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[Misión Rango C Autonarrada] El eco de la garganta
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
Nivel 18
Estadísticas
Generales
Fuerza45(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia100(5)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu14
Sigilo17
675
695
Enlace al Post
16-10-2026, 08:56 PM
[Misión Rango C Autonarrada] El eco de la garganta
Petición Misión: Aquí
País de las Aguas Termales, Yomikage.

La garganta de Yomikage quedaba apartada de las aguas termales más transitadas, encerrada entre paredes de roca oscura y atravesada por corrientes de vapor que surgían desde grietas del terreno. Durante el día apenas parecía un paso incómodo entre las montañas. De noche, sin embargo, la niebla se acumulaba entre las piedras y el lugar adquiría exactamente el aspecto que Kuroto esperaba encontrar en una misión de Halloween. Aquello le encantaba. Kuroto apareció por el sendero cubierto con una larga capa oscura, cuello elevado y una expresión exageradamente solemne. Bajo la luz escasa, los colmillos falsos completaban una imagen bastante distinta a la habitual.

- Así que esta es la célebre garganta encantada de Yomikage... -Murmuró mientras observaba las paredes.- Admito que esperaba, al menos, un castillo abandonado.

Extendió ligeramente los brazos y realizó una pequeña reverencia hacia la niebla.

- Conde Kuroto Dracuchiha, a vuestro servicio. -Nadie respondió.- Qué público tan desagradable.

Continuó caminando. Los testimonios que había escuchado antes de llegar coincidían bastante. Viajeros y habitantes aseguraban oír voces procedentes de la garganta, algunas repitiendo palabras que acababan de pronunciar y otras diciendo cosas completamente distintas. Un par de personas juraban haber escuchado incluso sus propios nombres. Kuroto pisó una piedra suelta. El sonido rebotó entre las paredes. Una vez. Dos. Tres. Normal. Se aclaró la garganta.

- Mortales de Yomikage, vuestro señor de la noche ha llegado.

La frase viajó por el desfiladero.

- ...ha llegado.

Otra repetición apareció desde más adelante.

- ...ha llegado.

Kuroto sonrió.

- Excelente acústica.

Entonces llegó una tercera voz.

- No deberías estar aquí.

Se detuvo. El silencio volvió de golpe. Kuroto giró lentamente la cabeza, dejando que la capa acompañara el movimiento con toda la dignidad que aquella situación merecía.

- Oh. -Miró hacia la niebla.- Eso ha sido bastante mejor.

No había nadie. Permaneció unos segundos escuchando, intentando localizar el origen. La voz no parecía proceder de un punto concreto. Había rebotado entre las paredes hasta extenderse por toda la garganta. Kuroto siguió avanzando.

- Adelante, espíritu atormentado. Sorpréndeme.

Un susurro apareció detrás.

- Kuroto...

Esta vez se giró con mayor rapidez. Nada. Solo vapor desplazándose lentamente sobre las piedras. Su sonrisa disminuyó un poco.

- Conde Kuroto Dracuchiha para ti.

No hubo respuesta. Aquello sí resultaba interesante. Ningún eco podía repetir un nombre que él no había pronunciado desde que había entrado en la garganta. Alguien lo observaba. Continuó sin activar el Sharingan. Todavía no había nada que justificara recurrir a él, y además aquella investigación estaba empezando a resultar demasiado entretenida como para arruinarla enseguida. Poco después encontró varias marcas recientes sobre una pared. Cerca del suelo había también un pequeño trozo de cuerda húmeda. Kuroto lo recogió entre dos dedos.

- Qué decepción. Cuerdas. -Lo dejó caer.- Esperaba sangre.

Más adelante, el camino se dividía. El sendero principal continuaba hacia el norte, mientras una abertura estrecha descendía hacia una zona donde el vapor era mucho más espeso. Entonces volvió la voz.

- Por aquí...

Kuroto miró hacia la abertura.

- Naturalmente.

La voz insistió.

- Por aquí...

- Sí, sí. Ya voy. Los muertos actuales no tienen paciencia.


Se agachó antes de avanzar y examinó el suelo. Había viejas marcas sobre el barro y profundos surcos que descendían hacia el paso lateral, demasiado deteriorados para saber cuánto tiempo llevaban allí. Descendió. El aire cambió casi de inmediato. El calor procedente de las aguas termales desapareció y fue sustituido por un frío extraño que nada tenía que ver con la temperatura exterior. Las paredes estaban cubiertas de musgo y pequeñas gotas resbalaban por la piedra. El sendero terminaba en una cavidad natural. Kuroto entró.

- Has tardado.

La voz surgió detrás de él. Se giró. Vacío.

- Has tardado...

Ahora desde la izquierda.

- Has tardado...

Después desde la derecha.

- Sí, eso ya lo habéis dicho.

Esta vez el eco no respondió. La niebla comenzó a deslizarse hacia el centro de la cavidad. Kuroto dejó de sonreír. Varias siluetas aparecieron entre el vapor. Primero parecían simples sombras proyectadas contra la roca, pero poco a poco adquirieron forma humana. Rostros pálidos, cuerpos translúcidos y ropas antiguas cubiertas de barro. Cinco. Quizá seis. Una mujer mantenía ambas manos alrededor de su garganta. Un anciano permanecía encorvado. Cerca de ellos, la figura de un niño observaba a Kuroto sin parpadear.

- Bueno...

Kuroto abrió ligeramente los brazos.

- Ahora sí estamos hablando.

Las figuras avanzaron.

- Frío...

La palabra se multiplicó por toda la cavidad.

- Frío...

- Frío...

Decenas de voces repitieron lo mismo. Después llegó otra.

- Ayúdanos.

Kuroto observó alrededor. Detrás de los espíritus distinguió restos de madera entre las piedras. Se acercó lentamente y descubrió lo que parecía haber sido un antiguo carro, aplastado por un desprendimiento ocurrido muchos años atrás. Debajo había huesos. El humor desapareció de su rostro. Comprendió entonces lo que estaba escuchando. No eran simples ecos. Eran las últimas palabras de aquellas personas.

- Ayúdanos.

- No puedo respirar.

- Está oscuro.

- No me dejes.

Las frases se repetían una y otra vez, atrapadas entre las paredes como si la propia garganta se negara a olvidarlas. Kuroto encontró cerca de los restos un pequeño altar destrozado. Varias tablillas funerarias yacían esparcidas entre las piedras, algunas partidas y otras cubiertas por barro. Una figura apareció frente a él. La mujer.

- Olvidados...

Kuroto bajó la mirada hacia las tablillas.

- Ya veo.

Se quitó la capa y la dejó sobre una roca.

- Bien. Conde Kuroto Dracuchiha, señor de la noche, azote de los vivos y, aparentemente, encargado funerario.

Comenzó a retirar piedras. No podía sacar todos los restos de allí por sí mismo, pero sí reconstruir el pequeño altar. Limpió las tablillas, reunió los fragmentos y colocó los huesos que habían quedado dispersos cerca del lugar donde descansaba el antiguo carro. Mientras trabajaba, las voces siguieron resonando. Cada vez más despacio. Kuroto encontró finalmente una tablilla prácticamente enterrada bajo una roca. Cuando la levantó, las figuras reaccionaron al mismo tiempo. El eco rugió. La garganta entera pareció despertar.

- ¡NO NOS DEJES!

Las sombras se abalanzaron hacia él. Kuroto sostuvo la tablilla con fuerza.

- ¡Silencio!

Su voz resonó con suficiente autoridad como para imponerse durante un instante. Las figuras se detuvieron. Kuroto colocó la última tablilla sobre el altar. Después tomó varias ramas secas, improvisó una pequeña ofrenda y encendió una llama frente a los nombres. No conocía ningún ritual especial para exorcizar muertos. Pero quizá no necesitaban uno. Quizá solo necesitaban que alguien los encontrase. Kuroto inclinó la cabeza.

- Habéis sido escuchados.

Las voces cesaron.

- No volveréis a permanecer olvidados en esta garganta. Informaré en Yomikage. Recuperarán vuestros restos y recibiréis el entierro que debisteis tener hace mucho tiempo.

Las figuras comenzaron a desvanecerse. La mujer fue la última. Antes de desaparecer, realizó una leve reverencia. Kuroto respondió de la misma forma.

- Descansad, mortales.

La niebla se disipó. El frío desapareció. Por primera vez aquella noche, la garganta quedó completamente silenciosa. Kuroto recuperó su capa y emprendió el regreso. Ya casi había alcanzado el sendero principal cuando una última voz llegó desde la profundidad.

- Gracias... Conde Kuroto.

Se detuvo. Una sonrisa apareció lentamente bajo los colmillos.

- Dracuchiha.

Esperó. Nada. Kuroto asintió satisfecho.

- Mucho mejor.

Y continuó caminando hacia Yomikage.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Masashi Kishimoto
Enlace al Post
17-10-2026, 09:35 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión Rango C Autonarrada] El eco de la garganta (TID 15195)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: C
  • Kuroto Uchiha — Autor (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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