En aquel templo del dios de los ojos de la resurrección había varios salas para diferentes actividades relacionadas con el camino espiritual, físicos como psicologico del ser humano, entre esas salas había una en específico que se usaba para combatir y refinar el arte del combate físico como con el uso del chakra. El lugar no tenía paredes solo una barricada que cubría el alrededor y para separar las demás salas una plataforma de varios metros que podía cambiar gracias al doton en el fondo unos vestidores para cada respectivo género, en la entrada del esta sala había una torii y un letrero que decía Gakidō o Camino Preta.
A la mitad de la plataforma se encontraba Aiko sentada en postura de Seiza y su madre Tsuki vistiendo ropa de referí ambas esperaban a que apareciera su hermano mayor para empezar con el entrenamiento, la joven onmyōji vestía un dōgi negros y sus clásicas sandalias como su respectivo equipo ninja en cada pierna tanto Kunai's cómo herramientas, ella se había recogido el cabellos formando un chongo sobre su cabeza.
El sol se encontraba en lo alto, una ligera brisa soplaba pero la clásica niebla no desaparecía solo la volvía más clara, Tsuki había entrenado a la su hija en estos últimos meses para que pudiera perfeccionar sus habilidades como shinobi la última vez que Saito supo del entrenamiento de su hermana fue una vez que lucharon en la playa pero eso había pasado ya tiempo atrás y talvez veríamos más poder de los gemelos o eso esperaba Tsuki.
Rápidamente Tsuki alzo su brazo al aire para llamar a su hijo -Vamos Saito es hora de entrenar el sol me vuelve más vieja y aún quiero ser tu joven madre- respondió con su característica energía positiva la Terumi.
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