29-08-2026, 03:31 PM
El patio trasero de la residencia Yamanaka no cumplía, bajo ninguna métrica, con lo que Raito consideraba digno para su persona. El suelo de tierra batida amenazaba a cada segundo con manchar sus sandalias nuevas, y el sol de la tarde pegaba en un ángulo molesto. Con apenas ocho años, Raito ya llevaba los brazos cruzados con una indignación infantil pero pretenciosa, mirando hacia la copa de los árboles como si estuviera perdiendo el tiempo en algo muy inferior a su nivel —Papá, esto es una pérdida de tiempo —protestó Raito, acomodándose el cuello de su túnica con un gesto dramático — Mis manos están hechas para cosas importantes y para que la gente me admire, no para llenarme de polvo aquí afuera. Si voy a ser famoso en la aldea, debería estar practicando cómo presentarme, no esto —.
Su padre suspiró, sobándose el puente de la nariz con la paciencia de quien ya conocía de memoria las pataletas de su hijo — Raito, deja las quejas para después —le interrumpió su padre con voz firme pero pausada— Si quieres que la gente te conozca y te respete, primero tienes que aprender la técnica fundamental de nuestro clan. Escúchame bien, porque no te lo voy a repetir: esto es lo que hace un Yamanaka —
El hombre se colocó frente a él, obligando al niño a prestar atención a la forma de sus manos —El Shintenshin no Jutsu no es un truco sencillo. Tu conciencia viaja a través de tu red de Tenketsu. Para lanzarla, tienes que formar un marco cuadrado con tus dedos frente a tus ojos, alineando las manos como un cañón por donde vas a disparar tu chakra en una línea recta hacia tu objetivo —.
Raito entornó los ojos, imitando el gesto de las manos frente a su cara. Miró a través del espacio cuadrado que formaban sus dedos, evaluando la vista del patio — Un cuadro con los dedos... Bueno, al menos la postura se ve bien —murmuró, tratando de poner cara de alguien importante —Pero tiene un riesgo enorme —continuó su padre con tono serio— En el instante en que disparas tu mente, tu cuerpo se queda sin chakra en los Tenketsu. Caes desmayado al suelo, completamente indefenso. Si fallas, si el enemigo se mueve o si chocas contra un árbol, tu mente tardará dos segundos en rebotar y volver a tu cuerpo. Dos segundos en una pelea de verdad son peligrosos —
Arrugó la nariz con absoluto rechazo. La sola idea de desplomarse torpemente contra la tierra como un saco de papas le parecía una humillación.
—¿Caer al suelo así de feo y sin avisar? Qué horrible... me voy a ensuciar toda la ropa —protestó Raito en un susurro indignado —Si logras dar en el blanco —prosiguió el padre, ignorando el drama del niño — Entras en su mente y tomas el control de su cuerpo. Podrás moverlo, hablar por él e interactuar, aunque no podrás usar sus técnicas ninja. Pero ten mucho cuidado: los dos cuerpos quedan unidos por chakra. Si al cuerpo que estás controlando le hacen daño o le pegan, tu cuerpo verdadero va a sufrir exactamente la misma herida —
Raito se quedó callado un segundo. Que le doliera algo en su propio cuerpo solo porque la otra persona recibiera un golpe le parecía una regla totalmente injusta.
—Si quieres que todos en la aldea sepan quién eres, Raito, primero tienes que dominar esta técnica —sentenció su padre, señalando el muñeco de madera al fondo del patio— Pon las manos en posición. Vamos a probar la puntería — Raito miró al muñeco de madera, luego sus propias manos, y finalmente soltó un fuerte resoplido de resignación. Aunque no le gustaba para nada la idea de terminar tirado en el suelo, su enorme deseo de destacar y demostrar que era el mejor pudo más que sus ganas de quejarse.
Levantó ambas manos a la altura de sus ojos, formando el marco cuadrado con los dedos y tratando de mantener los hombros rectos para verse genial.
—Está bien, lo voy a hacer —dijo Raito, acomodando los pies en la tierra con actitud decidida— Pero si me voy a caer desmayado, pon algo suave en el piso. El futuro ninja más famoso de Konoha no va a andar tirado en el barro como cualquiera —
Su padre suspiró, sobándose el puente de la nariz con la paciencia de quien ya conocía de memoria las pataletas de su hijo — Raito, deja las quejas para después —le interrumpió su padre con voz firme pero pausada— Si quieres que la gente te conozca y te respete, primero tienes que aprender la técnica fundamental de nuestro clan. Escúchame bien, porque no te lo voy a repetir: esto es lo que hace un Yamanaka —
El hombre se colocó frente a él, obligando al niño a prestar atención a la forma de sus manos —El Shintenshin no Jutsu no es un truco sencillo. Tu conciencia viaja a través de tu red de Tenketsu. Para lanzarla, tienes que formar un marco cuadrado con tus dedos frente a tus ojos, alineando las manos como un cañón por donde vas a disparar tu chakra en una línea recta hacia tu objetivo —.
Raito entornó los ojos, imitando el gesto de las manos frente a su cara. Miró a través del espacio cuadrado que formaban sus dedos, evaluando la vista del patio — Un cuadro con los dedos... Bueno, al menos la postura se ve bien —murmuró, tratando de poner cara de alguien importante —Pero tiene un riesgo enorme —continuó su padre con tono serio— En el instante en que disparas tu mente, tu cuerpo se queda sin chakra en los Tenketsu. Caes desmayado al suelo, completamente indefenso. Si fallas, si el enemigo se mueve o si chocas contra un árbol, tu mente tardará dos segundos en rebotar y volver a tu cuerpo. Dos segundos en una pelea de verdad son peligrosos —
Arrugó la nariz con absoluto rechazo. La sola idea de desplomarse torpemente contra la tierra como un saco de papas le parecía una humillación.
—¿Caer al suelo así de feo y sin avisar? Qué horrible... me voy a ensuciar toda la ropa —protestó Raito en un susurro indignado —Si logras dar en el blanco —prosiguió el padre, ignorando el drama del niño — Entras en su mente y tomas el control de su cuerpo. Podrás moverlo, hablar por él e interactuar, aunque no podrás usar sus técnicas ninja. Pero ten mucho cuidado: los dos cuerpos quedan unidos por chakra. Si al cuerpo que estás controlando le hacen daño o le pegan, tu cuerpo verdadero va a sufrir exactamente la misma herida —
Raito se quedó callado un segundo. Que le doliera algo en su propio cuerpo solo porque la otra persona recibiera un golpe le parecía una regla totalmente injusta.
—Si quieres que todos en la aldea sepan quién eres, Raito, primero tienes que dominar esta técnica —sentenció su padre, señalando el muñeco de madera al fondo del patio— Pon las manos en posición. Vamos a probar la puntería — Raito miró al muñeco de madera, luego sus propias manos, y finalmente soltó un fuerte resoplido de resignación. Aunque no le gustaba para nada la idea de terminar tirado en el suelo, su enorme deseo de destacar y demostrar que era el mejor pudo más que sus ganas de quejarse.
Levantó ambas manos a la altura de sus ojos, formando el marco cuadrado con los dedos y tratando de mantener los hombros rectos para verse genial.
—Está bien, lo voy a hacer —dijo Raito, acomodando los pies en la tierra con actitud decidida— Pero si me voy a caer desmayado, pon algo suave en el piso. El futuro ninja más famoso de Konoha no va a andar tirado en el barro como cualquiera —