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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Zona Comercial]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 13:12:13 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión Rango C: Las voces del silencio]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15188</link>
			<pubDate>Wed, 14 Oct 2026 16:37:00 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=102">Narrador Tenseigan-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15188</guid>
			<description><![CDATA[<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Las voces del silencio</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Konohagakure no Sato — 50 de verano</span></div>
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
<br />
La mañana había comenzado con el movimiento habitual de Konoha. Los comerciantes levantaban las persianas de sus establecimientos, los primeros clientes recorrían las calles en busca de algo para desayunar y el murmullo de las conversaciones se mezclaba con el sonido de las sandalias sobre el empedrado. Bajo el sol de verano, la aldea parecía tan tranquila como cualquier otro día.<br />
<br />
Sin embargo, no todas las familias habían podido comenzar la jornada con la misma serenidad.<br />
<br />
Durante las últimas semanas, varias denuncias por la desaparición de menores habían llegado a las autoridades. Al principio, los casos se habían tratado como incidentes aislados: niños que no regresaban a casa a la hora acordada, pequeños que se separaban de sus padres durante las compras o que no aparecían después de visitar a algún amigo. Pero, a medida que las horas se convertían en días y las búsquedas concluían sin respuestas, la preocupación había empezado a extenderse entre los vecinos.<br />
<br />
No había señales claras de violencia en los lugares donde se había visto a los menores por última vez. Tampoco se habían encontrado rastros suficientes para reconstruir sus movimientos. Lo único que parecía repetirse en algunos testimonios era la presencia de desconocidos merodeando cerca de ellos poco antes de su desaparición.<br />
<br />
Aquellas coincidencias, por sí solas, no constituían una prueba. Pero eran suficientes para justificar una investigación más cuidadosa.<br />
<br />
Fue en ese contexto que se asignó una nueva misión de rango C.<br />
<br />
El encargo no exigía enfrentarse a un enemigo conocido ni adentrarse en territorios peligrosos. Su propósito inicial era más sencillo, al menos sobre el papel: reunir testimonios, revisar las circunstancias de las desapariciones y encontrar alguna pista que las autoridades hubieran pasado por alto. Aun así, detrás de aquella tarea había una responsabilidad que no necesitaba explicaciones. Cada familia esperaba noticias. Cada día sin respuestas aumentaba la incertidumbre.<br />
<br />
En una de las calles próximas al centro comercial, un tablón de anuncios exhibía avisos de objetos perdidos, solicitudes de ayuda y pequeños encargos para los habitantes de la aldea. Entre ellos, una hoja reciente llevaba varios nombres escritos a mano y una petición de información sobre los niños desaparecidos. La tinta todavía conservaba su intensidad, aunque los bordes del papel comenzaban a doblarse por el viento.<br />
<br />
A poca distancia, un pequeño puesto de bebidas atendía a los transeúntes. Su propietario conversaba con una mujer que sostenía de la mano a su hijo, mientras dos shinobi examinaban una lista de domicilios antes de continuar con sus labores.<br />
<br />
La vida seguía su curso, pero había preguntas que nadie había conseguido responder.<br />
<br />
¿Quiénes eran aquellos desconocidos? ¿Por qué se acercaban a los menores? ¿Y qué había ocurrido con los niños después de desaparecer?<br />
<br />
Por el momento, no existían respuestas concluyentes. Solo testimonios incompletos, familias preocupadas y una investigación que apenas comenzaba.<br />
<br />
Era allí donde empezaba la misión.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<hr class="mycode_hr" />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial Black;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Las voces del silencio</span></span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Konohagakure no Sato — 50 de verano</span></div>
<br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
<br />
<br />
La mañana había comenzado con el movimiento habitual de Konoha. Los comerciantes levantaban las persianas de sus establecimientos, los primeros clientes recorrían las calles en busca de algo para desayunar y el murmullo de las conversaciones se mezclaba con el sonido de las sandalias sobre el empedrado. Bajo el sol de verano, la aldea parecía tan tranquila como cualquier otro día.<br />
<br />
Sin embargo, no todas las familias habían podido comenzar la jornada con la misma serenidad.<br />
<br />
Durante las últimas semanas, varias denuncias por la desaparición de menores habían llegado a las autoridades. Al principio, los casos se habían tratado como incidentes aislados: niños que no regresaban a casa a la hora acordada, pequeños que se separaban de sus padres durante las compras o que no aparecían después de visitar a algún amigo. Pero, a medida que las horas se convertían en días y las búsquedas concluían sin respuestas, la preocupación había empezado a extenderse entre los vecinos.<br />
<br />
No había señales claras de violencia en los lugares donde se había visto a los menores por última vez. Tampoco se habían encontrado rastros suficientes para reconstruir sus movimientos. Lo único que parecía repetirse en algunos testimonios era la presencia de desconocidos merodeando cerca de ellos poco antes de su desaparición.<br />
<br />
Aquellas coincidencias, por sí solas, no constituían una prueba. Pero eran suficientes para justificar una investigación más cuidadosa.<br />
<br />
Fue en ese contexto que se asignó una nueva misión de rango C.<br />
<br />
El encargo no exigía enfrentarse a un enemigo conocido ni adentrarse en territorios peligrosos. Su propósito inicial era más sencillo, al menos sobre el papel: reunir testimonios, revisar las circunstancias de las desapariciones y encontrar alguna pista que las autoridades hubieran pasado por alto. Aun así, detrás de aquella tarea había una responsabilidad que no necesitaba explicaciones. Cada familia esperaba noticias. Cada día sin respuestas aumentaba la incertidumbre.<br />
<br />
En una de las calles próximas al centro comercial, un tablón de anuncios exhibía avisos de objetos perdidos, solicitudes de ayuda y pequeños encargos para los habitantes de la aldea. Entre ellos, una hoja reciente llevaba varios nombres escritos a mano y una petición de información sobre los niños desaparecidos. La tinta todavía conservaba su intensidad, aunque los bordes del papel comenzaban a doblarse por el viento.<br />
<br />
A poca distancia, un pequeño puesto de bebidas atendía a los transeúntes. Su propietario conversaba con una mujer que sostenía de la mano a su hijo, mientras dos shinobi examinaban una lista de domicilios antes de continuar con sus labores.<br />
<br />
La vida seguía su curso, pero había preguntas que nadie había conseguido responder.<br />
<br />
¿Quiénes eran aquellos desconocidos? ¿Por qué se acercaban a los menores? ¿Y qué había ocurrido con los niños después de desaparecer?<br />
<br />
Por el momento, no existían respuestas concluyentes. Solo testimonios incompletos, familias preocupadas y una investigación que apenas comenzaba.<br />
<br />
Era allí donde empezaba la misión.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Mision C] Cacería Nocturna en los Suburbios]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15176</link>
			<pubDate>Wed, 14 Oct 2026 08:43:06 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=887">Noa Kaguya</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15176</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15175" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aprobado aqui</a><br />
<br />
<span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Distrito comercial</span></span></span><br />
<span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">90 de Verano</span></span><br />
<span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Noche</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="color: #888888;" class="mycode_color">El frío húmedo de la medianoche pesa sobre el pavimento roto de los suburbios de Konoha, dejando una capa resbaladiza de barro y musgo negro entre las piedras. En este tramo de callejones sin salida, rodeado de balcones apuntalados con vigas podridas y paredes de madera comida por la humedad, apenas corre el aire. El ambiente está cargado con un olor fuerte a desagüe abierto, licor barato derramado, grasa vieja de los puestos de comida y el rastro metálico de sangre fresca sobre los charcos.<br />
<br />
A unos seis metros de la entrada, junto a un contenedor de basura volcado que bloquea media acera, un comerciante del barrio permanece encogido contra el muro de ladrillo húmedo. Su pecho sube y baja con respiraciones cortas y ahogadas, soltando un silbido ronco cada vez que intenta tomar aire. Con los dedos entumecidos por el frío de la noche, se presiona una herida abierta en el costado de la cabeza, aunque un hilo oscuro de sangre sigue escurriendo entre sus nudillos hasta gotear sobre las piedras sucias.<br />
<br />
Cerrando el único paso del callejón, que no es más que un pasillo estrecho de apenas tres metros de ancho encajonado entre paredes sin ventanas y tuberías oxidadas que sueltan vapor caliente, tres asaltantes detienen el saqueo al escuchar los pasos chapoteando en el agua estancada. Bajo la luz amarillenta y parpadeante de un farol roto, los tres hombres giran el rostro y tensan el cuerpo de inmediato. Ninguno da un paso atrás ni busca por dónde escapar; al ver a un solo intruso sin refuerzos metiéndose en su terreno a altas horas de la noche, su postura se vuelve puramente hostil. Sus respiraciones se aceleran, soltando bocanadas de vaho blanco en el aire frío mientras sueltan las bolsas de mercancía robada para empuñar sus armas.<br />
<br />
El sujeto que ocupa el centro del pasillo es un hombre corpulento, de cuello ancho y con los antebrazos cubiertos de cicatrices viejas. A un par de pasos de distancia, el olor a sudor rancio y licor barato que desprende su ropa se mezcla con el hedor del callejón. Sin quitarle la vista de encima al recién llegado, cierra sus manos callosas alrededor de un tubo de plomo pesado de más de un metro de largo, arrancado de las cañerías y con los bordes llenos de óxido. Da un golpe seco con la punta del fierro contra el empedrado, haciendo saltar chispas cortas sobre el agua sucia mientras las venas de su cuello se hinchan por la tensión.<br />
<br />
—</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¡Miren quién vino a jugar al guardia en la basura! </span><span style="color: #888888;" class="mycode_color">—escupe el grandulón del centro con la voz ronca, mostrando los dientes apretados mientras afirma sus botas pesadas en el lodo para cubrir el frente—. </span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¡Si vienes solo a meter las narices aquí, te vamos a dejar tragando barro junto a este viejo!</span><br />
<br />
<span style="color: #888888;" class="mycode_color">A su izquierda, pegado a la pared de ladrillo húmedo, se posiciona el segundo maleante. Es un tipo más delgado y de hombros estrechos, que mantiene las rodillas flexionadas y el cuerpo encorvado hacia adelante, listo para arrancar a correr. Sus nudillos se ponen blancos al apretar con fuerza el mango de madera astillada de un cuchillo de carnicero de hoja ancha, cuya superficie manchada refleja la poca luz del farol mientras lo cambia de una mano a otra con movimientos nerviosos de muñeca.</span><br />
<br />
<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Unos cinco metros más atrás, subido sobre una pila de cajas de madera húmeda al fondo del callejón sin salida, el tercer cómplice vigila desde la altura. Con los hombros rígidos y la mandíbula apretada, desliza las manos hacia su cinturón y saca un par de cuchillos de monte pesados, manteniéndolos a la altura de las caderas con las puntas dirigidas hacia la entrada del pasillo.</span><br />
<br />
<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Los tres hombres terminan de abrirse unos centímetros para ocupar todo el ancho disponible, bloqueando el paso hacia el comerciante herido y midiendo la distancia que los separa del Hyūga. Con el suelo resbaladizo bajo los pies, el espacio cerrado entre los muros y los tres asaltantes listos para lanzarse encima al menor movimiento, el silencio tenso del callejón deja la primera acción en manos de Akira.</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15175" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aprobado aqui</a><br />
<br />
<span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Impact;" class="mycode_font">Distrito comercial</span></span></span><br />
<span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">90 de Verano</span></span><br />
<span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font">Noche</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="color: #888888;" class="mycode_color">El frío húmedo de la medianoche pesa sobre el pavimento roto de los suburbios de Konoha, dejando una capa resbaladiza de barro y musgo negro entre las piedras. En este tramo de callejones sin salida, rodeado de balcones apuntalados con vigas podridas y paredes de madera comida por la humedad, apenas corre el aire. El ambiente está cargado con un olor fuerte a desagüe abierto, licor barato derramado, grasa vieja de los puestos de comida y el rastro metálico de sangre fresca sobre los charcos.<br />
<br />
A unos seis metros de la entrada, junto a un contenedor de basura volcado que bloquea media acera, un comerciante del barrio permanece encogido contra el muro de ladrillo húmedo. Su pecho sube y baja con respiraciones cortas y ahogadas, soltando un silbido ronco cada vez que intenta tomar aire. Con los dedos entumecidos por el frío de la noche, se presiona una herida abierta en el costado de la cabeza, aunque un hilo oscuro de sangre sigue escurriendo entre sus nudillos hasta gotear sobre las piedras sucias.<br />
<br />
Cerrando el único paso del callejón, que no es más que un pasillo estrecho de apenas tres metros de ancho encajonado entre paredes sin ventanas y tuberías oxidadas que sueltan vapor caliente, tres asaltantes detienen el saqueo al escuchar los pasos chapoteando en el agua estancada. Bajo la luz amarillenta y parpadeante de un farol roto, los tres hombres giran el rostro y tensan el cuerpo de inmediato. Ninguno da un paso atrás ni busca por dónde escapar; al ver a un solo intruso sin refuerzos metiéndose en su terreno a altas horas de la noche, su postura se vuelve puramente hostil. Sus respiraciones se aceleran, soltando bocanadas de vaho blanco en el aire frío mientras sueltan las bolsas de mercancía robada para empuñar sus armas.<br />
<br />
El sujeto que ocupa el centro del pasillo es un hombre corpulento, de cuello ancho y con los antebrazos cubiertos de cicatrices viejas. A un par de pasos de distancia, el olor a sudor rancio y licor barato que desprende su ropa se mezcla con el hedor del callejón. Sin quitarle la vista de encima al recién llegado, cierra sus manos callosas alrededor de un tubo de plomo pesado de más de un metro de largo, arrancado de las cañerías y con los bordes llenos de óxido. Da un golpe seco con la punta del fierro contra el empedrado, haciendo saltar chispas cortas sobre el agua sucia mientras las venas de su cuello se hinchan por la tensión.<br />
<br />
—</span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¡Miren quién vino a jugar al guardia en la basura! </span><span style="color: #888888;" class="mycode_color">—escupe el grandulón del centro con la voz ronca, mostrando los dientes apretados mientras afirma sus botas pesadas en el lodo para cubrir el frente—. </span><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">¡Si vienes solo a meter las narices aquí, te vamos a dejar tragando barro junto a este viejo!</span><br />
<br />
<span style="color: #888888;" class="mycode_color">A su izquierda, pegado a la pared de ladrillo húmedo, se posiciona el segundo maleante. Es un tipo más delgado y de hombros estrechos, que mantiene las rodillas flexionadas y el cuerpo encorvado hacia adelante, listo para arrancar a correr. Sus nudillos se ponen blancos al apretar con fuerza el mango de madera astillada de un cuchillo de carnicero de hoja ancha, cuya superficie manchada refleja la poca luz del farol mientras lo cambia de una mano a otra con movimientos nerviosos de muñeca.</span><br />
<br />
<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Unos cinco metros más atrás, subido sobre una pila de cajas de madera húmeda al fondo del callejón sin salida, el tercer cómplice vigila desde la altura. Con los hombros rígidos y la mandíbula apretada, desliza las manos hacia su cinturón y saca un par de cuchillos de monte pesados, manteniéndolos a la altura de las caderas con las puntas dirigidas hacia la entrada del pasillo.</span><br />
<br />
<span style="color: #888888;" class="mycode_color">Los tres hombres terminan de abrirse unos centímetros para ocupar todo el ancho disponible, bloqueando el paso hacia el comerciante herido y midiendo la distancia que los separa del Hyūga. Con el suelo resbaladizo bajo los pies, el espacio cerrado entre los muros y los tres asaltantes listos para lanzarse encima al menor movimiento, el silencio tenso del callejón deja la primera acción en manos de Akira.</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango C Autonarrada] Problemas en el mercado]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15084</link>
			<pubDate>Sat, 10 Oct 2026 03:41:45 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15084</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C Autonarrada] Problemas en el mercado</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15083&amp;pid=29906#pid29906" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 03 del Otoño del Año 150 - Konohagakure, Zona Comercial.</span><br />
<br />
La zona comercial de Konohagakure estaba especialmente concurrida aquella mañana. Puestos de comida, tiendas y vendedores ambulantes ocupaban ambos lados de la calle mientras una corriente constante de vecinos atravesaba el mercado. Precisamente aquel movimiento había permitido que un ladrón actuara durante varios días sin llamar demasiado la atención. Kuroto llegó poco después del mediodía, con la descripción de varios incidentes y poco más. Las cantidades robadas eran pequeñas: monedas, comida, alguna herramienta y objetos fáciles de ocultar. Nada grave, aunque suficiente para cansar a los comerciantes. El primero fue un vendedor de frutas que había perdido parte de la recaudación del día anterior.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Estaba atendiendo a dos clientes.</span> -Explicó mientras ordenaba unas cajas.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Dejé la bolsa debajo del mostrador. Cuando miré otra vez, faltaba dinero.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Viste a alguien cerca?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- A mucha gente.</span><br />
<br />
Aquello era el problema. Kuroto recorrió el puesto con la mirada. El espacio era estrecho, pero cualquiera podía acercarse desde un lateral y meter la mano sin exponerse demasiado.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Pasó algo raro antes?</span><br />
<br />
El comerciante se quedó pensando.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Un chico chocó con una mujer. Tiró una cesta al suelo y todos miramos.</span><br />
<br />
Kuroto alzó ligeramente una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Cómo era?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Joven. Delgado. Pelo oscuro. Ropa gris, creo.</span><br />
<br />
La segunda denuncia procedía de una tienda dos calles más abajo, donde habían desaparecido varias herramientas mientras el propietario descargaba mercancía. La descripción coincidía. Un joven había estado merodeando por allí. No lo vieron robar, pero sí hablar con otro muchacho. Poco después, uno provocó una discusión y el otro desapareció entre la gente. Kuroto continuó preguntando. En el tercer establecimiento encontró el mismo patrón: distracción, confusión y una pérdida inmediatamente después. Alguien aprovechaba deliberadamente los momentos en que todos miraban hacia otro lado. No parecía especialmente complicado. El problema era encontrarlo. Kuroto regresó a la calle principal y se apoyó cerca de un puesto de comida. Si el ladrón llevaba varios días actuando allí, probablemente volvería mientras la zona siguiera llena. Esperó. Durante varios minutos no ocurrió nada. Comerciantes gritando precios, niños corriendo y trabajadores cargando mercancía. <br />
<br />
Entonces vio al muchacho. No porque estuviera robando. Porque estaba observando. Estaba junto a una tienda de tejidos, fingiendo examinar unas telas mientras vigilaba a los clientes. Era joven, delgado y llevaba una chaqueta gris demasiado amplia para el calor. Kuroto no se movió. Kuroto decidió no acercarse todavía. Si lo detenía sin verlo actuar, solo tendría un sospechoso y varias descripciones imprecisas. Prefería confirmar el método y, con suerte, descubrir si trabajaba solo. Desde aquella posición podía vigilar buena parte de la calle sin destacar demasiado entre quienes comían o esperaban frente a los puestos. El joven parecía paciente. No tocaba nada y apenas hablaba con nadie, pero cada pocos segundos cambiaba de lugar para mantener a la vista diferentes comercios sin perder nunca las salidas. Un segundo chico apareció por el extremo de la calle y cruzó junto al puesto. Ambos intercambiaron una mirada breve. Eso bastó. El recién llegado chocó con una mujer que cargaba varias bolsas. Una cayó al suelo y varias frutas rodaron entre los transeúntes. Las personas cercanas se agacharon para ayudar. El muchacho de gris se acercó al mostrador. Su mano desapareció detrás de unas cajas. Kuroto se separó de la pared.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Déjalo donde estaba.</span><br />
<br />
El joven se quedó inmóvil. Durante un instante mantuvo la mano oculta, como si aún pudiera fingir. Después la retiró lentamente. Entre sus dedos había una pequeña bolsa de monedas.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- No es lo que parece.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Claro.</span><br />
<br />
El otro muchacho vio la situación y echó a correr. El ladrón hizo lo mismo. Kuroto soltó un suspiro y salió tras él. El joven se abrió paso entre la multitud, saltó unas cajas y se metió por una calle lateral. Era rápido. No lo suficiente. Kuroto mantuvo la distancia. El ladrón conocía bien la zona y utilizaba cada obstáculo para ganar segundos, pero cada giro lo alejaba de la multitud que podía ocultarlo. Atravesó un callejón estrecho y volcó un pequeño carro tras él. Kuroto saltó por encima. Al salir al otro lado, el muchacho intentó escalar una valla de madera. No llegó arriba. Kuroto lo alcanzó por la chaqueta y tiró hacia atrás. El joven cayó de espaldas, rodó sobre el suelo y trató de incorporarse de inmediato. Sacó una navaja.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- No te acerques.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo. Miró el arma. Después lo miró a él.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Guárdala.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- He dicho que no te acerques.</span><br />
<br />
El muchacho lanzó una estocada torpe cuando Kuroto avanzó. Fue suficiente. Kuroto desvió su muñeca hacia fuera, atrapó el brazo y lo giró hasta obligarlo a soltar el arma. La navaja cayó al suelo y un segundo movimiento terminó con el ladrón boca abajo y el brazo inmovilizado detrás de la espalda.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso ha sido una idea bastante mala.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Suéltame!</span><br />
<br />
Kuroto registró sus bolsillos sin soltarlo. Encontró monedas, dos herramientas, una pulsera, comida y otros objetos que probablemente pertenecían a los comerciantes. También encontró una segunda bolsa vacía.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Dónde está tu amigo?</span><br />
<br />
El joven permaneció callado. Kuroto apretó ligeramente la muñeca.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- No necesito que me lo digas para encontrarlo.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- No sé dónde ha ido.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Entonces será más fácil empezar contigo.</span><br />
<br />
Lo levantó, le ató las manos con una cuerda, recogió la navaja y regresó con él al mercado. No tardaron en llamar la atención. El vendedor de frutas reconoció algunos objetos recuperados. Poco después, los propietarios de las otras tiendas confirmaron que varias piezas les pertenecían. El segundo muchacho tampoco tuvo suerte. Dos guardias lo habían detenido cerca de una salida después de que varios testigos lo señalaran como participante. Kuroto entregó a ambos a las autoridades junto con los objetos recuperados y explicó su método. No había ninguna organización detrás. Solo dos jóvenes que habían descubierto que era más fácil robar cuando todos miraban hacia el mismo sitio. Los comerciantes recuperaron buena parte de lo perdido y el mercado regresó a la normalidad. Kuroto observó el movimiento de la calle antes de marcharse. Al final, el truco había sido sencillo. Y precisamente por eso les había funcionado durante varios días.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C Autonarrada] Problemas en el mercado</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15083&amp;pid=29906#pid29906" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 03 del Otoño del Año 150 - Konohagakure, Zona Comercial.</span><br />
<br />
La zona comercial de Konohagakure estaba especialmente concurrida aquella mañana. Puestos de comida, tiendas y vendedores ambulantes ocupaban ambos lados de la calle mientras una corriente constante de vecinos atravesaba el mercado. Precisamente aquel movimiento había permitido que un ladrón actuara durante varios días sin llamar demasiado la atención. Kuroto llegó poco después del mediodía, con la descripción de varios incidentes y poco más. Las cantidades robadas eran pequeñas: monedas, comida, alguna herramienta y objetos fáciles de ocultar. Nada grave, aunque suficiente para cansar a los comerciantes. El primero fue un vendedor de frutas que había perdido parte de la recaudación del día anterior.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Estaba atendiendo a dos clientes.</span> -Explicó mientras ordenaba unas cajas.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Dejé la bolsa debajo del mostrador. Cuando miré otra vez, faltaba dinero.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Viste a alguien cerca?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- A mucha gente.</span><br />
<br />
Aquello era el problema. Kuroto recorrió el puesto con la mirada. El espacio era estrecho, pero cualquiera podía acercarse desde un lateral y meter la mano sin exponerse demasiado.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Pasó algo raro antes?</span><br />
<br />
El comerciante se quedó pensando.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Un chico chocó con una mujer. Tiró una cesta al suelo y todos miramos.</span><br />
<br />
Kuroto alzó ligeramente una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Cómo era?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Joven. Delgado. Pelo oscuro. Ropa gris, creo.</span><br />
<br />
La segunda denuncia procedía de una tienda dos calles más abajo, donde habían desaparecido varias herramientas mientras el propietario descargaba mercancía. La descripción coincidía. Un joven había estado merodeando por allí. No lo vieron robar, pero sí hablar con otro muchacho. Poco después, uno provocó una discusión y el otro desapareció entre la gente. Kuroto continuó preguntando. En el tercer establecimiento encontró el mismo patrón: distracción, confusión y una pérdida inmediatamente después. Alguien aprovechaba deliberadamente los momentos en que todos miraban hacia otro lado. No parecía especialmente complicado. El problema era encontrarlo. Kuroto regresó a la calle principal y se apoyó cerca de un puesto de comida. Si el ladrón llevaba varios días actuando allí, probablemente volvería mientras la zona siguiera llena. Esperó. Durante varios minutos no ocurrió nada. Comerciantes gritando precios, niños corriendo y trabajadores cargando mercancía. <br />
<br />
Entonces vio al muchacho. No porque estuviera robando. Porque estaba observando. Estaba junto a una tienda de tejidos, fingiendo examinar unas telas mientras vigilaba a los clientes. Era joven, delgado y llevaba una chaqueta gris demasiado amplia para el calor. Kuroto no se movió. Kuroto decidió no acercarse todavía. Si lo detenía sin verlo actuar, solo tendría un sospechoso y varias descripciones imprecisas. Prefería confirmar el método y, con suerte, descubrir si trabajaba solo. Desde aquella posición podía vigilar buena parte de la calle sin destacar demasiado entre quienes comían o esperaban frente a los puestos. El joven parecía paciente. No tocaba nada y apenas hablaba con nadie, pero cada pocos segundos cambiaba de lugar para mantener a la vista diferentes comercios sin perder nunca las salidas. Un segundo chico apareció por el extremo de la calle y cruzó junto al puesto. Ambos intercambiaron una mirada breve. Eso bastó. El recién llegado chocó con una mujer que cargaba varias bolsas. Una cayó al suelo y varias frutas rodaron entre los transeúntes. Las personas cercanas se agacharon para ayudar. El muchacho de gris se acercó al mostrador. Su mano desapareció detrás de unas cajas. Kuroto se separó de la pared.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Déjalo donde estaba.</span><br />
<br />
El joven se quedó inmóvil. Durante un instante mantuvo la mano oculta, como si aún pudiera fingir. Después la retiró lentamente. Entre sus dedos había una pequeña bolsa de monedas.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- No es lo que parece.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Claro.</span><br />
<br />
El otro muchacho vio la situación y echó a correr. El ladrón hizo lo mismo. Kuroto soltó un suspiro y salió tras él. El joven se abrió paso entre la multitud, saltó unas cajas y se metió por una calle lateral. Era rápido. No lo suficiente. Kuroto mantuvo la distancia. El ladrón conocía bien la zona y utilizaba cada obstáculo para ganar segundos, pero cada giro lo alejaba de la multitud que podía ocultarlo. Atravesó un callejón estrecho y volcó un pequeño carro tras él. Kuroto saltó por encima. Al salir al otro lado, el muchacho intentó escalar una valla de madera. No llegó arriba. Kuroto lo alcanzó por la chaqueta y tiró hacia atrás. El joven cayó de espaldas, rodó sobre el suelo y trató de incorporarse de inmediato. Sacó una navaja.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- No te acerques.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo. Miró el arma. Después lo miró a él.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Guárdala.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- He dicho que no te acerques.</span><br />
<br />
El muchacho lanzó una estocada torpe cuando Kuroto avanzó. Fue suficiente. Kuroto desvió su muñeca hacia fuera, atrapó el brazo y lo giró hasta obligarlo a soltar el arma. La navaja cayó al suelo y un segundo movimiento terminó con el ladrón boca abajo y el brazo inmovilizado detrás de la espalda.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso ha sido una idea bastante mala.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Suéltame!</span><br />
<br />
Kuroto registró sus bolsillos sin soltarlo. Encontró monedas, dos herramientas, una pulsera, comida y otros objetos que probablemente pertenecían a los comerciantes. También encontró una segunda bolsa vacía.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- ¿Dónde está tu amigo?</span><br />
<br />
El joven permaneció callado. Kuroto apretó ligeramente la muñeca.<br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- No necesito que me lo digas para encontrarlo.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- No sé dónde ha ido.</span><br />
<br />
<span style="color: #ffff44;" class="mycode_color">- Entonces será más fácil empezar contigo.</span><br />
<br />
Lo levantó, le ató las manos con una cuerda, recogió la navaja y regresó con él al mercado. No tardaron en llamar la atención. El vendedor de frutas reconoció algunos objetos recuperados. Poco después, los propietarios de las otras tiendas confirmaron que varias piezas les pertenecían. El segundo muchacho tampoco tuvo suerte. Dos guardias lo habían detenido cerca de una salida después de que varios testigos lo señalaran como participante. Kuroto entregó a ambos a las autoridades junto con los objetos recuperados y explicó su método. No había ninguna organización detrás. Solo dos jóvenes que habían descubierto que era más fácil robar cuando todos miraban hacia el mismo sitio. Los comerciantes recuperaron buena parte de lo perdido y el mercado regresó a la normalidad. Kuroto observó el movimiento de la calle antes de marcharse. Al final, el truco había sido sencillo. Y precisamente por eso les había funcionado durante varios días.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Una noche de verano]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15085</link>
			<pubDate>Thu, 08 Oct 2026 12:42:53 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=873">Tokuma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15085</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Hay noches en que uno no busca compañía, sino un lugar donde nadie espere nada de él. Tokuma lo entendió temprano aquel día, cuando el sol aun hacía de las suyas en los tejados de las viviendas y el cansancio mental se asentaba en su ser. Llevaba tres días sin tocar un martillo, y el cuerpo, en lugar de agradecer el descanso, se había puesto a reclamar la ausencia del cansancio. Sabía que era momento para respirar. Desde su “graduación” como shinobi no había hecho otra cosa más que trabajar. Era momento de disfrutar un poco de los frutos de su trabajo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando el sol comenzó a caer, el pelicastaño ya estaba listo para salir. Ocupada ropa cómoda; un pantalón negro un poco ancho, zapatillas deportivas, y una camiseta aguamarina que resaltaba el color de sus ojos. Sin armas, sin pretensiones, aquella noche solo quería despejar su mente.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Caminó por la zona comercial con las manos en los bolsillos, esquivando los puestos que cerraban y los faroles que empezaban a encenderse. El sudor le bajaba por la nuca con la puntualidad de siempre. Al pasar frente a un local de fachada nueva y olor a carne asada que todavía no abría sus puertas, no se detuvo, pero sus ojos azules se desviaron un segundo hacia el cartel. Después siguió de largo, como si nada.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La taberna estaba a dos calles de allí, en un sótano al que se bajaba por unas escaleras de madera gastada. Tokuma empujó la puerta y el ruido lo recibió de golpe: voces mezcladas, risas ajenas, el golpeteo de las jarras contra las mesas. El aire olía a cebada, tabaco y humedad. No buscó con la mirada a nadie conocido, ni esperaba encontrarlo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Eligió el extremo más apartado de la barra, donde la luz de los faroles llegaba apenas, y se sentó con la espalda hacia la pared. Un hábito del oficio, pero también una comodidad. Desde ahí podía ver la puerta, las escaleras y a todos los que entraban sin tener que hablar con ninguno.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Una cerveza, por favor.</span></span> — Pidió, y su voz salió más baja que el murmullo del local. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">La más fría que tengan.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Apoyó los antebrazos sobre la madera pulida y esperó, con la vista fija en un punto indefinido entre las botellas. Alguien reía a carcajadas en una mesa del fondo y otro cantaba a destiempo una canción que ni él mismo parecía recordar. Nada de eso le molestaba. El ruido, curiosamente, ayudaba a que los pensamientos no se oyeran tanto. No sabía aún sí la decisión de iniciar una carrera militar daría los frutos que esperaba. Si, era cierto que hasta ahora las cosas iban mejorando y su madre tenía más tiempo para disfrutar de la vida, pero necesitaba ganar mucho más dinero de forma más rápida sí de verdad quería mejorar el estilo de vida que llevaban. Pensaba en un ascenso de rango como solución, pero ni siquiera sabía por donde empezar. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando la jarra tocó la barra, la rodeó con ambas manos, sintiendo el vidrio helado contra las palmas todavía endurecidas por los guantes de trabajo. Dio el primer trago largo, y el frío le recorrió la garganta hasta aflojarle algo detrás del pecho. Cerró los ojos un instante. No sonrió, no suspiró, pero los hombros bajaron apenas un centímetro, y para él eso equivalía a un suspiro entero.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sacó del bolsillo interior el sobre de la última paga y lo miró sin abrirlo. Estaba más delgado que la primera vez, porque ya había separado la parte que dejó sobre la mesa de su madre antes de salir. Lo guardó de nuevo con el mismo cuidado de siempre, asegurándose de que ninguna esquina asomara.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dio otro trago, más lento. Afuera, en alguna parte, el verano seguía apretando, y las cigarras no darían tregua hasta bien entrada la madrugada. Tokuma apoyó el codo en la barra, dejó que la jarra descansara frente a él y se quedó así, quieto, sin esperar nada de la noche.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Hay noches en que uno no busca compañía, sino un lugar donde nadie espere nada de él. Tokuma lo entendió temprano aquel día, cuando el sol aun hacía de las suyas en los tejados de las viviendas y el cansancio mental se asentaba en su ser. Llevaba tres días sin tocar un martillo, y el cuerpo, en lugar de agradecer el descanso, se había puesto a reclamar la ausencia del cansancio. Sabía que era momento para respirar. Desde su “graduación” como shinobi no había hecho otra cosa más que trabajar. Era momento de disfrutar un poco de los frutos de su trabajo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando el sol comenzó a caer, el pelicastaño ya estaba listo para salir. Ocupada ropa cómoda; un pantalón negro un poco ancho, zapatillas deportivas, y una camiseta aguamarina que resaltaba el color de sus ojos. Sin armas, sin pretensiones, aquella noche solo quería despejar su mente.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Caminó por la zona comercial con las manos en los bolsillos, esquivando los puestos que cerraban y los faroles que empezaban a encenderse. El sudor le bajaba por la nuca con la puntualidad de siempre. Al pasar frente a un local de fachada nueva y olor a carne asada que todavía no abría sus puertas, no se detuvo, pero sus ojos azules se desviaron un segundo hacia el cartel. Después siguió de largo, como si nada.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La taberna estaba a dos calles de allí, en un sótano al que se bajaba por unas escaleras de madera gastada. Tokuma empujó la puerta y el ruido lo recibió de golpe: voces mezcladas, risas ajenas, el golpeteo de las jarras contra las mesas. El aire olía a cebada, tabaco y humedad. No buscó con la mirada a nadie conocido, ni esperaba encontrarlo.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Eligió el extremo más apartado de la barra, donde la luz de los faroles llegaba apenas, y se sentó con la espalda hacia la pared. Un hábito del oficio, pero también una comodidad. Desde ahí podía ver la puerta, las escaleras y a todos los que entraban sin tener que hablar con ninguno.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Una cerveza, por favor.</span></span> — Pidió, y su voz salió más baja que el murmullo del local. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">La más fría que tengan.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Apoyó los antebrazos sobre la madera pulida y esperó, con la vista fija en un punto indefinido entre las botellas. Alguien reía a carcajadas en una mesa del fondo y otro cantaba a destiempo una canción que ni él mismo parecía recordar. Nada de eso le molestaba. El ruido, curiosamente, ayudaba a que los pensamientos no se oyeran tanto. No sabía aún sí la decisión de iniciar una carrera militar daría los frutos que esperaba. Si, era cierto que hasta ahora las cosas iban mejorando y su madre tenía más tiempo para disfrutar de la vida, pero necesitaba ganar mucho más dinero de forma más rápida sí de verdad quería mejorar el estilo de vida que llevaban. Pensaba en un ascenso de rango como solución, pero ni siquiera sabía por donde empezar. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando la jarra tocó la barra, la rodeó con ambas manos, sintiendo el vidrio helado contra las palmas todavía endurecidas por los guantes de trabajo. Dio el primer trago largo, y el frío le recorrió la garganta hasta aflojarle algo detrás del pecho. Cerró los ojos un instante. No sonrió, no suspiró, pero los hombros bajaron apenas un centímetro, y para él eso equivalía a un suspiro entero.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sacó del bolsillo interior el sobre de la última paga y lo miró sin abrirlo. Estaba más delgado que la primera vez, porque ya había separado la parte que dejó sobre la mesa de su madre antes de salir. Lo guardó de nuevo con el mismo cuidado de siempre, asegurándose de que ninguna esquina asomara.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dio otro trago, más lento. Afuera, en alguna parte, el verano seguía apretando, y las cigarras no darían tregua hasta bien entrada la madrugada. Tokuma apoyó el codo en la barra, dejó que la jarra descansara frente a él y se quedó así, quieto, sin esperar nada de la noche.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Mision Normal Rango E] Volviendo a Konoha [Akemi y Deidara-kun]]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15081</link>
			<pubDate>Wed, 07 Oct 2026 18:02:27 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=60">Narrador Deidara-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15081</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15067&amp;pid=29831#pid29831" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Petición misión rango E</a><br />
<br />
Verano, día 10<br />
<br />
Akemi había sido citado a una oficina donde una joven lo estaba esperando. Cuando él entró por la puerta, la jóven escupió un poco de su café e hizo como si estuviera mirando unos documentos. <br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">-Coff coff coff… Ehem… Señor… Um… </span>- Lo miró de arriba a abajo. <span style="color: red;" class="mycode_color">-¡Niño Akemi Uchiha! </span>- Siguió mirándolo porque ya no sabía si él era menor de edad o si tenía 17 años como decía su expediente. <span style="color: red;" class="mycode_color">-Bueno, bueno. Lo he llamado porque necesitamos ayuda realizando una misión de búsqueda. </span><br />
<br />
La Kunoishi se levantó de la silla, extendió su brazo a él y le enseñó una fotografía.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.pinimg.com/1200x/f7/1f/c5/f71fc5a963f86a762032c789ccebc1f5.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: f71fc5a963f86a762032c789ccebc1f5.jpg]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">-Tengo una madre muy, muy desesperada buscando a su hija perdida y a su perro. Se llaman Nina Aburame y Alexander. La niña es todo un amor, pero le encanta hacer travesuras y recolectar insectos. No se ha dado cuenta de que se alejó mucho de la casa y se ha extraviado. Es muy probable que esté con su perro porque tampoco se le encuentra.</span> <br />
<br />
Se quedó mirandolo a los ojos. <br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">-Su madre dice que le encanta ir a jugar al río y a las zonas comerciales entre los puestos de comida para ver que le da a su perro. No te confíes. Pudieron haberse ido a otra parte.</span> - Levantó los hombros tipo “Ni idea se donde estarían si eso ha sido así.” <span style="color: red;" class="mycode_color">-Es todo lo que nos ha dicho su madre. Si necesitas más información, puedes buscarla en los barrios Aburame, se llama Nani.</span> - Lo miró con cara de “Ni idea de por que le han puesto ese nombre.” <span style="color: red;" class="mycode_color">-Una vez encuentres a la niña y a su cachorro, favor de devolverlos a la casa aunque la niña no quiera, y luego te reportas a mi para darte las recompensas. ¡Mucha suerte!</span> <br />
<br />
La kunoichi esperó a que Akemi se fuera para… Correr a su escritorio y seguir tomando café y comiendo chocolates. <span style="color: red;" class="mycode_color">- e.e …. </span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15067&amp;pid=29831#pid29831" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Petición misión rango E</a><br />
<br />
Verano, día 10<br />
<br />
Akemi había sido citado a una oficina donde una joven lo estaba esperando. Cuando él entró por la puerta, la jóven escupió un poco de su café e hizo como si estuviera mirando unos documentos. <br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">-Coff coff coff… Ehem… Señor… Um… </span>- Lo miró de arriba a abajo. <span style="color: red;" class="mycode_color">-¡Niño Akemi Uchiha! </span>- Siguió mirándolo porque ya no sabía si él era menor de edad o si tenía 17 años como decía su expediente. <span style="color: red;" class="mycode_color">-Bueno, bueno. Lo he llamado porque necesitamos ayuda realizando una misión de búsqueda. </span><br />
<br />
La Kunoishi se levantó de la silla, extendió su brazo a él y le enseñó una fotografía.<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
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		</div><br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">-Tengo una madre muy, muy desesperada buscando a su hija perdida y a su perro. Se llaman Nina Aburame y Alexander. La niña es todo un amor, pero le encanta hacer travesuras y recolectar insectos. No se ha dado cuenta de que se alejó mucho de la casa y se ha extraviado. Es muy probable que esté con su perro porque tampoco se le encuentra.</span> <br />
<br />
Se quedó mirandolo a los ojos. <br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">-Su madre dice que le encanta ir a jugar al río y a las zonas comerciales entre los puestos de comida para ver que le da a su perro. No te confíes. Pudieron haberse ido a otra parte.</span> - Levantó los hombros tipo “Ni idea se donde estarían si eso ha sido así.” <span style="color: red;" class="mycode_color">-Es todo lo que nos ha dicho su madre. Si necesitas más información, puedes buscarla en los barrios Aburame, se llama Nani.</span> - Lo miró con cara de “Ni idea de por que le han puesto ese nombre.” <span style="color: red;" class="mycode_color">-Una vez encuentres a la niña y a su cachorro, favor de devolverlos a la casa aunque la niña no quiera, y luego te reportas a mi para darte las recompensas. ¡Mucha suerte!</span> <br />
<br />
La kunoichi esperó a que Akemi se fuera para… Correr a su escritorio y seguir tomando café y comiendo chocolates. <span style="color: red;" class="mycode_color">- e.e …. </span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¡Un Festival de Sabores!]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15075</link>
			<pubDate>Tue, 06 Oct 2026 20:01:19 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=827">Natsu Ashida</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15075</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font">Inicios de Otoño del Año 150<br />
Konohagakure no Sato – Zona Comercial: Festival de Otoño</span></div>
<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Con el cambio de estación, las calles de Konoha parecían un poco más animadas de lo habitual, a pesar del estado de guerra en el que nos encontrábamos. El frío otoñal tampoco parecía haber afectado demasiado a la gente, al menos no ese día. No sabía exactamente qué había provocado tanto movimiento, pero desde que había salido de casa por la mañana podía escuchar algunas voces y música a lo lejos. También percibía una mezcla de aromas sutiles que se extendía por las calles. Supuse que provenían de los restaurantes de la zona.<br />
<br />
De regreso a casa, decidí buscar algo para comer. No tenía ningún plan especial para el resto del día. Había pasado buena parte de la mañana entrenando en los campos, como solía hacer en mis días libres, y, después de un rato sin saber qué hacer, emprendí el camino de vuelta. No esperaba que aquel bullicio que había notado por la mañana se hubiera multiplicado.<br />
<br />
Al principio no le presté demasiada atención. Pensé que quizá se trataba de alguna celebración o de uno de esos eventos que organizaban de vez en cuando en la aldea. Pero, a medida que avanzaba, el olor de la comida se hacía más intenso. Carne asada, caldo, especias, pan recién hecho... Había tantos aromas diferentes que resultaba difícil reconocerlos todos.<br />
<br />
Eso sí consiguió llamar mi atención.<br />
<br />
Aceleré un poco el paso, doblé una esquina y, finalmente, entendí de dónde venía todo aquello.<br />
<br />
Una de las calles comerciales había sido decorada para la ocasión. Habían instalado puestos a ambos lados de la avenida, con mesas, toldos y carteles que anunciaban toda clase de platos. Los vendedores competían por atraer a los transeúntes, ofreciéndoles pequeñas muestras o pregonando sus especialidades. La calle estaba llena de gente: algunos comían mientras conversaban y otros hacían fila frente a los puestos más concurridos.<br />
<br />
Me detuve a contemplarlo todo, asombrado.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Woah!</span><br />
<br />
Cierto. Ya era esa época del año. Lo había olvidado por completo.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Festival de Otoño! –</span> Exclamé antes de echar a correr hacia los puestos.<br />
<br />
Me abrí paso entre la gente, mirando de un lado a otro mientras intentaba decidir qué probar primero. Había brochetas, carnes, sopas, dulces, platos de arroz y toda clase de cosas que no reconocía a simple vista.<br />
<br />
Entonces volví a percibir ese aroma. Era distinto a los demás: más intenso, más profundo, más... picante.<br />
<br />
¡Picante!<br />
<br />
Seguí el olor casi por instinto hasta encontrar un puesto donde preparaban varios recipientes humeantes.<br />
<br />
<span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– ¡Ramen y estofado picante! –</span> Anunció el cocinero. <span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– ¡Y no se preocupen por repetir! ¡Hoy también tenemos el gran concurso gastronómico de otoño!</span><br />
<br />
La gente respondió con vítores y exclamaciones entusiastas.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Concurso?</span>"</span><br />
<br />
Me acerqué para leer el cartel que habían colocado frente al puesto. Al parecer, los participantes competirían en varias rondas de comida y acumularían puntos. El ganador recibiría un premio que incluía comida gratis en varios de los establecimientos participantes durante las semanas siguientes.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ... –</span> Me quedé mirando el cartel.<br />
<br />
Varias semanas.<br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De.</span><br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size">Comida.</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Oiga, señor! –</span> Exclamé, acercándome al mostrador y apoyando las manos en él de golpe. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Dónde me apunto? –</span> Pregunté, emocionado.<br />
<br />
<span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– ¿De verdad quieres participar, chico? –</span> Preguntó, señalando el cartel. <span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– No es tan fácil como parece. Hay varias rondas y los platos podrían volverse cada vez más picantes. –</span> Advirtió.<br />
<br />
Miré hacia las ollas humeantes. El aroma hizo a mi estómago rugir.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Mejor todavía! –</span> Respondí. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Apúnteme!</span><br />
<br />
El cocinero soltó una risa y sacó una hoja de inscripción. Yo tomé el pincel sin vacilar. No pensaba dejar pasar una oportunidad como esta.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font">Inicios de Otoño del Año 150<br />
Konohagakure no Sato – Zona Comercial: Festival de Otoño</span></div>
<span style="font-family: Sans-serif;" class="mycode_font"><br />
Con el cambio de estación, las calles de Konoha parecían un poco más animadas de lo habitual, a pesar del estado de guerra en el que nos encontrábamos. El frío otoñal tampoco parecía haber afectado demasiado a la gente, al menos no ese día. No sabía exactamente qué había provocado tanto movimiento, pero desde que había salido de casa por la mañana podía escuchar algunas voces y música a lo lejos. También percibía una mezcla de aromas sutiles que se extendía por las calles. Supuse que provenían de los restaurantes de la zona.<br />
<br />
De regreso a casa, decidí buscar algo para comer. No tenía ningún plan especial para el resto del día. Había pasado buena parte de la mañana entrenando en los campos, como solía hacer en mis días libres, y, después de un rato sin saber qué hacer, emprendí el camino de vuelta. No esperaba que aquel bullicio que había notado por la mañana se hubiera multiplicado.<br />
<br />
Al principio no le presté demasiada atención. Pensé que quizá se trataba de alguna celebración o de uno de esos eventos que organizaban de vez en cuando en la aldea. Pero, a medida que avanzaba, el olor de la comida se hacía más intenso. Carne asada, caldo, especias, pan recién hecho... Había tantos aromas diferentes que resultaba difícil reconocerlos todos.<br />
<br />
Eso sí consiguió llamar mi atención.<br />
<br />
Aceleré un poco el paso, doblé una esquina y, finalmente, entendí de dónde venía todo aquello.<br />
<br />
Una de las calles comerciales había sido decorada para la ocasión. Habían instalado puestos a ambos lados de la avenida, con mesas, toldos y carteles que anunciaban toda clase de platos. Los vendedores competían por atraer a los transeúntes, ofreciéndoles pequeñas muestras o pregonando sus especialidades. La calle estaba llena de gente: algunos comían mientras conversaban y otros hacían fila frente a los puestos más concurridos.<br />
<br />
Me detuve a contemplarlo todo, asombrado.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Woah!</span><br />
<br />
Cierto. Ya era esa época del año. Lo había olvidado por completo.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Festival de Otoño! –</span> Exclamé antes de echar a correr hacia los puestos.<br />
<br />
Me abrí paso entre la gente, mirando de un lado a otro mientras intentaba decidir qué probar primero. Había brochetas, carnes, sopas, dulces, platos de arroz y toda clase de cosas que no reconocía a simple vista.<br />
<br />
Entonces volví a percibir ese aroma. Era distinto a los demás: más intenso, más profundo, más... picante.<br />
<br />
¡Picante!<br />
<br />
Seguí el olor casi por instinto hasta encontrar un puesto donde preparaban varios recipientes humeantes.<br />
<br />
<span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– ¡Ramen y estofado picante! –</span> Anunció el cocinero. <span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– ¡Y no se preocupen por repetir! ¡Hoy también tenemos el gran concurso gastronómico de otoño!</span><br />
<br />
La gente respondió con vítores y exclamaciones entusiastas.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Concurso?</span>"</span><br />
<br />
Me acerqué para leer el cartel que habían colocado frente al puesto. Al parecer, los participantes competirían en varias rondas de comida y acumularían puntos. El ganador recibiría un premio que incluía comida gratis en varios de los establecimientos participantes durante las semanas siguientes.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ... –</span> Me quedé mirando el cartel.<br />
<br />
Varias semanas.<br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De.</span><br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size">Comida.</span><br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Oiga, señor! –</span> Exclamé, acercándome al mostrador y apoyando las manos en él de golpe. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¿Dónde me apunto? –</span> Pregunté, emocionado.<br />
<br />
<span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– ¿De verdad quieres participar, chico? –</span> Preguntó, señalando el cartel. <span style="color: #20B2AA;" class="mycode_color">– No es tan fácil como parece. Hay varias rondas y los platos podrían volverse cada vez más picantes. –</span> Advirtió.<br />
<br />
Miré hacia las ollas humeantes. El aroma hizo a mi estómago rugir.<br />
<br />
<span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Mejor todavía! –</span> Respondí. <span style="color: #D66673;" class="mycode_color">– ¡Apúnteme!</span><br />
<br />
El cocinero soltó una risa y sacó una hoja de inscripción. Yo tomé el pincel sin vacilar. No pensaba dejar pasar una oportunidad como esta.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango C] Señales de Sabotaje]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15051</link>
			<pubDate>Mon, 05 Oct 2026 07:14:17 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=407">Narrador Cuervito-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15051</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C] Señales de Sabotaje</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15045&amp;pid=29712#pid29712" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 77 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato, Zona Comercial.</span><br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='LINEA DE MISIONES KANEMURA - 2º MISIÓN - RANGO C: SEÑALES DE SABOTAJE'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='LINEA DE MISIONES KANEMURA - 2º MISIÓN - RANGO C: SEÑALES DE SABOTAJE'; }">LINEA DE MISIONES KANEMURA - 2º MISIÓN - RANGO C: SEÑALES DE SABOTAJE</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.postimg.cc/qvsttw4S/6c1726e2-1dad-47c4-80e2-72141b91b504.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: 6c1726e2-1dad-47c4-80e2-72141b91b504.png]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
La zona comercial de Konoha mantenía su ritmo habitual a aquellas horas. Comerciantes descargando cajas frente a sus establecimientos, trabajadores cruzando de un almacén a otro, clientes ocupando buena parte de las calles y el ruido constante de carros, conversaciones y mercancía siendo desplazada de un lado a otro componían un escenario demasiado cotidiano como para sugerir que algo fuera mal. Kanemura, sin embargo, no había solicitado nuevamente la presencia de Chota y Natsu por simple precaución. El empresario los esperaba frente a uno de sus almacenes, acompañado únicamente por uno de sus empleados. Vestía con el mismo cuidado excesivo de la ocasión anterior y sostenía entre los dedos un pequeño abanico cerrado que golpeaba de vez en cuando contra la palma de su mano. Cuando vio aproximarse a los dos genin, alzó ligeramente una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Vaya. Han mandado a los mismos.</span> -Comentó, observándolos unos segundos antes de añadir.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Supongo que conseguir que no me atropellaran terminó contando como experiencia laboral.</span><br />
<br />
No parecía especialmente preocupado y tampoco agradecido. Kanemura hizo un gesto con la cabeza para que lo siguieran hacia el interior del almacén. A primera vista, nada parecía fuera de lugar. Varias filas de cajas ocupaban buena parte del edificio y algunos trabajadores continuaban organizando mercancía cerca de la zona de carga.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Durante la última semana alguien parece haber desarrollado una fascinación bastante poco saludable por mis propiedades.</span> -Explicó Kanemura mientras caminaba entre las filas de mercancía.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Dos cerraduras manipuladas, varias cajas abiertas, mercancía cambiada de un lote a otro y tres trabajadores aseguran haber visto desconocidos merodeando por los alrededores.</span><br />
<br />
Se detuvo junto a una de las cajas apartadas y apoyó una mano sobre ella.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Además, ayer encontramos varias piezas de un pedido mezcladas con otro cargamento distinto. Si hubiera salido así, habría provocado problemas con uno de mis compradores.</span><br />
<br />
El trabajador que los acompañaba intervino entonces.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- No fue un error nuestro. Revisamos ese pedido dos veces antes de cerrar el almacén.</span><br />
<br />
Kanemura dirigió hacia él una mirada breve.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Lo sé. De lo contrario ya no estarías trabajando aquí.</span><br />
<br />
El hombre decidió no añadir nada más. El empresario volvió entonces su atención hacia los dos gennin.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No me han robado. Al menos no de una forma convencional. </span>-Continuó.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Y eso es precisamente lo que me molesta. Si alguien quisiera llevarse dinero, mercancía o documentos, ya lo habría intentado. En cambio, entran, abren cajas, alteran pedidos, cambian mercancía de sitio y desaparecen. </span>-Golpeó suavemente el abanico contra la palma.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Lo suficiente para causar retrasos, provocar errores y hacerme perder dinero sin llamar demasiado la atención.</span><br />
<br />
Durante unos segundos guardó silencio.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No necesito que me digáis si alguien está saboteando mis negocios. Eso ya resulta bastante evidente.</span> -Kanemura señaló entonces hacia el fondo del almacén.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Lo que quiero saber es cómo están entrando, qué están intentando conseguir exactamente y, sobre todo, quién está detrás.</span><br />
<br />
Hizo un gesto hacia las cajas y los accesos laterales.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Hablad con los trabajadores si lo consideráis necesario, examinad las entradas, las mercancías o cualquier otra cosa que os parezca relevante. Ayer por la noche todo quedó cerrado correctamente y esta mañana volvimos a encontrar varios pedidos alterados.</span><br />
<br />
Uno de los empleados cercanos levantó la vista al escucharlo.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- También estaba abierta la ventana del callejón.</span><br />
<br />
Kanemura giró lentamente la cabeza hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Información que habría sido bastante útil hace cinco minutos.</span><br />
<br />
El trabajador bajó inmediatamente la mirada. Kanemura suspiró antes de volver a dirigirse a Chota y Natsu.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Averiguad por dónde entraron y dejadme algo que pueda utilizar para encontrar al responsable.</span><br />
<br />
Después se apartó algunos pasos, dejando libre el almacén para que ambos comenzaran la inspección.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Y procurad hacerlo antes de que quien esté detrás decida pasar de perjudicar mis negocios a perjudicarme directamente a mí.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">[Misión Rango C] Señales de Sabotaje</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15045&amp;pid=29712#pid29712" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 77 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato, Zona Comercial.</span><br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='LINEA DE MISIONES KANEMURA - 2º MISIÓN - RANGO C: SEÑALES DE SABOTAJE'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='LINEA DE MISIONES KANEMURA - 2º MISIÓN - RANGO C: SEÑALES DE SABOTAJE'; }">LINEA DE MISIONES KANEMURA - 2º MISIÓN - RANGO C: SEÑALES DE SABOTAJE</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><img src="https://i.postimg.cc/qvsttw4S/6c1726e2-1dad-47c4-80e2-72141b91b504.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: 6c1726e2-1dad-47c4-80e2-72141b91b504.png]" class="mycode_img" /></div>
		</div><br />
La zona comercial de Konoha mantenía su ritmo habitual a aquellas horas. Comerciantes descargando cajas frente a sus establecimientos, trabajadores cruzando de un almacén a otro, clientes ocupando buena parte de las calles y el ruido constante de carros, conversaciones y mercancía siendo desplazada de un lado a otro componían un escenario demasiado cotidiano como para sugerir que algo fuera mal. Kanemura, sin embargo, no había solicitado nuevamente la presencia de Chota y Natsu por simple precaución. El empresario los esperaba frente a uno de sus almacenes, acompañado únicamente por uno de sus empleados. Vestía con el mismo cuidado excesivo de la ocasión anterior y sostenía entre los dedos un pequeño abanico cerrado que golpeaba de vez en cuando contra la palma de su mano. Cuando vio aproximarse a los dos genin, alzó ligeramente una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Vaya. Han mandado a los mismos.</span> -Comentó, observándolos unos segundos antes de añadir.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Supongo que conseguir que no me atropellaran terminó contando como experiencia laboral.</span><br />
<br />
No parecía especialmente preocupado y tampoco agradecido. Kanemura hizo un gesto con la cabeza para que lo siguieran hacia el interior del almacén. A primera vista, nada parecía fuera de lugar. Varias filas de cajas ocupaban buena parte del edificio y algunos trabajadores continuaban organizando mercancía cerca de la zona de carga.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Durante la última semana alguien parece haber desarrollado una fascinación bastante poco saludable por mis propiedades.</span> -Explicó Kanemura mientras caminaba entre las filas de mercancía.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Dos cerraduras manipuladas, varias cajas abiertas, mercancía cambiada de un lote a otro y tres trabajadores aseguran haber visto desconocidos merodeando por los alrededores.</span><br />
<br />
Se detuvo junto a una de las cajas apartadas y apoyó una mano sobre ella.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Además, ayer encontramos varias piezas de un pedido mezcladas con otro cargamento distinto. Si hubiera salido así, habría provocado problemas con uno de mis compradores.</span><br />
<br />
El trabajador que los acompañaba intervino entonces.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- No fue un error nuestro. Revisamos ese pedido dos veces antes de cerrar el almacén.</span><br />
<br />
Kanemura dirigió hacia él una mirada breve.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Lo sé. De lo contrario ya no estarías trabajando aquí.</span><br />
<br />
El hombre decidió no añadir nada más. El empresario volvió entonces su atención hacia los dos gennin.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No me han robado. Al menos no de una forma convencional. </span>-Continuó.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Y eso es precisamente lo que me molesta. Si alguien quisiera llevarse dinero, mercancía o documentos, ya lo habría intentado. En cambio, entran, abren cajas, alteran pedidos, cambian mercancía de sitio y desaparecen. </span>-Golpeó suavemente el abanico contra la palma.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Lo suficiente para causar retrasos, provocar errores y hacerme perder dinero sin llamar demasiado la atención.</span><br />
<br />
Durante unos segundos guardó silencio.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No necesito que me digáis si alguien está saboteando mis negocios. Eso ya resulta bastante evidente.</span> -Kanemura señaló entonces hacia el fondo del almacén.- <span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">Lo que quiero saber es cómo están entrando, qué están intentando conseguir exactamente y, sobre todo, quién está detrás.</span><br />
<br />
Hizo un gesto hacia las cajas y los accesos laterales.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Hablad con los trabajadores si lo consideráis necesario, examinad las entradas, las mercancías o cualquier otra cosa que os parezca relevante. Ayer por la noche todo quedó cerrado correctamente y esta mañana volvimos a encontrar varios pedidos alterados.</span><br />
<br />
Uno de los empleados cercanos levantó la vista al escucharlo.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- También estaba abierta la ventana del callejón.</span><br />
<br />
Kanemura giró lentamente la cabeza hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Información que habría sido bastante útil hace cinco minutos.</span><br />
<br />
El trabajador bajó inmediatamente la mirada. Kanemura suspiró antes de volver a dirigirse a Chota y Natsu.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Averiguad por dónde entraron y dejadme algo que pueda utilizar para encontrar al responsable.</span><br />
<br />
Después se apartó algunos pasos, dejando libre el almacén para que ambos comenzaran la inspección.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Y procurad hacerlo antes de que quien esté detrás decida pasar de perjudicar mis negocios a perjudicarme directamente a mí.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Rango D] Manos a la obra.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15055</link>
			<pubDate>Sun, 04 Oct 2026 19:49:33 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=837">Chota Akimichi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15055</guid>
			<description><![CDATA[El establecimiento del señor Miyagi ya había dejado atrás el problema de los gatos. Y ahora que no habian animales escondidos tocaba empezar con el verdadero trabajo.<br />
<br />
Frente al local había varios hombres descargando herramientas y materiales de construccion de una carreta. Se podian ver llevando encima martillos de demolición, palas, barras de metal y cajas con distintas herramientas. También había una buena cantidad de madera apilada a un ladito de la entrada.<br />
<br />
Miyagi estaba allí desde temprano supervisando a los trabajadores que había contratado. Llevaba un delantal nuevo y parecía bastante más animado que la última vez que Tokuma lo había visto.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Nanahoshi!</span> —gritó al verlo acercarse—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Menos mal que viniste! </span><br />
<br />
El hombre levantó una mano para llamar su atención y caminó hasta la entrada.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te presento al encargado de la obra. Se llama Daichi. Él va a estar dirigiendo a los trabajadores estos días.</span><br />
<br />
Daichi era un hombre de mas o menos cuarenta años, tenia un lapiz detras de su oreja derecha y estaba sucio con ropa de trabajo. No emitió palabra alguna pero hizo un gesto con la cabeza saludando.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Miyagi dijo que eres shinobi, pero que sabes trabajar. Le dije que nosotros eramos suficientes pero insistió.</span></span><br />
<br />
Miyagi soltó una carcajada.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Claro que sabe trabajar! Tenias que verlo cuando sacó a esos gatos.</span><br />
<br />
Daichi miró hacia el interior del establecimiento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Bueno, los gatos ya no están. Ahora tenemos otro problema</span></span> —dijo mientras se hacia a un lado para dejarle ver el interior a Tokuma. <br />
<br />
El local estaba prácticamente vacío y ya habían retirado la mayor parte de los muebles que quedaban de la antigua propiedad pero todavía había varias cosas que debían desaparecer antes de comenzar la construcción. Entre esas cosas una pared interior que dividía la zona principal en dos espacios y, según Daichi, esa pared debía ser derribada para ampliar el salón. También había algunas estanterías viejas, tablas, restos de madera y varios objetos que Miyagi había acumulado durante años.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">—Hoy vamos a despejar todo esto </span></span>—explicó Daichi—.<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Lo que sirva, se guarda. Lo que no, se tira. Después empezaremos con la pared.</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esa no la tires. Era del antiguo dueño. Me la vendió barata</span> —dijo el viejo Miyagi señalando con el dedo una de las estanterias.<br />
<br />
Daichi la miró. Era una estantería rota pero prefirió no decir nada, después de todo el cliente siempre tiene la razón.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El establecimiento del señor Miyagi ya había dejado atrás el problema de los gatos. Y ahora que no habian animales escondidos tocaba empezar con el verdadero trabajo.<br />
<br />
Frente al local había varios hombres descargando herramientas y materiales de construccion de una carreta. Se podian ver llevando encima martillos de demolición, palas, barras de metal y cajas con distintas herramientas. También había una buena cantidad de madera apilada a un ladito de la entrada.<br />
<br />
Miyagi estaba allí desde temprano supervisando a los trabajadores que había contratado. Llevaba un delantal nuevo y parecía bastante más animado que la última vez que Tokuma lo había visto.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Nanahoshi!</span> —gritó al verlo acercarse—. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Menos mal que viniste! </span><br />
<br />
El hombre levantó una mano para llamar su atención y caminó hasta la entrada.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te presento al encargado de la obra. Se llama Daichi. Él va a estar dirigiendo a los trabajadores estos días.</span><br />
<br />
Daichi era un hombre de mas o menos cuarenta años, tenia un lapiz detras de su oreja derecha y estaba sucio con ropa de trabajo. No emitió palabra alguna pero hizo un gesto con la cabeza saludando.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Miyagi dijo que eres shinobi, pero que sabes trabajar. Le dije que nosotros eramos suficientes pero insistió.</span></span><br />
<br />
Miyagi soltó una carcajada.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—¡Claro que sabe trabajar! Tenias que verlo cuando sacó a esos gatos.</span><br />
<br />
Daichi miró hacia el interior del establecimiento.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">—Bueno, los gatos ya no están. Ahora tenemos otro problema</span></span> —dijo mientras se hacia a un lado para dejarle ver el interior a Tokuma. <br />
<br />
El local estaba prácticamente vacío y ya habían retirado la mayor parte de los muebles que quedaban de la antigua propiedad pero todavía había varias cosas que debían desaparecer antes de comenzar la construcción. Entre esas cosas una pared interior que dividía la zona principal en dos espacios y, según Daichi, esa pared debía ser derribada para ampliar el salón. También había algunas estanterías viejas, tablas, restos de madera y varios objetos que Miyagi había acumulado durante años.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #C10300;" class="mycode_color">—Hoy vamos a despejar todo esto </span></span>—explicó Daichi—.<span style="color: #C10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> Lo que sirva, se guarda. Lo que no, se tira. Después empezaremos con la pared.</span></span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Esa no la tires. Era del antiguo dueño. Me la vendió barata</span> —dijo el viejo Miyagi señalando con el dedo una de las estanterias.<br />
<br />
Daichi la miró. Era una estantería rota pero prefirió no decir nada, después de todo el cliente siempre tiene la razón.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Misión autonarrada rango E — ¡Es una invasión!]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15050</link>
			<pubDate>Sat, 03 Oct 2026 12:34:11 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=873">Tokuma</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15031" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Petición de misión.</a><br />
<span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 47 del Verano del Año 150, 09:00 horas. Zona Comercial, Konohagakure no Sato.</span></span><br />
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Existe una ley no escrita según la cual todo sueño que cuesta veinte años de ahorros viene con una sorpresa escondida en la letra pequeña, y mientras más grande es el sueño, más diminuto suele ser el enemigo que se encarga de arruinarlo. El señor Miyagi lo aprendió el día que firmó las escrituras de un local abandonado en la zona comercial y descubrió que el edificio ya tenía inquilinos. Cuarenta y dos, según el último conteo. Todos con bigotes.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El sol de las nueve de la mañana golpeaba la calle con la insistencia de un cobrador, y como siempre Tokuma mitigaba el calor mediante su elección de ropa. Aquel día ocupaba pantalones cortos, justo por encima de las rodillas y con unos cuantos bolsillos extras. Una camiseta blanca ancha, lo suficiente para permitir la circulación del aire, además de un cinturón de cuero y las típicas botas militares todo-terreno que tanto amaba. Caminaba con las manos en los bolsillos y el semblante de quien no espera nada del día, que era, por regla general, la mejor forma de no llevarse decepciones.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Frente al local esperaba un pequeño grupo: un hombre de cincuenta años con un delantal tan nuevo que aún conservaba los dobleces de la tienda, retorciendo un trapo entre las manos; una kunoichi de coleta apretada y chaleco de chunin que revisaba una libreta con cara de pocos amigos; y un chico apenas mayor que Tokuma, cargando tres jaulas apiladas y una sonrisa que estaba a punto de pagar por ser demasiado optimista.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Tú debes ser el refuerzo.</span></span> — La kunoichi no levantó la vista de la libreta. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Soy Kaede, a cargo de la comisión. El de las jaulas es Riku, y el señor es Miyagi, el dueño. Hoy es el día más largo de su vida, así que sé amable.</span></span> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Tokuma Nanahoshi, a su disposición.</span></span> — Fue todo lo que dijo, con un asentimiento breve.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Yo solo quería asar carne, joven. </span></span>— El señor Miyagi tragó saliva, con los ojos clavados en su propia puerta como quien mira una herida. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Hacer feliz a la gente mediante mi sazón, pero los malditos gatos… ¡Es una maldita invasión!</span></span> — Era como si estuviese traumado, o inclusive peor. Tokuma sintió lastima, ya había leído el pergamino de la misión y tenía una vaga idea de lo que acontecería aquel día.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Kaede abrió la puerta. El olor salió primero, como un anfitrión demasiado entusiasta. Era una mezcla de amoníaco, pescado olvidado y orina acumulada durante meses, con una nota más profunda que Tokuma decidió no investigar. Riku tosió con todo el cuerpo. El señor Miyagi se echó a llorar sin hacer ruido. A Tokuma se le humedecieron los ojos y su rostro no se movió, lo cual, a esas alturas, ya era un mérito.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Mascarillas, guantes, redes. </span></span>— Kaede repartió el equipo con eficiencia militar. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Respiren por la boca. No, mejor no respiren.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">En sus años compartiendo vivienda con Gozo se había enfrentado a un sin número de asquerosidades. Preservativos usados, vómitos causados por la intoxicación del alcohol, prostitutas baratas que cagaban fuera del inodoro como venganza por una mala noche, en fin, una lista gigante de cosas que tenía que soportarle al calvo para poder obtener el entrenamiento necesario. Pero nada, absolutamente nada de aquello se comparaba con el olor que desprendía aquel edificio. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dentro, la penumbra tenía ojos. Brillaban desde las vigas, desde los estantes caídos, desde el hueco de una olla volcada y desde la rendija de un horno cuya puerta no cerraba. Las mesas yacían patas arriba, cubiertas de huellas y de una capa de pelo que le daba al lugar un aire de nevada gris.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Cuarenta y dos, contando los que no se dejan ver.</span></span> — Kaede señaló con el lápiz. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">El plan es sencillo: sellamos las salidas, atraemos a los gatos con pescado y hierba gatera hacia las jaulas de la cocina, y a mediodía llega la doctora Hanae, del refugio, con el furgón. Riku, planta baja. Tokuma, el almacén de arriba y la limpieza. Y por favor, nadie les haga daño. </span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">No pensaba hacerlo. </span></span>— Respondió Tokuma, y lo decía en serio. Sachiko se aseguró de que el ojiazul respetara a todo ser viviente, especialmente a los que no se podían valer por sí mismos y era afectados por la avaricia del ser humano.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Apenas llevaban diez minutos cuando un gato gris descendió desde una viga con la elegancia de un noble en decadencia y aterrizó directamente sobre la cabeza de Riku. El grito que soltó el chico hizo vibrar los vidrios.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">¡No me muevo! ¡No me muevo! ¡Dime que no me muevo! </span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">No te muevas. </span></span>— Tokuma se acercó con calma, lo tomó con ambas manos por debajo de las patas y lo bajó como quien retira una olla caliente. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Es solo un gato.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">¡Ya lo sé! </span></span>— Riku respiraba como si hubiera corrido cinco kilómetros. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">¡Pero él no sabe que yo lo sé!</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El gato, ya en brazos de Tokuma, bostezó con una indiferencia casi insultante y se dejó meter en la jaula sin protestar. Habían ganado la primera batalla de la jornada. Eran las nueve y veinte.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Kaede, una mujer un poco mayor que él, parecía marcada por la responsabilidad de su rango militar. Nunca había conocido a nadie superior a él, o por lo menos alguien que aún tuviese una carrera que cuidar, y el joven genin pensaba sí algún día él sentiría el mismo nivel de responsabilidad hacia con su trabajo. Por otro lado, Riku le parecía estar poco preparado para la vida shinobi. Alguien que quizás tuvo una infancia fácil, y la vida militar era más una elección que su única opción. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El almacén de arriba era peor. Tokuma subió la escalera crujiente con un balde, una pala y una determinación que ya empezaba a fatigarse, y se encontró con un saco de harina abierto donde cinco gatitos dormían amontonados, ajenos a la tragedia inmobiliaria que los rodeaba. Y en medio del pasillo, bloqueando el paso con la majestuosidad de un guardia de palacio, un gato anaranjado, enorme y con una oreja mordida, lo miraba.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">No parpadeaba. Tokuma tampoco.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Los ojos amarillos del animal contra los ojos azules del joven se sostuvieron durante lo que a Tokuma le parecieron varios minutos, mientras una gota de sudor le recorría la sien hasta la mandíbula y se negaba a caer. Era absurdo, y lo sabía. Era un gato. Pero también era un territorio, y cualquier shinobi entendía que los territorios no se ceden sin que alguien haya demostrado antes que merece pasar. Se trataba de una batalla de voluntad, inclusive de aura, quién mandaba en aquellos metros sería determinado en solo unos instantes y ganarle la batalla a un depredador iba a requerir una tenacidad inquebrantable. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sin embargo, ni el gato adulto, ni Tokuma tomaron la decisión final. Fue un gatito el que rompió el empate. Escapó del saco, trepó por la pierna de Tokuma con las uñas de un escalador profesional, rasguñando levemente la piel descubierta <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">d</span>e sus canillas, se instaló en su hombro y, con la serenidad de quien reclama una propiedad, orinó.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El líquido tibio le atravesó la camisa hasta la clavícula. Tokuma cerró los ojos un segundo, abrió los ojos y miró al gato anaranjado, que lo observaba con lo que parecía, incomprensiblemente, aprobación.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Coño, que maldita vaina. </span></span>— Dijo, a nadie en particular. Ser orinado por un gato no estaba en sus planes cuando recibió la noticia del siguiente trabajo. Esperaba algún encuentro violento; ser aruñado, mordido, quizás hasta embestido. Pero allí se encontraba, el olor a orine fresco se asentaba cada vez más en su nariz y el color amarillo tenue se expandía por su camiseta blanca. Sí su reacción era brusca pondría en riesgo su enfrentamiento con el gato adulto que tenía enfrente, pero al mismo tiempo tenía la urgencia de quitarse la camiseta lo antes posible. Sus pensamientos sobre Riku pasaron por su cabeza como un destello, entiendo así lo hipócrita que sería reaccionar de manera adversa a aquella situación luego de criticar a su compañero. Por ello, y con extrema delicadeza, prosiguió a sujetar a los cinco gatitos sin hacer mucho ruido. El gato adulto quedaría para otra ocasión.  </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La doctora Hanae llegó al mediodía en un furgón blanco, con el pelo recogido en un moño despeinado y la calma de quien ha visto todo lo que puede hacer un gato en una cocina. Examinó el local desde la puerta, asintió dos veces y se puso a trabajar sin dar discursos. Revisó a cada animal, separó a las madres de los cachorros, apartó a los enfermos y le entregó a Tokuma un listado con la clasificación.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Los más jóvenes y mansos tienen buenas posibilidades de ser adoptados, si hay quien los quiera. </span></span>— Dijo sin mirarlo, concentrada en una oreja infectada. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Los adultos, los desconfiados y los que están enfermos van al refugio. No es mala suerte, es lo que corresponde.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Afuera, el barullo había atraído a los vecinos. Una anciana de kimono gris llamada Tsubaki, un vendedor de fideos con el delantal manchado de caldo, una niña de trenzas que espiaba desde detrás de la pierna de su madre. Todos miraban el local con una curiosidad mezclada con lástima, y alguno ya había soltado un comentario sobre lo que costaría quitar ese olor de las paredes.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Entonces ocurrió el desastre.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Kaede, en un acto de optimismo estratégico, esparció una bolsa entera de hierba gatera al centro de la cocina para atraer a los últimos rezagados. Funcionó con una eficacia que nadie había previsto. Doce gatos salieron de los rincones al mismo tiempo, se lanzaron sobre la hierba y empezaron a rodar, ronronear y frotarse contra el suelo con una expresión de éxtasis que ningún animal debería mostrar en público. Uno se encaramó en una repisa y se cayó. Otro intentó trepar a la pierna del señor Miyagi, quien se quedó inmóvil, pálido, murmurando algo que sonaba a una oración.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Las jaulas! </span></span>— Gritó Kaede. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Ahora, ahora!</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma se movió con la eficiencia de quien no tiene tiempo para el asco. Recogió a un gato en cada brazo, los depositó en una jaula, volvió por otros dos, y siguió así, con la camisa empapada de sudor y de cosas peores, hasta que la última cola desapareció tras la reja. Riku, a su lado, tenía un arañazo en la mejilla y la expresión de un veterano de guerra. Kaede se secó la frente con el dorso de la mano y por primera vez desde la mañana sonrió.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nada mal, para ser un día perdido.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El horno guardaba una última sorpresa: una gata negra, flaca y desconfiada, que llevaba toda la mañana escondida dentro y que Tokuma sacó con paciencia, sin prisa, hablándole en voz tan baja que solo ella pudo oírlo. No supo por qué lo hizo. Quizás porque había algo en su manera de observar, de calcular antes de moverse, que le resultaba familiar.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando el sol empezó a caer, el recuento final quedó escrito en la libreta de Kaede. Treinta y uno de los gatos viajarían en el furgón de la doctora Hanae rumbo al refugio, donde recibirían comida, atención y, con suerte, hogares futuros. Los otros once ya tenían dueño. La señora Tsubaki se llevó tres, y dijo que los necesitaba para espantar a los ratones y a la soledad, en ese orden. El vendedor de fideos se quedó con el gato anaranjado, el de la oreja mordida, tras comprobar que el animal lo miraba con la misma expresión con la que él miraba a sus clientes que pedían fiado. La niña de las trenzas, con el permiso resignado de su madre, adoptó a uno de los gatitos del saco de harina, el mismo que había orinado sobre el hombro de Tokuma, quien no hizo ningún comentario.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El señor Miyagi se quedó solo en medio de su local vacío, con las paredes por fregar, las vigas por limpiar, el olor aún flotando en el aire y los ojos brillantes. Se acercó a Tokuma y le estrechó la mano con las dos suyas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Cuando abra, el primer asado será para ustedes tres. Se lo prometo.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Gracias. </span></span>— Respondió Tokuma, y apartó la vista un instante, porque había cosas que prefería no mostrar. Aquel hombre había puesto veinte años de su vida en un sueño que apenas empezaba, y Tokuma conocía bien lo que significaba sostener algo así con las manos vacías.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Caminó hacia su apartamento con el paso lento del que ha terminado un día largo. Las cigarras seguían negándose a rendirse, el calor se aferraba a las piedras como una deuda y su ropa olía a cosas que no tenían nombre decente. Finalmente podía quitarse aquella camiseta empapada de sudor y orine, dejándola en el primer bote de basura que encontró. A pesar de todo, el sobre de la recompensa pesaba en su bolsillo, y con ese peso había suficiente para el alquiler y para que su madre pudiera descansar al menos un turno.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15031" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Petición de misión.</a><br />
<span style="font-family: 'Source Serif 4', serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 47 del Verano del Año 150, 09:00 horas. Zona Comercial, Konohagakure no Sato.</span></span><br />
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<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Existe una ley no escrita según la cual todo sueño que cuesta veinte años de ahorros viene con una sorpresa escondida en la letra pequeña, y mientras más grande es el sueño, más diminuto suele ser el enemigo que se encarga de arruinarlo. El señor Miyagi lo aprendió el día que firmó las escrituras de un local abandonado en la zona comercial y descubrió que el edificio ya tenía inquilinos. Cuarenta y dos, según el último conteo. Todos con bigotes.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El sol de las nueve de la mañana golpeaba la calle con la insistencia de un cobrador, y como siempre Tokuma mitigaba el calor mediante su elección de ropa. Aquel día ocupaba pantalones cortos, justo por encima de las rodillas y con unos cuantos bolsillos extras. Una camiseta blanca ancha, lo suficiente para permitir la circulación del aire, además de un cinturón de cuero y las típicas botas militares todo-terreno que tanto amaba. Caminaba con las manos en los bolsillos y el semblante de quien no espera nada del día, que era, por regla general, la mejor forma de no llevarse decepciones.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Frente al local esperaba un pequeño grupo: un hombre de cincuenta años con un delantal tan nuevo que aún conservaba los dobleces de la tienda, retorciendo un trapo entre las manos; una kunoichi de coleta apretada y chaleco de chunin que revisaba una libreta con cara de pocos amigos; y un chico apenas mayor que Tokuma, cargando tres jaulas apiladas y una sonrisa que estaba a punto de pagar por ser demasiado optimista.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Tú debes ser el refuerzo.</span></span> — La kunoichi no levantó la vista de la libreta. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Soy Kaede, a cargo de la comisión. El de las jaulas es Riku, y el señor es Miyagi, el dueño. Hoy es el día más largo de su vida, así que sé amable.</span></span> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Tokuma Nanahoshi, a su disposición.</span></span> — Fue todo lo que dijo, con un asentimiento breve.</span><br />
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<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Yo solo quería asar carne, joven. </span></span>— El señor Miyagi tragó saliva, con los ojos clavados en su propia puerta como quien mira una herida. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Hacer feliz a la gente mediante mi sazón, pero los malditos gatos… ¡Es una maldita invasión!</span></span> — Era como si estuviese traumado, o inclusive peor. Tokuma sintió lastima, ya había leído el pergamino de la misión y tenía una vaga idea de lo que acontecería aquel día.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Kaede abrió la puerta. El olor salió primero, como un anfitrión demasiado entusiasta. Era una mezcla de amoníaco, pescado olvidado y orina acumulada durante meses, con una nota más profunda que Tokuma decidió no investigar. Riku tosió con todo el cuerpo. El señor Miyagi se echó a llorar sin hacer ruido. A Tokuma se le humedecieron los ojos y su rostro no se movió, lo cual, a esas alturas, ya era un mérito.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Mascarillas, guantes, redes. </span></span>— Kaede repartió el equipo con eficiencia militar. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Respiren por la boca. No, mejor no respiren.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">En sus años compartiendo vivienda con Gozo se había enfrentado a un sin número de asquerosidades. Preservativos usados, vómitos causados por la intoxicación del alcohol, prostitutas baratas que cagaban fuera del inodoro como venganza por una mala noche, en fin, una lista gigante de cosas que tenía que soportarle al calvo para poder obtener el entrenamiento necesario. Pero nada, absolutamente nada de aquello se comparaba con el olor que desprendía aquel edificio. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Dentro, la penumbra tenía ojos. Brillaban desde las vigas, desde los estantes caídos, desde el hueco de una olla volcada y desde la rendija de un horno cuya puerta no cerraba. Las mesas yacían patas arriba, cubiertas de huellas y de una capa de pelo que le daba al lugar un aire de nevada gris.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Cuarenta y dos, contando los que no se dejan ver.</span></span> — Kaede señaló con el lápiz. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">El plan es sencillo: sellamos las salidas, atraemos a los gatos con pescado y hierba gatera hacia las jaulas de la cocina, y a mediodía llega la doctora Hanae, del refugio, con el furgón. Riku, planta baja. Tokuma, el almacén de arriba y la limpieza. Y por favor, nadie les haga daño. </span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">No pensaba hacerlo. </span></span>— Respondió Tokuma, y lo decía en serio. Sachiko se aseguró de que el ojiazul respetara a todo ser viviente, especialmente a los que no se podían valer por sí mismos y era afectados por la avaricia del ser humano.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Apenas llevaban diez minutos cuando un gato gris descendió desde una viga con la elegancia de un noble en decadencia y aterrizó directamente sobre la cabeza de Riku. El grito que soltó el chico hizo vibrar los vidrios.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">¡No me muevo! ¡No me muevo! ¡Dime que no me muevo! </span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">No te muevas. </span></span>— Tokuma se acercó con calma, lo tomó con ambas manos por debajo de las patas y lo bajó como quien retira una olla caliente. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Es solo un gato.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">¡Ya lo sé! </span></span>— Riku respiraba como si hubiera corrido cinco kilómetros. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #9a00b2;" class="mycode_color">¡Pero él no sabe que yo lo sé!</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El gato, ya en brazos de Tokuma, bostezó con una indiferencia casi insultante y se dejó meter en la jaula sin protestar. Habían ganado la primera batalla de la jornada. Eran las nueve y veinte.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Kaede, una mujer un poco mayor que él, parecía marcada por la responsabilidad de su rango militar. Nunca había conocido a nadie superior a él, o por lo menos alguien que aún tuviese una carrera que cuidar, y el joven genin pensaba sí algún día él sentiría el mismo nivel de responsabilidad hacia con su trabajo. Por otro lado, Riku le parecía estar poco preparado para la vida shinobi. Alguien que quizás tuvo una infancia fácil, y la vida militar era más una elección que su única opción. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El almacén de arriba era peor. Tokuma subió la escalera crujiente con un balde, una pala y una determinación que ya empezaba a fatigarse, y se encontró con un saco de harina abierto donde cinco gatitos dormían amontonados, ajenos a la tragedia inmobiliaria que los rodeaba. Y en medio del pasillo, bloqueando el paso con la majestuosidad de un guardia de palacio, un gato anaranjado, enorme y con una oreja mordida, lo miraba.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">No parpadeaba. Tokuma tampoco.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Los ojos amarillos del animal contra los ojos azules del joven se sostuvieron durante lo que a Tokuma le parecieron varios minutos, mientras una gota de sudor le recorría la sien hasta la mandíbula y se negaba a caer. Era absurdo, y lo sabía. Era un gato. Pero también era un territorio, y cualquier shinobi entendía que los territorios no se ceden sin que alguien haya demostrado antes que merece pasar. Se trataba de una batalla de voluntad, inclusive de aura, quién mandaba en aquellos metros sería determinado en solo unos instantes y ganarle la batalla a un depredador iba a requerir una tenacidad inquebrantable. </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Sin embargo, ni el gato adulto, ni Tokuma tomaron la decisión final. Fue un gatito el que rompió el empate. Escapó del saco, trepó por la pierna de Tokuma con las uñas de un escalador profesional, rasguñando levemente la piel descubierta <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">d</span>e sus canillas, se instaló en su hombro y, con la serenidad de quien reclama una propiedad, orinó.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El líquido tibio le atravesó la camisa hasta la clavícula. Tokuma cerró los ojos un segundo, abrió los ojos y miró al gato anaranjado, que lo observaba con lo que parecía, incomprensiblemente, aprobación.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Coño, que maldita vaina. </span></span>— Dijo, a nadie en particular. Ser orinado por un gato no estaba en sus planes cuando recibió la noticia del siguiente trabajo. Esperaba algún encuentro violento; ser aruñado, mordido, quizás hasta embestido. Pero allí se encontraba, el olor a orine fresco se asentaba cada vez más en su nariz y el color amarillo tenue se expandía por su camiseta blanca. Sí su reacción era brusca pondría en riesgo su enfrentamiento con el gato adulto que tenía enfrente, pero al mismo tiempo tenía la urgencia de quitarse la camiseta lo antes posible. Sus pensamientos sobre Riku pasaron por su cabeza como un destello, entiendo así lo hipócrita que sería reaccionar de manera adversa a aquella situación luego de criticar a su compañero. Por ello, y con extrema delicadeza, prosiguió a sujetar a los cinco gatitos sin hacer mucho ruido. El gato adulto quedaría para otra ocasión.  </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">La doctora Hanae llegó al mediodía en un furgón blanco, con el pelo recogido en un moño despeinado y la calma de quien ha visto todo lo que puede hacer un gato en una cocina. Examinó el local desde la puerta, asintió dos veces y se puso a trabajar sin dar discursos. Revisó a cada animal, separó a las madres de los cachorros, apartó a los enfermos y le entregó a Tokuma un listado con la clasificación.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Los más jóvenes y mansos tienen buenas posibilidades de ser adoptados, si hay quien los quiera. </span></span>— Dijo sin mirarlo, concentrada en una oreja infectada. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c19e00;" class="mycode_color">Los adultos, los desconfiados y los que están enfermos van al refugio. No es mala suerte, es lo que corresponde.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Afuera, el barullo había atraído a los vecinos. Una anciana de kimono gris llamada Tsubaki, un vendedor de fideos con el delantal manchado de caldo, una niña de trenzas que espiaba desde detrás de la pierna de su madre. Todos miraban el local con una curiosidad mezclada con lástima, y alguno ya había soltado un comentario sobre lo que costaría quitar ese olor de las paredes.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Entonces ocurrió el desastre.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Kaede, en un acto de optimismo estratégico, esparció una bolsa entera de hierba gatera al centro de la cocina para atraer a los últimos rezagados. Funcionó con una eficacia que nadie había previsto. Doce gatos salieron de los rincones al mismo tiempo, se lanzaron sobre la hierba y empezaron a rodar, ronronear y frotarse contra el suelo con una expresión de éxtasis que ningún animal debería mostrar en público. Uno se encaramó en una repisa y se cayó. Otro intentó trepar a la pierna del señor Miyagi, quien se quedó inmóvil, pálido, murmurando algo que sonaba a una oración.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Las jaulas! </span></span>— Gritó Kaede. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">¡Ahora, ahora!</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Tokuma se movió con la eficiencia de quien no tiene tiempo para el asco. Recogió a un gato en cada brazo, los depositó en una jaula, volvió por otros dos, y siguió así, con la camisa empapada de sudor y de cosas peores, hasta que la última cola desapareció tras la reja. Riku, a su lado, tenía un arañazo en la mejilla y la expresión de un veterano de guerra. Kaede se secó la frente con el dorso de la mano y por primera vez desde la mañana sonrió.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Nada mal, para ser un día perdido.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El horno guardaba una última sorpresa: una gata negra, flaca y desconfiada, que llevaba toda la mañana escondida dentro y que Tokuma sacó con paciencia, sin prisa, hablándole en voz tan baja que solo ella pudo oírlo. No supo por qué lo hizo. Quizás porque había algo en su manera de observar, de calcular antes de moverse, que le resultaba familiar.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Cuando el sol empezó a caer, el recuento final quedó escrito en la libreta de Kaede. Treinta y uno de los gatos viajarían en el furgón de la doctora Hanae rumbo al refugio, donde recibirían comida, atención y, con suerte, hogares futuros. Los otros once ya tenían dueño. La señora Tsubaki se llevó tres, y dijo que los necesitaba para espantar a los ratones y a la soledad, en ese orden. El vendedor de fideos se quedó con el gato anaranjado, el de la oreja mordida, tras comprobar que el animal lo miraba con la misma expresión con la que él miraba a sus clientes que pedían fiado. La niña de las trenzas, con el permiso resignado de su madre, adoptó a uno de los gatitos del saco de harina, el mismo que había orinado sobre el hombro de Tokuma, quien no hizo ningún comentario.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">El señor Miyagi se quedó solo en medio de su local vacío, con las paredes por fregar, las vigas por limpiar, el olor aún flotando en el aire y los ojos brillantes. Se acercó a Tokuma y le estrechó la mano con las dos suyas.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c14700;" class="mycode_color">Cuando abra, el primer asado será para ustedes tres. Se lo prometo.</span></span></span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #419dc1;" class="mycode_color">Gracias. </span></span>— Respondió Tokuma, y apartó la vista un instante, porque había cosas que prefería no mostrar. Aquel hombre había puesto veinte años de su vida en un sueño que apenas empezaba, y Tokuma conocía bien lo que significaba sostener algo así con las manos vacías.</span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font"> </span><br />
<span style="font-family: serif;" class="mycode_font">Caminó hacia su apartamento con el paso lento del que ha terminado un día largo. Las cigarras seguían negándose a rendirse, el calor se aferraba a las piedras como una deuda y su ropa olía a cosas que no tenían nombre decente. Finalmente podía quitarse aquella camiseta empapada de sudor y orine, dejándola en el primer bote de basura que encontró. A pesar de todo, el sobre de la recompensa pesaba en su bolsillo, y con ese peso había suficiente para el alquiler y para que su madre pudiera descansar al menos un turno.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango E] El Burdel]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15024</link>
			<pubDate>Wed, 30 Sep 2026 06:50:10 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=407">Narrador Cuervito-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15024</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">[Misión Rango E] El Burdel</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15022&amp;pid=29627#pid29627" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 46 del Verano del Año 150, 20:00 horas. Zona Comercial, Konohagakure no Sato.</span><br />
<br />
Con la llegada de la noche, la zona comercial comenzaba a cambiar. Algunos negocios cerraban mientras tabernas y locales nocturnos encendían sus faroles. Entre ellos se encontraba Las Señoritas del Edén, un establecimiento de dos plantas fácilmente reconocible por su cartel y las luces rojizas de la entrada. Tokuma había sido citado allí a las ocho para cubrir temporalmente la ausencia de uno de los guardias. Su trabajo sería sencillo: ayudar con la seguridad, controlar la entrada y mantener el orden si algún cliente causaba problemas. Al entrar, encontró el local todavía preparándose para la noche. Varias trabajadoras organizaban las salas mientras el personal terminaba de revisar el establecimiento. Poco después, una mujer de mediana edad y aspecto elegante se acercó hasta él. Tras observarlo unos segundos, habló.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Tú debes ser el shinobi que ha enviado la aldea.</span> -La mujer apoyó una mano sobre su cintura.-  <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">Soy Ayame, la responsable de Las Señoritas del Edén. Puedes llamarme Madame Ayame si quieres quedar bien conmigo.</span><br />
<br />
Una pequeña sonrisa apareció durante apenas un instante antes de que señalara hacia la entrada.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- El trabajo es sencillo. Necesitamos una persona más en seguridad durante esta noche. Principalmente estarás ahí fuera, ayudando a controlar quién entra y quién no.</span><br />
<br />
Cerca de la puerta esperaba el otro guardia del turno. Era un hombre alto, de hombros anchos y bastante mayor que Tokuma, que saludó con un ligero movimiento de cabeza al escuchar la conversación.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Ese es Gen. Lleva años trabajando aquí y conoce a prácticamente todos los habituales.</span><br />
<br />
Ayame comenzó entonces a enumerar las normas básicas del establecimiento. Los clientes excesivamente borrachos podían ser rechazados directamente. Las armas debían quedarse fuera o ser entregadas antes de acceder al interior. Si alguien molestaba a una trabajadora, iniciaba una pelea o se negaba a abandonar el local cuando se le solicitara, seguridad debía intervenir.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Pero procura no romperle la cara a nadie por mirar mal. </span>-Añadió Ayame-. <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">Esto sigue siendo un negocio.</span><br />
<br />
Gen soltó una carcajada desde la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Normalmente basta con pedirles que se marchen.</span><br />
<br />
La mujer lo miró de reojo.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Normalmente.</span><br />
<br />
Poco después comenzaron a llegar los primeros clientes. La mayoría entró sin problemas, algunos saludando a Gen y otros dejando sus armas antes de pasar. La noche apenas empezaba cuando tres hombres aparecieron al final de la calle. Uno llevaba una botella en la mano, otro caminaba con cierta dificultad y el tercero discutía a voces con sus compañeros. Gen los vio acercarse y suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Vaya...</span> -Miró brevemente hacia Tokuma.-<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> Esos tres ya han venido alguna vez.</span><br />
<br />
Los hombres continuaron acercándose.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Y casi nunca sobrios.</span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Tokuma ya ha recibido las instrucciones básicas de Ayame. Puede responderle, hablar con Gen o reaccionar como considere ante la llegada de los tres clientes. Todavía no han intentado entrar.</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">[Misión Rango E] El Burdel</span></span></span><br />
Petición Misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=15022&amp;pid=29627#pid29627" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 46 del Verano del Año 150, 20:00 horas. Zona Comercial, Konohagakure no Sato.</span><br />
<br />
Con la llegada de la noche, la zona comercial comenzaba a cambiar. Algunos negocios cerraban mientras tabernas y locales nocturnos encendían sus faroles. Entre ellos se encontraba Las Señoritas del Edén, un establecimiento de dos plantas fácilmente reconocible por su cartel y las luces rojizas de la entrada. Tokuma había sido citado allí a las ocho para cubrir temporalmente la ausencia de uno de los guardias. Su trabajo sería sencillo: ayudar con la seguridad, controlar la entrada y mantener el orden si algún cliente causaba problemas. Al entrar, encontró el local todavía preparándose para la noche. Varias trabajadoras organizaban las salas mientras el personal terminaba de revisar el establecimiento. Poco después, una mujer de mediana edad y aspecto elegante se acercó hasta él. Tras observarlo unos segundos, habló.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Tú debes ser el shinobi que ha enviado la aldea.</span> -La mujer apoyó una mano sobre su cintura.-  <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">Soy Ayame, la responsable de Las Señoritas del Edén. Puedes llamarme Madame Ayame si quieres quedar bien conmigo.</span><br />
<br />
Una pequeña sonrisa apareció durante apenas un instante antes de que señalara hacia la entrada.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- El trabajo es sencillo. Necesitamos una persona más en seguridad durante esta noche. Principalmente estarás ahí fuera, ayudando a controlar quién entra y quién no.</span><br />
<br />
Cerca de la puerta esperaba el otro guardia del turno. Era un hombre alto, de hombros anchos y bastante mayor que Tokuma, que saludó con un ligero movimiento de cabeza al escuchar la conversación.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Ese es Gen. Lleva años trabajando aquí y conoce a prácticamente todos los habituales.</span><br />
<br />
Ayame comenzó entonces a enumerar las normas básicas del establecimiento. Los clientes excesivamente borrachos podían ser rechazados directamente. Las armas debían quedarse fuera o ser entregadas antes de acceder al interior. Si alguien molestaba a una trabajadora, iniciaba una pelea o se negaba a abandonar el local cuando se le solicitara, seguridad debía intervenir.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Pero procura no romperle la cara a nadie por mirar mal. </span>-Añadió Ayame-. <span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">Esto sigue siendo un negocio.</span><br />
<br />
Gen soltó una carcajada desde la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Normalmente basta con pedirles que se marchen.</span><br />
<br />
La mujer lo miró de reojo.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Normalmente.</span><br />
<br />
Poco después comenzaron a llegar los primeros clientes. La mayoría entró sin problemas, algunos saludando a Gen y otros dejando sus armas antes de pasar. La noche apenas empezaba cuando tres hombres aparecieron al final de la calle. Uno llevaba una botella en la mano, otro caminaba con cierta dificultad y el tercero discutía a voces con sus compañeros. Gen los vio acercarse y suspiró.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Vaya...</span> -Miró brevemente hacia Tokuma.-<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color"> Esos tres ya han venido alguna vez.</span><br />
<br />
Los hombres continuaron acercándose.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Y casi nunca sobrios.</span><br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='OFF'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='OFF'; }">OFF</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Tokuma ya ha recibido las instrucciones básicas de Ayame. Puede responderle, hablar con Gen o reaccionar como considere ante la llegada de los tres clientes. Todavía no han intentado entrar.</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Autonarrada C] El falso shinobi]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14990</link>
			<pubDate>Thu, 24 Sep 2026 07:05:03 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14990</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Autonarrada C] El falso shinobi</span></span></span><br />
Petición de misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14988&amp;pid=29397#pid29397" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 68 del Verano del Año 150 - Konohagakure, Zona Comercial</span><br />
 <br />
La denuncia resultaba bastante sencilla sobre el papel. Un hombre llevaba varios días recorriendo la Zona Comercial presentándose como shinobi de Konohagakure y utilizando aquella supuesta autoridad para exigir dinero o apropiarse de mercancía. No había heridos graves ni establecimientos destrozados, pero el problema había comenzado a extenderse. Cuanto más tiempo continuara actuando, más comerciantes terminarían cediendo ante él. Kuroto comenzó por uno de los establecimientos señalados en el informe. El propietario, un hombre de mediana edad que regentaba una pequeña tienda de alimentación, no tardó en reconocer la descripción.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Vino ayer. Dijo que estaban requisando suministros para la aldea. Se llevó dos sacos de arroz y algo de dinero. Cuando le pregunté por alguna orden escrita, me dijo que no estaba autorizado a enseñármela.</span><br />
<br />
Kuroto dirigió una mirada hacia la calle.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Protector?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Sí. En la frente.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Nombre?</span><br />
<br />
El comerciante negó con la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No quiso decirlo.</span><br />
<br />
Aquello no demostraba nada por sí solo, aunque tampoco ayudaba demasiado a la credibilidad del supuesto shinobi. Visitó otros dos puestos incluidos en las denuncias. Las historias eran similares, aunque las excusas cambiaban. En uno había asegurado estar realizando una inspección relacionada con productos de contrabando. En otro había exigido un pago alegando que ciertos permisos comerciales habían quedado suspendidos. Demasiadas competencias para una sola persona. Y, sobre todo, ninguna documentación. Kuroto permaneció unos segundos frente al último establecimiento mientras repasaba mentalmente los testimonios. El hombre actuaba siempre durante las horas de mayor actividad, cuando había suficiente gente alrededor para que nadie quisiera montar una escena, pero escogía negocios pequeños y normalmente atendidos por una única persona. No buscaba pasar desapercibido. Buscaba parecer importante.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Seguramente vuelva a intentarlo.</span></span><br />
<br />
Continuó recorriendo la Zona Comercial sin demasiada prisa. No llevaba el Sharingan activo ni parecía existir motivo alguno para hacerlo. De momento se encontraba buscando a un estafador, no a un enemigo capaz de representar una amenaza seria. No tuvo que esperar demasiado. Unas calles más adelante encontró un pequeño corrillo formado delante de un puesto de especias. Algunos curiosos observaban desde cierta distancia mientras un hombre discutía con el propietario. <br />
 <br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Te he dicho que es una orden de la aldea.</span><br />
<br />
El desconocido vestía ropa oscura y llevaba un protector de Konoha sujeto alrededor de la frente. Frente a él, el comerciante mantenía ambas manos apoyadas sobre el mostrador.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Pero ayer ya vino otro shinobi y no dijo nada de esto.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Entonces ayer tuviste suerte.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo entre los curiosos. El hombre cogió una pequeña caja situada sobre el mostrador.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Esto queda confiscado.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Por orden de quién?</span><br />
<br />
La pregunta llegó desde su espalda. El supuesto shinobi se giró. Kuroto avanzó hasta situarse a pocos metros.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¿Cómo?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Has dicho que es una orden de la aldea.</span> -Sus ojos se desviaron brevemente hacia la caja que sostenía.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"> ¿Quién la ha emitido?</span><br />
<br />
El hombre tardó apenas un instante en responder.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Administración.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso no es un nombre.</span><br />
<br />
Algunos de los curiosos comenzaron a intercambiar miradas. El desconocido dejó la caja sobre el mostrador.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Estoy trabajando. Sigue tu camino.</span><br />
<br />
Kuroto no se movió.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Nombre.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¿Perdona?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- El tuyo.</span><br />
<br />
El silencio comenzó a volverse incómodo.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Hayato.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Apellido?</span><br />
<br />
Otra pausa. El falso shinobi esttaba extrañado.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Mizuno.</span><br />
<br />
Kuroto asintió lentamente.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Rango?</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Chuunin.</span><br />
<br />
Aquella vez ni siquiera reaccionó.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Unidad?</span><br />
<br />
El hombre frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡No tengo por qué responderte! Es confidencial. </span>-Dijo un poco mosqueado.-<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces enséñame la orden de confiscación.</span><br />
<br />
La expresión del supuesto shinobi cambió por primera vez. Hasta ese momento había mantenido el tono de alguien acostumbrado a que nadie cuestionase su autoridad. Ahora observaba a Kuroto tratando probablemente de averiguar quién tenía delante.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¿Y tú quién demonios eres?</span><br />
<br />
Kuroto llevó una mano hacia su propio protector.nNo necesitó añadir demasiado.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha. Chuunin de Konohagakure.</span><br />
<br />
El murmullo detrás de ambos aumentó ligeramente. El hombre miró durante un instante hacia los lados. La salida por la que había llegado continuaba despejada, aunque ahora varias personas bloqueaban parcialmente la calle en la dirección opuesta. Kuroto dio un paso hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Última vez. La orden.</span><br />
<br />
No hubo respuesta. El falso shinobi retrocedió. Y entonces echó a correr.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Estaba claro...</span></span><br />
<br />
Kuroto salió tras él. El hombre apartó a un transeúnte de un empujón y se internó por una de las calles laterales. No era particularmente rápido, aunque conocía bien aquella zona y buscó inmediatamente los callejones más estrechos para intentar perder a su perseguidor. No llegó demasiado lejos. Al doblar una esquina escuchó los pasos de Kuroto prácticamente encima. Se giró de golpe y sacó un kunai.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Atrás!</span><br />
<br />
Kuroto frenó. Su mirada descendió durante un instante hacia el arma. La postura era suficiente. No había disciplina en la forma de sujetarla, ni equilibrio en las piernas, ni siquiera parecía saber dónde colocar el peso antes de atacar. El hombre lanzó una estocada desesperada. Kuroto se desplazó hacia un lateral, agarró su muñeca y la torció antes de que pudiera recuperar el brazo. El kunai cayó al suelo con un sonido metálico.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Suéltame!</span><br />
<br />
Un giro adicional obligó al falso shinobi a inclinarse hacia delante. Kuroto colocó el otro brazo tras su espalda y terminó inmovilizándolo contra la pared.<br />
Todo había durado apenas unos segundos.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Un Chuunin debería hacerlo bastante mejor.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Que te jodan!</span><br />
<br />
Kuroto recogió el kunai sin liberar completamente la presa y después apartó de una patada cualquier otro objeto que pudiera alcanzar. Registrarlo terminó de confirmar lo evidente. No llevaba documentación shinobi, órdenes oficiales ni ningún elemento que justificase las confiscaciones. Entre sus pertenencias había, en cambio, varios billetes, pequeños objetos y mercancías que coincidían con algunas de las denuncias. Kuroto observó entonces el protector. De cerca resultaba incluso menos convincente. La placa parecía auténtica, aunque la tela había sido sustituida y uno de los laterales presentaba marcas de haber sido arrancado de algún lugar.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿De dónde lo has sacado? </span><br />
<br />
El hombre permaneció callado. Kuroto tiró ligeramente de su brazo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No hace falta que respondas ahora.</span><br />
<br />
Lo separó de la pared y comenzó a conducirlo de vuelta hacia la calle principal. Varios de los comerciantes reconocieron inmediatamente algunas de las pertenencias recuperadas. El propietario del puesto de especias observó al hombre mientras Kuroto atravesaba nuevamente la zona.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Entonces no era shinobi?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Aquella única palabra pareció bastarle. Kuroto continuó caminando. El detenido todavía masculló alguna amenaza durante el trayecto, aunque ya sin demasiado convencimiento. Serían las autoridades quienes determinarían de dónde había obtenido el protector y cuántos establecimientos había extorsionado realmente. Por su parte, Kuroto se limitaría a entregar al hombre, los objetos recuperados y una relación de los comerciantes con los que había hablado. Antes de abandonar la Zona Comercial echó una última mirada hacia los puestos. La actividad había regresado rápidamente a la normalidad. Al final, el hombre había conseguido engañar a varias personas mediante algo bastante sencillo. No porque pareciera realmente un shinobi. Sino porque había contado con que nadie se atreviera a comprobarlo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">[Misión Autonarrada C] El falso shinobi</span></span></span><br />
Petición de misión: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14988&amp;pid=29397#pid29397" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Día 68 del Verano del Año 150 - Konohagakure, Zona Comercial</span><br />
 <br />
La denuncia resultaba bastante sencilla sobre el papel. Un hombre llevaba varios días recorriendo la Zona Comercial presentándose como shinobi de Konohagakure y utilizando aquella supuesta autoridad para exigir dinero o apropiarse de mercancía. No había heridos graves ni establecimientos destrozados, pero el problema había comenzado a extenderse. Cuanto más tiempo continuara actuando, más comerciantes terminarían cediendo ante él. Kuroto comenzó por uno de los establecimientos señalados en el informe. El propietario, un hombre de mediana edad que regentaba una pequeña tienda de alimentación, no tardó en reconocer la descripción.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Vino ayer. Dijo que estaban requisando suministros para la aldea. Se llevó dos sacos de arroz y algo de dinero. Cuando le pregunté por alguna orden escrita, me dijo que no estaba autorizado a enseñármela.</span><br />
<br />
Kuroto dirigió una mirada hacia la calle.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Protector?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Sí. En la frente.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Nombre?</span><br />
<br />
El comerciante negó con la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No quiso decirlo.</span><br />
<br />
Aquello no demostraba nada por sí solo, aunque tampoco ayudaba demasiado a la credibilidad del supuesto shinobi. Visitó otros dos puestos incluidos en las denuncias. Las historias eran similares, aunque las excusas cambiaban. En uno había asegurado estar realizando una inspección relacionada con productos de contrabando. En otro había exigido un pago alegando que ciertos permisos comerciales habían quedado suspendidos. Demasiadas competencias para una sola persona. Y, sobre todo, ninguna documentación. Kuroto permaneció unos segundos frente al último establecimiento mientras repasaba mentalmente los testimonios. El hombre actuaba siempre durante las horas de mayor actividad, cuando había suficiente gente alrededor para que nadie quisiera montar una escena, pero escogía negocios pequeños y normalmente atendidos por una única persona. No buscaba pasar desapercibido. Buscaba parecer importante.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Seguramente vuelva a intentarlo.</span></span><br />
<br />
Continuó recorriendo la Zona Comercial sin demasiada prisa. No llevaba el Sharingan activo ni parecía existir motivo alguno para hacerlo. De momento se encontraba buscando a un estafador, no a un enemigo capaz de representar una amenaza seria. No tuvo que esperar demasiado. Unas calles más adelante encontró un pequeño corrillo formado delante de un puesto de especias. Algunos curiosos observaban desde cierta distancia mientras un hombre discutía con el propietario. <br />
 <br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Te he dicho que es una orden de la aldea.</span><br />
<br />
El desconocido vestía ropa oscura y llevaba un protector de Konoha sujeto alrededor de la frente. Frente a él, el comerciante mantenía ambas manos apoyadas sobre el mostrador.<br />
<br />
<span style="color: #c3ffff;" class="mycode_color">- Pero ayer ya vino otro shinobi y no dijo nada de esto.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Entonces ayer tuviste suerte.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo entre los curiosos. El hombre cogió una pequeña caja situada sobre el mostrador.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Esto queda confiscado.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Por orden de quién?</span><br />
<br />
La pregunta llegó desde su espalda. El supuesto shinobi se giró. Kuroto avanzó hasta situarse a pocos metros.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¿Cómo?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Has dicho que es una orden de la aldea.</span> -Sus ojos se desviaron brevemente hacia la caja que sostenía.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color"> ¿Quién la ha emitido?</span><br />
<br />
El hombre tardó apenas un instante en responder.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Administración.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Eso no es un nombre.</span><br />
<br />
Algunos de los curiosos comenzaron a intercambiar miradas. El desconocido dejó la caja sobre el mostrador.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Estoy trabajando. Sigue tu camino.</span><br />
<br />
Kuroto no se movió.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Nombre.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¿Perdona?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- El tuyo.</span><br />
<br />
El silencio comenzó a volverse incómodo.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Hayato.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Apellido?</span><br />
<br />
Otra pausa. El falso shinobi esttaba extrañado.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Mizuno.</span><br />
<br />
Kuroto asintió lentamente.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Rango?</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- Chuunin.</span><br />
<br />
Aquella vez ni siquiera reaccionó.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Unidad?</span><br />
<br />
El hombre frunció el ceño.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡No tengo por qué responderte! Es confidencial. </span>-Dijo un poco mosqueado.-<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Entonces enséñame la orden de confiscación.</span><br />
<br />
La expresión del supuesto shinobi cambió por primera vez. Hasta ese momento había mantenido el tono de alguien acostumbrado a que nadie cuestionase su autoridad. Ahora observaba a Kuroto tratando probablemente de averiguar quién tenía delante.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¿Y tú quién demonios eres?</span><br />
<br />
Kuroto llevó una mano hacia su propio protector.nNo necesitó añadir demasiado.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha. Chuunin de Konohagakure.</span><br />
<br />
El murmullo detrás de ambos aumentó ligeramente. El hombre miró durante un instante hacia los lados. La salida por la que había llegado continuaba despejada, aunque ahora varias personas bloqueaban parcialmente la calle en la dirección opuesta. Kuroto dio un paso hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Última vez. La orden.</span><br />
<br />
No hubo respuesta. El falso shinobi retrocedió. Y entonces echó a correr.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Estaba claro...</span></span><br />
<br />
Kuroto salió tras él. El hombre apartó a un transeúnte de un empujón y se internó por una de las calles laterales. No era particularmente rápido, aunque conocía bien aquella zona y buscó inmediatamente los callejones más estrechos para intentar perder a su perseguidor. No llegó demasiado lejos. Al doblar una esquina escuchó los pasos de Kuroto prácticamente encima. Se giró de golpe y sacó un kunai.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Atrás!</span><br />
<br />
Kuroto frenó. Su mirada descendió durante un instante hacia el arma. La postura era suficiente. No había disciplina en la forma de sujetarla, ni equilibrio en las piernas, ni siquiera parecía saber dónde colocar el peso antes de atacar. El hombre lanzó una estocada desesperada. Kuroto se desplazó hacia un lateral, agarró su muñeca y la torció antes de que pudiera recuperar el brazo. El kunai cayó al suelo con un sonido metálico.<br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Suéltame!</span><br />
<br />
Un giro adicional obligó al falso shinobi a inclinarse hacia delante. Kuroto colocó el otro brazo tras su espalda y terminó inmovilizándolo contra la pared.<br />
Todo había durado apenas unos segundos.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Un Chuunin debería hacerlo bastante mejor.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff5f54;" class="mycode_color">- ¡Que te jodan!</span><br />
<br />
Kuroto recogió el kunai sin liberar completamente la presa y después apartó de una patada cualquier otro objeto que pudiera alcanzar. Registrarlo terminó de confirmar lo evidente. No llevaba documentación shinobi, órdenes oficiales ni ningún elemento que justificase las confiscaciones. Entre sus pertenencias había, en cambio, varios billetes, pequeños objetos y mercancías que coincidían con algunas de las denuncias. Kuroto observó entonces el protector. De cerca resultaba incluso menos convincente. La placa parecía auténtica, aunque la tela había sido sustituida y uno de los laterales presentaba marcas de haber sido arrancado de algún lugar.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿De dónde lo has sacado? </span><br />
<br />
El hombre permaneció callado. Kuroto tiró ligeramente de su brazo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No hace falta que respondas ahora.</span><br />
<br />
Lo separó de la pared y comenzó a conducirlo de vuelta hacia la calle principal. Varios de los comerciantes reconocieron inmediatamente algunas de las pertenencias recuperadas. El propietario del puesto de especias observó al hombre mientras Kuroto atravesaba nuevamente la zona.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Entonces no era shinobi?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Aquella única palabra pareció bastarle. Kuroto continuó caminando. El detenido todavía masculló alguna amenaza durante el trayecto, aunque ya sin demasiado convencimiento. Serían las autoridades quienes determinarían de dónde había obtenido el protector y cuántos establecimientos había extorsionado realmente. Por su parte, Kuroto se limitaría a entregar al hombre, los objetos recuperados y una relación de los comerciantes con los que había hablado. Antes de abandonar la Zona Comercial echó una última mirada hacia los puestos. La actividad había regresado rápidamente a la normalidad. Al final, el hombre había conseguido engañar a varias personas mediante algo bastante sencillo. No porque pareciera realmente un shinobi. Sino porque había contado con que nadie se atreviera a comprobarlo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[A puerta cerrada [Misión C]]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14968</link>
			<pubDate>Sat, 19 Sep 2026 07:05:25 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=865">Narrador Renacuajo-Kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14968</guid>
			<description><![CDATA[● Fecha: Día 67 del Verano del Año 150 <br />
● Lugar:  Konohagakure no Sato, Zona Comercial.<br />
<br />
Un almacén abandonado de miradas indiscretas de toda clase, ¿Qué daño podía hacer un lugar así?, las personas necesitaban desconectar de su día a día, estar en un ambiente distendido donde poder jugarse todos sus ahorros, un sitio para la depravación, el morbo y los deseos más oscuros se hacían realidad, los carruajes iban llegando a horas intempestivas mientras que, los que venían disfrutaban de toda clase de espectáculos, personas de a pie, gente con ryos de sobra y personas con la suficiente picaresca de creer que podrían arreglar su vida con un juego de cartas, la gama de clientes del sitio era enormes y los organizadores bueno, no dejaban pasar ni un cabo suelto, era una especie de grupo mas o menos exclusivo, ese lugar está bien apartado y los demás complejos lo protegían, zona de almacenes que servían como escondites y distintos negocios no del todo lícitos, y ahí estamos esperando que alguien vea a cerrarlo ¿no?<br />
<br />
Físicamente aquel sitio no destacaba en nada, era un lugar como otro cualquiera, un almacén abandonado de la mano de cualquier dios piadoso, mas cerrado que un convento y, sin embargo los carruajes llegan, ¿era acaso magia?, si te adentrabas un poco más en la madriguera del conejo podrías ver que había guardias, hombres de una fuerza física clara custodiando el complejo, a la entrada, distintas gradas y un pasillo que llegaba hacia la zona de ring, en los lados una serie de mesas que formaban unas timbas, juegos de cartas apuestas y fichas, donde se juntaba toda la morralla que pudieras imaginar, jugadores endeudados, visionarios y algún que otro servidor del lugar, dando bebidas y copas a la gente para que se mantuvieran jugando, pese a  que el lugar contaba con una iluminación notable nadie parecía estar preocupado por ser visto o reconocido, todos compartían esa sensación de anonimato, como si nadie viniera a buscarlo o tuvieran algún problema con estar ahí, tocaba muy mucho con la labor encomiable que hacia el servicio de seguridad, quizás hasta fueran ninjas que, se sacaban una especie de sobresueldo en esas tareas, la verdad es que diversión no paraba, cada día de la semana era un show, podían ser peleas clandestinas, combates en desventaja hasta pruebas de resistencia o golpes en la mandíbula, pensar y fantasear estaban a la orden del dia, ¿te atreves a entrar?<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Resumen: Bueno esta la apertura del tema, te dejare un pequeño mapa o diseño para ubicarte y empezaremos con una cuestión más o menos básica, ¿Cómo afrontar el encargo?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mapa:</span>  <a href="https://i.postimg.cc/DfcHCJf2/lucha-clandestina.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aqui</a><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">“Soy uno con las sombras”</span></span>: El hecho de actuar con sigilo puede ser un buen punto de vista, quizás si revisas el perímetro puedas encontrar un acceso al sitio sin tener que armar jaleo, aunque claro, dependes de tu dado de sigilo, ¿seras tan valiente de hacerlo?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">“Enemigos, ¡a mí!”</span></span></span>: eso de esconderte cual sabandija no es lo tuyo, tu eres calentar la carita a la gente y luchar, nada de pasar inadvertido, un ataque frontal entrando por la puerta principal, ojito, quizás tengas “más de una sorpresa”<br />
<br />
Espero que te guste el tema y lo pases bien, un saludo.<br />
<br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[● Fecha: Día 67 del Verano del Año 150 <br />
● Lugar:  Konohagakure no Sato, Zona Comercial.<br />
<br />
Un almacén abandonado de miradas indiscretas de toda clase, ¿Qué daño podía hacer un lugar así?, las personas necesitaban desconectar de su día a día, estar en un ambiente distendido donde poder jugarse todos sus ahorros, un sitio para la depravación, el morbo y los deseos más oscuros se hacían realidad, los carruajes iban llegando a horas intempestivas mientras que, los que venían disfrutaban de toda clase de espectáculos, personas de a pie, gente con ryos de sobra y personas con la suficiente picaresca de creer que podrían arreglar su vida con un juego de cartas, la gama de clientes del sitio era enormes y los organizadores bueno, no dejaban pasar ni un cabo suelto, era una especie de grupo mas o menos exclusivo, ese lugar está bien apartado y los demás complejos lo protegían, zona de almacenes que servían como escondites y distintos negocios no del todo lícitos, y ahí estamos esperando que alguien vea a cerrarlo ¿no?<br />
<br />
Físicamente aquel sitio no destacaba en nada, era un lugar como otro cualquiera, un almacén abandonado de la mano de cualquier dios piadoso, mas cerrado que un convento y, sin embargo los carruajes llegan, ¿era acaso magia?, si te adentrabas un poco más en la madriguera del conejo podrías ver que había guardias, hombres de una fuerza física clara custodiando el complejo, a la entrada, distintas gradas y un pasillo que llegaba hacia la zona de ring, en los lados una serie de mesas que formaban unas timbas, juegos de cartas apuestas y fichas, donde se juntaba toda la morralla que pudieras imaginar, jugadores endeudados, visionarios y algún que otro servidor del lugar, dando bebidas y copas a la gente para que se mantuvieran jugando, pese a  que el lugar contaba con una iluminación notable nadie parecía estar preocupado por ser visto o reconocido, todos compartían esa sensación de anonimato, como si nadie viniera a buscarlo o tuvieran algún problema con estar ahí, tocaba muy mucho con la labor encomiable que hacia el servicio de seguridad, quizás hasta fueran ninjas que, se sacaban una especie de sobresueldo en esas tareas, la verdad es que diversión no paraba, cada día de la semana era un show, podían ser peleas clandestinas, combates en desventaja hasta pruebas de resistencia o golpes en la mandíbula, pensar y fantasear estaban a la orden del dia, ¿te atreves a entrar?<br />
<br />
<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;">Resumen: Bueno esta la apertura del tema, te dejare un pequeño mapa o diseño para ubicarte y empezaremos con una cuestión más o menos básica, ¿Cómo afrontar el encargo?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Mapa:</span>  <a href="https://i.postimg.cc/DfcHCJf2/lucha-clandestina.png" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aqui</a><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #444444;" class="mycode_color">“Soy uno con las sombras”</span></span>: El hecho de actuar con sigilo puede ser un buen punto de vista, quizás si revisas el perímetro puedas encontrar un acceso al sitio sin tener que armar jaleo, aunque claro, dependes de tu dado de sigilo, ¿seras tan valiente de hacerlo?<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">“Enemigos, ¡a mí!”</span></span></span>: eso de esconderte cual sabandija no es lo tuyo, tu eres calentar la carita a la gente y luchar, nada de pasar inadvertido, un ataque frontal entrando por la puerta principal, ojito, quizás tengas “más de una sorpresa”<br />
<br />
Espero que te guste el tema y lo pases bien, un saludo.<br />
<br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Endulzando la vida (Argeon)]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14962</link>
			<pubDate>Thu, 17 Sep 2026 23:42:21 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=848">Muzan Akaza</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14962</guid>
			<description><![CDATA[Para Muzen, la zona comercial solo representaba una cosa: la posibilidad de comprar armamento nuevo. Sin embargo, su estado de cuenta no le ayudaba mucho, así que ese día andaba nada más de visita; su abuelo no le había dejado dinero para darse un gusto y tenía que vivir la difícil vida de un shinobi de clase baja mientras desarrollaba sus habilidades. Pero eso no le impedía recorrer las calles de Konoha a última hora de la tarde. No faltaban muchas horas para que el sol se ocultara en el horizonte dando paso a la noche, y el movimiento de la aldea en esta zona era bastante notorio.<br />
Con las manos sujetando su nuca, pasó de largo por una tienda, pero se detuvo de golpe y retrocedió varios pasos, incluso de manera cómica para cualquiera que lo mirara, ya que se había topado con una de las tiendas que más amaba y la razón por la que el dinero nunca le alcanzaba. Seguramente pertenece a algún Akimichi pensaba el joven albino mientras miraba por la vidriera todos los tipos de dulces que ofrecían. Se llevó la mano al bolsillo y sacó la lengua mientras rebuscaba entre sus cosas para dar con algo de dinero.<br />
<br />
—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Dulces, vengan con papi...</span><br />
<br />
Sus ojos prácticamente brillaban de emoción. Entró en la tienda llamando la atención de la joven dependienta para pedir los dulces que parecían estar más cargados de azúcar. El joven Sarutobi era adicto a las golosinas y a las consecuencias de tanta energía lo que lo volvía bastante inquieto, pero eso era un problema del que se ocuparía por la noche, cuando no tuviera sueño por el exceso de azúcar. En ese momento nada de eso importaba, así que señaló varios dulces con el dedo:<br />
<br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Estos, jovencita, por favor. Y no se olvide de aquellos cargados de glacé; estos de aquí también se ven deliciosos.</span><br />
<br />
La joven sonrió mientras preparaba una especie de bandeja con todo lo que el niño le pedía. Quizás en algún momento pensó en llamarle la atención por comer tanto dulce, pero al ver la bandana en su frente decidió complacer al joven shinobi. Él estaba en su mundo, emocionado por sus golosinas; nada más importaba en ese instante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Para Muzen, la zona comercial solo representaba una cosa: la posibilidad de comprar armamento nuevo. Sin embargo, su estado de cuenta no le ayudaba mucho, así que ese día andaba nada más de visita; su abuelo no le había dejado dinero para darse un gusto y tenía que vivir la difícil vida de un shinobi de clase baja mientras desarrollaba sus habilidades. Pero eso no le impedía recorrer las calles de Konoha a última hora de la tarde. No faltaban muchas horas para que el sol se ocultara en el horizonte dando paso a la noche, y el movimiento de la aldea en esta zona era bastante notorio.<br />
Con las manos sujetando su nuca, pasó de largo por una tienda, pero se detuvo de golpe y retrocedió varios pasos, incluso de manera cómica para cualquiera que lo mirara, ya que se había topado con una de las tiendas que más amaba y la razón por la que el dinero nunca le alcanzaba. Seguramente pertenece a algún Akimichi pensaba el joven albino mientras miraba por la vidriera todos los tipos de dulces que ofrecían. Se llevó la mano al bolsillo y sacó la lengua mientras rebuscaba entre sus cosas para dar con algo de dinero.<br />
<br />
—<span style="color: #ff851b;" class="mycode_color">Dulces, vengan con papi...</span><br />
<br />
Sus ojos prácticamente brillaban de emoción. Entró en la tienda llamando la atención de la joven dependienta para pedir los dulces que parecían estar más cargados de azúcar. El joven Sarutobi era adicto a las golosinas y a las consecuencias de tanta energía lo que lo volvía bastante inquieto, pero eso era un problema del que se ocuparía por la noche, cuando no tuviera sueño por el exceso de azúcar. En ese momento nada de eso importaba, así que señaló varios dulces con el dedo:<br />
<br />
—<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">Estos, jovencita, por favor. Y no se olvide de aquellos cargados de glacé; estos de aquí también se ven deliciosos.</span><br />
<br />
La joven sonrió mientras preparaba una especie de bandeja con todo lo que el niño le pedía. Quizás en algún momento pensó en llamarle la atención por comer tanto dulce, pero al ver la bandana en su frente decidió complacer al joven shinobi. Él estaba en su mundo, emocionado por sus golosinas; nada más importaba en ese instante.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango C Autonarrada] Protección del taller]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14922</link>
			<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 08:32:11 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=762">Kuroto Uchiha</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14922</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">[Misión Rango C Autonarrada] Protección del Taller</span></span></span><br />
Petición: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14918&amp;pid=28931#pid28931" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
Día 66 del Verano del Año 150 - Konohagakure no Sato, Zona Comercial.<br />
<br />
El taller se encontraba en una calle secundaria de la Zona Comercial. Desde fuera parecía uno más, salvo por una ventana cubierta con tablas y una palabra todavía visible sobre la puerta, pese a que alguien había intentado borrarla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">PAGA.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo unos segundos antes de entrar. Cerca del marco había una hendidura reciente y aún quedaban pequeños cristales en el suelo.<br />
Dentro, un hombre de unos cincuenta años trabajaba sobre una mesa llena de piezas metálicas y herramientas.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Sí?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha. Me han enviado por la solicitud de protección.</span><br />
<br />
El hombre dejó las pinzas y se limpió las manos con un paño.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Isao. Pensaba que mandarían a alguien ayer.</span><br />
<br />
Kuroto señaló la ventana.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Eso lo hicieron ellos?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Anteayer. La pintura fue antes.</span><br />
<br />
También había una estantería torcida, con dos baldas partidas y varias cajas colocadas provisionalmente en el suelo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Y eso?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- La primera vez que entraron. Al principio solo venían a hablar. Decían que ofrecían protección a los negocios de esta calle. Les dije que llevaba veinte años sin necesitarla.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y no les gustó.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No especialmente. Después rompieron eso, pintaron la puerta y luego la ventana. Ayer me dijeron que la próxima vez no romperían una ventana.</span><br />
<br />
Aquello explicaba la petición.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Cuántos?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Tres. Siempre los mismos.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Armas?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Uno lleva un cuchillo. Otro suele traer un bastón.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Han atacado a alguien?</span><br />
<br />
Isao dudó.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- A mí todavía no.</span><br />
<br />
Kuroto lo miró.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No he preguntado eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- A un comerciante de telas le rompieron la nariz. Pagó después.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Y tú?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No pienso darles nada.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Bien.</span><br />
<br />
Isao arqueó una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Bien?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Es más fácil protegerte si no estás pensando salir detrás de ellos con una bolsa de dinero.</span><br />
<br />
El artesano soltó una risa y regresó a su mesa. Kuroto pasó las siguientes horas dentro del establecimiento. No tenía necesidad de esconderse. Si los hombres veían que el taller estaba bajo protección de Konoha y decidían marcharse, también servía. Tras comprobar la puerta trasera y asegurarse de que podía vigilar la entrada desde una silla junto a la ventana, sacó de su mochila un libro que llevaba varios días leyendo. Isao levantó la vista.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Te han mandado a protegerme o a estudiar?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Las dos cosas no son incompatibles.</span><br />
<br />
El capítulo hablaba de Eiyu Sarutobi y de los primeros años de la comunidad que terminaría convirtiéndose en Konoha. Kuroto había leído ya parte de aquella historia: los Hijos del Alba, las negociaciones entre clanes y la unión de Sarutobi, Senju y Uchiha bajo una misma causa. Se detuvo un poco más al llegar a la parte dedicada a su propio clan. Le resultaba extraño pensar que familias que durante tanto tiempo habían defendido sus propios intereses hubieran acabado aceptando que necesitaban a las demás. Pasó una página.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Historia?</span> -Preguntó Isao.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Nunca tuve paciencia para eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Se nota.</span><br />
<br />
El martillo dejó de sonar.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Eso era una broma?</span><br />
<br />
Kuroto bajó la vista al libro.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Isao negó con la cabeza, divertido.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Definitivamente era una broma.</span><br />
<br />
La espera terminó poco después del mediodía. Kuroto vio acercarse a tres hombres desde el extremo de la calle. Uno era ancho de hombros, otro llevaba un bastón corto en la cintura y el tercero caminaba algo retrasado. Cerró el libro.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Son ellos. </span>-Dijo Isao.-<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sigue trabajando.</span><br />
<br />
Los tres se detuvieron frente al taller. El más ancho entró primero.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Isao. Te dimos hasta hoy.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Y yo ya os respondí.</span><br />
<br />
Entonces reparó en Kuroto. Su mirada bajó un instante hacia Homurakiba.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¿Y este?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha.</span><br />
<br />
El del bastón dejó de sonreír por un momento. El primero, en cambio, soltó una carcajada.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Has llamado a un shinobi por una ventana rota?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Por eso y por las amenazas.</span> -Respondió Kuroto.-<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Esto es un asunto entre nosotros y él.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Ya no.</span><br />
<br />
El hombre miró a Isao.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Dos mil.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
El del bastón entró también y golpeó con los nudillos una mesa.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Creo que no lo estás entendiendo. Ya rompimos una ventana. Podemos romper más cosas.</span><br />
<br />
Kuroto levantó la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No toques nada.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- ¿Qué?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Has venido a hablar. Habla.</span><br />
<br />
El más ancho avanzó hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Tú no sabes cómo funcionan las cosas por aquí.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Parece sencillo. Pedís dinero y, si no os pagan, rompéis cosas. </span>-Nadie respondió.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Eso no es protección.</span><br />
<br />
La sonrisa del hombre desapareció. Su mano derecha comenzó a buscar el interior de la chaqueta. Kuroto lo vio.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¿No qué?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No saques el cuchillo.</span><br />
<br />
Durante un instante ninguno se movió. El hombre decidió probar suerte. Kuroto atrapó su muñeca antes de que terminara de sacar el arma, la giró y bloqueó el brazo a su espalda. El cuchillo cayó al suelo. El del bastón reaccionó casi al mismo tiempo. Lanzó un golpe horizontal hacia la cabeza de Kuroto, que se inclinó para dejarlo pasar y sujetó su muñeca al finalizar el movimiento. Tiró de él hacia delante y lo recibió con el hombro en el pecho antes de barrerle una pierna. El hombre cayó de espaldas.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Hijo de...!</span><br />
<br />
Intentó levantarse, pero Kuroto puso una bota sobre el bastón.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Quédate ahí.</span><br />
<br />
El primero volvió a abalanzarse sobre él. Kuroto dejó pasar el puñetazo junto a su cara, abrió su guardia con el antebrazo y le clavó un golpe seco en el abdomen. Cuando se dobló, lo sujetó por el hombro y lo llevó al suelo. No necesitó Sharingan ni Homurakiba. El tercero seguía junto a la puerta. Miró a sus dos compañeros. Luego a Kuroto.<br />
<br />
<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">- Yo no llevo nada.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No he preguntado.</span><br />
<br />
El hombre retrocedió.<br />
<br />
<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">- Esto no merece la pena.</span><br />
<br />
Se dio la vuelta y salió corriendo. Kuroto no lo siguió. Tenía dos hombres delante y a Isao detrás. Perseguir al tercero solo dejaría al artesano sin protección.<br />
El del bastón miró hacia la salida.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Yo también me voy.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Ni siquiera he hecho nada.</span><br />
<br />
Kuroto miró el bastón.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Has intentado golpearme con eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Porque estabas atacando a mi amigo.</span><br />
<br />
Kuroto señaló el cuchillo del suelo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Tu amigo estaba sacando un arma.</span><br />
<br />
El hombre decidió callarse. Una patrulla llegó poco después, avisada por uno de los comerciantes cercanos. Ambos fueron puestos bajo custodia y Kuroto entregó el cuchillo y el bastón. El tercero había escapado, pero media calle lo había visto salir corriendo y no sería difícil identificarlo. Cuando todo terminó, Isao regresó a su mesa.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Supongo que ahora tendré que arreglar la ventana.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Esperaba que dijeras que Konoha se hacía cargo.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Tenía que intentarlo...</span><br />
<br />
Kuroto recogió su mochila. El libro de Eiyu Sarutobi quedó unos segundos a la vista.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Te ha dado tiempo a terminar el capítulo?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Una pena.</span><br />
<br />
Kuroto se colocó la mochila al hombro.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Puede esperar.</span><br />
<br />
Antes de salir, miró una última vez hacia Isao.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si vuelve alguien, informa otra vez.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Y mandaréis otro Uchiha?</span><br />
<br />
Kuroto abrió la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si tienes suerte.</span><br />
<br />
La carcajada del artesano todavía podía escucharse cuando abandonó el taller.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">[Misión Rango C Autonarrada] Protección del Taller</span></span></span><br />
Petición: <a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14918&amp;pid=28931#pid28931" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Aquí</a><br />
Día 66 del Verano del Año 150 - Konohagakure no Sato, Zona Comercial.<br />
<br />
El taller se encontraba en una calle secundaria de la Zona Comercial. Desde fuera parecía uno más, salvo por una ventana cubierta con tablas y una palabra todavía visible sobre la puerta, pese a que alguien había intentado borrarla.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">PAGA.</span><br />
<br />
Kuroto se detuvo unos segundos antes de entrar. Cerca del marco había una hendidura reciente y aún quedaban pequeños cristales en el suelo.<br />
Dentro, un hombre de unos cincuenta años trabajaba sobre una mesa llena de piezas metálicas y herramientas.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Sí?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha. Me han enviado por la solicitud de protección.</span><br />
<br />
El hombre dejó las pinzas y se limpió las manos con un paño.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Isao. Pensaba que mandarían a alguien ayer.</span><br />
<br />
Kuroto señaló la ventana.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Eso lo hicieron ellos?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Anteayer. La pintura fue antes.</span><br />
<br />
También había una estantería torcida, con dos baldas partidas y varias cajas colocadas provisionalmente en el suelo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Y eso?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- La primera vez que entraron. Al principio solo venían a hablar. Decían que ofrecían protección a los negocios de esta calle. Les dije que llevaba veinte años sin necesitarla.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Y no les gustó.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No especialmente. Después rompieron eso, pintaron la puerta y luego la ventana. Ayer me dijeron que la próxima vez no romperían una ventana.</span><br />
<br />
Aquello explicaba la petición.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Cuántos?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Tres. Siempre los mismos.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Armas?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Uno lleva un cuchillo. Otro suele traer un bastón.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Han atacado a alguien?</span><br />
<br />
Isao dudó.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- A mí todavía no.</span><br />
<br />
Kuroto lo miró.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No he preguntado eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- A un comerciante de telas le rompieron la nariz. Pagó después.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- ¿Y tú?</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No pienso darles nada.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Bien.</span><br />
<br />
Isao arqueó una ceja.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Bien?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Es más fácil protegerte si no estás pensando salir detrás de ellos con una bolsa de dinero.</span><br />
<br />
El artesano soltó una risa y regresó a su mesa. Kuroto pasó las siguientes horas dentro del establecimiento. No tenía necesidad de esconderse. Si los hombres veían que el taller estaba bajo protección de Konoha y decidían marcharse, también servía. Tras comprobar la puerta trasera y asegurarse de que podía vigilar la entrada desde una silla junto a la ventana, sacó de su mochila un libro que llevaba varios días leyendo. Isao levantó la vista.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Te han mandado a protegerme o a estudiar?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Las dos cosas no son incompatibles.</span><br />
<br />
El capítulo hablaba de Eiyu Sarutobi y de los primeros años de la comunidad que terminaría convirtiéndose en Konoha. Kuroto había leído ya parte de aquella historia: los Hijos del Alba, las negociaciones entre clanes y la unión de Sarutobi, Senju y Uchiha bajo una misma causa. Se detuvo un poco más al llegar a la parte dedicada a su propio clan. Le resultaba extraño pensar que familias que durante tanto tiempo habían defendido sus propios intereses hubieran acabado aceptando que necesitaban a las demás. Pasó una página.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Historia?</span> -Preguntó Isao.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Nunca tuve paciencia para eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Se nota.</span><br />
<br />
El martillo dejó de sonar.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Eso era una broma?</span><br />
<br />
Kuroto bajó la vista al libro.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
Isao negó con la cabeza, divertido.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Definitivamente era una broma.</span><br />
<br />
La espera terminó poco después del mediodía. Kuroto vio acercarse a tres hombres desde el extremo de la calle. Uno era ancho de hombros, otro llevaba un bastón corto en la cintura y el tercero caminaba algo retrasado. Cerró el libro.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Son ellos. </span>-Dijo Isao.-<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sigue trabajando.</span><br />
<br />
Los tres se detuvieron frente al taller. El más ancho entró primero.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Isao. Te dimos hasta hoy.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Y yo ya os respondí.</span><br />
<br />
Entonces reparó en Kuroto. Su mirada bajó un instante hacia Homurakiba.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¿Y este?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Kuroto Uchiha.</span><br />
<br />
El del bastón dejó de sonreír por un momento. El primero, en cambio, soltó una carcajada.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Has llamado a un shinobi por una ventana rota?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Por eso y por las amenazas.</span> -Respondió Kuroto.-<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Esto es un asunto entre nosotros y él.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Ya no.</span><br />
<br />
El hombre miró a Isao.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Dos mil.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
El del bastón entró también y golpeó con los nudillos una mesa.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Creo que no lo estás entendiendo. Ya rompimos una ventana. Podemos romper más cosas.</span><br />
<br />
Kuroto levantó la mirada.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No toques nada.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- ¿Qué?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Has venido a hablar. Habla.</span><br />
<br />
El más ancho avanzó hacia él.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- Tú no sabes cómo funcionan las cosas por aquí.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Parece sencillo. Pedís dinero y, si no os pagan, rompéis cosas. </span>-Nadie respondió.- <span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">Eso no es protección.</span><br />
<br />
La sonrisa del hombre desapareció. Su mano derecha comenzó a buscar el interior de la chaqueta. Kuroto lo vio.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¿No qué?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No saques el cuchillo.</span><br />
<br />
Durante un instante ninguno se movió. El hombre decidió probar suerte. Kuroto atrapó su muñeca antes de que terminara de sacar el arma, la giró y bloqueó el brazo a su espalda. El cuchillo cayó al suelo. El del bastón reaccionó casi al mismo tiempo. Lanzó un golpe horizontal hacia la cabeza de Kuroto, que se inclinó para dejarlo pasar y sujetó su muñeca al finalizar el movimiento. Tiró de él hacia delante y lo recibió con el hombro en el pecho antes de barrerle una pierna. El hombre cayó de espaldas.<br />
<br />
<span style="color: #ff4136;" class="mycode_color">- ¡Hijo de...!</span><br />
<br />
Intentó levantarse, pero Kuroto puso una bota sobre el bastón.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Quédate ahí.</span><br />
<br />
El primero volvió a abalanzarse sobre él. Kuroto dejó pasar el puñetazo junto a su cara, abrió su guardia con el antebrazo y le clavó un golpe seco en el abdomen. Cuando se dobló, lo sujetó por el hombro y lo llevó al suelo. No necesitó Sharingan ni Homurakiba. El tercero seguía junto a la puerta. Miró a sus dos compañeros. Luego a Kuroto.<br />
<br />
<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">- Yo no llevo nada.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No he preguntado.</span><br />
<br />
El hombre retrocedió.<br />
<br />
<span style="color: #7fdbff;" class="mycode_color">- Esto no merece la pena.</span><br />
<br />
Se dio la vuelta y salió corriendo. Kuroto no lo siguió. Tenía dos hombres delante y a Isao detrás. Perseguir al tercero solo dejaría al artesano sin protección.<br />
El del bastón miró hacia la salida.<br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Yo también me voy.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Ni siquiera he hecho nada.</span><br />
<br />
Kuroto miró el bastón.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Has intentado golpearme con eso.</span><br />
<br />
<span style="color: #ff56ff;" class="mycode_color">- Porque estabas atacando a mi amigo.</span><br />
<br />
Kuroto señaló el cuchillo del suelo.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Tu amigo estaba sacando un arma.</span><br />
<br />
El hombre decidió callarse. Una patrulla llegó poco después, avisada por uno de los comerciantes cercanos. Ambos fueron puestos bajo custodia y Kuroto entregó el cuchillo y el bastón. El tercero había escapado, pero media calle lo había visto salir corriendo y no sería difícil identificarlo. Cuando todo terminó, Isao regresó a su mesa.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Supongo que ahora tendré que arreglar la ventana.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Sí.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Esperaba que dijeras que Konoha se hacía cargo.</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Tenía que intentarlo...</span><br />
<br />
Kuroto recogió su mochila. El libro de Eiyu Sarutobi quedó unos segundos a la vista.<br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Te ha dado tiempo a terminar el capítulo?</span><br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- No.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- Una pena.</span><br />
<br />
Kuroto se colocó la mochila al hombro.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Puede esperar.</span><br />
<br />
Antes de salir, miró una última vez hacia Isao.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si vuelve alguien, informa otra vez.</span><br />
<br />
<span style="color: #72ff84;" class="mycode_color">- ¿Y mandaréis otro Uchiha?</span><br />
<br />
Kuroto abrió la puerta.<br />
<br />
<span style="color: #fffa1e;" class="mycode_color">- Si tienes suerte.</span><br />
<br />
La carcajada del artesano todavía podía escucharse cuando abandonó el taller.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[MISION E: : CONCURSO DE MASCOTAS]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14932</link>
			<pubDate>Tue, 15 Sep 2026 20:36:39 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=102">Narrador Tenseigan-kun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14932</guid>
			<description><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14928" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aprobada aqui</a><br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Rango y Tipo de la Misión: Rango E - Mision Simple</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Fecha y Lugar: 4 de Verano año 150 - Konoha - Alrededor de las 6pm</div>
<br />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El sol del cuarto día de verano comenzaría a retirarse perezosamente hacia el oeste, dejando tras de sí un cielo teñido de intensos tonos anaranjados y violetas profundos que se extenderían sobre los tejados tradicionales de la gran aldea oculta. Alrededor de las seis de la tarde, la plaza central de Konoha no guardaría ni un ápice de la tranquilidad habitual; el espacio se transformaríá por completo en un bullicioso hervidero de actividad, risas estridentes, ladridos nerviosos y el aroma inconfundible a aceite caliente de los puestos callejeros, almendras tostadas, algodón de azúcar y pelaje animal húmedo. Cientos de faroles de papel, recientemente encendidos por los encargados del festejo, empezarían a parpadear con un parsimonioso compás a lo largo de los postes de madera, proyectando sombras danzantes sobre los adoquines donde una multitud variopinta se agolparía con ansias de entretenimiento alrededor de una tarima central decorada con exageradas guirlandas de flores de tela y pancartas coloridas que proclamarían a viva voz el Gran Certamen Anual de Elegancia y Talento Felino y Semicarnívoro.<br />
<br />
En la zona de backstage, habilitada tras unos biombos de lona azul en la parte posterior del escenario, el ambiente rozaría la histeria colectiva. Una mujer de ropajes sumamente extravagantes, abanicándose con frenesí utilizando un abanico de plumas rosadas mientras perlas falsas tintinearían con cada uno de sus espasmódicos movimientos, caminaría en círculos infinitesimales sobre la hierba pisoteada y polvorienta. Sus ojos, enmarcados por un exceso de delineador oscuro, se clavarían de inmediato y con una intensidad casi persecutoria en la figura de Mayura Hyuga. Cada parpadeo de la dueña del felino vendría acompañado de susurros cargados de una presión asfixiante, exigiendo indirectamente —mediante miradas de reojo, chasquidos de lengua y suspiros cargados de drama— que la codiciada corona de primer lugar terminara posada sin excusa alguna sobre la cabeza de su preciado animal.<br />
<br />
Y ahí, descansando con una altivez insultante sobre un cojín de terciopelo morado sostenido con delicadeza por una mesita plegable, se encontraría Mochi. El gato no mostraría ni una sola pizca del pánico escénico o del estrés que ahogaba a su propietaria; su pelaje, sometido previamente a rigurosas sesiones de acicalamiento y a un entrenamiento milimétrico que desafiaba la paciencia común, brillaría con intensos reflejos cobrizos bajo la luz tenue de los faroles circundantes. Estaría perfectamente peinado, desprovisto de cualquier nudo, con los bigotes tiesos de orgullo y una postura felina que destilaría una arrogancia digna de la más alta alcurnia. Las horas invertidas en su preparación darían frutos visuales incuestionables: Mochi no aparentaría ser un simple felino callejero o doméstico común, sino una auténtica obra de arte viviente dispuesta a mirar por encima del hombro a cualquier contrincante que se cruzara en su camino.<br />
<br />
A pocos metros de distancia, la competencia se dejaría ver en todo su esplendor bizarro, añadiendo un toque de caos cómico al evento. Un par de ninjas civiles intentaban calmar con apuros a un bulldog sumamente regordete que lucía un smoking ridículamente apretado y un sombrero de copa que le caía sobre un ojo, mientras que en la esquina opuesta, un mono con kimono tradicional lanzaba cáscaras de fruta semimasticadas hacia las primeras filas de espectadores divertidos. El jurado oficial, compuesto por tres figuras tan impredecibles como un anciano retirado del consejo de abastecimiento con cara de pocos amigos, una florista de renombre local con un sombrero lleno de margaritas y un ex-shinobi con un parche en el ojo y una expresión perpetua de aburrimiento mortal, tomaría asiento tras una larga mesa de cedro pulido, hojeando portapapeles con absoluta indiferencia.<br />
<br />
Mayura sentiría de inmediato el peso invisible pero aplastante de las miradas curiosas de los espectadores que llenaban las gradas improvisadas alrededor de la plaza. El murmullo general de la masa se mezclaría con los redobles de unos tambores de feria que marcarían el inminente inicio oficial del certamen. Los reflectores improvisados, alimentados por sellos de fuego de bajo nivel y colocados estratégicamente en las esquinas de la estructura de madera, arrojarían un brillo parpadeante sobre la pasarela de madera pulida, iluminando el sendero que conducía directamente al juicio público.<br />
<br />
La dueña de Mochi le lanzaría al shinobi una última mirada suplicante y cargada de advertencias mudas antes de hacer un gesto de empuje con las manos en dirección al escenario. El momento de la verdad se acercaría con una velocidad vertiginosa; la pasarela aguardaría vacía, y el destino de la gloria felina —así como la paciencia de la exigente propietaria— dependería enteramente de la pericia con la que la Hyuga decidiera dar el primer paso bajo los reflectores. El espacio narrativo quedaría completamente abierto para que la participante tomara la iniciativa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14928" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aprobada aqui</a><br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Rango y Tipo de la Misión: Rango E - Mision Simple</div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Fecha y Lugar: 4 de Verano año 150 - Konoha - Alrededor de las 6pm</div>
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<br />
El sol del cuarto día de verano comenzaría a retirarse perezosamente hacia el oeste, dejando tras de sí un cielo teñido de intensos tonos anaranjados y violetas profundos que se extenderían sobre los tejados tradicionales de la gran aldea oculta. Alrededor de las seis de la tarde, la plaza central de Konoha no guardaría ni un ápice de la tranquilidad habitual; el espacio se transformaríá por completo en un bullicioso hervidero de actividad, risas estridentes, ladridos nerviosos y el aroma inconfundible a aceite caliente de los puestos callejeros, almendras tostadas, algodón de azúcar y pelaje animal húmedo. Cientos de faroles de papel, recientemente encendidos por los encargados del festejo, empezarían a parpadear con un parsimonioso compás a lo largo de los postes de madera, proyectando sombras danzantes sobre los adoquines donde una multitud variopinta se agolparía con ansias de entretenimiento alrededor de una tarima central decorada con exageradas guirlandas de flores de tela y pancartas coloridas que proclamarían a viva voz el Gran Certamen Anual de Elegancia y Talento Felino y Semicarnívoro.<br />
<br />
En la zona de backstage, habilitada tras unos biombos de lona azul en la parte posterior del escenario, el ambiente rozaría la histeria colectiva. Una mujer de ropajes sumamente extravagantes, abanicándose con frenesí utilizando un abanico de plumas rosadas mientras perlas falsas tintinearían con cada uno de sus espasmódicos movimientos, caminaría en círculos infinitesimales sobre la hierba pisoteada y polvorienta. Sus ojos, enmarcados por un exceso de delineador oscuro, se clavarían de inmediato y con una intensidad casi persecutoria en la figura de Mayura Hyuga. Cada parpadeo de la dueña del felino vendría acompañado de susurros cargados de una presión asfixiante, exigiendo indirectamente —mediante miradas de reojo, chasquidos de lengua y suspiros cargados de drama— que la codiciada corona de primer lugar terminara posada sin excusa alguna sobre la cabeza de su preciado animal.<br />
<br />
Y ahí, descansando con una altivez insultante sobre un cojín de terciopelo morado sostenido con delicadeza por una mesita plegable, se encontraría Mochi. El gato no mostraría ni una sola pizca del pánico escénico o del estrés que ahogaba a su propietaria; su pelaje, sometido previamente a rigurosas sesiones de acicalamiento y a un entrenamiento milimétrico que desafiaba la paciencia común, brillaría con intensos reflejos cobrizos bajo la luz tenue de los faroles circundantes. Estaría perfectamente peinado, desprovisto de cualquier nudo, con los bigotes tiesos de orgullo y una postura felina que destilaría una arrogancia digna de la más alta alcurnia. Las horas invertidas en su preparación darían frutos visuales incuestionables: Mochi no aparentaría ser un simple felino callejero o doméstico común, sino una auténtica obra de arte viviente dispuesta a mirar por encima del hombro a cualquier contrincante que se cruzara en su camino.<br />
<br />
A pocos metros de distancia, la competencia se dejaría ver en todo su esplendor bizarro, añadiendo un toque de caos cómico al evento. Un par de ninjas civiles intentaban calmar con apuros a un bulldog sumamente regordete que lucía un smoking ridículamente apretado y un sombrero de copa que le caía sobre un ojo, mientras que en la esquina opuesta, un mono con kimono tradicional lanzaba cáscaras de fruta semimasticadas hacia las primeras filas de espectadores divertidos. El jurado oficial, compuesto por tres figuras tan impredecibles como un anciano retirado del consejo de abastecimiento con cara de pocos amigos, una florista de renombre local con un sombrero lleno de margaritas y un ex-shinobi con un parche en el ojo y una expresión perpetua de aburrimiento mortal, tomaría asiento tras una larga mesa de cedro pulido, hojeando portapapeles con absoluta indiferencia.<br />
<br />
Mayura sentiría de inmediato el peso invisible pero aplastante de las miradas curiosas de los espectadores que llenaban las gradas improvisadas alrededor de la plaza. El murmullo general de la masa se mezclaría con los redobles de unos tambores de feria que marcarían el inminente inicio oficial del certamen. Los reflectores improvisados, alimentados por sellos de fuego de bajo nivel y colocados estratégicamente en las esquinas de la estructura de madera, arrojarían un brillo parpadeante sobre la pasarela de madera pulida, iluminando el sendero que conducía directamente al juicio público.<br />
<br />
La dueña de Mochi le lanzaría al shinobi una última mirada suplicante y cargada de advertencias mudas antes de hacer un gesto de empuje con las manos en dirección al escenario. El momento de la verdad se acercaría con una velocidad vertiginosa; la pasarela aguardaría vacía, y el destino de la gloria felina —así como la paciencia de la exigente propietaria— dependería enteramente de la pericia con la que la Hyuga decidiera dar el primer paso bajo los reflectores. El espacio narrativo quedaría completamente abierto para que la participante tomara la iniciativa.]]></content:encoded>
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