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  ›   [Común] Salida- Kyoshiro Kaguya
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Salida- Kyoshiro Kaguya
Kyo
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza65(3)
Destreza60(3)
Ctrl. de Chakra20(1)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo20
485
480
Enlace al Post
15-09-2026, 02:36 AM
Última modificación: 15-09-2026, 02:37 AM por Kyo.
Las puertas exteriores de Kirigakure tenían aquella mañana mucho más movimiento del habitual. Shinobi entrando y saliendo, cargamentos sometidos a inspección y varios oficiales revisando documentos convertían el acceso en una pequeña fila organizada frente a los controles de la aldea. Kyoshiro llegó con la bolsa cruzada sobre un hombro y el mismo paso despreocupado con el que habría ido a entregar pan unas calles más abajo, aunque la cantidad de formularios sobre la mesa le borró la expresión durante unos segundos. —Ah… esto sí parece peligroso.— murmuró mientras tomaba el primer documento. Nombre completo, rango, destino, motivo de salida, duración estimada, equipo declarado. Kyo comenzó a escribir con rapidez hasta detenerse en la casilla de “destino”. Miró hacia un lado, luego hacia el otro, y finalmente escribió con cuidado: País de las Olas. Velamar quedaba para quienes necesitaban saberlo.

El siguiente control fue bastante menos entretenido. Un encargado comprobó su identificación shinobi, cotejó la autorización con los registros de movilización y le pidió mostrar los suministros que llevaba consigo. Kyoshiro abrió la bolsa sobre una mesa y fue sacando uno por uno los objetos: equipo ninja, provisiones, el cuaderno donde escribía sus canciones y, finalmente, una pequeña cantidad de comida envuelta apresuradamente desde la panadería. Cuando el oficial levantó una ceja al encontrar aquello entre sus pertenencias, Kyo se encogió de hombros. —Logística avanzada.— explicó con absoluta seriedad. Después tuvo que firmar otro registro declarando su salida temporal de la aldea, dejar constancia de que comprendía las restricciones sobre información militar y confirmar que cualquier cambio significativo en su ruta debía ser reportado al regresar. Para alguien que había elegido la vida shinobi buscando escapar de la rutina, descubría una vez más que aquella profesión tenía una cantidad sorprendente de papeleo.

El último puesto se encontraba directamente frente a las grandes puertas. Allí entregó la copia correspondiente de su orden, recibió el sello que confirmaba que todos los controles habían sido superados y guardó los documentos restantes en uno de los bolsillos interiores de su ropa. Durante algunos segundos permaneció mirando hacia atrás. Desde aquella posición todavía podía distinguir parte de Kirigakure extendiéndose entre la neblina, con sus edificios perdiéndose progresivamente dentro del gris característico de la aldea. En algún lugar detrás de aquellas calles quedaba el Distrito Comercial, la panadería de sus padres y una bandeja que seguramente ya habría sido vendida mucho antes de que él terminara siquiera de llenar el segundo formulario. Kyoshiro respiró profundamente, acomodó el peso de su equipaje y cruzó finalmente las puertas. —Bueno, Kyo. Ya saliste.— dijo para sí. —Ahora intenta no volver porque olvidaste algo.

El recorrido inicial lo llevó por los caminos que conectaban Kirigakure con uno de los puertos utilizados para los desplazamientos hacia el exterior del País del Agua. A medida que se alejaba de la aldea, la presencia de edificios fue disminuyendo hasta dejar paso a senderos húmedos, pequeños asentamientos costeros y extensiones cubiertas por una niebla que parecía aferrarse al terreno incluso cuando el viento soplaba desde el mar. Kyoshiro mantuvo un ritmo constante, tarareando por momentos alguna melodía apenas audible y golpeando con los dedos contra la correa de su bolsa cada vez que encontraba un patrón interesante en el sonido de sus propios pasos. El viaje todavía no se sentía como una guerra. Allí fuera no había enemigos, explosiones ni órdenes gritadas; solamente el camino, algunos viajeros ocasionales y la sensación de estar dejando cada vez más atrás el lugar que conocía.

El verdadero cambio llegó al alcanzar la costa. Desde allí, continuar hacia el País de las Olas exigía atravesar el mar, por lo que Kyoshiro embarcó en una de las rutas autorizadas para el traslado de personal y suministros fuera del archipiélago. Durante buena parte del trayecto permaneció cerca de la cubierta, observando cómo las islas del País del Agua iban reduciéndose detrás del barco hasta convertirse en formas oscuras sobre el horizonte. El movimiento constante de las olas terminó proporcionándole otro ritmo que seguir con los dedos. Uno, dos, pausa; uno, dos, tres. Lo repitió varias veces antes de sacar el cuaderno y anotar unas cuantas líneas que probablemente no servirían para nada. A diferencia de Kirigakure, el mar no ofrecía demasiadas distracciones y los largos intervalos de silencio entre el viento y las tablas del navío resultaban incómodos para él, así que terminó llenándolos con un tarareo bajo mientras observaba el horizonte y pensaba inevitablemente en Velamar.

Horas después, las primeras formas del País de las Olas comenzaron a dibujarse frente a la embarcación. El paisaje era distinto al de las islas que había dejado atrás: puertos, elevaciones costeras y construcciones aparecían poco a poco conforme disminuía la distancia, señalando el inicio de un territorio que Kyoshiro apenas conocía pero que comenzaba a ocupar un lugar cada vez más importante en la guerra. Se apoyó durante unos instantes sobre la borda y observó la costa acercarse, intentando imaginar en qué punto de todo aquello estaría Velamar y cuántos shinobi de Konoha podían estar realizando exactamente el mismo viaje desde la dirección contraria. Finalmente cerró su cuaderno, lo guardó y ajustó nuevamente la bolsa sobre su hombro. La parte sencilla del recorrido estaba terminando. A partir de allí, cada paso podía acercarlo un poco más al escenario donde Kiri y Konoha terminarían comprobando cuál de los dos había llegado mejor preparado.

El desembarco terminó de convertir aquella misión en algo tangible. Apenas puso un pie en tierra firme, Kyoshiro sintió que el ambiente era distinto al de Kirigakure: el aire seguía cargado de humedad y sal, pero las voces, las construcciones y hasta el movimiento de los pequeños embarcaderos le recordaban que ya se encontraba fuera del territorio de su aldea. Antes de continuar se apartó unos momentos del flujo de viajeros, revisó que los documentos siguieran secos, comprobó sus provisiones y consultó la ruta que tendría que seguir desde allí hacia las cercanías de Velamar. Todavía quedaba camino por delante, suficiente para que su mente intentara convertir cada ruido extraño en una melodía nueva, pero algo había cambiado desde que cruzó las puertas de Kiri. Por primera vez desde su partida, Kyoshiro dejó de pensar únicamente en el viaje y comenzó a preguntarse qué encontraría al final. —Ah… ahora sí empieza la parte interesante.— murmuró, guardando nuevamente el mapa antes de internarse en el País de las Olas.
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