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[Autonarrada E] Contrabando explosivo
Yagami Nara
Rango Genin
Clan Nara
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza5(1)
Ctrl. de Chakra75(4)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo13
345
400
Enlace al Post
08-07-2026, 09:13 AM
Última modificación: 08-07-2026, 09:14 AM por Yagami Nara.
A ver, seamos sinceros: ser genin apesta. Y si encima eres un Nara con el cerebro yendo a mil por hora mientras el resto de tu equipo solo sabe tirar kunais a lo loco, es peor. Te toca pensar por todos. O bueno, planear cómo trabajar menos, que viene a ser lo mismo.
A ver... el río.

Tenía el cuarto hecho un asco. Una pizarra enorme tapando la pared, llena de tachones en tiza roja, líneas mal dibujadas y un montón de papeles aburridos de la Policía Militar que le costó una vida ordenar. El patrón de los últimos arrestos cantaba a leguas. Nadie es tan estúpido como para meter contrabando de sellos explosivos por las puertas de Konoha; los Uchiha te huelen a un kilómetro y te cazan con el Sharingan. El río era la única opción real.

—La corriente, los turnos de guardia, los puntos ciegos... —masculló Yagami, colocándose la banda ninja en la pfernte, torcida, como siempre—. Si yo fuera un imbécil con ganas de volar la aldea, me escondería en uno de estos tres sitios.

Tres marcas rápidas. Agarró lo básico: alambre, cuatro herramientas mal contadas y su hoz de combate nueva. Olía a aceite de taller. Estaba deseando estrenarla, la verdad.

Se metió en la maleza pegada al agua. El primer punto era una cueva entre raíces. De repente, un ruido. Un chapoteo raro y algo metálico. Yagami se tiró al suelo. Se tragó un puñado de tierra, pero ni respiró. El corazón le latía en la garganta. "Mierda, ya está. Son ellos", pensó, y el pánico real empezó a asomar. "Si son los ladrones, voy muerto. Piensa, Yagami. Les rajo el cuello desde atrás. Un tajo limpio, rápido. Sangre, barro, lo que sea. O los mato yo o me entierran aquí mismo. No voy a dejar que revienten mi aldea".

Con la adrenalina quemándole el pecho y la hoz levantada, listo para cometer su primer asesinato, se asomó entre las ramas. Un martín pescador. Un maldito pájaro gordo y feo. El bicho lo miró con unos ojos negros que destilaban pura mala leche. Y antes de que pudiera maldecir su suerte, el pájaro soltó un graznido ensordecedor. Salió otro de la nada. Los dos directos a su cara.

—¡A la mierda la misión! —gritó Yagami, rodando por el fango. Olvidó la dignidad ninja, la hoz y todo. Salió pitando a gatas mientras los bichos le picoteaban la nuca con saña. Dolía como el demonio. Media hora después y tras recuperar la hoz, con tres chichones nuevos en la cabeza y oliendo a lodo podrido, llegó al segundo punto. Nada. Cuatro cajas vacías con el sello de la Hoja y huellas de botas ya secas. Llegaba tarde. Varapalo total.

Estaba por mandar todo al traste. El sol se estaba ocultando, hacía frío y la idea de volver con las manos vacías y picoteado por la fauna local era humillante. Pero los Nara somos cabezotas. Fue al último enclave, una zona donde el río se encajonaba entre rocas.
De primeras, pared de piedra pura. Cualquiera pasa de largo. Pero Yagami vio el truco. Había un corte raro en el musgo de abajo, no tenía raíces en la base. Y el dibujo de la piedra cambiaba de veta de forma demasiado exacta. Se acercó, tocó y se le escapó una sonrisa de lado. Madera pintada. Una lona rígida camuflando un boquete en la roca. Echó un ojo por una rendija: cajas y cajas con el kanji de "Peligro". Uno de los almacenes de explosivos, sin un alma vigilando en ese momento. Se habían confiado. Sopesó entrar, pero tampoco era un suicida. Sacó el mapa, metió un trazo rápido para dejar la cruz clavada y guardó el papel. Del bolsillo sacó el tubo de la bengala. Un tirón seco.

El silbido destrozó el silencio de la tarde y el cielo se tiñó de un rojo chillón. Los ninjas militares no tardarían ni cinco minutos.

—Al fin, maldita sea —susurró Yagami, dejándose caer contra un árbol, completamente agotado—. Misión cumplida. Ahora que algún médico me haga un vendaje para los picotazos de los pajarracos estos. Que malas pulgas para ser tan pequeños.
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