05-07-2026, 12:41 PM
30 de primavera del 150
El crujido de la madera vieja siempre emitía el mismo tono sordo, un eco monocorde que a oídos de cualquiera pasaría desapercibido, pero que en la mente de Shun resonaba con la precisión de un metrónomo. Sentado en un banco de piedra, bajo la sombra de un arce, el ninja sostenía una pieza de madera entre los dedos índice y corazón. Frente a él, un tablero de Shōgi desgastado por el uso servía como su único interlocutor. Para una mente dotada de un coeficiente intelectual tan elevado, aquel juego no era un pasatiempo; era un espejo simplificado de la realidad. Un mapa de causas, efectos, sacrificios calculados y peones predecibles que se movían por el tablero creyendo tener libre albedrío, cuando en realidad cada uno de sus pasos ya había sido anticipado. Un claro paralelismo de la vida real.
El viento de finales de primavera soplaba con una parsimonia casi insultante entre los muros encalados y los tejados tradicionales de la zona residencial de Konoha. Era un barrio pulcro, silencioso y asfixiante, diseñado para que las familias de alcurnia exhibieran su estatus a través de jardines zen perfectamente podados y fachadas inmaculadas. A Shun le resultaba fascinante la hipocresía que flotaba en el aire de este vecindario. Mientras que en los barrios bajos la brutalidad humana era honesta y predecible, allí la gente se ocultaba tras máscaras de cortesía, rígidos dogmas e impecables linajes. Su pasado le había enseñado a evaluar la realidad desprovisto de cualquier atadura emocional. No había espacio para el luto o el respeto por la tradición; el orden preestablecido solo era un escenario idóneo para desmenuzar, observar y utilizar en su propio beneficio.
El eco rítmico de unos pasos rompió la monotonía del camino de piedra pavimentada. Shun no necesitó levantar la vista para saber que la pulcra sintonía del sector residencial acababa de verse alterada por una energía densa, pesada y carente de toda la finura que los ancianos de la zona solían exigir.
Un joven de complexión atlética y una imponente altura de casi un metro noventa avanzaba por la calle principal. Shun, manteniendo su rostro varonil y anguloso completamente imperturbable, realizó su primer análisis. El recién llegado poseía rasgos faciales afilados y aristocráticos, un largo cabello castaño oscuro que caía por debajo de sus hombros y, lo más llamativo de todo, una frente completamente limpia de cualquier marca o sello que delatara sumisión. Aquello, sumado a las esferas perladas de sus ojos, era un diagnóstico inequívoco: un Hyūga de la rama principal. Un "pura sangre" destinado a heredar el elitismo del clan, pero que caminaba de una forma que desafiaba cualquier protocolo noble.
«Parece una persona impaciente e impulsiva. El heredero de un linaje de la élite atrapado en la jaula de oro de su propio clan. ¿Estará buscando como escapar?», reflexionó mientras una sutil y gélida media sonrisa se dibujaba en sus labios. Apenas un par de segundos habían bastado para diseccionar a aquel espécimen. El sujeto en cuestión no era como sus congéneres, eso estaba claro.
Con un movimiento pausado y deliberado, Shun dejó caer su pieza sobre el tablero, provocando un chasquido limpio que cortó el silbido del viento entre los muros residenciales. Sin levantar la cabeza, permitiendo que su voz varonil, pausada y arrastrada viajara con perfecta nitidez por el espacio abierto que los separaba, habló en dirección al castaño.
—Es una lástima ensuciar unos pantalones tan blancos en mitad de la calle principal. Aunque supongo que cuando la sangre hierve con tanta fuerza, lo último que importa es cuidar los modales que tanto os exigen en vuestras familias —de la forma más lenta y calculada posible, elevó la mirada. Sus ojos, marcados por la heterocromía de su mestizaje, se clavaron con una autoconfianza absoluta y desbordante en las esferas blancas del desconocido. El ojo negro lo escaneaba con frialdad matemática; el blanco permanecía inmóvil, ajeno a la tensión. Shun se inclinó sutilmente hacia delante, apoyando los antebrazos sobre el tablero de Shōgi, adoptando una postura magnética y enigmática que contrastaba con la rígida rectitud de las casas señoriales que los rodeaban —. Dime, ¿el dojo familiar se os ha quedado pequeño u os habéis quedado sin sirvientes a los que sermonear sobre el linaje? Es curioso ver que tanto refinamiento acumulado sirva para terminar paseando por la calle principal con cara de querer prenderle fuego al vecindario.
Shun ladeó ligeramente la cabeza, evaluando la microrreacción del castaño bajo la pálida luz del día. Sabía perfectamente qué cuerdas estaba tocando de manera sutil. No buscaba un choque directo de puños, al menos no todavía; prefería tantear el terreno con un sarcasmo afilado, obligando al impulsivo Hyūga a decidir si prefería ignorar la burla o rebajarse a cruzar palabras con un desconocido en mitad del vecindario.
![[Imagen: JK2RddW.png]](https://i.imgur.com/JK2RddW.png)