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[E] La comida de la abuela
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23-06-2026, 06:49 PM
Última modificación: 23-06-2026, 06:49 PM por Narrador Tenseigan-kun.
La misión había sido asignada tras el incidente de una anciana del vecindario, cuya caída había dejado una fractura que le impedía realizar las compras esenciales para su día a día. El encargo, de rango E, respondía a una necesidad sencilla en apariencia, aunque envuelta en la importancia silenciosa de sostener la vida cotidiana de quienes ya no podían hacerlo por sí mismos, después de todo, ¿Como trataba la aldea a aquellos que ya no estaban en edad de salir a luchar?

Esa tarde ek sol caía con una calma tibia sobre los tejados del distrito residencial, filtrándose entre los aleros de madera y los jardines interiores donde el verano comenzaba a hacerse notar con su densidad habitual. En una de las viviendas más antiguas de la zona, el aire era más quieto, cargado de la fragilidad de una rutina interrumpida, y en el interior de la vivienda, la atmósfera estaba impregnada de aromas suaves de té y madera envejecida. Sobre una mesa baja, la anciana extendía con paciencia una lista cuidadosamente escrita, donde cada línea representaba provisiones necesarias para las próximas semanas. Eran cosas como arroz en cantidades considerables, verduras de estación, hierbas medicinales, pescado seco, miso, y otros ingredientes básicos que componían la base de su alimentación. La extensión del listado, sin embargo, comenzaba a revelar algo más que una simple reposición doméstica; era un inventario meticuloso, casi acumulativo, de alguien que vivía con previsión y disciplina.

A medida que los caracteres se acumulaban sobre el papel, la magnitud del encargo se hacía evidente. No se trataba de unas pocas bolsas ligeras ni de un recorrido breve por el mercado. La cantidad de provisiones sugería un peso considerable, una carga que requeriría organización, resistencia y probablemente más de un viaje de regreso desde los puestos comerciales hasta la vivienda.

El encargo quedaba así formalizado dentro de la rutina de la aldea: una tarea sencilla en su naturaleza, pero significativa en su volumen. La lista, ya completa, aguardaba ser recogida y llevada al mercado de Konoha, donde cada artículo tendría que ser reunido antes de su retorno al hogar de la anciana, cerrando así otro pequeño engranaje de la vida diaria en tiempos de paz.

— Muchas gracias jovencito. —Le dijo la mujer alzando una mano de manera amistosa a Adan.
Adan Yamanaka
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23-06-2026, 07:23 PM
Era un dia mas en las increíbles aventuras de Adan, el mejor ninja de toda la aldea... Eso diria un narrador si mi vida tuviera una. Como era costumbre, me desperte temprano, tome una ducha, pensé cada segundo que iba a transcurriendo, el como el agua puede ser tan sabrosa y tan peligrosa, en como cada paso que daba puede significar un resvalon ¿estaba psicótico? No, no, solo era alguien precavido ¿Se imagina  resbalarme, yo, el increíble Adan, en esta ducha pequeña? La pena o vergüenza de quedarme en el suelo desnudo... No, eso no va conmigo, exceso de pudor.       

Termine de bañarme, vestirme, arreglar todo para salir de mi hogar, siendo el sol lo primero que observaba, calculando el tiempo en mi mente - Hmm... 10:42 AM - Afirmaba mentalmente aunque  tal vez no tuviera la razón... ¿O si?  Meti mis manos en los bolsillos y camine de forma lenta hasta el tablero de misiones, debia ganar dinero y realmente el tiempo ahora mismo me "sobraba" o por lo menos esos eran mis cálculos.  Una vez me detuve frente al tablon de misiones, vi que habia una "simple", era una mision E, baah, eso iba a ser suficiente para  estar en mi hogar a las 2 de la tarde. Al final, era solo comprarle comida a una vieja y ya ¿Que puede  mal salir?  


Una vez tomada la mision, hice todo el procedimiento correspondiente para que tuviera mi nombre, siendo asi confirmada por  Konoha para que mas nadie la tome (Aunque ya habia quitado la hoja del cartel de misiones), con  dirección en mano, me fui caminando con una tranquilidad característica, al final, era algo tonto y facil de hacer. Una vez llegue a la puerta de la abuela, toque aquella madera para que supiera que su gran amigable amigo Adan Yamanaka se encontraba listo para la misión. Ella demoro en abrir, obvio, tiene el pie fracturado pero todo se complico luego de que la pude observar. Me mantuve serio con un rostro casi inexpresivo, ella saco una  lista....¿A eso se le puede llamar lista? Parecia un mapa vertical del maldito espacio, era infinita. Me mantuve  sin emoción alguna en mi rostro pero claramente mi mente estaba recalculando cuanto iba a tardar -¿Todo eso se consigue en un mismo lugar? - Pregunte mientras tomaba aquel papel enrollado. Una ves ella me contesto, di media vuelta y sin despedirme, comencé a moverme a un ritmo mas rápido ¿Por? Quería estar a las 2 en mi casa ¿Iba a pasar? Para nada..
Narrador Tenseigan-kun
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23-06-2026, 07:54 PM
La anciana alzó la vista hacia él y, como si la pregunta le hubiera sorprendido, asintió varias veces antes de responder con absoluta seguridad.

— Claro que sí, hijo. Todo está en el Mercado, en donde están todas las tiendas... Llevo comprando allí desde antes de que nacieras. Si preguntas por los encurtidos de la señora Kiku o por el pescado del señor Daisuke, hasta te dirán dónde encontrar el resto.

Aquella confirmación, lejos de aliviar la situación, solo hacía más real la magnitud de la empresa. El largo pergamino de compras permanecía extendido entre las manos del joven como una sentencia escrita por algún enemigo invisible. La mujer todavía añadió un par de ingredientes que había olvidado mencionar y, satisfecha, volvió a acomodarse en su asiento. Fuera de la vivienda, el verano seguía su curso apacible. Las calles de Konoha estaban animadas por comerciantes, niños que corrían entre los callejones y el constante ir y venir de shinobi y civiles. Sin embargo, para quien llevaba aquella lista, el camino comenzó a adquirir otro significado. Cada paso parecía acompañado por el peso imaginario de los sacos de arroz, las verduras, las botellas de aceite y el resto de provisiones que todavía ni siquiera habían sido compradas.

El Mercado apareció finalmente al final de la calle principal, vibrante y bullicioso como cada mañana. El aroma de las especias se mezclaba con el del pescado recién llegado y el de las frutas maduras expuestas sobre los mostradores. Vendedores de todas las edades anunciaban sus mercancías, y el murmullo de las negociaciones formaba una única y constante corriente de ruido. No tardó en hacerse evidente que la anciana no había exagerado ni un poco y la lista era, efectivamente, enorme.

Un saco de arroz. Luego otro más pequeño. Varias hortalizas. Conservas. Miso. Pescado seco. Té. Medicinas herbales. Tubérculos. Condimentos. Utensilios de cocina que, aparentemente, también necesitaban ser reemplazados. Con cada artículo añadido, la pequeña montaña de provisiones iba creciendo junto al mostrador de la tienda. El dependiente, un hombre de mediana edad que al principio había observado la escena con curiosidad, terminó por dejar de ordenar unas cajas para mirar la acumulación de mercancías con una mezcla de incredulidad y compasión.

— Eh... muchacho... —dijo finalmente, apoyando los brazos sobre el mostrador— ¿Necesitas ayuda con todo eso?

La pregunta se hizo escuchar incluso entre el bullicio del mercado mientras la montaña de compras seguía allí, amenazando con convertirse en una carga mucho más grande de lo que aquella sencilla misión de rango E había prometido al comienzo del día. Y las dos de la tarde, silenciosamente, parecían alejarse cada vez más.
Adan Yamanaka
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26-06-2026, 03:30 PM
No basta con que fuera largo el pergamino de peticiones de la Señora sino que  empezó a agregar mas cosas ¿Era esto en serio? ¿Que clase de mision E es esta? Obvio, clase E para un Akimichi pero no para alguien que no destaca por fuerza... Solo agarre la lista antes de que quisiera colocar mas cosas y de inmediato para no perder tiempo, comencé a recorrer aquel fastidioso camino. 

Empece a comprar las cosas con prisa pero a su vez siendo precavido que nada me faltara, colocando una marca al lado del nombre del producto en la lista para asi tener la doble seguridad de que estaba cumpliendo con todo. En eso, frente a varias cajas me ofrecen ayuda.. - ¿Ayuda? - Repetí mientras mi gesto era pensativo. Mantuve la mirada en la persona que me habia hablado, analizando cada movimiento y buscando tan si quiera algo que me diera una buena o mala espina. Mientras dejaba un corto silencio, en mi mente se creaba un plan: -Un saco de arroz a la izquierda, las conservas distribuidas para nivelar el eje de gravedad, las vasijas de barro aseguradas bajo el brazo menos dominante-  Cada objeto tenia su  física, obvio, y debía conseguir la forma exacta de que saliera bien.  - Creo que... Si va a ser necesario pero... No tengo dinero para pagar favores sinceramente - Lo cierto era que en mi bolsillo capaz solo habían dos mariposas muertas... Y si algo de lo que puedo llevar, cabe en ellos, con seguridad iba a  utilizar ese espacio - Esto no es para mi - Admití frente al señor - Es para una anciana que se ha caído y no tiene como venir a comprar sus cosas, yo he decidido ayudarle... - Buscaba generar empatía en èl, que realmente si tenia alguna pizca de mala intención, se fuera y que solo quedara la Bonda que espero que abunde en la mayoría de la gente de Konoha -  Si desea ayudarme sin pedir nada a cambio, aceptare la ayuda pues... Como le digo, no tengo dinero ni nada que dar, lo único que tengo es amor para dar. - ¿Eso era una canción? No lo se. 

Mi voz era seria, seca, aunque mi palabra tuviera esas frases conmovedoras. El caso era que, si este señor no decide ayudarme de gratis, iba a comenzar mi viaje de forma metodica, exacta, evitando errores pues el trabajo aunque era fastidioso, era  un trabajo o mejor dicho, una misión, que debía cumplir al 100%, no me gustan los fallos y por eso cada movimiento que fuera a dar era un movimiento pensado y asegurado, no doy pasos en falso.
Koga
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26-06-2026, 05:59 PM
Última modificación: 26-06-2026, 06:00 PM por Koga.
El dependiente permaneció unos segundos en silencio después de escuchar aquella explicación tan solemne. Luego dejó escapar una pequeña risa por la nariz y negó con la cabeza.

— No, muchacho, no voy a cobrarte nada. Sería un mal vecino si no echara una mano en algo así.

La montaña de provisiones ya ocupaba buena parte del mostrador. Había bolsas de legumbres, varias conservas, verduras envueltas en papel, pequeños recipientes de cerámica, paquetes de té y, coronándolo todo, el enorme saco de arroz que parecía pesar por sí solo más que la mitad del resto de las compras.
El hombre salió de detrás del mostrador y, durante un breve trecho, ayudó a reorganizar las provisiones y a transportarlas fuera del establecimiento. Incluso acompañó el recorrido unas pocas calles, avanzando a un paso tranquilo por la avenida principal de Konoha. Sin embargo, las obligaciones de la tienda no tardaron en reclamar su presencia.

Un aprendiz apareció corriendo desde el mercado, anunciando que varios clientes aguardaban y que una nueva entrega acababa de llegar. El dependiente lanzó una mirada de disculpa hacia la inmensa carga.

— Hasta aquí puedo acompañarte. El negocio no se atiende solo.

Y así, tan pronto como había aparecido aquella ayuda providencial, desapareció. El resto del camino quedó únicamente entre las calles de la aldea... y el peso de las compras. Las provisiones fueron redistribuidas con un cuidado casi matemático. Cada bolsa encontró un lugar preciso, cada objeto frágil quedó protegido entre otros paquetes y el saco de arroz terminó convirtiéndose en el auténtico enemigo de la jornada. La carga era tan grande que, incluso perfectamente organizada, seguía siendo descomunal. El recorrido que por la mañana había parecido corto y sencillo se transformó en una verdadera expedición.

El calor del verano se hizo más intenso conforme pasaban los minutos. Las calles parecían haberse alargado. Cada escalón, cada pequeña pendiente y cada esquina adquirían una importancia desproporcionada cuando se avanzaba bajo semejante peso. Los sonidos de la aldea continuaban a su alrededor con total normalidad: comerciantes pregonando, niños jugando y pájaros posados sobre los tejados. Sin embargo, para quien cargaba aquella montaña de provisiones, todo el mundo parecía avanzar con una ligereza insultante.

Varias veces fue necesario detenerse unos instantes para reajustar el equilibrio de las bolsas y asegurarse de que ninguna vasija terminara hecha pedazos sobre el pavimento. El saco de arroz parecía volverse más pesado a cada calle recorrida, como si hubiera decidido desafiar por sí mismo la voluntad de quien lo transportaba.
Las dos de la tarde, aquella meta tan segura al comienzo del día, se habían convertido hacía tiempo en un recuerdo lejano.

Finalmente, tras un trayecto que se sintió mucho más largo de lo que realmente era, el viejo hogar de la anciana volvió a aparecer al final del camino. La pequeña vivienda permanecía exactamente igual que antes, tranquila y silenciosa, ajena a la odisea que había supuesto trasladar todas aquellas provisiones hasta su puerta. La misión más simple del tablón había resultado ser, inesperadamente, una auténtica prueba de resistencia. Y todavía quedaba una última tarea: hacer entrar aquella montaña de compras en la casa de la anciana.

Off
Después de tu próximo post, ya puedes dar el tema a corregir
Adan Yamanaka
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28-06-2026, 06:29 PM
Y así, tal como mis cálculos lo indicaban, la ayuda de  aquel sujeto desde la empatía se fue tan rápido como vino, me dejo solo y mal acompañado ¿Y por que mal acompañado? Porque estaba solo ¿Y a quien le gusta la soledad? A mi, pero no con toda esta carga... Señora del demonio y su fractura del demonio tambien. El negocio llamaba al que me atendio y yo me quedé parado en mitad de la calle, bajo el inclemente y malvado sol de verano de Konoha, sosteniendo lo que ya no era una lista de compras, sino un auténtico enemigo físico: un saco de arroz descomunal y una montaña de vasijas que amenazaban con destruir mi impecable reputación si tocaban el suelo ¿Pero saben algo? Eso no iba a suceder, no iba a pasar... Solo esperaba que la doña me diera un poco mas de dinero... Aunque obvio, no iba a pedirle que lo hiciera, mejor muerto que bañado en sangre.


Ahora mismo el tiempo era un recurso escaso y el peso, una variable que debía dominar de forma metodica, perfecta, excelente, guapo, poderoso, asombro.. Me detuve un momento, manteniendo el rostro completamente serio e inexpresivo mientras la gente a mi alrededor caminaba con una calma que me parecía un insulto por el hecho de tener que terminar esta tarea en la cual solo hay un culpable y soy yo... Por andar de buena gente queriendo ayudar a viejas. Lo importante es que nadie notaba el caos matemático en mi mente. Reajusté el saco de arroz, posicionándolo en el eje central de mi espalda para distribuir la carga de forma equitativa, mientras que las vasijas más frágiles quedaron aseguradas bajo la presión exacta de mis brazos. Cada paso que daba no era un simple movimiento, era un cálculo que llevaba un proceso mental increible y todo  para evitar cualquier pendiente, bache o escalón traicionero que me hiciera resbalar. Si me daba pánico caerme en mi propia ducha, imaginen quedar tendido en el suelo de la aldea, sepultado por rábanos y cerámica frente a los humildes y poco ofrecimiento de ayuda de los seres que pasan por este lugar. 

Mis músculos no están diseñados para el Taijutsu bruto de un Akimichi, pero mi mente fría compensaba la falta de fuerza con pura técnica de balance. Avanzaba de forma segura, como lo he estado haciendo, exacta, deteniéndome los segundos justos para recalcular el equilibrio cuando sentía que el maldito saco de arroz desafiaba las leyes de la gravedad. Finalmente, la casa de la doña apareció al fondo. El trayecto había sido una odisea pero el objetivo principal estaba a la vista. Me detuve frente a la puerta de madera, soltando una bocanada de aire seco sin perder la postura. La montaña de provisiones seguía intacta, sin un solo error en el traslado. Ahora venía la fase final de la estrategia: hacer entrar todo esto a la casa sin que el pie fracturado de la señora o mi propia paciencia complicaran más mis cálculos de regreso. -He llegado - Dije con un tono fuerte para que me escuchara, todo mientras iba colocando de forma sutil, las cosas en la entrada, era mejor meter uno por uno que todo de golpe, de esa forma, el tiempo que me tarde en dejar todo en el suelo de forma segura fue el mismo en el que la señora abrio la puerta, la observe sin emocion alguna y afirme con el rostro - Voy a ingresar todo, indiqueme donde va cada cosa. 

- Una vez ella me iba diciendo con aquel tono gentil y amable, yo iba llevando cada tarro, cada bolsa, cada todo, a su lugar, de esa forma me iba a segurar que ella no tuviera que hacer esfuerzo alguno... Al finalizar, me ofrecio un poco de agua a lo que rechace con mi rostro mientras daba un suspiro. Saque  el anuncio de la mision y se lo entregue para que ella lo firmara y pusiera que todo esta en orden. Una vez estaba todo listo, sali de la vivienda y me fui directamente a reclamar mi recompensa
Moderador 6
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