Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Kinzo vs Ibuki
忍 SG
知
¿Sabías que… existió una clínica Yamanaka dedicada al tratamiento de traumas psicológicos de los ninjas?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Resto del Mundo   ›   Países del Mar del Norte   ›   Pais de las Aguas Termales   ›   Yomikage
« Anterior 1 2 3 Siguiente »
  ›   [Común] [Misión Autonarrada - Rango C] El Retrato que Cambia de Marco
Responder
[Misión Autonarrada - Rango C] El Retrato que Cambia de Marco
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
510
505
Enlace al Post
17-10-2026, 09:32 AM
Otoño ??? del Año 150
Yomikage – Ruinas Antiguas
Petición de la Misión

Las Ruinas Antiguas de Yomikage tenían montones de cosas interesantes para curiosear. Algunas construcciones apenas conservaban sus paredes, otras todavía tenían objetos que nadie parecía haberse molestado en recoger y, por todas partes, había suficiente polvo como para hacerme estornudar si pasaba demasiado tiempo en el mismo sitio.

Por eso, cuando me enteré de que un sujeto necesitaba ayuda para investigar un retrato que supuestamente cambiaba de lugar por su cuenta, no pude evitar interesarme. ¿Un cuadro que se movía cuando nadie lo estaba mirando? Sonaba bastante extraño, aunque tampoco era lo más raro que había visto desde que llegué a aquella isla.

Encontré al hombre en una de las antiguas galerías, donde había improvisado una pequeña zona de trabajo entre muebles cubiertos con telas y cajas llenas de objetos recuperados de las ruinas. Parecía llevar un buen rato allí, a juzgar por el polvo que cubría su ropa y las manchas de pintura que tenía en las manos. Cuando le pregunté por el famoso retrato, me señaló una de las paredes.

– Es ese de ahí. – Me explicó. – Lo hemos encontrado en varios marcos distintos, incluso en habitaciones que estaban cerradas. Nadie ha conseguido averiguar cómo lo hace. Mi trabajo consiste en restaurar estas pinturas, pero antes de tocarla quisiera saber dónde debe estar colocada originalmente. No quiero estropear algo que podría tener valor histórico.

Seguí la dirección de su dedo y me encontré con el retrato de una joven. Tenía el cabello oscuro, recogido parcialmente con un adorno plateado, y vestía ropas elegantes que parecían pertenecer a otra época. Su expresión era bastante tranquila, aunque había algo en su mirada que me hizo detenerme unos segundos más de lo necesario. No parecía estar mirando directamente al frente, sino hacia algún punto situado fuera del cuadro.

– ¿Y dices que aparece en otros marcos? – Pregunté, volviendo la vista hacia el restaurador. – ¿No será que alguien se está divirtiendo cambiándola de sitio?

El hombre negó con la cabeza. Según me contó, había intentado vigilar la pintura e incluso había pedido ayuda a otras personas para comprobar que nadie entrara en la galería durante la noche. Aun así, el retrato seguía apareciendo en lugares distintos. Algo sumamente raro.

– Bueno, déjame echarle un vistazo. – Le dije, acercándome al cuadro.

Lo primero que hice fue examinar el marco. Era grande, de madera oscura y con algunos adornos dorados que habían perdido el brillo con el paso del tiempo. No parecía tener ningún mecanismo escondido, aunque tampoco sabía exactamente qué debía buscar. Revisé los bordes, miré detrás del lienzo y hasta comprobé si había alguna cuerda o algún soporte que permitiera moverlo sin tener que tocarlo directamente.

Pero nada.

– ¿Y si simplemente quiere estar en otro sitio? – Murmuré, más para mí mismo que para el restaurador.

– ¿Cómo dices?

– Nada.

Decidí probar algo más sencillo. Me quedé frente al retrato, observándolo fijamente, dispuesto a comprobar si se movía mientras lo vigilaba. Pasaron varios minutos y no ocurrió absolutamente nada. La pintura siguió tan quieta como cualquier otra, lo que empezó a hacerme sospechar que quizá el cuadro solo se movía cuando nadie estaba pendiente de él.

– Hmm...

Al final, aparté la mirada para revisar los otros cuadros de la habitación. Había paisajes, retratos de personas que ya nadie reconocería y algunas pinturas tan deterioradas que apenas se distinguían sus figuras. Me entretuve examinando un marco que tenía una esquina rota y después me agaché para recoger un pequeño trozo de madera que había caído al suelo.

Cuando volví a levantar la cabeza, solté una exclamación.

– ¡¿Eh?!

¡El retrato había cambiado de sitio!

La pintura que antes estaba frente a mí ahora se encontraba al otro lado de la galería, colocada dentro de un marco mucho más estrecho, mientras que en el anterior había aparecido el paisaje que había estado examinando unos instantes antes. Me acerqué rápidamente para comprobarlo, mirando primero uno y luego el otro.

¿Cómo era posible? No había escuchado pasos, no había visto entrar a nadie y, sobre todo, no había manera de que alguien hubiera cambiado ambos cuadros tan rápido sin que me diera cuenta.

– ¡Oye! ¿Cómo hiciste eso? – Le pregunté a la pintura, como si fuera a responderme.

Por supuesto, no obtuve respuesta.

Probé una vez más. Esta vez me coloqué frente al nuevo marco y esperé a que ocurriera algo. Nada. Después miré hacia una estantería, apenas unos segundos, y cuando regresé la vista al retrato, este había vuelto a cambiar. Ahora estaba dentro de un marco de madera clara, junto a una puerta que daba a una habitación contigua.

– ¡Oye! ¡Vuelve aquí! – Le reclamé.

El restaurador, que había estado observando mis intentos desde el otro extremo de la galería, se limitó a suspirar y acercarse para revisar el marco que acababa de quedar vacío. Se le veía resignado, aunque no entendía por qué se daba por vencido tan pronto.

No obstante, algo sí debía admitir: aquello no parecía un simple truco. Si la pintura seguía cambiando de lugar, tenía que haber alguna razón. Quizá estaba buscando algo o tal vez quería que alguien la siguiera. No tenía forma de saberlo, pero había una manera bastante sencilla de averiguarlo.

Seguí la dirección en la que había aparecido el retrato y crucé la puerta hacia la habitación contigua. El lugar estaba bastante peor conservado que la galería principal. Había muebles rotos amontonados contra las paredes, estanterías vencidas por el peso de los años y varias cajas cubiertas por una gruesa capa de polvo. Tuve que apartar una tela que colgaba de un armario para poder pasar y, cuando intenté mover una caja que bloqueaba el camino, una nube de polvo me hizo estornudar.

– ¡Aa...! ¡Achú! – Me cubrí la nariz con una mano mientras agitaba la otra frente a mí.

Continué buscando entre los objetos. Al principio no encontré nada que pareciera relacionado con el retrato, pero entonces reparé en una caja larga, colocada detrás de un mueble caído. A diferencia de las demás, tenía una tela cuidadosamente doblada encima y parecía haber permanecido protegida de la humedad. Me agaché para retirarla y descubrí que dentro había otra pintura.

La levanté con cuidado y la apoyé contra la pared para verla mejor.

Era el retrato de un joven, vestido con ropas elegantes similares a las de la muchacha que había visto antes. Tenía el cabello oscuro, una expresión tranquila y un pequeño adorno plateado prendido cerca del cuello. A primera vista, no parecía tener nada de particular, pero cuanto más lo observaba, más detalles encontraba que me recordaban al otro cuadro. Los colores del fondo eran muy parecidos y ambos retratos tenían una pequeña flor pintada en una esquina.

– "¿Podrá ser...?" – Miré hacia la puerta, desde donde podía ver parte de la galería principal. Después volví a observar la pintura que sostenía entre las manos.

¿Y si los dos cuadros estaban relacionados?

Busqué alguna inscripción en la parte posterior del lienzo y encontré unas letras desgastadas, casi ocultas bajo una capa de polvo. No conseguí leerlas todas, pero pude distinguir dos nombres: Ada y Ren. Debajo, alguien había escrito una frase que todavía se conservaba bastante bien:

«Para que nunca vuelvas a perderme de vista».

Me quedé mirando esas palabras durante unos instantes. No sabía quiénes eran Ada y Ren ni qué relación tenían con aquellas pinturas, pero la frase me hizo pensar que quizá no se trataba de dos retratos independientes.

Me llevé el cuadro de vuelta a la galería, procurando no golpearlo contra los muebles ni las paredes durante el camino.

– ¡Oye! ¡Mira lo que encontré! – Llamé al restaurador en cuanto lo vi. – ¡Creo que este cuadro tiene algo que ver con el otro!

El hombre se acercó enseguida y examinó la pintura con una expresión de sorpresa. Después de revisar la inscripción y los adornos, comenzó a comparar ambos retratos. Me explicó que las dos obras parecían pertenecer a la misma colección y que el motivo floral de las esquinas era una marca que se utilizaba para identificar piezas relacionadas. Sin embargo, todavía no sabíamos dónde debían colocarse.

Fue entonces cuando me fijé en la pared del fondo.

Hasta ese momento no le había prestado demasiada atención, pero había una sección donde el polvo se acumulaba de forma distinta. Al acercarme, descubrí dos rectángulos más claros en la pared, uno junto al otro, como si durante años hubieran estado cubiertos por algo que impedía que la superficie envejeciera de la misma manera que el resto. También había unos agujeros antiguos, colocados a la misma altura, que parecían corresponder a los soportes de dos cuadros.

– ¿Y si iban aquí? – Pregunté, señalando los espacios.

El restaurador se acercó para examinar la pared y después miró las dos pinturas. Los tamaños coincidían con las marcas, y los soportes parecían lo bastante resistentes como para sostener ambos marcos. No podía asegurarlo por completo, pero era la pista más clara que habíamos encontrado hasta entonces.

Entre los dos, colocamos el retrato de la joven en uno de los soportes. Después levanté el otro y lo acomodé en el espacio contiguo, asegurándome de que quedara bien sujeto.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

– ¿Ya está? – Pregunté, ladeando la cabeza. – ¿Era eso lo que querías, no?

En cuanto terminé de hablar, escuché un leve crujido procedente de los marcos.

Me volví hacia ellos justo a tiempo para ver cómo la expresión de la joven parecía suavizarse. No era un cambio exagerado, apenas una pequeña variación en la curva de sus labios, pero resultaba imposible no notarlo una vez que ambos cuadros estaban colocados uno junto al otro. La mirada de Ada, antes dirigida hacia un punto perdido fuera del lienzo, parecía encontrarse ahora con la de Ren.

Entonces, una corriente de aire atravesó la galería.

Las telas que cubrían los muebles se agitaron suavemente y una tenue luz apareció frente a los retratos. Parpadeé, sorprendido, mientras dos siluetas comenzaban a tomar forma delante de la pared.

Eran una mujer y un hombre jóvenes, vestidos con ropas similares a las de las pinturas. Sus cuerpos parecían transparentes, como si estuvieran hechos de niebla iluminada por la luz de la luna. Por un instante, me quedé mirándolos sin saber muy bien qué hacer. El restaurador tampoco parecía tener una explicación, y su expresión no era muy diferente a la mía.

La mujer miró al hombre y, al reconocerlo, se llevó una mano a la boca. Él dio un paso hacia ella, con una expresión de sorpresa y alivio que me resultó extrañamente familiar, aunque nunca antes hubiera visto aquellas caras.

No escuché lo que se dijeron, si es que llegaron a hablar. Solo vi cómo se acercaban y se tomaban de las manos, como si hubieran pasado muchísimo tiempo esperando aquel momento.

La pareja permaneció unida durante unos instantes más. Después, sus figuras comenzaron a desvanecerse lentamente, hasta desaparecer por completo. La galería quedó en silencio, aunque esta vez no me pareció un silencio incómodo. Los dos retratos continuaban en su lugar, uno junto al otro, y ya no había señales de que fueran a cambiar de marco.

– ... – Me giré al restaurador, todavía intentando comprender qué acababa de ocurrir. – ¿¡Qué fue eso!? – Exclamé por fin.

El hombre seguía contemplando los retratos, visiblemente conmovido. Luego, se acercó a la pared y examinó nuevamente los soportes, como si necesitara comprobar que las pinturas seguían allí. Finalmente, me agradeció la ayuda. Al parecer, después de tantos años, por fin habíamos encontrado la disposición original de esas obras.

Yo volví a mirar los cuadros por última vez. No había entendido demasiado de lo que acababa de pasar, pero, aun así, habíamos conseguido resolver el misterio y había podido ayudar.

– Bueno, ¡supongo que ya podemos dar esto por terminado! – Dije, satisfecho.

Me alejé de la pared y me estiré un poco, dispuesto a abandonar la galería y regresar a la feria. Había llegado esperando descubrir cómo se movía una pintura por su cuenta y había terminado ayudando a dos... ¿fantasmas?

¿Qué otra cosa rara me aguardaría más adelante?

¡Definitivamente, Yomikage era un lugar de lo más extraño!
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
« Hablo || "Pienso" || Narro »
CodeColor : #D66673
Masashi Kishimoto
Enlace al Post
19-10-2026, 10:29 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión Autonarrada - Rango C] El Retrato que Cambia de Marco (TID 15202)
Tipo: Misión Normal · Rango: C
  • Natsu — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Shinigami
Rango Staff
Clan Sin Clan
Nivel 3
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia45(2)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu12
Sigilo9
270
255
Enlace al Post
19-10-2026, 10:30 PM
閉
🔒 Tema cerrado
Este tema ha sido cerrado.
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: