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[Autonarrada C] Escolta Mercantil
Rin to Rei
Rango Chuunin
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28-09-2026, 01:39 PM
Última modificación: 28-09-2026, 01:50 PM por Rin to Rei.
Petición de Misión

La solicitud no prometía gloria, secretos militares ni una recompensa capaz de cambiar la vida de nadie. Un mercader llamado Takashima debía viajar desde Kirigakure hasta el País de las Olas, recoger una mercancía de escaso valor y regresar con ella. La administración consideraba improbable que alguien organizara una operación seria para robarle rollos de lona, cajas de clavos, cuencos de cerámica, mechas para lámparas y paquetes de algas secas. Sin embargo, la distancia bastaba para sacarlo de la protección directa de la aldea, y en el mar hasta una carga barata podía parecer valiosa para quien no tuviera nada. Rin y Rei aceptaron la misión sin discutir su rango. La primera leyó dos veces la ruta señalada; la segunda se detuvo más en el nombre del cliente y en la nota escrita junto a él: «Tiene conocimientos básicos de defensa, pero no debe confundirse eso con competencia para combatir».

<Eso parece una advertencia redactada después de conocerlo>

Rin dobló el documento por la mitad y se lo guardó antes de ponerse en marcha.

<Significa que no debemos dejarlo intentarlo>

La respuesta acompañó sus primeros pasos hacia el puerto, tan seca como práctica. Rei caminó a su lado, imaginando ya a un hombre que blandía una balanza como arma mientras defendía sus mercancías. No consiguió arrancarle a su hermana ninguna especulación adicional. Para Rin, la misión se reducía a tres objetivos: llevar al mercader hasta el País de las Olas, protegerlo mientras recogía la carga y devolverlo a Kirigakure. Todo lo demás eran circunstancias que tendrían que ordenar cuando aparecieran.

Takashima las esperaba junto a una embarcación de casco ancho y vela única llamada Aguja de Mar. Era un hombre próximo a los cincuenta años, de espalda ligeramente encorvada y barba recortada con un cuidado que su ropa de viaje no compartía. Llevaba una chaqueta impermeable color mostaza, un bolso cruzado sobre el pecho y un bastón corto cuyo mango ocultaba, según explicó antes incluso de saludarlas, una hoja estrecha. No parecía avergonzado por necesitar escolta. Parecía molesto por tener que incluirla dentro de sus gastos. A su lado, tres fardos vacíos, una docena de cajas de embalaje y varios rollos de cuerda aguardaban la mercancía que todavía se encontraba al otro lado del mar.

<Dos kunoichi. Bien. Me dijeron que mandarían a alguien capaz, pero no especificaron cuántas raciones tendría que añadir al presupuesto>

Rei observó primero al hombre y después las cajas vacías.

<Puede descontarlas de lo que habría perdido viajando solo>

Takashima abrió la boca, hizo un cálculo silencioso y la cerró sin ofrecer una réplica inmediata. Rin aprovechó el intervalo para rodear la embarcación. Revisó el amarre, la altura de la borda, el acceso a la pequeña bodega y los objetos que podrían entorpecer un combate sobre cubierta. No sabía navegar y no fingía lo contrario, pero sí reconocía un espacio donde alguien podía ocultarse, una cuerda capaz de inmovilizar un tobillo o una caja mal asegurada que se convertiría en proyectil con el primer movimiento brusco.

La capitana de la Aguja de Mar se presentó como Hanae. Era una mujer baja, de brazos endurecidos por años de maniobrar cabos y una voz que parecía haber aprendido a atravesar tormentas antes que conversaciones. Su único tripulante era Genzō, un marinero anciano que respondía a cualquier instrucción con un gruñido distinto y que, según ella, podía distinguir seis significados en cada uno. Hanae no mostró entusiasmo ante la presencia de shinobi en su cubierta, aunque tampoco desconfianza. Les señaló dónde podían sentarse, dónde no debían estorbar y cuál era la única cubeta que nadie debía confundir con un asiento.

<En mi barco mando yo mientras el problema sea el mar. Si el problema lleva cuchillo, pasa a ser de ustedes>

<Un reparto bastante razonable>

Rei inclinó la cabeza hacia Takashima.

<¿Y qué hará él si el problema lleva un libro de cuentas>

<Cobrarle intereses> respondió el mercader, y aquella fue la primera frase suya que consiguió que Rei sonriera sin provocarlo deliberadamente.

Antes de zarpar, las hermanas establecieron con Takashima reglas sencillas. Permanecería donde alguna de ellas pudiera verlo. No abandonaría la embarcación en el País de las Olas sin avisar. Si Rin le ordenaba agacharse, lo haría antes de preguntar por qué; si Rei le pedía información, respondería completa y no solo con la parte que considerara conveniente para el negocio. Takashima intentó explicar que sabía defenderse y tocó el mango de su bastón. Rin sostuvo su mirada el tiempo suficiente para que retirara la mano sin desenvainarlo. No necesitó discutir la utilidad de una hoja oculta contra piratas o ninjas.

<Úsela solamente si llegamos a fallar>

<Eso no suena especialmente tranquilizador>

<Debería tranquilizarlo que ella no planea fallar>

La Aguja de Mar abandonó el puerto con la marea favorable. Kirigakure se desdibujó tras la neblina hasta convertirse en una franja oscura, interrumpida por las siluetas de torres y embarcaciones mayores. Rin permaneció cerca de proa, con un pie adelantado y el cuerpo preparado para compensar el balanceo. No le gustaba que el suelo decidiera moverse por cuenta propia, pero adaptó la postura sin quejarse. Rei se instaló cerca de Takashima, no por comodidad, sino porque aquel era el momento más sencillo para averiguar si el mercader había omitido algún detalle capaz de transformar una misión ordinaria en otra cosa.

El interrogatorio comenzó como una conversación. Rei le preguntó cuánto tiempo llevaba comerciando con el País de las Olas, quién preparaba la mercancía, quién conocía la fecha de recogida y por qué había solicitado escolta aquella vez si ya había completado antes el trayecto. Takashima respondió mientras revisaba tres copias del mismo inventario. Llevaba once años comprando excedentes a pequeños talleres y cooperativas; la carga la preparaba un almacenista llamado Sadao; conocían la fecha él, Sadao, Hanae y el funcionario que registró la salida. Había pedido protección porque dos mercaderes regresaron recientemente con historias sobre robos cerca de las rutas secundarias. Uno perdió arroz y herramientas. Al otro solo le quitaron combustible, botas y una campana de bronce.

<No atacan por lo que vale mucho. Atacan por lo que pueden vender antes de que alguien lo reconozca>

Rei dejó de sonreír. Aquello convertía una carga modesta en una presa razonable.

<¿Alguno viajaba en esta embarcación>

<No. Pero ambos utilizaron barcos pequeños, con poca tripulación y rutas parecidas>

Desde proa, Rin escuchó sin volverse. Sus ojos continuaron recorriendo el horizonte, las olas y las zonas donde la niebla reducía la visibilidad. El peligro ya no dependía de que alguien conociera específicamente a Takashima. Bastaba con que la Aguja de Mar pareciera fácil de abordar. La presencia de dos kunoichi podía disuadir a observadores cuidadosos, pero no a quienes las descubrieran demasiado tarde ni a quienes confundieran juventud con falta de experiencia. Rin acomodó discretamente el Kōketsu sobre su mano y comprobó la salida de la cadena con el pulgar.

Durante las primeras horas no encontraron más que barcos pesqueros, boyas de señalización y aves que acompañaban la estela esperando desperdicios. Rei aprovechó la calma para revisar con Takashima el plan en tierra. El almacén se encontraba a poca distancia del muelle principal de una población costera del País de las Olas. Hanae permanecería en el barco junto con Genzō. Rin y Rei escoltarían al mercader hasta el depósito, comprobarían el lugar y acompañarían el traslado de la carga. Takashima esperaba completar el intercambio antes del anochecer y emprender el regreso con la primera marea de la mañana.

Rin señaló el mapa extendido sobre una caja.

<Esta calle es estrecha>

<Es la ruta más corta>

<También la más fácil de cerrar>

Rei estudió los edificios dibujados alrededor.

<Usaremos la avenida del mercado a la ida. Si alguien quiere saber adónde vamos, lo descubrirá de todos modos cuando carguemos medio almacén. A la vuelta alternaremos los carros y no entraremos juntos en un callejón>

Takashima calculó la diferencia de distancia utilizando el borde de una moneda.

<La avenida añade once minutos si hay tránsito>

<Añade once minutos vivos>

El mercader guardó la moneda.

<Anotaré que la ruta segura tiene un coste de once minutos>

Rei miró a su hermana de reojo.

<Le agradas>

<No>

La respuesta fue tan inmediata que Takashima soltó una breve risa antes de fingir que había tosido. El sonido alivió parte de la rigidez del viaje, pero Rin no relajó la vigilancia. Cerca del mediodía divisó una vela baja que se mantenía a distancia, demasiado pequeña para ser un carguero y demasiado constante para un pescador concentrado en sus redes. La señaló sin levantar la voz. Rei siguió la dirección y distinguió una embarcación angosta con tres figuras. No se acercaba, aunque corregía el rumbo cada vez que Hanae lo hacía.

Hanae comprobó el viento y ordenó a Genzō ajustar la vela. La Aguja de Mar cambió ligeramente hacia una zona de corrientes más rápidas. El barco distante imitó parte de la maniobra, pero no toda. Durante veinte minutos permaneció visible entre bancos de niebla; después viró hacia el este y desapareció. Takashima intentó convencerse de que solo eran pescadores. Rei no le respondió con una acusación que todavía no podía demostrar. Memorizó el color remendado de la vela, el perfil elevado de la proa y el ritmo irregular de uno de los remos.

<Quizá pescaban> dijo finalmente, manteniendo la vista en el lugar vacío.

<Y quizá les interesó demasiado saber hacia dónde viajábamos. No cambiaremos el plan por una sospecha, pero tampoco la olvidaremos>

Rin permaneció en proa hasta que la costa del País de las Olas comenzó a definirse. Sus hombros solo perdieron parte de la tensión cuando aparecieron edificios, muelles y suficientes embarcaciones para dificultar que un perseguidor eligiera un acercamiento limpio. No confundía población con seguridad. Un puerto ofrecía testigos, pero también escondites, rutas de huida y cientos de rostros imposibles de recordar. Al aproximarse al embarcadero asignado, localizó tres accesos a la zona, dos tejados adecuados para vigilar y un cobertizo cuya puerta entreabierta no permitía comprobar el interior.

Hanae atracó sin incidentes. Genzō aseguró los cabos mientras Takashima ajustaba el bolso contra su pecho y comprobaba por tercera vez que llevaba los documentos de compra. Rin descendió primero. Revisó el espacio inmediato, miró debajo de la pasarela y esperó a que Rei alcanzara el muelle antes de permitir que el mercader bajara entre ambas. Nadie intentó acercarse. Los trabajadores continuaron descargando pescado, madera y sacos; algunos observaron los guanteletes de las hermanas, pero apartaron la mirada en cuanto Rin los sorprendió haciéndolo.

El camino por la avenida del mercado resultó más lento de lo que Takashima había calculado. Carretillas, vendedores y grupos de marineros ocupaban cada espacio disponible. Rei caminó junto al mercader y aprovechó el movimiento para conversar con él sin que pareciera un interrogatorio continuado. Rin se mantuvo un paso por delante, alterando la dirección antes de que la multitud pudiera separar al grupo. Cuando alguien chocaba con Takashima, Rei comprobaba inmediatamente sus manos y el cierre del bolso. Dos veces descubrió dedos demasiado próximos a los bolsillos del mercader; ambas bastaron con una mirada y una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

<¿Siempre sospechan de todo el mundo> preguntó Takashima después de que un muchacho se alejara apresuradamente.

<No. A veces sospechamos dos veces de la misma persona>

Rin se detuvo al llegar a una intersección. Un carro bloqueaba parcialmente la calle prevista y obligaba a los peatones a pasar junto a una pared sin ventanas. Examinó las ruedas, la carga cubierta y al conductor que discutía con un comerciante. Podía tratarse de un accidente común. También podía conducirlos hacia un espacio donde la movilidad de sus cadenas quedaría reducida. Indicó otra dirección sin ofrecer explicaciones. Takashima observó el desvío y luego el carro, pero esta vez no calculó los minutos en voz alta.

El almacén de Sadao ocupaba una construcción de madera oscura cerca de los canales interiores. Su fachada mostraba años de sal, lluvia y reparaciones realizadas con materiales distintos. Sadao era un hombre ancho, de manos teñidas por barniz y una ceja dividida por una cicatriz vieja. Recibió a Takashima con la familiaridad de quien llevaba demasiado tiempo esperando el pago. Su manera de hablar consistía en colocar una queja antes y otra después de cada dato útil. Según él, los cuencos estaban perfectamente embalados pese a que los artesanos no sabían apilar, la lona estaba seca pese a que el techo goteaba y los clavos eran excelentes pese a que el herrero pretendía cobrar como si cada uno llevara su firma.

<Y ustedes deben ser la razón por la que este hombre cree que ahora merece llegar entero a todas partes>

<Solo hasta Kirigakure. Después tendrá que contratar la siguiente garantía>

Mientras Rei acompañaba el intercambio, Rin recorrió el interior sin alejarse de su hermana. Las mercancías estaban distribuidas en estantes altos y plataformas elevadas para protegerlas de la humedad. Había una salida trasera cerrada con una barra, dos ventanas pequeñas y un altillo con suficiente espacio para ocultar a una persona. Rin pidió permiso para revisarlo. Sadao respondió con una protesta sobre la confianza comercial, pero terminó indicándole la escalera. No encontró a nadie arriba, solo redes viejas, cajas vacías y huellas de roedores.

El inventario coincidió casi por completo. Había doce rollos de lona basta, seis cajas de clavos y bisagras, ocho cajones de cuencos baratos, cuatro fardos de mechas, tres sacos de sal impura para curtir cuero y cinco paquetes grandes de algas secas. La diferencia era un cajón adicional que Sadao había incluido sin cobrar. Contenía piezas de cerámica con defectos de esmalte y pequeñas grietas, todavía útiles para tabernas que no exigieran uniformidad. Takashima recibió el regalo con el entusiasmo que otro hombre habría reservado para una joya.

Rei no permitió que lo cargaran sin abrirlo. Retiró parte de la paja protectora, levantó varios cuencos y revisó el fondo. No encontró armas, mensajes ni un doble compartimento. Sadao siguió cada movimiento con creciente impaciencia.

<Si alguien quisiera contrabandear algo, escogería una caja que no sonara como una cocina cayéndose por las escaleras>

<Eso diría alguien que confía demasiado en los contrabandistas>

Rin regresó del altillo y observó el contenido.

<Está limpio>

Takashima cerró el cajón con satisfacción.

<Entonces son diecisiete piezas aprovechables, nueve reparables y cuatro que puedo vender como platos para macetas>

<Ha calculado eso muy rápido>

<La supervivencia de un mercader depende de reconocer cuándo una grieta es un defecto y cuándo puede llamarse decoración>

La carga no podía trasladarse en un solo viaje sin concentrarla demasiado. Sadao proporcionó dos carros de mano y a cuatro ayudantes. Rin dividió el grupo. El primer carro llevaría la lona, las mechas y parte de la cerámica; el segundo, las piezas metálicas, la sal, las algas y el cajón adicional. Takashima quiso acompañar el carro más valioso hasta que Rei le recordó que ninguno era particularmente valioso. Finalmente caminó entre ambos, donde las hermanas podían protegerlo sin abandonar por completo la mercancía.

Antes de salir, Rei preguntó a Sadao si alguien se había interesado por aquel pedido. El almacenista negó haber hablado de él, aunque después recordó a dos hombres que visitaron el depósito la tarde anterior buscando trabajo como cargadores. No los contrató porque uno olía a licor y el otro preguntó cuánto tardaría una embarcación cargada en abandonar el puerto con marea baja. Sadao consideró la pregunta una prueba de estupidez. Rei la consideró una forma poco hábil de reconocimiento.

<Eran flacos, ropa de pescador y botas que no habían pisado un barco en semanas> añadió Sadao.

<Uno tenía una cuerda roja alrededor de la muñeca. El otro había perdido la punta de la oreja izquierda>

Rei repitió los detalles para fijarlos. Rin comprobó la calle desde la puerta. No vio ninguno de los rasgos descritos, pero localizó a una mujer apoyada contra un puesto cerrado que había pasado antes frente al almacén. Su ropa era distinta y su posición podía ser casual. Cuando Rin sostuvo su mirada, la mujer se alejó sin prisa y dobló la esquina. No bastaba para detenerla. Bastaba para elegir una ruta diferente.

El primer traslado atravesó una calle paralela a la avenida. Rin avanzó por delante del carro inicial y Rei permaneció junto a Takashima, que empujaba el segundo con ayuda de dos trabajadores. Cada cruce fue revisado antes de exponer la carga. No hubo ataques. Un grupo de niños siguió durante unos metros el sonido de la cerámica, esperando quizá que algo se rompiera; una anciana intentó comprar un rollo de lona directamente desde el carro; un perro se interesó demasiado por las algas secas. La normalidad no tranquilizó a Rin, pero permitió que la primera mitad llegara al muelle sin incidentes.

Hanae organizó la bodega con Genzō. Distribuyó el peso, colocó la cerámica lejos de las zonas más húmedas y rechazó dos veces las sugerencias de Takashima. Rei observó el barco contiguo mientras fingía ayudar con una cuerda. La vela remendada que habían visto en el mar no estaba entre las embarcaciones atracadas, aunque encontró un hilo rojo atado a una argolla del muelle. Podía pertenecer a cualquier red. Lo retiró y se lo mostró a Rin sin hacer una afirmación que no podían sostener.

<Nos observan o quieren que pensemos que lo hacen>

<En ambos casos prefiero que crean que lo hemos notado>

Rei ató el hilo rojo alrededor de un poste visible, acompañado por un nudo distinto. No era una amenaza formal ni un código real, solo una respuesta: alguien había encontrado la marca y decidido no ignorarla. Takashima preguntó qué significaba. Rei le dijo que significaba que debían terminar antes de que la marea cambiara. Esa explicación bastó para hacerlo caminar más rápido durante el segundo traslado.

La ruta de regreso al almacén permaneció despejada, pero la calle próxima a los canales había cambiado. El carro averiado ya no estaba. En su lugar, dos hombres descargaban barriles cerca de la intersección. Uno llevaba la oreja izquierda cubierta por un pañuelo pese al calor. Rin no redujo el paso ni miró directamente hacia él después de identificarlo. Tocó dos veces el costado de su Kōketsu, señal convenida para advertir a Rei sin alertar a Takashima. Rei continuó hablando sobre el inventario mientras observaba reflejos en las ventanas y charcos.

El hombre del pañuelo no los siguió. Otro sí. Una figura con sombrero de paja abandonó un puesto pocos segundos después de que las hermanas pasaran y mantuvo veinte pasos de distancia. Rei permitió que continuara hasta una zona concurrida. Luego se detuvo frente a una tienda de telas, obligando a Takashima a fingir interés por una muestra. Rin cruzó la calle, rodeó un grupo de compradores y reapareció detrás del perseguidor. El hombre la descubrió demasiado tarde. No estaba armado de forma visible y todavía no había cometido nada que justificara detenerlo.

<Deja de seguirnos>

<Voy hacia el puerto>

<Entonces llega primero>

Rin se apartó lo suficiente para ofrecerle paso. El hombre miró hacia adelante, hacia Rei y Takashima, y después nuevamente a Rin. Eligió una calle lateral. Ella no lo persiguió; volver junto al protegido era más importante que obtener respuestas de un observador menor. Cuando alcanzó a su hermana, Rei no le preguntó qué había dicho. La dirección tomada por el desconocido y el hecho de que ya no estuviera detrás respondían lo necesario.

El segundo lote estaba preparado cuando regresaron al almacén. Sadao había añadido una cubierta impermeable y colocado las cajas metálicas en el fondo del carro para que su peso estabilizara los fardos. También había reunido a los ayudantes cerca de la entrada, preocupado ahora que Rei le explicó la presencia del hombre descrito. Sus protestas se redujeron hasta desaparecer. Cerró la salida trasera, ordenó al trabajador más joven permanecer dentro y tomó un mazo de carpintero que, por la forma en que lo sostenía, no utilizaba únicamente para clavar tablas.

Rei le pidió que no saliera con ellos.

<Si buscan la carga, tener un quinto hombre alrededor del carro no impedirá que lo intenten. Si buscan información, usted puede averiguar después quién pregunta por el fracaso>

<¿Y si no fracasan>

Rin comprobó el cierre de una caja.

<Fracasarán>

Sadao miró el guantelete, la cadena oculta bajo la palma y la expresión de Rin.

<Entonces intentaré recordar qué parte de mi negocio depende de no preguntar cómo>

La segunda salida se realizó por parejas separadas. Dos ayudantes partieron primero con un carro vacío hacia la avenida, ofreciendo un movimiento fácil de detectar. Cinco minutos después, Rin, Rei, Takashima y los otros dos trabajadores salieron con la carga por una puerta lateral. No era una maniobra compleja, pero obligaba a cualquier observador a decidir con información incompleta. Rei caminó esta vez delante del mercader, atenta a quienes pudieran reconocer demasiado pronto el contenido. Rin cerró la formación y vigiló los cruces que quedaban atrás.

El engaño funcionó durante la mitad del recorrido. Cerca de un pequeño puente de piedra, un silbido atravesó la calle. Dos hombres aparecieron desde un pasaje detrás del grupo, mientras otros tres abandonaban un cobertizo frente a Rei. No vestían uniformes ni portaban protecciones adecuadas. Llevaban cuchillos de trabajo, garrotes cortos y la seguridad prestada por superar en número a unos cargadores. El hombre del pañuelo estaba entre ellos. La punta faltante de su oreja confirmó la descripción de Sadao.

Takashima llevó la mano hacia su bastón. Rin ya se encontraba a su lado cuando sus dedos tocaron el mango. Sujetó la muñeca del mercader y la descendió sin apartar la vista de los adversarios.

<Todavía no hemos fallado> La frase bastó para que Takashima soltara el arma oculta. Rei indicó a los trabajadores que dejaran el carro sin volcarlo y se colocaran contra la pared, detrás del mercader. Ninguno discutió.

El hombre de la oreja herida levantó ambas manos, aunque conservó un cuchillo entre los dedos de la derecha.

<No buscamos sangre. Dejen las cajas y sigan caminando. Las mercancías están aseguradas, ¿no>

Takashima hizo un ruido indignado. Rei se interpuso antes de que respondiera.

<La cerámica defectuosa no está asegurada. Si la quiere, puede comprársela. Él aceptará casi cualquier oferta que le permita llamarla venta>

<No estamos negociando>

<Entonces ha escogido una manera extraña de empezar diciendo lo que quiere y cuánto daño pretende evitar>

Mientras Rei mantenía la conversación, Rin contó distancias. Dos atacantes detrás, tres delante, un puente a la derecha y agua poco profunda debajo. Ninguno mostraba una bandana ninja. El más próximo sostenía el garrote demasiado alto, exponiendo las piernas; otro miraba repetidamente al hombre de la oreja, esperando una orden. No eran combatientes disciplinados. Seguían siendo suficientes para herir a los trabajadores o alcanzar a Takashima si las hermanas se alejaban demasiado.

Rei vio cambiar el peso del cabecilla antes de que bajara la mano.

<Rin>

No necesitó añadir nada. Su hermana giró hacia los dos hombres de atrás al mismo tiempo que la cadena del Kōketsu salió bajo su palma. El tramo cubierto de filos cruzó la distancia a baja altura, buscando envolver las piernas del primero sin dirigirse a una zona vital. El hombre intentó saltar, pero el espacio estrecho y la sorpresa redujeron su movimiento. La cadena rodeó un tobillo; Rin tiró y lo derribó antes de que alcanzara al trabajador más cercano.

Rei lanzó dos senbon hacia el brazo armado del cabecilla. Una rozó la manga; la otra se clavó cerca del hombro y le hizo perder firmeza en la mano. No esperó para comprobar cuánto dolor había causado. Se desplazó lateralmente, manteniéndose entre los tres hombres y Takashima, y levantó el Kōketsu cuando el atacante del garrote descargó un golpe. El metal chocó contra las garras del guantelete. Rei desvió el arma hacia la pared y respondió con el hombro, empujándolo fuera de la línea que conducía al mercader.

Rin recuperó parte de la cadena mientras el segundo hombre de la retaguardia trataba de rodearla. En lugar de perseguirlo, soltó tensión y permitió que el tramo tendido sobre el suelo ocupara el camino que pretendía usar. El atacante redujo el paso para no pisar los filos. Ese instante permitió que Rin se acercara y golpeara con el antebrazo su muñeca. El cuchillo cayó. Ella lo apartó de una patada y volvió inmediatamente hacia su hermana, sin dedicar un segundo ataque a quien ya había perdido el arma.

Los ayudantes permanecieron contra la pared. Takashima se había agachado junto al carro, obedeciendo por fin sin que nadie tuviera que recordárselo. El tercer hombre del frente intentó alcanzarlo desde el lado del puente. Rei lanzó el extremo libre de la cadena en su dirección, no para cortarlo, sino para obligarlo a detenerse ante la barrera de estrellas metálicas. Cuando el hombre retrocedió, Rin recogió el movimiento desde el otro extremo y cerró el espacio entre ambas. La coordinación transformó la cadena en una frontera móvil que ningún atacante podía cruzar sin exponerse.

El cabecilla arrancó la senbon de su manga y ordenó retirarse. Su autoridad duró hasta que comprobó que el primero seguía en el suelo y que los otros dos habían perdido sus armas. Abandonó el cuchillo para correr más rápido. Rei pudo perseguirlo, pero miró a Takashima, a los trabajadores y a las cajas. Dejar la escolta para capturar a un ladrón que huía habría convertido una victoria sencilla en una oportunidad para cualquiera que siguiera oculto. Permitió que escapara con uno de sus hombres. Rin hizo lo mismo con el atacante desarmado cuando este se arrastró fuera del alcance de la cadena.

Quedó uno, el hombre cuyo tobillo seguía sujeto. Rin mantuvo la tensión suficiente para impedir que se levantara sin aumentar los cortes. Rei se agachó a varios pasos y observó su ropa, sus manos y la cuerda roja alrededor de su muñeca.

<La embarcación con la vela remendada. ¿Era de ustedes>

El hombre negó demasiado rápido.

<No sé de qué hablas>

<Entonces no sabrá quién la espera fuera del puerto ni por qué dos pescadores sin redes preguntan por la marea de salida>

La mirada del capturado se desvió hacia Takashima antes de regresar a Rei. Fue suficiente. No necesitaba una confesión completa para confirmar la relación.

<Gracias>

<No dije nada>

<Dijiste suficiente>

Unos guardias del puerto llegaron atraídos por el ruido y se hicieron cargo del capturado. Los trabajadores reconocieron a uno de los asaltantes como cargador ocasional de la zona, lo que permitió ofrecer nombres y lugares donde buscar a los demás. Rei entregó una explicación breve, describió al cabecilla y mencionó la embarcación sospechosa. No reclamó que los guardias cerraran todo el puerto por una tentativa contra mercancía barata; solicitó que vigilaran la salida y notificaran si veían una vela baja con parches oscuros. El oficial aceptó con la gravedad de quien sabía que los pequeños robos se convertían en costumbre cuando nadie los detenía.

Takashima revisó cada caja antes de permitir que reanudaran la marcha. Una esquina del cajón de cuencos se había golpeado contra el carro, pero el contenido permanecía entero. El mercader anotó la marca en su libreta. Rei lo observó escribir.

<¿Va a cobrársela a los bandidos si los encuentran>

<Voy a descontarla del precio de las piezas decoradas. Ya tienen una historia>

Rin limpió la cadena con un trozo de tela que uno de los trabajadores le ofreció.

<Nos están esperando en el mar>

La frase eliminó la satisfacción de Takashima.

<Podríamos quedarnos otra noche>

Rei negó mientras contemplaba el cielo.

<Ellos también. Además, ahora saben que estamos avisadas. Cambiaremos la hora, la salida y el aspecto de la carga visible. Si esperan una presa fácil, tendremos la ventaja de que siguen equivocados>

Completar el traslado tomó menos tiempo del previsto. En la Aguja de Mar, Hanae recibió el relato sin sorpresa. Había visto hombres como aquellos en muchos puertos: ladrones que llamaban pesca a cualquier cosa atrapada lejos de un guardia. Inspeccionó los amarres de la carga, ordenó cubrir los fardos con redes viejas y trasladó las cajas más reconocibles bajo cubierta. Desde fuera, el barco parecía transportar aparejos usados y sacos sin identificar. Takashima protestó cuando una red húmeda rozó su lona. Hanae le recordó que la humedad era menos cara que un abordaje.

El plan inicial consistía en zarpar al amanecer. Hanae propuso salir durante la última parte de la noche, aprovechando una marea suficiente y la confusión de barcos que regresaban o partían antes del mercado. No encenderían la lámpara de popa hasta abandonar los canales interiores. Genzō preparó cabos adicionales y distribuyó dos garfios largos que servían para apartar obstáculos. Rin revisó la cubierta con él y eligió posiciones desde las cuales sus cadenas no cortarían la vela ni las líneas principales. Rei regresó brevemente al muelle para consultar con los guardias.

El oficial informó que no habían localizado la embarcación remendada entre los amarres registrados. Un pescador aseguró haberla visto entrar en una ensenada al norte antes del atardecer. Era un lugar adecuado para esperar sin pagar atraque y salir detrás de cualquier barco que abandonara el puerto. Rei agradeció la información y adquirió en un puesto cercano dos pequeñas lámparas de aceite. No pretendía iluminar más; pretendía decidir desde dónde creerían otros que viajaba la Aguja de Mar.

Durante las horas restantes descansaron por turnos. Takashima intentó dormir junto a la bodega y se despertó cada vez que la cerámica producía un sonido. Rin permaneció la primera guardia en cubierta. Rei se sentó cerca de ella cuando llegó el momento de relevarla, aunque ninguna se movió de inmediato. El puerto nocturno mezclaba conversaciones lejanas, agua contra pilotes y madera crujiendo. Entre todos aquellos sonidos resultaba difícil distinguir una aproximación deliberada.

<No era necesario decirle a Sadao que fracasarían>

<Fracasaron>

<Podrían haber sido más competentes>

Rin miró a su hermana.

<Entonces habría sido necesario decirlo>

Rei dejó escapar una risa baja, breve para no despertar al mercader. La seguridad absoluta de Rin no procedía de creer que nada podía salir mal. Rei la conocía demasiado bien para confundirla con arrogancia. Su hermana pronunciaba algunas decisiones como hechos porque necesitaba construir alrededor de ellas el espacio donde ambas sobrevivirían. Si el enemigo era más competente, cambiarían la forma de detenerlo. La posibilidad de abandonarse mutuamente no entraba en el cálculo.

Zarparon cuando el cielo apenas comenzaba a perder oscuridad. Genzō soltó los amarres sin encender luces. Hanae condujo la Aguja de Mar entre embarcaciones ancladas utilizando la corriente y órdenes murmuradas. Rei colocó una de las lámparas compradas dentro de un bote pesquero abandonado junto al extremo del muelle, con permiso del guardia. La luz descendió lentamente por un canal secundario atada a una tabla, imitando durante unos minutos la posición de una popa pequeña. Si alguien observaba desde la ensenada, tendría que escoger qué movimiento seguir.

Rin se mantuvo cerca de Takashima hasta que dejaron atrás las últimas construcciones. El mercader obedeció la instrucción de permanecer bajo la borda, aunque asomaba la cabeza cada pocos minutos para comprobar la costa. Rei vigiló la ensenada del norte. No distinguió velas al principio. Cuando la Aguja de Mar alcanzó aguas abiertas, una sombra abandonó finalmente la protección de las rocas. Era demasiado lejana para identificar las figuras, pero el perfil elevado de la proa coincidía con el barco del viaje de ida.

<Eligieron la luz equivocada y aun así nos encontraron>

Hanae no miró atrás.

<Entonces conocen estas corrientes mejor de lo que esperaba o tienen a alguien informándoles desde tierra>

<¿Puede dejarlos atrás>

La capitana evaluó el viento, el peso de la carga y la vela distante.

<Vacía, sí. Cargada, no sin romper algo que Takashima quiere vender>

<Prefiero venderlo> respondió el mercader desde el suelo.

<Entonces tendremos que convencerlos de que perseguirnos cuesta más que la mercancía>

Durante la primera hora, la embarcación enemiga mantuvo la distancia. No navegaba directamente detrás, sino en una ruta paralela que podía justificarse como coincidencia. Rei contó cuatro siluetas, quizá cinco cuando la vela cambiaba de posición. Ninguna exhibía banderas. Rin observó el agua al lado opuesto y descubrió una segunda barca más baja, impulsada por remos, que había permanecido oculta entre las sombras costeras. El primer barco no pretendía alcanzarlos por sí solo. Los estaba obligando a conservar un rumbo predecible.

Rin señaló la segunda amenaza. Hanae maldijo sin levantar la voz y giró el timón para ganar espacio antes de que ambas embarcaciones cerraran el ángulo. La Aguja de Mar respondió con lentitud debido a la carga. Genzō reajustó la vela. Takashima comenzó a preguntar qué debía hacer, pero se detuvo cuando Rin lo miró. Se trasladó hasta el hueco entre dos pilas de cajas, se arrodilló y cubrió la cabeza con los brazos. Había aprendido al menos una parte útil del viaje.

La barca de remos aceleró. Tres hombres remaban y otros dos esperaban en proa con ganchos. No llevaban protecciones uniformes; uno vestía la misma chaqueta oscura del cabecilla que escapó en tierra. La distancia se redujo hasta que Rei pudo distinguir la punta incompleta de su oreja. Había abandonado a un compañero ante los guardias y regresado con más hombres. Su insistencia ya no correspondía al valor de la carga. Correspondía al orgullo de no aceptar el primer fracaso.

<El de la oreja sigue llevando las cuentas>

<Se equivocó otra vez>

El primer garfio voló hacia la borda. Rin disparó la cadena del Kōketsu y golpeó la cuerda en pleno recorrido, desviando el metal antes de que se aferrara. El segundo alcanzó una baranda cercana a popa. Genzō intentó cortarlo con un hacha pequeña, pero dos hombres tiraron desde la barca y acercaron ambas embarcaciones. Rei sujetó la cuerda con el guantelete, protegida del roce, y en lugar de soltarla tiró hacia un costado. El cambio repentino alteró el ángulo del gancho y lo arrancó de la madera antes de que aseguraran otro punto.

La barca chocó lateralmente contra la Aguja de Mar. Uno de los asaltantes saltó sobre cubierta y otro lo siguió. Rin se colocó entre ellos y el centro del barco. No buscó intercambiar golpes prolongados sobre un suelo que se movía. Extendió la cadena a la altura de las rodillas y avanzó, obligándolos a escoger entre retroceder hacia la borda o saltar el tramo cubierto de filos. El primero levantó un garrote para golpearla. Rin recogió la cadena, bloqueó con el Kōketsu y respondió con un empuje seco al pecho.

El hombre perdió el equilibrio y cayó sentado contra la baranda. Antes de que pudiera levantarse, Rin pasó la cadena alrededor de su brazo armado y tiró hasta inmovilizarlo contra la madera. El segundo atacante trató de aprovechar que ella tenía ocupada una mano. Rei apareció por su costado y lanzó un chakram a baja altura. El aro metálico no buscó atravesarlo; golpeó la tabla delante de su pie y lo obligó a cambiar el apoyo. Rei cerró la distancia durante aquella vacilación y descargó el borde reforzado del antebrazo contra su muñeca.

Un tercer garfio se aferró a la cubierta desde la barca. El cabecilla comenzó a trepar utilizando la cuerda. Rei recuperó su chakram y observó la tensión del cabo, no al hombre. Podía cortarlo, pero una caída entre dos cascos en movimiento podía matarlo sin necesidad. En cambio, lanzó dos senbon hacia la mano que ascendía. Una se clavó en la madera junto a sus dedos; la otra rozó la piel. El cabecilla soltó una mano por reflejo. Hanae aprovechó para girar el timón, separando los barcos lo suficiente para que su pie perdiera el apoyo. Cayó de vuelta en su propia embarcación, golpeándose contra uno de los bancos.

La primera vela remendada se aproximó desde el lado contrario. Su cubierta mostraba cuatro figuras y una red enrollada en proa. No pretendían abordar individualmente. Querían lanzar la red sobre la vela o el timón, frenar la Aguja de Mar y permitir que la barca recuperara posición. Rin identificó la preparación cuando dos hombres levantaron el paquete. No podía alcanzar aquella distancia con un golpe directo, pero sí advertir a Rei. Un movimiento de sus ojos hacia la proa enemiga bastó.

Rei tomó tres shuriken del porta armas y esperó a que la red comenzara a desplegarse. No apuntó a los hombres. Lanzó las estrellas hacia el borde de la malla y los cabos que sostenían las pesas. Dos fallaron o rebotaron; la tercera cortó una sección de cuerda antes de que la red completara su apertura. El peso se distribuyó mal. Parte del tejido cayó al agua y arrastró el resto, obligando a los atacantes a soltarlo para no quedar unidos a su propio obstáculo.

El hombre retenido por Rin dejó caer el garrote. Ella aflojó la cadena solo lo necesario para empujarlo hacia la barca de remos, que todavía golpeaba el costado. No pretendía conservar prisioneros sobre una cubierta donde Takashima y la carga necesitaban espacio. El atacante saltó torpemente y cayó entre dos bancos. Su compañero, desarmado por Rei, lo siguió cuando ella señaló la borda con las garras del Kōketsu. Ambos comprendieron que retirarse era preferible a descubrir si la invitación podía volverse menos amable.

El cabecilla no compartió esa prudencia. Recuperó el garfio y trató de enganchar la cuerda alrededor de Genzō desde abajo. Rin vio el movimiento y lanzó nuevamente la cadena. Las estrellas metálicas envolvieron el mango antes de que completara el tirón. Durante un instante, ambos sostuvieron extremos opuestos: el hombre desde la barca, Rin desde la cubierta. Él contaba con el peso de sus compañeros y el balanceo del mar. Ella contaba con una decisión que no estaba dispuesta a negociar.

Rin afirmó los pies y tiró. El garfio escapó de las manos del hombre, cruzó la distancia y golpeó contra la borda de la Aguja de Mar. La cadena continuó recogiendo el arma hasta dejarla cerca de sus pies. Rei miró al cabecilla desde arriba.

<Primero perdió la mercancía, después a un compañero y ahora también el garfio. Esta persecución empieza a superar cualquier ganancia posible>

<¡Todavía no han salido de estas aguas>

<Tú tampoco>

Hanae ordenó a Genzō soltar uno de los cabos preparados. El marinero liberó una cuerda gruesa con varios flotadores que cayó detrás de la Aguja de Mar. La barca de remos, demasiado próxima, tuvo que reducir la velocidad para evitar que la cuerda se enredara en los remos. Dos hombres levantaron las palas; otro intentó apartar el cabo con el garrote. La separación aumentó por primera vez desde el choque.

La embarcación de vela todavía podía continuar la persecución. Cambió de rumbo para rodear el obstáculo, pero ya no contaba con la red. Rei vio a uno de sus tripulantes sacar una ballesta. Alertó a Rin y se agachó detrás de una caja asegurada. Rin extendió la cadena frente a Takashima, formando una línea que no detendría por sí sola un proyectil, pero le permitía percibir cualquier impacto y responder hacia su origen. El primer virote se clavó en el mástil. El segundo atravesó parte de la cubierta de red que protegía los fardos sin alcanzar la carga.

Rei preparó el arco. No era su herramienta preferida a aquella distancia sobre una superficie inestable, pero no necesitaba herir al tirador. Apuntó hacia la vela remendada, esperó el ascenso de la proa enemiga y soltó una flecha contra una de las líneas secundarias. El proyectil rozó la cuerda sin cortarla. Ajustó la siguiente tentativa, compensando el balanceo que había desviado la primera. La segunda flecha penetró la vela cerca del borde y quedó atrapada sin causar un daño decisivo.

<Podrías dejar de moverte exactamente cuando disparo> comentó hacia el mar, sin esperar que la embarcación obedeciera.

Rin mantuvo la atención sobre la ballesta.

<Dispárale al hombre>

<Qué solución tan inesperadamente directa>

<Está disparándonos>

Rei no discutió. En lugar de buscar el torso, apuntó al arma cuando el adversario comenzó a tensarla nuevamente. Su tercera flecha golpeó la parte frontal de la ballesta y desvió el mecanismo contra la cubierta. No pudo confirmar si lo había roto, pero el hombre retrocedió y dejó de preparar el siguiente virote. Rin aprovechó para recuperar la cadena y reforzar la protección inmediata de Takashima.

La persecución todavía duró varios minutos. Hanae guio la Aguja de Mar hacia una zona donde dos corrientes se encontraban alrededor de bancos poco profundos. Conocía el paso; los asaltantes también, aunque sus embarcaciones debían escoger rutas distintas. La barca de remos no podía atravesar el tramo con rapidez sin arriesgar el casco. El velero remendado tenía mejor calado, pero había perdido el ángulo favorable. Poco a poco, la distancia comenzó a crecer.

El cabecilla gritó algo que el viento deshizo antes de alcanzar a las hermanas. Rei solo distinguió una amenaza contra Kirigakure y una promesa de recuperar el coste de sus pérdidas. No respondió. Una provocación podía animarlo a prolongar una persecución que ya estaba abandonando. Rin tampoco apartó la mirada hasta que ambas embarcaciones quedaron reducidas a figuras lejanas. Incluso entonces mantuvo la cadena preparada durante otra hora.

Cuando Hanae consideró que podían reducir la velocidad sin permitir que los alcanzaran, comenzó la revisión de daños. La baranda presentaba dos marcas profundas donde habían mordido los garfios. Un virote permanecía clavado en el mástil y otro había atravesado la red superior. La cuerda lanzada con flotadores tendría que ser recuperada o reemplazada, y una de las cajas se había desplazado varios centímetros pese a los amarres. Nada comprometía el casco ni la vela principal. Genzō resumió el estado con un gruñido que Hanae tradujo como una valoración poco favorable sobre la ascendencia de los atacantes.

Takashima salió de su refugio lentamente. Conservaba el bastón, el bolso y una capa de polvo procedente de las cajas. Lo primero que hizo fue revisar la cerámica. Rei esperaba una queja, pero el mercader se detuvo al descubrir que Genzō se había cortado la palma con una astilla durante el choque. Cerró la bodega sin terminar el inventario y sacó una venda limpia del bolso. Sus conocimientos de defensa quizá no merecían confianza, pero sabía envolver una herida y no intentó presumir mientras lo hacía.

<La red, dos secciones de baranda, una reparación menor en el mástil y probablemente tres cuencos rotos> enumeró Takashima.

<Ha sido una mañana cara>

<Sigue teniendo el barco, la mercancía y todas las partes del cuerpo con las que salió>

El mercader terminó el nudo de la venda.

<Por eso he dicho cara y no ruinosa>

Rin revisó a Rei sin pedir permiso. Comprobó sus brazos, la ropa cercana al hombro y el costado que había recibido parte del empuje durante el abordaje. No encontró sangre ni una limitación visible. Rei dejó que terminara y después hizo lo mismo con ella, levantándole una muñeca para observar el lugar donde la cadena había tensado el guantelete. Rin intentó retirar la mano antes de tiempo. Rei la sostuvo un segundo adicional.

<Si tú puedes comprobar, yo también>

<Estoy bien>

<Eso estaba comprobando>

No se abrazaron ni pronunciaron cuánto había importado encontrar a la otra todavía en pie. Rin acomodó una correa torcida del equipo de Rei y regresó a la borda. Rei limpió una mancha oscura del Kōketsu de su hermana antes de apartarse. Para ambas, aquellos gestos bastaban. Takashima las observó sin intervenir y terminó por abrir nuevamente la bodega, concediéndoles una privacidad que no necesitaba distancia.

La calma posterior no duró todo el viaje. Hacia el mediodía, el viento cambió y arrastró nubes densas desde el sureste. Hanae había advertido que el clima empeoraría, pero la persecución les había impedido escoger una ruta más protegida. La superficie comenzó a levantarse en olas cortas y seguidas. La Aguja de Mar soportaba el movimiento, aunque cada inclinación ejercía presión sobre los amarres y golpeaba las cajas entre sí.

Rin y Rei no intentaron tomar decisiones de navegación que no comprendían. Siguieron las instrucciones de Hanae. Rin descendió a la bodega con Takashima para reforzar la carga; Rei permaneció arriba ayudando a Genzō a recoger objetos sueltos y mantener libres los desagües de cubierta. La lluvia llegó poco después, oblicua y fría, reduciendo el horizonte hasta borrar cualquier posibilidad de comprobar si los perseguidores continuaban detrás.

En la bodega, una cuerda cedió alrededor de los sacos de sal. Rin atrapó el extremo antes de que se soltara por completo y utilizó la cadena lisa cercana al guantelete para rodear la pila, evitando que los filos tocaran la tela. Takashima se arrastró entre dos cajones y pasó un cabo nuevo por debajo. Trabajaron sin espacio para incorporarse, guiándose por el balanceo. Cada vez que el barco se inclinaba, Rin sostenía el peso mientras el mercader ajustaba el nudo.

<Si se moja la sal, pierde valor>

<Si se mueve esa caja, usted pierde la cabeza>

Takashima miró el cajón suspendido unos centímetros por encima de su hombro y apretó el nudo con mayor rapidez.

<Prioridades entendidas>

Arriba, Rei vació agua con una cubeta mientras Genzō aseguraba la vela. No encontró nada divertido en la tormenta, aunque intentó una observación cuando Hanae les ordenó reducir todavía más el paño.

<Al menos los piratas tendrían que estar muy comprometidos con su mala decisión para seguirnos aquí>

Hanae sostuvo el timón con ambas manos.

<Si aparecen ahora, les regalo las algas con tal de que se lleven también esta lluvia>

Un golpe procedente de la bodega hizo que Rei se volviera. Rin apareció poco después por la escotilla, empapada aunque había pasado los últimos minutos bajo cubierta. Al verla entera, Rei regresó a la cubeta. Su hermana se acercó sin esperar indicaciones y comenzó a retirar agua desde el otro lado. No necesitaban hablar para repartirse el trabajo: una llenaba mientras la otra arrojaba, alternando el esfuerzo al ritmo del barco.

La tormenta se mantuvo durante casi dos horas. No fue lo bastante violenta para hundir una embarcación en buenas condiciones, pero castigó cada reparación provisional y convirtió la mercancía más barata en un conjunto de pesos peligrosos. Rin sostuvo un poste auxiliar cuando una unión comenzó a moverse. Rei reemplazó a Genzō en la cubeta mientras él reparaba el desagüe bloqueado por fibras de la red. Takashima permaneció abajo, vigilando amarres y avisando antes de que las cajas se desplazaran.

Cuando la lluvia disminuyó, ninguno celebró. Hanae esperó a que el viento se estabilizara antes de permitirles relajar el esfuerzo. El cielo abrió una franja gris hacia el oeste y la costa del País del Agua volvió a aparecer mucho más cerca de lo que Rei esperaba. La tormenta había desviado ligeramente la ruta, pero también los había empujado con rapidez. Los perseguidores no estaban a la vista.

Takashima subió con una tablilla húmeda donde había anotado los daños.

<Cinco cuencos rotos, un fardo de mechas mojado por una esquina y parte de la sal endurecida. He tenido viajes tranquilos que costaron más>

<¿Eso significa que dejará de mirar la bodega como si estuviera llena de familiares enfermos>

<Los familiares enfermos no pueden venderse con descuento>

Rin le dirigió una mirada plana. Takashima levantó ambas manos.

<Era una comparación comercial, no una propuesta>

Rei apoyó un hombro contra el mástil.

<Empiezo a comprender por qué el informe decía que sabía defenderse. Logra que la gente prefiera alejarse sin necesidad de sacar el bastón>

Por primera vez, Rin permitió que una sonrisa mínima apareciera antes de volver la cara hacia el horizonte. Takashima la vio y decidió no señalarlo. La Aguja de Mar continuó bordeando la costa hasta encontrar una ruta reconocida por Hanae. A partir de allí aumentó el tráfico. Barcos pesqueros con insignias del País del Agua, patrullas lejanas y cargueros mayores redujeron el riesgo de un segundo intento de abordaje.

Las hermanas no abandonaron la vigilancia. Rei repasó con Takashima todo lo ocurrido desde la salida del almacén. Obtuvo descripciones adicionales de los hombres, estimaciones de la mercancía dañada y la lista de personas que conocían la operación. Rin reconstruyó las posiciones de las dos embarcaciones enemigas y el punto aproximado donde interrumpieron la persecución. La información serviría para advertir a otras rutas, aunque aquella banda no fuera una amenaza importante por sí sola.

También discutieron la posibilidad de que alguien hubiera informado a los ladrones desde tierra. Takashima descartó a Sadao con una seguridad basada más en años de negocios que en pruebas. Hanae conocía la salida, pero habría tenido pocas razones para preparar un ataque contra su propia embarcación. El funcionario del registro podía haber hablado sin mala intención en una taberna. Los cargadores y trabajadores del puerto vieron la mercancía después. Rei concluyó que no podían acusar a una persona específica, pero sí recomendar que futuras recogidas variaran horarios y evitaran anunciar el destino completo a empleados temporales.

<No parece que lo eligieran por la carga. Eligieron el tamaño del barco, la poca tripulación y una ruta que ya habían atacado antes>

Takashima cerró la libreta.

<Entonces contratar escolta fue una buena inversión>

<Sí>

Rei miró a Rin.

<Podrías permitirle llegar solo a esa conclusión. Le costó todo el viaje>

<Ya llegó>

La niebla característica de Kirigakure los recibió antes que el puerto. Hanae encendió por fin la lámpara de proa y realizó las señales necesarias para identificarse. Una patrulla se aproximó, comprobó el nombre de la embarcación y escuchó el resumen del abordaje. Dos agentes escoltaron la Aguja de Mar durante el tramo final mientras otro tomó nota de la descripción del velero remendado y la barca de remos.

Takashima permaneció de pie cuando cruzaron la entrada del puerto. Su postura intentaba recuperar la dignidad que había perdido escondido entre cajas, aunque la chaqueta mostaza seguía manchada de polvo y agua. Rin no se burló. Había obedecido, ayudado durante la tormenta y evitado convertirse en otra responsabilidad innecesaria. Para un civil con una hoja oculta y demasiada confianza en sus cuentas, aquello era suficiente.

La descarga se realizó bajo supervisión. Cada caja fue trasladada hasta el depósito de Takashima en la zona comercial. Rin caminó junto al primer carro y Rei permaneció con el mercader en el último, repitiendo la formación utilizada en el País de las Olas. Esta vez nadie los siguió. Los trabajadores de Kirigakure recibieron la lona, los clavos, las mechas, las algas, la sal y la cerámica sin concederles la importancia por la que varias personas habían peleado.

Takashima abrió el cajón adicional frente a las hermanas. Cinco cuencos se habían roto durante el viaje, tal como había calculado. Separó los fragmentos, examinó las piezas restantes y eligió dos con defectos de esmalte parecidos. Se los ofreció a Rin y Rei.

<No forman parte del pago. Son mercancía que habría vendido barata y un recordatorio de que incluso lo barato merece llegar a destino>

Rei tomó uno y lo giró entre las manos. Una línea azul se interrumpía a mitad del borde, como si el artesano hubiera olvidado terminarla.

<¿Está seguro de que no piensa descontarlo de nuestras raciones>

<Después de verlas comer durante un viaje, regalar cuencos resulta menos costoso que discutir raciones>

Rin aceptó el suyo tras una breve vacilación. No agradeció con una frase extensa.

<Cumplió las instrucciones>

Takashima entendió el reconocimiento oculto en aquellas palabras.

<Ustedes también>

El informe final fue entregado esa misma tarde. Rei expuso la ruta, la tentativa de robo en tierra, la descripción de los atacantes y el abordaje durante el regreso. Incluyó la participación de los guardias del País de las Olas, la posible base en la ensenada septentrional y las características de ambas embarcaciones. Rin añadió las posiciones desde las que se produjo la intercepción, el tipo de armas observadas y la ausencia de técnicas que permitieran identificar ninjas entrenados entre los asaltantes.

No exageraron la amenaza. Se trataba de una banda oportunista, capaz de organizar vigilancia y cerrar rutas contra mercaderes pequeños, pero dispuesta a retirarse cuando el coste superaba la ganancia. Recomendaron compartir la descripción con patrullas marítimas y advertir a embarcaciones de poca tripulación. También dejaron constancia de que el cargamento no ocultaba bienes valiosos ni material ilegal. La misión había sido peligrosa por el viaje y por la vulnerabilidad aparente del barco, no por la importancia de Takashima.

Cuando abandonaron la oficina, la noche ya cubría buena parte de Kirigakure. Rei llevaba el cuenco bajo un brazo. Rin sostenía el suyo envuelto en la tela que había utilizado para limpiar la cadena. Caminaron juntas hacia la zona residencial sin necesidad de discutir el resultado. Habían llevado al mercader hasta el País de las Olas, protegido la recogida, conservado casi toda la mercancía y regresado con Takashima, Hanae y Genzō a salvo.

<El mío tiene una línea incompleta. Podría decir que representa un viaje interrumpido>

<El viaje terminó>

<Entonces representa una interpretación artística de la ruta>

<Está defectuoso>

Rei observó el cuenco durante unos pasos, fingiendo considerar seriamente ambas posibilidades.

<El tuyo también>

Rin acomodó la tela alrededor del suyo para protegerlo mejor.

<Lo sé>

No lo devolvió ni lo dejó atrás. Rei sonrió al advertirlo, pero tuvo suficiente prudencia para no señalarlo. Continuaron caminando entre la niebla con los cuencos baratos bajo los brazos, la ropa todavía impregnada de sal y las cadenas nuevamente guardadas. La recompensa de la misión no sería memorable y la mercancía probablemente desaparecería en tiendas comunes antes de terminar la semana. Para las hermanas, bastaba con que aquello que se les había confiado hubiera llegado a casa.
Masashi Kishimoto
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28-09-2026, 04:04 PM
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Tema: [Autonarrada C] Escolta Mercantil (TID 15008)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: C
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¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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28-09-2026, 04:04 PM
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