Mientras caminaba, me pareció ver una silueta entre los árboles, la cual se movía a gran velocidad. Algún ninja que visitaba a sus muertos. Di la media vuelta y, frente a mí, a escasos centímetros, una kunoichi con el chaleco verde, piel blanca, ojos verdes y cabello rosa brillante, corto, miraba mis ojos, viendo hacia abajo.
-¿Que haces aquí, forastero?- me cuestionó la ninja. Volteé a un lado, luego al otro, la miré y me encogí de hombros- entonces, no tienes nada que hacer aquí. Vete por donde viniste.
-Este lugar solía ser más bonito, agradable. Se siente paz aquí-dije a la chica, la cual me sujetó por las axilas y me inspeccionó. Por alguna razón, mis rasgos le parecían familiares.
-¿Tu familia vivió en Konoha?- me cuestionó.
-No lo sé. Soy huérfano- dije- sólo busco un lugar donde hacer mi refugio. Las otras aldeas y pueblos son muy pobres no tienen nada que ofrecer.
La chica me dejó caer, sin voltear a verme.
-Sigue tu camino y no robes nada. Mucha gente viene a robar cosas de los templos y ofrendas- dijo caminando hacia los árboles- y no creas que porque eres huérfano no te haré algo por ofender mis monumentos.
Como si nada, la chica se deshizo en un montón de pétalos y, esa nube de pétalos, se fue a gran velocidad entre los árboles.
Sólo alcé la mano para despedirme, su jutsu era visualmente bonito. Pero ahora venía la cuestión ¿donde debería hacer mi refugio?
Mientras caminaba, pude ver a unos sujetos camuflados metiéndose dentro de uno de esos templos. Se veían nerviosos y sobre sus espaldas llevaban unos sacos. Quizás sería interesante averiguar lo que sucedía.