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[Misión Autonarrada - Rango D] Sustituto por un Día
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
510
505
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04-10-2026, 09:46 PM
Verano 39 del Año 150
Konohagakure no Sato – Academia Shinobi
Petición de la Misión

La Academia Shinobi seguía teniendo prácticamente el mismo aspecto que recordaba. No era de extrañar: había pasado buena parte de los últimos cinco años allí. Aun así, recorrer aquellos pasillos con el protector ninja ya en mi poder se sentía un poco diferente.

Cuando llegué a Konoha, había tenido que aprender muchas cosas a toda velocidad. No solamente todo lo relacionado con ser un shinobi. Incluso conceptos que para los demás estudiantes parecían completamente normales podían resultar nuevos para mí. Había materias que nunca había estudiado, normas que desconocía y un montón de información que los demás habían aprendido durante años mientras yo intentaba ponerme al día. Por eso, durante una temporada, algunos profesores tuvieron que darme clases aparte.

Todavía recordaba aquellas lecciones. No eran precisamente divertidas. Tampoco había olvidado cuántas veces tuvieron que explicarme lo mismo antes de que por fin lograra entenderlo.

– ¡Ashida!

Giré la cabeza. Un hombre de mediana edad acababa de salir de una de las aulas y se había quedado mirándome con cierta sorpresa. Tardé un par de segundos en reconocerlo.

– ¡Ah! – Lo señalé. – ¡Tú eras profesor!

No era precisamente la mejor forma de saludar a alguien, pero el hombre pareció reconocerme de inmediato.

– Veo que sigues teniendo la misma memoria para los nombres. – Dijo con resignación.

– ¡Me acuerdo de las caras y el olor! – Respondí, despreocupado.

– Eso no es lo mismo.

– Para mí sí.

El profesor soltó una risa breve y se acercó.

– Así que finalmente lo conseguiste.

Miré mi protector ninja. Por alguna razón, sus palabras me hicieron sonreír.

– Sí. Soy genin.

– Lo sé. Algunos profesores ya me lo habían comentado.

Arqueé una ceja. No esperaba que siguieran hablando de mí.

– ¿En serio?

– Claro. Después de tantos años siguiéndote de cerca, era difícil no enterarse.

Me rasqué la mejilla. Cinco años... Tampoco sentía que hubiese pasado tanto.

– Bueno... al final lo conseguí. – Dije, algo sonrojado.

– Y parece que te has adaptado bastante bien.

Sonreí. Me gustó oír eso.

Después de intercambiar unas palabras, le expliqué el motivo de por qué estaba allí: un instructor necesitaba ausentarse durante unas horas y me habían pedido que vigilara a un grupo de alumnos mientras realizaban un ejercicio sencillo.

El profesor soltó una pequeña carcajada.

– ¿Tú vas a encargarte de ellos? – Preguntó, incrédulo.

– Sí. – Respondí. – "¿Qué tiene de divertido?"

– Entonces espero que tengas más paciencia que cuando eras estudiante. – Bromeó.

– ¡Eh!

Antes de que pudiera defenderme, varias voces llegaron desde el aula.

– ¿Ya llegó el sustituto?

– ¿Quién es?

– ¡Es un genin!

– ¡Tiene el pelo rosa!

– ¡Yo lo he visto antes!

Giré la cabeza hacia la puerta. Varios niños estaban asomándose por ella, mirándome con una curiosidad que no intentaban disimular en absoluto. Algunos parecían pequeños, quizá de los primeros años de la Academia; otros eran un poco mayores.

Uno de ellos me señaló directamente.

– ¡Es Ashida! – Exclamó, para mi sorpresa.

– ¿Lo conoces? – Preguntó otro.

– ¡No! Pero he escuchado hablar de él.

– ¿Qué has escuchado?

– Que quema cosas.

Me tembló una ceja mientras el profesor volvía a reirse.

– ¿Por qué saben eso...?

El profesor me dio unas palmaditas en la espalda, divertido.

– Los rumores corren rápido por aquí.

Me acerqué a la puerta y varios de los niños retrocedieron un poco. No parecían asustados; más bien, trataban de decidir si podían acercarse o si debían esperar a que yo les dijera algo.

– ¿Qué pasa? – Pregunté, mirándolos con extrañeza.

Ellos guardaron silencio. Miré a uno y después a otro, hasta que finalmente uno levantó la mano.

– ¿De verdad sabes usar fuego?

– Sí.

Otra mano se alzó.

– ¿Puedes hacer una bola de fuego?

– Sí.

– ¿Y es grande?

– Puede serlo.

Una tercera pregunta no tardó en llegar.

– ¿Has hecho misiones?

– Sí.

– ¿Y has peleado contra otros ninjas?

– A veces.

– ¿Y has ganado?

– Uhum...

Un último niño levantó la mano.

– ¿Y has perdido?

Me quedé callado un instante.

– A... ¿A qué vienen tantas preguntas? ¡Por supuesto que no! – Dije, sin saber muy bien qué responder.

El profesor aprovechó el momento para llamar la atención de todos y explicarles qué haríamos durante las siguientes horas. El ejercicio consistía en una serie de prácticas sencillas en el patio de entrenamiento. Los alumnos tendrían que seguir instrucciones básicas, trabajar en equipo y completar un pequeño circuito en el que debían recoger varios objetos y llevarlos hasta un punto determinado.

Nada especialmente complicado.

En teoría.

Una vez que el profesor terminó la explicación, me dio algunas indicaciones, se despidió y salió del aula. Por fin, me había dejado a cargo.

Esperé unos segundos. Miré a los niños; ellos me miraron a mí.

– Bueno... – Me llevé las manos a las caderas. – ¡Vamos a intentar que nadie termine con un brazo roto! ¿De acuerdo?

Algunos se rieron.

– ¡Sí!

Sonreí, parecía sencillo.

Cuando salimos al patio, el ejercicio empezó bastante bien. Los alumnos se dividieron en grupos y comenzaron a recorrer el circuito. Algunos entendieron las instrucciones enseguida; otros necesitaron un par de recordatorios para dejar de discutir sobre quién debía recoger cada objeto. No tardé en descubrir que mantenerlos concentrados iba a ser más complicado de lo que parecía.

– ¡Oye, no empujes! – Le reclamé a uno.

– ¡Pero él se estaba adelantando!

– ¡Pues déjalo!

– ¡Eso no vale!

Me llevé una mano a la frente.

– ¿Por qué siento que ya he vivido esto? – Murmuré. Estaba repitiendo las mismas cosas que me decían mis tutores.

Los niños soltaron algunas risas.

Por suerte, la situación no llegó a descontrolarse. Hubo un pequeño incidente cuando uno de los alumnos, demasiado emocionado por terminar primero, salió corriendo de la zona marcada. Tropezó al intentar girar y estuvo a punto de caer de cabeza. Me moví antes de que llegara al suelo y lo sujeté por la parte de atrás de la ropa. Lo sostuve hasta que recuperó el equilibrio.

El niño parpadeó.

– ¿Estoy fuera? – Preguntó.

– Sí. – Respondí, poniendo mi mejor cara seria.

– ¿Perdí?

– No.

– ¿Entonces puedo seguir?

– Solo si miras por dónde corres.

El niño asintió rápidamente y volvió con su grupo. Aproveché entonces para reunir a todos durante un momento.

– Escuchen. No importa quién termine primero. Si alguien se distrae o sale del circuito, todo el equipo falla. Así que presten atención y ayúdense entre ustedes. – Expliqué, intentando recordar las palabras que me había dicho el profesor la primera vez que hice esta actividad.

Los niños se miraron. Uno de ellos levantó la mano.

– ¿Entonces tenemos que trabajar juntos?

– Exactamente.

La siguiente ronda salió mucho mejor. Los alumnos comenzaron a avisarse entre ellos cuando alguno iba demasiado rápido, esperaron a quienes se quedaban atrás y se repartieron las tareas sin discutir tanto. Incluso el niño que había salido corriendo terminó ayudando a otro a recoger uno de los objetos.

Cuando el último grupo completó el circuito, todos alzaron los brazos. La actividad había terminado. No había sido precisamente complicada, pero parecía que habían entendido bien el objetivo.

– ¿Y aprobamos? – Me preguntó uno de repente.

– Ehh... – Titubeé. ¿Tenía que anotar los resultados? ¡Nadie me había dicho eso! – Eso tendrá que decidirlo su profesor... – Me excusé, mirando hacia otro lado.

– ¡Pero tu estabas a cargo! – Protestó.

– ¡Pero yo no soy profesor!

El niño hizo un puchero y volvió con sus compañeros. Después de recoger los materiales y asegurarme de que nadie se hubiera hecho daño, acompañé a los alumnos de vuelta al aula. El profesor regresó poco después. Miró a los niños, luego los materiales y, por último, a mí.

– ¿Todo está en orden? – Preguntó, visiblemente sorprendido.

– ¿Sí...? – Respondí, arqueando una ceja. – "¿Acaso no confiaba en mí?"

Algunos de los niños empezaron a hablar bien de mí entonces. Contaron lo del compañero que casi se cayó y cómo lo había atrapado a tiempo, además de lo divertida que había sido la actividad. El profesor sonrió al escucharlos.

– Entonces parece que la misión ha sido un éxito. ¿Quién lo diría? – Dijo, y me dio un par de palmadas en el hombro. – Hasta los cabezas duras pueden madurar. Estoy orgulloso.

– "¿Se supone que eso es un cumplido?" – Le miré con una sonrisa sarcástica.

Luego miré a los niños. Habían sido ruidosos, inquietos y bastante más difíciles de controlar de lo que esperaba, pero habían terminado el ejercicio sin problemas. Y, de alguna manera, aquello me hizo recordar mis propios años en la Academia.

Cuando llegué a Konoha, era yo quien necesitaba que los profesores se detuvieran a explicarme las cosas una y otra vez. Ahora, cinco años después, acababa de pasar la mañana ayudando a otros alumnos a aprender algo. No estaba nada mal.

Me despedí de los alumnos y, por fin, salí del aula. Antes de marcharme, eché un último vistazo a los pasillos de la Academia, que había recorrido tantas veces durante aquellos cinco años. A simple vista, nada había cambiado: el lugar seguía igual, y yo, en el fondo, también. Pero ahora llevaba un protector ninja, era capaz de controlar parcialmente mis llamas y acababa de completar una misión sin que ocurriera ningún desastre.

Sonreí, me estiré y eché a andar hacia la salida. Mi encargo había terminado.
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
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Masashi Kishimoto
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05-10-2026, 11:08 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión Autonarrada - Rango D] Sustituto por un Día (TID 15054)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Natsu — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Madara
Rango Genin
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05-10-2026, 11:08 AM
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