![[Imagen: latest?cb=20110311160522&path-prefix=es]](https://static.wikia.nocookie.net/narutohabboinfo/images/6/66/Kirigakure.png/revision/latest?cb=20110311160522&path-prefix=es)
En el interior del bastión militar de la división Heizu, la atmósfera no es más clemente. La sala de estrategia principal es un espacio austero, diseñado bajo la estricta premisa de la funcionalidad bélica. Grandes mapas tácticos, protegidos por capas de cera para evitar que la implacable humedad del país del Agua corrompa la tinta, cubren las paredes de roca viva. En el centro, una mesa circular de madera oscura y desgastada muestra la topografía detallada de las islas circundantes, los arrecifes traicioneros y las rutas actuales de patrullaje marítimo. El silencio del recinto solo se ve interrumpido por el crujido sutil de los pergaminos viejos y el goteo rítmico de una filtración en la esquina superior del techo, un recordatorio constante de que la niebla siempre encuentra una forma de filtrarse.
Detrás de la mesa de mapas se encuentra el estratega a cargo de la sección, un hombre maduro de la rama principal de los Heizu, cuyo rostro está surcado por cicatrices de antiguas escaramuzas navales. Sus ojos, fríos y desprovistos de cualquier calidez empática, recorren una y otra vez una serie de informes logísticos. La presencia de una kunoichi de menor consideración en la sala no parece alterar su ritmo de trabajo; para la maquinaria militar de Kirigakure, y especialmente para los líderes del clan, los rangos inferiores o aquellos marcados por la falta de favoritismo familiar no son más que piezas reemplazables en un tablero de ajedrez.
Tras varios minutos de un silencio opresivo, donde solo el eco del agua al caer rompe la tensión, el oficial finalmente levanta la vista, aunque su mirada no busca una conexión humana, sino fijar una directriz ineludible. Su voz, grave y monocorde, resuena en las paredes de piedra.
—Las rutas de suministro del cuadrante norte exigen una actualización de contingencia antes de que la marea cambie esta noche —anuncia, deslizando un dedo enguantado sobre una de las líneas marítimas del mapa—. El archivo privado del clan custodia los registros históricos de las corrientes del último ciclo de cinco años, así como las claves de encriptación necesarias. Tu orden es simple: ve a las dependencias familiares, localiza al encargado del archivo y trae de vuelta el rollo de codificación táctica setenta y dos.
El oficial hace una pausa deliberada, apoyando ambas manos sobre la mesa de madera mientras se inclina ligeramente hacia el frente. El desdén en su expresión es sutil pero perceptible; conoce perfectamente la dinámica interna del clan y el trato que reciben aquellos que no pertenecen al círculo de los bendecidos por el talento o el linaje principal. Enviar a alguien de su posición a reclamar un documento oficial al corazón del clan no es un error administrativo; es una directriz calculada.
—Tienes hasta el crepúsculo para entregar el rollo en esta mesa —continúa el estratega, endureciendo el tono—. Si las disputas internas de la finca o tu propia incompetencia te retrasan, asumiremos que no estás calificada para tareas de enlace. En ese caso, tu puesto será revocado y se te reasignará permanentemente a las patrullas de limpieza del muelle bajo, donde la niebla es lo único que cubre los errores. Puedes retirarte.
El oficial vuelve su atención a los mapas inmediatamente, dando por terminada la audiencia y dejando la orden de misión firmada sobre el borde de la mesa, esperando ser recogida. Fuera del edificio, la aldea se extiende bajo su habitual manto gris. El camino que conduce hacia el distrito alto, donde se erigen las fincas y salas de entrenamiento tradicionales de los Heizu, es una sucesión de escaleras empinadas labradas directamente en el acantilado. A medida que se asciende, el aire se vuelve un poco más frío, pero la neblina se espesa, ocultando las estructuras cilíndricas y los puentes colgantes de Kirigakure. El aroma a salitre de los muelles inferiores empieza a ser sustituido por el olor a madera vieja, humedad acumulada y el hierro de las armas que los jóvenes del clan chocan incesantemente en los patios de práctica cercanos.
La gran puerta de los archivos de los Heizu, una estructura masiva de roble reforzada con bandas de hierro oxidado, aguarda al final del sendero de piedra, custodiada por la mirada atenta y severa de quienes consideran que el conocimiento y el poder del clan solo deben pertenecer a los dignos. El escenario está dispuesto, la orden ha sido impartida y las consecuencias de un fracaso quedan claras en el aire húmedo de la tarde.
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