05-10-2026, 01:49 AM
El establecimiento del señor Miyagi ya había dejado atrás el problema de los gatos. Y ahora que no habian animales escondidos tocaba empezar con el verdadero trabajo.
Frente al local había varios hombres descargando herramientas y materiales de construccion de una carreta. Se podian ver llevando encima martillos de demolición, palas, barras de metal y cajas con distintas herramientas. También había una buena cantidad de madera apilada a un ladito de la entrada.
Miyagi estaba allí desde temprano supervisando a los trabajadores que había contratado. Llevaba un delantal nuevo y parecía bastante más animado que la última vez que Tokuma lo había visto.
—¡Nanahoshi! —gritó al verlo acercarse—. ¡Menos mal que viniste!
El hombre levantó una mano para llamar su atención y caminó hasta la entrada.
—Te presento al encargado de la obra. Se llama Daichi. Él va a estar dirigiendo a los trabajadores estos días.
Daichi era un hombre de mas o menos cuarenta años, tenia un lapiz detras de su oreja derecha y estaba sucio con ropa de trabajo. No emitió palabra alguna pero hizo un gesto con la cabeza saludando.
—Miyagi dijo que eres shinobi, pero que sabes trabajar. Le dije que nosotros eramos suficientes pero insistió.
Miyagi soltó una carcajada.
—¡Claro que sabe trabajar! Tenias que verlo cuando sacó a esos gatos.
Daichi miró hacia el interior del establecimiento.
—Bueno, los gatos ya no están. Ahora tenemos otro problema —dijo mientras se hacia a un lado para dejarle ver el interior a Tokuma.
El local estaba prácticamente vacío y ya habían retirado la mayor parte de los muebles que quedaban de la antigua propiedad pero todavía había varias cosas que debían desaparecer antes de comenzar la construcción. Entre esas cosas una pared interior que dividía la zona principal en dos espacios y, según Daichi, esa pared debía ser derribada para ampliar el salón. También había algunas estanterías viejas, tablas, restos de madera y varios objetos que Miyagi había acumulado durante años.
—Hoy vamos a despejar todo esto —explicó Daichi—. Lo que sirva, se guarda. Lo que no, se tira. Después empezaremos con la pared.
—Esa no la tires. Era del antiguo dueño. Me la vendió barata —dijo el viejo Miyagi señalando con el dedo una de las estanterias.
Daichi la miró. Era una estantería rota pero prefirió no decir nada, después de todo el cliente siempre tiene la razón.
Frente al local había varios hombres descargando herramientas y materiales de construccion de una carreta. Se podian ver llevando encima martillos de demolición, palas, barras de metal y cajas con distintas herramientas. También había una buena cantidad de madera apilada a un ladito de la entrada.
Miyagi estaba allí desde temprano supervisando a los trabajadores que había contratado. Llevaba un delantal nuevo y parecía bastante más animado que la última vez que Tokuma lo había visto.
—¡Nanahoshi! —gritó al verlo acercarse—. ¡Menos mal que viniste!
El hombre levantó una mano para llamar su atención y caminó hasta la entrada.
—Te presento al encargado de la obra. Se llama Daichi. Él va a estar dirigiendo a los trabajadores estos días.
Daichi era un hombre de mas o menos cuarenta años, tenia un lapiz detras de su oreja derecha y estaba sucio con ropa de trabajo. No emitió palabra alguna pero hizo un gesto con la cabeza saludando.
—Miyagi dijo que eres shinobi, pero que sabes trabajar. Le dije que nosotros eramos suficientes pero insistió.
Miyagi soltó una carcajada.
—¡Claro que sabe trabajar! Tenias que verlo cuando sacó a esos gatos.
Daichi miró hacia el interior del establecimiento.
—Bueno, los gatos ya no están. Ahora tenemos otro problema —dijo mientras se hacia a un lado para dejarle ver el interior a Tokuma.
El local estaba prácticamente vacío y ya habían retirado la mayor parte de los muebles que quedaban de la antigua propiedad pero todavía había varias cosas que debían desaparecer antes de comenzar la construcción. Entre esas cosas una pared interior que dividía la zona principal en dos espacios y, según Daichi, esa pared debía ser derribada para ampliar el salón. También había algunas estanterías viejas, tablas, restos de madera y varios objetos que Miyagi había acumulado durante años.
—Hoy vamos a despejar todo esto —explicó Daichi—. Lo que sirva, se guarda. Lo que no, se tira. Después empezaremos con la pared.
—Esa no la tires. Era del antiguo dueño. Me la vendió barata —dijo el viejo Miyagi señalando con el dedo una de las estanterias.
Daichi la miró. Era una estantería rota pero prefirió no decir nada, después de todo el cliente siempre tiene la razón.