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Autonarrada C : Vigilar las Sombras de la Hoja
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud15
Velocidad25
Tenketsu20
Sigilo8
755
885
Enlace al Post
17-08-2026, 09:42 PM
aprobada aqui si me tocas me caliento


● Rango y Tipo de la Misión: Rango C / Misión Normal (Auto-narrada)
● Fecha y Lugar: 40 de verano/ Konoha no Sato


La madrugada sobre Konoha no se precipita con un tajo limpio. Se desliza como un manto de tinta espesa que apaga el bullicio de los distritos comerciales y ahoga el color de los tejados bajo una pátina de gris uniforme. Desde la plataforma elevada del puesto de control perimetral, la silueta de Akira se recortaría contra el cielo estival, convertido ahora en un guardián silencioso de los muros que protegen la aldea oculta. El ascenso a Chūunin no había llegado acompañado de fanfarrias ni de celebraciones estridentes; se materializaba, en cambio, en este peso sutil pero innegable sobre los hombros, en el frío recordatorio de que las sombras del perímetro ya no dependían de la supervisión ajena, sino de su propia y solitaria cautela.

Con los antebrazos apoyados sobre la fría barandilla de piedra carcomida por el tiempo, Akira examinaría el horizonte con una fijeza que apenas parpadeaba. A su lado, sentado con una elegancia felina e imperturbable sobre el murete de contención, Makey aguardaría en silencio. El gato giraría la cabeza hacia la negrura de los matorrales, revelando el destello de su particular mirada: un ojo de un celeste tan pálido que parecía capturar la luz de las estrellas lejanas, y el otro de un violeta profundo, casi iridiscente en la penumbra. Un leve ronquido ronco brotaría del hocico del animal antes de que este decidiera acurrucarse contra la pierna de su dueño, buscando el calor residual de una túnica que ya empezaba a absorber la humedad gélida del rocío nocturno.

Las horas avanzarían con la lentitud desesperante de un péndulo desajustado. Las manecillas invisibles del tiempo marcarían el paso de la medianoche, y con ella, el flujo intermitente de camaradas que patrullan la zona perimetral. Mientras la brisa nocturna arrastraría el aroma a pino húmedo, tierra fría y el óxido metálico de las rejas, Akira mantendría el Byakugan activo de forma sostenida. Las venas alrededor de sus sienes sobresaldrían con un relieve tenso y pulsante, permitiéndole despojar a la noche de sus velos y observar el mundo en una monocromía implacable de canales de energía. A través de esa perspectiva perfecta, el joven Hyūga distinguiría el pulso vital de la aldea: las luces parpadeantes de las hogueras lejanas de los escuadrones ANBU en las copas de los árboles, el aleteo errático de los murciélagos y la estela cálida y constante de los shinobi que cruzaban los puestos de control.

En ese estado de hipervigilancia, una profunda reflexión invadiría su mente, alimentada por el ritmo monótono de la guardia. Al recorrer con la mirada los intrincados patrones de los muros internos y los sectores de patrullaje asignados, la imagen de su tío Kenji acudiría de manera inevitable a su memoria. ¿Cuántas noches como esta habría pasado Kenji en los mismos puestos, con las mismas botas gastadas y el mismo frío calándole los huesos, velando por los sueños de miles de habitantes mientras el resto descansaba? Ahora, Akira estaría haciendo exactamente el mismo trabajo. Ya no era el subordinado que obedecía órdenes a ciegas desde la retaguardia; ahora era la autoridad visible, el eslabón de la cadena encargado de garantizar que el perímetro no cediera ante el peligro invisible. Esa revelación no traería consigo un orgullo vano, sino una sobria aceptación del deber, el reconocimiento tangible de que el peso del apellido y el rango exigían desvelos silenciosos.

El silencio de la madrugada sería interrumpido de forma sutil por el crujir de las hojas secas y el roce metálico de las placas reglamentarias. Varios compañeros de patrulla de otros escuadrones cruzarían por su sector, deteniéndose lo justo para intercambiar un gesto de respeto con la cabeza.

—La noche está pesada, Akira —diría uno de ellos, un veterano de la división de rastreo cuya armadura crujía con cada movimiento, deteniéndose un instante junto al murete mientras se quitaba el casco para secarse el sudor de la frente.

—Tranquila, al menos por ahora. El perímetro se mantiene limpio —respondería el Hyūga con voz serena, manteniendo el tono bajo para no romper la atmósfera de la madrugada.

Ante la rigidez del frío nocturno que comenzaba a calar los huesos y entumecer los dedos, Akira extendería una mano hacia el pequeño termo metálico que reposaba junto al murete de piedra. Al desenroscar la tapa, el vapor denso y el característico aroma amargo, terroso y reconfortante del té de matcha invadiría el aire inmediato, rompiendo por un segundo la hegemonía del olor a humedad. Con un movimiento medido y preciso, vertería una porción del líquido humeante en la pequeña taza de metal y se la ofrecería al compañero de patrulla, cuyas manos enguantadas recibirían el calor con evidente agradecimiento. El gesto, repetido de forma casi idéntica con cada equipo que cruzara por su puesto de control a lo largo de las horas muertas, convertiría la fría soledad del muro en un punto de encuentro fugaz pero cálido. Compartir el té funcionaría como un ritual silencioso de apoyo mutuo, recordando a los shinobi que, a pesar del aislamiento de las guardias nocturnas, formaban parte de una misma comunidad unida por juramentos invisibles.

Makey, desde su posición elevada sobre el murete, observaría cómo los ninjas se turnaban para beber la infusión caliente, parpadeando con pereza ante la escena y moviendo rítmicamente las orejas antes de volver a concentrar su atención en el vaivén de las sombras entre los matorrales.

A medida que el cielo oriental comenzaría a teñirse con los primeros tonos grisáceos y polvorientos del alba, disipando lentamente el frío plomizo de la madrugada, el balance de la jornada quedaría claro. No hubo incursiones enemigas, ni alarmas de intrusión, ni señales de peligro que exigieran activar las técnicas de combate de su clan. Fue, en todos los sentidos posibles, una noche de absoluta y perfecta rutina. Sin embargo, mientras el sol comenzaría a bañar con una luz cálida y dorada los tejados de Konoha y el relevo matutino haría su aparición en la plataforma, Akira sentiría que el tiempo no se había desperdiciado. Las sombras habían sido vigiladas, el perímetro había resistido intacto, y un nuevo eslabón en su camino como Chūunin había quedado sólidamente forjado en el silencio de la noche.
[Imagen: JK2RddW.png]
Masashi Kishimoto
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17-08-2026, 10:02 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Autonarrada C : Vigilar las Sombras de la Hoja (TID 14600)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: C
  • Akira Hyuuga — Autor (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Rin
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17-08-2026, 10:13 PM
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Este tema ha sido cerrado.
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