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[Misión E] Polvo, formol y huesos viejos
Noa Kaguya
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza40(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud11
Velocidad13
Tenketsu9
Sigilo9
350
340
Enlace al Post
14-10-2026, 06:01 PM
El hedor dulzón y punzante del formol competía sin éxito contra el humo áspero del tabaco barato que se desprendía de las comisuras de Noa. Había apagado el cigarrillo hacía apenas unos minutos contra la suela de su sandalia antes de bajar las escaleras hacia el nivel subterráneo del hospital de Kirigakure, pero el rastro de ceniza seca seguía adherido a su ropa y a su piel pálida como una segunda sombra. Caminaba con las manos hundidas en los bolsillos, arrastrando los pies con una parsimonia estudiada mientras sus ojos de un azul profundo recorrían las paredes desconchadas por la humedad y las hileras interminables de estanterías metálicas oxidadas.

Mandar a un Kaguya a limpiar un depósito de huesos. Alguien en la oficina de asignaciones debe sentirse terriblemente ingenioso hoy.

La sonrisa que curvaba sus labios era ligera, casi perezosa, desprovista de cualquier rastro de fastidio real. A sus diecinueve años, después de haber escuchado un centenar de sermones solemnes sobre el honor marcial de su linaje y las estatuas de calcio de sus antepasados, terminar en el sótano de la morgue clasificando despojos ajenos le parecía una comedia de primer nivel. El médico de guardia que le había entregado la tablilla del inventario arriba —un hombre de ojeras marcadas cuyo nombre Noa había olvidado a los tres segundos exactos de escucharlo, quedándose únicamente con que tenía una mancha de café en la solapa— le había advertido con tono severo que no tocara los frascos sellados con cera roja. O tal vez le había dicho que esos eran precisamente los que debía bajar al tercer estante.

Noa ladeó el rostro, dejando que un par de mechones negros se deslizaran sobre su clavícula mientras rozaba el aro metálico de su labio inferior con la yema del pulgar. Frente a él se apilaban media docena de cajas de madera repletas de instrumental quirúrgico obsoleto, vendas húmedas que ya no servían ni para limpiar el suelo y tarros de cristal turbio donde flotaban muestras anatómicas de procedencia dudosa. Al fondo, sobre una mesa de acero inoxidable manchada por los años, descansaban varias cajas abiertas con restos óseos sin catalogar: fémures astillados, costillas amarillentas y cráneos con fisuras antiguas que probablemente pertenecieron a ninjas o civiles que nadie se molestó en reclamar.

—Veamos qué tenemos por aquí... —murmuró para sí mismo en el silencio sepulcral del sótano, con ese tono seco y cantarin que solía crispar los nervios de sus instructores—. Si alguno de ustedes tiene quejas sobre el servicio de mudanza, hable ahora o calle para siempre.

Sin esperar respuesta de los muertos, tomó la primera caja de suministros quirúrgicos. Sus sentidos, más agudos de lo que su postura desgarbada dejaba entrever, captaron al instante el crujido de la madera podrida bajo sus dedos antes de que el fondo cediera por completo. Con un movimiento fluido de muñeca, Noa inclinó el cajón contra su cadera y lo deslizó hasta la estantería lateral antes de que un alud de bisturíes oxidados y pinzas melladas terminara esparcido por las baldosas frías.

El trabajo físico era monótono, un trámite burocrático disfrazado de labor comunitaria para pagar unas cuantas monedas que, con total seguridad, cambiarían de manos esa misma noche en alguna mesa de dados clandestina cerca del puerto. Durante la primera media hora se limitó a despejar el pasillo central, apilando los cajones pesados en las esquinas indicadas y pasando una escoba de cerdas duras sobre el polvo acumulado mezclado con salitre seco. Cuando llegó el turno de las muestras anatómicas y los restos óseos, el aburrimiento empezó a picarle en las manos.

Se detuvo frente a la mesa de acero, observando un par de rótulas y falanges sueltas dentro de una bandeja metálica. Con un leve chasquido húmedo apenas audible en la quietud de la morgue, la piel de la yema de su propio dedo índice derecho se abrió un milímetro, dejando brotar una diminuta falange de calcio blanquecino, inmaculado y denso, que Noa desprendió con naturalidad para empezar a hacerla girar entre sus nudillos como si fuera una moneda de cobre. La diferencia entre sus propios huesos vivos y aquellos restos quebradizos y porosos sobre la bandeja era casi risible.

Tomó las etiquetas de papel adesivo que el médico le había dejado sobre el mostrador y comenzó a pegarlas en las cajas de restos óseos siguiendo un criterio puramente estético. Como no recordaba si el código numérico iba por fecha de ingreso o por tipo de fractura, optó por alinear los frascos del más grande al más pequeño, asegurándose de que la letra quedara prolija y convincente a simple vista. Para cuando terminó de fregar la superficie de acero con desinfectante y apilar el último cajón junto a la puerta de salida, el sótano lucía un orden impecable que ningún inspector con sueño se detendría a cuestionar en detalle.

Guardó la pequeña falange de calcio en el bolsillo de su pantalón, recogió la tablilla de madera y subió las escaleras de regreso al pasillo principal del hospital, buscando con la mirada al doctor de la mancha en la bata para cobrar su firma y largarse a buscar algo decente que fumar.
Masashi Kishimoto
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14-10-2026, 07:18 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión E] Polvo, formol y huesos viejos (TID 15182)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: E
  • Noa Kaguya — Autor (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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