28-06-2026, 01:49 PM
Las primeras luces del sol apenas comenzaban a extenderse sobre Konohagakure cuando Kuroto llegó al Departamento de Suministros. Como otros edificios administrativos, aquel lugar ya rebosaba actividad desde muy temprano. Varios trabajadores transportaban cajas de un lado a otro, revisaban listas o cargaban carretillas repletas de provisiones destinadas a distintos puntos de la aldea. Nada más cruzar la entrada, uno de los encargados levantó la vista de una mesa cubierta por pergaminos.
- ¿Vienes por la misión de reparto?
- Kuroto Uchiha. -Dijo con un leve movimiento de cabeza-
El hombre consultó una lista, recorrió varias líneas con el dedo y terminó por asentir.
- Perfecto. Tenemos preparadas cuatro entregas para los puestos de vigilancia del perímetro. No es nada complicado, pero queremos que los guardias reciban la comida antes del cambio de turno.
Señaló varias cajas cuidadosamente preparadas junto a la pared. Había recipientes de madera con arroz, pescado seco, fruta conservada y pequeñas cantimploras de agua. Todo estaba distribuido en paquetes individuales para facilitar el reparto.
- Cada puesto recibirá exactamente lo mismo. Solo tendrás que entregar las raciones y confirmar que las han recibido.
Kuroto observó los bultos durante unos instantes antes de colocarlos de forma equilibrada sobre una mochila de transporte.
- Entendido.
Abandonó el edificio poco después y puso rumbo hacia el primer puesto de vigilancia. A medida que dejaba atrás el centro de la aldea, el bullicio de comerciantes y vecinos fue desapareciendo poco a poco, sustituido por calles más tranquilas y caminos que bordeaban el perímetro de Konohagakure. El primer puesto no era más que una pequeña caseta de madera levantada junto a uno de los accesos secundarios. Dos shinobi vigilaban los alrededores mientras intercambiaban algunas palabras para combatir el aburrimiento de la guardia. Uno de ellos sonrió al ver aparecer a Kuroto con la mochila.
- ¡Por fin! Pensaba que hoy nos tocaría almorzar hojas.
Su compañero soltó una breve risa antes de aceptar las raciones.
- Gracias. Siempre llegan justo cuando el estómago empieza a protestar.
Kuroto entregó los paquetes sin añadir nada más.
- Buen servicio.
Tras una breve despedida continuó su recorrido. El segundo puesto se encontraba algo más alejado, levantado sobre una pequeña elevación desde la que podía observarse parte del bosque que rodeaba la aldea. Solo un shinobi permanecía de guardia mientras observaba atentamente el horizonte. Recibió las provisiones con una inclinación de cabeza.
- Gracias. Hoy parece tranquilo... aunque precisamente esos suelen ser los días en los que más conviene mantenerse atento.
Kuroto dirigió una breve mirada hacia la inmensidad del bosque y continuó caminando. El tercer puesto estaba situado junto a una pequeña torre de observación. Allí encontró a una kunoichi revisando varios informes mientras otro shinobi observaba el camino principal. La mujer aceptó las raciones con evidente alivio.
- Pensábamos turnarnos para ir a comer dentro de un rato. Nos acabas de ahorrar el viaje.
Mientras guardaban las provisiones, Kuroto aprovechó para beber un poco de agua de su propia cantimplora antes de reanudar la marcha. El último destino era también el más alejado. El camino discurría entre árboles altos y frondosos arbustos sobre el sendero. La mochila pesaba menos después de cada entrega, pero las horas caminando comenzaban a hacerse notar en las piernas. Finalmente distinguió el último puesto de vigilancia. Un veterano shinobi permanecía sentado junto a la empalizada afilando distraídamente un kunai. Al ver acercarse a Kuroto dejó la piedra a un lado y recibió las últimas raciones.
- Buen trabajo. Cuando uno lleva horas aquí fuera termina agradeciendo un buen plato de comida.
Kuroto observó durante unos segundos el perímetro de la aldea, le gustaban aquellas vistas, siempre le había encatntado entrenar en la naturaleza que rodeaba a Konohagakure, aquel lugar le daba mucha paz. Los puestos quedaban abastecidos. Los guardias podían permanecer en sus posiciones sin abandonar la vigilancia. Kuroto emprendió entonces el regreso hacia el Departamento de Suministros. El encargado seguía revisando documentos cuando volvió a entrar. Al verlo aparecer sin la mochila cargada, sonrió levemente.
- ¿Todo entregado?
Kuroto dejó sobre la mesa la hoja de reparto con las confirmaciones correspondientes.
- Sí. Todas las raciones llegaron a sus puestos.
El hombre revisó el documento durante unos segundos antes de asentir satisfecho.
- Perfecto. Una preocupación menos para hoy.
Kuroto inclinó ligeramente la cabeza.
- Ha sido un placer ser de ayuda. Me despido y gracias por todo. -Dijo mientras devolvía la mochila con la que llevó los suministros-
Abandonó el edificio tras despedirse. El peso de la mochila cargada de raciones ya no estaba, pero la sensación de haber pasado varias horas en movimiento seguía en los hombros y piernas. Respiró hondo y siguió caminando sin detenerse demasiado, simplemente hacia la siguiente calle mientras el ruido habitual de la aldea volvía a ocuparlo todo.
- Que ganas de llegar a casa y tomar un baño...
- ¿Vienes por la misión de reparto?
- Kuroto Uchiha. -Dijo con un leve movimiento de cabeza-
El hombre consultó una lista, recorrió varias líneas con el dedo y terminó por asentir.
- Perfecto. Tenemos preparadas cuatro entregas para los puestos de vigilancia del perímetro. No es nada complicado, pero queremos que los guardias reciban la comida antes del cambio de turno.
Señaló varias cajas cuidadosamente preparadas junto a la pared. Había recipientes de madera con arroz, pescado seco, fruta conservada y pequeñas cantimploras de agua. Todo estaba distribuido en paquetes individuales para facilitar el reparto.
- Cada puesto recibirá exactamente lo mismo. Solo tendrás que entregar las raciones y confirmar que las han recibido.
Kuroto observó los bultos durante unos instantes antes de colocarlos de forma equilibrada sobre una mochila de transporte.
- Entendido.
Abandonó el edificio poco después y puso rumbo hacia el primer puesto de vigilancia. A medida que dejaba atrás el centro de la aldea, el bullicio de comerciantes y vecinos fue desapareciendo poco a poco, sustituido por calles más tranquilas y caminos que bordeaban el perímetro de Konohagakure. El primer puesto no era más que una pequeña caseta de madera levantada junto a uno de los accesos secundarios. Dos shinobi vigilaban los alrededores mientras intercambiaban algunas palabras para combatir el aburrimiento de la guardia. Uno de ellos sonrió al ver aparecer a Kuroto con la mochila.
- ¡Por fin! Pensaba que hoy nos tocaría almorzar hojas.
Su compañero soltó una breve risa antes de aceptar las raciones.
- Gracias. Siempre llegan justo cuando el estómago empieza a protestar.
Kuroto entregó los paquetes sin añadir nada más.
- Buen servicio.
Tras una breve despedida continuó su recorrido. El segundo puesto se encontraba algo más alejado, levantado sobre una pequeña elevación desde la que podía observarse parte del bosque que rodeaba la aldea. Solo un shinobi permanecía de guardia mientras observaba atentamente el horizonte. Recibió las provisiones con una inclinación de cabeza.
- Gracias. Hoy parece tranquilo... aunque precisamente esos suelen ser los días en los que más conviene mantenerse atento.
Kuroto dirigió una breve mirada hacia la inmensidad del bosque y continuó caminando. El tercer puesto estaba situado junto a una pequeña torre de observación. Allí encontró a una kunoichi revisando varios informes mientras otro shinobi observaba el camino principal. La mujer aceptó las raciones con evidente alivio.
- Pensábamos turnarnos para ir a comer dentro de un rato. Nos acabas de ahorrar el viaje.
Mientras guardaban las provisiones, Kuroto aprovechó para beber un poco de agua de su propia cantimplora antes de reanudar la marcha. El último destino era también el más alejado. El camino discurría entre árboles altos y frondosos arbustos sobre el sendero. La mochila pesaba menos después de cada entrega, pero las horas caminando comenzaban a hacerse notar en las piernas. Finalmente distinguió el último puesto de vigilancia. Un veterano shinobi permanecía sentado junto a la empalizada afilando distraídamente un kunai. Al ver acercarse a Kuroto dejó la piedra a un lado y recibió las últimas raciones.
- Buen trabajo. Cuando uno lleva horas aquí fuera termina agradeciendo un buen plato de comida.
Kuroto observó durante unos segundos el perímetro de la aldea, le gustaban aquellas vistas, siempre le había encatntado entrenar en la naturaleza que rodeaba a Konohagakure, aquel lugar le daba mucha paz. Los puestos quedaban abastecidos. Los guardias podían permanecer en sus posiciones sin abandonar la vigilancia. Kuroto emprendió entonces el regreso hacia el Departamento de Suministros. El encargado seguía revisando documentos cuando volvió a entrar. Al verlo aparecer sin la mochila cargada, sonrió levemente.
- ¿Todo entregado?
Kuroto dejó sobre la mesa la hoja de reparto con las confirmaciones correspondientes.
- Sí. Todas las raciones llegaron a sus puestos.
El hombre revisó el documento durante unos segundos antes de asentir satisfecho.
- Perfecto. Una preocupación menos para hoy.
Kuroto inclinó ligeramente la cabeza.
- Ha sido un placer ser de ayuda. Me despido y gracias por todo. -Dijo mientras devolvía la mochila con la que llevó los suministros-
Abandonó el edificio tras despedirse. El peso de la mochila cargada de raciones ya no estaba, pero la sensación de haber pasado varias horas en movimiento seguía en los hombros y piernas. Respiró hondo y siguió caminando sin detenerse demasiado, simplemente hacia la siguiente calle mientras el ruido habitual de la aldea volvía a ocuparlo todo.
- Que ganas de llegar a casa y tomar un baño...
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
-Narro-
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