09-07-2026, 09:39 PM
El sol apenas comenzaba a despuntar sobre el horizonte de Konoha, tiñendo las copas de los árboles de un naranja suave y esperanzador, cuando me encontré caminando por las calles principales de la aldea con una determinación que no había sentido en mucho tiempo. Mi equipo ninja descansaba con el peso familiar de siempre sobre mis hombros, pero mi mente estaba lejos de la calma de la villa; estaba atrapada en el informe que había redactado tras el incidente en el Mercado Sur. Aquella tablilla de madera, la prueba física que entregué a las autoridades, era la llave que había abierto la puerta a esta nueva encomienda.
Llegar a las Puertas de la Aldea siempre genera una sensación ambivalente. Por un lado, la seguridad de los muros de Konoha me ofrecía el refugio necesario para recuperar el aliento tras mis rutinas de entrenamiento; por otro, el llamado del deber, de esa "Misión Oficial" que llevaba el sello del Hokage, me obligaba a dejar atrás la comodidad. Al llegar a la garita, el guardia de turno me observó con la seriedad propia de quien sabe que los tiempos no están para distracciones. Sin decir palabra, extendí el documento oficial de asignación: "Efecto Dominó: Sombras en los Diques Secos".
El proceso administrativo fue breve pero minucioso. Mientras el oficial revisaba los sellos y validaba la veracidad de la orden, mis dedos tamborileaban rítmicamente contra el muslo, una costumbre que solía delatar mi ansiedad por comenzar. Observé cómo el funcionario deslizaba la pluma sobre el papel, dejando la firma que me autorizaba oficialmente a abandonar los límites de la aldea y adentrarme en el País del Fuego hacia la periferia. El sonido del sello impactando contra el pergamino resonó en el aire silencioso de la mañana como un disparo de salida.
—Está todo en orden, Hyūga —dijo el guardia, devolviéndome el formulario debidamente cumplimentado—. Tenga cuidado ahí fuera. Se rumorea que los muelles no son un lugar seguro.
Asentí con una inclinación de cabeza, guardando el documento en mi bolsa de herramientas. Salir de la aldea nunca fue un acto trivial; era un compromiso, una promesa de que regresaría con las manos llenas de respuestas o, al menos, con la tranquilidad de haber cumplido con mi deber. Al cruzar el umbral y sentir el aire fresco y menos filtrado de los bosques exteriores, exhalé una bocanada de aire viciado.
Ahora, el papeleo era cosa del pasado. Me detuve a unos metros de la salida, apoyándome contra el tronco de un viejo árbol que bordeaba el camino principal, con la mirada fija en el sendero que me conduciría a aquel laberinto de grúas oxidadas y almacenes clandestinos. Mi compañero de misión, Kyōraku Senju, debía estar al llegar. Conozco la reputación de los Senju, y aunque esta es una misión que exige discreción y un control absoluto de mis sentidos para no caer en las trampas logísticas que me esperan, confío en que nuestra coordinación será el factor decisivo. La vida y el chakra son recursos finitos, pero la determinación de asegurar esas pruebas es absoluta.
Saqué una pequeña brújula de mi bolsillo, verificando la dirección del País del Fuego una última vez. El objetivo está claro: infiltrarse, localizar al cabecilla del sindicato y neutralizar el contrabando. Espero a Kyōraku con paciencia, observando el movimiento de las hojas. Cuando él aparezca, pondremos rumbo al norte, hacia los diques, donde la verdadera sombra de esta misión nos espera.
Llegar a las Puertas de la Aldea siempre genera una sensación ambivalente. Por un lado, la seguridad de los muros de Konoha me ofrecía el refugio necesario para recuperar el aliento tras mis rutinas de entrenamiento; por otro, el llamado del deber, de esa "Misión Oficial" que llevaba el sello del Hokage, me obligaba a dejar atrás la comodidad. Al llegar a la garita, el guardia de turno me observó con la seriedad propia de quien sabe que los tiempos no están para distracciones. Sin decir palabra, extendí el documento oficial de asignación: "Efecto Dominó: Sombras en los Diques Secos".
El proceso administrativo fue breve pero minucioso. Mientras el oficial revisaba los sellos y validaba la veracidad de la orden, mis dedos tamborileaban rítmicamente contra el muslo, una costumbre que solía delatar mi ansiedad por comenzar. Observé cómo el funcionario deslizaba la pluma sobre el papel, dejando la firma que me autorizaba oficialmente a abandonar los límites de la aldea y adentrarme en el País del Fuego hacia la periferia. El sonido del sello impactando contra el pergamino resonó en el aire silencioso de la mañana como un disparo de salida.
—Está todo en orden, Hyūga —dijo el guardia, devolviéndome el formulario debidamente cumplimentado—. Tenga cuidado ahí fuera. Se rumorea que los muelles no son un lugar seguro.
Asentí con una inclinación de cabeza, guardando el documento en mi bolsa de herramientas. Salir de la aldea nunca fue un acto trivial; era un compromiso, una promesa de que regresaría con las manos llenas de respuestas o, al menos, con la tranquilidad de haber cumplido con mi deber. Al cruzar el umbral y sentir el aire fresco y menos filtrado de los bosques exteriores, exhalé una bocanada de aire viciado.
Ahora, el papeleo era cosa del pasado. Me detuve a unos metros de la salida, apoyándome contra el tronco de un viejo árbol que bordeaba el camino principal, con la mirada fija en el sendero que me conduciría a aquel laberinto de grúas oxidadas y almacenes clandestinos. Mi compañero de misión, Kyōraku Senju, debía estar al llegar. Conozco la reputación de los Senju, y aunque esta es una misión que exige discreción y un control absoluto de mis sentidos para no caer en las trampas logísticas que me esperan, confío en que nuestra coordinación será el factor decisivo. La vida y el chakra son recursos finitos, pero la determinación de asegurar esas pruebas es absoluta.
Saqué una pequeña brújula de mi bolsillo, verificando la dirección del País del Fuego una última vez. El objetivo está claro: infiltrarse, localizar al cabecilla del sindicato y neutralizar el contrabando. Espero a Kyōraku con paciencia, observando el movimiento de las hojas. Cuando él aparezca, pondremos rumbo al norte, hacia los diques, donde la verdadera sombra de esta misión nos espera.
![[Imagen: nzye47H.png]](https://i.imgur.com/nzye47H.png)
![[Imagen: Kyoraku-spirit.png]](https://i.ibb.co/rGCFbfBf/Kyoraku-spirit.png)
![[Imagen: byakuya-signature.png]](https://i.ibb.co/8DbWF1yv/byakuya-signature.png)