15-09-2026, 06:52 AM
Konohagakure. 58 de verano, Año 150
Misión Autonarrada Rango E
Orden en el distrito
Misión Autonarrada Rango E
Orden en el distrito
La mañana había comenzado bastante tranquila para Daralth. Con una pequeña libreta entre las manos y un lápiz sujeto entre los dedos. Caminaba por las calles del distrito que le habían asignado. La temperatura era agradable y una brisa enfriaba lo que los rayos del sol calentaban.No parecía una misión especialmente complicada. Casa por casa, tienda por tienda, tendría que preguntar por las personas que vivían allí y anotar sus nombres en el registro. Sencillo. La aldea no parecía ahora mismo estar bajo ningún tipo de alerta. Al menos eso había pensado antes de empezar.
La primera vivienda no le daría demasiados problemas. Un matrimonio, dos hijos y un perro que insistiría en ladrarle durante prácticamente toda la conversación. Daralth apuntaró los datos con cuidado antes de despedirse y continuar con la siguiente puerta.
Poco a poco iría acostumbrándose a la rutina. Algunas personas responderían enseguida, otras necesitarían buscar algún documento para comprobar los datos y más de una acabaría preguntándole por qué el censo era necesario. Daralth respondió con lo poco que sabía procurando no inventarse nada y anotando cualquier observación que pudiera resultar útil. Alguna que otra puerta receló al ver las aparencias de la kunoichi, aunque poco a poco, con cada misión, su popularidad se incrementaba. No tanto por su labor, si no por su gótica apariencia.
Cuando llegaría a una pequeña tienda, entraría con la misma intención que en las anteriores.
—Buenos días. Estoy haciendo el censo de esta zona. Solo necesito saber cuántas personas viven aquí y sus nombres. —Sacaró la libreta y esperó pacientemente mientras el dueño empezaba a contar con los dedos. Bajó la mirada hacia la página y comprobaría que todavía le quedaban bastantes viviendas por visitar. No pudo evitar dejar un ligero suspiro repleto de pereza y resignación. Esto va a llevar un rato... Aun así prosiguió recorriendo el distrito puerta por puerta. Después de todo, alguien tenía que hacerlo.
Una y otra, todas de la misma forma, mismos patrones hasta que tras una de las tantas puertas que tocó una figura, cubierta de pies a cabeza, con gafas de sol capucha abrió y no dijo absolutamente nada. Aquello casi fue amor a primera vista. No era la única de las góticas de la ciudad. Aquel joven también parecía ocultar todo su rostro entre ropas y ropas. Ambos se miraron, miradas ocultas entre vendas y gafas opacas.
Daralth se quedó quieta frente a él durante unos segundos. No podía verle los ojos, pero tampoco parecía que aquello fuese a impedirle observarlo. Había algo extrañamente familiar en aquella forma de esconderse del mundo. Las vendas cubrían buena parte de su rostro, dejando apenas visibles sus ojos, y aquel desconocido había decidido llevar unas gafas oscuras bajo una capucha que prácticamente no dejaba nada al descubierto. ¿Será también de los que prefieren que no se les vea la cara? La libreta seguía abierta entre sus manos. Miró la hoja. Después al desconocido. Otra vez a la hoja.
—...
Esperó. Nada. Daralth inclinó ligeramente la cabeza.
—Estoy haciendo el censo. — Silencio. —Necesito saber cuántas personas viven aquí.— El joven continuó mirándola sin decir una palabra. Daralth parpadeó despacio detrás de las vendas. Aquello empezaba a parecerse menos a una misión administrativa y más a algún tipo de prueba de paciencia. Aun así, no se marchó. Se limitó a sacar el lápiz y prepararlo sobre la hoja, esperando tranquilamente.
—Puedes señalarme con los dedos si no quieres hablar.— Y volvió a quedarse frente a él, tan cubierta como su interlocutor, esperando una respuesta que parecía no tener demasiadas ganas de llegar.
El muchacho tardó unos segundos en responder. Finalmente, levantó una mano y dejó que uno de los pequeños insectos que llevaba encima saliera de entre las telas. Lo dejó caminar por sus dedos antes de señalar el papel y, con la otra mano, escribió su nombre. Daralth siguió cada movimiento del bicho con una atención que poco tenía que ver con el censo. Se inclinó ligeramente hacia delante, observándolo como si acabara de encontrar algo mucho más interesante que cualquier dato de población. ¿Qué clase de insecto era? ¿Vivía dentro de la ropa? ¿Comía? ¿Dormía? ¿Y había más? Cuando quiso darse cuenta, el sol ya había cambiado de posición y la lista de casas que todavía le quedaba por visitar seguía siendo demasiado larga. Cerró el cuaderno con cierta resignación, se despidió del chico y echó a andar, aunque se llevó consigo tantas preguntas sobre aquel insecto que probablemente tardaría bastante en olvidarse de él.