19-02-2023, 09:09 PM
El joven Manabu se había despertado temprano. Eso no era muy normal en él, ya que no le gustaba madrugar bajo ningún tipo de concepto. De cualquier manera, ahí estaba, desayunando un par de piezas de fruta y un poco de leche, todo despeinado y vestido con una camiseta extremadamente grande y unos pantalones largos anchos. Su pelo despeinado y aún por la cara procuraba no entrar en la boca del muchacho mientras masticaba con la boca abierta aquella manzana que tanto le gustaba.
Tras terminar de desayunar, se aseó y vistió, para acto seguido salir a la calle para hacer los recados en su casa. No necesitaba mucho más que algún producto de limpieza y un par de cosas del supermercado. A pesar de que salía a hacer los recados, nunca le gustaba hacerlos, por lo que decidió tomar el camino más largo, tratando de encontrar a alguien con quien entretenerse o que le entretuviera. Normalmente solía encontrarse con algún amigo o compañero, así que esperaría correr aquella suerte también.
A pesar que hace unos minutos hacía un sol totalmente brillante y radiante, unas nubes interfirieron y casi de la nada, empezó a llover. Manabu, a quien le gustaba mojarse menos que un gato, salió corriendo en busca de cobijo, hasta toparse con un pequeño soportal que unía dos edificios. Aburrido, miraba como poco a poco se iba formando un charco. Eso si que era aburrido, ver la formación de un charco. El joven Hyuga agarró una piedra y la lanzó al charco. -Que día más aburrido se me presenta...- Dijo entre dientes mientras seguía viendo las gotas caer.
Tras terminar de desayunar, se aseó y vistió, para acto seguido salir a la calle para hacer los recados en su casa. No necesitaba mucho más que algún producto de limpieza y un par de cosas del supermercado. A pesar de que salía a hacer los recados, nunca le gustaba hacerlos, por lo que decidió tomar el camino más largo, tratando de encontrar a alguien con quien entretenerse o que le entretuviera. Normalmente solía encontrarse con algún amigo o compañero, así que esperaría correr aquella suerte también.
A pesar que hace unos minutos hacía un sol totalmente brillante y radiante, unas nubes interfirieron y casi de la nada, empezó a llover. Manabu, a quien le gustaba mojarse menos que un gato, salió corriendo en busca de cobijo, hasta toparse con un pequeño soportal que unía dos edificios. Aburrido, miraba como poco a poco se iba formando un charco. Eso si que era aburrido, ver la formación de un charco. El joven Hyuga agarró una piedra y la lanzó al charco. -Que día más aburrido se me presenta...- Dijo entre dientes mientras seguía viendo las gotas caer.