Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Kinzo modo seguro
忍 SG
知
¿Sabías que… Tsuyu Uchiha fue la tercera líder de la futura Konoha?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Residencial
« Anterior 1 2 3 4 5 6 Siguiente »
  ›   [Solitario] [Casa] La vida diaria de Itsuki
Responder
[Casa] La vida diaria de Itsuki
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu25
Sigilo10
485
655
Enlace al Post
14-07-2026, 02:58 AM
El sudor frío de la madrugada se evaporaba sobre las placas de hierro de sus antebrazos, mezclándose con el vaho de su respiración agitada. En el claro del bosque, Itsuki repitió la secuencia por centésima vez: un golpe directo, un giro de cadera y una estocada ascendente utilizando el peso muerto de sus nudilleras kunai. Sus músculos protestaban, pero su mente ya visualizaba el verdadero objetivo: el día en que sus puños estuvieran cubiertos por pesados guantes de hierro templado, capaces de someter la energía misma de la naturaleza bajo una disciplina implacable. Al terminar, guardó las armas y emprendió el camino de regreso a través del barrio Senju. En las calles empedradas se cruzó con Ryōta, un pariente directo a quien Itsuki identificaba de inmediato sin necesidad de verle la cara; reconocía el matiz de su cabello castaño opaco, la ligera asimetría en sus hombros al cargar la pesada caja de vendajes y el ritmo excesivamente pauses, casi temeroso, de sus pasos. Ryōta era uno de los cirujanos más precisos del hospital de Konoha, capaz de canalizar tratamientos médicos con una delicadeza milimétrica. Sin embargo, allí estaba, resignado a ser un simple asistente de inventario por el eterno pánico del clan a destacar y abusar de su poder. Itsuki se detuvo frente a él, impidiéndole el paso con una postura rígida e inflexible.


"—Podrías dirigir el departamento de trauma de la aldea si tuvieras el valor de exigir tu lugar —" espetó Itsuki con una frialdad cortante. Ryōta no respondió con palabras; Itsuki notó cómo los hombros de su pariente se contraían de golpe y el agarre de sus manos sobre la caja de madera se volvía tan rígido que las articulaciones de sus dedos crujieron. Era la misma respuesta de siempre: una muda y culposa aceptación de su destino autocastigado. Itsuki pasó de largo con un chasquido de desprecio, dejando atrás al cirujano sin dedicarle un solo segundo más de atención. Al cruzear el umbral de su propio hogar, el silencio lo recibió. Una silueta recortada contra el tragaluz de la cocina se giró hacia él. Sus ojos azul gélido no captaron facciones ni labios; frente a él solo había una superficie pálida y muda, tan idéntica como la corteza de un árbol del bosque. Sin embargo, Itsuki no dudó. El aroma a té de hierbas frescas, el sutil balanceo de sus hombros y el sonido rítmico de su respiración pausada le confirmaron que se trataba de su madre. Devoró el abundante desayuno hipercalórico que ella le había preparado, un combustible estrictamente necesario para la reconstrucción de sus fibras musculares, y salió de inmediato con rumbo a la biblioteca de la aldea.


El gran edificio de la biblioteca pública olía a papel viejo y cera para madera. Itsuki se dirigió al mostrador principal con paso medido. Al levantar la vista, el patrón corporal de la persona detrás de la mesa no coincidía con el habitual: la postura era rígida, los hombros estaban demasiado elevados y sus movimientos al acomodar los papeles denotaban un nerviosismo desorganizado. No era el anciano encargado de siempre, aquel shinobi retirado que se identificaba por arrastrar sutilmente la pierna izquierda y por el ritmo constante de su cepillo de tinta al transcribir códigos. Itsuki pasó de largo sin emitir un solo saludo, ignorando por completo la presencia del nuevo recepcionista mientras se adentraba en los pasillos más profundos y oscuros de la sección de historia. ¿Dónde estará el viejo? Ese inútil de hoy tardará el doble en registrar los pergaminos si decido retirar alguno, pensó con irritación, mientras sus dedos enguantados comenzaban a deslizarse por los lomos de los tratados de la Era de las Llamas Eternas. Buscaba registros prohibidos, notas al pie o censuras en los archivos del clan que su familia se empeñaba en ocultarle en casa. Tras horas de búsqueda infructuosa entre polvo y papel amarillento, localizó un pequeño fragmento manuscrito, una simple anotación marginal sobre un antiguo ritual de flujo de chakra en la madera que había sido tachado deliberadamente. Una pista minúscula, pero suficiente para justificar su terquedad.


De camino de vuelta a casa, Itsuki adoptó su habitual postura de "patrullaje", con los brazos cruzados y la mirada analítica barriendo cada esquina de Konoha. No tardó en toparse con un genin de su generación apodado Daiki, a quien reconoció al instante por el andar tambaleante de su pierna derecha y el balanceo descuidado de su brazo izquierdo, apoyado perezosamente contra un puesto de dango. Itsuki se detuvo justo enfrente, obligándolo a notar su presencia arrolladora. "—Si vas a perder el tiempo de esa manera, quítate la banda de la cabeza —" espetó con una honestidad que rayaba en la agresión. "—La paz de esta aldea se sostiene con esfuerzo, no con shinobis que se marchitan bajo la sombra de un tejado —". La reacción de Daiki fue inmediata: su respiración se aceleró de golpe, sus puños se cerraron y su peso se desplazó hacia delante en un amago de furia ciega, para luego desinflarse lentamente en una postura encorvada y resignada. Era el lenguaje corporal de alguien que ya estaba demasiado acostumbrado a la implacable rigidez de Itsuki. El genin soltó un suspiro cargado de amargura y dio media vuelta, mascullando entre dientes mientras se alejaba sin intentar defenderse.


Más adelante, al pasar cerca de los campos de entrenamiento de la academia, Itsuki observó a un grupo de niños que arrojaban shurikens de práctica con una técnica espantosa. Saltó la valla de madera y se interpuso entre ellos y los blancos. Tomó a uno de los pequeños por el brazo, corrigiendo la tensión de su hombro con firmeza militar. "—El esfuerzo no tiene edad —" les dijo con severidad, mirándolos con fijeza. "—Si practican con flojera ahora, la primera misión fuera de los muros será la última. Repítanlo, y esta vez mantengan el centro de gravedad firme —". Dejando tras de sí un halo de incomodidad y tensión entre los estudiantes y los tutores que lo miraban con desagrado, el joven Senju continuó su marcha; después de todo, él era el metal que debía templarse para proteger los cimientos de la hoja.
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu25
Sigilo10
485
655
Enlace al Post
14-07-2026, 03:59 AM
El peso de los registros mudos

El sudor frío de la madrugada todavía se evaporaba sobre las placas de hierro de sus antebrazos cuando Itsuki guardó sus nudilleras kunai. Había repetido su secuencia brutal de calistenia y sombra de Taijutsu bajo la misma disciplina militar de siempre: pulir el recipiente físico era el único camino para no terminar convertido en madera. Tras el desayuno en casa junto a su madre, el joven Senju se había dirigido a la biblioteca pública con un único propósito en mente.


 El olor a cera para madera y pergamino rancio lo recibió de la misma forma que hacía dos días, pero esta vez, el entorno había recuperado su orden eficiente. Al acercarse al mostrador principal, Itsuki no necesitó detenerse a analizar la fisonomía del encargado; el sutil arrastre de la pierna izquierda contra el suelo de piedra y el ritmo metódico con el que el cepillo de tinta transcribía códigos sobre el papel le devolvieron la confianza en que el anciano encargado estaba de regreso. Avanzó sin mediar palabra hacia la sección de historia profunda, donde pasó las primeras horas de la tarde deslizando sus dedos por los lomos de los tratados de la Era de las Llamas Eternas. Sin embargo, la jornada resultó en un esfuerzo completamente inútil. Las páginas consultadas solo ofrecían las mismas crónicas edulcoradas de siempre, censuras burdas y espacios en blanco destinados a borrar la resistencia de su facción. Con un chasquido de frustración, Itsuki cerró de golpe un pesado tomo, provocando que una fina capa de polvo bailara bajo la luz mortecina de los ventanales. Todo lo que dejan atrás es el rastro de su propia culpa, pensó con desprecio, ajustando las correas rojas de su chaqueta táctica antes de decidir marcharse temprano.


Justo cuando se disponía a cruzar el umbral del pasillo, el anciano interrumpió su marcha con un carraspeo seco y un gesto de la mano que señalaba tres pesadas cajas de madera repletas de manuscritos sin clasificar. La postura del viejo denotaba el cansancio propio de los años, con los hombros caídos y un apoyo irregular que delataba la debilidad de su cuerpo. A Itsuki le desagradaba la decrepitud, pero respetaba la precisión con la que el bibliotecario manejaba los archivos, por lo que aceptó la petición de ayuda sin emitir una sola de las sutilezas diplomáticas que tanto despreciaba. Mientras acomodaba los legajos en los estantes superiores, aprovechando su contextura fibrosa y recta, Itsuki intentó indagar de forma directa y sin filtros. "—Los Senju que se negaron al ritual del Regreso al Bosque debieron dejar algo más que simples actas de defunción —" pronunció con voz firme, clavando sus ojos azul gélido en la figura encorvada del encargado. El anciano detuvo el movimiento de sus manos por un segundo; su respiración se volvió ligeramente más pesada y su postura se tornó rígida antes de responder con una evasiva vaga sobre la pérdida de documentos durante los viejos incendios. Itsuki apretó los puños, notando la obvia resistencia en el lenguaje corporal del viejo. Era otra vía muerta en la historia de su sangre.


Al comprender que no obtendría datos útiles sobre la filosofía de sus antepasados, Itsuki redirigió la conversación hacia un terreno más pragmático. "—Olvídese de la historia —" interrumpió, dejando caer un fajo de papeles con un golpe seco. "—Busco registros sobre herrería militar y armamentística pesada. Necesito diseños de herramientas de impacto que vayan más allá de los estándares comunes que enseñan en la academia —". El bibliotecario, aliviado por el cambio de tema, adoptó una postura más relajada y le indicó con el dedo índice una esquina apartada donde se apilaban los manuales de Bukijutsu antiguo y metalurgia aplicada. Itsuki se dirigió hacia allí con paso firme. Abrió un plano detallado sobre el templado del hierro y comenzó a trazar con un carboncillo, sobre el reverso de una hoja en blanco, los primeros bocetos mecánicos de lo que pretendía construir: unos guanteletes colosales de hierro macizo, perfectamente balanceados para interactuar con la rigidez de su Taijutsu y capaces de soportar la tremenda descarga de su chakra.


Al regresar al silencio de su habitación, encendió la lámpara del escritorio sin perder un solo segundo. Extendió los planos recién conseguidos y comenzó a pasar en limpio los toscos bocetos de los guanteletes utilizando una regla de metal y tinta oscura. Su mano se movía con precisión, proyectando la distribución del peso y los puntos de presión sobre los nudillos. Sin embargo, la teoría pronto chocó con un muro borroso y confuso. Aunque poseía nociones básicas sobre la densidad del hierro, el diseño se volvió un caos abstracto al intentar esquematizar los canales internos para el chakra; las líneas de la tinta se superponían de forma errática porque Itsuki carecía por completo de conocimientos sobre el tratamiento metalúrgico, las aleaciones o el ensamblaje de piezas articuladas para armas de combate. Las proporciones no encajaban y el metal proyectado parecía un bloque inerte incapaz de articularse con sus dedos. Frustrado ante la inmensidad de un proyecto que evidentemente le tomaría meses o años comprender, Itsuki apoyó los antebrazos sobre los planos, con la mirada fija en los trazos emborronados. El esfuerzo obsesivo de las últimas jornadas finalmente le pasó factura. Con el carboncillo todavía sujeto entre los dedos enguantados y la espalda recta rindiéndose lentamente ante el peso de las horas en vela, el joven Senju se quedó profundamente dormido sobre el escritorio, sepultado bajo los planos de su futura arma.
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)