16-06-2023, 05:39 PM
Última modificación: 16-06-2023, 05:41 PM por Suiko.
Suiko había estado lidiando con un problema relacionado con su mascota, un viejo gallo peleón que era famoso en todo el vecindario. La mayoría de sus vecinos parecían haberse acostumbrado al canto estridente y matutino del animal, resignándose al bullicio característico de la zona residencial. Aunque para la mayoría no representaba un gran inconveniente para su descanso, su vecino de al lado había expresado personalmente su queja, una queja que Suiko tomó muy en serio.
Cuando los primeros rayos de luz se filtraron por la ventana de su habitación y su mascota empezó a dar señales de que comenzaría su canto, la kunoichi se levantó de la cama. Bostezando, se puso rápidamente el primer kimono que encontró tirado en el suelo y se calzó unos zuecos de madera. Con una mano sostenía a su gallo y con la otra sujetaba una sombrilla para protegerse del sol o la humedad.
Sin tomar desayuno y manteniendo al animal distraído para evitar que comenzara a cantar, se dirigió hacia el parque más tranquilo de la zona. Una vez allí, soltó a su querido gallo para que picoteara y cantara a su gusto, sintiéndose aliviada de que en ese lugar no perturbaría el descanso de sus vecinos.
Se sentó en un banco de madera del parque y abrió su sombrilla para evitar la molestia de los rayos matutinos en sus ojos. Permaneció allí un rato, relajada, pensando en sus asuntos mientras distraídamente observaba a los pajarillos, las copas de los árboles y las ventanas de los edificios cercanos. Era una lástima tener que abandonar su hogar tan temprano, pero era la única solución que se le había ocurrido para no molestar a nadie con el canto del animal. Mientras el gallo cantaba y cantaba, ella pacientemente esperaba, aprovechando el tiempo para peinarse despreocupadamente su larga melena.
-Es muy temprano, dudo que encuentre a alguien conocido a esta hora. Qué aburrimiento. Supongo que regresaré a casa a desayunar cuando el gallo termine de anunciar que ya es plena mañana- Pensó Suiko, algo aburrida y sintiéndose un poco sola.
Cuando los primeros rayos de luz se filtraron por la ventana de su habitación y su mascota empezó a dar señales de que comenzaría su canto, la kunoichi se levantó de la cama. Bostezando, se puso rápidamente el primer kimono que encontró tirado en el suelo y se calzó unos zuecos de madera. Con una mano sostenía a su gallo y con la otra sujetaba una sombrilla para protegerse del sol o la humedad.
Sin tomar desayuno y manteniendo al animal distraído para evitar que comenzara a cantar, se dirigió hacia el parque más tranquilo de la zona. Una vez allí, soltó a su querido gallo para que picoteara y cantara a su gusto, sintiéndose aliviada de que en ese lugar no perturbaría el descanso de sus vecinos.
Se sentó en un banco de madera del parque y abrió su sombrilla para evitar la molestia de los rayos matutinos en sus ojos. Permaneció allí un rato, relajada, pensando en sus asuntos mientras distraídamente observaba a los pajarillos, las copas de los árboles y las ventanas de los edificios cercanos. Era una lástima tener que abandonar su hogar tan temprano, pero era la única solución que se le había ocurrido para no molestar a nadie con el canto del animal. Mientras el gallo cantaba y cantaba, ella pacientemente esperaba, aprovechando el tiempo para peinarse despreocupadamente su larga melena.
-Es muy temprano, dudo que encuentre a alguien conocido a esta hora. Qué aburrimiento. Supongo que regresaré a casa a desayunar cuando el gallo termine de anunciar que ya es plena mañana- Pensó Suiko, algo aburrida y sintiéndose un poco sola.