Rin ya estaba despierta. Había extendido parte de su equipo sobre la mesa del espacio común y revisaba cada pieza antes de guardarla. Comenzó por los kunais, comprobó el filo de cada uno con el pulgar sin llegar a tocarlo directamente y después hizo lo mismo con los shuriken. Acomodó el hilo ninja, las vendas y el resto de sus herramientas dentro de bolsas separadas, procurando que ningún objeto metálico chocara con otro al moverse.
El chakram recibió más atención. Lo sostuvo por la pequeña sección carente de filo y lo hizo girar lentamente delante de ella. A diferencia del arma decorativa que había intercambiado para obtenerlo, el aro respondía con precisión a cada movimiento de su muñeca. Su peso permanecía distribuido alrededor de toda la circunferencia y el metal no vibraba al detenerlo. No tenía piedras, grabados llamativos ni cintas doradas, pero podía utilizarse; para Rin, aquello lo volvía considerablemente más valioso.
Rei apareció en la entrada ajustándose todavía una de las mangas. Su mirada pasó del rostro concentrado de su hermana al chakram y una sonrisa se formó sin que intentara esconderla.
<Sigues admirándolo todas las mañanas> comentó <Y decías que la otra era solo una decoración>
<Estoy comprobando el equilibrio>
<Por cuarta vez>
<Sigue estando bien>
Rei rio por lo bajo y se acercó a su propio equipo. El arco descansaba sobre una silla, acompañado por el estuche de flechas que había preparado la noche anterior. Revisó la cuerda, observó la curvatura de las palas y flexionó el arma solamente lo necesario para comprobar su tensión. Después contó las flechas una por una, deslizando los dedos sobre las astas para buscar grietas o deformaciones capaces de alterar el vuelo.
Las hermanas eligieron ropa ligera, aunque suficientemente resistente para soportar caídas y rozaduras. Rin llevaba una prenda violeta oscura, ajustada al cuerpo y cerrada hasta la base del cuello. No tenía mangas, dejando sus hombros libres para golpear y bloquear sin que la tela limitara los movimientos. Sobre los antebrazos enrolló vendas negras y añadió protectores discretos alrededor de las muñecas, más útiles para amortiguar impactos que para detener un filo verdadero.
Su pantalón negro era flexible, reforzado sobre las rodillas y sujeto cerca de los tobillos para impedir que el tejido se enganchara durante las patadas. Las bolsas de herramientas quedaron distribuidas alrededor de la cintura y sobre el muslo derecho. Una cadena ligera, enrollada y asegurada mediante dos correas, descansaba en su costado. El chakram permanecía completamente visible en el lado izquierdo, apoyado contra la cadera dentro de un soporte que le permitía extraerlo sin rozar accidentalmente el borde afilado.
Rei prefirió una túnica corta de color azul grisáceo, entallada en la cintura y abierta sobre ambos costados para facilitar sus pasos. Debajo llevaba pantalones oscuros y protecciones ligeras sobre las espinillas. Sus mangas terminaban antes de las muñecas, donde varias vendas claras protegían la piel del roce constante de la cuerda del arco. Una bolsa de herramientas ocupaba su muslo izquierdo y otra más pequeña, con material para reparar flechas, quedó sujeta detrás de la cintura.
El arco resultaba imposible de ignorar. Rei lo llevó cruzado sobre la espalda durante el trayecto, aunque la posición permitía deslizarlo hacia una mano sin retirar las correas por completo. El estuche de flechas quedaba inclinado detrás de su hombro derecho, suficientemente alto para que las plumas no golpearan su espalda al caminar. A diferencia de Rin, que distribuía el equipo para el combate cercano, Rei necesitaba espacio para extraer, colocar y disparar una flecha sin que las demás herramientas interfirieran.
Antes de salir, Rin se acercó al arco y presionó uno de los cierres del estuche.
<Está flojo>
<No está flojo>
Rin tiró de la correa. El estuche descendió varios centímetros.
<Está flojo>
<Estaba cómodo> corrigió Rei mientras volvía a ajustarlo <Ahora está estrangulándome el hombro>
<Ahora no se caerá cuando corras>
Abandonaron la casa poco después. La humedad las recibió desde el primer paso, fría y fina, adhiriéndose al cabello y a la ropa sin llegar a convertirse en lluvia. Las calles comenzaban a llenarse con comerciantes levantando cortinas, trabajadores empujando carros y shinobi que regresaban o partían hacia sus encargos. A diez metros, las figuras perdían los detalles; un poco más allá se convertían en sombras y terminaban disolviéndose por completo.
El campo elegido se encontraba dentro de la zona comercial, escondido entre varias construcciones que habían crecido alrededor sin llegar a ocuparlo. Medía aproximadamente veinte metros de ancho por cuarenta de largo. No tenía techo, graderías ni vallas construidas para el entrenamiento. Sobre él solamente permanecía la neblina constante de Kirigakure, extendida como una cubierta gris que ocultaba las plantas superiores de algunos edificios.
Tres de los costados estaban bordeados por construcciones comerciales. A un lado se levantaba la pared posterior de una tienda de herramientas; al otro, varios almacenes de madera y piedra compartían una línea irregular de ventanas cerradas. El extremo más alejado terminaba contra los muros de dos restaurantes que todavía no habían iniciado el servicio. La única entrada clara era una calle estrecha que desembocaba directamente en el terreno.
A aquella hora, el espacio estaba vacío. El suelo era de tierra compactada y conservaba algunas zonas de hierba baja cerca de las paredes. Había pequeños charcos formados durante la noche, varias piedras sueltas y marcas antiguas de carros que alguna vez habían utilizado el terreno para descargar mercancías. Ningún obstáculo ocupaba el centro, permitiendo recorrer los cuarenta metros sin encontrar otra cosa que barro y desniveles menores.
La visibilidad alcanzaba aproximadamente diez metros. Desde la entrada no era posible ver con claridad el extremo opuesto del campo; las paredes y ventanas surgían gradualmente conforme avanzaban. Aquello convertía un lugar pequeño en un espacio de dimensiones inciertas. También impedía que cualquiera desde la calle observara todo lo que sucedía dentro sin aproximarse lo suficiente para ser detectado.
Rin recorrió el perímetro antes de comenzar. Apartó dos piedras del centro, comprobó la profundidad de los charcos y observó las ventanas que daban hacia el terreno. Rei caminó en dirección contraria, inspeccionando la calle de entrada y los sectores donde la niebla parecía acumularse con mayor densidad. No encontraron a nadie ni señales de que el campo estuviera siendo utilizado.
<Podríamos haber escogido un lugar con menos barro> señaló Rei al regresar.
<El suelo durante una misión no se vuelve seco porque lo pidas>
<Podría intentarlo>
Dejaron el equipo más pesado cerca de una pared, aunque conservaron las herramientas aseguradas a sus cuerpos. Rin mantuvo el chakram en la cadera y Rei el arco sobre la espalda. Entrenar sin el peso habitual habría sido más cómodo, pero no les enseñaría cómo las correas, las armas y los estuches alteraban su equilibrio durante un movimiento real.
Comenzaron calentando por separado. Rin rotó lentamente los hombros, estiró los brazos y flexionó cada muñeca antes de pasar a la cadera y las piernas. Rei hizo lo mismo cerca de ella, dedicando más tiempo al brazo que utilizaba para tensar la cuerda. Después recorrieron el campo a un ritmo moderado, desapareciendo durante algunos segundos entre la niebla antes de volver a cruzarse cerca del centro.
La segunda vuelta fue más rápida. Evitaron los charcos, saltaron sobre las marcas profundas de los carros y cambiaron de dirección en cada extremo sin detenerse. El equipo respondió como esperaban. El chakram permaneció firme contra el costado de Rin, mientras el estuche de Rei apenas se desplazó después del ajuste realizado en casa.
Al completar el recorrido, se situaron frente a frente con unos dos metros de separación. No necesitaban acordar quién comenzaría. Rin adelantó el pie izquierdo y elevó las manos; Rei adoptó una postura similar, aunque distribuyó el peso un poco más atrás. Durante un instante permanecieron quietas, observando respiración, hombros y caderas.
Rin lanzó el primer golpe.
Su puño derecho avanzó hacia el rostro de Rei sin intención de impactar. Rei desvió la mano hacia fuera y respondió con un golpe dirigido al abdomen. Rin giró el cuerpo, dejó que pasara junto a su costado y utilizó el movimiento para lanzar una patada baja. Rei levantó la pierna, bloqueando con la espinilla, y ambas retrocedieron un paso antes de entrar nuevamente.
No era una pelea, aunque tampoco una sucesión lenta de movimientos ensayados. Cada ataque llevaba suficiente velocidad para exigir una respuesta verdadera. Los puños se detenían a poca distancia de la piel cuando superaban la defensa; las patadas eran amortiguadas o desviadas antes del contacto pleno. El sonido de los antebrazos chocando, las sandalias rozando la tierra y las respiraciones medidas ocupó el campo vacío.
Rei avanzó con una combinación de dos golpes. Rin desvió el primero y se inclinó para evitar el segundo, pero al hacerlo dejó caer demasiado la mano derecha. Rei interrumpió la secuencia y tocó con dos dedos el espacio abierto junto a su mandíbula.
<Ahí> indicó <Bajaste la guardia cuando moviste la cabeza>
Rin recuperó la postura sin molestarse por la corrección.
<Lo sé. Otra vez>
Repitieron el movimiento. Esta vez Rin mantuvo la mano cerca del rostro, desvió el segundo golpe y respondió con el hombro contra el pecho de Rei. No llegó a empujarla, pero la posición habría permitido romper su equilibrio en un combate real. Rei asintió y cambió el ángulo de sus pies.
La siguiente secuencia fue iniciada por Rei. Lanzó una patada media y giró para convertir el retroceso en un segundo ataque. Rin bloqueó el primero con ambos antebrazos, pero el giro de su hermana resultó demasiado amplio. Antes de que la pierna completara el recorrido, Rin apoyó una mano sobre su cadera y detuvo el movimiento.
<Estás enseñando la espalda>
<Solo un instante>
<Es suficiente>
<Entonces no pestañees>
Rei repitió la patada, esta vez cerrando el giro y recuperando la guardia mucho antes. Rin trató de entrar durante la transición, pero recibió un golpe controlado con el codo sobre el antebrazo. Se separaron y volvieron a empezar, aumentando gradualmente la velocidad.
Desde cierta distancia, sus movimientos habrían parecido una danza dentro de la niebla. Avanzaban y retrocedían con ritmos semejantes, girando una alrededor de la otra sin perder la referencia. Cuando Rin atacaba, Rei parecía conocer la trayectoria antes de verla completa. Cuando Rei cambiaba de postura, Rin ya buscaba el espacio que quedaría abierto. Dos años de entrenamiento compartido habían convertido muchas respuestas en reflejos comunes.
Aquella coordinación también podía ocultar errores. Por eso interrumpían el flujo para corregirse. Rei señaló la rigidez de los hombros de Rin al preparar un golpe fuerte; Rin corrigió la distancia excesiva que su hermana dejaba entre ambos pies. Una exigía mayor precisión. La otra recordaba que un movimiento demasiado perfecto podía resultar fácil de leer.
<Relaja el brazo. Estás avisando cuál golpe quieres que duela>
<Y tú estás sonriendo antes de fingir>
La sonrisa de Rei desapareció.
<No hago eso>
Rin amagó un golpe, esperó y vio cómo la sonrisa regresaba durante la respuesta de su hermana.
<Lo haces>
Rei soltó una risa y utilizó la distracción para barrer con una pierna. Rin saltó sobre ella, cayó a un costado y respondió con una patada que se detuvo frente a sus costillas. Ambas permanecieron un segundo en aquella posición antes de separarse.
El calentamiento continuó hasta que la humedad dejó de sentirse fría sobre la piel. Sus respiraciones se volvieron más profundas, el barro marcó el borde de sus sandalias y varias hebras de cabello quedaron adheridas a sus rostros. Ninguna estaba cansada todavía. Los músculos habían perdido la rigidez de la mañana y sus posturas respondían sin demora.
Finalmente se detuvieron cerca del centro del campo. A diez metros, el equipo apoyado contra la pared apenas podía distinguirse como una mancha oscura. Más allá, la neblina ocultaba la calle por la que habían entrado y aislaba el terreno del movimiento de los comercios vecinos.
Rin ajustó el soporte del chakram y comprobó que pudiera extraerlo con un único movimiento. Rei deslizó el arco desde su espalda y probó la distancia hasta el estuche de flechas. El intercambio de golpes había terminado de prepararlas.
<¿Empezamos de verdad?> preguntó Rei, todavía recuperando el aliento.
Rin observó el espacio gris extendiéndose frente a ellas y adoptó nuevamente la guardia.
<Ahora sí>
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