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Hachibi vs Daeru y Chota
忍 SG
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¿Sabías que… los árboles dejaron de susurrar sus secretos cuando comenzó el abuso del chakra natural?
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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Resto del Mundo   ›   Paises del Mar del Este   ›   Pais de las Olas   ›   Velamar   ›   [Combate] ESCENARIO 2 — LA CHOZA
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ESCENARIO 2 — LA CHOZA
Ibuki Inuzuka
Rango Chuunin
Clan Inuzuka
Nivel 16
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia45(2)
Especiales
Salud9
Velocidad20
Tenketsu9
Sigilo11
560
515
Enlace al Post
10-10-2026, 11:16 PM
¿Esto de aquí? - diría a Chota, señalando su costado derecho mientras terminaba de acomodarse a su lado, apoyándose en su cuerpo acolchadito - Pues... el enemigo tenía algo así como unas espadas bien locas que se movían por su cuenta... No pude evadir todos los ataques, así que me golpeó el costado bien fuerte - diría, señalando el lugar y levantando un poco la tela para mostrar que tenía un corte bajo el busto - No hizo un corte muy profundo, pero sí fue muy fuerte y doloroso... ¡Y eso que el desgraciado ya estaba hecho mierda! - agregaría, haciendo una pequeña mueca de molestia antes de volver a acomodarse contra su compañero.

Sacó unos Doritos de la bolsa de Chota y se dispuso a comer uno de ellos. Al principio puso una cara algo rara, nunca había probado un sabor como ese. Era como queso rancio y, a su vez, crujiente, que se dejaba masticar, bien salado y un poco apestoso. De hecho, su nariz se arrugó un par de veces antes de que terminara de masticarlo, porque aquel olor a queso era tan fuerte que parecía habérsele quedado pegado dentro. Dejaba sazón en los dedos y en la boca, y era un contraste muy fuerte con el sabor de la sandía. Su cara lo dijo todo... sin embargo, el crujir del Dorito empezó a ser memorable, y no se dio cuenta de cuándo se llevó un segundo y luego un tercero, y finalmente se echó todo el bocado que había sacado dentro de la boca para hacer mucho crunchy mientras Daeru hablaba... Se detuvo un segundo, vio a sus canes y miró a su alrededor. Sí... aquello estaba bastante destruido, y aunque hubiese preferido quedarse un rato más descansando, tampoco era prudente permanecer allí demasiado tiempo. Luego posó su mano sobre la pierna del grandote y le dio un par de palmadas - Vamos... tiene razón. No es tiempo de descansar, supongo - diría, para luego, con algo de dificultad, pararse nuevamente e intentar estirarse. Volvió a quejarse - Tshi, shi, shi, shii... - diría, sujetándose un poco el costado - Vaya, sí que me lesionó bien fuerte ese chico - diría acongojada.

Ibuki estiraría sus brazos, primero el izquierdo con soltura, luego el derecho con dificultad, pero se detuvo al ver a Daeru. Lo observó con algo de curiosidad... No podía reconocer su rostro, pero podía reconocer bien su aroma y su complexión. Era el mismo chico de siempre, aquel joven novato de la academia que había visto durante años sin acercarse mucho a él, pero con quien había vivido al menos un par de ocasiones peligrosas este último tiempo... Sí, él fue uno de los que ayudó a librarlos de ese pájaro en Konoha. Lo observó con detenimiento, inclinando ligeramente la cabeza hacia un costado, como si estuviese buscando algo extraño en su rostro. Y, tras un segundo, se acercó a él, puso su rostro muy cerca del suyo, lo agarró del mentón y le dijo - Eh, te quedó un poco aquí - diría, para luego lamerle la mejilla, muy cerca de su boca, para sacar un trozo de sandía que le había quedado en la comisura de los labios. Su lengüetazo fue totalmente descuidado, tanto que hasta rozaría parte de su labio sin quererlo intencionadamente. Para Ibuki no había nada de extraño en aquello, simplemente le había quitado algo de comida de la cara, como habría hecho con cualquiera de sus compañeros, así que ni siquiera se detuvo a pensar en cómo podría reaccionar el muchacho.

Luego, Ibuki se alejaría un poco y se quejaría del dolor nuevamente - Ahhh... Dios... creo que en serio me dislocó una costilla... ¿O quizas se me rompió? - diría, tratando de hacer algo por ello, como si no le diera importancia a lo que acababa de hacer - Eh, ¿alguno me ayudaría a reacomodarla? Daeru es un poco débil, tal vez - diría, para luego tomar la mano de Chota y llevarla hasta su costilla derecha, debajo de su busto, posando su mano en su costado sin importarle que tocase con sus enormes dedos parte del busto mientras alzaba el brazo como podía, con una cara de dolor - Vamos... solo... debes tomarla con fuerza... y reacomodarla... Tskk... - diría casi al borde del llanto. No tenía la menor idea de si aquello funcionaría, pero en su cabeza sonaba bastante sencillo. Si algo se había movido de su lugar, bastaba con devolverlo, ¿no? - Luego... podríamos investigar esa puerta de aquel árbol... digo... es la mejor pista que tenemos... ¡KYAAA! - gritaría al final, tras aguantarse todo lo que podía del dolor y casi temblándole las rodillas. Una lesión en el pecho podía doler muchísimo, y hasta le dificultaba la respiración, pero quería hacerse la fuerte frente a sus kohais... Al fin y al cabo, ella era la mayor ahí. La mayor, la más experimentada y, supuestamente, quien debía dar el ejemplo... aunque en ese momento apenas podía levantar el brazo sin que se le escapara algún quejido - buaaaa... quiero descansar... hoy ha sido... un puto día - serian sus palabras, antes de dejar notar que llevaba mucho aguantándose el llanto.
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Narrador Miope-kun
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 4
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
Enlace al Post
12-10-2026, 03:30 PM
EPÍLOGO
[Imagen: J3LieIJ.jpeg]

La noche que se cernía sobre los cielos mostraba escasas nubes e innumerables estrellas que poco a poco iban iluminándose, aunque algunas terminaban perdiéndose entre el humo de los incendios y las explosiones que todavía resonaban a lo lejos. Los campos que alguna vez estuvieron rebosantes de vida ahora se encontraban cubiertos de cenizas y destrucción, pero la naturaleza es hermosa y, a su vez, bastante peculiar. La ceniza nutre la tierra, dando paso a la vida después de la muerte, y aquello que hoy parecía un terreno condenado a la desolación, algún día volvería a florecer. Los shinobis cuyas vidas habían llegado a su fin en aquel campo fueron retirados uno a uno, mientras que los sobrevivientes continuaban luchando por conservar aquello que todavía les pertenecía. Sin embargo, entre todos aquellos acontecimientos, solo unos pocos jóvenes lograron acceder a un refugio extraño y singular, una puerta escondida entre las raíces de un enorme árbol de tamaño y proporciones irregulares, tan alto como un edificio y tan robusto que parecía haber permanecido allí desde mucho antes de que las aldeas shinobi existieran. Y en su interior, ocultos tras aquella puerta de madera, descansaban secretos que nadie había conseguido descubrir.

Ibuki, Chota y Daeru consiguieron abrirse paso entre las raíces hasta llegar a aquel árbol, y luego, para alcanzar la puerta de madera que se encontraba a más de quince metros sobre el nivel del suelo, tuvieron que escalar y saltar hasta conseguir ingresar a su interior. Para su sorpresa, la apertura de aquella puerta resultó relativamente sencilla. No tuvieron que hacer demasiada palanca para romper su seguro y retirar un par de sellos de papel que protegían el acceso. Sin embargo, una vez dentro, los sellos reaccionaron inmediatamente a su presencia. Parecía casi como la activación de una trampa, pero... en lugar de hacerles daño o intentar espantarlos, una serie de inscripciones comenzaron a desplegarse por toda la habitación, extendiéndose lentamente sobre las paredes de aquel espacio circular que aprovechaba el interior hueco del árbol. Un hueco natural que, con el paso del tiempo, había sido cuidadosamente tallado y acondicionado, manteniendo la integridad de la madera y respetando cada una de sus formas, hasta convertirlo en una habitación secreta perfectamente escondida entre las entrañas de aquel gigantesco ser viviente.

Los muchachos se ayudaron unos a otros para terminar de ingresar a la habitación y no pudieron evitar asombrarse al observar cómo las antorchas comenzaron a encenderse automáticamente, una tras otra, seguidas por las velas que descansaban en distintos rincones del lugar. Incluso una pequeña fogata terminó encendiéndose por sí sola, como si aquel refugio hubiese despertado después de un larguísimo sueño y estuviese preparándose para recibir a sus inesperados visitantes. Los jóvenes comenzaron a investigar cuanto pudieron, Ibuki ordenó a uno de sus ninken que fuera a dar aviso a los ANBU sobre el descubrimiento, mientras que Chota, sin abandonar sus queridos Doritos, inspeccionaba las paredes con una curiosidad bastante particular. Fue precisamente este último quien, en un momento de extraña inspiración, decidió tocar uno de los sellos que adornaban la pared, uno particularmente grande que parecía no tener demasiado sentido entre los demás. Aquella simple acción terminó activando un mecanismo desconocido y, tras la pared del fondo, la más alejada de la puerta de acceso, una pequeña estatuilla de roca quedó al descubierto, emergiendo lentamente detrás de una cortina de humo.

Pero aquel descubrimiento no duraría demasiado.

[Imagen: 98loYUT.jpeg]

De pronto, todo comenzó a arder. Los sellos reaccionaron de manera violenta, las llamas se extendieron por las paredes y el lugar que hasta hacía unos instantes parecía un refugio acogedor terminó convirtiéndose en una verdadera trampa mortal. Los tres muchachos tuvieron que abandonar cualquier intento de investigación y escapar a toda velocidad, descendiendo como pudieron mientras el fuego consumía el interior del árbol. Aquella habitación secreta se convirtió en una tumba para cualquiera que intentara averiguar sus secretos, y el gigantesco árbol, que durante tantos años había permanecido firme sobre aquellas tierras, terminó destruido desde sus cimientos hasta las ramas más altas. La madera crujió, las raíces cedieron y una enorme columna de humo se elevó hacia el cielo nocturno, llevándose consigo todo cuanto aquel extraño lugar había protegido durante quién sabe cuánto tiempo. Los jóvenes consiguieron escapar, corrieron hasta ponerse a salvo y, cuando finalmente pudieron observar lo que había quedado detrás de ellos, ya no existía nada que pudiera revelarles la verdad.

Nada... o al menos, eso era lo que creían.

Cuando los ANBU llegaron al lugar y contemplaron el desastre, no tardaron en preguntar qué había sucedido. Los muchachos intentaron explicar cuanto habían visto, pero sus palabras apenas podían describir aquella sucesión de acontecimientos. Habían encontrado una habitación secreta, unos sellos desconocidos, una estatuilla y, de pronto, todo había comenzado a incendiarse. Sin embargo, fue Daeru quien consiguió entregar la verdadera pista. Gracias a su Sharingan, el joven Uchiha había sido capaz de observar algo que los demás no consiguieron distinguir. Durante aquel brevísimo instante en que la estatuilla quedó expuesta ante ellos, antes de desaparecer entre los escombros y las llamas, sus ojos alcanzaron a percibir una serie de kanjis grabados sobre la superficie de la piedra, acompañados por un círculo extraño y unas marcas que parecían apuntar hacia el norte. No eran simples decoraciones, aquello parecía formar parte de un mapa, una representación de algo que se encontraba más allá de aquel árbol y que, por alguna razón, había permanecido oculto hasta ese preciso momento. Pero lo más extraño fue que aquellas inscripciones no permanecieron allí. Frente a sus propios ojos, el mapa comenzó a borrarse, desapareciendo de la superficie de la piedra como si jamás hubiese existido.

No era mucho, pero era algo. Una dirección, unos kanjis y la certeza de que aquel lugar escondía mucho más de lo que habían conseguido descubrir. Los ANBU tomaron conocimiento de lo sucedido, pero la guerra todavía no había terminado y no existía tiempo para detenerse a investigar entre las cenizas. Los muchachos tuvieron que regresar al combate, dejando atrás aquel extraño descubrimiento para continuar enfrentándose a las fuerzas enemigas que todavía amenazaban sus tierras. Las horas transcurrieron entre enfrentamientos, heridas, agotamiento y pérdidas, hasta que finalmente las fuerzas invasoras fueron repelidas y los primeros rayos del amanecer comenzaron a iluminar los campos de batalla.

Y fue entonces, cuando el sol finalmente se levantó sobre aquellas tierras maltratadas por la guerra, que los tres jóvenes pudieron descansar. Ibuki, Chota y Daeru, los mismos que habían ingresado a aquel árbol sin imaginar lo que encontrarían, los únicos que habían presenciado el despertar y la destrucción de aquel misterioso refugio. Habían sobrevivido a una noche terrible, una noche que seguramente recordarían durante muchísimo tiempo, pero entre todas aquellas experiencias existía una que todavía no tenía explicación. En algún lugar, más allá de los campos destruidos, posiblemente hacia el norte, aguardaba la respuesta a lo que habían descubierto.

¿Qué significaban aquellos kanjis? ¿Qué representaba aquel círculo? ¿Por qué alguien se había tomado tantas molestias para esconder una estatuilla en el interior de un árbol gigantesco y, sobre todo, por qué sus secretos habían desaparecido en cuanto fueron descubiertos?

OST - Broken Youth

Nadie lo sabía todavía.

Pero la naturaleza tiene una manera muy peculiar de guardar sus secretos. Así como las cenizas de aquella guerra terminarían nutriendo la tierra para permitir que nuevas flores crecieran sobre los campos destruidos, quizás aquel pequeño descubrimiento no fuese el final de un misterio, sino el nacimiento de uno mucho mayor.

Y quién sabe... quizás algún día, cuando el mundo les concediera un poco de tranquilidad, aquellos tres jóvenes volverían a reunirse para descubrir qué era aquello que el árbol había intentado ocultar.

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