Solicitud de misión: Aquí
Día 40 de Verano, Año 150 — Kirigakure no Sato
La mañana había cubierto el puerto oriental de Kirigakure con una niebla espesa que apenas permitía distinguir los mástiles de las embarcaciones ancladas. Desde los recientes incidentes en la costa, los controles sobre cualquier cargamento que abandonara la aldea se habían vuelto más estrictos, y varios puestos de vigilancia permanecían ocupados por shinobi armados. Junto a uno de los embarcaderos menores, un hombre de avanzada edad esperaba a Kinzo Funato bajo el techo inclinado de una caseta de navegación. Vestía un impermeable oscuro, llevaba una larga pipa apagada entre los dedos y sostenía contra el pecho un paquete rectangular protegido por varias capas de tela encerada.
El hombre se presentó como Jinsuke, antiguo navegante de la flota mercante de Kirigakure y encargado de custodiar los archivos marítimos más antiguos de la aldea. Sin perder tiempo, abrió parcialmente la envoltura para mostrar una bitácora de cuero agrietado, cuyas páginas contenían mapas dibujados a mano, registros de mareas y anotaciones sobre corrientes que ya no figuraban en las cartas modernas. No eran secretos militares ni rutas de guerra, pero aquella información podía evitar que embarcaciones civiles terminaran atrapadas entre arrecifes, bancos de niebla o corrientes capaces de arrastrarlas mar adentro.
La bitácora debía ser entregada personalmente en un asentamiento del Clan Funato situado en una de las islas del archipiélago. Jinsuke advirtió que el viaje habitual ya no podía realizarse: una tormenta reciente había destruido varias señales costeras y dos embarcaciones comerciales habían desaparecido durante la última semana. Además, algunos pescadores afirmaban haber visto una nave sin insignias recorriendo las rutas secundarias y siguiendo a los barcos que abandonaban Kirigakure. Por esa razón, Kinzo no viajaría en un transporte oficial, sino en una embarcación pequeña preparada para pasar desapercibida.
Tras entregarle el paquete, Jinsuke condujo al Funato hasta el extremo del embarcadero, donde una barca de vela estrecha se balanceaba sobre el agua oscura. El casco parecía resistente, aunque una inspección rápida revelaría que una de las cuerdas del timón había sido cortada parcialmente y luego colocada de nuevo para ocultar el daño. Quien lo hubiera hecho esperaba que la embarcación alcanzara aguas abiertas antes de perder el control. Entre la niebla, más allá de las defensas del puerto, el sonido distante de una campana marítima resonó una vez, aunque ninguna de las torres de señalización debía estar activa a aquella hora.
![[Imagen: g8IfIJt.jpeg]](https://i.imgur.com/g8IfIJt.jpeg)