Saito se había pasado todo un dia encerrado en su habitación, los sucesos en la misión con Jinta habían marcado un antes y un despues que no sabia como lidiar ahora. Su habitación estaba hecho un desastre por los arranques de ira por falta de sueño y apetito.
Siento que me estoy volviendo loco...-el Onmyõji se metió a la ducha y pasó a ponerse algo de ropa de entrenamiento, con la voz de su cabeza aparentemente apagada sentia que era hora de salir.
Ok, buscaré la forma de relajarme-el muchacho se fue por la ventana para no hablar con su familia. Iria a la academia ninja para aprovechar las instalaciones de entrenamiento pero en la entrada se encontró a un viejo conocido.
Hasta que llegas, los niños y tu contricante te esperan-un viejo jounin que trabaja como profesor en la academia toma a Saito del brazo y lo jala para guiarlo.
¿De que habla?-el muchacho estaba algo confundido-No te hagas el tonto Saito, pediste luchar con Kiyoko hace 2 dias y te mandamos una notificación que seria hoy-Saito reinició un momento su cerebro y recordó haber hecho eso, le pareció injusto que aquella gritona pirata fuera reconocida solo por matar unos rebeldes y el que hizo lo mismo en Kusagakure no le reconocieron nada.
Supongo que no hay mejor entrenamiento que un combate-Saito acabó llegando a una sala de 30 x 20 metros, su gran altura era solo para que las clases pudieran reunirse y observar el combate en cada subnivel.
30 metros de longitud era algo pequeño para dos shinobis de elite pero hay que recordar que la academia es para los jovenes y fue construida pensando en esa limitante.
¡Por fin nos vemos de nuevo! Piratita-el Onmyõji sonrió y se quedó en posición de combate, debia esperar a que el profesor diera la señal.