País del Fuego, Konohagakure, Afueras de la Aldea
Luego de varios minutos de conversa, con compañeros y compañeras de la hoja, entre risas y malas caras — Denji nunca cae bien — él se retiró para iniciar su entrenamiento matutino. Caminó por la Aldea, en lo que los rayos del cálido sol golpeaban su blanquecina y descuidada piel. Él no se molestaba en saludar, sólo caminaba de una forma genial hasta que finalmente salió a donde la mayoría de las personas tienden a entrenar. Cuándo entró al bosque, fue dirigiéndose entre saltos veloces por los árboles, hasta que finalmente llegó hacia aquel descampado: una zona libre y un campo abierto lleno de muñecos de paja dañados y golpeados, Denji se acercó a uno percatandose, de que recientemente fue utilizado para entrenar.
Entre la lejanía, su voz escandalosa se escuchaba como siempre " ¡Raikiri!" una y otra vez, hasta que gran parte de los muñecos fueron cortados limpiamente desde el torso. El muchacho pelician y ojos extrañamente brillantes, portaba un Bō oscuro en la espalda.