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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato
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Misión E: Canción de verano
Narrador Tenseigan-kun
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31-07-2026, 01:33 AM
aprobado

El alba del día cuarenta y cuatro del verano del año ciento cincuenta se presenta envuelta en una espesa y caprichosa bruma matutina. La niebla aún se aferra con fuerza a los adoquines húmedos del distrito comercial de Konoha, difuminando los contornos de los faroles de papel, los postes de madera noble y las lonas coloridas de los puestos que poco a poco comienzan a abrir sus puertas. Un calor veraniego, sutil pero cargado de humedad, empieza a disipar la escarcha del amanecer, mezclando en el aire los aromas tentadores del té tostado, el pan dulce recién horneado y la frescura verde de los árboles que flanquean las plazas.
Junto a la gran fuente central de piedra, un bullicioso grupo de niños corretea alegremente, riendo y lanzando pequeñas piedras al agua mientras comentan con entusiasmo un evento inusual ocurrido apenas unas horas antes. Según sus relatos animados, cuando la niebla era más densa y las calles aún dormían, un mercader extranjero había aparecido de la nada, cargando un bulto voluminoso de pergaminos y tocando un instrumento de cuerdas de madera oscura con una maestría hipnótica. Sus canciones hablaban de vientos marinos, dunas lejanas y cordilleras extranjeras, entonando melodías completamente ajenas al repertorio tradicional de la Hoja.

A pocos metros de allí, entre los toldos rayados que comienzan a desplegarse bajo el sol estival, el sonido rítmico de un trapo escurriéndose contra la madera rompe el murmurlo de la plaza. Se trata de Daisuke, un anciano comerciante de especias y tés secos cuyo puesto ha resistido décadas en el distrito. Con el ceño fruncido y un delantal de lona manchado de cúrcuma, el viejo sacude la cabeza con fastidio al notar la presencia de Makizu.

—¿Tú también vienes por lo del forastero ruidoso? —pregunta el anciano con voz áspera, apoyando ambas manos sobre la superficie de madera—. ¡Cáspita! Estaba intentando abrir el local con la paz que este viejo cuerpo merece, cuando aparece ese sujeto de gabardina gastada y un bulto enorme a la espalda. Se puso a puntear unas cuerdas de madera que sonaban extrañas. No era música de la Hoja, muchacho; tenía una cadencia melancólica, como de olas chocando contra acantilados lejanos que jamás hemos visto por estos lares.

El comerciante frunce los labios y señala con el dedo índice hacia un callejón angosto que serpentea entre las herrerías y las tiendas de pergaminos, adentrándose hacia la zona norte del distrito.

—Los críos se amontonaron enseguida formando un bullicio insoportable, pero él ni se inmutó. Solo sonrió bajo la neblina, murmuró algo sobre buscar "un rincón donde el viento no sople tan seco" y se marchó cojeando ligeramente hacia el norte, bordeando el viejo taller de los herreros. Si de verdad te interesa esa música o andas tras la nota escrita de su puño y letra que se le desprendió del morral en medio del barullo, te sugiero que te des prisa antes de que el bullicio del mediodía devore su rastro por completo.

El angosto callejón del norte, flanqueado por los muros de piedra de la herrería y los aleros de madera, permanece envuelto en una calma relativa, mientras el eco rítmico del martillo sobre el yunque comienza a resonar al fondo. Las condiciones del entorno y los rastros de la ruta hacia la zona norte quedan completamente expuestos.
Makizu
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02-08-2026, 04:18 AM
El día corría plácidamente, Makizu disfrutaba un rico helado sentada en una de las plazoletas, se había levantado muy temprano para hacer un montón de nada, en su clan le despreciaban peor no tener talento según los más viejos. Por ello no hacia mucho mas que recados de mierda para gente de mierda. Era temprano pero ya había trotado, hecho ejercicio, meditado, duchado y comido algo liviano. No comía tanto en la mañana por que le daba algo de asco la comida tan temprano, solo un vaso de jugo y media banana. El helado estaba por terminar cuando comenzó a escuchar a los niños correr de un lado a otro, desordenados, con sus uniformes desaliñados y sucios de tanto jugar, aunque fuera temprano ya eran un desastre. Pequeños cabrones.  

A pocos metros de allí, entre los toldos rayados que comienzan a desplegarse bajo el sol estival, el sonido rítmico de un trapo escurriéndose contra la madera rompe el murmullo de la plaza. Se trata de Daisuke, un anciano comerciante de especias y tés secos cuyo puesto ha resistido décadas en el distrito. Con el ceño fruncido y un delantal de lona manchado de cúrcuma, el viejo sacude la cabeza con fastidio al notar la presencia de Makizu.

Camino al escuchar mejor… era una melodía diferente, hermosa, animada y llena de vida. No. no era una música de la hoja, era, era un deleite extranjero. Se termino el helado y siguió sus instintos y su agudo oído hasta finalmente detenerse cerca de otro viejo que abría su tienda. —Si anciano, ¿Lo escucha? Es una música hermosa, que no la siente. Es como el terciopelo rosando mi piel. Un festival de luces para mis oídos.— Mak seguía la melodía con sus manos tocando un instrumento de aire que parecía responder a sus deseos con cada acorde imaginario que le brindaba a su oído.

Mak sonrió, agradeció al viejo y salió rauda y atenta en la dirección que le indicaba el anciano que a pesar de todo imaginaba que también disfrutaba la música, sino como notaria que ella era tan devota a devorar notas tan hermosas. Seguro su rostro sin notarlo demostraba algún tipo de arqueo de felicidad que no podía controlar y la dejaban expuesta como un jodido libro abierto. Sus pasos rápidos y certeros, llegando al callejón donde la música aún se escuchaba. El musico era excelente, el ritmo hacia que se moviera sin desearlo. Casi como un hechizo secreto subía por sus piernas, sus muslos y terminaba en sus caderas. Era algo glorioso. ¿Pronto encontró un rastro… el musico? Unas hojas de papel parecían danzar en medio del callejón, muchos papeles sucios, pero uno de ellos… ¿Podría ser? ¿Sería una de las partituras del gran musico? Maki sonrió con codicia. Podría obtener algo de el quizás, aprenderla o… devolverla? Que clase de soquete devolvería una partitura tan deliciosa como la que tocaba el musico extranjero? Un tonto ciertamente.
[Imagen: a327fec0-520b-47d4-99aa-a116d98e864b.png]
Narrador Tenseigan-kun
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02-08-2026, 04:28 AM
El eco persistente de la música extranjera, vibrante y cargada de una cadencia embriagadora, parece rebotar rítmicamente contra los húmedos muros de piedra gris del callejón, perdiéndose levemente hacia las entrañas más profundas y laberínticas del distrito comercial de la aldea. El sonido metálico y pesado del yunque golpeando en la herrería cercana continúa marcando un pulso casi industrial, un compás terrenal y constante que choca y contrasta de forma fascinante con la ligereza etérea de la melodía que aún flota perezosamente en el aire.

Sobre los adoquines fríos y resbaladizos, atrapada entre el polvo matutino y la rutina cotidiana del sector, el fragmento de papel que ha capturado por completo la atención de la Sarutobi yace completamente inmóvil. Al detenerse a observarlo de cerca, el objeto se revela con total claridad como una hoja de pergamino ajada y maltratada por el uso constante, cubierta de densas anotaciones a mano alzada trazadas con una tinta oscura que ha resistido con dificultad la persistente humedad de la bruma matutina. Lejos de tratarse de simples garabatos o notas al azar, los trazos detallan con pulso firme combinaciones de acordes exóticos, marcas de compás inusuales y anotaciones poéticas escritas en un idioma completamente extranjero, plasmadas sobre el papel con la urgencia arrebatada de quien compone impulsado por una profunda inspiración pasajera.

A pocos pasos más adelante, el angosto callejón se bifurca peligrosamente entre la profunda penumbra de los aleros de madera y las sombras alargadas proyectadas por los toldos de los comercios vecinos, mientras el rastro sonoro del misterioso bardo se debilita progresivamente, indicando sin lugar a dudas que el creador de aquella sinfonía sigue avanzando a paso firme y constante, dejando cada vez más atrás el bullicio de la plaza principal. El entorno circundante, impregnado de misterio y expectativa, permanece en silencio, guardando celosamente cada detalle a la espera del siguiente movimiento en este rincón de la Hoja.
Makizu
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02-08-2026, 04:46 AM
La música parecía dominar la ciudad… esto, ¿Esto lo provocaba el hábil musico? Mierda, Mak quería llegar a ese nivel, un nivel tan grande que el artista e4ra capaz de fusionar su propio arte con la ciudad misma usándola de instrumento, agregaba entre cada martilleo, entra cada paso, entre cada grito y risa de algún niño, sus notas clave, las necesarias como para demostrar que cada acto, cada nota y ruido era capaz de conectarse con un mundo de posibilidades y oportunidades. Unas que solo eran capaces de convertirse en un hermoso conjunto, la sinfonía de la vida. El sonido parecía que le volvería loca. Sus idos no podían soportarlo, necesitaba comprenderlo todo y poco a poco… cada lectura. Incluso sin tomar el papel podía procesarlo todo. Sentir que las notas y el ritmo fluía por ella… la hoja inerte llena de pasión fue tomada por ella y la codicia pareció apoderarse de ella. Podría simplemente convertirse en una reliquia familiar. En un tesoro tan grande e importante que quizás hasta los viejos rancios de su clan podrían reconocerla como alguien medianamente capaz. Con eso ella se conformaba. Que no la tildaran de perdedora.
 
Leyó el pergamino, y de primera no entendió nada, pero con el avanzar en las instrucciones podía volver a atrás y leer, releer y cada una de las lecturas descubría maravillas aun mayores. Era sublime como aprendía de una simple hoja de papel. Entonces le llego de nuevo, impulsada por un ritmo misterioso. Que… que era, si, la música nuevamente llego a ella. devolver el pergamino seria lo correcto, pero ella nunca hacia lo correcto. Siempre era de las que hacían lo que quería.
 
Ahora con la disyuntiva, giro los ojos sobre sus propias cuencas, se guardo el pergamino y corrió detrás de la melodía, tan rápido, tan esperanzadoramente que olvido que estaría a punto de entregar un gran tesoro, gracias a su oído privilegiado podía escuchar y sentir el ritmo como le guiaba e instintivamente acomparsaba los movimientos con la música que le llegaba a en oleadas sin descanso. Debía llegar al musico.
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02-08-2026, 03:35 PM
El pergamino ajado, guardado con presteza entre las pertenencias de la Sarutobi, deja tras de sí un vacío momentáneo en el aire frío del callejón antes de que la intensa corriente de movimiento y velocidad arrastre todo a su paso. La decisión de retener aquel tesoro extranjero resuena íntimamente en el ambiente, mientras el entorno reacciona de inmediato ante la repentina y arrolladora carrera de la kunoichi. Al doblar con ímpetu la esquina que conecta el sector de las herrerías con las callejuelas residenciales de la zona norte, el pavimento de adoquines húmedos parece temblar bajo la pisada firme. Un vendedor de hortalizas que acomodaba sus productos en una cesta de mimbre apenas tiene tiempo de dar un respingo, apartándose con torpeza mientras un fuerte revés de viento, provocado por la carrera, agita violentamente los toldos de lona rayada y hace bailar los letreros de madera colgantes de las tiendas locales.

Arriba, en los tejados recubiertos de tejas de arcilla oscura, una gata callejera de pelaje pardo interrumpe su aseo matutino, arqueando el lomo con desconfianza ante el repentino destello de movimiento que cruza el suelo, provocando que una pequeña lluvia de piedrecillas y polvo descienda sobre el camino. El laberinto arquitectónico de Konoha actúa en ese instante como un gigantesco amplificador acústico: las notas musicales que guían los pasos ya no llegan de frente, sino que rebotan caprichosamente contra las paredes de papel y madera de las viviendas tradicionales, fragmentándose en mil ecos distintos que confunden los sentidos. Un compás de cuerdas tintineantes parece filtrarse desde un patio interior cercado por altos muros de piedra, mientras que el ritmo principal se desvía bruscamente hacia la izquierda, descendiendo por una pendiente angosta flanqueada por hileras de cerezos cuyas hojas aún retienen la bruma del amanecer.

El aire se impregna ahora de un aroma dulzón, una mezcla entre incienso quemado y el perfume fresco de la madera recién tallada que proviene de un viejo gremio de artesanos. Al final de esa pendiente, la estrecha calle desemboca de repente en una pequeña plaza secundaria, un cruce de caminos adoquinado donde tres rutas diferentes convergen bajo la sombra de un gran arce centenario. Es allí, precisamente en ese punto de convergencia donde el viento cambia de dirección con fuerza, que el rastro sonoro del bardo se intensifica de golpe, vibrando con una claridad abrumadora que parece prometer el clímax de la persecución. El escenario queda completamente tendido, con múltiples alternativas abiertas y el eco de la música resonando con furia en el umbral de la siguiente zona, a la espera del paso definitivo que decida el encuentro.
Makizu
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05-08-2026, 06:22 AM
Las notas parecían jugar con ella. Cada vez que creía estar a unos pocos metros del músico, el viento cambiaba de dirección y la melodía volvía a deslizarse entre los callejones como si la propia aldea quisiera burlarse de ella. Makizu redujo la velocidad al llegar a la pequeña plaza. Permaneció inmóvil unos segundos, cerrando los ojos. Correr ya no serviría de nada. Escuchar, sí.
 
El martilleo lejano de la herrería... unos niños discutiendo... el graznido de un cuervo... el roce de las hojas del arce agitadas por la brisa... Y, por debajo de todo aquello, las cuerdas. Sonrió. —Te encontré.— Rodeó lentamente el árbol centenario hasta descubrir al forastero sentado sobre uno de los bancos de piedra. La enorme mochila descansaba junto a él mientras sus dedos recorrían el instrumento con una naturalidad casi insultante. No parecía un hombre extraordinario. Vestía una gabardina gastada, llevaba el cabello revuelto por el viaje y cojeaba ligeramente, tal como habían descrito. Lo extraordinario era lo que ocurría cuando tocaba. La plaza entera parecía respirar al mismo compás.
 
Makizu permaneció callada hasta que la última nota terminó de extinguirse. —Toca bien, viejo.— El extranjero soltó una pequeña risa.—Eso intento desde hace unos treinta años.— La joven metió la mano dentro de su chaqueta y extrajo el pergamino arrugado. Lo sostuvo unos segundos delante de ella.—Se le cayó.— El hombre abrió mucho los ojos antes de levantarse con más rapidez de la que cualquiera esperaría de alguien con aquella cojera.—Pensé que lo había perdido para siempre.— Makizu observó nuevamente la hoja. Durante buena parte del camino había pensado en quedársela. Era una reliquia, un conocimiento extranjero, algo que pocos tendrían la oportunidad de estudiar. Sonaba tentador. Muchísimo.
 
Chasqueó la lengua.
 
—Qué mala suerte la mía.— El músico arqueó una ceja.—¿Perdón?— algo intrigado miraba la nota y el rostro de la ninja —Estuve como diez minutos convenciéndome de robártelo.— El hombre tardó un instante en comprender que hablaba completamente en serio. Después soltó una carcajada tan fuerte que incluso un par de palomas levantaron el vuelo. —Al menos eres honesta.— Dijo patpeandole la cabeza —Sí. Es un defecto horrible.— Finalmente le entregó el pergamino. El forastero lo recibió con un cuidado casi reverencial y permaneció unos segundos observando las manchas de humedad que cubrían los márgenes. —Gracias.— Makizu se encogió de hombros. —Tampoco te emociones. Si me lo quedaba iba a pasar meses intentando entender esas notas raras y probablemente terminaría tocando como un gato al que pisan la cola.— Aquello volvió a hacer reír al músico. Como recompensa, el viajero acomodó nuevamente el instrumento entre sus brazos. —Entonces déjame pagarte de otra forma.— Durante varios minutos la plaza volvió a llenarse de aquella música imposible. Sin prisas. Sin público. Sin festivales. Solo un músico y una muchacha sentada en el borde de la fuente escuchando cómo cada nota parecía mezclarse con el viento, las hojas y los sonidos cotidianos de Konoha.
 
Cuando la última melodía terminó, el extranjero realizó una leve inclinación de cabeza antes de cargar nuevamente el morral sobre su espalda. —Las partituras pueden perderse.— Miró el instrumento. —La música no.— Makizu observó cómo se alejaba calle arriba hasta desaparecer entre la gente. Después dejó escapar una sonrisa torcida. —Supongo que tiene razón...— Se llevó una mano al bolsillo y al no encontrar el pergamino, hizo una mueca de resignación. —Bah... ya encontraré otra cosa que robar algún día.— Y tarareando aquella melodía que ya había quedado grabada para siempre en su memoria, emprendió tranquilamente el camino de regreso a su claustro.
[Imagen: a327fec0-520b-47d4-99aa-a116d98e864b.png]
Masashi Kishimoto
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05-08-2026, 09:24 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Misión E: Canción de verano (TID 14386)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Makizu — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Akira Hyuuga — Narrador Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 35 Exp, Pergamino PERG001

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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05-08-2026, 09:24 PM
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🔒 Tema cerrado
Este tema ha sido cerrado.
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