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[Viaje] Nadaremos Nadaremos Por El Mar Nadaremos
Kishue
Rango Chuunin
Clan Funato
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud17
Velocidad11
Tenketsu11
Sigilo10
550
435
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08-09-2026, 12:31 AM
Kishue comunicó la noticia a su madre la noche anterior al viaje. No intentó presentarla como otra misión cotidiana ni aseguró que regresaría para la cena, pues esta vez ni siquiera él conocía la distancia que tendría que recorrer. La búsqueda de los Sellos podía decidir el futuro de Kirigakure y la seguridad de quienes vivían dentro de ella. Aquello bastaba para obligarlo a partir, aunque no para responder la pregunta más difícil: cuándo volvería a cruzar aquella puerta.

—No sé cuánto tardaremos, pero no voy solo. —le explicó, procurando que su sonrisa pareciera más segura de lo que se sentía—. Rin y Rei vienen conmigo. Encontraremos los Sellos y regresaremos en cuanto terminemos. No tienes que preocuparte demasiado... solo la cantidad normal.

Su madre no aceptó aquella diferencia entre preocuparse mucho o una cantidad normal, pero tampoco intentó impedirle marcharse. En su lugar, ocupó la cocina y preparó comida suficiente para un viaje considerablemente más largo del que Kishue esperaba. Arroz comprimido, pescado seco, frutas conservadas y varios paquetes que debía mantener protegidos de la humedad terminaron dentro de su equipaje. Cada vez que él creía haber cerrado la mochila, aparecía una provisión adicional que, según ella, resultaba indispensable.

Kishue se levantó antes del amanecer y revisó todo su equipo. Distribuyó los kunai, las nudilleras, el hilo y las herramientas de viaje en lugares donde pudiera alcanzarlos sin retirar la mochila. Aseguró la esfera de Mekka entre sus ropas y comprobó dos veces que permaneciera protegida. Por último levantó su adquisición más reciente, un arma tan grande que cualquier intento de guardarla discretamente habría resultado absurdo.

El Kanabō no Samehada tenía casi la misma altura que Kishue. Su cuerpo oscuro era ancho, pesado y estaba cubierto por múltiples remaches metálicos; en el extremo superior, la forma de una cabeza de tiburón convertía el garrote en algo parecido a una criatura dispuesta a morder antes del primer golpe. El mango envuelto ofrecía espacio para sostenerlo con ambas manos, aunque Kishue podía cargarlo apoyado sobre el hombro. No era elegante ni ligero. Precisamente por eso le gustaba.

—No es demasiado grande. —murmuró al notar la forma en que su madre observaba el garrote—. Yo soy un poco pequeño. Es diferente.

La explicación no mejoró la situación, sobre todo cuando la cabeza metálica chocó contra el marco de la puerta durante su primer intento de salir. Kishue tuvo que inclinar el arma y atravesar la entrada de lado, cuidando de no romper nada antes de haber comenzado el viaje. Después se despidió con un abrazo más largo de lo habitual. No prometió una fecha que no podía cumplir, pero sí regresar llevando a Mekka, su enorme garrote y todas las partes de su cuerpo en el mismo sitio.

Las calles de Kirigakure todavía estaban medio dormidas. La niebla cubría los tejados y la humedad dejaba una capa brillante sobre las piedras, mientras las primeras luces se encendían detrás de algunas ventanas. Kishue avanzó hacia las puertas con el Kanabō sobre un hombro y la mochila cargada al otro, provocando que más de un guardia observara el arma antes de reconocer al muchacho que caminaba debajo de ella.

Llegó con tiempo suficiente y dejó el garrote apoyado contra una pared cercana. La espera le permitió comprobar nuevamente sus provisiones, ajustar las correas y preguntarle a Mekka, sin obtener una respuesta audible, si su madre había escondido más comida entre sus pertenencias. También le permitió pensar demasiado. Había salido antes de Kirigakure por misiones, pero nunca siguiendo algo tan importante ni sin conocer cuánto tardaría en regresar.

Cuando Rin y Rei aparecieron entre la niebla, aquella inquietud perdió parte de su peso. Kishue levantó el Kanabō no Samehada y lo apoyó otra vez sobre su hombro, recibiéndolas con una sonrisa enorme. La diferencia entre el tamaño del arma y el suyo hacía que pareciera que el garrote lo llevaba a él, aunque sostuvo el peso sin dificultad.

—Llegaron. Estaba empezando a pensar que tendría que salvar el futuro de Kirigakure solo. —bromeó, pero la sonrisa se suavizó poco después—. La verdad es que estoy un poco nervioso. No sabemos qué encontraremos ni cuándo volveremos... pero me siento mejor sabiendo que ustedes cuidarán mi espalda. Yo cuidaré las suyas.

Kishue miró una última vez hacia el interior de la aldea. En alguna parte detrás de la niebla quedaba su casa y una madre que seguramente ya estaba preocupándose mucho más de la cantidad normal permitida. Después volvió la atención hacia el camino, ajustó a Mekka contra su cuerpo y aseguró el enorme garrote sobre el hombro.

Con Rin y Rei a su lado, abandonó las puertas de Kirigakure. La búsqueda de los Sellos acababa de comenzar y, aunque el destino todavía permanecía oculto, los tres avanzaron juntos hacia aquello que decidiría el futuro de su aldea.

Viaje inicia el 7 de Septiembre 2026
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
Rango Chuunin
Clan Akizu
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud11
Velocidad16
Tenketsu11
Sigilo11
460
525
Enlace al Post
08-09-2026, 12:42 AM
La noticia del viaje llegó con una cantidad de información mucho menor de la que Rin habría preferido. La búsqueda de los Sellos podía decidir el futuro de Kirigakure, pero nadie era capaz de decirles cuánto tiempo permanecerían fuera, qué distancia tendrían que recorrer ni qué clase de peligros encontrarían antes de regresar. Solamente tenían una tarea, algunos puntos desde donde comenzar y la certeza de que Kishue viajaría con ellas. Para Rei, aquella última parte conseguía que todo lo desconocido resultara un poco menos inquietante.

Las hermanas comenzaron los preparativos la noche anterior. Rin extendió sobre el suelo todo lo que pensaba llevar y eliminó cualquier objeto cuyo peso no justificara su utilidad. Colocó el chakram a un lado, comprobó la empuñadura, los bordes y el sistema con el que lo transportaría; después revisó los kunai, varios rollos de hilo metálico y las herramientas necesarias para mantener su equipo durante el camino. Cada pieza terminó en una posición escogida para poder encontrarla incluso sin mirar.

Rei preparó su arco con el mismo cuidado, aunque su equipaje se extendió mucho más. Revisó la cuerda colocada, guardó dos reemplazos protegidos de la humedad y separó las flechas según su utilidad antes de colocarlas en el carcaj. También reunió vendas, medicinas sencillas, una manta, recipientes de agua y alimentos fáciles de conservar. Cuando intentó añadir un segundo cambio de ropa, Rin lo retiró y ocupó ese espacio con provisiones.

<Podría necesitarlo> protestó Rei.
<Necesitarás comer antes de necesitar otra camisa>

La respuesta no admitía demasiada discusión. Rei terminó guardando la prenda fuera de la mochila y ayudó a distribuir la comida entre ambas, procurando que ninguna cargara todas las reservas. Llevaron arroz compacto, pescado seco, frutas conservadas y algunos dulces que Rei escondió bajo las vendas antes de que Rin pudiera decidir que tampoco eran indispensables. Si el viaje se prolongaba, conseguirían más alimento durante el camino; si algo las obligaba a separarse, cada una tendría suficientes suministros para continuar varios días.

La preparación avanzó en silencio durante un tiempo. No era una incomodidad entre ellas. Rin prefería contar sus armas sin una conversación atravesándose en medio y Rei sabía reconocer cuándo su hermana necesitaba ordenar primero lo que tenía delante para después ocuparse de aquello que no podía guardar dentro de una mochila. La misión era importante, pero no era solamente la aldea lo que ocupaba sus pensamientos. Saldrían de Kirigakure sin una fecha de regreso y confiarían su seguridad a un grupo mucho más pequeño que las fuerzas protegidas por sus murallas.

Rei terminó de cerrar su carcaj y miró hacia su hermana.

<No estás preocupada por Kishue>

Rin levantó la vista desde uno de los rollos de hilo. La frase no había sido una pregunta, pero aun así consideró la respuesta. Tiempo atrás, la idea de viajar con Kishue habría despertado reservas diferentes. Él era impulsivo, se colocaba delante del peligro con demasiada facilidad y parecía creer que cualquier problema podía resolverse mordiéndolo, golpeándolo o arrojándose encima. Buena parte de eso continuaba siendo cierto. Lo que había cambiado era la manera en que ellas entendían aquellas decisiones.

<No> respondió finalmente. <Me preocupa lo que encontraremos. Él no>

Rei sonrió sin burlarse. Rin no entregaba su confianza mediante grandes declaraciones y tampoco acostumbraba explicar aquello que consideraba evidente. Sin embargo, decir que Kishue no era una preocupación significaba mucho más que asegurar que podía cuidarse solo. Habían peleado suficientes veces a su lado para saber lo que ocurría cuando la situación empeoraba: él avanzaba, atraía la amenaza y dejaba su espalda en manos de ambas sin perder tiempo comprobando si continuaban allí.

Al principio, Rin había interpretado ese comportamiento como otra forma de imprudencia. Con el tiempo comprendió que Kishue no se adelantaba porque olvidara a sus compañeros, sino porque confiaba en que aprovecharían el espacio que les entregaba. Nunca intentaba ordenar cada uno de sus movimientos ni exigía que combatieran de una forma distinta para seguirle el ritmo. Se colocaba donde podía soportar la mayor presión y esperaba que ellas hicieran aquello que mejor sabían hacer.

Esa confianza había terminado por volverse mutua.

<Yo tampoco estoy preocupada por él> admitió Rei mientras se sentaba junto a las provisiones. <Sé que seguramente intentará pelear contra algo tres veces más grande, se arrojará al agua sin avisar o descubrirá otra manera de romper su ropa, pero no creo que nos abandone. Si todo sale mal, será el primero en regresar por nosotras>

Una expresión casi imperceptible suavizó el rostro de Rin. Podía imaginar cada una de aquellas posibilidades y ninguna resultaba especialmente improbable. Kishue no eliminaba el peligro de una misión; a veces parecía atraerlo con una facilidad extraordinaria. No obstante, a su lado el peligro dejaba de sentirse como algo que cualquiera tuviera que enfrentar en soledad. Si una de ellas caía, él estaría allí. Si el camino se cerraba, trataría de abrirlo. Y si alguien amenazaba a quienes viajaban con él, no calcularía primero cuánto podía costarle intervenir.

<Le confiaría mi vida>

Rei dejó de sonreír durante un instante. No por sorpresa, pues ya conocía la respuesta, sino por escucharla expresada con tanta claridad. Nadie fuera de ellas había conseguido hacerlas sentir de aquella forma. Habían trabajado junto a otros shinobi y aprendido a coordinarse con distintos equipos, pero la cooperación nacida de una misión no siempre se convertía en confianza. Con Kishue ya no necesitaban preguntarse si cumpliría su parte cuando las órdenes dejaran de ser suficientes.

<Yo también. Y creo que él ya nos confía la suya cada vez que corre delante sin mirar atrás>

Rin sostuvo su mirada antes de asentir. No expresó gratitud con la facilidad de Rei, pero la sentía. Kishue había conseguido un lugar entre ellas sin forzarlas a cambiar ni reclamar una cercanía que no le hubieran ofrecido. Su presencia había crecido mediante misiones, comidas, discusiones y combates hasta convertirse en algo que ambas esperaban encontrar. El viaje fuera de la aldea no parecía menos peligroso por llevarlo cerca, pero sí mucho más posible.

<Entonces no dejaremos que se arrepienta>

Aquello bastó como promesa. Protegerían su espalda del mismo modo en que él protegía las suyas. Si Kishue recibía la primera ofensiva, ellas se encargarían de quienes intentaran rodearlo; si su impulso lo conducía demasiado lejos, lo alcanzarían; si aparecía un peligro que sus escamas no pudieran detener, se colocarían entre ambos. No se trataba de devolver una deuda exacta, sino de responder a la confianza con la misma disposición que él les había mostrado desde que comenzaron a combatir juntos.

Los preparativos terminaron antes de que amaneciera. Rin aseguró su chakram y distribuyó los kunai alrededor de su equipo, dejando el hilo metálico en un compartimento de acceso inmediato. Rei protegió el arco con una cubierta ligera contra la humedad y comprobó por última vez las flechas. Ambas vistieron prendas apropiadas para caminar durante varios días y llevaron capas capaces de resistir la lluvia frecuente del País del Agua.

Durmieron menos de lo conveniente, aunque ninguna mencionó el cansancio cuando llegó la hora de partir. La casa quedó ordenada, las ventanas aseguradas y cualquier alimento que pudiera estropearse fue retirado antes de cerrar. Rin comprobó dos veces la puerta; Rei lo hizo una tercera únicamente para provocarle una mirada de impaciencia. Después iniciaron el camino hacia la salida de Kirigakure mientras el cielo apenas comenzaba a aclararse detrás de la niebla.

Las calles permanecían casi vacías. Algunos trabajadores abrían los almacenes y los guardias del turno nocturno se preparaban para ser reemplazados, pero la aldea todavía conservaba el silencio de las primeras horas. Rei caminaba con una energía que no correspondía a lo poco que había dormido. Rin avanzaba a su lado, atenta al peso de la mochila y a cualquier ajuste que debiera realizar antes de dejar atrás la posibilidad de regresar por algo olvidado.

Kishue las esperaba cerca de las puertas.

Rei reconoció primero su figura, aunque durante un instante creyó que el enorme objeto oscuro apoyado junto a él pertenecía a alguna estructura defensiva. El garrote tenía casi la misma altura que Kishue, estaba cubierto por remaches metálicos y terminaba en una cabeza de tiburón cuya boca parecía dispuesta a morder a cualquiera que se acercara. Cuando él levantó el Kanabō no Samehada y lo apoyó sobre su hombro, la diferencia de tamaño produjo una imagen tan desproporcionada que Rei no consiguió contener la sonrisa.

No se detuvo a comentar el arma. Apresuró los últimos pasos y rodeó a Kishue con ambos brazos, cuidando solamente de no golpear el arco contra el garrote. El abrazo fue espontáneo, más fuerte de lo necesario y completamente distinto de la moderación con la que Rin acostumbraba recibir a cualquiera. Rei estaba feliz de encontrarlo allí; no solamente porque el viaje comenzara con el equipo completo, sino porque la conversación de la noche anterior seguía demasiado presente para esconderla detrás de un saludo común.

Rin llegó un momento después. No abrazó a Kishue ni realizó ningún gesto tan abierto, pero la sonrisa que apareció en su rostro poseía una calidez poco habitual. No era la pequeña alteración casi invisible que ofrecía ante una broma de Rei, sino una expresión clara de alivio y confianza. Para alguien que protegía cada emoción como si también formara parte de su equipo, permitir que se mostrara decía más que cualquier recibimiento prolongado.

Kishue los recibió con una sonrisa enorme y una broma sobre tener que salvar por sí solo el futuro de Kirigakure. Después admitió que se encontraba nervioso, pues ninguno sabía qué encontrarían ni cuánto tardarían en regresar, pero tenerlas cerca y confiarles su espalda hacía que se sintiera mejor. Rei se separó lo suficiente para mirarlo y Rin mantuvo la sonrisa mientras escuchaba aquello que, sin saberlo, respondía exactamente a su conversación.

<Entonces sentimos lo mismo. Nunca nadie nos había hecho sentir tan seguras fuera de estas puertas> respondió Rei. <Puedes confiar en que estaremos detrás de ti, aunque decidas correr hacia el peligro con ese monstruo sobre el hombro>
Rin observó el Kanabō no Samehada, después a Kishue. El arma era excesiva, pesada y poseía una cabeza de tiburón, por lo que resultaba difícil imaginar una adquisición que encajara mejor con él.
<Cuidaremos tu espalda> aseguró con sencillez. <Y si algo consigue derribarte, tendrá que enfrentarnos antes de volver a tocarte>

Las puertas de Kirigakure se abrieron hacia un camino todavía cubierto por la neblina. Más allá se encontraba una búsqueda sin duración conocida, enemigos que todavía no podían identificar y una responsabilidad demasiado grande para cualquiera de ellos por separado. Rin ajustó el peso del chakram; Rei comprobó su arco y Kishue sostuvo sobre el hombro el enorme garrote.

Las hermanas abandonaron la aldea a su lado. No sabían cuándo volverían, pero ninguna necesitó mirar atrás para comprobar que los otros dos continuaban allí. Por primera vez, alejarse de Kirigakure no se sentía como dejar atrás toda seguridad. Parte de ella caminaba junto a las tres figuras que se internaban en la niebla.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
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