03-08-2026, 09:19 PM
Había sido un día dificil. Las nubes negras, la niebla y la escasa luz plateada que atravesaba el cielo hacían que todo se viera mas desolado, solitario. Solo.
Con las manos en los bolsillos caminé tranquilo a casa, no apresuré el paso ni siquiera cuando comenzó a llover. Había pocas personas en la calle y solo se oía el eco de la misma lluvia en las calles ahora totalmente solitarias.
Los edificios grises, las calles negras y el cielo gris daban casi sueño. Un día solitario. El viento apenas movía la niebla mientras el agua caía. Estaba fría.
Mi cuerpo aprovechó para hidratarse un poco, absorbiendo las gotas de lluvia que me tocaban. Sentía que mi salud y mi velocidad se incrementaban, pero no había prisa en llegar.
Casi se oía el mar desde donde yo estaba. Bajo un techo de lámina, un puesto de dangos de marisco freía las bolitas de carne. El sonido de la fritura se perdía entre la lluvia, pero el olor no alcanzaba a desaparecer.
Seguí caminando bajo la lluvia, esperando a que algo sorprendente ocurriera, pero no ocurrió. Dejé detrás el puesto de dangos, en otra ocasión.
A veces ese sueño volvía a mi mente. Otro yo, otra vida, otro Kalak en otra kiri... en otro tiempo...
El mar se veía agitado, las olas rompían contra las rocas y el olor a petricor se fusionaba con el aroma del mar.
Ya podía ver mi casa desde ahí, a lo lejos, blanca, con las ventanas abiertas. Por la calle empredrada subí la calle paso a paso, mojado, sin presura. Finalmente llegué a mi casa, grande, blanca, donde vivía con mis padres y otros miembros del clan.
Abrí la puerta y entré. No había nadie aún. Quizás era muy temprano.
Subiría a mi habitación abriría el agua caliente de la ducha y comenzaría a desvestirme. Había sido un día pesado.
Con las manos en los bolsillos caminé tranquilo a casa, no apresuré el paso ni siquiera cuando comenzó a llover. Había pocas personas en la calle y solo se oía el eco de la misma lluvia en las calles ahora totalmente solitarias.
Los edificios grises, las calles negras y el cielo gris daban casi sueño. Un día solitario. El viento apenas movía la niebla mientras el agua caía. Estaba fría.
Mi cuerpo aprovechó para hidratarse un poco, absorbiendo las gotas de lluvia que me tocaban. Sentía que mi salud y mi velocidad se incrementaban, pero no había prisa en llegar.
Casi se oía el mar desde donde yo estaba. Bajo un techo de lámina, un puesto de dangos de marisco freía las bolitas de carne. El sonido de la fritura se perdía entre la lluvia, pero el olor no alcanzaba a desaparecer.
Seguí caminando bajo la lluvia, esperando a que algo sorprendente ocurriera, pero no ocurrió. Dejé detrás el puesto de dangos, en otra ocasión.
A veces ese sueño volvía a mi mente. Otro yo, otra vida, otro Kalak en otra kiri... en otro tiempo...
El mar se veía agitado, las olas rompían contra las rocas y el olor a petricor se fusionaba con el aroma del mar.
Ya podía ver mi casa desde ahí, a lo lejos, blanca, con las ventanas abiertas. Por la calle empredrada subí la calle paso a paso, mojado, sin presura. Finalmente llegué a mi casa, grande, blanca, donde vivía con mis padres y otros miembros del clan.
Abrí la puerta y entré. No había nadie aún. Quizás era muy temprano.
Subiría a mi habitación abriría el agua caliente de la ducha y comenzaría a desvestirme. Había sido un día pesado.