La segmentación de facciones que ha sufrido el mundo ninja en poco más de una década parece haber alcanzado su punto más alto, las nuevas generaciones y aquellos que decidieron sumarse a los ideales del nuevo dios, apoyaban desde luego al Imperio. Los opositores, por su parte, añoraban que la sociedad regresara a los días antiguos de antes de la intervención de Yogensha, estos eran conocidos como rebeldes. Un tercer grupo era catalogado como criminales, no habían adoptado alguna ideología en específico pero se encontraban en una especie de tregua con los imperiales, fungiendo como perros de caza de estos últimos y obviamente sin tener el mismo respeto o reconocimiento que ellos.
Eso último irritaba un poco al chico de cabellera rubia y desordenada que caminaba con semblante molesto -como de costumbre- a lo largo de la avenida principal de la aldea. Toda su familia era fiel partidaria del régimen imperial, su padre incluso dio su vida para apoyar la causa y su madre simplemente no podía concebir la idea de que su propio hijo no siguiese los mismos pasos. Pero, para Katsuki, esas eran simplemente tonterías, él no quería ser un cordero más con una idiosincrasia establecida por los mandamases, aunque tampoco quería ser un alborotador rebelde que simplemente organizase revueltas sin un objetivo en concreto. Si tuviese que elegir, él optaría por trabajar para la facción criminal, después de todo, fue entrenado para ser un ninja y los trabajos que ellos realizaban estaban más apegados a ello, además, no tendría que seguir de manera estricta el protocolo imperial y tendría un poco más de libertades.
— Pero esa mujer simplemente no lo entiende —. Una vez había llegado a una zona verde más alejada del bullicio céntrico de la villa, se dejó caer de manera brusca sobre una banca de madera y dejó escapar sus pensamientos a modo de queja. — También puedo conseguir méritos sin la necesidad de ser un esclavo sin pensamientos —. Así se refería Katsuki para con los imperiales, pero eso era algo con lo que debía de tener cuidado, ya que estaba al borde de ser considerado como blasfemia y esa expresión ya le había traído problemas y amenazas anteriormente.