El Descenso por los Puentes de la Gran Estructura
La niebla no cubría la Gran Estructura Central; se derramaba por ella.
Desde el borde de la plataforma superior, las pasarelas de piedra descendían en sucesivos niveles alrededor de una fosa cuya profundidad se perdía en la oscuridad. Antiguos acueductos atravesaban el vacío de un extremo a otro, conectando pilares erosionados y balcones suspendidos sobre la nada. Algunos conservaban todavía sus canaletas, aunque por ellas ya no circulaba agua. Otros habían cedido por la mitad, dejando arcos incompletos que terminaban en salientes quebrados.
No era difícil comprender por qué aquel lugar preocupaba a quienes todavía se aventuraban por la isla. Había grietas recientes en las paredes, bloques desprendidos y secciones enteras de barandillas vencidas hacia el abismo. En determinados puntos, un musgo pálido cubría la piedra húmeda, extendiéndose sobre los peldaños y las juntas como una costra viva. Bajo la tenue iluminación de Yomikage, sus filamentos emitían un resplandor verdoso que se intensificaba cada vez que una corriente de aire ascendía desde la fosa.
El encargo parecía sencillo en comparación con las extrañas experiencias de los últimos días: descender por las pasarelas, localizar el puente cuyo anclaje amenazaba con ceder y encontrar la manera de estabilizarlo antes de que el deterioro lo volviera intransitable.
Sin embargo, al alcanzar el primer tramo de escaleras, el silencio de la estructura se quebró.
Toc. Toc. Toc.
Tres golpes sordos resonaron en algún lugar bajo la plataforma.
La piedra vibró apenas un instante. Una fina lluvia de polvo se desprendió de las juntas y cayó hacia la fosa, sin que llegara a oírse el impacto contra el fondo. Después, un sonido áspero recorrió los conductos de un acueducto cercano: un roce prolongado que avanzó por debajo de la pasarela y se perdió hacia los niveles inferiores.
No hubo una segunda secuencia de golpes.
En cambio, desde las cornisas del otro lado del vacío surgió un graznido ronco. Tres criaturas de aspecto carroñero se mantenían aferradas a los salientes, con sus extremidades largas y sus cuerpos encorvados recortados contra la niebla. Sus cabezas se movían a tirones mientras observaban el acceso. Una de ellas abrió unas alas membranosas, revelando pliegues oscuros y desgarrados, pero ninguna se lanzó todavía al ataque.
Más abajo, el musgo de una pasarela comenzó a liberar un vapor tenue.
La corriente ascendente lo arrastró hacia las escaleras y lo dispersó en jirones translúcidos. Durante un instante, las luces distantes parecieron duplicarse en la niebla. No era posible determinar desde aquella posición si el fenómeno bastaría para provocar alucinaciones con una exposición prolongada, pero el aspecto de las plantas y la advertencia sobre sus propiedades aconsejaban mantenerlas a distancia.
Al otro lado de la primera pasarela, parcialmente oculta tras una columna inclinada, podía distinguirse la estructura del puente principal. Su arco de piedra todavía resistía, aunque uno de los anclajes se había separado del muro. Entre ambos extremos se abría una fisura irregular, y varias piezas metálicas antiguas sobresalían de la mampostería como costillas expuestas.
Cada nueva ráfaga que ascendía desde la fosa hacía crujir el conjunto.
Una cuerda de mantenimiento colgaba de una argolla próxima al acceso, deshilachada pero aparentemente todavía sujeta. Cerca de ella, alguien había dejado herramientas corroídas y restos de tablones, quizá pertenecientes a una cuadrilla que había intentado reparar el paso antes de abandonar el lugar. En la piedra, bajo una capa de musgo seco, se apreciaban también unas marcas paralelas que continuaban hacia el borde de la plataforma y desaparecían entre las grietas.
La Gran Estructura ofrecía un camino hacia el puente, pero no uno seguro. Habría que avanzar por las pasarelas deterioradas, evitar el musgo y vigilar a los carroñeros, sin perder de vista las vibraciones que recorrían los cimientos.
Desde las profundidades llegó una corriente de aire especialmente fuerte. La cuerda colgante se tensó de golpe y golpeó la pared tres veces.
Toc. Toc. Toc.
Esta vez, el sonido procedía de la cuerda.
O eso parecía.
La pasarela que conducía al primer descenso seguía en su sitio, esperando el primer paso.
![[Imagen: Dl0PGEn.png]](https://i.imgur.com/Dl0PGEn.png)