelo polvoriento. Comentarios apagados flotan en el aire: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—Pobre muchacha, miren cómo sufre...—</span></span></span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #0074d9;" class="mycode_color">—¿Qué le habrá pasado?—</span></span></span> mientras otros observan con curiosidad a la espera de ver cómo reaccionará el shinobi ante la dramática escena. El murmullo general de la aldea parece contener la respiración, dejando todo el peso de la atención pública sobre ti. Aoi sigue postrada en el suelo, con el rostro bañado en lágrimas y las manos estiradas hacia ti en un gesto de absoluta vulnerabilidad, esperando una respuesta que puede cambiar el rumbo de su desesperación.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lazos de Sangre ( Raizen Sarutobi)]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14964</link>
			<pubDate>Fri, 18 Sep 2026 00:07:37 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=848">Muzan Akaza</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14964</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">29 del verano</span></div>
<br />
Para Muzen, descansar no era más que lo necesario para que su cuerpo reposara sobre la cama y luego salir corriendo a entrenar. Ese día no iba a ser distinto, o al menos eso era lo que tenía en mente el joven albino, quien, nada más darse cuenta de que ya era temprano en la mañana, decidió levantarse para acomodar sus ropas. Frente al espejo, mientras ajustaba su cinturón de herramientas y también la bandana de la cual estaba bastante orgulloso, tomó un kunai y le dio unas cuantas vueltas en el aire; incluso llegó a hacer unas poses tontas delante de su reflejo. Luego se dispuso a bajar, ya que en su mente tenía la idea de pasar por la cocina, tomar algunos dulces y salir corriendo antes de que su abuelo le dijera algo por hacer. Normalmente le encargaba cosas aburridas, como cuidar las plantas, regarlas o ver crecer cualquier tipo de vegetación, pero lo que él quería a esa hora era gastar energía, pues de lo contrario nadie soportaría al jovencito. Sin embargo, al bajar por las escaleras encontró a su abuelo sentado a la mesa con un vaso de té, quien nada más verlo sonrió.<br />
<br />
— <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Muzen, mi querido joven, ven un minuto por aquí, quiero decirte algo.</span><br />
<br />
Suspiró derrotado: no había logrado ser lo suficientemente rápido. La próxima vez saldría por la ventana, pero tener que pasar por la cocina era el problema. Ya tendría que pensar en usar alguna arte ninja para ocultarse y salir sin ser visto, pero ahora tendría que hacer lo que su abuelo quisiera. Se acercó a este y el anciano le señaló el patio.<br />
<br />
— <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ha venido un primo lejano tuyo de visita, sería interesante que lo conocieras. Está afuera, ¿por qué no charlan un rato? Quizás incluso puedan entrenar un poco; él tiene más tiempo dominando las técnicas del clan que tú, mi querido joven. Podría ser interesante conocer más sobre el legado Sarutobi.</span><br />
<br />
El joven no tenía más remedio que hacerle caso al abuelo, pero antes de eso se encaminó hacia la cocina a buscar una bolsa de dulces que siempre había sobre la mesa principal. Luego salió al patio interno de la mansión Sarutobi, donde vivía gracias a los esfuerzos de su abuelo, ya que él habitaba allí más como ocupante que como invitado. Así, masticando un dulce de color naranja chillón, salió al exterior buscando con la vista dónde pudiera estar ese primo suyo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">29 del verano</span></div>
<br />
Para Muzen, descansar no era más que lo necesario para que su cuerpo reposara sobre la cama y luego salir corriendo a entrenar. Ese día no iba a ser distinto, o al menos eso era lo que tenía en mente el joven albino, quien, nada más darse cuenta de que ya era temprano en la mañana, decidió levantarse para acomodar sus ropas. Frente al espejo, mientras ajustaba su cinturón de herramientas y también la bandana de la cual estaba bastante orgulloso, tomó un kunai y le dio unas cuantas vueltas en el aire; incluso llegó a hacer unas poses tontas delante de su reflejo. Luego se dispuso a bajar, ya que en su mente tenía la idea de pasar por la cocina, tomar algunos dulces y salir corriendo antes de que su abuelo le dijera algo por hacer. Normalmente le encargaba cosas aburridas, como cuidar las plantas, regarlas o ver crecer cualquier tipo de vegetación, pero lo que él quería a esa hora era gastar energía, pues de lo contrario nadie soportaría al jovencito. Sin embargo, al bajar por las escaleras encontró a su abuelo sentado a la mesa con un vaso de té, quien nada más verlo sonrió.<br />
<br />
— <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Muzen, mi querido joven, ven un minuto por aquí, quiero decirte algo.</span><br />
<br />
Suspiró derrotado: no había logrado ser lo suficientemente rápido. La próxima vez saldría por la ventana, pero tener que pasar por la cocina era el problema. Ya tendría que pensar en usar alguna arte ninja para ocultarse y salir sin ser visto, pero ahora tendría que hacer lo que su abuelo quisiera. Se acercó a este y el anciano le señaló el patio.<br />
<br />
— <span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Ha venido un primo lejano tuyo de visita, sería interesante que lo conocieras. Está afuera, ¿por qué no charlan un rato? Quizás incluso puedan entrenar un poco; él tiene más tiempo dominando las técnicas del clan que tú, mi querido joven. Podría ser interesante conocer más sobre el legado Sarutobi.</span><br />
<br />
El joven no tenía más remedio que hacerle caso al abuelo, pero antes de eso se encaminó hacia la cocina a buscar una bolsa de dulces que siempre había sobre la mesa principal. Luego salió al patio interno de la mansión Sarutobi, donde vivía gracias a los esfuerzos de su abuelo, ya que él habitaba allí más como ocupante que como invitado. Así, masticando un dulce de color naranja chillón, salió al exterior buscando con la vista dónde pudiera estar ese primo suyo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Visitando a Akira-san despues de la paliza [Combate]]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14956</link>
			<pubDate>Thu, 17 Sep 2026 10:30:07 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=720">Uchiha Keisuke</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14956</guid>
			<description><![CDATA[Denuevo estaba en el patio de su casa. Se que si lo intento puedo ganarle, pero está muy cuesta arriba el hacerlo. Tendría que hacer semejante estrategia para lograrlo. Reconosco que en estos momentos no soy capaz de hacerlo y lo único que puedo lograr es fortalecerme de alguna manera. Suspiré pensando en mi haciéndo ejercicios con pesas y esas webadas. Pero ni modo, tendré que hacerlo si quiero ponerme más fuerte. <br />
<br />
Esta vez no traje el hoz. Traje Kunais, Hilo Metálico y Shurikens. Si, ya se que él era un Hyuuga, pero quería ver si... Ah, para que me miento. Él no se iba a tropezar con el Hilo Metálico que puse en su casa. Sería bien gracioso si le pasara. <br />
<br />
Mientras Akira-san estaba haciéndo algo en algún lugar, yo preparé el terreno en su jardín. Espero que a él no le moleste tal cosa. (?) Pero puse un Hilo Metálico a metros de mi para cuando él viniera a atacarme se tropezara o le pasara algo y ahí yo aprovecharía. Estoy plenamente consciente de que eso es una estrategia de mierda, pero buscaba que él se confiara, pensara que yo era un imbécil, y ahí yo improvisaría de alguna... forma, algo... (?) Con los Shurikens y Kunais.<br />
<br />
Lo peor que podía pasar era que le saltara por encima al hilo, o hiciera algo extraño. Bueno. El Hilo ya estaba preparado. Mis manos en los bolsillos tocaban las Shurikens.<br />
<br />
Las Shurikens arrojadizas las utilizaría para hacerle daño y/o cortarle el paso si atacaba directamente. Esperaba con eso lograr hacer algo ante un oponente físico. Y no, no activaría el Sharingan, porque el muy puto no miraba a uno a los ojos. (?)<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; }">Estadísticas de Uchiha Keisuke</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Uchiha Keisuke</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>75</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>50</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>420</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>435</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>52</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	<br />
<br />
Trampa de Ataque:<br />
<br />
<span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">Puede emplearse para activar trampas, recuperar armas arrojadizas, alterar su dirección en pleno vuelo o incluso realizar técnicas de agarre a distancia. Aunque rara vez se utiliza de forma independiente, puede ser aplicado directamente en combate cercano durante Entablar Taijutsu para amarrar o sujetar al oponente con el Agarre. Cualquier arma arrojadiza atada al hilo metálico aumenta en 1 su nivel para ser evadida (no puede superar el nivel 5).</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 5 (MDES) de Rango</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 4 (MINT) de Sigilo</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Aumenta en +1 el nivel para ser evadido</span><br />
<br />
<br />
<br />
Defensa:<br />
<br />
<span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">Arma arrojadiza de filo múltiple, comúnmente en forma de estrella, diseñada para ser lanzada con precisión y velocidad. A diferencia de otras herramientas, las shurikens no pueden ser empuñadas como armas cuerpo a cuerpo, ya que su diseño está pensado exclusivamente para el lanzamiento a distancia.<br />
<br />
El daño que provocan depende de la fuerza del lanzamiento y la destreza del usuario para hacerlas girar en el aire, lo que determina su capacidad de corte. Al impactar, generan daño por sangrado, siendo útiles para desgastar al oponente o dificultar su movilidad.</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MDES) de Sangrado</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MFUE) de Sangrado</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Solo Arrojadizas</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Denuevo estaba en el patio de su casa. Se que si lo intento puedo ganarle, pero está muy cuesta arriba el hacerlo. Tendría que hacer semejante estrategia para lograrlo. Reconosco que en estos momentos no soy capaz de hacerlo y lo único que puedo lograr es fortalecerme de alguna manera. Suspiré pensando en mi haciéndo ejercicios con pesas y esas webadas. Pero ni modo, tendré que hacerlo si quiero ponerme más fuerte. <br />
<br />
Esta vez no traje el hoz. Traje Kunais, Hilo Metálico y Shurikens. Si, ya se que él era un Hyuuga, pero quería ver si... Ah, para que me miento. Él no se iba a tropezar con el Hilo Metálico que puse en su casa. Sería bien gracioso si le pasara. <br />
<br />
Mientras Akira-san estaba haciéndo algo en algún lugar, yo preparé el terreno en su jardín. Espero que a él no le moleste tal cosa. (?) Pero puse un Hilo Metálico a metros de mi para cuando él viniera a atacarme se tropezara o le pasara algo y ahí yo aprovecharía. Estoy plenamente consciente de que eso es una estrategia de mierda, pero buscaba que él se confiara, pensara que yo era un imbécil, y ahí yo improvisaría de alguna... forma, algo... (?) Con los Shurikens y Kunais.<br />
<br />
Lo peor que podía pasar era que le saltara por encima al hilo, o hiciera algo extraño. Bueno. El Hilo ya estaba preparado. Mis manos en los bolsillos tocaban las Shurikens.<br />
<br />
Las Shurikens arrojadizas las utilizaría para hacerle daño y/o cortarle el paso si atacaba directamente. Esperaba con eso lograr hacer algo ante un oponente físico. Y no, no activaría el Sharingan, porque el muy puto no miraba a uno a los ojos. (?)<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; }">Estadísticas de Uchiha Keisuke</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Uchiha Keisuke</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>75</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>50</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>420</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>435</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>52</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	<br />
<br />
Trampa de Ataque:<br />
<br />
<span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">Puede emplearse para activar trampas, recuperar armas arrojadizas, alterar su dirección en pleno vuelo o incluso realizar técnicas de agarre a distancia. Aunque rara vez se utiliza de forma independiente, puede ser aplicado directamente en combate cercano durante Entablar Taijutsu para amarrar o sujetar al oponente con el Agarre. Cualquier arma arrojadiza atada al hilo metálico aumenta en 1 su nivel para ser evadida (no puede superar el nivel 5).</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 5 (MDES) de Rango</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 4 (MINT) de Sigilo</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Aumenta en +1 el nivel para ser evadido</span><br />
<br />
<br />
<br />
Defensa:<br />
<br />
<span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">Arma arrojadiza de filo múltiple, comúnmente en forma de estrella, diseñada para ser lanzada con precisión y velocidad. A diferencia de otras herramientas, las shurikens no pueden ser empuñadas como armas cuerpo a cuerpo, ya que su diseño está pensado exclusivamente para el lanzamiento a distancia.<br />
<br />
El daño que provocan depende de la fuerza del lanzamiento y la destreza del usuario para hacerlas girar en el aire, lo que determina su capacidad de corte. Al impactar, generan daño por sangrado, siendo útiles para desgastar al oponente o dificultar su movilidad.</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MDES) de Sangrado</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MFUE) de Sangrado</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Solo Arrojadizas</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Visitando a Akira-san [Combate]]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14955</link>
			<pubDate>Thu, 17 Sep 2026 10:21:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=720">Uchiha Keisuke</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14955</guid>
			<description><![CDATA[Había llegado a casa de Akira-san, un hombre al que le tenía mucho respeto por todo lo que había significado para Konoha. Podía ver su potencial. Él era un hablador, pero no un hablador de los que habla mierda y no hace nada, sino un hablador que hablaba, y actuaba. Además de ser alguien con alta inteligencia y también seguro de sí mismo. Después del combate en su contra recuperé los sentidos y le pregunté si podía entrenarme en una sección de entrenamientos. Yo no podía permanecer siendo un maldito insecto. (?) Algún día tendría que evolucionar. (?)<br />
<br />
Y así fue como llegué a su casa. Como agradecimiento le hice una reverencia, le regalé unos dangos para que almorzara y también un envase de ungüento. Pasamos al patio de su casa. No iba a activar el Sharingan porque no quería depender de él. Yo estaba tratando de desarrollar mi propio estilo de combate para ver cual era mi estilo. Y empezaría por lo básico. ¿Intentando esquivarlo? Le hice una reverencia, mientras sostenía mi Hoz en la mano. Esperaría a ver si podía leer los movimientos de mi adversario, porque aquella vez él había sido muy rápido. <br />
<br />
Hice una reverencia para dejar saber que el combate comenzaría. Metí mi mano al bolsillo, saqué un Boomerang de Madera y se lo lanzé de frente. El Boomerang volvería y le daría en la cabeza. O eso esperaba.<br />
<br />
<span style="color: blue;" class="mycode_color">"Aunque ahora que lo pienso... ¿Qué hago atacando por la espalda a un Hyuuga? Hahahahahaha, que pendejo soy."</span> - Keisuke sonrió después de haber lanzado el Boomerang, porque ajá. Puso pose defensiva con el Hoz en la mano.<br />
<br />
-------------------<br />
<br />
Ataque:<br />
<br />
<span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">El Boomerang de Madera es considerado por muchos un simple juguete; sin embargo, su versatilidad va mucho más allá. Con la fuerza suficiente, puede alcanzar distancias mayores que la mayoría de las armas arrojadizas convencionales y, gracias a su diseño, regresar a la mano de su usuario al describir una amplia curva durante su trayectoria. Aunque no posee un gran poder destructivo, su comportamiento lo convierte en un arma difícil de anticipar y especialmente útil para quienes saben aprovechar sus posibilidades.<br />
<br />
Debido a la naturaleza errática de su vuelo, resulta complicado predecir su recorrido, ya que no siempre se dirige directamente hacia el objetivo y puede realizar curvas con facilidad, llegando incluso a impactar durante su trayecto de regreso y aprovechando puntos ciegos. Esto le permite aumentar el sigilo de su ejecución e incluso ocultar parte de su trayectoria si deja de ser observado directamente. Aun así, sigue siendo un arma de madera, por lo que su capacidad de causar daño es limitada.</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MDES) de Lesión</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MDES) de Sigilo</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Puede Regresar al usuario</span><br />
<br />
<br />
<br />
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color">Defensa: </span><br />
<br />
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">Arma de filo curvo con corte interno, tradicionalmente diseñada para enganchar, desgarrar y cortar con movimientos amplios y precisos. Su forma permite bloquear o desviar ataques, así como ejecutar tajos envolventes que pueden alcanzar zonas difíciles del cuerpo enemigo, lo que la hace especialmente peligrosa en combate cercano. Su filo está diseñado para desgarrar más que perforar, causando heridas difíciles de tratar.<br />
<br />
Además de su uso cuerpo a cuerpo, la hoz puede ser arrojada como un proyectil de tamaño mediano, manteniendo su letalidad en movimiento. Al ser lanzada, provoca sangrado y lesiones moderadas, gracias al filo curvo que gira en el aire y corta con fuerza al impactar. Aunque su efectividad máxima se da a corta distancia, su versatilidad la convierte en un arma útil tanto en ataques directos como en ofensivas sorpresivas a media distancia.</span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 2 (MDES) de Sangrado</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 2 (MFUE) de Lesión</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Se considera proyectil mediano al ser arrojada</span><br />
<br />
</span><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; }">Estadísticas de Uchiha Keisuke</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Uchiha Keisuke</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>75</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>50</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>420</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>435</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>52</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había llegado a casa de Akira-san, un hombre al que le tenía mucho respeto por todo lo que había significado para Konoha. Podía ver su potencial. Él era un hablador, pero no un hablador de los que habla mierda y no hace nada, sino un hablador que hablaba, y actuaba. Además de ser alguien con alta inteligencia y también seguro de sí mismo. Después del combate en su contra recuperé los sentidos y le pregunté si podía entrenarme en una sección de entrenamientos. Yo no podía permanecer siendo un maldito insecto. (?) Algún día tendría que evolucionar. (?)<br />
<br />
Y así fue como llegué a su casa. Como agradecimiento le hice una reverencia, le regalé unos dangos para que almorzara y también un envase de ungüento. Pasamos al patio de su casa. No iba a activar el Sharingan porque no quería depender de él. Yo estaba tratando de desarrollar mi propio estilo de combate para ver cual era mi estilo. Y empezaría por lo básico. ¿Intentando esquivarlo? Le hice una reverencia, mientras sostenía mi Hoz en la mano. Esperaría a ver si podía leer los movimientos de mi adversario, porque aquella vez él había sido muy rápido. <br />
<br />
Hice una reverencia para dejar saber que el combate comenzaría. Metí mi mano al bolsillo, saqué un Boomerang de Madera y se lo lanzé de frente. El Boomerang volvería y le daría en la cabeza. O eso esperaba.<br />
<br />
<span style="color: blue;" class="mycode_color">"Aunque ahora que lo pienso... ¿Qué hago atacando por la espalda a un Hyuuga? Hahahahahaha, que pendejo soy."</span> - Keisuke sonrió después de haber lanzado el Boomerang, porque ajá. Puso pose defensiva con el Hoz en la mano.<br />
<br />
-------------------<br />
<br />
Ataque:<br />
<br />
<span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">El Boomerang de Madera es considerado por muchos un simple juguete; sin embargo, su versatilidad va mucho más allá. Con la fuerza suficiente, puede alcanzar distancias mayores que la mayoría de las armas arrojadizas convencionales y, gracias a su diseño, regresar a la mano de su usuario al describir una amplia curva durante su trayectoria. Aunque no posee un gran poder destructivo, su comportamiento lo convierte en un arma difícil de anticipar y especialmente útil para quienes saben aprovechar sus posibilidades.<br />
<br />
Debido a la naturaleza errática de su vuelo, resulta complicado predecir su recorrido, ya que no siempre se dirige directamente hacia el objetivo y puede realizar curvas con facilidad, llegando incluso a impactar durante su trayecto de regreso y aprovechando puntos ciegos. Esto le permite aumentar el sigilo de su ejecución e incluso ocultar parte de su trayectoria si deja de ser observado directamente. Aun así, sigue siendo un arma de madera, por lo que su capacidad de causar daño es limitada.</span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MDES) de Lesión</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 1 (MDES) de Sigilo</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Puede Regresar al usuario</span><br />
<br />
<br />
<br />
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color">Defensa: </span><br />
<br />
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #c6bacf;" class="mycode_color">Arma de filo curvo con corte interno, tradicionalmente diseñada para enganchar, desgarrar y cortar con movimientos amplios y precisos. Su forma permite bloquear o desviar ataques, así como ejecutar tajos envolventes que pueden alcanzar zonas difíciles del cuerpo enemigo, lo que la hace especialmente peligrosa en combate cercano. Su filo está diseñado para desgarrar más que perforar, causando heridas difíciles de tratar.<br />
<br />
Además de su uso cuerpo a cuerpo, la hoz puede ser arrojada como un proyectil de tamaño mediano, manteniendo su letalidad en movimiento. Al ser lanzada, provoca sangrado y lesiones moderadas, gracias al filo curvo que gira en el aire y corta con fuerza al impactar. Aunque su efectividad máxima se da a corta distancia, su versatilidad la convierte en un arma útil tanto en ataques directos como en ofensivas sorpresivas a media distancia.</span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 2 (MDES) de Sangrado</span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> 2 (MFUE) de Lesión</span></div>
<span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #f3edf3;" class="mycode_color"><span style="color: #cac0d6;" class="mycode_color"><span style="font-family: Cinzel, serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Efecto</span></span></span> Se considera proyectil mediano al ser arrojada</span><br />
<br />
</span><div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Estadísticas de Uchiha Keisuke'; }">Estadísticas de Uchiha Keisuke</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">
		<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.18);background:#130f1e;padding:16px 18px;color:#e8dff8;'>
			<div style='display:flex;align-items:center;gap:10px;margin-bottom:16px;'>
				<span style='display:inline-block;width:3px;height:18px;background:#c0582a;'></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:14px;font-weight:900;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;'>Uchiha Keisuke</span>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Generales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Fuerza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Inteligencia</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>75</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 4</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Destreza</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>5</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 1</span>
					</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);background:#171224;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Ctrl. Chakra</div>
					<div style='display:flex;align-items:baseline;gap:6px;margin-top:4px;'>
						<span style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;'>50</span>
						<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1px;color:#b890e0;'>M: 3</span>
					</div>
				</div>
			</div>

			<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;font-weight:700;letter-spacing:2px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;margin-bottom:8px;'>Estadísticas Especiales</div>
			<div style='display:grid;grid-template-columns:repeat(4,minmax(0,1fr));gap:6px;margin-bottom:16px;'>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Salud</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>9</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Tenketsu</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>13</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Sigilo</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>12</div>
				</div>
				<div style='border:0.5px solid rgba(156,107,204,0.16);border-left:1.5px solid #7b4ab8;background:#1c162c;padding:9px 10px;'>
					<div style='font-family:Cinzel,serif;font-size:8px;font-weight:700;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#9c6bcc;'>Velocidad</div>
					<div style='font-size:19px;font-weight:700;color:#e8dff8;margin-top:4px;'>11</div>
				</div>
			</div>

			<div style='display:flex;flex-wrap:wrap;gap:18px;border-top:0.5px solid rgba(156,107,204,0.12);padding-top:12px;'>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Vida <strong class='personaje_vida' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>420</strong> <img title="Vida" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/vida.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Chakra <strong class='personaje_chakra' style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>435</strong> <img title="Chakra" style=" width: 13px; top: -1px; position: relative; " src="./images/sg/icons/chakra.png" /></span>
				<span style='font-family:Cinzel,serif;font-size:9px;letter-spacing:1.5px;text-transform:uppercase;color:#8a7a9a;'>Reg. Chakra <strong style='font-size:13px;color:#e8dff8;'>52</strong></span>
			</div>
		</div>
	</div>
		</div>
	]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango D] Legado Ancestral]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14937</link>
			<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 06:54:05 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=407">Narrador Cuervito-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14937</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango D] Legado Ancestral</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14936&amp;pid=29037#pid29037" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 50 del Verano del Año 150 -  Distrito Senju, Zona Residencial, Konohagakure</span><br />
<br />
<br />
La movilización provocada por el conflicto había dejado el distrito Senju bastante más vacío de lo habitual. Muchos de sus miembros habían sido enviados al frente y algunas tareas menores habían terminado en manos de quienes normalmente ni siquiera habrían sido considerados para ellas. Argeon había sido citado en uno de los edificios administrativos del clan. Un hombre de avanzada edad lo esperaba junto a unas escaleras que descendían hacia los archivos subterráneos.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Argeon Senju. Sígueme.</span><br />
<br />
El recorrido terminó frente a una sala llena de estanterías, cajas y pergaminos antiguos. Sobre una mesa central habían apartado tres cajas.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Parte de estos registros serán trasladados a un depósito más seguro. Mapas, informes tácticos y antiguos protocolos defensivos del clan.</span> -El hombre señaló las cajas.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Tu trabajo es revisar su estado, preparar el contenido y llevarlo hasta el montacargas del segundo corredor.</span><br />
<br />
Dos de ellas parecían encontrarse en buen estado. La tercera no. Una de sus esquinas presentaba manchas de humedad y la madera se encontraba ligeramente deformada.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Hubo una filtración cerca de esta sección durante la noche.</span> -Entonces miró directamente a Argeon.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Me han informado de que has aprendido a manejar Suiton.</span> -No sonó especialmente complacido con ello.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Si encuentras agua acumulada o humedad en algún compartimento, retírala sin dañar los documentos. Nada de demostraciones innecesarias.</span> -El anciano se apartó de la mesa.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Cuando termines, avísame.</span><br />
<br />
Antes de marcharse, dedicó una última mirada al joven.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Esos registros pertenecen al clan desde hace generaciones. Procura que lleguen abajo en el mismo estado.</span><br />
<br />
La puerta quedó abierta tras él. Frente a Argeon aguardaban las tres cajas. Y la afectada por la humedad parecía el lugar más evidente por el que empezar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango D] Legado Ancestral</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14936&amp;pid=29037#pid29037" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 50 del Verano del Año 150 -  Distrito Senju, Zona Residencial, Konohagakure</span><br />
<br />
<br />
La movilización provocada por el conflicto había dejado el distrito Senju bastante más vacío de lo habitual. Muchos de sus miembros habían sido enviados al frente y algunas tareas menores habían terminado en manos de quienes normalmente ni siquiera habrían sido considerados para ellas. Argeon había sido citado en uno de los edificios administrativos del clan. Un hombre de avanzada edad lo esperaba junto a unas escaleras que descendían hacia los archivos subterráneos.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Argeon Senju. Sígueme.</span><br />
<br />
El recorrido terminó frente a una sala llena de estanterías, cajas y pergaminos antiguos. Sobre una mesa central habían apartado tres cajas.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Parte de estos registros serán trasladados a un depósito más seguro. Mapas, informes tácticos y antiguos protocolos defensivos del clan.</span> -El hombre señaló las cajas.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Tu trabajo es revisar su estado, preparar el contenido y llevarlo hasta el montacargas del segundo corredor.</span><br />
<br />
Dos de ellas parecían encontrarse en buen estado. La tercera no. Una de sus esquinas presentaba manchas de humedad y la madera se encontraba ligeramente deformada.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Hubo una filtración cerca de esta sección durante la noche.</span> -Entonces miró directamente a Argeon.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Me han informado de que has aprendido a manejar Suiton.</span> -No sonó especialmente complacido con ello.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Si encuentras agua acumulada o humedad en algún compartimento, retírala sin dañar los documentos. Nada de demostraciones innecesarias.</span> -El anciano se apartó de la mesa.- <span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">Cuando termines, avísame.</span><br />
<br />
Antes de marcharse, dedicó una última mirada al joven.<br />
<br />
<span style="color: #ffc95f;" class="mycode_color">- Esos registros pertenecen al clan desde hace generaciones. Procura que lleguen abajo en el mismo estado.</span><br />
<br />
La puerta quedó abierta tras él. Frente a Argeon aguardaban las tres cajas. Y la afectada por la humedad parecía el lugar más evidente por el que empezar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Autonarrada] [D] Entrena mi Gato]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14930</link>
			<pubDate>Tue, 15 Sep 2026 20:36:17 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=749">Mayura Hyuga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14930</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">2 de Verano, Año 150, Zona Residencial de Konohagakure</span></div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
El verano había llegado a Konoha con un sol reluciente, cálido y una brisa fresca. Para Mayura, era el escenario perfecto para una nueva demostración de excelencia. El joven pavo real estaba ansioso por el itinerario del día. Esta misión había llegado como consecuencia de su éxito el día anterior. Después de todo, tras haber convertido a Mochi en una criatura digna de ser contemplada, era lógico que la dueña del gato blanco volviera a requerir sus servicios. <br />
<br />
Mayura no se sorprendió cuando la señora lo recibió de nuevo con una expresión similar a la del día anterior; parecía ser su manera de recibir todo lo relacionado con su gato. No hubo hola ni un buen día. Solo un — <span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">de prisa, sabes que no le gusta esperar</span> — acompañado de un tirón de brazos hasta llegar a la sala de la residencia. Sin embargo, el pavo no se molestó ni mucho menos, la señora solo seguía el mismo ritmo de ayer y la competencia era en menos de dos días. <br />
<br />
— <span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">No se preocupe, señora. La belleza del gran pavo real del Konoha hará que el gran Rey Mochi deslumbre a todos con su andar. </span>— Dijo llevando una mano al pecho con un tono heroico, listo para salvar el día. Para su sorpresa, Mochi, sentado sobre un pequeño cojín frente al espejo de la sala. Afortunadamente, su pelaje blanco aún conservaba parte del brillo y el moño verdeazulado seguía intacto en su cuello.<br />
<br />
Entonces, la señora explicó que el concurso de animales no evaluaría únicamente la apariencia, sino también la presencia, el comportamiento y los trucos que pudieran hacer. Pero justo ahí explicó que Mochi no conocía ningún truco, mucho menos disfrutaba caminar o la compañía de extraños. Mayura asintió mientras rascaba el arañazo que el gato le habia dado cuando lo terminó de arreglar. Conocía perfectamente qué tan arisco podía ser Mochi, pero al mismo tiempo sabía todo el potencial que el gato tenía.<br />
<br />
La señora le entregó una correa ligera, también verdeazulada, decorada con un pequeño broche plateado. Mayura la examinó unos segundos y luego miró a Mochi con una mezcla de juicio y aprobación. — <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">Aceptable. No deslumbra tanto como debería, pero no compite con tu rostro. Eso es importante. </span>— Comentó el pavo como si tuviera más opciones que elegir. — <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">Veo que estamos de acuerdo.</span> — Continuó, dibujando una sonrisa de emoción al ver cómo Mochi parpadeaba sin su gesto arisco de siempre. Sin más que esperar, Mayura le colocó el collar con cuidado y partieron para su paseo de entrenamiento. <br />
<br />
El primer destino fue una calle cercana al mercado. Era perfecta para poner a prueba a Mochi, pues había muchos ojos que cautivar. Mayura avanzó con la barbilla ligeramente elevada, como si él también fuera parte de la competencia. Cada vez que alguien miraba, por supuesto que lo notaba, a lo que respondía con una sonrisa de placer sin devolver las miradas.<br />
<br />
Instintivamente, el gato siguió sus impulsos como animal, deteniéndose en seco al pasar frente a un puesto de pescado seco. Perfecto, si lograba combatir estos impulsos y enfocarse en su andar, entonces habría superado gran parte de lo que necesitaba para la competencia.  — No te distraigas, Mochi, jum. — Le dijo al gato con un tono sutil, aunque imperativo. <br />
<br />
— <span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Recuerda, siempre debes estar pulcro y elegante. Sé que no es fácil resistirse a lo mundano; la vida me castigó con el don de la belleza y con un hermano tan feo como el perro que pasamos hace rato.</span> — Continuó quejándose con el gato sobre lo que era su regalo más grande en la vida. Mientras tanto, Mochi solo volteó a verlo, parpadeó un poco y se sentó regresando la mirada hacia el pescado. Mayura trató de tirarle por la correa para recordarle lo que debían hacer pero el gato se negó a moverse. <br />
<br />
Durante casi un minuto, ambos permanecieron allí, completamente inmóviles. El joven pavo real de Konoha se obligó a controlar la respiración; ya estaba empezando a perder la paciencia, pero perder contra un gato no era una opción, al menos no en público. Como último recurso para controlarse a sí mismo, sacó un pequeño caramelo y se lo llevó a la boca mientras pensaba cómo proceder. Mayura miró el puesto de pescado, luego al gato, luego a la calle que se extendía más adelante.<br />
<br />
— <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">No puedo creer lo que estoy a punto de hacer.</span> — Suspiró con pesadez ante la idea que se le había ocurrido. Decidió comprar una pequeña porción de pescado, pidió que la cortaran en trozos diminutos y utilizó el aroma para guiar a Mochi sin darle el premio de inmediato. El gato se incorporó casi al instante, decidido a avanzar en dirección a su premio. <br />
<br />
Ahora deseoso de ganar su premio, se mantuvo dócil y motivado, sin distraerse con los puestos, pues lo que Mayura llevaba en las manos le quedaba más cerca. Durante el resto del paseo, Mochi recibió caricias breves y suficientes comentarios sobre lo suave y brillante que era su pelaje. Mayura aprovechó cada reacción para reforzar la conducta del gato con pequeños premios, haciéndole entender que debía agradar a los otros si quería ganarse un premio, que era justo lo que buscaría al momento de competir.  <br />
<br />
Cuando regresaron a la casa de la señora, Mochi parecía menos nervioso y bastante más dispuesto a aceptar que el mundo lo observara. Mayura entregó la correa con satisfacción evidente. — <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">Ha sido un avance considerable. Aún requiere práctica, por supuesto, pero con un buen intensivo podrá llevarse la corona en la competencia dentro de dos días. </span>—  Comentó orgulloso, entregando el gato a su dueña. Mochi, por su parte, se sentó junto a la puerta y comenzó a lamerse una pata como si nada de aquello hubiese sido importante. Mayura lo contempló por unos segundos. Le acarició la cabeza. Ahora no recibió un arañazo como la primera vez. Ese era el mayor avance de todo. Y así, el pavo real había completado la misión y pudo volver a casa para descansar.  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Peticion:</span> <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14920&amp;pid=28941#pid28941" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://shinobigaiden.net/showthread.php...1#pid28941</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">2 de Verano, Año 150, Zona Residencial de Konohagakure</span></div>
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El verano había llegado a Konoha con un sol reluciente, cálido y una brisa fresca. Para Mayura, era el escenario perfecto para una nueva demostración de excelencia. El joven pavo real estaba ansioso por el itinerario del día. Esta misión había llegado como consecuencia de su éxito el día anterior. Después de todo, tras haber convertido a Mochi en una criatura digna de ser contemplada, era lógico que la dueña del gato blanco volviera a requerir sus servicios. <br />
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Mayura no se sorprendió cuando la señora lo recibió de nuevo con una expresión similar a la del día anterior; parecía ser su manera de recibir todo lo relacionado con su gato. No hubo hola ni un buen día. Solo un — <span style="color: #ff857a;" class="mycode_color">de prisa, sabes que no le gusta esperar</span> — acompañado de un tirón de brazos hasta llegar a la sala de la residencia. Sin embargo, el pavo no se molestó ni mucho menos, la señora solo seguía el mismo ritmo de ayer y la competencia era en menos de dos días. <br />
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— <span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">No se preocupe, señora. La belleza del gran pavo real del Konoha hará que el gran Rey Mochi deslumbre a todos con su andar. </span>— Dijo llevando una mano al pecho con un tono heroico, listo para salvar el día. Para su sorpresa, Mochi, sentado sobre un pequeño cojín frente al espejo de la sala. Afortunadamente, su pelaje blanco aún conservaba parte del brillo y el moño verdeazulado seguía intacto en su cuello.<br />
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Entonces, la señora explicó que el concurso de animales no evaluaría únicamente la apariencia, sino también la presencia, el comportamiento y los trucos que pudieran hacer. Pero justo ahí explicó que Mochi no conocía ningún truco, mucho menos disfrutaba caminar o la compañía de extraños. Mayura asintió mientras rascaba el arañazo que el gato le habia dado cuando lo terminó de arreglar. Conocía perfectamente qué tan arisco podía ser Mochi, pero al mismo tiempo sabía todo el potencial que el gato tenía.<br />
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La señora le entregó una correa ligera, también verdeazulada, decorada con un pequeño broche plateado. Mayura la examinó unos segundos y luego miró a Mochi con una mezcla de juicio y aprobación. — <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">Aceptable. No deslumbra tanto como debería, pero no compite con tu rostro. Eso es importante. </span>— Comentó el pavo como si tuviera más opciones que elegir. — <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">Veo que estamos de acuerdo.</span> — Continuó, dibujando una sonrisa de emoción al ver cómo Mochi parpadeaba sin su gesto arisco de siempre. Sin más que esperar, Mayura le colocó el collar con cuidado y partieron para su paseo de entrenamiento. <br />
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El primer destino fue una calle cercana al mercado. Era perfecta para poner a prueba a Mochi, pues había muchos ojos que cautivar. Mayura avanzó con la barbilla ligeramente elevada, como si él también fuera parte de la competencia. Cada vez que alguien miraba, por supuesto que lo notaba, a lo que respondía con una sonrisa de placer sin devolver las miradas.<br />
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Instintivamente, el gato siguió sus impulsos como animal, deteniéndose en seco al pasar frente a un puesto de pescado seco. Perfecto, si lograba combatir estos impulsos y enfocarse en su andar, entonces habría superado gran parte de lo que necesitaba para la competencia.  — No te distraigas, Mochi, jum. — Le dijo al gato con un tono sutil, aunque imperativo. <br />
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— <span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Recuerda, siempre debes estar pulcro y elegante. Sé que no es fácil resistirse a lo mundano; la vida me castigó con el don de la belleza y con un hermano tan feo como el perro que pasamos hace rato.</span> — Continuó quejándose con el gato sobre lo que era su regalo más grande en la vida. Mientras tanto, Mochi solo volteó a verlo, parpadeó un poco y se sentó regresando la mirada hacia el pescado. Mayura trató de tirarle por la correa para recordarle lo que debían hacer pero el gato se negó a moverse. <br />
<br />
Durante casi un minuto, ambos permanecieron allí, completamente inmóviles. El joven pavo real de Konoha se obligó a controlar la respiración; ya estaba empezando a perder la paciencia, pero perder contra un gato no era una opción, al menos no en público. Como último recurso para controlarse a sí mismo, sacó un pequeño caramelo y se lo llevó a la boca mientras pensaba cómo proceder. Mayura miró el puesto de pescado, luego al gato, luego a la calle que se extendía más adelante.<br />
<br />
— <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">No puedo creer lo que estoy a punto de hacer.</span> — Suspiró con pesadez ante la idea que se le había ocurrido. Decidió comprar una pequeña porción de pescado, pidió que la cortaran en trozos diminutos y utilizó el aroma para guiar a Mochi sin darle el premio de inmediato. El gato se incorporó casi al instante, decidido a avanzar en dirección a su premio. <br />
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Ahora deseoso de ganar su premio, se mantuvo dócil y motivado, sin distraerse con los puestos, pues lo que Mayura llevaba en las manos le quedaba más cerca. Durante el resto del paseo, Mochi recibió caricias breves y suficientes comentarios sobre lo suave y brillante que era su pelaje. Mayura aprovechó cada reacción para reforzar la conducta del gato con pequeños premios, haciéndole entender que debía agradar a los otros si quería ganarse un premio, que era justo lo que buscaría al momento de competir.  <br />
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Cuando regresaron a la casa de la señora, Mochi parecía menos nervioso y bastante más dispuesto a aceptar que el mundo lo observara. Mayura entregó la correa con satisfacción evidente. — <span style="color: #419DC1;" class="mycode_color">Ha sido un avance considerable. Aún requiere práctica, por supuesto, pero con un buen intensivo podrá llevarse la corona en la competencia dentro de dos días. </span>—  Comentó orgulloso, entregando el gato a su dueña. Mochi, por su parte, se sentó junto a la puerta y comenzó a lamerse una pata como si nada de aquello hubiese sido importante. Mayura lo contempló por unos segundos. Le acarició la cabeza. Ahora no recibió un arañazo como la primera vez. Ese era el mayor avance de todo. Y así, el pavo real había completado la misión y pudo volver a casa para descansar.  <br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Peticion:</span> <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14920&amp;pid=28941#pid28941" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://shinobigaiden.net/showthread.php...1#pid28941</a>]]></content:encoded>
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