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Hora de la recena
Kagemaru Hyuga
Rango Genin
Clan Hyuga
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
Enlace al Post
15-07-2026, 02:27 AM
En mi casa siempre había existido una especie de rutina que nadie cuestionaba. Mis padres y mis hermanos tenían la costumbre de irse a dormir bastante pronto, y eso hacía que la hora de la cena llegara antes de lo que mi estómago consideraba razonable. Al principio intentaba adaptarme, pero después de pasar horas entrenando, mi cuerpo parecía tener su propio reloj y siempre acababa avisándome de que necesitaba más comida. Era como si dentro de mí hubiera otra persona cuyo único objetivo fuera encontrar algo para devorar. Aquella noche ocurrió exactamente lo mismo. Estaba sentado en mi habitación, intentando relajarme después del entrenamiento, cuando escuché ese conocido sonido de mi barriga protestando. Miré hacia la cocina, pero solo pensar en preparar algo me dio más pereza que hambre. Cocinar después de haber agotado cada músculo de mi cuerpo no era precisamente mi actividad favorita. Suspiré y miré hacia una esquina de la habitación, donde descansaba mi vieja hucha con forma de oso. La cogí entre mis manos y la agité ligeramente, escuchando las pocas monedas que quedaban dentro. No era mucho dinero, pero era suficiente para comprar algo que me llenara el estómago. Abrí la hucha, saqué unas cuantas monedas y, sin darle demasiadas vueltas, me puse una chaqueta y salí de casa en busca de algo de comer.

Aunque aquella noche apenas corría el aire para estar en pleno verano, la temperatura era agradable y no tenía ninguna queja. Después de pasar tantas horas entrenando bajo el sol, cualquier momento en el que pudiera caminar sin sentir que mi cuerpo estaba ardiendo me parecía casi un regalo. Avancé por las calles de la aldea sin prisa, dejando que mis pasos me llevaran mientras observaba el movimiento a mi alrededor. La calle comercial seguía teniendo vida incluso cuando el cielo ya estaba oscuro. Los puestos iluminados, las conversaciones de la gente y el olor de la comida llenaban el ambiente, creando una sensación completamente diferente a la del día. Me gustaba esa parte de la aldea. Durante el entrenamiento todo era concentración, esfuerzo y superar límites, pero allí podía simplemente existir sin pensar demasiado. Algunos comerciantes recogían sus productos, otros seguían atendiendo a los últimos clientes de la noche, y varios grupos charlaban mientras descansaban después de sus trabajos. Yo caminaba con una sonrisa tranquila, disfrutando del paseo más de lo que esperaba. Aunque, siendo sincero, mi objetivo estaba bastante claro desde el principio. No había salido para reflexionar sobre la vida ni para admirar las luces de la calle. Mi estómago tenía una misión mucho más importante. Iba directo a mi lugar favorito: el restaurante de barbacoa. Solo imaginar el olor de la carne cocinándose hizo que acelerara ligeramente el paso.

El restaurante estaba mucho más lleno de lo que esperaba. Desde fuera ya podía escucharse el sonido de las conversaciones, las risas de los clientes y el chisporroteo de la carne sobre las brasas. Aun así, tuve suerte y todavía quedaban algunas mesas libres. Sin pensarlo demasiado, elegí una en el exterior, un lugar perfecto para disfrutar de la noche mientras esperaba mi comida. Me gustaba esa sensación. El aire fresco, las luces de la calle iluminando suavemente el lugar y el ambiente tranquilo que se respiraba allí hacían que pareciera que el tiempo avanzaba más despacio. Era curioso, porque durante los entrenamientos siempre estaba deseando que las horas pasaran rápido para poder alcanzar mi siguiente objetivo, pero en momentos así no tenía ninguna prisa. Simplemente quería sentarme, comer y disfrutar. No tardó mucho en acercarse uno de los trabajadores del restaurante para tomarme nota. Ni siquiera necesitaba mirar la carta; conocía aquel sitio demasiado bien. Sabía exactamente lo que quería antes incluso de sentarme. —Un zumo de naranja y diez brochetas de cerdo asado, por favor.— Dije con total naturalidad. El camarero asintió con una sonrisa mientras anotaba el pedido, probablemente sin sorprenderse demasiado. Después de todo, no era la primera vez que aparecía allí con un hambre capaz de asustar a cualquiera. Me acomodé en la silla y esperé pacientemente, disfrutando del momento antes del inevitable ataque contra la comida.
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu25
Sigilo10
485
655
Enlace al Post
16-07-2026, 02:35 AM
Bajo la tenue luz de la lámpara de aceite de su habitación, Itsuki despertó con un sobresalto sordo. La tosca mesa de madera estaba sepultada bajo un caos de pergaminos arrugados y contenedores de tinta volcados. Sentía el brazo izquierdo completamente adormecido, un hormigueo punzante que delataba las horas que había pasado durmiendo sobre su propio codo en una posición incómoda. Al enderezar el torso, su muñeca rozó el charco de tinta fría que se expandía sobre el escritorio, enviando un escalofrío directo por su espina dorsal en contraste con el denso calor del verano. Un movimiento brusco de su parte terminó por tirar un par de pinceles y volcar el resto de un tintero sobre los bocetos fallidos de la semana. —Maldición... — masculló entre dientes, contemplando cómo el líquido oscuro devoraba sus toscos intentos de diseño. Apenas estaba descubriendo cómo estructurar los futuros guanteletes; aunque conocía la densidad básica del hierro templado, no tenía la menor idea sobre metalurgia aplicada, técnicas de forja o el ensamblaje de piezas articuladas que requería un arma de tal magnitud. Era un lienzo en blanco plagado de frustración y bloqueos teóricos.

Limpió la tinta de su brazo con un trapo viejo, maldiciendo en voz baja mientras observaba el desastre inservible en el que se habían convertido sus apuntes. Aquel estancamiento comenzaba a irritarlo de sobremanera. —De nada sirve seguir dándole vueltas a esto hoy — pensó, resignado, mientras se ponía de pie y estiraba los entumecidos músculos de la espalda. —Mañana iré a buscar al viejo de la biblioteca de nuevo. Le haré escupir el nombre de algún herrero competente en la aldea que me sea de utilidad — determinó con severidad. Se ajustó la chaqueta táctica gris y cruzó sigilosamente el corredor en penumbras de su hogar. El silencio absoluto que reinaba bajo el techo familiar confirmaba que su madre y los suyos ya dormían, por lo que cruzó el umbral directo hacia la noche calurosa de Konoha.

El aire nocturno de la aldea apenas traía brisa, pero el bullicio del distrito comercial amortiguaba el peso de su frustración. Itsuki caminaba con su paso firme y la espalda recta de siempre, ignorando los rostros de los transeúntes, los cuales se desdibujaban ante sus ojos como una masa homogénea de cortezas de madera idénticas e inertes. Sin embargo, la ruidosa calle comercial lo sacó de su abstracción con risas estridentes y el penetrante aroma de carne asada sobre las brasas. Se detuvo en seco frente a un asador de barbacoa que solía frecuentar en su infancia, mucho antes de ingresar a la academia y comprender la historia de su clan. —Tsk... ni loco... — pensó con molestia, intentando reanudar la marcha. Pero un violento gruñido de su estómago, provocado por las descomunales exigencias calóricas de su rutina de entrenamiento, lo obligó a claudicar. Su cuerpo necesitaba combustible para reconstruir las fibras musculares.

Se adentró en el establecimiento con desgana, esquivando las mesas repletas del interior. Al salir hacia la terraza exterior, un camarero de complexión delgada y cabello rojizo lo abordó con presteza. Itsuki no miró su rostro inexpresivo, pero registró la tensión en sus dedos al sostener con fuerza la libreta de apuntes y la agilidad de sus pasos cortos y decididos. "—Buenas, estamos con la casa llena, pero si no te importa, puedo tratar de ubicarte en alguna mesa con espacio. ¿Esperas a alguien más? —" ofreció el muchacho con una eficiencia que Itsuki encontró aceptable. "—Está bien, pero que no sea una mesa con demasiada gente —" exigió con voz ronca y cortante, un tono árido acentuado por el hambre que no dejaba espacio a la amabilidad. El camarero asintió de inmediato y lo guió hacia el fondo, deteniéndose junto a una mesa donde ya se encontraba un cliente.

El acompañante designado era un joven de hombros anchos, complexión robusta y una postura atlética que denotaba el cuerpo de un shinobi en buena condición física "—Disculpe, estamos sin mesas individuales, ¿le importaría compartir? —" se apresuró a explicar el empleado. Sin esperar a que el robusto comensal asintiera o emitiera palabra alguna, Itsuki arrastró la silla y se sentó al otro lado de la mesa con una rigidez militar, clavando sus ojos azul gélido en la silueta frente a él. "—Voy a comer cuatro filetes de res grandes, papas al vapor y té negro —" escupió con brusquedad hacia el camarero, ignorando por completo cualquier norma de cortesía social. Cuando el joven de cabello rojo se retiró apresurado, Itsuki apoyó los antebrazos sobre la mesa y miró fijamente el lenguaje corporal del grandulón que compartía su espacio. "—Espero no molestar. Esto sólo tomará unos minutos —" soltó con su honestidad habitual, marcando una distancia fría e infranqueable mientras esperaba su carne.
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