12-09-2026, 04:07 PM
Día 41 - Verano
El sol de la tarde apenas logra rasgar la densa capa de humedad que cubre los callejones más olvidados de la periferia, un distrito gris y polvoriento que dista abismalmente de la magnificencia que los libros de historia le atribuyen al Legado de los Mil Brazos. En ese rincón donde el tiempo parece haberse detenido y la pobreza roza la miseria, se alza un hogar humilde y solitario: una estructura frágil de madera carcomida por la polilla, con tejas agrietadas y un interior donde la escasez es la única constante. Vivir allí, apartado del núcleo del clan, no era una simple casualidad, sino el castigo tácito impuesto por el pecado del padre, señalado unánimemente en los anales de la familia como un traidor que rompió los juramentos sagrados.
Mientras cruzaba el umbral para marchar hacia los deberes asignados, la atmósfera de aquel hogar abandonado rozó la memoria con una punzada sutil y melancólica. Entre las paredes desnudas y el aire viciado, la imagen de la madre acudió fugazmente a la mente: no como un rostro difuso, sino como la propietaria de un profundo y abnegado legado médico, de conocimientos curativos y manos compasivas que en su momento salvaron vidas dentro y fuera del clan. Sin embargo, para la historia oficial y para la memoria colectiva, ese noble saber había quedado totalmente borrado, eclipsado y consumido por la vergüenza del apellido paterno, dejando a ella apenas como un fantasma ignorado en el olvido.
Sin embargo, en el rostro del joven no hubo rastro de quiebre, ni lágrimas, ni siquiera una contracción en el ceño. Bajo una fachada impasible, de facciones severas y mirada fría, cualquier atisbo de emoción quedaba sepultado bajo un autocontrol férreo. Para él, el dolor personal y el resentimiento familiar eran distracciones irrelevantes frente a lo único que verdaderamente importaba: la lealtad absoluta hacia la aldea. Los clanes internos podían corromperse en su soberbia y selectiva memoria, pero la voluntad de proteger el hogar común de todos los ciudadanos estaba muy por encima de las ofensas de la sangre.
Al cruzar los imponentes arcos de entrada de la zona residencial, el contraste con la dura realidad cotidiana golpeaba de inmediato: jardines perfectamente manicurados, pabellones de madera noble y una arquitectura altiva. Y, como siempre, la élite del clan no tardó en manifestarse. Apostados en las galerías, los miembros de las familias principales observaban con una mezcla de desdén y sorna, murmurando a espaldas apelativos como "la escoria del linaje" o "la semilla del traidor".
Ante tales provocaciones, la postura se mantuvo inquebrantable. Ni un músculo se movió en el rostro; los ojos reflejaban la misma indiferencia fría con la que se respondía a los insultos de los propios parientes. No se alzaría la voz ni se buscaría pleito; la disciplina era absoluta y la mente estaba fija estrictamente en el deber. Y recibiendo de esa encomienda, el cual es el único motivo por el cual que lo habían citado en el complejo, el joven se presentó ante uno de los encargados logísticos de las ramas menores, alguien tan ajeno a los círculos de la élite como él mismo, quien sin mayores preámbulos le encomendó la tarea sin revelarle el trasfondo real de lo que ocurría
- Nombre de la Misión: El Aroma Oculto.
- Información de la Misión: El mantenimiento rutinario en el sector residencial del clan Senju se complica cuando un desagradable aroma comienza a emanar de los conductos de servicio, requiriendo que el encargado descubra el origen del problema antes de aplicar el sello de seguridad.
- Rango y Tipo de la Misión: Autonarrada — Rango E.
- Fecha y Lugar: Zona residencial, corredor de servicio oeste del clan Senju (Día 41 de Verano).
- Cantidad de Usuarios: Argeon Senju y autonarrador.
- Cantidad máxima de horas por ronda: 24 horas.
![[Imagen: uYoQ0If.jpeg]](https://imgur.com/uYoQ0If.jpeg)