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[Autonarrada C] La Purga del Pabellón de los Estandartes
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu25
Sigilo10
485
655
Enlace al Post
20-10-2026, 02:25 AM
Última modificación: 20-10-2026, 02:25 AM por Itsuki Senju.
Yomikage
Verano [?]
Aprobado aqui

La niebla perpetua de Yomikage poseía una densidad espesa que se pegaba al tejido oscuro de su vestimenta con la insistencia de una llovizna fría. A espaldas de Itsuki Senju, el bullicio disperso y las luces mortecinas de los faroles de papel de la feria no lograban disipar la penumbra que devoraba los márgenes de los callejones. La noche eterna de la isla convertía cualquier referencia del tiempo en un ejercicio inútil; allí solo existía el vaivén pesado de la bruma, el crujido distante de las tablas húmedas y un ambiente cargado que amortiguaba el sonido de las pisadas.

Avanzó en completo silencio hacia el extremo oriental del sector mercantil, donde los puestos de comida y las carpas de la feria daban paso a una hilera de almacenes antiguos construidos sobre pilotes de madera. El encargo había sido clasificado como rango C debido a la hostilidad del perímetro. En una isla sin leyes claras y saturada de ninjas extranjeros, recuperar un cargamento intacto de suministros tácticos, rollos de sellado y acero refinado representaba una prioridad lógica. Un shinobi de Konoha no podía permitirse el lujo de dejar recursos útiles abandonados al alcance de manos enemigas.

El lugar señalado, conocido entre los mercaderes locales como el Pabellón de los Estandartes, se alzaba como una estructura cuadrada de dos pisos, techada con pizarra negra y cerrada con paneles de bambú grueso. Largas telas descoloridas, rasgadas por el salitre y la humedad del mar, colgaban desde el alero frontal como trapos muertos. Según el informe de la misión, el escuadrón de contrabandistas que utilizaba el edificio como depósito había abandonado el sector tras los primeros incidentes en el bosque, pero no sin antes sellar el interior con un entramado letal de trampas para aniquilar a cualquiera que intentara saquear la mercancía.

Itsuki se detuvo a tres metros de la entrada. Sus sandalias se afirmaron sobre la grava mojada sin emitir el menor ruido. Ajustó las correas de sus muñequeras con un tirón seco y comprobó que las hojas de sus nudilleras kunai descansaran firmes sobre sus dedos, listas para el contacto directo. Sus ojos azules recorrieron la fachada con frialdad analítica. Para él, que era incapaz de distinguir rostros humanos, el rastro de las personas se leía en la firmeza de sus pasos y en la forma en que manipulaban sus herramientas. Quien había preparado aquel lugar no era un civil asustado, sino alguien con entrenamiento militar.

El marco de la puerta doble no estaba simplemente cerrado con llave. Al observar a ras de suelo, distinguió una hebra casi invisible de hilo ninja tensada a dos dedos del barro, sujeta entre dos clavos de hierro ocultos en la base de madera. Si alguien empujaba los paneles desde fuera, la cuerda activaría un sello explosivo pegado en la cara interna del dintel.

Un recibimiento directo. Quieren derrumbar la entrada sobre el primero que cruce sin mirar.

Deslizó la mano derecha hacia su bolsa ninja y extrajo un kunai estándar junto a una pequeña cuña de hierro. Se agachó sobre su pierna izquierda, manteniendo el centro de gravedad bajo y estable. Con el pulso firme, introdujo la hoja por la rendija de los tablones hasta tocar el borde del papel bomba oculto en la sombra. En lugar de cortar el hilo y arriesgarse a que un segundo tensor liberara la chispa, concentró una corriente mínima y controlada de chakra en el metal de su arma para fijar la cuña contra el clavo de sujeción, bloqueando el recorrido del mecanismo. Una vez asegurado el extremo, rasgó la fibra con el filo de su nudillera. El hilo cayó sin fuerza sobre el lodo.

Abrió una de las hojas de madera lo justo para deslizar el cuerpo hacia el interior. Un golpe de aire estancado lo recibió de inmediato: olor a humedad vieja, pólvora seca y aceite para armas.

La oscuridad dentro del pabellón era casi total, apenas cortada por las líneas pálidas de niebla que se colaban entre las fisuras de las paredes. No encendió fuego ni buscó iluminar la sala. En Yomikage, cualquier destello servía para delatar la posición ante posibles emboscadas. Dejó que su vista se acostumbrara a las sombras hasta que el brillo apagado del metal empezó a destacar en la penumbra.

El salón principal tenía unos quince metros de fondo, abarrotado de cajas de madera, barriles vacíos y fardos de tela apilados como barricadas. Desde las vigas del techo colgaba una red compleja de hilos metálicos cruzados a distintas alturas, conectados a poleas oxidadas y a racimos de kunais y pesas de hierro. En el suelo, varias tablas habían sido aflojadas a propósito para funcionar como pedales de presión.

Comenzó a avanzar con pasos medidos, apoyando primero la punta del pie para tantear la firmeza de cada viga antes de descargar su peso. La paciencia y el control absoluto del propio cuerpo eran la base de todo entrenamiento serio; avanzar a ciegas por arrogancia solo servía para llenar cementerios. Al llegar a la mitad del almacén, encontró el obstáculo principal: un cruce de cuatro hilos de acero a la altura del pecho y de las espinillas que cerraban por completo el paso hacia la reja del fondo. Los cables subían hacia el segundo nivel, sosteniendo dos vigas macizas erizadas de puntas de hierro y varios sellos explosivos entrelazados en los nudos centrales.

Itsuki se detuvo y analizó la tensión de las cuerdas. Cortar una sola haría que el peso de las vigas tirara del resto, haciendo estallar las cargas de papel al instante.

—Un diseño pensado para quien intenta abrirse paso por la fuerza bruta sin leer la estructura —murmuró en voz baja, con ese tono seco y cortante que acostumbraba a usar incluso en soledad.

Se acercó al pilar de soporte derecho. Calzó ambas nudilleras kunai y canalizó chakra hacia las plantas de sus pies, adhiriéndose a la madera vertical para caminar por el costado de la columna sin tocar las tablas falsas del suelo. Subió tres metros en vertical con movimientos silenciosos y precisos hasta quedar a la altura de las poleas principales. Desde esa posición elevada, sujetó con la mano izquierda el tramo maestro del cable de acero, usando su propia fuerza física para sostener el peso muerto de las vigas suspendidas. Los músculos de su antebrazo se tensaron bajo las vendas mientras soportaba la carga sin soltar un solo quejido. Con la mano derecha libre, desató el nudo que conectaba la guía con los sellos explosivos, separando la mecha del mecanismo de caída, y aseguró el cabo principal alrededor de un gancho de carga empotrado en el muro.

Al bajar de nuevo al nivel inferior, el corredor hacia el fondo estaba despejado de los explosivos superiores. Solo restaban tres metros hasta los baúles reforzados.

Sin embargo, al apoyar el pie sobre el último tramo junto a la reja, la madera vieja no cedió por una trampa de presión, sino por la podredumbre misma del suelo de la isla. El tablón se partió en dos con un chasquido seco bajo su empeine.

Al hundirse la tabla, el movimiento brusco arrastró un alambre secundario que corría oculto bajo el piso. El sonido de un resorte pesado soltándose dentro del muro lateral retumbó en toda la sala, seguido al instante por el silbido agudo de una docena de agujas senbon y tres cuchillas pesadas disparadas a quemarropa desde los huecos del bambú, al mismo tiempo que un sello de retardo adherido bajo el piso comenzaba a arder con un chispazo rojizo.

No hubo espacio para la duda ni para esquivas largas en un pasillo tan estrecho. Itsuki reaccionó por puro instinto.

Con un movimiento violento de su brazo derecho, barrió el aire frente a su rostro; el acero de su nudillera kunai chocó contra las cuchillas más grandes, desviando su trayectoria en medio de un chispazo metálico que le sacudió la muñeca, mientras ejecutaba una rápida secuencia de sellos manuales antes de que el papel bomba bajo sus pies terminara de consumirse.

Golpeó el suelo con la palma abierta, volcando su chakra hacia la tierra húmeda bajo los pilotes del edificio. Una placa compacta y densa de roca emergió de inmediato desde el subsuelo, alzándose en diagonal entre su cuerpo y el foco de la detonación.

El estallido sacudió el almacén con un rugido sordo. La onda expansiva y la metralla de madera astillada se estrellaron contra el muro de tierra levantado por el Senju, levantando una nube espesa de polvo, humo y astillas que cubrió toda la estancia. La estructura del edificio tembló desde los cimientos, haciendo caer polvo de las tejas superiores, pero la defensa rocosa absorbió el castigo sin agrietarse.

Itsuki permaneció tras la cobertura durante un par de segundos, con la guardia alta y la respiración controlada, escuchando el caer de los escombros hasta confirmar que no quedaban más mecanismos activos en la sala. Un corte superficial le cruzaba el pómulo izquierdo, producto de una astilla veloz antes de que el muro terminara de alzarse, pero ni siquiera se molestó en limpiarse la línea de sangre.

Se incorporó con calma, deshizo la concentración de chakra y rodeó la roca levantada para llegar hasta la reja del fondo. De un golpe seco con el talón de la nudillera, partió el candado oxidado y abrió los contenedores sellados. En el interior descansaban los rollos de pergamino intactos, las cajas de herramientas médicas y los paquetes de acero templado, protegidos de la humedad por capas de tela encerada.

Cargó los fardos principales asegurándolos con correas cruzadas sobre su espalda y guardó los pergaminos más pequeños en su chaleco táctico. Salió del Pabellón de los Estandartes por la misma puerta principal, dejando atrás el olor a pólvora quemada y tierra removida. Al pisar de nuevo el callejón envuelto en la bruma fría de Yomikage, ajustó el peso sobre sus hombros y retomó la marcha hacia el punto de entrega con paso firme y constante, cumpliendo con su deber sin añadir una sola palabra de más.


Masashi Kishimoto
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20-10-2026, 04:32 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Autonarrada C] La Purga del Pabellón de los Estandartes (TID 15218)
Tipo: Misión Normal · Rango: C
  • Itsuki Senju — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Shinigami
Rango Staff
Clan Sin Clan
Nivel 3
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia45(2)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu12
Sigilo9
270
255
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20-10-2026, 04:33 AM
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