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		<title><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - Reino del Marfil]]></title>
		<link>https://shinobigaiden.net/</link>
		<description><![CDATA[Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto - https://shinobigaiden.net]]></description>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2026 16:10:13 +0000</pubDate>
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			<title><![CDATA[[Pasado] - Tsunematsu Kijuro I.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13167</link>
			<pubDate>Sat, 22 Jun 2024 14:15:05 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=510">Yoshisada Jungyosai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13167</guid>
			<description><![CDATA[El maestro Tsunematsu, un hombre de mediana edad con poca presencia y una mirada distraída, se convirtió en mi guía. Él era conocido por su fanfarronería y su adicción a la bebida, pero también por su rigor en el entrenamiento.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Yoshisada, el verdadero camino del monje Hakkyo es encontrar la paz interior a través del control del cuerpo y la mente</span></span> —me decía mientras me enseñaba las posturas básicas del Puño Borracho. Sus movimientos eran errátcos y volátiles, como si cada gesto fuera una extensión natural de su ser.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Sí, maestro Tsunematsu</span></span> —respondía, esforzándome por imitar sus movimientos aunque mis extremidades aún no obedecieran con la misma gracia.<br />
El entrenamiento físico era extenuante. Comenzábamos con largas sesiones de meditación para preparar la mente, seguidas de ejercicios de calistenia y técnicas de combate. Aprender a manejar el bo, una vara larga utilizada en combate, se convirtió en mi prioridad. Mis manos se llenaron de ampollas y mi cuerpo se resintió por el esfuerzo, pero cada día sentía cómo mi resistencia aumentaba y mis movimientos se volvían más seguros.<br />
Además del entrenamiento físico, había estudios de textos antiguos y enseñanzas filosóficas. Pasaba horas en la biblioteca privada del Maestro, un lugar lleno de pergaminos y manuscritos que hablaban de la historia de los Hakkyo y sus principios. Era fascinante descubrir cómo el conocimiento y la sabiduría se habían transmitido a lo largo de los siglos.<br />
<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Recuerda, Yoshisada, un monje no solo debe ser fuerte de cuerpo, sino también de espíritu. La verdadera fuerza proviene de la armonía entre ambos </span></span>—me recordaba el maestro Tsunematsu mientras discutíamos uno de los textos sagrados.<br />
Compartíamos comidas sencillas, trabajábamos juntos en las tareas del templo y nos apoyábamos mutuamente durante los duros entrenamientos. Había un sentido de hermandad que nunca había experimentado antes.<br />
Mientras las semanas se convertían en meses, empecé a notar cambios en mí mismo. Mi cuerpo se volvió más fuerte y ágil, y mi mente más clara y enfocada. Las enseñanzas del maestro Tsunematsu comenzaron a arraigarse en mi ser, y empecé a comprender el verdadero significado de ser un monje Hakkyo.<br />
En uno de nuestros momentos de descanso, Tsunematsu me preguntó:<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Jun, extrañas tu hogar? ¿Tu familia?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Sí, los extraño</span></span> —respondí después de un momento de reflexión. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Pero siento que este es mi lugar ahora. Aquí es donde debo estar para convertirme en quien estoy destinado a ser.</span></span><br />
El Maestro asintió, entendiendo mis palabras. Ambos sabíamos que el camino que habíamos elegido no era fácil, pero era uno que nos llevaría a descubrir nuestra verdadera fortaleza y propósito.<br />
Así, los primeros días en el templo Hakkyo fueron un periodo de adaptación, aprendizaje y crecimiento. Cada amanecer traía nuevos desafíos, pero también nuevas oportunidades para avanzar en el camino del monje. Con el tiempo, el templo dejó de ser un lugar extraño y se convirtió en mi hogar, y Tsunematsu, en mi familia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El maestro Tsunematsu, un hombre de mediana edad con poca presencia y una mirada distraída, se convirtió en mi guía. Él era conocido por su fanfarronería y su adicción a la bebida, pero también por su rigor en el entrenamiento.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Yoshisada, el verdadero camino del monje Hakkyo es encontrar la paz interior a través del control del cuerpo y la mente</span></span> —me decía mientras me enseñaba las posturas básicas del Puño Borracho. Sus movimientos eran errátcos y volátiles, como si cada gesto fuera una extensión natural de su ser.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Sí, maestro Tsunematsu</span></span> —respondía, esforzándome por imitar sus movimientos aunque mis extremidades aún no obedecieran con la misma gracia.<br />
El entrenamiento físico era extenuante. Comenzábamos con largas sesiones de meditación para preparar la mente, seguidas de ejercicios de calistenia y técnicas de combate. Aprender a manejar el bo, una vara larga utilizada en combate, se convirtió en mi prioridad. Mis manos se llenaron de ampollas y mi cuerpo se resintió por el esfuerzo, pero cada día sentía cómo mi resistencia aumentaba y mis movimientos se volvían más seguros.<br />
Además del entrenamiento físico, había estudios de textos antiguos y enseñanzas filosóficas. Pasaba horas en la biblioteca privada del Maestro, un lugar lleno de pergaminos y manuscritos que hablaban de la historia de los Hakkyo y sus principios. Era fascinante descubrir cómo el conocimiento y la sabiduría se habían transmitido a lo largo de los siglos.<br />
<span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Recuerda, Yoshisada, un monje no solo debe ser fuerte de cuerpo, sino también de espíritu. La verdadera fuerza proviene de la armonía entre ambos </span></span>—me recordaba el maestro Tsunematsu mientras discutíamos uno de los textos sagrados.<br />
Compartíamos comidas sencillas, trabajábamos juntos en las tareas del templo y nos apoyábamos mutuamente durante los duros entrenamientos. Había un sentido de hermandad que nunca había experimentado antes.<br />
Mientras las semanas se convertían en meses, empecé a notar cambios en mí mismo. Mi cuerpo se volvió más fuerte y ágil, y mi mente más clara y enfocada. Las enseñanzas del maestro Tsunematsu comenzaron a arraigarse en mi ser, y empecé a comprender el verdadero significado de ser un monje Hakkyo.<br />
En uno de nuestros momentos de descanso, Tsunematsu me preguntó:<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Jun, extrañas tu hogar? ¿Tu familia?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Sí, los extraño</span></span> —respondí después de un momento de reflexión. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Pero siento que este es mi lugar ahora. Aquí es donde debo estar para convertirme en quien estoy destinado a ser.</span></span><br />
El Maestro asintió, entendiendo mis palabras. Ambos sabíamos que el camino que habíamos elegido no era fácil, pero era uno que nos llevaría a descubrir nuestra verdadera fortaleza y propósito.<br />
Así, los primeros días en el templo Hakkyo fueron un periodo de adaptación, aprendizaje y crecimiento. Cada amanecer traía nuevos desafíos, pero también nuevas oportunidades para avanzar en el camino del monje. Con el tiempo, el templo dejó de ser un lugar extraño y se convirtió en mi hogar, y Tsunematsu, en mi familia.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Pasado] - El Monje Joven y El Niño Errante.]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13125</link>
			<pubDate>Thu, 13 Jun 2024 14:34:02 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=510">Yoshisada Jungyosai</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=13125</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Año 55 A.K. Primavera.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reino del Marfil. Monte Mushabari. Pico de los Hakkyo. Templo Takayanagi.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">05:06 A.M.</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El día en que cumplí quince años y me convertí en un monje Hakkyo fue también el día en que mi padre, Yoshisada Kumetoshi, asumió el mando del templo Takayanagi, consagrándose como el cuadragésimo segundo Maestro Hakkyokuseiken. En aquel entonces, yo no poseía la madurez como para comprenderme a mí mismo. De igual forma, entender a mi padre estaba fuera de mi alcance. Años más tarde, el maestro Tsunematsu definiría mi situación diciendo: "... el mono que aún no conoce el sabor del vino observa a su padre beber las ofrendas de la tropa...". Así, en las primeras primaveras del joven Reino del Marfil, sentimientos que me tomó años reconocer y aún más años admitir se manifestaban en las acciones rebeldes de un cuerpo inexperto cuyo desarrollo no era capaz de seguir la frágil mente que lo controlaba.<br />
Tres amaneceres antes, me había dispuesto a comenzar mi escalada hasta la saliente sobre la cual se erigía el templo, hazaña para la cual, como era tradición entre los aspirantes a monje, me había preparado solo. Mi entrenamiento no iba más allá de lo que mi bisoña mente podía imaginar. Se trataba de lo que yo consideraba largas maratones, algunas pruebas de fuerza y varias de resistencia. Llevaba a cabo aquel cronograma día tras día y me alimentaba casi únicamente de proteína, o al menos eso creía, pues mi madre, en secreto y superándome en todas las formas de inteligencia conocidas, se aseguraba de que mi dieta fuera balanceada, sabiendo que así tendría muchas mejores probabilidades de llegar hasta el templo que comiendo únicamente carne, como yo le había pedido.<br />
Aquella escalada no la haría solo pues Kimioki, quien había sido mi mejor amigo desde que tenía memoria, había insistido en acompañarme.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—La verdad es que no le veo la gracia a ser monje.</span></span> —me dijo entre jadeos unas dos horas después de que nuestro ascenso hubiera comenzado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Quiero decir, no puedes dejar el templo, ¿verdad? No te dejan bajar de la montaña... ¡No nos verás ni a tu madre ni a mí durante años! ¿No has pensado en eso?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No lo he pensado.</span></span> —contesté mientras intentaba estirar mi brazo hasta la roca más cercana, forzando los límites de mis ligamentos.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Y además controlan tu dieta! ¡Ya no podrás comer los estofados de la señora Miyazuchi, o probar la comida durante la feria de otoño!</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Sí, los monjes no asisten a la feria de otoño.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Yo jamás podría privarme de esas cosas! Ser monje no es para mí...</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Tienes razón.</span></span> —pensé a medida que me impulsaba hacia arriba. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Siento que extrañaré la comida de la feria.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Di que extrañarás a tu madre!</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Es que mamá ha estado preparada para este día desde que yo nací. No creo que le afecte mucho.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—En el monasterio solo hay hombres, ¿sabes?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—A eso sí le he estado dando vueltas. Dicen que los monjes hacen la vista gorda si saben que bajas por temas de mujeres.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Bueno, tú eres la viva prueba de eso. Aunque no creo que para cuando bajes quede ninguna mujer esperándote.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿A qué te refieres?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡A que ya estarán todas loquitas por mí!</span></span> —Kimioki dejó escapar una estruendosa carcajada.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—En vez de pensar en todas, deberías preocuparte por que al menos una voltee a mirarte dos veces.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Desgraciado! ¡Lo dices como si tú lo tuvieras diferente!</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Eh? Yo ya lo he hecho.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—No digas tonterías, que te estás avergonzando.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No es mentira, yo ya lo he hecho.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Ah sí?</span></span> —preguntó mi amigo, desconfiado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Cuándo? ¿Con quién?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Con Yameda, hace un par de meses.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Tú eres tonto?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Por qué lo dices?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—La familia de Yameda se marchó al País del Viento hace un año.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No, me refiero a la otra Yameda.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—No hay otra Yamada, deja de inventarte historias.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Yamada Queestuvieja.</span></span><br />
Tras aquella pequeña broma, Kimioki, que venía por delante de mí en la escalada, intentó patearme y forzarme a perder el agarre, pero su pie resbaló y cayó unos metros hacia abajo, golpeándose contra una saliente.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¡Kimioki! ¿Estás bien? ¡No te mueras, Yameda se pondría muy triste!</span></span> —grité, manteniendo la seriedad, a pesar de que por dentro reventaba de risa.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Estoy... estoy bien... </span></span>—respondió él, con voz entrecortada. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">— Es s</span></span><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">olo un rasguño.</span></span><br />
Por supuesto que mi amigo, quien me superaba en proeza física a pesar de mi mucho más riguroso entrenamiento, no tuvo problema en estabilizarse y retomar la escalada, y al cabo de unos minutos, quizá gracias a su natural destreza o impulsado por su orgullo, ya me había rebasado una vez más.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Apuesto a que hay hombres incluso dentro del monasterio que envidiarían tu capacidad física.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Algunos nacemos con estrellas, Jun!</span></span> —rió mi amigo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Ah! Eso me recuerda que tengo que darte buenas noticias.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Hmm?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Me voy de viaje! Pienso buscar trabajo en el País del Fuego.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Te vas?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Sí, tú ya no estarás en el pueblo y no quiero seguir dependiendo de tu madre. Iré a la tierra más próspera de todas, al país del Valle del Fin, a hacerme un futuro.</span></span><br />
A pesar de que no podía ver su rostro, sabía que la radiante y confiada sonrisa de Kimioki se le dibujaba de oreja a oreja, como tantas veces lo había hecho.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Viajar fuera del Reino. Suena como una de las aventuras que pretendíamos tener de niños.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Lástima que alguien decidió dedicarse al monasterio. Lo siento, Jun, ¡tendré que gozar de la vida de aventurero sin ti!</span></span> —una vez más, Kimioki dejó escapar una de sus grandes risotadas y yo no pude más que sonreir con nostalgía.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Quién sabe.</span></span> —dije. <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puede que algún día me aparezca en tu puerta con el título de Maestro Hakkyokuseiken en las manos y podamos salir de aventura como dios manda.</span></span><br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Kimioki permaneció callado unos instantes y luego respondió con entusiasmo:</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Sí, no estaría mal!</span></span><br />
Unas horas más tarde, mi amigo se despidió y comenzó a descender hasta el poblado. Aun no habíamos llegado al templo, pero más allá de aquel punto solo los aspirantes a monje eran permitidos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Año 55 A.K. Primavera.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reino del Marfil. Monte Mushabari. Pico de los Hakkyo. Templo Takayanagi.</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">05:06 A.M.</span></span></div>
<hr class="mycode_hr" />
<br />
El día en que cumplí quince años y me convertí en un monje Hakkyo fue también el día en que mi padre, Yoshisada Kumetoshi, asumió el mando del templo Takayanagi, consagrándose como el cuadragésimo segundo Maestro Hakkyokuseiken. En aquel entonces, yo no poseía la madurez como para comprenderme a mí mismo. De igual forma, entender a mi padre estaba fuera de mi alcance. Años más tarde, el maestro Tsunematsu definiría mi situación diciendo: "... el mono que aún no conoce el sabor del vino observa a su padre beber las ofrendas de la tropa...". Así, en las primeras primaveras del joven Reino del Marfil, sentimientos que me tomó años reconocer y aún más años admitir se manifestaban en las acciones rebeldes de un cuerpo inexperto cuyo desarrollo no era capaz de seguir la frágil mente que lo controlaba.<br />
Tres amaneceres antes, me había dispuesto a comenzar mi escalada hasta la saliente sobre la cual se erigía el templo, hazaña para la cual, como era tradición entre los aspirantes a monje, me había preparado solo. Mi entrenamiento no iba más allá de lo que mi bisoña mente podía imaginar. Se trataba de lo que yo consideraba largas maratones, algunas pruebas de fuerza y varias de resistencia. Llevaba a cabo aquel cronograma día tras día y me alimentaba casi únicamente de proteína, o al menos eso creía, pues mi madre, en secreto y superándome en todas las formas de inteligencia conocidas, se aseguraba de que mi dieta fuera balanceada, sabiendo que así tendría muchas mejores probabilidades de llegar hasta el templo que comiendo únicamente carne, como yo le había pedido.<br />
Aquella escalada no la haría solo pues Kimioki, quien había sido mi mejor amigo desde que tenía memoria, había insistido en acompañarme.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—La verdad es que no le veo la gracia a ser monje.</span></span> —me dijo entre jadeos unas dos horas después de que nuestro ascenso hubiera comenzado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Quiero decir, no puedes dejar el templo, ¿verdad? No te dejan bajar de la montaña... ¡No nos verás ni a tu madre ni a mí durante años! ¿No has pensado en eso?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No lo he pensado.</span></span> —contesté mientras intentaba estirar mi brazo hasta la roca más cercana, forzando los límites de mis ligamentos.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Y además controlan tu dieta! ¡Ya no podrás comer los estofados de la señora Miyazuchi, o probar la comida durante la feria de otoño!</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Sí, los monjes no asisten a la feria de otoño.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Yo jamás podría privarme de esas cosas! Ser monje no es para mí...</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Tienes razón.</span></span> —pensé a medida que me impulsaba hacia arriba. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Siento que extrañaré la comida de la feria.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Di que extrañarás a tu madre!</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Es que mamá ha estado preparada para este día desde que yo nací. No creo que le afecte mucho.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—En el monasterio solo hay hombres, ¿sabes?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—A eso sí le he estado dando vueltas. Dicen que los monjes hacen la vista gorda si saben que bajas por temas de mujeres.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Bueno, tú eres la viva prueba de eso. Aunque no creo que para cuando bajes quede ninguna mujer esperándote.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿A qué te refieres?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡A que ya estarán todas loquitas por mí!</span></span> —Kimioki dejó escapar una estruendosa carcajada.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—En vez de pensar en todas, deberías preocuparte por que al menos una voltee a mirarte dos veces.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Desgraciado! ¡Lo dices como si tú lo tuvieras diferente!</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Eh? Yo ya lo he hecho.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—No digas tonterías, que te estás avergonzando.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No es mentira, yo ya lo he hecho.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Ah sí?</span></span> —preguntó mi amigo, desconfiado. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Cuándo? ¿Con quién?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Con Yameda, hace un par de meses.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¿Tú eres tonto?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Por qué lo dices?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—La familia de Yameda se marchó al País del Viento hace un año.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—No, me refiero a la otra Yameda.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—No hay otra Yamada, deja de inventarte historias.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Yamada Queestuvieja.</span></span><br />
Tras aquella pequeña broma, Kimioki, que venía por delante de mí en la escalada, intentó patearme y forzarme a perder el agarre, pero su pie resbaló y cayó unos metros hacia abajo, golpeándose contra una saliente.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¡Kimioki! ¿Estás bien? ¡No te mueras, Yameda se pondría muy triste!</span></span> —grité, manteniendo la seriedad, a pesar de que por dentro reventaba de risa.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Estoy... estoy bien... </span></span>—respondió él, con voz entrecortada. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">— Es s</span></span><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">olo un rasguño.</span></span><br />
Por supuesto que mi amigo, quien me superaba en proeza física a pesar de mi mucho más riguroso entrenamiento, no tuvo problema en estabilizarse y retomar la escalada, y al cabo de unos minutos, quizá gracias a su natural destreza o impulsado por su orgullo, ya me había rebasado una vez más.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Apuesto a que hay hombres incluso dentro del monasterio que envidiarían tu capacidad física.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Algunos nacemos con estrellas, Jun!</span></span> —rió mi amigo. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Ah! Eso me recuerda que tengo que darte buenas noticias.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Hmm?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Me voy de viaje! Pienso buscar trabajo en el País del Fuego.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—¿Te vas?</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Sí, tú ya no estarás en el pueblo y no quiero seguir dependiendo de tu madre. Iré a la tierra más próspera de todas, al país del Valle del Fin, a hacerme un futuro.</span></span><br />
A pesar de que no podía ver su rostro, sabía que la radiante y confiada sonrisa de Kimioki se le dibujaba de oreja a oreja, como tantas veces lo había hecho.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Viajar fuera del Reino. Suena como una de las aventuras que pretendíamos tener de niños.</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—Lástima que alguien decidió dedicarse al monasterio. Lo siento, Jun, ¡tendré que gozar de la vida de aventurero sin ti!</span></span> —una vez más, Kimioki dejó escapar una de sus grandes risotadas y yo no pude más que sonreir con nostalgía.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #00369b;" class="mycode_color">—Quién sabe.</span></span> —dije. <span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Puede que algún día me aparezca en tu puerta con el título de Maestro Hakkyokuseiken en las manos y podamos salir de aventura como dios manda.</span></span><br />
<span style="color: #00369b;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Kimioki permaneció callado unos instantes y luego respondió con entusiasmo:</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #e86e04;" class="mycode_color">—¡Sí, no estaría mal!</span></span><br />
Unas horas más tarde, mi amigo se despidió y comenzó a descender hasta el poblado. Aun no habíamos llegado al templo, pero más allá de aquel punto solo los aspirantes a monje eran permitidos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El color del marifl]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=12726</link>
			<pubDate>Thu, 14 Mar 2024 10:24:56 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=396">Iroh Azulón</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=12726</guid>
			<description><![CDATA[Iroh contemplaba el vasto horizonte desde la cubierta del barco, sintiendo el aire salado acariciar su rostro mientras se acercaban al Reino del Marfil. Habían pasado semanas desde que partió de su última ubicación, y la expectativa de explorar una nueva tierra lo llenaba de emoción y curiosidad.<br />
<br />
A medida que el barco se aproximaba a la costa del Reino del Marfil, Iroh podía divisar las imponentes formaciones rocosas que bordeaban la costa, como guardianes silenciosos protegiendo la entrada a este territorio mineral rico en historia y recursos. La brisa marina llevaba consigo el eco de las leyendas de antiguas batallas entre gigantes, que aún persistían en los susurros del viento.<br />
<br />
Conforme el barco atracaba en el puerto, Iroh descendió con paso firme, listo para explorar las maravillas y los misterios que aguardaban en esta tierra. Los habitantes del Reino del Marfil lo recibieron con cordialidad, aunque Iroh notó cierta reserva en sus miradas al detectar su origen del País del Viento. Sin embargo, la hospitalidad de la gente local no se vio empañada, y pronto se encontró inmerso en conversaciones animadas sobre la historia y la vida cotidiana en este país minero.<br />
<br />
Decidido a sumergirse en la cultura y la naturaleza del Reino del Marfil, Iroh se aventuró tierra adentro, dejando atrás el bullicio del puerto. El paisaje cambiaba a medida que se alejaba de la costa, revelando vastas llanuras y formaciones rocosas que se alzaban como monumentos a la antigua grandeza de este lugar. Entre las colinas y valles, Iroh vislumbraba las minas y pozos de extracción que sustentaban la economía de la nación, recordándole la importancia del trabajo duro y la perseverancia.<br />
<br />
Mientras exploraba, Iroh se encontró con ancianos que compartían historias de tiempos pasados, jóvenes que trabajaban en las minas con determinación y niños que jugaban entre las ruinas de antiguas batallas. Cada encuentro le brindaba una nueva perspectiva sobre la vida en el Reino del Marfil y alimentaba su deseo de comprender más profundamente esta tierra y su gente.<br />
<br />
Con el sol descendiendo en el horizonte, Iroh encontró refugio en un pequeño pueblo al pie de una colina. La calidez de la comunidad y el aroma de la comida recién preparada lo envolvieron, ofreciéndole un merecido descanso después de un día de exploración. Mientras compartía historias y risas con los lugareños alrededor de una fogata, Iroh se sintió agradecido por la oportunidad de conocer el Reino del Marfil y ansioso por lo que el mañana podría traer.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Iroh contemplaba el vasto horizonte desde la cubierta del barco, sintiendo el aire salado acariciar su rostro mientras se acercaban al Reino del Marfil. Habían pasado semanas desde que partió de su última ubicación, y la expectativa de explorar una nueva tierra lo llenaba de emoción y curiosidad.<br />
<br />
A medida que el barco se aproximaba a la costa del Reino del Marfil, Iroh podía divisar las imponentes formaciones rocosas que bordeaban la costa, como guardianes silenciosos protegiendo la entrada a este territorio mineral rico en historia y recursos. La brisa marina llevaba consigo el eco de las leyendas de antiguas batallas entre gigantes, que aún persistían en los susurros del viento.<br />
<br />
Conforme el barco atracaba en el puerto, Iroh descendió con paso firme, listo para explorar las maravillas y los misterios que aguardaban en esta tierra. Los habitantes del Reino del Marfil lo recibieron con cordialidad, aunque Iroh notó cierta reserva en sus miradas al detectar su origen del País del Viento. Sin embargo, la hospitalidad de la gente local no se vio empañada, y pronto se encontró inmerso en conversaciones animadas sobre la historia y la vida cotidiana en este país minero.<br />
<br />
Decidido a sumergirse en la cultura y la naturaleza del Reino del Marfil, Iroh se aventuró tierra adentro, dejando atrás el bullicio del puerto. El paisaje cambiaba a medida que se alejaba de la costa, revelando vastas llanuras y formaciones rocosas que se alzaban como monumentos a la antigua grandeza de este lugar. Entre las colinas y valles, Iroh vislumbraba las minas y pozos de extracción que sustentaban la economía de la nación, recordándole la importancia del trabajo duro y la perseverancia.<br />
<br />
Mientras exploraba, Iroh se encontró con ancianos que compartían historias de tiempos pasados, jóvenes que trabajaban en las minas con determinación y niños que jugaban entre las ruinas de antiguas batallas. Cada encuentro le brindaba una nueva perspectiva sobre la vida en el Reino del Marfil y alimentaba su deseo de comprender más profundamente esta tierra y su gente.<br />
<br />
Con el sol descendiendo en el horizonte, Iroh encontró refugio en un pequeño pueblo al pie de una colina. La calidez de la comunidad y el aroma de la comida recién preparada lo envolvieron, ofreciéndole un merecido descanso después de un día de exploración. Mientras compartía historias y risas con los lugareños alrededor de una fogata, Iroh se sintió agradecido por la oportunidad de conocer el Reino del Marfil y ansioso por lo que el mañana podría traer.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Atravesar el desierto]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=3165</link>
			<pubDate>Mon, 29 Jan 2024 11:51:38 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=422">Teh</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=3165</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llevaba varios días de camino y en algunos momentos aprovechaba para practicar técnicas sobre las que había sido instruida en la academia, otras veces me inspiraba a escribir algún poema sobre lo que la naturaleza en su majestuosidad y belleza me regalaba. Llegué a pasar hambre y maldije el momento en que decidí viajar con las manos vacías, pero luego alguna fruta silvestre apareció al rescate. Sin embargo, tampoco soy alguien que se sacie con facilidad y es que la carne es parte esencial de mi dieta. Noté a lo lejos un cuerno que se alzaba entre las ondulaciones de la conjunción de varias dunas &lt;&lt; <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si los cuervos fuesen al menos como una asquerosa paloma, probaría cazar un par de esos que sobrevuelan el cadáver.</span></span> &gt;&gt; Casi al tiempo redescubrí el lugar en que estaba. &lt;&lt;<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"> ¿En qué momento atravesé la frontera? ¿ya estoy saliendo del desierto del Reino del Cobre?</span></span> &gt;&gt; Noté que más allá en el horizonte que me quedaba por recorrer empezaban a aparecer montes de tierra árida, donde la arena a penas vestía el camino.<br />
<br />
Sabía también que al acercarme a las minas del Reino de Marfil podría encontrar algún lugar poblado en el que pudiese tener algún contacto humano. Aunque me gusta el silencio y la soledad, aquella situación comenzaba a ser desesperante y el silencio se hacía insoportable de vez en cuando. <br />
<br />
Cuando estaba por caer la noche sobre las montañas, logré ver las luces de una pequeña villa y me dirigí rauda hacia el lugar. Al llegar, presencié un fenómeno de lo más natural en ese tipo de poblaciones: las personas acostumbran a salir a caminar con su familia, comprar algunos pasabocas o cenar en un restaurante, gastar un poco de dinero en las ferias y salir de la monotonía durante las horas nocturnas; cuando la noche se hace más oscura solamente quedan los ebrios, los amigos de fiesta y ciertos tipos de mujeres. &lt;&lt; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">Pues a buena hora he llegado</span></span> &gt;&gt; me dije, al tiempo que deslizaba un plato a través de la ventana de un restaurante.<br />
<br />
Como si fuese una comensal más, me acomodé en otro puesto de comida y disfruté de mi recién preparado platillo. Si bien yo quería verlo todo color de rosas, mi presencia no pasaba desapercibida, después de todo era una pequeña villa en la que prácticamente todo el mundo es familia y se conocen hasta los más íntimos secretos. Los lugareños, inicialmente cautelosos, observaron mi llegada con una mezcla de curiosidad y recelo. Pese a las miradas suspicaces aquella fue una oportunidad para observar la vida cotidiana de aquellos que llamaban hogar a ese rincón del mundo. Mientras saboreaba platos tradicionales, mis ojos se encontraron con miradas y sonrisas que contaban historias propias. &lt;&lt;<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">Me pregunto cuántas de esas son sonrisas reales</span></span> &gt;&gt; De hecho, puedo percibir emociones contradictorias en ciertas interacciones que se dan lugar a mi alrededor, como si se tratase de una cordialidad impostada en muchos casos: dos amigos hablando de lo feliz que es la vida de cada uno, interrumpidos por un tercero que cree que el tema va de ver quién es menos miserable y empieza a hablar con pretenciosidad. O el caso de aquél caballero bien vestido de pies a cabeza, que se ha quitado el anillo de matrimonio justo al acercarse aquella joven que aparenta estar en sus veintes.<br />
<br />
En cada encuentro, en cada rincón, buscaba comprender la esencia de las interacciones, entender la naturaleza de aquellas personas que me rodeaban. Así pasé entretenida durante algunas horas, hasta que finalmente me sentí lo suficientemente cansada como para ir a dormir, decidí caminar para emprender la búsqueda de una posada o algo parecido, igualmente podía improvisar una tienda y dormir &lt;&lt; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">ya que puedo pasar la noche en una villa, que sea en una cama, lo más cómoda posible</span></span> &gt;&gt;. A medida que avanzaba por la pequeña villa, sentí la necesidad de desentrañar los misterios que susurran entre las calles estrechas y las fachadas de las casas antiguas. Cada paso era una danza delicada entre la aceptación y la reserva, y yo, una vagabunda que simplemente había dejado todo y nada atrás.<br />
<br />
Me había alejado del centro de la villa mientras buscaba una posada, pensé que una ubicación central quizás no era el mejor sitio para un lugar de reposo, mientras la música de las ferias y las risas de la gente se opacaban a la distancia, sentí la brisa nocturna abrasarme. De pronto, de la nada escuché un grito, seguido de una desagradable sensación que recorrió todo mi cuerpo. La tensión se tejió como una sombra inesperada sobre mi travesía. Las miradas se cruzaron, y el silencio se volvió palpable. Las sombras alargadas de las casas parecían acercarse sigilosamente mientras avanzaba por las estrechas calles de piedra. En cada esquina, susurros apenas audibles se mezclaban con el susurro del viento, creando una sinfonía de intriga.<br />
<br />
Fui abordada por dos hombres de baja estatura, pero sus brazos eran testigos de su arduo trabajo en las minas, aquellos hombres, con una mezcla de nerviosismo, autoridad y curiosidad, preguntaron de dónde venía y hacia dónde me dirigía. &lt;&lt; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">¿A caso no hay criminales peligrosos en esta zona?</span></span> &gt;&gt; Me pregunté, mientras con la mirada interrogaba a quienes me truncaban el paso. -<span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color"> ¿Es eso algo que debo responder?</span> – Miré al que aparentaba más edad y luego a su acompañante - <span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color">¿Quiénes son ustedes y por qué me abordan a gritos? </span>– Pese a mi inicial negativa, procedí a explicar el motivo de mi presencia, no quería perder tiempo enfrascándome en una discusión sin sentido, después de todo no me había bañado en días y mi sola presencia no debería ser muy agradable, además esta desafortunada cicatriz me quita cualquier aire de bondad, solamente quería dormir así que no iba a crear una tormenta en una gota de agua.<br />
Algunos habitantes observaban desde la distancia, como sombras que acechan en la periferia de la luz. Mis palabras eran pronunciadas con cierto cuidado, como si cada frase escondiera un secreto sin revelar. La tensión flotaba, invisible pero palpable, creando una atmósfera en la que la fragilidad de la confianza se extendía como un hilo fino. <br />
<br />
A punto estuvieron de alejarse y dejarme ir a lo mío, escuché nuevamente otro grito, esta vez era apremiante, alguien a mi espalda me reclamaba: - <span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color">¡Es ella! ¡La ladrona que se llevó nuestra comida! </span>– Giré para encontrarme con el rostro acusador, era un anciano, señalándome acusadoramente. El murmullo de la gente se intensificó, y me vi rodeada de miradas que pesaban sobre mi conciencia. Manteniendo mi rostro inexpresivo, me enfrenté al anciano y respondí con calma - <span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color">No sé de qué estás hablando. No he robado nada.</span>- El anciano, sin inmutarse, replicó con voz ronca - <span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color">Te vi merodeando cerca de nuestras mesas y además has llegado con un platillo de otro puesto. No hay duda de que fuiste tú.</span> -<br />
Mi mirada se volvió más intensa, y mi tono, aunque tranquilo, denotaba una firmeza que pocos conocían. - <span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color">Puede que haya merodeado, pero no soy ladrona. Si tienes pruebas de que lo que puse en mi mesa no me pertenecía, entonces señálalas ahora</span> – Era la palabra de ambos en tela de juicio, no había forma de que probara lo dicho, incluso aun cuando evidentemente me había visto. Las opiniones de los pocos presentes se dividieron entre quienes apoyaban mi versión y aquellos que, influenciados por la acusación del anciano, mantenían sus dudas. La tensión en el aire era palpable, pero no mostré ni un ápice de debilidad.<br />
- <span style="color: #FF857A;" class="mycode_color">¿Y qué nos impide pensar que el viejo Bajuk realmente dice la verdad? </span>- gritó una mujer desde el fondo, a penas detrás del anciano, a quien de ahora en adelante podría reconocer como Bajuk.<br />
Mi respuesta fue directa y sin titubeos -<span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color"> ¿Tan pocos crímenes has visto que crees que puedes acusar a cualquiera de cualquier cosa que se te ocurra? ¿Qué sigue? ¿Me lincharás en nombre de este tal Bajuk?</span> -<br />
Algunos asintieron, otros murmuraron entre ellos, pero la disputa verbal continuó durante un tiempo. – <span style="color: #4CEA5E;" class="mycode_color">Lárgate de aquí y no quiero volverte a ver.</span> – Intervino de forma decisiva e infranqueable el primero de los sujetos que me intervino. Sentí un gran alivio de que aquella conversación terminara, pero al tiempo me sentí impotente, incapacitada por mis propias debilidades sociales y mi incapacidad para llevar una vida normal, el no haberme forjado esa vida que todo el mundo tenía; en el fondo tenía las respuestas &lt;&lt;<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">esa no es la vida que quiero, no quiero vivir para trabajar y trabajar hasta morir</span></span> &gt;&gt;. La marca en mi mejilla ardía sutilmente, como solía pasar cada vez que un sentimiento reprimido intentaba aflorar a toda costa en contra de mi voluntad. <br />
<br />
La noche se cernía sobre mí, enigmática y llena de incertidumbre, pero estaba decidida a enfrentar lo que vendría. En mi cabeza, mientras a paso ligero huía de todos ellos, los rostros ceñudos de los aldeanos me rodeaban como un coro discordante, cada palabra áspera resonando en mis oídos como un eco incesante. No era la primera vez que mi pasado se alzaba para recordarme las elecciones que me llevaron por este tortuoso camino. El frío viento nocturno cortaba mi piel, pero no era tan punzante como las miradas acusadoras que me perforaban.<br />
Algunos vociferaban sus reproches con fervor, mientras otros simplemente observaban en silencio, como jueces impasibles ante mi juicio improvisado. Me había puesto en medio de una confrontación que no buscaba, pero que, de alguna manera, esperaba inevitable. Mientras avanzaba las lágrimas se escaparon de mis ojos y me ocultaron el camino que debía seguir, sin darme cuenta y en medio de mi autocontemplación me adentré en territorio desconocido en medio de la noche, en una oscuridad que ya era casi absoluta.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llevaba varios días de camino y en algunos momentos aprovechaba para practicar técnicas sobre las que había sido instruida en la academia, otras veces me inspiraba a escribir algún poema sobre lo que la naturaleza en su majestuosidad y belleza me regalaba. Llegué a pasar hambre y maldije el momento en que decidí viajar con las manos vacías, pero luego alguna fruta silvestre apareció al rescate. Sin embargo, tampoco soy alguien que se sacie con facilidad y es que la carne es parte esencial de mi dieta. Noté a lo lejos un cuerno que se alzaba entre las ondulaciones de la conjunción de varias dunas &lt;&lt; <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Si los cuervos fuesen al menos como una asquerosa paloma, probaría cazar un par de esos que sobrevuelan el cadáver.</span></span> &gt;&gt; Casi al tiempo redescubrí el lugar en que estaba. &lt;&lt;<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color"> ¿En qué momento atravesé la frontera? ¿ya estoy saliendo del desierto del Reino del Cobre?</span></span> &gt;&gt; Noté que más allá en el horizonte que me quedaba por recorrer empezaban a aparecer montes de tierra árida, donde la arena a penas vestía el camino.<br />
<br />
Sabía también que al acercarme a las minas del Reino de Marfil podría encontrar algún lugar poblado en el que pudiese tener algún contacto humano. Aunque me gusta el silencio y la soledad, aquella situación comenzaba a ser desesperante y el silencio se hacía insoportable de vez en cuando. <br />
<br />
Cuando estaba por caer la noche sobre las montañas, logré ver las luces de una pequeña villa y me dirigí rauda hacia el lugar. Al llegar, presencié un fenómeno de lo más natural en ese tipo de poblaciones: las personas acostumbran a salir a caminar con su familia, comprar algunos pasabocas o cenar en un restaurante, gastar un poco de dinero en las ferias y salir de la monotonía durante las horas nocturnas; cuando la noche se hace más oscura solamente quedan los ebrios, los amigos de fiesta y ciertos tipos de mujeres. &lt;&lt; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">Pues a buena hora he llegado</span></span> &gt;&gt; me dije, al tiempo que deslizaba un plato a través de la ventana de un restaurante.<br />
<br />
Como si fuese una comensal más, me acomodé en otro puesto de comida y disfruté de mi recién preparado platillo. Si bien yo quería verlo todo color de rosas, mi presencia no pasaba desapercibida, después de todo era una pequeña villa en la que prácticamente todo el mundo es familia y se conocen hasta los más íntimos secretos. Los lugareños, inicialmente cautelosos, observaron mi llegada con una mezcla de curiosidad y recelo. Pese a las miradas suspicaces aquella fue una oportunidad para observar la vida cotidiana de aquellos que llamaban hogar a ese rincón del mundo. Mientras saboreaba platos tradicionales, mis ojos se encontraron con miradas y sonrisas que contaban historias propias. &lt;&lt;<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">Me pregunto cuántas de esas son sonrisas reales</span></span> &gt;&gt; De hecho, puedo percibir emociones contradictorias en ciertas interacciones que se dan lugar a mi alrededor, como si se tratase de una cordialidad impostada en muchos casos: dos amigos hablando de lo feliz que es la vida de cada uno, interrumpidos por un tercero que cree que el tema va de ver quién es menos miserable y empieza a hablar con pretenciosidad. O el caso de aquél caballero bien vestido de pies a cabeza, que se ha quitado el anillo de matrimonio justo al acercarse aquella joven que aparenta estar en sus veintes.<br />
<br />
En cada encuentro, en cada rincón, buscaba comprender la esencia de las interacciones, entender la naturaleza de aquellas personas que me rodeaban. Así pasé entretenida durante algunas horas, hasta que finalmente me sentí lo suficientemente cansada como para ir a dormir, decidí caminar para emprender la búsqueda de una posada o algo parecido, igualmente podía improvisar una tienda y dormir &lt;&lt; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">ya que puedo pasar la noche en una villa, que sea en una cama, lo más cómoda posible</span></span> &gt;&gt;. A medida que avanzaba por la pequeña villa, sentí la necesidad de desentrañar los misterios que susurran entre las calles estrechas y las fachadas de las casas antiguas. Cada paso era una danza delicada entre la aceptación y la reserva, y yo, una vagabunda que simplemente había dejado todo y nada atrás.<br />
<br />
Me había alejado del centro de la villa mientras buscaba una posada, pensé que una ubicación central quizás no era el mejor sitio para un lugar de reposo, mientras la música de las ferias y las risas de la gente se opacaban a la distancia, sentí la brisa nocturna abrasarme. De pronto, de la nada escuché un grito, seguido de una desagradable sensación que recorrió todo mi cuerpo. La tensión se tejió como una sombra inesperada sobre mi travesía. Las miradas se cruzaron, y el silencio se volvió palpable. Las sombras alargadas de las casas parecían acercarse sigilosamente mientras avanzaba por las estrechas calles de piedra. En cada esquina, susurros apenas audibles se mezclaban con el susurro del viento, creando una sinfonía de intriga.<br />
<br />
Fui abordada por dos hombres de baja estatura, pero sus brazos eran testigos de su arduo trabajo en las minas, aquellos hombres, con una mezcla de nerviosismo, autoridad y curiosidad, preguntaron de dónde venía y hacia dónde me dirigía. &lt;&lt; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">¿A caso no hay criminales peligrosos en esta zona?</span></span> &gt;&gt; Me pregunté, mientras con la mirada interrogaba a quienes me truncaban el paso. -<span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color"> ¿Es eso algo que debo responder?</span> – Miré al que aparentaba más edad y luego a su acompañante - <span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color">¿Quiénes son ustedes y por qué me abordan a gritos? </span>– Pese a mi inicial negativa, procedí a explicar el motivo de mi presencia, no quería perder tiempo enfrascándome en una discusión sin sentido, después de todo no me había bañado en días y mi sola presencia no debería ser muy agradable, además esta desafortunada cicatriz me quita cualquier aire de bondad, solamente quería dormir así que no iba a crear una tormenta en una gota de agua.<br />
Algunos habitantes observaban desde la distancia, como sombras que acechan en la periferia de la luz. Mis palabras eran pronunciadas con cierto cuidado, como si cada frase escondiera un secreto sin revelar. La tensión flotaba, invisible pero palpable, creando una atmósfera en la que la fragilidad de la confianza se extendía como un hilo fino. <br />
<br />
A punto estuvieron de alejarse y dejarme ir a lo mío, escuché nuevamente otro grito, esta vez era apremiante, alguien a mi espalda me reclamaba: - <span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color">¡Es ella! ¡La ladrona que se llevó nuestra comida! </span>– Giré para encontrarme con el rostro acusador, era un anciano, señalándome acusadoramente. El murmullo de la gente se intensificó, y me vi rodeada de miradas que pesaban sobre mi conciencia. Manteniendo mi rostro inexpresivo, me enfrenté al anciano y respondí con calma - <span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color">No sé de qué estás hablando. No he robado nada.</span>- El anciano, sin inmutarse, replicó con voz ronca - <span style="color: #eeeeee;" class="mycode_color">Te vi merodeando cerca de nuestras mesas y además has llegado con un platillo de otro puesto. No hay duda de que fuiste tú.</span> -<br />
Mi mirada se volvió más intensa, y mi tono, aunque tranquilo, denotaba una firmeza que pocos conocían. - <span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color">Puede que haya merodeado, pero no soy ladrona. Si tienes pruebas de que lo que puse en mi mesa no me pertenecía, entonces señálalas ahora</span> – Era la palabra de ambos en tela de juicio, no había forma de que probara lo dicho, incluso aun cuando evidentemente me había visto. Las opiniones de los pocos presentes se dividieron entre quienes apoyaban mi versión y aquellos que, influenciados por la acusación del anciano, mantenían sus dudas. La tensión en el aire era palpable, pero no mostré ni un ápice de debilidad.<br />
- <span style="color: #FF857A;" class="mycode_color">¿Y qué nos impide pensar que el viejo Bajuk realmente dice la verdad? </span>- gritó una mujer desde el fondo, a penas detrás del anciano, a quien de ahora en adelante podría reconocer como Bajuk.<br />
Mi respuesta fue directa y sin titubeos -<span style="color: #FFDC00;" class="mycode_color"> ¿Tan pocos crímenes has visto que crees que puedes acusar a cualquiera de cualquier cosa que se te ocurra? ¿Qué sigue? ¿Me lincharás en nombre de este tal Bajuk?</span> -<br />
Algunos asintieron, otros murmuraron entre ellos, pero la disputa verbal continuó durante un tiempo. – <span style="color: #4CEA5E;" class="mycode_color">Lárgate de aquí y no quiero volverte a ver.</span> – Intervino de forma decisiva e infranqueable el primero de los sujetos que me intervino. Sentí un gran alivio de que aquella conversación terminara, pero al tiempo me sentí impotente, incapacitada por mis propias debilidades sociales y mi incapacidad para llevar una vida normal, el no haberme forjado esa vida que todo el mundo tenía; en el fondo tenía las respuestas &lt;&lt;<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> <span style="color: #E8C500;" class="mycode_color">esa no es la vida que quiero, no quiero vivir para trabajar y trabajar hasta morir</span></span> &gt;&gt;. La marca en mi mejilla ardía sutilmente, como solía pasar cada vez que un sentimiento reprimido intentaba aflorar a toda costa en contra de mi voluntad. <br />
<br />
La noche se cernía sobre mí, enigmática y llena de incertidumbre, pero estaba decidida a enfrentar lo que vendría. En mi cabeza, mientras a paso ligero huía de todos ellos, los rostros ceñudos de los aldeanos me rodeaban como un coro discordante, cada palabra áspera resonando en mis oídos como un eco incesante. No era la primera vez que mi pasado se alzaba para recordarme las elecciones que me llevaron por este tortuoso camino. El frío viento nocturno cortaba mi piel, pero no era tan punzante como las miradas acusadoras que me perforaban.<br />
Algunos vociferaban sus reproches con fervor, mientras otros simplemente observaban en silencio, como jueces impasibles ante mi juicio improvisado. Me había puesto en medio de una confrontación que no buscaba, pero que, de alguna manera, esperaba inevitable. Mientras avanzaba las lágrimas se escaparon de mis ojos y me ocultaron el camino que debía seguir, sin darme cuenta y en medio de mi autocontemplación me adentré en territorio desconocido en medio de la noche, en una oscuridad que ya era casi absoluta.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Flashback] Tribulación]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=1223</link>
			<pubDate>Wed, 08 Feb 2023 12:01:37 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=212">Khal</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=1223</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Enero del año 14 D.Y</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Konohagakure no sato</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">08:00 am</span></span></div>
<br />
Un par de shinobis habían sido convocados de urgencia en el edificio de la jerarca del fuego. Se trataban de Stanley Hyuga, el usuario del corte suave y Khal Uchiha, el ninja santo. No era raro que los convocaran al mismo tiempo, ellos formaban parte del antiguo equipo de Nataku y tenían buena sinergia para trabajar en equipo, además, la combinación de sus doujutsus hacía que el par fuese apto para lidiar casi con todo tipo de misiones y encargos. <br />
 <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deben saber que esta vez la misión es en extremo difícil y no contarán con el apoyo de nadie</span> —. Quien se encargaba de hablar era uno de los ejecutivos asignados por la Hokage, pues ella no se encontraba en la aldea en estos momentos. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por la naturaleza de la misión, solo podemos mandar a dos personas. Creemos que si hay alguien que puede completar la labor, son ustedes</span> —. Tras finalizar su oración, el encargado extendió su brazo para entregar un sobre con las indicaciones específicas de la tarea, dicho sobre sería recibido por Stanley, quien no perdió tiempo y comenzó a leerlo a detalle.<br />
 <br />
El Hyuga pasó algunos segundos leyendo la información, posteriormente dobló nuevamente la hoja y la guardó dentro de su chaleco ninja. — <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Qué pasa, Stan? ¿Se trata de algo desafiante?</span></span> —. Fiel a su costumbre despreocupada, Khal preguntó a su compañero acerca de la misión. <br />
 <br />
— <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo es</span></span> —. Se limitó a responderle. Su atención ahora se centró para con el administrativo. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tal y como lo has dicho, parece que solo nosotros podremos hacernos cargo. Alistaremos lo necesario y partiremos cuanto antes</span></span> —. El Hyuga, tras finalizar la oración, daría media vuelta y caminaría para salir de la oficina. Si bien su semblante no parecía particularmente preocupado, si que seguramente ya estaba maquinando en su mente cómo proceder con la misión de la manera más óptima.<br />
 <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¡Hey, Stan, espérame!</span></span> — Pronunció el Uchiha mientras alcanzaba su paso. Khal no preguntaría acerca de los detalles de la misión, no tenía caso, sería su compañero quien le explicaría lo suficiente, y como actuar, cuando llegase el momento adecuado, siempre lo habían hecho así y siempre había funcionado.<br />
 <br />
Ambos ninjas irían a sus respectivos hogares, alistarían sus armas y utensilios necesarios y finalmente se reencontrarían nuevamente en las puertas de la aldea al cabo de una hora. El destino esta vez sería el lejano Reino del Marfil.<br />
 <br />
El viaje no sería corto, les tomaría algunos días el realizarlo. Afortunadamente no hubo percance alguno durante el trayecto. Algo que llamó la atención del Uchiha era que Stanley había propuesto más pautas para descanso de lo habitual. Khal, a pesar de lo que parecía, no era tonto, y conocía al Hyuga mejor que nadie más. Si él había sugerido eso, era porque necesitaban descansar lo suficiente y llegar si fatiga al destino, al parecer, la misión requería lo mejor de ellos esta vez...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008e02;" class="mycode_color">Enero del año 14 D.Y</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #17b529;" class="mycode_color">Konohagakure no sato</span></span></div>
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #4cea5e;" class="mycode_color">08:00 am</span></span></div>
<br />
Un par de shinobis habían sido convocados de urgencia en el edificio de la jerarca del fuego. Se trataban de Stanley Hyuga, el usuario del corte suave y Khal Uchiha, el ninja santo. No era raro que los convocaran al mismo tiempo, ellos formaban parte del antiguo equipo de Nataku y tenían buena sinergia para trabajar en equipo, además, la combinación de sus doujutsus hacía que el par fuese apto para lidiar casi con todo tipo de misiones y encargos. <br />
 <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Deben saber que esta vez la misión es en extremo difícil y no contarán con el apoyo de nadie</span> —. Quien se encargaba de hablar era uno de los ejecutivos asignados por la Hokage, pues ella no se encontraba en la aldea en estos momentos. — <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por la naturaleza de la misión, solo podemos mandar a dos personas. Creemos que si hay alguien que puede completar la labor, son ustedes</span> —. Tras finalizar su oración, el encargado extendió su brazo para entregar un sobre con las indicaciones específicas de la tarea, dicho sobre sería recibido por Stanley, quien no perdió tiempo y comenzó a leerlo a detalle.<br />
 <br />
El Hyuga pasó algunos segundos leyendo la información, posteriormente dobló nuevamente la hoja y la guardó dentro de su chaleco ninja. — <span style="color: #c10300;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿Qué pasa, Stan? ¿Se trata de algo desafiante?</span></span> —. Fiel a su costumbre despreocupada, Khal preguntó a su compañero acerca de la misión. <br />
 <br />
— <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo es</span></span> —. Se limitó a responderle. Su atención ahora se centró para con el administrativo. — <span style="color: #17b529;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tal y como lo has dicho, parece que solo nosotros podremos hacernos cargo. Alistaremos lo necesario y partiremos cuanto antes</span></span> —. El Hyuga, tras finalizar la oración, daría media vuelta y caminaría para salir de la oficina. Si bien su semblante no parecía particularmente preocupado, si que seguramente ya estaba maquinando en su mente cómo proceder con la misión de la manera más óptima.<br />
 <br />
— <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #c10300;" class="mycode_color">¡Hey, Stan, espérame!</span></span> — Pronunció el Uchiha mientras alcanzaba su paso. Khal no preguntaría acerca de los detalles de la misión, no tenía caso, sería su compañero quien le explicaría lo suficiente, y como actuar, cuando llegase el momento adecuado, siempre lo habían hecho así y siempre había funcionado.<br />
 <br />
Ambos ninjas irían a sus respectivos hogares, alistarían sus armas y utensilios necesarios y finalmente se reencontrarían nuevamente en las puertas de la aldea al cabo de una hora. El destino esta vez sería el lejano Reino del Marfil.<br />
 <br />
El viaje no sería corto, les tomaría algunos días el realizarlo. Afortunadamente no hubo percance alguno durante el trayecto. Algo que llamó la atención del Uchiha era que Stanley había propuesto más pautas para descanso de lo habitual. Khal, a pesar de lo que parecía, no era tonto, y conocía al Hyuga mejor que nadie más. Si él había sugerido eso, era porque necesitaban descansar lo suficiente y llegar si fatiga al destino, al parecer, la misión requería lo mejor de ellos esta vez...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Samuru Gaiden: Un viajero buscando sobrevivir]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=1201</link>
			<pubDate>Sun, 05 Feb 2023 18:47:36 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=208">Samuru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=1201</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Varios años atrás… [Monotema].</span></div>
<br />
Solo, de un momento a otro. Desde hacía mucho que escapaba junto a los suyos y poco a poco los iba perdiendo, pero jamás pensó que ninguno sobreviviría. Han pasado seis meses desde que su madre dijo adiós y él no lo ha pasado nada fácil. Aquellos que se encargaban de perseguirlos y exterminarlos aún no se cansan. Él es el siguiente y el último. No descansarán hasta dar con su paradero. Por consiguiente, Samuru sabía que debía buscar formas de pasar desapercibido. Totalmente opuesto a lo que será en el futuro, simplemente se ocultó.<br />
<br />
Esta historia nos lleva al Reino del Marfil. El muchacho no tiene un argumento concreto para ir hasta ahí, sus pasos azarosos eligieron su destino. — <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué puedo encontrar aquí?</span></span> — No tenía muchas pertenencias. Un bolso con algo de ropa y dinero escaso. Lo único que compró fue provisiones y una capa bastante humilde que le permitiera ocultar su figura. Se deshizo del conjunto que más utilizaba antes, pues lo reconocerían fácilmente. No creía que aquellos ya deben estar por los alrededores, pero probablemente no tarden en encontrarle y seguirle el rastro. Se trata de shinobis después de todo.<br />
<br />
En pocos días que intentó sobrevivir en ese lugar dio con el sitio perfecto para establecerse. Encontró trabajo en una mina. Le costó conseguir el puesto ya que por su edad joven y físico delgado no le veían mucho futuro, pero tras largas conversaciones logró conseguir que lo aceptaran de prueba por lo menos un mes. Recién ahí decidirían su futuro contrato, pero eso poco le importaba. Cuando los ninjas lleguen, deberá volver a marcharse. Planear una larga estadía podía ser el mayor de sus errores.<br />
<br />
Día siguiente, bien temprano por la mañana, el buen Samuru ya se encontraba bajo el sol con su pico. Era la primera vez que se desempañaba en una función por el estilo, así que era obvio que cometería errores de novato. Desde el principio comenzó a darlo todo y gastar toda su energía, por lo que al paso de una hora ya se le notaba cansado con un claro sudor en la frente. Ahí es cuando alguien tomó su antebrazo y le hizo detenerse. <br />
<br />
— <span style="color: #E86E04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si sigues así, los guardias te molestarán al rato por tener que descansar.</span></span> — La vida le ha enseñado a Samuru ser precavido y no confiar en nadie, así que de inmediato apartó la mano y retrocedió unos cuantos pasos. —<span style="color: #E86E04;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tranquilo, tranquilo, solo quería darte un consejo.</span></span> — Se trataba de un muchacho rubio, joven, pero unos pocos años mayor que él. Cuando vio que no era peligroso, al menos a simple vista, bajó la guardia. — <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿No debo esforzarme?</span></span> — Preguntó. Una risa escapó de los labios del otro. Le sorprendía primero encontrarse con alguien menor que él y encima tan inocente. —<span style="color: #E86E04;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La jornada es larga. Trabaja con calma. Debes distribuir tus fueras para todo el día. Durante el almuerzo te daré más tips. Nos vemos luego.</span> </span>— Y se retiró.<br />
<br />
La primera impresión que tuvo Samuru sobre él es que era alguien extraño. A pesar de que se mostró como alguien amigable, para nuestro protagonista aún no era información suficiente para estar del todo en confianza con él. Recordemos que está siendo perseguido por asesinos. En su mente está permanentemente el pensamiento de que en cualquier momento su vida puede correr peligro. Sin embargo, en el fondo está cansado de esto. Ya el tiempo tan tenso que vivió con su familia luego de escapar de su hogar fue horrible. Esperaba que todo se detenga algún día. Solo tiene 13 años. — <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ojalá…</span> </span>—]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Varios años atrás… [Monotema].</span></div>
<br />
Solo, de un momento a otro. Desde hacía mucho que escapaba junto a los suyos y poco a poco los iba perdiendo, pero jamás pensó que ninguno sobreviviría. Han pasado seis meses desde que su madre dijo adiós y él no lo ha pasado nada fácil. Aquellos que se encargaban de perseguirlos y exterminarlos aún no se cansan. Él es el siguiente y el último. No descansarán hasta dar con su paradero. Por consiguiente, Samuru sabía que debía buscar formas de pasar desapercibido. Totalmente opuesto a lo que será en el futuro, simplemente se ocultó.<br />
<br />
Esta historia nos lleva al Reino del Marfil. El muchacho no tiene un argumento concreto para ir hasta ahí, sus pasos azarosos eligieron su destino. — <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué puedo encontrar aquí?</span></span> — No tenía muchas pertenencias. Un bolso con algo de ropa y dinero escaso. Lo único que compró fue provisiones y una capa bastante humilde que le permitiera ocultar su figura. Se deshizo del conjunto que más utilizaba antes, pues lo reconocerían fácilmente. No creía que aquellos ya deben estar por los alrededores, pero probablemente no tarden en encontrarle y seguirle el rastro. Se trata de shinobis después de todo.<br />
<br />
En pocos días que intentó sobrevivir en ese lugar dio con el sitio perfecto para establecerse. Encontró trabajo en una mina. Le costó conseguir el puesto ya que por su edad joven y físico delgado no le veían mucho futuro, pero tras largas conversaciones logró conseguir que lo aceptaran de prueba por lo menos un mes. Recién ahí decidirían su futuro contrato, pero eso poco le importaba. Cuando los ninjas lleguen, deberá volver a marcharse. Planear una larga estadía podía ser el mayor de sus errores.<br />
<br />
Día siguiente, bien temprano por la mañana, el buen Samuru ya se encontraba bajo el sol con su pico. Era la primera vez que se desempañaba en una función por el estilo, así que era obvio que cometería errores de novato. Desde el principio comenzó a darlo todo y gastar toda su energía, por lo que al paso de una hora ya se le notaba cansado con un claro sudor en la frente. Ahí es cuando alguien tomó su antebrazo y le hizo detenerse. <br />
<br />
— <span style="color: #E86E04;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Si sigues así, los guardias te molestarán al rato por tener que descansar.</span></span> — La vida le ha enseñado a Samuru ser precavido y no confiar en nadie, así que de inmediato apartó la mano y retrocedió unos cuantos pasos. —<span style="color: #E86E04;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tranquilo, tranquilo, solo quería darte un consejo.</span></span> — Se trataba de un muchacho rubio, joven, pero unos pocos años mayor que él. Cuando vio que no era peligroso, al menos a simple vista, bajó la guardia. — <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¿No debo esforzarme?</span></span> — Preguntó. Una risa escapó de los labios del otro. Le sorprendía primero encontrarse con alguien menor que él y encima tan inocente. —<span style="color: #E86E04;" class="mycode_color"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La jornada es larga. Trabaja con calma. Debes distribuir tus fueras para todo el día. Durante el almuerzo te daré más tips. Nos vemos luego.</span> </span>— Y se retiró.<br />
<br />
La primera impresión que tuvo Samuru sobre él es que era alguien extraño. A pesar de que se mostró como alguien amigable, para nuestro protagonista aún no era información suficiente para estar del todo en confianza con él. Recordemos que está siendo perseguido por asesinos. En su mente está permanentemente el pensamiento de que en cualquier momento su vida puede correr peligro. Sin embargo, en el fondo está cansado de esto. Ya el tiempo tan tenso que vivió con su familia luego de escapar de su hogar fue horrible. Esperaba que todo se detenga algún día. Solo tiene 13 años. — <span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ojalá…</span> </span>—]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[ANBU] Tierra Sagrada - FlashBack]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=971</link>
			<pubDate>Sat, 10 Dec 2022 18:34:04 -0700</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=162">Bishamon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=971</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/Tw89B18/Mountain-Graveyard.png" loading="lazy"  width="2000" height="500" alt="[Imagen: Mountain-Graveyard.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reino de Marfil - Frontera con el país del viento. </span></span></span></span><br />
126DVF, 24 de Rokugatsu. 7:35 hrs ((apróximadamente)).</div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Negó tranquila a las palabras de Amaya, nada tenía que disculpar. No era nadie para decir que sí y qué no. Su punto de vista ya estaba sobre la mesa y podía ser tomado en cuenta así como podrían resultar cosas mejores, total, para eso estaban ahí. —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">Con tanque me refiero a los que no son dados al soporte en combate, pero tienes razón, debemos enfocarnos en espionaje. Digamos que mi distribución se basó más que todo en las habilidades fuertes de quienes menciono, pero no tengo problemas en organizarnos diferente, total cumplir las tres partes de la misión es lo que buscamos todos acá</span>— dijo dejando clara su postura y claro, haciendo fuerza en que lo dicho no era definitivo. <br />
<br />
Su mirada se posó después en el chico de Kiri. Le pareció simpático verle, así que sonrió un poco, su pensamiento había sido certero frente a él y bueno, en alguna que otra ocasión ya se habían cruzado. Mako interrumpió con un discurso también acertado, visto desde el enfoque que la misma Amaya proponía o al menos eso sintió. Se acercó a la rubia —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">...</span>— afirmó tras sonreírle. El vínculo entre ellos se mantenía a pesar de los años y muy a pesar de que no todo el tiempo estuvieran juntos. De hecho, sus caminos en medicina eran totalmente diferentes, pero la conexión de ambos era entrañable. Terminó por escuchas las palabras del Hyuga y volver a afirmar —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">No tengo problema con esa distribución, realmente...</span>— puso sus ojos en Ojur esperando que él mismo aceptara ir con la rubia.<br />
<br />
Por otro lado, las interrupciones del Khan habían sido precisas y muy certeras. —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">Muchas gracias, hasta pronto.</span>— terminó antes de ver que les diera la espalda y desaparecía tras una de las cortinas de las yurtas del palacio. —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">Estoy a su disposición, chicos. Realmente me considero versátil en combate aunque mis habilidades médicas superen a las demás… Como dije antes, estoy muy de acuerdo con la distribución de Mako</span>— puso sus orbes en el peliplata y afirmó desde donde estaba. Solo restaba que los demás finiquitaran el tema y luego de eso podrían ir a reponer energías para el encuentro antes de partir.<br />
<br />
Todo pareció quedar perfecto según la conformación indicada por Mako. Shain era el primero en aprovechar que su meta se había cumplido, aunque Bishamon desconoció la razón, capaz era solo un tema físico. Lo demás fue ofrecerse a guiarlos a lo que Bishamon nuevamente afirmaría permitiendo que quien era “local” en aquella zona pudiera lucirse. Adan, por su parte, había permanecido callado, no era a quien conocía de antes o al menos eso sentía. Solía ser intempestivo, y soltaba lo que sentía de buenas a primeras. ¿Estaba bien?¿Le había cambiado tanto la guerra? Tampoco quiso acercarse demasiado a preguntarle, ciertamente la rubia estaba más interesada en saber mucho más de Ojur, el rubio que la acompañaría en su travesía. ¿O era al revés?<br />
<br />
Miró a Amaya ir a guardar sus cosas y claro, ellos debían hacerlo si la meta era infiltrarse, pero no aún, no dejaría sus cosas tan lejos. Les faltaba un largo camino. En su caso con Ojur debían ir a Suna, luego pasar por Yoshira y justo ahí buscarían un lugar donde guardar las cosas, en una especie de hostal en el que pudieran alojarse, descansar antes de seguir camino al reino de Marfil y claro, comprar ropa idónea de la región. El pueblo no resultó ser complicado y siendo así, buscó obtener de libros un poco de información del Reino al que se dirigían. Dejó en su bolso comida, agua, uno que otro harapo y claro, sus cuadernos de medicina.<br />
<br />
Supo por medio de sus investigaciones que hacia donde iba podía intentar ser de utilidad en temas médicos, puesto que en el reino del Marfil solían crearse buenos medicamentos dada la flora que se conocía del lugar, que las tierras eran muy fértiles, perfectas para todo tipo de cultivo durante todo el año, y que de dichos huesos fabricaban extractos y brebajes curativos y reconfortantes ¿Qué mejor forma de adentrarse a un lugar que llevar a un cartógrafo que tomara dibujo de las plantas y una médico con los elementos para tomar muestras de las mismas? Podían decir incluso que venían del país del té y que venían haciendo investigación desde el congreso que apenas había tenido lugar en Kusagakure.<br />
<br />
—<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">No sé qué pienses tú de todo esto, capaz sea un buen plan, capaz no tanto, pero como sea, quiero saber que opinas o si tienes una mejor idea...</span>— dio su punto de vista al rubio que la acompañaba. La incursión la harían de día, no tenía sentido atravesar las fronteras de noche y tampoco entrar por la frontera normal del lugar si sus fines eran meramente investigativos. Tenían quizá, la excusa perfecta. Serían sobre las siete y treinta de la mañana, cuando el par de chicos empezaron a cruzar la frontera del país del viento con el Reino del Marfil.</span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/Tw89B18/Mountain-Graveyard.png" loading="lazy"  width="2000" height="500" alt="[Imagen: Mountain-Graveyard.png]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #008E02;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reino de Marfil - Frontera con el país del viento. </span></span></span></span><br />
126DVF, 24 de Rokugatsu. 7:35 hrs ((apróximadamente)).</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Negó tranquila a las palabras de Amaya, nada tenía que disculpar. No era nadie para decir que sí y qué no. Su punto de vista ya estaba sobre la mesa y podía ser tomado en cuenta así como podrían resultar cosas mejores, total, para eso estaban ahí. —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">Con tanque me refiero a los que no son dados al soporte en combate, pero tienes razón, debemos enfocarnos en espionaje. Digamos que mi distribución se basó más que todo en las habilidades fuertes de quienes menciono, pero no tengo problemas en organizarnos diferente, total cumplir las tres partes de la misión es lo que buscamos todos acá</span>— dijo dejando clara su postura y claro, haciendo fuerza en que lo dicho no era definitivo. <br />
<br />
Su mirada se posó después en el chico de Kiri. Le pareció simpático verle, así que sonrió un poco, su pensamiento había sido certero frente a él y bueno, en alguna que otra ocasión ya se habían cruzado. Mako interrumpió con un discurso también acertado, visto desde el enfoque que la misma Amaya proponía o al menos eso sintió. Se acercó a la rubia —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">...</span>— afirmó tras sonreírle. El vínculo entre ellos se mantenía a pesar de los años y muy a pesar de que no todo el tiempo estuvieran juntos. De hecho, sus caminos en medicina eran totalmente diferentes, pero la conexión de ambos era entrañable. Terminó por escuchas las palabras del Hyuga y volver a afirmar —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">No tengo problema con esa distribución, realmente...</span>— puso sus ojos en Ojur esperando que él mismo aceptara ir con la rubia.<br />
<br />
Por otro lado, las interrupciones del Khan habían sido precisas y muy certeras. —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">Muchas gracias, hasta pronto.</span>— terminó antes de ver que les diera la espalda y desaparecía tras una de las cortinas de las yurtas del palacio. —<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">Estoy a su disposición, chicos. Realmente me considero versátil en combate aunque mis habilidades médicas superen a las demás… Como dije antes, estoy muy de acuerdo con la distribución de Mako</span>— puso sus orbes en el peliplata y afirmó desde donde estaba. Solo restaba que los demás finiquitaran el tema y luego de eso podrían ir a reponer energías para el encuentro antes de partir.<br />
<br />
Todo pareció quedar perfecto según la conformación indicada por Mako. Shain era el primero en aprovechar que su meta se había cumplido, aunque Bishamon desconoció la razón, capaz era solo un tema físico. Lo demás fue ofrecerse a guiarlos a lo que Bishamon nuevamente afirmaría permitiendo que quien era “local” en aquella zona pudiera lucirse. Adan, por su parte, había permanecido callado, no era a quien conocía de antes o al menos eso sentía. Solía ser intempestivo, y soltaba lo que sentía de buenas a primeras. ¿Estaba bien?¿Le había cambiado tanto la guerra? Tampoco quiso acercarse demasiado a preguntarle, ciertamente la rubia estaba más interesada en saber mucho más de Ojur, el rubio que la acompañaría en su travesía. ¿O era al revés?<br />
<br />
Miró a Amaya ir a guardar sus cosas y claro, ellos debían hacerlo si la meta era infiltrarse, pero no aún, no dejaría sus cosas tan lejos. Les faltaba un largo camino. En su caso con Ojur debían ir a Suna, luego pasar por Yoshira y justo ahí buscarían un lugar donde guardar las cosas, en una especie de hostal en el que pudieran alojarse, descansar antes de seguir camino al reino de Marfil y claro, comprar ropa idónea de la región. El pueblo no resultó ser complicado y siendo así, buscó obtener de libros un poco de información del Reino al que se dirigían. Dejó en su bolso comida, agua, uno que otro harapo y claro, sus cuadernos de medicina.<br />
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Supo por medio de sus investigaciones que hacia donde iba podía intentar ser de utilidad en temas médicos, puesto que en el reino del Marfil solían crearse buenos medicamentos dada la flora que se conocía del lugar, que las tierras eran muy fértiles, perfectas para todo tipo de cultivo durante todo el año, y que de dichos huesos fabricaban extractos y brebajes curativos y reconfortantes ¿Qué mejor forma de adentrarse a un lugar que llevar a un cartógrafo que tomara dibujo de las plantas y una médico con los elementos para tomar muestras de las mismas? Podían decir incluso que venían del país del té y que venían haciendo investigación desde el congreso que apenas había tenido lugar en Kusagakure.<br />
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—<span style="color: #9A00B2;" class="mycode_color">No sé qué pienses tú de todo esto, capaz sea un buen plan, capaz no tanto, pero como sea, quiero saber que opinas o si tienes una mejor idea...</span>— dio su punto de vista al rubio que la acompañaba. La incursión la harían de día, no tenía sentido atravesar las fronteras de noche y tampoco entrar por la frontera normal del lugar si sus fines eran meramente investigativos. Tenían quizá, la excusa perfecta. Serían sobre las siete y treinta de la mañana, cuando el par de chicos empezaron a cruzar la frontera del país del viento con el Reino del Marfil.</span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Descripción Reino del Marfil]]></title>
			<link>https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=373</link>
			<pubDate>Tue, 12 Jul 2022 11:31:42 -0600</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://shinobigaiden.net/member.php?action=profile&uid=58">Narrador General</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=373</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Descripción General</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
Se dice que este lugar fue habitado hace siglos por animales gigantes que combatían entre sí hasta la muerte. Nadie sabe si esto es verdaderamente cierto ni los motivos que les llevaban a luchar, pero aún pueden encontrarse huesos y esqueletos completos tan altos como una montaña, siendo este su principal atractivo para los viajeros. Al igual que la mayoría de Reinos del Sur, este país antaño perteneció al País del Viento, hasta que logró su independencia en algún momento durante la Paz Duradera. Su población se dedica a extraer diversos materiales de la tierra. Entre ellos, podemos encontrar minas de carbón, equipos de recolección de marfil de estos grandes huesos y pozos de extracción de petróleo y gas bajo el suelo. Todo esto, sumado a su neutralidad durante las últimas guerras, han convertido a la nación en una de las más prósperas del mundo. Su población es abierta y muy amigable, aunque tienden a desconfiar de los habitantes del País del Viento.<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clima:</span><br />
<ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primavera:</span> Día Templado / Noche Lluvia<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano:</span> Día Caluroso / Noche Lluvia<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Otoño:</span> Día Templado / Noche Templado<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Invierno:</span> Día Templado / Noche Templado<br />
</li>
</ul>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Fronteras:</span><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Norte:</span> País del Viento, Bahía de los Esclavistas.<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Este:</span> Golfo del Fuego.<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sur:</span> Reino del Cobre, Reino de los Acantilados.<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oeste:</span> País del Viento.<br />
</li>
</ul>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Seguridad/Nivel de Alarma:</span> 500/500</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Descripción General</span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">
Se dice que este lugar fue habitado hace siglos por animales gigantes que combatían entre sí hasta la muerte. Nadie sabe si esto es verdaderamente cierto ni los motivos que les llevaban a luchar, pero aún pueden encontrarse huesos y esqueletos completos tan altos como una montaña, siendo este su principal atractivo para los viajeros. Al igual que la mayoría de Reinos del Sur, este país antaño perteneció al País del Viento, hasta que logró su independencia en algún momento durante la Paz Duradera. Su población se dedica a extraer diversos materiales de la tierra. Entre ellos, podemos encontrar minas de carbón, equipos de recolección de marfil de estos grandes huesos y pozos de extracción de petróleo y gas bajo el suelo. Todo esto, sumado a su neutralidad durante las últimas guerras, han convertido a la nación en una de las más prósperas del mundo. Su población es abierta y muy amigable, aunque tienden a desconfiar de los habitantes del País del Viento.<br />
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<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Clima:</span><br />
<ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Primavera:</span> Día Templado / Noche Lluvia<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Verano:</span> Día Caluroso / Noche Lluvia<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Otoño:</span> Día Templado / Noche Templado<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Invierno:</span> Día Templado / Noche Templado<br />
</li>
</ul>
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Fronteras:</span><ul class="mycode_list"><li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Norte:</span> País del Viento, Bahía de los Esclavistas.<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Este:</span> Golfo del Fuego.<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Sur:</span> Reino del Cobre, Reino de los Acantilados.<br />
</li>
<li><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Oeste:</span> País del Viento.<br />
</li>
</ul>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Seguridad/Nivel de Alarma:</span> 500/500</div>]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
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