![[Imagen: 4e26y8u.jpeg]](https://i.imgur.com/4e26y8u.jpeg)
El hedor a tripas de pescado en descomposición y salmuera rancia impregnaba el ambiente del almacén número cuatro de Kirigakure, transformándolo en un entorno verdaderamente sofocante. Las olas de la marea matutina golpeaban con furia constante contra los cimientos del puerto comercial, y con cada embestida del mar, el nivel del agua dentro de la bodega subía de forma alarmante. La situación en el muelle de la zona comercial había escapado por completo de todo control humano ordinario, convirtiéndose en una pesadilla logística y sanitaria que amenazaba con destruir la economía del lugar.
El suelo de la bodega se había transformado en un estanque negro, denso y viscoso donde flotaban toneles reventados y cajas de madera hechas pedazos. Los cabos de grueso cáñamo y las redes de pesca abandonadas, totalmente deshilachadas y atascadas en el fondo, bloqueaban el drenaje principal del recinto. Esta obstrucción submarina no solo impedía la salida del flujo hídrico, sino que se había convertido en el nido perfecto para una plaga abrumadora de cangrejos carroñeros del fango. Atraídos por la materia orgánica en pudrición, cientos de estos crustáceos abarrotaban las vigas anegadas y el cieno acumulado, produciendo un chasquido metálico e incesante con sus tenazas pesadas que resonaba contra las paredes de pino salado.
El pánico se había apoderado por completo de la cuadrilla de trabajadores. Los hombres intentaban en vano retirar los escombros y desatascar las rejillas utilizando largas varas de madera y ganchos de hierro, pero la maraña resultaba impenetrable.
—¡Tiren con fuerza del cabo principal, maldita sea! ¡El agua nos va a llegar a la cintura! —gritó el capataz, limpiándose el sudor salobre del rostro con un trapo mugriento.
—¡No podemos, patrón! —respondió uno de los cargadores, soltando el bichero entre temblores mientras retrocedía torpemente. —¡Las redes están atrapadas en los pilotes del fondo y los cangrejos se abalanzan en cuanto metemos la vara! ¡Es imposible sin cortar todo bajo el cieno!—
Cada intento fallido de tirar de los cabos solo conseguía liberar borbollones de gas metano de las profundidades del agua, aumentando el hedor insoportable. En la plataforma superior del altillo, el comerciante Muramasa contemplaba el desastre con desesperación absoluta. El agua salobre amenazaba con alcanzar los soportes de la segunda planta, donde se custodiaba un valiosísimo cargamento de salazón del que dependía toda su inversión de la temporada.
—¡No se atrevan a huir, pedazo de cobardes! —bramó Muramasa, sujetándose con fuerza a la barandilla de la estancia. —¡Si el drenaje no se despeja antes de la marea alta, la estructura entera cederá y perderé la mercancía! ¡Les pagaré el doble, pero limpien ese maldito fondo!—
—¡Ni por el triple de paga me quedo a morir sepultado aquí, Muramasa! —replicó el capataz, arrojando su linterna de aceite al suelo antes de encabezar la huida hacia la salida del puerto comercial.
Los pocos jornaleros que aún permanecían en el lugar terminaron por ceder ante el miedo, huyendo en tropel para ponerse a salvo de la crecida. La fuerza bruta de los campesinos resultaba insuficiente ante la magnitud de la inundación. La angustia en el recinto era total y la ruina parecía inevitable. La bodega requería urgentemente la intervención de la destreza shinobi y así despejar el canal de filtración y erradicar la plaga en cuestión de minutos antes de que el mar reclamara la estructura por completo. Muramasa salió de ese recinto y se quedo afuera fumando un cigarrillo.
![[Imagen: uYoQ0If.jpeg]](https://imgur.com/uYoQ0If.jpeg)