La asignación de la jornada no parecía requerir un despliegue extraordinario. Un pergamino de trascendencia administrativa, protegido en un estuche de bambú barnizado con la insignia de la hoja en pigmento rojo, había desaparecido tras un percance sufrido por un mensajero novato en los linderos de los campos de entrenamiento. Sin embargo, la naturaleza del contratiempo descartaba un simple extravío por descuidado: el joven había sido emboscado por una jauría de jabalíes territoriales cuya agresividad desmedida forzó una retirada caótica.
El ninja se detuvo junto al borde de un sendero secundario y descendió sobre una rodilla con fluidez metódica. Sus dedos examinaron la tierra removida. La impronta de cascos hendidos en el barro revelaba una masa corporal considerable, pero lo que realmente llamó su atención fue la profundidad impredecible de las pisadas. Los animales no marchaban a paso regular; avanzaban en frenéticos vaivenes, pateando el suelo y destrozando los tallos de la vegetación baja. Acercó dos dedos a una hojarasca impregnada de una sustancia viscosa y blanquecina. La analizó con la pausa propia de un facultativo experimentado. El olor a almizcle fuerte se combinaba con la savia amarga de las raíces de acónito silvestre, una especie botánica que brotaba en las zonas más sombrías del sotobosque y que, al ser consumida por la fauna local, provocaba estados de hiperecitabilidad y resistencia temporal al letargo.
Siguió la traza de la maleza aplastada y la corteza desgarrada en las bases de los robles. A lo largo de unos doscientos metros, el rastro pintaba la trayectoria de una huida desesperada. Halló fragmentos de hilo de cáñamo y jirones de tela pertenecientes al uniforme del recadero, enganchados en las espinas de un matorral. Un par de metros más adelante, una hendidura en el tronco de un cedro mostraba marcas profundas de colmillos, acompañadas por las astillas de un contenedor de madera común que el mensajero había abandonado para aligerar peso. El estuche principal de bambú, no obstante, no aparecía entre los restos del equipaje desparramado; la jauría lo había arrastrado en su carrera.
A medida que se adentraba en la espesura del bosque de bambú y cedros viejos, el sonido de los gruñidos guturales y el crujido constante de ramas secas se tornó perceptible. La atmósfera en aquella hondonada natural era pesada y brumosa. En el centro del claro, flanqueado por paredes rocosas, cinco ejemplares de jabalí común patrullaban el área en un círculo caótico. Eran bestias robustas, con pelajes hirsutos de color pardo oscuro, lomos prominentes y colmillos curvos que sobresalían amenazantes de sus mandíbulas. En el centro del terreno, atascado entre las raíces aéreas de un viejo tocón y rodeado por la vegetación pisotada, destellaba el estuche de bambú barnizado, extrañamente intacto gracias a la densidad de la caña con la que había sido fabricado.
El shinobi evaluó el cuadro en cuestión de segundos. La posición de los animales imposibilitaba una aproximación sigilosa; la toxina de las raíces consumidas mantenía sus sentidos alterados y sus niveles de adrenalina en el límite. Cualquier intento de extracción limpia requería alterar las condiciones del terreno y neutralizar la amenaza de forma contundente antes de que las bestias destruyeran el documento bajo sus cascos.
Llevó sus dedos a la posición de sellado, haciendo una pausa deliberada para concentrar su centro de masa. De inmediato, el sello grabado en su frente comenzó a reaccionar. Una trama de marcas sutiles cobró vida, emanando una tonalidad verdosa brillante, opalescente y profunda, característica del chakra con afinidad al elemento Yang y a la praxis médica de alto nivel. La iluminación verdosa no solo envolvió sus manos, sino que proyectó un aura serena pero imponente a su alrededor. El flujo energético no estaba destinado únicamente a curar o estabilizar, sino a potenciar la totalidad de su metabolismo, densificando sus fibras musculares y agudizando sus reflejos a un umbral excepcional.
Con el sello completamente desplegado y el chakra verdoso vibrando en su sistema respiratorio, inhaló profundamente, expandiendo su tórax. Ajustó la postura de sus pies sobre el terreno movedizo y ejecutó la secuencia de sellos manuales correspondientes a la transformación de naturaleza.
Abrió la boca e invocó la técnica de agua. Un chorro masivo a altísima presión brotó de forma torrencial, abriéndose inmediatamente en forma de un abanico gigantesco que abarcó un radio considerable. El torrente acuoso, imbuido con la densidad de su chakra, impactó la hondonada como una marejada repentina. La fuerza del agua arrasó con la vegetación baja, lavó el barro acumulado en las rocas y barrió violentamente el sotobosque. La onda expansiva de la corriente levantó a tres de los jabalíes más lejanos, arrastrándolos varios metros ladra abajo y desorientándolos por completo bajo el peso del agua en movimiento.
La marea artificial transformó el campo de batalla en un estanque poco profundo y cristalino, despejando cualquier obstáculo visual o físico entre él y el pergamino. Sin embargo, el macho alfa de la jauría, una mole de más de trescientos kilos con cicatrices profundas en el lomo, logró plantar sus cascos sobre una saliente rocosa, resistiendo el embate hidráulico. Con los ojos inyectados en sangre y echando espuma por el hocico debido al efecto de la toxina, la bestia divisó al pequeño ninja e inició una embestida furiosa a través del agua residual. La masa animal avanzaba como un proyectil vivo, levantando cortinas de agua a su paso y apuntando sus colmillos directamente hacia el torso del shinobi.
El usuario puede evadir por completo un ataque si logra moverse al menos 1 metro fuera de su trayectoria. En el caso de jutsus de área, deberá desplazarse una distancia mayor, suficiente para salir por completo del alcance del ataque.
Cada usuario posee un Potencial de Esquiva, calculado sumando sus modificadores de Destreza e Inteligencia. Este representa la capacidad del cuerpo para anticiparse y evadir ataques enemigos. La técnica básica de Esquiva permite evadir jutsus de Nivel 1 y consume 1 punto de Potencial de Esquiva por cada uso.
Existen mejoras que aumentan el nivel máximo de jutsus que la técnica puede esquivar. Cada nivel adicional de Esquiva incrementa en 1 el costo de Potencial de Esquiva por uso, por lo que el costo de utilizar Esquiva siempre será igual al nivel actual de la técnica. Si el usuario no dispone del Potencial suficiente para pagar dicho costo, no podrá realizar la esquiva.
En otras palabras, una Esquiva de Nivel 1 consume 1 punto de Potencial de Esquiva, una Esquiva de Nivel 2 consume 2 puntos, una Esquiva de Nivel 3 consume 3 puntos, y así sucesivamente. Esquivar una técnica de Nivel 0 también consume 1 punto, ya que el costo depende del nivel de la técnica de Esquiva utilizada y no del nivel del jutsu que se está evadiendo.
Aclaración: Una vez realizada una Esquiva en el turno, se podrá esquivar tantas veces como el Potencial de Esquiva lo permita. El Potencial de Esquiva del usuario se reinicia en conjunto al Coldown de la técnica. Las mejoras que aumentan la Velocidad NO aumentan el nivel del jutsu que pueden esquivar, por lo que tampoco disminuyen puntos del Potencial de Esquiva al utilizar dichas mejoras.
Permaneció inmóvil, observando la trayectoria del animal con una frialdad analítica. Calculó la velocidad de aproximación, la masa de la bestia y la fricción que la corriente restante ejercía sobre el suelo. Cuando la punta de los colmillos estuvo a escasos centímetros de rozar su chaleco, hizo gala de una agilidad asombrosa. Aprovechando su baja estatura y su bajo centro de gravedad, realizó un pivoteo sobre su pie izquierdo, inclinando el torso lo justo para dejar pasar la masa del jabalí a milímetros de su costado. El aire desplazado por la embestida levantó su cabello, pero su mirada permaneció fija en el flanco expuesto del animal.
En el preciso instante en que la bestia pasaba de largo, canalizó la potencia pura almacenada por el sello activo directo hacia su puño derecho. La luz verdosa de su chakra Yang se concentró en sus nudillos de tal manera que la densidad del aire alrededor de su mano pareció distorsionarse. Descargó un golpe directo y devastador contra el costado torácico del jabalí.
El usuario elige al iniciar el combate un árbol, optando entre Taijutsu o Bukijutsu, decisión que no puede modificarse posteriormente. Esta técnica activa aplica sus efectos únicamente al árbol elegido, permitiendo la aplicación de mejoras asociadas a esta técnica y modificando directamente la forma en que el usuario interactúa en combate según su especialización. El potencial de mejora de esta técnica se encuentra ligado a la elección realizada, desarrollándose exclusivamente sobre los efectos propios de la vía seleccionada.
Al activarse, la técnica altera el comportamiento de la vía seleccionada. En el caso del Taijutsu, cada técnica que logra impactar genera un efecto de daño en área centrado en el punto de impacto, afectando a todos los objetivos dentro de su proximidad sin modificar la trayectoria original del ataque, sino expandiendo sus consecuencias tras el golpe; cualquier mejora aplicada a esta técnica potenciará directamente dicho efecto de área. Por otro lado, si el usuario ha optado por Bukijutsu, un arma del usuario adquiere la categoría de Chakura Tō mientras esta técnica se mantenga activa, siempre que corresponda a un arma de tipo empuñada. Además, el usuario podrá elegir mejorar al momento de la activación el Sangrado o Lesión, sin que ambos efectos puedan coexistir de forma simultánea; en este caso, las mejoras de la técnica se aplicarán sobre el efecto seleccionado, ya sea Sangrado o Lesión, reforzando su impacto en combate.
Golpe Fuerte es una técnica de impacto directo y contundente que busca dominar por pura potencia física, superando a los Golpes Rápidos durante Entablar Taijutsu. Dentro de este sistema, utiliza el modificador de Fuerza del usuario para la comparativa. Si ambos usuarios eligen Golpe Fuerte al mismo tiempo, se comparará el daño infligido por cada técnica para determinar al vencedor.
El Golpe Fuerte se caracteriza por el Daño que este puede realizar, además, fuera de Entablar Taijutsu, si el golpe impacta directamente sobre el oponente, sin ser bloqueado ni ser detenido por ningún medio, la siguiente acción que dure un segundo del usuario se considera sigiloso, ya sea otro golpe de rango Cuerpo a Cuerpo, el uso de un arma o herramienta o la activación de algún Jutsu. Esto ocurre porque el impacto suele mover naturalmente la cabeza o el enfoque del rival, ya sea al recibir un golpe en el rostro o al encorvarse brevemente por un golpe al torso, perdiendo así de vista al usuario por un instante.
El impacto fue una descarga de fuerza sobrehumana. La onda de choque generada por el puñetazo atravesó el cuero duro y la gruesa capa de grasa de la bestia, haciendo resonar el impacto en toda la hondonada. El empuje brutal transmitido por la fuerza del golpe fue tan severo que la piel y los tejidos superficiales del animal cedieron ante la presión, provocando un efecto directo de sangrado y laceración interna en el punto de contacto. La bestia salió despedida lateralmente, volando varios metros por encima del agua antes de estrellarse contra una pared de roca y quedar completamente inhabilitada, emitiendo un gemido sordo mientras la fuerza del golpe se disipaba en su organismo.
El resto de la jauría, al presenciar la derrota instantánea y sanguinaria del macho alfa a manos de un oponente que triplicaba en desventaja de tamaño, perdió todo impulso de agresividad. El pánico infundido por la fuerza sobrehumana del médico superó los efectos de la raíz venosa. Los ejemplares restantes ganaron la parte alta de la hondonada y huyeron despavoridos hacia lo profundo del bosque, perdiéndose en la maleza.
El silencio volvió a adueñarse del claro, interrumpido solo por el goteo constante del agua que descendía por los troncos de los árboles y el murmullo de la marea residual asentándose en la tierra. Desactivó la circulación del sello. Las marcas verdosas en su piel se atenuaron gradualmente hasta desaparecer por completo bajo su frente, regresando su chakra al estado de reposo habitual, lo cual le permite recuperar el chacra. Caminó con paso firme hacia el viejo tocón de árbol. Se agachó, apartó las ramas húmedas y tomó el estuche de bambú barnizado. Lo examinó cuidadosamente: la madera no presentaba fisuras, el sello de cera roja con el emblema de la Hoja permanecía intacto y el mecanismo de cierre no había sufrido deformaciones.
Limpió la superficie del contenedor con la manga de su uniforme y lo aseguró diagonalmente a su espalda, ajustando la correa de cuero para evitar que se desplazara durante el trayecto de vuelta. Echó una última mirada clínica al jabalí caído; confirmó que la bestia continuaba respirando y que la hemorragia causada por la onda del empuje no resultaría fatal, permitiendo que la vitalidad natural del animal facilitara su recuperación con el paso de las horas.
Satisfecho con el cumplimiento riguroso de cada etapa del protocolo, el ninja dio media vuelta y emprendió el retorno hacia la villa de Konoha. El sol ya alcanzaba su punto más alto sobre el horizonte, proyectando destellos sobre el estuche recuperado que ahora descansaba a salvo en su poder, listo para ser entregado en las instalaciones del Archivo Central.
![[Imagen: uYoQ0If.jpeg]](https://imgur.com/uYoQ0If.jpeg)