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El pabellon...
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13-10-2026, 05:22 PM
El Falso Banquete del Pabellón de las Armas
País de las Aguas Termales — Yomikage





La pendiente descendía entre construcciones de madera y muros de piedra, conduciendo hacia el corazón de la feria. A medida que Itsuki se alejaba de la Gran Estructura Central, el sonido del viento que ascendía desde la fosa fue quedando atrás, sustituido por el murmullo distante de las corrientes que recorrían las callejuelas y hacían tintinear los faroles apagados.

La feria conservaba los restos de una celebración interrumpida. Había puestos decorados con telas descoloridas, mostradores cubiertos de polvo y carteles cuyas letras se habían borrado bajo la humedad. En algunos tenderetes aún colgaban máscaras de madera y figuras talladas que, vistas de reojo entre la niebla, parecían seguir con la mirada a quienes se aventuraban por aquellas calles. No había vendedores ni visitantes, tampoco señales recientes de que alguien se hubiera preocupado por mantener aquel lugar.

La búsqueda de equipo tampoco prometía demasiado.

En un puesto dedicado a herramientas y accesorios de mantenimiento quedaban varias cajas abiertas. Sus contenidos se habían deteriorado con el tiempo: hebillas corroídas, correas endurecidas y piezas metálicas cubiertas de óxido. Bajo una lona rasgada descansaba un pequeño juego de herramientas, aunque desde la distancia no era posible determinar cuáles seguían siendo aprovechables. En otra caja, unas tiras de cuero viejo conservaban suficiente flexibilidad para distinguirse de las que se habían cuarteado por completo.

La placa de latón que Itsuki había recogido en el pabellón llevaba las señales de un inventario antiguo. A medida que avanzaba entre los puestos, encontró marcas semejantes en dos cajones abandonados junto a un almacén. El mismo emblema aparecía estampado sobre la madera, medio oculto bajo la suciedad. No bastaba para establecer el recorrido de aquellos objetos, pero sugería que parte del material de la feria procedía de dependencias comunes.

Entonces, un sonido metálico volvió a quebrar la quietud.

Clang.

El golpe llegó desde la dirección del Pabellón de las Armas, amortiguado por la distancia y los muros que separaban ambas construcciones. Hubo una pausa, seguida por un chirrido prolongado que terminó de forma abrupta.

Ninguna de las figuras de madera de los puestos se movió. Los faroles continuaron apagados y las guirnaldas apenas se agitaron bajo la brisa.

Aun así, algo había cambiado en el silencio.

Desde la calle donde se alzaba el pabellón llegó el sonido de una cadena tensándose. Después, un golpe seco hizo vibrar los herrajes de la puerta. No hubo voces ni una llamada de auxilio; únicamente el ruido de algo pesado desplazándose sobre un suelo duro.

La fachada del edificio podía distinguirse desde aquella parte de la feria. Las puertas seguían cerradas y las cadenas permanecían sujetas a sus anillas, pero una de las ventanas laterales conservaba varios listones rotos. La tenue luz que antes escapaba por una rendija parecía haberse intensificado.

Durante un instante, una sombra cruzó el espacio visible entre las tablas.

Después apareció una segunda silueta.

Ambas desaparecieron sin que pudiera distinguirse con claridad su forma.

El siguiente sonido fue diferente. Un tintineo breve, semejante al choque de cubiertos metálicos, precedió a un arrastre pesado y a tres golpes espaciados. La secuencia terminó con un chirrido de articulaciones que no guardaba relación alguna con los movimientos de las puertas.

Más allá del pabellón, dos pequeñas luces avanzaban lentamente entre los edificios. Su trayectoria era irregular y quedaba interrumpida por los muros, pero parecían corresponder a faroles transportados por alguien que patrullaba la zona. Todavía se encontraban a cierta distancia y no había señales de que hubieran advertido el ruido.

La feria, hasta entonces inmóvil, parecía contener la respiración.

A través de los listones rotos de la ventana podía distinguirse ahora una parte del interior del pabellón. Allí, bajo la luz mortecina de unos faroles que no deberían seguir encendidos, se extendía una mesa larga cubierta por una tela oscura. Sobre ella descansaban objetos alineados con una precisión casi ceremonial: bandejas metálicas, soportes de armas y piezas de armadura colocadas como si esperaran a unos invitados que nunca llegarían.

Alrededor de la mesa se alzaban varias siluetas acorazadas.

No era posible distinguir sus rostros bajo los yelmos ni determinar si estaban apoyadas sobre soportes o si permanecían de pie por sus propios medios. La luz se reflejaba en sus placas, dejando al descubierto los remaches y las articulaciones. A un extremo de la mesa, un objeto cilíndrico envuelto en tela permanecía apartado de los demás, protegido bajo una cubierta polvorienta.

Entonces, una de las figuras inclinó la cabeza.

El movimiento fue pequeño, casi imperceptible desde aquella distancia, pero el casco produjo un chasquido metálico al girar. La armadura situada a su derecha respondió con un leve desplazamiento del hombro.

La tercera permaneció inmóvil.

Durante unos segundos no ocurrió nada más. Luego, una mano acorazada se cerró lentamente sobre el borde de la mesa. El metal chirrió contra la madera y una de las bandejas se deslizó unos centímetros antes de detenerse.

El ruido no llegó a repetirse.

Desde la calle, las luces que se aproximaban continuaron avanzando entre la niebla.

El Pabellón de las Armas seguía cerrado. El equipo abandonado en los puestos podía ofrecer materiales aprovechables, pero no había garantía de encontrar allí lo que Itsuki necesitaba. Mientras tanto, las figuras del interior parecían haber reanudado una actividad que llevaba demasiado tiempo interrumpida, y cualquier estrépito adicional podía atraer la atención de quienes patrullaban la feria.

Makey permanecía sujeto al arnés de tela, con las orejas dirigidas hacia el pabellón. La brisa arrastró hasta la calle un olor tenue a metal húmedo y aceite envejecido.

Tras los listones de la ventana, una de las siluetas acorazadas volvió a moverse.

Esta vez, el sonido de sus pasos llegó claramente hasta el exterior.

Clang.

Un paso.

Después, otro.

Y el silencio volvió a cubrir la feria.



OFF — Truco o Trato


Tirada: 1d10. Resultado pendiente. Los efectos están adaptados al primer contacto con el Pabellón de las Armas. Ninguno determina automáticamente que Itsuki sea descubierto, herido o pierda recursos.

1 — Suelo traicionero. Una tabla deteriorada cede bajo el peso de quien transite por el puesto abandonado. El crujido podría llamar la atención desde el pabellón si no se encuentra otra forma de avanzar.

2 — Nube de polvo. Una ráfaga levanta el polvo acumulado en los tenderetes y reduce momentáneamente la visibilidad. Las siluetas tras la ventana se vuelven difíciles de distinguir.

3 — Movimiento inesperado. Una de las armaduras golpea la mesa desde el interior, haciendo resonar el metal por toda la calle. El ruido puede atraer a las patrullas que se aproximan.

4 — Ruta comprometida. Un carro volcado y varios tablones bloquean parte del camino hacia el pabellón. Será necesario elegir entre rodear los obstáculos o buscar un acceso alternativo.

5 — Pista de inventario. Las marcas de los cajones abandonados coinciden con el emblema de la placa de latón. Esto permite relacionar el material almacenado en la feria con las dependencias del pabellón, aunque no revela qué se trasladó ni cuándo.

6 — Información útil. La observación del interior permite distinguir tres figuras acorazadas dispuestas alrededor de la mesa. Sus movimientos no son idénticos: cada una parece reaccionar con cierto retraso respecto a las otras.

7 — Oportunidad de inspección. Una ventana lateral con listones rotos ofrece un ángulo más amplio para observar el interior sin abrir las puertas encadenadas. Desde allí podría examinarse mejor la disposición de las armaduras y los objetos sobre la mesa.

8 — Ventaja de posición. Los puestos abandonados proporcionan cobertura visual desde la que observar las ventanas y las patrullas sin exponerse directamente en la calle.

9 — Material aprovechable. En una caja de mantenimiento hay correas, hebillas y pequeñas herramientas que podrían seguir siendo útiles tras una revisión. No hay armas reglamentarias en condiciones evidentes de uso, pero los materiales podrían ayudar a resolver necesidades inmediatas del equipo.

10 — Revelación excepcional. Durante un breve parpadeo de la luz interior, aparecen líneas azuladas entre las articulaciones de las tres armaduras. Los destellos desaparecen casi al instante, pero se encienden de manera consecutiva, como si algo recorriera sus ensamblajes. El fenómeno sugiere que las figuras no son simples exhibiciones inmóviles, aunque todavía no permite determinar cómo se han animado ni qué las mantiene activas.

Estado: misión 4/6, post 1/5. Itsuki ha llegado a la feria, conserva la placa de inventario y ha identificado movimiento dentro del Pabellón de las Armas. Las tres figuras y el objeto cubierto permanecen en el interior; las patrullas todavía no han reaccionado al ruido.
Itsuki Senju
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13-10-2026, 06:48 PM
La llegada a la feria ofreció un respiro momentáneo del viento del abismo, pero el silencio del lugar traía consigo una tensión diferente. Entre los tenderetes abandonados y las máscaras polvorientas que parecían seguirlo de reojo, Itsuki mantuvo una marcha baja y calculada. Sabía que avanzar hacia una situación potencialmente hostil con un apoyo precario en el pie derecho era una negligencia táctica, de modo que aprovechó la cobertura del primer puesto de mantenimiento antes de exponerse en campo abierto.

Resguardado tras un mostrador carcomido, examinó las cajas abiertas. Descartó las hebillas podridas y el metal inservible, pero apartó un fragmento de lona gruesa y un tramo de correa de cuero viejo que aún conservaba flexibilidad. Tomando una de las herramientas manuales oxidadas, perforó los bordes de la tela y reforzó la base de fibras y cortezas que protegía su planta. Trenzó el cuero alrededor del empeine y el tobillo, logrando una sandalia improvisada mucho más densa y silenciosa contra los adoquines húmedos, sin depender ya de nudos vegetales frágiles que pudieran ceder en carrera.

Bajo su brazo, Makey permanecía completamente inmóvil dentro del arnés. Itsuki había tomado la precaución de mantener la tira de venda cubriendo el hocico del felino; el animal podía respirar con normalidad, pero la tela amortiguaba cualquier conato de bufido o maullido reflejo que pudiera delatar su posición.

El eco de los pasos acorazados dentro del Pabellón de las Armas (Clang... Clang...) marcó el ritmo de su avance. En la lejanía, dos faroles continuaban su patrulla errática entre los callejones brumosos. Midiendo los intervalos de sombra que proyectaban los aleros, el Senju cruzó la calleja pegado a la pared posterior del edificio, evitando el acceso principal encadenado para no tentar a la suerte con los herrajes sueltos.

Aprovechando la ventaja que ofrecía la ventana lateral con los listones quebrados, Itsuki se deslizó bajo el alféizar. Asentó la bota izquierda, descargó el peso en su sandalia recién ajustada y elevó la mirada con milimétrica cautela entre las maderas rotas, manteniéndose en un ángulo ciego respecto al haz de los faroles interiores.

La perspectiva era mucho más amplia desde esa posición. La luz mortecina iluminaba la mesa ceremonial y las tres siluetas de metal dispuestas a su alrededor. Con su percepción enfocada en los patrones biomecánicos, Itsuki analizó la cadencia de las armaduras: no había fluidez orgánica en sus gestos, sino retardos mecánicos entre el chasquido del primer yelmo y la respuesta del hombro adyacente, semejante a un sistema de marionetas o autómatas activados por un pulso diferido. En el extremo opuesto de la mesa, el objeto cilíndrico envuelto en tela sucia destacaba como una anomalía dentro de la disposición ceremonial.

Sin forzar la entrada ni arriesgar el sigilo mientras las patrullas rondaban el exterior, Itsuki extrajo mentalmente cada detalle: la orientación de las junturas metálicas, el retraso cinético entre las tres figuras y la ubicación exacta de los soportes. Cualquier pieza o símbolo novedoso quedó registrado en su memoria táctica, aguardando el momento propicio para intervenir sin comprometer la custodia del animal ni alertar a la guardia de la feria.


Resumen

Calzado reforzado con lona, ahora no tengo chanclas tengo zandalias...
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13-10-2026, 08:16 PM
La observación desde la ventana revelaba una disposición demasiado ordenada para tratarse de un almacén abandonado. Las bandejas metálicas ocupaban lugares precisos alrededor de la mesa, flanqueadas por recipientes vacíos y soportes destinados a exhibir armas. No había alimentos, manteles limpios ni señales de una celebración reciente. Solo una mesa preparada con una meticulosidad absurda, como si alguien hubiera dispuesto los elementos de un banquete y después hubiera olvidado invitar a sus comensales.

Los tres guardianes ocupaban sus puestos alrededor de ella.

Sus cuerpos estaban construidos mediante armazones de madera oscura, placas metálicas remachadas y correas endurecidas por el tiempo. Las manos, de dedos articulados, terminaban en pequeñas piezas de metal desgastado. Sobre los hombros se alzaban máscaras rígidas, alargadas y sin expresión, con hendiduras estrechas a la altura de los ojos. Ninguna mostraba insignias reconocibles; tampoco había rasgos humanos bajo las aberturas, solo oscuridad entre las piezas ensambladas.

El primero permanecía junto a una bandeja. El segundo vigilaba el lado opuesto de la mesa, mientras que el tercero se mantenía cerca del objeto cilíndrico envuelto en tela.

La primera figura levantó la cabeza.

El movimiento comenzó con una sacudida del cuello, seguida por un chasquido en la articulación del hombro. Después de una pausa, el torso giró unos grados y una de sus manos se deslizó por el borde de la mesa. Cada movimiento parecía componerse de acciones separadas: una pieza avanzaba, se detenía y luego otra continuaba el gesto.

La mano rozó una bandeja.

Clang.

El sonido metálico se propagó por el recinto y rebotó contra las paredes. La figura permaneció inmóvil durante unos segundos, con los dedos todavía apoyados sobre el borde, antes de apartarse de la mesa.

El segundo guardián respondió.

Su cabeza giró hacia el primero, pero lo hizo después de que este hubiera concluido el movimiento. A continuación, levantó el brazo derecho y lo dejó caer junto al cuerpo. Una correa del antebrazo se desplazó ligeramente, dejando al descubierto la unión de madera y metal que permitía a la extremidad flexionarse.

Un pequeño destello azulado apareció entre las piezas.

Fue tan breve que apenas iluminó el contorno de la articulación. Desapareció cuando el brazo volvió a su posición inicial.

La tercera figura no reaccionó inmediatamente. Permaneció junto al estuche hasta que el segundo guardián terminó de moverse; entonces inclinó la máscara y extendió la mano hacia la tela que lo cubría.

El gesto se interrumpió a medio camino.

Sus dedos se cerraron una vez, con un chasquido seco, y volvieron a abrirse. El guardián no llegó a levantar el envoltorio. En cambio, retiró la mano y retomó su posición original, como si aquel movimiento incompleto formara parte de una rutina que no necesitaba concluir.

El objeto cilíndrico permaneció inmóvil sobre la mesa.

Una corriente de aire penetró por las rendijas de la fachada y agitó una esquina de la tela. La envoltura dejó expuesto uno de los extremos del objeto, donde podía distinguirse una pieza metálica que sujetaba el cierre. Junto a ella aparecía una pequeña marca estampada, desgastada en los bordes, semejante a los emblemas de inventario grabados en los cajones del exterior.

La tela volvió a caer.

En ese mismo instante, los tres guardianes se quedaron quietos.

No adoptaron una postura defensiva ni se volvieron hacia la ventana. Simplemente dejaron de moverse, con los brazos suspendidos en distintos ángulos y las máscaras orientadas hacia puntos diferentes de la estancia. La luz de los faroles osciló sobre sus superficies y proyectó sombras alargadas que se cruzaron sobre las baldosas.

Entonces, algo vibró debajo de la mesa.

Fue un sonido sordo, semejante al golpeteo de una pieza suelta contra el reverso de la madera. El primer guardián inclinó la cabeza. El segundo levantó el hombro. El tercero giró lentamente hacia el estuche, y una línea azulada apareció en la unión de su cuello.

La luz se extendió por una segunda articulación.

Después, el primer guardián comenzó a caminar.

Un paso.

La planta metálica golpeó el suelo.

Un segundo paso.

El torso se inclinó ligeramente hacia delante y las correas de la espalda crujieron al soportar el desplazamiento. La figura rodeó el extremo de la mesa, mientras el segundo guardián permanecía inmóvil y el tercero volvía a colocar la mano junto al estuche.

Aquella secuencia parecía repetirse con pequeñas variaciones. No había un movimiento simultáneo que permitiera interpretar a las tres figuras como un solo cuerpo, pero sus pausas coincidían con una regularidad difícil de ignorar. Cada vez que una terminaba su recorrido, otra iniciaba el suyo.

Desde la calle llegó el tintineo de un farol.

Las luces de la patrulla exterior se habían aproximado a la bifurcación. Su resplandor recorrió los listones de la ventana y se deslizó por una franja del suelo antes de desaparecer detrás de la pared. A cierta distancia se oyeron dos voces amortiguadas, seguidas por pasos que avanzaron hacia la plaza. No se distinguieron las palabras, y nada indicó que quienes patrullaban hubieran advertido la actividad del interior.

Makey permaneció sujeto al arnés, con las orejas orientadas hacia la mesa. El recinto no desprendía humo ni emitía la corriente térmica que Itsuki había encontrado bajo la Gran Estructura, aunque el pequeño destello entre las articulaciones guardaba una semejanza inquietante con otras manifestaciones luminosas observadas en Yomikage.

Aquella coincidencia no explicaba el mecanismo ni demostraba que las figuras estuvieran vinculadas a las anomalías subterráneas. Por el momento, solo podía afirmarse que las tres seguían funcionando a pesar del abandono aparente del pabellón.

El primer guardián completó su recorrido.

Al regresar a su puesto, golpeó accidentalmente la bandeja con el dorso de la mano. El objeto giró sobre sí mismo y cayó al suelo, donde rebotó dos veces antes de detenerse cerca de una pata de la mesa.

El estrépito hizo que las otras figuras interrumpieran sus movimientos.

Durante unos segundos, ninguna reaccionó.

Luego, las tres máscaras se inclinaron hacia la bandeja caída.

El silencio volvió a instalarse en el recinto, pero esta vez las figuras no retomaron inmediatamente su rutina. El guardián situado junto al estuche se separó de la mesa y avanzó hasta la bandeja. Se agachó con una rigidez evidente, recogió el objeto y lo colocó de nuevo en su sitio.

Al incorporarse, su máscara quedó orientada hacia la ventana lateral.

No hubo un movimiento repentino ni una reacción que confirmara que había visto algo en el exterior. La figura permaneció inmóvil durante unos latidos, con la cabeza ligeramente inclinada y el brazo extendido junto a la mesa.

Después, el cuello giró de nuevo hacia el interior del recinto.

El destello azulado se apagó.

Afuera, los faroles de la patrulla continuaron su recorrido sin detenerse frente al pabellón. La entrada principal seguía cerrada por las cadenas oxidadas, y la ventana conservaba los listones rotos que permitían observar una parte considerable de la estancia.

El estuche permanecía sobre la mesa, todavía envuelto, y los tres guardianes habían retomado sus movimientos con la misma sucesión irregular de chasquidos y pausas.

La ventana ofrecía una perspectiva suficiente para seguir estudiando sus desplazamientos. También dejaba ver un espacio despejado entre la mesa y una de las paredes, aunque las figuras lo atravesaban periódicamente. Aún no existía una oportunidad segura para alcanzar el objeto sin exponerse a su reacción.

Desde el interior llegó un último sonido metálico.

Clang.

Esta vez no provenía de una bandeja, sino de la parte inferior de la mesa. El primer guardián interrumpió su recorrido y miró hacia el suelo. Una tenue línea azulada apareció bajo sus pies, recorrió fugazmente las juntas de las baldosas y desapareció bajo la madera.

Los otros dos se detuvieron en el mismo instante.

Y, durante un breve intervalo, las tres figuras quedaron inmóviles alrededor de la mesa, como si aguardaran una señal que todavía no había llegado.




OFF — Truco o Trato


Tirada: 1d10. El resultado determinará qué oportunidad o complicación surge mientras Itsuki observa a los tres guardianes desde la ventana lateral. Ningún resultado garantiza que sea descubierto, consiga entrar o recupere el estuche.

1 — Un guardián se acerca. Una de las figuras abandona su puesto y comienza a recorrer el lado de la mesa más próximo a la ventana. Sus articulaciones producen chasquidos cada vez más cercanos, reduciendo el margen para seguir observando desde esa posición.

2 — La patrulla se aproxima. El resplandor de uno de los faroles exteriores vuelve a recorrer la fachada. Los pasos se detienen brevemente al otro lado de la pared antes de continuar, dejando abierta la posibilidad de que la patrulla vuelva sobre sus pasos.

3 — Ruido en el banquete. Uno de los guardianes golpea una bandeja y la hace caer al suelo. El estrépito interrumpe la rutina de las tres figuras y atrae su atención hacia la mesa, pero el sonido también podría alertar a quienes patrullan el exterior.

4 — Movimiento imprevisible. Las tres figuras abandonan sus posiciones casi al mismo tiempo. Una se dirige hacia el extremo de la mesa, otra gira hacia la entrada principal y la tercera permanece junto al estuche. Sus recorridos habituales dejan de ser fiables durante unos instantes.

5 — Una articulación expuesta. Una correa desplazada deja visible la unión entre la madera y el metal del antebrazo de uno de los guardianes. El detalle permite estudiar cómo se flexiona la extremidad y dónde podría estar el punto más vulnerable de su ensamblaje.

6 — Un patrón reconocible. Itsuki puede observar una secuencia recurrente: una figura comienza a moverse, la segunda responde después de una pausa y la tercera termina el ciclo. Aunque existen pequeñas variaciones, el patrón ayuda a anticipar cuándo los guardianes dejarán espacios libres alrededor de la mesa.

7 — Una posible entrada secundaria. Un cambio en la posición de las figuras deja visible una puerta estrecha al fondo del pabellón. No parece tener cadenas por el lado que alcanza a verse, aunque la distancia impide determinar si conduce a una habitación auxiliar o si existe alguna vigilancia al otro lado.

8 — Una abertura favorable. Durante el siguiente ciclo, uno de los guardianes se aleja del estuche mientras los otros dos quedan orientados hacia el extremo opuesto de la mesa. Se abre un intervalo durante el cual el objeto no está directamente flanqueado, ofreciendo una oportunidad para estudiar una posible aproximación.

9 — El estuche queda más expuesto. Una corriente desplaza la tela que cubre el objeto cilíndrico. Quedan a la vista el cierre metálico y parte de una marca de inventario semejante a la de la placa recogida en el exterior. La observación refuerza la posibilidad de que el objeto pertenezca al antiguo registro de las instalaciones, pero no permite comprobar su contenido.

10 — Revelación excepcional. Una pulsación azul recorre las articulaciones de las tres figuras y se prolonga fugazmente por las juntas del suelo. Las líneas convergen bajo la mesa y desaparecen entre las baldosas; a continuación, los tres guardianes reanudan sus movimientos en el mismo orden. Itsuki obtiene un indicio de que comparten algún mecanismo o flujo de chakra que coordina sus desplazamientos. La fuente permanece oculta y el descubrimiento no los desactiva ni garantiza un acceso seguro al estuche.

Estado: misión 4/6, post 2/5. Itsuki continúa fuera del pabellón, con Makey sujeto al arnés. Ha observado la construcción de las figuras, sus movimientos escalonados y el estuche sobre la mesa. Los tres guardianes permanecen activos y la patrulla continúa recorriendo las calles cercanas.
Itsuki Senju
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13-10-2026, 10:22 PM
Desde la sombra bajo la ventana, Itsuki no despegó los ojos de las tres figuras. Cada golpe seco y cada pausa encajaban en su forma de entender las cosas, lejos de cualquier idea de magia o fantasmas. Cuando la línea azulada cruzó las baldosas y se perdió bajo la madera de la mesa, tuvo claro lo básico: lo que fuera que moviese a esas cosas no estaba dentro de los cascos ni en el pecho de las armaduras, sino oculto bajo el suelo.

La luz de los faroles de la patrulla barrió de pronto las tablas rotas de la pared. En un movimiento rápido, el Senju dobló las rodillas y pegó la espalda a la piedra, hundiéndose en la sombra para no quedar a la vista. Aguantó el aire un momento, esperando a que las voces y los pasos lejanos se apagaran rumbo a la plaza. Asomando apenas la mirada por el borde de las maderas, siguió la trayectoria de las luces entre los callejones y anotó mentalmente el rumbo exacto que tomaban; seguir el rastro de esa guardia más adelante podía ser una buena alternativa si necesitaba encontrar accesos despejados o averiguar quién más rondaba la zona.

Al asomarse de nuevo con cuidado hacia el interior, las tres figuras seguían tiesas alrededor de la mesa. Itsuki se fijó en el brazo del segundo guardián, donde una correa corrida dejaba ver la unión entre la madera y el hierro. Una pieza redonda servía de eje para doblar el codo. Debería moverse con soltura, pero los tirones y la torpeza con la que andaban dejaban ver que el mecanismo estaba oxidado o que la energía que les llegaba fallaba por momentos. Bastaría clavar un kunai justo en ese perno para dejarle el brazo colgando sin tener que destrozar toda la coraza.

Sobre cómo lograban que se movieran solas, solo podía especular. Podían ser hilos invisibles, algún mecanismo con sellos o trampas parecidas a las barreras e invocaciones antiguas. En Konoha los manuales básicos no explicaban esas rarezas a un recién graduado, pero ese brillo azulado se parecía demasiado a las luces y sacudidas que venía siguiendo desde los túneles y el puente.

Makey empezó a removerse contra su pecho. Itsuki aflojó un poco la venda del arnés para que el gato pudiera estirar las patas sin soltarse ni saltar al suelo, pasándole la mano enguantada por el lomo para mantenerlo quieto y sin quitarle la tira de tela del hocico.

Meterse al pabellón a la fuerza era una mala idea. Sacó el carboncillo, anotó rápido en su pergamino el fallo en las uniones de los brazos, el circuito bajo la mesa, el bulto alargado que seguía envuelto en tela y la ruta que acababa de tomar la patrulla.

Si la bestia que lo venía siguiendo desde que pisó la isla andaba por ahí abajo, sus túneles tenían que pasar cerca. Antes de salir hacia la plaza, empezó a rodear el muro del edificio pegado al suelo, buscando alguna rejilla, grietas viejas o respiraderos que conectaran el subsuelo con la sala de las armaduras.
Narrador Tenseigan-kun
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14-10-2026, 01:05 AM
La patrulla se alejó calle abajo, y el tintineo de los faroles terminó confundiéndose con los sonidos apagados de la feria. Durante unos instantes, la fachada recuperó su quietud. Solo persistía, detrás de los muros, el ocasional chasquido de las articulaciones de los guardianes.

El recorrido por el exterior no ofrecía un camino despejado. La pared posterior del pabellón estaba parcialmente cubierta por vegetación reseca y viejas estructuras de madera que alguna vez debieron servir para almacenar materiales de los espectáculos. Había cajones desfondados, soportes vacíos y una cubierta inclinada que recogía el agua de las lluvias hacia un canal de piedra. La humedad había ennegrecido las juntas, pero el deterioro no era uniforme: algunas zonas parecían haber sufrido presión desde el otro lado del muro.

A ras del suelo, entre dos bloques de mampostería, se distinguía una abertura rectangular cubierta por una rejilla de hierro.

No era mucho más ancha que una caja de herramientas. La mitad inferior estaba obstruida por hojas secas, polvo y restos de una tela descompuesta; en la superior, dos de las fijaciones se habían desprendido y una tercera colgaba torcida de su alojamiento. No parecía una entrada destinada al paso de una persona, sino una ventilación o un conducto de servicio que comunicaba con las dependencias interiores.

Una corriente débil escapaba entre los barrotes.

Traía consigo olor a madera húmeda, aceite envejecido y metal oxidado. Bajo esos aromas se percibía un rastro tenue de material carbonizado, semejante al residuo negro que Itsuki había recogido en la Gran Estructura. La semejanza era difícil de ignorar, aunque el polvo acumulado y la humedad impedían saber si se trataba del mismo compuesto.

Entonces, la rejilla vibró.

El movimiento fue mínimo, apenas una sacudida contra el marco. Desde el interior llegó un sonido apagado, como el de una pieza de madera golpeando otra. Después, una línea azulada apareció brevemente en la grieta que separaba los bloques.

La luz desapareció antes de iluminar el conducto por completo.

Sin embargo, bastó para revelar algo en la cara interior de la abertura: tres pequeñas marcas circulares, dispuestas en línea descendente sobre la piedra. La primera estaba casi borrada por la erosión; la segunda conservaba un borde oscuro, y la tercera parecía atravesada por una fisura. No eran idénticas a las marcas encontradas en el templo ni a las incisiones de la Gran Estructura, pero compartían una disposición que resultaba familiar.

Un sonido profundo recorrió el subsuelo.

Toc. Toc. Toc.

Los tres golpes hicieron vibrar el marco de hierro. La fijación que aún sujetaba la rejilla chirrió y una lluvia de óxido cayó sobre las piedras. Luego llegó un roce prolongado, desplazándose bajo el edificio desde un punto que no podía localizarse desde el exterior.

En el interior del pabellón, las articulaciones dejaron de sonar.

El silencio posterior duró varios segundos. Después se oyó un golpe metálico aislado, seguido por el arrastre de algo pesado sobre las baldosas. El ruido se aproximó a la pared posterior y se detuvo al otro lado de la mampostería.

No hubo golpes contra el muro ni indicios de que alguien hubiera abierto una puerta. Aun así, el sonido había recorrido una distancia considerable bajo el edificio y parecía coincidir con la dirección de la corriente que escapaba por la rejilla.

Makey tensó las patas contra el arnés. Su cuerpo permaneció sujeto al pecho de Itsuki, pero las orejas se orientaron hacia el conducto y el hocico se movió ligeramente bajo la tela. Un murmullo apagado vibró en su garganta antes de que el felino volviera a quedarse quieto.

La corriente de aire cambió de dirección.

Por un instante, aspiró hacia el interior y arrastró consigo una fina capa de polvo. Las hojas acumuladas frente a la rejilla se deslizaron contra los barrotes, dejando despejada una estrecha franja del suelo. Bajo ellas aparecieron pequeñas marcas paralelas que continuaban desde el marco hasta una junta de la pared.

No parecían huellas recientes. Eran arañazos antiguos, parcialmente cubiertos por suciedad, que terminaban justo debajo del conducto. Al lado de la última marca quedaba incrustada una escama oscura, quebradiza, con el mismo aspecto general que los residuos hallados en los otros sectores de la isla.

La rejilla permanecía sujeta por una sola fijación resistente y podía ceder si se aplicaba demasiada fuerza. Por el espacio entre los barrotes no se distinguía el recorrido completo del conducto; únicamente una pendiente corta que descendía hacia la oscuridad y un reflejo apagado en una superficie metálica más profunda.

Desde la calle llegó el eco lejano de una voz.

La patrulla seguía recorriendo la plaza, aunque el sonido podía indicar que los guardias estaban regresando hacia la bifurcación o simplemente conversando mientras continuaban su ronda. Todavía no se veía luz sobre la pared posterior, pero el margen para trabajar sin ser advertido podía acortarse si las linternas volvían a pasar por allí.

Detrás del muro, algo volvió a rozar la piedra.

Esta vez no se produjeron tres golpes. Solo se escuchó una vibración breve, seguida por el tintineo de una pequeña pieza metálica que cayó sobre una superficie dura.

Después, el conducto quedó en silencio.

La rejilla ofrecía una posible vía para observar el espacio bajo el pabellón sin forzar las puertas principales. Las marcas del interior y el residuo oscuro constituían nuevos indicios, pero no bastaban para confirmar que aquel recorrido subterráneo conectara con los conductos de la Gran Estructura. Su estado deteriorado también planteaba un riesgo: moverla podía revelar el acceso, aunque el chirrido del hierro o el desprendimiento de la mampostería podían alertar a las figuras que permanecían dentro.

Más allá del muro, el falso banquete seguía dispuesto alrededor de su mesa. El estuche cilíndrico permanecía bajo la tela y los tres guardianes no habían vuelto a producir sonidos audibles desde aquella última sacudida.

La feria continuaba vacía a simple vista.

Pero bajo las piedras, algo parecía desplazarse entre ambos lados de la pared.





OFF — Truco o Trato


Tirada: 1d10.
Los resultados se centran en el conducto exterior, las marcas recién descubiertas y el riesgo de alertar a los guardianes o a la patrulla. Ningún resultado obliga a Itsuki a entrar ni confirma que la criatura que sospecha esté presente.

1 — Rejilla comprometida. La fijación restante se resiente con una nueva vibración y el hierro se inclina peligrosamente. El conducto sigue accesible a la vista, pero manipular la rejilla con fuerza podría provocar un estrépito o desprender parte del marco.

2 — Corriente de polvo. Una ráfaga sale del conducto y levanta polvo y residuos oscuros. La nube dificulta la observación durante unos instantes y puede dejar rastros visibles en la ropa o el equipo de quien permanezca junto a la abertura.

3 — Respuesta desde el interior. Uno de los guardianes golpea la pared desde el otro lado. El impacto hace vibrar la rejilla y deja claro que algo se ha aproximado a ese sector del pabellón, aunque no demuestra que haya detectado a Itsuki.

4 — Patrulla cercana. La luz de uno de los faroles aparece al otro extremo de la calle. La patrulla parece estar regresando por la bifurcación, por lo que permanecer junto a la pared posterior podría exigir una retirada o un cambio de posición.

5 — Residuo identificable. Una de las escamas negras puede recogerse sin necesidad de desmontar la rejilla. Su textura presenta similitudes con las muestras anteriores, aunque no existe información suficiente para afirmar que su composición sea idéntica.

6 — Continuidad del conducto. Al observar las marcas interiores desde un ángulo distinto, se descubre que las tres incisiones se prolongan hacia abajo por la cara interna de la pared. El trazado parece continuar más allá del tramo visible y podría conectar con una cámara de servicio, pero no es posible conocer su destino sin explorar el recorrido.

7 — Fijación aprovechable. La rejilla conserva un pequeño pasador lateral que podría liberarse con una herramienta fina. El mecanismo parece menos deteriorado que el resto del marco y ofrece una forma de aflojar el hierro sin tener que arrancarlo de la mampostería.

8 — Ventana de oportunidad. La corriente vuelve a aspirar hacia el interior y los ruidos del pabellón se alejan de la pared posterior. Durante unos instantes, el acceso permanece relativamente silencioso y permite observar el conducto o estudiar cómo retirar la rejilla con precaución.

9 — Rastro reciente. Una nueva exhalación arrastra partículas oscuras desde el interior. Entre ellas aparece una marca de roce reciente sobre el polvo, como si alguna pieza hubiera pasado por el conducto poco antes. El rastro se pierde hacia la pendiente, sin revelar qué lo produjo.

10 — Revelación excepcional. Un destello azulado recorre las tres marcas circulares del conducto, encendiéndolas en secuencia. La luz continúa bajo el suelo y reaparece fugazmente al otro lado del muro, en dirección a la mesa donde se encuentran los guardianes. El fenómeno ofrece un indicio claro de que el conducto y las figuras podrían compartir una conexión física o energética. Sin embargo, el trazado desaparece antes de mostrar su origen y no permite determinar cómo desactivar a los guardianes ni qué se desplaza bajo el pabellón.

Estado: misión 4/6, post 3/5. Itsuki ha encontrado una posible ventilación exterior y nuevas marcas bajo el Pabellón de las Armas. El acceso no ha sido abierto, el estuche sigue dentro y los tres guardianes permanecen activos. La siguiente acción puede centrarse en examinar la rejilla, aprovechar la oportunidad para buscar un acceso alternativo o regresar a la ventana antes de que vuelva la patrulla.
Itsuki Senju
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14-10-2026, 02:05 AM
La rejilla colgaba de una sola fijación oxidada, crujiendo con la más leve brisa. Forzarla para abrir paso era una torpeza que delataría su posición al instante frente a lo que fuera que acababa de frenar sus pasos pesados justo al otro lado del tabique. Itsuki no la tocó. En lugar de eso, flexionó las rodillas, apoyó el peso en su sandalia reforzada y aproximó la mirada a los huecos limpios que el viento había despejado entre los barrotes.

La luz azulada que cruzó la grieta duró un suspiro, pero bastó para confirmar la sospecha. Las tres marcas circulares talladas en la cara interior de la pared no terminaban allí; se prolongaban en un trazo vertical continuo que descendía hacia lo que parecía ser una cámara de servicio o un conducto mayor en el subsuelo. Cada conjunto de marcas que encontraba en Yomikage presentaba pequeñas variaciones de desgaste y formato, pero el patrón estructural era idéntico. No había casualidad posible.

Entonces, la sacudida sorda recorrió los cimientos.

Toc. Toc. Toc.
  Toc. Toc. Toc.

El compás resonó en el pecho de Itsuki casi al mismo tiempo que lo formulaba en su cabeza. La certeza de que aquella presencia seguía acompañando cada uno de sus pasos por la isla le tensó la mandíbula y le encendió la sangre con una punzada de rabia pura. Más que desentrañar enigmas antiguos o admirar reliquias, lo que de verdad le pedía el cuerpo era reventar el suelo de la feria con chakra, volar los adoquines por los aires y obligar a la bestia a salir a la superficie para partirle la crisma a golpes de una buena vez.

Pero no era momento para rabietas. Makey se acomodó contra sus costillas dentro del arnés, clavándole ligeramente las garras a través de la tela como un ancla instintiva que le enfrió el juicio. El Senju soltó el aire despacio por la nariz. Hundirse bajo tierra para emboscar a ciegas o noquear a los guardias de la patrulla eran soluciones directas, pero sin conocer la topografía exacta de esos túneles corría el riesgo de quedar atrapado en otro derrumbe subterráneo. Y esta vez no había un escuadrón de apoyo para cubrirle la espalda; estaba solo con el animal a cuestas.

Con la punta de dos dedos recogió del suelo la escama oscura y quebradiza que el viento había empujado contra la pared, guardándola junto a las demás muestras en su faltriquera. El interés por las armaduras y el banquete del pabellón quedó relegado a un segundo plano. La verdadera amenaza, y el objetivo que valía la pena cazar, corría por debajo.

A lo lejos, las voces de la guardia volvieron a filtrarse entre las callejuelas, señalando que las linternas no tardarían en enfilar de nuevo hacia esa esquina. Aprovechando los segundos de margen y las sombras proyectadas por los cajones desfondados, Itsuki aceleró el paso con pisadas amortiguadas, dejando atrás la pared trasera del edificio para seguir la dirección en la que el sonido del subsuelo se había alejado rumbo a las entrañas de la feria.
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14-10-2026, 02:15 AM
Las callejuelas posteriores a la feria eran más estrechas de lo que parecían desde la plaza. Entre los almacenes y las estructuras de madera se extendían pasajes de servicio que alguna vez debieron facilitar el traslado de mercancías, herramientas y decoraciones. Ahora, los carros abandonados obstruían algunos accesos, las lonas se deshacían sobre los tejados y las canaletas de piedra recogían un agua oscura que terminaba perdiéndose entre las juntas del pavimento.

El sonido que había seguido Itsuki no se extinguió de inmediato.

Avanzó por debajo de las construcciones, unas veces claro y otras amortiguado por la distancia. El roce metálico se desplazaba bajo las losas con una regularidad inquietante, aunque su trayectoria no parecía completamente recta. En determinados puntos, la vibración se transmitía a las paredes; en otros, desaparecía durante varios segundos antes de reaparecer más adelante.

La arquitectura parecía conducir aquel sonido por una red de conductos antiguos.

Al doblar una esquina, el pasaje desembocó en un patio de servicio situado entre dos edificios abandonados. Una antigua pila de piedra ocupaba el centro, rodeada por fragmentos de madera tallada y soportes que quizá habían pertenecido a alguno de los espectáculos de la feria. El agua había dejado de correr, pero las paredes conservaban manchas oscuras que descendían desde las canaletas hasta el pavimento.

Allí, el ruido volvió a hacerse perceptible.

Toc. Toc. Toc.

Los golpes resonaron bajo la pila, seguidos por un breve arrastre que recorrió el interior de la estructura. Una fina capa de polvo se desprendió del borde y cayó sobre la piedra húmeda.

No hubo otro movimiento visible.

En la base de la pila, parcialmente oculta tras una acumulación de hojas, se distinguía una rejilla rectangular. Era más pequeña que la del Pabellón de las Armas y estaba colocada a ras del suelo, entre dos bloques de mampostería. Sus barrotes estaban cubiertos de óxido, pero el marco conservaba una alineación notablemente regular. A diferencia de los desagües abiertos de las paredes, aquella abertura parecía conducir hacia abajo, bajo los cimientos del patio.

Una corriente tenue escapaba por sus rendijas.

El aire llevaba un rastro de humedad y metal envejecido. Entre ambos olores persistía una nota mineral y seca, semejante a la que había escapado del conducto de la Gran Estructura. Sobre el borde interior de uno de los barrotes se apreciaba un residuo oscuro, adherido en pequeñas escamas.

La rejilla vibró una vez.

Bajo ella apareció una línea azulada, tan tenue que apenas iluminó las juntas. La luz recorrió un tramo corto y desapareció hacia el subsuelo. Poco después, el sonido metálico se alejó por debajo del patio.

Sin embargo, una segunda vibración llegó desde otra dirección.

Los golpes se repitieron más lejos, hacia el sector donde se alzaba el Pabellón de las Armas.

Toc. Toc. Toc.

La coincidencia resultaba significativa. El sonido no parecía limitarse a una única estancia o a un conducto aislado; recorría una estructura enterrada que comunicaba diferentes sectores de la feria. Las marcas y los residuos encontrados hasta entonces apuntaban a una posible relación con otros mecanismos de Yomikage, aunque todavía no permitían afirmar qué se desplazaba por aquella red ni si todos los fenómenos compartían el mismo origen.

En la pared del patio había una placa de mantenimiento, parcialmente cubierta por líquenes. Las letras se habían erosionado, pero bajo ellas persistían dos líneas grabadas que señalaban direcciones opuestas. Una conducía a los antiguos almacenes; la otra apuntaba hacia los edificios de la feria, entre ellos el pabellón.

No era un plano completo, sino una indicación de servicio destinada a quienes hubieran conocido el lugar antes de su abandono.

Desde la entrada del patio llegó el reflejo distante de una luz.

La patrulla no había aparecido todavía, pero el resplandor de un farol se deslizó sobre una pared exterior y desapareció al pasar detrás de los tejados. El camino de regreso hacia el pabellón seguía libre por el momento, aunque no podía asegurarse cuánto duraría aquella ventana.

Entonces, la rejilla volvió a vibrar.

Esta vez no hubo golpes. Una serie de chasquidos breves recorrió los barrotes y terminó con un sonido parecido al de una pieza encajando en su alojamiento. La línea azul reapareció bajo la piedra, avanzó entre dos juntas del pavimento y se apagó antes de alcanzar el otro extremo del patio.

En el breve resplandor quedó visible un detalle que antes había permanecido oculto: tres círculos grabados en el interior del marco, unidos por una línea estrecha que continuaba hacia abajo.

La forma recordaba las marcas encontradas en el templo y en el conducto situado junto al anclaje de la Gran Estructura. No eran copias exactas, pero el diseño compartía la misma disposición de tres puntos conectados y una interrupción en uno de los extremos.

El descubrimiento no resolvía el misterio de la isla. Sin embargo, reforzaba la posibilidad de que los distintos lugares estuvieran atravesados por un sistema común, uno que parecía seguir activo pese al deterioro de sus construcciones.

En dirección al pabellón, el eco de una pieza metálica golpeando el suelo interrumpió el silencio.

Después llegaron dos chasquidos más.

La secuencia coincidía con los sonidos que Itsuki había observado dentro del edificio, donde las tres figuras articuladas se desplazaban con un retraso irregular entre sus movimientos. No podía afirmarse que los golpes del subsuelo las controlaran, pero la proximidad de ambos fenómenos ofrecía una pista concreta para investigar su funcionamiento.

Al mismo tiempo, el hallazgo de la rejilla planteaba una alternativa: bajo los edificios había accesos de servicio que permitían examinar parte de la estructura sin forzar las puertas principales. Aquel conducto no parecía lo bastante amplio para atravesarlo con seguridad, pero su orientación y las marcas de su marco podían ayudar a comprender cómo se comunicaban los espacios inferiores con el pabellón.

La feria continuaba inmóvil a simple vista.

A lo lejos, el farol volvió a aparecer entre los tejados. Esta vez, su luz avanzó por la calle que conducía al patio, obligando a considerar cuánto tiempo quedaba antes de que la patrulla alcanzara la entrada.

Bajo la pila, el mecanismo permaneció en silencio.

La ruta hacia el Pabellón de las Armas seguía disponible. Detrás de sus puertas continuaban los tres guardianes y el estuche militar, mientras los conductos ocultos ofrecían indicios de una conexión que todavía no podía explicarse. Itsuki había encontrado otra pieza del entramado de Yomikage; ahora debía decidir cómo aprovecharla sin perder de vista el objetivo inmediato.






OFF — Truco o Trato


Tirada: 1d10.
Hay siete resultados favorables y tres adversos. Los resultados positivos ofrecen información, rutas y ventajas concretas para preparar la entrada al Pabellón de las Armas y recuperar el pergamino. Ningún resultado completa automáticamente la misión ni confirma la naturaleza de la entidad que Itsuki sospecha que se mueve bajo la isla.

1 — La patrulla se aproxima. El resplandor de un farol aparece en la entrada del patio y las voces de los guardias se acercan por el pasaje. Itsuki tendrá que evitar quedar expuesto junto a la rejilla mientras la patrulla atraviesa la zona.

2 — Una vibración peligrosa. La rejilla se sacude con fuerza y una de sus fijaciones termina de ceder. El marco se inclina y deja caer polvo y óxido sobre la piedra, generando un ruido que podría llamar la atención si se repite la vibración.

3 — El rastro se interrumpe. La línea azulada desaparece y los golpes cesan durante varios minutos. La pista sigue siendo válida, pero el mecanismo deja de ofrecer señales inmediatas que permitan seguir su recorrido.

4 — Cobertura inesperada. El patio cuenta con un pasaje lateral oculto tras los restos de un puesto de mantenimiento. Su entrada queda fuera de la línea directa de la patrulla y permite observar el acceso al pabellón sin permanecer expuesto en la calle.

5 — Un plano de servicio. La placa de mantenimiento conserva una indicación útil: el conducto de la pila forma parte de una red de servicio que se prolonga hacia los edificios de la feria. La información permite orientar la investigación sin necesidad de desmontar la rejilla.

6 — Un patrón confirmado. Los tres golpes se repiten justo antes de que la línea azul reaparezca bajo la rejilla. Itsuki obtiene un indicio de que las vibraciones y el resplandor están vinculados a un mismo proceso, aunque no puede determinar si los golpes activan el fenómeno o simplemente lo acompañan.

7 — Un acceso discreto. Tras la pila hay un corredor estrecho que comunica con la parte posterior de los almacenes. El trayecto ofrece una ruta menos expuesta para regresar al Pabellón de las Armas y evita pasar directamente por la zona donde patrulla la guardia.

8 — Una oportunidad para entrar. Desde el pasaje lateral se distingue nuevamente la ventana con los listones rotos del pabellón. El ángulo permite comprobar que la abertura continúa accesible y que las figuras no cubren constantemente el sector cercano a ella. Itsuki dispone de una oportunidad favorable para planificar una infiltración sin tener que forzar las cadenas de la entrada principal.

9 — La conexión de los guardianes. Una nueva pulsación recorre las marcas de la rejilla y se pierde en dirección al pabellón. Poco después, desde el interior del edificio llegan tres chasquidos metálicos. La coincidencia refuerza la hipótesis de que los guardianes podrían estar relacionados con el sistema oculto bajo la feria y ofrece un patrón que podría aprovecharse para anticipar sus movimientos.

10 — Revelación excepcional. La luz azul se extiende por las juntas del patio y dibuja durante unos segundos una ramificación completa: el conducto bajo la pila se conecta con una línea que continúa hacia el Pabellón de las Armas y se bifurca debajo de otros edificios. En el tramo que coincide con el pabellón aparecen tres puntos luminosos que se encienden sucesivamente, como si respondieran a las articulaciones de los guardianes. La visión revela una posible conexión entre la red subterránea y las figuras animadas, pero no muestra el origen del flujo ni explica qué se mueve por los conductos.

Estado: misión 4/6, post 4/5. Itsuki ha encontrado una posible red de servicio bajo la feria y nuevas señales que podrían relacionarse con los guardianes. El post final podrá centrarse en la infiltración, la neutralización de las tres figuras y la recuperación del pergamino  antes de que la patrulla advierta el ruido.
Itsuki Senju
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14-10-2026, 02:59 AM
El fulgor anaranjado de los faroles ya teñía la entrada del patio cuando las voces de la guardia se volvieron nítidas. Quedarse en la superficie, arrinconado entre tablas podridas o expuesto junto a la pila de piedra, era una invitación abierta a ser acorralado. Ya tenía suficiente con la presencia que lo cazaba desde el fondo de la tierra; sumar una patrulla de vigilantes a la espalda en medio de un terreno desconocido era un estorbo que no pensaba tolerar.

Con una mano enguantada apretó con firmeza a Makey contra su pecho, asegurando el hocico cubierto del animal para evitar cualquier vibración involuntaria. Al mismo tiempo, sus dedos comenzaron a entrelazarse en una secuencia rápida y precisa de sellos manuales. En el centro de su frente, el rombo oscuro despertó con una punzada fría: el sello del Byakugō liberó un hilo fino y controlado de su reserva acumulada, una corriente de chakra densa y pura que recorrió sus canales internos hasta desembocar en la planta de sus pies.

Al cerrar la última posición de manos, el suelo bajo su peso perdió de golpe toda rigidez. La roca y la tierra compacta se abrieron con la docilidad de arena blanda, tragando su silueta junto con el felino en un descenso vertical y limpio justo antes de que la luz del primer farol barriera la pared del patio. Con un ajuste milimétrico de la masa mineral, la superficie se cerró de inmediato sobre su cabeza, soldando cada grieta y borrando cualquier deformación para no dejar un solo rastro visible en el pavimento.

Bajo la superficie, el entorno de Yomikage cambió de escala. La presión de la roca envolvía su cuerpo, pero el chakra le permitía deslizarse a través del estrato como si nadara en agua densa. Detectó de inmediato el hueco del túnel de servicio que descendía desde la rejilla; sin embargo, no cometió la imprudencia de meterse de lleno en él. Avanzar por el interior de una galería estrecha donde la criatura solía retumbar era regalarle el espacio de maniobra. En su lugar, optó por desplazarse a través de la tierra firme en una trayectoria paralela a la mampostería del túnel, utilizándolo como guía de orientación sin exponerse a su corriente interna.

Antes de seguir el curso que cruzaba la feria, cambió de rumbo bajo los cimientos para resolver el asunto pendiente. Guiándose por la memoria topográfica que había registrado en su pergamino, se desplazó a través del estrato bajo los cimientos del patio y enfiló directo hacia la sala del Pabellón de las Armas.

Se detuvo justo debajo de las baldosas de la cámara principal. Arriba, el peso muerto de los tres guardianes y la mesa ceremonial transmitían una presión constante a través de la piedra. Calculó la posición exacta del mueble donde descansaba el estuche envuelto en tela. Sin emerger a la vista ni quebrar la madera del suelo, Itsuki asomó únicamente el antebrazo diestro a través de una junta entre los tablones, aprovechando el ángulo ciego bajo la propia mesa. Sus dedos enguantados palparon la base del objeto cilíndrico, cerraron el agarre con fuerza y, en una fracción de segundo, tiraron de él hacia abajo, hundiéndolo directamente dentro del flujo de la tierra antes de que los autómatas pudieran procesar la falta o registrar el desbalance de la tela. El suelo volvió a soldarse de inmediato sobre su cabeza sin dejar fisuras.

Con el estuche asegurado junto a su cuerpo y Makey firme en el arnés, Itsuki retomó la marcha bajo tierra. Dejó atrás el perímetro del pabellón y se alineó de nuevo con el conducto de servicio, avanzando en paralelo a través del subsuelo para atravesar las callejuelas de la feria. Oculto en las entrañas de la roca, continuó su avance hacia el corazón del asentamiento, atento a las vibraciones que marcaban el paso de la criatura que acechaba en la oscuridad.


Resumen

Libero el Byakugo para usar Sosein en doton y el Shisui para que no gaste chakra y optar por la especilidad
Me voy a la sala de las armaduras a tomar el estuche y sigo mi camino en paralelo al tunel de servicio

Tecnicas

✔Aprendida · 12-07-2026
◈Pasiva
✦Nivel: Cero
#ID: SENJ101B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

El Clan Senju basa su poder en la acumulación progresiva de chakra mediante el Byakugō, un sello latente que se manifiesta una vez que el usuario ha adquirido sus especialidades. Esta técnica permite almacenar y posteriormente liberar dicho chakra, habilitando el uso de las especialidades mientras el Byakugō permanezca activo. Las especialidades se dividen en niveles [I], [II] y [III] que representan distintos grados de dominio y enfoque dentro del desarrollo del usuario.

El Byakugō dispone de una cantidad máxima de turnos de uso, los cuales pueden administrarse de forma fraccionada a lo largo del combate. Sin embargo, una vez activado por primera vez, el usuario deberá asumir el costo correspondiente de uso del Byakugō, quedando obligado posteriormente a pagar en su totalidad los costos en Posts indicados en las especialidades antes de poder volver a utilizarlo.

Al obtener sus especialidades, el usuario será clasificado dentro de uno de los tres tipos de Senju de acuerdo con el grupo de especialidades que posea en mayor número. Si existe un empate entre dos o más grupos, el usuario podrá escoger el estilo que adoptará al activar el Byakugō.

[I] - Jōkai (Constante): Estos manifiestan tres marcas permanentes en el rostro, reflejando una afinidad por la estabilidad y el uso constante de sus capacidades.

[II] - Jōkara (Equilibrio): Estos poseen una marca inicial que se expande por el cuerpo durante la activación del Byakugō y desaparece posteriormente, representando su naturaleza intermedia entre la constancia y el poder.

[III] - Chikara (Poder): Inicialmente no presentan marcas visibles; sin embargo, al liberar el Byakugō aparecen múltiples marcas distribuidas por todo el cuerpo, simbolizando la liberación masiva de poder acumulado.

✧Efecto
5 (MCCK) de Daño y Resistencia - 5 (MCCK) de Turnos Máximo
✔Aprendida · 21-07-2026
◈Doton - Suiton
✦Nivel: 1
#ID: SENJ002R
◔Coste
35 de Chakra | 25 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario posee afinidad natural con los elementos Suiton y Doton, debiendo elegir al inicio del combate una de estas dos naturalezas como su enfoque principal, decisión que no puede modificarse posteriormente. Esta técnica activa aplica sus efectos únicamente al elemento seleccionado, modificando la forma en que el usuario interactúa en combate a través de su afinidad elemental. El potencial de mejora de esta técnica se encuentra ligado a la elección realizada, desarrollándose exclusivamente sobre los efectos propios del elemento escogido.

Al activarse, la técnica no genera efectos de manera directa, sino que altera el comportamiento de los macro-efectos asociados al elemento seleccionado. En el caso de Suiton, el efecto Presión se ve reforzado al incorporar Sangrado como parte de su aplicación, integrándose a su funcionamiento base y evolucionando a través de las mejoras correspondientes. Por otro lado, si el usuario ha optado por Doton, el efecto Rocoso se ve potenciado al aumentar su índice de Lesión, siguiendo la misma lógica de integración y desarrollo. Adicionalmente, el usuario podrá aplicar estos efectos a sus ataques de Taijutsu o a un arma con la categoría de Chakura Tō, incluso si no posee técnicas elementales activas, extendiendo así su influencia más allá del Ninjutsu convencional.

✧Efecto
5 (MCCK) de Efecto Mejorado
✔Aprendida · 23-07-2026
◈Especialidad
✦Nivel: Cero
#ID: SENJ201E
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Pasiva: Mejorado
El Sōsein pasa a considerarse una técnica Pasiva, por lo que no posee costo de Chakra ni tiempo de enfriamiento. En caso de que el usuario posea Mokuton, este hereda el efecto del elemento principal seleccionado, aplicándolo de la misma forma a sus técnicas.

Al activar el Byakugō: Especialidad temporal
El usuario puede acceder a una especialidad adicional perteneciente al árbol seleccionado o del árbol Mokuton, siempre que esta no forme parte de su repertorio habitual. Dicha especialidad solo podrá utilizarse mientras el Byakugō permanezca activo.
Una vez finalizado el Byakugō, el usuario perderá el acceso tanto a esa especialidad como a su correspondiente Pasiva, quedando incapacitado para utilizarlas durante el resto del tema.

Jōkai: Activación flexible
Las especialidades [I] pueden activarse mediante el Byakugō de forma conjunta o individual, según lo decida el usuario.
Esto permite activar el Byakugō para obtener acceso únicamente a una especialidad [I], y posteriormente volver a activarlo para acceder a otra especialidad [I] o al resto de las especialidades disponibles.

Coste de regeneración: 0 temas requeridos para recuperar esta especialidad.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.
✔Aprendida · 10-08-2026
◈Doton
✦Nivel: Cero
#ID: DOTO003R
◔Coste
15 de Chakra, 5 de Chakra por Turno
▣Descripción

Esta técnica permite al usuario sumergirse en el suelo al manipular la tierra bajo sus pies, creando un agujero por el cual se desliza al subsuelo. Mientras se encuentra bajo tierra, mantiene su velocidad normal de desplazamiento, moviéndose con la misma rapidez que en superficie. Al ocultarse en el subsuelo, el usuario entra en estado de sigilo, volviéndose prácticamente indetectable para quienes estén en la superficie.

A su vez, esta técnica impone una limitación, mientras permanezca bajo tierra, los enemigos también se consideran en sigilo desde su perspectiva, y no podrá percibir su ubicación exacta a menos que supere su nivel de sigilo. No obstante, al estar en contacto directo con el terreno, el usuario es capaz de percibir con cierta precisión las vibraciones y movimientos en la superficie, lo que le otorga una ligera ventaja al rastrear objetivos. Esta percepción no le revela su ubicación exacta, pero le permite tener una idea aproximada de dónde se encuentran.

✧Efecto
5 (MCCK) de Reducción de Sigilo Oponente
✘No aprendida
◈Especialidad
✦Nivel: Cero
#ID: DOTO302E
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Mediante un control refinado del terreno, el usuario aprende a desplazarse bajo tierra o jutsus con efecto Rocoso sin dejar rastro ni crear un túnel físico, moviéndose como si se fundiera con la tierra misma. Esta capacidad elimina la formación del clásico agujero subterráneo que delataría su posición, lo que lo convierte en un cazador sigiloso y mucho más peligroso.

Además, el usuario puede asomar parcialmente su cuerpo desde la tierra, como una cabeza, un brazo o incluso sólo los ojos, para observar o posicionarse estratégicamente. Al hacer esto, su sensibilidad al entorno se agudiza, puede detectar la ubicación de los objetivos cercanos sin necesidad de realizar pruebas de sigilo, percibiendo su presencia con gran facilidad.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.



Chakra: 600/615
Narrador Tenseigan-kun
Rango Staff
Clan Senju
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia75(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo14
355
280
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14-10-2026, 03:19 AM
El subsuelo absorbió los últimos ecos del pabellón mientras Itsuki se alejaba de sus cimientos. Por encima de él, los golpes metálicos continuaron durante unos instantes, cada vez más desordenados, hasta que el silencio volvió a imponerse entre las paredes de la estancia.

Los guardianes habían advertido la ausencia del estuche.

No era posible saber cuánto tardarían en abandonar su desconcierto ni si aquellas figuras serían capaces de seguir el rastro del objeto sustraído. Lo importante era que, cuando reaccionaron, Itsuki ya había dejado atrás la mesa y las baldosas de la cámara principal. No hubo persecución inmediata a través del subsuelo, aunque las vibraciones que recorrían las paredes indicaban que el interior del edificio no había recuperado su actividad habitual.

El estuche permanecía asegurado junto al cuerpo del Senju. Su envoltura de tela seguía intacta, al igual que el cierre metálico y la marca de inventario que había observado desde la ventana. Había conseguido recuperar el objeto sin enfrentarse directamente a los tres guardianes ni poner a Makey en medio de una confrontación. El contenido todavía era desconocido, pero ya no estaba al alcance de aquellas figuras.

Conforme avanzaba, las vibraciones del pabellón fueron perdiendo intensidad. Los conductos se estrecharon y la piedra dejó paso, por tramos, a antiguas estructuras de contención que sostenían los cimientos de la feria. Algunas estaban agrietadas; otras conservaban líneas grabadas y pequeños círculos hundidos, semejantes a los encontrados en la Gran Estructura y junto al templo en ruinas.

La coincidencia seguía sin explicar el propósito de aquellas marcas. Tampoco demostraba que la criatura que Itsuki sospechaba que recorría la isla fuera responsable de todos los movimientos bajo tierra. Pero cada nueva inspección añadía una pieza al mismo problema: distintos edificios, señales parecidas y vibraciones que se propagaban por debajo de Yomikage sin revelar su origen.

Makey continuaba sujeto al arnés, protegido de los escombros y de los movimientos bruscos del terreno. El gato se removió ligeramente cuando una corriente de aire recorrió el pasaje. No procedía de la dirección por la que habían venido, sino de una abertura situada más adelante.

El corredor desembocaba en una pequeña cámara de servicio. Una antigua escalera ascendía junto a la pared, parcialmente cubierta por polvo y raíces secas, hasta una trampilla que dejaba filtrar la luz anaranjada de la feria. No parecía uno de los accesos principales, sino una salida destinada a los trabajadores que mantenían las instalaciones en funcionamiento.

Itsuki había conseguido salir de la zona inmediata del pabellón sin quedar expuesto ante la patrulla. Desde allí podría continuar moviéndose por los corredores inferiores o regresar a la superficie con el estuche recuperado.

Entonces, un sonido atravesó la piedra.

No fueron los tres golpes que había aprendido a reconocer ni el roce metálico que acompañaba a las vibraciones del subsuelo. Fue un chirrido prolongado, áspero, que comenzó con una nota grave y ascendió hasta volverse estridente. La resonancia se extendió por los muros, hizo desprenderse unas partículas de polvo del techo y terminó con un golpe seco que se sintió bajo los pies.

Tras una breve pausa, el sonido se repitió.

Esta vez, algo semejante a una sucesión de notas desafinadas acompañó el chirrido. El eco llegó amortiguado desde el exterior, pero bastó para distinguir que no se trataba de una pieza suelta golpeando contra la piedra. Había una estructura mayor produciendo aquel ruido, una que continuaba moviéndose pese a una resistencia que impedía completar su recorrido.

Makey alzó la cabeza hacia la trampilla.

El sonido volvió a resonar, seguido de una vibración que se propagó por las paredes de la cámara. A diferencia de los golpes anteriores, aquel fenómeno no parecía desplazarse bajo los cimientos. Se mantenía en una misma dirección, repitiéndose con intervalos irregulares y sin que el mecanismo que lo producía llegara a detenerse por completo.

La superficie esperaba al otro lado de la escalera.

Itsuki había recuperado el estuche, conservaba las muestras y las anotaciones reunidas durante la exploración, y había evitado comprometerse en un enfrentamiento innecesario. La infiltración había concluido, aunque las preguntas que la motivaron seguían abiertas. Los guardianes permanecían detrás, el trazado subterráneo continuaba perdiéndose bajo la feria y la presencia que lo había acompañado desde las primeras incursiones no había vuelto a manifestarse de forma directa.

Pero ahora había otro sonido.

Un chirrido persistente, acompañado por una música deformada que parecía extenderse sobre los tejados y las callejuelas de Yomikage.

La trampilla vibró ligeramente sobre sus bisagras.

Después, el ruido cesó durante un instante.

El silencio no duró lo suficiente para resultar tranquilizador.

El siguiente chirrido retumbó con mayor fuerza, como si la estructura que lo producía hubiese intentado moverse una vez más y hubiera quedado atrapada en el mismo punto.

Itsuki tenía ante sí una salida hacia la superficie y un nuevo fenómeno que merecía atención. El estuche estaba a salvo, pero la investigación de Yomikage todavía estaba lejos de concluir.


off
Misión 4/6 completada: «El Falso Banquete del Pabellón de las Armas».

Itsuki ha recuperado el estuche sin enfrentarse directamente a los tres guardianes y ha logrado alejarse del pabellón. Conserva las muestras y las anotaciones de sus investigaciones anteriores. La relación entre los guardianes y la red de conductos sigue sin esclarecerse, mientras un nuevo ruido mecánico resuena sobre la feria y ofrece una pista para continuar la exploración.
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu25
Sigilo10
485
655
Enlace al Post
14-10-2026, 03:33 AM
El ascenso a través de la tierra concluyó bajo la sombra de un alero desplomado, junto a la trampilla de servicio. Itsuki emergió con un movimiento fluido del terreno, dejando que el pavimento volviera a cerrarse a sus espaldas sin quebrar una sola baldosa. A su alrededor, las callejuelas secundarias de la feria se abrían en un laberinto de puestos abandonados y faroles apagados. La patrulla ya no estaba cerca y el Pabellón de las Armas quedaba atrás, sumido en el silencio tras la sustracción del paquete.

Sin embargo, el aire nocturno no trajo tranquilidad. Desde el corazón de las atracciones llegó un chirrido prolongado y metálico, seguido por una cadencia de notas musicales deformadas y estridentes que rebotaban entre los tejados curvos. Sonaba a maquinaria trabada, a un engranaje colosal forzando su giro contra el óxido. No era el pulso subterráneo de la bestia ni las sacudidas del puente; era un fenómeno superficial, pero la regularidad de sus pausas sugería otro punto neurálgico conectado a la misma red que carcomía la isla.

Antes de lanzarse hacia la fuente del estrépito, la disciplina táctica se impuso. El cuerpo acusaba el desgaste del descenso y la marcha sobre el pie lesionado, y descuidar el estado físico por pura obstinación era un error inadmisible para un shinobi.

Se deslizó entre dos tenderetes de lona rota hasta encontrar un rincón cubierto, protegido del viento y con una línea de retirada despejada hacia los callejones. Se sentó de espaldas a una pared firme y desabrochó con cuidado el arnés del pecho. Retiró la tira de tela que cubría el hocico de Makey, pasando los dedos por detrás de sus orejas para relajarlo. El gato sacudió la cabeza, estiró las patas delanteras con un bostezo mudo y fijó sus ojos ambarinos en el rostro del Senju.

Itsuki extrajo de su equipo un paquete de raciones secas. Partió un trozo de cecina y galleta de viaje, moliendo una porción pequeña con los dedos para dejársela al felino sobre la palma enguantada, mientras él masticaba su parte a ritmo constante. Aseguró el estuche cilíndrico a su costado, sin abrir la tela todavía; no era el momento de manipular inventario desconocido en medio de la niebla.

—Tres círculos en el templo, tres en el puente y tres en la pared del pabellón —murmuró en voz baja, con la mirada perdida hacia el cielo brumoso mientras masticaba—. La bestia golpea tres veces. Las armaduras se mueven en tres tiempos. Y ahora esa música rota... Quien diseñó este lugar dejó los seguros puestos, pero algo allá abajo los está reventando uno por uno.

Makey masticó la carne seca, lamió con parsimonia la punta del guante de cuero y soltó un ronroneo bajo, ajeno por completo a las tensiones de Yomikage.

Itsuki frunció el ceño y soltó un leve bufido por la nariz.

—Claro. Como si fueras a darme la respuesta o a saber qué demonios es un circuito sellado.

Negó con la cabeza, consciente de lo absurdo de buscar debate táctico con un animal. Acomodó de nuevo al gato en el arnés contra su pecho, ajustando las correas de tela para que quedara sujeto pero cómodo, y se puso de pie descargando el peso con firmeza sobre su sandalia reforzada. Deslizó tres kunais entre los nudillos de su mano diestra y enfiló hacia las callejuelas, avanzando con paso sigiloso en dirección a la música chirriante que no dejaba de quebrar la noche de la feria.
Masashi Kishimoto
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14-10-2026, 03:47 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: El pabellon... (TID 15166)
Tipo: Misión Normal · Rango: C
  • Itsuki Senju — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp
  • Akira Hyuuga — Narrador Oficial (100%): 1500 Ryos, 0 Tobis, 65 Exp, Pergamino PERG003

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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14-10-2026, 03:47 AM
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