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¿Sabías que… los Yamanaka crearon una red de comunicación mental a larga distancia para la aldea?
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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Comercial
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Entre ratos y gatos
Itsuki Senju
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21-07-2026, 01:23 AM
La tarde finalmente comenzaba a caer en Konoha, pero el calor del verano no daba tregua, el aire era seco, al menos las pocas corrientes que se logran filtrar entre las cada vez mayores estructuras que componían el paisaje urbano de la aldea. Aunque no sudaba a chorros podía sentir como su ropa se pegaba al cuerpo, el bullicio en la calle principal del distrito comercial sólo empeoraba la experiencia, figuras sin rostros, se paseaban el la ajetreada via comercial; algunos tan rápido que no daba tiempo de encontrar un patrón identificable, otros tan lentos que casi podía contar cada respiración que daban entre paso y paso, este era definitivamente el peor lugar para estar — No es lejos.. Debe estar por esta calle — pensó intentando consolarse para no explotar de rabia en la tumultuosa avenida. 


Itsuki no suele interrumpir su rutina diaria, después de su entrenamiento matutino, va a la biblioteca hasta bien entrada la tarde o busca algún encargo que hacer en las cercanías, preferiblemente algo que le permita encontrar nuevas pistas sobre su obsesivo, casi enfermizo, empeño en aprender los pormenores que llevaron a los Senju de pasado a perder el control y sucumbir antes la tal maldición que les convirtió en árboles, pero hoy era distinto, recientes eventos despertaron su interés en un nuevo tipo de conocimiento, tanto o más importante que tener el poder es controlarlo.


— Viejo inútil. "Pregunta en la avenida principal", dijo — El pensamiento le amarga la boca. Ninguno de estos mercaderes balancea el torso con el peso característico de quien pasa doce horas diarias frente a un yunque. Las posturas de los comerciantes son blandas, asimétricas, carentes de la tensión muscular que requiere moldear el acero. Para Itsuki no son personas; son simples obstáculos de carne y tela que le impiden encontrar la única pieza que necesita para romper el bloqueo de su investigación. Un artesano verdadero, alguien capaz de templar una herramienta que resista y encauce la brutalidad de su flujo de chakra sin resquebrajarse.


 — Ugh, voy a tener que venir mañana — se quejaba al cruzar la calle de un lado a otro — Sólo hay gente perdiendo el tiempo aquí incluso esos niños — se detuvo en seco mientras su sangre comenzaba a hervir ante la escena, dos niños que deberían estar en la edad de ser aspirantes a genin en la academia corrían atrás de un pobre animal que parecía bastante lastimado — Aquí aquí! Atrapalo! — gritaba agitando un palo de madera, mientras su compañero perseguía al gato en el callejón — ¡No dejes que se vaya! — ordenaba el otro preparándose para arrojar lo que tenía en sus manos. 


— “¡Qué demonios están haciendo?!” —su voz brota seca, sin tono conversacional, cargada con el peso sordo y autoritario de quien exige una disciplina que esos dos ni siquiera alcanzan a comprender — "Acaso no deberían estar entrenando?" — El impacto de su voz paraliza la escena. El chico del garrote abre la mano por puro sobresalto; el trozo de madera cae al suelo chocando contra el adoquinado. El segundo muchacho vacila, da un paso en falso hacia atrás, pierde el equilibrio y tropieza con su propio talón. Pasos irregulares, aceleración del pulso, respiración agitada por el pánico. Itsuki registra los micro-patrones con un desdén helado mientras el chico intenta recuperarse y echa a correr, arrastrando a su compañero tras de sí mientras sus voces se pierden en la multitud — Ahh Corre!! ¡Es ese loco de la otra vez! —  El Senju ni siquiera los mira alejarse; su vista vuelve abajo, justo donde el pequeño animal de pelo gris se detiene contra su bota, buscando refugio en su sombra.



— “Psst, estás bien ahora, ya puedes irte! No tengo nada que darte” — ordenaba a la criatura que ahora se restregaba en su pierna como gesto de agradecimiento — "No, arg vete" — le ordenaba con exasperación, era cómico y a la vez irónico como el pequeño gesto del felino le hacía perder la paciencia tanto como sus agresores.
Ran Kurai
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21-07-2026, 09:36 PM
No pudiendo evitar sentir la chica cómo ese cálido y abrasador sol de verano chocaba con más insistencia que nunca sobre su nívea, pálida y más que demacrada piel, la muchacha se dispuso a seguir transitando por las concurridas calles de la Aldea Oculta de la Hoja. La verdad de las cosas era que la joven ya a estas alturas tenía más que asumido que si deseaba ella finalmente realmente saciar, alcanzar, satisfacer todas esas tan altas metas que tenía en su obsesiva mente, cómo lo era por ejemplo ser la gran shinobi que esperaba ser eventualmente ser algún día, todo para así ser no sólo ser respetada tanto por su familia paterna cómo materna, sino para que a la vez su tan esquivo y severo progenitor la mirara cómo un padre amoroso mira a su hija, pues sí o sí tenía que ponerle el doble, o incluso o hasta quizás el triple esfuerzo. ¿No que, después de todo, el solo hecho de que su familia por parte de padre jamás quiso era la joven siquiera hiciera el intento de ingresar a la Academia Ninja, había perjudicado mucho, tal vez demasiado su aprendizaje cómo shinobi…? ¿No que, en vista que su padre siempre hubiera tenido esa fija postura de que la muchacha no recibiera instrucción alguna cómo ninja, sino más bien que siguiera siendo criada cómo la señorita aristócrata que aún ella de todas formas era, sólo había hecho que no sólo muchas dudas aparecieran en su cabeza, sino que su educación fuese  más tardía?

¿Tan, pero tan tardía, que hasta había sido tremendamente riesgoso que la chica no hubiera podido ser la genin que era hoy por hoy? Haciendo entonces la joven todo lo posible por esfumar pensamientos y recuerdos que ciertamente por ningún motivo la llevaría a buen puerto, sino que todo lo contrario, fue que ella misma siguió rondando por la zona comercial de Konoha. Y si bien, no era para nada mentira que la joven no estaba precisamente pasando por el mejor momento de su vida y cómo no tomando en consideración que aún tanto su padre cómo su madre, esa misma mujer que tanto la chica desprecio sentía por esta misma, todo debido a su grave dependencia al alcohol y por ser siempre frágil, siempre vulnerable, ella estaba plenamente consciente de que si deseaba en algún punto de su existencia  conseguir ser lo que ansiaba ser, pues tendría que dejar por completo el pesimismo, y así en el acto actuar de tal manera, de tal forma, que en vez de echarse constantemente hacia abajo, ella hiciera absolutamente lo contrario… o sea, pensar en que cosas buenas llegarían a su persona, y no al revés. Y sí, sonaba muy bonito o fácil decirlo, pero la cosa estaba en que para la joven todo eso le costaba en demasía, un mundo, llevarlo a cabo. ¿Cómo no podría ser complejo para Ran, si durante toda su corta existencia sus familiares pertenecientes al clan de los Kurai, le decían hasta el cansancio de repetitiva manera que ella no era más que un error? 

¿Un error que nunca tuvo que haber existido, al haber ella misma nacido mujer y no varón, dejando en el acto a su madre no poder dar a luz a más hijos? El solo pensar en todas esas cosas, sólo hacía que la chica se sintiera impotente, fracasa, limitada, siendo tal vez lo más patético  de toda esa peculiar situación, que ella generalmente creía que era la única y gran culpable de que el clan al que su progenitor pertenecía, no pudiera seguir a flote. ¿Acaso era que la chica no se daba para nada cuenta de que ella sólo era producto de los reales responsables de toda esa situación, siendo ella misma no más que una víctima? Pero no, no, y no… la joven estaba tan, pero tan dañada, la joven estaba tan, pero tan adoctrinada con la idea de que era un fracaso viviente, que era totalmente incapaz de darse cuenta, de percatarse, de que ella sí efectivamente podría no solamente salir de todo ese tóxico ambiente en el cual estaba atrapada, sino que a la vez ser, pero de verdad ser, la persona que aspiraba. Con su siempre sombría y hasta amargada mirada, la kunoichi dejó muy fijos sus apagados ojos hacia el frente, como deseando a toda costa no distraerse, no desviar su camino por nada del mundo, y es que lo único que deseaba en esos precisos momentos era ir directamente hacia donde estaba ubicada la Academia Ninja, con la sola intención de entrenar un poco antes de seguir con su típica rutina. 

Sin embargo, ya atravesando el Barrio Comercial, fue cuando algo le llamó a ella especialmente la atención; unas voces, presumiblemente infantiles, emergían desde un callejón cercano a donde precisamente Ran estaba caminando, a lo cual ella, tal vez guiada por su intuición, tal vez guiada por su curiosidad, en vez de seguir con su ruta hacia donde  a buenas a primeras ella deseaba ir, fue que se resolvió finalmente a para en seco, y desviar su camino recto hacia aquel sitio. —¿Qué estoy haciendo aquí…?—fue lo que pensó la muchacha a sus adentros, no pudiendo ella misma explicarse a ciencia cierta por qué había tomado la resolución de adentrarse en aquel callejón,  al mismo tiempo que su mirada daba a dar con un par de chicos que salieron prácticamente despavoridos de ese lugar, a lo cual la shinobi alzó curiosa una ceja. ¿Qué estaba ocurriendo ahí…? Volteando entonces ahora su rostro  una vez más hacia el frente, su mirada, la cual de todas maneras conservaba esa seriedad, esa frialdad, pero por sobre todas las cosas esa permanente y hasta en cierto grado intimidante expresión, además de dos marcadas ojeras, debido a su eterno mal dormir, finalmente la joven enfocó toda su atención hacia un muchacho, el cual ella calculaba por su apariencia que ambos debían de tener más o menos la misma edad, que además aunque sí le sonaba muy, muy ligeramente familiar, aunque no sabía a ciencia cierta de dónde—¿Ese gato es suyo?—la  mirada de ella se volvió más intensa—.Parece algo asustado—añadió seguidamente. 
Itsuki Senju
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22-07-2026, 04:24 AM
El chasquido seco de una piedra desplazada bajo la suela de su bota táctica interrumpió el murmullo del callejón. Itsuki no desvió la mirada hacia el felino callejero ni hacia la figura que acababa de irrumpir en la penumbra; sus ojos azul gélido, fijos y desprovistos de calidez, se clavaron en la silueta. Para Itsuki, la joven no era un rostro ni una expresión —las facciones humanas en su percepción alterada se reducían a una máscara inerte e indistinguible— era una suma de vectores, una postura cargada de un peso innecesario y un ritmo respiratorio marcadamente irregular.

Ajustó con parsimonia la correa de su arnés rojo sobre la chaqueta gris oscuro, acortando la distancia tras cargar el animal cuidando de no lastimarlo más, una acción que contrastaba con la rígida postura que demostraba al andar. El balanceo de la kunoichi al detenerse denotaba un centro de gravedad inestable, y la forma en que los músculos de sus hombros permanecían rígidos delataba una tensión acumulada durante horas. Acompañado por el rastro rítmico de un parpadeo lento —síntoma evidente de privación de sueño—, el diagnóstico mental del Senju fue inmediato: una combatiente con la guardia comprometida por el agotamiento, intentando entablar conversación sobre un animal intrascendente.

"—El felino no me pertenece..." —sentenció con una frialdad tajante, la voz plana pero cargada de una severidad natural mientras daba un paso firme al frente—. "...Los animales no tienen dueño dentro de las filas de la aldea a menos que sirvan a un propósito claro. Si pretendes malgastar tu tiempo cuidándolo, puedes quedártelo."— extendía su brazo ofreciendo a la criatura cuidando de no lastimarla más, en sus manos el felino parecía mas pequeño de lo que realmente era, pero estaba tranquilo, dejando su temblorosa postura al sentirse en calma

Itsuki se detuvo a escasos tres pasos de ella, ignorando por completo la sutileza o el tacto. No conocía o recordaba el nombre de la chica aunque era un detalle que solía ignorar, su linaje ni las intenciones tras su presencia. Lo único que registraba su mente analítica era la discrepancia entre la determinación implícita en su marcha recta y la evidente debilidad de su estado físico: el ángulo ligeramente caído de sus hombros, el reparto desequilibrado del peso sobre sus calzados y el pulso irregular que hacía vibrar sutilmente la tela de sus mangas. Para el protector severo de Konoha, ver a un ninja de la aldea circulando en condiciones tan deplorables era una afrenta directa a la preparación militar de la Hoja.

"—Tu respiración es demasiado superficial. Estás forzando tu cuerpo a pesar de tener las reservas al límite" —añadió, cruzándose de brazos mientras la escudriñaba con una mirada frontal y desprovista de juicio social—. "Si entrenas con esa forma solo vas a cultivar vicios, deberías cuidar mejor tu salud. Habla claro, kunoichi. ¿Qué buscas en este callejón en ese estado?"

La idea original de visitar al herrero para inspeccionar el templado de nuevas herramientas se había evaporado por completo de la mente de Itsuki. El metal podía esperar; pero la ineficiencia humana en medio de Konoha, no. No podía simplemente pasar de largo y dejarla ir en ese estado. Permitir que un shinobi de Konoha circulase por las calles con semejante falta de firmeza era una negligencia hacia el monumento que su clan había ayudado a erigir. Si esa persona pretendía ser una pieza útil para la aldea, su deber inmediato no era buscar al herrero, sino entender la causa de esa debilidad estructural y forzar la corrección de su postura antes de que la realidad del campo de batalla lo hiciera de forma irreversible.
Ran Kurai
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22-07-2026, 08:18 PM
Alternando la muchacha acto seguido su mirada, su fría, estoica, sombría y apagada mirada, entre ese total y absoluto desconocido y ese felino, fue que a sus oídos llegaron con tal vez demasiada nitidez las siguientes palabra dichas por ese muchacho, a lo cual la joven reaccionó enseguida de manera corporal; alzó su ceja, su corazón comenzó a aclararse, aunque no tan grave cómo en ocasiones anteriores, además de que sus ojos se ensancharon ligeramente más de lo normal. Sin embargo, toda reacción experimentada por la muchacha no duró más allá de una o dos fracciones de segundo, manteniendo así en el acto esa misma expresión impregnada de seriedad y gelidez. Ya que sí, sí y sí, tal había sido la dura y severa, restrictiva crianza que la joven había recibido desde que ella misma tenía noción de sí al interior las murallas de ese lujoso palacete, esa misma en la cual la chica había sido casi incapaz de interactuar con personas de su misma edad, pares en la práctica ,que ciertamente toda la corporalidad de la muchacha sólo daba a entender que ella no se sentía ni alterada ni inestable emocionalmente hablando. ¿Cómo podría ser de otra forma, si todas esas respuestas físicas eran automáticas en su persona? ¿Era que tal vez la manera en la cual la joven se estaba comportando, era casi un comportamiento patológico, enfermizo, que hasta rayaba peligrosamente en algo que no era sano, que no debía de ser? Pero… ¿no era que ella no sabía actuar de otra forma? 

¿No era que la chica, al fin y al cabo, sólo tenía la capacidad de actuar de esa manera al haber recibido una educación que podía ser muchas cosas, menos precisamente amorosa, genuinamente dedicada y cariñosa, sino más bien una rígida, parca, lejana, y por qué no decirlo, hasta cruel de hecho? Ya entonces dejando de posar de una buena vez por todas su atención en ese gato callejero, ya que la chica tenía más que claro ese animal no era para nada perteneciente a ese muchacho al cual aún evidentemente no conocía, fue que llegó el instante en el que finalmente ese joven terminó de decir todas esas palabras, conservando la joven aún ese semblante que sólo daba a entender que ella no sentía ningún tipo de alteración. —Creo que usted, joven, se ha equivocado al haberme interpretado de esa forma—soltó entonces Ran, sonando gélida y estoica, aún ejerciendo contacto visual con ese chico en todo momento, sabiendo  a la perfección que eso era crucial para ella, tomando así también la decisión de defender contra viento y marea su posición frente a esa situación. Y es que, ¿qué se creía él la hablarle de aquella manera? ¿Acaso no se daba cuenta a qué familias pertenencia? No, obviamente no. Sin embargo, la verdad era que no sólo ese chico estaba dando en lo cierto, sino que  a la vez estaba provocando que la joven a nivel interno comenzara a sentir una verdadera revolución. ¿Era acaso lo que ella estaba sintiendo era eso llamado miedo, susto, tal vez temor? 

¿Era que la chica, después de todo, siempre estaría en esa especie de jaula mental, esa misma jaula mental que tanto, pero tanto daño le hacía a ella misma, al punto de que hasta era casi a estas alturas absolutamente incapaz de salir de esa tan terrible paranoia, de la cual una vez que la muchacha ingresaba a ésta, pues era de verdad complejo salir de ahí? —Mantén el control de las cosas, Ran—fue lo que se dijo la chica a sí misma, todo esto a la vez que seguía mirando a ese chico directamente a los ojos. ¿Qué clase de persona era ese muchacho, como para que él fuese capaz de leerla con tanta facilidad…?—Debe ser sí o sí un shinobi al igual que yo—pensó a continuación la joven, y es que sólo una persona con cierto tipo de instrucción podía hacer tal conclusión acerca de lo que realmente le estaba pasando a ella. Asumiendo entonces la joven ya de lleno que ese chico ya estaba graduado de la Academia Ninja de esa misma aldea, puesto que no podía ser de otra forma, fue que la muchacha hizo un pequeño esfuerzo mental cómo intentar recordar si es que acaso él y ella se habían topado en la misma Academia… y tras un par de segundos de concentración, la muchacha llegó a concluir que aunque sí, lo más probable era que ambos se habían topado más de alguna vez, pues los dos no habían cruzado palabra alguna, mucho menos establecer una relación interpersonal de cualquier tipo.  

Y aunque en un determinado momento la chica  llegó a pensar que lo mejor que podía  hacer era simple y sencillamente irse de ahí sin dar explicación alguna a ese chico, al momento siguiente ella supo enseguida que sin lo hacía sólo haría que sus comportamiento pudiera ser malinterpretado por él… y ella no estaba dispuesta a que esa sucediera. ¿Era que si cometía el error de hacer eso, sólo haría que ese desconocido llegara a sacar conclusiones que no le serían en lo absoluto convenientes para su propia persona? Sabiendo muy bien ahora la kunoichi que a partir de ese momento ella tenía que sí o sí saber manejar sus cartas de la manera más óptima, por decirlo de alguna forma, tal que ese joven no siguiera ni sospechando de ella ni mucho menos pudiera dar realmente lo que estaba pasando en su cabeza en esos precisos instantes, la joven decidió ahora hablar—Supongo que lo mismo que usted—fueron las crudas, heladas y tajantes palabras que salieron a través de los delgados y pálidos labios de la chica, mirando a ese joven con esa intensidad tan, pero tan usual en ella. No pudiendo de todas maneras la chica obviar ni mucho menos ignorar cómo su pulso siguió acelerándose a cada segundo que pasaba, la muchacha únicamente sólo pudo maldecirse a sí misma por haber acudido a ese callejón, al haber oído ese niños y los maullidos de ese gato. ¿Acaso toda esa escena había sido producto del destino, del mero azar, o tal vez un auténtico error? 
Itsuki Senju
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23-07-2026, 02:52 AM
Última modificación: 23-07-2026, 02:55 AM por Itsuki Senju.
Las cejas de Itsuki se contrajeron apenas un milímetro, un gesto imperceptible para cualquiera que no conociera la frialdad estática con la que solía procesar el entorno. Ante sus ojos, la muchacha de cabello oscuro no era una persona con un rostro definible; era una silueta rigurosa, un eje vertical demasiado tenso cuya línea de hombros apenas cedía ante la vibración del pulso. Notó el leve y casi imperceptible espasmo en la parte superior de su torso, el sutil estiramiento del cuello y la aceleración en el compás de sus respiraciones: un conjunto de micro-patrones corporales que revelaban un intento casi patológico de mantener una compostura de piedra.

Sin embargo, para el Senju aquella rigidez no infundía respeto alguno; al contrario, le resultaba molesta. Sus nudillos, protegidos por el cuero y el metal de sus guantes tácticos, se apretaron ligeramente sobre las hebillas del arnés rojo que cruzaba su pecho. Apretaba la mandíbula en un gesto claro de frustración contenida ante la languidez que emanaba de la postura de la joven. Había algo profundamente equivocado en la forma en que ella afirmaba su presencia: una fragilidad oculta tras una fachada de hielo, una falta de eje físico que para un shinobi de Konoha constituía una falla inadmisible.

"—Un ninja de esta aldea no se escuda en..." —comenzó a proferir Itsuki, con una voz que brotaba rasposa, seca y carente de toda diplomacia.

Las palabras, sin embargo, quedaron suspendidas en el aire. Desde la penumbra del angosto callejón, un maullido agudo y persistente cortó el silencio. El pequeño felino atigrado que Itsuki sostenía por la nuca sacudió las patas traseras en un impulso de rebeldía, buscando liberarse de la sujeción. La mirada de Itsuki, fría y desprovista de emoción facial, descendió brevemente hacia la criatura. Sin forcejear ni demostrar el menor atisbo de afecto o enfado, simplemente abrió los dedos y dejó caer al animal. El gato aterrizó sobre sus cuatro patas con un sonido sordo contra el barro y se perdió velozmente entre unas cajas de madera abandonadas. Itsuki exhaló un suspiro pausado por la nariz, canalizando la irritación momentánea para recuperar una calma cortante y enfocada. Ajustó la posición de sus pies sobre el suelo irregular, afianzando el centro de su gravedad, e interpuso una distancia firme antes de dirigir nuevamente su atención hacia la silueta de la chica. Su tono se volvió aún más elocuente, articulando cada sílaba con la severidad que caracterizaba su visión del deber.

"—Dices que me he equivocado al interpretarte, pero tu cuerpo no miente, ni tampoco la forma en que te plantas sobre el suelo —continuó, con una contundencia implacable—. Te graduaste de la Academia, llevas el simbolo oficial de una kunoichi y pretendes caminar por las calles de Konoha como una shinobi, pero tus pies apenas se afianzan a la tierra. Tu centro de masa vacila al menor estímulo. La postura de un Genin no es una pose defensiva ni una armadura de hielo; es la disposición absoluta de ser la primera línea de defensa de esta aldea. Si un enemigo te acorrala en este mismo instante, esa parálisis disfrazada de calma no te salvará, ni tampoco salvará a los compañeros que dependan de tu espalda."

Mientras las palabras severas salían de su boca, el mecanismo analítico de su cerebro —forzado a compensar la ceguera neuromuscular que le impedía procesar las facciones humanas como algo más que corteza inerte— comenzó a encajar piezas en su memoria. Analizó el matiz del tono de su voz, la altura exacta de su marco corporal y ese hábito tan específico de mantener los codos pegados al torso, buscando invisibilidad. Aquel patrón de movimiento no le era completamente ajeno. La memoria auditiva y motora de Itsuki rescató un archivo de sus días en las aulas de instrucción militar. Ella había pertenecido a su misma promoción. Recordó una figura que siempre se desplazaba por la periferia de los campos de entrenamiento, alguien que apenas dejaba huellas profundas en la arena y cuya presencia se diluía constantemente en la sombra de los pilares. En la Academia había pasado desapercibida para la mayoría, pero para alguien como él, que medía a los demás por la tensión de su postura y la firmeza de sus pasos, la falta de ímpetu era una marca imborrable.

Aquella constatación no hizo más que afianzar su obstinación. Su terquedad, templada en la disciplina diaria y el estudio de la historia de su clan, no le permitía dejar las cosas como estaban. Necesitaba entender por qué una kunoichi de la Hoja elegía comportarse con semejante inseguridad. Para Itsuki, la posición social, el linaje o las tragedias personales no tenían el menor peso; juzgaba estrictamente lo que las acciones transmitían en el presente.

No la despreciaba por ser reservada ni por haber tenido una presencia casi nula en el pasado. Lo que criticaba ferozmente era la falta de resolución, el temor contenido en la aceleración involuntaria de sus pasos y la brecha evidente entre lo que podía llegar a ser y lo que demostraba. Percibía en el fondo un potencial real, un destello de chakra concentrado que solo requería romper su propia jaula para emerger. Y si nadie más en la aldea se lo iba a exigir con la brutalidad necesaria, él lo haría "—Tienes potencial, la base física está ahí aunque intentes esconderla tras esa apatía —sentenció Itsuki, dando un paso directo hacia adelante, acortando la distancia entre ambos sin titubear—. Pero de nada sirve el potencial si te comportas como si pidieras perdón por existir en el campo de batalla. Konoha no necesita sombras que se dejen aplastar; necesita herramientas afiladas. Mírame a los ojos si quieres, pero demuestra con tu postura que de verdad estás lista para ser un ninja de esta villa."
Ran Kurai
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27-07-2026, 03:37 PM
La verdad de las cosas era que a cada palabra que ese perfecto desconocido le dedicaba a ella misma, más, más y más la alteración al interior de la joven no hacía más que crecer crecer y crecer. ¿Cómo podría ser esto de diferente forma, de distinta manera, si al fin de cuentas ese chico le estaba prácticamente enrostrando en la cara que ella, efectivamente, era todo lo que la muchacha en la práctica no deseaba por ningún motivo ser? Sin embargo, tampoco había que olvidar por ningún motivo que a la propia chica se le había educado, se le había instruido, se le había preparado desde que esta misma tuvo conciencia de sí, a precisa y justamente enfrentarse a e ese tipo de situaciones. Puesto que sí, al ser la joven perteneciente a una familia de origen aristocrático, que además tenía gran influencia en la política actual de la Aldea Oculta de la Hoja, se le había había enseñado a cómo actuar corporalmente hablando, a cómo interactuar cuando todo parecía indicar que estaba en su contra. ¿No que, después de todo, así debía de comportarse una persona que vivía rodeada de conjuras, conspiraciones y complots de índole política? Y es que sí, aunque era cierto que a la muchacha evidentemente no era el heredero varón que todos estaban esperando, también era verdad que se le había proporcionado la misma educación que comúnmente se les otorgaba a los miembros de la familia vía paterna de la chica. ¿Era que no todo estaba perdido para ella?

Cuando ya finalmente la muchacha le iba a contestar al otro genin, decidiendo ella misma utilizar un tono que por nada del mundo dejara entrever lo alterada que se estaba sintiendo en esos preciso instantes, fue que de un momento a otro se añadió factor a ese peculiar escena.  Ahí, emergiendo desde uno de los tantos rincones del callejón, apareció el mismo felino que había hecho en una primera instancia que la chica hubiera ingresado a esa zona. Fijando a continuación su mirada, que a pesar de todas las cosas todavía seguía manteniendo esa escalofriante frialdad que la había acompañado desde el primer momento en el que ella se involucró en esa tan incómoda y poco amena situación, sobre el propio gato, y al ver cómo ese muchacho reaccionaba ante éste, la joven no pudo evitar preguntarse que qué clase de persona era realmente ese chico. La joven, ciertamente, lo tenía ya más que claro en su siempre obsesiva cabeza; ese shinobi estaba dando con lo que ella a ciencia cierta sentía… la diferencia en ese segundo estaba en que en vez de ella seguir sintiendo esa profunda incomodidad, al sentirse invadida y hasta en cierto punto humillada por ese muchacho que ni el nombre sabía,  ella se sentía intrigada, curiosa, suma, sumamente curiosa. Y es que, ¿cómo Ran podría sentir algo diferente  a esto, si ese muchacho había descubierto de lleno todo ese inestable estado tanto psicológico cómo anímico que eternamente le acompañaba a ella en todo momento? Pero obviamente, todo lo mencionado anteriormente, no quitaba nada…

No quitaba para nada que aún algo muy interior en la persona de la kunoichi, ella se sintiera hasta ofendida por todo lo dicho por ese muchacho acerca de ella—¿En serio usted cree, joven, que puede tomarse la libertad de tener la certeza de todas cosas acerca de mí, cuando es evidente que no me conoce?—pero, incluso para sorpresa de la muchacha, ella logró a cabalidad que su voz sonara tranquila, calma, imperturbable , casi como si realmente lo que estaba pasando en el interior de ella, no fuese en lo absoluto todo el caos que estaba experimentando. Y aunque una vez más apareció la fugaz idea en su cabeza de que tal vez lo mejor que ella podría hacer era irse de allí, no dejar que ese muchacho le dijera diciendo todas esas tan desagradables palabras que provocaban esa tan incomodidad que se manifestaba con tanta intensidad a través de esos latidos cardíacos que aún insistentemente se rehusaban a calmarse aunque sea solo un poco, la chica finalmente se decantó por seguir ahí, frente a él… puesto que, una vez que una idea se presentaba con fijeza en su mente, pues era más que imposible que desapareciera de manera fácil. ¿No que ella había encontrado en la figura de ese joven, a alguien a quien no se dejaba engañar tan fácilmente? ¿No que ella por fin había dado con una persona que era lo suficientemente astuta, lo suficientemente sagaz, cómo para tener la capacidad suficiente para percatarse de la realidad que pasaba en su interior?

¿Era que Ran se resistía a irse definitivamente de ahí, sólo por la simple y sencilla razón, de que había hallado a un desafío, a un desafío que se demostraba por medio de una competencia? Y claro está, la joven era de lo más competitiva—¿Entonces debería de sentirme halagada por sus palabras?—dijo acto seguido la chica, ante las siguientes palabras del muchacho, al mismo tiempo que alzaba una ceja y seguía conservando ese tan inquietante y serio tono de voz al hablar —Su postura también lo delata, joven—¿en qué momento había sido que toda esa charla detonada por la aparición de ese gato callejero, se había convertido prácticamente en casi una terapia psicológica, en una charla que sólo parecía conducir a algo más profundo que había parecido ser a buenas a primeras?—¿Y usted con qué autoridad se cree para juzgar de esa manera?—entonces a continuación, los azulados ojos de la muchacha demostraron con notoriedad una gelidez que sólo parecía indicar el estoicismo de la chica… un estoicismo que si bien, era cierto que era parte montaje de su parte, también sí era genuino.—¿Acaso, joven, se cree que es un genuino orgullo para Konoha, cómo shinobi, para decirme todas esas cosas?—siguió hablando la joven con unos filosos siseos, asumiendo ella ya que ese chico era un shinobi al igual que ella. Ignorando la presencia de ese gato por completo, la joven se limitó a esperar una respuesta por parte del muchacho, no dejando de verlo directamente en ningún ni mísero solo instante. 
 
Itsuki Senju
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01-08-2026, 01:26 AM
Itsuki permaneció inmóvil en el angosto callejón, manteniendo esa alineación impecable en la columna que caracterizaba cada uno de sus movimientos. Su mirada de un azul gélido no buscó interpretar las facciones o los ojos de la muchacha. A través de su percepción neuromuscular, aquellas partes de la cabeza no eran más que un marco inerte; lo que verdaderamente procesaba su mente era la rigidez calculada en la curva de sus hombros, el ritmo acelerado y contenido de su caja torácica bajo la tela de su vestimenta aristocrática, y la sutil disonancia en sus siseos, los cuales delataban una tensión interna que su cuidada educación nobiliaria intentaba sofocar.

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No necesito conocer tu nombre o tu linaje para ver lo obvio..." —respondió Itsuki con una voz seca, plana y desprovista de cualquier atisbo de arrogancia o modismo social. No hablaba para humillarla ni para posicionarse por encima de ella, sino con la frialdad metódica de quien señala un fallo estructural en una herramienta de trabajo—. "...Dices que mi postura me delata, pero ¿qué te dice exactamente? Mis palabras no pretenden engrandecerme a mí ni reducirte a ti. No te estoy juzgando desde ningún pedestal. Simplemente estoy señalando que pareces estar mas preparada para una retirada antes que para sostener un impacto, y que te preocupa más defender tu orgullo frente a un desconocido que lo que realmente eres capaz de ejecutar."

El joven Senju no alteró la inclinación de su torso ni buscó suavizar su presencia. Con una parsimonia rigurosa, ajustó con un chasquido firme las tiras de cuero de su arnés rojo sobre la chaqueta gris oscuro, cruzándose de brazos mientras el metal de sus nudilleras kunai reflejaba sutilmente la luz seca de la tarde. En su mente no había desprecio por su timidez o su origen noble; para la Justicia del Chakra de Itsuki, las jerarquías sociales eran irrelevantes. Lo que le indignaba era la falta de resolución, la brecha entre la disciplina que se exigía a sí misma y la debilidad biomecánica que terminaba transmitiendo.


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¿Que si soy un orgullo para Konoha? Aún no. Soy un genin graduado recientemente, al igual que tú. No tengo años de experiencia en el campo ni reclamo ninguna autoridad especial —" continuó, fijando su atención en el centro de masa de la kunoichi, donde el peso de su cuerpo vacilaba de forma imperceptible—. "La única autoridad que vale en esta aldea es la firmeza de tus acciones, el esfuerzo diario y la precisión con la que empuñas tus herramientas cuando la situación se vuelve crítica. Las palabras en un callejón no le salvan la vida a nadie."

Giró sobre la suela de su bota táctica, trazando una línea diagonal que abría el paso hacia la salida de la avenida principal, pero manteniendo la cabeza ligeramente inclinada hacia ella para no perder el registro de sus micro-movimientos. La provocación ya no era una crítica ácida, sino una demanda directa de superación a través del trabajo duro, la única vía que él concebía para pulir el potencial que intuía reprimido en la joven.


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La Sala de Misiones de la villa aún está abierta a pocas calles de aquí —sentenció, señalando el rumbo con una inclinación seca del mentón—. Si de verdad ese estoicismo no es un simple montaje diplomático y estás decidida a demostrar lo que vales, camina. Vamos al tablón, tomemos un encargo real y demuestra de qué estás hecha bajo presión. El verdadero valor de un shinobi se demuestra en el barro, no discutiendo en la penumbra."
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